*LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON DE LA GRANDIOSA RUMIKO TAKAHASHI

**ESTA HISTORIA SE ENCUENTRA EN OTRA PÁGINA BAJO LA AUTORA KARY_0295, ES MI OTRA CUENTA, POR TANTO NO ES PLAGIO, DECIDÍ COMPARTIRLA EN ESTA PÁGINA TAMBIÉN.

Hola, bueno, me demoré mucho, lo sé... pero es que... este capítulo... me ha costado un poco, no lo siento como me gustaría, pero ustedes dirán.

Otra cosa, corrijanme si es "Koga" o "Kouga", creo que es la primera opción. Hasta luego.

No olviden dejar sus comentarios.

CAPITULO 21


ENCUENTROS (PARTE III)

El sol ya había salido, por tanto, todos en el castillo debían retomar sus labores.

- Vamos, hay que ir a cambiarle las vendas al Señor Inuyasha – comentaba una de las sanadoras a sus compañeras.

Pero al entrar se toparon con un pequeño detalle, aquel cabello plateado se había oscurecido.

- ¿Qué rayos? – Las mujeres le revisaron todos sus signos vitales, de acuerdo a lo que sabían ellas entre experiencia y estudios – No es Luna Nueva… Llamen a la Señora Kagome, tenemos un problema… -

Inuyasha era humano, por alguna razón había perdido sus poderes demoníacos, se diría también hasta su típico aroma.

Kagome se había levantado temprano para dar una vuelta por los jardines mientras observaba el amanecer.

- Oh, Señora Kagome – una de las sanadoras finalmente la encontró – Necesitamos que nos acompañe urgentemente – se notaba el desconcierto en la voz de la mujer.

- ¿Ocurre algo malo? – Simplemente no entendía la actitud de la sanadora, por otro lado, notó un cambio en el ambiente, el aura demoníaca de Inuyasha no se percibía por ningún lado – Creo que sé que me quieres mostrar, vamos –

Caminaron a paso acelerado hasta la habitación del hanyou, que recién despertaba.

- ¡Keh! ¿Qué me has hecho? – se quejaba el joven a sus cuidadoras.

- Nosotras, nada… - era completamente cierto.

- Entonces, ¿Por qué soy humano? – bufaba el enojado híbrido.

- Quizás yo lo pueda explicar… - hablaba Kagome mientras entraba – Se me pasó la mano, en el encuentro de ayer – decía sin emoción alguna, mientras se sentaba a su lado – Déjame revisarte –

Kagome colocó ambas manos sobre las sienes de Inuyasha, la tenue luz rosa, hacia su aparición.

- Recuéstate - ordenó la Miko.

Inuyasha sin mediar palabras obedeció.

Kagome pasaba sus manos sobre el pecho desnudo de Inuyasha, sin tocarlo, explorando los puntos de energía de éste.

- Allí está – sonrió de lado – Estarás bien en un par de días, casi te convierto en humano de manera permanente – lo miró directo a los ojos.

Inuyasha tragó fuerte, los ojos de Kagome demostraban un profundo odio, detrás de ese rostro tranquilo había una fiera que lo quería ver muerto, casi se podía decir que tenía un demonio interno.

Por otro lado, Sesshomaru también había sentido un cambio en el aire, algo no estaba bien, y peor aún, si sentía el aroma de su amada, en dirección a la habitación del inepto de su medio hermano.

- Viene Sesshomaru, Inuyasha – le advirtió Kagome, pues, en su estado humano, no podía percibir muchos cambios de su entorno.

El youkai entró a la habitación, y se quedó estático observando a Kagome, de pie junto a la cama en la que estaba un hombre.

Antes de decir una palabra, escudriñó bien al individuo, notando las ropas que llevaba y la manera en que su cabello estaba acomodado.

- Debo admitir que no esperaba encontrarme con esta sorpresa… - como siempre con aquél tono frío, para luego mirar a Kagome - ¿Qué significa esto? –

- Esa mujer casi me elimina, eso es lo que significa… - con un tono sutil, extraño para él, Inuyasha respondió a la pregunta.

Sesshomaru se acercó a la cama donde estaba su no tan querido hermano y lo miró a los ojos.

