¡Hola a todo el mundo! ¡He vuelto! Tenía pensado haber regresado hace unos diez días, pero con el trabajo es imposible. Son tantas cosas… He estado poniendo las notas trimestrales de mis alumnos, y de líos con cursos de idiomas, y todo a la vez… Ha sido tremendo, pero por fin he entregado un informe que tenía pendiente ¡y soy libre!
Como siempre, ¡mil gracias por las lecturas, faveos y comentarios! Me hacen inmensamente feliz.
Por cierto, no siempre suelo decirlo, pero es que se me olvida: Star Wars no me pertenece, ni las canciones o referencias a libros o series que aparecen. Todo es de sus autores legítimos.
Hale, vamos al lío.
19
Estratagema
Las órdenes habían sido claras y precisas. El jefe no se andaba con tonterías y le había dedicado a aquel trato tantas semanas de su tiempo, que cualquier cambio de planes, por muy extraño que le resultase, no era tema de broma.
Así que, sin cuestionarse nada de lo que le habían ordenado, asintió y sin, despedirse, cerró la pantalla de la videoconferencia. Cogió el móvil y marcó un número que tenía escrito en una tarjeta.
- ¿Por qué no tienen patas las serpientes? – dijeron al otro lado en un rumano muy mal chapurreado.
- Para desaparecer entre las rocas más rápido – respondió lacónicamente el hombre, en el mismo idioma.
Tras haber superado la pregunta clave, prosiguieron.
- Dígame.
- Le estoy pasando la información pertinente vía email – replicó el hombre, mientras maniobraba rápidamente con el teclado y el ratón en el ordenador – Mi jefe ha puesto un avión particular para usted… Sale a las 7.45. Mi contacto le dará los documentos necesarios.
- Entendido – y la comunicación se cortó. Estaba bien así. Aquel tipo no tenía ni idea de rumano y oírle hablar le daban ganas de llorar.
Inmediatamente después, el hombre que había estado mandando el correo cogió la tarjeta y un mechero de su bolsillo, prendiendo fuego al rectángulo de cartulina sobre un cenicero metálico.
Se levantó, ajustándose la camisa negra sobre la piel bicolor. Su vitíligo(*) siempre había provocado el rechazo de todo el mundo, desde que era pequeño, pero no le importaba, pues había aprendido a usarlo como escudo disuasorio. "Aléjate o lo lamentarás". Las manchas surcaban su cara, sus brazos y su pecho, creando la apariencia de una grotesca máscara que él se no esforzaba en ocultar. Estaba rapado al cero, pero había hecho que algunas partes de su pelo quedasen afeitadas solamente al dos, dibujando un patrón en forma de tribal irregular por todo su cráneo. Su apariencia era ciertamente amenazante y a nadie se le ocurriría pensar que era el intermediario directo de un todopoderoso CEO rumano.
Pero Maul sabía camuflarse según la ocasión. Le daba lo mismo disfrazarse de maduro oficinista, que ir con pintas de matón destroyer para hacerle el trabajo sucio a su jefe. Para comunicarse con el nuevo socio, tendría que llevar aquel horrible traje de chaqueta que le picaba en el cuello como un demonio. Pero aquello estaba bien pagado.
Y además, tenía curiosidad por conocer a aquel joven, que estaba indirectamente relacionado con el hombre que mató a su pariente, hacía ya muchos años…
La vida estaba llena de amargas casualidades.
Si su subordinado la cagaba, estaba dispuesto a coger él mismo el avión para cortar cabezas por su cuenta.
- Eh, Hux – saludó Poe, alzando la voz y luchando contra sus instintos, que le gritaban alejarse de aquel desgraciado lo máximo posible. Rey y Finn debían de sentirse igual, porque avanzaban un paso por detrás de él, elaborando sendas muecas de asco, como si les hubieran encargado sacar la basura de tres días en una pescadería.
El pelirrojo y la rubia se giraron lentamente, mirándolos de hito en hito y parándose en seco.
- ¿Qué mierda queréis, pringados? – inquirió Hux.
Poe estuvo a punto de ahogarse con su propia bilis, pero notó la suave presión de la mano de Rey sobre su brazo. Cálmate. Inspiró hondo, mientras Finn lo miraba de reojo fugazmente. Valor, tío.
- Venimos a negociar – aclaró con voz firme. Demonios, era el presidente del Consejo Estudiantil. Era en aquellas ocasiones cuando debía demostrarlo.
- ¿Qué dices? – preguntó Phasma, bajándose un poco las gafas de sol con una despreciable mueca de incredulidad en el pálido rostro - ¿De qué hablas?
- Hablamos del juicio de Tico, ese lugar en el que no deberíais estar – añadió Finn, desafiante. Poe y Rey lo fulminaron con la mirada, como queriendo acallar aquella metida de pata.
- Hombre, Newby, no te había visto – escupió Phasma - Te había confundido con la pared de atrás, ¿sabes? – Finn espiró fuertemente por las aletas de la nariz, que se le hincharon mucho - ¿Qué tal el brazo? ¿Ya te lo recolocaron? A lo mejor necesitas que te de otro viajecito, por si no te lo partimos del todo el otro día…
En ese instante, Rey inspiró hondo e inició lo que había venido a hacer. Debía aprovechar la situación todo lo que pudiera. Había acordado con Poe y Finn forzar la conversación todo lo posible, aguantando cualquier humillación que les lloviera. Necesitaban estirar el tema para hacerles vomitar datos… Y a la vez, investigaba, se sumergía en sus mentes, buscando resquicios, trozos de conversación que les hiciesen pensar en algún recuerdo o momento que ella pudiera usar en su contra…
Finn avanzó un paso adelante, mientras esta vez Poe y Rey lo sujetaban de los brazos. Pero el joven parecía calmado.
- Ya te lo dije, Phasma. No conseguirás intimidarme. No merece la pena tenerle miedo a gente como tú, que solamente se crece cuando sabe que tiene las de ganar.
- ¿Y no hacemos eso todos? – argumentó Hux, tomando ahora la voz cantante y adelantándose. La conversación había suscitado el interés de unos cuantos cuervos, que se iban acercando al grupo que formaban los cinco. Pero los republicanos sabían que aquello pasaría – Cuando sabes que vas a triunfar, es correcto sentirse bien. Una sensación que jamás habéis experimentado – y el muchacho se cruzó de brazos, poniendo su mano en la barbilla con gesto autosuficiente.
- Pues debes de tener la percepción un poco escacharrada, porque en el Republicano aún se oyen las carcajadas por "el ataque de los drones" – replicó Poe con su habitual arrojo y sonrisa distendida.
Hux empezó a resoplar, haciendo que el tono paliducho de su piel adquiriese un extraño tinte sonrosado que no le quedaba nada bien. De fondo, algunos cuervos empezaron a lanzar improperios, pero Phasma los paró de un gesto. Había que tener en cuenta a los policías que vigilaban las entradas y el tráfico de la zona…
- ¿Habéis venido a provocarnos? – preguntó ella, siempre certera y tajante – Porque lo estáis haciendo de puta madre.
- No, Phasma. Como he dicho antes, venimos a negociar por lo del juicio.
A Rey no se le escapó la mirada de reojo que Phasma le echó al resto de cuervos que les rodeaban y empezó a hacer gestos disuasorios.
- ¡Se acabó la fiesta! – exclamó en todas direcciones, gesticulando con los brazos para echarlos de allí - ¡Todos a casa! ¡Esta conversación es privada! ¡Asuntos de la Academia!
Y Rey escuchaba.
- No nos conviene tener público en este asunto – pensaba la rubia.
- Joder, Phasma, no seas aguafiestas… - se quejaban algunos de sus compañeros.
- ¡Anya, no nos quites la diversión!
- ¡Se la están ganando! ¿No queréis que les demos una paliza?
- Panda de inútiles… ¿Con la pasma a veinte metros? – y la joven señaló a los agentes de la puerta - ¡Vamos, todos a casa!
- ¿No nos podemos quedar cerca?
- ¡Haced lo que os salga de las narices, pero sin escucharnos! ¡Largo, o le daré pruebas suficientes a Snoke para que os abra expedientes a todos!
Aquello bastó para hacer que el puñado de cuervos se dispersara definitivamente como hormigas en el césped. Los tres republicanos habían asistido a esta conversación con miradas divertidas.
- Cabrones, están disfrutando – oyó Rey pensar a Phasma.
- ¿Qué queréis? – dijo Hux, y Phasma se giró hacia él, nuevamente irritada.
- ¿Piensas hacerles caso?
- Quiero saber a qué viene este numerito – el pelirrojo se giró a la alta joven – No sé, Anya… A lo mejor proponen algo jugoso. Para haberse acercado hasta esta zona ya hay que estar grillado… ¿Tú qué piensas?
- No me gusta nada, esto huele a mierda podrida.
- Quiero saber qué se traen entre manos, estoy intrigado.
- Debemos ser inflexibles.
- ¡Finn, Poe, hay que meter presión!
Como si Finn le hubiera leído la mente, se dirigió de nuevo a Phasma.
- No sabía que fueras tan cobarde. ¿Tanto miedo te da hablar del juicio delante de los tuyos?
- No te importa lo que dejo de hacer o no con mis tropas.
Poe resopló por lo bajini, soltando una risita nasal. Hux se lo recriminó, pero Poe replicó con arrojo:
- A los tres nos parece que no queréis hablar del tema – intervino Poe de nuevo -Mala suerte, quizás os interesaría saber lo que queremos negociar. Vamos, decídnoslo. ¿Qué ganáis metiendo las narices en el juicio? – habían decidido jugar la carta de la ignorancia: dejar que pensasen que, al ver a Hux y DJ en el día del juicio, ellos no habían atado cabos y no habían visto la relación…
- Lo de siempre – Hux se cruzó de brazos – Joderos la vida. Nunca perdemos ocasión, y lo sabéis.
