Tribulaciones

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Capítulo 21

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-¡¿Qué harás qué?! -exclamó alterada. La noticia que su mejor amiga le acababa de dar había sido como si le hubieran arrojado agua helada.

-Ya tomé una desición y lo siento pero ni tú ni nadie me hará desistir. -le dijo firmemente.

-¿Eres conciente de lo qué estás diciendo, Kagome? -la miró sin aún poder creer sus palabras?

-Sí. -le aseguró sin un atisbo de duda.

-No lo creo. -la contradijo. -¿Por qué no puedes entenderlo? Tener algo con ese señor es completamente imposible.

-Yo lo haré posible. -en sus ojos ardía la llama de la determinación.

Sus vocablos estremecían cada vez más a Sango. ¿Cuando había sido la última vez que Kagome mostraba tanto caracter y seguridad? ¿Desde cuando se hallaba tan decidida en hacer algo?

Temía por ella.

-No sé que es lo que pasó cuando fuiste con Gohan a estudiar, pero sin duda no fue nada bueno. Fue una mala idea haberte manadado con él.

-Te equivocas. -su voz sonaba alegre. -Fue lo mejor. Te doy las gracias Sango.

Sango alzó una ceja estupefacta. Aún no podía creer lo que estaba pasando ¿Acaso se habría golpeado la cabeza con algo fuerte? O tal vez un extraterrestre le había lavado el cerebro. Sí, claro. Tenía toda la razón. Sí era un extraterrestre, era un extraterrestre de la raza sayajín que había dejado boba a su amiga de la infancia y que la hacía decir locuras sin sentido.

-Kagome... -trató de calmarse. Respiró hondo y rogó que todo fuera solo un mal chiste. -espero que estes bromeando... -le dijo con seriedad.

-No. -negó sin una pizca gracia.

La castaña quedó estatica. ¿No era una broma? ¿Estaba soñando? Esa que tenía en frente definitivamente no podía ser Kagome.

-Entonces... -Respiro y exaló para hacer un recuento de lo que había oído antes de perder el control sobre ella misma. -Me estás diciendo que piensas declaratele al señor Goku... ¿y luego qué? -quizo saber.

-No lo sé. -respondió sincera, pero de ninguna manera hizo que entrara en duda respecto a sus futuras acciones.

-No lo sabes... -repitió sus vocablos sin aún poder creer lo descabellado que sonaba todo.

-Lo único que sé... -la miró fijamente pidiendole comprensión. -es que ya no quiero sufrir más.

-Estoy de acuerdo con eso, pero si lo haces terminarás más lástimada de lo que estás. Escuchame, con el tiempo lo olvidarás. Siempre pasa eso.

-No. Yo no podré. Sango... -hizo una pausa tratando de buscar las palabras adecuadas para hacerle entender como se sentía. -amo al señor Goku. -solo pudo decir.

-Lo sé, eso me lo haz dejado muy en claro, pero él...

-¡No! -Exclamó de repente. -No creo que lo entiendas... no creo que comprendas lo que en verdad siento... yo... no puedo... -su voz se empezaba a oír como si las lágrimas estuvieran a punto de surgir. -no puedo vivir sin él... es como si no pudiera respirar... es como... -las primeras lágrimas empezaron a caer por sus mejillas. -como si todo el tiempo estuviera batallado por conseguir el vital oxígeno que necesito para poder vivir, como si me estuviera ahogando todo el tiempo... Me haz visto sufrir todos estos meses, haz visto mi confusión, mi tristeza, el estado deplorable en el que caí... Me sentí realmente vacía como si nada tuviera sentido en mi vida, como si hubiera estado muerta mucho tiempo...

Sango solo la miraba. Era verdad que el estado en la que la había visto era totalmente desdichado. Sin embargo... aunque podía imaginarse como se sentía tan solo con verla, ella realmente no podía saberlo.

-...pero ahora... -continuó. -me siento mucho mejor... ahora tengo un objetivo, y es que ya no quiero sufrir más. -el brillo determinante en sus ojos respladecía cada vez más. -Tengo derecho a tener una vida feliz, y sé que si estoy a su lado lo lograré. El señor Goku es todo lo que necesito...

-No, no lo sabes. -manifestó tratando de hacerla entrar en razón. -Recuerdo perfectamente lo que decías de Inuyasha, lo mucho que lo amabas. Yo más que nadie lo sé porque estuve ahí. Pero ahora lo haz olvidado completamente, te apuesto que no sientes nada por él. Lo que sientes por el señor Goku es lo mismo, es algo pasajero.

Kagome la miró con tristeza, le dolía que no la comprendiera. Era cierto que lo que había sentido por Inuyasha fue muy fuerte, él había sido su primer amor y jamás lo olvidaría. No obstante, lo que sentía por el sayajín era indecible, no se podía comparar las sensaciones que ese señor le provocaban con lo que el de cabellos plateados le había hecho sentir, y ella lo sabía, no tenía dudas de sus sentimientos.

-Sango... -Su mirada pareció apagarse. Supo que Sango nunca la apoyaría. -Estoy segura de mis sentimientos, nunca antes lo estuve tanto como ahora. Sé lo que mi corazón quiere porque he aceptado todas mis aflicciones y estoy determinada a ponerle fin a todas ellas.

-Lo que quieres es inmoral, ¿lo sabes, verdad? Gohan no lo aceptará. ¿Cómo crees que lo tomará cuando le digas que te enamoraste de su padre? ¿Tienes idea de lo descabellado que suena?

-Él ya lo ha aceptado.

-¿Q-Qué? -la miró perpleja con los ojos abiertos de par a par.

-Eh hablado con él. Hablamos de muchas cosas, y también lo hemos aclarado todo. Me ha dicho que tengo posibilidades porque el señor Goku no ha aceptado a su madre de nuevo. Él no está enamorado de la señora Milk. Nunca lo ha estado y por eso la dejó, porque no quería lástimarla más. -declaró sin poder evitar esbozar una sonrisa que contenía esperanza. -Cuando me lo dijo sentí un gran alivio, sé que está mal, pero me sentí muy feliz.

Sango no lograba salir de su sorpresa.

-N-No... yo no... no entiendo lo que me estás diciendo. -manifestó más confundida que nunca. ¿Acaso el mundo se estaba volviendo loco?

-Lo que digo es que Gohan no solo ha aceptado mis verdaderos sentimientos, sino que también me ayudará.

-¡¿Que Gohan qué?!

