CAPITULO 21: PROTEGIENDO A LOS AMIGOS
-Laboratorio subterráneo de las montañas.
-Ya sabemos lo que hay que hacer. Vamos.- Ordenó León a su equipo y todos se pusieron en posición de ataque en los lados laterales de las puertas.
Leon tecleó la contraseña "Made in Heaven" y la puerta se abrió lentamente. Leon miró a través de un pequeño espacio y vio que al otro lado había unas escaleras que conducían a un pequeño pasillo en donde estaban dos vigilantes vestidos de militares armados cada uno con una porra eléctrica. A pesar de que los soldados contaban con amplios blindajes se alcanzaban a notar sus brazos desnudos.
-¡Mierda! Son infectados.-Dijo Leon en voz alta al ver la piel carcomida en los brazos de los soldados.-Sheva ¿estás lista?- Preguntó a su compañera.
Sheva asintió y dando un paso hacia atrás comenzó a apuntar con su rifle para poner en práctica sus dotes de francotirador. Esperó a que el par de soldados se acercaran un poco más, y sin previo aviso disparó directo a la cabeza al primer soldado y en una fracción de segundos hizo lo mismo con el otro, cayendo ambos al suelo volviéndose una masa de tentáculos y carne podrida.
-¡Perfecto!- Exclamó Leon en voz baja felicitando a Sheva. –Ahora, bajemos hacia el área de vigilancia. ¡Rápido!-
Los agentes bajaron las escaleras velozmente para continuar su carrera a través del pequeño pasillo. Rebecca y Adair recogieron las porras eléctricas que habían pertenecido al par de soldados infectados y entonces acomodándose en parejas de Leon con Rebecca y Sheva con Adair se pusieron cada uno en un lado de la puerta y con un asentimiento Leon indicó que continuaran con el siguiente paso de la operación.
Leon en coordinación con Sheva dieron una fuerte patada a la puerta metálica que estaba entreabierta derribándola a su paso entrando así a la sala de vigilancia. Cuando estuvieron adentro se encontraron con un guardia que nuevamente era otro infectado. Con un gruñido y apuntando de manera amenazante iba a presionar el botón de alarma, pero antes de que pudiera hacerlo Adair se lanzó sobre él derribándolo con una llave rompe-cuellos, eliminándolo fácilmente.
-Rebecca desactiva las cámaras de seguridad.- Pidió Leon a la agente Chambers.
Enseguida Rebecca comenzó a teclear en la computadora los datos acerca de la configuración de la seguridad y logró apagar todo el sistema operativo.
-Listo Leon.- Dijo la pequeña mujer logrando su objetivo.
-Que comience la acción.- Respondió el capitán a su equipo y enseguida se pusieron en marcha saliendo de la sala de vigilancia.
-Irlanda.
Piero Gionne se detuvo en un café muy elegante de la ciudad, pidió una mesa para tres personas y se quedó ahí a esperar la llegada de sus dos acompañantes.
Minutos después Chris y Tearlach entraron en la cafetería tomando una mesa que les dejaba una buena vista de Piero, entonces un joven mesero se acercó para atenderles.
-Buenas tardes caballeros, ¿En qué puedo servirles?-
Considerando que el tiempo valía oro, Tearlach decidió dejarse de rodeos y hablar claro con el joven, haciéndole una seña de que se acercara para hablar en voz baja:
-Escucha hijo, pon atención a lo que voy a decirte. El caballero aquí presente y yo necesitamos un pequeño favor de tu parte. Queremos que lleves este pequeño dispositivo a la mesa donde se encuentra el caballero de traje gris.- Señaló Tearlach hacia la mesa de Piero, sacando de uno de sus bolsillos un pequeño micrófono del tamaño de una semilla de limón.- Quiero que lo coloques en su mesa sin que él se dé cuenta. Está demás decirte que necesitamos suma discreción en esto.-
El mesero se quedó asustado ante la petición de Tearlach y supo por la mirada amenazante de Chris que esto lejos de ser una petición, era una orden.
-Enseguida señor.- Respondió el mesero tragando saliva y llevándose en sus manos temblorosas el micrófono.- ¿Necesitan algo más?- Volvió a preguntar el mesero con escalofríos.
-Dos tazas de café expreso cargado.- Contestó Tearlach dando una sonrisa amable.
