—Cuarta Parte: Finalmente Casados—
=19.2 Búsqueda implacable=
— Furano (Hokkaido), Japón.
— New Furano Prince Hotel
El viaje a Hokkaido había sido como mucho, un trayecto tranquilo, aunque extenso. Nueve horas desde el Aeropuerto de Yokohama hasta el Aeropuerto de Chitose habían permitido a los viajeros conciliar el sueño, charlar animadamente o ver alguna película desde las laptops o tabletas —en el caso de Hye Sun, concluir la novela de los cazadores de sombras y suspirar con sus personajes—. Dos horas más tarde (no sin antes haber realizado el trámite correspondiente para el alquiler de unas accesibles camionetas) la ciudad de origen de los comprometidos les dio la bienvenida y el New Furano Prince Hotel los recibió para comenzar su corto pero importante hospedaje de aquellos días.
Dado que el reloj de la recepción marcaba las 05:30 PM a su arribo, el acuerdo fue dejar las actividades nupciales para el día siguiente y descansar del viaje durante aquella tarde. Las habitaciones asignadas se repartieron en los 12 pisos del hotel, por lo que cada pareja fue alojada en un piso distinto. Tras haber pasado un mes entero separados, solo encontrando pequeños ratos para estar juntos como hacían cuando estaban en sus lugares de residencia, cada pareja disfruto al ciento por ciento de aquella semana de descanso para volver a sus rutinas de antaño.
A la hora de la cena, el restaurante del hotel recibió a los 24 llegados, mostrando a cada instante la alegría que había llevado al hotel el hospedar a su selección de futbol. La comida fue tranquila, aunque no faltaron algunos fanáticos deseosos de obtener algún autógrafo de los chicos y una que otra invitación de los gerentes del lugar para que el novio de la selección reconsiderara seriamente llevar a cabo la ceremonia o la recepción (mucho mejor si eran ambos) de su boda en el salón que el hotel ofrecía. Pese a sus buenos intentos, Hikaru declino en cada una de las ocasiones, con una sonrisa grabada en los labios.
Apenas marcaron las nueve de la noche, los chicos fueron enviados a mirar soccer en el bar del hotel, mientras las 12 chicas subían al tercer piso donde Yoshiko les mostraría —al fin— el vestido que Bianca le había hecho llegar la noche anterior y que en el Sheraton le entregaron luego de la fiesta de celebración de la selección. Sin más y de nuevo botados, los chicos obedecieron, aunque Hikaru no perdió oportunidad de intentar colarse con las damas:
— No es como si jamás fuera a ver el vestido ¿saben?— se quejó el castaño, cuando Allison y Hye Sun, lo mandaron a volar con la idea de subir el ascensor con ellas.
— Pues como sigas aquí parado, te cumplimos el jamás— sonrió Lorean, detrás de sus amigas al tiempo que Sorimachi y Jun hacían mofa del novio y se lo llevaban de ahí, al fin, las puertas del elevador terminaron por cerrarse y los tres presentes desaparecieron para reunirse con el resto.
— No es por ser amargado, pero me siento reemplazado— se quejó Hikaru.
— Tranquilo, solo es esta vez, Yoshiko no se casará con ese vestido, sino contigo— se mofó Aoi, divertido. Hikaru les lanzó una mirada dura, como respuesta a las risas de los presentes.
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— Jueves (09:30 AM)
Entre una y otra cosa, el miércoles pareció no dar abasto para sus actividades y tras haberse tenido que separar una vez más, el tiempo que cada pareja tuvo para disfrutar la estadía en Hokkaido se acortó. Pese a todo y luego de haber pasado una noche agradable, tras reencontrarse cada quién con sus parejas en las habitaciones asignadas, los chicos y chicas de la selección habían despertado temprano, con las energías bien enfocadas a hacer de aquel un día productivo, tanto en los asuntos nupciales, como en los que concernían a cada pareja.
Reunidos en el restaurante del hotel, los meseros de habían encargado de dejarles la terraza y reunir las mesas necesarias para que todos pudieran estar cómodos y bien comunicados. Habían hecho falta cuatro meseros para tomar las órdenes, pero una vez con los alimentos servidos, la selección había demostrado su agradecimiento y su buen gusto por la comida.
