NA: Hallo, meine Freunde! (algo así era…XD) Felices fiestas y eso, el tiempo en los aeropuertos es guay, porque te pones a escribir mientras esperas y te salen capítulos enteros y eso…LOL pero personalmente odio los aviones. Anyways, que iba yo a decir… Ah! Si, que he alargado más la explicación de los hechos poniendo un poco de porno raro/malo en este capítulo… Por eso de alargar y no contar los puntos más culminantes de cómo, por qué y cuándo Kurloz, ese hombre sexy de espaldas anchas y mandíbulas bonitas (en mi imaginación) ha hecho lo que hizo. . Es que me da tanta pena acabar ya el fic… Pero bueno. Os amo, o quizá es el cava. No lo sé
Caminaba un túnel, la luz rojiza se extendía por los muros de este dejando ver los tochos que construían las paredes y al fondo una figura yacía en el suelo. ¿Era Tavros? Corrí a lo largo de aquel pasillo rojizo sin fin.
Desperté del extraño sueño gritando el nombre de mi hermano. Estaba en una habitación de hospital, bueno esa era mi deducción.
— Buenos días— la voz de Damara sonaba casi amable a mi espalda. Estaba sentada en un sillón leyendo un libro. — Antes que preguntes, Tavros está bien esta tarde vendrá con la preñada, se ha instalado en vuestra casa.
— Vale ¿Qué pasó? — Me rasqué la cabeza, traté de pensar en que había ocurrido después de la muerte de Kurloz. La cara de Damara estaba un poco amoratada, pero parecía estar bien.— No recuerdo nada de nada.
—Pues no mucho— dejó el libro sobre una mesilla a su izquierda y se sentó a mi lado en la cama. Damara me acarició el pelo y me besó en la frente, seguidamente empezó a relatar los hechos— Me acerqué a tu hermano para comprobar que estaba vivo, comprobé su pulso y estaba bien. Había perdido la consciencia momentáneamente pero volvió en si enseguida y se lanzó sobre ti besándote y haciéndome sentir como si yo fuera gilipollas.
—Lo siento, tendría que habértelo dicho en su momento —me mordí el labio y desvié la mirada.
—No, asumo que estáis mal de la cabeza pero quien no lo está en este pueblo — se rio irónicamente y prosiguió— Entonces le frené un poco, estaba llorando y bueno ya sabes cómo es el crio. Me contó que había llamado desde casa de Gamzee a la policía, pero que como se ve que este llama a menudo con bromas no le hicieron ni caso, esa zorra de Roxy Lalonde… Finalmente él llamó a Latula y se dirigió al edificio en ruinas solo.
—Ya, es un poquito tonto — suspiré. Damara me miró y bajo aquel tono azulado de su cara distinguí una mueca de burla.
— Como tú, eres un idiota de categoría pero te quiero mucho, Rufioh Nitram— Damara me acarició la cara, estaba un poco triste.— Entonces registré a Kurloz, que por cierto está vivo pero en un coma bastante profundo en la tercera planta del hospital, y encontré su teléfono móvil. La pantalla estaba rota pero llamé a emergencias, llegó la policía y bueno llevas un día aquí.
—¿Está vivo? Pero si vi como le atravesaba una bala… — Una rabia irracional me asaltó, traté de incorporarme pero el costado me dolía horrores y no era capaz de moverme. Damara presionó un botón, al parecer me estaba suministrando analgésicos—. No es justo…
— Ya, yo también quiero ir a meterle una cuchara en el ojo a ver si le gusta — reí con tristeza al oír aquello, estiré mi brazo derecho y agarré la mano de Damara. Ella sonrió amable.
— Gracias, Damara, a pesar de todo estás aquí… — no sabía cómo agradecerle que se quedase a mi lado, después de todo yo no había sido una persona decente y ella se quedaba a mi lado en el hospital, a pesar de tener la cara hinchadísima y necesitar más que nadie descansar.
— Duérmete ya, imbécil, o cuando venga tu hermano no le verás — contestó con una sonrisa ladeada, no estaba enfadada pero yo nunca tendría una segunda oportunidad con ella. Me soltó la mano y se sentó de nuevo en el sofá de la habitación— ¡Ah! Fefei Peixes ha llamado, a dicho que no has perdido la oportunidad de trabajar para ella pero que te recuperes pronto.
