¡Hola a todos!

Sé que ha pasado mucho, y disculpen por eso. Pero como siempre les digo, no pienso dejar de lado este fic! Ni siquiera aunque lo termine a los 50! xD

Por favor no me odien por no publicar muy seguido :c es sólo que no he tenido mucho tiempo libre, y ya saben que me explayo mucho. xD

Les quiero agradecer por seguir leyendo y por dejar sus comentarios, los cuales nunca me canso de leer. (Son muy lindos! :3)

Este capítulo es un poco más largo, y es para compensarlos por tenerlos esperando tanto. (De nuevo lo siento, pero soy una tortuga al publicar y lo saben!) xD

¡Espero de corazón que les guste! :3

Ahora, los dejo leyendo.

Capítulo XIX: Advertencia.

Danny.

Han pasado catorce días exactos desde que enfrenté a Sam. Para ser sincero, no me arrepiento de haberlo hecho. Ni siquiera lo pensé dos veces cuando me negué rotundamente a abandonar ese cuarto sin ella.

No iba a continuar observándola a través de un cristal.

Una vez en el pasado le prometí que jamás la dejaría sola en las sombras, que siempre estaría allí para salvarla de una u otra manera, sin importar lo que sucediera.

Nunca me había perdonado el romper alguna promesa que le hiciera a ella. Y, bueno, esta no sería la excepción.

…..

Dos semanas atrás….

-Estoy haciendo un enorme esfuerzo por no golpearte. En verdad lo estoy haciendo.- Fue la respuesta de Lucian cuando me vio salir del cuarto con una muy desconcertada Sam detrás de mí. Él estaba frente a nosotros, de brazos cruzados y bloqueando el pasillo que nos dirigía hacia Tuck y Jazz, y que también sacaría a Sam del encierro. A juzgar por su cara, sé que sus palabras eran ciertas, y que realmente se estaba conteniendo de darme una paliza, o al menos intentarlo.

Su mandíbula estaba tensa y sus ojos verdes demostraban su verdadero ánimo. Creo que el único motivo por el cual no me hizo nada fue por la presencia de Sam, cuya muñeca aún continuaba presa del suave agarre de mi mano.

-¡Curioso! Yo hago lo mismo cada vez que te veo.- Respondí de manera sarcástica mientras intentaba pasar a través de él. A pesar de todo, continuaba obstruyendo mi camino de manera abrupta.

-Sin embargo, creo que mi paciencia ha llegado a su límite.- Me respondió de manera seca.- ¿Qué crees que estás haciendo, Danny?- Su voz sonaba autoritaria, casi como si estuviese regañando a un niño que ha estado comiendo golosinas a escondidas. Yo lo observé molesto.

-Creo que es bastante obvio que estoy sacándola de aquí, Lucian. ¿Quieren continuar con sus análisis? ¡Bien! Pero no aquí, no en una pecera en donde es observada como un fenómeno.- Traté de hablar en voz baja para no asustar a Sam, pero honestamente, me fue imposible, en especial cuando parecí escupir la palabra "fenómeno" con molestia; de todas las personas en el mundo, yo sí sabía lo que era ser tratado de esa manera, y a pesar de que con el tiempo he aprendido a tolerar esa palabra, sí me enfurecía el pensar que Sam pudiese llegar a experimentar las mismas sensaciones desagradables que yo alguna vez experimenté sólo por el hecho de ser diferente. Él no dijo nada, y sólo se limitó a seguir observándome como si intentara hacer explotar mi cabeza.

-Ese espejo no engañaba a nadie, por cierto. - Sam comentó en voz baja, mientras aún sentía su cuerpo diminuto detrás de mí. Probablemente le habría prestado atención si mi conversación con Lucian hubiese terminado… Pero este no era el caso.

-Estás consciente de los riesgos en los que nos pones a nosotros… Y a ella.- Dijo él, y no era una pregunta.

-Y tú sabes que he aceptado la responsabilidad de lo que pueda ocurrir.- Lucian sólo me observó.

De pronto sentí un leve tirón en mi camiseta. Me volteé y me encontré otra vez con la mirada ametista de Sam sobre mí; ya no con miedo, sino que con curiosidad.

Con un gesto me pidió que me moviera para enfrentar directamente a Lucian. De manera cautelosa me hice a un lado, pero sin soltar mi agarre de su muñeca.

-No me tomó mucho tiempo descifrar que no puedo huir de ustedes, ni siquiera aunque lo intente. Y…Creo que tampoco lo intentaría, porque sé que algo está muy mal conmigo, aunque ustedes aún no me lo quieran decir.- Me observó a mí, y devuelta a Lucian.- Es obvio que tienen miedo de que haga algo estúpido, pero para ser sincera…- Dio un respiro profundo, como si intentara contener un amargo pensamiento.- Quiero recordar mi vida, y algo me dice que ustedes me conocen lo suficiente como para ayudarme.- Luego, se dirigió exclusivamente a Lucian.- No intentaré huir, tienes mi palabra.

-¿Ahora hablas y quieres cooperar?- Lucian pronunció de manera escéptica.- ¿Por qué el cambio de actitud?- Antes de responderle, Sam me lanzó una rápida mirada.

-Porque pensé; "De acuerdo, he estado aquí un tiempo, no han intentado violarme y todos mis miembros aún siguen unidos a mi cuerpo. Quizás no son los dementes que pensé que eran y de verdad quieren ayudarme. Creo que debería darles una oportunidad." – Respondió de la manera más honesta posible. Lo que me hizo sonreír, y le sacó una leve mueca divertida a Lucian.

Los ojos de Sam continuaron pegados en Lucian, esperando una respuesta. Él no hizo comentario alguno en lo que pareció una eternidad, hasta que finalmente suspiró vencido y vi su expresión suavizarse.

No me sorprendía que haya caído rendido ante los ojos de Sam. A decir verdad, alguien tendría que estar loco para ser inmune a esa mirada.

-Habrán reglas.-Soltó Lucian a modo de advertencia. Sam sólo asintió aliviada, notando que él finalmente había cedido.

-De acuerdo.- Dijo ella a lo bajo.

-Los análisis físicos continuarán.

-Lo acepto.

-Y no podrás estar sola en ningún momento. Eso no cambiará ¿Entiendes?

-Oh, por favor…. – Comenzó ella a protestar.

-Sam, no te confundas.- Lucian la cortó de pronto de manera aprehensiva.- Aunque Danny se crea con la autoridad suficiente como para ignorar la opinión profesional de su familia y la mía al sacarte de aquí, aún deben existir ciertos límites. Lo siento mucho.- Ella estaba a punto de protestar otra vez, pero se silenció de inmediato. Por lo que su última respuesta fue:

-No te preocupes. Entiendo.

-Bien….- Esta vez, Lucian me observaba a mí.- Ahora, considerando que Danny ha tomado entera responsabilidad sobre ti, creo que es pertinente que él sea quien te vigile las 24 horas.

-¿Qué?- Pregunté con la guardia baja. ¿Por qué demonios el chico que quiere a mi novia querría que yo estuviese junto a ella día y noche? Observé de pronto a Sam, y ella no lucía muy feliz con lo que acababa de oír.

-Pero…- Comenzó ella. Sin embargo, Lucian volvió a interrumpir todas sus quejas.

-Si no aceptas alguna de las condiciones, puedes volver a ese cuarto, Sam. Es así de simple….- No hubo respuesta, sólo una simple mueca en su rostro que gritaba: "Supongo que tendré que conformarme con esto" de manera bastante obvia. No pude evitar sentirme ofendido ante su reacción.- Bien… Si ya no hay objeciones, bienvenida al exterior. – Pronunció Lucian antes de hacerle un gesto a Sam para que se nos adelantara y se dirigiese a la salida. Cuando ella se soltó de mi agarré y quedé a solas con Carter, lo tomé de su camiseta y traté de susurrar lo más bajo posible para que Sam, que estaba a sólo unos metros, no nos escuchara.

-¿Por qué hiciste eso? No la puedes amarrar a mí así como así. Apenas está comenzando a tolerarme.- Soné un poco más confundido de lo que quería. Lucian de pronto cambió su expresión seria para dar paso a una mueca divertida e incluso maléfica.

-Sí, lo sé. Veamos cuánto tiempo se requiere para que ella quiera asesinarte.- Dijo antes de soltarse de mi agarre y seguir a Sam a través del pasillo mientras me dejaba solo momentáneamente, analizando lo que me acababa de decir.

Oh… El bastardo está convencido de que Sam me mandará al demonio eventualmente. Y con lo que él acababa de hacer, eso sería más temprano que tarde.

-¿Lo ves? Justo cuando comienzas a agradarme un poco, vienes y haces cosas como éstas.- Dije aún molesto. En respuesta, Carter se volteó para darme un rápido vistazo y luego continuar con su camino.

-No me hagas reír. No estoy ni cerca de agradarte.

….

El presente.

-Explícamelo de nuevo.- Sam había estado muy cómoda sentada en mi cama mientras escuchaba pacientemente el relato de Tuck. Sin embargo, ahora se había puesto de pie y había comenzado a pasearse a lo largo de mi habitación.- ¿Por qué demonios liberé a un gorila de su jaula?

-Danny tenía problemas con Biología, como con el resto de las clases.

-¡Hey!- Protesté algo ofendido mientras continuaba sentado en la alfombra de mi cuarto.

-Y tú sugeriste que él hiciera un trabajo extracurricular acerca del gorila.- Continuó mi amigo, ignorándome por completo mientras jugaba con las ruedas de la silla de mi escritorio, en la cual estaba sentado.- Pero finalmente eso terminó por convertirse en una cacería de fantasmas, y Lancer no tuvo mucha consideración con Danny.

