Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y uno que otro personaje.
Capítulo 17
El recuerdo
Bella
Recojo la hoja del escritorio y la arrugo violentamente con un gruñido, luego la lanzo hacia el bote de basura, agradeciendo por interno que tenga buena puntería. Tanya se reportó enferma esta mañana y a pesar de que hay más libretistas que pueden reemplazarla, Jeff decidió probarme en este campo, fallando indiscutiblemente. No se me da esto de escribir horarios ni de evaluar la programación del día. Estoy con un ataque de nervios que lo más probable termine en una cama de hospital. Empieza a faltarme el aire como siempre, mi corazón latiendo a una velocidad más rápida de lo que debiera ser con normalidad. Cierro los ojos para así tranquilizarme.
Anoche tía Rebecca había vuelto a casa de mi madre para organizar los últimos detalles de la "ceremonia" para Charlie, que es en un par de semanas. A pesar de que no voy a hablar en público, menos recitando unas palabras de mierda para él, Nessie si lo hará, a petición de mi madre. Mi hermana no estaba para nada contenta con el ofrecimiento, pero para aligerar el ambiente y que no comenzaran las habladurías de que las dos hermanas Swan eran unas ingratas, prefirió aceptarlo. Me siento un poco mal por ella puesto que si no fuera porque yo estaba en completa negación, no tendría por qué pararse delante de toda la familia a recitar frases de cariño a un padre que en verdad temíamos cuando estaba con vida.
Cuando mi padre murió a causa de un infarto al corazón, Rebecca y mi madre decidieron trasladar su cuerpo a Seattle, el lugar que lo vio crecer. Aquí tiene sus raíces, aquí vivieron sus padres. Pero aunque esté sepultado en el cementerio de Seattle, nunca lo he visitado y no creo que Nessie o mi madre, menos Nany, vayan a verlo. No así sería con mi abuelo, pero él quedó en el cementerio de Kansas.
Presiono con tanta fuerza el bolígrafo en la hoja que logro hacer un orificio en él.
Suelto un sonoro resoplido, justo cuando Ángela toca con timidez la puerta de la oficina.
—Perdón —Dice— Eric está buscándote en el piso 9.
—Gracias, Ángela —Suspiro.
—¿Tienes problemas con ello?
Agito el papel frente a mis ojos, soltándola con resignación.
—Es como cuando tenía examen de cálculo.
Se ríe— ¿No puedes simplemente escribirlo en el word?
Niego con la cabeza; lo estuve pensando antes, sugiriéndoselo a Jeff.
—Están probando conmigo como si fuese un maldito conejillo de indias. ¿Y sabes una cosa? lo estoy haciendo terriblemente mal.
Ángela hace una mueca, entrando por completo a la oficina y sentándose en una de las sillas vacías.
—Ten un poco de confianza en ti misma —Dice con una sonrisa triste, de pronto su rostro cambia sin darme tiempo de nada— Yo debería de seguir mis propios consejos de vez en cuando.
Aparto el papel, el bolígrafo y toda mi latosa labor como guionista.
—¿Te sientes bien? —Le pregunto con preocupación.
Sus gafas se empañan de repente y tampoco tengo tiempo de asimilar que se ha puesto a llorar.
—Oh, lo siento por esto —Dice entre hipidos, su mano restregando su nariz con rapidez— No tienes por qué verme así.
Me pongo de pie, empujó la silla de mi escritorio para acercarme a ella. Cuando me siento, sitúo una mano sobre la suya con cautela.
—Siempre te has preocupado por mí, incluso cuando no te reconocía. Ahora, puedes confiar en mí para lo que sea ¿de acuerdo?
Asiente todavía con hipo.
—¿Te acuerdas cuando… te dije en aquel bar que mi novio me había…? —Ella comienza a llorar nuevamente.
Sobo su mano, intentando tranquilizarla.
—Lo recuerdo.
—Bien —Su voz es ronca— Él va a tener un bebé con ella.
Mi mano se queda sobre la suya sin hacer ningún movimiento. Miro a su rostro surcado en lágrimas, sabiendo lo que le afecta la noticia. No sé qué decirle y tampoco qué consejo darle.
—Lo siento tanto, Ángela —Es lo único que se me ocurre. Durante mucho tiempo ella no hace más que llorar y llorar— Supongo que debes hacerlo, llorar quiero decir, no voy a decirte que no lo hagas porque sé que te duele. Solo… intenta calmarte. ¿Te traigo un vaso con agua?
