Capítulo 21: El rey es el peón.
Noche del viernes, 15 de julio de 2005
Harry abrió con cariño el celeste álbum (su color favorito) por la primera página, mientras miraba a ambas mujeres con mezcla de picardía y acusación.
- No hace falta que os diga que Ginny es la protagonista de todas las fotos de este álbum – esta vez miró a su esposa con infinito amor – Es mi tesoro más preciado. Lo recopilé mientras estábamos separados, cuando creí que jamás volvería a tenerla entre mis brazos, como una forma de sentirla cerca para continuarla adorando. Fue un modo más de hacerme daño a mí mismo, - desvió su mirada hacia Nadia, quien estaba a punto de hacerle un reproche al respecto - pero es uno de los pocos actos que me marcaron en aquella época, del cual no me arrepiento ni lo haré jamás. Todos los comentarios a pie de foto reflejan mis sentimientos.
- Pe-pero Harry – Ginny le miraba cada vez más emocionada – Tú y yo no teníamos ningún contacto. ¿Cómo las conseguiste?
- Algunas pertenecen a nuestro pasado noviazgo, pero el resto… - se detuvo para buscar las palabras adecuadas – digamos que…las robé. – Les sonrió pícaramente.
Las dos mujeres le miraron anonadadas. Harry James Potter… ¿robando?
- Por enésima vez, necesito que entendáis algo. – les explicó con amargura - Cuando abandoné a Ginny de un modo tan cruel pensando que era la única opción que la salvaría de una muerte segura, me marché con una inmensa ira, frustración, autocompasión y rencor hacia el mundo que me pesaban como una inmensa losa. – Draco lo observó intrigado, pues no recordaba nada de lo que estaba escuchando. En cambio en los rostros de ellas se reflejó el dolor – Al principio no cesaba de lamentarme. Comprendía que yo hubiese cometido faltas suficientes como para ser castigado de ese modo, pero, ¿Ginny? ¡Por Merlín! ¡Mi dulce Ginny! ¡Su único pecado había sido quererme! Por eso decidí sufrir la penitencia sólo, sin darme cuenta de que a ella la condenaba a un sufrimiento igual, sino mayor.
- Harry, no… - le suplicó Ginny mientras se acercaba a él para reconfortarlo.
Pero él le acarició los labios con mimo y, apartando el álbum de sus rodillas, la sentó en ellas, abrazándola con amor.
- No, deja que termine. Vosotras me lo habéis pedido y quiero complaceros. El caso es que, cuando fui capaz de volver a ver una imagen tuya sin emborracharme como un imbécil o dedicarme a romper una y otra vez todo aquello que más estimaba mientras lloraba como un tonto, comencé a mirar obsesivamente las pocas fotos que había llevado conmigo. Encontraba refugio en ellas, pero también un dolor extrañamente placentero. – Ginny lo apretó fuerte contra su cuerpo – Un día tuve la "magnífica" idea de crear este álbum. Decidí que, aunque yo no podía continuar en tu vida, tú sí lo harías en la mía a través de él. Pero para ello necesitaba conseguir fotos de tu vida presente y cotidiana. Así que pedí a Dobby que, de vez en cuando, fuese a casa de tus padres, donde tú continuabas viviendo aún, e hiciese fotos de todas aquellas que encontrase allí. Solía hacerlo por las noches, entrando por vuestra chimenea con polvos flu que yo le daba.
- ¿Tú hiciste eso? – Nadia no quería creerlo - ¡Jamás me enteré de ello! ¡Si lo hubiese sabido, definitivamente habría pensado que estabas loco!
- ¿Por qué piensas que jamás te lo conté? Además, como os he dicho, era mi tesoro más preciado.
- ¡Harry! ¡Te habría llevado con ella aunque fuese esposado! ¡Jamás aprobé lo que estabas haciendo, destrozándote la vida! ¡Pero tu masoquismo llegó demasiado lejos! – le acusó.
- Recuerda que fue mi decisión, no la tuya. Sabes perfectamente que, si me hubieses presionado demasiado, también a ti te hubiese echado de mi vida – su amiga lo miró con dolor – Nad, lo sabes. Por eso siempre me dijiste lo que pensabas pero tragaste con la situación, y no puedes imaginar cuánto bien me hiciste con ello. – le sonrió con dulzura. – Sea como sea, el caso es que Dobby se emocionó con la perspectiva de serme útil y realizó su cometido a las mil maravillas, tanto que yo conseguí lo que quería y ninguno de los Weasley se enteró… hasta ahora. A lo largo de los años hizo unas cuarenta incursiones a vuestra casa, alrededor de cinco por año. Cuando descubrió dónde guardaba Molly todas las fotos, le fue muy fácil conseguirlas.
- ¡Merlín! – se asombró Ginny - Pero esas fotos… algunas ni siquiera yo sabía que existían –lo miró extrañada.
- Porque no son tuyas, sino de tu madre. Sospecho que, cada vez que te veía guapa, o especialmente alegre, o simplemente le apetecía, te echaba una foto. De algunas te enteraste pero de otras no fuiste consciente. Como ves, en algunas simplemente estás rodeada de tus padres y hermanos, pero en otras eres tú la total protagonista. Y hay algunas, que yo contemplaba horas y horas amargándome desesperado, en que tú apareces del brazo de varios acompañantes, tus parejas en cada momento.
- ¡Harry! ¡Yo no he tenido pareja desde que te fuiste! – se ofendió ella.
- Sí las tuviste, Gin, no como yo las tuve, pero las tuviste. Y no pasa nada. En el fondo de mi corazón yo deseaba que un día uno de ellos consiguiese hacerte todo lo feliz que yo jamás podría lograr. Pero jamás dejé de amarte, y eso me mataba por dentro.
- ¡Yo nunca pude olvidarte! ¡Nunca! – comenzó a sollozar, nerviosa.
- Ya está bien. Esto se acabó – la obligó tierna pero firmemente a mirarle– Ha sido una mala idea recordar todo aquello. Voy a guardar este álbum en un lugar donde jamás tengas que volver a toparte con él.
- ¡No! – gritó ella, apropiándose del cuaderno de nuevo y volviéndolo a apretar contra su pecho.