- ¿Qué quieres? Deja de mirarme así – no podía evitar sentirse incómodo.

- Creo que deberías quedarte como humano, te sienta mejor –

- ¡¿Qué dices?! – Ya había tenido suficiente de ser el centro de atracción – Ya verás –

Al intentar levantarse, todos sus huesos crujieron, dejándolo paralizado por el dolor, dolor que su rostro no podía ocultar.

- De…mo… nios… - cayó en la cama de nuevo – Oye, ¿Cuándo regresaré a la normalidad? – le costaba respirar con tanto dolor encima.

- Ya te lo dije, en un par de días, necesitas estar expuesto a energías demoníacas – miró a su alrededor – Y aquí eso no será ningún problema – le guiñó un ojo.

Un toque en la puerta, hizo que todos miraran la entrada de la habitación, era Hayato.

- Señor, es hora de iniciar el… - los ojos del dragón se posaron sobre el individuo en la cama, pero hizo lo posible por continuar con su mensaje – combate – miró a su amo y de nuevo pasó a Inuyasha.

- ¿Se te perdió algo? – habló molesto el joven hanyou.

- No, creo que no… ¿Qué demonios le pasó? – la curiosidad le ganó.

- Larga historia, General, hay que irnos, luego Inuyasha mismo podrá contársela – decía Kagome mientras empujaba al General por la espalda, gesto que Sesshomaru no pasó desapercibido.

El toque de su prometida, tenía y debía ser solo para él, para nadie más.

- Hayato puede solo, Miko – su tono demostraba molestia.

- Claro – habiendo sacado al dragón, regresó por el Inu – Vamos, perro celoso – poniéndose de puntas, le susurró cerca al oído.

- Hmph – apretó los labios, para no decir nada ante el atrevimiento de su futura esposa.

Cuando pasaban en frente del despacho de Sesshomaru, cierto sapo, salió con un pergamino en sus manos.

- Amo Sesshomaru, un mensaje de la tribu de los lobos – miró a Kagome – el lobo Koga, y su pareja, se dirigen hacia aquí –

- ¿Koga? – la miko tenía mucho tiempo de no saber nada de aquel individuo.

- ¿A qué vienen? – preguntó el youkai.

- No lo dicen en el mensaje –

- Hmph – pensó dos segundos – Avísale a los guardias – continuó caminando seguido de Kagome y Hayato.

No demoraron mucho en llegar al lugar donde se daban los encuentros, de alguna manera había sido completamente restaurado por la noche.

- Vaya… ¿Por qué lo repararon? Si se va a destruir de nuevo… - comentaba Rin, quien se les acercó por detrás.

- ¿Qué haces aquí? – preguntó el General.

- ¿No es obvio? Voy a ver los encuentros – dijo con total naturalidad al general.

- Pero… -

- Hayato… - el gran Sesshomaru tenía cosas más interesantes que presenciar la típica discusión de su General con las jóvenes del castillo – Andando -

- Sí, señor – miro con odio a Rin, recibiendo una sacada de lengua de parte de la chica.

Continuaron su camino, la mayoría de los espectadores estaban en sus lugares, incluidos Kyosuke y Yoko, junto a su padre, quien quería presenciar la batalla de Yuka, pues la consideraba como una hija.

- ¿Listo Señor? – preguntó el dragón.

- Hmph –

- ¡Señor Sesshomaru! ¡Yuka! ¡Al área de combate! –

Al escuchar esto, hubo un gran silencio entre la multitud. Sesshomaru caminaba imponentemente a su lugar.

De pronto la mirada de todos pasó de su amo, a la joven que se posicionaba del otro lado del campo, nadie la había visto desde horas tempranas el día anterior.

Contrario a su típico atuendo de sirvienta del castillo, ahora usaba unas pieles de tonos azules y negros que hacían resaltar perfectamente su tonificado cuerpo.

- ¿Esa es Yuka? – preguntó asombrada Kagome, mientras se sentaba al lado del cocinero.

- Kagome, ¿Qué haces aquí? – preguntó espantado el cocinero.

- Vengo a ver el encuentro desde tu perspectiva… - le puso una mano en el hombro – Todo está bien - le sonrió.

