¡Hola a mi gente favorita!
Por falta de tiempo, la semana pasada tuve que actualizar desde mi teléfono, así que las barras de separación de las escenas se perdieron =/ Pero hoy todo está bien editado, espero! XD
Como siempre muchas gracias a todos quienes leer, pero mucho más a quienes me dejan sus lindos comentarios: CuquiLuna3 (en algún punto la pregunta puede ser ¿la palabra realmente le desagrada o quiere que le desagrade, para no sentir un poco más?), Sinideas (Me encanta cuando Hermione da esos empujoncitos que parecen imperceptibles =3), (Ahh… no te preocupes, yo apenas y tengo tiempo para publicar, así que agradezco el doble el esfuerzo!), PercyRossVulturiUchiha (No te preocupes, porque realmente hay una noción de indecisión con Harry, por ej. Colin sigue siendo su novio formalmente o las ganas de ir a casa de Draco, pero no hacerlo y Hermione tuvo que decirle "¡ve!"), Nekoconeco56 (Es cierto, por eso siente esa gran necesidad de estar con él, pero también es porque Harry es un hombre adulto con "juguete nuevo" y no quiere dejar de "jugar" con él y no en un mal sentido), Sonyeke (Harry todavía está en el descubrimiento y la aceptación de ese nuevo sentimiento, ahora hay que ver, qué continúa =3), Ftima Jurez (Bienvenida a la historia!, y me hace muy feliz que le hayas dado una oportunidad. Desde la primera vez que leí sobre un Harry tipo león dominante, con más de 1.80 de músculos, no me pude resistir! XD) y Murtilla (Que bueno, que estés de regreso! Le has clavado a todo… y sí, yo también creo que Harry es un tanto celosillo).
Antes que nada, les advierto que comenzamos con una continuación de la escena anterior. Recuerden: Harry está durmiendo junto a Draco, post-masaje =3
Ahora sí, ¡a leer! =D
Capítulo 20: Rama IV
En medio de ese cúmulo de calidez, Harry suspiró con una sonrisa en los labios, simplemente amodorrado y pletórico. Restregando sus caderas y percibiendo el sudor acalorado sobre todo su cuerpo y comenzando a pensar que frotarse húmedos uno contra otro, sería una exquisita idea. Por eso es que le soltó al rubio, contra el terciopelo de su oído, el fundamento de sus pensamientos.
-¿Puedo follarte?- murmuró y la respuesta había venido en la forma de un ronroneo dulcificado y gustoso, mientras apretaba su trasero enfundado en jeans contra la evidente polla de su compañero y a Harry se le hacía agua la boca.
Entonces el moreno había mordido sus labios, mientras descendía sus manos y comenzaba con la tarea de desabotonar aquellos encantadores pantalones que más parecían una segunda piel. Una risita adormilada se le escapó a Draco, cuando sintió que finalmente le bajaban la ajustada prenda y su ropa interior por sus caderas, tan sólo lo suficiente como para Harry pudiera hurgar con sus dedos entre las suaves nalgas de su compañero. Sin esperar mucho más deslizó uno de sus dedos y casi sin pensarlo, ni decirlo, ejecutó un encantamiento lubricante no verbal.
-Harry…- se quejó el rubio, inquietándose y sintiendo todo su interior húmedo y resbaloso. Pronto, a ese primer dedo se le unió un segundo y luego un tercero, distendiendo y acariciando suavemente las paredes de su recto. Removiendo la viscosidad, jugando con sus sensaciones. –Ya…- gimió con su voz de tentación.
-Sí…- respondió el moreno sin poner mucha atención. Lo cierto es que lo único que quería Harry era desabrochar sus pantalones y sacar su miembro húmedo y endurecido, acariciarlo suavemente y liberarlo un poco de la tensión. Sí. Y quería hundirse en el interior de Draco, porque para ese momento ya estaba mucho más despierto y la anticipación había acelerado su pulso, lo hacía respirar con fuerza contra aquella nuca revestida de rubios cabellos y hacía sudar sus torpes manos, quienes luchaban contra el zipper y la estreches del espacio. –Espera…- murmuró con ansia, alejándose un poco a pesar de las mantas y se bajó la ropa sólo lo suficiente para tomar su polla y empalarse dentro de ese conocido cuerpo ceñido. Presionó y se empujó, hasta que sus caderas tocaron las nalgas tibias de su compañero.
-Harry…- volvió a llamarlo el hombre, suspirando profundamente. Estremeciéndose y acoplándose a la intrusión de ese pene grande y firme, esa enorme polla que siempre parece llenarlo por completo y haciéndolo sentir deseoso de más. –Ah…- de pronto soltó, aleccionado por esa excitación repentina, por ese calor que iba más allá del sudor de la cercanía. Era un contacto profundo e íntimo y Draco se arqueó contra el amplio cuerpo de su compañero, respondiendo al movimiento de sus caderas. Comenzando a soltar jadeos ahogados mientras era atravesado por las estocadas apretadas, cortas e impetuosas. -¡Harry!- con una mano empuñó las mantas bajo su cuerpo y extendió la otra hacia atrás, sujetándose al tenso muslo que al igual que aquellas caderas, golpeaba briosamente su interior. Manteniendo los ojos cerrados, de pronto aquellos impulsos se transformaron en luces intensas detrás de sus párpados, ardor en sus entrañas e indecencia sobre su piel. Entonces el moreno mordió en algún lugar de su cuello, cerca de su oído, antes de regalarle un gruñido ronco:
-Levanta la pierna… Draco…- pidió el moreno tomando la rodilla del rubio y posicionándola sobre su propio muslo, de tal forma que tenía más espacio para penetrarlo tan largo y profundo como quisiera. Y el delgado cuerpo que se mecía bajo sus impulsos, se arqueó gustosamente, permitiendo que lo tomara por completo. Harry se balanceo contra él, en una danza que variaba entre el frenesí y la densa sensualidad de los lentos impulsos.
-Harry…- llamaba el rubio cada vez con mayor frecuencia, cada vez más lleno de sensaciones. No estaba dormido, pero tampoco despierto, ni consciente y lo único que parecía llegar a su mente era el nombre de su compañero y las respiraciones agitadas en su nuca y sus susurros apretados sobre su oído y los exaltados latidos de su corazón martilleando contra su espalda y sus caderas golpeando su trasero y había tanto más que se colaba dentro de sus pensamientos. Tanto de Harry que impregnaba toda su existencia, como si fuera lo único. Un único para él y no pudiera hacer nada más que llamarlo.