- Pero Gin, mi vida. ¿Tú te das cuenta de cómo te has puesto por su culpa? ¡No voy a permitir que nada trastorne tu tranquilidad! ¡Y menos con tu embarazo! ¡Esto ha empezado como una picardía tuya y de Nadia pero ha llegado demasiado lejos!
- ¡No! – repitió ahora más calmada pero con la misma convicción – Es tan bello, Harry, lo que has escrito bajo las fotos…
- Es sólo lo que sentía al ver cada una de ellas. – Sus dulces ojos verdes se la comieron a besos - Te voy a contar un secreto.
Tomó el álbum de sus frágiles manos con delicadeza mientras la tranquilizaba con la mirada haciéndole ver que no se lo arrebataría para siempre, y buscó en él una imagen en concreto. Se detuvo ante una en la que se veía a Ginny profundamente dormida, sonriendo en sueños.
- Esta es la única foto que no es robada. Es original. Te la tomó Dobby una noche en la que se atrevió a entrar en tu cuarto. Nunca me contó porqué,- sonrió al recordarlo - pero yo jamás quise saberlo, tan emocionado como me sentía al poseerla. Quizá fue porque la caja de fotos de tu madre no estaba en su lugar habitual y él pensó que la hallaría en tu habitación. Debió verte tan dulce como lo hago yo cada vez que la miro, porque yo jamás le pedí que te echara fotos, me conformaba con tener copia de las que te hacía tu madre, pero te la hizo, y aquel día me ofreció el regalo más valioso que jamás podrá darme. No puedes imaginar cuánto se lo agradezco. Siempre estaré en deuda con él.
El pie de foto anunciaba: "Mi princesa: cuánto daría yo por ser la causa de esa dulce sonrisa".
- ¡Mi amor! – lo abrazó con desesperación, besándolo después por todo el rostro - ¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Te quiero!
- Y yo a ti, niña mía. Te lo ruego, sonríe para mí de ese modo. Hazlo. – la abrazó también, más emocionado de lo que quería demostrar ante Draco y Nadia, aunque no pudo ocultarlo. Y ella sonrió tan sólo para él como hacía tiempo que no lo había hecho.
Nadia no pudo evitar que unas rebeldes lagrimitas resbalasen hacia su cuello pero, al sentirse observada por Draco, se las limpió rápidamente y recompuso una dura mirada.
- Es Lily la que me obliga a hacer estas memeces. Es lo que tiene el embarazo.
- ¿He dicho yo algo? – Draco le ofreció una sarcástica sonrisa que ocultaba torpemente orgullo y admiración.
- Bueno, señoritas. Ya me habéis torturado lo suficiente por esta noche. ¿Qué os parece si nos marchamos a dormir? – propuso Harry a ambas embarazadas con una sonrisa.
- Será lo mejor – aceptó Nadia sin dejar de mirar a Draco, a la defensiva. – Hasta mañana, merengue Potter. Mira que puedes llegar a ser empalagoso. – Le sacó la lengua descaradamente.
- El amor es lo que tiene – le respondió él del mismo modo.
- Hasta mañana – se despidió Draco sin más y desapareció hacia su cuarto sumido en sus propios pensamientos.
- Hasta mañana – dijo Nadia también, después de haber esperado un tiempo prudencial para no toparse con el rubio por los pasillos. Se marchó hacia su habitación.
Cerrándolo con cuidado, Harry acarició la suave cubierta de álbum por última vez y se lo tendió a Ginny amablemente.
- Toma, te lo regalo.
Ella lo tomó de sus manos como si fuese de una gran fragilidad y volvió a protegerlo entre sus brazos con reverencia. El moreno se puso en pie y se marchó también camino de la habitación matrimonial, llevando en brazos todavía a su esposa, alegremente abrazada a su cuello.
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Tarde del sábado, 16 de julio de 2005.
El ambiente se estaba caldeando rápidamente durante el debate que tenía lugar entre ambos candidatos a la presidencia del gobierno del Reino Unido. Más que un encuentro estaba resultando un encontronazo. Para que los muggles también pudiesen "disfrutar" de dicho evento, fue un estudio de televisión muggle el encargado de conducir un programa donde los dos rivales debían debatir sus diametralmente opuestos puntos de vista, moderados por uno de los más famosos directores de informativos muggles del país.
Machaconamente, desde el principio se discutió nada más sobre el tema más candente de sus propuestas electorales: la idoneidad o no de una fusión entre la sociedad mágica y la muggle, y en caso de conseguirse, cómo debería ser llevaba a cabo. Las preguntas del moderador eran incisivas, mordaces, algunas demasiado personales y rozando el mal gusto. Los dos candidatos estaban manteniendo las formas y la educación, pero comenzaban a implicarse en el debate de un modo demasiado personal, aumentando la tensión con cada comentario. El presentador estaba encantado, soñando con los altísimos índices de audiencia que aquel debate iba a alcanzar. Con seguridad lo encumbraría.
Durante la mañana de ese mismo día se había dado el primer caso de violencia entre ciudadanos de ambos grupos. Un mago había lanzado brutalmente a un camarero muggle a varios metros de distancia al ser el agredido incapaz de prepararle una comida de forma tan rápida como el cliente estaba acostumbrado a recibirla en el restaurante mágico al que solía ir. Y no contento con ello, lo había acusado de inútil e incompetente. El herido, con varias costillas rotas y contusiones varias, se recuperaba en un hospital muggle, por supuesto, dado que después de la mala experiencia que acababa de sufrir se negaba rotundamente a ser atendido por magos. Cierto es que el mago en cuestión yacía bajo los efectos de una borrachera monumental cuando sucedieron los hechos, pero no podía negarse que la primera vez que se había "dignado" a relacionarse con personas sin magia, no había tardado ni media hora en agredir a una de ellas.
Por tanto, y por primera vez desde que saltase la polémica aunque no sin ser esperadas, palabras como "sometimiento", "invasión" y "esclavismo" fueron pronunciadas antes millones de espectadores de todo el país.
- Predije que sucedería, y esto no ha hecho más que empezar – afirmó el candidato del Partido Conservador, Ronald Weasley, sin inmutarse cuando le preguntaron su opinión sobre el suceso después de haber defendido apasionadamente su postura de aislamiento contra la de libre elección del otro candidato.
- ¿Quiere decir que afirma que la mayoría de la sociedad mágica es violenta? – le atacó sin piedad el moderador.
