Ni los personajes ni la historia son míos, solo el tiempo para la adaptación.
Capítulo 21: In a powder keg.
- Nanoha, ¿podemos hablar un minuto? ¿a solas?
La cobriza tardó unos segundos en asentir, sin poder borrar el halo de confusión que le cubría en ese instante. Fate sentía que llevaban demasiado tiempo mirándose desconcertadas y que era el momento de ir al baño, hablar sobre lo estrambótica que era la situación y las posibles salidas que tenía de los múltiples problemas que habían surgido de un día para otro. Estar de pie mientras su padre le rogaba que reaccionase, Meredith la miraba como si fuese un gusano y su cuerpo se iba congelando poco a poco tampoco era la opción más acertada.
- Volved en poco, tenemos que pedir la comida - Jail Testarossa estaba aguantando sus ganas de volver al estado natural de enfado que le caracterizaba pero la felicidad de estar rehaciendo su "familia" superaba esa necesidad. Fate le dirigió una última mirada vacía, con el estómago tan revuelto por las emociones que era incapaz de mostrar nada.
Se dio la vuelta y empezó a sortear mesas, estando segura de que Nanoha se había levantado y la estaba siguiendo. Notaba los ojos lavanda de la cobriza clavados en su espalda, mucho más expresivos que los suyos, y comprendió que finalmente había despertado de su oscuro letargo para enfrentarse a la realidad como ella.
Nanoha no era Fate.
Nanoha sabía encontrar soluciones. Sabía hacer frente a todo. Era mucho más sincera, hiperactiva y positiva que la rubia. Y por eso Fate solo podía confiar en que Nanoha las sacase del pozo en el que se acababan de meter.
Encontró los servicios como si conociese el lugar de memoria. Al empujar la puerta para entrar, una mujer de mediana edad chocó con ella, y Fate no pudo articular nada mientras ésta se disculpaba y se alejaba hacia su mesa. Estaba tan metida en sus pensamientos, tan inmiscuida en sus asuntos, que incluso si la mujer le hubiese empezado a gritar no hubiese podido darle una respuesta con sentido.
Seguía sintiendo los edificios de su vida caer sobre ella.
Para su suerte, el baño estaba aparentemente desierto. Suspiró mientras se acercaba a un lavabo y abría el grifo, mojando sus manos para luego refrescarse la cara. Había sido el día más complicado desde hacía años.
Nanoha apoyó la espalda en la pared y se cruzó de brazos, mirando al techo con la mirada perdida.
Permanecieron un tiempo así, en silencio, quizás porque ambas consideraban que era necesario. Fate apoyó la palma de sus manos en la superficie de mármol y cerró los ojos, apretando los labios.
¿Cuál es el próximo movimiento?
- Han dicho hermanas - abrió los ojos para mirar con sorpresa a Nanoha, que se había decidido a hablar. Sintió alivio cuando vio a su novia sonreírle, una muestra de diversión irónica que le relajó pero le entristeció al mismo tiempo - joder, nos han dicho hermanas.
- Y el otro día estábamos haciendo bromas sobre ello.
- ¡Han dicho hermanas! - Nanoha se separó de la pared y extendió los brazos con una sonrisa aun más amplia - ¡Dios, de pronto hemos pasado a ser la representación más sexy del incesto!
Fate rompió en una carcajada que fue cortada por el sonido de uno de los baños abriéndose, de dónde salió una anciana que les dirigió una mirada aterrorizada para luego desaparecer por la puerta. Se hizo otro silencio incómodo y luego volvieron a reír, sabiendo que ya les daba exactamente igual lo que pensasen las señoras aleatorias que oían conversaciones ajenas.
- Dios - Fate se agarró el estómago mientras reía, una nota preocupada en su voz - no puedo creer que esto esté pasando.
- Ni yo... - Nanoha se acercó a ella y le cogió una mano - No tenía ni idea de que mi madre era la novia de tu padre. Es decir, no se llama Meredith.
- Ah, ¿no? - era lo que menos le importaba a Fate, pero la curiosidad la estaba matando. La forma perfecta en la que aquella arpía se había hecho lugar en cada ámbito de su vida era hasta admirable. Parecía que había estado planeando años una manera de fastidiarle todo. Y no le parecía tan horroroso si le daba ese toque de interés. Meredith era una gran actriz.