-Uh….De acuerdo, pero eso aún no explica por qué liberé a un gorila de 200 kilos.- Sam continuó con su paseo en círculos dentro de mis cuatro paredes, se había vuelto un hábito desde que tenía absolutamente prohibido dejar la casa. Sé que se estaba comenzando a desesperar al no poder salir al exterior, y eso también estaba comenzando a desesperarme a mí. La atrapé cerrar sus ojos con fuerza, como si de verdad estuviese tratando de conectar los puntos y recordar lo que Tuck le estaba contando, pero al parecer nada podía volver a su memoria.- Estoy loca ¿No es así?- Concluyó finalmente, lo que hizo que Tuck soltara una risa a lo bajo.

-Claro que lo estás, pero ese no era el punto, al menos no esta vez.- En respuesta, Sam le sonrió de manera débil.

-¡Por supuesto que no estás loca! Detestas la injusticia y luchas por los derechos de quienes no tienen voz, no hay nada demente en eso.-Comenté de pronto, y me detuve en el instante en que vi a Sam observarme en silencio y de manera incómoda. También cerré mi boca al notar que Tuck me sonreía, y que me estaba lanzando una mirada burlona que decía; "¿Puedes ser más sutil, Romeo?". ¿Que por qué estaba tan seguro de eso? Porque mi amigo ya había usado antes esa expresión conmigo, y me había dicho esas exactas palabras en voz alta.

Bueno, si lo hacía ahora enfrente de Sam, no tendría problemas para patear su trasero blindado en tecnología fuera de mi cuarto.

¿Cuántos teléfonos tenía? ¿Y por qué demonios los llevaba todos en los bolsillos traseros de sus pantalones?

Definitivamente no quería preguntar.

Este tipo de conversaciones en mi cuarto, sólo entre los tres, se había vuelto una rutina desde que saqué a Sam de su confinamiento. Jazz fue quien sugirió que las constantes charlas con sus dos mejores amigos la ayudarían a traer algo de vuelta a su mente, que tal vez seríamos capaces de hacer que recordara algún mínimo detalle que pronto traería todo devuelta a su memoria.

Sam nos ha escuchado pacientemente cada día que pasa, y sé que ha intentado recordar, pero hay algo que simplemente le impide saber quién es. Hasta ahora, lo único que parece reconocer es que puede confiar en nosotros, y que definitivamente somos parte de su vida. Pero sólo eso.

Mis padres, Jazz y Lucian aún continúan realizándole exámenes, pero siguen arrojando lo mismo de un principio, y el motivo del por qué aún no puede recobrar su memoria sigue siendo un misterio para todos, considerando que no hay lesiones y que no parece estar bajo ningún encantamiento fantasmal. Yo mismo me aseguré de lo último.

Hasta el momento, Sam tenía absolutamente prohibido salir al exterior, e incluso la idea de estar cerca de una ventana por mucho tiempo lucía como un peligro que no podíamos correr, principalmente porque todos en Amity Park creían que ella estaba muerta y enterrada. Es por eso que no podíamos permitirnos el que alguien viera a Sam; además de que se convertiría en un escándalo, ella aún no estaba lista para enfrentar la atención que de seguro recibirá, sin mencionar los cabos sueltos que debemos atar.

El incómodo silencio se detuvo cuando vi a mi hermana asomarse en mi puerta.

-¡Tucker!- Gritó ella, sin contener ni un poco el volumen de su voz.- ¡Oh! ¡Ahí estás! ¡Te he buscado por todas partes!- Mi amigo sólo suspiró mientras se levantaba de la silla.

-Bueno, aquí me tienes. ¿Ocurre algo?

- Mi computadora volvió a trabarse.- Otro suspiro por parte de Tuck.

-¡¿De nuevo?! ¿Qué derramaste en ella esta vez?

-¡Nada!- Respondió mi hermana algo ofendida. Tuck la miró escéptico por unos momentos, alzando sus cejas como si le costara creerle. Luego, Jazz cedió a la presión.- ¡Está bien! ¡Derramé café! ¿Contento? Ahora ¡¿Vienes o qué?!

-Disculpen, niños.- Tuck me habló a mí y a Sam.- Pero si me disculpan, este hombre debe ayudar a una pelirroja inepta en apuros.

Antes de irse, le lancé una mirada de súplica a Tuck para que no me dejara a solas con Sam, pero lo único que obtuve en respuesta fue un guiño malicioso. Cuando se fue con Jazz de mi cuarto y cerraron la puerta detrás de ellos, podíamos oír cómo mi hermana y Tuck comenzaban a tener otra discusión en el pasillo.

Para mi sorpresa, Sam comenzó a reírse de manera débil.

-Lo sé. Tienen un don para hacer enojar al otro.- Respondí ante su reacción.

-Ya lo noté.- Comentó Sam mientras se sentaba en mi cama y yo la imitaba, a una distancia prudente de ella, por supuesto.- ¿Desde hace cuánto están juntos?- Su pregunta, además de no tener sentido para mí, me hizo sentir algo en el interior, algo que no era agradable en lo absoluto.

-¿Qué? ¡No! Sam ¡Ella es mi hermana!¡No digas eso!- Pronuncié horrorizado por su comentario. Ante mi expresión, Sam sólo me observó divertida.

-¿Y eso qué tiene que ver?- Preguntó ella.

"¡¿Y eso qué tiene que ver?!" ¡¿Cómo me podía preguntar eso?! ¡¿Acaso la respuesta no era obvia?!

- ¡Tuck es como mi hermano! ¡Si estuviera saliendo con mi hermana….! ¡Agh! ¡Hablando de cosas incestuosas! Ni siquiera quiero pensar en eso, acabo de comer. – Hice una mueca de asco, y en respuesta, Sam comenzó a reír.

-Creo que estás siendo un poco exagerado.

-¿Exagerado? Si en un universo paralelo a ese pervertido se le ocurriese poner los ojos sobre mi hermana, entonces sí le haría algo "exagerado".

-¡De acuerdo! ¡Cálmate!- Me respondió ella con una tímida y diminuta sonrisa en sus labios.- Creo que pude haberme equivocado. Lo siento, mi intención no era alterarte, hermano sobreprotector.- Iba a discutirle lo de "sobreprotector", pero creo que eso era un caso perdido, sólo me limité a admirar su sonrisa; hace mucho tiempo que no la veía, y para ser sincero, había olvidado lo que esta imagen me hacía sentir.

En general, nuestra relación había mejorado. Los primeros días en los que me tuve que hacer cargo de ella, parecía que realmente le disgustaba mi presencia, y no podía evitar el que eso me afectara; me tomó dos días el que ella dejase de decirme "Phantom" y comenzara a llamarme por mi nombre. Obviamente, Lucian parecía estar muy cómodo mientras observaba la situación, y cada vez que me lanzaba una mirada, sabía que trataba de decirme; "Te lo dije". Sin embargo, con el pasar de los días comencé a cerrarle la boca, ya que, para sorpresa de todos, Sam estaba comenzando a acostumbrarse a mí, y la idea de que no podíamos separarnos ya no le parecía desagradarle del todo.

Teníamos nuestros momentos buenos, y también los incómodos.

En esta ocasión, ella se mantuvo en silencio y noté que comenzaba a mirar a nuestro alrededor, desviando su mirada de mí. Eso sucedía cada vez que la conversación acababa y estábamos a solas, actuábamos como si fuésemos un par de extraños aterrados por lo que el otro pudiese hacer o decir. Ella simplemente no sabía cómo tratarme, y yo aún no podía decirle TODO lo que me gustaría decirle. Especialmente la parte en la que estoy locamente enamorado de ella. Pienso que eso era lo que más me estaba matando.

-¿Aún sin hambre?- Le pregunté de pronto, tratando de traer la conversación devuelta, y parecí sacarla de sus pensamientos. Me miró de manera distraída.- Noté que apenas cenaste. ¿Te sientes bien?

-Sí, es sólo que no he tenido mucho apetito últimamente. Eso es todo.- Yo alcé una ceja de manera escéptica.

-Bien, pero espero que mañana comas un poco más.- Comenté, fingiendo que lo estaba dejando pasar.- Supongo que no quieres que te obligue a comer de nuevo.- Insinué justo en el instante en que ella comenzaba a hacer una mueca mortificada.

Debió de haber recordado el incidente de hace unos días atrás, cuando noté que apenas probaba bocado y estaba más delgada que de costumbre, por lo que me vi en la obligación de arrastrarla hasta la mesa y ver que comiera apropiadamente. No la dejé ir hasta que vi el plato vacío, y creo que la parte que más odió fue cuando se rehusó a seguir comiendo y fui yo quién le di de comer como si fuese un bebé. Aunque me encantó hacerle eso y todos reían al ver la escena, ella simplemente era Sam, y aquello era la humillación más terrible en la que podía pensar.

-¿Sabes? Si vuelves a meterme una cuchara en la boca en contra de mi voluntad otra vez, te cortaré las manos.- Me respondió de manera molesta, y yo reí.

Noté de pronto que volvía a alejar su mirada de mí con la misma incomodidad de antes.

La observé de nuevo, y noté que sus manos estaban en su regazo; estaba intentando tronarse los dedos otra vez, el mal hábito que tiene cada vez que está nerviosa. Ella se sorprendió cuando puse mi mano sobre las suyas y la detuve.

-No hagas eso, puedes hacerte daño.- Sus ojos ametista me observaron curiosos.