- En absoluto. Nuestra sociedad no es ni más ni menos violente que lo es la sociedad muggle. Quiero decir que nuestras dos sociedades tienen hábitos y costumbres muy distintos que estamos a años luz de poder coordinar y fusionar. – fue la contundente respuesta de aludido, quien trató de contener la rabia que comenzaba a sentir por las constantes provocaciones que no paraba de sufrir procedentes de aquel sibilino presentador.
- "Muggle", curiosa palabra. Suena a… simple. ¿Qué connotaciones tiene para ustedes esta palabra? – continuó el otro, atacando de nuevo.
- ¿Qué connotaciones tiene para ustedes la palabra "mago"? – contraatacó Ronald sin perder la compostura – Tan sólo las que cada cual quiera darle. Hasta las palabras más dulces pueden adoptar una connotación maliciosa dependiendo del grado de suciedad de la boca que las pronuncia – le miró fijamente de forma acusadora.
El presentador, noqueado por un instante. Pretendía ser imparcial, y con todas aquellas preguntas incisivas dirigidas al candidato mago tan sólo quería llegar a una profunda comprensión de sus intenciones, se repetía para sí mismo una y otra vez. Pero la verdad es que el otro candidato le resultaba más… cercano y agradable. Hasta cierto punto, se había convertido en una cuestión personal.
- ¿Acaso usted disculpa la bochornosa actitud de "su" mago borracho? – ahora fue el candidato por el Partido Demócrata, Dudley Dursley, quien les sorprendió aprovechando la coyuntura para intentar desarmar a su oponente. Las palabras pronunciadas le habían sido dictadas a través de un aparato de escucha que llevaba en su oído derecho. Sin duda, Leman y Horts, que permanecían tras las cámaras en un "discreto" segundo plano, y no él, llevaban la voz cantante de su intervención.
¿Qué tipo de estrategia es esta?, se preguntó Ronald, cada vez más confuso. Se supone que él quiere que su gente confíe en los magos para poder integrarlos a su propio mundo, no que nos odien como a invasores potenciales.
- ¡Maldición! ¡No! - fue la airada respuesta de Weasley, que apretó los puños con fuerza tratando de contenerse, algo que el otro no tardó en aprovechar.
Leman y Horts se retorcieron las manos de placer.
- Todos ustedes son testigos de su actitud – Dursley se dirigió al público presente en la sala, aquel mismo público que el jefe de seguridad de su contrincante, Harry Potter, y sin éxito alguno, se había empeñado en que quedase fuera, previendo disturbios por el carácter especial de aquel encuentro. – Mírenlo, no sé cuánto tiempo más tardará en pegarme, como hizo "su" mago borracho. Señores, afirmo aquí y ahora, que el problema no radica en que no podamos fusionar nuestras dos sociedades con éxito, un sueño que todos estamos deseando con tanta ilusión porque somos hermanos, del mismo país, con los mismos sueños. ¡Los dos mundos nos hemos conocido! ¡Ya no hay marcha atrás! ¿No son capaces de comprenderlo? ¡El único problema que yo veo, el único que existe, es que el representante de la sociedad mágica para tratar esa fusión ha sido elegido con desatino! ¡Este hombre es un racista! ¡No quiere "rebajarse" a convivir con nosotros! ¡Ese, es el único problema! – paseó la vista por todos los espectadores, más que orgulloso de sus palabras.
Acabáramos, pensó el pelirrojo. Soy yo quien le molesta al muy hipócrita.
Ronald se levantó de su asiento y se abalanzó sobre su opositor, comenzando a zarandearlo con violencia, preso de una ira que iba mucho más allá de la provocación recibida.
- ¿Soy tan racista como lo fuisteis tus padres y tú cuando obligasteis a Harry a vivir durante años en el hueco de la escalera de vuestra oronda y acomodada casa muggle? ¿Tan racista como lo fuisteis vosotros al negarle a él incluso la comida, un simple abrazo o un regalo de cumpleaños? ¿Tan racista como para hacerle sentir abandonado y desamparado? ¿A un niño, por el simple hecho de ser mago?
- ¡Ron! ¡No! – gritó Harry desesperado mientras corría hacia su mejor amigo para separarlo de su primo con firmeza.
Ese fue el único momento en que ambos primos estuvieron en contacto, únicamente cuando Harry separó a Dudley de Ron tomando a cada uno por un hombro y separándolos sin contemplaciones.
Desde que llegaron a aquel estudio de televisión, Dudley no había hecho más que observar a su primo una y otra vez, embrujado por la magia de aquel hombre impresionante que sólo reconoció hasta cierto punto y que destilaba dotes de mando e infundía un respeto casi reverencial por cada uno de sus poros. En cambio el otro no le dedicó ni siquiera una fugaz mirada. Tan sólo se dedicó a cumplir su trabajo con irreprochable profesionalidad. Recordó que Harry jamás se había mostrado sumiso ante él ni ante sus padres, jamás había perdido su propio orgullo y dignidad, a pesar de que su tío Vernon usó sus mejores esfuerzos tratando de conseguirlo. Sintió que, definitivamente, aquel joven mago no había nacido para ser anulado, sino para ser obedecido. Y descubrir esa realidad le creó sentimientos encontrados de envidia y admiración.
- ¿Cómo se atreve a hablar de racismo, Harry? ¿Cómo se atreve, cuando tu vida en su casa fue peor que la de una rata? – lo miró a los ojos, con los suyos propios inyectados en sangre. -¿Este es el hombre que traerá el paraíso a los muggles y a los magos? ¡Los condenará al infierno!
Al darse cuenta del sufrimiento de Ron, Harry lo abrazó con fuerza. Ambos hombres compartieron su dolor, retransmitido sin censura hasta el momento en que Leman, sin que nadie notase el sabotaje, interrumpió las comunicaciones con un movimiento de varita y unas leves palabras.
- Hermano, no, te lo suplico – le susurró Harry todavía con su amigo apretado fuertemente contra él tratando de conseguir que se calmase mientras él mismo intentaba controlar su desbocado corazón – Esto te destrozará, Ron. El pasado es tan sólo pasado, y no volverá. Pero tú eres la única esperanza que nos queda. Te lo ruego, no lo hagas, no por mí. – Al escucharle y sentir el fuerte abrazo del hombre a quien más quería en el mundo a parte de su propia familia, también él lo abrazó con fuerza, dejando que la explosión de ira se marchase del mismo modo como que había llegado.
