- ¡Korra! Es hora del desayuno muchacha holgazana. – Se escuchó la voz gruñona de una dama de edad avanzada, Asami abrió los ojos lentamente y sonrió al notar la figura de la morena descansando a su lado.

- Korra. – Murmuró acariciando su rostro con delicadeza, sus piernas se encontraban entrelazadas y ella descansaba cómodamente entre los cálidos brazos de la joven Avatar, a pesar de encontrarse rodeadas de hielo no había sentido el frío durante la noche.

-Es muy temprano, duerme otro poco. – Murmuró perezosa causando que una pequeña risa escapara de los labios de la ojiverde.

- Nada me encantaría más pero alguien te está llamando. – Dijo antes de depositar un beso sobre su frente.

- Si no haces ruido se irán pronto. – Sonrió de forma traviesa manteniendo los ojos cerrados.

- Lo dudo. – Rió y de forma inevitable volvió a acurrucarse escondiendo el rostro en el cuello de la morena.

- ¡Korra! Más vale que no me hagas entrar ahí o lo lamentaras. – Volvió a escucharse la misma voz que la joven Avatar reconoció de inmediato.

-Yo conozco esa voz… Asami te va a encantar esto. – Sonrió y al fin sus ojos se abrieron solo para encontrarse con la reconfortante mirada de la pelinegra.

- ¿Alguien a quien deba conocer? – Arqueó las cejas mientras preguntaba.

- Sin duda alguna, alguien a quien debes conocer. – Sonrió la morena acercándose para besar aquellos rosados labios que siempre parecían tener un efecto magnético sobre ella.

Suaves caricias iban y venían mientras sus labios danzaban en perfecta sincronía, pequeños escalofríos subieron por su espalda al sentir las manos de Asami rozando su piel, el calor que había en su pecho comenzaba a aumentar a una velocidad peligrosa, era algo que no podía evitar, Asami solía tener ese efecto sobre ella.

- ¡Korra! – Volvió a escuchar pero esta vez su reacción fue menos tranquila.

- ¡Toph! Dame tiempo para despertar. – Bufó mientras sentía como su corazón latía a toda prisa, sus brazos sostenían a Asami firmemente contra su cuerpo, aquellos ojos verdes la miraban con deseo y una pequeña sonrisa traviesa la invitaba a seguir con lo que estaba haciendo segundos antes.

- Solo ponte de pie y camina al comedor ¿Cuánto tiempo te puede tomar hacer eso? – Reclamó la mayor.

- Tengo visitas. – Renegó y de inmediato volvió a relajarse al sentir los labios de Asami sobre su cuello.

- Asami Sato puede hacer exactamente lo mismo. – Alegó su maestra.

- Iré en unos minutos. – Habló con debilidad intentando no sonar agitada, los traviesos dedos de Asami ahora acariciaban su ingle acercándose peligrosamente al centro.

- Date prisa Korra. Katara y yo debemos salir pronto así que no podemos perder el tiempo esperándote. – Sentenció la mayor.

- No prometo nada. – Murmuró en un jadeo mirando a la ojiverde en modo de advertencia.

- ¿Algún problema Avatar? – Preguntó de forma coqueta.

- Me distraes demasiado. – Dijo acercándose a ella para tomar sus labios en un beso apasionado.

#########

Cerca de quince minutos después todos se encontraban sentados a la mesa. El menú consistía en pescado frito y una sopa de algas marinas, Asami se encontraba a la derecha de Korra y a la izquierda tenía a Toph, frente a ellas se encontraban su madre, Katara y Kya y en la orilla de la mesa se sentaba Tonraq.

- Asami, hemos escuchado mucho sobre ti y sobre tu pueblo. – Habló la dulce anciana que le habían presentado como Katara.

- Si, ha sido toda una aventura pero hemos logrado muchos avances… claro, nada de eso hubiese sido posible sin la ayuda de Korra. – Asintió con la cabeza antes de tomar un bocado de su plato.

- Al menos sabemos que has hecho algo bien. No vine a este congelador solo a perder mi tiempo con una jovencita renegada. – Habló la maestra al lado de Korra.

- Gracias Toph. – Bufó Korra rodando los ojos.

- Entiendo que ustedes vinieron aquí a entrenar a Korra pero han pasado años desde que ella partió. ¿Está bien si pregunto el motivo de que ustedes continúen aquí? – Habló Asami.

- A veces es más sencillo vivir en un congelador libre de rebeldes que andar en tierras cálidas rodeadas de cazadores en busca de miembros de la Orden del Loto Blanco. Ya estoy vieja para lidiar con ellos. – Bufó Toph.

- Es mejor mantenernos ocultos. Mi madre ya no es tan ágil como antes así que prefiero acompañarla para asegurarme de que se encuentre bien, incluso en estas tierras hay veces que los rebeldes aparecen de la nada persiguiendo a los sospechosos de pertenecer al Loto Blanco y tanto el rostro de mi madre como el de Toph son conocidos. – Explicó Kya. – Debo cuidar de ellas y este parece ser el lugar más tranquilo que hemos visitado hasta el momento. – Sonrió.

- No necesito que me cuides niña. Seré anciana y ciega pero aún tengo un par de trucos escondidos bajo la manga. – Alegó Toph.

- Toph, deja de ser orgullosa, no somos lo que solíamos ser en el pasado. – Dijo Katara mirando a su amiga mientras comía.

- La esposa del Avatar deja que la gente diga que es una anciana indefensa. ¿No suena un poco lamentable? – Respondió Toph.

- ¡Somos ancianas Toph! – Renegó Katara.

- Pero no cualquier par de ancianas. – Rió su amiga con orgullo.

- Basta. No digas ni una sola palabra más. – Ordenó Katara. – A veces eres tan testaruda. – Dijo negando con la cabeza.

- Soy una anciana, es mi trabajo ser testaruda. – Respondió Toph encogiéndose de hombros y Korra rió recordando los tiempos en los que comenzaba a conocer a ese par de mujeres, siempre le pareció que eran opuestas y al mismo tiempo similares en muchas cosas.

A pesar de que se encontraran pasando un buen momento había algo que comenzaba a incomodar a la morena y ese era el silencio que su padre mantenía, por lo general solía reír más o hablar más en reuniones similares pero ahora se encontraba callado, había notado aquel ligero cambio después de la conversación que habían tenido el día anterior lo que la dejaba pensando, Unalaq parecía haber sido una persona importante en la vida de su padre y era extraño pensar que nunca había sido mencionado a lo largo de los años.

Luego de la comida Katara y Toph volvieron a partir con Kya acompañándolas. Tonraq salió a acompañar a otros hombres a pescar y solo quedaban Korra, Asami y Senna en casa. Asami había notado la intriga en el rostro de su morena y Korra no le quitaba la mirada de encima a su madre que se dedicaba a lavar los platos mientras ellas descansaban del otro lado de la habitación. La joven Avatar sabía que sus padres tenían una relación ejemplar y esperaba que entre ellos no hubiese secretos así que si quería preguntar a alguien sobre el tema del "viejo amigo" de su padre la mejor persona para proporcionar respuestas debía ser su madre.

- ¿Korra está todo bien? – Murmuró la ojiverde un poco preocupada.

- Si, bueno. – Pausó y se dio un tiempo para mirar el rostro de Asami. – Es mi padre, me pareció que el día de hoy se encuentra demasiado callado… y me parece que se debe a la conversación de ayer. – Suspiró. – Siento que hay algo que no me quiere decir. – Se encogió de hombros.

- A mí también me sorprendió cuando dijo que él y Unalaq se conocieron cuando eran jóvenes… - Meditó la pelinegra. – A decir verdad si se mostró un poco consternado luego de haber mencionado a Unalaq. – Meditó en voz alta arrugando las cejas.

