Mayo del 2013.- No crean que me he olvidado de mi fic consentido, Apócrifo siempre será mi prioridad en el mundo de fanfiction… es sólo que tenía unos retos por cumplir y unas actualizaciones pendientes, sumado a que he tenido problemas de inspiración y mucho trabajo en mi vida.
Por eso mismo, este capi es como de transición u organización para mis personajes, porque necesito reconectarme con ellos antes de poder hacer que la trama fluya y pueda vincular todo en mi cabecita.
Así que ténganme paciencia, que prometo que el próximo capi estará mucho mejor. En éste pueden disfrutar algunas interacciones y diálogos, siempre es bueno escuchar a los personajes y sus planes antes de entrar en acción.
También hay una parte de misterio, en donde hablo de los fantasmistas… quizás no lo entiendan demasiado ahorita, pero esos niños serán la clave de todo más adelante.
Como resumen les diré que en el capi pasado por fin se reencontraron los trillizos de Tai, quienes junto con Sei, Min y Tulo están cautivos en una cueva a merced de los Demon Lord, que quieren hacer un emblema Apócrifo para destruir a los elegidos y rehacer la fusión prohibida. Por otra parte, Cody se enteró de que su hija Yuri está esperando un bebé de Toshi Takaishi, y cabe resaltar que la reacción de éste fue fatal… en pocas palabras, todo es un desastre y en medio de tanto desasosiego, los elegidos y sus hijos intentarán organizarse en este capi para poder vencer al enemigo.
Sin más los dejo con la lectura, ¡Gracias!
Ah, lo olvidaba… el tipo de narrador no tiene mucho orden, yo lo clasificaría como narrador omnisciente más que de tercera persona (salvo en contadas escenas).
Apócrifo
Por CieloCriss
9.4
En la réplica de la Mansión de Devimon del Museo Digimon…
El sótano fue el lugar más discreto para realizar la reunión.
Mayumi lo eligió porque los adultos rondaban por toda la Mansión de Devimon y ahí no sería tan fácil encontrarlos.
Era increíble que la réplica de esa casa incluyera sótano y ático. Aunque no debería extrañarle demasiado, ya que May Ishida sabía que la directora del museo, Miyako Ichijouji, era una mujer a la que le gustaban las cosas bien hechas.
A pesar del carácter histérico e hiperactivo de la madre de Kurumi, ésta era verdaderamente estricta cuando se trataba de trabajo. Por eso, desde que se había puesto la primera piedra para la construcción del museo, la señora Ichijouji se había comprometido completamente con la causa.
'Estuve mucho tiempo sin trabajar por cuidar niños', solía decirle a quien se le cruzaba por el camino y hacía un comentario sobre el proyecto, 'pero ya necesito activarme… si me espero a que mi bebé Satoru madure tendrían que pasar al menos 10 años más'.
El Museo Digimon había comenzado a construirse poco después de la crisis de las memorias borradas. Daisuke Motomiya había conseguido el terreno incluso en oferta, porque se trataba de un parque de diversiones abandonado.
Ahí había sido Digimonlandia, pero pocos humanos seguían teniendo vínculo con los digimon, por lo que casi nadie recordaba ese tipo de lugares. Mayumi pensaba que quizás el dueño del parque era uno de esos individuos sin pasado sobre el mundo digital; sin embargo, la chica tenía fe en que el proyecto de los elegidos hiciera que muchas memorias se recuperaran.
'Me gusta eso de que sea un museo, pero a la vez no puede dejar de ser un parque de diversiones ¿cierto?, el Digimundo es divertido', había dicho Daisuke cuando dio la noticia en una de las reuniones de los elegidos.
'Por supuesto', había agregado Miyako-san, '¡yo todavía recuerdo cuando trajimos a los niños en el 2027 y nos paseamos en el Mundo Piximon!'.
May sonrió al recordar esos diálogos. Le molestaba que los recuerdos la abordaran cuando la nostalgia debía estar lejos de ella… en esos momentos no podía bajar la guardia y tener remembranzas del pasado, pero, ¿cómo olvidar que en ese parque se había subido a la montaña Skullgreymon con Taiki?, ¿cómo olvidar que en aquella ocasión tanto ella como su mejor amigo habían obligado a Osen Izumi a hacer unos zancos para subir a la atracción?, ¿cómo olvidar que todos habían trepado al juego sin permiso y hasta Doguen Kido se había orinado?
Más allá del museo Digimon y de esa réplica de mansión maldita, el suelo que pisaban los elegidos era historia. Pero no historia de alguien más, era la historia de ellos.
Quizá ahora las cosas estaban torcidas. Tal vez las dimensiones habían perdido sus fronteras y se habían mezclado. A May le daba la impresión que el Museo Digimon y el terreno de Digimonlandia se habían trasladado al Mar de la Oscuridad.
En el cuento del Mago de Oz un tornado se había llevado volando la casa de Dorothy. En la vida de la muchacha rubia, las tinieblas y los demon lords se habían llevado al museo y a sus seres queridos a ese mundo sin luz.
—Si estamos en el mar de la oscuridad, probablemente no estemos tan lejos de Taiki y los demás—, expresó la rubia en voz alta, encendiendo el interruptor e iluminando el sótano, donde había materiales de construcción guardados: algunos bloques de ladrillo, cemento, grava. Costales de cal, madera, tabla-roca y trozos de hielo-seco.
Olía a pintura y a solvente; se notaba que el trabajo ahí abajo todavía no estaba terminado, quizás porque su tío Takeru y los demás niños elegidos no recordaban lo que había en el sótano de esa mansión.
—… lejos de Taiki y los demás—, repitió la voz de Osen Izumi. May frunció el rostro, volviendo a la realidad.
Tenía que enfocarse en rescatar a su mejor amigo, a su primo Seiyuro y a los demás. Además, tenía que recuperar los pensamientos de Osen, porque ese estado mental sin autoestima e iniciativa no ayudaban en nada a su amiga.
La pelirroja sostenía dócilmente la mano de May, con timidez y dulzura, situación que nunca se había mostrado con claridad en su amistad previa.
La rubia sabía que de las chicas, la de cabello carmesí era con la que mejor se llevaba. Eran parecidas en el respecto de que les gustaba el silencio. A Mayumi no le importaba que Osen estuvieran frente al computador todo el día y a Izumi no le importunaban los sarcasmos de Ishida.
Eran cómplices y habían crecido juntas, por eso, de alguna manera, May creía que no estaba del todo mal que su amiga se apoyara en ella, después de todo ¿no se trataba de eso su emblema? ¿de aprender de la amistad y ayudar a quienes lo necesitaban?
El leve brillo azuloso que emitía su emblema a través de su cuerpo la llenó de orgullo. Probablemente por eso estaba activa y quería rescatar a los chicos, porque eran sus amigos, porque estaba en riesgo de perderlos.
Kotaro Ishida entró tras las chicas cargando a un adormilado Satoru en su espalda.
—No traigas al niño— solicitó Mayumi.
—Sato-kun no quería quedarse solo, está muy triste porque se llevaron a Tulo y a Min, además, no sólo porque esté chiquito debemos de dejarlo fuera de nuestras reuniones—, defendió el hermano menor de la rubia.
—Lo dices porque te sientes reflejado en él ¿cierto? —, quiso corroborar May.
—Siempre fui demasiado pequeño para los demás—, suspiró el pelirrojo, de aproximados 11 años, —ahora soy demasiado grande para él.
—Eres un buen chico, Kotty— dijo May. El hermano menor se cohibió; Osen Izumi permaneció silente, sólo que soltó la mano de su amiga y terminó de bajar las escaleras del sótano para luego sentarse sobre unos costales que estaban lejos de la iluminación.
Kotaro acomodó su abrigo y luego recostó a Satoru en una tabla de madera pulida. Lo cubrió con una manta azulada.
—Osen-san, ven, siéntate más cerca—, pidió el pelirrojo, pero Izumi negó.
—No importa dónde esté… yo ya no soy curiosa—, expresó la chica. Parecía desinteresada y desanimada, pero después de todo estaba ahí, con la entereza de todos los demás.
—Osen me prometió que responderá las preguntas que formulemos—, explicó Mayumi, entrecerrando el ojo a su hermano, quien le asintió.
—Hermana, eres estupenda de líder, ¡yo voto por ti!—, se emocionó Kotaro. May hizo una mueca de disgusto.
—No digas tonterías, esto no es lo mío—, consideró la rubia, —lo hago porque todos están dispersos por lo que ha pasado, no podemos dejarle todos a los adultos.
Los hermanos Ishida se asintieron al mismo tiempo. Un grito de disgusto se escuchó en la entrada del sótano.
—¡Huele a solvente!, si lo hueles por largo tiempo es como una droga—, la propietaria de la voz comenzó a toser, —¿¡pero por qué tenemos qué reunirnos aquí?!, ¿qué no eres el líder, Kyosuke?, ¿Por qué permites que se tomen decisiones insalubres?
Kurumi Ichijouji carraspeó un par de veces más, se acomodó los anteojos y se abanicó la cara. Vio con disgusto que la luz era muy tenue, pero se notaba a leguas que agradecía que hubiera electricidad.
—Es un buen lugar—, consideró Kyosuke, dirigiéndose a Kurumi, —los adultos creen que estamos desbalagados por las habitaciones. El sótano es un buen lugar, te felicito, 'Yumi".
—Pero tu barbie-girl tiene razón, 'Suke— retobó Ishida, —si realmente quieres liderar al equipo ponte a trabajar.
Motomiya se rascó el pelo desparpajado y sonrió con picardía.
—Entiéndeme, por fin se me hizo probar sus labios—, expresó ilusionado. Kurumi se enfureció, con su bolso lo golpeó y casi lo hizo caer de las escalinatas.
—Y tú, Mayumi— amenazó Kurumi, —Que te queden claras dos cosas: una, no estereotipes a las muñecas Barbie conmigo, no al menos cuando te pareces a una MUCHO más que yo, al menos físicamente; y dos, el inepto de Kyosuke me besó a la fuerza, es un cavernícola tan bruto como Taiki, ¡ni creas que no he oído de los besos que te roba ese vándalo!
—A mí nadie me roba besos—, dijo con seriedad la rubia, —los regalo por cuenta propia, deberías admitir lo mismo.
Kurumi Ichijouji se puso colorada, gruñó y en cuanto vio a Satoru comenzó a reclamar la presencia de su hermano menor.
—¡Hay que sacar a Sato de aquí! ¡No quiero que escuche nuestros planes!— increpó.
—¿Se pueden callar?, sus gritos se oyen desde afuera— pidió Dogen Kido, que acababa de llegar al lugar de la reunión, seguido por Benjamín Tachikawa.
—¡Me callo cuando mi hermano salga de aquí! — exclamó la chica Ichijouji, —No quiero exponer al niño y por otra parte, Sato es una calamidad que arruinará cualquier estrategia que hagamos.
—No digas eso, yo era aún más pequeño cuando vivimos la fusión prohibida—, se enfadó Kotaro.
—¡Y vaya que eras una carga por llorón! — recordó Kurumi, —pero mi hermano es peor, al menos tú no tenías ideas extravagantes y sabías obedecer a tus mayores.
—El mocoso está dormido y es una molestia andarlo cargando por media mansión para cumplir tus caprichos, Kurumi— regañó Ben —además, tengo un hermano dos años menor que el tuyo que ha sido secuestrado por los demonios digitales, así que yo que tú no me quejaría de que Satoru está expuesto.
—Sin contar que Tulo y Min son los mejores amigos de Satoru— añadió Kotaro, feliz de verse apoyado por Benjamín.
—Ash, como sea, no digan que no se los advertí— se rindió la joven, sentándose en un escalón.
—Todo estará bien, porque Satoru-kun seguirá las normas del código de ética Ichijouji— dijo de repente Osen Izumi; Kurumi aplaudió entre irónica y sincera.
—Parece que esta chica ya piensa un poco más— se sorprendió.
—¡No te estés burlando! —, se enojó Ben.
—Benjamín, no me alces la voz, que de por sí ya me tienes muy decepcionada— se quejó Kurumi, —¡Has golpeado a mi Zetty! ¡Le hiciste sangrar de la nariz!, te juro que si se la rompiste y no le queda igual que antes la pagarás, ¡el rostro de Zetaro era y debe seguir siendo perfecto!
—El único perfecto aquí soy yo— presumió Ben.
—¡Por Dios, si tu cabello de principito pseudoamericano está chamuscado y tienes una cicatriz en la frente!
Parecía una discusión sin final.
—Por favor no se peleen…—, pidió el pelirrojo Ishida.
—Este no es el propósito de la reunión, porque si de quejas se tratara yo tengo más: acaban de destruir mi casa y al parecer mi padre engaña a mi madre y tiene una hija fuera de su ya no tan pulcro matrimonio— Doguen Kido habló de prisa y avergonzado, como su la calamidad creciera a su alrededor.
—¿Ehhhh? ¿Tío Jou engañó a mi tía Jun?— se asustó Kyosuke.
—Doguen, silénciate— regañó Mayumi, cruzando los brazos y recargándose en un pilar de fierro, el cual ayudaba a sostener la construcción.
Ishida no dijo nada más, no parecía estar interesada en detener los gritos de Ben y Kurumi. En cambio, su hermano Kotaro no cesaba peticiones de paz imposibles.
Osen estaba auto-exiliada en una esquina oscura y ya no hablaba. Satoru dormía, pero tenía sueños malos porque constantemente pujaba y de su frente crecían perlas de sudor. Doguen se quejaba y Kyosuke miraba de un lado a otro lleno de impotencia.
En una de esas el hijo de Daisuke cruzó su mirada con los ojos celestes de May, los parecían transmitirle un mensaje. Esos iris azules parecían gritarle 'tú eres el líder, pon orden'; 'no necesitas de Seiyuro y de Toshiro para ser valiente', o 'entiendo que estés enamorado pero si no te decides nos autodestruiremos'.
De alguna manera Motomiya lo comprendió y se atrevió a sonreír a pesar del ambiente repelente que se vivía en el sótano.
Kyosuke creía que la chica Ishida lo había puesto en esta situación a propósito, de hecho, no lo dudaba. Mayumi sabía que a Kyo no le gustaban los sitios cerrados ni las discusiones entre sus amigos… no era que fueran demasiado cercanos, pero de alguna manera se conocían.
Quizás era la loca manía que tenía Kyosuke de decirle 'Yumi, o ella de contestarle 'Suke, pero extrañamente se comprendían de vez en cuanto. O eso consideró en su imaginación el chico, quien tras sonreír se raspó la garganta y gritó:
—¿¡SE PUEDEN CALLAR?!— exigió.