Dursley había contemplado la escena aún sin ser realmente consciente de lo sucedido. Los observaba con estupefacción y… ¿celos? Sintió que debía ser él quien recibiera el cariño y atención de su primo y no un desconocido. Por ello, y por un impulso que no pudo controlar, se acercó a Harry con la intención de que hablaran, de explicarse. Tenía que hacerlo. Era necesario, imprescindible…
En aquel mismo momento, un mago entre el público interpretó las intenciones de Dursley como un intento de agresión hacia Harry y sin pensarlo dos veces, enarboló su varita contra el muggle, completamente enajenado.
- ¡Crucci--¡
No pudo terminar de pronunciar la maldición imperdonable, ya que Harry, impulsado por su instinto como auror, lo localizó antes de que pudiese ejecutar el fatídico conjuro contra Dudley y lo desarmó señalándolo de forma impetuosa con la palma de su mano derecha.
- ¡Lleváoslo de aquí! – el auror ordenó a gritos a Leman y Horts mientras señalaba a su primo, quienes le miraron con sorpresa pero obedecieron su mandato, dándose cuenta de que aquel no era momento para entablar una lucha que no les beneficiaría en absoluto. - ¡Desalojad la sala! – gritó inmediatamente después tanto a sus hombres como a los vigilantes de seguridad muggles asignados para tal evento, para controlar posibles incidentes como el que precisamente acababa de darse.
Los vigilantes de seguridad del otro candidato le miraron dubitativos, pero un segundo después se apresuraron a acatar su mandato.
Durante todo aquel maremágnum, el moderador observó la escena completamente inmóvil, en un principio con la incredulidad reflejada en su rostro, dando paso después a una profunda sensación de confusión. Sintió que él mismo debía reflexionar y se retiró hacia su camerino, conmocionado y pensativo. Había permanecido lo suficientemente cerca de Ronald y Harry como para haber escuchado totalmente su intercambio de palabras.
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Tanto Ron, como Hermione y Harry se habían trasladado al Valle de Godric después del trágico suceso acaecido hacía tan sólo unas pocas horas. También allí se habían reunido Draco, Nadia, Neville, Luna, Samuel, la profesora Mc Gonagall, Bill, Charlie, Percy, Fred, George, los padres de los pelirrojos, Nynphadora Tonks y Remus Lupin, quien finalmente se había dignado a responder los mensajes de las lechuzas que Harry le había enviando insistentemente pidiéndole que asumiera el puesto de profesor de Transformaciones en Hogwarts. Los Sres. Weasley fueron los primeros en aparecer y Molly se encargó de los niños para que Ginny pudiese apoyar y reconfortar a su marido y a su hermano. Todos ellos habían presenciado el desastroso debate a través de televisión e inmediatamente después de ver lo sucedido corrieron en auxilio de sus amigos, muy preocupados.
Se habían acomodado en las sillas, sillones y sofás del comedor y conversaban excitadamente sobre los pasados acontecimientos.
- Merlín… Esto es un drama. – fue Harry quien se lamentó casi sin voz, pasándose la mano derecha por el cabello con gesto de preocupación.
- Por supuesto que lo es. En ese debate no sólo se ha puesto en entredicho la integridad de Ron ante todo el país, el candidato mágico a la presidencia, sino también la de Harry, la principal baza que tienen los conservadores para triunfar en las elecciones ante el pueblo mago. – Afirmó Remus con desesperación mientras abrazaba a su esposa distraídamente.
- No puedes imaginar cuánto… - susurró Ron del mismo modo, sumido en un caos emocional - ¿Qué va a ser ahora del plan que propusísteis? – se dirigió hacia sus hermanos mayores a la vez que, sorprendido por sus propias palabras, pasó su vista por la figura de Harry con la velocidad del rayo. Por un momento había olvidado que no le había dado tiempo de poner a su amigo en antecedentes.
- ¿Plan? ¿Qué plan? – quiso saber Harry paseando la mirada por todos ellos.
- Ron, hay algo que no sabes – Percy le habló a su hermano con culpabilidad – El plan ya está en marcha. Esta misma mañana el Wicengamot lo ha presentado ante el Primer Ministro actual del gobierno británico. He querido frenarles alegando que Harry no era consciente todavía de lo que se esperaba de él, pero ellos me han rebatido la petición diciendo a su vez que el tribunal mago ha votado y la propuesta ha ganado por mayoría, por lo que Harry deberá acatar su decisión. – Ahora miró al director de Hogwarts tratando de disculparse – No te han incluido en la votación previendo que te negarías rotundamente, a sabiendas de que una vez puesto en marcha el plan, enajenarte de él te va a resultar muchísimo más complicado.
- ¿Para qué estáis tratando de utilizarme esta vez? – El joven lo traspasó con la mirada, a la defensiva.
- Jamás se ha pasado por nuestras mentes la posibilidad de utilizarte – fue Bill quien se dirigió a él con sinceridad – Queríamos proponerte un modo de tratar de impedir que estalle la guerra que todos estamos previendo y temiendo, pero si tú te hubieses negado a ayudarnos, no te habríamos presionado. Pero nuestro error fue consultarlo con el Wicengamot antes de hablarlo contigo, tratando de ganar tiempo para que cuando tú te decidieses todo estuviese preparado para llevarlo a cabo rápidamente. – su cuñado lo escuchó aparentemente impasible, pero su enfado se iba acrecentando por momentos – Esos viejos carcamales te temen, Harry, y pasar por encima de tu propia opinión no es más que un modo de tratar de someterte, de hacerte ver que estás en sus manos.
- No, quiero, ni un puto rodeo más – Harry miró a Bill de forma amenazante – Decidme qué habéis hecho.