Asiente en respuesta. Voy hasta el bidón de agua que tenemos en todas las oficinas, cogiendo un vaso de plástico y llenándolo hasta la mitad. Se lo tiendo y Ángela apenas bebe un sorbo antes de impedir el llanto por ella misma. Se quita las gafas estropeadas con las lágrimas, secándose los ojos como puede con los dedos. Le tiendo un pañuelo de papel que tengo guardado en uno de los cajones.
No sé me da consolar a alguien que llora; con Tanya estas cosas no suceden. Su llanto siempre se mezcla con la risa y cuando está triste lo normal es que empiece a hablar tonteras o a usar el humor negro para subirse el ánimo, así que no tengo trabajo con ello, pero Ángela parece de verdad afectada y no es como si le pidiera que no llore en mi presencia cuando me ha demostrado que es una persona de confianza.
—Ben era mi novio de años y siempre creí que nunca tendría alguien más, solo él. Y cuando me dijeron que me engañaba… no lo creí. Ni siquiera cuando tuve las pruebas suficientes, no lo creí. Estaba tan ciega, tan entusiasmada con la boda que… no me di cuenta del daño que me estaba haciendo a mí misma.
—Deberías estar feliz de haberte librado de ese bastardo, sabes. Si no lo hubiese hecho ahora, lo hubiese hecho después y todo sería más difícil. Tú estarías con un montón de niños en casa y probablemente esperando al siguiente, entonces él sería un magnate importante, flequillo, ropa de marca, pagándole a cualquier prostituta de la esquina.
Eso parece causarle gracia a Ángela porque comienza a reír entre lágrimas.
—Eso es muy probable —Reconoce.
—Por lo menos te reíste. ¡Tienes que sonreír! ¿No te has mirado al espejo? Eres tan bonita y joven… estoy segura que hay alguien por ahí esperando que le correspondas.
Suena su nariz con el pañuelo de papel.
—No estoy segura.
—Necesitas estar segura, porque de lo contrario, nunca vas a superar a Ben.
Me mira. Sus ojos oscuros colmados de tristeza. Asiente con la cabeza, alejando por completo el llanto.
—Sí, tienes razón —Luego toma mi mano con fuerza— Gracias por el consejo. —Sonreímos y luego dejamos de hablar, aunque sigo sentada frente a ella, ahora tendiéndole otro pañuelo de papel. Lo acepta, sopesando lo que dirá a continuación— ¿Cómo has estado tú? Es decir… ¿Cómo has estado con ella?
Nunca hablo del tema con Ángela. Nunca le he hablado de ella, ni de por qué y tampoco lo que ocurrió en el bar. No es tonta, se da cuenta lo que pasa, no necesito garantizarle que tengo una hija adolescente y menos decirle que es Edward el padre, porque lo sabe, nos recuerda del colegio.
Por instinto, mis labios esbozan una pequeña sonrisa.
—Bien, no es fácil pero estoy intentándolo.
—Me alegro —Sonríe de vuelta— ¿Puedo preguntar su nombre?
No tengo tapujos para decirlo.
—Elif —Me gusta decir su nombre— ¿No lo recordabas de entonces?
Se encoge de hombros, negando con la cabeza.
—Nadie preguntó. Fue la sorpresa de ver a la niña en sus brazos, pero todo finalmente quedó como rumor.
Asiento— Estoy… tratando con ella —Ángela me hace querer decirle todo, pero me contengo— quiero conocerla más y que ella me conozca.
—Eso me parece muy bueno, de verdad —Lo dice con sinceridad— Y no pongas esa cara, no pienso preguntar más.
Me río porque no sé qué cara de afligida habré puesto.
.
Nessie gruñe en el mesón de cocina, su pierna se agita encima de la otra y sé que está nerviosa. Ha estado por lo menos una hora con una libreta intentando escribir frases lindas para la ceremonia de papá, obviamente sin resultados. Muerde la goma del lápiz grafito, terminando por aplastar la cabeza entre las manos. Me acerco con un vaso de leche. Se lo tiendo, a pesar de que no me lo ha pedido. Sin embargo, como está nerviosa y presionada, la leche siempre ha hecho que se recupere un poco.
—No se me ocurre nada que escribir —Bufa— ¿Qué puedo decir?
Me encojo de hombros, apoyando los brazos en el mesón.
—Di lo que sientes.
Frunce el ceño, una mirada incrédula cruza su rostro.
—Sí, claro —Escribe rápidamente una frase para leerla en voz alta—: "Papá, gracias por siempre recordarme que soy una inútil. No sé qué habría sido de mí sin ese empujoncito tuyo" —Vuelve a bufar— Tía Rebecca me mataría.
—Te descuartizaría.
—Me arrancaría los dientes.