-No es la primera vez que me regañas por esto ¿Cierto?- En respuesta, le sonreí esperanzado.

¿Acaso podía recordar eso?

-Siempre lo hago. Es uno de los pocos hábitos molestos que tienes. - Ella sólo se limitó a asentir tímidamente mientras miraba hacia su regazo otra vez.- Hey...- Susurré mientras tomaba su mentón y levantaba su rostro para que me volviera a mirar. Cosa que no hizo más que hacer que toda la sangre de su cuerpo se fuese a sus mejillas. Mi corazón comenzó a agitarse de la felicidad al ver ese simple gesto que me decía que mi toque en verdad la afectaba de alguna manera.- No hay motivos para estar nerviosa frente a mí. ¿Hay algo que quieras decirme?

-Yo…- Su mirada ametista ahora inspeccionaba la mía azul, y ahí fue cuando noté que algo realmente estaba comenzando a inquietarla. Y sabía que me lo habría dicho si alguien no nos hubiese interrumpido al tocar mi puerta.

En cuanto le dije a quién sea que haya tocado que pasara, Sam se liberó de mi agarre y se tensó de inmediato.

Lucian abrió la puerta y entró a mi cuarto.

Por supuesto que era él… Pensé. Al ver su cara, simplemente puse mis ojos en blanco por la molestia de su presencia.

-Lo siento ¿Interrumpo algo?- Preguntó el de manera inocente. Aunque sonaba sincero, no pude evitar responderle de manera amarga:

-¿Para qué preguntas? Esa es la historia de tu vida.- Lucian me observó divertido.

-Eres un encanto.- Luego de responderme, no necesitó mi permiso para dirigirse hacia mi cama y sentarse en el otro lado, también frente a Sam. Y sólo ahora noté que había traído con él una especie de botiquín metálico. Por supuesto, ya sabía a lo que venía.

Él abrió el pequeño maletín brillante, y sacó una jeringa delgada.

Ante aquello, Sam sólo hizo una mueca de dolor.

-¡Demonios, Luc! ¿Enserio es necesario?- Sam le dijo a modo de queja.- ¿Cuántos litros de mi sangre necesitas?- Mientras le preguntaba aquello, Lucian tomó su brazo desnudo y ató una diminuta cuerda alrededor de su antebrazo.

Esta era la dolorosa rutina de Sam; una vez al día, Lucian venía y le sacaba un poco de sangre. Sin mencionar los otros exámenes que Jazz y mis padres le realizan a diario.

Cuando terminó de hacer el nudo y asegurarse de que estuviese lo suficientemente apretado, la observó a los ojos.

-Lo siento, Sam, sé que es molesto, pero ésta será la última vez, lo prometo.- Le dijo con voz suave. Ese tono empalagoso que él usaba exclusivamente con ella…

Traté de tragarme mis celos y mi enojo por unos momentos.

-¿Enserio ya no lo harás más?- Preguntó Sam, bastante esperanzada. Lucian le lanzó una mirada rápida y asintió mientras preparaba todo para hacer lo suyo. -Ya era hora…- Susurró ella devuelta. Lucian le dedicó una sonrisa reconfortadora mientras humedecía una parte de su piel con un algodón cubierto en alcohol.

Cuando Lucian tomó la jeringa en sus manos, ahora fui yo quien hizo una mueca de dolor.

¿Por qué las agujas siempre tenían que ser tan grandes? Me sorprendía que aún no haya atravesado los delgados brazos de Sam con esas cosas.

Finalmente, Lucian no dio aviso cuando hizo que la aguja atravesara la piel de mi ángel.

Sam dio un salto cuando sintió el pinchazo, y de manera casi automática, su brazo libre se movió y atrapó una de mis manos con la suya.

Ella nunca había hecho eso antes, pero en el momento en que la sentí apretar mi mano con fuerza, sólo pensé en reconfortarla. Con nuestros dedos entrelazados, simplemente dejé que me estrujara con fuerza mientras yo me dedicaba a acariciar sus nudillos con mis dedos.

Levanté mi mirada y noté que ella estaba cerrando sus ojos con fuerza mientras esperaba que todo terminara. Miré de reojo a Lucian y noté que había estado observando la reacción de Sam. De manera incómoda, él volvió a poner su atención en la jeringa.

La sangre nunca había sido un problema para mí; jamás he sentido nauseas por verla, lo cual era algo bueno, especialmente cuando eres Danny Phantom y día tras día te topas con accidentes y asaltos violentos que terminan mal.

Sin embargo, ahora no podía evitar sentirme horrorizado al ver la sangre de Sam llenando la jeringa; el ver su sangre siempre me traía el recuerdo de aquella vez cuando la vi en un charco de ese líquido rojo, y yo también bañado en él. Aquel momento que desearía borrar de mi memoria…. Cuando creí que la había perdido para siempre.

Sacudí de mi cabeza esos pensamientos desagradables justo cuando vi que Lucian retiraba la jeringa de su brazo de manera delicada.

-Listo, Sam.- Dijo Lucian a lo bajo, luego ella abrió sus ojos y la vi relajarse.- No fue tan malo ¿O sí?

-Lo es cuando te lo hacen a diario.- Respondió ella algo disgustada.- Me gustaría ver cómo te las arreglarías si yo te picara con una de esas cosas todos los días.- Lucian soltó una risa divertida.

-¡No seas una bebé!- Respondió él mientras sacudía el cabello de Sam de manera amistosa y ella soltaba un gemido quejumbroso.

-Y la tortura continúa…- Comentó Sam ante el gesto de su amigo. Pude ver que estaba a punto de sonreírle débilmente.

Ella de pronto dirigió su mirada hacia nuestras manos aún entrelazadas y su expresión volvió a tornarse seria. Sam se soltó rápidamente de nuestro agarre y la vergüenza se reflejó en su rostro.

-Lo siento por eso.- Dijo a lo bajo.

-No tienes por qué sentirlo.- Respondí finalmente.

Creo que nunca la había visto observarme así, al menos desde que había perdido su memoria. Si hubiese sido otra persona, supongo que ahora estaría bastante perturbado al ver que su mirada no se despegaba de mí; pero se trataba de Sam, y el hecho de que me inspeccionara de esa manera se sentía bastante bien.

En realidad, tenía que admitir que la sensación me encantaba.

El momento se cortó de pronto cuando Lucian hizo sonar su garganta y Sam salió de su trance.

-De acuerdo, creo que mejor me voy de aquí. Pero antes que lo olvide, necesito hablar contigo.- Interrumpió él, observándome a mí, casi saliendo de mi cuarto.- ¿Te veo en el laboratorio?

-Uh… Seguro, te alcanzo en unos segundos.

En cuanto Lucian se largó de mi cuarto, volví a poner toda mi atención en ella.

Mi prima, Danni, había sido lo suficientemente imprudente como para entrar en la casa de los Manson hace unos días y sacar un poco de la ropa para Sam de su cuarto. En realidad nadie se lo había pedido, pero Sam fue quien más agradeció el gesto, puesto que parecía sentirse mucho más cómoda en su ropa que en la que mi hermana le había prestado, lo cual era bastante comprensible.

El sol ya se había escondido, por lo que se había despojado de su ropa hace mucho, y ahora estaba usando otro bendito pijama que parecía ser muy pequeño para ella y que dejaba entrever partes de su cuerpo que deseaba tocar desde hace mucho.

Si no hubiese perdido la memoria y la casa estuviese vacía, probablemente yo ya habría hecho intangible esas diminutas prendas y las habría lanzado lejos para hacerla pagar por todas las noches que me hizo extrañarla.

¡Cállate, Fenton! Pensé mientras golpeaba mi consciencia. ¡Contén tus estúpidas hormonas! ¡Sabes que tienes que controlarte! Ella no te recuerda y no puedes hacer nada que la espante.

Para ser un chico de 18 años que ha tenido que pasar tantas noches a solas con la única chica que deseaba tener, debía admitir que me he controlado bastante bien.

No sólo bien…. ¡Deberían darme una maldita medalla!

Tragué con fuerza y me puse de pie de inmediato. Sabía que si continuaba sentado tan cerca de ella, no podría continuar actuando como el guardián respetuoso que he sido durante dos semanas.

Sam no pareció darle mucha importancia a mi reacción, o probablemente ni siquiera lo notó, lo único que hizo fue descubrir mi cama y enterrar sus piernas entre las sábanas. De pie frente a mi cama que le pertenecía a ella por ahora, la atrapé bostezando con cansancio.

-En una escala del 1 al 10… ¿Qué tan triste es que desfallezca del sueño a las 8 pm?- Me dijo ella mientras observaba la hora en el despertador de la mesa de noche.

Yo sólo le sonreí de manera torcida mientras volvía a sentarme en la orilla de la cama para terminar de envolverla entre las sábanas. Tiré de la tela hasta que logré cubrirla a la altura de su cintura, cuidadoso de no tocarla.

-Bueno…- Pronuncié mientras acomodaba las almohadas en su espalda y ella levantaba su columna.- Creo que es algo bastante normal para alguien a quien atrapo todos los días deambulando en mi cuarto a las 5 de la mañana.- Dije mientras me reía a lo bajo.- Intenta dormir un par de horas más y verás que vuelves a ordenar tu sueño.

Ella asintió de manera avergonzada. Lentamente alzó su mirada para observarme a la cara.

-Gracias por todo lo que haces por mí.- Me sonrió débilmente.- Has sido muy paciente conmigo. Y sé que eso es algo difícil de lograr.- Una mueca divertida se dibujó en sus labios.- Especialmente cuando mi humor está en modo "perra bipolar".