Kurumi Ichijouji lo hizo instantáneamente, pero no por obediencia, sino por enojo. Desde que el hijo de Daisuke se le había confesado por primera vez había adoptado con ella una actitud sumisa muy conveniente. ¿Era que ahora se le rebelaba?
—¿Cómo te atreves a callarme, Kyosuke?, ¡Ben golpeó a mi hermano y por su culpa ni siquiera pudimos avisarle de la reunión! ¡De hecho no sé dónde está! ¿Y si viene la oscuridad por él otra vez?
—A mí no me eches la culpa de la facilidad con la que el estúpido de Zet cae en las trampas de la maldad; yo lo golpeé por engañar a la Cerebrito, que es la única víctima aquí— contraatacó Tachikawa.
—Pueden seguir discutiendo, pero cada segundo que gastan en sus tonterías, significa un segundo de esperanza menos para nuestros amigos— dijo Kyosuke.
—Y luego dicen que el dramático soy yo— se burló Ben, aunque se silenció.
—Mi primo Kyo tiene razón— coincidió Doguen, —por eso yo estoy en esta reunión sin importarme que mi padre engañe a mi madre y tenga una hija fuera del matrimonio.
—¿Quieres dejar de publicar eso sin tener fundamentos? ¿tan aburrida es tu vida que necesitas inventarte ese cuento? — regañó May.
—¡Pero vi una niña que me dijo oniisan que es igual a los Kido! — se escandalizó el chico de lentes.
—Basta, Doguen… por favor, guarden silencio— mandó Motomiya, —olvídense un momento de nuestros egoísmos, aquí se trata de encontrar el valor de luchar por nuestros amigos.
—Hay que ir a rescatarlos de los Demon Lord sin desatar una batalla— opinó Kotaro Ishida —no tenemos a Tsunomon y a los demás para pelear.
—¿Y no deberíamos unir fuerzas con nuestros padres? — preguntó Kurumi, —después de todo, exceptuando a Kotaro y Satoru, todos los demás hemos crecido.
—¡Yo también crecí! — reclamó Kotty.
—Yo no tengo inconveniente, pero así como tú no quieres que Satoru esté en esta reunión, ni siquiera dormido, así nuestros padres nos excluirán a nosotros— reflexionó Mayumi —ellos no quieren arriesgarse a que nos hagan daño, es natural que piensen así, somos sus hijos… además, el crecimiento es relativo y no se relaciona directamente con nuestra madurez.
—Nosotros tenemos que idear un plan por nuestra cuenta para cualquier emergencia— aseveró Kyo —de peores situaciones hemos salido ¿no creen?
Pero sus amigos bajaron la cabeza, exceptuando a Kotaro.
—Sí… debe ser más fácil que aquella vez que creímos que moríamos por los espejismos de la fusión prohibida— el niño se abrazó a sí mismo tras recordar —o la vez que fuimos al centro del Digimundo a recuperar las memorias borradas, esa vez LadyDevimon mordió a mi primo Sei y manipularon a Zetaro-san .
Doguen se estremeció.
—Todos esos eventos han sido traumáticos, no me los recuerdes.
Los chicos suspiraron al unísono.
—¿Es que somos los únicos que quedan para luchar?— preguntó Ben, sentándose al lado de Mayumi.
—No encontramos a Zetaro, también están Yuriko y Toshiro, pero con el problema del bebé, no creo que tengan tiempo ahora mismo— mencionó May —ni siquiera les dije.
—Has hecho bien, a mí me daría miedo acercarme a esa habitación donde Yuri se encuentra, los gritos del señor Hida aún se sienten como réplicas de un temblor— dijo Doguen.
—También está Kaede-chan— agregó Kotaro.
—¿Esa quién es?— preguntó Kido.
—La hijastra de Cody Hida, ¿no recuerdas que se volvió a casar? — informó Kyo.
—Esa niña no tiene nada que ver aquí, Kotaro— consideró Ben —entre menos insectos extraños, mejor.
—Ella no es una insecta extraña, es la primer niña que se me declaró con una carta— manifestó el elegido del amor con una extraña aura roja rodeándolo.
—Eso es cursilería barata— ridiculizó el principito Tachikawa.
—Ben tiene razón, Kotty— juzgó Mayumi, hastiada, —lo que necesitamos es empezar la reunión ya; no hay que poner en peligro a tu amiguita.
Kyosuke Motomiya asintió y mandó a todos a que hicieran un semicírculo. Inclusive, pidió a Kotaro que trajera a Osen de la esquina donde se encontraba para que se uniera a los demás.
—Muchas gracias 'Yumi, de verdad aprecio mucho lo que hiciste por mí hoy, me hiciste darme cuenta de mis responsabilidades como líder— secreteó el ex chico de los visores a la primogénita Ishida.
—En verdad eres tonto, 'Suke, yo no he hecho nada— dijo con sequedad May y reacomodó en el suelo junto a su hermano.
Kyo sonrió con ironía.
—Kurumi, haz los honores— pidió Motomiya.
—¡Adolescentes elegidos, es hora de nuestra primera reunión para planear un rescate imposible!— gritó la hija mayor de Ken y Miyako.
—Se oye horrible eso de 'adolescentes', suena como una palabra cliché, además la frase no vino al caso— renegó Ben.
—De repente mis 16 años han comenzado a hacerse muy pesados…—, exageró Kido.
El chasquido de la puerta los puso a todos en guardia. Comenzaron a escuchar que bajaban las escaleras.
—Apuesto a que es papá— maldijo Kurumi —me tiene harta de que por ser detective siempre se aparece donde no debe.
No obstante, quien dio la cara fue Toshiro Takaishi. Asomó su cabeza y los saludó a todos un poco nervioso. A su lado iba Zetaro Ichijouji, quien abrazaba desolado sus dibujos.
—¿Podemos incorporarnos? — preguntó el hijo de Hikari con su serenidad de siempre, aunque se le escuchó un ligero temblor en la voz.
—¡Toshi, estás vivo!, parece que no te mató tu suegro—, se alegró Kyosuke. Toshi se sonrojó ante la incomodidad que le causaban las opiniones claras y simples de Motomiya.
—¡Qué bueno que viniste, Zetty! — Kurumi corrió hacia su hermano mediano y le revisó la nariz mientras Ben Tachikawa resoplaba. —¿Te la ha roto el menso de Benji?.
—Estoy bien, hermana, me merecía el golpe— confesó el chico de cabello lila, mirando de reojo a la pelirroja Izumi, quien a su vez desvió la vista al suelo de madera.
Toshiro y Zetaro cerraron el círculo cuando se sentaron.
—¿Cómo supieron que estaríamos aquí? — preguntó Mayumi.
—Kaede Hida los siguió y me avisó, luego me encontré con Zet— respondió el castaño Takaishi —le he pedido a la hermanita de Yuriko que vigile que no se acerquen nuestros padres, es una buena chica.
—Se los dije, sólo las niñas buenas escriben cartas de amor— defendió Kotaro, ganándose un coscorrón de su hermana.
—¿Iremos a empezar alguna vez con esta dichosa reunión y llegaremos a algo con ella? — cuestionó Ben —Digo, todos ya sabemos que Toshiro embarazó a Yuriko y eso se volvió un drama interplanetario; sabemos que golpeé a Zet por engañar a la Cerebrito en el Internet; nos queda claro que Kotaro recibió su cursi carta de amor por parte de esa mocosa; sabemos muy bien que Doguen-senpai tiene la disparatada idea de que su padre le es infiel a su madre, y tenemos muy presente que los Demon Lord tienen a parte de nuestro equipo cautivo en sabe dónde con intenciones funestas… bajo este contexto, ¿podemos ir más allá de una buena vez, insectos?
—Por primera vez creo que Ben dio en el punto— opinó Kyosuke.
—Que cada quien diga la información que tiene ¿sí?— propuso Kurumi —Ash, igual y lo apunto en mi computadora.
—No— dijo de repente Osen Isumi, masajeándose las sienes como si sintiera dolor por opinar —lo haré yo… tenga ignorancia o no… es más triste la indiferencia.
Kurumi cedió su brazalete a la pelirroja y ésta lo accionó. Cerró los ojos y le rogó a su conocimiento que no la abandonara más.
Yuriko Hida estaba exhausta pero no podía dormirse. Quería levantarse y buscar a sus amigos, pero no tenía demasiadas fuerzas para moverse.
No estaba segura de si se debía a su estado físico, más bien parecía estrés lo que le impedía ser autosuficiente. Su padre había salido de la habitación con la charola de alimentos a medio comer. Ella apenas había podido probar bocado porque sentía náuseas y su vientre se movía de manera extraña.
Algo no iba bien con Shinobu. Su pancita estaba creciendo mucho o al menos eso percibía ella. Tal vez, por haber hecho público su secreto, el vientre se le había saltado como una burbuja, aún así no estaba segura.
Lo que sí sabía era que no debía quedarse en cama, algo le decía que debía unirse a sus amigos. Los imaginó escondidos haciendo una reunión y deseó estar con ellos, ¿se les habría unido Toshi?, ella esperaba que sí.
Aún así, la verdad era que quería el consuelo de sus amigos y también estaba dispuesta a pelear… si ella se quedaba estática, sentía que esos seres oscuros iban a venir por ella y el bebé.
—Ay, Shinobu-chan, todo es tan difícil— consideró la muchacha, tratando de incorporarse o al menos de cambiar de posición.
Al moverse se fijó que su hemorragia había cesado, aún así su vientre seguía moviéndose. A la vez, su piel había endurecido y la sentía reseca.
Se levantó después de varios esfuerzos, quería salir un momento y sabía que esa era su oportunidad. Su padre se había descuidado un poco y era el instante ideal para escaparse y buscar a Toshi.
Quería decirle que algo no estaba bien con el bebé. No era sólo que se sentía enorme e inflamada… era una angustia que le venía por dentro.
Le habían quitado los zapatos. Notó que llevaba las piernas y los pies hinchados, como si estuviera reteniendo líquidos. Miró a su alrededor y le costó recordar que estaba en la Mansión de Devimon que estaban construyendo en el Museo del tío Daisuke y los demás.
Comenzó a caminar muy despacito. Por primera vez cayó en cuenta que traía dentro de ella a un ser humano con vida propia. Era como si tuviera que respirar por los dos y soñar por los dos.
Se asomó por la puerta y miró la espalda de su padre. Se veía muy tenso. Los últimos acontecimientos lo tenían así y ella no había ayudado a tranquilizarlo. Los minutos que habían pasado juntos tras marcharse Toshiro habían sido insoportables para los dos.
Iori quería ser un buen padre y eso lo comprendía Yuriko, pero por el momento la relación de los dos estaba lastimada y era difícil entablar siquiera una conversación que no fuera un regaño o un reclamo.
A un costado de su padre estaba Jou Kido. Los dos estaban hablando en voz baja, murmurando… ella era la plática.
Yuri pegó la oreja en la puerta y se mordió los labios dispuesta a oír. No era lo suyo espiar a los demás, pero en esos momentos ¿qué quedaba de su esencia? ¿a dónde se había ido la vieja Yuriko y qué implicaba su transformación?... no lo sabía, aunque estaba dispuesta a hacer lo que fuera con tal de seguir sus convicciones.
—Me dijeron que tenías que contarme cosas sobre el embarazo de mi hija— decía Iori —De antemano agradezco la ayuda que le estás brindado a Yuriko; quiero saber cada detalle de su salud y su gestación.
La castaña se asomó de nuevo y vio de lejos el rostro serio de Jyou Kido, lo cual le dio un escalofrío.
—No te voy a mentir, Cody— dijo el galeno —Es un embarazo de alto riesgo, me temo que los digimon hicieron daño al bebé… no soy ginecólogo, pero los datos del ultrasonido que me dio Toshiro no corresponden con el crecimiento del bebé.
—¿Qué quiere decir eso?
—El bebé está creciendo más rápido de lo normal, sin embargo, esa sólo es mi opinión, te repito que no soy experto en obstetricia— trató de explicar el doctor Kido acomodándose los lentes varias veces.
Desde que era joven las gafas siempre se le resbalaban por su larga nariz.
—¿Cómo es posible que el bebé esté creciendo más rápido de lo normal?, ¡eso es humanamente imposible! ¿Hay acaso algún mal genético que conozcas que se relacione con un crecimiento acelerado del niño?
Yuriko tocó su pancita con temor.
—Iori, yo no soy genetista, no podría saberlo.
—¡Deberías saberlo!— se alteró Hida, aunque de inmediato se arrepintió, —Joe… lo siento mucho, comprenderás que estoy conmocionado por lo que está pasando con mi hija.
—Es comprensible.
—Joe, prométeme que si la vida de mi hija está en riesgo no dudarás en decírmelo, yo tengo que salvarla a toda costa—, rogó Cody.
—Ahora está estable, sólo hay que observarla… mientras, estoy tratando de contactar al hospital para conseguir a un especialista, pero la verdad es que no podemos establecer comunicación, nosotros estamos en otra dimensión ahora, no tengo ninguna duda de ello— comentó el médico.
—Entiendo. Yo me encargaré de buscar a ese experto, recorreré todo este mundo oscuro hasta salir con tal de hallar un hospital.
—Cody, no sé si eso sea lo mejor, será peligroso que salgas de este lugar, tampoco debes mover a Yuriko— aconsejó Joe.
—¿Entonces qué hago?— preguntó desesperado, —¿Esperar a que ella empeore? ¿A que le reviente el vientre?... Seiyuro Takaishi expulsó de su cuerpo una masa de oscuridad hace apenas un par de días, ¿no es así?, al chico lo atacó una Ladydevimon hace años; hace unas horas a mi hija la atacó un Daemon, ¿y si ese Demon Lord inyectó algo en el vientre de mi hija? ¿y si la oscuridad poseyó al niño que espera? ¿Y si quiere acabar con mi hija?
—No podemos suponerlo, estás exagerando… no alcanzaron a herirla, me lo aseguró Toshiro—, se apresuró a decir Kido, parecía que al doctor no le gustaba la manera en como lo miraba el más joven de los elegidos del 2002.
—¿Por qué tengo qué confiar en lo que dice ese chico? ¡Confié en que protegería a Yuriko y lo que hizo fue embarazarla!— volvió a exaltarse. De nuevo Hida pareció calmarse después de un suspiro ruidoso, —otra vez me disculpo, Jou, no tengo derecho de quejarme así contigo, me has ayudado demasiado, has salvado a mi hija…
—Yuriko-chan es fuerte, estoy seguro de que encontraremos la solución— trató de animar Jyou —por ahora lo importante es que ella esté reposando y nosotros nos activemos para rescatar a los niños y salir de este lugar.
—¿Taichi y Daisuke organizarán una junta?— preguntó Hida, cambiando abruptamente de tema.
—Seguro que sí. Vamos. A todos nos interesa.