- Se llama Momoko - bufó Nanoha, rodando los ojos - pero no es la primera vez que la oigo utilizar un nombre falso. Si no cambiase su alias, los clubs de golf para hombres ricos se llenarían de comentarios de una zorra que va quitándoles el dinero a todos.
Fate se rió de nuevo, levantando las cejas.
- Tienes sus pecas.
- Algo bueno tenía que heredar - sonrió Nanoha. Fate repasó de nuevo sus pecosas mejillas, ahora sonrojadas, y apretó sus dedos alrededor de los de la cobriza. Si Meredith (o Momoka) tenía algo bueno dentro de esa carcasa de hiena, era haber engendrado a lo más parecido a un ángel a sus ojos.
- ¿Qué vamos a hacer ahora?
Fate meditó unos instantes, sus ojos vagando por el servicio y disfrutando de sus pensamientos camuflados en el silencio.
- No podemos decirles que estamos juntas.
- No van a permitir que lo estemos - rió la rubia - conozco a mi padre. Mi felicidad le importa una mierda.
- Tampoco es que mi madre se preocupe mucho por mí - susurró Nanoha, sus palabras perdiéndose lentamente. Sin previo aviso, los delgados brazos de Fate cubrieron su cintura y la atrajo hacia sí, harta de estar aguantando la presión de tantas personas encima de ellas. Tenía que recordarse a sí misma que no había nada malo en eso. En tenerla cerca, en sentirse completa con alguien.
- ¿Crees que se casarán?
- ¿¡Casarse!? - gritó Nanoha de pronto, levantando la cabeza para mirar a Fate a los ojos - ¿¡Mi madre!?
- Eso es lo que dijo mi padre una vez.
La cobriza soltó una risa seca.
- No te das cuenta... - su tono era apenas audible, pero cuando se volvió de nuevo para ella lo alzó considerablemente - ella solo quiere sacarle todo lo que pueda. Lo hace cada año con un hombre diferente. Cuando consiga una cuenta común buscará una excusa para irse de su lado y harán una separación de bienes. Ella conseguirá el mejor abogado posible y se quedará con tres cuartos de lo que tu padre tiene. Y desaparecerá del mapa, se irá durante meses a un país desconocido y volverá con ropa nueva y actitud victoriosa - Nanoha bajó la mirada - eso es lo que ha hecho desde siempre. Y eso es lo que volvió loco a mi padre.
Fate no supo que decir en un primer momento. Estaba encajando piezas de un enorme puzle en su cabeza. El hecho de que la casa de Nanoha siempre estuviese sola. El padre de Nanoha volviéndose un alcohólico dejado porque su mujer le utilizaba a él y al resto de seres humanos que la rodeaban. Su padre teniendo el número de Nanoha y pidiéndole que la ayudase en algunas asignaturas.
Lo único que se le había escapado a Meredith eran ellas dos.
Ellas dos enamorándose.
- Saldremos de esto - afirmó, sin que le temblase la voz pero sí el corazón - Nanoha, encontraremos una forma.
- ¿Cómo? Seguramente ella me obligue a ir a vivir contigo. Y bueno, no es que sea una mala idea... - ambas se miraron con una media sonrisa pero luego la reprimieron - No voy a poder besarte sin mirar a todos lados por si están cerca.
- Pero nunca están cerca.
- ¿Has oído la historia que te acabo de contar? Ella maneja todo - Nanoha agarró la cintura de Fate entre sus finas manos, alzando las cejas en un gesto de preocupación - no deja que haya fallos en su plan.
- Ya ha habido un fallo. Estamos juntas - la miró con decisión y rostro serio, dejando aflorar esa personalidad fuerte que su padre le había hecho desarrollar con los años - y vamos a salir de esto.
- ¿Cómo? - volvió a preguntar Nanoha.
- Aun no lo sé. Pero encontraremos la manera de alejarnos de ellos, de... Empezar de cero. Sin incesto relativo - bromeó, haciendo sonreír a Nanoha. Eso era lo único que necesitaba ver. Los blancos y rectos dientes de la cobriza trasluciendo la felicidad que experimentaba cuando estaba cerca de ella.
Fate la abrazó, hundiendo la nariz en su cuello y oliendo el pelo anaranjado de Nanoha como si fuese la última vez en su vida que fuese a hacerlo.
- Me tienes que contar lo de Yuuno.
- No jodas el momento, Nanoha.
- Vale, vale...