No pude evitar reírme ante lo último, en parte porque llevaba razón con lo del humor; durante estas dos semanas, su comportamiento ha sido como el de una montaña rusa. Lucian me dijo que era algo normal, que era producto de todo lo que ha vivido en tan poco tiempo y que yo tendría que ser la persona más paciente, pero honestamente, no me importaba lo que tuviese que aguantar; lo hacía con gusto, todo con tal de estar junto a ella y cuidarla hasta que me necesitara.

-Perdón por todo.- Finalizó Sam mientras me dedicaba su mirada más honesta. En respuesta, la tomé de ambos brazos con firmeza e hice que observara mi expresión que ahora se había tornado seria.

-Tienes que dejar de decirme esas cosas. Nada de esto es tu culpa.

-Bueno, hay algo en mi interior que dice lo contrario.- Dijo en medio de un susurro, haciendo que su mirada se desviara hacia su regazo.

-Pues dile a ese algo que se calle.- Le dije conteniendo mi molestia al escucharla decir eso.- Porque está muy equivocado.

-Es difícil ignorar a esas pequeñas voces internas ¿Sabes?- Me miró con un poco de melancolía.- En especial cuando son lo único a lo que me puedo aferrar cuando aún soy incapaz de reconstruir mi vida.

-Sam, escúchame.- Noté que había estado agarrando sus brazos con más fuerza de la que planeaba, pero a ella no parecía molestarle.- Has pasado por mucho, nadie espera a que recuperes tus recuerdos de la noche a la mañana. Lo harás eventualmente, pero a tu propio ritmo. No necesitas sentirte presionada de ninguna manera. ¿Oíste?

-¿Y qué pasaría si estuviese empezando a recordar?- Su pregunta cayó de la nada y me golpeó como granizo en la cabeza. A juzgar por su mirada, sabía que no bromeaba.

-¿Qué?

-He estado muriéndome de los nervios por querer preguntarte algo.- La observé impaciente, esperando cualquier cosa. Lo que fuera. Su rostro comenzaba a lucir perdido, como si intentara unir los cabos sueltos de un rompecabezas demasiado complejo.- ¿Me vas a decir quién eres realmente?

-¿A qué va esto, Sam?- La observé confundido. ¿Acaso estaba volviendo a creer que quería hacerle daño?

-Por favor, responde.- Me respondió ella con voz suplicante. No respondí enseguida, sólo porque no sabía hacia dónde quería llegar con esto.

-Soy Danny Fenton.- Respondí casi en un susurro, aún sin soltarla de mi agarre.- Tu mejor amigo desde el segundo grado, la persona que más te conoce.- Apenas pronuncié esas palabras, noté que los ojos de Sam comenzaban a adquirir el brillo de las lágrimas sin derramar. Su expresión lucía casi decepcionada.- Sammy…. ¿Qué es?

-Nada.- Dijo ella cerrando sus ojos con fuerza y negando con la cabeza. Luego de unos segundos, volvió a mirarme e intentó fingir tranquilidad. No lo logró.- Digo… No lo sé. Es que… Creí… que me dirías….

-¿Querías escuchar algo más?- Me aventuré a preguntar, interrumpiéndola y sin saber qué respuesta podría obtener de ella.

-Cada noche sueño con algo distinto.- Me dice ella a lo bajo, tragando con dificultad.- Y es realmente frustrante, porque se siente tan real… Cuando el sueño termina y despierto, me es imposible volver a poner la cabeza en la almohada y dejar de pensar, porque me desespera el que todo eso puede ser una invención.

-¿Por qué no me lo dijiste antes?-Pregunté a lo bajo. Ella resopló frustrada.

-Porque no estaba segura de que tuviese importancia. Creí que con todas las historias que Tucker y tú me han estado contando, terminé por intentar reproducirlas en mi cabeza…. Pero últimamente he visto muchas cosas mientras duermo, cosas que jamás me han mencionado…. Y ya no sé qué pensar.

-Pues dime qué sueñas.- Le dije suplicante, y completamente preocupado ante la ansiedad en sus palabras.- Quizás puedo decirte si es real o no.

Ella mordió su labio de manera brusca, cosa que me hizo comprender lo complicado que era para ella el contarme todo esto.

-Bien. Hace unas noches soñé con un hombre de cabello negro y ojos negros. Fue breve, pero dentro de ese sueño, él me estaba dando una paliza.- Hizo una pausa, aparentemente intentando recordar.- Luego yo estaba en el suelo. Creo que podía ver mis huesos y mi sangre.- Me hizo mirarla a los ojos.- Sentí que me estaba muriendo.

Escuchar aquello me retorció el estómago, y de mala gana asentí en respuesta.

-Eso sí ocurrió. - Traté de decirlo de manera cortante, esperando a que no me pidiera más detalles. Ella asintió, y creo que entendió el mensaje; ese tema era más que repugnante para mí.

-También hubo un día en el que soñé contigo y con Tucker.- Continuó ella, medio sonriendo.- Era un día soleado y estábamos frente a una piscina. Tuck no paraba de dispararnos agua con lo que parecía ser una pistola de juguete. Recuerdo que no quise entrar al agua, así que… me tomaste en tus brazos y corriste hasta que ambos caímos de manera dolorosa en esa piscina. Luego no parabas de intentar ahogar a Tucker.- Me reí al recordar ese momento.

-Teníamos 16.- Le respondí, confirmándole que aquello había sido real.- No querías quitarte esa estúpida capa de murciélago debido al sol. Eso realmente me molestó. ¿Tienes una idea de lo hermosa que luces en bikini? - Ella me sonrió en respuesta, pareciendo ignorar mi último comentario. Luego, la sentí suspirar de manera nerviosa.

-Pero anoche sólo soñé contigo.- Dijo las palabras tan rápido como pudo. – Es hasta ahora el sueño más largo que he tenido.- Intentó agachar su cabeza con vergüenza, pero no se lo permití. Con una mano, la sostuve por el mentón. Ella no quitó su mirada de mí.

-¿Y bien? ¿Qué viste?- La incité a que continuara. Me sentí impaciente.

Sam se liberó de mi agarre, y sólo allí fue cuando advertí que se había deshecho de las sábanas que la cubrían. Lentamente, se acercó un poco más a mí y sentí un escalofrío recorrer mi espina cuando noté que su cuerpo estaba demasiado cerca del mío.

-¿De verdad me harás decirlo en voz alta?- Susurró ella, aún tímida.- Creo que sabes muy bien lo que vi.

-Sí, lo sé.- Respondí tragando con fuerza.

En ese momento me sentí como un completo idiota.

¡Ella ya lo había descubierto! Y aun así me siguió la corriente durante todo el día.

¿Por qué me torturó de esa manera y no me lo dijo de inmediato?

Ahora comprendía su extraño comportamiento, y el por qué había estado evitando mis ojos a cada momento.

Ella de pronto comenzó a reírse de manera tímida, sacándome de mi abobamiento.

-¿Esa cara significa que es cierto?- Me dijo a lo bajo.

No respondí de inmediato, pero mientras buscaba las palabras para decirle lo que no me había atrevido a decir en dos semanas, tomé su rostro entre mis manos, y volví a ver sus mejillas encenderse.

El color ametista tan cerca de mis propios ojos fue todo lo que necesité para olvidar toda palabra coherente.

Y entonces, con todo el placer y la liberación que sentí….

Mandé todo al demonio y puse mis labios sobre los suyos.

Creo que quise llorar, o tal vez reírme de lo irónica que era la vida conmigo; un día perdí lo único que parecía hacer que mi mundo girara, y al otro me devuelve todo lo que creí desvanecido de la manera más complicada posible.

Sólo ahora fui capaz de sentir el verdadero peso que llevaba en mi pecho, justo cuando esa terrible carga parecía evaporarse ante el simple toque de la razón de mi vida, y es que el sentir que ella comenzaba a corresponder a ese beso, significaba que todo mi universo volvía a tener sentido otra vez.

Fue un beso casto, tierno y suave. Casi tan inocente que podría jurar que teníamos catorce años de nuevo, que por primera vez habíamos dejado de lado esa tontería de los "besos en los labios de mentira", y apenas estábamos comenzando a demostrarnos nuestros sentimientos de la manera más inexperta posible.

El momento eterno terminó, y cuando me separé de ella y abrí mis ojos de nuevo, me estaba observando con diversión. Creo que estaba a punto de reírse de la sonrisa tonta que de seguro traía dibujada.

-Vaya, creo que estoy empezando a recordar muchas cosas.- Apenas la oí decir aquello, la rodeé con mis brazos y la atraje fuerte hacia mí. Enterré mi rostro en su cuello y aspiré su aroma a flores y a algo dulce que no parecía haber cambiado en ella. Cuando hice aquello, la sentí estremecerse bruscamente.

¡Dios, qué bien se sentía tenerla así otra vez!

-¡No sabes lo feliz que me hace escucharte decir eso!- Dije con la poca contenida felicidad que me estaba envolviendo. La escuché reír a lo bajo en respuesta, pero en ningún momento la solté. Creo que mi alegría se volvió más intensa en el momento en que la sentí abrazarme de vuelta.

Estuvimos así por unos minutos hasta que, muy a mi pesar, me separé de ella.

-Me siento algo estúpida por no haberlo visto antes.- Dijo como si se estuviese sermoneando a sí misma.- Incluso Tuck me lo dijo, pero no quise escucharlo.

-¡¿Tucker te lo dijo?!- Pregunté incrédulo, y a la vez… No tan sorprendido de que lo haya hecho. En respuesta, Sam sólo asintió.- Ahora sí le daré una paliza.- Dije a lo bajo.