Iori Hida asintió y con pesar siguió a Kido. Yuriko los escuchó marcharse en silencio y con los ojos esmeraldas llenos de lágrimas. Lo que había oído la había llenado de terror.
¿Por qué su bebito Shinobu estaba creciendo de manera acelerada? ¿podría ser, que como dijo su padre, estuviera contaminado por la oscuridad?
Ella negó rápidamente, recargándose en la pared y dejándose resbalar hasta el suelo. Sabía que debía escapar para ir con sus amigos, pero no pudo reprimir su llanto.
—Hijo, ¿qué vamos a hacer ahora?—, gimió Yuriko, sin dejar de acariciar su vientre con amor y desesperación mezclados.
—¿Por qué lloras, calú?— Yuri dio un pequeño salto del susto; el pequeño Calumon había aparecido justo encima de su cabeza y se revolcaba alegre entre sus cabellos pardos.
—Eres tú, pequeñito…— saludó con ternura Yuriko, tomando en brazos al digimon, —cómo desearía que fueras mi Upamon.
—A Calumon no le gusta que llores— sinceró el digital, encogiendo sus orejitas níveas.
La chica Hida no pudo contenerse más y abrazó al digimon como si fuera su propio hijo.
—Calumon, si estás aquí es porque vas a protegernos, ¿verdad?—, preguntó esperanzada.
—Ya no llores, calú, ¿quieres jugar?— fue la respuesta del digimon. Yuri negó, separó al pequeño y lo besó en la frentecita.
—Ahora no puedo jugar— explicó con paciencia —Aquí, en mi pancita, tengo un bebé que está creciendo.
—Calumon lo sabe—, dijo, saltando de los brazos de Yuriko a su vientre abultado, —Calú lo espera.
—¿Lo esperas?— Yuri se admiró —¿de verdad?
Pero el disperso Calumon ya no le respondió, sólo se embarró gozoso en el abdomen de la chica y de nueva cuenta Yuri sintió calidez.
—Me haces pensar que viniste aquí para cuidar a Shinobu, pequeño Calumon…— creyó la elegida de la Equidad, —eso me da esperanza.
Se levantó calmadamente y se secó las lágrimas con el dorso de sus manos. Miró que su falda tenía manchas de sangre y se apenó un poco. Quería buscar a su amiga Kurumi para pedirle ropa limpia pero no tenía cómo localizarla, porque su brazalete digital se había roto en el enfrentamiento y no había tiempo para pensar en pequeñeces.
Yuri le quitó la funda a una almohada y se la amarró en la cadera para no apretar su vientre. Calumon ni siquiera se movió mientras la chica ocultaba las evidencias de su hemorragia, sin duda alguna, la digiemblenquia parecía un pequeño koala colgado a su madre.
La chica sonrió y comenzó a desplazarse hasta salir de la habitación. El pasillo de la mansión estaba silente; las voces de sus amigos no se oían por ningún lado. Decidió bajar las escaleras principales a pesar de que sabía que subir y bajar escalones acarreaba riesgo, el doctor Kido le había indicado permanecer quieta.
No obstante, la chica sentía que debía bajar y seguir sus corazonadas… ahora mismo su único deseo era reunirse con sus amigos y buscar en ellos el apoyo que ella y su novio necesitaban.
Además, aunque tuviera mala pinta, Yuriko Hida se sentía fuerte. Atribuía su fortaleza a la flor de la armonía, al abrazo de Calumon y al significado del nombre su hijo 'Shinobu', que significaba resistencia.
Bajó lentamente. Un pie, luego otro. La mano en el barandal y su vista fija en el siguiente escalón. Si ella tenía cuidado su bebé estaría bien, no obstante, si ella se descuidaba, si su atención se desviaba un poco, todo podía ser fatal.
Ese pensamiento hizo que se desequilibrara un poco. Una de sus piernas vaciló a la hora de moverse y la planta de su pie se resbaló.
Un grito se ahogó en su garganta en un instante, pero Calumon brilló intensamente, con una luz muy blanca, y Yuriko lo único que hizo fue cerrar los ojos aterrorizada, esperando lo peor: caerse y lastimar a su hijo.
No supo exactamente lo que pasó. Resbaló, pero no se estrelló en ningún lado. El resplandor de luz que dejó salir Calumon la cegó y confundió. Cuando se atrevió a abrir los ojos estaba suspendida en el aire. No estaba en el Museo Digimon ni en ningún lugar en particular… ¿en el cielo del mar oscuro?, ¿estaba inconsciente?
No podía ver nada más allá que su propia figura, no entendía nada y la desesperación comenzó a agobiarla. Inmediatamente se tocó el vientre, pero no había nada ahí dentro… su cuerpo no daba asilo a su pequeño, no lo sentía moviéndose… lo había perdido.
—¡Shinobu!— chilló desesperada. Seguía suspendida en la nada, no podía moverse entre la densa oscuridad, prácticamente ella parecía un fantasma. El sonido del oleaje fue lo único que escuchó después de que su grito se esfumó con la espuma.
—No… ¡mi bebé! —, gimió inconsolable. Recordó a Calumon, pero el digimon no se veía por ningún lado. También buscó a su novio, pero Toshiro no estaba ahí.
Ahí nada más parecía que estaba el mar… estaba sola en ese mar…
—Tengo qué encontrarte, hijito— se dijo a sí misma, abrazándose, —no puedo perderme, no pude haberme caído de esas escaleras, no puedo estar en este lugar… ¡Shinobu! ¿¡Dónde estás?!
—Aquí estoy, mami— fue la respuesta que Yuriko obtuvo, lo que la dejó muda.
Trató de moverse por todas partes, totalmente desesperada. La voz que había escuchado era la de su nene.
—Resiste, mami— volvió a decir la vocecita, —resiste.
Yuri Hida se talló los ojos. La oscuridad seguía rodeándola, sin embargo, el corazón le latía frenético al oír la voz del niño. Por un momento pensó en que se trataba de una trampa de Dragomon o de Daemon, pero desistió, porque su novio ya había tenido visiones de Shinobu, ¿era que ahora ella tenía esa habilidad de pisar el mundo místico de los elegidos de la Luz?
—¿Dónde estás, hijito?— preguntó a su bebé —Resistiré, pero quiero saber si estás bien.
—Dame la mano, mami— pidió Shinobu.
La hija de Cody asintió.
Estiró sus brazos sin dudarlo, sin importarle que a su alrededor sólo hubiera noche, una oscuridad penetrante y áspera.
Cerró los ojos esmeraldas y de pronto, junto con el oleaje, comenzó a soplar el viento. Yuri no desistió y siguió buscando la mano de su hijo, pero lo que le llegó fue un abrazo.
Sintió unos bracitos regordetes y pequeños tratando de rodearle los muslos. Una cabecita de suave cabello le acarició y sintió una cálida respiración a su lado. Cuando sus ojos se abrieron, se encontraron con una mirada azul celeste.
—Dios mío…— Yuriko se dejó caer. Se hincó en esas tinieblas sin suelo y apretó con fuerza al pequeño.
De verdad era Shinobu. Su Shinobu Takaishi-Hida, el niño más bonito que había visto jamás. Con ese cabello castaño de su padre y los ojos de Takeru-san. Tenía la voz parecida a Toshiro cuando era pequeño: suave y entendible; dulce y sabia.
—Ya no llores, mami— pidió el niñito, mostrando con orgullo el número tres con sus deditos.
—Tres… ¿tres años?— preguntó Yuriko, a lo que Shinobu asintió contento.
—Bebé, ¿dónde estamos?
—En el tiempo— respondió con clásica aura mágica heredada de Hikari Yagami.
—¿En el tiempo?
—Resiste, mami— repitió el pequeñito, antes de que él comenzara a brillar tan fuerte como Calumon antes de que se resbalara de las escaleras de la mansión.
Inevitablemente la chica cerró los ojos porque no soportó tanta luz. Volvió en sí en la mansión. En la planta baja, las escaleras estaban tras de ella y no parecía haberse caído. Calumon se había dormido agarrado a su vientre como chinche. Su mano aún estaba cálida, así que la miró y distinguió nuevamente la silueta de su bebé crecido.
—Shinobu… sigues aquí.
El bebé asintió con coquetería, esta vez Yuri recordó inevitablemente a Seiyuro Takaishi, el tío. Estuvo a punto de gritar para dar aviso de que ahí estaba el bebé, que no era un invento ni una visión, pero no lo hizo porque estaba acalambrada, casi en estado catatónico.
—Te quiero, mami— esas palabras de nuevo la hicieron llorar y rodear el cuerpo de Shinobu, el cual lucía casi transparente, como el de un espíritu.
—¡Te adoro!— respondió Yuri, dejándose llevar por esa caricia que fue muy corta y que finalizó con la desaparición del niño.
Al irse, Yuriko Hida sintió nuevamente que se le hinchaba el cuerpo, que le dolía el abdomen y que el bebé que esperaba se movía dentro de ella. La calidez que había sentido en su palma cuando Shinobu le había agarrado la mano se esparció por todo su ser, especialmente su vientre.
Se recargó en el barandal de la escalera y tomó aire con desesperación. No entendía lo que acababa de pasarle, sólo sabía que había sido el momento más hermoso que había vivido jamás.
Haber tenido la oportunidad de abrazar a esa pequeña parte de su ser la había envuelto de una felicidad momentánea que deseaba hacer realidad con todas sus fuerzas. Ahora comprendía perfectamente el amor que le tenían sus padres, especialmente su fallecida madre.
Entendía más que nunca por qué Hiromi la había mirado toda la vida con un amor irremplazable… ser madre era el tesoro más grande que le esperaba en ese mundo.
—¡Yuriko-oneesan!— la voz de Kaede, su nueva hermanastra, distrajo a Yuri de sus pensamientos. Todo ese tiempo había estado mirando hacia el techo como si se tratara de un cielo azul lleno de nubes de distintas formas.
—Kaede…— saludó indiferente.
Su hermanastra palideció, la revisó enterita con su mirada castaño oscuro.
—¿Estás bien?, es peligroso que hagas esfuerzo, escuché que eso le decía el doctor a mi mamá y a tu papá— se asustó la niña, —¿has bajado las escaleras tú solita? ¿pero y tu bebé?, Yuriko-oneesan, ¿le llamo a papá?
La hija de Cody negó de inmediato.
—No lo llames. Estoy buscando a mi novio. ¿Lo recuerdas, verdad?, se llama Toshiro.
—Están en el sótano— avisó Kaede —estoy cuidando que los adultos no se den cuenta, pero Yuriko-oneesan, es riesgoso que estés caminando, si no quieres que le llame a papá puedo ir contigo y cuidarte.
—No sé dónde está el sótano, llévame ahí— ordenó con algo de rudeza. No se le daba bien portarse bien con esa niña a pesar de que ya había comprobado que tenía un corazón puro y leal.
—Pe-pero…— se opuso la chiquilla.
—Es lo que hacen los hermanos, apoyarse mutuamente aunque a veces vaya contra las reglas— regañó con voz calmada Yuriko, —¿Quieres ayudarme esta vez, hermanita?
Eso bastó para iluminar los ojitos de la hija de Noriko y asentir. Yuri sonrió. Se prometió a sí misma tratar de ser una buena hermana mayor. Estaba a punto de ser madre, así que nada le costaba tener una hermanita en quien apoyarse, después de todo, la nena se lo merecía.
Kaede sostuvo a Yuriko y le ayudó a caminar hasta el sótano, había que bajar unas escaleras, ahí la niña se detuvo.
—Están ahí abajo.
—Gracias Kaede, de aquí en adelante voy yo sola porque necesitamos que vigiles— explicó.
—Pero te puedes caer, oneesama— se preocupó.
—No voy a caerme… mi bebé y este digimon que ves aquí— señaló a Calumon, —me ayudan a resistir todos los problemas.
—¿De veras?— preguntó la nena con inocencia.
Yuriko asintió. Le hizo un cariñito a Kaede en el cabello y de nueva cuenta la niña se intimidó y enrojeció como loquita. Era muy curioso, pero parecía que a esa chica le hacía falta afecto, ¿no se había sentido así de sola Yuri cuando perdió a su madre y su padre se alejó de ella?...
—Sí, de verdad. Si siento que corro peligro te pediré ayuda— aseguró.
Kaede asintió. Le hizo cariños a Calumon.
—Pequeño monstruito, cuida a mi hermana.
Como respuesta, el adormilado digimon dijo dos veces calú calú, lo que en su lenguaje podía adaptarse a un 'por supuesto', según atribuyó Kaede.
—¿Se dan cuenta que hasta el momento sólo tenemos como pistas a unos niños fantasmas que se han aparecido a algunos de nosotros?— preguntó molesto Benjamín, arrebatándole la computadora a su hermanastra Osen Izumi para leer las notas de ésta.
—Eso no tiene nada de malo— juzgó Mayumi.
—¡Es surrealismo puro! ¿Ahora me van a decir que todos tienen el don de ver fantasmas?— reclamó. —Inclusive, si lo leo, se oye ridículo— se aclaró la garganta —Según Kotty, su tía Hikari vio a una niña que le dio un puñado de flores curativas…
—¡Eso es cierto, a ti te dieron una flor de la armonía para curarte, Ben!— criticó Kurumi —o qué, ¿te habrías recuperado de tus heridas sin esa planta?
El principito Tachikawa ignoró a la mayor de los Ichijouji.
—Mayumi, a quien consideraba una mujer sensata, asegura haber visto a un niño que tenía poderes sinestésicos y que la ayudó a encontrar a su padre cuando éste fue tras el Lucemon Falldown Mode que secuestró a Taiki.
—Si quieres ser incrédulo allá tú— bostezó Mayumi.
—¡Yo habría querido ver a ese niño, hermana!, ¿dices que se llama Takumi?— May asintió, Kotty siguió hablando —¡yo quiero ver a ese niño que dice cosas chistosas!
—Es un absurdo— se quejó Ben —Para el colmo, el idiota de Zetaro dice que él y su hermanito vieron aparecer a otra mocosa que despertó a mi bella madre y a los demás del hechizo del Demon Lord Barbamon, alias el Barbitas…
—Era una enana y además nos dio una clave— aportó Satoru, saliendo de su letargo.
—Vaya, hasta que por fin dejaste de fingir que dormías, Sato— hizo notar Kurumi. Satoru le respingó a su hermana y con inocencia fingida volvió a cerrar los ojos, aunque ya no quedó duda de que estaba al tanto de los planes de los chicos.
—La clave se la dimos al señor Izumi, pero la copié en uno de mis cuadernos…— agregó Zet.
Benjamín Tachikawa bufó.
—Primo Doguen— opinó Kyo —¿no crees que la niña que dices que te dijo oniisan es uno de esos niños fantasmas en lugar de ser la hija fuera del matrimonio de tu padre?