- Al menos no es algo que solo yo haya percibido. – Sonrió la morena un tanto triste. – Asami ¿Qué tal si Unalaq aún tiene importancia en la vida de mi padre y yo debo… lastimarlo? – Bufó y apretó la mandíbula. – No quisiera lastimar a nadie, mucho menos quisiera lastimar a gente preciada para mis seres queridos. – Negó con la cabeza y apretó los puños.

- Korra, tu padre dijo que está bien. No importa que tan importante sea esa persona para él porque al fin y al cabo no tiene control sobre la vida de otros y no puede mantenerlos alejados de los caminos que hayan decidido tomar con el paso de los años. – Intentó confortarla acariciando su espalda suavemente.

- Debo preguntarle a mi madre. – Suspiró. – Mi padre no se mostraría así de afectado por una pequeñez, eso es lo que me preocupa. – Sus ojos confundidos encontraron los de Asami y esta le ofreció una cálida sonrisa.

– Ve y habla con ella, yo estaré en la habitación trabajando en unos planos. – Dijo con tranquilidad.

- ¿Planos? – La miró confundida.

- Un mapa de estas tierras… estoy segura de que aquí también hay antenas. – Se encogió de hombros y le ofreció una mirada inocente.

- Este viaje fue todo menos algo improvisado ¿Cierto? – La acusó arrugando las cejas.

- Pues… no esperaba que accedieras a venir tan fácilmente ¿Eso cuenta cómo improvisación? – Volvió a sonreír y la morena rió.

- Para nada. – Negó con la cabeza.

- Al menos lo intenté. – Rió Asami tomando la mano de la morena con la suya para estrecharla mientras la miraba a los ojos. – Habla con ella, siempre es mejor tratar las cosas cuando las hablas con los demás. – Se acercó y besó su frente para luego desaparecer en el pasillo que llevaba a su habitación.

Su madre continuaba ordenando la cocina mientras ella meditaba en silencio, a veces había verdades que dolían más que la ignorancia. ¿De verdad quería saber quién era Unalaq? Suspiró, una parte de ella no quería enterarse y otra no quería verse obligada a castigar a una persona que pudiera ser importante para su propio padre sin ella estar al tanto de ello.

- Así que Asami Sato he. – La voz de Senna rompió el silencio.

- ¿Si? – Korra sacudió la cabeza para salir de los profundos pensamientos que la habían atrapado.

- No creas que no veo la manera en que interactúas con ella. – Sonrió la mayor alzando una ceja.

- ¡Oh! Asami… - Murmuró al fin entendiendo a lo que su madre se refería.

- Si, eso dije. – Rió Senna. – La chica a la que no le quitas los ojos de encima. – Agregó y las mejillas de la morena se pintaron de rosa.

- ¿Qué hay de ella? – Pretendió no entender el tema de la conversación.

- Esa es mi pregunta. ¿Qué hay de Asami Sato? – Volvió a sonreír mirándola de forma acusadora.

- Nada…- Aclaró su garganta. – ¿Es solo una buena amiga? – Desvió la mirada y su madre rió por lo bajo.

- ¿Eso fue una pregunta o cuenta como tu respuesta? – Interrogó.

- Em… - Suspiró antes de bufar y ocultar su rostro entre sus manos. – No estoy segura de cómo explicar esto. – Podía sentir su rostro arder y su corazón latiendo a toda prisa.

- Es sencillo. – Dijo Senna con tranquilidad. - ¿Ya hay algo entre ustedes o aún no confiesan lo que sienten? – La miró con curiosidad. – Porque no solo tú tienes esos ojos de cachorro cada vez que la ves, ella también tiene una mirada especial para ti. – Meditó en voz alta haciendo que el corazón de la morena diera un pequeño salto al escuchar aquello salir de los labios de su madre, Asami la miraba de forma especial, pensaba con satisfacción.

- Y ahí está esa torpe sonrisa. – Rió Senna. – Todas las señales son claras así que no creo que sea difícil de explicar. – Se burló y Korra arrugó las cejas.

- Asami es mi novia. – Confesó pasando saliva, se sentía un poco nerviosa ya que la persona frente a ella no era nadie más que su madre, aquella persona que tanto la había amado a lo largo de toda su vida y era importante para ella que su madre supiera de su relación con Asami pero ya que aquella visita se había dado de forma tan repentina no había planeado una buena manera de hablar con sus padres al respecto y no esperaba que su madre la fuera a confrontar de forma tan directa.

- Es una chica hermosa. – Dijo la mayor con una gran sonrisa en el rostro.

- Lo es. – Rió Korra acercándose a su madre para envolverla entre sus brazos, aquel no era un tema sencillo de abordar, las personas no solían aceptar una relación similar porque a pesar de encontrarse en algo parecido al fin del mundo las personas se preocupaban por preservar a la Humanidad como especie así que era algo casi obligatorio que todo hombre y mujer encontrara una pareja del sexo opuesto con el fin de procrear. – Gracias. – Murmuró intentando evitar que lágrimas cayeran de sus ojos.

- No hay nada que debas agradecer Korra… El avatar nace con un pesado destino atado a su espalda, lo menos que merece es tener a esa persona especial a su lado que le ayude a soportar la carga y no creo que importe quién sea esa persona siempre y cuando se encuentre dispuesta a compartir ese complicado estilo de vida. ¿No lo crees? – Murmuró sosteniendo a su hija con fuerza cerca de sí. – No sabes cuantas veces me encontré rogando para poder volver a verte Korra. – Sollozó. – Y cuantas veces rogaba porque encontraras buenas personas en tu camino que te ayudaran a cumplir tu misión y te protegieran. – Suspiró. – He escuchado que el pueblo de Asami proclama defender al Avatar y ahora al ver a la afamada líder me queda claro que ella haría lo que fuera por cuidar de ti. Así que no hay nada que explicar cariño, puedo ver y sentir el amor que hay entre ustedes y eso es lo que importa. Solo importa que exista alguien al lado de mi hija en quien puedo confiar. – La miró a los ojos y con su pulgar limpió la lágrima que bajaba por la mejilla de su hija.

- Creo que simplemente fui afortunada. – Rió levemente. – Asami es una persona asombrosa.

- Solo lo mejor para mi pequeña. – Sonrió Senna de forma juguetona y Korra rió.

- Madre, yo también tengo una pregunta. – Recordó e intentó no romper el contacto visual entre ellas.

- Dime. – Dijo expectante.

- ¿Quién es Unalaq? – Continuó mirando el azul en los ojos de su madre y le fue fácil notar el cambio en su expresión y lo que le fue más preocupante era el reflejo de una mirada triste.

- Korra… es mejor que no lo sepas. – Desvió la mirada y se alejó de su hija para tomar asiento a la mesa. – Unalaq siempre fue problemático y tu padre nunca logró convencerlo de alejarse de los grupos rebeldes. – Dijo mientras mantenía la mirada baja y los hombros caídos.

- Pero ¿Quién es él? ¿Y por qué nunca me hablaron sobre una persona así de importante en la vida de papá? – Tomó asiento al lado de su madre.

- Porque Unalaq se encontraba demasiado involucrado con los rebeldes Korra, no queríamos relacionarte con él o a él contigo de ninguna manera. – Exhalo pesadamente.

- ¿Y quién es él? – Continuó insistiendo.

- Creció con tu padre, eran muy unidos. – Habló aún sin dirigirle la mirada a su hija sabiendo que el Avatar era capaz de detectar las mentiras con ayuda de sus poderes de maestro tierra, tal vez aquello no era algo que ella quisiera hacer pero la Orden del Loto Blanco les había enseñado a ella y a su esposo a burlar ciertas habilidades del Avatar para poder engañarla, había secretos que la orden no compartía con el Avatar con el fin de protegerlo y debido a esto contaban con estas herramientas, en este caso no debía mentir, simplemente debía contestar con la verdad sin tocar el tema de forma directa.