—Te aplastaría con el pasapuré —Le digo y ella mira instintivamente hacia el utensilio colgado encima del microondas. Hace una mueca— Siempre puedes cambiar de opinión. Lo sabes ¿verdad? No hagas esto si no quieres.
—No quiero hacerlo —Asegura— pero lo haré. Por mamá, por ti, por mí. Para que nos dejen de molestar. Y rogando para que tía Rebecca se devuelva a Kansas pronto.
Asiento, pescando mi labio con los dientes.
—Rebecca me recuerda tanto a papá.
Nessie ahoga un grito.
—Ni me digas, a mí también. Me llevé un susto cuando la vi de pie en la entrada —Bebe de su leche, de repente su rostro se torna extraño, como si estuviera descubriendo algo— ¿Te acuerdas… cuando papá le pegó a mamá?
La miro, sus brillantes ojos marrones completamente alertas.
—¿Cuándo?
Aleja la libreta, quedándose solo con el vaso de leche entre las manos.
—¿No te acuerdas? Él estaba furioso por algo. Papá iba a pegarte a ti y mamá se interpuso. ¿No recuerdas por qué comenzó esa discusión?
Trago con dificultad.
—No lo recuerdo.
Vuelve a intentarlo.
—Tú saliste corriendo de la casa y yo te seguí. Nos fuimos… —Se queda pensando, soltando un jadeo— No puedo recordar a donde fuimos. ¿De verdad no te acuerdas?
Niego— No
Me rasco la cabeza, tomo un trozo de pan encima de la mesa, pellizcándolo con los dientes. No quiero mirar a Nessie, ella está viéndome como si esperara que diga algo más, pero no tengo nada para decir. La dejo nadando en los pocos recuerdos que tiene, esos pocos que olvidó de niña o que quiere olvidar. Su rostro es un poema cuando me vuelvo nuevamente, mordisqueando su labio inferior, la arruga notoria de su frente cuando está pensando demasiado. Quiero ir, abrazarla y decirle que deje de hacer eso. Cuando ella intenta recordar cosas, siempre arruga la frente a tal punto de que sufre una migraña durante horas, así que aclaro mi garganta, llamando su atención.
Mamá ingresa a la cocina con verduras frescas de la verdulería de la esquina. Nos mira a ambas, confundida por nuestras miradas.
—¿Estuvieron peleándose?
—No —Le contesto— Ness y yo nunca peleamos.
—Cierto —Lo recuerda. Mira a mi hermana, todavía en las nubes— ¿Conseguiste inspiración?
Nessie resopla sobre la libreta.
—Nop.
Estuve toda la mañana acompañando a mi madre en el banco para lo de su préstamo. Afortunadamente se lo accedieron, pero dentro de dos meses. En todo ese tiempo nos vamos a preparar con todo. Necesita urgentemente buscar el lugar donde quiere su panadería, pero mamá está decidida. No quiere algo lejos, solo en el centro de Seattle donde hay más clientela. Aunque está consciente de que esto llevará tiempo, no es como si le dieran el dinero y al otro día estuviera trabajando en su negocio nuevo.
Para apartar el momento tenso con Nessie, me dispongo a lavar las verduras que mamá trajo de la calle, para así comenzar con la cena. Nany llega justo a tiempo para distraer a mi hermana un momento, haciéndola olvidar completamente del asunto y desapareciendo la arruga en su frente. Me siento más tranquila ahora que parece sonreír. Hasta aleja el hecho de que tiene un discurso que escribir.
Tenemos a Jacob para la comida. Su sonrisa blanca y sus ojos azabaches es todo lo que necesita para ser un chico guapo. Es tímido la mayoría de las veces, dulce cuando se lo propone y muy atento con Nessie. Eso me ha llamado mucho la atención, la forma en que él se comporta a su alrededor, como si Renesmee fuese un cristal que va a romperse y si ella habla, él está allí de inmediato.
Molly junta sus patas, inclinando hacia arriba el hocico. Eso es señal obvia de que tiene hambre, de modo que me levanto para rellenar su cuenco. Tiene las patas traseras manchadas de barro y sé que es Nany la que la deja salir a la calle. A mí me da miedo que ande sola porque no quiero que se pierda, pero supongo que los animales son libres.
Edward me llama para cuando termino de comer. Me excuso rápidamente, yéndome a la cocina. Su voz ronca afelpada me hace sonreír, es una sensación de picor en el estómago al sentirlo en mi oído.
—Hola —Contesto de vuelta cuando ya me ha saludado— ¿Estás en tu hora libre?
—Sí, tengo una hora. ¿Podemos vernos?
Me muerdo el labio.
—De acuerdo, pero no estoy en casa. Voy saliendo para allá.