La respuesta venía en la forma de frotaciones en su próstata y la deliciosa sensación de aquel trozo de carne dura abriéndose paso a través de su cuerpo, el íntimo contacto de su miembro humedecido de lascivia y las paredes de su recto. Exquisito. Draco levantó aún más su pierna y el moreno le ayudó a sostenerla, luchando contra la ropa que restringía sus movimientos y las estocadas fueron cada vez más impetuosas y fuertes y rápidas e intensas. Pronto todo lo que se escuchaba eran los gemidos en sus bocas, el viscoso contacto entre sus cuerpos y el crujido suave, casi imperceptible, de la cama.
Harry vio y sintió los incandescentes brillos tras sus párpados, la ardiente acumulación del eros punzando en su carne, esclavizando sus sentidos, atiesando sus músculos, aguijoneando su ingle con un dolor tenso…
-Draco… tú mano, tus dedos…- gimió el moreno, porque sus sensaciones estaban tan desbocadas que no lograría retener la eyaculación. –Tus dedos… me voy a correr…- insistió y Draco ascendió su mano de forma temblorosa e incierta, aquella que había descansado en el muslo de Harry ahora se doblaba con dificultad por detrás de su espalda hacia el abdomen del moreno, para posicionarse en algún lugar por sobre su ombligo.
-Tú magia…- soltó el rubio, incitando a través de su propia energía a la magia del moreno.
Presencias fluyendo libres a su alrededor, abrazándolos y danzando estrechamente entre ellas. Reconociendo el terciopelo de su contacto, fortaleciendo aquel vínculo esencial, natural e inseparable. Como la correcta unión de dos piezas destinadas a encontrarse e incitarse con travesuras, engatusándose con cercanías y alejamiento, porque se saben destinadas. La magia lo sabía. No era sólo coito. …Y la energía ascendió por la columna astral, fluyendo con la facilidad de la costumbre, del ejercicio tántrico y espiritual, avanzando…ascendiendo, arrasándolo todo con calidez a través del eje original y primitivo, arriba, arriba, desde su entrepierna hasta su plexo solar… hasta el fulgor… hasta la dulce liberación.
Hasta otro de esos orgasmos tan intensos y revitalizadores. Harry sintió el tirón y el clímax del mayor placer existente.
-Oh, joder…- soltó dentro del arrebato y continuó empujando las caderas hasta mucho después, entrando y saliendo primero rápido y luego suavemente, moviéndose de forma circular y presionándose todavía completamente duro en su interior. Sólo por gusto. Sólo porque podía.
-Ah… sí…- suspiró el rubio, dejando caer su pierna en alto y recargando la frente desmadejadamente contra la cama. Un suspiro prolongado y lleno de gusto abandonó sus labios, la ropa completamente húmeda de sudor, de ejercicio, de insistencia. –Eso se sintió muy bien…- comentó moviendo sus caderas con placer, regresando a los ronroneos y permitiendo que esa polla se encaprichara con su interior. Que mimara todos sus recodos. –Y felicidades…- suspiró otra vez, -ya puedes canalizar tú magia directamente a tú chakra…-
-¿Y eso es bueno?- el moreno besó su nuca y lo abrazó apretadamente contra él. Sus manos apropiándose de todo el cuerpo de su compañero.
-Es un paso muy importante en el control de la magia.- aunque Draco no lo quisiera reconocer y a pesar de lo mojado y acalorado que se sentía, le gustaba sentirse cobijado por esos enormes brazos, por esas enormes manos. Todo el puto hombre era enorme y le encantaba. –Ser consciente del fluir dentro del cuerpo… es muy bueno.-
Harry presionó una sonrisa contra aquella pálida piel, sabiendo que las cosas estaban progresando, sabiendo que las cosas estaban mejorando para él. Había llegado sintiéndose como un miserable Inferi desdichado y en cambio ahora, se sentía completamente bien, relajado, consolado, animado, pleno. Estaba pletórico, después de delicioso sexo junto a Draco, después de sus palabras alentadoras y estando simplemente con él. Tan hermoso. Tan cálido. Tan agradable. Regalándole esos momentos que lo significaban todo para el moreno, el rubio era la única persona que parecía verdaderamente preocupada por él. Ofreciéndole resguardo con su propio cuerpo y protección en sus brazos, calmando los dolores que la vida había grabado con la forma de sus debilidades, las incertidumbres y los temblores en la voluntad.
Y bueno, ya lo había aceptado: le gustaba Draco, le encantaba de maneras incomprensibles e inigualables. Podría tener una relación con él, podría llegar a enamorarse del rubio. Tal vez ya lo estuviera un poquitito.
-¿Ya te sientes mejor?- escuchó de pronto.
-Cómo podría no sentirme bien.- susurró dándole pequeños besos en el cuello. –Estar contigo siempre me relaja…-
-Teniendo sexo, ¿quién no?-
-No es sólo por el sexo.- se quejó el moreno. –Aun si únicamente conversamos o leemos o me dices que haga de esos ejercicios, me gusta estar contigo… y me hace bien.-
-¿Por eso todavía estas dentro de mí?- el rubio bufó una risa, moviendo el trasero una vez más. El sonido de la humedad se dejó oír entre las mantas.
-Eso es insignificante, lo que cuenta aquí es que ambos seguimos abrazados aún cuando esto parece un horno y tenemos la ropa asquerosa de sudor, las mantas no me dejan mover y entre más te abrazo más calor me da, pero a pesar de eso, no quiero soltarte.-
-¿Eso significa que tendremos una segunda ronda?- Draco giró el rostro e intentó mirarlo a través de su hombro. Lo cierto es que las palabras del hombre le habían resultado repentinamente dulces, de una forma tierna y templada. –Er… ¿puedo girarme?
-Claro…- respondió, pero extrañaría la sensación apretada de su cuerpo. Se acomodó los pantalones sabiendo que tenía una gran y viscosa erección presionando su ropa interior.