—Ahora que lo pienso, es probable… además de que me dio una llave y me dijo que era para entrar a un lugar llamado Witchelmy.
—¡Por ahí hubieras empezado, insecto! — se encabronó Ben y comenzó a teclear la información que había aportado el hijo de Joe.
—Como ya les comenté, yo también vi a mi hijo en una visión…— agregó Toshiro, pero sus palabras se desvanecieron al ver a su novia embaraza bajando al sótano.
—¡Yuri-chan, es peligroso!— gritó perdiendo la calma y corriendo hacia ella. Kurumi soltó un gemido histérico y apretó el brazo de Kyosuke, como si con eso pudiera tranquilizarse.
—Estoy bien— se apresuró a decir Yuri.
—No, no estás bien— regañó Toshiro —¡Debes reposar, no puedes levantarte!
Todos miraron a la pareja, se sintieron compungidos y llenos de impotencia.
Mayumi quedó boquiabierta al ver las piernas hinchadas de su amiga. Andaba descalza y de los pies se le saltaban várices. Kotaro se tragó un suspiro de desasosiego, había visto a Yuriko hacía poco tiempo y su vientre no estaba así de esponjado ni sus ojos tenían ojeras bajo los párpados.
Ben quiso patear algo también, porque no le dio gusto ver a esa chica así. Se veía consumida por esa nueva vida que llevaba adentro, se veía como si trajera tatuada en la frente la palabra 'piedad'. Osen agachó la cabeza con discreción y comenzaron a salirle lágrimas, Zet –al notarlo- frenó su llanto y se cubrió la boca con una de sus manos.
—¡Malditos Demon Lord!— fue Kyo el que pudo hablar, poniéndose de pie junto con Doguen, —Yuri, no sé qué te hicieron los digimon malignos, Toshi dice que intentaron dañarte, pero nosotros vamos a impedirlo, ¡te protegeremos!
—¡Estás loca, tienes que ir a reposar, el sangrado puede regresar!— reaccionó tardíamente Doguen.
—Te llevaré a descansar y te prestaré algo de ropa; quiero cuidarte— se ofreció Kurumi, olvidándose de su personalidad egoísta por excelencia.
Mientras Toshiro se quitaba su suéter y se lo echaba en los hombros con desesperación, Yuriko Hida les sonrió a sus amigos.
—Shinobu y yo debemos estar con ustedes— les dijo a sus amigos. Estaba conmovida por verlos preocupados por ella. Hasta los chicos con corazón más cerrado parecían confesarle con sinceridad que estaban al pendiente de su estado.
—¿Shinobu es el nombre del bebé?— quiso confirmar Mayumi.
Yuri asintió de tal modo, que Motomiya la asoció de inmediato con su amigo Toshiro. Quizá fuera porque la semilla de éste estaba dentro de ella, pero en definitiva la chica de la Equidad se veía diferente.
Tras ese aspecto físico desgastado parecía brillar una luz llena de fortaleza.
—Kyo, ayúdame a cargarla— pidió Toshi.
De inmediato el dueño del Valor asintió, se puso de pie ágilmente y de dos zancadas alcanzó a la parejita.
—No me lleven de vuelta a la habitación— ordenó la chica.
—No seas insensata— gruñó Toshiro.
—Quiero estar contigo, Toshi— suspiró la chica, —contigo y con mis amigos, sólo así salvaré a mi bebé.
—Calumon también quiere ayudar— dijo de pronto la digiemblenquia, soltándose del vientre de Yuri y comenzando a volar por la habitación hasta aterrizar en la cabeza anaranjada y despeinada de Kotaro Ishida.
—Yuri…
—Por favor, tengo algo que decirles— pidió la futura madre, compenetrando su mirada verde con la rojiza de Toshiro.
—Está bien, pero después irás a reposar— accedió su novio, que con la ayuda del fortachón de Kyosuke, pudo cargar a Hida hasta el sótano.
De inmediato, Kurumi le arrebató a su hermanito la mantita con la que lo había cobijado Kotaro y preparó un lugar para sentar a su mejor amiga. Sato se talló los ojos y bostezó como un minino antes de sobreponerse y sentarse con el rostro temporalmente arrugado.
Él mismo agarró la chamarrita que había usado de almohada y caminó hasta Yuri. Le puso la prenda de vestir en la pancita.
—Es para que el bebé nonato no tenga frío— dijo Satoru, luego regresó a su puesto y volvió a bostezar.
—Gracias, Sato-kun— sonrió Yuriko.
—En serio, ¿qué clase de niño de siete años usa la palabra 'nonato' en su vocabulario?, what a fuck with this kid?, he's even worst than Tulo— opinó Benjamín, rascándose su nueva cicatriz en la frente, la cual por suerte no era en forma de rayo y, por tanto, no caía en cliché.
—Tachikawa, deja de insultar a mi Sato precioso— regañó Kurumi —se ha visto divino sabiendo compartir, y que te sepas, Ben, que tu hermanito está todavía más freak que el mío.
El dueño de la Perseverancia encogió los hombros y la mirada de seriedad de Toshi hizo que todos dejaran de discutir estupideces.
En breves enunciados, Kurumi informó a Yuri lo que estaban haciendo, la chica asintió todas las veces que pudo para hacer notar que a pesar de que no estaba enterada de la mayoría de los problemas, entendía la situación.
—Yo también tengo algo que agregar…— confesó.
—¿Qué pasó, Yuri-chan?— interrogó Toshiro, agarrando su mano.
—Vi a Shinobu— respondió llorosa y conmovida.
Toshiro le secó las lágrimas con un pañuelo.
—Escuché a papá y al tío Joe hablar de que tengo un embarazo muy extraño, que mi bebé está creciendo aceleradamente y que no saben lo que está pasándome… no hay un ginecólogo, así que Kido-sensei no sabe cómo proceder, pero oí que es posible que mi vida corra peligro junto con la del bebé… ellos creen que la oscuridad me atacó y que datos de ella están dentro de mí, como pasó con Seiyuro y el beso de Ladydevimon.
—… no… no podemos permitir eso— dijo Kurumi.
—El vientre te ha crecido mucho— comentó Mayumi —pero yo creo que no es a causa de ningún Digimon maligno.
—¡Yo también creo eso! ¡Sólo hay amor dentro de ti! — exclamó Kotaro con una seguridad asombrosa.
—Lo sé… Shinobu me lo reafirmó…
—¿Cómo es que lo viste? — preguntó Zetaro con timidez —me refiero al bebito.
—Tras oír esa plática quise venir corriendo a contarles, porque me consumía la desesperanza, pero cuando baja las escaleras sentí que caía.
Toshiro se estiró como si fuera una estaca. Los demás rodaron los ojos sin saber qué decir.
—Antes de caer, Shinobu me rescató con una visión… me salvó y me dio su manita, me dijo que resistiera, cuando le pregunté dónde estábamos, me dijo que en el tiempo…
—Eso puede ser una pista— supuso Kyosuke —escriban eso en la laptop.
Ben cedió el aparato a Osen, quien obedeció inmediatamente, aunque siguió con el rostro agachado y perdido.
—¿Cómo es él?— preguntó Kurumi.
—Seguramente se le apareció a una edad aproximada en de tres años, tiene el cabello castaño de Hida-san, aunque menos liso; los ojos son idénticos a los de mi padre… aún tiene figura regordeta, como un bebé que comienza a ser niño, sonríe igual a Seiyuro y es amable y dulce, como Yuri— resumió Toshiro a Kurumi.
—Gracias, pero le estoy preguntando a ella— manifestó indignada la chica de gafas.
—Shinobu es justo como dice Toshi… ¿cómo lo supiste? — preguntó la novia.
—Shin-chan se me apareció también ¿recuerdas?, también me tomó de la mano y me pidió resistencia— explicó el hijo de Hikari.
Yuriko sonrió muy animada.
—Kurumi, ¡mi hijo es un niño adorable, tendrías que verlo!— presumió, por primera vez orgullosa de ser madre a pesar de su corta edad.
—¡Bingo, Yuri!
—En mi opinión esas visiones de esos niños son la clave— interrumpió Doguen, un poco sonrojado. De alguna manera odiaba cuando las chicas se ponían a hablar en ese tono y sobre temas muy femeninos.
—¡Dugh! ¡qué increíble deducción, Llorón!— se burló Ben.
—Yuri, te prometo que todos haremos un esfuerzo para protegerte del peligro a ti y a mi sobrinito— aseguró Kyo.
—¿Y cuál es el plan?— preguntó la castaña.
—Aún seguimos pensando— admitió molesta Mayumi —lo primero es rescatar a los trillizos Yagami, a mis primos Takaishi y a Tulo-chan, pero ni siquiera sabemos cómo, probablemente estén en el Digimundo, pero no estamos seguros de cómo llegar allá.
—¿La puerta sigue cerrada?— preguntó Yuriko.
—Sí, está cerrada.
—Pienso que la Cerebrito podría abrirla, pero ella está inservible— se quejó Ben.
Osen dejó de teclear y temblaron las manos.
—Osen-sama no es tan inservible como parece, yo pensé que era una androide, pero aún así pudo hacer aparecer a la enana mágica— comentó casualmente Satoru.
—¡Háblale con respeto a tus mayores, Sato!— mandó la hermana mayor del niño.
—Mejor dile a tu mocoso hermano que se quede callado, que agradezca que lo dejamos estar aquí— gruñó Benjamín.
—¡Dejen a Satoru en paz!— defendió Kotty.
—¡SILENCIO!— ordenó de nuevo Kyo, esta vez sonó más decidido —no quiero más discusiones. Kurumi, por favor ya no pelees con Ben. Dejemos las diferencias para después, lo que no debemos de dejar de tomar en cuenta es que somos un equipo y debemos trabajar unidos.
Toshiro suspiró. De la junta con sus amigos no habían sacado mucho provecho. Todas las pistas estaban dispersas y no había forma de organizar un plan si no estaban seguros de nada.
—Es fácil saber lo que sigue— May concluyó, —debemos descifrar lo que la niña enana le dio a Zetaro y Satoru.
—No era una niña enana— interrumpió Zetaro, —Sato-kun lo dice porque le molestó que Koemi lo desafiara… pero creo que vale la pena decir que la niña se parecía mucho a Mimi-san.
—¿A mi bella madre?— preguntó Ben.
—La niña que se me apareció lucía como mi padre— agregó Doguen.
—Takumi era parecido a papá—dijo con firmeza la hija de Yamato.
Hubo otro suspiro general.
—Por lo pronto haremos grupos para resolver lo que podamos— dijo Kyosuke, intercambiando mirada con Toshiro —Un equipo cuidará de Yuriko, otro hará una expedición, el último se encargará de buscar pistas con base en las evidencias que dejaron los niños misteriosos.
—¿Y si invocamos a los niños fantasmitas?— preguntó Doguen.
—No eran fantasmas— retó Mayumi.
—Eran formas de energía del Digimundo— opinó Zetaro sin alzar el rostro, que tenía fijo en un dibujo, —la niña que se nos apareció dijo que ella era como Genai… nunca supimos exactamente lo que era el señor Genai, pero yo creo que es energía del Digimundo, quizás son mariposas digitales de datos que se unen para ayudarnos a encontrar nuestro destino".
—De ser así significa que hay una forma de viajar al Digimundo— consideró Kyo.
—El problema es que no sabemos dónde estamos— comentó Kurumi —papá dice que en el mar oscuro y puede que sí, pero a la vez siento que sigo en la tierra.
—Es como si ambos mundos hubieran perdido su frontera— agregó Toshi.
—¡Waaa, qué conmoción!, ¡nada tiene sentido!, no podemos hacer nada— dramatizó Kido.
—¡Por supuesto que podemos hacer algo!, Calumon y los dibujos de Zet pueden ayudarlos a traer a nuestros Digimon— dijo Mayumi.
Los ojos de Zetaro brillaron y por primera vez alzó su carita lastimada por el puño de Tachikawa.
—Lo vi con mis propios ojos, tú también lo viste, Doguen, así que no sé por qué no tienes fe— explicó la rubia —Antes de que raptaran a Hidemi, Sei materializó a MagnaAngemon con ayuda de tus dibujos, Zet; Calumon brilló y le ayudó a formar al digimon, me atrevo a decir que los emblemas de los que estábamos presentes también ayudamos.
—¡Eso es genial! —, exclamó Kotty, —¡Hay que intentarlo!, dibuja nuestros digimon, Zet-san.
Zetaro asintió, aunque no muy conforme.
—Lo intentaré— dijo —pero no debemos depender de mis dibujos… los digimon que se forman de ahí no son reales del todo… sólo son esencias que no están programadas… no podemos seguir apoyándonos en las esencias de los emblemas para traerlos a la vida… da la sensación de fuera como invocar las almas de los digimon sin que estos puedan revivir realmente en un digihuevo.
—Pues sí, pero si no haces eso no tendremos nada— Ben cruzó los brazos —y bajo tu conciencia estará que nos secuestren a más gente.
—No he dicho que no lo haré— reclamó en bajito —Dibujo todo el tiempo el Digimundo, vivo de esos dibujos desde que tenía 11 años, jamás dejaría de traerlos tan siquiera en esa forma de esencia, sólo quería aclararles que no son reales, que son espejismos…
—Pero esta vez tenemos a Calumon— apoyó Yuri —¿no es verdad eso de que nuestro amiguito puede hacer que los digimon evolucionen?
Los demás niños, salvo Osen, asintieron.
—¡Confiemos en eso!— mencionó Kyo.
—¿Y luego qué?, ¿cómo vamos al Digimundo o donde estén los secuestrados sin poner en riesgo a Yuri y los adultos?— preguntó Kurumi.
—Quizás yo puedo saber…— Zetaro volvió a hablar suavemente, todos los presentes le pusieron atención.
-—A qué te refieres insecto? ¿Hay algo que nos has ocultado, verdad?— se enojó Ben.
Zet asintió.
—No te preocupes, Zetty, no vamos a juzgarte, sólo dinos— pidió su hermana mayor.
El de cabello lila asintió con vergüenza.
—Yo… después de la aventura del 2028, justo cuando nos devolvíamos a casa en un Trainmon, justo después de besar a Osen-chan por primera vez…
—¿Qué dices, insecto?
—¡Déjale hablar!— calló May a Ben.
—Justo después de eso, comencé a oír la voz de la fusión prohibida… escuché a la voz que hizo sufrir a Osen-chan, que poseyó a Toshi, que lastimó a todos y me contaminó a mí con la semilla de la oscuridad.
—¿Hablas en serio? ¿por qué no nos lo dijiste?— quiso saber Toshiro.