Está de acuerdo y colgamos.
Dejo a Molly al cuidado de todos y me disculpo en la mesa para salir. No es tanto lo que demoro conduciendo, pero para mi mala suerte me tocan todos los semáforos rojos. Tamborileo los dedos, mi mano firme en la palanca y el pie en el acelerador, en cuanto cambia a verde, estoy rápidamente acelerando. Llego al edificio saludando a Bill quien me da esa mirada dudosa cada vez que Edward viene a verme, aun así, él no hace ningún comentario. Me pregunto cuando Nessie lo invitará a la casa.
Él está esperándome recargando su cuerpo en la puerta. Lleva pantalones de chándal, una camiseta sumamente apretada, causando que sus abdominales se vean a través de la ropa, tentándome a tocarlos. Quiero morderlo en vez de besarlo, pero uso mi control a mi favor.
—Vienes agitada —Dice con una sonrisa.
—Sí —Me río— Subí corriendo.
Me señala la puerta y yo abro enseguida. En cuanto cierra detrás de nosotros, en tres segundos me tiene pegada a su cuerpo y sus labios danzando con los míos. Mete su lengua sin permiso, saboreándome como si lo deseara. Y maldita sea, yo también lo deseo. Le muerdo el labio con astucia, riéndonos. Mis labios se sienten hinchados cuando él se aleja para mirarme a los ojos y volverme a besar. Reparto besos por su barbilla, mis manos adjuntas a su mandíbula, mis pies prácticamente en el aire.
—Estoy en mi hora de comida —Declara, separándose de mí y empujándome al sofá— sabes increíble.
—No sabía que era el plato principal —Bromeo entusiasmada, cayendo al sofá. Él cae segundo después, su rodilla pegada a la mía. Nos quedamos sentados como si estuviésemos esperando a alguien.
Suspira en mi pelo, su mano entrelazando la mía.
—Más que plato principal, yo diría el postre.
Dejo caer la cabeza hacia atrás, mi sonrisa estrechándose más cuando reparte besos por mi cuello.
—Necesitas parar, Edward Cullen. Estoy intentando comportarme con una adulta de una maldita vez y tú vienes a revolucionar todo.
—¿Estás tratando de rechazarme? ¿Puedes olvidar que eres adulta por una hora?
Suelto una carcajada.
—Fuera de aquí —Lo empujo pero él insiste— Necesitas comer algo.
Finalmente me deja libre, ambos sentados en el sofá. Sigo agitada, mi sonrisa sin borrarse del rostro.
—Te gusta arruinar buenos momentos, Bella Marie Swan.
—Es gracioso que digas que arruino momentos cuando me estás llamando Marie, el cual odio.
—Te recuerdo que odias tu nombre en general. ¿Cómo quieres que te llame, Isa?
—¡Bella!
—Bueno, Bella. Bella Swan.
—Así está bien.
—No entiendo por qué no te gusta el nombre Marie.
—La madre de Charlie se llamaba Marie —Le contesto.
—¿Y ella era tan odiosa como sus dos hijos?
Niego— No, bueno, eso dicen. No alcancé a conocerla.
—Cierto. Murió meses antes de que nacieras. —Dice, recordándolo.
—Sí
Me quedo pensando en las fotografías que papá tenía sobre la repisa; el rostro triste y apagado de la abuela Marie, me hacía sacar mis propias conclusiones. Mi madre bien pudo haber quedado como ella, sola y amargada, pero no lo hizo. En cambio, tengo entendido que la abuela Marie recibía a las amantes del abuelo Swan y tenía incluso que atenderlas. Charlie nunca llevó a ninguna amante a casa, no que yo recuerde, pero obviamente las tenía.
— Ey, regresa aquí.
Levanto la mirada, los ojos de Edward fijos en mí.
—¿Qué?
—Estás en otra parte. ¿En qué piensas?
Me encojo de hombros, mi cuerpo yéndose suavemente al suyo. Mi mano sobre su pecho, mis dedos acariciando la suave tela de la camiseta.
—En mi abuela Marie. Ella calló muchas cosas, por su familia. Aguantó hasta el último minuto ¿cómo una persona puede… hacer eso? Aguantar sin morir en el intento.
—No pienses en ello si te pone mal.
Muerdo mi labio con demasiada fuerza, puedo sentir el líquido metálico en mi lengua.
—Tengo miedo de lo que pueda pasar —Lo digo sin pensar, condenándome a mis propias palabras.
Él se tensa en mí, su brazo rodeándome.
—¿A qué? Aunque no sé si es por lo que estoy pensando.
Libero mi labio a sabiendas que se encuentra hinchado.