— Y bueno ¿qué dice nuestra brillante agenda?— cuestionó Taro con una sonrisa, mientras degustaba un poco del delicioso jugo de frutas que había ordenado.
— Pues…— como cada mañana desde que se ocupaban de la organización de la boda, Yukari tomó la palabra, junto a Yayoi— El asunto con el salón parece tema pasado—
— Sí, mi madre y la de Yoshi ya se han ocupado de ello, creo que solo falta la decoración— aseguró Hikaru con orgullo, pues tal parecía que en esa ocasión (comparada con la organización de la boda civil) el novio sí que había cumplido con todo lo que le habían asignado.
— Bien, el banquete también quedó confirmado— siguió Yayoi, alegre.
— Hani dice que hará el viaje por su cuenta hasta Hokkaido, junto al resto de su equipo— explicó Hye Sun con aparente tranquilidad— Llegarán aquí el viernes por la mañana y se hospedarán en la posada de un tío de su mejor alumno. No me ha dicho nada respecto al equipo, así que creo que lo tiene cubierto. De todas formas, hablaré hoy con él— prometió.
— Fuera de eso, creo que solo nos quedan las decoraciones, tanto del salón como de la iglesia. Y… ¡oh, sí! Los padrinos deben tener ya listas, sus tareas asignadas— anunció entonces Yukari, como quién no quiere la cosa.
A su alrededor, cada pareja de padrinos, se observó, como queriendo confirmar que los artilugios solicitados estaban en su poder. Ken y Hye Sun concordaron en que el lazo que uniría para siempre a la pareja estaba listo, pues a decir verdad, el arquero lo había recibido dos días antes de la final y hasta él, había quedado sorprendido con lo bonito del objeto. Las sortijas que corrían de mano de Allison y Genzo estaban por terminarse y el joyero las enviaría con un responsable enviado en nombre de Wakabayashi, que había usado de su apellido para conseguir aquel trato de envíos. Finalmente las arras de parte de Yukari y Ryo aguardaban ya en el bolso dela muchacha para el día de la ceremonia.
— Jun y yo nos aseguraremos de que el asunto en la iglesia esté a la altura del evento, así que por nosotros, tampoco te preocupes— aseguró Yayoi a su mejor amiga con una dulce sonrisa.
— ¿Eso es todo lo que hay que ver?— cuestionó Sorimachi, aparentemente sorprendido de que todo estuviera parcialmente cubierto.
— Ajá. Solo detalles que hay que pulir, pero básicamente, está todo listo para este sábado— afirmó Yukari— Tendremos tiempo para planear las despedidas de solteros. ¿Ya sabéis que harán ustedes?— doce pareces de ojos se clavaron en los caballeros que acompañarían a Hikaru y altar, e incluso los miembros restantes parecieron curiosos respecto a ese asunto.
— Bueno… Nosotros…— la timidez de Taro pareció jugarle una mala pasada y temiendo que fuera a delatar sus más secretos planes, Hyuga tomó la palabra.
— Sí, lo tenemos cubierto. Será algo tranquilo. ¿Está bien si no lo celebramos en alguna habitación o en el hotel?— se cuestionó, las risas de las extranjeras parecieron sacarlo de combate.
— ¿Quién pasaría una buena celebración aquí? ¡Tenemos toda una ciudad allá afuera!— exclamó Aimeé, con emoción casi palpable.
— A decir verdad, nosotras no planeamos estar aquí. Al terminar la noche llevaremos a Yoshi a casa de sus padres, aquí en la ciudad. El novio y la novia no pueden estar en el mismo sitio antes de la boda— aseguró Jaqueline.
— ¡En fin! Vamos por lo de la iglesia y el salón y luego de la comida nos dividimos de nuevo para lo de las despedidas. Recuerden agendar ese asunto para el viernes por la noche— zanjó entonces Sanae al advertir que las miradas curiosas de los chicos se habían activado, preguntándose en silencio que tramaban las damas.