Nanoha tenía razón. Meredith (extrañamente, seguía llamándola así aunque supiese su nombre real y ni se había parado a contarle la verdad a su padre, sabiendo que volvería a ser considerada una mentirosa) estaba ansiosa por mudarse a la mansión, y no sin causas de gran peso. La casa era gigantesca y tendría un cuarto, un salón y una cocina (junto con un número considerable de sirvientes) mucho más interesantes que en la suya propia.
Fate no le veía la gracia. Aunque entendía que esa mujer quisiese chupar lo antes posible todo lo que Jail Testarossa le ofrecía, despedirse de la acogedora casa de Nanoha era un martirio hasta para ella. Meredith se había negado a venderla, seguramente para tener a dónde volver cuando hubiese conseguido lo que quería, pero la había puesto en alquiler.
Los tres días después de la comida familiar que mantuvieron totalmente en silencio fueron dedicados a planificar la mudanza. Fate descubrió que Nanoha tampoco tenía mucho que llevar consigo, tan solo una pequeña maleta con ropa y ciertos cachivaches de los que no se quería desprender. Y la cobriza, tras esa intensa charla pesimista que le había dado en el baño, ahora estaba radiante por pasar más tiempo con su novia.
Tiempo en el que tendrían que fingir. Que actuar.
Pero ¿no era eso lo que más le gustaba a Nanoha en el mundo? ¿No estaba llevando a cabo una obra de teatro?
Actuar en su vida diaria iba a ser un reto, pero ella nunca había tenido problemas con los retos. En realidad, los agradecía. Le daban cierto toque curioso al día a día que en su tierna pero monótona casa no podía experimentar.
Meredith preparó el cambio para el cuarto día. En comparación con las posesiones de su hija, ella tenía alrededor de tres maletas llenas de telas caras y vestidos despampanantes que Fate identificó como "lo que sacó de sus anteriores pretendientes". Aun así, cuando corrió hacia la puerta por un par de timbrazos que la dejaron totalmente sorda, no pudo evitar sonreír al ver a Nanoha.
Su sonrisa se borró cuando Meredith pasó al hall, empujando al bueno de Bruno a un lado y atropellando la alfombra de la entrada con sus tacones de aguja y sus enormes maletas. La mueca de Fate pasó de felicidad a asco en pocos segundos.
- ¡Oh! Hola, cariño - el mote cariñoso hizo que la rubia tuviese ganas de vomitar al instante. Se congeló en su sitio, paciente pero alerta, dando a entender a Meredith que ellas no iban a compartir nada de confianza. Eso no echó atrás a la mujer - ¿Tu padre está en casa?
- Sí, ehmmm... - esquivó un abrazo repentino de Meredith con un movimiento rápido de piernas y se dirigió hacia las escaleras. Oyó a Nanoha aguantarse la risa y algo se revolvió en su estómago, divertida - V-voy a buscarle. Quedaos aquí.
- Hola, Fate-chan - dijo la cobriza alzando una ceja.
Fate dio un paso hacia atrás y se tropezó con el primer escalón, perdiendo el equilibrio por un instante y agarrándose a la barandilla para no caer en una demostración gigante de patetismo. Esta vez Nanoha se rió de verdad, y ella solo pudo sonrojarse.
- H-hola, Nanoha - otra sonrisa de tonta - Vengo ahora.
Antes de que le diese tiempo a hacer más el estúpido y que Meredith alternase entre su hija y su ahora hijastra con cara de desconcierto, se dio la vuelta y empezó a subir las escaleras a toda prisa, como si estuviese persiguiéndola un tigre. Casi vuelve a caer en el penúltimo escalón, oyendo de fondo otra vez a Nanoha burlándose de su torpeza. Frunció el ceño, queriendo culparla de su falta de maestría, pero sabía que era incapaz y que los nervios estaban pudiendo con ella.
Era la segunda vez que tenía que actuar delante de su padre y de Meredith, y la primera ni siquiera contaba porque estaban tan metidas en sus propios pensamientos que habían sido incapaces de mantener una conversación con ellos cerca (y sin mantenerla, poco se iba a traslucir si eran amigas o algo más).
Recorrió el pasillo y llamó a la puerta del cuarto de Jail Testarossa con fuerza, quizás más de la que debía.
- ¿Sí?
- Padre, Meredith y Nanoha han llegado.
Él no tardó en aparecer con una sonrisa amplia, emocionado a simple vista.
- ¡Estupendo! No sabía que llegarían tan temprano... - miró el reloj de su muñeca un momento y luego se encogió de hombros - de acuerdo, vamos a ayudarlas a instalarse.
