N/A: Capítulo 20 y 21 subidos a la vez. No he podido parar de escribir. Si no leíste el 20 antes, hazlo ;)
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CAPÍTULO 21
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Casi tres semanas antes
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-¿Sabes, Z?- susurró Jules- Hay una leyenda que escuché hace tiempo –
Ella tenía la mirada perdida, descansando la cabeza en las piernas de su mejor amiga. El dolor ya era una constante ahora, aunque soportable por las drogas que le habían dado, y si se concentraba, podía olvidarlo – La leyenda dice que las mujeres de la Polinesia francesa tienen un ritual en el que purifican su alma.
-¿Y cómo lo hacen? – Preguntó Ziva suavemente, mientras pasaba sus dedos entre el cabello de Jules.
-Nadan desnudas en el océano.
-¿Estás diciendo que tenemos que nadar desnudas en el océano? – El escepticismo estaba a la orden del día.
-Bueno, podríamos probarlo ¿Quién sabe? Quizás funcione.
Algunos minutos pasaron en silencio, mientras cada una cavilaba.
-¿Crees de verdad que podemos dejar toda esta mierda atrás J? Quiero decir, ¿Todo? Tenemos un equipaje bastante pesado.
-Tenemos que encontrar el modo – Jules levantó la vista para hallar los ojos oscuros de su amiga, encontrando en ellos un denso dolor – Tenemos que hacerlo. Tenemos un bebé del que hacernos cargo ahora. Tu hijo, mi sobrino… lo merece.
Lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Ziva, pero no hizo nada por evitarlas.
-¿Dónde escuchaste esa leyenda?- Preguntó con la voz cortada.
-En Baywatch Hawaii.
-Ah, mierda. Sabía que mirabas esa porquería- Se rió Z entre sollozos- Lo sabía.
-Bueno, le funcionó a la rubia. Creo que deberíamos intentarlo.
-Estás loca – le informó cariñosamente después de unos segundos. Le levantó la cabeza con cuidado, para poder levantarse – Hazme sitio, ¿quieres? – Le pidió, acostándose a su lado.
Jules se movió, para cederle lugar – una litera de un submarino no era después de todo lo que uno llamaría una cama de dos plazas – y cuando Ziva logró acomodarse, ella le puso la mano sobre el vientre.
-¿Estás asustada? – le preguntó suavemente.
-Sí – admitió la israelí – Muchísimo.
Y Jules entendía de dónde provenía ese temor. Ziva nunca se había asentado en ningún lugar. Nunca había echado raíces ni llamado a una casa "hogar". Un hijo cambiaba las cosas.
-¿Lo sabe Danny? –
-No – suspiró – No lo sabe. Me enteré la tarde antes de salir. Yo… simplemente no sabía cómo decírselo, ¿sabes? No sabía si volvería –
-¿Por qué lo hiciste Z? ¿Por qué te arriesgaste a venir? –
-Porque no podía soportar la idea de criar a un niño en un mundo en el que existiera Ari. Porque nunca dejaría de mirar por sobre mi hombro, asegurándome que él no está allí, intentando quitarme todo otra vez. No podía permitirlo. –
-Lo entiendo – respondió pesadamente, dibujando círculos con un dedo en la piel del vientre todavía plano de Ziva - ¿Qué vamos a hacer ahora? – Y preguntaba en plural, porque allí donde fuera su amiga, ella la seguiría.
-Supongo que comer piñas hasta hartarnos – contestó, sonriendo por primera vez.
-¿Vamos a ir a Hawaii? ¿Vas a dejar Washington?–
-Bueno, sí. No sé de qué voy a trabajar, no tengo idea. Pero nunca alejaría a Daniel de su hijo, o hija – afirmó – No sé cómo va a tomarse la noticia… no es que seamos una pareja establecida, ¿entiendes? Yo... no sé lo que siento por él, y ciertamente él nunca me dijo nada. No sé qué puede pasar entre nosotros. Fue todo muy rápido.
-Si de algo estoy segura es que Danny nunca negaría a un hijo, Z –
-Además McGarrett está esperándote allí también.
Jules suspiró, y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios –
-Si…-
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En la actualidad
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-Esto es lo más estúpido que me has obligado a hacer, jamás – se quejó Ziva, furibunda – Rompiste todos los récords.
-Deja de quejarte como niña, ¿quieres?- la reprendió Jules – Admite que no quieres hacerlo porque estás nerviosa.
Una falsa carcajada de incredulidad salió de la boca de la israelí.
-¿Nerviosa por meterme al agua?
-No, estás aterrada por lo que significa el ritual. Ya desnúdate, hagamos esto antes de que amanezca y aparezca algún turista en la playa y le demos una vista que no podría olvidar en su vida. Cuando antes terminemos con esto, antes podrás ir a darle a Danny la sorpresa de su vida y antes podré ver a Steve.
Ziva gruñó, pero se sacó la remera.
-Esto es realmente estúpido –
-Ya lo dijiste – Jules hizo una rápida recorrida de los alrededores, asegurándose que estaban solas, antes de sacarse las pantys y amontonarlas junto al resto del montículo de ropa que había dejado a su lado.
