Capítulo 21: Doppelgänger
Respiró hinchando a más no poder sus pulmones, saboreando su triunfo. Por fin tenía lo que siempre había querido: poder y su propia tripulación pirata. Parecía mentira que después de tantos años por primera vez se sintiera dueño de sí mismo y no uno más de los títeres de Barbablanca, que estúpidos eran todos sus seguidores... no sabían que ese viejo solo buscaba su propio beneficio, como todos en ese mundo cruel.
Esas tres semanas que había podido estar al mando de sus hombres, en su propio barco, dando ordenes sin tener que esconderse entre las sombras, habían sido algo maravilloso, tanto que por un momento creyó estar en la gloria.
Después de todo era una persona normal que siempre había querido ser libre.
El único problema que tenía en ese barco era uno, uno que tenía nombre propio y que había pensado que podría controlar a la perfección, pero que a parecer se parecía más de lo que pensaba a su hermana cuando se sentía acorralado, esos dos niñatos se habían convertido en lo único que lo atormentaba por las noches.
—¿Donde vas con eso?—Preguntó al ver a sus hombres con una bandeja de comida en la mano.
—Se lo iba a llevar al muchacho, para que coma...—Respondió el hombre.
Le ordenó a su hombre que le diera la bandeja, él mismo se encargaría de llevarle al adolescente su comida. Desde que se lo había llevado hacía exactamente tres semanas y dos días ese niño había permanecido solo, intentando escapar de él con cualquier artimaña y se había negado a decirle nada que supiera que iba a pasar, sabía que aunque lo hiciera no lo mataría porque lo necesitaba, era listo, y aunque eso en parte desafiaba su autoridad veía muchas cosas de su juventud en ese niño y por esa razón aún no había sido castigado.
—Buenos días, ¿qué tal has pasado el día?—Preguntó cuando llegó a la habitación.
El cuarto estaba oscuro y la única luz que entraba por la ventana era algo débil, solo valía para iluminar cuanto a penas la pequeña estancia. Miró hacia la cama. El muchacho estaba sentado, observando la pared como si fuera lo más interesante del mundo, sin siquiera dirigirle una rápida mirada.
—¿No vas a contestarme?—preguntó.
El muchacho siguió exactamente en la misma posición, así que dejó la bandeja encima de la pequeña mesilla y se sentó a su lado haciendo que el muchacho se moviera un poco para alejarse de él.
—Llevas aquí tres semanas y aún no te has hecho un lugar en la tripulación, vamos... fuera hace muy buen día, deberías salir, tal vez podría entrenarte un poco... sé cuanto te gusta aprender nuevos movimientos con la espada, ahora somos algo así como tu familia.
—¿Familia? ¿Así es como llamas ahora a los prisioneros? Que bonito, si tratas a la familia así... ¿qué harás con tus enemigos?—Preguntó el muchacho—¡Ah!—Exclamó—Es verdad, les clavas puñales en la espalda, se me había olvidado...
La referencia a lo rastrera que le había parecido la muerte de Thatch se hizo notar en sus palabras. Desde el día en que se había llevado a ese niño, las cosas habían sido así, había ido pocas veces a verlo, intentando sonsacarle información, pero ese niño era más listo y más vengativo de lo que había imaginado. Siempre que pensaba que estaba consiguiendo su cometido ese adolescente sacaba el tema de la muerte de Thatch, junto a lo cobarde que le parecían los golpes por la espalda. Le sacaba de quicio, pero debía intentar contentar al niño o por lo menos hacerle ver que era una pieza clave en la tripulación si quería que sus planes se realizaran.
Hacía poco, había investigado sobre el posible viaje entre mundos que habían hecho ese muchacho y su hermana y lo que había descubierto no llegaba solo a la jugosa información que poseía ese muchacho, iba mucho más allá, más allá de ese mundo, pero para conseguir que ese muchacho lo ayudara a traspasar las puertas de ese mundo nuevo, inexplorado y vulnerable, necesitaba que confiara en él ciegamente.
—¿Prisionero?—Le preguntó con una sonrisa—¿Un prisionero conservaría sus armas?
Miró la espada que le había conseguido Thatch, en una esquina de la habitación, enfundada. Fue la primera vez que había cambiado su objetivo desde que ese hombre había entrado en la habitación. Le incomodaba su sola presencia. Él sabía lo que iba a pasar con Thatch y se arrepentía de haber dejado que ese desalmado lo matara, pero en su caso, lo peor no había sido ser idiota y dejar que la historia siguiera su curso, lo peor era que él mismo había caído en una de las artimañas de ese hombre y que no había puesto ninguna resistencia a irse con él cuando incluso le había mostrado la muerte de Thatch en vivo y en directo.
—Eres libre en este barco Cristian...—prosiguió.
—Si fuera libre estaría en el barco de Barbablanca y me habrías dejado ir todas las veces que intenté escapar de aquí.
—¡Oh vamos pequeño!—Exclamó divertido—¿Crees que con Barbablanca estarías mejor?
El muchacho lo miró con odio, no podía creer que le preguntara semejante cosa. En el barco del que se alejaban a toda velocidad dejaba a su hermana, a Marco, que había resultado más comprensivo de lo que esperaba, a Ace, que con él era amable y lo trataba de forma protectora, casi de la misma manera que hacía su hermana y... a nadie más porque con Thatch era con el que más tiempo había pasado y ahora, por culpa de ese monstruo, estaba muerto.