Fate no respondió nada. Seguía con el alma en otra parte, puede que en el gesto adorable que la cobriza le había hecho al saludarla, su coleta moviéndose levemente y su sincera y habitual sonrisa. Hubiese jurado que al lado de su madre las pecas le resaltaban incluso más, ya que Meredith parecía querer esconderlas con maquillaje. Nanoha sabía que en ellas erradicaba su gracia.
"Una cara sin pecas es como un cielo sin estrellas"
Se sonrió a sí misma y apuró el paso, siguiendo a su padre, ambos bajando las escaleras con un aire bastante similar.
- ¡Bienvenidas! - dijo él, sin borrar la mueca de entusiasmo. Se acercó a Meredith y plantó un beso en sus labios, haciendo que Fate y Nanoha intercambiasen una mirada de asco y una risa posterior. Luego él revolvió con su gran mano el flequillo cobrizo sobre la frente de Nanoha y Fate soltó un bufido.
Eso no lo hace ni conmigo. Maldito actor atrae-mujeres.
Tampoco podía culparlo, todos estaban interpretando una farsa. Meredith solamente lo quería por el dinero, Jail Testarossa fingía extremada cordialidad para esconder su mal temperamento y ellas estaban haciéndoles creer que eran amigas cuando Fate tenía ganas de tirarla sobre su cama desde que había entrado por la puerta.
Contrólate. No eres una adolescente hormonada.
Su padre se volvió hacia Bruno, que permanecía recto en una esquina de la escena.
- Bruno, si no te importa, coge las maletas de Meredith y súbelas a mi cuarto - esa sí era su verdadera y fría personalidad. El mayordomo miró con miedo los tres grandes bultos que había sobre el suelo - Fate, tú coge la de Nanoha. Dormirá en tu cuarto hasta que compremos una tercera cama.
Ambas se miraron con los ojos como platos, e intentaron aguantar la carcajada involuntaria que quería salir a la luz.
Iban a dormir juntas. A dormir juntas. A saber por cuántos días, además. A saber si hasta que Meredith consiguiese huir de los brazos de su padre, lo cual significaba toda la estancia de ambas. Fate se llevó la mano a la boca y miró hacia otro lado, sabiendo lo irónico que era todo aquello. De haber sabido su padre que dejarlas juntas en una misma cama era tan peligroso, seguramente hubiese hecho que su hija durmiese en el sofá durante semanas.
La media sonrisa en la cara de Nanoha era tan traviesa que Fate tuvo que controlar de nuevo sus impulsos.
- ¿Fate? ¿Me estás escuchando?
- ¡S-sí! - la rubia corrió para atrapar entre sus dedos el asa de la maleta de Nanoha.
- No hace falta que me la lleves.
- ¿Has oído al sargento? Tengo que llevarla yo - susurró Fate con una sonrisa, por primera vez contenta porque todo aquello estuviese sucediendo. Su padre estaba demasiado distraído hablando con Meredith mientras Bruno los precedía armado de peso. Nadie podía notar cómo se miraban ahora.
Fate levantó la maleta con un quejido exagerado, haciendo que Nanoha volviese a reír. Ambas subieron juntas por la escalera detrás del grupo de adultos.
- Tengo un problema con respecto a mi estancia, señorita Testarossa.
- Dígame cuál, madame - forzó un acento francés que Nanoha recibió alzando ambas cejas.
- Voy a dormir cada noche con la chica más sexy de la ciudad.
- Oh, eso es imposible.
Nanoha la miró escéptica.
- ¿Por qué?
- Porque eso es lo que tenía pensado hacer yo.
Y Fate casi se cae escaleras abajo cuando Nanoha besó su mejilla, demasiado cerca de sus labios como para que su corazón lo dejase pasar.
Entreabrir los ojos la siguiente mañana y sentir un cuerpo tibio prácticamente encima suya fue una mezcla entre el susto y la alegría de su vida. La mente adormecida de Fate no pudo comprender en ese instante que la persona que estaba a su lado era Nanoha y no un desconocido aleatorio que se había colado en su casa en medio de la noche. Sus pupilas vagaron por la clara habitación, de pronto mucho más cálida con la mera presencia de otro ser humano.
El pelo naranja apagado que vislumbró entre las sábanas hizo que su corazón se relajase y una sonrisa aflorase sola en su rostro.