- Si el gobierno muggle acepta – Charlie se encaró con Harry manteniendo a duras penas su durísima mirada – el próximo curso cincuenta niños magos y cincuenta muggles se intercambiarán para estudiar unos en el colegio de los otros. Todos serán hijos de cargos importantes de ambas sociedades, con lo cual se pretende conseguir ciertas "garantías" de que ninguna guerra será promovida ni apoyada por ninguno de los dos gobiernos. Los dos colegios elegidos, uno para cada sociedad, serán los que puedan ofrecer mejor calidad de enseñanza y puedan prometer total imparcialidad. Les hemos propuesto que, si el intercambio fracasa y nuestros hijos, los suyos, o ambos, no son capaces de adaptarse al modo de vivir de sus nuevos compañeros, aceptarán que tomemos las medidas pertinentes para que los muggles no vuelvan a relacionarse con nosotros a sabiendas de lo que somos. Todavía no sabemos cómo conseguiremos esto último, por eso esta medida es un modo de ganar tiempo para intentar conseguirlo. Por supuesto, Hogwarts siempre ha estado en el punto de mira como sede del intercambio por nuestra parte. Y ahí es donde intervienes tú. Debes ser tú, como director del colegio más prestigioso de nuestra comunidad, quien vele por esos niños.
De pronto, y saliendo del mutismo con el que había observado a Charlie durante toda su exposición, Harry soltó una estridente carcajada que heló la sangre de todos los presentes, quienes lo miraron con mezcla de sorpresa y temor.
- ¿En serio pensasteis que yo iba a apoyaros en esa locura? ¿En serio creísteis que expondría al peligro la vida de ningún niño, ya sea mago o muggle, por un patético intento de salvar nuestro acomodado modo de vivir? ¿En serio me creéis tan mezquino? ¡Nuestras sociedades no valen absolutamente nada si somos capaces de hacer eso para intentar preservarlas! – les gritó de forma acusadora.
Todos mantuvieron un silencio que hablaba por sí mismo.
- Amor, por favor, tranquilízate – le pidió Ginny, comenzando a asustarse.
Harry se encaró con ella duramente.
- ¿Tú lo sabías? – le preguntó de forma amenazadora.
- Harry, no. No tenía ni idea de todo esto. – respondió en un susurro.
- Más te vale – le dio la espalda sin miramiento.
- ¿Quién es el lumbrera que ha tenido esta "magnífica" idea? ¿No tenía nada mejor en la cabeza?– paseó su vista por todos ellos, con sarcasmo.
- ¡Ya estoy harto! – estalló de pronto Bill.
Se levantó y encaró a Harry en el mismo tono.
- ¡Por mucho que fueses el elegido! ¡Por mucho que nos hayas salvado de Voldemort en el pasado! ¡Eres un niñato idealista incapaz de superar tu propia adolescencia! ¡Despierta, niño tonto! ¡Ante situaciones desesperadas hay que tomar medidas desesperadas! ¡El mundo no es de color de rosa ni está hecho a tu medida! – Harry le sostuvo la mirada firmemente en todo momento, sin amedrentarse - ¡Aquí no se trata de ganar o no unas putas elecciones! ¡Estamos tratando de evitar una guerra de consecuencias devastadoras! ¡Una guerra! ¡Que acabará con las vidas de miles de inocentes de ambas sociedades! ¡Mis hijos pueden morir en ella! ¡Tus hijos! ¡Los de cualquiera de nosotros! ¡ E imagina tan sólo sus posibles consecuencias! ¡Esclavismo! ¡Terror! ¡Miseria! ¡Y no existe otro modo de conseguir evitarlo! ¿Crees que te propondríamos algo semejante si no estuviésemos convencidos de que es el único modo posible para conseguir evitarlo? ¿Por quién nos tomas?
- ¡Os tomo por alguien que se han rendido! ¡Os tomo por personas incapaces de llegar más allá! – le gritó, furioso - ¡Debe existir otro modo de conseguirlo! ¡Sé que debe existir! ¡Y si vosotros no sois capaces de encontrarlo, yo lo haré! – le señaló con el dedo a modo de promesa.
- Te aseguro que no hay otro modo – le dijo Ron, abatido – Yo me he roto los sesos tratando de encontrarlo, pero finalmente no he tenido más remedio que rendirme a la evidencia.
- ¿Tú también estás metido en esto? – miró a su amigo, incrédulo.
- No con el corazón, pero sí con la cabeza – fue la lacónica respuesta de su amigo. – Además, el Wicengamot ha decidido. Ya no hay nada que podamos hacer.
- ¡Ja! – rió con suficiencia - ¡El Wicengamot todavía no me conoce! ¡Pero os aseguro que me va a conocer!
Dicho esto, les dio la espalda a todos y salió de la casa con la furia de un tornado. Tras ello, nadie se atrevió a romper el silencio hasta pasados más de diez minutos. Sus cuerpos eran un hervidero de sentimientos y pensamientos encontrados.
- Escuchándole hablar así, dan ganas de creer que realmente hay otro modo de evitar la guerra – habló Percy finalmente, reflexionando en parte para sí mismo.
- Habéis hecho muy mal en no consultarlo primero con él antes de involucrar al Wicengamot en todo este plan. – afirmó Remus, sin ánimo de acusarles pero constatando lo que él creía la verdad – Tened por seguro que, si existe otra forma de conseguirlo, Harry la habría hallado.
- Yo quiero mucho a Harry, pero, ¡Por Merlín! ¡No es un dios todopoderoso! – se desesperó Bill, mirándoles como si todos estuviesen ciegos o tontos.
- Es Harry Potter, al igual que Albus Dumbledore era tan sólo Albus Dumbledore, pero si no hubiese sido por ambos, probablemente no estaríamos discutiendo ahora sobre cómo evitar una guerra; estaríamos sufriendo esclavizados por Voldemort, o quizá muertos. – Volvió a la carga Remus con convicción – Yo creí ciegamente en Dumbledore y he aprendido a hacerlo en Harry del mismo modo. Cuando se deposita la confianza en alguien, se hace hasta el final, te lleve donde te lleve. Ese es el único modo de vencer.
- Yo tan sólo digo que ya me equivoqué una vez y presiento que llevo camino de volverme a equivocar. Y no estoy dispuesto a permitirlo. Elijo confiar en Harry, pase lo que pase. – eligió Percy.
- Recordad que nadie le ha pedido que nos salve esta vez. Ahora Harry ya no es el elegido. – les recriminó Charlie.
- ¿En serio? – fue Draco quien se dirigió a Bill y Charlie con sarcasmo – Yo no recuerdo absolutamente nada de lo que sucedió en el pasado, pero entonces, ¿por qué habéis elegido Hogwarts como única garantía de triunfo? ¿Por qué no escogéis cualquier otro colegio? Si tenéis razón, la solución del problema es muy fácil.