- Oh, sí, de sobra – replicó Poe con retintín.
- Y dinos, chulito… ¿Qué trato queréis hacer con nosotros?
- Hux, no nos conviene escucharles – Rey vio cómo hablaba Phasma a Hux y la chica se apresuró a leer la mente de la rubia. ¡Ahí estaba! El miedo, la incertidumbre… Phasma era ciertamente muy precavida, pero Hux estaba picado por la curiosidad.
Había que presionar.
- Hemos venido a pediros que os retiréis del juicio – medió Finn.
Sus adversarios emitieron sendas sonrisas de suficiencia.
- Dejad de repetirlo. Id al grano, pardillos.
- ¿Por qué habéis tenido que meter las narices? Sabéis perfectamente que esa noche, Phasma no estaba allí.
- Ya, pero no es eso lo que dicen las pruebas que hemos aportado – argumentó Hux.
- ¿Qué pruebas? ¿La foto borrosa que presentaste en el juicio? – Finn arqueó una ceja al hablar, consciente de que lo que le respondieran no se sostendría.
- Podemos aportar más. En cualquier caso, siempre será vuestra palabra contra la nuestra. No podéis probar que ese heavy estaba en ese callejón.
Los republicanos intercambiaron miradas. Estaban consiguiendo lo que querían, pero no les gustaba nada el cariz que tomaba aquello.
- ¿Y si aportamos nosotros pruebas de que estáis mintiéndole al juez? – insistió Poe.
- Hummm – rezongó Hux – No veo cómo podríais hacerlo. Nosotros estamos aportando testimonios y fotografías. No tenéis nada.
- ¿No te parece suficiente el parte de lesiones que aportó Rose al juicio? – intervino Finn, sulfuradísimo. Efectivamente, aunque no había habido heridas graves (tan sólo alguna magulladura) Finn había tenido la buena idea de proponerle a Rose que solicitara un parte de lesiones en el hospital más cercano.
- Sabes que hay miles de denuncias falsas – aseveró Phasma – La de Tico podría ser una de ellas.
- Eso ya lo veremos – medió Rey.
Phasma la miró por primera vez y esbozó una mueca de desagrado.
- Creo que no nos han presentado, niña.
- Más cuidado – soltó Rey, deslenguada y sin temor – Solamente me sacas unos meses.
- Cualquiera lo diría – replicó Phasma, alzando el mentón - ¿Cómo te llamas, desgraciada?
- Rey Plutt – saltó Hux de repente, con una voz acerada e hiriente. Rey leyó perfectamente las ganas de hacer daño – Lo sé muy bien, la investigué a principios de curso antes de hacer su collage para Instagram.
Rey notó temblar sus aletas de la nariz y miró a Hux con una rabia que le hizo ver todo rojo de repente.
- No vuelvas a llamarme así – siseó la chica.
Pero Hux había encontrado el filón y sonrió como una hiena hambrienta.
- ¿Y por qué no? Es el apellido que pone en tu registro de pobre huerfanita desgraciada…
- ¡Que no me llames así! – y la joven se adelantó un paso, presa de aquella rabia que, de repente, se tornaba glacial, oscura…
¡El halo de oscuridad! ¡La rodeaba de nuevo!
Y se sintió llena de odio, de miedo… De un terror visceral que la hacía revolverse como gato panza arriba contra aquellos ataques…
- Ya has oído, gilipollas – añadió Finn – Retira lo que dices.
- Y una mierda – replicó Hux mientras se ajustaba el abrigo – Es la verdad…– esbozó una mueca de aburrimiento - Y bien… ¿Nos decís de nuevo por qué tenemos que haceros caso?
Y de pronto, la voz de Rey los interrumpió.
- ¿QUIERES QUE HABLEMOS DE TU MADRE, HUX? – bramó con un tono de voz que jamás pensó tener, mientras daba un par de pasos más adelante.
El aludido experimentó un cambio repentino de color, pasando al pálido más blanco que nunca. Los ojos se le abrieron desmesuradamente y mientras Phasma lo miraba de reojo, Hux era ahora el que temblaba de ira.
- ¿Qué mierda estás diciendo? – gritó el muchacho, encendido de furia.
- Sabes de lo que hablo. De tu madre, de aquel vestido verde que tanto le gustó a tu padre, del escándalo en las revistas, de la carta, de la demanda…
Hux estaba transfigurado y más tarde, Poe aseguraría que jamás habían visto al segundo de a bordo de Kylo Ren experimentar aquel miedo. Mientras, él y Finn contemplaban a Rey como si se tratara de una aparición, mientras la joven disparaba frases con rapidez de látigo y reconcentrando sus renovadas fuerzas en la mente de sus enemigos.
Sus poderes se habían intensificado exponencialmente y ahora notaba perfectamente cómo sus vibraciones alcanzaban la mente de Hux y Phasma como helados tentáculos invisibles con los que podía reptar por cada resquicio de aquellos cerebros con total facilidad, resbalando entre las sendas de su memoria y rompiendo muros como si estuvieran hechos de mantequilla. Tida la mente de Hux era suya para exprimir…
Era una sensación de triunfo y de poder deliciosa.
- "Tu mente es como una estantería de libros. Puedo coger el que quiera de ella."
La voz de Kylo, que había pronunciado aquellas palabras meses atrás, inundó su cabeza. Era exactamente lo mismo. Pero ahora ella estaba al otro lado. Y leía perfectamente los recuerdos de Hux, como si ella los hubiera vivido con él. La relación de su padre con la mujer que le dio la vida, la ignominia del señor Hux, oculta bajo un contrato de confidencialidad millonario… La rabia al conocer su historia, el escándalo de su madre, la indemnización que ella pidió antes de permitir que Brendol Hux se quedara con él, la desgraciada vida con su padre, su único tutor legal…(**)
Penetraba en su mente como un virus, con celeridad pasmosa, como aquel día en que fue una sola con el viento y cabalgó entre las nubes antes de precipitarse a aquel pozo frío.
Hacia la oscuridad…
- ¡Rey! ¡Rey! – y notó un tirón del brazo. Eran Poe y Finn, que la retenían respectivamente de un brazo cada uno y que la miraban sobrecogidos.
Estaba solamente a un par de metros de Phasma y Hux. La rubia estaba en pose amenazante, algo adelantada con respecto a Hux, que parecía haber mudado el color sin recuperarse.
- No sé de qué hablas, pringada, pero te vas a dar un puntito en la boca porque no vamos a soltar prenda – remachó Phasma – Ahora sí que no – y la joven miró de refilón a su compañero, mientras Rey exploraba su mente brevemente – Armie está tocado, no sé cómo lo ha hecho, pero la imbécil le ha jodido con su comentario.
- Podría pedírtelo a ti directamente – replicó Rey, sin volver a avanzar por pura inercia, pero sin ganas de obedecer a Finn y Poe - ¿Qué me dices? – ni siquiera reconocía su propia voz, que había adoptado un tono tan parecido al de Kylo…
- Te digo que te vayas a la mierda – respondió Phasma – Tú y tus amigos. A partir de ahora no habrá descanso para ti. No dejes de mirar nunca atrás porque vamos a ir a por ti.
- Cobarde – siseó Rey. Y Finn y Poe la miraron al borde del histerismo.
- ¡Rey, no te pases!
- Vamos a tener que largarnos de aquí por patas…
- Rey, respóndenos…
Phasma se alzó en toda su altura, enarcando una ceja.
- Repítelo – y su voz era peligrosa, muy peligrosa - ¿Qué me has llamado?
Poe y Finn se colocaron ante Rey por puro instinto. Aquello no era lo que habían pactado… Se giraron a Rey, pero la chica tenía los ojos nublados por un velo de furia que los sorprendió. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué se estaba involucrando tanto?
- Cobarde – remachó Rey, ignorándoles, como ausente de su propio cuerpo – Sabes que al final, siempre corres a escabullirte. Aseguras que eres tú quien se juega el cuello por la Academia, y nadie te lo niega, pero si pasa algo así, eres la primera en correr a esconderte – Y añadió, escarbando aún más en recuerdos de las conversaciones anteriores de Phasma con Armitage – No me extraña que Hux siga pensando de ti que nunca te pringas por la Academia.
- ¿Y TÚ QUÉ SABES? – bramó Phasma mientras se alzaba sobre el trío de amigos y se preparaba para atacar – VAS A LAMENTAR LO QUE HAS DICHO, PEQUEÑA GILIP…
- ¡BASTA! – y por una vez, la mano de Hux fue fuerte y segura al retener a Phasma del brazo. La rubia se giró y vio que Hux de nuevo había recuperado la compostura. Estaba sereno, pero tremendamente alerta.
Phasma conocía aquella expresión. Era la que Armitage ponía cuando estaba maquinando en serio. Por la mente de Hux estaban cruzando unos pensamientos que Rey, debido a su estado de rabia concentrada en Phasma, no pudo detectar, pero que le habrían ayudado mucho…
- We'll sing song, a soldier's song,
With cheering rousing chorus…(***)
Phasma perdió el hilo de sus pensamientos y miró de hito en hito a Hux, que se había puesto a cantar, concentradísimo y en voz muy alta.
- ¿Pero qué mierda haces?
Y Hux seguía cantando, a pleno pulmón, mientras las miradas se posaban sobre él…
- "AS ROUND OUR BLAZING FIRES WE THRONG,
THE STARRY HEAVENS O'ER US…"
- ¡Armitage! – Phasma lo zarandeó de los hombros - ¿Qué mierda haces?