- ¿Eso es todo? ¿Solo buenos amigos? – Insistió.

- Se cuidaban las espaldas, siempre andaban juntos y fue así desde sus inicios hasta que Unalaq comenzó a involucrarse con los rebeldes. – Apretó los labios y arrugó las cejas.

- Entonces eran como familia. – Murmuró la morena intentando comprender.

- Como hermanos. – Murmuró Senna sintiendo un nudo en la garganta. – Korra, tu padre no quiere que esa historia se interponga en tu misión, por favor no dejes que esto entorpezca tu juicio. – Pidió mirando los cálidos ojos de su hija que ahora se mostraban llenos de preocupación, le partía el alma no poder compartir con ella la verdad pero Tonraq le había pedido que no le dijera nada al respecto y comprendía el motivo.

- Intentaré obtener el documento sin la necesidad de dañar a alguien. – Suspiró.

- Korra, si la situación se presenta por favor no dudes en reaccionar a tu conveniencia. – La miró Senna de modo insistente.

- Lo prometo. – Sonrió con desgano.

La tarde pasó a prisa, más rápido de lo que la morena esperaba. Pronto se llegó el momento de partir y las dos se dieron un tiempo para despedirse de la familia de Korra y sus maestras. El camino de regreso fue un tanto diferente al que usaron para llegar pues Asami había ubicado una antena que planeaba usar para conectar a la gente de las tierras del sur a la pequeña red de comunicación que pretendía establecer haciendo uso de los portales espirituales. El propósito era conectar el Sur, el Norte y el pueblo en las ruinas de Ciudad República, ya que la señal se transmitía por los portales era posible conectar a los tres de esa manera y ese era la siguiente meta de Asami Sato.

Con ayuda de sus poderes la joven Avatar desenterró y elevó la antena, Asami evaluó los daños y anotó en su libreta los detalles con el fin de preparar los materiales necesarios para su siguiente visita y así poder arreglar esa antena.

Cuando cruzaron el portal al fin pudieron ver las estrellas en el cielo indicando el anochecer, la morena pasaría la noche ahí y partiría al amanecer. Ambas se recostaron en la cama de Asami, Korra cayó dormida en poco tiempo pero la ojiverde no descansó, aquella noche se movió cuidadosamente y bajó de la cama para tomar asiento en su escritorio donde se dedicó a anotar de manera detallada los pasos para activar la antena faltante en el Norte, debía establecer esa línea de comunicación si quería ayudar a Korra a elaborar un plan para obtener el documento que se encontraba en las manos de Unalaq.

La mañana llegó y la morena volvió a partir en dirección al antiguo reino tierra y de ahí de regreso al norte. Antes de llegar al nuevo coliseo se detuvo en la antena pendiente e intentó hacer la conexión como lo decían las notas de Asami al mismo tiempo que escuchaba a su chica dar instrucciones por el radio que ya podía conectar.

- Debes conectar los cables de la antena a la nueva tabla, lo puse en una ilustración. – Habló Asami con seriedad.

- Si, tablas y cables y circuitos y más cosas sin sentido. – Bufó Korra.

-¿Será esta nuestra primera pelea? – Bromeó Asami.

- Espero que no. – Rió Korra.

- Relájate, es sencillo. – Habló con suavidad.

- No puedo negar que tú lo haces ver más que sencillo… pero a mí se me facilita más dominar los elementos. – Bufó.

- Oh puedes dominar muchas cosas más que solo los elementos. - Dijo Asami en tono coqueto con la intención distraer a la morena de su mal humor.

- Me encanta poder escuchar tu voz. – Dijo Korra con una sonrisa.

- Entonces conecta esa antena para que puedas escucharme hasta el coliseo. – Rió Asami.

- Entendido madame. – Bromeó la morena con tono juguetón y ambas rieron.

Luego de un par de horas la antena parecía estar funcionando. Se debieron hacer un par de pruebas y ajustes pero aquella antena ahora funcionaba tan bien como la primera que Asami le había ayudado a instalar cerca del portal. Korra se despidió de Asami y apagó la radio antes de adentrarse en el nuevo territorio de Bumi. El radio debía permanecer como un secreto así que no podría usarlo en todo momento.

Las peleas continuaban como de costumbre, Bumi continuaba haciendo locuras por doquier y la líder del pueblo del norte continuaba detestando la existencia del coliseo. Todo seguía igual pero no se sentía igual, ahora la esperanza moraba en el pecho de la morena, había encontrado al hombre que buscaba y solo era cuestión de tiempo hasta que pudiese encontrar la mejor manera de aproximarse a él y robar el documento que necesitaba.

Un par de noches bastaron para que la morena, Bumi y Asami desarrollaran un plan de acción. El plan se había desarrollado bajo la presión de los siguientes factores.

1.- Bumi no debía verse envuelto en aquel movimiento pues si era descubierto perdería su puesto como líder rebelde y era probable que sus propios hombres intentaran asesinarlo al saber que él era un infiltrado de La Orden de Loto Blanco y lo mismo aplicaba a Korra quien en su caso podría ser descubierta como el Avatar al ser relacionada con los sucesos anteriormente ocurridos en el escondite de Kuvira.

2.- El riesgo de que Korra fuese descubierta era demasiado alto pues ahora formaba parte importante de la asociación rebelde y su rostro era conocido. Bumi y Korra le habían explicado a Asami de forma superficial que ambos eran conocidos por los rebeldes sin la necesidad de mencionar lo que hacían exactamente.

3.- El documento debía ser robado sin crear conflicto entre el coliseo y los habitantes del Norte ya que algo así los llevaría a un enfrentamiento seguro y arruinaría la ganancia de riquezas de los peleadores de Bumi sin mencionar la pérdida innecesaria de vidas.

La respuesta había sido debatida seriamente entre los tres, sería más sencillo infiltrar a Korra por el documento si los hombres de Bumi comenzaban a visitar con más frecuencia la ciudad de los pobladores del Norte. Debían crear una zona de confort donde todos conviviesen como si se tratara de un solo pueblo y así se crearía una brecha por la cual la morena podría acceder al edificio de Unalaq.

Bumi planeó organizar una reunión con la líder del Norte con el fin de establecer una alianza o al menos una tregua ya que ambos grupos vivían en el Norte y ambos grupos convivían en el coliseo así que la inclusión de sus hombres a aquella ciudad parecía ser justa o al menos la idea no parecía ser demasiado descabellada.

La reunión se efectuó una mañana en una de las recámaras del palacio de hielo. A ella asistieron un par de hombres mayores que parecían ser los consejeros de la líder del Norte y por parte de los rebeldes de Bumi asistieron Korra y Desna.

- ¿Quieren tener libre acceso a nuestras calles? – Dijo Eska con una mirada burlona. – ¿Ustedes? – Rió. – Son un grupo de sucios asesinos que vinieron con el fin de saquear a mi gente con el pretexto de brindarles entretenimiento a cambio de la oportunidad de ver como un par de salvajes se destrozan dentro de un cuadrilátero.' Habló de forma despectiva y un rostro frío e ilegible idéntico al de su hermano.