-No, no lo harás.- Me respondió con una sonrisa torcida.

-Tienes razón, probablemente no lo haga…. Hoy. Pero ya me debe muchas, y me está pidiendo a gritos que haga explotar esos benditos teléfonos en su trasero. – Ella soltó una carcajada, y ahí fue cuando noté que había tomado sus manos entre las mías de manera inconsciente.

-Creo que me gustaría ser testigo de eso. Y de todas formas… ¿Por qué lleva tantos en los bolsillos?- Me preguntó, y yo puse mis ojos en blanco.

-Me estado preguntando eso desde hace tiempo. Pero de verdad no quieres escuchar la respuesta… Créeme.- Luego, suspiré al recordar algo.

-¿Qué ocurre?

-Por mucho que me gustaría quedarme y ponerte al día, será mejor que descanses. Estás cansada, y yo necesito arreglar algunas cosas con Lucian.

-Está bien, entiendo.- Me dijo mientras obedientemente se volvía a meter a la cama. La ayudé a cubrirse cuando recostó su cabeza en la almohada. Supe que estaba más cansada de lo que aparentaba cuando se relajó por completo y comenzó a cerrar sus párpados de manera involuntaria.- Pero antes de irte… ¿Me vas a decir por qué no te agrada Luc?- Me preguntó tratando de mantener sus ojos abiertos.

En respuesta, me agaché hacia ella y susurré en su oído:

-Porque te quiere para él, y yo no se lo permitiré.- Cuando dije aquello, ella se puso a reír. Me alejé un poco sólo para poner mi rostro sobre el suyo y ver su expresión; estaba haciendo un esfuerzo enorme por no caer dormida.

-No me trago eso. Además…- Me tomó por mi camiseta y me atrajo para plantarme un pequeño beso en los labios que me estremeció por completo. - Él es lindo, pero tú lo eres más.- Yo no hice más que sonreírle.

-Estás perdiendo la consciencia. Será mejor que te duermas de una vez.- Al ver que sus ojos no podían mantenerse abiertos por más tiempo, besé su frente y susurré:- Buenas noches, ángel.

Sam, sin abrir sus ojos, soltó un gemido.

-Cielos, me encanta ese apodo.- Reí otra vez al escucharla hablar con esa voz perezosa.

Cuando noté que finalmente se había quedado dormida, apagué las luces y salí del cuarto.

Después de asegurarme que Sam estuviese descansando- y de esconder la sonrisa que aún no se desvanecía de mi rostro- bajé al laboratorio para encontrarme con Lucian.

Lo encontré observando un microscopio y haciendo apuntes en una libreta. Aunque se veía muy concentrado, terminó con lo que estaba haciendo y me encaró. Lucía serio, así que había dos opciones; o me iba a dar malas noticias, o estaba a punto de golpearme.

-Aquí me tienes. No te contengas.- Le dije esperando cualquiera de las dos opciones. Lucian sólo me observó confundido mientras se cruzaba de brazos. Luego pareció entender a lo que me refería. En respuesta, puso los ojos en blanco.

-Relájate, héroe. Sólo quiero decirte algo.- Lo observé expectante, luego de unos momentos, tomó aire y habló.- De hecho, quiero pedirte disculpas.

-Uh… Lo siento ¿Podrías repetir eso?- Pregunté incrédulo.

-¿Quieres oírlo de nuevo? Bien…. ¡Lo siento!- Lo observé, fingiendo confusión.

-¿Y por qué lo sientes exactamente? ¿Por querer a mi novia? ¿Por engañarla y meternos en este embrollo? ¿Por tratarme como a un niño estúpido cada vez que abro mi boca? ¿Todas las anteriores?- Él pareció ignorarme, pues su expresión seria continuaba intacta.

-Nunca pensé que podrías tener un efecto tan fuerte sobre Sam.- Comenzó él.- Mucho menos en proceso de transformación. Debí haberte escuchado en el momento en que te negaste a dejarla en confinamiento. Ella parece estar progresando muy bien.- Me crucé de brazos, impresionado porque haya admitido lo que yo ya sabía hace tiempo.

-Dijiste que eras un experto en esto.-Solté de manera juiciosa.- Deberías haberlo previsto.

-La verdad es que no.- Admitió mirándome a los ojos.- Yo pasé por eso solo. Jamás imaginé que el contacto con alguien podría ser tan… terapéutico.

Lo observé pensativo por unos minutos, y de repente se me ocurrió preguntar algo que no había hecho durante todo este tiempo.

-¿Cómo te ocurrió?- Sabía muy bien que me refería a su cambio. Mi pregunta pareció causarle gracia, pues sonrió de manera divertida. Sin embargo, la sonrisa nunca llegó a sus ojos, que lucían melancólicos.

-Ya sabes, el típico caso del científico loco que quiere probar su invención en sí mismo. A mi alrededor sólo habían cámaras que planeaba utilizar para registrar mi progreso. Pero esas porquerías no sirvieron de nada, porque durante mi transformación las destruí todas en medio de un arranque de ira. Plasmius estaba furioso, pues él financió todo. Cuando se presentó ante mí con otro nombre, yo ni siquiera me molesté en averiguar más de él. Cuando te ofrecen esa cantidad de dinero para tu proyecto, rara vez lo rechazas. Ese fue mi error.

No pude decir lo siento. Lucian me inspiraba muchas cosas… Pero ¿Compasión? Tal vez.

Después de todo, no pude evitar imaginármelo como un chico ingenuo y lleno de ilusiones con una carrera por delante, el cual se dejó seducir por Vlad, quien lo utilizó como otra más de sus marionetas.

Sé lo que el concepto del dinero puede causar en las personas, yo lo sufrí una vez cuando el gobierno compró el laboratorio de mis padres y fui asquerosamente rico como por cinco segundos. Sam estuvo ahí para mí y fue capaz de despertarme de ese trance, pero imagino que Lucian no contaba con nadie a su alrededor para hacerlo despertar de esa fantasía de grandeza y poder.

-¿Eso era lo que querías decirme?- Me limité a decir. Él me observó y asintió.- Bien… Supongo que… Disculpas aceptadas.

-Gracias, Danny.- Me dijo él de la manera más honesta posible.- Quería decirte eso, y… También quería proponerte algo.- Yo lo observé confundido. En respuesta, él me arrastró hacia las escaleras.

-¡No! ¡No! ¡No! Y…. ¡No! ¡Ni siquiera lo pienses, Carter!- Le respondí a Lucian en medio del cuarto de observación, en donde encontramos Jazz y Tucker, conversando y… aparentemente, riendo. Ahora se encontraban sentados frente a nosotros. En una de las paredes, se encontraba el cristal por el cual solíamos observar a Sam cuando estaba en ese cuarto blanco. Pero ahora…. Le pertenecía a alguien más.

El cristal ahora estaba teñido de negro, pues se había cerrado por el momento. Lucian oprimió uno de los botones de la tabla de control y el cristal se iluminó, dejando ver el cuarto por completo.

Dentro de él, se encontraba Jared.

Estaba sentado en el colchón en el cual Sam solía dormir, y debido a que este cuarto anula los poderes de un mitad fantasma tanto como los de un Animante, no era necesario mantenerlo atado a nada. Sin embargo, mi atención y la de Lucian se fue directamente al rostro de Jared, quién parecía estar utilizando un bozal muy aterrador en su cara.

Al verlo, no pude evitar recordar una escena de la película "The Silence of the Lambs".

Enseguida observamos a Tuck y a Jazz, quienes habían estado a cargo de vigilar a Jared.

-Eh… ¿Qué trae puesto?- Pregunté algo espantado.

-¡Es Jared, no Hannibal Lecter!- Lucian sonó casi indignado.- ¿Para qué el bozal? No se va a comer la cara de nadie.

-Oh, lo siento.- Respondió Tucker de manera sarcástica.- ¿Quieres que se lo quitemos para que continúe hablando?

-Este tipo es un grosero. Intenten escucharlo durante horas y lo entenderán.- Se defendió Jazz, quien luego me miró a mí.- Tú ya lo habrías decapitado en nuestro lugar, eso es seguro.

Lucian los observó de brazos cruzados, luego suspiró y me observó a mí.

-Detesto admitirlo, pero tienen un punto.- Esta vez, se dirigió a Jazz y a Tuck.- Sin embargo, ahora necesitamos quitárselo, es importante que hablemos con él.

-¡Dije que no, Lucian!- Me quejé.- No vamos a liberarlo para que utilice sus poderes en Sam y la fuerce a recordar todo.

-¿Tienes una mejor opción?- Me preguntó él.

-Ya les dije que Sam estaba comenzando a recordar.- Sí. Ya estaban al tanto de que Sam estaba teniendo sueños y comenzó a recordar fragmentos de su vida. Se los dije todo. Bueno, omitiendo claro algunos detalles que eran sólo entre ella y yo.- A este paso será capaz de recordarlo todo.

-¡Sí, pero dentro de tres meses, Danny! Es importante que lo recuerde todo cuanto antes. Si no lo hacemos, ella comenzará a manifestar sus poderes, y no sabrá cómo controlarlos. Será un peligro para todos, incluso para ella misma.

-Luc tiene razón, Danny.- Me dijo Jazz.- Además, nadie asegura que ella recordará toda su vida a través de fragmentos de sueños. Es por su propio bien.

Resoplé molesto, no sólo porque tres cuartos de la habitación parecían estar a favor de Lucian, sino porque además detestaba admitir que tenían razón.