Otra vez ambos lucharon contra las mantas atoradas en sus piernas, contra la ropa que les impedía girarse con facilidad y contra el calor que hacía de todo esfuerzo, algo extenuante. El rubio aún no entendía por qué no se había levantado de esa asquerosidad, tal vez fuera por la sonrisa que Harry le regalara cuando ambos se encontraron por fin frente a frente, con su rostro sudoroso y sus mejillas sonrojadas, sus ojos de un brillante verde forestal y sus cabellos oscuros desordenados y adheridos a su frente. Era la cara de un tonto post-orgásmico.
-Bien, ahora dime qué es eso que te tiene tan preocupado.-
-Ya te dije, no quiero que llegue mañana.- se lamentó, tratando de convencerse de que su problema era Robards y no aquellos "otros" sentimientos que lo aquejaban. Ahora que la calma había regresado, prefería insistir con dolencias conocidas y justificables, que insinuar verdades que podrían resultar incómodas. Pero algo con lo cual no había contado, era la intuición de su compañero.
-Pero no creo que eso sea lo único.- Harry lo miró, dándose cuenta que el rostro ladeado de su compañero y cómodamente recostado sobre la cama, le resultaba sumamente atractivo. En aquella deliciosa cercanía el moreno levantó su mano y peinó sus cabellos, deslizando sus dedos a través de su cabeza. –Espero que tu mano esté limpia…-
-Er… claro que sí.- dijo, sonriendo con cara de circunstancia, pero mejor quitaba la mano. Entonces el rubio soltó una risa e hizo gestos para que continuara con lo que estaban hablando. ¿Qué podría decirle?, pero entonces y sin quererlo, el rostro de Colin llegó hasta su mente y su rostro evidenció la ambivalencia de sus sentimientos. He allí otro motivo más para sus molestias. "Entonces…", escuchó. –Está bien, sí, hay algo más. Es sólo que… no sé…- dijo. Quizás su excompañero de Griffindor lo había puesto en palabras, pero lo sucedido aquella noche, a través de la conversación por chimenea… en esos sentimientos provocados, habían sido una experiencia continua durante los últimos años. Desde que había derrotado a Voldemort. Desde que había comenzado a buscar una pareja. –Estoy cansado de que la gente asuma cosas conmigo, que esperen cosas de mí… cosas que no soy, actitudes que no tengo, como si esperaran que yo poseyera valores ideales o esperaran que me adapte a sus deseos y responda a ellos con la mejor cara.-
-Es una percepción que se ha vuelto habitual.- respondió el rubio, mirándolo directamente a los ojos y para Harry era como si leyera su mente, pero ya no le resultaba extraño. El hombre parecía capaz de leerlo con una facilidad que para el moreno era reconfortante. –Esta no es la primera vez que lo piensas… ya me lo has dicho antes, las expectativas, las presiones, pero no es sólo por el trabajo. ¿Qué sucedió para que te sintieras tan abrumado?-
-Hablé con alguien, pero nada importante.- aclaró y temió que los entrecerrados ojos de Draco vieran la cara de Creevey en sus pensamientos. –No quiero pensar en eso.-
-¿Pero te das cuenta que estás hablando de falsas percepciones conmigo? ¿El rey de las ideas equivocadas? ¿Yo, que en Hogwarts pensaba que eras un detestable engreído?-
-Lo sé… y por eso mismo sé que tú me comprenderás mejor que nadie.-
-Es cierto, te puedo comprender pero eres tú quien debe poner los límites a la influencia de los demás.-
-Sí… sí, me lo has dicho antes.- suspiró.
-¿Y qué más te he dicho?- indicó, mirándolo con ojos inquisitivos.
-Que debo seleccionar mis pensamientos y ayudarme a tolerar tantas dificultades… y que no importa lo que diga Robards o cualquier otra persona y que, tengo el respaldo de toda la división.- se alzó de hombros. –No creas que no te escucho, sólo que es difícil llevarlo a la práctica.- no es como si pudiera decir "No pensaré más en Colin", "Ya no me preocuparé por Robards"… o "Me gusta Draco y quiero verlo ahora" y que simplemente suceda.
-Es verdad, pero al menos estás haciendo algo para remediarlo. Porque aunque no lo creas, hablarlo conmigo o con quien sea y llevar tus inquietudes a palabras, ser plenamente consciente y racionalizar la situación y tus sentimientos, ya es una forma de acercarte a la superación. Hablando se solucionan las cosas.-
-Sigues haciéndolo parecer fácil…- se quejó y entonces Harry se colgó del rubio, presionándose ambos en otro sudoroso abrazo y los dedos del moreno, sospechosos de íntimas secreciones, volvieron a enredarse en los cabellos de Draco. Permitiendo que su nariz desamparada se hundiera en el aromático cuello de su improvisado terapeuta. –Sé que es pronto pero, ¿podemos hacerlo de nuevo?… es que no estoy con ánimo de aguantármela dura para fortalecer mi resistencia o lo que sea.-
-¿Y tú sabes lo asqueroso que está aquí dentro? Mínimo necesito un baño.- escuchó casi sobre su oído. Draco bufaba y deslizaba sus vocalizaciones rozando su oreja con los labios. Díganme si eso no era un completo sí.
-Después podemos bañarnos y cambiar las mantas si quieres…- respondió sobre su cuello pálido, delgado y flexible, cálido y fragante a deliciosa mística. –Después acepto lo que quieras.-
En algún momento entre aquel abrazo apretado y la sensación de los cabellos del moreno cosquilleando en sus labios, Draco alzó una mano indecisa y sus dedos treparon por la espalda de su compañero, recordando bajo la punta de sus dedos la fibrosa sensación de esos músculos amplios y fuertes. Sus omóplatos grandes y sus hombros poderosos. Y siguiendo el mismo camino, sus dedos avanzaron hacia su cuello ancho y su nuca cubierta de sedoso mechones de cabello oscuro y húmedo. Era una caricia simple, pero el rubio se permitió agasajar aquel lugar con movimientos rítmicos, mientras trataba de pensar en quién habría sido el culpable en la desazón, en la reacción desmoralizada del hombre entre sus brazos.