—No lo sé —Intento buscar las palabras adecuadas— Hay tantas cosas que pueden pasar y sin embargo, nunca se está preparado para enfrentarlas.
Edward inclina su rostro cerca del mío, notando el pequeño hilo de sangre en mi labio. Suelta un suspiro, rodeándome más fuerte.
—Si fuera por eso, la gente no viviría en paz, Bella.
—No, no viviría en paz —Repito su frase, completamente consciente.
—Yo estoy aquí, a pesar de que no entiendo mucho nada sobre ti, no entiendo lo que pasó ni de por qué, y aun así estoy aquí. No saco nada con pedirte explicaciones cuando tú no me las vas a dar. Porque, sinceramente, no creo nada de lo que me dijiste al principio. Y prefiero eso a que me sigas mintiendo.
Exhalo con dificultad.
—No hay nada que tengas que saber, más allá de todo —Le digo— Ahora ¿vas a comer? Déjame decirte que solo tengo la comida de Molly.
Pide comida china para él, mientras que yo solo lo acompaño con un vaso de bebida. No continuamos con la conversación y agradezco internamente eso. Sin embargo, Edward sigue viéndome confundido, como si mirándome descubriera todos mis secretos y lo que él ha dicho sobre seguir mintiendo… me deja sin palabras. Realmente a veces no sé si soy demasiado obvia, pero hay momentos que no puedo controlar mi humor, menos mi carácter. Si algo me molesta o me incomoda, lo demuestro rápido.
Pierdo el hilo de mis pensamientos con la voz fuerte de Edward.
—Pienso hablar con Elif hoy.
Ladeo la cabeza.
—¿Para qué?
Termina el último bocado del chapsui de pollo.
—Quiero hablarle de ti. Es decir, si vas a intentar relacionarte con ella, quiero que tenga la confianza suficiente conmigo. Quiero que sepa que estoy ahí y que esto tomará tiempo. Esas cosas.
Asiento— Eso está bien.
—Sí, ¿y tú?
Tardo en reaccionar.
—¿Yo qué?
—¿Tú estás bien?
—¿Con qué?
—Con Elif.
Aclaro mi garganta.
—No es fácil, en absoluto. No sé cómo terminará esto, Edward. No es algo que… diga, bien voy a hacer tal cosa y ella me perdonará, no sé siquiera si vaya a hacerlo alguna vez.
—¿Eso te aterra?
—No sabes cuánto.
Él me mira unos segundos, su mirada tornándose de algo que no comprendo, por lo que me desconcierta hasta que habla nuevamente.
—No vuelvas a irte, Bella. Independientemente si termina o no aceptándote. Lo peor sería que arrancaras otra vez al perder con ella. Eso Elif no te lo perdonaría nunca.
Muerdo mi labio.
—No lo haré. —Y luego, veo un brillo en los ojos de Edward que me animan a preguntar—: ¿Qué estás pensando?
—Tengo una idea, pero no sé realmente como lo tome.
—¿Cuál? —Le pregunto, pero Edward no responde en ese momento.
.
Edward
Mi madre está terminando de lavar los platos cuando ingreso a la cocina.
—¿Está Emmett?
Me mira, sus ojos marrones lucen saltarines.
—No, sabes que él no está a esta hora en casa.
Ella me dice que Elif acaba de llegar hace poco del colegio, de modo que debe encontrarse en su habitación. Subo la escalera, encontrándome con Alice bajando rápidamente. Me da un sonrisa sincera, pero esa sonrisa desaparece tan pronto lo hace, pero yo sigo subiendo, directo a la habitación de mi hija. No tengo tiempo de tocar porque la puerta está entre abierta, así que entro sin permiso, encontrándola ordenando los libros de su estante. Su largo cabello rubio resplandeciente cae en todas direcciones. Hasta ese momento no me percato de lo enorme que está. Sin embargo, de igual forma tiene que ponerse de puntillas para agarrar el libro de la última hilera en el mueble. Toco suavemente la pared, llamando su atención, pero ella salta hacia atrás, como siempre.
—¿Siempre va a ser así entre nosotros? ¿Espantarme hasta la muerte? Soy muy joven para tener problemas cardíacos.
Me río— ¿Cómo te fue en el colegio?
Encoge sus hombros. Eso me es indudablemente familiar
—Bien.