El resto del desayuno corrió con tranquilidad, entre charlas sobre la final pasada y sobre lo que pasaría cuando volvieran a sus respectivos sitios de residencia. Tras pagar la cuenta —con las chicas protestando por que ellos no las dejaron ni dar un yen de propina— todos se dirigieron a las afueras del hotel para tomar las camionetas que los llevarían a sus destinos. Quizás fuera que las mañanas en Hokkaido no eran precisamente frescas, que Allison no pareció demasiado extrañada por el holgado suéter de Sanae, aunque sí que le pareció una medida un tanto exagerada.
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Las decoraciones para el salón habían quedado pactadas, solicitando a los encargados, listones lilas y arreglos con orquídeas. Los centros de mesa mostrarían velas con aroma y la vajilla a usarse, sería de porcelana. A medio camino, las señoras Fujizawa y Matsuyama, llamaron a sus hijos para hacerles saber que habían acudido a la imprenta para hacer encargos de copas a base de serigrafía. Mientras los padrinos de velación se adelantaban a la iglesia con varios de los demás, el resto acudió a la imprenta a por los pedidos.
Las cajas que llenaron las camionetas fueron directamente llevadas al hotel y guardadas en las habitaciones de Genzo, Tsubasa y Misaki, para el día del evento llevarlas temprano al salón. En el altar, Yayoi se encargó de que se decorara con flores y listones blancos, Jun contrató el espectáculo de coro para que se cantara la marcha nupcial, mientras que el resto supervisó se realizaran correctamente los detalles restantes.
Al dar las 3, las camionetas se pusieron en marcha una vez más, para llevarles a Teppan Okonomiyaki Masaya donde una de las comidas más deliciosas de Japón los sació gratamente. Para Jaqueline, Allison y Aimeé, cada una originaria de distintos países, aquella comida resultó especial pues los chicos se encargaron de enseñarlas a comer con los palillos a la perfección. Para las extranjeras, resultó una oportunidad perfecta para demostrar sus prácticas con los palillos que ya antes, sus parejas les habrían enseñado a dominar.
— Bueno, creo que ha llegado el momento de separarnos— espetó Lorean con una pícara sonrisa tatuada en los labios.
— ¿Tienen prisa por deshacerse de nosotros?—cuestionó Kazuki, arqueando una ceja.
— A decir verdad, siento curiosidad. ¿Qué harán, chicas?— siguió Aoi, casi tan curioso como el resto de los caballeros presentes.
— Nada fuera de lo usual, ver tiendas, restaurantes, quizás buscar un buen spa y algunas de nosotras, todavía tienen que encontrar un vestido para la boda— se explicó Aimeé con tranquilidad, como restándole importancia al asunto.
— Ustedes también deberían dar la vuelta por ahí— aseguró Sanae a sus amigos, renuentes y quizás algo quisquillosos, los caballeros terminaron por despedirse primero, dejando la cuenta en manos de las señoritas que insistieron en pagar ellas por la comida de esa tarde.
Fuera, los chicos fijaron rumbo al centro de la ciudad, sin reparar en que Hyuga, Taro y Tsubasa se habían relegado lo suficiente como para charlar de sus planes para la despedida sin que sus amigos se enteraran. Según sus averiguaciones por internet, podrían contratar el servicio de Party Bus en el centro en una agencia especializada y discutir ahí mismo los detalles del evento. La ruta a seguir la impondrían de acuerdo a los tres diferentes hoteles en que el resto de seleccionados se hospedaría y el presupuesto para el contrato parecía no ser un problema.
— Parece entonces, que el único detalle es cómo haremos para que Hikaru no sospeche de lo que haremos— espetó Misaki, pensativo, pues entre los tres, habían llegado a la conclusión de que el novio no debería estar al tanto de los detalles de su despedida, para que así se conservara el sentimiento de sorpresa.
— ¡Hey, Genzo!— exclamó entonces Tsubasa con una sonrisa en los labios. El arquero que hasta entonces había permanecido charlando con Ken sobre el desempeño de Müller durante el encuentro final, interrumpió su conversación para acercarse al capitán.
