CAPITULO 21: La moraleja de las putas

Fueron una temporada muy interesante para la familia. Descanso del rey prosperaba.

Arcyth se había tomado muy en serio el regir sus territorios y había convocado a todos sus señores vasallos uno a uno para entrevistarlos y revisar sus dominios. Y les había dejado a todos y cada uno de ellos bien claro que el desentendimiento de sus predecesores había terminado.

Habían pagado la reconstrucción de varias de las aldeas, y algunos de los pueblos rivereños, e incluso habían sufragado la construcción de varios puertos fluviales que comunicaban Descanso con la Bahía del AguasNegras. Y con la ayuda de Gileno, habían construido una casa para el gremio de mercaderes, lo que había activado mucho el comercio en la región. Aun que decir que la habían construido seria inexacto. El edificio medio en ruinas de los antiguos astilleros estaba en el lugar perfecto junto al puerto y el mercado, así que Lord Arcyth mando a varias cuadrillas de obreros a adecentarlo y reconstruirlo para hacer una sede al gremio. Una iniciativa que fue más que bien acogida por los mercaderes que ahora tenían un lugar donde comerciar en aquel enclave tan interesante. Los astilleros fueron trasladados por orden de Lord Arcyth a la desembocadura del Rodeo, donde empezó a construir unas instalaciones que pudieran albergar grandes buques mercantes para traslado de mercancías e incluso naves de guerra si fuera necesario. En la propia ciudadela de Descanso del Rey, los astilleros fueron trasladados a una de las islas más pequeñas, donde a parte de una pequeña aldea no había nada. Ese astillero no pretendía ser grande, pero era un lugar bueno para poner una zona de construcción y reparación tanto de los barcoluengos como de las pequeñas chalupas de los pescadores. Y desde luego, un lugar idóneo para atracar y mantener las embarcaciones de recreo que se habían mandado restaurar. Cuando Arcyth descubrió que tenían barcoluengos de paseo se alegro. Pero se enfado muchísimo al descubrirlas en el atracadero y ver el estado tan lamentable en el que se encontraban. Era una de las muchísimas cosas que iban a cambiar.

El pescado en salazón y las frutas en conserva del Bosque del Rey, así como las barricas de miel de HiveHill estaban saliendo en grandes lotes para vender. Harlum había insistido en contratar a varios artistas locales, para que pintaran y encolaran grandes etiquetas muy vistosas y llamativas para pegarlas en cada paquete, cada barrica y cada tarro.

-Un truco de mercaderes que aprendí de un libro de la ciudadela- Dijo encogiéndose de hombros cuando sus hermanos le miraron extrañados por aquella extravagante idea- cuando vas a comprar, por el mismo precio, siempre escogerás el producto más llamativo o que te parezca de más calidad, y que ponga en letras bien grandes "procedente del bosque del rey" y tenga un precioso dibujo de un bosquecillo con coronas y esas cosas siempre llama la atención.

Incluso Harlum puso más de su parte, fabricando en grandes cantidades algunos de sus ungüentos y pócimas curativas. Y no de esas guarradas que vendían enfrascadas los mercachifles que iban de aldea en aldea. Eran medicinas efectivas si se usaban. E incluso contrato a varios escribas para que anotaran con su mejor letra etiquetas con un encabezado que ponía "forma de uso" con unas instrucciones detalladas. Sabía que la gran mayoría de gente no sabía leer, pero también sabía cómo funciona la mente humana: si parece bueno, los detalles tienen pinta de ser de calidad, y tiene cierto aire de profesionalidad, lo ansiaran. Así que "la Botica del Maestre Harlum" fue abierta al público.

Una pequeña tienda cerca de la casa del Gremio de mercaderes, donde una muchacha llamada Anaïs y un señor llamado Héctor de unos 40 años con un enorme mostacho gris se encargaban de vender los productos del maestre al público. Héctor no tenía muchas luces, y no era especialmente inteligente. Pero tenía el aspecto apropiado para un vendedor de medicinas: un hombre que quedaba imponente vestido de negro, entrado en años y con un rostro honesto de facciones serias. Anaïs era harina de otro costal. Era una jovencita inteligente y astuta que había aprendido a leer y a escribir rápido. Así que mientras Héctor escuchaba atentamente a sus "pacientes" y asentía con severidad, Anaïs prestaba atención, buscaba en los libritos que Harlum le había preparado cual era el tarro o frasco que necesitaba para lo que el cliente requería, y cuando Héctor le decía "tráeme la fórmula 32" o cualquier otra tontería por el estilo que no tenía ni el más remoto significado, Anaïs dócilmente le ponía en la mano un paquetito con el contenido correcto. Cuando lo que necesitaban no estaba entre sus remedios, o ni siquiera Anaïs encontraba lo que buscaban, o la situación escapaba a su conocimiento, Anaïs le decía al Sr Héctor que no quedaba lo que necesitaban. El paciente era instado a volver en un par de días, y ese era el momento en el que Anaïs hacia una visita a Descanso del Rey para hablar con Harlum sobre el caso.