- ¿Disculpa? – Interrumpió Desna. – Por favor no me digas que pretendes hacerles creer que este desierto congelado jamás ha visto la violencia. – Alegó con evidente molestia. – Dicen que esta gente no apoya al Avatar o a los grupos rebeldes pero nuestro asentamiento hace más tratos con los rebeldes que nadie más en este mundo y se castiga severamente a aquellos que duden de las decisiones tomadas por sus líderes y se les prohíbe hablar más de la cuenta. – Dijo arrugando las cejas. – Nuestra gente es la que no tiene escapatoria alguna, están completamente esclavizados por la influencia rebelde…- Hizo una pausa para calmarse y tomar aire. - ¿Así que cual es el problema? Ya trabajan para los rebeldes ¿Qué más da si caminan entre ellos? – Cuestionó sin romper el contacto visual con su hermana quien parecía encontrarse a punto de lanzarse en su dirección con la intención de asesinarlo.

- Increíble cuantas cosas se pueden saber luego de escuchar peleas familiares. – Rió Bumi.

- Sabes que el trato con los rebeldes es necesario Desna. – Dijo Eska lanzando una mirada amenazadora.

- No soy nadie para contradecir tus métodos hermana. Yo mismo me encuentro viajando con un grupo rebeldes así que no logro entender cuál es el problema con la idea de permitir a los hombres de Bumi en tu ciudad. – Ambos cruzaron miradas y nadie fue capaz de decir nada, el silencio reino por un par de minutos mientras los hermanos parecían estar sumergidos en algún tipo de competencia o disputa silenciosa.

- Bumi no forma parte del grupo rebelde del cual recibimos ayuda. – Bufó ella.

- Pensé que todos los rebeldes eran iguales. – Respondió Desna con tono burlón. - ¿No es así? Los rebeldes son organizaciones de personas que pelean contra el Avatar y castigan a sus seguidores. – Sonrió y su hermana golpeó la mesa con sus manos.

- ¡Conoces bien todos estos temas Desna! – Reclamó mientras la ira se acumulaba en sus ojos.

- Si, y entiendo que todos los rebeldes son iguales, solo que tú hablas con los de otro nivel. – Se encogió de hombros.

- ¡Guarda silencio! – Ordenó su hermana apretando la mandíbula.

- Bumi es el nuevo líder rebelde del gran continente, pronto sabrá todo. ¿Qué más da si lo sabe antes o después? – La miro con una sonrisa socarrona.

- Deja de hablar… te meterás en serios problemas. – Amenazó Eska.

- Entonces permite el paso de sus hombres a tu ciudad. – Ofreció y de nuevo reinó el silencio.

La morena observaba en silencio meditando las palabras que acababa de escuchar, Desna era un chico misterioso, siempre silencioso y con un rostro inexpresivo. Nunca había comprendido el motivo por el cual aquel chico había escapado de casa donde sería reconocido con un buen estatus social para llegar a un lugar en donde había sido esclavizado por los hombres de Bumi. Ahora de él salían palabras que ella era incapaz de comprender y que ahora le sería imposible sacarse de la cabeza. ¿A qué se refería Desna con "Rebeldes de otro nivel"?

- Deberías estar agradecido de que aún te valoro como hermano. – Bufó y sacudió la cabeza. – Bumi. – Dijo enojada. – Más vale que no indagues en lo que sea que acabas de escuchar o serás asesinado en un parpadeo. – Le advirtió. – Lo mismo es para ti Guerrera del Sur. – A penas le dirigió la mirada. – Podrán acceder a nuestras calles pero no quiero ningún incidente, al menor indicio de problemas los expulsaré del Norte por completo. – Concluyó poniéndose de pie. – Y tú Desna… si vuelves a hacer algo parecido ten por seguro que perderás la cabeza. – Terminó su advertencia y salió de la recámara.

- Bueno chico, no tengo idea de que fue todo eso pero de verdad aprecio mi vida así que no la arriesgaré preguntando más de la cuenta. Solo me queda darte las gracias. – Habló Bumi tan despreocupado como siempre extendiendo su mano hacia el joven.

-No debí haber hecho eso. – Murmuró Desna. – Me parece justo que se me recompense de forma adecuada. – Demandó con una mirada fría.

- Me gusta tu determinación. – Celebró Bumi. – Pide lo que gustes. – Afiló la mirada mostrándose más serio.

- Mi libertad. – Respondió de inmediato.

- ¿Tu libertad? – Alzó una ceja y permaneció en silencio un momento antes de que su risa volviera a escucharse por todo el lugar. - ¡Hecho! Eres un hombre libre. – Dijo el líder poniéndose de pie y caminando hacia la salida.

- Quiero que prometas que no me volverán a esclavizar en el futuro. – Habló el chico que caminaba siguiendo a Bumi de cerca mientras cruzaban los pasillos del palacio de hielo en dirección a la salida.

- Chico, no puedo prometerte eso, solo te puedo prometer que mientras te encuentres en mis territorios haré que te dejen en paz pero si te metes en los terrenos de alguien más no seré capaz de hacer nada. – Se encogió de hombros y continuó caminando.

- Afortunadamente eres el líder con el territorio más amplio. – Sonrió Desna.

- Si pues… no te vendría mal ejercitarte un poco para que puedas defenderte por ti mismo muchacho. – Dijo Bumi rodando los ojos y Korra rió por lo bajo.

- ¿Está bien si decido partir junto a la Guerrera del Sur la siguiente vez que se valla al gran continente? – Preguntó el joven de forma educada haciendo que el líder volviera a reír.

- Eres un hombre libre, has lo que quieras… solo asegúrate de que la dama se encuentre de acuerdo. – Habló el mayor, los ojos de Desna miraron a la morena que caminaba en silencio con un rostro duro mientras sus ojos parecían analizar cuidadosamente cada persona y lugar que se atravesaba en su camino, cuando la morena se percató de la mirada del joven sus ojos se enfocaron en él causando que un pequeño escalofrío le subiera por la espalda al recordar el peligroso enfrentamiento que había tenido con ella en el edifico del coliseo. Korra alzó una ceja y lo miró con expectativa mientras él buscaba las palabras adecuadas para pedir aquel favor.

- ¿Podría? – Preguntó esperando lo mejor, la morena sonrió de lado sin poder evitarlo y rió levemente perdiendo por un instante su dura apariencia.

- Solo porque a mí también me beneficia el acceso a la ciudad del Norte. – Accedió con una pequeña sonrisa y continuó caminando mientras el chico liberaba un suspiro de alivio. La morena era sumamente intimidante pero por alguna extraña razón era en la que más confiaba para realizar aquel viaje.

Así comenzó la nueva interacción entre los rebeldes y los habitantes de la ciudad del Norte. Todos iban y venían con toda libertad, los rebeldes no desperdiciaron la oportunidad de explorar cada rincón de aquellos impresionantes edificios, para ellos aquel paisaje urbano representaba la oportunidad de echar un vistazo al pasado e imaginar el estilo de vida que la gente de esas épocas pudo haber tenido en un tiempo en el que la supervivencia no era un hecho que preocupaba a todos desde el momento de su nacimiento.

La temida Guerrera del Sur también comenzó a visitar las calles de aquella ciudad con más frecuencia con el fin de que la gente se acostumbrase a su presencia. Iba acompañada de sus compañeros y visitaban distintas partes de la ciudad en busca de posibles apartamentos para habitar y objetos que adquirir. Mientras todos se mostraban entretenidos con todo tipo de cosas la morena se mantenía atenta a los rostros que observaba ir y venir por las calles, quería aprender qué personas frecuentaban que lugares a ciertas horas así como los guardias que también iban y venían.

No le tomó mucho tiempo notar que Unalaq no solía transitar por las calles, pudo notar que la gente visitaba su establecimiento pero él no parecía abandonar el edificio en ningún momento. Cualquiera podría asumir que aquel hombre siempre se encontraba refugiado en aquel lugar pero la morena sabía que ese no era el caso pues al pasar por ahí había momentos en los que no era capaz de verlo en el interior del edificio haciendo uso de su tierra control. Su visión no solía ser del todo clara ya que siempre llevaba las botas puestas pero era capaz de ver objetos borrosos y la figura de Unalaq desaparecía de vez en cuando y ya que su visión no era la mejor no podía encontrar alguna salida secreta y debido a que la mayoría del suelo debajo de las calles de la ciudad se conformaba de hielo no era capaz de ver algún túnel que se encontrase escondido.

