CAPÍTULO XXI

LA MIEL DEL AMOR

Cuando miré su rostro…¡Uf! Sentí un remordimiento macabro…Sus ojos tostados se tornaron tristes y la comisura de sus labios decayeron, sin embargo, no podía dejar de pedirme perdón con la mirada…Pensé en él… ¿cómo lo pude hacer sentir tan terrible si yo lo amaba? Y ¿perdón? Él no debía pedirme disculpas por alimentarse, aunque para mí fuera grotesca la manera…ya bastante hacía con cazar sólo animales…y dejar a los humanos que caminaran en paz…es más, era tanto su nobleza…de él y su familia que defendían y respetaban a los humanos más que a ellos mismos, realmente eran fenomenales no cabía duda de eso, su bondad y autocontrol era a prueba de vida…Un estremecimiento me invadió de pies a cabeza, y me concentré en su cara de príncipe de cuentos perfectos, de rasgos finos y maravilloso cabello broncíneo, que tenía destellos de sol que resaltaban de vez en vez, y que enmarcaba ese hermoso rostro marmóreo, sacado de la mejor revista de modas del mundo. Sus cálidos ojos dorados me miraban con intensidad…entonces sus exquisitos labios cereza lo volvieron a intentar…y se acercaron a los míos…, pero ahora respondí con furor.

Yo estaba reclinada en su sofá – que era muy similar a una cama, pero más angosto- y Edward estaba a mi lado. Lo miré fijamente y sus ojos ocre me hipnotizaron…se colgaron de mi alma y me atravesaron el corazón con fuerza. Ahora lo besé yo y lo tomé con fuerza para que se pusiera a mi lado…, me besó con candencia y amabilidad. Primero, empezó por mi boca y luego bajó hacia la quijada…hasta el arco que la une al cuello. Mientras él me besaba yo lo observaba…¡Y, oh, Dios! Era maravilloso e increíblemente bello…con piel de porcelana y destellos dorados en el pelo, que contrastaban con el fuego de sus labios cereza. Un estremecimiento me invadió cuando besó mis hombros, hacia el lado de la clavícula como si fuera un rayo que rápidamente recorría todo mi cuerpo. Yo lo sujetaba firmemente, mientras sentía sus caricias, que parecían una obra de arte. Los escalofríos no cesaban y quería fundirme con él…lo amaba…y quería entregarle mi alma y mi vida. Casi instintivamente, desabroché dos botones de su camisa gris y besé su pecho marmóreo. Vi como se estremeció con mi nueva incursión. Sin darme cuenta…mi polera ya no estaba en su sitio…fue entonces cuando sentí unas risitas a lo bajo – ni tan moderadas en realidad- que venían de detrás de la puerta…Rápidamente me puse la polera, y Edward, no me percaté en que instante, ya estaba en la puerta y la abrió de sopetón.

- ¿Qué hacen ustedes acá? – dijo furioso, pero sólo logró que Emmett se riera con más ganas.
- Eeee….bueno no nos podíamos perder la reconciliación – dijo Alice con voz burlesca.
- Bueno…en este último tiempo tienen harto de eso ¿cierto? – dijo Emmett con su vozarrón perfecto, y rió a todo pulmón.
- ¿Por qué se meten en lo que no les importa? – dijo Edward furioso.
- Pero, hermanito querido, por supuesto que nos importa…- dijo Alice aún sarcástica – queremos que seas feliz.
- Y parece que lo está siendo…- dijo Emmett aún en tono de burla.

Y los dos rompieron a reír que da ganas.

- Es cosa de que te mires al espejo Edward – dijo Alice entre risas.

Y asomó su cara de duende por el umbral de la puerta.

- ¡Que se miren! – dijo con una sonrisa que le desbordaba el rostro y le iluminaba la cara.

Entonces caí en la cuenta de mi aspecto…me miré en el reflejo de la pantalla plana de Edward ¡era un desastre! Tenía todo el pelo enmarañado y aún, en el oscuro reflejo del televisor podía ver mi cara roja como tomate, producto de nuestro efusivo encuentro…Y Edward ¡Oh, mi bello Edward! Tenía el pelo alborotado y la camisa desabotonada ¡ por supuesto éramos el hazme reír de Alice y Emmett!, pero aún así…era el ser más hermoso que había pisado la tierra…en cuerpo y alma…¡cuánto lo amaba!

Con un fuerte golpe, Edward le cerró la puerta en las narices a sus queridos y entrometidos hermanos. Me miró con ternura y luego nos largamos a reír.

-Bella…disculpa…, pero hay algunos vampiros de oídos muy finos y con una gran curiosidad por controlar – volvió a torcer sus exquisitos labios cereza.

Se acercó a mí y me tomó en brazos…

- Te amo Bella…mi Bella…

Lo abracé por el cuello y miré fijo a sus ojos ocre, transparentes y confiados.