Los remedios de "La Botica del Maestre Harlum" no tardaron en hacerse famosos en toda la región. En incluso eran comprados por mercaderes para revenderlos mas allá del mar Angosto y en otros mercados de los siete reinos. Fue toda una sorpresa para los Minkundis descubrir el dinero que se podía ganar con la salud de todos los que no se podían permitir ser tratados por un maestro como los siete mandaban.

No es que fueran a hacerse ricos con ese negocio. Y desde luego no era el negocio del siglo. Pero con lo que empezaron a ganar con la venta de los remedios de "La Botica" y los demás productos que habían sacado al mercado o que estaban favoreciendo para la venta en el gremio de mercaderes, los gastos de producción de la mina se cubrían casi íntegramente. Y eso si que daba dinero. O lo daría cuando las excavaciones empezaran a dar frutos. Pero las primeras prospecciones de la construcción de la mina habían dado con varias vetas de oro gruesas como brazos. Y eso si era prometedor. Muy prometedor.

Sarrah había invertido algo de tiempo en la remodelación de una granja. Un proyecto personal suyo. Hizo una proclama publica en todos los dominios anunciando que todos los huérfanos e hijos no deseados que fueran enviados a aquella propiedad. Había pedido permiso a Arcyth para añadir a esa granja una buena sección de tierra cultivable. E incluso había puesto un pequeño atracadero y varias barcas de pesca nuevas en las propiedades de la granja. Una granja enorme, con un anexo gigantesco con varias docenas de dormitorios. Por no mencionar un pequeño septo de madera que también había mandado construir allí, y unos baños públicos que daban al rio para que la higiene no fuera un problema.

Compro varias docenas de reses, ovejas, cabras y cinco decenas de gallinas para el anexo de la granja, e incluso puso un pequeño cuartelillo donde media docena de viejos soldados y guardas retirados de la guardia Minkundis volvieron a ser contratados para adiestrar a los mozos que apuntaran maneras como nuevos reclutas y fueran enviados a las guarniciones de la Casa Minkundis cuando estuvieran listos.

Sarrah había contratado a una familia de pescadores y un para familia de granjeros y ganaderos locales de confianza, que a cambio de una más que considerable reducción en sus impuestos y un salario considerable, debían cuidar y enseñar oficios a aquellos huérfanos. Y que si se quedaban sin espacio, se lo dijeran.

La propuesta de Lady Sarrah fue increíblemente bien acogida. Y la casa de huérfanos, aquella granja-escuela, no tardo en estar abarrotada y llena de vida. Y lo más curioso es que la iniciativa de la única hermana de la casa mostro ser una inversión más que notable, porque la casa de huérfanos era autosuficiente: cultivaban su propia comida, bebían su propia leche, vestían con la lana que ellos mismos tejían, hacían su propio jabón...tenían su propio ganado... e incluso podían vender los excedentes en el mercado cercano para sufragar los gastos de aquello que no podían conseguir. Lord Arcyth quedo tan impresionado que mando construir otra granja- escuela para huérfanos en las propiedades familiares en los dominios que tenían cerca de la desembocadura del Rodeo.

Lo más gracioso es que Harlum también participo: hacia listas de muchas de las hierbas y plantas que necesitaba para sus remedios y medicinas, y los niños de las granjas-escuelas los cultivaban, a cambio de una parte de los beneficios de la venta de los productos ya manufacturados por el maestre. Incluso mando a uno de sus lacayos a que dos veces por semana, fuera a la granja escuela a enseñar a leer y escribir a los niños que mostraran ser más inteligentes y aptos para el trabajo. El propio Harlum iba en persona a enseñar a esos niños las letras y los números. Aquella granja se convirtió en una especie de colegio. Sarrah también pasaba allí varias tardes a la semana enseñando a las niñas a bordar y coser, incluso les enseñaba algo de música y poesía. Lo que empezó siendo meramente una obra de caridad según el pueblo lo veía, se convirtió finalmente en una gran obra. Los Minkundis eran queridos por lo que hacían en la granja escuela. Pero ellos ya lo habían previsto. Eran adorados por el pueblo por ello. Los pabellones con los estandartes de la casa Minkundis aparecían como champiñones en todos los poblados y aldeas. Incluso muchos niños dejaban sus tareas durante algunas horas semanales en la granja-escuela para huérfanos, pese a que no eran huérfanos, para aprender letras y números y a bordar y poder estar un rato con aquellos nobles que habían tendido un puente con el pueblo llano y se relacionaban abiertamente con sus súbditos.