Estaba bien saber que cuando saliera me pondría una camiseta rosa y serviría mesas. Me quedé en silencio, miraba sus pestañas moverse mientras ella leía su libro, hasta que me quedé dormido. Esta vez no soñé nada, solo oscuridad. Era mejor que aquel mundo rojizo de sombras.
Desperté de nuevo horas más tarde, la cabeza de Tavros estaba apoyada sobre mi hombro derecho y sus dedos se entrelazaban en mi mano. Estaba dormido, me fijé en que tenía la zona inferior de la pierna enyesada y alguna magulladura en el rostro. Me gustaba volver a sentir el contacto de su piel sobre la mía, su cálida respiración tocaba mi hombro y me hacía sentir cómodo a pesar de la molesta cama de hospital. En el sofá estaba Latula estirada, estaba escuchando su ipod totalmente abstraída. Me pregunté dónde estaría Damara, no es mentira si digo que me alegré mucho de que estuviera a mi lado cuando desperté la primera vez.
Mi ayudante del sheriff favorita se percató de mi consciencia enseguida, retirando sus auriculares turquesas de sus oídos y colocándolos alrededor de su abultada barriguilla. Una estúpida sonrisa se dibujó en mi cara cuando vi aquel gesto.
— Los bebés escuchan la música, no te mofes de mí — dijo mientras se levantaba y se acercaba a mi camilla—. He hablado con la médica, dice que mañana te puedes ir a casa si guardas reposo durante una semana o así.
—Sería lo mejor, estas habitaciones son bastante caras — y lo cierto es que lo eran, yo no disponía de un seguro médico por lo que pagar aquello supondría un gasto bastante grande. Tavros respiraba agitadamente a mi lado, quizás tenía una pesadilla. Bese su frente y se tranquilizó — ¿Cómo está emocionalmente?
— Ayer no durmió apenas — Latula comprobó que Tavros estuviera dormido de verdad— Lo cierto es que se ha pasado la noche histérico, no quería dejarte a solas con Damara que descubrió la naturaleza de vuestro afecto y por lo que sé no le hizo puta gracia. ¡Ah! Ya me olvidaba…—Latula sacó un sobre arrugado de su bolsillo—Es de Horuss, estaba sobre tu cama. Lejos de lo que me dicta mi consciencia la escondí para la policía, está dirigida a ti así que pensé que te gustaría poder leerla tu primero.
Solté los dedos de Tavros y la cogí con mi mano derecha, no sé si esperaba que la leyese en aquel momento pero no me sentía emocionalmente preparado así que la deje bajo la almohada.
En aquel momento Damara irrumpió en la habitación. Miró de reojo a Latula y se sentó en el sofá sin decir nada. Nos quedamos todos en silencio durante unos minutos.
— ¿Mañana vendrás a buscarlo tú o lo llevo yo a su casa? — preguntó secamente Damara a Latula como si yo fuera un únicamente un complemento en la habitación. Visto con perspectiva era divertido, dos chicas guapas peleándose por cuidar de mí, pero en aquel momento era bastante incómodo.
— Supongo que puedes hacerlo tú — puso los ojos en blanco y se dirigió a mí — Estaré abajo, en la cafetería, manda allí a Tavros cuando quieras que te dejemos en paz.
La miré marcharse en dirección a la puerta y luego a Damara, sentada sobre el sofá con los brazos cruzados y cara de pocos amigos. Entonces no lo sabía pero al parecer Damara y ella habían tenido un encontronazo. Mi ex-chica consideraba que Latula se había retrasado exagerado tiempo en llegar con la policía, cosa la cual ofendía bastante a la ayudante del sheriff que si había tardado era porque cada vez le resultaba más complejo desplazarse con el embarazo.
Damara y yo hablamos amenamente durante un rato sobre el Handmaid y como Aranea se había comprometido a hacerse cargo de todo mientras Damara estuviera conmigo. Era absurdo, pero aquello me hizo sentir como si le debiera un favor a Aranea. Estábamos enzarzados en aquella conversación cuando Tavros se despertó. Y sin importarle una mierda quien había en la habitación me mordió la oreja para llamar mi atención.
—No, no, Yo no quiero ver esta mierda nunca más — bufó Damara al ver a Tavros acariciarme el rostro—. Volveré en treinta minutos y te traeré algo de comer como excusa a mi ausencia.
