Los personajes son de J. K. Rowling, y es una Adaptación del libro Un Amor Prohibido - de la Autora Jordan Nicole perdón la trama es una adaptación sin fines de lucro y sin ofender a nadie es solo por diversión.

Capítulo 20:

Tres mañanas después, Harry estaba a punto de salir de casa en dirección a una reunión urgente con lord Chancellor cuando Gabrielle volvió a aparecer en su puerta con la evidente intención de reprenderlo.

—Estoy muy enfadada contigo, querido primo —le anunció sin molestarse siquiera en saludarlo—. Harry está muy triste, y todo es culpa tuya.

Harry no aceptó la culpabilidad en seguida, porque él también podría haber anunciado lo triste que estaba. Prefirió invitar a su prima a pasar, y se resignó a mantener una conversación con ella.

— ¿Ya sabes que Ginny se ha negado a regresar a casa de la señora Prewett y que está viviendo conmigo? —le preguntó Gabrielle en cuanto Harry cerró la puerta principal y dejó que el lacayo del vestíbulo se retirara.

—Sí, lo sé.

—Bien. Lo que quizá no sepas es que está librando una valiente guerra contra sus padres. Y he pensado que te gustaría saber cómo va la cosa.

Él aguzó la mirada.

—Claro que sí. ¿Qué ha hecho?

—Primero quiero saber qué clase de dolencia se ha apoderado de tu cerebro. Ginny cree que has abandonado la lucha porque no la amas lo suficiente, o incluso nada en absoluto.

Harry reprimió un sonido burlón.

—Si no la amara no estaría anteponiendo su bienestar a mis deseos.

Gabrielle no estaba satisfecha.

— ¿Y qué diablos te propones? Si estás intentando salvarla del escándalo, te garantizo que éste no es el mejor momento para desarrollar un desmesurado sentido del honor.

—Esto no tiene nada que ver con el escándalo ni con el honor. No estoy dispuesto a obligarla a elegir entre sus padres y yo. Quiero priorizar su felicidad.

—Me apuesto lo que quieras a que Ginny diría que tú eres su felicidad —insistió Gabrielle—. Ella te ama, Harry.

Él se pasó la mano por el pelo mientras su corazón peleaba contra una repentina oleada de sentimientos.

—Cuéntame lo que está pasando con sus padres.

Gabrielle se olvidó de su enfado el tiempo suficiente como para resumirle la situación.

—En un primer momento, después de que ella rompió su compromiso con Malfoy, estaban muy angustiados; pero Ginny cree que su estrategia de quedarse a vivir conmigo está empezando a dar fruto. Cuando su padre vino a verla ayer, parecía ansioso por recuperarla, quizá hasta frenético. Le recordó el frágil estado de salud de su madre y trató de hacerle chantaje emocional explicándole que la señora Weasley no podría soportar perder a la única hija que le quedaba. Ginny le dijo que no la perderían si aceptaban que te convirtieras en su marido.

—Me sorprende que se mantuviera tan firme.

—Pues a mí no me sorprende. Ella está convencida de que su madre se encuentra en el mejor momento desde que murió su hermano. La señora Weasley ha ido recuperando el ánimo este verano y ahora es más capaz de afrontar las decepciones. Deberías haber oído cómo Ginny le contestó a su padre, Harry: «Eres muy libre de repudiarme si quieres, papá. Os perdería a ti y a mamá, pero encontraría una familia maravillosa en lord Harry y sus primos».

Gabrielle le lanzó una mirada penetrante.

—Ginny cree que tú la necesitas más que sus padres.

Él pensó que era cierto.

— ¿Y cómo reaccionó Weasley a su declaración?

— ¡Oh!, al principio estuvo gritando y maldiciendo durante un buen rato. Ginny le contestó que quería hablar con su madre directamente antes de acceder a regresar a casa.

Harry esbozó una leve sonrisa cuando imaginó a Ginny desafiando a su padre. Por fin, había liberado a la rebelde que él sabía que anidaba en su interior. Sin duda, le costaría mucho más enfrentarse a su madre.

Cuando se lo dijo a Gabrielle, su prima negó con la cabeza.

—El amor ha cambiado a Ginny, Harry. Ahora está dispuesta a luchar por ti, incluso aunque eso signifique tener que enfrentarse a sus padres. Y tú deberías hacer lo mismo por ella.

Harry empezó a contestar, pero ella levantó una mano.

—Quiero que Ginny se convierta en mi nueva prima, pero lo más importante es que tú necesitas que sea tu esposa. No puedes negar que es tu pareja ideal.

—No, no puedo.

—Entonces ¡¿por qué diablos has tirado la toalla?!

—Yo no he tirado la toalla. Estoy intentando poner en práctica otra táctica.

— ¿Qué táctica?

—Aún no te lo puedo decir.

Gabrielle casi da una patada en el suelo.

—A veces eres exasperante. Me das ganas de ponerme a gritar.

Harry se puso serio.

—Siento ser tan misterioso, querida. Pero no quiero darle falsas esperanzas a Ginny hasta que esté seguro de que mi plan funcionará.