Al cabo de un par de semanas la morena esperaba pacientemente a que uno de sus colegas terminara de regatear con uno de los pobladores del Norte. Aquel día no había mucho que hacer pues no era un día de pelea y Asami le había dicho por radio que no podría hablar con ella ya que partiría de regreso al sur acompañada de Lin y Mako para arreglar la antena así que pasear por la ciudad bajo hielo era la mejor oportunidad que tenía de distraer su mente.

- ¿Qué opinión tienen los rebeldes de nuestra gloriosa ciudad? – Escuchó aquella peculiar voz que de ninguna manera habría sido capaz de olvidar. Aquel hombre le había parecido especialmente extraño, no cabía duda de que Unalaq era poseedor de raros conocimientos que pocos podían llegar a adquirir y era aún más aterrador saber que dichos conocimientos se le habían sido otorgados por las organizaciones rebeldes.

- Ninguna en especial, somos rebeldes, simplemente planeamos apoderarnos de todo aquello que deseamos. – Respondió encogiéndose de hombros mientras meditaba sobre el vínculo que aquel hombre pudo haber compartido con su padre durante su juventud. Le resultaba difícil imaginar a su padre al lado de un hombre en el cual resultaba imposible confiar, había algo en la manera en que Unalaq se movía y expresaba que despertaba todas las alertas en el interior de la morena.

- Si, los rebeldes nunca son capaces de ver más allá de sus estúpidas ambiciones mundanas. – Dijo Unalaq en tono burlón haciendo que la morena arrugara las cejas al pensar en lo estúpido de aquellas palabras pues a ella le quedaba en claro que aquel hombre era otro rebelde más.

- ¿En qué más podemos pensar? El mundo está en ruinas y no hay nada a lo que podamos aspirar. – Dijo ella con naturalidad, luego de todo el tiempo que pasaba en el coliseo había aprendido bien a hablar con la misma desesperanza que el resto de los rebeldes.

- En una vida tranquila y prospera. – Respondió él con tranquilidad y un aire de superioridad.

- ¡Ja! Esas cosas no son más que cuentos que se les dice a los niños para que duerman luego de pasar un día entero muriendo de hambre y sed. – Gruñó ella.

- No tiene por qué ser así. – Defendió Unalaq encogiéndose de hombros.

- Por supuesto que no tiene que ser así, pero así es. No tenemos tiempo que perder en estupideces, tomamos lo que podemos cuando podemos y vivimos en el tiempo que tenemos en el momento. – Dijo resaltando la obviedad de la situación.

- La gente me ha dicho que incluso tú tienes tus excepciones para el degradante estilo de vida de un rebelde. – Sonrió el mayor. – Así que no creo que tus palabras sean del todo sinceras, aún hay algo de humanidad en ti que no te permite aceptar la idea de la esclavitud o el asesinato dentro del coliseo. – Argumentó.

- La esclavitud es estúpida, un esclavo requiere alimentos para mantenerse fuerte y no creo que nadie tenga el tiempo para estar buscando recursos suficientes para alimentarse a sí mismo y a un esclavo, un esclavo débil no es más que un estorbo y un cadáver es un problema al momento de deshacerse de él… - Suspiró. – En cuanto a la muerte en el coliseo, me parece un castigo mayor obligarlos a continuar viviendo en este mundo. – Sonrió de lado. – Si eso representa mi humanidad entonces puedo decir que sí, aún me queda algo de eso. – Miró los ojos de Unalaq que parecían querer ver a través de ella pero no había manera de que aquel hombre pudiese ver a través de aquellas palabras pues las usaba a diario y estaba acostumbrada a decirlas con naturalidad.

Unalaq asintió con la cabeza y miró hacia otra dirección. – Hay más en este mundo que solo decadencia… por eso yo me dedico a curar gente. – Lo escuchó decir y arrugó las cejas. ¿Por qué un rebelde se atrevía a decir tal cosa? Ellos trabajaban arduamente para detener al Avatar que solo se dedicaba a intentar salvar al planeta de la completa destrucción.

- Claro… - Bufó ella.

- Dime Guerrera del Sur. – Volvió a hablar él. – Tu nombre ¿Lo elegiste porque provienes de aquellas tierras? – Se atrevió a preguntar, la morena examinó aquellos ojos cuidadosamente notando el especial interés reflejado en ellos.

- Sí. – Respondió a secas.

- Sabes, yo conozco a gente de aquellas tierras. – Sonrió él.

- Bien. – Se encogió de hombros y pretendió no tener interés, le aterraba pensar que Unalaq pudiese comenzar a hablar sobre su padre pues si lo hacía ¿Cómo podría reunir el valor para enfrentarlo cuando se llegara el momento? No quería volverse cercana a él, no quería conocerlo a profundidad, tenía un mal presentimiento al respecto gracias al extraño comportamiento de su padre.

- ¿Por qué decidiste dejar tus tierras? – Preguntó él.

- ¿Bromeas? – Rió ella sarcásticamente extendiendo sus brazos para enfatizar el entorno que la rodeaba. – El Sur no tiene nada comparado a esto. – Señaló y Unalaq rió.

- Así es… pero dicen que es un lugar más tranquilo. – Propuso.

- Soy una peleadora famosa entre los rebeldes… ¿Crees que un lugar tranquilo sea lo mío? – Volvió a responder con sarcasmo y el mayor volvió a mostrar aquella sonrisa poco confiable que mantenía a la morena alerta.

- No, me supongo que no. – Suspiró el mayor antes de ponerse de pie. – Debo irme… fue un placer charlar contigo Korra. – Se despidió y caminó alejándose de ahí dejando a la morena con un mal presentimiento ¿Cómo se atrevía a llamarla por su nombre? Todos estaban obligados a llamarla Guerrera del Sur pues no soportaba asociar su nombre con aquel estilo de vida.

Varios días transcurrieron de la misma manera, aquel misterioso hombre buscaba momentos para charlar con ella y todo el tiempo sus palabras se mantenían en un nivel elevado y sus conversaciones siempre iban más allá de los temas comunes como lo eran la violencia, la necesidad o los deseos mundanos. Unalaq filosofaba más allá de todo aquello, teorizaba sobre el futuro del mundo y los errores del pasado, la morena no podía negar que compartir charlas con él resultaba refrescante pues representaba una pequeña ventana que le permitía hablar de forma más abierta lo cual era extraño pues tanto Kuvira como Desna le habían advertido sobre Unalaq por ser un peligroso miembro de la sociedad rebelde.

En cierta ocasión Unalaq invitó a Korra a su consultorio como símbolo de amistad, aquella oportunidad fue algo que la morena no pudo dejar pasar y pronto se encontraba de nuevo en el interior de aquel extraño lugar tapizado con todo tipo de textos y objetos extraños.

- ¿Interesante verdad? – Sonrió él.

- ¿Qué es todo esto? – Preguntó ella pretendiendo no saber leer pues solo los privilegiados de nacimiento podían leer y esos solo derivaban de rebeldes poderosos, aliados del Avatar o hijos de líderes de los asentamientos y ninguna parecía ser una excusa que pudiese usar en ese momento.

- Artículos y noticias sobre espíritus. – Él la miraba con atención desde el otro lado de la habitación donde tomó asiento sobre su acolchada silla cubierta de pieles.