—Cada vez que abrazaba a mamá, la voz me amenazaba; cada vez que me acercaba a Osen-chan, la voz importunaba mis pensamientos, me decía que iba a traicionar a todos otra vez, que iba a lastimar a mi seres queridos, a mis padres, a mis hermanos, a mis amigos y a la chica que me gusta… la voz decía que iba a poseerme… traté de ser fuerte todo este tiempo… honestamente no dije nada porque pensé que me estaba volviendo loco, todos se veían felices después de la aventura, extrañábamos a los digimon, sí, pero nadie parecía perturbado especialmente… yo no sabía que Seiyuro estaba viviendo algo parecido a mí, yo no sabía que había oscuridad digital más allá de mi mente, así que me alejé lo más que pude de todos, pedí que me cambiaran de colegio y dejé de encariñarme con mis seres queridos.
—Pretextos…
—Sí, Ben, pretextos cobardes, lo sé— admitió Zet —pero nunca he sabido tomar buenas decisiones… eso no importa ahora, el punto es que antes de que me atacara Lilithmon, yo tuve un accidente de tráfico.
—¿También tú?— preguntó May, a lo que Zet asintió.
—Los Ichijouji son unos negados para conducir— juzgó Kido.
—Después de ese accidente, no sé si fue por un golpe, pero dejé de oír la voz, ya no la escucho para nada, el problema fue que me atacó Lilithmon, ella no quería secuestrarme como a los demás… ella me hipnotizó.
—¿Con un espejo?— interrumpió de nueva cuenta la chica Ishida, a lo que el mediano Ichijouji asintió.
—Sí, con un espejo… me hipnotizó, debilitó mi emblema y me hizo pintar…
—¿A qué te refieres con eso, hermano?— preguntó Satoru, quien hasta el momento había estado tomando nota de todo en su libretita de detective.
—Cuando papá y Sato me rescataron y volví en mí, pude ver que tenía restos de pintura en mis manos… no era ninguna tinta que conociera, ni acrílico, ni acuarela…
—Seguramente que ni 'óleo'— ironizó el principito.
—No, Ben, tampoco lo era— susurró Zet —si me preguntan a mí, pienso que eran colores del Digimundo y que lo que yo hice fue pintar un portal. Creo que por ese portal se transportaron los que iban en el avión…
—¿Cómo es eso? ¿Eran tintas diferentes de colores?— cuestionó alguien al azar.
—Sí, eran colores tan hermosos como las auroras boreales que nos llevaban al mundo digital— expresó Zetty —si no me querían para raptarme ni para hacer algo con mi semilla de la oscuridad, ¿para qué más podrían quererme?
—¿Y exactamente dónde te hicieron pintar?— preguntó Toshiro.
—No sé, pero me aseguraré de averiguarlo.
—Mi Zetty… no puedo creer lo que has dicho, ¿quieres decir que oías a la voz contradiciéndote todos estos años?— Zet dijo que sí apenado, la hermana prosiguió, —¿Por culpa de la voz te volviste tan serio y distante?
—Ha sido culpa mía, no de la voz, yo fui el que tomó las decisiones, hermana.
—¡Al fin lo comprendo! — chilló Kurumi emocionada, —entonces no odias estar en nuestra casa y ya no irás más a ese internado horrible, ¿verdad?
Zetaro se sonrojó y respiró apresurado.
—Jamás odiaría estar en casa, perdóname por hacerte percibir eso, hermana.
Kurumi besó a su hermano en las mejillas y lo apretó en un abrazo. Satoru saltó hacia sus hermanos y se les unió.
—Bueno, ya tenemos más pistas— dijo Kyo, algo avergonzado por ver esa escena tan melosa, —asegúrate de buscar esa pintura, debe estar en el museo y sus alrededores, yo te acompañaré.
Zet asintió.
—Toshiro, tú comandarás la vigía a Yuri y a tu niño ¿de acuerdo?, quiero que armes un plan de guardias.
—De acuerdo.
—Ben y May, quiero que averigüen más sobre los niños fantasmas y las flores de la armonía; Doguen, tú ponte a investigar sobre Witchelmy con Koushiro-san y pregunta si hay alguna puerta secreta con la que podamos usar la llave que te dio la niña del bosque.
En anteojudo asintió sin mucho ánimo.
—Kurumi, trata de usar tus conocimientos en programación para abrir la puerta, también quiero que te pongas a reflexionar en lo que hemos platicado para inferir las verdaderas intenciones del enemigo.
—Exacto, Kyo, hay qué saber quiénes son los enemigos y buscar datos de cómo patearles el trasero— opinó Ben —que Zet nos preste de sus dibujos para localizar a nuestros digitales.
—¿Y yo que hago?— preguntó Kotaro.
—Cuidarás a Calumon, no es tan sencillo como parece. Satoru te ayudará— mandó Kyo.
—Tampoco se olviden de las necesidades básicas— opinó Yuri —no sólo yo estoy cansada, todos necesitamos comer y dormir para recuperar energías, así que hay que hacer nuestras misiones por turnos.
—Es verdad, si no descansamos de nada servirá que intentemos salvar a los demás— razonó Doguen.
—¿Pero y si luego es demasiado tarde?— se preocupó Kotty.
—Estamos hablando de que por más feroces y horribles sean esos Demon Lord, se enfrentarán a nuestro Seiyuro, a nuestro Taiki y a nuestra Hidemi— dijo Toshi.
—Min está ahí y tiene el emblema de los milagros— se animó Satoru —ella nunca se rinde.
—El clon de Taik, Soji-kun, también dará buena pelea— recordó Ben, —tuvo hasta el carácter suficiente para flirtear con la Cerebrito y enfrentarse a mí.
Zetaro descompuso su rostro al oír eso. Ben lo dijo con sorna, justo para que él oyera.
—Muy bien, estaremos en comunicación en todo momento ¿de acuerdo?, no vayan a hacer locuras sin avisar a los demás— concluyó Kyosuke, muy contento de realizar su su papel de líder.
Osen escuchó toda esa conversación sin moverse, con la computadora de Kurumi sobre sus piernas.
Pestañeó cuando Motomiya dio por concluida la reunión. Le había costado darse cuenta, pero a ella no le habían encargado nada.
Nadie es indispensable, le dijo su conciencia.
Con impotencia apuñó las manos y quiso hablar, pero no le salió ninguna palabra. La mayor parte de sus amigos se levantaron, algunos empezaron a subir las escaleras… Osen miró a Calumon, buscando respuestas. Con ruegos en su mirada, ella pidió una oportunidad y -por unos instantes- la figura que el digimon llevaba en el semblante brilló e Izumi sintió un escalofrío en su cuerpo.
Ahí le entró la fuerza.
—¡No…! ¡No me importa que duela y que no tenga los pensamientos de la curiosidad!— exclamó, y todos sus amigos la miraron de inmediato, sorprendidos.
—Cerebrito, ¿qué pasa?
—¡No dejaré de ser yo! ¡No dejaré de ayudar a mis amigos y a mi hermano!", del oído le comenzó a correr un hilito de sangre, como si pensar la lastimara.
Osen Izumi recordó que así le dolía el cuerpo cuando enfermó durante la aventura de la fusión prohibida. En aquel entonces la voz implantó un virus en su cuerpo para que no pudiera pensar…
—¡Estás sangrando!— se alteró Zetaro —perdóname Osen, es mi culpa.
—¡Abriré la puerta! — gritó desesperada —¡No me importa el conocimiento, me importan mis amigos, se llevaron la curiosidad, pero no mis sentimientos!
—Eso es, O-chan— felicitó Toshi, su emblema de la Luz brilló en su pecho —siempre me haces sentir como un hermano orgulloso.
—Enhorabuena, te encargo que abras la puerta, amiga mía— el brillo zafiro del emblema de Mayumi iluminó a la pelirrojita.
—Mientras sigas luchando sin dejar de perseverar lo lograrás, Cerebrito— aseguró Ben, activando su creta.
—Siempre has sido valiente…— ahora ayudaron Kyosuke y su emblema.
—Así que no te mientas a ti misma— finalizó la frase Doguen, brindando su sinceridad a Osen.
—Con la ayuda de los emblemas te sentirás pura y seguirás tu destino, ¿cierto, hermana Kurumi?— preguntó Sato, brillando como su Destino.
La Pureza de Ichijouji tocó, con su rayo verde, a la hija mayor de Koushiro.
—Como has dicho, no importa el conocimiento si no se usa para los seres amados y tú los sigues queriendo, ¡así que abajo la indiferencia!— afirmó Kotty; Osen asintió.
—Eso te traerá equilibrio y podrás pensar como tú lo desees, nadie tiene derecho a contaminar tu mente— agregó Yuriko.
Cada uno de los chicos hizo brillar su emblema para ayudarle al Conocimiento a encontrar el camino. Por eso, cuando Zetaro se atrevió a tomar la mano a la niña de sus sueños para compartirle de su Bondad, las mejillas de Osen se tiñeron de rojo y su cuerpo comenzó a emitir el brillo púrpura del conocimiento.
—¡No se han llevado mi emblema después de todo!... Es hora de entrar en acción— dijo con su voz curiosa, enjuagando sus lágrimas y esbozando una sonrisa.
Zetaro la miró embobado. Ben notó que éste sujetaba la mano de su Cerebrito y estuvo a punto de renegar, pero Kurumi tronó los dedos y Kyosuke sujetó al principito y le cubrió la boca para que no interfiriera.
—Osen…— comenzó a decir Zet, mirando con intensidad a la chica de 14 años, —yo…
La pelirroja llevó su dedo índice hasta los labios de Zet, para callarlo.
—Te perdono— adelantó ella, sin dejar de emitir el resplandor de su emblema recién accionado gracias a Calumon y a las crestas de sus amigos —no te voy a excusar por lo que nos confesaste, sé lo doloroso que es oír la voz, pero debiste decírnoslo, no debiste alejarte de nadie, no debiste inventarte otro yo para estar cerca de mí… pero, hoy yo también me alejé de todos por culpa de algo semejante a la voz… no me importó nada, salvo mi curiosidad, por eso yo también me perdono a mí misma.
Con una intensidad impropia de un niño de secundaria, Zetaro tomó con sus manos los finos dedos de la pelirroja y los besó.
Ben mordió a Kyo y se encabritó.
—¡Jodido Zetaro, deja a mi hermana, te voy a agarrar a golpes otra vez!
Pero tanto el pelilila como la pelirroja lo estaban ignorando. Osen quitó la mano de ahí y se permaneció su piel del color de sus cabellos.
—Te quiero— dijo con toda seguridad Zet. Kurumi achuchó las mejillas de Satoru y gimió por la emoción.
Toshiro, Kotaro y Yuriko sonrieron. Ben trató de abalanzarse hacia el chico de la Bondad, pero de nueva cuenta, Kurumi tronó sus dedos y fue detenido por Kyosuke. A su vez, la chica Ichijouji cubrió la boca de su imprudente hermano más pequeño para que no interviniera con alguna estupidez. May cruzó los brazos y Doguen negó ante lo que veía, ¿no estaban muy jóvenes sus amigos para esas intensidades?
La pelirroja se veía conmovida por la confesión de Zet, no obstante, sacudió la cabeza en negación.
—Yo voy más lento— sinceró —no entiendo mucho de esas cosas del amor, lo que pasó con Óleo me hizo comprender que no estoy lista para lidiar con esos sentimientos… especialmente si son dos chicos los que confiesan esas emociones.
Zet se descontroló un poco pero no flaqueó.
—¿Tengo un rival?
Osen no pudo responder de inmediato, Ben supo que la chica se refería a Soji.
—No lo sé— O-chan hizo su gesto pensativo de siempre y luego sonrió, —no sé de esas cosas del amor, no las quiero entender ahorita, me duele pensar en ellas… aunque Zet, ¿me puedes dar tiempo? ¿podemos ser amigos?
—Claro, lo que me pidas— respondió Zetaro.
—¿Pero amigos verdaderos?— Osen insistió.
—Sí, aunque no me rendiré ¿de acuerdo?
—No te rindas. Yo tampoco quiero rendirme nunca en naca— la pelirroja dio media vuelta y al ver a todos sus amigos mirándola, se puso todavía más roja. Había olvidado que estaban ahí.
—Bien hecho, Osen— expresó May —sabía que seguías siendo tú, así que es hora que nos des un poco de tu conocimiento.
—¡Sí!, iré con mi padre y me pondré al día— exclamó —y lo mejor será que todos nos unamos a ellos, que hagamos una sola lucha para rescatar a mi hermanito y los demás.
—¡Me parece bien!— gritó Kurumi, —¡Adolescentes elegidos y Satoru, vamos a confrontar a nuestros padres para obligarlos a que trabajen en conjunto con nosotros, bingo!
Ben y Doguen fueron los últimos en salir del sótano, éste último apagó la luz.
—La lluvia de hormonas me está nefasteando— se quejó con Ben, quien seguía enojado por la melosa escena entre su hermanastra y Zet.
—Cállate, no quiero oír más de eso— el principito gruñó y se apresuró a largarse de donde Kido estaba.
—Sin duda es una lluvia de hormonas en una guerra imposible— siguió lamentándose el hijo de Joe, mientras se alistaba mentalmente para cumplir su encomienda.
Taichi resopló cuando empezaron a organizarse. Se desinfló en las sillas de la cocina y se masajeó las cuerdas de tensión que tenía en los hombros. Sus amigos estaban a su alrededor, pero se sentía más solo que nunca.
Había dejado a Akane Fujiyama, la madre de sus trillizos, dormida en una habitación. Inmediatamente después había sugerido hacer una más de sus clásicas reuniones.
Los 12 elegidos originales lucían impacientes, como si tuvieran problemas en retener y procesar la situación. Takeru Takaishi, por ejemplo, tenía la vista enfocada en la nada, mientras que Hikari no paraba de lagrimar.
Sora estaba callada, mordiéndose los labios. Yamato en cambio iba de un lado al otro, recorriendo la cocina como maniaco. Daisuke se sentó al lado de Tai e imitó el bufido del primer líder. Koushiro se trató de concentrarse en las computadoras y en las pistas, pero a leguas se veía que sus ojos negros estaban perdidos.
Ken consolaba a Miyako, quien había recordado el aborto espontáneo que había sufrido en una aventura en el Mundo Digital. Mimi también lloriqueaba, pero estaba activa en la cocina: iba de un lado al otro para hacerle un pastel a su pequeño secuestrado.
Makoto, Noriko y Jun, esposas de Daisuke, Iori y Joe, se deslindaron de la reunión excusando que se encargarían de organizar la casa para que los niños durmieran.
Justo cuando ellas salían, Kido y Hida entraron a la cocina con los rostros descompuestos.