— ¿Pasa algo?— cuestionó Wakabayashi al llegar a los tres.
— Sanae me pidió que acudiera a ver la casa para los chicos, ya sabes, esa que tú me ayudaste a rescatar— las mejillas del pelinegro se tiñeron entonces de un tono carmín que hizo reír al SGGK— ¿Puedes entretenerlos a todos mientras volvemos? Estos dos no confían en mi buen gusto— se quejó Tsubasa.
— Claro, iremos a por zapatos para Hikaru y creo quiere encargar un detalle floral para Yoshiko— comentó entonces el portero— ¿Nos vemos en el bar a las 6?—
— En el bar entonces— sin más que decir, Hyuga, Taro y Tsubasa se despidieron, mientras Genzo con ayuda de Jun e Izawa, guiaba al resto a por la ciudad. En el camino, Tsubasa explicó los detalles de su regalo a los novios, sorprendiendo a sus compañeros y ganando también sus felicitaciones por la increíble excusa que había utilizado.
— Entre menos sepan, más sorpresas para esa noche— había asegurado Kojiro, divertido.
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Acababan de dar las 11 de la noche, cuando Allison, completamente agotada se tumbó en la cama donde Genzo miraba —al pareces— bastante entretenido las buenas nuevas dentro del terreno deportivo. Según las noticias, las temporadas de futbol abrirían con nuevas estrellas y en más de una noticia nipona se hablaba de las hazañas de Japón y claro, de la boda de Hikaru.
— ¿Cansada?— se mofó el arquero, mirando a la chica. Se había metido en un cómodo pants que le dejaba al descubierto los tobillos y la blusa negra que llevaba rezaba "Si me despiertas, muerdo" en el frente con un gatito gruñendo en la espalda.
— No hables, quiero dormir— gruñó la americana.
Tras haberse despedido, las chicas habían puesto al tanto a todas sobre sus planes para la despedida, más por advertir a Yoshiko lo que pasaría que por mermar la sorpresa. Contrario a lo que creían, la novia pareció entusiasmada, pues era la primera vez que sentía que formaba parte de un grupo tan cercano y unido como la selección en sus mejores momentos. La fiesta y todo lo que harían, solo logró animarla e incluso dar sus aportes para el evento.
Con doce pares de ojos, mirando en toda dirección, por si en algún punto de la ciudad de encontraban con los chicos, Aimeé y Hye Sun se encargaron de llevar a cabo el contrato con el servicio de bailarines Hotto Shonen. Más tarde, acudieron a las diferentes tiendas disponibles, donde encontraron vestidos para las chicas que los necesitaran y posteriormente bebieron unos buenos cocteles en un bar con terrazas —aunque Sanae y Naoko, prefirieron los daiquiris, de los que se habían enamorado— para finalmente volver al hotel.
La cena luego de ello, había transcurrido con tranquilidad, los chicos habían comentado que dado que las actividades nupciales se hallaban bien agendas y supervisadas, el día siguiente podrían pasarlo en el hotel. Prometiendo acudir primero a la iglesia y al salón (divididos en dos equipos) y luego volver para esquiar o jugar golf antes de sus respectivas fiestas.
— Si te cansas así de rápido, ¿mañana tendrás energías para todo lo que haremos?— cuestionó el SGGK volviendo a sus lecturas en la laptop. Allison agitó la mano en un débil intento de darle un manotazo, fallando estrepitosamente.
— Calla, calla. Debo dormir para tener energías mañana, será geee…— la palabra genial se perdió, cuando rendida ante el cansancio, la americana cayó dormida sin más explicaciones. Una vez más, Genzo dejó la computadora para mirar a su novia y preguntarse, que sería eso tan genial que harían las chicas, que las mantendría tan ocupadas y que era claro las había emocionado más de la cuenta.
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— ¿Lo tienen todo cubierto?— cuestionó Cho, con una sonrisa en los labios, acurrucada en la cama de la habitación, alzando la voz para ser escuchada por Izawa que se había metido al baño para tomar una merecida ducha antes de dormir. Por encima del agua cayendo sobre la tina, la voz del chico se hizo escuchar.
