Hello!

Creo que es la primera vez que dejo una actualización antes de la 1:00 de la mañana, así que es una pequeña victoria para mi (¡hoy podré dormir temprano! T.T ).

No tengo nada con que quitarles su tiempo hoy así que disfruten de la lectura :)


La mezcla del silencio y la hermosa vista al amanecer los llenaba de paz, haciendo más reconfortante el momento. De pronto una pequeña expresión de sorpresa por parte del pelirrojito, asomado por la orilla del bote, llamó su atención.

-¿Viste algún pez, campeón?-preguntó Hans.

El niño, con una enorme sonrisa en todo momento, le respondió:

-No.

Hans frunció el ceño, extrañado, pero no pudo evitar sonreír también. El chiquitín volvió a concentrarse en las pequeñas ondas que el aire provocaba sobre la superficie del lago y los adultos en sus cañas de pescar. Corrección: Hans se concentró en su caña de pescar, porque Kristoff no podía quitarle los ojos de encima, y eso no pasó desapercibido por el pelirrojo.

-Es curioso-dijo el príncipe despreocupado-Muchas veces con anterioridad me habían mirado con la misma intensidad, pero es la primera vez que lo hace un hombre-su comentario irritó visiblemente al rubio y eso lo regocijó.

-Ríe todo lo que quieras, mentecato, porque apenas pisemos tierra de nuevo te voy a arrastrar hasta tu habitación y estoy seguro de que Elsa con mucho gusto se encargará de sellar la puerta con una gruesa capa de hielo.

Hans sólo soltó una pequeña carcajada, incrédulo ante las amenazas de su compañero de pesca. De vez en cuando Friederick se estiraba para meter la punta de sus deditos en el agua, siempre con el príncipe jalándolo por la orilla de la camisita para prevenir que cayera.

El hilo de la caña de Kristoff se tensó un poco, pero resultó ser sólo una falsa alarma. Revisó el anzuelo y comprobó que algún pececillo listo había robado la carnada, por lo que colocó una lombriz nueva, esta vez más gorda y grande y la lanzó al agua.

-Deberíamos movernos hacia allá-dijo el pelirrojo, señalando hacia el centro del lago-estamos muy cerca de la orilla aún, difícilmente pescaremos algo.

-Prometí a Elsa que no nos alejaríamos mucho.

-Pero aquí jamás picarán.

El rubio, encogiéndose de hombros, respondió:

-¿Y qué más da? De cualquier forma no vamos a ganar. Y todo gracias a ti.

-O a ti. A fin de cuentas, esta es una competencia padre e hijo.

-¿En verdad es tu hijo?-preguntó algo incrédulo-Bueno, Anna me lo contó todo, pero aun así no confío mucho en ti.

-¿Acaso no lo parece?-respondió Hans con una soberbia sonrisa. Kristoff bufó molesto antes de desviar la mirada hacia el pequeño. Esta vez fue Hans quien lo observó con atención para finalmente animarse a preguntar-¿Cómo hiciste, eh? ¿Cómo te decidiste?

-¿De qué hablas?-el rubio estaba completamente desconcertado.

El príncipe alzó un hombro, como si se tratara de una pregunta bastante común y sencilla.

-¿Cómo decidiste con qué chica quedarte? Es decir, ¿por qué Anna?

Esta vez fue Kristoff quien, negando y arrugando las cejas, preguntó:

-¿Y por qué no?

-Creí que amabas el hielo. O eso fue lo que me dijeron Friederick y el guardia frente a mi puerta ayer.

-Ja, vaya chismosos.

-Uno esperaría que, siendo tan fanático como dices serlo, terminarías teniendo una especie de amorío con la reina de hielo. Y sin embargo… terminaste besuqueándote con la hermanita.

-Oye, mucho cuidado con lo que dices si no quieres dormir con los peces.

-¿Con cuáles? Estamos tan cerca de la orilla que seguro tocaría tierra con la punta de los dedos de los pies-respondió irritado.

-¿Ah sí? ¿Quieres comprobarlo?

De nuevo hubo silencio entre ellos. Sólo entonces sus miradas recayeron en el chiquillo, que los observaba atento. Ambos le sonrieron. Kristoff miró hacia el horizonte para tratar de deducir que hora era, y acto seguido tomó uno de los bolsos que llevaban consigo y sacó de él un emparedado que ofreció al pecosito. Friederick lo tomó de inmediato con sus pequeñas manitas, y estaba punto de darle el primer mordisco cuando Hans lo interrumpió.