El mesero se alejó llevándose la orden de Tearlach y enseguida se fue a atender la mesa de Piero y sin que este se diera cuenta, el joven mesero colocó el pequeño micrófono en el arreglo floral que estaba en el centro de su mesa.
Después de haber cumplido la orden, el joven regresó con las dos tazas de café, hecho un manojo de nervios.
-Listo señor. Aquí tienen sus tazas de café.- Habló el mesero con la voz aún llena de miedo.
-Muchas gracias, joven.- Mencionó Tearlach volviendo a sonreír y sacando un billete de mil dólares de su billetera lo tomó y se lo dio al mesero.- Toma buen hombre, la nación te agradece tu valiente hazaña.-
El mesero se quedó con los ojos abiertos como platos en cuanto vio la generosa recompensa que había obtenido por haber colocado el micrófono en la mesa de Piero. El muchacho agradeció a ambos agentes y se retiró con una sonrisa en el rostro.
-Creo que su discreción fue comprada a muy buen precio.- Dijo Chris mientras le daba un sorbo a su taza de café.
-No dirá nada al menos mientras Piero y nosotros estemos aquí.- Comentó Tearlach tomando su taza de café en la mano.
Enseguida dos hombres vestidos con trajes negros ocuparon las dos sillas vacantes en la mesa de Piero Gionne, entonces Chris y Tearlach se colocaron una especie de "chicharos" en los oídos que funcionaban como auriculares para escuchar la conversación de Piero con los dos hombres.
-Caballeros, es un gusto, volverlos a ver.- Dijo Piero poniéndose de pie para recibir a sus dos invitados.
-A lo que nos ocupa Piero, no tenemos mucho tiempo.- Respondió uno de los dos hombres del cual uno era de edad madura y otro era un anciano de voz rasposa.
-Hablemos de negocios entonces. El trato es este, denme la cantidad que ya habíamos pactado y yo me encargaré de suministrarles las B.O.W.'s.- Habló Piero con diplomacia.
-Un momento Piero.- Interrumpió el anciano.- la cantidad que pides por las B.O.W.'s es demasiado grande, ¿nosotros qué garantía tenemos de que en verdad sean prácticamente indestructibles como dices?-
-Uroboros y el virus T, amigos míos, he ahí la clave.- Contestó Piero a la pregunta del anciano.
-Hum…- Hizo un mohín el hombre más joven que ahora iba a hablar.- El virus T pudo ser destruido después de Raccoon City, y todos sabemos lo que sucedió con Uroboros cuando estuvo en manos de Wesker y tu querida prima Excella.-
-La destrucción del virus T fue gracias a la intervención de la policía gubernamental, no a alguna falla del material genético. Uroboros pudo haber sido todo un éxito si no fuera porque Wesker perdió la cabeza con sus delirios de querer ser un "semi-dios". El error de Excella fue creer en las aspiraciones de un loco y apostar su compañía a los caprichos de un amor irracional. Wesker y Excella jamás tuvieron en mente utilizar los virus como un negocio, sólo querían crear una nueva especie de selección natural a base de saturar la atmósfera con Uroboros. Una idea utópica bastante estúpida debo decir.- Dijo Piero a la defensiva.
-Aún así, eso no nos da garantía de nada.- Insistió el anciano de voz rasposa.
-En conclusión, el precio de tus B.O.W.'s es demasiado alto y la eficacia de estas aún deja mucho que desear. Si no tienes un buen argumento para convencernos de usar las B.O.W.'s para las guerrillas, preferimos usar armas químicas que son realmente infalibles y mucho más fáciles de conseguir en el mercado negro.- Respondió el hombre joven.
-Mi único argumento es la fusión de estos virus, tanto T como Uroboros, creando así una especie más agresiva. En este momento mi equipo de científicos se encuentra trabajando en estabilizarlo a base de energía termonuclear, que es mi fuerte, para que al final, pueda fusionar este híbrido virológico con el T-Abyss. Después de toda esta transfusión de energía en los virus, no duden que serán B.O.W.'s más eficientes, agresivas y mortales.- Finalizó Piero con un tono de voz muy parecido al apasionamiento.
"¿T-Abyss? ¿Estarán hablando del virus T-abyss? ¡Imposible! ¿Cómo pudo conseguirlo?" Se decía Chris a sí mismo mientras escuchaba la conversación de Piero.