— Parece que sí, al menos, eso dijeron los chicos. Creo que será una noche divertida— aseguró. La japonesa sonrió con ternura, mientras el cansancio, el sueño y el efecto relajante de la ducha que ella misma había tomado comenzaban a actuar en su cuerpo.
— Que bien…— susurró.
— ¿Ustedes harán algo emocionante o también es una sorpresa?— rió el japonés ingresando en el agua.
— Uf, que sí no es emocionante— rió Cho— Bailarines, alcohol, juegos, toda una noche para nosotras— su dulce risa se apagó cuando el sueño la venció, acurrucada en la almohada de su novio. Desde la ducha, Izawa pareció quedarse embobado. Sostenía el móvil en una mano, intentado encontrar una canción para reproducir cuando finalmente sus oídos analizaron lo que su novia había dicho. Una palabra. Un caos para una pareja. Una sola reacción: locura.
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Aunque en un principio los planes habían apuntado a pasar la mañana en el esquí y el golf, las cosas habían cambiado considerablemente, tras el pequeño boicot que la iglesia había sufrido. Junto con el banquete programado. Según parecía, la decoración no había alcanzado a terminarse y hacían falta tanto listones, como flores y también el camino al altar, fuera lo que fuera que ocurrió para que eso sucediera, las chicas se movilizaron pasado el ligero desayuno que consumieron para darle solución.
De su parte, los chicos se movieron a por el banquete. Han Neul había tenido que llegar hasta Hokkaido con problemas en el pedido de carnes que había hecho y el encargo de vinos que tendría que haber llegado a su nombre se había retrasado. Pese a todo y aunque aquellas dos cuestiones, resultaban ser las máxima prioridades de los 24 encargados del evento, había una cuestión más, en referencia a su última conversación grupal de la noche anterior, que mantenía completamente en estado de shock a los 12 caballeros presentes:
— ¿Están seguros de lo que dicen?— cuestionó Jun una vez más, como quién espera corroborar algo que no tiene otra versión.
— Lo leíste ayer y te lo dijimos hoy. Las chicas contrataron strippers para su reunión y eso no está a discusión— zanjó Ken, visiblemente irritado desde el asiento delantero de la camioneta.
— Pues perdona mi incredulidad, pero las chicas no son así— rebatió el As de cristal.
— Bueno, nuestras chicas no son así— comenzó entonces Tsubasa— No sabemos que tan extravagantes suelan ser las celebraciones de este tipo en países fuera de Asia. Y este año, tenemos una gran variedad de nacionalidades, personalidades y pensamientos, ¿recuerdas?— aquel argumento pareció sumergir a los presentes en sus propias cavilaciones. Aunque era cierto que muchos de ellos residían fuera de Asia, también era cierto que nunca se habían enfrentado a ese tipo de celebraciones en ningún momento y con extranjeros.
— A decir verdad— habló entonces Aoi— Yo ayer busqué en Google fiestas de este tipo. ¿Sabían que en las bodas mexicanas, bailan una pieza llamada La víbora de la mar? El punto del baile es poner al centro a los novios e intentar derribarlas mientras…—
— Pero tú lo has dicho, en la boda, no en la despedida— le interrumpió Ryo, como señalando algo obvio.
— Sí, pero el modo de celebrar, el ambiente y todo eso, es parecido ¿qué no?— se preguntó el más joven de los seleccionados, visiblemente confundido— Bueno, si les interesa, tengo un par de videos de La víbora de la mar en mi teléfono— terminó.
— Los veremos más tarde— cortó entonces Hyuga— Y excluyendo también los comentarios tontos de Misaki, dentro de nuestra muy seria conversación de Facebook, les pregunto: ¿qué rayos haremos ahora?—
— Pues volviendo a mis muy tontas respuestas— se quejó Taro— Eso es obvio, tigre. Vamos a interrumpir esa reunión— aseguró el castaño con total firmeza en sus palabras.
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Aunque en un principio el asunto con la iglesia las había hecho enfadar en sobremanera, al final del día había resultado ser una perfecta oportunidad para asegurarse personalmente de que cada cosa estaba en su lugar y que el día de la boda, nada podría salir mal. Acababa de caer la tarde, cuando listas para comenzar con su celebración, llamaron a los chicos para comunicarles que desde ese momento no se molestaran en localizarlas.