-¿Cómo se dice?

-Gacias Kistoff.

El rubio le sonrió.

-No hay por qué.

Con el niño entretenido con su refrigerio la tranquilidad volvió a instalarse en el bote. Al menos hasta que el rubio habló:

-Tú también elegiste a la hermana.

-¿Disculpa?

-El verano de la coronación de Elsa, le propusiste matrimonio a Anna, así que supongo que en su momento tú también elegiste a la hermana.

-Mmm sí, lo recuerdo. Pero me temo que no fue así. Yo venía tras la heredera, Elsa. Simplemente Anna resultó ser una presa más fácil. Aunque admito que cuando por fin tuve la oportunidad de conocer a su majestad, casi me arrepentí de haber elegido ese camino. Afortunadamente su frialdad me facilitó las cosas. Pero seamos honestos, Krispin.

-Kristoff.

-Como sea. La reina Elsa luce muy diferente a aquella chica que congeló su reino años atrás. Me sorprende la seguridad con la que se maneja ahora y esa belleza despampanante que se carga-miró a Kristoff, buscando provocarlo-Estoy seguro de que incluso a ti te parece que está hecha un bombón-el rubio rodó los ojos-No solo tiene un rostro hermoso, como muñeca de porcelana con esos brillantes ojos azules, esas mejillas rosadas y unos labios tentadores; tiene un cuerpo de lujo: unas hermosas piernas largas, la forma en que menea esas caderas cuando camina…

-Basta.

-La cintura estrecha y esos suculentos pech…

-¡Cierra la boca!-gritó Kristoff-¡ten un poco de respeto por el niño!

Sólo entonces Friederick alzó la vista de su emparedado y miró a sus acompañantes. Hans, sin inmutarse, le dijo:

-Tú madre es hermosa campeón.

-¡Mi moma es muy bella bella!-respondió él con alegría.

-¡Cierto! Dame esos cinco-alzó la mano para que el pequeño la golpeara con su pequeñita palma. Entonces le revolvió el cabello.

Después de un par de minutos Friederick volvió a conectarse con su delicioso sándwich, aislándose de todo lo que había a su alrededor. Momento que Hans aprovechó para seguir con sus juegos malvados.

-Admítelo, a ti también te resulta atractiva.

Kristoff se rehusó a contestar en un inicio, pero cayendo en su trampa respondió:

-Lo que me gusta de Anna es su espíritu aventurero. Que siempre está llena de ánimo y energía y se preocupa genuina y desinteresadamente por los demás.

-Entonces admites que Elsa es más guapa.

-Yo no dije eso.

-Pero tampoco lo negaste.

-Cállate ya.

-Honestamente Kristian, ¿te la tirarías?

-¡¿Pero qué dices, idiota?!

-A mí no me engañas, apuesto a que al menos en una ocasión tuviste un sueño erótico con ella y despertaste con una erección que…

-¡Maldito malparido!

Se abalanzó hacía el pelirrojo, quien de inmediato se puso a la defensiva, pero antes de lograr siquiera acercarse, un trozo de emparedado se interpuso en su camino.

-Ya no quelo-dijo el pecosito con tranquilidad.

De inmediato los ánimos se calmaron, y respirando aun agitadamente, el rubio respondió:

-Está bien amiguito, no tienes por qué terminarlo.

Tomó el pequeño sobrante y regresando a su lugar sin dejar de lanzar miradas asesinas al pelirrojo, se lo comió. Hans no dejaba de sonreír, aunque se podía apreciar en sus ojos cierto odio hacia su compañero de pesca.

El sol había subido bastante, ya pronto sería hora de regresar y el hecho de que su canasto estuviera completamente vació irritaba de sobremanera al príncipe. Esa estúpida competencia terminó pareciéndole una pérdida de tiempo, tomando en cuenta que pudo haber aprovechado para jugar a solas con su hijo en lugar de tener que compartir su custodia y un apestoso bote con el gorila rubio. Suspiró cansado.

-¿Qué? ¿Demasiado sol, principito?

-Esto es una estupidez. Pero cuando me lleve a mi hijo, me encargaré de enseñarle a pescar apropiadamente.

-No te lo llevarás, Elsa jamás lo permitirá.

Hans le sonrió de esa manera tan perversa y maniaca que sólo podía significar problemas.