—Barbablanca nunca supo apreciar lo que tú puedes ofrecer con algo de entrenamiento pequeño... Él solo te tenía en el barco para controlar a la salvaje de tu hermana por una razón que desconozco, porque sino hacía tiempo que los dos estaríais buscando una vida mejor en un mundo extraño lejos de la piratería y el barco de ese viejo de Barbablanca.
—¡Mientes! Barbablanca podría habernos echado como aquella vez que me echó por la borda... ¡Y no lo hizo!
—La primera vez que hizo eso... ¿no te diste cuenta de que a tu hermana y a Ace les pasó algo? Barbablanca nunca os ha incluido como parte de su tripulación.
Recordó aquel día en cuestión. Recordaba perfectamente como al llegar a la orilla un dolor infernal se había apoderado de su hermana y como, al parecer, Ace sentía lo mismo y Barbablanca había dado la orden de volver para recogerlos porque pensaba que su hermana le había hecho algo al moreno. Él la había intentado defender como podía, pero nadie lo escuchaba, Barbablanca no veía el dolor en los ojos de su hermana y la acusaba de no recordaba qué cosas horribles mientras pedía que trajeran a Ace ante él. Aunque eso no había mejorado la escena, pues ambos muchachos se habían desmayado por el dolor.
Desde ese momento su hermana y él habían permanecido en el barco y habían pasado dos meses con la tripulación de Barbablanca, cada uno al cuidado de un comandante. Ace no se había separado mucho de su hermana desde entonces, pero el tiempo que estuvo en el barco pensó que era porque al no fiarse mucho de ella tenía miedo de que hiciera cualquier locura, pero por las palabras de Barba negra, había algo detrás de esa aparente unión que le pareció extraña desde un principio, ya que ni Ace ni su hermana aguantaban estar con el otro, por lo menos, en el comienzo de su estancia en el barco.
—¡No...No es verdad!—Se dijo él mismo para alejar los pensamientos que le corroían.
—Él solo está preocupado por lo que sea que le ha hecho tu hermana a Ace... y a Ace le pasa igual... porque sino... ¿Por qué estar tantas horas junto a esa mujer orgullosa y malhumorada? Ella debe de esconderte algo, algo que no la permite estar muy lejos de Ace... Si Babablanca te tuviera por uno de los suyos... hace tiempo habría venido a por ti, y... ¿Ves a Barbablanca o a alguno de sus hombres? ¿Los has visto en estas tres semanas de viaje?
—¡Cierra ya la puta boca!—Gritó fuera de sí.
—Vaya... supongo que tus hormonas de adolescente hablan por ti, a muchos he castigado por mucho menos, siéntete afortunado y escúchame cuando te digo esto pequeño...
El hombre se levantó de su asiento y se dirigió hacía la puerta girándose justo cuando iba a cruzar el umbral de la misma.
—Ni los buenos son tan buenos... ni los malos son tan malos. Piensate bien mis palabras, porque pedirte que seas uno más en esta tripulación no va a estar entre las ofertas para siempre.
La puerta se cerró dejando a Cristian de nuevo en medio de la oscuridad, con todos sus pensamientos alborotados como si huyeran de su cerebro. Aunque con toda la ponzoña que había intentado inyectar ese hombre, le extrañó no estar totalmente convencido de sus palabras.
Por el momento, intentaría sobrevivir a esa tripulación, intentar integrarse no sonaba tan mal cuando pensaba en que en cuanto se confiaran podría escapar de ellos. Si barba negra quería juegos, juegos tendría, y lo convencería de que su ponzoña hacía efecto, aunque algo dentro de él le decía, que tal vez la ponzoña de ese hombre escondía mucha más verdad de la que podría soportar.
Mientras, en un lugar en tierra firme, una chica de ojos verdes corría a toda velocidad entre medias de una frondosa selva intentando con todas sus fuerzas esquivar los distintos árboles y matorrales que se iba encontrando en su huida. Su respiración era acelerada y notaba como su ritmo cardíaco iba aumentando de forma desmedida cuanto más se iba acercando la extraña unión de bestias que llevaba detrás.
Varios silbidos detrás de ella la hicieron aumentar su velocidad, necesitaba correr más rápido, encontrar un claro para poder atacar, con un simple hueco entre el follaje tendría suficiente, pero ella no conocía ese lugar y no podía afirmar que hubiera ningún claro o poblado de camino en su escapatoria.
Por un momento se cuestionó el motivo por el que siempre se metía, cuando estaba sola, en toda clase de líos y también se preguntó por qué de todos los bichos, monstruos y demás cosas que se podía encontrar en esa selva, la tenían que ir persiguiendo un grupo de serpientes. Súper serpientes por lo que veía, nunca había atendido en clase de biología cuando hablaban de serpientes, le daban algo de asco, eran algo así como su fobia personal, así que nunca se preocupó en saber a qué velocidad exactamente reptaban esas cosas, porque pensó que la posibilidad de encontrarse frente a una serpiente en su cómoda vida de ciudad era casi nula, pero ahora, podía comprobar en sus propias carnes que eran bastante rápidas.
Lo que sí recordaba de sus clases era que rara vez las serpientes atacaban a los humanos, pues solo inyectaban veneno a sus presas para engullirlas. Le habrían visto cara de ratón entonces...