"Debió ser alguien cercano", pensó Draco, "alguien que signifique algo importante para él" y por el tenor de la conversación, era obvio que no serían sus inseparables amigos, ni familiares. ¿Tal vez un colega? ¿Un superior? ¿Alguien a quien le tuviese respeto? Sin saber por qué, en su mente apareció la imagen de Colin Creevey, la ex pareja de Potter. Aquel con el cual tenía una extraña relación aún después de la ruptura. Quizás haberse separado de él había sido más difícil de lo que el moreno pensaba, tal vez aún lo lamentaba y le dolía.
Parecía una opción válida. Después de todo desde la primera vez que habían tenido sexo, el moreno no había hecho otra cosa más que hacerlo con él, cada vez que podían y todas las veces que podían. ¿Podría ser que extrañara a su antiguo compañero? ¿Podría ser que esos dos fueran como conejos? Cochino Potter. E incluso ahora, ¡ya ni siquiera esperaba a ser invitado al departamento de Draco!, y simplemente se dejaba caer delante suyo, con la intención de aliviar sus necesidades, de menguar un poco el abandono.
Pero ese era el motivo de todo, ¿no? El por qué el rubio lo ayudaba. Así que, si al moreno lo hacía sentir bien hacerlo diez veces al día, ¿nada más debía importar, no? Aliviar las heridas dejadas por un amante pasado… ugh. ¿Es que esta maldita afinidad lo hacía sentir todo tan malditamente diferente, como un maldito buen samaritano?
Suspiró y cerró los ojos, dejándose llenar por toda esa atmosfera que los rodeaba: lo caliente, lo húmedo, lo sensual, lo asqueroso y aquello extrañamente indulgente entre ambos. La mansedumbre de sus personalidades, antes belicosas. Era difícil pensar cuántas cosas habían cambiado entre los dos. Cómo habían avanzado hasta ese momento, yaciendo juntos en su cama. Sintiendo los labios del hombre trazando caminos a través de su cuello.
-¿Cómo es que aún te puedes excitar estando todo pegajoso?-
-No te habías quejado las veces anteriores…- murmuró deslizando sus palabras hacia su mandíbula y el borde de su anguloso rostro. –De hecho no te habías quejado hasta ahora.-
-Creo que comprendo la importancia de estar desnu-…- antes de poder decir algo más, Harry había alcanzado sus labios imposibilitando la salida de cualquier otra palabra. Entonces el rubio abrió la boca, dejando que la caliente lengua de su compañero arrasara con todos sus suspiros y lamiera sus indecisiones. Y avivara los rescoldos que siempre existirían entre ambos, rastros de fuego uniéndolos, y si antes había sido con furia, hoy era con el ardor de sus cuerpos frotándose el uno contra el otro. -¿Te das cuenta que casi no hacemos nada más que tener sexo?- replica, sintiendo la punta de la lengua del moreno acariciando suavemente su labio superior.
-No, no es cierto…- lo besa nuevamente, dulcemente, estrechamente y sus manos siguen acariciando su cuerpo esbelto, frotando su nuca de mechones rubio, con docilidad. "No es sólo sexo", piensa el moreno, pero no dice nada y Draco suelta un bufido ante la falta de explicación.
-Está bien, pero ven sobre mí.-
-¿Mnh?- Harry levanta la cabeza y lo mira. Sus ojos siguen igual de brillantes e intensos, igual de deslumbrantes y estremecedores. Eso no había cambiado nada.
-Me gusta cuando estas sobre mi…- le dice y eso es suficiente para que el moreno vuelva a dejar caer sus labios sobre él, para que vuelva a presionar sus caderas contra las suyas, para que sus manos amplias y fuertes, vuelvan a apropiarse de su cuerpo. A tomarlo y desearlo como la primera vez.
Con un pequeño gemido ahogado, el rubio finalmente se apoyó sobre su espalda y sin un poco de dificultad arrastró a Harry con él. La inmensidad de su existencia cubriéndolo posesivamente, dejando a Draco a merced de las intenciones de su autoridad e influencia. La amplitud de su piel excitada. Por eso, tan pronto como pudo, el moreno se acomodó entre sus piernas y quitando los pantalones del camino, se permitió tomar su interior. Empujando sus caderas suavemente contra su entrada y apenas separándose lo suficiente para volver a entrar. Como pudo y a pesar de la ropa, Draco lo atrapó entre sus piernas, manteniendo las estocadas cortas y profundas.
-Mierda… todavía estoy… muy estimulado…- se quejó, sabiendo que había pasado muy poco tiempo para el siguiente orgasmo. No iba a durar mucho más.
-Y tu interior… todavía está húmedo…-
Draco sonrió, aun cuando no era consciente del hecho y entonces agitó sus caderas, rotando su cintura, arqueando su espalda y sus talones fuertemente anclados a su compañero. Sintiendo que la cantidad de viscosa humedad aumentaba en su interior, removiéndose dentro de su cuerpo mientras Harry lo penetra. No iba a decirlo, pero había algo muy excitante en ello. En el hecho de estar cubierto, rebosante de las secreciones del hombre, de los aspectos más íntimos de su cuerpo, como la saliva que todavía está adherida a su piel, por sus besos dejando huellas. De la transpiración que los baña, que se mezcla entre ambos, sudor que resbala desde su mejilla y a Draco le dan ganas de lamer cada una de esas gotas, mientras el moreno lo observa con su mirada aferrada a él, sus verdes ojos atravesándolo, fijos y perdidos en la intensidad del momento. Y no puede evitarlo y su lengua asciende por el moreno cuello hasta la punta de su barbilla, salada, gustosa, exquisita, y succiona suavemente y besa con delicia. Muerde apenas y el moreno gime.
Escucha las sílabas de su nombre siendo pronunciados con voz ronca, gruñida y de pronto siente que su trasero es apaleado por las caderas del hombre, que le machaca la próstata… las entrañas… con una fuerza… que le impide pensar en nada más. Draco exhala tembloroso, demasiado cerca.
A Harry le comienza a doler la cintura. Sus caderas son un péndulo que oscila contra el cuerpo que lo estrecha apretadamente, él no puede hacer más que mantener los codos a cada lado de Draco, evitando aplastarlo completamente. Pero así es mejor, tan sólo debe inclinar un poco la cabeza para poder besarlo en los labios o hundir la nariz en su cuello… o permitir que el rubio beba de su barbilla, que atore su lengua en la cara interna de su mentón. Era el espacio suficiente para apreciar aquel rostro sonrojado, aquellos turgentes labios dibujando una sugerente "O" y exhalando suspiros cargados de deliciosas promesas, lentos parpadeos evidenciando el hechizo que la lascivia otorga a los cuerpos que yacen en la sangre turbulenta.
