El juego de Eva (Fifty shades of Ezeva)

Disclaimer: Total Drama Island y sus personajes son propiedad de sus creadores. Yo escribo por diversión y sin animo de lucro.

Resumen: Eva tuvo una conversación que hizo que se plantease cosas. Ahora está dispuesta a vencer su miedo al sexo con la ayuda de sus amigos y a vivir sus primeras experiencias.

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El juego de Eva (Fifty shades of Ezeva): PARTE 2.4

Habían pasado dos semanas aproximadamente desde la discusión de Ezekiel y Eva, por suerte lo habían arreglado. Ambos estaban disfrutando de su tarde de sábado a la sombra de un árbol en el parque que estaba cerca de la casa de Zeke, originalmente habían ido a comer un helado pero al encontrar la heladería cerrada se habían conformado con pasar un rato allí entre los pinos mientras se besaban acarameladamente.

—¿Ya tienes el vestido para el baile, eh? —preguntó Ezekiel separándose.

Eva se puso roja al escucharle y recordó cómo de caótico había sido ir a comprar el vestido con Izzy y con su madre...

.*.Flashback.*.

¡Eva Garren, ven aquí ahora mismo! —gritó Olga muy enfadada.

¿Qué pasa? Estaba estudiando—preguntó la chica bajando las escaleras. Allí estaban su madre e Izzy.

¿Cómo no me habías contado que dentro de nada tenéis un baile en el insti? —dijo la mujer frunciendo el ceño.

Esto...¿para qué te lo iba a contar?

¿No pensarás ir al baile en chándal, verdad? —contestó su madre.

No, claro que no pero es que Zeke y yo habíamos pensado en ir con vaqueros y camisa —explicó Eva. La verdad es que no había hablado de eso con Zeke, pero no quería nada en el mundo con tanta intensidad como librarse de lo que estaba por venir.

¡De eso nada! Ahora mismo vamos a comprarte un vestido.

¡No!...quiero decir, hoy no puedo porque mañana tengo un examen —mintió la chica.

No, no tenemos ninguno —dijo Izzy mirándola extrañada. Eva hizo un facepalm mental.

Sí, claro que sí —dijo Eva guiñándole el ojo para indicarle que le siguiese el juego.

¿Por que no dejas de abrir y cerrar el ojo, Eva? ¿Se te ha metido algo? —preguntó Izzy.

Bueno, pues nos vamos —anunció Olga.

Eva las siguió de muy mala gana hasta el coche y, una vez en el centro comercial, fue arrastrando los píes detrás de su madre y de su amiga.

¿Izzy, tu madre no ha podido venir? —preguntó Olga.

No, aunque ella piensa que estos bailes son una tontería de todos modos.

Qué suerte tienen algunas —dejó caer la morena. Su madre la fulminó con la mirada.

¿Y qué color habéis pensado llevar, chicas? —preguntó Olga intentando animar un poco a su hija.

Yo quiero verde, ¡es mi favorito! —dijo Izzy.

Yo... ni idea.

Pronto llegaron a una tienda de vestidos de fiesta y graduación y cuando entraron se encontraron con dos personas conocidas: Beth y Lindsay.

Hola chicas —las saludó una sonriente Beth.

¿Son amiguitas tuyas, Eva?

Sí, y juntas formamos el equipo Tampax (n/a: Tampax es una marca registrada que no me pertenece y que aquí únicamente se menciona con fines humorísticos) —dijo la morena. Olga no se lo debió tomar muy bien porque apretó los dientes tanto que los hizo rechinar.

¿Puedo ayudarlas en algo? —preguntó una chica joven con un uniforme negro, es decir una dependienta.

A mi sí —dijo una sonriente Lindsay—. Quiero un vestido de putón verbenero.

Todas la miraron con incredulidad pero Lindsay no parecía percatarse de lo absurdo de su petición.

¿Cómo dices? —preguntó la dependienta confusa.

Lindsay...¿por que quieres parecer... um... eso? —preguntó Beth, más acostumbrada a los comentarios locos de su rubia amiga.

Porque Alejandro dijo que le gusto mucho a Tyler cuando me visto como un putón verbenero —explicó con una sonrisa.

Em... buenoo... ¿qué tal si simplemente buscamos algo que te favorezca? —sugirió la dependienta con una sonrisa muy forzada.

¡Hecho! —dijo la madre de Eva.

La dependienta les guió hasta unos percheros cercanos a la zona de probadores. Frente a los mismos había una pequeña pasarela con espejos que impresionó a todas por igual.