Una luz más resplandeciente frente a ella le advirtió de que pronto llegaría a un espacio mayor entre árboles, pero los silbidos a mayor frecuencia que se oían detrás de su espalda también la avisaban de que esos monstruos estaban cada vez más cerca de alcanzarla. A qué mala hora se había separado de su antorcha personal.
Cuando Sara consiguió llegar al lugar observó un gran lodazal, no podía esquivarlo, así que pensó rápido, creía recordar que las serpientes se guiaban por su vista y su olfato, así que tendría que desaparecer.
Cogió barro del lodazal y empezó a untarse en él, en medio de su baño de barro personal varias serpientes llegaron a ella y con un palo se las quitó de encima, aunque no a todas. Esas serpientes eran más grandes de lo normal, y parecían en lugar de pacientes depredadores desesperadas bestias con un claro objetivo, devorarla.
Una de las serpientes la atacó llegando casi hasta su rostro y la chica, al verse totalmente acorralada, alzó el palo colocándolo entre ella y los colmillos de la serpiente, provocando una presión en ella para impedir que esos feroces colmillos pudieran siquiera rozarla, pues no sabía el grado de letalidad de su veneno y no quería correr el riesgo.
—¡¿Por qué demonios tienen que ser serpientes?! ¿Eh?—Gritó para ella misma.
Se separó de la serpiente dándole un golpe seco, y caminó por encima del lodazal casi a gatas sintiendo como se hundían sus rodillas y las palmas de sus manos en él. Se mantuvo quieta, esperando haberse embarrado bastante como para que esos reptiles no la sintieran. Aunque en un principio pareció funcionar y las serpientes empezaron a dispersarse, no captando del todo su presencia, una de las serpientes se dirigió hasta ella, hasta que algo la paró.
Ace había cogido a la serpiente por la cola y la miraba extrañado. El reptil, al ver como lo habían atrapado se lanzó a hincar los colmillos en el brazo que le agarraba, pero no llegó a ello, ya que Ace se había prendido fuego y la serpiente había acabado totalmente chamuscada.
—¿Qué tal reptil a la parrilla para cenar?—Preguntó.
Se fijó por primera vez en la chica que caminaba hacia él, totalmente cubierta por barro y abrió los ojos preguntándose cómo había acabado así, sin encontrar en su cerebro ninguna escena que pudiera llevar a una chica cubierta de barro hasta las pestañas. Y al parecer la chica había entendido a la perfección lo que expresaba su rostro, pues no tardó en responder a su pregunta mental.
—No preguntes, es lo malo de no ser una cerilla viviente—Respondió sin que él le hablara.
—¿Cerilla viviente?—Preguntó él todavía analizado si la serpiente sería comestible—Por cierto, ¿no puedes estar tres segundos sin que alguna bestia gigante, reptil, insecto, rey marino y demás te persigan?
—Supongo que no les caigo bien a los animales.
—Y yo supongo que no es muy normal que acabes perseguida por decenas de serpientes solo por eso... y...—La miró de nuevo de pies a cabeza—Embarrada de esa forma... ¿pero qué has hecho?
—Te he dicho que no preguntaras.
Ace suspiró adivinando que ese estado seguramente se debería a alguno de sus planes sin sentido que algunas veces, contra todo pronóstico, funcionaban. Volvió a mirar a lo que se había convertido en la mujer de barro, se intentaba quitar el barro de partes de la cara en un intento torpe pues no hacía más que extendérselo más, pues sus manos estaban cubiertas de él.
El moreno sonrió sin darse cuenta y acercó su mano hacia la cara de la chica, que aun no se había percatado del gesto, parándose en seco y echando su mano para atrás justo antes de tocarla, pues unas palabras de ella volvieron a su cabeza por un segundo.
"Antes te odiaba pero ahora creo que me he enamorado de ti..."
No entendía a qué venía recordar esas palabras justo en ese momento, pero al parecer su mente tenía pensada una tortura para él. En todo el tiempo que habían estado viajando los dos solos no había pensado en eso, y justo en ese instante su mente le mostraba que algo en él no había podido olvidar esas palabras.
Ella en verdad no le había dicho en ningún momento esas palabras directamente a él, se las había dicho a Thatch en una especie de confesión extraña en la que él estaba escuchando por casualidad, pero... eso no quitaba que el significado fuera el mismo. Esa chica de alguna manera había pasado de odiarlo a amarlo, a él de todos los hombres de ese mundo. Un pirata de Barbablanca y el hijo del demonio, quien solo quería centrarse en su venganza personal y no tenía tiempo de pensar en ciertas cosas que a su parecer eran molestas.
La chica al sentirse observada le devolvió la mirada, y Ace no pudo evitar esconder su sonrojo mirando a otro lado. Confundiendo a la castaña que solo tenía una pregunta en mente "¿te ocurre algo?".
—Creo recordar que hay un lago cerca—Dijo Ace intentando evitar la pregunta que había leído en los ojos de la chica—Lo encontré mientras te buscaba...
Ace acompañó a la muchacha hasta el lago para que se quitara todos los kilos de barro que llevaba encima y desapareció, sentándose reposando la cabeza en el tronco de un árbol hasta que la chica acabara.
No muy lejos la muchacha refregaba su piel con ganas, regañándose mentalmente por haber tenido la gran idea de embarrarse ella misma para huir de unas serpientes, si lo pensaba mejor había sido una idea tonta.