En aquella cercanía él lo tenía todo, lo percibía todo y lo deseaba todo. Los dos abrazados y encajando perfectamente, unidos, experimentando aquellos instantes de idilio en ese pequeño rincón del mundo, esa sedosa cama resguardada en secreto y alejada de las desavenencias de la realidad. Harry lo tenía todo entre sus brazos, entre sus piernas.
…Todo… incluso cuando ve a Draco con sus ojos fuertemente cerrados y lo siente apretando su interior… allí, allí lo tenía todo. Harry exhaló, gruñendo, jadeando, quejándose, tensando todos los músculos de su cuerpo. Un instante de constricción, tensa, enloquecida, antes de sentir la liberación… los fluidos del éxtasis escapando como una presión ligera fluyendo a través de su miembro, un aliento fatalista corriendo desde su interior y ascendiendo a su vez, viajando por su columna hacia el centro de su abdomen y el resto de su mágica existencia. El místico eje astral. El orgasmo.
Aquel diminuto momento de placer puro, del más absoluto bienestar mutuo, correspondiente, los dos regalándose a sí mismo de forma desinteresada a todo lo bueno. Todo lo absolutamente bueno. Entonces Harry abre los ojos y ve su rostro, ese que ahora es capaz de relacionar con la felicidad, con la prosperidad, con la armonía y la libertad, con el gozo físico y emocional, mágico y mental. Y están los fuertes latidos de su corazón golpeando dentro de su pecho, pero no es sólo por el sexo, es porque es él. Porque es Draco quien jadea desmadejado bajo su cuerpo, quien lo mantiene todavía sujeto como si ambos fueran uno, quien le regala palabras suaves cuando se siente perturbado, quien le sonríe cuando se siente sobrepasado, quien le enseña sobre cosas que nunca habría imaginado.
Quien le hace pensar que podría estar enamorado de nuevo. "Me gusta". "Lo quiero". "Lo necesito". "Lo adoro". Son palabras que pasan por su mente con una velocidad tal, que apenas logra retener en su totalidad, pero sabe que cada una son sólo partes integrantes de algo mucho más fuerte, más grande, más determinante. Algo que se ha estado formando lentamente pero sin detenerse.
Finalmente Draco suspira y vuelve a ser consciente de sí mismo. Los cosquilleos post-orgásmicos sobre su piel, sus piernas cansadas resbalando desde la cintura de su compañero, la respiración de Harry contra su cuello y su peso completo sobre él. Ambos mantienen la cercanía, tocándose con mimo y diciéndose palabras de vez en cuando. El rubio ronronea percibiendo la humedad del semen acariciando su interior, mientras Harry sonríe en el encantador letargo de los músculos sobre exigidos.
Y aunque sabe que a Draco no le importa, Harry espera algo de tiempo antes de comenzar a masturbarlo, el rubio todavía está duro y quiere que se corra. Para el moreno es como si esa fuera la única forma de lograr el placer total. O tal vez sea porque quiere verlo estremecerse y retorcerse una vez más, gimiendo mientras sus piernas se agitan sin saber si aferrarse al cuerpo del moreno o sólo a ese brazo que lo arrastra una vez más, hacia la satisfacción.
Para cuando se dan cuenta, ya es casi de noche y el rubio se ve obligado a extender su cuerpo para encender la lámpara en su mesita de noche. Harry se había ofrecido a hacerlo con su varita, pero Draco reclama y como se lo había dicho antes, le repite: "¡Nada de magia en el departamento!". A pesar de que el moreno ya lo había hecho más de una vez y ni siquiera se había dado cuenta.
-Harry…- se quejó el rubio, soltando su nombre en medio de una cansada exhalación.
-¿Qué?- respondió con una sonrisa. Suspirando relajadamente se acomodó a un lado de Draco y moviendo sus dedos, sintió la viscosidad sobre su mano. De hecho, si la miraba, brillaba con una tentadora humedad y antes de pensarlo mucho, lamió los restos de semen que le resultaron demasiado salados para ser sólo eso. Seguro también era el sudor de ambos.
-Sabes que no… necesito venirme…- respiraba profundo y entrecortado, tratando de recuperar el aliento. –Mierda, otra vez me duelen las caderas…-
-Bueno, chico místico, sabes que los hombres mundanos disfrutamos viendo correrse con quien estamos. Significa la culminación del placer.-
-El problema, hombre mundano- suspiró, -es que termino deshecho.-
-Pero se siente bien.-
-Ahora sí necesito un baño.- Draco levantó los brazos y se estiró relajadamente. Sí, mañana sus caderas iban a ser un caso y lo cierto es que él no quería realizar la caminata de la vergüenza en medio del Ministerio. Maldito Potter. –Hiciste que me viniera en mi camiseta.- arrugó la nariz y Harry sólo rio un poco.
Sus manos eran un asco, cómo todo bajo esas mantas, pero aun así se acomodó de lado y sostuvo su cabeza en una de sus palmas. Ni qué decirles de cómo olía, pero podía aguantarse todas esas desavenencias sólo por el gusto de compartir un poco más de tiempo junto a Draco, mirándolo respirar tranquilamente, estirándose con soltura, siendo simplemente él con todas sus facetas, las antiguas y las nuevas. Y el moreno puede darse cuenta que el hombre a su lado, aquel chico receloso y con la réplica en la punta de la lengua, luce con sus defensas completamente bajas y es algo hermoso de ver. Luce incluso hogareño.
¿Cómo sería ser recibido así, todos los días después del trabajo? Con eso en mente, sonrió suave y sintió ganas de acercarse al rubio. Que la intimidad entre ambos fuera más grande de lo que ya era. Deseaba más cercanía, más que algo meramente físico. Más que sólo sus cuerpos tocándose… más que eso… más que un tratamiento para su magia perturbada. Más.
"Más", se repetía, aun cuando ambos estaban juntos y las mantas les impedían tomar alguna distancia. "Más" y allí estaba una sensación faltante, algo que se escurría fuera de esa camaradería improvisada, de esa amistad todavía frágil, sexo que podía ser desechable.