Algunas chicas quieren verse andar y comprobar si el vestido les favorece completamente —explicó la dependienta.

¿Habrán vestidos para mi? —preguntó una insegura Beth. La dependienta asintió.

Tenemos una gran oferta en tallas y estilos, además nuestras costureras arreglan los vestidos para que se ajusten al cuerpo de cada chica. Por ejemplo tú y tú —dijo señalando a Eva y Lindsay—. Es probable que necesitéis que os ajusten el escote de vuestros vestidos porque tenéis un pecho muy grande.

Eva se sintió aún más insegura que cabe con lo del vestido. ¿Y si enseñaba demasiado? Ella no quería parecer una buscona, ella quería parecer una más.

¿Por quién empezamos? —preguntó la dependienta. Al ver que ninguna se ofrecía Beth dio un paso al frente y pronunció un "yo" muy bajito—. Muy bien, ¿cómo te llamas querida?

Me-me llamo Beth.

Muy bien, Beth ¿qué idea llevabas en mente? —antes de que la de gafas pudiese responder la dependienta les indicó a las demás un par de sofás—. Pueden sentarse ahí. ¿Cómo te gustaría que fuese tu vestido?

Rosa —dijo. Era lo único que tenía claro.

¿Algo más?

¿Puede ser corto?

¡Claro que sí!

Después de eso la chica de la tienda llevo a Beth a los percheros y hablaron mientras la mujer de negro le mostraba vestidos a Beth que ella aceptaba o rechazaba, y cuando tuvieron tres ambas desaparecieron tras la cortina de un probador. Al rato la de gafas salió con un pomposo vestido rosa cuyo busto se ajustaba a su cuerpo gracias a un par de pinzas metálicas y todas la observaron mientras se paseaba no muy convencida por la pasarela, claramente no le gustaba. Aún así se giró y miró a sus amigas dubitativa.

¿Qué os parece?

Es demasiado cursi —dijo Eva. Su madre le dio una colleja—. ¡Au!

Es como graaaaaaaande y parece que se te coma —dijo Izzy.

A mi me gusta —dijo Linds.

Beth se miró un par de veces más al espejo y suspiró.

No, este vestido no es para mi.

Beth volvió al probador y entonces Izzy se levantó y empezó a curiosear los vestidos por su cuenta.

¡Este me gusta! —y sin darle tiempo a sus acompañantes de que viesen su elección entró corriendo al probador que estaba junto al probador de Beth.

Eso ha sido una decisión rápida —dijo sorprendida Olga.

Habrá que ver cómo le queda —contestó Eva enfurruñada.

¿Tienes que ser tan negativa siempre? —le recriminó su madre.

Aquí sólo hay vestidos para niñatas cursis —dijo Eva—. No me va a gustar ninguno.

Entonces Izzy salió con un vistoso vestido de color verde con detalles en fucsia y una falda corta de... plumas.

¡Este vestido es 100% yo! —exclamó.

Razón no le falta —dijo Eva.

Anda, qué guapa Izzy —dijo Beth saliendo del probador. Todas se quedaron boquiabiertas al verla —. ¿Qué pasa? ¿Tan mal me queda? —preguntó. Claramente no se había visto.

El vestido era de color rosa chicle y le llegaba por encima de las rodillas y el escote en uve le favorecía mucho. La falda se movió graciosamente cuando ella andó hasta la pasarela.

¡Estoy preciosa! —exclamó sonriente—. ¡Justin se va a volver loco cuando me vea!

Uy, uy, uy, ¿quién es ese Justin? —preguntó la madre de Eva.

¿Pues quién va a ser, mamá? Su novio —contestó Eva rodando los ojos.

Creo que a Owen le voy a encantar con esto —comentó Izzy.

"En cambio yo a Ezekiel le gustaría más completamente desnuda" pensó Eva. La idea le pareció tan graciosa que se rió. Su madre la fulminó con la mirada.

Como la chica ya ha acabado con tu amiga ahora podrá atenderte a ti —dijo Olga.

Por supuesto. Le cobro a tu amiga y vuelvo.

No, no que atienda a Lindsay primero —dijo Eva deseando librarse. Justo entonces apareció otra dependienta.

¿Necesitas ayuda, Susan?

Sí claro Emily. ¿Puedes atender tú a esta chica? —pidió la primera dependienta a la recién llegada.