- Eso es lo que hará el Wicengamot si Harry se cierra en banda – aseguró Percy sin dudar. – Y no tratarán de arrebatarle el colegio como hicieron con el profesor Dumbledore porque ahora no es el momento de desestabilizar más las cosas.
- Lo harán, y se equivocarán – sentenció el Sr. Weasley – El mal ya está hecho. Si el gobierno muggle acepta el intercambio, hay que convencer a Harry a toda costa de que acepte la responsabilidad que este conlleva. Ya no hay tiempo para buscar otro camino. Hijo, ¿sabes por qué todavía no ha sido revelada la existencia de los magos a nivel mundial? – preguntó a su hijo mayor. No esperó respuesta – Porque Harry, apoyado por los más eminentes magos de todas las esferas de nuestra sociedad, ha ejecutado un conjuro de interferencia en todas nuestras fronteras. Cualquier publicación, noticia, o conversación relacionada con la magia sufre un sabotaje inmediato que consigue o bien no desear hablar del asunto, borrar de la mente de los que han hablado de ello todo recuerdo del mismo, sustituir el artículo periodístico por otro en ningún modo relacionado con el tema, hacer oídos sordos a una noticia de ese tipo… Para eso el Wicengamot, en consonancia con el gobierno muggle, sí contó con él. Porque, ¿quién, de todos ellos, habría conseguido una azaña semejante? En cambio piensan que pueden utilizarlo a su antojo. Está visto que su experiencia con Dumbledore no les enseñó nada de provecho.
- Y hay algo más. Sabéis que pronto se sucederán altercados entre magos y muggles por todo el país. – fue Tonks quien tomó el relevo de la conversación - Sospecho que han comenzado ya y que los gobiernos nos los están ocultando. Pronto al Wicengamot se le irá de las manos el control de esta locura, porque un despropósito como este no se puede controlar. Y después de lo sucedido hoy debemos estar preparados para cualquier cosa, porque no creeréis en serio que los mortífagos están dispuestos a acatar la elección del pueblo en las urnas. Y aún ganando ellos las elecciones, su clara intención es eliminar a Dursley de la escena inmediatamente después y revelar sus verdaderas aspiraciones. Con la farsa del chaval ese, sólo tratan de facilitar su "conquista", nada más, pero no dudarán en usar otros métodos mucho más agresivos y crueles si no triunfa su plan inicial. Estad seguros de que intentan instaurar el imperio del terror, esta vez a nivel mundial. Si triunfan aquí, lo extenderán a otro país, y a otro, y a otro más… hasta que el mundo entero caiga en sus corruptas manos. Tened claro que la mayoría de los muggles son tan sólo víctimas, igual que nosotros. El verdadero enemigo son ellos y los muggles que comparten sus podridas ideas, siempre lo han sido. – se mantuvo en silencio para darles tiempo a asimilar el espanto que acababa de exponerles - Bill, como muy bien has dicho, situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Sólo conocí una época en que nuestro mundo vivió al borde del caos como lo está haciendo ahora: la lucha contra Voldemort. Y "La Orden del Fénix" estuvo allí para hacerle frente. Por ello, "La Orden del Fénix" debe regresar para apoyar a Harry como lo hizo con Dumbledore.
- ¿Realmente estáis convencidos de que nos espera un futuro tan aciago si no tratamos de poner freno a los actos de los mortífagos? – quiso saber Nadia, asombrada por lo que acababa de escuchar.
- ¿Los mortífagos son mortífagos? – le preguntó Neville con un retórico sarcasmo.
- Debemos encontrar a Harry – se angustió Hermione – Para hablar con él y hacerle entender que, a pesar de que todos estamos moralmente en contra de lo que está a punto de suceder con los niños, ya no existe marcha atrás. Sin su ayuda, las posibilidades de acabar con toda esta locura se reducen dramáticamente. Además, temo por él.
- Yo también – le apoyó Ginny – Jamás le había visto tan furioso y fuera de sí.
- Te amenazó – afirmó Charlie, incrédulo y ofendido.
- Sí, pero no como tú crees – le tranquilizó su hermana – Él jamás me hará daño, ni física ni psicológicamente. Todos deberíais tener muy claro ese hecho a estas alturas, pues sois sus amigos y le conocéis. Lo que ha querido decir es que, si se enterase de que yo estaba metida en esto, jamás me lo perdonaría. A veces, el abandono puede ser el acto más cruel.
- Pero él jamás te abandonará – repuso Hermione tratando de animarla – Harry no hablaba en serio, estaba ofuscado, furioso. Nada más.
- Yo también lo creo así porque sé que él confía en mí y sabe perfectamente que, si yo hubiese estado al tanto de algo de todo este asunto, se lo habría confesado sin perder ni un minuto. Pero de todos modos, le he dicho la verdad. Yo no sabía nada de lo que se estaba tramando a sus espaldas. – Con estas últimas palabras, hizo sentir a varios de ellos un ramalazo de culpabilidad.
- Hace muchos años – la profesora Mc Gonagall acaparó toda su atención con su voz adoctrinadora – escuché de boca de otro hombre prácticamente las mismas palabras que ha pronunciado Harry hoy contra el Wicengamot. Aquel hombre luchó por lo que creía correcto y Harry está haciendo exactamente lo mismo. En cierto modo, la historia se repite. – se perdió en sus recuerdos durante unos segundos, ajena a la expectación que acababa de crear con sus palabras – Creo que sé dónde está.
- Yo voy a buscarlo con usted – se apresuró Ginny a confirmar.
- No, pequeña – puso su mano derecha en el brazo de ella - Yo sé perfectamente cómo afrontar esta situación, pues ya la he vivido antes. Además, hay algo que debo solucionar. Tú espérale aquí para ofrecerle todo tu amor incondicional cuando regrese.
- ¿Qué quiere decir con eso? He dicho que voy en su busca y voy – le aseguró la pelirroja, más asustada por momentos.
- Ginny, todos vosotros, escuchadme y permitid a la profesora que vaya sola en busca de Harry – casi les rogó Arthur con una sonrisa cariñosa, lo que finalmente acalló la inminente réplica de su hija – Hacedlo y no os arrepentiréis.