"Más", deslizó su cabeza y terminó apoyada en un hombro del rubio. Es cierto que el aire estaba viciado bajo el edredón, pero a pesar de todo Harry aun podía sentir el aroma frutal en aquel cuello próximo. ¿Sería muy sonso pensar en cómo podría vivir sin eso? ¿Draco lo habría vuelto un ñoño? ¡Es que nada de esto lo había sentido con Colin, ni con nadie que hubiese conocido! Ni con Ginny, cuando fue un adolescente hormonal. Nadie le había provocado esa necesidad, esa devoción, esa completa rendición a sus encantos.
Era sólo cuestión de mirar a Draco y deseaba retenerlo con él. Mantenerlo a su lado… es que le gustaba. Tenía que decirlo: le gustaba mucho. Draco. Draco.
"Me gustas", de pronto pareció como un mantra dentro de su cabeza, repitiéndose incansable entre los suaves estremecimientos dentro de su pecho. La vacilación de sus sentimientos descubiertos. Qué más podía hacer o decir, sólo quería extender ese momento lo que más pudiera. Conversar con él podría ser parte de esa cercanía, de ese "más".
Y como le había dicho Hermione, en la vida cotidiana residía la reciprocidad.
Suspirando el moreno deslizó sus ojos a través de la habitación, hasta que dieron de lleno sobre aquella piedra que reposaba sobre el platillito de cerámica, que había visto la primera vez que estuvo en el departamento del rubio.
-Por cierto, ¿qué es eso?-
-¿Qué cosa?- se giró Draco mirando hacia la estantería que hacía de límite para su espaciosa habitación. Había tantas cosas allí, que no sabía a qué se refería.
-Esa piedra que tienes sobre un plato.- indicó con un vago gesto de manos.
-Ah… es un Lingam o Shiva linga.- respondió, antes de sonreírle con un gesto mitad pretencioso y la otra mitad con los restos del orgasmo. Harry hizo un rodar de ojo, aunque adoraba esa expresión viciosa, un poco perdida, un poco oscurecida. De chico bien follado.
-¿Y eso significa…?-
-Es una representación simbólica del Dios Shiva, de las deidades masculinas en el Hinduismo y en general, de la propia energía masculina. Lingam puede ser traducido como signo, marca o característica, pero comúnmente se toma como la representación del falo de Shiva.- se alzó de hombros y el moreno tuvo que levantar la cabeza.
-Así que tienes un pene de piedra…- y ante la mirada de sospecha en aquella mirada verde, esta vez fue Draco quien rodó los ojos.
-La verdad es que adquirí el Lingam porque está hecho con una piedra mágica, de ahí provienen sus cualidades energéticas, aun cuando los muggles no lo sepan.-
-Es cierto, la primera vez que vine sentí su presencia… fue algo intenso y un poco hosco.- asintió el moreno y casi inconscientemente se acercó un poco más hacia su compañero. Entonces una de sus manos se movió hacia aquella cabellera rubia y se deleitó con la sedosa textura de sus mechones.
-En India- comenzó Draco y suspiró un poco, ante lo que iba a revelarle al hombre. Lo cierto es que no tenía ninguna necesidad de hacerlo y tampoco le agradaba la idea de exponer algo así gratuitamente, pero en ese momento le parecía que era lo correcto: otorgarle a su compañero una confidencia como esa. –la energía vital de los hombres muggles están en directa relación con la energía de los Dioses masculinos o Devas, como Brahma, Visnú o Shiva. Así mismo, la energía vital de las mujeres muggles está en relación con la energía de las Diosas o Devis, como Durga o Kali. A ésta energía femenina que es complementaria de la masculina, se la llama Shakti.- Harry asintió, frunciendo un poco el ceño, tratando de seguir la línea de pensamientos y sin saber a dónde quería llegar el rubio con eso. –En el caso de los magos y brujas es un poco distinto, ya que la magia tiene características particulares, cualidades que muchas veces provienen de aspectos hereditarios y su poder las hace algo único. Por ejemplo una madre y un hijo pueden compartir características mágicas similares y sus firmas mágicas se parecerán.- añadió y en su mente aparecieron los aristocráticos rasgos de su madre. Ella le había entregado muchas cualidades y él estaba agradecido de cada una de ellas, aun cuando le habían traído problemas alguna vez.
-O sea que un mago puede tener características mágicas de una bruja…-
-No y sí. Digo que no porque la magia finalmente es algo indivisible, no es algo catalogable como magia de mujer o magia de hombre. Se podría decir que en el transcendental equilibrio de nuestro mundo, ambos tipos de magia son similares y complementarios.- como ellos dos. Harry Potter y Draco Malfoy. Carraspeó. –No pueden existir unos sin los otros, pero,- levantó un dedo, -si hablamos rigurosamente, en el Hinduismo mágico se puede encontrar una cierta afinidad entre algunos tipos de magia con Devas o Devis.-
-Ok. Entonces no puedo decir que un mago tenga magia de bruja… sino algo así como… que un mago tenga… ¿magia similar a la de Morgana?-
-Algo así, aunque eso no significa que sea más o menos poderoso. De hecho, muy bien que Merlín pudo tener magia de Devi.- sonrió el rubio y los dedos de Harry enredados en sus cabellos, le eran tan gratos, tan apacibles que le daban ganas de arrebujarse contra él y volver a ronronear. Aunque Draco sabía que mucho de su reacción era producto del poderoso, delicioso, embriagante olor del hombre y su magia tan portentosa como sosegada. El puto hombre era una delicia a sus sentidos.
-¿Entonces yo podría tener magia de Devi?-
-Absolutamente no y una muestra de ello, es que hayas sentido la magia del Lingam como algo hosco.- Harry volvió a fruncir el ceño y sus dedos viajaron suavemente hacia la nuca del rubio, acariciándola cuidadosamente y deseando que fueran sus labios quienes ocuparan ese lugar. –El Lingam es una piedra mágica que representa la energía masculina de un Dios y bajo el principio de complementariedad, sólo un mago o bruja con cualidades mágicas similares y opuestas, podrá obtener y apreciar sus beneficios.-
-O sea que yo tengo el mismo tipo de energía que el Lingam… magia masculina.- el rubio asintió. –Pero tú no tendrías algo en tu casa que te provoque algo tenso u hosco… o desagradable…-
-Es cierto, porque para mí el Lingam me provee de una energía agradable, vivaz y refrescante.-
-¿En serio?- lo miró con ojos sorprendidos y cejas perdidas bajo el flequillo.