-Por favor... -comenzó a hablar nuevamente en un hilo de voz suplicante. -Si Gohan me apoya, ¿por qué tú que eres mi mejor amiga no puede hacerlo?

-No lo entiendo... ¿Por qué Gohan accedió a que esa locura se lleve a cabo? ¿No se da cuenta que si la incentiva a estar con el señor Goku solo la hará sufrir más? Aún en la remota posibilidad de que ese señor adicto a las peleas aceptara los sentimientos de Kagome, no hay manera de que puedan ser felices juntos. Hay muchas cosas de por medio que impedirían su felicidad: la edad, la especie, él no es de este planeta, la mente de Kagome es muy diferente a la de él, habría muchos prejuicios. Además, sé muy bien lo que ese señor ha hecho sufrir a la madre de Gohan y Goten; la ha abandonado con sus dos hijos que ha criado sola. No es responsable, no tiene trabajo, no tiene la más minima noción de lo que conlleva una relación. ¿Y que pasaría a futuro? Kagome querría formar una familia, querría hijos, ¿y él que haría? ¿los abandonaría y la dejaría sola mientras él se iría en busca de guerreros fuertes? ¡No! ¡No! ¡No! La haría sufrir demasiado, no podría soportar ver a mi amiga otra vez de esa forma. No, ni siquiera eso. Estaría peor que ahora y luego se arrepentiría de haber tomado la decisión de permanecer al lado de alguien tan egoista como él.

-Lo siento Kagome, no puedo ver como te autodestruyes, si estás tan decidida a declaratele y a estar a su lado hazlo, pero no me pidas que te apoye en eso, porque por más que ese señor te acepte no podrás ser feliz. Mira como terminó su ex esposa. -señaló. -Contigo sería igual o peor.

Esta vez Kagome no dijo nada. No podía decir nada. Sabía que cualquier cosa que saliera de sus labios no haría que su mejor amiga cambiara de opinion respecto a su decisión. La verdad era que Sango no comprendía los factores que la únían a él; ella se había enamorado de ese hombre precisamente por como era, Kagome no había aceptado nada de él porque no tenía que hacerlo, ella simplemente amaba su esencia, su caracter, sus gestos, su mirada, su inocencia, su sonrisa, su ternura, sus palabras... ¿Y si se iba y la dejaba sola por mucho tiempo para ir en busca de guerreros poderosos qué importaba? Eso también amaba de él y era algo que compartía. A la de cabellos negros le encantaba entrenar, y aunque solo había tenido un par de batallas con su maestro como practica, también gozaba de tener peleas, quería hacerse más fuerte por si misma y porque quería convertirse en una mujer digna de estar al lado del guerrero más poderoso del universo. Amaba cocinar para él porque había descubierto que le encantaba y que le gustaba que disfrutara de sus alimentos. Así es. Por más que tratara de encontrarle algún defecto al señor Goku no podía hallarlo y si así era no le importaba porque simplemente estaba enamorada y estaba segura que podría lidiar con cualquier cosa. No había lugar para prejuicios ajenos ni siquiera los de su mejor amiga porque no había nada lógico en ellos, no encontraba nada que fuera factible. Claro que también eso se podía deber a que el amor era ciego, pero Kagome también ya lo había pensado. Si con el tiempo descubría que su desición era un error, aprendería de el y se levantaría y seguiría adelante, sin duda eso era mejor que dejar que su corazón agonizara sin hacer nada por sus miedos, porque si lo hacía, ahí seguro que se arrepentiría para siempre.

-Es una lástima... -dijo con pesar luego de un breve silencio. -Si es eso lo que piensas no puedo hacer nada. Solo quiero dejarte en claro que es la primera vez en mi vida que me siento tan viva, y si me equivoco con la decisión que tomé de luchar porque el señor Goku me acepte a su lado, me levantaré y seguiré adelante. Prefiero eso a morirme estando viva. -concluyó.

Kagome salió de la habitación de Sango. Luego saludó a Kohaku con una sonrisa para finalmente marcharse de la morada. Al menor le parecicó algo extraña su actitud, no parecía la misma, lucía diferente, como si hubiera cambiado de repente. La verdad es que le sentaba bien, pero no pudo evitar pensar que sus ojos expresaban cierta tristeza escondida. ¿Sería su imaginación? Bueno, eso no importaba, su hermana ya se encargaría de consolarla si era el caso. Siempre había sido así.

Faltaba solo un día para que Inuyasha y Kagome rindieran los exámenes de recuperación. Ambos estudiaban arduamente, especialmente Kagome que parecía haber recuperado los animos de vivir, algo que todos notaron, incluso sus compañeros que no hablaban mucho con ella. Podían notar como su llegada al salón destilaba vivacidad y alegría hasta que ya no la veían. Los mejores amigos de Kagome eran los que más habían notado este comportamiento, y aunque les resultaban algo extraño se sentían felices por ella. La única que casi no hablaba con ella era Sango. Se limitaba a saludarla y apenas Kagome aparecía se excusaba con que tenía que ir al baño o algo parecido, pero la verdad es que no regresaba hasta que la campana que anunciaba el fin del recreo sonaba. La de cabellos negros sabía perfectamente que Sango hacía esas cosas por ella, y eso era lo único que la entristecía, pero confiaba que con el tiempo las cosas entre se arreglarían, solo debía darle un tiempo.

Los que sabían de la situación de Kagome eran Gohan, Sango, Miroku porque su novia había terminado por contarselo, y Bura porque le había insistido en que le contara el por qué de ese repentino cambio en ella.

Al principio la de cabellos celestes quedó algo desconcertada de oír a su amiga. Si bien se había dado cuenta casi de inmediato de lo que Kagome sentía por ese señor tan distraido, coincidía con Sango de que tratar de conquistar el corazón de alguien como él era practiacmente imposible y no dudó en hacerlo saber. Sin embargo, ella lucía tan decidida, tan cambiada, que terminó por apoyarla y decirle que contaba con ella para lo que sea. Miroku mantenía una postura neutra, él simplemente no decía nada del asunto, no lo hacía por respecto a Kagome y también por respecto a Inuyasha. En cuanto a Gohan aún lidiaba con sus sentimientos de tristeza, pero también se hallaba determinado a ayudar a la de cabellos oscuros.

Luego de las clases del día de la fecha Sango y Miroku se marcharon mientras que Kagome, Inuyasha, Bura y Gohan se fueron a la biblioteca para estudiar. Aunque la de ojos celestes y el de cabellos oscuros no debían rendir ningún recuperatorio, ayudaban a sus dos amigos a estudiar. Si bien Bura no era una genio con los libros como su amigo, tenía ciertas facilidades para las matematicas y alguna que otra materia y se catalogaba como estudiante promedio, pues era capaz de mantener sus notas a flote.