- ¡"IMPATIENT FOR THE COMING FIGHT,
AND AS WE WAIT THE MORNING'S LIGHT…"!
Hux se soltó y empezó a su vez a tironear del brazo de Phasma, alejándola de los republicanos. Empezaron un surrealista forcejeo, cuando una voz aún más potente que la de Hux les llegó a todos desde algún punto entre el parking del instituto y los jardines de enfrente.
- ¡SALID DE AHÍ YA!
Todos se giraron y vieron a Kylo que corría hacia ellos dando zancadas de siete leguas con sus largas piernas, hecho un energúmeno.
- ¡OS ESTÁN GRABANDO, JODER! ¡SALID DE AHÍ YA!
En ese instante muchas cosas hicieron clic. Las mentes de Phasma y Hux, a las que llegó el entendimiento y la rabia… Y la mente de Hux, a la que saltó una pregunta tremenda, que almacenó para dios sabe cuándo.
- ¡Mierda! – gritó Phasma, girándose a los tres amigos - ¡Cabrones!
La tercera cosa que hizo clic fue la mente de Rey… Salió al fin de aquel estado mental en el que había entrado tan peligrosamente y pudo analizar la situación en cuestión de segundos. ¡Claro que Kylo sabía todo! ¡Habría estado leyéndoles desde hacía un rato! ¡Y ella se había entretenido en ponerse bravucona! ¡Maldición, maldición!
- ¡Corred! – Poe se alzó como la voz de la razón y agarró a sus dos amigos para sacarlos de allí casi a rastras, mientras iniciaban el retroceso y veían cómo Phasma y Hux tomaban posiciones para salir a por ellos. Ren se acercaba desde lo lejos, gritando como un desaforado…
Rey usó el sentido común, que por fin volvía a imperar en ella, y usando sus poderes, envió unas ráfagas para hacer que a los dos cuervos se les enredasen los tobillos y cayesen al suelo haciendo un grotesco sándwich de piernas y brazos. Entre maldiciones, se levantaron insultándose el uno al otro, mientras Kylo llegaba por fin ante ellos y pasaba de largo, exclamando:
- ¡Pedid refuerzos! ¡Ya! ¡Tienen grabaciones de todo lo que se ha dicho! ¡Inútiles!
Los otros dos, acostumbrados ya a las rarezas de Ren, sacaron sus móviles y comenzaron a bramar instrucciones a diestro y siniestro mientras iniciaban la persecución tras el líder negro.
Por su parte, los tres republicanos habían iniciado una endiablada carrera para salir, lo primero de todo, de aquel territorio comanche en el que aún quedaban algunos cuervos rezagados que charlaban a la salida de clase.
- ¿Qué narices ha pasado? ¿Qué ha pasado? – exclamaba Finn, la viva imagen del desconcierto y la confusión - ¡Tíos, no tengo ni idea de lo que ha pasado en los últimos cinco minutos!
- ¡Ni yo! – farfulló Poe, esquivando una papelera que amenazaba con incrustársele en las costillas - ¡Y Hux cantando! ¡Joder, no lo habría esperado ni en siglos! ¿A qué mierda venía eso?
Doblaron la esquina hacia el parking de los republicanos, donde algunos estudiantes les miraron raro…
- ¡Muy surrealista todo! Y tú, Rey, te has cubierto de gloria… ¿Se puede saber a qué ha venido eso?
La muchacha, que estaba muy concentrada en esquivar coches y semáforos y que estaba a punto de contestar a Poe, miró hacia atrás y casi desfallece al ver a los cuervos en pos suya. Kylo iba a la cabeza, la viva imagen de la determinación y la furia, seguido de Phasma y algunos gorilas más…
- ¿El qué? – preguntó, despistadísima.
- ¡El numerito de ponerte chula con esos dos!
Salieron de la zona del instituto y enrumbaron hasta una calle comercial repleta de gente. A sus espaldas, los cuervos seguían persiguiéndoles. Habían aumentado en número…
- ¡Mierda, los del equipo de rugby! ¡Corred! – aulló Poe.
Dos del equipo metían quinta y les pisaban los talones… Rey alzó su brazo como si tuviera un látigo en la mano y automáticamente, los jugadores fueron derribados. Unos ciclistas que pasaban cerca casi se los comen y el barullo que se armó fue de escándalo…
¡Ring, ring! El móvil de Poe sonó pidiendo atención en aquel momento de acelere… Finn, al borde del paroxismo en medio de la carrera, preguntó con voz tres octavas más alta de lo normal.
- ¿Quién es, joder?
Mientras corría, Poe se las ingenió para sacar un auricular portátil de su bolsillo y ponérselo en la oreja. Empezó a gritar a trompicones.
- ¡Kaydel! ¡Nos persiguen!
- ¡No, si ya os he visto! – gritó ella en respuesta - ¡Stomer está con el coche! ¡Os seguimos! ¿Dónde quedamos?
De improviso, por una bocacalle cercana, apareció otro cuervo junto a Debbie Masterson, cuyas rastas verdes se agitaban tras ella con el son de la carrera. Casi se tragan a Poe y Finn al chocar lateralmente con ellos…
- ¡Uooooee! – aulló Poe tras rodar por el suelo - ¡Tomad esto, imbéciles! – y le atizó una patada al cuervo, que cayó al suelo agarrándose a lo primero que encontró: las rastas de Debbie. Entre aullidos infernales, ellos dos también cayeron al suelo entre maldiciones, mientras Finn esquivaba sus piernas y volvían a meter quinta.
- ¿Poe qué pasa? – dijo Kaydel a través del auricular de Poe.
- ¡El Takodana, Kaydel! ¡Id para el Takodana! ¡Ya!
Al oírle, Rey giró la cabeza. Kylo venía tras ellos, mirando en su dirección. Seguro que él iba a por ella…
- ¡Hay que separarse! – gritó la joven de pronto, separándose de ellos - ¡Os llamo luego! – dobló una esquina y se le ocurrió una idea - ¡Poned a buen recaudo el micrófono!
Finn y Poe, pillados por sorpresa ante su inesperado movimiento, se giraron hacia ella, mientras Rey hacía todo su esfuerzo por afianzar su barrera (¡que no me lea, que no me lea!) y se puso a recitar mentalmente la tabla del dos mientras tomaba una decisión sobre su nuevo camino. Se encontró con unas escaleras que daban a un puente peatonal que atravesaba la avenida por arriba y las subió casi sin aliento. Cuando se vio en lo alto, comprobó que Poe y Finn habían desaparecido, pero que dejaban una estela de cuervos tras ellos, que no cejaban en su objetivo. Ella, por su parte, inició la bajada de nuevo por el otro lado del puente, mientras veía por el rabillo del ojo que Kylo subía las escaleras. Aceleró, casi perdiendo el equilibrio, y dobló otra esquina para cambiar de calle.
- ¿Por qué se ha separado Rey? – quiso saber Finn, mientras esquivaban personas en su huida. Habían tomado rumbo hacia un parque.
- Será porque ella tiene el chisme grabadora – explicó Poe – Lo que no saben es que esas grabaciones ya las estamos retransmitiendo… ¡Vamos por aquí!
- En el parque están los del club de parkour, zona norte, donde el kiosco. Id con ellos – ordenó Kaydel desde el auricular – ¡Os cubrirán!
Ambos amigos corrieron por el césped, mientras a lo lejos, Phasma capitaneaba a otros cinco o seis cuervos.
- Tío, me sabe mal lo de Rey. Ren la perseguía a ella… ¿Cómo se lo va a despegar de encima?
- No sé, Finn, pero le debemos una muy grande. Es lista.
Llegaron a una zona que estaba dividida en terrazas y niveles, donde había salpicados por el terreno varios bloques, columpios, rampas y estructuras de varias formas irregulares. Algunos skaters estaban allí practicando saltos y Finn y Poe aprovecharon el jaleo para escabullirse entre los obstáculos y tomar aliento.
- Kaydel, ¿dónde estás? – preguntó Poe ajustándose el pinganillo a la oreja.
- Vamos por el asadero de pollos Wookie – indicó Kaydel, mientras de fondo oía la voz de Stomer hablando con alguien - Llegamos enseguida. Aguantad, porque estamos viendo cuervos ir para allá. Stomer está llamando a los del club de parkour.
- Genial…
- ¡A por ellos! – bramó Phasma no lejos de allí. El corazón se les subió al cuello y cambiaron de escondite, mientras intentaban esquivar a los skaters que hacían piruetas a su alrededor y les increpaban de vez en cuando.
De pronto, la manaza de uno de los cuervos del equipo de rugby agarró a Finn de la manga del abrigo, haciendo que el muchacho derrapara violentamente y se estampara contra la pared de granito sobre la cual evolucionaban algunos patinadores…
Entonces, todo pasó muy rápido. El cuervo iba a asestar un golpe final cuando unas piernas surgieron de la nada y se estrellaron contra su cara, haciendo que cayese al suelo KO. Hubo un borrón en el aire, que cayó al suelo rodando y dando un salto final sobre un poyete con jardineras que había cerca…
- ¡Hola tíos! – saludó el borrón, que resultó ser un republicano bajito y muy delgado, que lucía la sudadera blanca y naranja característica. Tras él, un grupo de cuatro o cinco figuras venían dando saltos por entre los bloques de granito, escalones del parque, barandillas y terrazas, desplazándose ágilmente y con rapidez certera.
- ¡Meyers! – exclamó Poe, que venía corriendo detrás de Finn – ¡Muchas gracias!
