Capítulo XX

Propuesta

Parte II

Compromiso de amor

Candy y Terry estaban tan ocupados besándose que ni cuenta se dieron que Albert, Eleonor, los chicos y los camarógrafos ya se encontraban ahí, observándolos.

¡Ejem! Chicos aquí estamos – interrumpió Albert.

¡Papaaaá! – escondió el rostro ruborizado en los brazos de su novio.

Ay Candy si media nación ya te vio – informó el rubio a su hija.

¡No es cierto papá! – saltó de su lugar hacia el pasto donde estaba su padre.

No hija mía, pero te daré una sorpresa para cuando lleguemos a Nueva York – comentó él.

¿Me va a gustar? – alzó la ceja.

Digamos que causaras envidias – le susurró al oído.

Candy, Candy, te vas a casar, no estás feliz – la apretó de los hombros una sonriente Annie.

Si Annie perteneceré al gremio de las casadas, increíble no!

Si claro, aunque nunca me imagine que Terry fuera tan romántico. Felicidades Terry, un voto por ti.

Annie no digas eso, además ya no tenemos cinco años.

Bueno pero él no lo sabe, así que…

Si Candy, un voto por Terry.

Patty…

Qué es eso de un voto por mi

Este… no te lo podemos decir ahora, quizás luego.

Candy, ven vamos tenemos que cambiarte de ropa, la fiesta de compromiso será esta noche y aun hay mucho que arreglar, es decir que me llevo a Terry y tu vas con tus amigas, chicas las veo luego – se despidió Eleonor llevándose de una oreja a Terry.

Si señora Eleonor, la veremos en la sala de te.

Mientras todos se reorganizaban, Albert y la familia se mudaban de ropa, los hombres de los globos fueron invitados a la pedida de mano, era singular la emoción que emanaba en la Villa Andley, la mayor amiga de Annie y Patty se comprometía en matrimonio ese noche, la mejor prima hasta ese momento de Archie y Stear cumplía su destino esa noche y la mejor hija que Dios pudo haberle dado se comprometía a la joven edad de veinte años y seria mujer el día de su cumpleaños número veintiuno.

Mientras los demás pensaban en lo que esa noche depararía los novios seguían ensimismados en las emociones que esa noticia, Candy no podía dejar de sentirse amada y el haber aceptado los sentimientos hacia Terry la hacia inmensamente feliz; por otro lado, Terry sabia que era todo para ella y al mismo tiempo que debería de saber lo que era mejor para los dos, algo haría con el parlamento pero no dejaría a Candy ni un solo momento y mucho menos sola en América, hablaría con el rey o algo se le ocurriría pero no accedería a dejarla libre ningún momento. En esto se encontraban ambos cuando los dos sin darse cuenta eran sorprendidos por sus respectivos ayudantes.

¿Terry estás listo? – le preguntó Eleonor.

Si madre y Candy – le preguntó sin dejar de pensar en ella.

Ya esta esperándote en la escalera – le informó mirándolo por el espejo.

Bueno madre te dejo, voy a ver a Candy – le avisó.

Si hijo, luego los alcanzamos en la sala de té – le dijo saliendo junto con él y encaminándose hacia su habitación.

A lo lejos, vio al palpitar de su corazón, no podía creerlo, era ella la mujer con la que pronto se desposaría, antes pensaba que era totalmente una locura, pero ahora sabía que había hecho lo correcto y eso era el amor que le tenía a esa pequeña pecosa.

¡Hola mi amor! – la abrazó por detrás dándole un beso en el cuello.

¡Terry, me asustaste! – lo reprendió fuertemente.

Ay mi vida, si así me vas a recibir cada vez que te abrace como que lo estoy pensando doblemente para casarme.

¡Qué grosero eres! Mira ahí viene entrando Mickel como que lo vamos a saludar – refirió la rubia.

No me caes bien – dijo refunfuñada.

Pues a mí tampoco me da mucha gracia esa actitud tuya. Pero bueno vamos – comenzó a bajar peldaño por peldaño mientras contoneaba sexy las caderas.

No pienso saludarlo – se negó él.

Ah que mal que no me quieras acompañar, yo que te iba a dar una sesión de besos en la sala de té – le informó ella mientras besaba su dedo.

¿Qué has dicho? ¡Espérame! – gritó siguiendo y tomando la mano de su novia.

Cuando llegaron a la sala de té, abrieron y tomándola de la cintura la metió hacia la sala y cerró la puerta, una vez que aprisionó sus labios y no volvieron a dejarse hasta que perdieron la nocion del tiempo y cuando oyeron un toque en la puerta.

Te ves muy linda – dijo apenas en un suspiro después de haber besado a Candy y con la voz ronca aún por las sensaciones que ella le hacía sentir.