-Apresúrate Z, no es cómo que tengamos todo el día –
Ella misma estaba más nerviosa de lo que había esperado. Pero estaba decidida a hacerlo. Si quería un nuevo comienzo, purificarse por dentro era tan necesario como respirar. Atreverse a tener esperanzas de nuevo la tenía aterrorizada, pero debía superarlo.
Se paró en la orilla, con el agua del mar lamiéndole los pies. La arena se sentía deliciosa bajo sus pies, y solo por deleite, enterró uno de ellos.
Sintió a su amiga pararse justo a su lado. Ambas miraron el oscuro océano perdidas en sus pensamientos. Desnudas, con la cálida brisa recorriéndoles la piel, se sentían increíblemente vulnerables. No había nadie más que la naturaleza en su estado más puro para juzgarlas.
Ziva tomó la mano de Jules con la suya, apretándola suavemente, como dándose ánimos.
-Hagámoslo – susurró, mirándola a los ojos.
Ella asintió, conmovida.
Juntas e inconscientemente sincronizadas, caminaron hacia el mar.
Jules se sumergió en las frías aguas, sintiéndose más libre que nunca antes. Cerró los ojos, simplemente dejándose llevar. Dejando que el océano la limpie. Jamás había entendido lo que la gente quería decir cuando comentaban haber tenido una "experiencia religiosa" hasta ése preciso momento.
Salió a la superficie para respirar y quedó flotando de espaldas.
Era simplemente hermoso. Cada uno de sus cinco sentidos estaba siendo increíblemente estimulado. Observaba la luna plateada en el cielo, saboreaba el gusto salado del agua, respiraba la noche, sentía su larga cabellera acariciar su espalda al moverse con el agua, oía las olas romper en la orilla.
Con el alma más ligera, y una gran sonrisa, volvió a sumergirse para nadar otro rato, disfrutando de la libertad que la embargaba.
Era hora de dejar ir al pasado. Y perdonarse.
La vida continuaba.
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Jules se despertó en estado de alarma. Lo primero que pudo focalizar fue una luz fluorescente que la encandilaba justo en su línea de visión. Todo estaba borroso. Años de entrenamiento se impusieron, obligando a sus sentidos a detectar cualquier amenaza que la estuviera asechando.
Hospital, estaba en un hospital. ¿Por qué? Lentamente los recuerdos la asaltaron. La playa. El taxi. El auto que salió de la nada. El choque.
Ziva.
Levantó la cabeza para mirar alrededor. Una oleada de alivio la recorrió, al ver a su amiga en la cama que estaba junto a la de ella.
-Hey, ¿estás bien? – le preguntó, angustiada.
-Sí, eso creo – le contestó Z, masajeándose la cabeza, como si tuviera una terrible jaqueca -
Una enfermera regordeta, de pelo canoso y sonrisa cálida entró en la habitación.
-Ah, ya están despiertas queridas. ¿Cómo se sienten?- A juicio de jules, el tono de voz de la anciana era exageradamente alegre, teniendo en cuenta que estaba hablándole a dos mujeres, potencialmente cabreables, que acababan de tener un accidente de tráfico.
-Como si me hubiera atropellado un auto, para ser sincera- le respondió Jules.
La mujer rió suavemente, mientras revisaba los monitores a los que ambas estaban conectadas - De hecho, creo que eso fue lo que pasó-
-¡Espere! – Ziva se alarmó instantáneamente - ¡El bebé! ¿El bebé está bien?
-Sí, tranquila, los bebés están bien. Revisamos sus constantes vitales y todo está en orden – Trató de calmarla la enfermera, mientras palmeaba la pierna de Jules.
Exactamente tres segundos pasaron hasta que la información penetró en el cerebro de las dos y cuatro ojos se abrieron de repente como platos.
-¡¿Bebés? ¿Qué quiere decir con LOS bebés?- Estalló Ziva
-Espere un segundo ¡¿Ziva espera mellizos?
-¡No puedo tener dos bebés! – La futura madre negaba fervientemente con la cabeza - ¡No puedo! ¡Ni siquiera sé qué hacer con uno! – declaró desesperada.
La enfermera miró a una y a otra lentamente, con expresión de sorpresa en su rostro. Después de lo que a ellas les pareció un siglo, una lamparita pareció prenderse en el cerebro de la señora, porque asintió suavemente con una sonrisa, señal de que había comprendido algo.
-No queridas, la señorita David solo está esperando un hijo. – aclaró, a lo cual, la susodicha soltó un sonoro suspiro de alivio – Pero usted, señorita Delay - Jules vio en cámara lenta como un terrorífico dedo con una uña pintada de fucsia se movía hasta apuntarla- usted está esperando el otro.
-¿No lo sabían? – Preguntó inocentemente – Pero si el doctor ya habló con el señor McGarrett y Williams, creo que así se llaman… supongo que son los padres, aunque sí tenían una expresión bastante graciosa cuando los ví, ahora que lo pienso – Hizo una seña hacia la puerta – De hecho creo que están esperando en pasillo.
-¡¿Qué hizo QUÉ? – el grito de Ziva resonó por todo el hospital.
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