-¿Quieres una prueba de que estoy en lo correcto?- Me preguntó Lucian mientras, sin mi consentimiento, tiró de mi brazo y dejó expuesta mi muñeca para que todos observaran.

-¡Hey!- Me quejé, sin embargo, Lucian me ignoró.

-Vi cuando te tomó de la mano en el momento en que le estaba sacando sangre. Y apuesto a que te tocó más veces que esa ¿O me equivoco?

-¡Sí, lo hizo! Pero no entiendo cuál es tu…- Me quedé sin palabras al ver lo que Lucian había estado tratando de enseñarme.

No era perceptible en un principio, pero en el momento en que puse más atención a mi muñeca, lo vi.

Pequeñas líneas negras, que parecían ser mis venas, se habían dibujado de manera marcada en esa área de mi piel. Recordé de pronto el cómo encontramos a Jared hace unas semanas, cuando Sam lo había atacado. Él tenía marcas idénticas, sólo que tenían peor aspecto que las mías.

Observé de vuelva a Lucian, sin palabras.

-Así es como parece robar energía de otros seres vivos.- Me respondió ante la pregunta que nunca hice.- A través del simple tacto, Danny. No lo hace de manera voluntaria, pero aun así lo hace. Eres un mitad fantasma, y por lo tanto hay mucha energía acumulada en tu organismo, por eso ni siquiera lo notaste.- Sólo lo miré.- Imagínate cuando en medio de un arranque de ira lo haga a propósito. Si es prolongado, podría incluso matarte… Hablo enserio. ¿Ahora lo entiendes?

Sam necesitaba su memoria de vuelta cuanto antes. Y, a pesar de que Lucian se había equivocado en el pasado con Sam, debía admitir que en esto estaba en lo cierto.

Lo pensé luego de unos momentos. Y de mala gana, respondí.

-¡Bien! Hablemos con el bastardo.

Salimos hacia el pasillo, y llegamos hacia la compuerta. Luego de ingresar el código y abrirla, entré junto con Lucian. Jazz y Tucker se quedarían en el cuarto de al lado, observando en caso de que Jared intentara algo.

Apenas cerré la puerta detrás de nosotros, Lucian había ido directo hacia Jared, y empezaba a quitarle el bozal. Lo cual, debía admitir, era bastante gracioso.

Luego de dos semanas, aún lucía como si lo hubiésemos encerrado hace media hora. Estaba descalzo, usando unos jeans caídos hasta las caderas y una camiseta blanca sin mangas, por lo que pude ver que traía un par de tatuajes en sus brazos.

En cuanto se liberó, el imbécil comenzó a hablar.

-¡Finalmente!- Gritó a toda voz. Luego, miró hacia el cristal. Aunque él sólo podía ver su reflejo, de todas formas gritó;- ¡Estás muerto, perdedor electrónico! ¡Al igual que tú, perra aburrida!- Quise golpearlo cuando dijo aquello, pero me tuve que contener por el bien de nuestra negociación con él.

Me crucé de brazos y lo observé más que molesto. Él sólo permaneció sentado y me observó a mí y a Lucian de pie frente a él.

-Vaya ¡Pero si no son nada menos que Batman y Robin!- Dijo con sarcasmo y una mirada maliciosa.- ¿Vienen a tomar el té conmigo?

-Venimos a proponerte un trato, uno al cual no te podrás negar.- Le respondió Lucian. Jared de pronto se puso de pie y nos encaró, lucía intrigado.

-¿Qué clase de trato?

-Uno que te sacará de aquí.- Le dije cortante. Se paseó junto a nosotros, y comenzó a rodearnos, tratando de lucir pensativo.

-Escucho.- Soltó con voz despreocupada.

-Sam aún sigue sin poder recordar.- Comenzó Lucian.- Necesitamos desbloquear su mente cuanto antes. Y dado que eres el de las habilidades mentales, creemos que puedes ayudarla.

-¡Qué observadores!- Dijo él de manera sarcástica y se detuvo frente a nosotros, masajeando su mentón como si estuviese pensándolo mucho.- Mm… Supongo que podría hacer algo al respecto para que, ya saben… La gatita recuerde todo y podamos volver a nuestras aventuras.- Volvió a sonreír con placer.- Suena tentador.

Quise golpearlo, pero conté hasta diez mil para no hacerlo.

-¿Qué tanto tienes que pensar? ¡Te estamos ofreciendo un gran trato!- Solté molesto. Jared sólo me sonrió empalagosamente.

-¡Ese es el problema, Batman! ¡Suena demasiado bueno! Y ya sabes lo que dicen de las cosas que suenan demasiado buenas.

-¿Yo soy Robin?- Preguntó Lucian a lo bajo, desviándose completamente del tema, y más curioso de lo que pensé.

-Sí, de los dos tú eres el más gay.- Jared respondió rápido, con sus ojos negros muy abiertos, y Lucian le lanzó una mirada de hermano ofendido.

-Demonios, Jared, defiendo tu trasero aquí y tú siempre buscas maneras de exasperarme. Mamá jamás me creía cuando le decía que tú…

-¿Enserio, Carter?- Lo reprendí de manera seria y puse mis ojos en blanco. ¿Ahora quién era el que se estaba comportando un niño? Ante la escena, Jared lucía demasiado divertido y burlón.

-Lo siento.- Respondió Lucian mientras recobraba la compostura.

-Te puedo asegurar que no hay trampas, Jared.- Continué con el tema.- Nos ayudas con Sam, y luego eres libre.

-Define "libre".- Me pidió mientras se cruzaba de brazos.

-Podrás salir de este cuarto, deambular por la casa de los Fenton, e incluso salir a la calle si así lo deseas.- Le respondió Lucian.

-¿PERO…?- Preguntó Jared, esperando nuestra respuesta.

-Pero buena suerte intentando salir de la casa.- Le respondí de manera divertida.

-Danny y yo testificamos en tu contra en la investigación del asesinato de Sam.- Explicó Lucian, de manera triunfante.- Tanto la policía como los federales te buscan por todas partes. Puedes salir de aquí, pero a los cinco minutos volverás a terminar encerrado.

-Si yo fuera tú, creo que me limitaría a usar esa libertad sólo hasta la puerta principal de mi casa.- Comenté de manera divertida.

A Jared de pronto se le desvaneció la sonrisa y comenzó a observarnos serio, pude jurar que aquello fue mejor que partirle mil veces la cara.

-Están blofeando.- Probó él con incredulidad. Sin embargo, nuestras expresiones triunfantes no cambiaron.

-Mm… Si no nos crees, tú mismo puedes comprobarlo cuando salgas de aquí.- Insinué con inocencia. En respuesta, Jared sólo nos observó sin expresión. Luego de unos momentos, la sonrisa volvió, recobrando la compostura que sólo Jared podía tener.

-Malévolo y cobarde.- Soltó él.- Me siento bien al saber que les he enseñado algo, señoritas.- Dijo y luego comenzó a pensar en silencio.- Bien…- Se sentó en el colchón otra vez, de manera demasiado cómoda y encogiéndose de hombros.- Como nada puede ser peor que estar aquí encerrado y silenciado por ese par de nerds que nos están observando, supongo que puedo aceptar.

-Perfecto.- Dijo Lucian.- Te vendremos a buscar mañana. Así que contén tu energía.

-Que tengas buenas pesadillas, maldito pervertido.- Le dije antes de que cerráramos la compuerta y nos dirigiésemos hacia donde Jazz y Tucker se encontraban.

-Creo que eso salió bastante bien.- Lucian comentó. Yo lo observé un tanto molesto.

-¿Tú crees, ROBIN? ¿Qué demonios fue eso?- Carter me observó indignado.

-¡Oh, por favor! No tienes un hermano mayor, no tienes derecho a opinar.- Se defendió. Solté una carcajada.

-Di lo que quieras, pero luego no me vengas con tus discursos de madurez. Eso fue patético.

Vi a Lucian abrir su boca, seguramente para intentar defenderse. Pero fue interrumpido por las únicas palabras que logran frustrarme de manera inmediata.

-¡Cuidado!- Escuché cuando, a través de la pared del pasillo, el fantasma de las cajas se materializó y ahora levitaba frente a nosotros, con sus brazos en alto. Logró sobresaltar un poco a Lucian, pero yo sólo me limité a poner mis ojos en blanco.

-¿Qué haces aquí?- Le pregunté.

-¿Quién es?- Me preguntó, Lucian, y yo deseé que jamás hubiese hecho eso.

-¡Me alegra que preguntaras!- Dijo el fantasma de manera contenta, y luego pasó enseguida a lo que él llamaba "su furia fantasmal". Yo cubrí mis ojos con mis manos, esperando que acabara con su discurso.- ¡Soy el fantasma de las cajas! ¡Tengo poder sobre todos los contenedores cilíndricos y cuadrados, y soy el amo y maestro de todos los objetos que se encuentren dentro de ellos! ¡Teman ante mi maldad en cartón corrugado!- Cuando finalizó, Lucian me observó.

-¿Está bromeando, cierto?- Me preguntó él.

-Tristemente, no.- Luego, me dirigí hacia el fantasma de las cajas.- ¡Oh, vamos! ¿Cuántas veces lo hemos hablado? Puedo patear tu trasero todas las veces quieras. ¡Pero sólo durante mis horas de trabajo! ¿Qué se supone que haces aquí a esta hora?

-¡Tengan cuidado! ¡Sólo he venido aquí porque me han enviado en una misión…. Uh… Secretamente maléfica!- Soltó él de manera dramática, intentando sonar aterrador…. Como siempre.

-Sí, sí, como digas.- Le respondí de manera desinteresada.- ¿Y de que se trataría esta misión?