Tú también te ves…bien – dándole otro beso.

¡Qué bonito vestido! – susurró en su oído.

¡Gracias! – le agradeció prendándose de sus labios.

¡Ay dios mío! ¿Quién será? – refunfuñó Terry. Adelante – ordenó.

Joven Terrence, todos están reunidos en el salón, ya pueden pasar.

Gracias Dorothy en unos momentos vamos, puedes retirarte – le ordenó y Candy le sonrió a Dorothy.

Ahora había sido él quién la atrapó y se resistía a dejarla libre.

Terry…- le sostuvo la mirada.

Dime – contestó ella.

Nos esperan – advirtió ella.

Lo sé, anda vamos, arréglate porque estas ruborizada – trató de hacerla volver a su respiración habitual.

Tú también – dijo robándole un beso.

Oye mi amor, nunca saldremos de aquí si no dejas de hacer eso – la reprendió.

Candy se separó de él y le dio un beso en la mejilla, después se sentó y debajo de la mesita del teléfono tomó una cajita que contenía cosméticos, de ahí saco un labial y lo destapo para ponérselo. Terrence no toleró ese ritual y comenzó a verla de un modo sutil.

Terry puedes dejar de verme así, me pones nerviosa – inquirió Candy.

¿Cómo así? – interrogó él pareciendo inocente.

Como si quisieras comerme – sonrió.

Pues realmente eso estaba pensando, te quiero comer a besos, pero es hora de ir a la comida en nuestro honor – dijo apenas en un susurro. Para mi mala suerte.

Si Terry, si no los demás nos van a reprender – comentó ella divertida.

Está bien, vamos, después de usted bella señorita – la dejó pasar galantemente.

Candy y Terry llegaron a las puertas que resguardaban el salón de baile, el vestido de Candy era vaporoso, parecía una bella amapola y llevaba una cinta color rojo en la cintura, el cabello lo llevaba recogido con un rodete y algunos rizos sueltos, maquillada sencillamente y Terry iba vestido con un traje negro, camisa negra con corbata roja y zapatos a tono. Estaban listos, Candy se había maquillado sutilmente y comenzaba a tomar la mano de su novio cuando él le sonrió ante lo acontecido, ya que ella no sabía nada…aún.

Te amo preciosa – le dijo muy sonriente.

Te amo mi amor – le respondió.

Démosle un fuerte aplauso a los novios, Candice Andley Claude y Terrence Greum Grandchester – los mencionó Albert.

Candy no podía creerlo, no se suponía que era solo una cena normal, había personal de las noticias y periodistas, sus amigos, su familia, la tía Elroy y quien lo fuera a decir hasta personalidades del Clan Europeo y los representantes del consorcio en Nueva York, era increíble y ella no podía creerlo, todos ahí se veían muy contentos, tanto que solo miró a su papa y él vio a Terry, ella termino mirando al dueño de su corazón y solo pudo abrazarlo, tan fuerte que no pudo hacer más que sólo abrazarlo y ser más feliz imposible. Terry le susurró algo.

Vas a ser la mujer más feliz del mundo – le aseguró con un beso en la frente.

Gracias Terry – se recargó en el pecho.

De nada preciosa, no, no, no, mi amor no llores – comenzó a ponerle los pulgares debajo de los ojos.

No puedo impedirlo, mira solo salen – dijo viéndolo para no llorar, pero se le hacía imposible.

¿Estás feliz? – le preguntó él.

Muchísimo – susurró ella.

Después volteó y su novio la jaló hacia el micrófono.

Buenas noches a todos nuestros invitados, creo que por el momento la novia no puede hablar porque está muy emocionada así que por primera vez tomaré su lugar, el motivo de esta celebración es anunciar que la señorita que tengo a mi lado ha aceptado ser mi esposa esta tarde – informó el castaño a la concurrencia.

Hubo aplausos y regocijo.

Solo falta la fecha, por suerte mi amada novia es la que va a decidir la fecha de la boda, bueno Candy pudieras decirnos cuando será la boda – le cuestionó mirándola a los ojos.

Será el siete de mayo en mi cumpleaños número veintiuno en la ciudad de Nueva York - sonrió para sí.

Perfecto pues ya lo saben queridos invitados están todos invitados a nuestra boda – sonrió y levantó la copa. ¡Salud! – exclamó invitando a todos los presentes a hacer lo mismo.

Candy y Terry tomaron de la misma copa, se abrazaron y de pronto escucharon. Beso, beso, beso a coro y tirando la copa hacia atrás tomó a Candy de la cintura tomando la mano de Candy con la mano izquierda, le dio un beso y luego repartió pequeños besos desde la palma por su brazo hasta llegar al hombro y de ahí alzó la vista. Después ella le sonrió y la besó.

Continuará…