-Oye, Kagome ¿haz entendido esta parte? -le preguntó Gohan señalandole con el dedo una cuenta con fracciones.

-Sí, lo tengo todo claro. -afirmó con una sonrisa.

-¿Y que me dices de las otras materías? ¿Tienes alguna duda? -quizo corroborar.

-No te preocupes, ya tengo todo preparado para mañana. Lo único que necesito es practicar un par de cuentas y listo.

-Muy bien. -le sonrió. -Haz estas de aquí. -le dijo mostrandole una pagina con más ejercicios del libro de matemáticas que usaban en clases.

-¡Cómo digas! -exclamó con entusiasmo.

Gohan le dedicó otra sonrisa.

-Vaya... es incréible lo mucho que haz cambiado. Te muestras mucho mejor desde ese día, Kagome... En verdad me siento muy feliz por ti. Por lo que me haz dicho le dirás todo a Inuyasha una vez que apruebes todo. Me pregunto... ¿Cómo se lo tomará? Conociendo su caracter... bueno... no será nada fácil... la verdad no puedo imaginarme como reaccionará él... y luego de eso... -su expresión cambió a una algo melancólica tratando de que no se le notara. Aún le dolía pensar en eso. -iras con mi padre...

-Dime, ¿haz entendido? -Bura le preguntó a Inuyasha a quien le estaba enseñando química.

Inuyasha se mostraba algo confuso mientras observaba sus apuntes de clases y se rascaba la cabeza.

-No entiendo esta parte ¿y aquí que dice?

-¡¿De que estás hablando?! ¡Te expliqué esa parte un millón de veces?! Además esa es tu propia letra ¡¿Cómo puedes ser tan desastroso?! -manifestó molesta.

-¡¿Y tu que sabes?! ¡Eres un año menor que yo! ¡Aún no haz visto ejercicios tan complicados como estos así que mejor cállate porque eres un desastre como tutora! -le espetó.

-¡¿Qué diablos dices?! -alzó más la voz.

-¡Lo qué oíste!

-¡Para que lo sepas, en la escuela de donde vengo ya me han enseñado esto. Además tengo tutores privados! -le gritó perdiendo la paciencia.

-Sí, claro. -dijo sarastico a modo de burla. -¡Siempre sintiendote superior a los demás y siendo altanera! ¡Es así desde que eramos pequeños! ¡Te hubieras quedado en esa escuela o mejor en tu casa con tus tutores privados! ¿O será qué eres tan cabeza hueca que necesitas todo para poder entender algo? -rió socarronamente.

-¡¿Qué fue lo que...?!

-¡Ustedes dos ya basta! -interrumpió Kagome enfadada. -¡No me dejan concentrarme parecen perro y gato!

Gohan solo se dedicaba a mirar con una gran gota en la cien sin saber que hacer.

-Dícelo a ella. -se quejó el de ojos dorados.

-¡HÁ! -fue lo único que dijo Bura con los brazos cruzados.

-Los dos parecen unos niños así que tranquilisencen. -órdenó Kagome furiosa.

Ambos se calmaron.

.Está bien, pero quiero que Gohan me explique. -exigió Inuyasha.

Suspiró Kagome resignada, como si no quedara más remedio.

-C-Claro... Yo te enseño Inuyasha. -declaró Gohan para ponerse al lado de éi.

-¡Es un idiota! -pensó Bura frunciendo el ceño -Nunca más intentaré ayudarlo.

-Haber... -dijo mientras miraba los ejercicios.- Sí, ya entiendo. Mira Inuyasha esto no es muy dificil lo que tienes que hacer es...

-Vaya... -pensó Bura asombrada. -Nunca lo ha hecho y en tan solo unos segundos lo pudo entender sin problemas, aunque no sé de qué me sorprendo. Gohan siempre ha sido así desde que tengo memoria. Su madre también siempre ha sido muy estricta con él y no le permite traerle una nota menor a diez... -de pronto lo mira con tristeza y pena. -Debe ser muy duro enterarse de que la chica de la cual estas enamorada se enamoró de tu padre. Y aún así él no solo lo aceptó... sino que la apoya y la ayuda... en verdad debe ser duro, pero eres fuerte Gohan... siempre lo haz sido y es lo que más me gusta de ti... -le sonrió de manera cálida.

-¿Te pasa algo? -inquirió Gohan.

-¿Mmh?- Bura pareció que de pronto salía de su enfrascamiento. -¿Eh? No nada. -rió algo avergonzada.

-Que raro... -pensó Gohan.

Gohan volvió a concentrarse en Inuyasha.

-Muy bien, ¿entendiste, Inuyasha?

-Ya casi. Solo vuelveme a explicar la última parte.

-No hay problema. -manifestó con paciencia y tono afable.

-Es un cabeza hueca. -murmuró Bura.

Inuyasha pareció escucharla y le dirigió una mirada que lanzaba rayos, pero Bura lo ignoró.

Gohan estaba por volverle a explicarle al de cabellos plateados la parte que no había quedado clara, pero de pronto vio una sombra de una persona sobre el pupitre donde estaban sentados.

Todos dirigieron sus miradas hacia ella.

Todos los días era lo mismo, de hecho, Inuyasha parecía haberse resignado y ya no le hacía más escandalo solo por resignación. Lo que no entendía es porque Kikyo seguía insistiendo en enseñarle aún cuando sabía que él no lo deseaba. Incluso había hablado con sus padres para que ya no fuera a la biblioteca a darle clases alegando que el alumno más brillante de la escuela -y probablmente de toda Ciudad Satán- le estaba ayudando con sus estudios. No obstante, ella seguía apareciendo día tras día a la misma hora con el mismo rostro estoico de siempre.

-Eh... ah... Buenos días señorita Kikyo... -Gohan fue el primero en saludar de manera cortéz y respetuosa. La frialdad y dureza de su expresión y el tono rígido de sus escasas palabras lo ponían algo nervioso porque se sentía un poco intimidado de ella.

-Hola. -saludó Kagome neutral.

-¡Feh! Eres tu. -dijo de mala gana el de ojos dorados dirigiendose a la fémina que acababa de llegar.

Cuando Kagome y Gohan se dieron cuenta, Bura ya estaba atravesando la puerta de salida. Ella nunca saludaba cuando Kikyo aparecía porque casi desde el día en que la había conocido no le había caído bien, y en ese aspecto ella era parecida a Inuyasha; nunca saludaba a las personas que no le agradaban.