Eva fue conducida por la tal Emily hasta los numerosos percheros pero nada le gustaba. Exasperada la mujer le preguntó si tenía alguna idea de lo que quería.

Que me tape las tetas —dijo Eva.

Bueno, cualquier vestido te las tapará querida —dijo la mujer a forma de broma. A Eva no le pareció graciosa y ella lo notó—. ¿Y qué me dices del color? ¿De qué color lo quieres?

Eva lo meditó unos instantes.

Negro.

Entonces la dependienta la miró unos instantes antes de sonreír.

Tengo el vestido perfecto para ti.

.*.Fin del Flashback.*.

—Vaya, parece que fue un día interesante, eh.

—Loco diría yo.

—¿Y cómo es tu vestido, eh? —preguntó Zeke sintiendo verdadera curiosidad. Eva le sacó la lengua.

—No te diré eso.

Ezekiel le metió un morreo.

—Seguro que pareces una diosa con él puesto, eh —dijo él mirándola fascinado.

—Bueno, no exageres —dijo ella muy muy roja.

—Eva... mi padre ha pagado una habitación de hotel para esa noche, eh.

—¿Una sorpresa para tu madre? —preguntó despreocupada.

—Em... no. La sorpresa era para nosotros, eh —dijo él nervioso.

Eva se quedó callada un buen rato.

—¡¿QUÉ?! —dijo cuando recuperó la capacidad de hablar.

—Mi-mi padre quiere que la noche del baile sea especial y... ha-ha pagado por una habitación de hotel con jacuzzi y desayuno incluido, eh.

—¿Qué?

—E-El hotel es de cua-cuatro estrellas, eh.

—Ezekiel... mis padres jamás me dejarán pasar la noche contigo, lo siento.

—Po-podemos hablar con ellos, eh.

—¿Y qué íbamos a decirles, cariño? Sólo conseguiremos que se enfaden con los dos y-y yo no quiero que se enfaden con nosotros.

—Eva, ¿aún no les has dicho que el año que viene viviremos juntos, eh?

—No... lo siento, es que no sé cómo se lo tomarán —dijo ella acariciando la mano de su chico.

—Ya no eres un bebé, Eva. Somos adultos ya y nos iremos a la universidad en unos meses, eh.

—Lo sé, Zeke.

—Yo no quiero presionarte Eva, eh —dijo él algo avergonzado.

—Yo no me siento presionada, Ezekiel —le dijo con una sonrisa.

—Pero creo que es el momento de que hablemos en serio con ellos sobre nuestra relación, eh.

Eva jugueteó un poco con el collar que Zeke le había regalado la noche que fue a cenar a su casa.

—Tienes razón.

Y, dicho esto, se besaron con amor como sellando una promesa. Cuando se separaron se sonrieron el uno al otro.

—¿Será nuestra noche? —preguntó ella—. Nuestra primera vez...

—¿No es un poco cliché perder la virginidad la noche del baile, eh? —preguntó él con una sonrisa.

—Y cursi —completó ella.

—Ya.

—¿Pero sabes qué?

—¿Qué, eh?

—Que tú haces que me guste ser cursi.

—Eso ha sido cursi, eh —dijo él con una sonrisa.

—Tú eres cursi —contestó ella siguiéndole el juego.

—Y tú, eh.

—Tú más.

—¿Ya te has pensado si vas a ser la señora Miller y a llevar un vestido blanco con detalles de color rosa en nuestra boda, eh? —preguntó él para tocarle las narices.

—Vete a la mierda, gilipollas —contestó ella cruzándose de brazos sonrojada.

Ezekiel se rió cuando ella dijo eso.

.

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.

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Sierra se quedó mirando a la nada mientras Cody, frente a ella, le tendía una flor preciosa y amarilla. La chica había estado actuando de un modo muy extraño las últimas semanas y el chico había querido que ella se sintiese especial. En la mente de Sierra sin embargo todo estaba empezando a estallar, había soportado el dolor en silencio y había aguantado sin decirle nada a Cody, todo con tal de no perderle, pero ya estaba harta.

—Cody —dijo con una seriedad impropia de ella.

—¿Qué para, amor mío?

—Vete a tomar por culo.

Continuará...

Notas de la autora: Holaa :D disculpadme, he tardado porque no tenía acceso a mi portátil :(

Reviews:

kena86: Ya veremos... :P

juanjonh343: Espero que aunque no sea una sola historia te siga gustando ^.^

Guest: Pues aquí lo tienes ^.^

Nos leemos (espero que pronto)

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