- ¡Cuidado! – avisó otro miembro del club de parkour, pero fue tarde. Phasma apareció de improviso junto a una columna de cemento, profiriendo un grito de guerra, y se lanzó contra Poe y Meyers, seguida de dos cuervos más… Poe pudo agacharse para evitar el golpe, pero Meyers estaba preparado para recibir a Phasma. Se apoyó en el suelo de manos, usando sus piernas como un molinillo, incrustándole los talones a la rubia en el cuello y arrojándola al suelo en brazos de los otros dos cuervos. La esquivaron, haciendo que ella aterrizase de bruces en el suelo de modo grotesco, y corrieron hacia Meyers.
Pero por detrás de ellos, saltando a docenas las escaleras, llegaron otros dos republicanos que, dando saltos, inmovilizaron a los cuervos en mitad del aire, golpeándoles en los hombros y desestabilizándoles. Tras el grupo, más cuervos llegaban corriendo a calzón quitado por las terrazas del parque. Poe, Finn y Meyers iniciaron la huida, con los dos primeros corriendo por las escaleras mientras los de parkour los escoltaban. Aprovechaban todo: árboles, bloques de cemento, rampas, para hacer piruetas que cortaran el camino a los cuervos y los inmovilizasen para darles tiempo a sus compañeros. Una patada, dos saltos, un mortal, un impulso, y otros tres o cuatro cuervos más quedaban fuera de combate. Se las apañaban perfectamente para lograr alcanzar a los cuervos que, a pesar de ser más rápidos, no usaban los atajos de ellos. Casi estaban en la frontera del parque cuando oyeron el sonido de las ruedas del coche de Stomer, que hizo sonar el claxon como si no hubiera mañana. Kaydel abrió las puertas y sacó el cuerpo hasta la cintura por la ventanilla, mientras profería gritos:
- ¡Vamos, vamos, vamos! ¡Meteos dentro ya!
Tras ellos, los chicos del club de parkour se dispersaron sin mediar palabra, enrumbando cada uno en direcciones distintas y despidiéndose únicamente con breves gestos de mano.
- ¡Uffff! Les debo una muy grande a estos chicos – dijo Poe entre jadeos, mientras el coche arrancaba y hacía chirriar las ruedas – Kaydel, recuérdame que pida que el consejo les invite un día al almuerzo en cafetería… ¿Puede hacerse?
Kaydel, sentada en el copiloto, se giró hacia ellos. Estaba hasta congestionada y todo.
- ¿Por poco os funden y tú hablas de comidas? ¡Por dios, Poe! ¿Estáis bien? Me habéis tenido al borde de un ataque todo el rato…
- Me ha dejado marcado de por vida – intervino Stomer, que iba al volante y alzó su mano derecha, donde había unas marcas rojizas – Esto me lo ha hecho ella con sus uñitas. Guay, ¿eh? Una fierecilla.
Kaydel le dio un cogotazo.
- Y tú no vuelvas a pegar esos frenazos. Casi me trago el pinganillo en una de tus curvas – siseó la joven.
- Gracias, chicos – farfulló Finn, aún sin resuello también - ¿Veis a los cuervos?
Todos giraron la cabeza y vieron algo extraño: los cuervos, que cruzaban el parque en formación de a doce (la mitad cojeando, la tercera parte sin aliento y las otras dos partes profiriendo insultos de alto voltaje) pararon a una señal de Phasma, que iba detrás. Algo muy fuerte les tenía que haber gritado, pues todos se quedaron inmóviles. Demonios, era una verdadera sargento…
Se percataron de que la joven iba con un teléfono en la mano, y por lo que parecía, no le estaba gustando nada lo que estaba oyendo… Los cuervos regresaron junto a ella y la joven. Tras colgar el teléfono, dijo un par de frases. Los de la Academia se miraron entre sí, lamentándose, y empezaron a alejarse, separándose entre ellos para despedirse.
- ¿Qué habrá pasado? – quiso saber Finn.
- Ni idea, pero somos gente con suerte – aseveró Poe, clavando sus ojos en las espaldas de Phasma, que ya era una figura diminuta que se perdía entre la arboleda del parque.
- Y yo que no me quedo tranquila… - suspiró Kaydel.
- Tíos, no sé vosotros, pero yo estoy seco. Vayamos al Takodana a por algo – propuso Stomer mientras giraba una esquina.
- Sí, pero antes llamemos a Rey – replicó Poe – Me tiene preocupado. ¿Y si han ido todos éstos a por ella?
Los demás intercambiaron miradas de susto entre sí.
La tabla del dos íntegra. La tabla del tres. Escaleras. Semáforo. La del cuatro. Esquina. Calle peatonal. Cinco por siete treinta y siete. ¡Mierda, no! Bueno, da igual. Total, lo que quiero es que no me oiga pensar. Escalera. Semáforo. Esquina. Esquina. Papelera. Esquina. La tabla del seis. Coche. Cruce. ¡Carrito! ¡Cuidado! Uf. La del siete. Esquina. Calle peatonal. ¿Dónde se habrá metido? ¿Me sigue?
Se giró un poco y vio consternada que ahora era un cuervo el que la seguía. No le sonaba de nada, pero probablemente sería un adlátere fiel a Kylo, pues el tipo no paraba por nada ni por nadie…
Llegó a una calle menos transitada que el resto y en su prisa por huir, casi se traga al propio Kylo, que surgió de improviso junto a la esquina que ella iba a doblar. Estaba cercada. Ambos muchachos se habían detenido a unos metros de ella, cada uno den una posición, mientras la chica miraba a uno y otro, permanentemente en alerta. Jadeante, con el pecho ardiendo por el aire frío que debía respirar durante aquella endiablada carrera y con las rodillas temblorosas, evaluó sus opciones y esta vez fue muy rápida.
También fue rápida la oscuridad, que acudió sin apenas haberla llamado. Era como si aquella frialdad supiera mejor lo que había que hacer, lo que era mejor para ella en ese momento y lugar…
Alzó su mano hacia el cuervo y miró a Kylo con ojos desorbitados por la precipitación.
- ¡Ren, voy a hacerlo! – señaló al cuervo, dando a entender que iba a agredirle para escapar – ¡Déjame ir o sabes lo que pasará!
- Maldita pardilla, te voy a… - siseó el cuervo, avanzando unos pasos, pero Kylo alzó el brazo.
- ¡Párate, Jansen! – bramó - ¡Vete de aquí!
El cuervo lo miró desconcertado.
- Pero Kylo, si podríamos…
- ¡Que te vayas! – y repentinamente, un viento de origen desconocido agitó las ramas de los arbolillos cercanos. El cuervo, con los pelos de punta y mirando a Ren con ojos desorbitados, salió a escape del callejón, pasando de largo junto a Rey. La joven se giró hacia él, expectante.
- No pienso dejar que vayas por ahí con nuestros secretos – añadió el líder negro - ¿Cómo os habéis atrevido?
- ¡Todo lo estamos haciendo por Tico!
Las oleadas de oscuridad de Rey se desvanecieron repentinamente y Kylo pestañeó con aquella nueva comprensión de la situación. Aquellas vibraciones habían estado confundiéndole.
- Un momento…
- No es lo que te piensas, Kylo – añadió Rey apresuradamente, respirando de modo entrecortado e intentando recobrar el sentido - Todo esto es por Tico. Queremos que Phasma se aleje del juicio.
Kylo pestañeó, algo confuso, pero intentando mantener la compostura. Ahora lo entendía todo. No era una escaramuza al uso. Aquello había tenido un objetivo concreto: proteger a la chica republicana.
- Mierda, debí haber hablado con Hux más seriamente.
Suspiró y volvió a mandarlo todo a la porra. ¿Cuántas veces iban ya, desde que conocía a aquella joven?
- ¿Era ése vuestro único objetivo? – preguntó, intentando que no se notase su indecisión. Pero a Rey ya no se la podía engañar y la joven avanzó unos pasos.
- Es cierto. Lee la mente de tus amigos. No queríamos nada más.
- ¿Y las grabaciones? Las tienes tú, ¿verdad?
- No exactamente. Las hemos retransmitido a nuestros amigos ya.
Kylo cerró los puños, intentando serenarse. Respiró hondo.
- Entonces, márchate, pringada. Ya tenéis lo que queréis.
Ella pestañeó, confusa.
- ¿Y no te enfadas? ¿No la pagas conmigo?
El muchacho la miró con un gesto que claramente gritaba incredulidad.
- ¿Por quién narices me has tomado? He dicho que puedes marcharte. Antes de que me arrepienta.
Rey notó su corazón ir a mil por hora, así, de repente, como a quien le pasa un camión por encima pero, en vez de matarlo, lo devuelve a la vida.
¿Kylo la estaba perdonando? ¿A ella y a todos los republicanos después de la jugada?
- ¿Por qué me dejas ir?
Se midieron con la vista el uno al otro unos instantes. Sus barreras de poder estaban serenas, pero era más exactamente una furia contenida, al acecho, lo que las dominaba.
- Porque me vas a prometer algo.
Rey iba a alzar una ceja, pero reconoció que, por esta vez, él tenía derecho a aquello. Y Kylo habló con voz serena y firme.
- Debes prometer que jamás volverás a usar esos datos en contra nuestra.
Rey se quedó sin aire. ¿Cómo? ¿Hacer como si esas grabaciones no hubieran existido jamás? Y una mierda.
- ¿No me pides que los elimine o que te los dé?
- No soy idiota. Sé que ya los habréis compartido de algún modo.
- Poe y Finn los han oído también. Y ya están en manos de otros.
Pero Kylo insistió, y su mirada era tan insistente como sus intenciones.
- Me da igual. Jamás saldrán a la luz. De eso vas a encargarte tú. A cambio, Phasma saldrá del juicio.