Nanoha murmulló entonces algo en sueños y se dio la vuelta, colocando una pierna sobre el estómago de Fate y estrellando el reverso de su mano contra su nariz. La rubia soltó un quejido, zafándose de ella antes de que le metiese un dedo en el ojo, y dejó que descansase sobre su cuello mientras miraba a Nanoha soltar pequeñas palabras sin sentido en su movido sueño.
- Idiota - susurró Fate, levantando uno de sus brazos para pulsar la pequeña nariz de su novia, sonriente - idiota, despierta.
La mano de Nanoha que descansaba sobre su cuello volvió al cuerpo al cual pertenecía con un pequeño gemido de inconformidad.
- Cinco minutos... Más... - musitó con la boca entreabierta. Fate abrió los ojos como platos y se rió.
- Nanoha...
- Chocolate...
- Nanoha... - realmente Fate se hubiese llevado horas mirándola dormir mientras decía cosas incoherentes, pero la posición que mantenían era tan arriesgada que cualquiera que hubiese entrado se hubiese extrañado. Su padre había traído la noche anterior una cama supletoria para Nanoha, pero ambas habían decidido que dormir juntas era uno de los caprichos que querían llevar a cabo.
Siempre y cuando la cobriza no estuviese a dos centímetros de su cara y con una pierna rodeándole la cintura.
- Toneladas de... Chocolate...
- ¡Nanoha!
La cobriza abrió los ojos de pronto, asustada, mirando de un lado para otro.
- ¿¡Qué ha pasado!?
- Estabas hablando en sueños.
- ¿¡Sobre tus tetas!?
- ¿¡Qué!? ¡No!
- Estaba soñando sobre tus tetas.
- ¡Estabas hablando de chocolate!
- Ah, sí, bueno, una mezcla de ambas cosas - puntualizó Nanoha, aun demasiado dormida como para articular bien cada palabra. Fate volvió a soltar una risa divertida mientras la veía desperezarse como si fuese un gato y hacer pequeños sonidos de placer mientras relajaba sus músculos.
Eran tan diferentes. Fate solía dormir como si estuviese petrificada, sin moverse apenas, muerta durante unas horas para luego levantarse totalmente intacta. Y Nanoha era un torbellino, y aun más cuando soltaba su melena cobriza y se levantaba con cada pelo señalando a cada lado del mundo.
La visión de Nanoha tan despeinada hizo que mantuviese su risa durante más tiempo del deseado.
- ¿Qué te pasa? - bufó ella, aplastándoselo con las manos como si fuese a recuperar su decencia natural.
- Parece que acaba de explotar algo delante de tu cara.
- ¿Te crees que tú no tienes pelos de loca?
- Sé que no los tengo.
- Debería haberme buscado una novia menos perfecta - y tras esto, soltó un suspiro de exasperación y se cruzó de brazos como si fuese una niña pequeña. Fate volvió a reír y se levantó sobre sus codos para posar un pequeño beso en la mejilla pecosa de Nanoha.
- Estás muy guapa con esa mierda de look.
- Voy a la última - la cobriza intentó aguantarse la sonrisa, pero Fate estaba recorriéndole la mandíbula con la boca y era totalmente incapaz. Se mordió el labio inferior, mirando de reojo su pelo rubio totalmente suelto - ¿te he dicho ya que me gustas más así?
- Te gustaría más con el lazo si me vieses siempre así.
- Oh, dios, ¿puedes dejar de analizarlo todo psicológicamente?
- Las desgracias de ser inteligente - paró sus labios en el cuello de Nanoha y subió los ojos con una media sonrisa que para su novia seguía siendo demasiado chocante. Era un misterio la rapidez con la que Fate había desarrollado una personalidad paralela a la que mostró durante los primeros meses de su amistad o la que normalmente fingía delante del resto de amigos. La Fate tímida, insegura y tartamuda que salía a la calle era diferente a la que le miraba en ese momento.
- ¿Cuál es el plan de hoy? - dijo Fate, recorriendo el pelo de Nanoha con los dedos. La cobriza pestañeó, sumida en su mente.
- Oh. Creo que iré a clase.
- No cuentes conmigo para eso.
- Lo sé, lo sé, superdotada.
Fate bufó, inconforme con el mote, rodando los ojos mientras sonreía.
- Luego voy a proponer un ensayo. Ya han acabado los exámenes y tenemos que volver al teatro... - continuó Nanoha, desviando su mirada hacia el techo - el estreno es en marzo y apenas queda un mes. Además, quería incluir una canción al final de la obra porque teniendo en cuenta que cantas tan bien...