No pregunto nada más sobre eso, normalmente no me cuenta lo que ocurre en sus clases, a menos que sea realmente importante. Me acerco a ella para dejar un beso en su frente. Todavía es más pequeña así que tengo que agacharme un poco. No tardará mucho hasta que finalmente crezca lo suficiente para mirarla directamente a los ojos sin tener que verla hacia abajo. Su risa es sincera y tengo que deleitarme en ella. Una sonrisa con hoyuelos es suficiente para mi perdición. Como lo son sus ojos. Cuando Elif sonríe, sus ojos también lo hacen. Así que cuando sonríe cubriéndose la boca con algo, sé que está sonriendo por sus ojos. Es por eso que nunca puede hacer trampa en el juego de no sonreír, porque todos sabemos cuándo lo hace.
—Tengo que hablar contigo. ¿Tienes un minuto?
Mira hacia su estante, luego a mí.
—Claro ¿pasa algo malo?
—No, no es algo malo.
Nos sentamos en la cama. Elif pasando una pierna por debajo de ella. Sigue usando el uniforme del colegio, aunque ya no tiene la corbata puesta y los dos primeros botones de la blusa se encuentran desprendidos. Ella tiene esta manía de ponerse la blusa dentro de la falda, que la hace ver más delgada y más mayor para mi intranquilidad.
Me mira expectante. Sus ojos azules ansiosos por lo que tengo para decirle. Juguetea con los dedos, arrugando la línea final de la falda.
—Dime —Pide.
—Bien —Aclaro mi garganta— Vengo a hablarte de alguien en especial.
Alza una ceja.
—¿Tienes novia?
Suelto una risa, ella lo hace también.
—No, no tengo novia —Ladea la cabeza, no me cree. Sin embargo, se queda de nuevo expectante mirándome a los ojos— Vine para que hablemos de Bella.
Su rostro cambia, es realmente una sorpresa para ella. No es como si siempre habláramos de Bella. En realidad, nunca he venido para aclararle las cosas y Elif tampoco acude a mí. Así que entiendo ese asombro.
—De Bella —Dice, no suena como pregunta— Bien, hablemos de ella.
Ahora soy yo el sorprendido. Es increíble lo bien que lo lleva, incluso si Bella apareció solo hace unos meses. Su mirada vaga por mis ojos, a sus manos.
—Un tiempo hasta acá… las cosas han estado bastante diferentes. Es obvio que lo sabes —Asiente— También sé el cambio en tu relación con ella. No soy tonto, no me cuentas detalles, pero me doy cuenta. Sé lo mucho que te duele el tema de tu madre y sé también que sigue siendo difícil. Tengo entendido que ella… te hizo una promesa cuando vino a verte.
—Sí
—Y quiero que sepas, Elif, que decidas lo que decidas, yo siempre te voy a apoyar. Si tú quieres darle una oportunidad, no me voy a enojar y tampoco tienes que preocuparte por la opinión que tenga el resto de la familia sobre eso. Tienes que pensar en ti, en lo que tú quieres, lo que tu corazón quiere. Y está bien si necesitas acercarte, conocerla… eso está bien. Pero quiero que confíes en mí, que me digas como lo llevas, si estás afligida, si esto es demasiado, me avisas y lo resolvemos juntos.
Elif no deja de mirarme, su rostro desconcertado, como si no creyera que haya dicho esas palabras.
Se aclara la garganta.
—Yo no decido por los demás, papá. Eso me lo enseñaste tú, seguir mi propio camino.
—Exacto —Sonrío— Es por eso… que me tomé el atrevimiento de dar ese paso que a lo mejor te cuesta dar.
Frunce el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Ella está aquí —Le digo.
Deja de juguetear con la falda.
—¿Bella está aquí?
Asiento mirándola.
—Está bien si no quieres verla ahora…
—Tráela —Me interrumpe de inmediato— No hay problema.
.
Bella
El té que Esme me sirve se ha enfriado por completo. Mi estómago da vueltas y vueltas, estoy a punto de echarme a vomitar en la pulcra mesa de centro. Sobre todo porque tengo seis pares de ojos contemplándome sin intención de apartarse. Esme, Alice y la misma rubia que me atendió en la puerta la otra vez que vine, Rosalie. Ella es la que más me ha hablado. Parece muy interesada en mí y es la única también que sonríe con mis respuestas, a pesar de que son cortas. Esme y Alice intercambian algunas palabras conmigo, pero sigue la distancia. Alice mantiene sus ojos en mí a pesar de que la estoy mirando también. Es su manera de intimidar, cuando éramos amigas también lo hacía con algunas personas.
—¿Más té, querida? —Pregunta Esme, sus ojos me escrutan con vehemencia.
Miro a mi taza, todavía con té.
—No, gracias.
En ese momento Edward aparece por la sala y tengo que suspirar. Sea sí o un no, estaba agradecida de que haya bajado al fin. Él me mira, su cuerpo tonificado atajando la pasada.