- ¡Pero todos somos sus amigos! ¡Tiene que saber que le apoyamos! – objetó Nadia decidida.
- Ya habrá tiempo para eso – aseguró Arthur con paciencia.
Todos los jóvenes de la sala le miraron sin comprender pero accedieron finalmente a escuchar la voz de la experiencia.
- Cuando lo encuentre, dígale que… - pidió Ginny a la profesora, pero esta no le dejó terminar.
- Lo sabe, joven, lo sabe.
Dicho esto, Minerva fue en busca de su chaqueta y, a punto de marcharse, Arthur la detuvo del brazo, preguntándole suavemente:
- ¿Estás segura de lo que vas a hacer?
Ella asintió, decidida.
- Siento que ha llegado el momento, Arthur. Harry debe saber por qué en parte, él es el elegido.
Él asintió también, despidiéndola con una sonrisa amable. Al volver junto a los jóvenes, el Sr. Weasley les sorprendió con estas palabras.
- Me ha parecido una propuesta muy interesante la que has hecho, Nynphadora. – Arthur se dirigió a ella con una sonrisa – "La orden del fénix" reunida de nuevo… Sí, señor, lo es. Es una buena propuesta. Ya va siendo hora de que la consideremos.
Un sentimiento de añoranza, tristeza, pero también esperanza y valor se adueñó de los corazones de los allí presentes.
&&&&&&&
La profesora Mc Gonagall halló el cuarto sin problemas, señal inequívoca de que a la persona a la que necesitaba ver la encontraría allí. Al entrar deseó un cuarto tranquilo, acogedor, con un ambiente propicio para la charla tan difícil que iba a mantener con Harry. Pero en cambio, lo que halló la dejó perpleja: de tan tranquilo que se presentó el cuarto, estaba completamente vacío. Tan sólo al fondo de un blanco inmaculado que lo envolvía todo, un hombre miraba a través de una ventana, ensimismado. ¿Desde cuándo aquella habitación tenía una ventana? Se descubrió preguntándose a sí, misma, tras lo que desechó la idea negando levemente con la cabeza. Lentamente pero con decisión, caminó hacia el hombre hasta detenerse junto a él. Algo en su postura y su semblante la alertaron de que no se encontraba bien. Pero él continuó observando un hermoso paisaje montañoso a través de los prístinos cristales.
- La "Sala de los menesteres" – afirmó ella, haciendo ver que con tan sólo esas cuatro palabras todo quedaba explicado.
- La "Sala de los menesteres" – confirmó él con una sonrisa melancólica, aunque no habría sido necesario hacerlo.
- Todos temían que te hubieses marchado para presentar batalla al Wicengamot, pero yo tenía la corazonada de que sólo aquí te iba a encontrar.
- Usted siempre ha sido muy intuitiva conmigo – respondió él en tono cortante, aunque inmediatamente después se arrepintió de ello y sus siguientes palabras adoptaron un aire conciliador, aunque cansado – Mi primera reacción fue convocar el Wicengamot para decirles bien clarito a dónde pensaba mandarles, pero me di cuenta de que me sentía demasiado nervioso y de que quizá me daría el gusto de partir un par de caras si me provocaban, algo que me habría quitado la razón inmediatamente tan sólo por emplear la violencia. Así que me vine aquí en busca de soledad para intentar calmarme lo suficiente como para presentarme ante ellos enarbolando solamente la razón.
- Y tu enfermedad… - se atrevió a decir ella señalando con la mano su cerúleo semblante – Has de cuidarte, Harry, hazlo por todos los que te queremos. – Él le sonrió con amargura.
Un silencio de tregua se instaló cómodamente entre ellos hasta que la profesora se decidió a hablar.
- Harry… debes aceptar tu cometido con los niños, como director de Hogwarts que has decidido ser.
- ¿Usted también se ha aliado con ellos en esa locura? – se giró hacia ella acusadoramente, mirándola casi con desprecio.
- ¡Muchachito! – ella le señaló con su dedo índice, huesudo y envejecido - ¡Yo no soy uno de tus amigotes, ni siquiera uno de tus aurores, a quienes puedes hablar sin respeto! ¡Casi te he visto nacer! ¡Así que ya puedes ir dejando ese tono conmigo!
- Lo siento, pero si ha venido tan sólo para que tome un camino en contra de mí mismo, no tengo más que decirle – se reafirmó él, volviendo de nuevo su vista hacia la ventana.
- ¡Arrrrg!- se enervó ella perdiendo la paciencia - ¡Eres tan cabezota como tu abuelo paterno, que en paz descanse! ¡Y tan irritante también, cuando pretendes serlo!
Él se volvió para mirarla con aire de amarga suficiencia.
- Con esas palabras no va a conmoverme ni mucho ni poco. No conocí a ninguno de mis abuelos. No tengo familia, ¿recuerda? – adoptó un tono ofensivo que no hizo más que enfurecerla.
- Muchacho insolente, mereces que jamás te confiese la verdad – murmuró para sí, con enfado.
- Hágame el favor de marcharse, se lo ruego, - continuó ahora sin mirarla - y déjeme tener paz aunque sea durante unos minutos.
- ¿Paz, dices? ¡Tu abuelo no pudo tener paz! ¡Ni tu padre tampoco! ¡Ni tú la tendrás hasta que termines lo que ellos empezaron! ¡Acaba con los mortífagos de una vez por todas y no afrentes su recuerdo con una actitud tan egoísta!
- ¿Egoísta? – sus ojos chispearon, iracundos - ¡Se lo repito! ¡No sé nada de ninguno de mis abuelos! ¡Pero aún así, usted no tiene derecho a hablar de mi abuelo, ni de mi padre! ¡No es nada mío! ¡Usted no significa nada para mí! ¡Nada! – gritó él, harto de discutir.
Sus últimas palabras se clavaron en el corazón de su vieja profesora como dardos envenenados. Lentamente, ella se cubrió la cara con las manos y se dejó caer sentada al suelo, con aire de derrota. Harry, dándose cuenta de que había llevado su rabia demasiado lejos, pidió a la sala que hiciese aparecer un sofá donde poder acomodarla y, cogiéndola por los brazos con mimo, la ayudó a levantarse para sentarse ambos en él.