- ¿Espíritus? – Rió ella. – Basura. – Negó con la cabeza y continuó examinando cada una de las lecturas sin prestar particular atención a ninguna de ellas para no ser descubierta pero la verdad era que aquel hombre poseía mucha información sobre los espíritus y eso despertaba la curiosidad en la mente de la morena.

- No, nunca basura. – Defendió él con calma. El silencio reinó por un par de minutos hasta que su voz se volvió a escuchar. - ¿Has dormido mejor ahora? – Preguntó pareciendo interesado.

- Si… - Lo miró arrugando las cejas. – Gracias a ti. – Sonrió de lado pues no se refería del todo a la esencia que le había dado si no a su identidad. Haberlo encontrado le ayudaba a mantenerse un poco más tranquila, las pesadillas aún iban y venían durante las noches pero al menos la esperanza había vuelto a ella.

- Me alegra escuchar eso. – Sonrió de lado.

La morena continuó mirando alrededor pero no tenía idea de qué era lo que debía buscar, entendía que se trataba de un documento formado de distintas evidencias de la historia del Avatar obscuro pero no sabía cómo se veía dicho objeto. Necesitaba tener más libertad para poder buscar dichos papeles y la única manera de lograr eso era estando a solas en dicho lugar lo cual parecía una tarea imposible considerando que Unalaq pasaba la mayor parte de su tiempo ahí.

El siguiente día consistió en mantener a Unalaq bajo vigilancia, debían intentar averiguar si aquel hombre seguía algún tipo de rutina que les pudiese servir para averiguar el momento perfecto para invadir su oficina. Espiarlo resultó sencillo para el líder del coliseo pues simplemente dio la orden de observar al curandero con la explicación de que se creía que era un hombre con posesiones al que podían robar, sus hombres no preguntaron más y pronto obtuvieron un reporte completo de lo que hacía cada día de la semana. Unalaq no tenía una rutina en sí pero seguía ciertos patrones que la morena podía utilizar a su favor como el hecho de que el hombre parecía salir en algún punto del día siempre entre las tres y las seis de lo que sería la tarde si el sol se moviera como lo hacía en el resto del mundo. El problema principal radicaba en que nadie veía a Unalaq salir del edificio, simplemente lo veían al momento de volver así que no se sabía cuánto tiempo duraba fuera.

La semana que usualmente la morena dedicaba a visitar a Asami debió ser dedicada al simple viaje hacia el coliseo debido a la compañía de Desna. El chico le agradeció su ayuda y la morena partió de inmediato con el fin de ver a su chica antes de volver a aventurarse hacia el Norte. Poder hablar con Asami por radio le brindaba algo de alivio pero nada se comparaba con la sensación que le producía el poder sostenerla cerca y compartir su calor. Una tarde fue todo lo que tuvo a su lado, aquella tarde ambas hablaron sobre los planes que tenían sobre la mesa hasta el momento, Unalaq por parte de Korra y la antena de radio en el sur por parte de Asami, pequeñas charlas que en sí no tenían el propósito de informar si no de compartir el tiempo juntas y disfrutar de la compañía que se brindaban.

Bumi había continuado observando a Unalaq y había estado elaborando un plan para aplicar una vez que Korra se encontrase de regreso. Cuando la Guerrera del Sur apareció en el coliseo se efectuó una pelea en la cual volvió a resultar victoriosa y durante la noche, luego de que todos se retiraran a sus cuartos, la chica fue llamada a la habitación del líder quien la esperaba para anunciar el plan que tenía en mente. Solo había una manera de saber el momento exacto en que Unalaq abandonaba el edificio, Korra debía estar dentro del edificio para poder sentir sus vibraciones, para lograr esto la morena debería entrar a la ciudad sin ser vista pues los guardias prestaban especial atención a la presencia de los rebeldes así que no contaban con mucha libertad para moverse dentro de la ciudad. Bumi elaboró un mapa del área donde marcaba una ruta hacia el edificio donde moraba Unalaq.

- Deberás viajar por debajo del hielo Korra hasta que llegues al suelo donde empieza el campo de las puntas de edificios, ahí deberás ingresar a la punta del edificio de Unalaq pero debes tener cuidado, hay guardias en ciertas puntas que vigilan el exterior, debes moverte lo más rápido que puedas y de forma silenciosa mientras avanzas, la nieve en el exterior ayudará a cubrir el hielo lo que impedirá que los guardias en las puntas te vean pero la gente en el interior de la ciudad tiene una visión clara de su techo así que intenta mantenerte en la parte superior de la capa de hielo. – Suspiró pesadamente y la morena sostuvo su hombro estrechándolo suavemente. – Desearía que hubiese otro medio, pero nada que me implique a mí y a los rebeldes es una buena opción Korra… me descubrirían de inmediato y a ti también, el mejor consejo que te puedo dar es que en el peor de los casos si alguien te descubre no permitas que vean tu rostro. – La miró con preocupación.

- No te preocupes Bumi, llevo haciendo esto durante años. – Le ofreció una cálida sonrisa para intentar reconfortarlo pero aquel hombre sabía que los problemas se avecinaban pues aquel documento desaparecería de una u otra manera y Unalaq de inmediato dirigiría su atención hacia los rebeldes.

- Yo sé que puedes Korra. – Sonrió de vuelta pero sus ojos delataban sus pensamientos, le preocupaba la seguridad de aquella chica que él mismo había tenido la oportunidad de ayudar a crecer, Korra había pasado de ser una joven inocente a una mujer a la que no se le podía sorprender con facilidad, había podido presenciar el cambio en su mirada mientras comenzaba a generar lo necesario para enfrentar al mundo en que vivían. Korra ya no se impresionaba con facilidad y ya no mostraba debilidad incluso cuando ella misma se encontraba al borde del colapso, porque él la había estado observando y sabía que Korra llevaba meses luchando contra sí misma y aun así día tras día caminaba por los pasillos de aquel lugar con una postura firme e inquebrantable que intimidaba a todos a su alrededor, inspiraba admiración y respeto, los rebeldes le eran fieles aunque ella no fuese su líder, Bumi sabía que los rebeldes le guardaban un cariño especial a la Guerrera del sur pues ella había aprendido a hablar su mismo idioma y poco a poco les fue mostrando distintas maneras de divertirse sin llevar a consecuencias fatales, Korra le había salvado la vida a muchos hombres en el coliseo al intervenir en peleas descuidadas y por más brutales que fueran los castigos de la Guerrera del Sur todos sabían que si era ella quien terminaba la pelea sus heridas podrían ser extremadamente dolorosas pero nunca fatales, nadie pensaría que una pierna rota de tal manera que nunca se pudiese volver a usar de la misma manera no es un castigo piadoso, pero lo era si se entiende que antes en aquellas peleas era común que solo un peleador saliera con vida luego de un enfrentamiento.

Aquella noche se despidieron y la morena partió hacia su habitación donde comenzó a repasar el plan, no había nada que le pareciera complicado, con el dominio del agua podía moverse con suma facilidad, lo que le preocupaba era la búsqueda del documento, le preocupaba que Unalaq pudiese haberlo escondido en otro lugar o que Unalaq lo hubiese entregado a alguien más y si ese era el caso su búsqueda debería iniciar una vez más pero no antes de interrogar a aquel extraño hombre y eso era algo que en verdad deseaba poder evitar debido al pasado en común que tenía con su padre.