—Vamos arriba. —Mi corazón salta en mi pecho y noto el rostro pasivo de Esme y Alice, en cambio Rose, sonríe ampliamente, agitando la cabeza hacia mí de forma afirmativa, como si estuviese dándome ánimos. Le sonrío devuelta, aunque me cuesta solo porque soy un manojo de nervios. Subimos al segundo piso, Edward no me dirige la palabra, pero lo noto igual de nervioso que yo. Antes de que entremos a la habitación, él me da un apretón de manos— No lo arruines.
Asiento, mi labio temblando.
—Bien.
Entramos y Elif está parada viendo hacia la ventana. Cuando vine a su cuarto porque estaba enferma, no me percaté de ello, pero es igual al lugar donde yo solía escribir en mi antigua casa. Puede sentarse allí, el sol pegarse en su rostro. Me traen recuerdos agradables y agridulces su ventana, a pesar de que esa no es la mía en absoluto. Caminamos y los dos nos quedamos de pie frente a ella. La mirada de Elif viaja de la mía a la de Edward, intentando adaptarse al hecho de que estamos los tres en una misma habitación. A pesar de que no era primera vez, cuando Edward nos encontró a ella y a mí sentadas en el césped por la noche, habían sido unos pocos segundos.
Edward se aclara la garganta.
—Creo que ustedes dos tienen mucho de qué conversar.
No charlamos mucho cuando nos vemos, es más la sensación de tenernos cerca lo que nos impide hacerlo, pero Edward tiene razón, tenemos mucho de qué hablar. Yo tengo mucho que decirle. Tengo… tengo que intentarlo, incluso si las probabilidades son demasiado bajas.
Él sonríe a Elif, luego a mí antes de salir de la habitación.
Me quedo de pie cerca de su cama, incapaz de hacer nada más. Me congelo cuando estamos solas.
—Siéntate —La escucho decir mientras lo hace primero. La imito sentándome frente a ella, controlando las ganas de preguntárselo, pero me da miedo. Siempre tengo un maldito miedo— Bueno… ¿Quién comienza? —Sacude la cabeza, dándose también cuenta de lo absurdo que es esto.
Sonrío con nerviosismo.
—Lo normal es que yo comience.
—Bien, te escucho.
Entrelazo mis dedos, igual que ella, tal vez también lo hace cuando está nerviosa.
—Tengo… tengo esta sensación de que siempre estoy haciendo las cosas mal —Empiezo, no estoy mirándola a los ojos— Nunca sé que hacer, todo siempre lo termino estropeando. Y me cansé de eso, estoy harta de arruinarlo todo —La miro, estoy desesperada— Lo arruiné y te pido perdón por eso. Nunca será suficiente para disculparme, porque si me pongo a pensar en ello, es difícil olvidar o recompensar años de ausencia. Pero tampoco me voy a quedar de brazos cruzados creyendo que nunca voy a conseguir nada. Porque ¿Sabes una cosa? No voy a conseguir nada si no lo intento.
—Papá dice eso… que nunca se puede conseguir algo si no se intenta —La veo tragar con dificultad.
La imito— Tu papá es muy sabio —Elif asiente con una sonrisa. Yo vuelvo a tomar una bocanada de aire— Te dije que iba a luchar por ti, Elif, y no me voy a retractar, pero quiero saber una cosa… —Mi garganta me impide seguir hablando, tengo un nudo en él que me hace tener unas malditas ganas de llorar— no te voy a pedir una oportunidad ahora, no es justo hacerlo, pero sé que te dije que lo iba a intentar todo por ti, sin embargo… no pregunté tu opinión, así que… quería saber si… me permites acercarme a ti —Me callo, y ella no dice nada por el momento— No te voy a obligar, porque lo entendería. Y tampoco significa que me vaya a dar por vencida, simplemente necesitaba consultarlo contigo —Me muevo más cerca, aunque sigo en la misma posición— Yo sé que… no he hecho lo suficiente para merecerlo y de verdad, te estoy siendo sincera, no te sientas presionada por esto ¿sí?
Parpadea, aclarándose la garganta.
—De acuerdo —Suelta con un hilo de voz. No estoy entendiendo sus palabras, no las asimilo de inmediato. Escucho su voz, pero estoy demasiado paralizada en el mismo lugar. Ahora es ella la que toma una bocanada de aire— Podemos… intentarlo.
Por más que intento, no puedo moverme. Mi voz no sale cuando trato de hablar, las lágrimas picándome los ojos, pero ninguna lágrima cae. No quiero parecer débil delante de ella. No cuando está tratando de controlarse a sí misma.
