Hola
No tengo nada que decir.
Espero que les guste el capitulo.
Capitulo 20: La maldición de la oscuridad
El constante golpeteo de la gota al caer siempre estuvo presente, dándole cierta paz al momento. Su respiración acompasada en nunca se vio interrumpida, tenía que admitir que era un poco aburrido estar solo en el palacio de jade, sin nadie a quien felicitar o castigar por hacer tonterías. Casi no atacaban los villanos. No tenía otra cosa que hacer, excepto meditar.
Para meditar necesitaba tener la mente en blanco, no pensar en nada más que en su propia respiración, pero ese día le era imposible.
Mil y un pensamientos y recuerdos invadían su mente.
Lanzo un gruñido cansino y abrió los ojos. Por el rabillo del ojo alcanzo a ver una sombra pasando rápidamente junto a él. Se puso en pie a la velocidad de la luz y con un movimiento certero de su bastón atino al cuello del intruso.
-Lo siento- grito apenado, y aterrorizado, el mensajero Zeng- Maestro Shifu, no era mi intención interrumpir su meditación.
El panda rojo al ver que solo era el ganso se relajo y ayudo a Zeng a ponerse en pie.
-No interrumpes nada- dijo el paciente maestro.
-¿Qué quieres, Zeng?
El ganso lucia un poco nervioso, con una sonrisa y un gesto que delataban cierta felicidad.
-Bueno-comenzó él.-Hace un momento recibí un mensaje.
Shifu ponía atención, pero en realidad no le parecía una emergencia digna de interrumpir la meditación.
-Iba dirigido a usted-prosiguió el ganso- decía que los guerreros del fénix y el dragón regresarían en dos días.
"¿fénix?" se pregunto Shifu.
-¿Qué mas decía el mensaje?-pregunto el maestro.
-Nada mas, solo venia firmado por un tal Shu.
Shifu abrió los ojos con una enorme sorpresa.
-Ya vuelven-dijo en un emocionado susurro.
-¿Disculpe, maestro Shifu?-dijo Zeng.
-¡Los cinco y el guerrero dragón ya van a volver!-exclamo en un grito de júbilo el anciano panda rojo.
Ooo
-Los guerreros ya están por regresar- anuncio uno de los lobos negros.
-Perfecto, para entonces ya estará listo- sonrió de una manera diabólica el leopardo de ojos negros.
Los otros cuatro lobos permanecieron sentados, agachando la mirada mientras el leopardo los encaraba con aquellos ojos malignos que siempre les causaba un escalofrió.
-Volveré dentro de cinco horas-anuncio el felino- espero que para cuando yo vuelva, el trabajo este terminado.
Los cinco lobos asintieron. El lobo negro hizo una reverencia, a lo que Liang Zhe inclino la cabeza, en señal de aprobación.
Desapareció en su nube de polvo negro con olor a muerte. Los lobos se pusieron en pie al momento. Era ya la hora del crepúsculo, aun tenían tiempo suficiente para llevar a cabo su tarea, pero no podían confiarse, después de todo su trabajo era encargarse del maestro Shifu.
Salieron de la cabaña, atravesaron el bosque fundiéndose en las sombras de los arboles, como fantasmas silenciosos cruzaron el pueblo, a penas perturbaron el sueño de los habitantes del valle.
Con un sigilo dificil de creer, ingresaron al palacio de jade. Uno de los lobos de pelaje oscuro abrió la cerradura, los cinco entraron dando un giro en el suelo. Esperando no haberse hecho notar, caminaron de puntas por el salón, cada uno de los caninos con su respectiva arma a la mano.
Se colocaron a la entrada de la habitación principal, descorriendo el biombo que cubría el lugar. El único lobo gris hizo un gesto, los demás entraron como ninjas a la habitación, mientras el lobo más joven sujetaba el hacha de doble filo con determinación en la mirada, los demás descubrieron las mantas del panda rojo.
Los cinco alzaron las armas.
El líder gris retiro la sabana.
No había nada.
Ooo
-Mientras hablamos, tu querido padre ya está en la enfermería, gravemente herido.- dijo Liang con una sonrisa socarrona en su rostro.