-Buenas tardes. -le devolvió el saludo a todos como acto de protocolo social sin darle importancia ni mirar a la que se acababa de ir.

-Yo seguiré con él. -sentenció haciendole saber a Gohan que ella continuaría explicandole sus dudas.

-Esta bien. -convino.

El de cabellos negros se movió de su lugar y miró a Kagome.

-¿Cómo van esas cuentas?

-Bién. -aseguró con su caracteristica sonrisa.

Por un momento Kikyo observó a Gohan quien observaba a su alumna. Él tenía la mirada como queriendo decir algo al mirar el libro que Kagome estaba escribiendo. Inmediatamente supo por qué. Ella se había equivocado en una cuenta, aunque no había sido nada muy serio. Supo que él quería esperar a que ella terminara todo para explicarle su error.

-Explícame la unión covalente dativa. -pidió Inuyasha.

Kikyo apartó su mirada de Gohan y Kagome, y accedió a hacer su trabajo.

Todos estuvieron estudiando por muchas horas. Eso era algo siempre se iba una vez que cumplía las dos horas, pero ya habían pasado casi cinco horas ¿qué es lo que le pasaba? ¿de pronto mostraba consideración hacia él? Incluso sus amigos se sorprendieron de verla por tanto tiempo, o sea, se suponía que ella también debía estudiar para rendir sus propios exámenes en la universidad más prestigiosa de toda Ciudad Satán. Luego cayó en cuenta que ese era el último día de estudio ya que al día siguiente serían los recuperatorios e inmediatamente pensó en sus padres. Seguramente ellos tendrían que ver en eso y también seguramente Kikyo lo estaría pasando mal de tener que lidiar con él, pero no podía verlo porque su rostro siempre se mostraba frío y rara vez se dibujaba alguna emoción en el.

Los tres amigos y Kikyo abandonaron la institución poco antes de que cerraran sus puertas. La mayor se limitó a saludar y se marchó.

Inuyasha y Kagome se sentían confiados. No había nada que no les hubiera quedado claro. Sin embargo, en la mansión, por primera vez en todo el día el de cabellos plateados se distrajo de seguir estudiando. De todas formas, seguir haciendolo era casi una perdida de tiempo, pues su cerebro ya había grabado toda la información. Sus pensamientos se perdían en Kagome.

Como muchas otras veces.

Se sentía algo consternado. Era conciente de que le había dado tiempo para que decidiera tranquilamente entre Gohan y él. No obstante, de alguna manera era como si estuviera perdiendo el tiempo, como si hubiera perdido ¿pero por qué pensaba eso? Kagome aún no había decidido, ella aún se encontraba en un debate interior para poder elegir bien ¿o no? ¿por qué se sentía tan inseguro?

-Kagome... ¿será que lo prefieres a él? ¿acaso he perdido ante Gohan? Sé perfectamente que es un buen chico, pero... de alguna forma... no lo veo como una amenaza. ¿Por qué será? También... he notado que haz cambiado... sin duda... estás diferente... me gustas más... te vez más hermosa... estoy cada vez más enamorado de ti... Sin embargo... te siento extraña... no puedo evitar sentir un extraño miedo...

Decidió dormirse temprano, pero sus lucubraciones no se lo permitieron y se dio cuenta que seguir intentando era una gran perdida de tiempo.

Los rayos del sol ya habían sido devorados por la noche. Él pensó que cansar su cuerpo sería una buena idea para el sueño se apoderada de él. ¿Entrenar tal vez? Quizá sería una buena idea, pero no acostumbraba a entrenar cuando el astro nocturno se hacía presente ¿y eso que importaba? podría ser una nueva costumbre, además, se sentía algo contracturado de estar sentado todo el día todos los días devorando libros. Sí. Era por eso que no podía tener una noche de sueño placentera. Incluso su apetito no era muy bueno.

Su habítación se hallaba ubicada en el tercer piso, pero eso no le impidió saltar de su gran ventanal para salir de su hogar. Era mucho más rápido, y no se preocupaba de que alguien lo viera porque estaba muy oscuro. Ese gran salto le hizo pensar en sus habilidades sobrenaturales. Él era un hibrido, o sea que si Kagome lo aceptaba sin duda tendría que decirselo. Concluyó que no habría problema con eso, pues ella no había tenido problemas en aceptar a Gohan, y él practiamente estaba en el mismo barco que él porque ambos eran de dos especies completamente diferentes. Claro que tener una pareja no era lo mismo que tener dos amigos que rompían con el equilibrio natural, pero de todas formas él seguía pensando en que eso seguía sin ser un problema para Kagome.

No es que Inuyasha deseara mantener en secreto su verdadera naturaleza. Si él mismo ya se había aceptado, seguramente todos sus amigos cercanos también lo harían, pero quería que su amada fuera la primera, además consideraba que ella debía saberlo antes de elegir, pues quería que lo supiera todo de él antes de tomar esa decisión, sin mencionar que era lo justo.

Una vez fuera caminó durante un rato. Hacía algo de frío y había olvidado su abrigo, pero no quería volver así que siguió caminando hasta que su cuerpo se acostumbró. En un momento, su olfato le reveló la ubicación cercana de alguien que él conocía.

-¿Mhm? Este aroma es de...

Aceleró el paso y llegó hasta la entrada de un supermercado donde vio salir a Gohan con dos bolsas llena de víveres. Él inmediatamente visualizó a Inuyasha como si hubiera sabido de antemano que él estaba cerca.

-Hola. -Saludó Gohan con una sonrisa afable.

-Lo sabía, él ya sabía de mí así como yo me percate de su presencia a una gran distancia, solo que nuestras formas de percibirnos fue distinta. Él por mi poder espiritual, o como él lo llama, ki, y yo por mi olfato el cual se desarrolló considerablemente luego de que mi padre me quitara el sello que evitaba que mis poderes demoníacos despertaran. Y por supuesto por mi entrenamiento.

-Quiero hablar contigo. -declaró Inuyasha.

-¿Eh? -lo miró algo desconcertado. -Está bien. -aceptó.

Ambos empezaron a caminar hasta llegar a una plaza. Se sentaron sobre unos bancos. Permanecieron un rato en silencio hasta que Inuyasha comenzó a hablar.

-Lo sabes, ¿cierto?

Gohan tenía una idea sobre a que se refería.

-No se lo he dicho a nadie. -aseguró.