La verdad es que debería haberle dicho algo mientras salía de la habitación pero tenía tantas ganas de estar a solas con mi hermano que no dije nada. Me reí de su actuación y me centré en Tavros .
—Estoy bien, Tav — dije pasando mi mano derecha por su pelo, la única que podía mover sin sentir punzadas de dolor—, deja de mirarme con esa cara de asustado, llorica.
— No seas capullo— dijo y besó ms labios, se colocó sobre mí y aquello fue ligeramente doloroso. Tavros se asustó y volvió a colocarse a mi lado mirándome más angustiado — Vi lo que le pasó a Horuss, podría haberte pasado a ti.
— O a ti — arrastre su rostro hasta mis labios, había sido tan horrible pensar que tal vez estaba muerto. Introduje mi lengua en su boca, necesitaba la intensidad de aquel beso. Tavros deslizó su mano por mi pecho, desgraciadamente aún que lo hizo de forma suave la inflamación de mi torso era considerable y solté un pequeño grito de dolor. Él se separó asustado, parecía que me había convertido en una especie de figurilla de cristal.
— L-l-lo siento — dijo temeroso, estaba para comérselo. Sonreí, en aquel momento me dolía suficiente el costado como para que no pudiera ni articular palabra.
Le agarré por la cintura y lo acerqué a mí, si solo podía tenerlo a unos centímetros me conformaría con aquello. El dolor disminuyó poco a poco, era un engorro. No era que quisiera tener sexo salvaje con Tavros en el hospital, pero echaba de menos su contacto como si lleváramos mil quinientos años separados y no solo dos días.
— Estoy bien, Tav — repetí acariciándole la cabeza, miraba sus mejillas ligeramente sonrojadas. A veces me pregunto cómo puede ser que sea tan guapo, aun que dicho así resulte absurdo—. Si aumentas mi dosis de analgésicos puede que no me mate el contacto físico.
La expresión de Tavros cambió, una mirada picara apareció en sus ojos.
— Puede que se me haya ocurrido otra forma de que no te duela — tras decir aquello Tavros se mordió los labios. Una oleada de calor me arremetió, de algún modo sigo preguntándome ¿Cómo puedo estar tan salido? Pero es que Tavros era demasiado increíble.
Mi hermano volvió a besar mis labios, esta vez su mano bajó directamente a mi abdomen, levantando aquel pijama cutre de hospital y tocando mi piel desnuda. Tengo que admitir que mi respiración se volvió más agitada y me dolía un poco todo el cuerpo, pero no quería que Tavros parase así que me abstuve de quejarme. El deslizó sus labios de mi cara hasta mi cuello, mordisqueando mi piel la vez que acariciaba mis ingles. Le rodeé con mi brazo derecho, no me parecía justo no poder participar más en aquello, yo quería morderle y desvestirle. Apreté a Tavros contra mi cuerpo, al hacer fuerza para arrastrar su peso el dolor me atravesó como una punzada. Antes de que pudiera quejarme la mano de Tavros rodeó mi pene y empezó a agitar su mano con suavidad, el dolor se disipaba por segundos. Yo notaba la respiración de mi hermano sobre mi cuello, de vez en cuando un lametón rodaba por mi piel. Metí mi mano por dentro de su ropa, tenía tantas ganas de tocarle que casi puedo afirmar que de habérmelo pedido me hubiera levantado y le hubiera follado allí miso. Era evidente que no hubiera podido hacerlo, pero lo deseaba con toda mi alma. Su mano cada vez se movía con mayor rapidez. A pesar de estar en la puñetera habitación de hospital no reprimí mis jadeos.
Ojala pudiera haberme quedado en aquel extraño limbo más rato. Cuando finalmente me corrí, Tavros cogió un poco de papel de váter y lo limpió todo. Lo cierto es que había tenido razón, por unos instantes ninguna molestia o dolor me incordió.
Tavros volvió a acurrucarse a mi lado y nos quedamos dormidos. Lejos de lo que mucha gente pueda pensar, yo me moría de ganas de tener una vida normal y corriente, con rutinas y sin asesinos al acecho. Si, Tavros y yo en una vida rutinaria y aburrida, aquello era lo único que yo quería.