-¡Colckwork! ¡Él y otro fantasma peludo quieren hablar contigo!- Gritó, y en cuanto dijo aquellas palabras, le puse atención.

-¿Qué? ¿Fantasma peludo? – Pregunté con interés.- ¿Por casualidad no se trataba de Frostbite?

-¡Sí, creo que así es como se llama! ¡Dijeron algo de que era….! Uh ¡Ah sí! ¡Extremadamente urgente!- De pronto comencé a preocuparme.

Si Frostbite y Clockwork querían hablar conmigo de manera urgente… Eso no significaba algo bueno.

-Gracias.- Le dije al fantasma de las cajas mientras me transformaba en Danny Phantom y el halo de luz que atravesaba mi cuerpo iluminó el pasillo completo.

-¿Irás a la Zona Fantasma ahora?- Lucian me preguntó incrédulo.

-Si me quieren allí de inmediato es porque de seguro algo no anda bien. Volveré pronto.- Lucian asintió, y antes de salir volando, tomé al fantasma de las cajas conmigo y nos arrastré hacia el laboratorio. Abrí el portal y me dirigí hacia la Zona Fantasma.

El trayecto hasta el hogar de Clockwork siempre era complicado; al ser un lugar que existe fuera de tiempo, son muchas las maniobras que hay que hacer para encontrarlo dentro de la Zona Fantasma. Por suerte, llevo cuatro años haciendo esto, y podía decir con seguridad que conocía este lugar más que cualquier otro ser humano en el mundo.

Tan pronto como solté al fantasma de las cajas, me dirigí hacia la entrada principal de Clockwork. La puerta estaba abierta, así que no dudé en entrar sin molestarme en ser invitado.

El ambiente en su interior siempre me parecía espeluznante; no sólo porque siempre estaba silencioso y quieto, sino porque también estaba lleno de enormes "ojos" que mostraban el pasado, el presente y el futuro. Siempre temía echar un vistazo en ellos y ver algo que no quisiera presenciar. Como un futuro que no quisiera vivir, por ejemplo.

- Te estábamos esperando, niño. Necesitábamos hablar contigo.- Clockwork dijo a mis espaldas, sorprendiéndome. No dudé en darle la cara y encontrarme con una joven versión de él, que no tardó en convertirse nuevamente en adulto.

-Qué bueno que llegas, Gran Salvador.- Frostbite apareció justo detrás de él, en donde sólo había visto sombras. Me acerqué a él y lo saludé con un apretón de manos de manera amable.- Imagino que quieres saber cuánto antes el motivo de tu llamada.

Pronto volví a dirigir mi atención hacia Clockwork y me crucé de brazos.

Tenía un asunto pendiente con él.

-Déjame adivinar. ¿Se te perdió algo, Clockwork? ¿O debería decir "alguien"?- Pregunté de manera molesta. Él sabía que me refería a mi futuro y malévolo yo. Probablemente si él no hubiese estado implicado, nada de esto habría ocurrido.

-Antes de que continúes, Dan no se escapó. Me vi en la obligación de liberarlo porque Los Observadores me lo pidieron.- Clockwork me respondió de manera quieta, justo cuando se volvía un anciano.

-¡¿Qué?!- Ya conocía bastante a Los Observadores; eran unos seres antipáticos que resultaban ser la autoridad máxima en la Zona Fantasma. Me había tocado lidiar con ellos en el pasado, y sabía que para ellos, los fantasmas eran la única prioridad. Despreciaban a los humanos y detestaban todo tipo de contacto con ellos. ¿En cuanto a mí? Ellos siempre me han visto como una aberración, por lo que no les hacía gracia tener que tratar conmigo bajo ninguna circunstancia. Para mi suerte, sólo he tenido que rendirles cuentas sólo un par de veces.- ¿Por qué hicieron eso? ¡Ellos sabían que era un peligro para todos!

-Es por eso mismo que me pidieron liberarlo en el mundo humano.- Me dijo Clockwork.- Lo siento, Danny. No se me permitía interferir, pero no puedo ocultarlo por mucho tiempo de ti; Los Observadores creen fervientemente que la existencia de Dan, tanto en la Zona Fantasma como en el mundo humano ya no debe ser, ni siquiera fuera de tiempo. Su mera existencia es peligrosa, y es por eso que exigen que sea destruido, y por la misma persona que es responsable de su presencia en esta realidad.

-Es decir, yo.- Clockwork sólo asintió, y yo cerré mis ojos con fuerza, aguantando la frustración.- ¿Y se supone que todo esto tenía que ocurrir?- No necesité explicarme más. Clockwork lo veía todo, y sabía a la perfección que me refería a Sam, la presencia de Plasmius y a todo lo que ha ocurrido.

-La chica debía morir. - Soltó él de la manera más cruda posible. No pude evitar sentir una aguda punzada en el pecho.- Pero no lo hizo, pues se intervino a tiempo. Sin embargo, hay algo que está muy mal en el transcurso del tiempo; los Animantes.

-La existencia de esos mutantes ha llegado a oídos de todos nosotros.- Comenzó Frostbite, observándome con preocupación.- Incluso a oídos de Los Observadores.

-Ellos siempre han estado en contra de tu existencia, Danny.- Continuó Clockwork.- Pero lo han dejado pasar gracias a todo lo que has hecho por el mundo a lo largo de los años. Créelo o no, te has ganado el respeto de Los Observadores, algo muy difícil de lograr…. – Hizo, una pausa, transformándose de vuelta en niño.- Por otra parte, ellos tienen un opinión muy distinta acerca de los Animantes. Y han llegado a la conclusión de que no deben existir; Su plan es eliminarlos del marco existencial cuanto antes.

Me puse helado ante aquello, pues sabía el significado de lo que me acababan de decir; Los Observadores irían tras Sam.

-Es por eso que estamos aquí, Gran Salvador.- Me dijo Frostbite, probablemente leyendo mi expresión aterrada. Lo vi inclinarse levemente hacia mí, a modo de reverencia.- Mi pueblo y yo estamos dispuestos a protegerte de lo que sea, y esa protección se extiende sobre todos a quienes amas.- Me observó de manera solemne.- Será un honor ayudar a tu compañera.

-Gracias, Frostbite.- Le dije con honestidad.- Realmente lo aprecio.- Luego me dirigí hacia Clockwork.- ¿No puedo hablar con ellos? ¿Convencerlos de que no es necesario un exterminio? – Pregunté suplicante.

-Te recuerdo que uno de ellos ha sido el responsable de matar a un humano.- Se estaba refiriendo a Jared.- Y muchos otros han causado estragos a donde quiera que van.- Lo observé confundido.

-Espera… ¿Qué otros? Creí que esto sólo se trataba de Sam, Lucian y Jared. No existen más Animantes.- En respuesta, Clockwork posó su báculo sobre uno de los enormes "ojos". La imagen lucía nublosa, pero no tardó en aclararse y mostrar lo que parecía ser el presente. Al ver la escena, sólo me paralicé; cientos de personas parecían correr por un bosque, el lugar era similar a la zona en donde Jared se había ocultado hace semanas atrás. Noté que estas personas corrían a una velocidad anormal, parecían chocar con árboles y todo tipo de obstáculos. Sin embargo, vi cómo se deshacían de ellos y los destruían a su paso.

Pero lo que más me horrorizó fueron sus expresiones; sádicas, llenas de ira…. Y con lo que parecía ser sed de sangre.

No eran humanos… Todos ellos eran Animantes.

-¿Qué demonios es eso?- Pregunté completamente aterrorizado.

-El plan de Dan y Plasmius era simple.- Comenzó Clockwork.- Distraerte todo este tiempo con la pérdida de memoria de la chica, sólo para que ellos se movieran con libertad y tú no interfirieras. Convierten a humanos con sed de poder en Animantes, lavando sus cerebros con maldad en el proceso. Todo con el fin de conseguir su propio…

-Ejército.- Concluí en un susurro, mis ojos aún pegados en la imagen que tenía en frente.

-Así es.- Afirmó Clockwork.- Sólo es cuestión de tiempo para que recluten a los sujetos suficientes para atacar Amity Park.

Mi cabeza comenzó a dar vueltas, no sólo por la información que estaba recibiendo ahora, sino que además por todo lo que esto significaba.

Dan y Plasmius sí que sabían cómo controlarme. El único motivo por el cual le habían hecho eso a Sam fue sólo para mantenerme ocupado, y lo habían logrado. Ahora, estaban jugando con la vida de cientos de personas para adquirir poder y así cumplir con su cometido, el cual ya ni siquiera tenía claro:

¿Conquistar el mundo? B) ¿Ir eliminando poco a poco la especie humana de la faz de la Tierra? C) ¿Destruirme a mí y todo lo que me importa en el proceso?

Algo me decía que la respuesta era D) Todas las anteriores.

-¿Por qué no me lo dijiste antes, Clockwork?- Le pregunté conteniendo todas las emociones desagradables que amenazaban con hacerme estallar.

-Sabes que estoy atado a las reglas.- Se limitó a decirme. Y yo tuve que aceptarlo, pues aunque estuviese frente al amo del tiempo, sabía que yo era incapaz de pedirle que lo retrocediera. No estaba en mis manos, ni siquiera en las del mismo Clockwork hacer eso.

-¿Qué sugieren que haga?- Les pregunté a lo bajo, de manera resignada.