- ¿¡Qué!? - la cabeza de Fate estaba reposando sobre su hombro, pero rápidamente subió de nuevo hasta casi rozar su nariz con la de Nanoha - Lo dirás en broma.
- Claro que no lo digo en broma.
- ¡Nanoha! ¡NO voy a cantar en la obra!
Las manos de la cobriza subieron por la espalda de Fate, sus dedos trazando pequeñas siluetas en la piel marmórea de la rubia y haciéndole experimentar millones de escalofríos. Nanoha le sonrió de lado, entrecerrando los ojos.
- ¿Ni a cambio de esto?
- ¿Me estás chantajeando con sexo? - puso los ojos en blanco.
- ¿Puede...? - la cara de Nanoha pasó de la forzada sensualidad a una sonrisa dudosa de niña, con las mejillas ruborizadas.
- No es un buen chantaje sabiendo que puedo tenerlo cuando quiera sin cantar nada.
- ¿Eso crees?
- Eso sé.
Se miraron unos segundos en silencio, Fate con una ceja levantada y sin poder ignorar las manos aun firmes de Nanoha en su espalda. Finalmente, la cobriza suspiró.
- ¡De acuerdo, de acuerdo! Separemos sexo de teatro - usó su cara de pena - Por favor, Fate-chan. Quiero que cantes.
Las murallas que Fate había tenido durante toda su vida habían sido derribadas por aquel diablo con pecas que estaba mirándola haciendo pucheros, lo más cercano a un buen infierno que había conocido. Su cabeza vagó entre las miles de respuestas que podía darle a eso, pero cada vez que se recordaba que gracias a Nanoha ella había salido de ese mundo de soledad que tanto daño le había hecho, se daba cuenta de que era un error negarle ese estúpido favor.
Al fin y al cabo, Nanoha ahora era parte incluso de su casa. Estaba peleada con su mejor amigo por ella. Había sacado sobresalientes por ella. Era feliz con su familia por ella. Habiendo roto tantos tabús y estereotipos, ¿tanto le importaba hacer otra excepción?
- De acuerdo - suspiró, y la cara de Nanoha se iluminó automáticamente - ¡Pero solamente una canción!
- ¡Sí, mi capitán!
Fate soltó una risa feliz y se acercó a sus labios para besarla sin miedos, por mucho que cualquier persona pudiese entrar en aquel momento en su habitación y verla encima de Nanoha. Nunca antes había saboreado con ganas un beso de buenos días, así que por una vez se permitió el desliz.
Inspiró profundamente mientras miraba el picaporte de la puerta del teatro como si quisiese fundirlo con los ojos. Sus manos jugaban involuntariamente con el final de su sudadera y tragó saliva, visualizando las múltiples formas de que todo saliese mal aquella tarde. Sabía que Nanoha iba a estar allí, que todos iban a estar allí, y que eso era de alguna forma un alivio, pero nada conseguiría evitar que Yuuno y ella compartiesen uno de los momentos más tensos de sus vidas.
Cualquiera hubiese podido oler lo asustada que estaba.
Es tan solo un ensayo, Fate. Podrás con ello. Entra, haz tu papel y vete.
Algo en su interior decía que era mentira. Que no iba a salir indemne de aquel encontronazo. Llevaba ya seis días sin verlo y cuatro sin hablar con él, y su despedida no había podido ser más dramática. Aun desconocía si Yuuno pensaba arreglar su amistad o si consideraba que aquello era el fin de todo. Fuera lo que fuese, Fate no podía pensar en ello y en que Nanoha de pronto era su hermana a la vez o se derrumbaba.
Pero permanecer allí mirando la madera tallada del picaporte era más estúpido que enfrentarse a la vida.
The show must go on.
Con repentina decisión, abrió la puerta y pasó dentro, siendo imbuida rápidamente por el ambiente melancólico de la oscuridad del teatro. Agradeció en parte que el ensayo estuviese a la mitad y que nadie notase su llegada, pudiendo ser una sombra más entre las butacas, un gato recorriendo las esquinas del mundo. Si no hubiese sido por el eco de las voces, Fate hubiese jurado que estaba sola en aquel universo particular. Se obligó a mover las piernas e ir bajando las escaleras, alejándose de la soledad y acercándose a su destino.