Al levantarse tan temprano, Kagome había tenido tiempo suficiente para sondear el área, topándose con una muy angustiada, Roko. De alguna manera sintió pertinente estar junto al preocupado padre adoptivo de Yuka.

- Eso espero… - cruzó sus brazos el zorro mayor.

- Ahora entiendo por qué iba tan seguido a ver al sastre – soltó Kyosuke.

- Déjala, además, se ve hermosa – los ojos de Yoko, brillaban como dos luceros ante la imagen de Yuka con los atuendos que alguna vez usó su tribu.

- Van a comenzar – advirtió Kagome.

- No está de más que tengan presentes las reglas… Para ganar, deben dejar inconsciente a su oponente – aclaró Hayato mientras se alejaba, sabía que su amo era un tanto impulsivo en estos temas de lucha - ¡Comiencen! –

- ¡Demuestra que eres digna de enfrentarme! – Sesshomaru atacó con un zarpazo, no le sorprendió que Yuka lo esquivara, fue muy lento a propósito.

- Amo, quisiera que me tomara en serio - Yuka no permitiría que su amo la tratara sutilmente.

El detalle es que Yuka estaba justo detrás de Sesshomaru, su sigilo fue tal que los sentidos de su amo tardaron un poco en detectarla.

- ¡Tsk! – las garras de Sesshomaru se tornaron verdes, veneno en su máximo apogeo.

Yuka esquivaba con gran dificultad cada golpe.

-Es muy rápido… - la situación la estaba agotando más de lo que creía – ¡Mi turno! – gritó dejando ver sus blancos colmillos.

Sesshomaru le atinó un golpe en el rostro, pero la sonrisa de Yuka no se borró.

Como por arte de magia una serie de cadenas aparecieron en los brazos de Yuka, y rápidamente aprisionaron el brazo de Sesshomaru.

- ¿Qué? – Shippo no podía creer lo que veía - ¿Por qué Sesshomaru se dejó atrapar? –

- Yuka, es muy ágil y astuta, por lo visto – comentó Kohaku.

- ¿Eh? –

- Aprovechó el ataque de Sesshomaru para acortar distancia entre ellos -

Sesshomaru veía la alta resistencia de las cadenas de Yuka a su veneno.

- Ya veo - en eso, Yuka intentó golpearlo por la espalda.

El youkai, la esquivo sin problemas, con un pisotón, destruyó la cadena al tiempo que tomaba a Yuka de su brazo y la arrojó varios metros lejos de él.

- Son tan resistentes al ácido… como tú… – decía Sesshomaru tranquilamente.

- S… Sí… - le costó reponerse, ya tenía un par de costillas rotas – Pero eso no es nada… -

- Hmph - Sesshomaru posó su garra sobre Bakusaiga.

Los ojos de Yuka se abrieron de sorpresa y pánico, lo que menos quería era enfrentarse directamente a la espada de su amo.

- En guardia – gritó el youkai.

En un instante el resto de las cadenas que habían sido destrozadas por Sesshomaru, desaparecieron, dando lugar a un juego de espadas.

- Grrr… - Yuka soltó un gruñido al estrellarse las espadas.

- Eres fuerte… pero no lo suficiente - el demonio empujó con brutalidad a Yuka, haciéndole caer - ¡Pelea! – entonces azotó con su látigo la espalda de la joven youkai.

- ¡Ah! - el dolor que la recorrió fue tan fuerte, que sintió como la ira empezaba a palpitar por sus venas - ¡Eso me dolió! – Una lagrimilla amenazó con salir, pero la contuvo.

Se volteó y con una mano sostuvo el látigo de veneno de su amo, hecho que sorprendió a muchos. Sin embargo tuvo que soltarlo a los pocos segundos, pues a pesar de su resistencia al veneno, el de su amo no era cualquiera, y le quemaba.

Se puso de pie y dando saltos hacia atrás para mantener cierta distancia, sus ojos se comenzaron a nublar, el aire dentro del campo se puso denso.

- ¿Huh? – Sesshomaru conocía ciertas habilidades de Yuka, pero al parecer le tenía una sorpresa - *¿Y ahora qué?* - arqueó una ceja.