Miró sus prendas, parecía sacada de una pelea entre el hombre arena y la criatura del pantano, así que sin pensárselo mucho se lo quitó todo, pues había llevado su mochila con ella y en ella llevaba cambio de ropa. Se introdujo más en el agua pensando cómo era posible que alguien en su mundo pagara por embarrarse de esa manera, pues no era muy agradable quitarlo.
El moreno se despertó sobresaltado, sin saber bien donde se encontraba, hasta que los recuerdos llegaron a su mente, seguramente se había quedado dormido debido a su narcolepsia.
Aun estaba adormilado, pero un grito femenino lo despertó completamente levantándose como un resorte de su asiento y corriendo hacia donde se encontraba la única persona en el mundo que conocía que no paraba de meterse en líos las veinticuatro horas del día, y no se metía en más jaleos porque el día no era más largo.
Llegó al lago con la respiración agitada, localizando a la chica dentro del agua, así que rápidamente se acercó a ella cogiéndola del brazo y estirando un poco para ver si le pasaba algo, a esas alturas ya no le sorprendía nada de ella.
—¿Estás bi...?—No acabó la frase.
Sus ojos bajaron por el hombro hasta llegar a un lugar que no debería haber estado al descubierto, ni visible, provocando un agrandamiento de sus orbes a todo lo que daban sus cuencas. Soltó el brazo lentamente, alejándose un poco de ella. Recapacitando sobre lo de las sorpresas, pues eso había sido un tremendo golpe que lo había hecho reaccionar con mucha calma y a la menor velcidad posible.
Los dos se quedaron por varios segundos mirándose como en shock momentáneo hasta que la chica reaccionó dándose la vuelta y comenzando a gritarle todos los improperios e insultos que había acumulado en su vocabulario hasta el momento. Y Ace aguantó, porque con lo que acababa de ver, sin cortarse una pizca, entendía el enfado de la castaña, pero sus ojos se habían movido solos, él no tenía culpa.
—¡¿Pero qué demonios haces aquí?!—Gritó la chica después de desquitarse insultándolo.
Salió del agua, en cuanto él se giró, buscando la ropa que había dejado en el suelo para cambiarse después de quitarse todo el barro que se le había pegado en la piel.
—¡Pero no te gires!
La chica le gritó al ver que empezaba a girarse de nuevo cuando ella ya estaba fuera del agua, y peor, sin nada con lo que taparse o arrojarle a la cabeza. Pero Ace paró, pues su corazón tal vez no daba para más sobresaltos ese día.
Lo que sentía era extraño, varias veces, al confundirse de baño cuando estaba somnoliento había entrado sin querer al baño que de normal utilizaban las enfermeras en el barco, y aunque entendía el enfado de ellas, en él no había mucho cambio, pues simplemente se giraba y se marchaba por donde había venido, sin darle más importancia. No como en ese instante en el que algo se removía en su interior.
—¿Y tú qué demonios haces desnuda?—Le preguntó.
—¡Bañarme! ¡Cacho de genio!—Respondió a la pregunta de Ace.
—¿y si viniera alguien? ¿qué? ¿Sabes qué podría hacerte el que te viera?
—¡Pues mirar! ¡Igual que tú!
Ese golpe bajo de ella le dolió, lo había visto observar sin miramientos su cuerpo desnudo y ahora se veía con el derecho de atacarlo como si de un simple pervertido se tratara.
—No has contestado mi pregunta—Dijo ella en voz baja—¿Por qué tenías tanta prisa?
—Oí un grito de mujer, pensaba que era tuyo.
—No, no era mío, yo solo he gritado cuando me has sacado medio cuerpo del agua.
—¡Escucha! Yo no...
No acabó la frase, pues se volvió a escuchar un grito que esta vez hasta Sara escuchó claramente. Y Ace salió disparado para socorrer a la mujer que gritaba.
—¡Ayuda! ¡Que alguien me ayude por favor!—Volvió a escuchar la voz.
Ace vio algo que no esperaba, una adolescente de aproximadamente dieciséis años, rubia, y de ojos marrones, se encontraba aterrada y rodeada, de nuevo, por serpientes, al igual que Sara en el lugar en el que la había encontrado cuando la había perdido de vista.
Estiró los dedos como si de una pistola se tratara y apuntó a las serpientes que rodeaban a la muchacha, deshaciéndose de todas y cada una de ellas, no le costó mucho hacerlo, era cierto que habría acabado antes prendiendo los matorrales, pero tampoco quería acabar incendiando la selva entera.
—Gra... gracias...—Dijo la muchacha no muy convencida de la bondad de Ace al salvarla.
La veía nerviosa, reticente a que él se acercara, aunque la hubiera salvado, miraba al suelo nerviosa, casi como si quisiera que él desapareciera y descubrió que el problema en sí mismo no era que fuera él, sino qué podía hacer. Parecía temer sus llamas.
—¿Ace?—Escuchó la voz de Sara.
La chica no tardó en aparecer segundos después de que él contestara con un fuerte y claro "aquí". La muchacha castaña ya estaba vestida y observó a la adolescente rubia de cabello corto, quien aun seguía temblando, al parecer presa del miedo.
—¿Ella es la muchacha que oímos gritar?—Preguntó a Ace.
Ace solo asintió e hizo un movimiento con la cabeza para que se acercara a ella lentamente, solo para comprobar si estaba herida o no, aunque no estaba muy seguro de que la muchacha aceptara su ayuda.