-Lo sé. -Lo miró serio. -Me hubiera gustado que Kagome fuera la primera en saberlo.

-Lo siento. -se disculpó Gohan sintiendose culpable.

-¡Feh! No te estoy culpando idiota. -hizo una repentina pausa antes de formular su siguiente pregunta. -¿Quieres saber que soy?

Gohan lo miró con sorpresa. Sí tenía curiosidad de saber a que se debía ese ki tan diferente y elevado que había empezado a sentir en él desde hacía varios meses, pero lo que menos se imaginaba era que sería el propio Inuyasha quien accediera a decirselo aún cuando Gohan había decidido no preguntar nada. Nunca le había preocupado el repentino e increible poder que su cuerpo destilaba porque sabía perfectamente que Inuyasha no era un ser malvado. Sin embargo, no podía negar que tenía muchas incognicas, pues podía percibirlo de una forma muy diferente a cuando lo había conocido. De lo que sí estaba seguro era que su repentina depresión y su creciente ki los cuales habían sucedido al mismo tiempo no podían ser casualidad. Algo muy fuerte le había pasado a su cuerpo, mente y alma.

-Emm bueno... sí me gustaría saber que provocó ese cambio en ti. -finalmente reveló.

-Podría decirse que soy como tú. -comenzó a hablar.

El de cabellos negros le prestó toda su atención. Sus primera palabras le habían confirmado la leve sospecha que tenía sobre que había algo parecido entre ellos.

-Soy el resultado de una unión entre dos especies. ¿Conoces la leyenda de "La batalla de los cuatro días"?

-Sí. -afirmó.

-Lo imaginaba. Eres todo un cerebrito. -lo miró con los ojos entornados.

Gohan rió mientras una gotita en la cien. No sabía exactamente si era una burla o un cumplido.

-Bueno, no es solo una leyenda... -continuó. -Mi madre es humana y mi padre es uno de los pocos demonios que quedaron de la época donde para los humanos ellos estaban en la cima de la evolución de las especies. Exactamente hace quinientos años. Sin embargo, la gente se ha olvidado de eso y esa leyenda ha sido catalogada solo como una leyenda o un cuento. Ahora los demonios son seres anonimos camuflados bajo la apariencia de un humano ordinario.

-Ya veo. Entonces ellos en verdad me equivoqué cuando sentí la presencia de seres extraños y poderosos en tu mansión cuando estuve ahí en la fiesta de Kagome. La verdad es que esa leyenda siempre me llamó la atención. Hubo una época en la que me obsecioné con ella y empecé a investigar, pero la verdad es que no pude hallar mucho así que la deje. Me alegra de ahora saber que fue cierta.

-Lo es en parte. No todo es real. Por ejemplo no fueron cuatro días sino siente el tiempo que duró esa batalla, y en realidad fue una sacerdotiza la que peleo contra los demonios.

-Vaya no lo sabía. -dijo asombrado. -¿y de donde conseguiste esa información? ¿Te lo dijeron tus padres?

-Mi padre. Él vivió en esa época.

-¡¿Qué cosa?! -exclamó estupefacto. -pero eso fue hace quinientos años. ¿Cuánto tiempo viven los demonios?

-No lo tengo muy claro. Los demonios inferiores, que creo que ya han dejado de existir porque esa sacerdotiza los mató, podían vivir entre quinientos y mil años. Los más poderosos como mi padre y mi medio hermano varios miles de años. O algo así. -aclaró.

-¡Vaya! Es fascinante. -manifestó maravillado. -Los demonios viven mucho tiempo, mucho más que los sayajíns. Oye me gustaría algún día tener una batalla con uno de ustedes.

A Inuyasha se le apareció una gotita en la cien y entornó los ojos.

-Ustedes, sayajíns, solo piensan en pelear, ¿cierto?

Al escucharlo Gohan se ruborizó, y se rió nerviosamente mientras se rascaba la nuca.

-En fin... -siguió hablando. -Yo no tenía idea de todo esto, me enteré hace un par de meses y es por eso que me alejé de todos. La verdad es que tuve una crisis cuando me revelaron que era un medio demonio. No sabía quien era en realidad.

-Ya veo... -lo miró compasivo. -Pero... -¿No te sentías diferente? O sea... ¿Nunca sospechaste que no era igual a los humanos?

-A veces me sentía diferente pero nunca más allá de eso. Nunca me sentí deprimido o algo así. Solo pensaba que tenía los sentidos un poco más desarrolados que los demás, eso fue todo. Los cambios abruptos y dificiles de controlar vinieron cuando mi padre me quitó el sello.

-¿El sello? -lo miró confundido.

-Así es. Esa es la razón por la cual nunca me afectó el ser diferente a los demás. Porque antes de que mi padre me quitara el sello que mantenía mi poder de moníaco ocultono era realmente muy diferente a los humanos. Mi padre selló esa parte de mí al nacer porque mi parte humana no lo resistiría siendo un bebe. Yo soy una especie que rompe con las leyes de la naturaleza y por eso si no hubiera sido por ese sello el equilibrio perfecto de la naturaleza se hubiera encargado de matarme.

No hubo palabras por parte de Gohan. Pensaba que estar en el lugar de Inuyasha era dificil y hasta doloroso. Primero porque no supo hasta hace poco que no era quien creía ser y segundo porque era evidente que se sentía rechazado por la naturaleza. Gohan siempre había sido conciente de que era un hibrido mitad sayajín mitad humano y además la mezcla de esas dos especies no resultaba ningún inconveniente para su anatomía, así que por ese lado siempre había podido llevar una vida normal. En cambio, el que Inuyasha de pronto experimentara los poderes de su otra parte que había estado oculta en su interior y de la cual no tenía idea que tenía debía ser muy duro para él.

-Oye harás que me sienta mal. Yo también soy un hibrido.

-Es cierto, pero tú nunca haz tenido problemas con eso. Parece que la naturaleza te ha aceptado como una nueva especie. Bueno no importa. -concluyó con el tema. -Ahora ya lo sabes. No pienso mantenerlo oculto siempre. Se lo diré a Sango, Miroku, Kagome y Rin. Tengo confianza en que me aceptaran por como soy.

-Por supuesto que lo harás. -aseguró con una sonrisa. ¿Por cierto que hay de Bura? ¿Se lo diras?

Inuyasha pestañeó un par de veces desconcertado. No lo había pensado.

-Supongo. Ahora debo irme. Mañana le diré a Kagome sobre esto. Antes de que decida me parece justo para los tres que lo sepa.

El rostro de Gohan se ensombreció de pronto. Inuyasha lo notó.