Taichi les dedicó una mirada de compasión. Sabía lo delicada que estaba Yuriko Hida y lo difícil que era la situación de su sobrino favorito. Dondequiera que volteara había problemas, simplemente no parecía haber salida a los problemas.
—Disculpen la tardanza— dijo Jyou —¿llegamos muy tarde?, ¿han concluido algo?
La hermana menor de Tai negó con la cabeza.
—Ni siquiera sabemos dónde estamos— se entristeció, poniendo su mano en el corazón —No sé si realmente estamos en el Mar de la Oscuridad o si todavía queda algo de nuestro Mundo aquí.
—Lo primero debe ser salir a buscar ayuda, yo necesito buscar un ginecólogo— manifestó con seriedad Cody Hida.
—Yo necesito encontrar a mis hijos, tengo que saber dónde están— Tai agregó, cerró los ojos para concentrarse —Akane Fujiyama afirma que los Demon Lord la secuestraron y la encerraron en una cueva cuando estaba embarazada, dice que Shin Kido estaba secuestrado ahí y alcanzó a atenderle medio parto… ella asegura que los Reyes Demonios del Digimundo quisieron hacer un emblema apócrifo con mi hijo menor…
—Pero esa historia no tiene ni pies ni cabeza— prejuzgó Cody.
—¡Qué más quisiera yo que tener noticias de mi querido hermano Shin!— dejó salir Jyou con melancolía
—Oí la historia que le contó Akane a Hidemi y Taiki; creo firmemente en ella— declaró Sora Ishida, su marido asintió.
—Todo gira alrededor de esa cresta que los Demon Lord quieren crear, el emblema Apócrifo…— concluyó Koushiro —mientras no tengamos claro el objetivo del enemigo no vamos a llegar a ninguna parte, es por eso que necesito averiguar esto.
—Pero, ¿y los niños que hemos visto en nuestras visiones?— preguntó Hikari —¿Quiénes serán, Koushiro?
Izumi miró hacia la lámpara que colgaba del techo, como si ahí estuviera la respuesta.
—Zetaro y Satoru Ichijouji dijeron que la niña que a ellos se les apareció les comentó que eran seres parecidos a Genai, lo que me hace suponer que son datos digitales…
—¡No!— interrumpió Sora.
—¿Qué pasa, mi cielo?— se extrañó Yamato.
—No sólo son datos digitales, Koushiro; no pueden ser solamente eso. Esos niños son algo más, cuando vi a Takumi, aunque sólo fue unos segundos, supe que él era alguien importante para mí.
—También sentí eso con la niña de las flores…— exteriorizó Hikari.
—Tal vez son espíritus del Digimundo que tienen el poder de los emblemas, después de todo, una de ellos hizo que Koushiro, Taichi y yo despertáramos— se ilusionó Mimi.
—La niña que vio Hikari le dio flores curativas… de no haberlas tenido ya estaríamos fritos— agregó Daisuke.
Koushiro asintió y adoptó una actitud pensativa.
—Lo importante es que son nuestros aliados— comentó Ken.
Los demás elegidos coincidieron.
— Creo que por el momento lo mejor será que haga una expedición fuera de aquí—dijo de pronto Taichi —para poder salir de aquí hay que explorar el terreno y enterarnos si estamos o no en el Mar Oscuro.
—¡Yo iré contigo!— dijo con firmeza Daisuke.
—También yo, mis hijos también están en problemas— agregó Takeru.
—… me incluyo, debo encontrar un ginecobstetra, me urge ir a la Tierra— comentó Iori.
—Yo quisiera ir, pero debo seguir investigando…— murmuró Koushiro,
—Papá, yo puedo ayudarte a investigar— la vocecita de la hija mayor de Izumi puso a todos en alerta.
—¡Ay, había olvidado que los chicos siempre nos están espiando!— se quejó Miyako.
—¿Osen-chan?— preguntó ilusionada Mimi al ver el grácil halo púrpura que despedía su hijastra.
Todos los presentes vieron el rostro de la niña lleno de curiosidad. Con los ojos negros densos y profundos, las cejas en jaque y la misma expresión de Koushiro cuando tenía unos 13 o 14 años.
—¿Ya te sientes mejor, pequeña? — preguntaron casi al mismo tiempo los Ichijouji, ya que éstos habían presenciado a todo esplendor la pérdida de los pensamientos de la curiosidad de la chica.
—Mis amigos me han dado el brillo de sus emblemas, en cada uno de sus emblemas hay sabiduría y ellos me la han prestado para no caer nunca más en la ignorancia— entonó con gracia y a la vez dulzura.
—Eso es estupendo, hija— agradeció Koushiro. La niña corrió a los brazos de su padre y se abrazó a éste como si nunca antes le hubieran mostrado su cariño.
—Perdón por preocuparte, papá— se disculpó.
—Tranquila, Osen, no pasa nada, siempre supe que todo estaría bien— respondió éste, con la voz algo quebrada.
La pelirroja se incorporó y a su alrededor sus amigos fueron apareciendo cerca de ella.
Mayumi Ishida y Benjamín Tachikawa se recargaron los marcos de la puerta en su clásica actitud cool. Kurumi Ichijouji se posicionó al lado de la pelirroja, en tanto que Doguen y Kyosuke se sentaron en la mesa como si fueran un par de adultos.
Toshiro, Yuriko, Zetaro, Kotaro y Satoru eran los únicos ausentes.
—¿Qué hacen aquí, chicos?— preguntó Yamato.
—Tuvimos nuestra propia reunión, hicimos nuestro propio plan, pero luego de recuperar a Osen nos dimos cuenta de que debemos actuar junto con ustedes, porque ya no somos los niños de hace cuatro años— explicó Kyosuke, encogiendo los hombros.
—Osen y yo ayudaremos a descifrar claves y a abrir el portal— adelantó Kurumi, —mis padres y tío Izzy no podrán con todo.
—Nosotros también ayudaremos activamente en los planes, sólo así podremos recuperar a Taiki y los demás— dijo con firmeza Mayumi.
Sora le sonrió a su hija, cada día la admiraba más.
—Así que hemos decidido que es hora de que nos dejen de tratar como insectos, ya que de larvas no tenemos nada, ¿entienden?, ayudaremos en la lucha, yo tengo que rescatar a la mini cucaracha que vive en mi casa".
—Benji, no seas grosero, ¡tu hermanito es todo, menos una cucaracha!— gruñó Mimi.
—Papá…— dijo de pronto Doguen Kido, dirigiéndose a su padre, quien le miró de inmediato.
—¿También tomarás esa posición de lucha, hijo?— preguntó el médico ilusionado. Le gustaba cuando su Doguen se llevaba bien con los hijos de sus amigos y se portaba con valentía, situación que no siempre ocurría a causa de la sobreprotección de Jun para su unigénito.
—Sí, pero antes que todo quiero preguntarte algo…
—No, Doguen— quiso impedir Mayumi, pero Ben le indicó silencio y preparó su sonrisa malvada.
—¿Qué sucede, hijo?
—¿Tienes un amorío secreto? ¿Has concebido a una hija con aspecto de fantasma fuera del matrimonio? ¿La has mandado a que me asuste en el parque con su pinta de chica de película de terror?— preguntó muy serio el nuevo elegido de la Sinceridad.
—¿¡Qué?!— Jou palideció —¿Estás en drogas, Doguen?, ¿te tomaste las pastillas para dormir de tu madre?
—Es que todo parece indicar que nos engañas.
—¡Es que nada!— para sorpresa de todos, Kido mayor le dio un coscorrón a su hijo, —¡me la vivo trabajando por ti y tu madre!, es hora de que madures, Doguen.
—Debimos haber filmado esto para que viera Seiyuro— suspiró May.
—Sí… en definitiva, pudimos hasta habérselo vendido— consideró Ben.
—No lo tomes así, papá, sólo quería asegurarme, ya sabía que no serías capaz de eso… entonces la niña del bosque, Moriko-chan, quizás es realmente una de las fantasmitas mágicas… y por cierto, ella me dio esta llave… dijo que era de Witchelmy.
—Chico, por ahí hubieras empezado— reprochó Taichi, prácticamente arrebatándole la llave y lanzándosela a Koushiro.
—Entonces qué, ¿trabajamos en conjunto por el bien común?— insistió Kyosuke.
Los adultos suspiraron ante la propuesta de sus hijos.
—¡Por mi parte no hay problema, campeón!— se alegró Daisuke, sujetando con orgullo a su vástago —¡Me enorgullece ser tu padre y sé lo mucho que has madurado!
—No lo sé… Sato-kun es muy pequeño— dijo Miyako —lo mismo que Kotaro-chan, y mi Zetty es propenso a realizar los roles más dolorosos cuando está involucrado en las batallas.
—Te entiendo mamá, pero si nos unimos como un gran equipo podrás estar echándole un ojo a Satoru, ¿no crees?, además, ya sabes que le gusta sentirse incluido, de no ser así hace locuras— aportó Kurumi.
—Además, ese niño es un genio, puede aportar mucho conocimiento— dijo con seguridad Osen.
—Papá, mamá, ¿ustedes qué opinan?
Yamato puso un gesto de inconformidad, pero terminó cediendo ante la pregunta de su primogénita.
—No hay más remedio, pero preferentemente correré los riesgos por ustedes— dijo rápidamente —hoy has demostrado lo valiente e inteligente que eres, May, sabemos lo esencial que eres para el equipo; tu hermano también es excepcional.
—¡Hurra, entonces trabajaremos con los adultos!— Kotaro salió de su escondite, seguido por Zetaro, que llevaba consigo un paquete de hojas blancas para dibujar.
Satoru iba tras de ellos, adormilado y cargando su mantita como si fuera uno de los amiguitos de Charlie Brown.
—¿De dónde salieron ustedes?— preguntó Daisuke, tomando en brazos a Satoru, quien pidió los brazos de su padrino.
—Siempre estuvimos aquí— respondió el nene Ichijouji, todavía más dormido que despierto; definitivamente no era buena idea saltarse su siesta.
—Ahora sí— dijo entonces Kurumi —¡Hay que desarrollar el verdadero plan!
En el escondite de los Demon Lords…
Soji Miyagi trató de poner atención a lo que decía el joven rubio que no paraba de hablar y esperanzar a los que estaban en el calabozo. Por más que lo intentaba, no podía concentrarse.
La flor que le había dado el muchacho con aires de caballero medieval le había hecho sentir mucho mejor, de hecho, hacía mucho que no se sentía tan bien físicamente.
Aún así, no podía concentrarse en nada en específico, sólo podía mirar de un lado a otro sin poder creer en nada de lo que estaba aconteciendo. Apenas unos días atrás estaba en Los Ángeles dedicándose a apostar con la mafia coreana de Long Island.
Recordó lo natural que era para él meterse en peleas callejeras y salir airoso sin tener siquiera que luchar, porque siempre había una apuesta de por medio y él era excelente en los juegos de azar. Recordó también lo vacío que estaba su corazón aún cuando tenía compañía femenina o pasaba tiempo sentado en el Teatro Kodak, donde se entretenía platicando con los turistas o consiguiendo centavos por favores.
También recordó que sus ratos de diversión no existían y lo más semejante a paz era cuando por culpa de la hemofilia tenía que pasar mucho tiempo encerrado en casa, donde su entretenimiento era leer cualquier cosa que le pasara por las manos.
Ahora toda aquella le vida parecía reducirse a la página de un libro, o a una imagen encerrada en una bola de cristal.
—… Entonces, MagnaAngemon cobró vida y por suerte me pude colar a esta dimensión; es una buena señal de que triunfaremos— comentó Seiyuro; Soji pestañeó y trató una vez más de reconectarse con la situación —así que estoy seguro que aquí también podemos utilizar los dibujos de Zet, fue genial que la dama Hidemi los tuviera entre sus cosas.
Hidemi se sonrojó. Soji miró a su trilliza impresionado… sabía que existía Taiki, pero no estaba preparado para una hermana más. Desde que Yagami se lo había confesado, se sentía extraño, como si fuera el tercio de una persona.
—Es una idea genial, Sei— coincidió Taik, mirando los dibujos que le cedió su hermana, apenas se veían entre lo oscura que estaba la prisión —aunque en nuestro caso ¿será suficiente con el brillo de los emblemas?, digo, según dijiste el digimon que encontraron Kotty y May también ayudó a materializar a MagnaAngemon, ¿cierto?
—Sí, lo sé, pero allá era otro mundo y aquí, en el Digimundo, hay magia…— animó Sei.
—¿Será que en verdad estamos en el Digimundo, Sei-sama?— preguntó Hide.
—No le digas Sei-sama, Hide, ni que fuera un dios, de hecho no me gusta cómo se están mirando ustedes dos— se indignó Taiki.
Ajenos a los celos del mayor de los trillizos, los pequeños tenían su propia conversación.
—¡Es emocionante, vamos a luchar contra los malos, Min!— se alegró el pelirrojo Izumi —Le tiraremos a los monstruos un súper láser y ¡plus! ¡tras! ¡splash!, los destruiremos e iremos a casita y le diré a mami que me haga un pastel de cumpleaños aunque no sea mi cumpleaños, ¡todos comeremos y veremos la película de Tarántula-man!
—¡Y el sueño se hará bonito!— complementó Minagawa, danzando junto a su amigo por toda la caverna.
—Mi hermana está aquí, si nos presta la luz dorada del emblema de los milagros estoy seguro de que se materializarán algunos digimon— agregó Sei, pidió el cuaderno de dibujo y señaló un boceto de digimon —por ejemplo, aquí hay un Wargreymon, tú puedes utilizar este dibujo, Taik.
—También yo, porque bien podría ser un BlackWargreymon— dijo la elegida de la Libertad.
Soji se rascó la nariz, cada vez comprendía menos a esos hermanos suyos y a los demás presentes. ¿Había oído bien? ¿de verdad esos chicos creían que los dibujos iban a formar monstruos? ¿en qué clase de mundo estaba?
—¿Qué son los emblemas? — preguntó después de debatirse internamente. A decir verdad su plan era permanecer silente y al margen de las locuras de sus compañeros de celda, pero en el fondo sentía curiosidad por ese lugar llamado Digimundo y esas figuras humanas que se decían sus amigos y sus familiares.
Sus ojos de chocolate le vibraban e iban de un lado al otro observando los gestos de sus hermanos mellizos. Los intensos y decisivos ojos de Taiki llevaban impresa una determinación increíble y salvaje. Los de Hidemi era más risueños y parecía que su mirada viajaba con naturalidad por los corazones de los demás.
El chico rubio y de ojos azules parecía confiado y testarudo, los dos pequeños se había alegrado notablemente desde la llegada de los últimos presos.
—¿Ni siquiera sabes eso? ¿Papá no te explicó? — preguntó Taiki.
Soji negó.