-Siendo así, las cosas cambian.- Dijo el hombre anciano y dio un asentimiento al hombre más joven.
El hombre tomó uno de los portafolios que cargaban y se lo entregó a Piero sin abrirlo.
-Cincuenta millones de dólares por ahora. En cuanto tengamos los virus y las B.O.W.'s, te entregaremos los otros cincuenta.-
Piero tomó el portafolio con una sonrisa en su rostro.
-Pero una cosa más Gionne, no nos gustan los juegos, si hay alguna trampa en esto, nos encargaremos que no sobrevivas para contarlo.- Amenazó el anciano mirando desafiante con sus ojos cansados a Piero.
-Caballeros, no es de hombres de honor jugar sucio.- Respondió Piero con audacia.-Verán que no se arrepentirán de hacer negocios conmigo.-
-Eso esperamos Piero.-Dijo el hombre más joven.- Pasaremos después de la media noche por nuestra mercancía. Queremos que esté lista cuanto antes.-
-Así será, caballeros.-
-¿Sigues en esa casona en ruinas? Es en verdad desagradable entrar en un sitio así.- Comentó el joven con repugnancia.
-Caballeros, la casona de las montañas es el lugar más discreto para nuestros planes, además que sólo es la fachada. Ya saben que sólo la usamos como entrada, es un camuflaje para pasar inadvertidos.- Argumentó Piero a los dos hombres.
-Sin no tener nada más que discutir, nos retiramos y nos veremos más tarde.- Terminó el anciano poniéndose de pie para retirarse, haciendo el otro hombre lo mismo.
-Que tengan un excelente día.- Se despidió Piero de los dos hombres poniéndose de pie.
Mientras tanto en la otra mesa, Tearlach sacaba un billete de su cartera y lo puso delante de una bandeja que el mesero había colocado en la mesa.
-Vámonos.- Pidió Terlach levantándose de la mesa y dirigiéndose hacia la salida.
Enseguida ambos agentes subieron en el auto y arrancaron su camino en la carretera.
-Tenemos que localizar esa casona de las montañas antes que Piero llegué ahí, para poder jugarle una emboscada. También hay que averiguar todo acerca de los virus que tiene en su poder.- Decía Tearlach a Chris que mantenía su vista fija en la carretera.
-Es necesario hacerlo rápido. Piero tiene el T-Abyss.- Contestó Chris que se mantenía tenso en el volante.
-¿Sabes algo acerca del T-Abyss?-Preguntó Tearlach intrigado.
-Si no me equivoco, fue el virus que fue utilizado en el "pánico de Terragrigia."-Respondió Chris seguro de sí mismo.
-¿Terragrigia? ¿De qué hablas Chris? ¿Porqué nunca tuvimos conocimiento de este virus?- Insistió Tearlach lleno de dudas.
-El caso de Terragrigia fue una misión en la que estuvimos involucrados Jill Valentine y yo. Sucedió hace unos años en Terragrigia, una ciudad próspera que se infectó con un virus y terminó siendo destruida…-
-Estoy enterado de lo que sucedió en Terragrigia, pero ¿qué nexo tiene Piero Gionne con Terragrigia?- Interrumpió Tearlach.
-Sucede que el virus con el que se infectó a la ciudad fue el "T-Abyss" que es una fusión del virus T y el virus Abyss. Sólo fue utilizada por primera vez por el grupo terrorista "Il Veltro". El virus Abyss fue conseguido de las profundidades del mar mediante los peces tipo abisal, de allí el nombre de Abyss. Il Veltro amenazó con contaminar una quinta parte del agua de los océanos con el virus, cosa que puso a temblar a la comunidad internacional por la velocidad con la que el virus lograba propagarse…- Decía Chris sin quitar la vista del parabrisas.
-¡Pero porqué nunca se nos dio conocimiento del virus T-Abyss!- Dijo Tearlach con indignación.
-Porque pudimos neutralizar rápidamente la amenaza y las muestras del T-Abyss que Il Veltro tenía en su poder fueron confiscadas y aseguradas por la BSAA. Fue entonces cuando decidieron darle el carpetazo final al caso de Terragrigia, porque ya no existía ningún peligro respecto a ello. Es por eso que no se le dio un sobre aviso a las otras ramas de la BSAA que no estuvieron involucradas en el caso.- Finalizó Chris en tono monocorde.