- Yo también te amo…mi Edward.

Una gran sonrisa que le llegó a los ojos y dejó al descubierto sus bellos dientes, se apoderó de su rostro.

- Bella…mi amor, pase lo que pase yo te amaré por siempre…y para siempre…eres mi vida, mi alma perdida y me hiciste recobrar el corazón…sin ti me muero…- sus ojos se humedecieron por unos momentos.
- Quiero estar contigo para el resto de la eternidad Edward…- apreté mis labios a los suyos, fríos y tiernos como la primera nevada de invierno.

Nos abrazamos un buen rato y entonces me acordé que tenía que volver a casa…¿qué excusa le daría a Chalie? Tendría que volver con Alice para que no sospechara…Salimos de la habitación de mi amado y bajamos las escaleras, pero antes de llegar al piso de abajo, Edward me tomó por la cintura y me levantó a la altura de su rostro.

- Como te amo Bella mía…- sus labios se torcieron una vez más.

Alcancé a ver a Esme que nos observaba con una sonrisa satisfecha. Se acercó a nosotros y nos abrazó a ambos.

- Cuanto me alegro de verlos tan bien…
- A mí también…le has devuelto las ganas de vivir a nuestro hijo Bella – Carlisle se acercó a nosotros. Sus ojos brillaban de alegría.

De reojo vi a Emmett y Alice que se acercaban a nosotros… los dos tenían cara de niños traviesos – a veces se parecían tanto..que llegué a pensar seriamente, que quizás podían haber tenido algún parentesco en su vida humana-. A ambos destellaban alegría a través de sus ojos, pero los suyos eran distintos…también había picardía en ella…creo que eso los hacía tan interesantes…a parte de que eran muy buenos hermanos con Edward. Antes de que comenzaran a llover más preguntas, Edward me tomó de la mano y me arrastró hacia el garaje, sin dejar ni siquiera, que alcanzara a despedirme.

El día era gris, como la mayoría de las veces en Forks, pero el aroma que emanaban los árboles ¡era fantástico! El tamaño de éstos, a veces se tornaban fastuoso o quizás, era todo producto de la felicidad de nuestro amor….

Antes de que llegáramos a mi casa…ya estaba Alice en la esquina, para resguardar la coartada frente a Charlie. Le íbamos a decir que habíamos ido de excursión muy temprano, para ver el amanecer…tarea que nos habían dado en el colegio…Cuando el volvo se detuvo frente a la casa, giré buscando los labios de mi amor…y lo besé como tantas veces, pero no por eso con menos fervor. La cara de Alice era impaciente…así que decidí bajar del auto, no sin antes preguntarle si nos veríamos en la noche…

- Por supuesto…- me contestó entusiasmado – te vendré a buscar a las diez y media, pero esta vez…saldremos solos.
- Un buen desafío…- a mí también me cautivó la idea.

Entonces recordé que era muy difícil salir con Charlie dando vueltas…Edward adivinó mi preocupación.

- Como Alice me debe una por no cuidarte bien…le pedí que me cubriera hoy y viniera a visitar a Charlie – me guiñó un ojo y sonrió.
- ¿Me voy a escapar entonces? – reí confundida.
- Mmmm…creo que más bien será un secuestro – sus labios cereza se curvaron tímidamente.
- ¿Dónde me llevaras? – le pregunté entusiasmada.
- Será sorpresa…

Nos miramos y reímos con complicidad. Lo besé por última vez, antes de bajarme del auto. Mientras, la cara de Alice era de tres metros.

Entramos, pero Charlie no estaba…una nota colgaba desde la puerta de refrigerador.

Bella, fui a pescar…nos vemos luego.
Agradécele a Alice de mi parte, por todo…y dile que nos venga a visitar más seguido…es una gran compañía.

Me imaginé a mi padre escribiendo esa nota y pude ver claramente su rostro ruborizado…envalentonándose…no creyendo ni él mismo lo que escribía.

El día transcurrió sin penas ni glorias…sólo esperaba volver a verlo. Las mariposas invadían mi estómago y lo apretaban de tal manera, que podía comer sólo a regañadientes. Pensaba en él todo el día…era un zombi cuando no estaba junto a él. A las 10 en punto me despedí de Charlie y Alice, que los dejé conversando – según lo planificado- y partí a cepillarme los dientes y ducharme. Me cambié los vaqueros viejos por unos negros de moda y por primera vez, osé encresparme las pestañas y ponerme brillo en los labios. Apagué la lamparita de noche y me senté a esperarlo en el borde la cama. En un abrir y cerrar de ojos estaba ahí…mi bello dios del olimpo…

- ¿Estás lista Bella? – su dulce voz de terciopelo se oía divina.
- Lo estaré siempre para ti…-