Una espesa niebla comenzó a poblar el suelo del lugar, los ojos azules de Yuka, habían desaparecido.

- No se distraiga – la voz provenía de su espalda.

- *¿Qué demonios?* - Sesshomaru solo sintió un corte en el lado izquierdo de su espalda – ¡Tsk! –

Al voltearse la imagen de Yuka despareció.

- Haré lo posible por derrotarlo… - La voz venía de todas partes.

Los espectadores no entendían nada, primero vieron la extraña actitud de Yuka, luego la espesura del suelo, y ahora resulta que tiene dotes de fantasma… ¿Qué más seguía?

- Siento, una fuerza demoníaca muy potente, proveniente de Yuka – comentó Kagome en voz baja – Tengo que intervenir – pero al ponerse de pie, vio como aquella extraña sustancia en el suelo, comenzaba a quemar la ropa de Sesshomaru, pero este ni se inmutó.

- ¿Qué está sucediendo? – le preguntaba Kohaku a Shippo.

- Creo que, Yuka, está liberando su máximo poder - soltó Shippo.

Yuka, comenzó a caminar hacia su Amo, aumentando la velocidad, su intención evidentemente era atacarle cuerpo a cuerpo.

El youkai comprendió e hizo lo mismo. Ambos a alta velocidad intercambiaron golpes, el demonio mayor acertaba la mayor parte de ellos, pero la joven loba no demostraba signos de dolor, su cuerpo estaba actuando por instinto, añadiendo el hecho de que cada golpe, iba con mayor potencia que el anterior.

Yuka hizo el ademan de golpear el rostro de Sesshomaru, levantando la mano, este, para detener el golpe. Segundos que Yuka aprovecho para acertarle un fuerte golpe en el pecho con su otra mano.

El impacto fue tal, que la armadura del youkai se agrietó.

- Vaya… - dijo Yuka – no creí que podría –

- No celebres – el demonio le devolvió el gesto, con un golpe igual de potente en la espalda.

Esto hizo que Yuka cayera boca abajo, impactando fuertemente contra el suelo, dejó de moverse.

Sesshomaru se agachó para sesionarse que estuviera inconsciente, pero a tocarla, ella se clavó dos dagas en el brazo, atravesándoselo de lado a lado.

- Insolente… - La tomó por el cuello con su otra mano, y la elevó en el aire.

- Se…ñor… -

- Se terminó… - la apretaba con más fuerza; pero, la persistente loba, con sus últimas fuerzas, logró darle una fuerte patada en el pecho a su amo, terminando de destrozar su armadura.

Hizo aparecer una espada en su mano, pero al disponerse en atacarlo, Sesshomaru saltó con ella aun tomada por el cuello, y la estrelló contra el suelo, creando un gran cráter a su alrededor.

El golpe fue lo suficientemente fuerte para dejar fuera de combate a la joven loba, cubierta de tierras y de moretones por todos lados.

- Señor, debemos limpiar su herida – un sanador se atrevió a hablarle a su amo.

Miró un par de segundos a Yuka - Luego – Sesshomaru caminaba hacia el centro del lugar - ¡Hayato! ¡Yoko! ¡A combate! –

Ambos se miraron a la cara.

- ¿Ya? – preguntó la chica.

- Así parece… - comenzaron a caminar hacia el campo de batalla.

- Hayato, tú mejor que nadie te sabes las reglas; Yoko… - y así se retiró, dando a entender que era hora de comenzar.

- Bien, Yoko, veamos que puedes hacer – Hayato lanzó un fuerte puñetazo, pero a centímetros del rostro de la chica, chocó contra algo - ¿Qué? –

- No seas apresurado, Hayato – le sonrió la niña.

De pronto una capa blanca comenzó a rodear el brazo de Hayato, tenía una consistencia pegajosa, que al intentar quitársela con su otra mano, se le adhirió imposibilitándole el mover sus manos.

- Bien – la niña se ponía en guardia, sacando un par de mazos de acero – Ahí voy –

De esa manera saltó por sobre la cabeza de Hayato, y con ambos mazos en sus manos, giró y cayó con toda su fuerza y peso, sobre el dragón.