Muchos otros cambios fueron instaurados. Uno de esos cambios fue el hecho de que cualquiera podía pedir audiencia con Lord Arcyth o con su castellano para consultar o para hacer peticiones o conseguir justicia.

Eso junto al hecho de que Vadid había encabezado una serie de redadas en las aldeas de los bosques y en los escondites conocidos habían limpiado los bosques del rey y todos los territorios colindantes de bandoleros y ladrones de una manera más que eficiente.

Pero esa no fue la única aportación de Vadid. Cuando vio que todos tenían proyectos personales, el se propuso tener uno también. No tenía ni la paciencia ni la capacidad de dedicación de Sarrah, así que dejo de lado las obras de caridad típicas de las mujeres. NO tenía ni los conocimientos ni el talento de Harlum...así que no tenía ni la más remota idea de que negocio abrir por su cuenta, y no sabía que producir. Al no ser líder de casa, las grandes políticas a las que Arcyth se dedicaba se escapaban de sus posibilidades, y no habría sabido que hacer si algún día se hubiera visto en esa tesitura. Pero quería tener un proyecto propio. Y había algo de lo que si sabía.

Visito algunos comerciantes del rejo y se hizo con una cantidad considerable de buenas cosechas y caldos de los buenos. Así como licores de Essos e incluso vinos dornienses. Luego se dedico a recorrer todos los lupanares de la zona y a comprar a las mejores chicas que vio.

Si meñique pudo hacerlo, el también podía. Vadid empezó la construcción de un edificio. Una enorme casa de placer. Con unas termas justo en la entrada. E incluso amurallo una pequeña zona del bosque cercano para incluirla en los dominios de la casa de placer.

Y Vadid sonrió, porque sabía que todo aquello era muy bueno. Con la ayuda de varias costureras hizo un vestuario de lo más interesante tuvo en cuarentena a todas sus chicas una temporada mientras un par de soldados de confianza las adiestraban. Tenían que ponerse todas en forma. Y de paso, fueron tratadas y limpiadas por el único maestre en el que confiaba para la tarea: Harlum.

Las reglas de la casa de placer de Vadid eran sencillas: una buena sesión de termas y baños para entrar, pues los clientes debían estar limpios. Y lo que pasaba en aquella casa de placer, se quedaba allí dentro.

Pero lo más divertido era el bosquecillo. Y el uso que se le daba. Pues sus chicas mas atléticas se solían vestir con sus trajes especiales: conejitas, ciervas, gacelas, pavos reales... y corrían por el bosquecillo. Era un servicio especial: te follabas a la que podías cazar. Aun que habían reglas muy estrictas sobre el uso de los arcos y las flechas o las ballestas que proveía el burdel: unos especiales que tenían como punta no piezas de metal, si no unas bolas de cuero cubiertas con tela embadurnada en tinte, que dejaba tiznones de colores en las chicas sin hacerles daño. Y se cobraba por pieza.

También había conseguido una reserva enorme de aceites perfumados y valsamos exóticos. Era curioso el efecto relajante que tenía una muchachita bien guapa que te embadurnara en aceites mientras te masajeaba durante media hora. Aun que luego la cosa no acabara en un tórrido revolcón. Aun que podía ser así, si el cliente pagaba el precio.

Vadid sabia una o dos cosas sobre los placeres de la carne. Las lámparas de todo el local iban cargadas de esencia de jazmín e iban cubiertas con pantallas de tela pintada de amarillo. Lo que le daba a toda la estancia una agradable iluminación dorada.

Todas las chicas de Vadid se quedaban con un cuarto de lo que cobraba la casa por cada servicio que ofrecía, lo que les daba un incentivo más que interesante para que trabajaran con una radiante sonrisa. Por orden de su señor, tenían un día libre a la semana, y una vez al mes las visitaba un maestre que se aseguraba de que estuvieran limpias y sanas.