— ¿Qué plan?

—Vete a casa, Gabrielle. Y dile a Ginny que la quiero.

Ella esbozó una oscura sonrisa.

—Deberías decírselo tú mismo.

Harry pensó que eso era imposible. Para empezar, no quería dar esperanzas a Ginny. Y en segundo lugar, no podía soportar la idea de acercarse a ella y no poder tocarla, besarla y hacerle el amor. Era mucho mejor para los dos que se mantuvieran alejados hasta que él tuviera más opciones de convencer a su padre.

Harry le abrió la puerta a su prima sin responder.

—Espero que sepas lo que estás haciendo —murmuró Gabrielle mientras salía.

—Yo también —dijo Harry en voz baja—. Créeme, yo también.

Harry recibió otra sorprendente noticia aquel día, esa vez de los labios de Quinn: el príncipe James de Villas había ido a Londres para que lo viera el doctor Otto Geary, cuyo tratamiento de veteranos heridos era un tanto heterodoxo, pero había demostrado ser altamente eficaz.

Cuando Harry fue a ver a su padre al hotel en el que se había alojado, descubrió que el príncipe parecía más enfermo de lo que lo estaba en Navartania la semana anterior. Era evidente que el viaje había sido muy duro para él, pero, aun así, había conseguido levantarse de la cama y vestirse con elegancia.

— ¿Así que al final has decidido confiar en los médicos británicos? —le preguntó Harry tras el intercambio de saludos inicial.

Su padre, pese al dolor, logró esbozar una sonrisa.

—Oui. Tu primo, lord Traherne, está convencido de que me pueden ayudar. Y cuanto más lo retrase más me debilitaré. Y he decidido que ahora que por fin he conseguido reencontrarme con mi hijo, no me quiero morir.

Harry reprimió una respuesta emocional y se limitó a contestar:

—Deberías haberme informado de que venías. Te hubiera invitado a quedarte conmigo en lugar de dejar que te alojaras en un hotel.

—Tuve miedo de..., ¿cómo lo decís?, tentar a la suerte. Además, el señor Geary me va a examinar mañana, y si me tiene que operar, es muy probable que pase un tiempo en el hospital.

—Si quieres, puedes recuperarte de la cirugía en mi casa.

—Merci. Te lo agradecería mucho, Harry. Tu oferta significa más de lo que soy capaz de expresar.

Harry se dio cuenta de que ya no sentía hacia él la misma animadversión que antes y quiso atribuir el mérito a quien lo merecía.

—Es a la señorita Weasley a quien tienes que agradecerle mi cambio de opinión. Está ansiosa por ver cómo dejamos las diferencias en el pasado.

— ¿Cómo va tu cortejo?

Harry hizo una mueca.

—En este momento, estamos en un punto muerto.

El joven le resumió la insistente oposición del padre de Ginny y le explicó que él se negaba a dejar que ella se separara de sus padres.

—Mi madre estaba sola cuando murió... No pienso dejar que la señorita Weasley se tenga que enfrentar sola al mundo. Y tampoco estoy dispuesto a permitir que la repudien las personas a las que más quiere. Ha abandonado su casa como protesta por la actitud de su padre y está viviendo con mi prima, lady Gabrielle.

El príncipe James sonrió.

—Lily también habría protestado de la misma forma. —El hombre se quedó en silencio un momento antes de repetir algo que ya le había dicho—. Harry, hablaba muy en serio cuando te dije que yo amaba mucho a tu madre, pero fui débil y cobarde. Debería haber luchado por el derecho a casarme con ella.

Harry carraspeó y se esforzó por acallar un resurgimiento de su ira. A fin de cuentas, el hecho de que supiera que debía ir tras Ginny se debía, en parte, a la cobardía que su padre había demostrado en el pasado. Había muy poca diferencia entre lo que el príncipe James había sido incapaz de hacer por Lily y lo que Harry estaba dispuesto a hacer por Ginny. El amor que sentía había potenciado sus instintos protectores, y estaba decidido a actuar del modo que fuera mejor para ella.

Su perspectiva como adulto también era distinta a la que había tenido de niño. De joven no había entendido los sacrificios que había hecho su madre para seguir los dictados de su corazón ni los motivos por los que lo había abandonado todo para estar con el príncipe. Pero ahora sí que lo comprendía. Y estaba preparado para hacer lo mismo por Ginny.

Harry habría contestado, pero su padre seguía recordando:

—Espero que tomes un camino distinto al mío, Harry. Mi matrimonio no fue feliz. Nuestra unión no fue amarga, pero entre mi mujer y yo no había felicidad, ni amor, ni pasión. Me gustaría que tú pudieras disfrutar de la clase de amor que yo compartí con tu madre. Vraiment. En realidad, el motivo principal por el que he venido a Inglaterra es para darte un aplazamiento. He reflexionado mucho sobre la elección a la que te enfrentas. No deberías sentirte obligado a convertirte en mi heredero ni a vivir en mi país.

Harry sintió una intensa punzada en el pecho.