-¿Qué ocurre? -preguntó sin entender la razón de su repentina expresión.

Gohan bajó su mirada. No era capaz de mirarlo a los ojos.

Inuyasha se alarmó de verlo así. No sabía por qué pero de alguna forma sentía que tenía que ver con ese miedo que él había estado sintiendo.

-Gohan dime que es lo qué pasa. -alzó la voz.

Él subió su mirada nuevamente. Apenas podía sostenerle la mirada. Esta se mostraba extraña para Inuyasha, podía darse cuenta que había varios sentimientos mezlados en ella, pero no podía distinguirlos a todos. Había tristeza, dolor, pena y... ¿compasión? ¿por qué? De inmediato supo que Gohan ocultaba algo. Él sabía algo que era sumamente importante y devastador.

-¡Maldita sea ya dímelo si no quieres que te rompa la cara aquí mismo! -Espetó.

Por más que lo ocultara, Inuyasha sentía temor de lo que fuera que Gohan le ocultara. Lo único que podía hacer era mostrar ese caracter agresivo que siempre mostraba en situaciones como esas.

-No es nada... -finalmente le contestó.

-¡Mientes! ¡Dímelo! -le exigió con el puño apretado.

-Es qué... -se interrumpió de repente.

-No puedo... no soy yo quien debe decirselo...

-Es que... Pienso que Kagome sospecha de que tú ya no eres el mismo. -mintió.

Inuyasha lo miró con duda.

-Verás... -continuó hablando. -Ella tiene muchas dificultades para percibir el ki de otras personas, es algo que no ha podido desarrollar bien. Solo puede hacerlo si el ki es muy grande. Como tu ki ha cambiado mucho debido al despertar de tu parte demoníaca y se ha incrementado considerablemente en estos últimos meses, pienso que quizá se dió cuenta de que algo ha cambiado en ti. No. -se corrigió. -Es muy probable que lo haya hecho.

Inuyasha lo miro inquisitivamente. Sus palabras eran ciertas, pero su mirada le decía que eso no era todo o que más bien era como una excusa que se le acababa de ocurrir para ocultar la verdadera razón de esa mirada tan pesaroza.

-Sé que estás mintiendo. -afirmó.

Ya no sabía que decirle, y tampoco quería seguir mintiendo. No le gustaba para nada. Inuyasha no lo merecía.

-Si quieres saberlo... tendrás que preguntarselo a ella.

Inuyasha lo miró fijamente con los ojos penetrantes. Esta vez veía angustia en Gohan, como si estuviera sufriendo.

No dijo nada. Sabía que no conseguiría que él siguiera hablando, por lo cual tan solo se marchó sin decir nada.

-Lo lamento Kagome... Parece que el momento en que tendrás que decirle la verdad ha llegado más pronto de lo que pensabas.

Al otro día todos los alumnos que debían dar recuperatorios se presentaron a clases. Los que no, no tenían porque ir. Es por eso que cuando Kagome vio a Gohan despúes de rendir cuatro exámenes se sorprendió. La había estado esperando en la entrada del salón. ¿Por qué estaba ahí? ¿Acaso le había ido mal en algún exámen? ¿A Gohan? No. Eso no podía ser cierto. Él estaba ahí por alguna otra razón, ¿pero cuál?

-¿Qué ocurre? -Le preguntó Kagome desconcertada. -¿Acaso reprobaste alguna materia? -bromeó, pero Gohan no se rió.

La situación no estaba para risas.

-Lo lamento Kagome... -comenzó a hablar. -Fuí un idiota.

-¿Un idiota? No te entiendo, tú no eres idiota, Gohan. Eres el más inteligente que conozco. Bueno... -se interrumpió pensativa. -creo que podrías competir con Sesshomaru.

-No hablo de eso. -su mirada era seria.

Kagome comprendió que la razón de su presencia era delicada.

-¿Qué ocurre? -volvió a preguntar.

-Ayer... meti la pata con Inuyasha él...

-Kagome... -interrumpió de repente.

Gohan y Kagome dirigieron su mirada hacia el recien llegado. Gohan lo miró sorprendido ¿por qué no había sentido su ki?

-Hola, Inuyasha. -saludó Kagome con una sonrisa.

-Necesito hablar contigo. -declaró.

-¿Eh? Ah, bueno. Sí, claro. Solo debo terminar de hablar con Gohan y listo.

-Ahora. -le apuró Inuyasha con cierta hostilidad que Kagome sabía que tenía cuando le molestaba algo.

-Creí que la etapa de los celos ya había terminado. Hace mucho que a Inuyasha no le molestaba que estuviera a solas con Gohan.

-Está bien. Gohan, ¿puedes esperar un poco?

-P-Pero... -quizo objetar Gohan, pero no pudo.

Antes de que pudiera seguir hablando, Inuyasha tomó a Kagome del brazo y la llevó a la azotea del edificio.

-Oye me estás lástimando. ¿Y ahora que te ocurre? -le preguntó molesta.

-Debo decirte algo. -declaró.

-¿Y por eso me arrastras de esa forma? ¡No era necesario que hicieras eso! -le replicó.

-No podía esperar. Debo decirtelo ahora mismo... Y una vez que te lo diga espero que tú también me digas lo que tengas que decirme.

-¿Eh? -lo miró confusa. -¿De que hablas?

-Soy un medio demonio. -lanzó de repente.

Kagome lo miró perpleja. Se quedó estatica ante esa confesión.

-¿Un qué? -aún no entendía lo que le estaba diciendo.

-Soy un híbrido. Mitad humano, mitad demonio. Mi padre es un demonio y mi madre humana. -le explicó.

-¿Estás drogado? -inquirió con una ceja levantada. No hablaba encerio pero lo que le decía sonaba tan loco que le pareció una broma.

-Estoy hablando en serio. -aseguró con seriedad.

-No está bromeando... entonces... no fue mi imaginación, él si cambió...

-Los demonios es la especie más poderosa de este planeta. Si aún no me crees te lo demostraré. Gohan me dijo que tienes dificultades para percibir el poder espiritual de un ser vivo, pero si lo elevo podrás darte cuenta fácilmente de que no estoy mintiendo.

-Te creo. -dijo de pronto.

Inuyasha abrió los ojos de sobremanera.

-¿Qué dices? -manifestó con las pupilas dilatadas.

-¡Eres un tonto! -rió divertida. -No hace falta que lo hagas, yo sé que jamás mentirías con algo así. Además, sí noté que algo había cambiado en ti. Pero yo había pensado que era mi imaginación.