El miedo fue diluyéndose conforme daba cada paso, su respiración acompasándose con el aura tranquila y el olor que había olvidado durante la época de exámenes pero que ahora reavivaba recuerdos y emociones que le hacían sentir segura. En su mente siempre habría espacio para la actuación. Cada vez que se metía en su papel, olvidaba lo que había alrededor y se centraba en representar hasta con el alma su personaje.
Necesitaba ser tan Tracia que Fate y sus problemas desapareciesen.
La voz de Yuuno resonó, chocando con cada pared, y eso le produjo un escalofrío insoportable que le devolvió las dudas que habían desaparecido hacía unos segundos.
- No puedo olvidarla, Plauto, no puedo...
- Pero Bóreas, está jugando con los dos.
- Sé que a mí no me miente. Sé que a mí me ama de verdad.
- Tonterías...
- ¡Tú que sabrás!
Aunque Verossa intentase hacerse hueco en el escenario, cuando Yuuno actuaba era un torbellino para cualquiera. Incluso Fate se veía eclipsada muchas veces por sus gestos exagerados pero dramáticos y por su voz que alcanzaba toda esquina. Solamente Nanoha era capaz de enfrentarse a esa dura personalidad de escenario, con demasiado carácter como para dejarse apagar por las ansias de protagonismo del rubio.
Era curioso, pero cada uno tenía su forma particular de formar parte de la obra. Desde los protagonistas a los más secundarios fueron creando sus maneras y sus razones, y Fate se descubrió a sí misma siendo la que aportaba la tristeza a la historia, con sus tranquilos pero conseguidos ademanes. Yuuno daba la angustia, Nanoha daba la fuerza. Hayate la dulzura, Verossa la comedia.
Fate había finalmente llegado a la última fila de butacas, y permaneció allí quieta mientras observaba el final de la escena con ojos curiosos y atentos. Pronto, las luces volvieron a subir de intensidad y algunos de los actores que estaban aparte empezaron a aplaudir.
- ¡Genial! - Fate volvió la cabeza para encontrar a una Nanoha sonriente subir hasta el escenario - Me ha gustado ese toque... Exagerado que le pones, Yuuno.
- Sabes que es mi estilo.
- Sí, bueno, a veces deberías relajarlo, pero para esta escena te lo valido - la cobriza se cruzó de brazos y levantó una ceja.
Ella estaba tan solo allí, atónita por ver a Nanoha y a Yuuno mantener una charla cordial como si no hubiese ocurrido nada. Por un segundo, la esperanza creció en su pecho y creyó que su amigo había renunciado a estar enfadado para solucionar lo que pasaba entre ellos.
Nanoha miró de un lado para otro, sonriendo al resto del elenco.
- ¡De acuerdo, chicos! ¡Cambiamos de escena! Arisa, Griffin, Shari y Suzuka podéis iros ya. Verossa, Arf y Hayate quedaos en el escenario, no hace falta que os cambiéis.
De pronto, la cobriza se volvió hacia Fate y su cara se sumió en una sonrisa de pura felicidad.
Oh, mi Nanoha.
Estaba vestida con una camisa blanca adornada con una pajarita y unos pantalones negros pegados que terminaban en unas botas marrones. Su pelo naranja peinado en dos trenzas brillaba bajo los focos del teatro, haciéndolo contrastar aun más con el blanco de su piel y de su ropa.
- ¡Fate-chan! - gritó, como si fuese a correr a sus brazos. Se sonrojó levemente y volvió a su posición inicial - Digo... Fate, ve a... Cambiarte.
La rubia se rió por lo bajo, enternecida.
Poco tardó aquel momento en romperse. De repente, Yuuno estaba alternando entre Nanoha y Fate con una mirada de confusión, como si acabase de recordar la razón por la que llevaba días sin hablarles. Su rostro tranquilo fue frunciendo el ceño y convirtiéndose en la representación de la confusión.
- ¿Qué? ¿Tengo que actuar con ella?
Pum. Fate recibió un balazo que no se esperaba.
Yuuno la estaba mirando con verdadero desprecio. Y había pronunciado aquel pronombre femenino como si le produjese asco, como si estuviese en contra de la existencia de Fate, como si mirase una cucaracha en el suelo rogando que alguien la matase.
Se hizo un horrible silencio, y hasta los más desconocidos se volvieron para mirar la escena extrañados, ya lejos del escenario.
Fate parpadeó.
- Yuuno... - dijo Nanoha finalmente, con los ojos muy abiertos - Claro que tienes que actuar con Fate... Es... La protagonista.