—Tranquila, no te voy a hacer daño, ¿estás bien?
La muchacha se apartó cuando Sara le rozó, aun no la había mirado, y solo quería comprobar que se encontraba bien así que... volvió a preguntar.
La rubia asintió con la cabeza y dirigió la mirada, por primera vez desde que estaba allí, a Sara. Al ver a la castaña, la adolescente abrió los ojos de par en par y negó con la cabeza para segundos después abrazar a Sara fuertemente por el cuello, sollozando.
Sara miró a Ace de reojo, buscando en su rostro algo que le alumbrara sobre lo que estaba pasando, aunque tenía la misma cara de entender exactamente lo mismo de esa reacción que ella. Nada.
—¡Estás viva! estás bien...—Dijo entre lágrimas la muchacha.
—Sí, estoy viva, aún respiro, aunque con lo que aprietas no sé por cuanto tiempo.
—¡Disculpa!—Exclamó—¡Ya verás cuando te vea Ronan!
—¿Quién?—Preguntó Ace, aunque Sara también se lo preguntaba.
—¡Mi hermano! acompañadme ¡Vamos! ¡Vamos!—Dijo estirando el brazo de la muchacha.
Los dos muchachos se miraron. Sabían que no podían intentar hablar con la entusiasmada adolescente en esas condiciones de puro júbilo, así que decidieron hacerle caso y seguirla, pues tal vez solo así podrían aclarar el motivo de la alegría de la muchacha bipolar.
La muchacha los llevó por la selva, apartó una enorme cascada verde que creaba una extraña planta y cruzó al otro lado. Al parecer esa planta cubría una entrada a un claro entre rocas, como un pequeño escondrijo natural donde había una pequeña casa.
Entraron a la casa siguiendo a la muchacha y un hombre de cabello negro, corto y ojos azules se abrazó a la rubia, al parecer era el hermano del que tanto hablaba.
—¿Dónde has estado?—Preguntó—Estaba muy preocupado, ya sabes que salir fuera con ellos buscando presas no es seguro...
Paró de repente de hablar cuando observó que no estaban solos. Primero se fijo en el chico, un hombre musculoso con pecas en las mejillas que parecía peligroso, y después en la chica castaña, que se acababa de poner al mismo nivel que su amigo. La chica no solo le pareció familiar, sino que estaba seguro que ella era...
—No puede ser... E... Elysha...
La castaña y el moreno miraron para atrás pensando que tenían a la tal Elysha detrás, pero no fue así, no había nadie.
—Pe... pensaba que... habías muerto...
El hombre dio un paso hacia delante mirando directamente a los ojos verdes de la castaña, para poco después lanzarse hacia ella o más bien, para lanzarse directo a besarla. Ace vio todo a cámara lenta, mientras sus ojos se salían de sus órbitas y soltaba una maldición interna. Mientras Sara, al verlo tan cerca, respondió echando la cabeza para atrás y el puño directo a su cara en un certero golpe en el pómulo que lo hizo caer para atrás.
—¿Por qué...?—Dijo el chico sentado en el suelo sobándose el golpe.
—¡¿preguntas por qué?!—Gritó la chica—¡Yo soy la que debería preguntar por qué cojones te lanzas a mí con los morros por delante! ¡Acosador pervertido!
—¿No dejas que te bese? No lo entiendo... y... ¿Desde cuando sabes pegar esos golpes tan fuertes?
—¿Qué no entiendes de mi reacción al ver a un loco acercándose a mí para besarme? ¡Lo normal es que me aparte!
—No siempre te apartas...—Dijo Ace en voz baja recordando el beso que le había costado recordar producto del júbilo cuando ella le había mostrado el cartel de su hermano.
Aunque al parecer la principal protagonista de su recuerdo, no lo había escuchado y se dedicaba a gritar al muchacho extraño.
—Pero Elysha...
—¿Elysha?—Pregintó Ace—Creo que aquí hay un malentendido... ella no se llama Elysha, sino Sara.
—No...—Negó el chico quien dirigió a Ace una mirada reprobadora
Se acercó a la chica e intentó rozar su mano, a lo que ella respondió apartándola de él, cosa que lo entristeció, pues no entendía por qué su Elysha estaba tan extraña y tan a la defensiva con él.
—Puede que no lo recuerdes ahora, ellos te hicieron algo... pero lo recordarás, estoy seguro.
—No recordaré nada porque yo no soy ella. Puede que tenga un ligero parecido si estás tan convencido, pero no soy ella.
El muchacho se fue corriendo a una de las dos habitaciones de la pequeña casa y rebuscó entre sus cosas, encontrando en un pequeño libro justo lo que estaba buscando. Regresó al pequeño comedor/cocina con un papel en la mano y se lo entregó a Sara, haciendo que tanto ella como Ace, que sentía curiosidad por ver qué era lo que le acababa de entregar, se sorprendieran de sobremanera.
—No... no puede ser...—Dijo Ace en voz baja.
—Te lo dije, no hay confusión posible, sé diferenciar a mi prometida en cualquier parte y es ella.
Miró la foto de nuevo, la muchacha que se mostraba ante ella como la tal Elysha, no era que tuviera un parecido con Sara, era exactamente igual a ella. Estaba sonriente en la imagen, con un vestido de color azul oscuro, los mismos ojos verdes, el mismo color de cabello, incluso la misma sonrisilla ladeada. La única diferencia entre la Sara que él conocía y la mujer de la foto era el cabello, ya que Elysha tenía el cabello arreglado en una melena corta y lisa que le llegaba a mitad del cuello, al contrario que Sara cuyo cabello le llegaba ondulado hasta mitad de su espalda.