Tigresa enfureció y lo ataco.
Ooo
Frunció el seño, preocupado por los leves crujidos que escuchaba en el suelo. Su agudo sentido le permitía detectar incluso al más sigiloso cazador. O cazadores.
Por lo que Shifu pudo oír, eran más de dos, tal vez cuatro o cinco de ellos. Uno de ellos había pisado mal y ese ruido minúsculo fue el que logro despertar al maestro del palacio de jade.
Con un silencio solo creíble de los muertos, el maestro se deslizo de la cama y acomodo su sabana de forma que aun pareciera dormido.
Dio un salto y se colgó de las vigas del techo. Silencioso como ratón paso sobre las cabezas de los caninos oscuros que se habían infiltrado en el palacio.
Observo mientras los lobos se lanzaban una mirada cómplice, indicador de que estaban a punto de atacar. Los vio levantar la cobija y salir frustrados. Suspiro del alivio. Fue su peor error.
Al momento en que el aliento escapo de sus labios una daga salió volando junto a su cabeza, se clavo en una teja del techo. Shifu se volvió, los cinco lobos lo miraban con atención de cualquier movimiento brusco que se le ocurriera.
Por su tamaño, compacto, Shifu logro esquivar la mayoría de las dagas voladoras. Un par de esas armas le hicieron cortes no tan profundos, apenas le habían sacado sangre.
El lobo gris, el único lobo gris, saco una katana brillante y apunto al maestro. Shifu sabia como pelear sin armas, aun cuando el oponente si las tenia, pero esa vez fuer diferente.
Al momento en que el mango de la espada toco las patas del lobo, el arma emitió un brillo cegador por un momento, al siguiente Shifu ya estaba derriba en el suelo, con cuatro lobos encima y un quinto apuntando un arma mortal directo a su corazón.
Ooo
Tigresa y Po dieron un rápido abrazo al sonriente panda. Chen Po mantenía una sonrisa, pero era falsa, por dentro lloraba por la decisión de su hijo recién llegado.
Po estuvo junto a su padre más tiempo de lo que parecía decente, ninguno de los dos pudo evitarlo.
-Bueno hijo-dijo Chen- ahora que ya sabes en donde estoy… quizá tú… ya sabes.
-Claro que volveré a visitarte, padre-prometió Po con un brillo en los ojos. Chen Po sonrió.
Junto a los seis guerreros apareció Shu, con sus ropas blancas de viaje y una mochila en el hombro.
Tigresa asintió al verlo.
-Po-sujeto con suavidad el hombro de su amigo- debemos irnos.
-Claro- dijo él.
-Adiós- se despedido de su padre.
Los cinco furiosos y el guerrero dragón se acercaron al tigre anciano, hicieron una reverencia.
-Gracias por todo, maestro Broun-se inclinaron los seis.
El maestro les correspondió.
Ya habían cruzado por el pasadizo seis de los siete viajeros.
-Espera- Tigresa se detuvo al sentir la mano de Broun en su brazo.
La felina se volvió, arqueando la ceja, algo confundida.
-¿Si?-dijo ella.
-Solo recuerda… que siempre es posible despertar de la pesadilla más espantosa-le dijo el venerable tigre. La maestra no se detuvo a meditar el significado de aquella frase, salió corriendo hacia el pasadizo para alcanzar a su padre y amigos.
Ooo
-Ya no mas- repitió con aquella voz ronca cargada de furia- Ya no puedo soportarlo.
-Ustedes son un grupo de inútiles, no pueden hacer nada bien-dijo dando un golpe tan fuerte que la mesa de madera termino convertida en astillas quemadas.
-Pero, señor Liang-dijo el lobo gris agazapado frente al felino- el maestro está muy mal herido, no sobrevivirá.
El leopardo gruño.
-Más les vale- amenazo sin despegar la vista de aquellos perros- porque si el maestro Shifu sobrevive, tengan por seguro que ustedes no.
Entre ellos se miraron dudosos, temerosos de que la espada no hubiera dado en el lugar preciso.
-Es muy habilidoso-se justifico uno de los caninos de pelaje negro.