—He visto a Yagami contadas veces y en esas ocasiones no me apeteció hablar con él de este lugar.
—Lamento mucho que no sepas nada del Mundo Digital, hermano, pero yo con mucho gusto te contaré todo lo que sepa, así en poco tiempo estoy segura de que comprenderás este sitio— aseguró Hidemi.
Sei asintió.
—Podría decirse que los emblema son características que describen a una persona… en realidad va más allá que eso, un emblema es la emoción, la aptitud y la característica que mejor nos define como elegidos del Digimundo.
—Seiyuro tiene el emblema de la Esperanza porque nunca se rinde— explicó Hidemi —Mi hermano Taik tiene el de la Unión, ya que siempre nos cuida y quiere que estemos juntos…
Soji pensó que ese emblema era irónico, pero no dijo nada.
—El mío es el de la Libertad— agregó Hidemi.
—Quisiera tener ese— sinceró Soji —así podría regresarme a mi vida y dejarlos a ustedes en un recuerdo; quiero ser libre.
—No digas eso, yo nunca quiero que nos separemos— reclamó con ternura Hidemi, tocando con suavidad el cabello de Soji.
—Mi hermanita Min tiene el emblema de los Milagros y Tulo Izumi creo que la Creación, ¿es así, pequeño? — aportó Seiyuro.
Tulo asintió pero al mismo tiempo dijo 'no sé'.
—Estoy seguro de que pronto conocerás tu emblema— agregó Takaishi a Soji.
—Los monstruos que nos tienen encerrados aquí dicen que harán conmigo el emblema Apócrifo…
—¡Eso no lo permitiremos! ¿Verdad Taik? — dijo la chica Yagami.
—Sobre mi cadáver… aunque según entendí, nos necesitan a los tres para hacer ese emblema.
—Sí… es lógico, ustedes son trillizos, quizás tienen el mismo brillo en su corazón— opinó Sei —a ustedes los secuestraron intencionalmente, en mi caso me colé… pero Tulo y Min, ¿para qué quieren a mis preciosos bebitos aquí?
La conversación no pudo continuarse porque el pasillo que conducía a la prisión fue iluminándose. Las velas moradas de los candelabros se encendieron y dieron pase a dos Demon Lord.
—¡Joder! — gimió Taik —aún no estamos listos.
Arrancó el dibujo de Wargreymon, se lo guardó en la ropa y le cedió la libreta a Hidemi, quien la escondió y tomó en brazos a Tulo. Seiyuro hizo lo mismo con su hermanita.
Taiki se puso enfrente y apuñó las manos. Soji quedó paralizado, sin saber cuál actitud tomar. En definitiva no era como sus hermanos, que estaban impuestos a lidiar con esos monstruos digitales con una dignidad y coraje asombroso… él era más como una sombra de los otros dos.
Al primero que reconoció Soji fue a Barbamon. El cabello canoso y largo que le colgaba era inconfundible, así como el casco de águila dorada, la túnica oscura y las seis las alas de murciélago de color escarlata. Iba con un báculo que tenía una piedra que emitía una débil luz colorada.
Tulo echó a llorar en cuanto vio al rey demonio.
—¡Es el malo que nos encerró aquí!— chilló ruidosamente, en tanto se aferraba con desesperación a Hidemi con toda la fuerza que podía.
—Tranquilo, no dejaremos que nos hagan daño, no te preocupes— le dijo al niño la adolescente.
Soji se tensó al escuchar el llanto de Tulo Kosuke.
—Es quien le robó la curiosidad a la Muñeca…— le confesó a Taiki, quien asintió.
—No tomes decisiones aceleradas, Taik— sugirió Seiyuro.
—Eso ya lo sé— respondió ofendido el trillizo mayor.
La última sombra en delimitarse fue Daemon. Llevaba su capucha color bermellón, de la cual sólo sobresalían sus cuernos y sus ojos. Las enormes alas púrpuras también eran notables, además de sus garras macilentas, de uñas amoratadas.
Esta vez la que gimió del terror fue Min, lo que le bastó a Seiyuro para endurecer la mirada hacia el enemigo. No había que ser un genio para darse cuenta de que esos seres inspiraban más terror que la misma Lilithmon y Beelzemon. Esas bestias que se acercaban a ellos inhalaban aire y exhalaban maldad.
¿Querrían hacer ya el emblema apócrifo?, ¿iban a destruirlos?, ¿cómo podían actuar si no habían tenido tiempo siquiera de armar una estrategia?
—¡¿Qué buscan aquí?!— amenazó Taiki. A Soji le inspiró terror que su trillizo se pusiera a tú por tú con esos demonios asesinos —¡No permitiré que hagan ese emblema o lo que sea!, no tocarán ni a mis hermanos ni a mis primos, ¡les rebanaré las piernas antes de que sigan avanzando!
—Barbamon, el demonio de la avaricia, reconoce tu valor, tercio del Apócrifo— se burló el Demon Lord. —Pero de nada te servirán las palabras, éstas se volcarán contra ti, te harán romper el vínculo, la unión que tanto defiendes.
—¡Inténtalo!— retó Taiki, adoptando una pose de pelea callejera; Sei chasqueó los dientes. Tulo incrementó su llorar.
Estaban en demasiada desventaja como para que su hermano mayor se pusiera en esa posición, o eso pensó Soji… después de todo estaban en esa celda y no había esperanza a pesar de que ese chico rubio estuviera ahí.
—En definitiva, algunos humanos tienen voluntades de sangre…— dijo Barbamon —¿No te lo dije, Daemon?
—Para mí son escoria— fue la opinión de Daemon —sólo son herramientas para crear semillas o emblemas.
—¡Largo de aquí! ¡No se acerquen! — exclamó Taiki sin flaquear.
—¿Para ti un diálogo vulgar de un humano demuestra una voluntad de sangre, Barbamon?
—Nos están ignorando, ni siquiera quieren conversar con nosotros… no hay manera de entretenerlos o engañarlos, van en serio— susurró en voz baja Seiyuro, cambiando su mirada de esperanza por una de recelo.
—¿Qué han venido a hacer aquí? ¿Iniciarán el proceso de creación del emblema? — indagó el hijo mayor de Takeru.
—Es un riesgo que Lilithmon haya traído a la Esperanza— renegó Barbamon.
—No lo es. Ese emblema nunca volverá a brillar con su esplendor— consideró Daemon, Sei se mordió los labios inferiores, donde tenía las cicatrices del beso de LadyDevimon —Date prisa, Barbamon, toma a los humanos que nos ayudarán a crear al Apócrifo.
Barbamon asintió. Por primera vez enfocó a los elegidos con malicia, alzó su bastón e hizo un movimiento con él, de modo que se abrió la puerta de la prisión.
Luego miró satisfecho a los chicos, como si los estuviera desafiando.
—¿No querías luchar, elegido de la Unión? — preguntó con sorna.
—¡Chicos, escapen mientras peleo! — fue lo que dijo Taiki y se lanzó a correr hacia Barbamon.
—¡Taiki, no! — rogó Hidemi. Seiyuro lanzó una ofensa al aire, dejó a su hermana en el suelo y se lanzó tras Yagami para detenerlo.
En cuanto salieron de la celda, Barbamon soltó su ataque.
—¡Jabalina de truenos!
Sei saltó, se abalanzó hacia Taiki y se tirí con él al suelo. Hidemi gritó angustiada, Soji vio que por suerte el ataque no los había alcanzado, como había sucedido con Benjamín Tachikawa en el avión.
—¡Tengan cuidado, ese tipo puede lanzar descargas eléctricas muy fuertes! — avisó con torpeza.
Barbamon soltó su risa.
—Hemos venido por los emblemas del Milagro y de la Creación, espero que no se entrometan en nuestros planes antes de tiempo. — alzó el báculo, hizo otro movimiento que alzó a Sei y a Taiki, y, por telekinesia, los devolvió a la jaula estrellándolos contra la pared, dejándolos inconscientes.
—No permitiré que te los lleves— rugió ahora Hidemi, tomando el liderazgo. Soji pudo moverse y corrió hacia la pequeñita de cabello rubio para protegerla.
—¿Qué quieren hacer con los niños?, ¡yo tomaré el lugar de ellos!— propuso el trillizo menor, lo que hizo sentir a Hide muy orgullosa.
—No comas ansias, Apócrifo, tú eres el ingrediente principal de la receta, pero antes necesitamos a los preparativos— confesó Barbamon.
Daemon parecía impaciente.
—¿Tienes qué tardarte tanto?, Lucemon Falldown nos espera.
Barbamon se rió por la impaciencia de su compañero demonio. Entró a la celda y se posicionó frente a Soji, a quien comenzó a ahorcar, Min gritó asustada.
—¡Deja a mi primo! ¡Él es bueno! — rogó.
—¡No te acerques a él, Min! — ordenó Hidemi.
En cuanto Minagawa se acercó al rey demonio, éste lanzó a Soji por los aires hasta la misma pared donde había azotado a Taiki y Sei; también lo noqueó. Entonces, como si fuera a llevarla un paseo por el campo, sujetó con fuerza mano de la rubia Takaishi.
—Si te portas bien, Milagros, nadie saldrá lastimado.
Entre sus lloros, la pequeña asintió.
—Suelta a mi prima inmediatamente— dijo Hidemi, abrazando con más fuerza a Tulo, quien comenzaba a inquietarse al ver que los malos agarraban a su mejor amiga como si fuera un oso de peluche.
—¡Min!— chilló Tulo.
—Tercio del Apócrifo mal llamado Libertad, ¿por qué no sueltas al emblema de la Creación por las buenas?... fácilmente puedo lastimarte.
—¡Voy a defenderlo con lo que pueda! — aseguró la hija de Tai.
Barbamon de nuevo usó su bastó para elevar a Hidemi y separarla de Tulo Kosuke. Daba la impresión de que controlaba la gravedad.
—¡No le hagas eso a Hidemi! — rogó el niño.
El demon lord de la avaricia siguió riendo. Era una risa discreta, aunque escalofriante al mismo tiempo.
—Está bien, no la lastimaré, pero ven a mí y toma mi mano, que te llevaré a que nos ayudes a crear un mundo nuevo… a mí de nada me sirve lastimar a los tercios.
Tulo estaba tembloroso, como si dudara, pero al final terminó accediendo.
Barbamon comenzó a salir de la prisión, atascaba sus garras en las manitas de Min, a quien iba arrastrando. Hidemi seguía suspendida en el aire y le gritaba a Tulo que huyera, pero el hombrecito sólo atinaba a seguir al monstruo para que no siguiera hiriendo a nadie.
Cuando salió de la jaula, Barbamon volvió a cerrar la puerta y dejó caer en el suelo a Hidemi, no obstante, no la estrelló con fuerza, de modo que quedó consciente. La morena corrió hacia las rendijas y soltó gritos y lamentos llenos de angustia.
—¡No le hagan daño a los niños o se las verán con todos nosotros! ¡Ustedes no tienen idea de lo que los elegidos somos capaces! ¡No se saldrán con la suya! ¡Como que me llamo Hidemi que no!, ¿qué estás esperando, Tulo-chan?, ¡Huye! ¡Vete de aquí! — ordenó al pequeñito, quien había salido por su propia voluntad y todavía no era sujetado por ninguno de los digimon malignos.
Los ojos casi negros de Tulo Kosuke Izumi resplandecieron.
—¡Vete Tuls! — también mandó Min.
El pequeño Izumi se echó a correr, pero Daemon se le cruzó en el camino y lo atrapó como si fuera una pelota.
Fue ahí cuando el pelirrojito se enfureció y comenzó a comportarse como un torbellino en los brazos de Daemon.
Se revolvía, pateaba al digimon, lo mordía, zangoloteaba su cuerpecito para tratar de escapar. Daemon bufó.
—¡No lo lastimen! — rogó Hidemi, tratando inútilmente de salir de la celda.
—Es repugnante el alma de estas criaturas— con su garra, el Demon Lord golpeó el estómago del pelirrojito, a quien le sacaron el aire y perdió la conciencia.
En el calabozo de ese castillo inundado de penumbras y agua salada, Min Takaishi lloró con tanta desesperación, que las luces del pasillo se oscurecieron.
En otro tiempo, otro mundo, otro espacio y otro suspiro…
Hay un castillo en lo alto de esa colina. El muchacho lleva años observando esa construcción, pero nunca se ha acercado lo suficiente… existe una fuerza que se lo impide, sin embargo, de alguna manera, nunca ha querido cruzar esa frontera. En ese paisaje, él ha visto muchos climas girando y cambiando la esencia de ese mundo.
En un principio, cuando él llegó, el castillo estaba asentado en un bosque selvático, lleno de una vegetación exuberante y tropical. Luego llegó la sequía, la nieve, las arenas movedizas... hasta que, finalmente, las torres se llenaron de lodo y moho, se anclaron en un peñasco y el suelo se inundó de agua salada y apareció un cielo negro donde había tres lunas.
El chico está recargado en un tronco. Lleva ropas negras, incluyendo guantes y botas. Su piel era clara, sus ojos parecían dos piezas de ámbar. El cabello, color violeta, lo tiene muy liso, le llega abajo del hombro y en ocasiones se lo amarra en una coleta para que no le estorbe en la cara.
¿Cuánto tiempo lleva ahí?, toda una eternidad.
El chico no sabe contar el tiempo como los otros seres. Inclusive, no está seguro de ser una persona a pesar de que se ha visto crecer hasta convertirse en un hombre.
Así lo dicen las líneas de su cuerpo, los pliegues de sus manos y pies. Luce como si fuera transparente, pero le parpadean los ojos y frunce la nariz cuando algo no le gusta.
Lo único sin vida en el cuerpo del muchacho, es su corazón. Por más que se concentra, él no logra escuchar sus latidos. Sólo se oye un silencio interno en el que se imagina burbujas de jabón rompiéndose en su mente.
No tiene presente sus primeros recuerdos, como sucede con todos los humanos. Sólo recuerda, además de las pompas de jabón, unas esplendorosas mariposas multicolores cobijándolo.
Mariposas cálidas y dulces que poco a poco lo sacaron de la burbuja y le dieron forma.
El rostro de su mentor es su segundo recuerdo: un hombre ojeroso, de pelo grasiento, negro y largo como una montaña. Ese hombre lo tuvo a su lado cuando no sabía lo que era ni lo que hacía ahí.
"Vamos ya, vamos ya, ven conmigo al Digimundo", solía cantarle cuando lo cobijaba en sus brazos temblorosos.
Después, la calidez de un huevo lo envolvió, eclosionó y mientras el cascarón se desfragmentaba, su mentor le decía:
"Eres la semilla perfecta, vamos ya, vamos ya, ven conmigo al Digimundo".