—En serio pensábamos que esos hombres te habían llevado con ellos, que bien que no acabaste igual que papá y mamá—Dijo la rubia.
La chica no respondió, pues aún miraba la foto sin poder creer que hubiera alguien en ese mundo tan exacto a ella, pues creía que las mujeres de ese mundo eran totalmente diferentes.
—Esta no soy yo... Es como un doppelgänger...
—¿Qué demonios es eso?—Preguntó Ace.
—Es un doble, exacto a ti, que no tiene ningún tipo de relación de consanguinidad contigo pero que existe viviendo una vida paralela a la tuya, sin siquiera saber que está ahí.
—Entonces... ¿No eres Elysha?—Preguntó la adolescente entendiendo por donde iba la mayor.
La chica negó con la cabeza, parecía que por fin la habían entendido, aunque solo una parte de los presentes, pues el muchacho seguía agarrado a la idea de que ella era su prometida. Incluso insistió en la posibilidad de que hubiera perdido la memoria al según él que unos horribles monstruos la secuestraran hacía cuatro meses.
Ace se extrañó por lo de los "horribles monstruos" de los que hablaba el chico y por un momento recordó como a Sara y a la muchacha Rubia le habían perseguido exactamente los mismos reptiles.
—¿Te refieres a las serpientes?—Preguntó Ace.
El hombre lo ignoró mientras Ace lo veía, según él, revolotear al rededor de su compañera de viaje, molestándola con sus neuras de loco.
La castaña estaba al borde del golpe mortal giratorio ya con ese tipo tan sumamente pesado. No entendía que ella no era la mujer que él quería que fuera, entendía su fijación por mantener la esperanza de que su prometida siguiera viva, pero no comprendía que era molesto compararla con otra mujer simplemente porque no eran la misma persona.
En un momento de cansancio Sara le expresó su deseo de salir de ahí de la forma más sutil que conocía "¿Deberíamos irnos ya no?" a lo que Ace no puso objeciones, pero el hombre, pensando que la chica que había vuelto a su vida iba a salir de ella igual de rápido que había llegado, les propuso una cosa a la que Ace no se pudo negar. Quedarse a cenar. Pues sonaba mucho mejor lo de la comida casera que lo de la serpiente a la parrilla.
—Traidor...—Dijo Sara en voz baja mientras los dos hermanos se habían ido a preparar la comida con la mejor de sus sonrisas.
—¿Yo?—Preguntó Ace con una sonrisa—Piénsalo bien, ¿Prefieres lo que quiera que hayan cocinado o la serpiente que intentó atacarte?
Sara suspiró dándole la razón en lo de la comida a lo que él respondió aumentando su sonrisa. Ya le había pillado el punto para convencerla, pues aunque él lo hacía por pura glotonería, esa chica nunca comería algo que le resultara extraño o asqueroso.
La cena trascurrió normal, Ace se durmió varias veces mientras devoraba el suculento guisado que habían preparado los hermanos y el hermano mayor contaba historias a Sara sobre su vida juntos, cosa que ella comenzó a ignorar y pasó a intentar evitar que Ace metiera la cabeza en el suculento plato. De lo que Ronan se dio cuenta desde el minuto uno, comenzando a mirar a Ace con malos ojos, pues ese moreno exhibicionista le quitaba la atención de su Elysha.
Fuera comenzó a llover cuando acabaron de cenar así que Rubí, la hermana del moreno, les indicó que se quedaran a dormir y aceptaron sin pensárselo mucho, pues las opciones eran quedarse a dormir en la pequeña casa o pegarse una buena ducha al raso.
—No os preocupéis, nosotros podemos dormir aquí mismo—Dijo Ace cuando la adolescente le preguntó a su hermano donde los meterían a dormir.
—Ni hablar—Dijo el moreno mirando a Ace directamente a los ojos—Una señorita como Sara no puede dormir en la misma habitación que un hombre, y menos a solas.
—Primera noticia que tengo—Dijo Ace.
—Pues sí... las señoritas no deberían dormir junto a hombres como tú, seguro que eres un pirata o algo peor.
—No me refería a las señoritas en general, me refería a que es la primera noticia que tengo de que ella sea una señorita. Además como si no lo hubiéramos hecho antes.
—¡Oye!—Exclamó Sara—Aunque tienes razón...
Ante esos comentarios Ronan no pudo sino seguir observando con cara de pocos amigos al muchacho pecoso, pues pensaba que ahí había algo más que una simple relación de compañerismo o de viaje.
—¿Pirata?—Preguntó Rubí mirando a Ace con los ojos agigantados—¿Entonces no eres un monstruo como ellos? ¿Eres solo un pirata?
Ace se extrañó, era la segunda vez en la que hablaban de monstruos, y su casa estaba tan escondida que se preguntó si no estaría metida en ese recóndito lugar a propósito para huir de esos monstruos horribles de los que hablaban.
—Pensé que con esos poderes especiales que tienes eras como él...—Volvió a hablar de nuevo.
—¿Él?—Se preguntó Ace.
—Rubí... Es hora de ir a la cama, prepara en tu cuarto otra cama para que Ely... Sara se acueste.