La perfecta celebración para decir adiós a la larga soltería de Yoshiko comenzaría entonces y su primera parada, sería ni más ni menos que el salón de belleza.
Habiendo realizado una cita con anticipación, el mejor sitio de belleza de la ciudad las recibió, con los servicios necesarios para tratamientos faciales, cortes y peinados, maquillajes y ropa, sin excluir los cuidados de manicure y pedicura. Entre risas y un buen trato de parte de las encargadas y con más de una oportunidad para guardar el momento en una fotografía que después podrían admirar, el tiempo siguió su corrida hasta que sin darse cuenta, faltaba poco para que dieran las 8. El bar que habían alquilado las estaba esperando y la diversión apenas comenzaba.
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— ¿Qué se supone que es esto?— cuestionó Hikaru al ver el transporte que tanto Taro como Hyuga y Tsubasa habían alquilado para aquella velada.
El autobús frente a ellos, parecía al menos lo suficientemente grande como para ser más bien un remolque y por las ventanitas, ya podían apreciarse un par de luces y el murmullo de la mejor reproducción musical del momento. A su lado, los 11 miembros restantes de la selección que ese día harían de espías más que de amigos y padrinos, observaron a los encargados de aquello, con la misma mirada de interrogación que el novio.
— No te fijes, con todo lo de hoy, no dio tiempo a cancelar. Arriba todos— zanjó Kojiro, aparentemente apurado. El resto no discutió, subió al llamado Party bus y entre los doce ordenaron al conductor los llevara a los tres hoteles del resto de la selección que habían llegado aquella mañana y después, hiciera una breve parada en todos y cada uno de los bares de la ciudad.
Dado que por la tarde, no había alcanzado el tiempo para encontrar el sitio de bailarines al que las chicas habían acudido —y que en los que habían visitado, no se les había querido revelar el nombre de las damas que reservaron para esa noche—, los planes de fiesta habían quedado relegados y al menos por esa noche, el espectáculo en autobús parecía haber sido secuestrado por la selección.
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— ¡Jin, Jin, Jin!— exclamaban las chicas a coro, cual adolescentes en pleno concierto. El pequeño bar terraza que habían alquilado las había recibido hacia no menos de dos horas y en muy poco tiempo el ambiente se había elevado hasta tomar las proporciones de una verdadera fiesta.
Con una mezcla del mejor pop de todas partes del mundo (y clasificado especialmente en japonés, coreano, inglés, español, chino e italiano) las chicas habían comenzado a bailar entre ellas, al mismo tiempo que las cuatro meseras contratadas servían para ellas bocadillos y bebidas que en la barra se preparaban al instante. Aunque el atractivo principal de la noche radicaba en los tres bailarines que las damas de honor se habían encargado de contratar, los juegos, las bebidas, las bromas y las muchas risas que entre ellas eran capaces de explotar en su máxima capacidad para convertirlas en un verdadero botín de diversiones, no habrían podido ni deseaban que faltaran.
Al centro de la pista, Jin que había resultado ser una experta en el baile pop, había terminado por enviar a todas a sus asientos, en cada round que había disputado con el fin de quedarse con la botella de champagne Cristal que habían puesto como premio a la mejor bailarina. A su lado, Lorean intentó hasta lo imposible por vencer a la china, aunque todo esfuerzo resultara casi tan vano como Leo DiCaprio intentando ganar un Oscar.
— ¡Woooa! Stop, stop— solicitó entonces Yayoi con una sonrisa en los labios, indicando al joven DJ que detuviera la pista— Creo que estamos todas de acuerdo, en que Jin ha ganado y con creses— aseguró, los vítores a coro de las demás le otorgaron la razón y en una ceremonia exagerada, Jin recibió la botella entre risas y pequeños brinquitos.