-Muy cierto y en India Ahsan se dio cuenta de ello, por eso me envió al templo de las mujeres en Khajuraho. Él pensaba que yo era algo sorprendente, un chico con aura de mujer.- el moreno soltó una pequeña risa, que más había sido un bufido soltado con gracia por la nariz. Entonces se había inclinado sobre Draco y lo había besado deliciosamente, como si intentara consolarlo o reconfortarlo por aquella confusión. -Y no sólo eso, estuve viviendo en su choza por meses, así que tuvo la oportunidad de conocerme bastante bien.- negó como si recordara ese pasado y le resultara ridículo e incomprensible. –Dándose cuenta de mi temperamento reaccionario, amargo, violento e incluso malintencionado, el viejo hombre terminó considerando que yo era algo así como la reencarnación de Kali, una Diosa que acostumbraba a impartir la justicia decapitando hombres y haciéndose collares con sus cabezas.-
-Joder… no sé si en Hogwarts habrías sido capaz de algo como eso, pero de que el hombre estaba cerca… lo estaba.- esta vez Draco se le acercó depredadoramente y le mordió la barbilla.
-Sólo para que sepas, Kali no es una representación de maldad o algo demoniaco, ella es la justicia violenta. Así que si no haces nada malo, yo no tendría por qué cortarte esa atractiva cabecita tuya.- Harry se inclinó y volvió a besarlo de esa forma juguetona y húmeda y pausada y encantadora. –Lo gracioso aquí es que durante la celebración del Kali-puja, la fiesta de Kali… Changuna Kaur, la encargada o algo así como la instructora de las doctrinas, le recomendó a Ahsan que un modo de calmar mi mal humor era casándome espiritualmente con Shiva.-
-¿Estas casado con un Dios Hindú?-
-¿Te acuerdas de esa exposición de arte Hindú que era del profesor de Paul, el amigo de Creevey?- el moreno asintió y aunque la mención de su ex novio le sentó un poco mal, continuar escuchando las palabras del rubio lo hacían olvidar todo lo desagradable. –Él me pintó un punto aquí- indicó un lugar en su frente, -se llama bindi y se utiliza tradicionalmente para distinguir a las mujeres casadas y comprometidas de las solteras. Así que inesperadamente… soy una mujer casada con un Dios Hindú.- Harry rio.
-¿Y no te molesta?-
-No particularmente. Que alguien pudiese burlarse de mí porque soy una mujer casada, me resulta algo insignificante si considero todos los beneficios espirituales, mágicos y energéticos que he vivido a partir de ese simple hecho. Ya no me siento tan a la defensiva o con ganas de patearle el trasero a la mitad de las personas que conozco, ahora puedo contar hasta diez y analizar las situaciones de forma tranquila y objetiva. No.- añadió. –Es imposible que me moleste. Además, no soy el único. Desde la tradición Védica, en India siempre ha existido un tercer sexo o una condición de trans-género, que actualmente se conoce como Hijra. Ellos adoran a Krishna porque según una conocida leyenda, él se transforma en una doncella para casarse con un soldado moribundo y como yo lo hice, los Hijra celebran su matrimonio, aunque al mismo tiempo conmemoran su luto.-
-Vaya, esa es una buena respuesta a ser gay.-
-Ah, pero no te equivoques, no todos los Hijra son homosexuales. Algunos sólo se sienten identificados como mujer y de hecho se castran.-
Entonces el moreno hizo gestos de dolor, eso no sonaba para nada bien. La verdad es que a pesar de ser gay, no estaba muy familiarizado con los transexuales y si no podía imaginar cómo eran las cosas con ellos, todavía menos cómo era para un hombre castrado en India. ¿Vestirían los mismos vestidos de Parvati Patil? ¿Vivirían una vida normal? ¿Serían tan demonizados como lo eran en occidente?
Harry pensaba en ello mientras acariciaba los suaves cabellos de su compañero, mientras se relajaba en el gusto de tocarlo y sentir su calor cercano. Mientras la respiración del hombre le toca la barbilla y sus ojos plateados le miran con atención. Esos hermosos ojos grises. Cuántas maravillas habrían visto esos ojos en todos los años que han estado separados. Parecía un mundo entero de distancia entre la simple rutina del moreno y todas las experiencias que habían enriquecido la existencia de Draco.
-Siempre tienes tanto que contar. Siento que me da envidia todo lo que has visto, tan exótico y extraño.- dijo todavía deslizando sus dedos a través de esa nuca tibia, delgada y llena de garbo. -¿Te he dicho que me encanta que seas tan inteligente?-
-Oye, en Hogwarts era igual de inteligente y nadie me dijo algo así nunca.- se quejó y el moreno aprovechó la oportunidad para darle un suave beso en los labios. No pensaba decirle que en el colegio él había creído que tenía la cabeza llena de aire. -Pero supongo que utilizar mi creatividad para el mal no siempre es recompensado.-
-Supongo que nunca nos dimos la oportunidad… y tampoco fue el mejor momento, en general todo estaba bien fregado.-
-Nunca nos dimos la oportunidad.- repitió el rubio, pero en su mente había otra palabra mucho más marcada y dañina. Potter tampoco le había dado la oportunidad de conocerse, meses atrás, él había creído que era desagradable y si no fuera porque Draco se había obligado a mostrarse amable, útil y humilde, el hombre seguiría con esa estúpida impresión. Cuánto había dolido en su amor propio. Cuánto había deseado castigarlo por su desprecio.
¿Qué habría sucedido si Draco simplemente lo hubiese ignorado? ¿Potter seguiría pensando en él como un incordio desagradable? ¿Y por qué había tenido que ser el rubio quien diera el primer paso en esa tregua? ¿Por qué había tenido que ser él quien se dejara leer abiertamente, quien doblegara su orgullo, quien tuviera que evidenciar sus nuevas buenas maneras? ¿Por qué tenía que ser él y no Potter?