- ¿QUÉ?
Rey sintió que el universo perdía su equilibrio. ¡El mundo al revés!
Kylo suspiró, casi de modo cansino, sabedor de que aquello no había quien se lo tragara, pero dispuesto a hacérselo entender aunque fuera a la fuerza.
- Lo que has oído. Puedes largarte, y no tomaremos represalias ni volveremos al juicio. Pero a cambio, las grabaciones desaparecen.
Rey estudió los ojos de intensa fijeza de Kylo. Había un poco de sol y casi parecían melados… Las poderosas vibraciones del joven parecían expectantes como él. Como un león esperando a que su presa acabase de caer en la emboscada. Como una araña esperando a que la mosca se quedase atrapada en su red.
- Déjate de moscas y leones, pequeña idiota – siseó repentinamente él.
- ¡Sal de mi mente! – refunfuñó ella, pillada en falta. Maldición, qué fácil era que él la pillase a veces…
- Sal tú de esta calle.
Rey iba a iniciar la marcha, pero aún tenía dudas.
- ¿Qué ganas tú con esto?
A la boca de Kylo asomó una sonrisa medio torcida.
- Bastante. A partir de ahora me vas a deber un favor. Y te haré pagarlo con intereses. ¿Qué me dices?
- Quiero saber cuál será ese favor.
- Sorpresa.
- Idiota.
- Promételo.
Rey inspiró fuertemente. El trato que le proponía Ren era muy jugoso. Pero, ¿qué clase de compromiso exigiría por su parte? ¿Debería jugársela por sus amigos?
Claro que sí. Siempre.
- Prometido.
Kylo pareció destensar sus hombros y antes de que la joven pudiera decir "esta boca es mía", salió corriendo como una flecha, probablemente para impedir que le leyera la mente.
Terriblemente frustrada y desconcertada, Rey pateó el suelo, exhalando un bufido.
Había una atmósfera de alivio brutal mezclada con ansiedad. Poe y Finn llevaban todo el rato intentando llamar a Rey, pero la muchacha no respondía.
- Mierda, sigue sin cogerlo – rezongaba Poe, paseándose por la cafetería como un león enjaulado. Su café esperaba en la mesa, ya frío y sin empezar, mientras el joven miraba a la ventana por enésima vez.
- Joder, qué culpable me siento… - se quejó Finn, mientras se mordía las uñas. De pronto, los ojos se le abrieron desmesuradamente y salió a escape de la cafetería. Todos se asomaron a la ventana y vieron que Rey se acercaba al local y que Finn se le tiraba a los brazos… Poe también salió flechado hacia la calle.
- ¡Rey! – gritaba Finn, mientras estrujaba a la muchacha en sus brazos, presa de un alivio indecible - ¡Menos mal! ¿Estás bien? ¿Te han hecho algo? – angustiado, se separó de ella y la cogió de los hombros, atravesándola con sus ojos oscuros – Estábamos muy asustados…
En ese instante los sorprendió un abrazo de oso de Poe, que los envolvió a ambos en un sándwich repentino.
- ¡Qué bien que has vuelto! ¿Por qué no cogías el móvil? Me cago en la leche, Rey, ¡qué susto! Nos tenías al borde del ataque…
La muchacha, abrumada por los gestos de ambos, apenas pudo responder en medio de aquella piña que habían formado.
- Chicos, estoy bien… Gracias… - y la chica, muy turbada, apenas alcanzó a alzar los brazos para responderles. Era tan extraño… Juraría que aquélla era la primera vez que la abrazaban dos personas a la vez.
Sentir el calor de otros que la apreciaban. Era tan repentino, tan nuevo…
Tan… extraño para ella.
Como si… Como si ella no estuviese hecha para eso.
Llevaba toda su vida siendo tratada como un trasto. Verse repentinamente bienvenida de aquel modo tan efusivo era algo totalmente fuera de sus esquemas mentales.
Y sin embargo, ahí los tenía. Unos chicos que meses antes habían sido completos desconocidos. Y ahora, ella les importaba. Sintió una calidez extraña, pero familiar.
Las mismas mariposas que la noche en que Kylo le pidió perdón. ¿Qué significaba aquello?
- Cuéntanos – reclamó Poe - ¿Qué ha pasado con Ren?
- Se ha largado sin más. ¿Y vosotros? ¿Todo bien?
- Sí, los despistamos – respondió Finn, señalando al cristal de la cafetería. Desde allí dentro, Kaydel y Stomer les hicieron señales de saludo, muy sonrientes – Nos recogieron en el coche de Stomer.
- Guay…
Juntos, entraron al local de nuevo y se sentaron con los demás. En un santiamén, Rey les pidió disculpas, alegando una trola aún mayor que las que llevaba ya inventadas para sacudirse la sospecha de que se traía algo entre manos con los cuervos.
- Caramba, Rey... Pues si Ren te hizo la puñeta en el Endor, haberlo dicho y te echamos un cable. Menos mal que te ha dejado en paz. Pero ha sido raro – comentó Poe, mientras daba un trago a su café y hacía un gesto de asco – Han recibido una llamada y se han retirado.
- ¿A qué os referís?
- Han llamado a Phasma y les ha dado orden de retirarse – y Finn chasqueó los dedos – Así, sin más. A lo mejor ha sido en el momento en que tú lo viste marcharse de repente…
- Yo he creído ver a Ren persiguiendo y medio estrangulando a Hux cerca de la tienda de videojuegos hace un momento – comentó Stomer.
- Casi se traga la farola de la emoción cuando los ha visto – intervino Kaydel con mucha guasa, señalándole con el pulgar. Cuatro pares de ojos extrañados la miraron.
- ¿Y eso a santo de qué? – preguntaron los demás.
Rey suspiró. Tocaba dar explicaciones.
- Culpa mía – y alzó la mano – Cuando me encontré a Ren, pude convencerle de que nos dejen en paz.
Todos se sorprendieron.
- ¿Cómo? ¿Qué dices?
- Imposible. ¿Cómo lo has hecho?
Rey dio un sorbo al batido que le ofreció Kaydel, analizando la situación rápidamente. No podía hablar nada de aquella batalla de poderes que tenía con Ren, y de todos los secretos que conocía ya. Tenía que simplificar todo. Debía pensar en una excusa que le otorgara una posición de adeudora para con Kylo. Era la única manera de sonar convincente ante sus amigos. Odiaba sacar aquella faceta, pero la broma de la moto de días atrás había vuelto a darle la idea.
- Me va a traer la moto para que se la arregle – explicó fingiendo un tono de voz derrotado - Me hará firmar un contrato especial. A partir de ahora soy su empleada. O algo así. Me ha prometido que a partir de ahora, se quedan fuera del juicio.
- Joder… - musitaron varios.
- ¿En serio? No hay quien se lo crea.
- Y menos, viniendo de Ren.
- ¿Y los audios? ¿Todo bien grabado?
- Sí – respondió Kaydel. A lo cual, Rey alzó su dedo índice para replicar.
- Me ha hecho prometer que no volveré a sacar esa información si ellos se alejan del juicio.
- ¿Así, sin más? ¿Solamente ocultarlos y no mostrarlos nunca?
- Así es – la joven mecánica cabeceó asintiendo – Sabrá si le hemos mentido.
Automáticamente, todos sopesaron la situación. Aquello era inaudito: ¡el jefe de los cuervos haciendo promesas a una republicana! ¡Aquello era muy gordo!
- Joder, Rey, este desenlace es mejor de lo que pensaba – aseguró Poe, entre el alivio general del grupo – ¡Tienes al cuervo jefe comiendo de tu mano!
- No lo creo – farfulló mentalmente Rey, fastidiada.
Lista de cosas (chungas y por hacer):
1) Siguen los encuentros con Kylo. ¡Y ahora oímos cosas en la dimensión del otro! Argh.
2) ¿Y el sueño en la cueva? Cada vez tengo más ganas de ir a ese pozo. Nota: ver cómo despistar al profe y escapar a echar un vistacito.
3) Puedo concentrarme muchísimo mejor. Algo bueno, al menos.
4) ¿Qué mierda hace el cuervo en mis sueños?
5) Necesito practicar la levitación con objetos en movimiento.
6) ¿Por qué es Kylo tan idiota?
7) Revisar la postura al respirar.
8) Ir a ver a Maz.
9) Kylo es un hijo de...
10) ¿QUÉ HAGO YO AHORA CON LA OSCURIDAD? ¿Contar al profe?
11) Estoy MUY cabreada.
12) Kylo, ¡eres gilipollas!
No recordaba haberse guardado aquel papelajo en el bolsillo. Bueno, tal vez llevaba aquellos pantalones anteayer… La verdad es que ni se acordaba. Lo dobleteó rápidamente mientras cogía su mochila y caminaba hacia su moto, que había dejado aparcada, como de costumbre, junto a la cabaña del profesor Skywalker.
Aquella mañana el profesor parecía algo menos apático. "Parecía". Le había estado preparando una especie de circuito de obstáculos, hechos a base de cuerdas, ramas y cartones. Rey había tenido que sortearlos, esquivando ramas que surgían de la nada cada vez que pisaba unos resortes ocultos en el terreno, evitando pelotas de tenis que salían disparadas hacia sus rodillas (¿de dónde habría sacado aquella ingente cantidad de pelotas?) y hasta una serie de muñecos hechos de madera que se movían a intervalos regulares y que había tenido que esquivar o golpear, según el caso.