Durante la mañana siguiente la morena no perdió el tiempo en ejecutar el plan, en efecto atravesar el hielo e introducirse al edificio había sido cosa fácil, al estar dentro del edificio se retiró las botas y golpeó el suelo con el pie para examinar la estructura, con sumo cuidado recorrió los pasillos y fue descendiendo hasta los pisos que estaban ocupados por Unalaq, de inmediato notó la presencia de aquel hombre en el lugar así que estaba segura de que él continuaba ahí sin embargo lo que encontró en los pisos superiores fue algo abrumador, Unalaq tenía una infinidad de documentos apilados por doquier, todos hablaban de espíritus o de la historia de la gente de las tierras del Norte, la morena no pudo esperar a que Unalaq partiera para comenzar a revisar aquellos documentos, no podía perder el tiempo haciendo nada cuando había tanto trabajo que hacer así que con el uso del aire control comenzó a mover los documentos con cuidado uno por uno iluminándose con una pequeña flama en su mano continuó revisando cada hoja, cada libro y cada recorte que encontraba.

Tal vez había repasado rápidamente cerca de doscientos documentos y nada hablaba sobre el Avatar obscuro, la paciencia comenzaba a agotarse pero sabía que debía ser persistente y continuó revisando todo. Cuando terminó con los documentos del tercer piso descendió al segundo donde afortunadamente solo encontró arte, objetos y artefactos bien conservados del pasado, había un par de libros pero ninguno hablaba del Avatar. Unalaq continuaba en el edificio, lo podía sentir y lo escuchaba mientras trataba a uno de sus pacientes, ahora entendía porque aquel hombre tenía tanto conocimiento, Unalaq tenía acceso a información que pocos tenían… era una lástima que se encontrara del lado equivocado, pensó ella al estar escondida esperando la oportunidad de revisar el primer piso.

Cerca de las tres de la tarde hubo movimiento, Unalaq cerró la puerta delantera y caminó hacia su oficina donde desapareció luego de entrar a un cuarto conectada e ella, Korra sonrió sabiendo que su teoría era correcta, Unalaq debía tener un túnel hecho de hielo que ella no era capaz de sentir con la tierra control. Dejó pasar un par de minutos antes de aventurarse a bajar, agradecía que Unalaq mantuviera las ventanas cubiertas ya que así no debía cuidarse de aquellos quienes pudiesen verla desde afuera.

Una vez en la oficina Korra sacó el radio que Asami le había proporcionado y lo sintonizo.

- Bumi estoy adentro, avísame si Unalaq viene. – Habló en voz baja.

- Entendido. – Recibió como respuesta, Bumi se encontraba en el pueblo en la parte exterior atento a la presencia de Unalaq ya que sabían que él nunca volvía por el mismo camino por el que se marchaba si no que caminaba por la ciudad luego de emerger tras las puertas del palacio de hielo.

Al contrario de lo que la morena creía, revisar la oficina y el primer piso no resultó ser tan tardado, no había tantos documentos ahí así que los había revisado todos en menos tiempo del que ella esperaba y su temor se había vuelto realidad, no había nada ahí que tuviera algo que ver con el Avatar.

- No está. – Habló sin ánimos a través del radio.

- ¿Segura? ¿Revisaste cada rincón? – Se escuchó la voz de Bumi.

- Si y revisando las vibraciones no encontré ningún escondite o compartimiento secreto. – Suspiró.

El silencio se hizo presente, no se escuchaba nada más que la estática del radio, los ojos de la morena divagaban por la habitación de un lado a otro contemplando nada en especial hasta que una idea llegó a su cabeza, su mirada se enfocó en la puerta tras la cual había desaparecido el dueño del lugar. Tal vez esa oficina y ese edificio no eran los únicos lugares donde Unalaq pasaba el tiempo, fue entonces que la morena recordó el día en que Unalaq le habló sobre el lugar sagrado de donde obtenían flores en aquel helado lugar, y considerando que Unalaq aclamaba ser un hombre sumamente espiritual no sería extraño pensar que el lugar que tanto frecuentaba durante las tardes podía ser aquel manantial sagrado que una vez le había mencionado y la única manera de averiguarlo sería siguiendo sus pasos a través del túnel.

- Seguiré la ruta que tomó Unalaq. – Dijo rompiendo el silencio.

- ¿Qué? – Respondió Bumi.

- Tal vez tiene otro escondite Bumi y ahí podría guardar el documento… - Se detuvo a meditar por un momento.

- Korra es demasiado arriesgado que te aventures a ir a un lugar donde no tenemos idea de quien se encuentre. Te pueden descubrir. – Advirtió el mayor con cierta preocupación en su tono de voz.

- Tiene sentido Bumi, si Unalaq guardara el documento aquí sería sencillo que alguien se lo llevara… debe tenerlo en otro lugar. – Pensó en voz alta.

- Es demasiado arriesgado Korra… y te lo digo yo que me he atrevido a hacer muchas cosas descabelladas. – Insistió.

- Debo ir. – Concluyó. – Apagaré la radio, te avisaré cuando me asegure de que no haya nadie cerca. – Avisó y se aventuró a acceder a la puerta para encontrarse en el interior de lo que parecía ser una simple oficina pero la visión de Korra iba más allá de la vista y de inmediato sintió la irregularidad en el suelo que la llevo hasta una escotilla de metal escondida bajo la piel de un oso que fungía como tapete. Bajo la escotilla había unas escaleras elaboradas completamente de hielo que mostraban una precisión increíble, al bajar las escaleras se adentró a un túnel también elaborado en su totalidad de hielo pulido.

La morena avanzaba con cuidado y pensaba intentando ubicarse en el mapa de la ciudad para poder darse una idea de la dirección que estaba siguiendo y el posible destino que tendría. Todo parecía indicar que caminaba en dirección al palacio de hielo lo cual tampoco le sorprendió pues ya sabía que Unalaq emergía tal edificio por las tardes pero de verdad esperaba que ese túnel la llevara a otro lado y no que fuera solo una entrada secreta al palacio.

Luego de haber avanzado durante un cuarto de hora al fin llegó a una parte donde el túnel se bifurcaba, por la izquierda podía ver escaleras y otra escotilla y por la derecha el túnel continuaba dando la impresión de no tener fin. Haciendo una breve pausa para pensar comenzó a calcular el tiempo, la velocidad y la dirección que había tomado en aquel túnel llegando a la conclusión de que las escaleras y la escotilla debían de conectar con alguna habitación del palacio de hielo, si se adentraba ahí era probable que alguno de los guardias pudiese verla. Considerando que el palacio era un lugar que cualquiera podía ubicar concluyó que lo mejor sería seguir el túnel por el camino desconocido con el fin de descubrir el lugar al que conectaba pues esos dos lugares serían su próximo objetivo para registrar en busca del documento perdido.

Caminó veinte minutos más hasta que pudo ubicar unas escaleras y otra escotilla, con ayuda de sus poderes elevó la escotilla lentamente, su cara ya se encontraba cubierta al igual que su cabeza con el gorro de su abrigo así que de nuevo el tan perseguido Avatar no mostraba nada más que sus azules orbes. Con cuidado comenzó a aventurarse por aquel lugar, no parecía haber nadie dentro de aquella cueva rocosa, paso a paso fue acercándose a una apertura donde había una cascada y lo que parecía ser un pequeño oasis en el medio, de inmediato sintió el poder espiritual emanando de aquel lugar, era hogar de los espíritus afirmó de inmediato pero sabía que aquel lugar era supervisado por Unalaq pues alrededor había distintas figuras talladas en madera idénticas a las que encontró en su edificio.

Al cerciorarse de que no hubiera nadie más en aquel lugar se aventuró a acercarse al oasis, dentro del agua descubrió a dos peces nadando en círculos que al cabo de unos instantes pudo identificar como espíritus, era extraño, había leído y se le había enseñado que había espíritus que abandonaban su forma espiritual para tomar una forma física pero esta era la primera vez que los veía y tenía una extraña sensación al no poder hablar con ellos o interactuar con ellos de la misma manera en que lo hacía con los otros.