Los dos muchachos se pusieron manos a la obra para acomodar otras dos personas en su pequeño hogar. Aunque Ace y Sara se miraron sospechando que había algo en ese lugar que el moreno escondía de forma demente y la muchacha tenía muchas ganas de contar.
—Esos monstruos de los que hablan me dan mala espina. ¿Tendrán que ver con las serpientes que te perseguían?—Dijo Ace en voz baja.
—Yo también lo he pensado... tal vez si insistimos un poco...
—Con él no habrá manera—Dijo Ace mirando al moreno que sacaba sabanas de un armario.
—Se puede probar con un poco de convicción femenina...
—No—Negó secamente.
—Digo que la hermana se ve más dispuesta, si le pegunto como si fuera su amiga seguramente mañana tendremos respuesta a nuestras preguntas. ¿Qué te pensabas que estaba insinuando pervertido?—Dijo mirándolo de reojo.
Ambos se mantenían callados, Ace mirando al muchacho mientras acababa con la cama que utilizaría su compañera ese día y ella seguía observándolo para ver su reacción, así que al ver un pequeño sonrojo en las mejillas de él, siguió torturándolo, era tan divertido, ahora comprendía por qué Ace se metía con ella a veces.
—Por cierto, esto me recuerda que tenemos una conversación pendiente—Dijo llamando su atención—De antes... en el lago...
Ace se puso tenso y volvió a mirar al chico que salía en ese momento de la habitación y los miraba bastante interesado.
—Yo... es lo que te intentaba decir antes... ¡No he visto nada!
—Vaya... ahora no has visto nada ¿no? Pues peor para ti, te iba a confesar una cosa sobre algo que vi hace un tiempo...
—¿Algo que viste?
La chica comenzó a andar hacia la habitación de la adolescente, que le había llamado para comunicarle que todo estaba liso ya, seguida de cerca por Ace, quien quería saber que era esa confesión que iba a hacer ella.
—Ahora nada, como no has visto nada pues... ya no puede ser una confesión, igual... un consejo...—Dijo apoyándose en la puerta de la habitación de Rubí—La próxima vez que te de por cambiarte de ropa con desnudo integral incluido vigila que tu acompañante esté ya dormido, a algunos nos cuesta dormir más de dos minutos.
—E...espera... ¿eso quiere decir que...?—Tragó saliva y continuó—¿Cuanto has visto?
—Un poquito...
—¿Un poco? ¿Cuánto es "un poco" para ti?—Insistió.
La chica sonrió más ampliamente, lo tenía justo donde quería...
—Bueno, quien dice un poco dice todo, ya sabes... tenía que completar lo que había más allá de esos abdominales que tanto te empeñas en esconder, nótese mi ironía...
—¡¿Todo?!—Gritó.
—¡Buenas noches!—Exclamó aun con su gran sonrisa.
—¡Es...per...a!
No le dio tiempo a averiguar si le estaba gastando una broma o iba realmente en serio, pues en cuanto se había despedido de él había cerrado la puerta, dejándolo con la palabra en la boca. Suspiró y se rascó la cabeza, pensando que en verdad había sido una cosa por la otra, pues a ella también la había visto desnuda, aunque no entendía por qué él era un pervertido y ella podía mirar tan tranquilamente.
—Toma—Dijo de repente Ronan dándole unas sabanas y una almohada—Apáñate tú.
El hombre también se fue cerrando la puerta de la habitación y dejando a Ace solo sujetando las sábanas mientras pensaba en qué habría hecho para que ese hombre se comportara tan borde con él.
Mientras, en la habitación donde se acomodaban las chicas, la castaña aun se reía por lo bajo, pues la cara de su acompañante pecoso sería motivo de su risa personal durante bastante tiempo.
—¿y esa sonrisa?—Preguntó la rubia.
—Nada... supongo que me gusta jugar con fuego...—Respondió volviendo a recordar lo sucedido.
—¿Qué?—Volvió a preguntar Rubí.
La chica desvió el tema, pensando en cómo podría sacarle a la muchacha la información que requería sobre lo que pasaba en ese lugar, pero no lo consiguió, pues en mitad de la conversación cuando pensaba que la charla ya tomaba el rumbo que quería, la muchacha se durmió y pensó que tal vez sería mejor averiguarlo por la mañana, antes de partir para continuar su viaje, pues suponía que como las otras veces no se quedarían quietos en un mismo sitio por mucho tiempo, después de todo estaban aún persiguiendo a Barba negra, aunque había sido más difícil de lo que pensaban seguirle el ritmo.
Conforme las horas pasaban su cuerpo comenzaba a tornarse más y más pesado, vio sombras, colores, escuchó gritos, ruidos de metal chocando, pero no podía distinguir nada, se preguntó si eso sería otro sueño, en esas semanas no había tenido pesadillas, parecía que cada vez iban disminuyendo más y más, pero estaba claro que no se libraría de esa, tal vez significara algo...
Su alrededor comenzó a hacerse más claro, y comenzó a distinguir donde se encontraba, era una batalla, una batalla campal en toda regla, marines contra piratas. Vio gente conocida entre las personas que luchaban, Marco se encontraba en su forma de fenix, Thatch luchaba espada en mano no muy lejos de allí, vio a Barba negra y sus hombres y a Barbablanca que se zafaba de unos marines menores que parecían hormigas ante él.