— ¡Y bueno! ¡Ya que hemos llegado hasta aquí! ¡Es hora del show principal!— presentó entonces Aimeé, quien ya había disputado al menos una batalla de caballitos de tequila con Allison, en el que la americana aceptó la derrota y entregó como premio a la española, la hermosa pulsera que habían postulado a premio.
— ¡Con todo nuestro cariño y nuestras ideas locas de diversión! Porque sabemos que nunca antes habrías aceptado participar en esto y que no sería divertido sino viéramos todas esas caras de espanto que estás por hacer…— siguió Aimeé, risueña— Hemos traído a estos sexys superhéroes sacados de la pantalla grande, para que tus bellos ojitos se degusten aunque sea un poco, con lo mucho que tienen y lo poco que llevan encima— entre risas y gritos eufóricos, el DJ tomó de nuevo el control y con una mezcla de música y luces, alumbró la puerta de entrada donde tres caballeros ya se habían preparado para ingresar.
Con las largas capas cayéndoles por la espalda, con botas bien calzadas y solo vestidos con provocativos bóxer que llevaban grabados sus respectivos escudos, Superman, Batman y el mismo Thor se presentaron ante las chicas moviendo las caderas y agitando los utensilios que habían llevado para trabajar. De un lado, el sexy dios nórdico con su martillo realizando una danza que dejó encantadas a las presentes, con el líder de la Liga de la Justicia al centro que amenazaba con calcinar a la novia con esa mirada de RX que poseían sus hermosos ojos verdes y con el siempre oscuro murciélago que no tardó en dejar ver que cuando se requiriera el aparecería tan solo encenderse la bati—señal.
— ¡La justicia señala a nuestra preciosa novia como delincuente y la condena a cumplir su sentencia a manos de nuestros tres héroes que no descansarán hasta cumplir con la ley! ¡Para todas las que lo pidieron…!— entre todas, Yoshiko había sido colocada al centro de su pista, solo con una silla que sostenía su alterado cuerpo y sus rodillas en constante nerviosismo que por poco y amenazaban con enviarla al suelo. Superman acababa de retirarse la capa, para envolver a la chica con ella, cuando las puertas del bar se abrieron de par en par y cual miembro de seguridad, 22 convocados a la selección de futbol japonesa, ingresaron en el lugar, todos con caras de pocos amigos.
Desde sus lugares, doce chicas se volvieron hacia ellos con muecas de sorpresa grabadas en sus rostros y con la sensación de que librarse de las buenas reprimendas que recibirían, no sería una tarea tan sencilla como esa ocasión en que escaparon a Shizuoka para perderse en un spa.
— Chicos…— susurró Jaqueline, apenas vislumbró a Taro entre sus amigos. El castaño, más que enfadado, como en la primera ocasión parecía aparentemente asustado.
— Esto… ustedes…— comenzó Izawa, quién no daba crédito a lo que sus ojos veían. Cho dudó por un segundo entre acercarse o quedarse justamente donde estaba.
— Hey, esto puede…— Allison no sabía que decir. Su mente aseguraba que aquello estaba perfectamente en contexto, considerando que después de todo, se trataba de una despedida de soltera. ¿No ellos también habrían contratado sexys bailarina? ¿No se suponía que aquel era el atractivo de las despedidas?
— Solo dígannos, por favor, que no pretendían por ningún motivo bailar La víbora de la mar…— pidió Aoi, como quién habla de algo considerablemente peligroso. Las miradas de las extranjeras no tardaron en mezclarse y entre carcajadas que ni las mismas chicas asiáticas pudieron explicarse, los chicos pasaron de sentirse preocupados a estrepitosamente humillados.
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Sin necesidad de explicaciones, los bailarines que habían contratado, aguardaron en la barra del bar, hasta el momento en que las chicas terminaron de explicarse. Como Allison, Aimeé, Lorean y Jaqueline eran las únicas chicas que habían crecido en países no orientales, fue su trabajo explicarles a los chicos lo que usualmente se hacía en las despedidas de solteras que ellas conocían.