-En estos casos…- Comenzó Frostbite.- Sólo se puede estar preparado. Los Congelados estamos dispuestos a lo que sea, y estoy seguro que muchos fantasmas estarán a tu lado.- Me dijo el fantasma de hielo que tenía en frente de manera reconfortadora. Aunque sus intenciones eran buenas, no logró animarme en lo absoluto. Yo le brindé una diminuta sonrisa en respuesta y un "gracias" a modo de susurro.

-Tienes cinco días para estar listo, Danny.- Me aseguró Clockwork mientras volvía a su forma adulta.- Usa tu tiempo con sabiduría… Sé que así lo harás.- Asentí, muy mi pesar. Estuve a punto de retirarme para volver a casa y empezar a lidiar con lo que venía.

-Protege a la chica.- Me advirtió Clockwork, obligándome a frenar de manera abrupta, y darme la vuelta para enfrentarlo una vez más. Sólo lo observé, y él continuó.- No es como los otros Animantes. Es casi tan poderosa como un mitad fantasma. Dan y Plasmius lo saben, y podrían usarlo en tu contra.

-No dejaría que esos malditos la tocaran de nuevo, te lo aseguro.- Le respondí de manera intensa. Clockwork, en respuesta, comenzó a acercarse a otro de los "ojos", y su báculo se posó en él.

-Antes de que te vayas, déjame mostrarte algo.

La imagen nublosa se disipó, y fui testigo de una nueva escena… Una que jamás habría querido presenciar.

Sam estaba llorando, pude ver cómo las lágrimas caían a través de sus mejillas. Vestía con la ropa con la que la encontré en el bosque, por lo que asumí que era el día en el que había escapado de las garras de Jared. Su espalda estaba pegada a una enorme puerta.

Alguien la estaba presionando con furia.

Jared la estaba empujando con fuerza contra la madera, mientras sus asquerosas manos estaban atrapándola por la cintura. No pude evitar sorprenderme al ver la expresión de Jared.

Estaba destrozado.

-E-eso jamás pasará…- Escuché a Sam pronunciar en un susurro.- No te quiero, y jamás lo haré.

Ante las palabras de Sam, vi cómo Jared cambió su expresión desgarrada y vulnerable, para luego pasar a verse iracundo. Él soltó un gruñido y noté que la apretaba con más fuerza.

-¿Qu-qué me harás?- Susurró ella temerosa. En respuesta, Jared la tomó por el pantalón y observé cómo trataba de bajarle el cierre.

-Será como yo quiera… Y más te vale que me complazcas.- Él le plantó un beso en la boca, y comenzó a manosearla por todas partes. Para que se alejara, noté que ella mordió su labio. Él se alejó, pegó un gruñido y le dio una bofetada salvaje. Sam continuó gritando.

-¡Cállate! ¡Haz silencio, maldita! ¡Quería que fuéramos un ejército de dos! ¡Que liquidáramos a Plasmius y a ese maldito clon de Phantom! ¡Pudimos haber sido Todopoderosos juntos, Sam! ¡Incluso quería que… que fuéramos amigos!- Sam soltó un gemido ante el dolor.- Pero ahora supongo que estaré yo solo… Como siempre.- Dijo dolido.- Tú rompes mi corazón, y yo rompo tu cuello….- Le gritó de manera desquiciada mientras la sorprendía y le ponía las dos manos en el cuello, tratando romperle los huesos con brutalidad.

Sam lucía frágil, y me estaba partiendo el corazón. La escena me estaba matando, y ahora más que nunca deseaba matar a Jared con mis propias manos.

¡¿Cómo se atrevía?!

Luego, vi cómo Sam tomaba fuerzas y cambiaba la expresión sumisa en menos de un instante. Sus manos fueron directamente hacia las muñecas de Jared.

-¡HE… DICHO… QUE… ME DEJES… EN PAZ!- La oí gruñír mientras apretaba las muñecas de Jared con fuerza entre sus manos, y cada vez, él se alejaba más. No entendía el por qué… pues él era más fuerte que ella.

Sam parecía limitarse a presionar las muñecas de Jared. Pero luego vi lo que en realidad estaba ocurriendo.

La piel de Jared que Sam estaba tocando se volvía gris, y podía ver las venas de Jared oscurecerse como si su piel se volviera transparente y de papel. Él soltó un gemido de dolor.

Poco a poco, vi cómo quería alejarse, pero ella no se lo permitía…. Sólo ahora fui testigo de la expresión de Sam.

Sanguinaria y destructiva.

Jamás la había visto de esa manera. Nunca.

Jared se arrodilló ante ella, y lo oí pronunciar la palabra "¡Suéltame!" a modo de súplica. Pero ella lo ignoró, y continuó presionando. Mientras lo hacía, veía cómo Sam parecía sentirse mejor con cada segundo que pasaba…

Estaba robando su energía.

Cuando Jared no pudo seguir resistiendo y cayó inconsciente en el suelo, Sam cambió su expresión violenta y observé cómo el pánico la inundó en un instante, y de manera precipitada revisó el pulso de Jared.

Finalmente…. La vi huir del lugar con una velocidad sobrenatural.

La imagen volvió a tornarse nublosa, y mi atención se dirigió hacia Clockwork.

-Ahora ya sabes de lo que es capaz.

El sol parecía estar asomándose. Ni siquiera me molesté en cerrar las cortinas.

Un poco de luz no le vendría mal a tanta oscuridad en estos momentos.

Mi cuerpo se sentía cansado, al igual que mi mente, y de verdad creí que cuando llegara a mi cuarto no haría nada más que caer rendido ante el sueño.

Esa era mi intención, pero la verdad es que ni siquiera fui capaz de cerrar un ojo en toda la noche. Lo único que pareció apaciguarme fue el sentarme en mi cama y admirar a alguien que sí podía dormir. Mis preocupaciones de despertarla se disiparon cuando los minutos pasaron y Sam continuaba durmiendo tranquilamente.

Me distraje observando su pecho subir y bajar, una y otra vez a medida que respiraba. Ese simple gesto logró calmarme y evitar que estallara debido a todo lo que he tenido que procesar el día de hoy.

Ahora que sabía todo lo que estaba ocurriendo, no descansaría hasta detener a Plasmius y a Dan de una vez por todas. Y definitivamente no dejaría que nada ni nadie tocaran a Sam otra vez.

A pesar de que estaba convencido de dar lo mejor de mí, me sentía aterrado, el miedo estaba comenzando a inundarme. ¿Acaso seré lo suficientemente fuerte para afrontar todo lo que viene? ¿Hasta qué punto seré capaz de sostener el peso del mundo sobre mis hombros?

La idea de no poder sobrellevar la responsabilidad de Danny Phantom estaba empezando a aterrarme.

La luz del amanecer comenzó a esparcirse a lo largo de mi cuarto, lo que hizo que la chica que estaba durmiendo plácidamente frente a mí, comenzara a despertarse.

La vi abrir sus ojos de mala gana, y el brillo de la tenue luz pareció iluminar el color ametista de su mirada, la cual rápidamente se dirigió hacia mí.

Me observó algo confundida mientras se sentaba de manera perezosa en la cama. Su pelo lucía alborotado y ella no tardó en peinarlo con sus dedos hacia atrás. Cuando finalmente la vi despertarse por completo, me lanzó una mirada preocupada.

-Hey...- Me dijo a lo bajo mientras se acercaba hacia mí y tocaba mi mejilla con sus dedos de manera suave.

Fue entonces cuando me di cuenta que estaba limpiando las lágrimas que habían caído sin aviso.

Me sentí avergonzado de pronto, y quise apartar su mano, pero ella sólo terminó por acercarse más y sentarse junto a mí.

-¿Qué ha ocurrido?- Me preguntó de manera inocente. Ante su preocupación, sólo pude sonreírle de manera débil.

-Todo. Nada… En verdad ya no lo sé.- Solté con honestidad. Ella se quedó en silencio.- Yo….- Quise continuar, realmente deseaba explicarle todo, pero las palabras simplemente se quedaron atoradas en mi garganta.

No lo entiendo ¡Siempre le he dicho todo! Pero ¡¿Por qué ahora me resultaba tan jodidamente difícil?!

Porque no quieres hacerle lo mismo que te estás haciendo a ti. Pensé de manera automática. No quieres torturarla con la preocupación… Al menos no hasta que sea realmente necesario.

-A veces guardar silencio es mejor que decir mil palabras.- Me insinuó ella mientras me sacaba de mis pensamientos y se encogía de hombros.- Al menos eso es lo que pienso.

En respuesta a su intento por consolarme, la rodeé con mis brazos y la atraje hacia mí, recosté mi rostro en su pecho y cerré mis ojos con fuerza. Luego, no dudó en responder el gesto y abrazarme aún más hacia ella.

Como Sam me había dicho, no necesité decir nada más, y sólo me limité al silencio que había entre nosotros, y que nunca se había sentido más cómodo, pacífico y reconfortante.

¿Cómo es que he llegado a amarla tanto? ¿En qué momento permití que esta chica se convirtiera en mi mayor debilidad?

Porque eso es lo que era; mi más grande debilidad. Sin embargo, también debía admitir que resultaba ser mi mayor fortaleza. No había manera de negar lo último.

No tardé en sentir sus manos acariciando mi cabeza como sólo ella podía hacerlo. Aspiré su aroma y me dejé llevar por la tranquilidad que comencé a sentir. Finalmente, la oí susurrar:

-Todo estará bien.

No teníamos cómo saberlo. Sin embargo, quería creerlo.

Ella me hacía querer creerlo.

Continuará….

¡Con todo mi cariño!

¡Espero les haya gustado!

¡Nos leemos pronto! ;)

Pd: Espero que todos tengan un muy bello día de los enamorados! :D (Y también de la amistad) :3