-No, lo haré. Lo llevaré conmigo y ni tú, ni tu querida princesa ni la reina de las nieves lograrán impedirlo. Pero, si su majestad tanto desea un niño, puedo ofrecerle mis servicios y hacerle uno; como verás-continuó señalando a la pequeña réplica de él mismo que nuevamente metía la manita en el agua-se me da muy bien eso de hacer bebés, me salen particularmente apuestos-notó que el rubio inflaba el pecho, furioso, y como un último golpe agregó-Esa tarea no me molestaría. Por el contrario, me encantaría escucharla gemir cuando…

Antes de lograr terminar la frase el hombretón se le echó encima con una velocidad que le resultó impresionante para su tamaño. Comenzaron a forcejar y lanzarse golpes el uno al otro, hasta que finalmente, envueltos en la trifulca, cayeron al agua estrepitosamente. De inmediato Friederick los buscó, asustado, pero no logró ver a ninguno de los dos. Había silencio y lo único que podía sentir el pecosito era el aire despeinando sus cabellos rojos y su corazoncito latiendo con tanta fuerza que parecía, se le saldría en cualquier momento.

-¿Hans? ¿Kistoff?-preguntó con voz temblorosa y juntando sus manitas contra su pecho-¡Hans, Kistoff! No se muelan abajo en el agua, ¡salgan ya!-gritó, pero no recibió respuesta. Finalmente y al borde de las lágrimas dijo en voz bajita-Po favol, no se muelan.


-Ya es muy tarde, ¿por qué no han regresado?-preguntó la reina mirado fijamente hacia el lago, buscando la barca número veintiuno.

-Tranquila Elsa, ya no han de tardar-respondió la princesa-quizá pescaron tanto que les cuesta remar de regreso con todo ese peso.

-¿Tú lo crees?

-Oh claro, descuida.

-¡Mira lo que conseguimos Elsa!-gritó Olaf a su espalda, obligándola a voltear.

El hombre de nieve y la princesa colocaban una pequeña mesa y un cartel que colgaba desde la orilla en dónde se podía leer "puesto de conteo".

-¿Dónde encontraron eso?

-Bernie nos lo prestó; ya todos los demás equipos llegaron hace rato así que comenzaron a desmantelar todo-respondió Anna-No quisiera que Friederick se sintiera decepcionado al regresar y ver que ya no hay nadie, así que aquí-se sentó en un banco detrás de la mesita-Olaf y yo contaremos los pescados que traigan en su canasto.

Elsa no pudo evitar sonreír enternecida por las acciones de su hermana y su amiguito de nieve.

-Oh chicos, eso es muy dulce de su parte, estoy segura de que…

-¡Es Friederick!-gritó Olaf señalando emocionado hacia el lago.

Ambas chicas corrieron hacia la orilla para recibir a los chicos, pero aún a la distancia era evidente que algo no estaba muy bien. No fue hasta que el barco estaba lo suficientemente cerca como para escuchar a los dos mayores discutir que pudieron intuir de qué se trataba. Sin embargo, al ver tocar tierra el botecito y ver que ambos hombres estaban empapados, Elsa echó a correr hacia ellos.

-¡Friederick! ¿Qué pasó?-preguntó alarmada, tomando en brazos al pequeño pelirrojo.

-¡Ellos pelearon moma!-dijo de inmediato señalando a Hans y a Kristoff-¡y se metielon abajo en el agua! ¡Y no salían!-agregaba cada vez más alterado.

-¡¿Qué?!-furiosa bajó al niño y se dirigió al par de hombres que, tratando de pasar desapercibidos, amarraban la barca a la orilla-¡¿Pelearon a bordo del bote?! ¡¿Y con Friederick ahí?!

-Él empezó-acusó de inmediato el pelirrojo, señalando a Kristoff.

-Ah claro, sólo porque tú no cerrabas tu enorme boca.

Nuevamente comenzaron a discutir, esta vez con Elsa tratando de mediar entre ellos pero sus gritos no eran de mucha ayuda. Anna terminó por alzar en brazos a Friederick, quien miraba pasmado al resto de los adultos pelear.

-Hey Fried-comenzó la princesa en un intento por distraer al pequeño-¿pescaron algún pez enorme?

-No, no pe…-dijo el chiquillo, pero pensándolo mejor y echando mano de su poderosa imaginación infantil, se corrigió-Sí-dijo con seguridad-¡pecamos un pecabo muy gande Nanna! Así-y abrió sus bracitos lo más que pudo.

-Oh, ¿en serio?-Anna le siguió el juego-¿Y les dio mucha guerra?

-Se movía así-se agitó animadamente en sus brazos, haciéndola reír-y luego Kistoff lo jaló y luego Hans también y, y yo lo agalé así.