- No quiero actuar con ella. De hecho, me niego.
Pum. Segundo balazo.
Algo se revolvía en el estómago de Fate, rabia mezclada con tristeza que estaba haciendo que tuviese unas ganas tremendas de salir corriendo, muerta de vergüenza. Yuuno estaba dejándola en ridículo con esa actitud de niño consentido, pero además le estaba haciendo daño.
- No puedes negarte a eso - continuó Nanoha con extremo cuidado, aun asimilándolo todo - estáis enamorados en la obra.
Yuuno soltó una risa sarcástica.
- Vaya, se me había olvidado. No sabía que alguien podía enamorarse de eso.
- ¿Perdona? - Nanoha parpadeó.
- ¿Qué? ¿Vas a defenderla? - Yuuno estaba subiendo el tono y Fate ya no sabía qué estaba sucediendo. Lo había oído días antes hablando del dolor que le había hecho sentir pero nunca había esperado que su amigo pudiese llegar a ser tan cruel con tan solo muecas y palabras.
- Claro que voy a defenderla - Nanoha estaba empezando a ponerse roja.
- ¿Ella no sabe defenderse sola?
- ¡Ella sabe defenderse perfectamente pero yo no voy a dejar que la insultes en mi cara!
- ¿¡Y a ti qué más te da!?
- ¡Es mi jodida novia y no vas a decir nada sobre ella! ¡YO estoy enamorada de ESO! - gritó Nanoha, poniéndose de puntillas para mirar fijamente a Yuuno con tanta fuerza que el chico retrocedió un paso, algo asustado. Se repuso al instante, pero la intensidad en la cara de la cobriza era tan insoportable que tuvo que apartar la mirada.
- Me voy - soltó Yuuno, andando hasta el principio del escenario y cogiendo su abrigo, tirado sobre el suelo - paso de aguantar esto.
- Tío, estás siendo un capullo - dijo Verossa, adelantándose con el ceño fruncido para poner una mano en el hombro de Nanoha, que parecía una bomba a punto de explotar.
Yuuno se volvió hacia él.
- ¿Ah, sí? ¿Yo? ¿Yo que soy sincero y digo todo lo que pienso? ¿O vosotros, que os habéis llevado un mes mintiéndome y colaborando con esta... - miró a Nanoha - ...zorra?
Eso era lo último que Fate estaba dispuesta a oír. Podía aguantar insultos sobre ella pero se negaba a que Yuuno dijese algo sobre Nanoha. Lo que él juzgaba de forma totalmente subjetiva era lo que le había salvado la vida. Lo que hacía que se levantase cada día con una sonrisa en la cara. Y no iba a soportar que él ni nadie opinase sobre ello.
Se acercó a Yuuno y lo cogió de la camiseta con fuerza, haciendo que el chico se volviese sorprendido, sin esperar que Fate fuese a reaccionar a sus provocaciones.
- Como digas algo más sobre Nanoha te voy a partir la puta cara sin importarme una mierda que seas mi mejor amigo - lo dijo tan bajo que el resto de los presentes no pudieron hacer otra cosa sino ver cómo sus labios se movían.
Yuuno la miró primero con miedo y luego se zafó de las manos de la rubia para escupirle con los ojos.
- ¿En qué te has convertido?
- ¿En qué coño te has convertido tú, Yuuno? ¿Eres capaz de destruir a todos tus amigos solamente por un berrinche?
El chico apretó los labios, queriendo decir más cosas de las que actualmente podía permitirse, y luego desvió la mirada y apretó el abrigo entre sus enormes manos. Sin mediar una palabra más, salió andando del escenario a grandes zancadas y subió por las escaleras del patio de butacas.
Nadie quiso detenerlo, tan solo esperaron a que sonase el portazo que anunciaba que había desaparecido. Fate estaba tan concentrada en maldecir a Yuuno por sus palabras que había olvidado las ganas que tenía de disculparse con él en persona. Ya no había nada por lo que pedir perdón. Él había borrado todo el arrepentimiento que había estado sintiendo aquellos días.
Silencio.
Notó los brazos de Hayate rodearle por la espalda, aun con la vista clavada en la puerta por la que Yuuno se había ido.
- Fate-chan… - la oyó decir - por favor... No se lo tengas en cuenta...
Fate apretó sus brazos con sus frías manos.
- Que le jodan, Hayate. Que le jodan.