No entendía nada, ella estaba parada en mitad de la pelea, pero nadie la atacaba, casi como si no la vieran, todo era demasiado extraño. Se preguntó por qué estarían allí, entre tantos marines, enfrentándose como si la vida se les fuera en ello en esa batalla. No podía entenderlo.
Y comenzó a confundirse más cuando se giró y observó algo cusioso. Miró su cuerpo, tenía heridas, cortes, arañazos y demás que no recordaba haberse hecho, tocó su cabello y descubrió que estaba cortado llegándole un poco más arriba de los hombros, casi como si se lo hubieran cortado con un hacha, ya que los cortes eran totalmente irregulares.
De repente escuchó algo, reconocía la voz, era Ace, había gritado el nombre de su hermano, y entonces un poco más lejos vio al chico del sombrero de paja arrodillado en el suelo, mientras un hombre, más corpulento con el brazo recubierto de lo que a simple vista parecía magma, se lanzaba hacia él.
Todo pasó en cámara lenta, Ace se adelantó para intentar parar el golpe y lo paró, pero no sin consecuencias, pues fue atravesado por el puño de magma del marine.
Abrió los ojos de par en par, sintiendo en su pecho un dolor horrible y gritó al ver la escena como creyó que no había gritado nunca despertando al instante de ese extraño sueño con los ojos bañados en lágrimas de pura desesperación.
Se tapó la boca y agarró su estómago intentando tranquilizarse, todo había sido un mal sueño, bastante real pero un mal sueño después de todo. Se levantó de la improvisación de cama y abrió la puerta casi lanzándose a la otra habitación.
Vio a Ace con los brazos abiertos en el suelo, tapado cuanto a penas por la sábana y roncando como hacía siempre con la boca completamente abierta. Se acercó a él sentándose en el suelo y le tocó el rostro como prueba de que eso que había visto solo era un mal sueño y él seguía allí con ella.
Aun estaba oscuro y su corazón no paraba el ritmo, aún estaba de los nervios pensando en la posibilidad de que lo que acababa de ver no fuera más que una visión de lo que les esperaba en un futuro. No debía haberlo arrastrado con ella a esa búsqueda que aún con la vivre card de su hermano no daba por ahora fruto alguno.
Se tumbó a su lado colocando la cabeza en su pecho intentando no pisar el brazo extendido en el suelo. No quería ser descubierta pero ahora mismo no pensaba que pudiera tranquilizarse más que sabiendo que él estaba ahí. Cerró los ojos, aun enrojecidos y húmedos y se durmió a su lado.
Un ruido la despertó cuando creía por fin haber caído rendida en los brazos de Morfeo. Abrió los ojos observando como la rubia salía de la casa y aún no había llegado a amanecer del todo.
Se preguntó a dónde iría y la siguió. Llevaba en las manos una flor azul. Y cuando llegó a la altura de un árbol que estaba partido por la mitad cambió la flor seca que había allí dejando en su lugar la nueva y al parecer recién cortada flor azul.
—Ha pasado tiempo desde que vine aquí Elysha...—Comenzó a hablar la rubia—Te echamos de menos...
La muchacha se sentó en el suelo manchando un poco su camisón de barro. Seguía observando la flor azul con una sonrisa cálida en el rostro.
—¿Sabes qué?—Preguntó a la nada—Hoy encontramos a dos viajeros bastante curiosos, el chico me salvó, parece muy fuerte y aunque al principio creía que era otro monstruo como el jefe de esa secta que destruyó la ciudad no es así...
—¿Secta?—Se preguntó Sara mentalmente al escucharla.
—Y la chica es exactamente igual a ti, al principio pensé que eras tú, pero ella dice ser una dop... vamos, que se parece a ti... pero yo sé que aunque Ronan se empeñe no eres tú... Tu eras más dulce, delicada y cariñosa, ella es distinta... ya sabes... es bastante... bruta...
La muchacha se levantó viendo algo y su sonrisa cálida se borró por un momento sustituyéndola por un rostro horrorizado. Su labio inferior comenzó a temblar y Sara se sobresaltó cuando la rubia gritó y algo la agarró entre el follaje, pues en el ángulo en el que se encontraba no vio qué era lo que se había llevado a la adolescente.
Sintió algo en su espalda, casi como una respiración en su nuca, e intentó girarse rápidamente pero lo último que vio antes de desmayarse fue una sombra.
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¡Capítulo 21 recién sacado del horno! ;)
Como prometí, un mes después, he vuelto jajaja. Supongo, porque mi vida se ha vuelto en un completo caos desde que volví a clase, que el próximo capítulo también será en un mes, si no me muero antes.
De nuevo y como siempre ¡Gracias a las personas que comentan en la historia! Nuevos lectores y antiguos, gracias a que sé que esperais con esas ganas el capítulo creo que puedo seguir sacando fuerzas para escribir y siento no poder ser más rápida en las actualizaciones, de verdad. Y a los que solo leeis también, muchas gracias, que yo sé que estais ahí.
Por cierto, hablando de todo un poco, no me había dado cuenta de la de favoritos que me habeis puesto ¡Muchísimas gracias! y tampoco me había fijado que ha pasado un año ya desde que publiqué el primer capítulo en fanfiction, eso demuestra el despiste que tengo encima xD
Bueno, espero que os haya gustado el capítulo y que espereis el 22 con las mismas ganas ;)
¡Nos leemos el mes que viene!
Helen Martinelli ;)