Anna lo llevó lejos de la pelea, escuchando la historia de su lucha con el colosal pescado. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos, Elsa gritó con todo lo que sus pulmones le permitieron.

-¡BASTA YA!-ambos hombres guardaron silencio-Confié en ustedes, creí que cuidarían de Friederick, y sin embargo lo pusieron en terrible peligro.

El pelirrojo bufó molesto, pasando una mano por su empapado cabello.

-En ningún momento estuvo en peligro, lo último que permitiría sería eso.

-Y sin embargo terminaste agarrándote a golpes con Kristoff bajo el agua. Dime, ¿quién vigilaba en ese momento al niño?

Esta vez Hans gruñó enfadado y sin molestarse en contestar siguió de largo, dejando a la reina y al maestro repartidor de hielo a la orilla del lago. Elsa apretó los puños molesta al verlo marchar. Sólo entonces se digirió a Kristoff, quien trataba de exprimir su gorra y las orillas de su camisa.

-Me siento muy decepcionada. Ese tipo de comportamiento es algo que esperaría de él, pero jamás de ti Kristoff-le dijo furiosa, pero al ver la culpabilidad en el rostro del rubio, se relajó-¿Estas consciente del peligro al que lo expusieron?

Renuente a contestar, el rubio se limitó a mirarse los zapatos, lanzando unos cuantos suspiros.

-¿Kristoff?-repitió la reina-Me prometiste que…

-¡Lo sé, lo sé!-dijo al fin aunque aun evitando mirar a la reina-Mi intención jamás fue permitir que eso sucediera, te lo juro, ¡daría mi vida antes que permitir que Friederick sufriera daño alguno! Es sólo qué…

Nuevamente bajó la vista. Elsa se acercó a él, buscando su mirada, pero en vista del éxito no obtenido optó por poner una mano sobre su hombro y le preguntó con suavidad:

-¿Es que qué, Kristoff?

El la miró a los ojos, pero fue capaz de sostenerle la mirada sólo un par de segundos antes de apretar los suyos fuertemente.

-Hans dijo cosas y… perdí la compostura-trató de zafarse de su agarre-lo lamento es sólo que no pensé con claridad, no caí en cuenta de lo que estaba haciendo y…

-¿Dijo cosas? ¿Qué cosas dijo?

-No Elsa, yo… eran cosas sin importancia, cosas…

-Kristoff, obviamente eran lo suficientemente importantes como para hacerte perder los estribos.

-Es que… él… ¡Hans es un puerco!

-Lo es-respondió la rubia a la vez que le daba un suave apretón en el brazo-Pero eso ya lo sabíamos.

Y eso fue como destapar una olla de presión.

-Elsa lo lamento mucho-comenzó verdaderamente dolido-Sabes que ustedes son lo más importante que tengo; tú, él, Anna, Olaf… son mi familia y jamás permitiría que nada malo les sucediera.

-Lo sé Kristoff-lo tranquilizó ella con una sonrisa.

-Ni que nadie les hiciera daño. Nadie.

Ese último comentario desconcertó a la reina, pero viendo el estado alterado de su acompañante, decidió pasarlo por alto.

-Y por eso siempre te estaré infinitamente agradecida, de verdad. Y como una pequeña muestra de ello ordenaré que hagan pastel de zanahoria como postre para la cena ¿te parece?

Kristoff suspiró exhausto.

-Eso suena increíble.

-Excelente. Por ahora, lo mejor será que volvamos al palacio; necesitas ropa seca y descansar un poco. Y seguro te has de estar muriendo de hambre también.

-Eso puedes apostarlo.

Caminaron juntos en silencio hasta alcanzar a Anna, a Olaf y al pequeño pelirrojo, quien a esas alturas de su historia ya había derrotado al enorme pez dándole un fuerte puñetazo y se encontraba salvando a sus dos papás de las garras de una terrible criatura marina con muchos brazos.


Terminó de leer las primer cartas que habían llegado con la respuesta a la invitación al baile, bastante desanimada con la idea, y decidió bajar por fin al comedor. En cuanto atravesó las puertas y vio a su hermana sentada a la mesa le dedicó una cansada sonrisa, pero para su sorpresa ella no respondió. Con la mirada la cuestionó, desconcertada, a lo que la pelirroja respondió señalando discretamente con la cabeza al otro lado de la mesa. Lo que ahí encontró hizo que el alma se le fuera a los pies.