- Mierda… - Hayato recibió una fuerte sacudida en sus sesos – Mocosa del demonio –

Aspiró fuerte y sopló, dejando salir una neblina que convirtió aquella extraña sustancia que le mantenía prisionero, en cristal, permitiéndole liberarse sin problemas.

- Oye, eso no es justo – se quejó la niña.

- ¿Justo? No me hagas reír - Hayato era un maestro con espadas, pero en esta ocasión decidió usar hachas – Voy por ti, Yoko –

A gran velocidad embistió a la joven, quien recibió sin problemas el ataque, el roce del acero de sus armas, hizo salir chispas.

- Tienes fuerza… - apretaba los dientes Hayato.

- Usted no se queda atrás, pero… me estoy cansando – Yoko, tenía algo de habilidad de mover las cosas con la mente, por lo que sacó un frasco de sus ropas y lo rompió contra el suelo, dejando salir una nube espesa de humo negro.

Esto obligó a Hayato a retroceder, los zorros siempre tenían trucos raros bajo la manga.

- ¿Qué demonios fue eso? – al notar que nada ocurría y el humo se comenzaba a dispersar – Yoko… -

- 3, 2, 1… - Fue lo único que dijo la pequeña.

De pronto todo le comenzó a dar vueltas a Hayato… tambaleaba, le costaba mantenerse de pie, cayendo de rodillas apoyado en una hacha.

- ¿Qué me hiciste? – preguntó el mareado dragón.

Kyosuke no podía creer lo que veía.

- Padre, ¿estás seguro que es un zorro y no una bruja? – soltó Kyosuke.

- Claro que es una de nosotros, solo que es habilidosa con las pociones y hechizos… - se rascaba la cabeza el cocinero.

De vuelta al campo de batalla, Hayato estaba completamente expuesto a los ataques de la chica.

- Bien, Hayato, creo que ganaré yo – se dispuso a atacarlo nuevamente, pero una pared de fuego la detuvo – Rayos… -

- Aléjate de mí, fiera – sonreía el mareado dragón.

- Yo ganaré – Yoko dio un gran salto dispuesta a terminar con el dragón.

Hayato tomó una gran bocanada de aire, y soltó esa neblina que mostró en momentos anteriores. Al ver esto, Yoko, tuvo que cancelar su ataque.

- No puede ser… - un poco de neblina alcanzó su pie izquierdo, cubriéndolo de cristal, sólido y pesado.

Al intentar romperlo, no pudo - ¿Por qué no se rompe? – miró a Hayato, a quien le estaba pasando el efecto de la bomba de humo de Yoko.

- ¿Qué? ¿Acaso crees que eres la única con trucos? – miró el pie de Yoko, el cristal comenzaba a subir por su pierna.

- Hayato… ¡Detente! – Yoko entró en pánico – ¡No quiero! –

- Serás una linda estatua, te pondré en mi habitación como trofeo - la sonrisa maliciosa de Hayato, dejó a más de uno sorprendido.

Yoko comenzaba a llorar, pero entonces, se puso de pie… - No perderé… - hizo aparecer un caballito de madera, como los que usaba Shippo – Ya verás –

- ¡Eres terca! –

Yoko lanzó un mazo hacia el dragón, quien lo atrapó, pero luego el mazo se transformó, era Yoko encubierta y con su pie cristalizado, golpeó el hombro derecho del dragón.

El sonido de la clavícula de Hayato romperse, fue evidente para todos.

- Mocosa… - el general hizo aparecer su cola, con la cual aprisionó a Yoko – A ver qué tanto aguantas –

La chica gritaba, se sentía el crujido de los huesos de Yoko, ¿O eran sus frascos? En todo caso, se estaban rompiendo en miles de pedazos.

- Ríndete… -

- ¡No! – entonces Yoko, clavó sus pequeños colmillos en la piel del dragón.

- Mala idea, pequeña… -

- ¡Yoko, suéltalo! – Gritó Kyosuke – Tonta… - susurró su hermano, al ver el error cometido.

- ¿Eh? – De pronto Yoko, se comenzó a sentir mareada… - ¿Qué sucede? –

Hayato soltó a Yoko, la dejó en el suelo. Ella intentó levantarse pero no pudo… sentía como su cuerpo ardía, y no respondía.