Y en ese local también había salones con juegos, donde apostar a las cartas o a los dados, o a juegos más exóticos. Incluso compro un par de burdeles en las zonas portuarias para uso y disfrute del pueblo llano.

Si a eso se le sumaba el hecho de que todos los proxenetas que maltrataban a sus putas aparecieron linchados con varios dientes saltados y todos ellos sintieron una necesidad imperiosa de abrir negocios lejos de Descanso del Rey, Vadid se había convertido de la noche a la mañana en un hombre muy popular entre todas las putas y mujeres de moral negociable. Extremadamente popular.

Arcyth, ni Sarrah, ni el propio Harlum supieron nunca como se las había apañado Vadid para en menos de un mes, ser el propietario directa o indirectamente de todos los burdeles y casas de lenocinio del territorio Minkundis. Eso por no decir que ponerle la mano encima a una puta sin haber acordado ese servicio y haber pagado por ello con el permiso de la puta en cuestión era una pésima idea. Todas las putas eran propiedad de Vadid Minkundis, y Vadid Minkundis era muy cuidadoso con sus propiedades. Odiaba que dañaran sus cosas. Y solía salirle muy caro al perpetrador.

Cuando uno de los septones fue a protestar por las aficiones y negocios de Lord Vadid a Lord Arcyth, el señor de Minkundis escucho con atención todas las indignadas palabras. Pero cuando el septon se cayó, Arcyth solo le miro en silencio largamente, hasta que aquel religioso se sintió incomodo.

-muchas mujeres no tienen más remedio que recurrir a la prostitución por necesidad. No he conocido a una sola puta en mi vida que haya recurrido a ese oficio por placer. De hecho, apostaría a que pocas veces las putas disfrutan de su trabajo, mi señor Septon. Y aun así, son ciudadanas de mis territorios, son mis vasallas y mis súbditas. Y están bajo mi protección del mismo modo que mis banderizos, mis tropas y mis sirvientes. Ellas hacen una función, cumplen un papel, y cobran por su trabajo.

-¡Pero es inmoral!

-No es inmoral el que vende un servicio si no el que lo compra.- Espeto Lord Arcyth de forma indiferente- Si los hombres no quisieran putas, y si no estuvieran dispuestos a pagar por los servicios que ellas ofrecen, las mujeres no se venderían. Dejad de acosar a las empleadas de mi hermano y dedicaos a sermonear a los hombres que las contratan.

Pero pese a la indignación de los septones mas puritanos, hasta las mujeres de los hombres más puteros de la región estaban satisfechas con el cambio, pues los casos de sífilis, las infecciones de ladillas y los picores por hongos genitales habían descendido considerablemente desde que Vadid se había puesto al cargo de la prostitución en la zona,

-Mira tú por dónde, Vadid se ha convertido en un pilar de la comunidad en cuanto a la sanidad pública y la higiene...-Se rio Harlum

-Ya me conoces, estoy siempre tan volcado por el pueblo...-Vadid sonrió radiante.

-Estar volcado por el pueblo y revolcarse con las pueblerinas son cosas diferentes, lo sabías, ¿verdad?- Harlum no pudo más que estallar en carcajadas.

-No sé a qué te refieres...-Vadid le guiño un ojo y sonrió radiante.

Hasta que un buen día, recibieron un cuervo. Era de Ser Casimiro Flor de Lys.

-Acepta nuestra invitación de pasar una temporada aquí...-Comento Arcyth durante la cena, informando a sus hermanos de la carta recibida.

-Bienvenido sea, entonces...-Sarrah sonrió- Hacer amigos en el valle podría venirnos bien. Los Dayne de Campoestrella también quieren venir.

-Las cosas empiezan a moverse, entonces- Harlum disecciono su comida como era habitual en él antes de comérsela. Parecía incapaz de comer nada que no hubiera despedazado meticulosamente para ver que había dentro.

Los cuatro hermanos se miraron. Todos sonrieron asintiendo.

-Que empiece el espectáculo...-Canturreo Vadid llenándose la boca de venado asado y mascándolo con dedicación. Ahora Descanso del Rey era plenamente Minkundis. Y era un apellido que estaba en boca de toda la región. Iba siendo hora de que ese nombre estuviera en boca de todo el reino. O de los siete.

Pero los hermanos debían ir paso a paso. Cada cosa a su tiempo...pero los tiempos de preparativos estaban terminando. Era hora de jugar a lo grande. Las practicas a pequeña escala, habían terminado.