-Tú también haz cambiado.

Kagome lo miró sorprendida.

-Te vez más hermosa... -la miró con los ojos profundos y tiernos.

La fémina no supo que decir. Se sentía avergonzada.

-Ah... eh... este... bueno... -balbuceó.

-Me pareció que debías saber quien soy en realidad antes de que puedas decidir entre Gohan y yo.

De pronto la mirada de Kagome se entristeció. Inuyasha captó inmediatamente ese sentimiento en ella y supo que ahora era su turno de preguntar.

-Gohan puso casi la misma expresión cuando dije eso ayer... -reveló. -¿Por qué, Kagome? Ahora es tu turno de hablar... ¿Dime por qué luces como si hubieras hecho algo malo? ¿Por qué te sientes tan culpable? ¿Acaso...? -hizo una pequeña pausa antes de hacer la gran pregunta. -¿Acaso ya haz elegido?

-¿Acaso la mirada de Gohan y la tuya se muestran así por qué han decidido estar juntos y no han tenido el valor de decirmelo?

-Sí. -finalmente confirmó.

La mirada de Inuyasha se tornó seria y triste. Ninguno de los dos tuvo el valor de seguir hablando. Hasta luego de un rato, el varón fue el primero en revelar su dicción.

-Eh perdido... ¿cierto? -la miró fijamente como si necesitara confirmar sus sospechas.

-Lo lamento... -fue lo único que pudo decir.

-Ya veo...

El viento empezó a soplar suavemente mientras le movían sus largos cabellos plateados, sentía que de alguna forma este lo acariciaba en un intento por consolarlo.

Apesar de la puñalada que había recibido su corazón, su semblante se mostraba tranquilo mientras miraba el cielo con expresión imapasible pero con una mirada que denotaba la tristeza que encerraba su alma.

-Ojalá seas feliz con Gohan. -le deseó con sinceridad.

-¿Qué? -musitó.

-Adiós... -se despidió con un tono suave y neutro.

Inuyasha dio media vuelta dandole la espalda para luego caminar hacia la puerta que dirigían a las escaleras.

-No... -dio un paso con el brazo extendido hacia él como si quisiera alcanzarlo y detenerlo. -aún no se lo he explicado... debo decirselo... tengo que decirle la verdad, pero... ¿Por qué no puedo hablarle? Me he quedado muda. No puedo hablar. Se está yendo... tengo que detenerlo... ¡Espera! ¡Inuyasha! ¡Espera!

-¡ESPERA! -Vociferó de repente.

Al escucharla, detuvo su andar pero no se dio la vuelta. Sentía que si lo hacía se quebraría y no quería que ella se sintiera culpable de su tristeza, por eso había adoptado esa postura tan tranquila y neutra. No obstante, no sabía por cuanto tiempo más podría sostenerla.

-Tienes que saber el por qué...

-¿De qué hablas? Es obvio que no me elegiste porque amas a Gohan.

-No te elegí... pero tampoco lo elegí a Gohan...

Inuyasha se dio la vuelta nuevamente para mirarla. Esta vez su mirada revelaba una mezcla de sorpresa y confusión.

-¿A qué te refieres?

Kagome hizo otra pausa antes de seguir.

-Estoy enamorada de alguien más... -confesó.

El varón no decía nada. Estaba tan sorprendido que no tenía palabras.

-Yo... -lo miró fijamente. -estoy enamorada del señor Goku...

Los ojos de Inuyasha se engrandecieron nuevamente, pero el impacto que esas palabras habían tenido sobre él fue arrollador. Simplemente no podía creer lo que acababa de escuchar, de hecho, aún no lo creía, aún se sentía confundido, como si no lograra digerir sus palabras.

-Eso... no... no tiene sentido... -solo pudo decir.

-Quizá tengas razón... -le respondió sincera. -pero es lo que siento.

-No... No... eso no... -de pronto su mirada se tornó agresiva. -¡¿De que me estás hablando?! ¡¿Tú?! ¡¿Enamorada de ese sujeto?! ¡No estes jugando conmigo! ¡Si no quieres a ninguno de los dos para estar a tú lado solo dilo y ya! ¡pero no tienes porque decirme esa mentira!

-¡Te equivocas! -se defendió. -¡Lo que te estoy diciendo es la pura verdad!

La mirada tan segura y sincera de Kagome hizo que algo frío y doloroso le atenazara la boca del estómago. No cabía duda, ella le estaba diciendo la verdad, pero aún no quería creerlo.

-¡Basta! ¡Eso es imposible!

-No lo es... -le insistió.

Inuyasha no tuvo más opción que aceptar la cruel realidad.

-¿Qué fue lo que hizo? -le preguntó como si de pronto estuviera conteniendo una gran ira.

-¿Eh? -balbuceó Kagome sin entender su pregunta.

-¡¿Qué fue lo que ese maldito bastardo hizo para conquistarte?! -exigió saber con los puños apretados de furia.

-Inuyasha, tranquilizate por favor. -trató de calmarlo.

-¡¿Cálmarme?! ¡¿Cómo quieres que haga eso si siendo un viejo se atrevió a conquistarte?! ¡Es un maldito bastardo desvergonzado y pervertido! ¡Dime que diablos fue lo que te hizo para hacer que tu cayera en sus redes! ¡¿Te dijo palabras tiernas?! ¡¿Te prometió que él sería el mejor hombre para ti?! ¡¿Acaso te prometió el cielo?! ¡¿Las estrellas?! ¡Dime que diablos te dijo ese sin verguenza! ¡No me importa que haya salvado la Tierra varias veces o que sea el guerrero más poderoso del universo! ¡Lo mataré! ¡JURO QUE LO HARÉ! -Bramó cegado por la furia.

De pronto, Inuyasha sintió un ardor en su mejilla izquierda. Eso lo desconcertó.

Kagome le había dado una cachetada.

-Ya fue suficiente. -manifestó con una mirada perturbadoramente seria. -Él no hizo nada... yo fui la que se enamoró de él. Me enamoré del señor Goku desde que escuché su voz cuando le estaba pidiendo ayuda a los habitantes de la Tierra para destruir a Majín Boo. Eso fue antes de conocerlo. Sí lo había visto por la magia de Babidi pero no me acordaba. De todas formas, yo lo he amado desde ese entonces.

-No puede ser...

-Sí lo es. El señor Goku ni siquiera sabe de mis sentimientos hacia él...