-¡Es un triste anciano!-exploto Liang, en sus ojos negros refulgía el fuego de la ira- ustedes eran cinco, no tenia oportunidad más que la que ustedes quisieran darle….
Se detuvo, pensativo un momento. Los lobos sudaban cada vez más nerviosos por la repentina reacción de su líder. Liang se echo a reír, carcajadas profundas y atemorizantes.
-Todo este tiempo…-dijo con un leve atisbo de risa aun presente- Y ustedes lograron…-volvió a reír- son mejores de lo que había creído.
-Eso lo explica todo-pensó en voz alta Liang- por eso eran tan incompetentes.
Los cinco lobos oscuros se miraron una vez, con aun más miedo que antes. De algún modo, Liang había logrado deducir todas sus tretas y fracasos.
-¡Son unos idiotas!-se burlo el felino, sin un rastro de diversión en su rostro, más bien parecía el tipo de risa que siempre viene antes de una broma pesada.
Liang Zhe extendió sus dos garras y comenzó a salir un humo apestoso, combinado con el eterno moho de la cabaña, causaba un efecto dañino en las sensibles narices de los animales. De pronto Liang lanzo una última carcajada.
Los lobos se aterrorizaron cuando el humo comenzó a rodearlos, como una serpiente ansiosa y hambrienta, se subió a sus cuerpos, presionándolos, estrujando cada órgano de aquellos caninos que, desesperados, pataleaban al aire y lanzaba gemidos. Cuando intentaban sujetar la neblina, esta se volvía solo polvo, pero eso no evitaba que esos polvorientos demonios asfixiaran a los ex soldados de Liang Zhe.
Una vez que Liang dejo de escuchar los agudos chillidos, deshizo su hechizo, revelando solo cinco armaduras roídas. Cayeron al suelo con un golpe seco, Liang ignoro las antiguas vestimentas, paso sobre ellas sin volver la mirada.
-Se lo merecían-dijo para sí mismo, como si de alguna forma intentara convencerse de que había tomado la decisión correcta.
Tomo una profunda bocanada, estabilizando los latidos alterados de su corazón. Mientras, sin darse cuenta, el color de sus ojos cambiaba a un gris azulado hermoso y triste.
Lanzo un gruñido.
-Hoy no- grito. Sus ojos parpadearon como un semáforo antes de oscurecerse a un negro profundo.
Se sacudió la cabeza y volvió a mirar el interior de la vieja cabaña.
De su túnica negra saco un objeto pequeño y colorido.
-De todas formas-él se encogió de hombros- necesitaba a alguien más…competente.
Se quedo mirando con aire pensativo el mechón de pelo anaranjado, con una manchita negra.
Sonrió ampliamente, pensando en las mil y un aplicaciones prácticas que podría tener.
Ooo
La noche había entrado en su totalidad. Casi la luna había llegado a su punto máximo cuando Zeng apareció volando en el cielo. Acababa de llegar de un cansado viaje, había pasado casi todo el día haciendo encargos del maestro Shifu. Ahora solo deseaba entregar la carta al maestro y luego ir directo a su cama.
Cabeceo un par de veces y no se dio cuenta de que la columna estaba frente a él. El mensajero se estrello de lleno.
-Eso… dolió- dijo aun adormilado, como si se hubiera tratado de un sueño.
Empujo la puerta del salón de los guerreros. Entro.
-¡Maestro Shifu!-exclamo Zeng. Aleteo para llegar junto al panda rojo.
Elevo la cabeza del maestro, lucia fatal. Estaba muy pálido y decaído. En su rostro se veían múltiples moretones y magulladuras horribles.
-Zeng- susurro Shifu.
-Llamare a la enfermera- el ganso salió volando del salón.
Shifu hacia muecas mientras sujetaba su abdomen, intentaba presionar ahí donde una oscura mancha absorbía su fuerza vital.
Estaba mal, si no hacia algo pronto, podría morir.
Continuará…
Espero les haya gustado.
Dejen reviews, dudas, comentarios, sugerencias, cualquier cosa es bienvenida
Hasta pronto.