- Profesora, lo siento. Discúlpeme. No tengo derecho a hacerle blanco de mi furia. Usted no lo merece. Sé que ha venido tan sólo a ayudarme, como siempre hizo desde que entré en Hogwarts por primera vez.
- No – ella detuvo su disculpa con un gesto de su mano – Merezco lo que ha sucedido, Harry. Lo merezco por no haber sido capaz antes de descubrir toda la verdad. Quizá ahora ya sea demasiado tarde y lo único que consiga al hacerlo sea tu desprecio.
¿Mi desprecio? ¿La verdad? ¿Qué verdad? – la encaró él, de nuevo a la defensiva - ¡Yo siempre la he admirado!¡La he querido! ¿Qué verdad puede ser tan demoledora como para hallar desprecio de mí?
Ella lo miró fijamente, buscando en sus ojos la fortaleza que necesitaba para continuar.
- La verdad que no fui capaz de confesar a tu abuelo, el amor de mi vida, ni a tu padre, nuestro hijo, y que finalmente te confieso a ti, mi único nieto y descendiente – se descargó por fin, con los ojos anegados en lágrimas que se negaba a derramar. - ¿Por qué crees que siempre has sido mi debilidad, Harry? ¿Por qué crees que te quiero tanto?
Harry se puso en pie, apartándose de ella como si de pronto su contacto quemase con el fuego de mil soles.
- ¿No tengo ya suficiente con los problemas que me acosan? – la miró sin reconocerla - ¡Por Merlín! ¿Qué he hecho yo para merecer su crueldad? ¡Yo no soy su nieto! ¡Yo lo sé! ¡Usted lo sabe! ¡Todos lo saben! ¡Por favor, no me torture más!
- Mírame a los ojos, Harry – él hizo a regañadientes lo que ella le pidió - ¿Cuándo te he torturado yo? ¿Cuándo te he mentido?
- Nunca. Por eso me duele tanto que lo haga ahora. Si siente lástima por mí debido a mi enfermedad, no es necesario que se compadezca. Hace muchísimos años que asumí que mi única familia sería tan sólo la que yo crease al lado de Ginny, y hasta eso creí que me iba a ser negado. No estoy más necesitado ahora porque la vida se empeñe en ponérmelo difícil.
- ¡Escúchame! ¡Por favor! ¡No eres tú quien me da lástima, sino yo misma! ¡Esta vieja, que por cobarde negó al hombre que amaba y a sí misma el cariño de su hijo y de su nieto! ¡Mírame! – se mantuvo firme a pesar de sentirse deshecha por dentro.
Harry la observó fijamente durante lo que a ella le parecieron horas. Su asombro inicial se trocó en miedo, en incertidumbre, en dolor.
- Por todos los dioses – musitó – Me está diciendo la verdad…
- Te la estoy diciendo, Harry. Tu padre, James, era mi hijo. Lo entregué en adopción a sus padres en medio de un gran secreto que mis más allegados siempre sospecharon pero que jamás pudieron confirmar. Ni siquiera tu abuelo pudo saber la verdad. Tan sólo Arthur y Molly la conocen porque me encubrieron para hacerlo. Voy a explicarte el porqué, toda mi historia, para que comprendas mis motivos, aunque no espero que me perdones. Y en gran parte no eres tú quien debe hacerlo.
- Una abuela, tengo una abuela… - no era capaz de saber cómo se sentía entre toda una mezcla de miles de sensaciones que lo asfixiaban hasta casi no dejarle respirar.
Finalmente ordenó sus propios pensamientos hasta ser capaz de plantear la pregunta que aquella confesión tan increíble e inusitada había provocado.
- ¿Quién es mi abuelo? – preguntó por fin, sintiendo un frío nervioso que perló de sudor todo su cuerpo.
- Harry…
- ¿Quién?
- Albus Dumbledore – lanzó con el mismo efecto que una maldición imperdonable.
Harry se dejó caer en el banco junto a ella, conmocionado, ya sin saber qué camino tomar.
Comentarios de la autora:
Hola a todos. En primer lugar, os agradezco mucho a todos los que me habéis dejado reviews las felicitaciones de boda y las muestras de apoyo que me habéis dado. No sabéis cuánto echaba de menos publicar un capítulo y luego esperar vuestras reacciones. Es algo que me encanta, quizá una de las cosas que más me emocionan de escribir un fic. Muchísimas, muchísimas gracias a todos, de corazón.
Como veréis, el fic comienza resolviendo el asunto del álbum de fotos. En el capítulo anterior, quise dar ambigüedad al tema, tratando de haceros dudar entre si las fotos contenidas en el álbum serían de Ginny o de todas las demás conquistas de Harry. Pobre Ginny, eso le faltaría, con lo que está sufriendo por la enfermedad de su marido. Esta escena en concreto se la dedico a Jor que, como siempre, me adivinó las intenciones en cuanto leyó la primera parte al final del capítulo anterior.
Y también ha resuelto e porqué Minerva Mc Gonagall iba llorando por los rincones desde que se enteró de que Harry estaba enfermo, aunque le falta darle una buena explicación al pobre chico. Nada más y nada menos que nieto de Albus Dumbledore, con todo lo que él lo ha admirado siempre. Ya veremos cómo se lo toma. Desde luego, le dará mucho en qué pensar.
Y cómo no, avanza su enfermedad de forma imparable. Tal y como se desarrollan los acontecimientos y por la presión a la que se está viendo sometido últimamente, el futuro parece confabularse en su contra. Por supuesto, también ya veremos qué pasa.
Por cierto, he visto "Harry Potter y el misterio del príncipe". Muy entretenida si no has leído el libro. Si lo has hecho, te entran ganas de llorar. Aunque yo destaco la interpretación de Daniel Radcliffe. Para mí, este chico se está conviertiendo en un profesional. ¿Y el beso entre Harry y Ginny? Decepcionante, sin más. Los fans no merecemos que se nos trate tan mal. También he jugado al juego de consola basado en la película, en PS3. Muy corto pero entretenido. En la línea de los demás. Eso sí, la banda sonora no tiene desperdicio. Se especula con el regreso de Jhon Williams a la composición de la banda sonora de las últimas dos películas. Ojalá sea cierto porque este director convierte en una joya todo lo que toca.
Bueno, saludos para todos, y abrazos a discreción. Os adoro.
Rose.