-Mila moma-dijo animado su pequeñito-Hans está con nosotos.

Elsa miró horrorizada al resto de los ocupantes de la mesa: Anna se limitó a encogerse de hombros con pesar y Kristoff tenía cara de pocos amigos.

-Sí, ya lo veo amor.

-Agradezco mucho su invitación majestad-dijo Hans tratando de controlar al pequeño pecosito emocionado que tenía casi sobre él-Y quiero que sepa que me siento profundamente avergonzado por lo sucedido esta mañana en el lago, lo digo de todo corazón.

-Pues… agradezco su disculpa-dijo Elsa haciendo señas a Kai para que se acercara-pero creo que no soy la única a la que le debe una disculpa-a continuación señaló a Kristoff, quien se limitó a cruzarse de brazos.

La insinuación irritó al príncipe, pero tragándose su orgullo dijo entre dientes.

-Lo… lamento mucho Kristian.

-Kristoff-respondió él.

-Mi intención no era llegar tan lejos. Acepte por favor mis más sinceras disculpas.

Hubo silencio, uno muy tenso. Anna carraspeó, tratando de atrapar la atención de su novio, pero al ser eso insuficiente, terminó por estirarse y picarle en un brazo con un tenedor.

-¡Auch!-exclamó él-Está bien está bien. Disculpa aceptada. ¿Contenta?-preguntó a su novia quien se limitó a sonreírle, orgullosa.

-¿Me llamó majestad?-susurró Kai al lado de la reina.

-Sí, ¿qué rayos hace él aquí? ¿Y en qué momento lo invité?

-Amm, lo lamento mucho su majestad, en realidad la invitación la hizo Gerda… en su nombre.

-¡¿Qué?! ¿Por qué?

-Creo que…-se aflojó, inconscientemente, el nudo de la corbata-le agrada majestad-Elsa lo miró despavorida-dice que le encanta que se lleve tan bien con el pequeño Friederick, que ve mucho amor hacia el niño en sus ojos-se encogió de hombros, un poco abochornado-ya sabe cómo es ella.

Ella se cubrió el rostro con las manos, y después de un pesado suspiro le sonrió a Kai.

-Sí, así es ella.

El resto de la cena pasó envuelta en un incómodo silencio, interrumpido sólo de vez en cuando por la vocecita de Friederick invitando a cualquiera del resto de los presentes a probar ya fuera el puré de papa o las zanahorias al vapor porque según sus palabras:

-¡Está lelisioso!

Terminada la cena Friederick y el príncipe corrieron escaleras arriba para prepararse para la hora de dormir mientras que Anna y su novio decidieron dar un último paseo por los jardines del palacio. Elsa por su parte aprovechó para revisar los documentos acumulados sobre su escritorio; la competencia de esa mañana le había robado el suficiente tiempo como para que una montaña enorme de cartas y contratos se formara. Había prometido a su hermana que no volvería a ir a la cama pasada la media noche, pero no toleraba el ver un solo papel desatendido sobre su escritorio. Cuando finalmente firmó el último acuerdo se planteó seriamente la idea de pasar la noche en su despacho; se sentía tan exhausta que el sólo pensar en el largo camino hasta su habitación le provocaba ganas de armar un berrinche.

Bostezaba a cada tres pasos que daba, le urgía llegar hasta su cama y planeaba desplomarse en ella sin siquiera ponerse el camisón, no le importaba nada más que dormir. Se sentía ya tan cerca cuando, al pasar frente a un ventanal, una corpulenta figura sentada en la fuente del jardín la hizo dar un salto. Pronto supo de quien se trataba, y aunque miró un par de veces hacia el pasillo que la llevaría al tan ansiado y reparador descanso, decidió salir para ver qué pasaba.

-Ya es muy tarde ¿no lo crees? Deberías estar descansando-dijo sobresaltando al hombre en la fuente.

-¡Oh, Elsa! Vaya susto que me diste-dijo Kristoff poniéndose en pie velozmente.

Ella rio.

-Lo lamento, no era mi intención-dijo sentándose a su lado. Él frunció el ceño-bueno, quizás sí. Pero aun así lo lamento mucho.

El rubio se volvió a sentar y fijó la vista en el cielo.

-¿Todo bien?-cuestionó la reina. Él sólo se encogió de hombros-¿Hay algo de lo que quieras charlar?

-¿No deberías estar ya en la cama? Tu día comienza muy temprano, seguro mañana no te podrás levantar.