Aunque las mismas bodas también eran muy diversas y en varios aspectos diferentes, las cuatro guían mundiales, aseguraron que nada de lo que era la ceremonia afectaba las despedidas. Según dijeron, la reunión debería representar el fin de una etapa y el inicio de otra, tal como habían intentado retratar. Desde regalos y bebidas, hasta días de belleza y bailes de adolescentes, las doce reunidas habían intentado despedir aquello que Yoshiko consideraría más tarde su juventud —con todos los excesos incluidos—, el mismo hecho de que hubiera ahí apuestos y sexys hombres, solo aseguraba que la novia en cuestión decía adiós a la libertad de coquetear y tener citas, pues su vida quedaría unida al único hombre con el que no solo tendría sus momentos románticos sino nuevos excesos y aventuras como casados.
— Fuera de ello, la víbora de la mar, es un baile que solo se lleva a cabo en México— aseguró Allison— Según sé, colocan a dos persona formando un arco, cuando una persona queda atrapada, debe beber un Shoot de tequila. Los que forman el arco son, claro, los novios—
— Yo había escuchado lo mismo que Aoi, hay quién baila la pista y en la marcha intenta derrumbar a los novios— rió Jaqueline— Siempre me pareció un juego muy divertido—
— Pues el video que vimos no se miraba divertido, esa chica se dio un buen golpe— aseguró Aoi, aún asombrado.
— Bueno, esas ya son cosas de YouTube— rieron ellas.
— Pero ¡venga ya! Ahora que han aparecido y al parecer tras muchos esfuerzos— rió Aimeé— ¡Sigamos con lo que hacíamos!
— ¿Seguirán viendo hombres desnudos mientras estamos aquí?— Tsubasa parecía un tanto indignado, mismo que Genzo, Hyuga y Ken.
— Pues sí, a menos claro…— Hye Sun y Naoko intercambiaron miradas y un segundo después, todas parecían haber comprendido.
— A menos ¿que qué?— cuestionó Sorimachi.
— A menos que ustedes quieran darnos el gusto de bailar para nosotras— rió Jaqueline.
— Y que sepan que Yoshiko no ha recibido su baile individual. Ese claro, corre a tu cuenta Hikaru— se mofó Cho. Las mejillas de los chicos no tardaron en tornarse rojas y con los tres superhéroes de nuevo en escena, tuvieron que demostrar sus más secretas habilidades de baile.
La noche continuó, entre risas y bailes y un pastel que puso en acto la entrega de los muchos obsequios que las chicas tenían y que Yoshiko abrió de poco en poco. Los chicos se ausentaron en dicho evento, acudiendo a la terraza para beber y brindar y a su modo y a sus bromas despedir la soltería de Hikaru que estaba a pocas horas de pasarse al bando de Tsubasa. El reloj marcó las 2 de la mañana, cuando llamaron al servicio Uber con camionetas para trasladarse y dejaron a las chicas llevar a Yoshiko a casa de sus padres y posteriormente ir de vuelta ellas mismas al hotel, y ellos a los hoteles de los que apenas llegaban y de vuelta al Prince Furano.
El momento exacto en que Yoshiko tocó la almohada, al mismo instante que Hikaru, anunció que faltaban exactas 10 horas para las 13:30 horas del sábado 25 de Julio, el día de la boda.
Continuará…
N/A:
¡Merezco la muerte, lo sé! Esta actualización debió haber llegado a ustedes hacía ya mucho tiempo y por mis buenas torpezas es que no ha sido así. Bueno, pues luego de tiempo de investigación, tanto de bodas japonesas como de bodas de mi propio país, esto ha salido para las despedidas y espero que les haya agradado. He intentado mezclar la diversión occidental con el impacto en los asiáticos e incluso hablé un poco de lo que hacemos por acá, en México.
Bueno que, esto es todo con rumbo a la boda y nos leemos la próxima semana, con EL GRAN FINAL de este, el Mundial de Locos.
Agradezco a todas las que han esperado por este episodio y espero que la larga longitud —aunque trate de no extenderme demasiado en esta segunda mitad del capítulo 19— haya bastado para llevarles un poquito de toda la locura y la diversión de estos personajes. Hasta la próxima y por favor, no seáis demasiado duras conmigo en las reviews *implora de rodillas*
Con cariño, JulietaG.28