— ¿Me liberarías de nuestro acuerdo?

—Oui. El único motivo por el que aceptaste mi oferta fue para convencer al padre de Ginny, ¿verdad?

—Sí.

—Siempre tendrás el derecho legítimo a reclamar el título de príncipe, gobiernes o no el país.

Harry sintió cómo disminuía la tirantez en su interior, como si le hubieran quitado un peso de encima, y en realidad era así.

—Te estaría agradecido si me evitaras la responsabilidad. Y tu país estará mejor en otras manos. ¿Dijiste que el trono pasaría a un pariente lejano? Te guste más o menos, estoy seguro de que un ciudadano de Navartania será mejor gobernante que yo. Yo soy un extranjero ajeno a vuestras costumbres y a tu pueblo.

—Es posible. —El príncipe James suspiró—. Ya me he resignado a la idea de que sea Louis quien herede mi corona. Como ya te dije, me preocupas más tú que la sucesión. Quizá si no te ves obligado a vivir alejado de tu familia de Inglaterra, los padres de la señorita Weasley se muestren más dispuestos a aceptarte.

—Eso podría ayudarme a convencerlos. Estoy seguro de que no querrán que su hija se vaya tan lejos.

— ¿Qué más puedo hacer para ayudarte, Harry?

En seguida se dio cuenta de que el príncipe hablaba muy en serio. Él no quería nada de su padre, pero consiguió responderle con diplomacia.

—Gracias, pero creo que podré arreglármelas solo.

— ¿Qué hay de las tierras y la fortuna? Tengo numerosas propiedades en Navartania y otras tantas en el sur de Francia. Yo podría obsequiar a tu prometida con una de mis propiedades a modo de dote, o asignar una a sus padres como acuerdo prematrimonial.

—Eres muy generoso, alteza.

El príncipe se encogió de hombros.

—Si yo hubiera ejercido de padre contigo, todas mis tierras te pertenecerían. Puedes hacer con ellas lo que más te plazca, incluso regalárselas al señor Weasley.

—Estoy seguro de que agradecería la generosidad, pero me temo que eso no bastaría para ganarme su apoyo.

—Quizá podría crear un título para él en Navartania.

Harry negó con la cabeza.

—Weasley siente un gran rechazo por todo lo foráneo, pero el rango es muy importante para él. Aún sigue enfadado por haber perdido los derechos sobre el título de su abuelo. La baronía lo habría hecho pertenecer a la nobleza. Es posible que no logre elevar a Weasley al rango de noble, pero estoy intentando conseguirle la dignidad de baronet o un nombramiento de caballero.

El príncipe arqueó una ceja.

— ¿En Inglaterra se pueden comprar los títulos?

Harry esbozó media sonrisa.

—Todo tiene un precio. Nuestro príncipe regente es un derrochador y siempre anda corto de fondos. Suele dejarse sobornar. Oficialmente, yo expediré una petición a la Corona a través de lord Chancellor. Extraoficialmente, le ofreceré un préstamo que, por supuesto, nunca me devolverá.

El hombre parecía pensativo.

—Eso podría resolver tu problema.

—Eso espero. Desde que regresé a Londres no he dejado de trabajar como un esclavo para tratar de elevar el rango de Weasley.

Su padre asintió con aire comprensivo.

—Debería haber imaginado qué harías algo. Me di cuenta de que amabas a la señorita Weasley en cuanto te vi con ella.

A Harry casi se le escapa una sonrisa. Lo cierto era que entonces ni siquiera él era consciente del amor que sentía por ella.

— ¿Tan evidente era?

—La verdad es que sí. No podía ni imaginar que fueras capaz de dejar escapar a tu amor.

—No —reconoció Harry.

Ginny era su otra mitad, y él movería cielo y tierra para estar con ella, incluso a pesar de lo mucho que le había costado reconocer sus verdaderos sentimientos.

—El rechazo de Weasley es otro revés, pero al final conseguiré salirme con la mía. No me importa cuánto me cueste.

—A fin de cuentas eres hijo de tu madre. Si me permites la indiscreción..., ¿cuál es la suma de dinero requerida para ese soborno?

—Es considerable. Quizá suba un poco más de diez mil libras.

— ¿Me permitirías, por lo menos, que contribuyera con esa cantidad de dinero?

Harry vaciló, pero al ver la sincera expresión en el rostro de su padre, se ablandó.

—Si eso es lo que quieres... Te aseguro que tus fondos contribuirán a una buena causa.

—Lo sé. Podrían acabar dándome nietos.

El príncipe James se rio suavemente de su propia ocurrencia, aunque lo lamentó inmediatamente, a juzgar por la forma en que se agarró el costado herido.

A Harry le asaltó una preocupación inesperada.

—Me alegro de que mañana te examinen, alteza. Y si los dos tenemos suerte, quizá puedas vivir para ver a tus nietos.

Harry se dio perfecta cuenta de lo sorprendente que resultaba ese sentimiento en él, y negó con la cabeza, pensando en el increíble cambio de actitud que había experimentado con respecto a su padre.