-Lo sé, sufriré horrores cuando Gerda toque a mi puerta, pero me intriga saber qué te tiene aquí a altas horas de la noche. Y no me marcharé hasta saber toda la verdad-sentenció la rubia señalándolo con un dedo.

Esta vez fue él quien rio.

-Está bien, está bien, trataré de ser breve entonces-suspiró, pensando en la mejor forma de decirlo, y armándose de valor soltó la sopa-Es que… me siento un poco… mal.

-¿Mal?

-Sí. Bueno, no-bufó-¡No lo sé! Es sólo que… desde que llegó Hans, Friederick casi no pasa tiempo conmigo. Siempre quiere estar con él y siempre cuenta las cosas fabulosas que hace Hans y… no sé, me siento mal por no ser lo suficientemente interesante como él.

Elsa lo miraba atónita.

-Ok. ¿Eso es todo?

-¿Cómo que si eso es todo? ¿Qué no es suficiente? Elsa ¡no soy ningún príncipe! No soy lo suficientemente refinado como para pedir la mano de Anna y que el consejo no se escandalice, no soy lo suficientemente instruido como para formar parte de dicho consejo al lado de la reina y tampoco soy lo suficientemente interesante como para que Friederick quiera estar conmigo.

-Bueno, primero que nada, no debería importarte lo que el consejo diga; si tus deseos son contraer matrimonio con Anna, que personalmente creo que deberían pensarlo muy bien antes de contraer un compromiso de esa magnitud-agregó haciendo al rubio rodar los ojos-la única persona con la capacidad para decir sí o no soy yo. Y no le veo ningún inconveniente-le sonrió, provocando que se sonrojara-Segundo, tu habilidad para hacer negocios y tus consejos me han sido de mucha ayuda con anterioridad Kristoff, creo que si finalmente te convirtieras en esposo de Anna serías una muy buena adición no sólo a la familia, sino también las reuniones y al consejo. Y tercero: sientes celos sólo porque Friederick está encandilado con Hans, eso es todo,

-No estoy celoso.

-Lo estás, y tienes toda la razón para estarlo. Él es manipulador, chantajista y todo un maestro cuando se trata de jugar con las emociones de los demás. Pero descuida, eso terminará pronto.

-¿Ah sí?

-Ajá. Quisiera decir que es porque regresará a las Islas del Sur, pero me temo que eso no sucederá pronto. Lo que sí sé, es que pronto Friederick te echará de menos; es decir, tú eres la primera figura paterna que conoció, y te aseguro que Hans no le enseña cosas taaan importantes como limpiar el fango de los zapatos con césped o qué tipo de hierbas del bosque puedes comer. O como saber si anda un oso cerca.

-Oh sí, recuerdo ese día.

-¡Estaba muy emocionado porque habían encontrado… excremento de oso!-dijo Elsa tratando de reprimir una carcajada-Eres importante para él, que nadie te haga creer lo contrario Kristoff, es sólo que… ahora hay tanta gente al pendiente de él, tantas personas ofreciéndole la atención y el cariño que antes no tuvo que le cuesta un poco lidiar con ello. Pero descuida, ya regresará a tus brazos.

-Cuando quiera volver a encontrar popó de oso.

-Sí. O hacer cosas más… higiénicas.

Se quedaron en silencio un momento, contemplando las estrellas, hasta que la reina no pudo reprimir por más tiempo un enorme bostezo.

-Será mejor que te deje marchar-dijo Kristoff-si no quiero que te quedes dormida aquí mismo.

-Podría hacerlo, eso no lo dudes.

Se pusieron en pie con la intención de despedirse, pero antes de poder decir algo él la envolvió en un fuerte abrazo.

-Gracias-le dijo antes de liberarla. Ella sólo le correpondió.

Se encaminó de regreso al palacio, bostezando una vez más, pero antes de entrar se giró para preguntar:

-Kristoff, ¿piensas pedir la mano de Anna pronto?

-Hey-respondió él fingiendo indignación-no presiones ¿quieres?

-Está bien, está bien-rio la rubia-buenas noches.

-Buenas noches, Els.

Caminó hasta su cuarto, pensativa y repasando la conversación previa. Sólo hasta que estuvo frente a su puerta, cayó en cuenta de algo.

-Nunca me había llamado así. "Els". Mmm, creo que podría acostumbrarme.


Agradeceré mucho si dejan un review; el botoncito está aquí abajito y dice "review". Vamos, apachúrrenle ahí :)

Les deseo una hermosa semana y nos seguiremos leyendo muy pronto. Bye bye! ^_-