Y a pesar de no entender bien lo que estaba pasando, el muchacho -cuando era niño- vio la vida en forma de digimon y veló por esas siluetas sonrientes y diminutas que crecían diferente a él y lo llenaron de pureza y de bondad hasta que el mar invadió ese mundo y se hizo tenebroso. Cuando eso pasó, los digimon desaparecieron para siempre.
"¿Soy un humano?", preguntó una vez a su mentor, cuando ya había adquirido el habla.
Le hizo esa pregunta porque, un día, mientras caminaba, vio formas igual que él creciendo y vagando por ese universo maravilloso. Vio criaturas que crecían con el tiempo y no con energía.
Pero el hombre que siempre estaba junto a él y las mariposas, le respondió: "Fuiste".
Entonces el muchacho ya no hizo más preguntas y se escapó, fue a buscar su destino, fue a redescubrirse sin su mentor. No obstante, sus pasos siempre lo llevaron a ese castillo, que una vez había sido un cuento de hadas y ahora era un casa de tinieblas.
Poco a poco, aunque no supo precisar el tiempo, fueron llegando los otros que eran casi como él.
No crecieron en burbujas, ni huevos, ni mariposas. Sólo se fueron apareciendo de repente, como por generación espontánea.
La primera en llegar fue una niña.
Sabía que era hembra porque sus facciones eran muy suaves. No arribó siendo bebita, sino que era una niña que caminaba, que deambulaba por el bosque y se parecía a un espíritu.
El muchacho, que era mucho más grande que la criatura, se le acercó una vez y le cuestionó:
"¿Eres un fantasma, como yo?".
Muda, con cristales frente a unos ojos de carbón y una larga cabellera entre negra y verde, la niña no respondió, pero el joven le tocó el pecho y se dio cuenta de que ese corazón sí latía.
"No eres un fantasma", le aseguró el chico.
Ella no respondió, sólo le sujetó de la ropa y se dedicó a seguirlo.
"Moriko", dijo días después la chica, cuando el muchacho observaba su castillo. "Me llamo Mo-Moriko, ¿tú?".
"Nunca tuve nombre", contestó el chico decepcionado… jamás pensó que una entidad como él debía tener un nombre.
El mentor nunca le había elegido uno.
Después llegó otro niño. El favorito del muchacho. Le gustaba porque era más desvalido que él y Moriko juntos.
Lo primero que escuchó del nuevo chaval fue el ruido metálico de un bastón moviéndose en el peñasco del castillo del mar oscuro. Ya no estaban los monstruos digitales que antes vivían, aunque el muchacho imaginaba que esos seres mágicos se habían escondido dentro del castillo.
El niño nuevo era moreno y arrastraba los pies con temblorina, bamboleándose como papalote. Llevaba los ojos cerrados, no los abría ni para llorar. Era de corta edad, igual que Moriko.
"¿Quién eres tú?", le preguntó el muchacho.
"Daikichi Motomiya", respondió con seguridad, a pesar de que el cuerpo le tambaleaba, "y soy tu nuevo líder".
Daikichi no podía ver las cosas, estaba ciego. No sabía de qué color era cielo ni el castillo; aún así, hablaba de su alrededor como si lo conociera y sonreía a menudo. Al muchacho le gustaba eso.
"¿Por qué no tienes nombre?", cuestionó Daikichi.
"Porque soy un fantasma", respondió el muchacho.
La rutina que el muchacho y los niños hacían era la siguiente: observaban el castillo, cruzaban algunas palabras y deambulaban sin rumbo fijo.
"¿Qué estamos buscando?", preguntaba Daikichi cuando caminaban sin tener un rumbo o una brújula. El muchacho lo llevaba en brazos casi siempre.
"Un corazón que lata como el tuyo".
Casi al mismo tiempo llegaron Hikaru y Takumi. Dos niños revoltosos e inquietos que peleaban casi siempre y hablaban con seguridad. Hikaru corría en todo momento, sin calzado y siempre riendo, era niña, como Moriko, pero el muchacho notaba diferencias abismales entre esos dos seres femeninos. Una era el sol, otra la luna. Aún así, las dos eran el mariposas, como él.
Takumi, el niño más bonito que el muchacho había visto jamás, tenía cabellos tan amarillos la luz del sol que el muchacho recordaba. Era de grandes frases, de ojos igual a la plata.
"Un lobo no necesita de un corazón para vencer a un tigre", solía decirle a veces.
Otras tantas, declamaba: "Las mariposas pierden demasiado tiempo siendo orugas, deberíamos enseñarles a volar, pero los pies se nos hunden en la arena cuando es de noche".
El joven nunca entendía lo que decía el rubito, pero, de alguna forma, le reconfortaban esas palabras.
Fue Takumi quien decidió elegirle un nombre.
"Serás el samurai que no tiene maestro y te llamarás Ronin", bautizó al muchacho cuando llegó otra niña de largos cabellos castasños. Parecía una hadita, pero con el rostro malhumorado.
"¿Ronin?", se cuestionó el muchacho.
"¡Te quiero, Ronin!", le gritó Hikaru, "¡Es un nombre muy bonito!"
La recién llegada también le abrazó y le dijo que se llamaba Koemi.
"¿Tendrás una cita conmigo?", le preguntó, pero el joven no sabía qué eran las citas, sólo se dejó arropar por esa personita, a quien también le latía el corazón con calidez.
Al final llegó Noa. Esa pequeña encantadora, la más chiquita, logró sembrar un jardín de flores de luz en medio de la oscuridad.
En ese sembradío crecían unas flores blancas que bailaban cuando la pequeñita soltaba la voz y cantaba:
"En el jardín de mi alma
hace falta una rosa
la oscuridad
no acabará
con mi esperanza…"
El joven se sabía todas las canciones de Noa. Su vocecita lo embelesaba en las noches de fogata. Le reconfortaba tener a esos niños con corazón a su lado, y a estos infantes les gustaba estar al pie del castillo, con la piel transparente, esperando a que algo pasara, a que algo les llenara de vida.
"Quiero saber si eres tú
como aquel faro de luz
que me ilumina
y da armonía
a mi corazón".
Los recuerdos comenzaron a iluminar a los niños una noche en la que las tres lunas que se veían en el cielo desaparecieron.
"Tengo tres hermanos", dijo, de repente, Hikaru, "y mi papá se llama Taichi Yagami".
"Mi papá conoce el cielo", agregó un nostálgico Takumi, "Finge componer canciones para la luna, pero sólo le canta a su cielo, a mamá...".
"En mi casa hay un reino", cantó Noa, "El rey da esperanza, la reina da luz, tengo dos príncipes y la princesa Min vendrá por mí pronto".
"Yo no sé bien, pe-pero creo que recuerdo a mi oniisan", dijo Moriko.
"¿Y tú, Ronin?", indagó Daikichi, con sus ojos cerrados y sus largas pestañas negras.
"Yo estoy muerto, no sueño con nada", aseguró el muchacho. De nuevo no pudo oírse el pulso, pero pensó en las burbujas de jabón para consolarse.
"Sí sueñas, pero no son sólo sueños, son deseos y por eso creo que se harán realidad", agregó Koemi, aunque se mostraba molesta.
El mentor los fue a visitar una tarde o quizás era de noche pero el joven no se había dado cuenta antes de que los espiaban.
"Lo sabía... los emblemas perdidos están aquí contigo", le dijo a Ronin, "necesito que los movilices a Witchelmy, vamos a salvar al Digimundo".
"Ya no soy un fantasma. Soy Ronin, el samurai que no tiene maestro".
"Tampoco soy tu mentor ni maestro; sólo soy Yukio Oikawa y tampoco me late el corazón que tanto buscas. Somos energía que salva o destruye al Digimundo, somos mariposas".
Ronin suspiró al recordar su vida y su encuentro con los niños. Gracias a ellos ya tenía recuerdos.
Da media vuelta y camina por el peñasco hasta el refugio. Desde que llegó Oikawa y se apoderó de los niños, se ha desaparecido unos días para poder pensar en qué hacer. Su mentor había trastornado su mundo, desde que había reaparecido daba órdenes que los pequeños, quienes cumplían los mandatos sin chistar sin chistar.
Oikawa no los llamaba por sus nombres, les decía emblemas perdidos, pero a los niños no les importaba.
"Es que quiero ver a mis hermanitos", decía ilusionada Hikaru.
"¡Yo también quiero ir allá aunque no pueda verlos!", añadía el invidente Daikichi.
Tras regresar al refugio, Ronin caminó hasta el jardín de la pequeña Noa. La niña estaba hincada ante unas flores marchitas, pero su voz se oía más bonita que nunca:
"La luz que habita en ti
es guía que me ayuda
a encontrar el valor"
Noa se enjuagó las lágrimas.
"La esperanza brilla en ti
y es llanto de pureza
tu mente en mí …"
La niña se limpia de nuevo los ojos. Le da un ligero hipo, pero continua cantándole a las flores.
"El amor, nace con amistad
y en la sinceridad
me llega a mí y me permite
conocer, creer y madurar
para por siempre soñar".
"Noa", saludó el joven.
"¡Samurai Ronin!", ella vio al muchacho y corrió hasta él, "Mira, mis flores se secaron".
"¿Estás muy triste, Noa?".
"Sí, un poquito… se secaron, aunque volverán a crecer ¿verdad?", susurró con su carita encantadora, "Vi al príncipe Seiyuro y me dio su esperanza, yo le di las últimas florecitas para nuestro rey de la esperanza".
El joven le sonrió aunque no le hacían especial emoción los deseos de esos niños. Entre más pasaba el tiempo, esos pequeños se llenaban de más y más memorias que dejaban de estar borradas y se materializaban.
"¡Quiero ir también adonde han ido todos!", admitió Daikichi, quien se acercó al jardín, moviendo con torpeza su bastón, "Pero el señor Oikawa no me envía, es porque no puedo ver ¿verdad?".
"Sí, es por eso", Ronin fue cruel, pero no le importó, ¡si tan sólo pudiera quedarse con un niño no se sentiría tan mal!, sin embargo, sabía que tarde o temprano lo dejarían sólo.
Koemi se apareció frente a ellos.
"He visto a mi familia", se sonrió, mostrando su agraciada figura de bailarina-hada, "les di el mensaje que me dio el señor Oikawa".
"El nido fue visto antes de que los pájaros tuvieran huevos", agregó Takumi con sus frases extrañas, acababa de unirse al grupo, "Bokura no Digital World es mi canción favorita, igual que la de Mayumi".
Las vocecitas comenzaron a contarle historias al joven, lo que lo irritó. Llegaría el día en que esos niños desaparecerían... nunca volverían al mundo oscuro de su castillo. Se quedaría solo.
Hikaru correteó. Salió de una caverna cercana muy ilusionada.
"La princesa Min está en el castillo, mis hermanitos también... y el señor Oikawa dice que hoy viene Genai".
Ronin frunció el entrecejo. ¿Quién era Genai?, ¿por qué el mentor siempre les hablaba de ese ente?
"¡Por fin le conoceremos!", sonrió Koemi.
Moriko se asomó desde unos arbustos roídos y anunció que había dado la llave a su hermano.
"¡Naceremos pronto!", gritó Daikichi, saltando de la emoción y tropezando casi inmediatamente después.
Ronin no quería que fueran a casa, porque sabía que no podría acompañarlos.
Un ser sin corazón no puede atarse a la vida porque está muerto.
Continuará...
Creo que es todo por hoy… ha quedado larguísimo pero la mayoría del capi son diálogos y creo que eso hizo que no quedara tan pesado… o bueno, ya me dirán qué les pareció.
Como pudieron leer, los elegidos la siguen pasando mal en mis fics: los chicos y adultos de la mansión de Devimon no han podido organizarse, las cosas en la guarida de los demon lord están peor… y bueno, finalmente me atreví a publicar más sobre los niños fantasmitas por los que estoy pidiendo votación… espero que no se hayan confundido mucho, con los capis todo irá quedando claro, pero sé que por el momento parece que todo es neblina en mi fic.
Lo que sí puedo adelantar es que esos niños representa unos emblemas perdidos, al mismo tiempo pertenecen a otro tiempo, por lo que en Apócrifo son como si fueran mariposas digitales (es decir, datos).
Salieron dos nuevos personajes que serán importantes en la trama, me refiero a "Ronin" y al último fantasmita que me faltaba de presentar, es decir, a "Daikichi Motomiya", quien definitivamente sí que estará relacionado con Daisuke.
¿Qué es o a quién representa Ronin? ¿Qué hace Oikawa en mi fic? ¿Cómo es que está vivo Genai si en Fusión Prohibida se murió?... pues todo eso lo sabremos pronto… ya si no le entienden por favor me avisan, para tratar de ser muy clara.
¡Ah, claro!, admito que no fue un episodio con romance, pero al menos Osen ya no es zombi, Zet se le declaró y ella no le dio un "no" tan rotundo, sólo le dijo que le diera tiempo y que nunca se rindiera… lamento que ella haya reaccionado así, pero sólo tiene 14 años, es algo autista y aparte la ha estado pasando mal en esta aventura, por lo que pensar en romance la agobia, sobre todo si tiene dos pretendientes.
Prometo un mejor capi para la próxima, gracias por leer, me disculpo si hay errorcillos, es que no tengo beta ni tiempo para releer…
¡Ahora vamos a las votaciones!
El fantasmita favorito
-Shinobu: 8 votos
-Takumi: 4 votos.
-Noa: 6 votos.
-Moriko: 2 votos.
-Hikaru: 0 votos.
-Daikichi: 0 votos
De los niños fantasmitas está en la delantera Shinobu, el futuro hijo de Toshi y Yurim seguido por Noa, la alegre niña de las flores… en un tercer lugar está Takumi, el rubio de las frases incoherentes… ya más abajo Moriko, la niña fantasma del bosque. Hikaru no ha tenido votos, y Daikichi, el último fantasmita de mi lista -quien además padece ceguera-, se une a la votación. No incluyo al personaje "Ronin", porque es algo diferente a esos niños que están apareciendo, es un personaje con otro papel, después de todo ya no le late el corazón... sin embargo, si quieren hacer apuestas sobre quién o qué es, las hipótesis son bienvenidas.
Mi pareja indecisa…
-Zet x Osen: 14 votos
-Soji x Osen: 8 votos
-Ben x Osen: 2 voto
Sin duda el Zetsen lleva la delantera, ¿será que Soji no podrá coquistar a la pelirroja? ¿y Ben seguirá con su papel de hermanastro para cederle el control de la Cerebrito a Zetaro?
Por favor, sigan votando cada capítulo, sigo indecisa con la pareja y quiero que elijan a uno de los niños nuevos que planteo.
De nuevo muchas gracias y disculpen la tardanza en publicar.
Saludos,
CieloCriss
¡Espero sus reviews!