El rubio ya podía decir que allí estaba el objeto de su expiación, la catarsis de ese pasado miserable que todavía lo atormentaba. Un pasado lejano que todavía determinaba su presente y que él estaba obligado a demostrar como una increíble metamorfosis que sí había resultado.
Mirar al moreno le producía esa desesperante ambivalencia, la paradójica sensación de pros y contras apuntando directamente a las definiciones de su vida, todo aquello que lo hacía ser quien era y que Potter cuestionaba con su simple sonrisa de idiota… con su magia encantadora, su cuerpo atractivo y sus ojos salvajes.
No podía dejar de pensar que se estaba dejando follar por el hombre que pensaba de él como en algo desagradable.
-Creo… creo que necesito esa ducha.- anunció removiéndose para salir de ese nido de mantas y sintiendo esos ojos verdes demasiado intensamente sobre su rostro. –¿Quieres comer algo después?- preguntó un poco indeciso.
-Ah…- Harry lo miró atentamente, pensando unos segundos. -¿Puedo quedarme?- Draco lamió sus labios.
-Claro.- sentenció antes de levantarse.
-¿Y puedo acompañarte en la ducha?- sonrió con sus brillantes y blancos dientes.
-Sí quieres.-
-Claro que quiero.-
Y no pasaron más de dos segundos antes de que Harry fuera tras los pasos de Draco, atrapando su cintura y buscando todo contacto que fuera posible.
El lunes Harry se había tenido una pequeña reunión con el Jefe Robards durante la mañana, pero además de un ceño fruncido, nada fuera de lo común había sucedido. Luego el viejo hombre había sido llamado por el Ministro y había salido. Ninguno lo volvió a ver por el resto del día, ni al día siguiente, pero la suerte no les podía durar tanto y el miércoles en la mañana había asomado su nariz en la sección abierta del Cuartel.
Un poco aprensivo de la imagen que tenía delante de sus ojos, él lo había estado mirando toda la mañana, desde que el hombre había salido de la reunión en la oficina de Robards. Draco había tenido que suspirar con resignación al verlo pasar como una nube negra amargándole el ambiente a los demás, como siempre Potter no se había dado cuenta y era casi seguro que ni siquiera fuera consciente de su ceño fruncido y su cara de banshee al borde de la masacre.
Lo peor es que Draco ya había hecho todo lo posible para calmar su magia perturbada, para intentar mantener su ánimo en alto, su voluntad fuerte y su autoestima protegida pero, o Gwain Robards era un especialista en destruir jóvenes espíritus o es que Potter era ridículamente susceptible a la desmoralización. Paseándose como una alma fatalista, como un dementor extendiendo el frío de los peores momentos… ¡era tan frustrante! Sobre todo cuando el resto de la División lo observa como una premonición de algo terrible, desconcentrándolos, preocupándolos. ¡Molestándolos!
Y lo cierto es que él ya sabía cuál era una de las raíces del problema: mientras por un lado el hombre se permitía ser Harry con Draco, con Andrómeda, con su familia y amigos; por otro, era simplemente el auror Potter dentro del Ministerio, como si demonizara la Institución con las limitaciones que la caracterizaban. ¡Era un idiota!
-¿Qué sucede?- lo atajó al fin, en uno de esos desesperantes paseos por el Cuartel en donde dejaba destilar todo su mal humor a los demás aurores.
-Nada.- respondió el moreno con un gruñido bajo.
-Harry.-
-Nada que no pueda resolver, ¿de acuerdo?-
-Harry.- repitió el rubio y cuando el hombre ya se comenzaba a alejar, después de otro bufido y un negativo gesto de cabeza, Draco decidió retenerlo por el brazo. –Harry.- entonces vio el ceño fruncido y sintió la tensión de su cuerpo. Ya no era sólo su magia pesada y ominosa, áspera contra la suya. Ciertamente no era nada tan fácil como quería convencerlo el moreno. –Ven.-
-Draco…- le advirtió con voz apretada.
El rubio no dijo nada más, pero lo soltó y comenzó a avanzar por el pasillo fuera de la zona de oficinas y escritorios de atención. Viéndolo caminar alejándose de él, Harry no tuvo más alternativa que seguirlo. Gruñó y rabió internamente, pero no podía decirle que no a Draco. No había nada que pudiera negarle, aun cuando estaba seguro que lo iba a cuestionar y él no estuviera con ánimos para responder.
Antes de llegar a las escaleras laterales del Cuartel, unas que nadie utilizaba por motivos de inconveniencia, el rubio se adentró en el almacén de archivos. Como ocurriera en la sala de las Profecías, en el Departamento de Misterios, por fuera parecía ser una salita sin mucho contenido, pero tenía tanto espacio como para aguantar varias decenas de repisas, ficheros y estanterías con documentos criminales.
Si el rubio deseaba privacidad para conversar, ese era el mejor lugar dentro del Cuartel.
-¿Dime qué quieres?- preguntó por fin, siguiendo a Draco hasta el tercer o cuarto pasillo de estantes.
-Está bien si no quieres decirme qué sucede, pero creo que deberías tomarte un tiempo para calmarte. Especialmente si se va a llamar a reunión después y tienes que hablar con los demás.-
-Estoy calmado.- alzó las cejas con desinterés, intentando parecer como si no le importara, mientras apoyaba la espalda contra la repisa que tenía justo detrás.
-Sí, claro.- bufaron cerca, -¿Y por eso luces tan tenso y tu magia parece lija?-
-Draco…- dijo y el rubio alzó las manos inmediatamente.
-Mira, no voy a discutir contigo.- el rubio se acercó un paso y lo observó con gesto apacible, sólo mirándolo con atención. -¿Está bien?-
Harry sabía que él nunca le iba a reclamar, nunca le iba a prejuiciar, ni a dar sermones, de esos que el moreno ya estaba cansado de escuchar y que todos parecían tan propensos a darle. No. Por el contrario, Draco siempre le había ayudado, apoyado, aconsejado. Por qué tendría que dudar ahora.
Continuará =D
¡Otra escena cortada a la mitad! XD
Y continuamos ahondando en la relación de Harry y Draco, cómo se acoplan perfectamente y descubriendo cómo la mítica del hinduismo, le dio tranquilidad a nuestro Slytherin, en su peor momento.
Bien, me voy despidiendo y nos leemos la próxima semana.
¿Me merezco un comentario? =D