-Entonces es definitiva la hipótesis de un traidor.- Comentó Tearlach.
-No tengo ninguna duda.- Afirmó Chris.
-¿Nunca encontraron ningún antídoto para el T-Abyss?- Cuestionó Tearlach por segunda vez.
Esta pregunta puso en jaque a Chris. Él sabía que la única persona que poseía anticuerpos para combatir al virus "T-Abyss" era su antigua compañera Jill Valentine, que había logrado encontrar una cura e inyectársela para producir defensas en su cuerpo que pudieran destruir al . Pero ahora ella se encontraba hospitalizada en Estados Unidos. "No, no puedo exponer a Jill, ella aún está delicada de salud, además que quién sabe qué tantas cosas habrá realizado Wesker con sus genes. Es demasiado arriesgado" Se dijo Chris a sí mismo, además de tomar en cuenta que aunque accediera a considerar a Jill como una opción, los estudios que tendrían que hacerse en su cuerpo tomarían un tiempo valioso del que no disponían, así que decidió que era mejor no mencionar a Jill en esto.
-No, no tenemos ninguna cura.- Mintió Chris para proteger a Jill.
-Bien, entonces vayamos directo a las montañas, y acabemos con esto.- Mencionó Tearlach con determinación.
Mientras Chris conducía hacia las montañas, Tearlach se encargó de realizar unas llamadas para conseguir un Jeep de nieve e información sobre alguna casona abandonada en las montañas. Cuando ambos agentes hubiesen llegado a su destino un hombre ya los estaba esperando en el Jeep de nieve de color rojo, para que tanto Chris como Tearlach pudieran disponer del vehículo.
Chris y Tearlach bajaron del auto y enseguida el hombre que estaba cerca del jeep se acercó a ellos.
-Capitán Blacksmith, le hago entrega de las llaves del Jeep que me pidió.- Dijo el hombre que vestía una gruesa chamarra y botas de montaña.
-Muchas gracias. Te presento al capitán Chris Redfield de la BSAA de Estados Unidos. Chris, él es Joseph Aniston, un hombre de confianza de la BSAA en Irlanda.-
Ambos hombres se estrecharon la mano en señal de presentación.
-Un gusto conocerlo capitán Redfield.- Dijo el hombre a la vez que estrechó la mano de Chris.
-Igualmente.- Respondió Chris al hombre irlandés.
-Dentro del Jeep están un par de botas y trajes de montaña que les serán útiles en la misión, además de las granadas y munición adicional que me solicitó para sus armas, capitán Blacksmith.- Habló el hombre señalando el Jeep rojo.
-Perfecto. ¿Conseguiste información acerca de alguna casona abandonada en las montañas?- Preguntó Tearlach.
-Sí, según los leñadores y gente que vive cerca de la montaña sólo hay una casona en medio de la nieve que al parecer lleva años deshabitada y cayéndose a pedazos. Aquí tiene un mapa donde podrá encontrar la ubicación exacta.- Y el hombre le entregó a Tearlach un pequeño mapa con las coordenadas que indicaban el lugar en donde estaba la casona.
-Muchas gracias, Joseph.- Y Tearlach dio un vistazo hacia el mapa.-Al parecer no es tan lejos de aquí y está muy bien oculta. Sólo sacaremos nuestras armas de la cajuela del auto, entonces podrás llevártelo para volver a la ciudad y nosotros nos llevaremos el Jeep para ir a la casona.-
-Entendido capitán.- Asintió Joseph.
Chris y Tearlach sacaron las armas de la cajuela del auto, las subieron al Jeep y se pusieron encima de su ropa de civiles y blindajes antibalas, los trajes y las botas de montaña. Cuando Chris y Tearlach subieron al Jeep, el hombre subió al auto en el que viajaban los dos agentes para llevárselo a la ciudad.
-Buena suerte, agentes Blacksmith y Redfield.- Se despidió Joseph de Chris y Tearlach.
Y con un asentimiento, Chris arrancó a través de la nieve en el Jeep que los llevaría hacia la casona y el hombre irlandés vio como se perdía entre el manto blanco de hielo la mancha roja en que se desvanecía el Jeep llevándose consigo a los dos agentes de la BSAA.