- ¿Sabías que nosotros tenemos sustancias tóxicas en la piel? –

- ¿Qu?… - no pudo terminar de hablar, pues al haber mordido a Hayato, ella sola se expuso a los tóxicos del dragón, quedando inmovilizada y con un gran dolor por todo el cuerpo.

- Llévensela, ¡rápido! – ordenó el General, algo preocupado…

- Vaya… - Kagome no tenía palabras – No sabía eso de Hayato – miró al demonio a su lado.

- Hmph –

- Roko, ella… ¿Roko? – Al mirar a su otro lado, notó que el zorro mayor había desaparecido mágicamente - ¿A dónde fue? –

- Está en camino a la cocina a prepararle el antídoto casero para Yoko – comentó Kyosuke – Niña tonta –

- Kyosuke – le llamó su Amo, haciéndolo erguirse en su puesto – Anda a ayudar a tu hermana – le ordenó el youkai.

- Sí, señor – raudo y veloz, desapareció.

- Pobre Yoko – dijo Sango, quien acababa de llegar.

- No es la única dañada… - Kagome podía ver un gran daño interno, en Hayato, la bomba de humo, afectó más que sus sentidos.

- Hayato, ve con los sanadores – ordenó el youkai.

- Pero… - Sesshomaru lo miró – De acuerdo… -

- Señor Sesshomaru – Kohaku se había acercado junto con Shippo - ¿Sabe? Shippo y yo hemos decidido no enfrentarnos, mi hermana necesita cuidados y si quedo mal herido, no podré ayudarla.

- Y yo quisiera, ayudar al Señor Roko con sus hijos – decía Shippo tranquilamente.

- Eso quiere decir que la primera ronda ha terminado – respondió el Youkai mientras miraba en alto.

- De acuerdo, entonces quedamos Irasue, Rin, Hayato, tú y yo… Estamos disparejos… - pensaba en voz alta Kagome.

- ¿Por qué no le dicen a Kouga? – Sugirió Shippo – Me enteré que viene hacia acá, ¿no? –

Todos se miraron, quizás sería buena idea, pero por el momento, debían ir a cenar, ya era de tarde, hora de relajarse un poco.

- Ya nos estamos acercando, falta muy poco – dijo Koga.

- ¡Que bien! Ya me estoy mareando por la altura… - comentaba Kioshy

- Lo que pasa es que eres un flojo… - se burló su hermana.

- Veamos quien es el flojo… - Hizo que el ave donde iban se ladeara, a tal punto que Hiromi casi cae al vacío.

- ¡Eres un tonto! – le dio un golpe en la espalda.

- No más que tú… - se burló Kioshy esta vez.

- Ya, ya… Tienen que llegar enteros al castillo… - Regañaba Koga, a los chicos.

- Miren, ya se ve a lo lejos… -

La majestuosa estructura del Castillo de La Luna, se levantaba en el horizonte, bañada por los últimos rayos del sol del día.

- Wau... – soltó Kioshy.

- Es hermoso… - Exclamó Hiromi.

- Exagerados –

Siguieron volando en dirección al palacio, no sabiendo que cierto ser infernal, había enviado a varios espías tras los lobos.

- Hay que informar al señor Shigoku, los chiquillos siguen vivos y van hacia Sesshomaru Taisho – su acompañante asintió.

Al darse la vuelta para retornar a su territorio, su sorpresa fue que no eran los únicos que seguían a la pareja de lobos desde tierra.

- ¿A dónde creen que van? – Ginta y Hakkaku, habían custodiado a Koga desde tierra, a petición de los chicos, quienes habían jurado ver a secuaces del gato, cerca de las guaridas de los lobos.

- Nosotros… -

- Ustedes, llegaron hasta aquí – anunció Hakkaku, sacando su arma, además de valor, acabando con el primero de los espías.

- No… no porfavor… - Ginta, dudó un poco, pero al final decidió terminar con aquella pobre alma.

- Ahora sigamos a Koga y Ayame – anunció Hakkaku.

- Sí, es mejor que se entere, no sabemos si ellos eran los únicos –

Ambos emprendieron vuelo para alcanzar a Koga y sus acompañantes.