Rey lo había hecho todo bastante bien, aunque había quedado magullada en algunas partes por algunos proyectiles que se le habían pasado. Una parte de ella estaba empezando a cuestionarse los métodos del profesor, mientras que la otra le daba las gracias casi llorando por tomarse tanto tiempo en ayudarla. Era bastante desasosegante tener que estar agradecida a un tipo que te dejaba las rodillas llenas de raspaduras y con agujetas en el trasero para el resto de la semana…
Pero era justo lo que había necesitado, lo que precisamente tenía escrito en aquel papelito de hacía unos días. Luke le había diseñado aquel entrenamiento para que pudiera desarrollar sus reflejos mientras se movía y los objetivos también lo hacían y la chica había cumplido las expectativas. Aún tenía que aprender, pero Luke le había aconsejado lo siguiente:
- Dices que te paseas por el desguace, ¿no? Pues aprovecha el lugar para practicar. Hay objetos que puedes usar en tu provecho. Obstáculos, paredes, pesos para alzar…
Ella pestañeó, mirándole algo desconcertada. Demonios, no había considerado aquella posibilidad. El desguace estaba poco o nada transitado y menos a ciertas horas. Si se daba buena maña, podría prepararse ella misma algunos obstáculos (aunque no se movieran) para intentar desplazarlos ella misma. A lo mejor algún día conseguía deshacerse del sistema de cuerdas que necesitaba para coger algunas piezas difíciles… Ya se veía levitando todas sus capturas… ¡Sería genial!
- Tiene usted razón, lo intentaré.
- Bien – Skywalker cabeceó y se mesó la barba, mientras le daba la espalda – Vamos a casa. Echémosle un vistazo a tus apuntes.
- ¿Ya no vamos a entrenar más hoy, señor? – preguntó Rey mientras trotaba tras él por entre las rocas.
- ¿Qué quieres, que nos tiremos así todo el día? – Luke se giró, indignado – Niña, me he pasado los últimos tres días montando todo este circo para ti – alzó el brazo hacia las maderas tiradas en la hierba. Luke le había prohibido ayudarle a recoger - ¿Y dices que te sabe a poco?
Rey ralentizó un poco sus pasos, sintiéndose un pelín avergonzada. Sí que era verdad que aquello le debía de haber costado lo suyo…
- Lo siento, profesor. Ha debido de serle difícil. Si quiere, el próximo día podría yo ayudarle a montar algunas pruebas y…
- Un cazador jamás le enseña a un conejo cómo se dispara el gatillo – aseveró Luke, interrumpiéndola – Vamos, date prisa.
Regresaron a la casa y Rey agradeció entrar, pues hacía un frío que pelaba. El interior del lugar era lo esperable en un lugar como aquél y en una persona como Luke: austero hasta el máximo, sin apenas chismes ni ninguna foto. Y no había televisión.
Ya allí, Rey sacó sus apuntes y estuvieron alrededor de hora y media revisando todo lo que llevaba de Física. Luke fruncía el ceño a ratos, vislumbrando el problema de la chica: no era por falta de ganas ni de trabajo, sino de paciencia. Rey necesitaba mucho más tiempo de estudio y probablemente le harían falta algunos libros de consulta que tenía por ahí guardados…
- Gracias, señor – dijo rey mientras sopesaba los dos volúmenes que le habían puesto en sus manos – En cuanto acabe con ellos se los devuelvo. ¿Le importa que fotocopie algunas cosas?
- En absoluto – sentenció él – Para eso están los libros de estudio. Para subrayarlos, para escribir notas en ellos, para hacerlos tuyos. Cuando veía a estudiantes con el libro impoluto en clase, pensaba "mala señal".
Rey se acodó sobre la mesa y le miró de modo intenso.
- Qué – espetó él secamente.
- ¿Echa de menos dar clase? – preguntó ella con voz cálida y una tímida sonrisa.
Luke intentó disimular que le habían pillado por sorpresa, pero se le dio fatal.
- Pues no. Las nuevas generaciones son cada vez más maleducadas, más consentidas y te lo cuestionan todo. Me marché a tiempo.
- ¿Cree usted que yo soy así? – replicó Rey algo contrita.
El hombre frunció el ceño mucho más mientras dejaba caer un libro de golpe.
- No digas sandeces.
Ella sonrió.
- Al menos intento ser una estudiante aplicada… Muchas gracias por haberme ayudado.
- ¿Estás segura? A mí me parece que sigues igual de perdida que antes.
- ¡No se crea! – Rey manoteó en el aire, quitándole importancia – De verdad que me ha ayudado mucho hoy. Ya tengo mucho más claros ciertos conceptos - de pronto dio un respingo - ¡Ostras! Casi se me olvida… - se levantó de la silla y corrió al sofá, donde, al llegar aquella mañana antes del entrenamiento, había dejado un paquete. Lo cogió y sacó de él una caja de latón. Se la tendió con una sonrisa de anticipación.
- Para usted. Las he hecho yo.
Con una mirada de extrañeza, Skywalker abrió la caja y fue atacado por el intenso olor a vainilla, canela y chocolate.
- ¿Galletas? ¿A qué viene esto?
- A que no me deja que le pague, pero de las galletas no va a librarse – él entornó los ojos, algo susceptible, pero Rey no le hizo ni un poquito de caso - Vamos, pruebe una.
Luke obedeció en silencio y mascó una de ellas. Arqueó las cejas en una clara señal de satisfacción.
- Están buenas – dijo limpiándose las miguitas de la barba.
- ¿Sí? Me alegro mucho. Me salen bastante bien.
Regocijada, la joven observó cómo Luke acababa la galleta y cogía otra, sonriendo de nuevo al comprobar que el profesor notaba el cambio de sabor. Había hecho bien en hacer "galletas surtidas".
- Tráete más el próximo día.
- A la orden, señor.
- No me llames "señor". No soy tu capitán.
- A la orden, profesor.
Luke puso los ojos en blanco.
¡Cómo relucía al sol aquella bestia metálica! Los ángulos y aristas del depósito de gasolina, la carcasa que recubría parte del mecanismo, el fabuloso tubo de escape colocado de forma tan prominente junto la rueda trasera…
Se le hizo la boca agua en décimas de segundo. Y una vez más, fantaseó con la idea de conducirla por carreteras de ensueño.
- Eres incapaz de disimular, pringada. Patético.
- ¿Qué te importa? Sabes que nunca va a cumplirse. Jamás permitirías a una republicana sentarse sobre tu criatura.
Kylo, que estaba de pie junto a la moto y con su característico casco de adornos cromados bajo el brazo, resopló mientras se pasaba la mano por la melena despeinada.
- Sí, pero si tuviera que hacer una excepción, a lo mejor la haría contigo.
Ostras.
- Qué honor.
- Ya ves.
- Oye, una cosa.
- Sí.
Rey se quitó los guantes y empezó a juguetear con ellos. Kylo constató que parecía apurada.
- Quiero volver a darte las gracias – y la chica le clavó los ojos. Parecían más grandes que otras veces. Límpidos, de mirada sencilla y honesta.
Pura luz.
- ¿Y eso?
- Por lo del otro día. Rose me ha dicho que Phasma se ha retirado del juicio. Han procesado al heavy que la agredió. No sabes lo agradecida que te estoy por ello. Sé que después de encontrarnos, interviniste. Me lo dijo Poe, que te vio hablando con Hux.
- Estrangulándole casi, más bien – pensó Kylo.
Cambió el peso de una pierna a la otra. Era extraño, pensó. Que le dieran las gracias por algo. Hux o Phasma nunca se lo decían. Ellos decían "Bien", o "Vale", o "Estupendo", o "Genial". Solamente Robert le dedicaba aquella palabra. Y aún así, en ella sonaba tan diferente…
Mucho más verdadera que todos los "gracias" que le habían dicho antes.
- De nada – dejó salir, casi en un murmullo.
Rey volvió a sonreír, esta vez más brevemente, y echó la vista a su moto.
- Bueno, ¿y qué haces por aquí otra vez?
Él carraspeó un poco.
- Esta vez vengo en serio. Mira por dónde, vas a hacer efectiva la deuda que tienes conmigo. Vas a trabajar para mí de verdad.
La muchacha pestañeó, confusa. No podía ser cierto aquello. ¡Ella se había inventado la excusa de que iba a hacerle encargos a Kylo como mera excusa para contarle a Poe, Finn y el resto unos días antes! ¡Ahora aquella excusa iba a tornarse cierta!
Ironías del destino maldito.
- Creo que esta vez es cierto – añadió Kylo - Lo del embrague.
- Oh – y Rey arqueó mucho las cejas - ¿En serio?
Kylo asintió silenciosamente.
- Pues vamos a verlo – Rey se puso en modo "profesional", se ajustó los guantes y se agachó a examinar el mecanismo, revisando la maneta y liberando el cable del embrague de la leva también. Kylo se colocó en cuclillas a su lado, mientras ella dejaba escapar una serie de "hummms" y "ahás". Tras un minuto de silencioso examen, Kylo se impacientó.
- ¿Y bien? ¿Algún diagnóstico?
Rey sacó la cabeza de las vísceras metálicas y respondió:
- En efecto, tienes el cable del embrague un poco flojo. Pensaba que se podría arreglar liberándolo de la leva y metiéndole algo de aceite, pero creo que será mejor si le cambio el cable entero.
Él arqueó una ceja mientras se incorporaba.
- Te doy permiso para que revises lo que haga falta. Si hay que hacer algún arreglo más, dilo.
- ¿De verdad? – replicó ella mientras volvía a cerrar todo el aparato – Vaya, parece que ahora que sabes que cobro más barato que Ollie, has decidido aprovecharte para que te haga mejor precio, ¿no?
- Puede – remachó Kylo, cruzándose de brazos, mirándola más serio que un ajo – Me gusta cuidar mi moto sin que me timen.