—¿Tú… acabas… acabas de decir eso?
Ladea la cabeza.
—No sé si resulte, pero si no lo intentamos tampoco sabremos.
Oh Dios mío. Sí, ella lo ha dicho.
Me ahogo en mis propias ganas de llorar, jadeando mientras suelto un suspiro tembloroso. Ahora no puedo contener algunas lágrimas que corren con facilidad. Ella lo nota, puedo ver sus ojos brillar alrededor de su hermoso iris azul. Durante mucho tiempo no decimos nada, simplemente nos quedamos sentadas, mirándonos de vuelta, sin saber todavía que hacer. Las dos estamos igual, no sabemos lo que nos espera. Lo que sí sé es que mi corazón no deja de latir con tanta fuerza, que temo se salga del pecho.
Me armo de valor para hablar.
—¿Estás segura? —No comprendo mi propia pregunta, pero tengo que hacerla porque sigo choqueada.
Elif asiente, apartando los ojos de mí, y quiero que esos ojos vuelvan a mirarme, así que hago lo que he estado queriendo hacer hace tiempo. Estiro el brazo y tomo su mano. Al principio carraspea, sorprendida, volviendo sus ojos a mí, sin embargo, después de unos segundos, no hace nada para apartarse, de modo que nos quedamos de la mano, solo un roce pequeño, pero muy significativo.
—Te repito, no sé si vaya a resultar, pero… sé que tengo que hacer esto. Quiero saber cómo es, si así se me quita esta carga que llevo conmigo misma y el coraje que siento por ti. Y te pido una cosa, Bella —Declara.
—Lo que quieras —Estoy al borde de las lágrimas nuevamente.
—No me vayas a decepcionar.
Ahogo un sollozo.
—No lo haré, te lo prometo.
.
Vuelvo a casa volando en mis pies. Estaba tan en las nubes que olvidé recoger a Molly a casa de mi madre. No importa, ella está bien allí. Lo único que quiero, es pasar un rato conmigo misma, sonriendo a la nada, recordando las palabras mágicas de Elif.
"De acuerdo. Podemos intentarlo."
Me quiero tatuar esa frase en el pecho ahora mismo.
Busco desesperadamente un vaso con agua. Es tanta la emoción, la adrenalina, que el corazón literalmente va a salirse del pecho y eso no es conveniente. Me calmo a mitad del vaso, aun mi sonrisa incapaz de borrarse de mi rostro.
"No lo arruines" dijo Edward. Y no, no iba a arruinarlo.
Tengo tanta energía que me pongo a ordenar todo el departamento. Barro el piso, hago nuevamente la cama, desinfecto el baño, reluzco con un paño la cocina. Las ventanas del balcón, riego mis flores favoritas. Y me quedo allí, el viento azotando mi cara, la forma en que la brisa me hace cosquillas la nariz. Sigo limpiando ahora la baranda, que aunque está brillando de limpia, paso un trapo de igual manera. Ahora, me quedo sin nada qué hacer, así que me recuesto en la silla playera del balcón, haciendo caso omiso de que comienza a hacer frío. No siento frío, no siento nada malo en mí.
La puerta suena, golpes fuertes que parecen ser puños desesperados. Camino cruzando todo el inmueble, sin verificar por el agujero. Nessie entra hecha una bala sin saludar. Cierro y la sigo hasta la mesa. Cuando la miro frunzo el ceño. El rostro de Ness es confuso, desorientado, aturdido. Tiene las pupilas dilatadas, sus manos haciendo puños con demasiada intensidad. No entiendo lo que sucede, estoy preocupada por su aspecto.
—Ness… Nessie ¿qué está pasando?
Parpadea rápidamente, volviendo a la realidad. Su pecho sube y baja con dificultad mientras se da cuenta en dónde se encuentra. Sus ojos dilatados caen en mí.
Suelta un brusco jadeo.
—Bella… —Dice con voz trepidante. El rostro pálido de mi hermana me hace querer correr a abrazarla. Me acerco un paso, pero ella retrocede dos. Sacude la cabeza, el labio temblándole con desesperación.
—¿Qué pasa?
Se pasa una mano por el cuello.
—¿Elif es tu hija?
Holaaaa ¡Chan! ¿Qué les pareció? Ahora Bella va a tener que enfrentar a su propia hermana. El secreto parece ya querer explotar, así que atentos! Estamos en la cuenta regresiva, en el próximo sabremos un poquito o más bien, esclarecer alguna que otra teoría, pero el secreto no parece aguantar más, por eso falta poco.
Gracias por comentar, dar fav y seguir la historia.
Nos leemos el viernes! Un beso grande.