La danza de aquellos peces capturó la atención de la morena que al cabo de unos minutos notó algo extraño en el fondo del oasis, muchas piedras coloridas cubrían la base del pequeño oasis y entre ellas sobresalía lo que parecía ser un trozo de plástico lo cual indigno a la morena pues aquellas aguas eran el hogar de esos dos pequeños espíritus y un trozo de basura no era algo que debiera estar ahí.

- Lo siento, retiraré esto de aquí. – Habló suavemente introduciendo una de sus manos para tomar la orilla del plástico, poco a poco comenzó a tirar de él y las piedras comenzaron a caer dejando al descubierto un objeto envuelto en plástico. Extrañada la morena tiró hasta extraer el objeto en su totalidad, arrugando las cejas examino la bolsa sellada que contenía lo que parecía ser un viejo álbum de fotografías con pastas negras. Lo que parecía ser la portada tenía letras escritas en rojo a penas legibles y la ilustración de algún tipo de flor roja, aquel objeto en si lucía sumamente antiguo y delicado, la emoción comenzó a invadirla al considerar que aquello fuera el documento que tanto había estado buscando pero sabía que no podía quedarse ahí a inspeccionarlo pues se arriesgaba a que Unalaq o alguien más entrara y la descubriera.

"Léelo." Escuchó de nuevo aquella voz dentro de su cabeza al intentar ponerse de pie para seguir su camino, sacudiendo la cabeza intentó ignorar aquella voz como lo había hecho ya varias veces antes pero esta vez la voz insistió. "Léelo" El eco era poderoso e intrigante, también lo era la entonación y la manera en que aquella voz le hablaba. – Debo irme. – Se dijo a si misma forzándose a poner un pie frente al otro.

"Lee el documento Korra." Insistió aturdiendo sus pensamientos, sus manos comenzaban a temblar y su respiración se volvía pesada. – Debo salir de aquí…- Gruño.

- Nadie te puede hacer daño Korra. Lee el documento. – Aquella voz se volvía cada vez más real, más presente, no estaba segura si se trataba del lugar en donde estaba pero la conexión con él era más fuerte que antes.

- ¡Para! – Dijo con ira y miedo pues le temía a aquella presencia, sabía que había sido una de sus vidas pasadas y sabía que ellos podían conectar con ella pero de todas sus vidas él era el menos deseado, no quería tener nada que ver con él, no quería comprender sus motivos, no quería escuchar sus consejos, él había sido el motivo por el cual los rebeldes buscaban asesinar al Avatar, él era una vergüenza para todos los Avatares que vivieron antes y después de él, él era algo que nunca debió haber ocurrido.

- Si lees el documento prometo guardar silencio… pero debes saber la verdad. – Suavizó la voz intentando calmar a la morena.

- Bien. – Suspiró intentando tranquilizar el temblor de sus manos.

Posicionándose cerca del oasis tomó asiento y comenzó a abrir la bolsa sellada para extraer su contenido, las páginas de aquel álbum eran gruesas, las páginas internas eran amarillentas, las primeras páginas se conformaban de escritos, hojas con una narración escrita a mano, dichas hojas se encontraban dentro de un plástico protector transparente que ayudaba a conservarlas, el resto del álbum se conformaba de recortes de periódicos que narraban distintos sucesos, había recortes de distintos medios de comunicación y fotografías, todo se encontraba cuidadosamente ordenado de manera cronológica.

La ansiedad se hizo presente en el cuerpo de la morena que no lograba entender porque aquella recopilación de información lograba ponerla tan nerviosa. Una pequeña pausa y un ejercicio de respiración le ayudó a juntar el coraje necesario para comenzar a leer.

Zaheer. Primer día del cambio.

Un nuevo mundo

El mundo se mueve en una dirección lamentable, no hay nada que pueda hacer al respecto, las personas viven cegadas por su avaricia, el Avatar no hace nada más que trabajar con pequeños grupos activistas que aún están conscientes del grado de descuido en el que hemos dejado caer el planeta.

La contaminación nos consume, nuevas enfermedades nacen cada año y cada una parece ser peor que la anterior, los médicos y sabios maestros del agua se concentran en encontrar nuevas curas en vez de intentar encontrar la causa y cortarla de raíz. La pobreza es algo frecuente aun cuando contamos con las mayores redes de comunicación y tecnología que haya existido en la historia de la humanidad, contamos con los recursos y la inteligencia necesaria para poner un alto a este crecimiento sin sentido y planear una estilo de vida saludable para todos pero el amor por las posesiones materiales y el dinero los ha cegado a todos, los líderes ya no se preocupan por su pueblo, se preocupan por el poder, los adinerados juntan sus riquezas hasta que no saben qué más hacer con sus vidas y optan por el suicidio, los pobres prefieren perderse en actos delincuentes y en sustancias tóxicas que contaminan sus cuerpos pero les ayudan a escapar de su realidad.

Jóvenes maestros fuego comienzan a quemar cosas sin propósito alguno solo por el placer de ver todo arder, es una tragedia escuchar que más de diez escuelas primarias han ardido hasta las cenizas en este último año. Los maestros aire buscan refugio en las montañas donde el viento se conserva limpio y los maestro agua luchan por purificar los mares y ríos pero el mal es demasiado grande, unos cuantos miles no pueden solucionar el problema que es generado por millones de personas inconscientes, los maestros tierra buscan ayudar a encontrar más manantiales subterráneos para proporcionar agua potable pero la mayoría de ellos ya se encuentran contaminados… me temo que maestros y no maestros han contribuido a que el planeta cayera en tal decadencia, muchos de los grandes empresarios del mundo son maestros que fundaron sus empresas aprovechando la gran ventaja que sus poderes les proporcionan.

He intentado hablar con los líderes del mundo pero no parecen estar abiertos a escuchar, han enredado todo lo relacionado con el Avatar entre clausulas y leyes sin sentido que solo merman mi capacidad de ayudar, me temo que nos estamos acercando al punto de no retorno tras el cual no habrá nada más que hacer por nuestro mundo, lo perderemos para siempre así como a todo lo que lo habita y yo mismo he perdido la esperanza que tenía en los buenos líderes maestros y no maestros, la conexión que los humanos tenían con la naturaleza se ha roto, la gran mayoría de los espíritus han abandonado nuestro planeta y sin ellos los bosques han comenzado a morir y muchas especies animales comienzan a entrar al registro de "animales extintos". Tengo cuarenta años, cuarenta años he luchado por poner un alto a esta locura pero poco a poco me he visto forzado a aceptar la realidad que me rodea, las personas no ven porque no quieren hacerlo, a las personas no les importa y las personas no harán nada por remediar el problema.

Si pretendo lograr que este mundo cambie deberé ejercer un cambio drástico, un cambio definitivo, un cambio que forzará a todos a abrir los ojos, nadie olvidará este día, el día en que el Avatar rompió las cadenas que por años lo habían estado restringiendo. Para que el planeta tenga la oportunidad de revivir gran parte de la población deberá ser sacrificada, ya he establecido un plan con distintos grupos activistas y el cambio se iniciará el mismo día a la misma hora alrededor del mundo. Nada volverá a ser como antes.


Hey gente! Saludos a todos... me demoré un poco pero me demore menos que la vez pasada...

Espero y hayan disfrutado este capítulo, de nuevo se avecinan momentos difíciles jojo!

Un saludo para todos, espero estén de lo mejor y bueno nunca está demás agradecer a todos por seguir la historia y claro por los divertidos e interesantes comentarios que se toman el tiempo de escribir.

Un abrazo para todos! Nos leemos pronto.

(Por cierto! Qué les pareció el comic de Korra? Si gustan compartir sus pensamientos al respecto me dejan un comentario o un PM ;D )

CHAU!