- Haces bien – y Rey se levantó de un saltito, sacudiéndose los guantes y limpiándose las rodillas con gesto resuelto – Has venido al sitio adecuado.
Y le lanzó algo que a Kylo le pareció la primera sonrisa cómplice de su vida. Nunca, ni Phasma ni Hux en sus mejores momentos, le habían sonreído con aquella naturalidad y sencillez.
Las vibraciones de ambos volvían a estar, como de costumbre pasaba últimamente, en consonancia. Coexistían, se rodeaban las unas a las otras, se mezclaban conformando un flujo estable que convertía sus alrededores en una especie de burbuja de serenidad y tensión contenida. La luz de Rey, calmada y suave, lo rodeaba por completo y él, satisfecho por no encontrarse nervioso ni enfadado a su lado, podía disfrutar mejor de aquellas vibraciones.
Era fantástico. Casi adictivo. Aquella atmósfera hacía maravillas con sus nervios y calmaba su ansiedad por los problemas del día a día. El asunto de Ionescu, la discusión con Hux, las tensiones con Robert… De repente se sentía anestesiado, insensible al dolor, gracias a la energía de Rey.
Era francamente adictivo.
- Ven, te voy a hacer el presupuesto – y la chica avanzó hacia el mostrador de donde sacó el libro de albaranes de la vez anterior, cuando lo quiso engañar.
- ¿No revisas la moto con más profundidad?
- Prefiero hacerte un precio solamente para esto, y ahora después le haré una revisión mayor – explicó ella mientras buscaba un boli junto a la caja registradora, se quitaba los guantes y empezaba a garabatear cifras. Introdujo unos números en una gran calculadora que había al lado y escribió las cifras finales, alargándole el papel autocopiable – Ahí tienes. Precio total rebajado y con IVA y mano de obra incluido.
Kylo lo sujetó entre sus largos dedos y examinó las cantidades con cuidado. Frunció el entrecejo.
- ¿Está todo incluido?
- Materiales, mano de obra e impuestos. Todo.
- No te dejes nada al azar. No quiero sorpresas.
- ¿Por qué eres tan desconfiado? – Rey se puso en jarras mientras ladeaba la cabeza.
- Porque este precio es una ganga.
Rey hizo una mueca de entendimiento, asintiendo lentamente con la cabeza.
- Aaaah, ya lo pillo… Claro, es una ganga comparado con los sablazos que os lleva dando Ollie desde hace años… Si es que es un sinvergüenza… - alzó el índice y golpeteó el papel en manos de Kylo – Que sepas que esto es un precio razonable, ajustado al mercado y la calidad de la mano de obra de quien la va a trabajar. Más de eso es un robo.
Kylo alzó la mirada desde la mano de Rey a sus ojos, evaluándola. Ella notó el escrutinio pero estaba extrañamente tranquila. En verdad, llevaba todo aquel rato sintiéndose… bueno, como siempre. Sin sobresaltos, ni intranquilidad, ni violencia…
Ya no había miedo. Porque la atmósfera de Kylo ya no era fría. Ahora su oscuridad era como un manto que lo circundaba, pero ahora era flexible, estaba calmado y a una temperatura que ya no le provocaba escalofríos.
Se había acostumbrado a su presencia.
Como a la de un viejo conocido.
Y no le dio miedo referirse a él como eso. ¿Por qué tenerle miedo ya? Le había demostrado varias veces que se podía confiar en él. A pesar de todas las contradicciones que lo rodeaban.
Kylo Ren, un enigma andante.
- ¿Dónde tengo que firmar? – dijo él, mirándola aún con aquella fijeza. Rey se dio cuenta de que, si el sol incidía de cierto ángulo sobre sus ojos, hacía que sus iris adquiriesen reflejos claros…
No había tanta oscuridad como se pensaba.
Le señaló el boli que había dejado sobre la mesa y el joven lo cogió para estampar su firma en la copia de la factura. Observó su letra. Era alta, afilada y llena de rasgos rectos y firmes.
- Vale, y ahora la segunda revisión.
- Voy.
Regresaron junto a la moto y Rey estaba a punto de agacharse a revisarla cuando sonó su móvil. Atravesó el taller a la carrera para cogerlo y lo descolgó medio jadeante.
- Finn, ¿qué pasa?
Kylo esperaba de pie, con las manos en los bolsillos, mientras la veía poner cara de fastidio.
- Mierda, ¿y de dónde saco yo ahora el tiempo para eso? Jolines… Está bien, gracias por avisar… No, podré con ello. No te quiero quitar tiempo… Sí, claro… Vale… Nos vemos en clase.
Colgó exhalando un bufido y regresó junto a Kylo con la cabeza gacha. Él estaba rabiando por preguntarle, pero aquello significaría…
¿Qué significaría?
- Menuda mierda – rezongó ella, agachándose – Lo que me faltaba – empezó a revisar la moto por todas partes – Desde luego… Si es que estoy tonta… Argh…
- Me estás irritando – siseó Kylo, aún de pie junto a ella – ¿Qué pasa?
Rey alzó la vista, fulminándolo con la mirada.
- El profe de Física nos ha mandado trabajo extra. Lo ha colgado en su blog. No me acordaba de que dijo que iba a colocar esa tarea… No sé cuándo voy a poder ponerme con ello. Tú no tienes ni puñetera idea de lo que significa compaginar esto… – señaló el taller con un gesto amplio de brazos – Con el insti y la casa. A veces me faltan manos.
- ¿La casa? ¿Es que eres una especie de criada?
Rey notó que se le subían los colores. Mierda, había dicho demasiado. Todo por sentirse demasiado relajada frente al cuervo. Demonios, tenía que estar más alerta.
- No es eso. Carl y yo tenemos una especie de "trato". Es complejo, una chorrada – manoteó en el aire para quitarle importancia.
- Tengo curiosidad.
Rey volvió a alzar la vista. Mucho, por estar él de pie y ser tan alto. La miraba de brazos cruzados, con aquella fijeza que no sabía si escondía algún resquicio de rabia contenida, de desprecio o de algo raro que… un no se qué...
- Dime – insistió Kylo. Y de nuevo su voz era profunda, casi invitadora.
Ella se estremeció y sintió la repentina necesidad de mirar al mecanismo de la moto otra vez.
- Bueno – intentó explicarse, mientras maniobraba con la llave inglesa y los destornilladores – Carl es mi tutor legal.
- Nada que no sepamos ya.
- Vale, ya sé que el idiota de tu colega tiene una red de inteligencia que ni la Interpol – replicó Rey, picada – ¿Qué más sabe?
- Poco más. Sigue.
- En fin… Nuestro pacto va a así: yo no doy problemas en el insti, hago la compra y la comida, limpio las partes comunes (porque ni en sueños me meto en su baño o en su dormitorio con una fregona) y a cambio él me deja cobrar los encargos que me hacen el taller y me paga un pequeño sueldo. Es una cantidad de chiste, pero al menos me da para mis gastos. Así, si quiero comprarme cosas, jamás dependo de él. Nunca me ha dado dinero para nada, excepto los pagos del taller.
Kylo procesó en silencio todo aquello. De pronto, la imagen de chica descuidada, con las manos llenas de grasa y sueños de libertad, encajaba como una pieza de puzle en aquel mierdi-taller.
- No sé ni qué hago contándote esto – murmuró Rey, arrodillada en el suelo, separándose de la moto y mirando al infinito – Nada de esto te importa.
Kylo sintió un revoltijo de tripas, notando una punzada de irritación. ¿Quién era ella para dictaminar lo que él le importaba y lo que no?
Pero en su lugar, el Demonio de La Locura le mandó decir:
- ¿Y por qué no te largas y lo mandas todo a la mierda?
Ella alzó la mirada.
- ¿Cómo dices?
- Marcharte. Irte por ahí y hacer tu vida.
- No puedo. Soy menor de edad, no puedo vivir sola. Aunque más quisiera…
Rey volvió la vista a la moto y cambió de herramienta.
- Además, mis padres volverán algún día.
Se hizo un silencio. Rey, de espaldas a Kylo, notó cómo él fijaba la vista en su nuca, repentinamente turbado por la afirmación que acababa de hacer.
Ya daba igual todo. ¿Qué más le daba que aquel cuervo supiese algo más sobre ella? Total, él ya sabía que sus padres no estaban.
Suspiró y miró al vacío.
- Eso no lo sabes – oyó decir a Kylo.
La joven alzó la cabeza, inquieta por su respuesta, pero de pronto pareció desanimada.
- Es cierto. Pero nunca pierdo la esperanza. Puede que vuelvan y la única pista que tendrían para encontrarme es esta ciudad. Nunca he salido de aquí. ¿Y si vinieran algún día y quisieran localizarme? Si me marchase, nunca podrían dar conmigo.
El aura de Rey se enfrió de repente, según apreció Kylo. ¿Cómo lo hacía para orbitar tan fluidamente entre una emoción y otra? Casi no había transición… En un momento estaba alegre y serena y en otro, estaba triste y seria. Sus habilidades debían de ser más poderosas de lo que había pensado para hacer aquellas transiciones.
- ¿Les has buscado? – dijo sin querer.
- Lo intenté, hace tiempo. Pero nunca saqué nada en claro. Y fue una adopción cerrada, así que no puedo hacer nada más.
Otro silencio. De pronto, se miraron y sintieron perfectamente cómo sus energías formaban una cadena cuyos eslabones pugnaban por tocarse.
Estaban a punto de rozarse: la frialdad de Rey y la fluctuante oscuridad de él. Sopesando la atmósfera a su alrededor…
Ella suspiró y cabeceó repentinamente. Los eslabones se rompieron.