-¡Te digo que eso no puede ser! -su mirada se mostraba agresiva nuevamente. -¡Ese maldito seguramente hizo que te enamoraras de él de manera que tú creyeras que solamente tú eras la que se estaba enamorando mientras él pretendía no darse cuenta!

-¡Ya basta Inuyasha! ¡Lo qué dices es absurdo! Deja de suponer cosas que no son. Tú no sabes como realmente es el señor Goku.

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Gohan sentía que el ki de Inuyasha se descontrolaba cada vez más. Sentía una mezcla de rabía, frustración y tristeza, y no era para menos. Él sabía que la noticia le resultaría difícil. Sin embargo, la fluctuación de su ki era tanta que había comenzado a preocuparse. El ki de Inuyasha era en extremo agresivo, tanto, que temió por Kagome, por lo cual, se dirigió rápidamente hacia la azotea.

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-¡Date cuenta Kagome! -le decía gritandole. -¡Ese sujeto te ha engañado! -le tomó ambos brazos apretandolos con gran fuerza.

-Inu... yasha... -musitó con gran dolor. -me duele... mis brazos... me estás lástimando... por favor... s-suel...tame...

-¡No lo haré hasta que lo entiendas!

Inuyasha agregó aún más fuerza a su presión cegado por sus terribles sentimientos.

-No... Me vas a... romper... los...

De pronto, Inuyasha sintió un colosal golpe sobre la boca de su estómago que lo hizo caer de rodillas. Había sido tan inesperado que lo sorprendió a él y a Kagome, quien se alejó unos pasos intentando recuperarse de esa experiencia. Todavía no podía creer que Inuyasha le hubiera hecho én se hallaba sorprendida de ver a quien acababa de llegar.

-M-Mal...dito... -dijo Inuyasha mientras tosía sangre e intentaba recuperar el aire.

-No eres más que una bestia. -manifestó con una voz llena de animadversión y los ojos crueles y fríos. Lo tomó del cuello con su mano derecha y le clavó sus filozas garras sobre la yugular haciendo que le salieran numerosas gotas de sangre. Luego caminó con él hasta la orilla de la azotea con intensiones de soltarlo y hacer que cayera a más de veinte metros de altitud.

Kagome sintió miedo y desesperación ante la terrible escena.

-¡Sesshomaru, no! ¡POR FAVOR! -le rogó.

El de mirada gélida ignoró a la fémina que lucía paralizada por el miedo y soltó a su medio hermano haciendo que este cayera casi inconsiente atraído por la inexorable gravedad.

En ese momento llegó Gohan y quedó atónito ante la visión, pues había visto justo cuando ese ser tan cruel había lanzado a Inuyasha. No obstante, actuó rápido y rodeó su cuerpo con ki para lanzarse al vuelo y atrapar a Inuyasha. Afortunadamente, logró ser más rápido que la gravedad y pudo atrapar su lástimado cuerpo.

Cuando desde las alturas Kagome vio a Gohan salvar a Inuyasha, sintió que el alma le volvió al cuerpo.

Miró a Sesshomaru totalmente enojada.

-¡No tenías porqué haber llegado tan lejos! -Le reclamó con la mirada dura. -¡¿Y si lo matabas?!

Sesshomaru permaneció con la expresión impertérrita a pesar del enojo y de las lágrimas que Kagome estaba largando.

-Es un medio demonio. -fue lo único que dijo.

-¡Esa no razón para tratarlo de esa forma! -le espetó.

El demonio no le dio importancia a sus vocablos así que procedió a decir las únicas palabras que sabía que ella necesitaba oír y que tal vez en esos momentos no entendería pero que más tarde sí lo haría.

-Solo hay una forma de conseguir lo que quieres. -La miró fijamente con aquella expresión impasible e imperturbable que siempre llevaba. -Cuando descubras lo que es ven a verme. -se limitó a decir para luego irse volando por los cielos.

Kagome solo lo miró sin decir nada ni entender a qué se refería. ¿De qué hablaba? ¿A qué había venido? ¿Cómo sabía él lo que en verdad deseaba? Todo era demasiado confuso.

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Gohan aterrizó con cuidado sobre el suelo con Inuyasha en brazos. Vio como las heridas sobre el cuello no dejaban de sangrar pero su conciencia ya había vuelto.

-¿Estás bien? -le preguntó Gohan preocupado.

-Perdí el control... yo... lástime a Kagome... -Pensó enojado y triste. No podía perdonarse por haberle hecho daño. -No pude medirme. Mis sentimientos hicieron que me descontrolara y sin darme cuenta estuve a punto de arrancarle los brazos. Yo... -puso sus manos en frente de su rostro como si tratara de encontrarse a sí mismo y comprender su propio poder. -... aún no logro controlar mi parte demoníaca...

-¿Inuyasha? -Trató de hacer que Inuyasha saliera de aquel shock.

-Estoy bien. -finalmente contestó. Su mirada lucía apagada.

Gohan se dio cuenta que podía mantenerse de pie por su cuenta así que lo soltó.

-Hay que curarte.

-Estoy bien. -dijo nuevamente sin darle importancia al asunto.

-Pero tus heridas... -se interrumpió de repente al darse cuenta que las terribles heridas de su cuello habían dejado de sangrar.

-Mi cuerpo no es exactamente como la de un demonio puro, y no sana lo suficientemente rápido como el de ellos, pero es muy resistente y heridas como estas no me hacen un daño permanente. En menos de dos días estaré completamente curado. -le explicó para tranquilizarlo, pero la verdad es que hubiera deseado que Sesshomaru lo hiriera de gravedad como castigo por haber lástimado a la chica que amaba.

-Lo sabías, ¿verdad? -dijo de pronto al recordar la confesión de Kagome.

Los ojos de Inuyasha miraban fijos los de Gohan. No hizo falta que especificara sus palabras. Gohan entendió perfectamente a que se refería.

-Sí. -confirmó.

Inuyasha bajó su mirada.

-Ya me voy. -manifestó.

-¿Eh? Oye, ¿te irás así nada más? ¿no irás a hablar con Kagome?

Por un momento la idea le pareció buena, quería pedirle disculpas por haberle hecho eso, pero en esos momentos no tenía el valor de verla de frente.

-No. -negó.

Lucía cansado y sin animos de nada. Además, debía dormir para que sus heridas sanaran ya que si no estás se podrían infectar.

-Necesito descansar. -declaró.

-P-Pero...

-Dile a Kagome que me disculpe... -dijo con la voz ensombrecida y apagada para luego marcharse caminando lentamente.

Como si fuera un cuerpo vacío.

Continuará...