- ¿Sabes? Podría ser peor. Al menos no estoy en un piso de acogida para menores y me pagan algo. Es una vida dura, pero me gusta el trabajo. Me gusta el taller. También tengo algo de tiempo libre y hago proyectos personales…
- Ya. ¿Como lo que tienes en este banco?
Rey, de espaldas a él, alzó la vista y vio que Kylo estaba al otro lado de la sala, examinando su banco de trabajo. Era una zona que, tras muchas súplicas, le había prestado Carl. Rey no entendía por qué directamente no le había cedido algún rinconcito en el taller privado que tenían anexo al local oficial, pero supuso que Carl lo hacía por fastidiarla. Así que Rey tenía allí su pequeño espacio.
- ¡No! – y la chica se levantó de un salto - ¡No toques eso!
- Sólo estaba mirando – farfulló Kylo, sintiéndose un poco culpable. Y recomponiéndose, añadió con retintín – ¿Qué es toda esta chatarra?
- Son mis cosas – replicó Rey, acercándose a sus espaldas y mirando por encima de su hombro mientras Kylo examinaba los objetos esparcidos por la mesa. Bueno, mejor dicho, por detrás de su brazo – Ya te lo he dicho: me gusta desmontar y montar cosas en mi tiempo libre. Creo que mi primer juguete de navidad fue un mecano.
Kylo alzó la vista, repentinamente sacudido por un recuerdo neblinoso de su tío, un juego de piezas y unas galletas de chocolate…
Hacía ya tanto tiempo…
Su atención fue capturada por nuevas piezas. Había un avión de alas muy estrechas, una especie de platillo volante y un caballo alado colgados del techo. Estaban fabricados en hojalata y unidos por cables y poleas. En las estanterías cercanas había decenas de cajas clasificadoras de plástico con nombres. Se acercó y examinó todo. En una caja había tuercas; en otra, tornillos; en otra, trozos de cristal de colores. Por dios, era tremendo…
- Esto son filas y filas de chatarra… - pensó – Joder, me las tengo que ver con una Diógenes en potencia… - alzó la voz mientras se giraba - ¿Desde cuándo almacenas toda esta roña?
- ¡No es roña! – se quejó Rey, colocándose junto a él – Me gusta guardar cosas que me encuentro y que creo que merecen la pena…
- ¿Y a dónde te vas a buscarlas?
- Al desguace junto al Mos Eisley.
Kylo esbozó una mueca de asco.
- Puf.
- ¿Qué haces con todo esto?
- Son cosas que me gustan – replicó Rey, con gesto algo culpable, casi avergonzada. Se acercó a la caja de los cristales y extrajo dos de ellos. Uno era rojo y otro de un intenso azul – De pequeña los llamaba "tesoros". Algún día haré algo con ellos. No sé, integrarlos en algún chisme o algo.
Kylo la contempló fijamente, mientras intentaba hacerse una idea más clara de aquel retrato apenas perfilado de aquella chatarrera con ínfulas de mecánica que coleccionaba tuercas y piedras como los locos más redomados.
Y sin embargo, se cuestionó qué habría dentro de ella para que cosas tan pequeñas y tan humildes la emocionaran tanto.
- ¿Y esto? – inquirió el joven, mientras se inclinaba ante lo que claramente parecía una pieza en proceso de construcción. Era rectangular y por encima tenía apliques de tuercas y engranajes…
- Un regalo – respondió ella con algo de timidez – Para Navidad.
- No se te da mal soldar – apreció él, inclinándose hacia el trabajo a medias.
- ¿Sabes de eso? – inquirió Rey, extrañada y mirándolo con una nueva luz en los ojos.
- Más o menos – Kylo seguía inclinado sobre los elementos del banco de trabajo – Prefiero vérmelas con robótica. Pero también tuve un mecano de pequeño.
Se incorporó y se topó con la mirada maravillada de Rey, que lo miraba atónita.
- ¿Qué?
- Nada. Es que… Es otra cosa más en la que coincidimos. Es extraño – dijo Rey encogiéndose de hombros – Y es la primera vez que me hablas sobre ti.
Ambos se miraron, sin ser conscientes de que la atmósfera a su alrededor estaba tan serena que…
… Que precisamente no notaban nada, ningún cambio.
Ninguna inflexión de poder, ningún cambio de temperatura, ni vibraciones sospechosas.
De nuevo, la oscuridad de Kylo había perdido su calidad gélida y agobiante. Era únicamente un manto oscuro que lo protegía del exterior, incluso de ella. Pero que, de alguna forma, no podía resistirse a acariciar el aura de luz blanca y serena de Rey.
Tan adictivo…
Estaban en sintonía otra vez.
- Se hace tarde. Necesito el presupuesto total – saltó él de pronto, haciendo que Rey diera un respingo. Pasó de largo frente a ella y regresó junto a su moto.
- Eeeeh, esto… Pues es que no le pasa nada más – argumentó ella, siguiéndole – Está perfecta.
- ¿Dices la verdad?
- Paso de arriesgarme a mentirte – replicó la muchacha entrecerrando los ojos.
Llegaron a la puerta del taller. Kylo resopló y se encasquetó la gruesa bufanda alrededor del cuello.
- ¿Para cuándo la tendrás?
- Pásate el miércoles sobre las siete.
- Imposible. Tendrá que ser a las nueve.
- ¡Pero si el taller cierra a las ocho!
- Abrirás a las nueve para que yo venga a recogerla – sentenció Kylo, impasible como la otra vez que había dejado su moto allí. Pasó de largo ante Rey y enfiló la calle andando a zancadas.
- ¡Gilipuertas! – escupió Rey en voz bien alta a modo de despedida, mientras salía también a la puerta del taller.
Kylo, ya a unos metros, también se despidió de ella: alzó la mano por encima de su hombro y le mostró el dedo medio.
Estaba frito. Odiaba aquellos jet lag. Si no fuera por lo bien pagados que estaban… Se desperezó y se bajó del avión cargándose al hombro su macuto. Sabía viajar con poco, pues lo único que necesitaba era alquilar buenos coches y motos allá donde iba. No necesitaba más para hacer su trabajo.
Era todo bastante rutinario, pero lo sobrellevaba bien. Espiar. Informar. Cobrar. Avión. Espiar. Informar. Cobrar. Avión. Y así sucesivamente.
Anduvo por la pista de aterrizaje, sacando su móvil y deseando ir al baño más cercano. Tecleó unas frases.
Llegada 10.09. Espero instrucciones.
Al segundo, le llegó un correo electrónico con un expediente… Era uno de los expedientes más incompletos de la historia, pero él estaba allí precisamente para eso, para rellenar los huecos que faltaban. Él cumplía bien su misión. "No hagas nada por tu cuenta. No preguntes. No metas la nariz. Trabaja y cobra". Ése era el lema bajo el que vivía. Y lo hacía patente, sobre todo, con este jefe (de entre los muchos que tenía, pues le gustaba considerarse un freelance)
Y sin embargo, precisamente por la naturaleza de este caso, tenía más preguntas que nunca. Jamás sabía nada más allá de lo que le proporcionaban en los archivos, pero esta vez estaba intrigado.
Máxima precaución, rezaba el informe adjunto al archivo. Peligroso.
Él solía tener por objetivos a ricachones, pobres diablos que debían mucha pasta o segundones que se habían ido de la lengua. Nunca había visto semejante advertencia como pie de foto de nadie.
Y sin embargo, era justamente lo que decía bajo la fotografía de aquel espigado joven de ropaa oscura, cabello largo y negro y gesto serio como un ajo.
(*) El vitíligo es una enfermedad provocada por las células que producen melanina (la que nos da el color a la piel). Éstas no funcionan como es debido y se provocan esas manchas tan características. Un ejemplo de ello es la modelo Winnie Harlow, que incluso ha desfilado para Victoria´s Secret.
(**) Aquí perfilamos un poquito de la historia de la madre de Hux. Está sacada del perfil del personaje en los archivos oficiales de Star Wars en la Wookiepedia. Esa historia me venía de perlas para sacarle al pelirrojo un punto débil.
(***) Lo que está cantando Hux es, de nuevo, el himno de Irlanda, esta vez en inglés… El chico sigue empeñado en canturrear esto cuando menos te lo esperas… ¿Por qué será?
N.A.: Uyuyuy… Y la persona de la primera escena… Las pintas, el nombre… ¿Os suena? Sí, se me ha ido la olla. Tenía la idea de usar su figura en esta nueva historia. No, no es el original. Recordad que hemos hablado de su padre, al que mataron hace años… Qué pequeño es el mundo, ¿eh?
Y atentos al personaje de la última escena. ¿Tendrá alguna relación con Maul o pertenecerá a otra guerra distinta? A saber, pero hay cosas que se están poniendo en movimiento. Vamos ya por más o menos la mitad del fic (dentro de lo que tenía planeado, pero veremos a ver cómo acaba esto) y ya hay gente que empieza a tomar posiciones. Se avecina algo.
Más cositas: Kylo no deja de sorprenderme con este acto de caballerosidad, dejando en paz a los republicanos y dando órdenes de "abortar misión". Para mí que a este chico se le está yendo la olla.
Avances para el próximo capítulo: cae la primera nevada del invierno en la ciudad, nos asomamos a lo que hacen Finn y Rose, hay encuentros que se interrumpen de repente, objetos perdidos y encontrados y vamos a ir preparando ya los gorros de Papá Noel.
Y atento todo el mundo, ¡que muy pronto llegará otro interludio! Esta vez, con nuestro trío de oro como protagonista. Y voy a prometer algo: si el próximo capítulo no está listo en una semana, tendremos interludio antes.
