Capítulo beteado por Pulpi Mortensen, Beta EFF.
www facebook com /groups /elite . fanfiction/
Los personajes no me pertenecen, solo la trama es mía.
Advertencia por temas para adultos.
Y cuál fue mi sorpresa al entrar en la habitación y ver a mi niño hermoso recostado en mi cama. Sus manos estaban debajo de su cabeza causando que su camisa se levantara dejando a la vista parte de su torso. Su pecho estaba marcado a la camiseta.
En ese momento me quedé sin aliento. La imagen que veía era tan irreal. Él era tan sexy... En estos momentos era tan comestible. Ese pensamiento hizo que me sonrojara pareciendo mi cara un farolillo de Navidad. Una sonrisa devastadora adornó su rostro haciendo que como resorte bajara mi mirada. Me daba mucha pena. Sentir todo esto en mi interior después de tanto tiempo hacía que pareciese un poquito normal. Dejando atrás un pelín todo ese pasado de oscuridad. Le volví a mirar pero lo hice entre mis pestañas mientras me mordía el labio inferior. Él me hizo una señal con el dedo, invitándome a ir a su lado. Media hipnotizada seguí su indicación. Me senté en la cama pero él me arrastró a su lado antes de siquiera llegar a sentarme. Lo que me hizo sonreír. Me recostó en su pecho abrazándome muy fuerte. Se aferraba a mí como si la vida se le fuese en ello. Dejaba suaves besos sobre mi cabello. No entendía qué le pasaba.
Teníamos que hablar, pero no me sentía con valor para afrontar nada. Sólo quería estar así abrazada a él, sin preocupaciones. Será que en algún momento podemos estar sin disputas de ningún tipo, aunque lo que más duele es que todo se remita a mi pasado. Necesitaba dejarlo atrás para poder formar mi presente y futuro con él. Pero no sabía cómo hacerlo.
No nos podíamos pasar toda la tarde así. No nos llevaría a ningún sitio. Podría jurar que Edward quería que saliese de mí el hablarlo. Él nunca me presionaba. Dejé un beso en su pecho haciendo que se estremeciese. Sonreí ante su reacción. Lo miré como boba, era como si viese el sol por primera vez en la vida. Pronto sentí como su mano delineaba mis rasgos. Sus suaves caricias hacían estragos en mi piel, erizándola y estremeciéndola. Un calor se empezó a instalar en mis mejillas haciendo que sintiese como mi sangre ardía... pareciendo la lava de un volcán en erupción. Mi corazón latía muy rápido. Pum, pum, pum. Podría jurar que hasta él lo podía oírlo.
—Siento lo de ayer —dije tristemente.
—Eso ya lo sé, estoy cansado de oír disculpas. Más bien quiero saber por qué reaccionaste de ese modo —susurró en un tono neutral mientras jugaba con la piel de mi cara.
Un suspiro salió de entre mis labios. No quería decirle eso porque sabía que le dolería. Joder, ¿desde cuando me importa si lo que pienso o hago ocasiona daño? Con mucho dolor me preparé mentalmente para contarle lo que supuso que me sacara de esa habitación.
—Cuando me dijiste que me fuese del cuarto de Alice sentía como si me estuviesen desechando, como si fuera una extraña en un lugar al que no pertenecía. Era como si algún modo me volviesen a tirar junto aquellos contenedores de basura —musité intentando contener las lágrimas que se habían formado en mis ojos. Pero mi desgracia fue cuando al levantar el rostro veo como unas lagrimitas descienden por el rostro de mi bebé.
No. Él no puede llorar. Los ángeles no pueden hacer tal cosa.
Desesperada y con las manos temblorosas limpio el rastro que ha dejado esa lágrima en el rostro de mi novio. "No llores mi niño, por favor no lo hagas que no soy capaz de soportar el hecho de que te esté haciendo daño". Riego su rostro de pequeños besos que resultan ser el roce de mis labios con la suave y delicada piel de su rostro. Rodeó su cuerpo con mis brazos y piernas en un intento de protegerlo del dolor que me tiene trastornada. Él igualmente me abraza pegándome más a su cuerpo como si eso fuera realmente posible. Cada pulgada de su cuerpo estaba pegada a mi cuerpo. Hundí mi cabeza en su cuello y le daba tiernos besitos en la zona. En seguida noté como él imitaba mi acción. Sus besos comenzaron siendo pequeños roces pero ahora eran un tanto húmedos y calientes. Dios, este hombre me quiere matar. Las sensaciones que mi cuerpo estaba sintiendo eran tan exquisitas que provocaba que pequeños gemiditos de placer saliesen de entre mis labios. Se sentía tan bien. Tanto calor que provocaban esos delicados y suaves labios. ¿Qué me estaba haciendo? Me va a matar, pero, por una extraña razón, no era capaz de decirle que parase.
Un sonoro carraspeo ¿intencionado? ocasionó que nos separáramos de forma muy abrupta.
Una sonora carcajada de la estúpida más grande del planeta. Sí, Alice, ¿quién más podría ser? ¿Por qué no entendía de una maldita vez que no quiero que entre a mi cuarto sin llamar antes? Maldita estúpida. ¿Cómo se le ocurre interrumpir cuando mi niño y yo la estábamos pasándola tan bien? De verdad, en estos momentos la odio...
—Nena, no me mires de ese modo que das miedito, por cierto que sepas que toque la puerta. Si no estuvieras tan ocupada haciendo cochinadas con tu novio, te hubieras dado cuenta de ello —afirmó de la forma más petulante haciendo que me sonrojara. Desde cuando Alice era tan antipática.
—¿Qué quieres? —pregunté directa al grano.
—Pues como vez te traigo esto para que comas, suerte tuviste de que fuese yo quien te lo trajese y no mi adorable e inocente madre —dramatizó Alice con una sonrisa de lo más burlesca. A la cabrona le divertía todo esto. Dejó sobre la cama la bandeja con unos sándwiches y un zumo de naranja y se fue. Para mi suerte no hizo ningún otro comentario. Arrugando el entrecejo bastante molesta con sus comentarios inoportunos y su presencia cuando mejor estaba la cosa. Gateé hasta bandeja, cogí un sándwich y comencé a comer con toda la mala leche que tenía en el cuerpo.
Una sonora carcajada se oyó detrás de mí. Ese fue el sonido más dulce y bonito que he escuchado nunca.
—Te he dicho hoy que te quiero —susurró una voz muy cerca de mi cuello mientras unas manos rodeaban mi abdomen, de forma que su torneado pecho se ceñía a mi espalda.
—No recuerdo que lo hayas hecho —murmuré siguiendo su sutil juego.
—Te quiero mucho, Bella, no sabes cuánto. Necesito que me prometas que no volverá a pasar, que no te agredirás a ti misma nuevamente —admitió emocionado pero notaba como estaba un tanto afligido con sus últimas palabras.
—Te lo prometo, lindo —dije girando mi cara y diciéndole esas palabras mirándole a los ojos.
Me sonrió traviesamente. Algo tramaba mi loquito hermoso.
Suaves besos volvieron a recorrer mi cuello.
—Edward —suspiré con voz entrecortada por sus caricias.
—¿Qué pasa, mi niña? —me preguntó haciéndose el inocente.
—Te quiero, pero ¿qué me estás haciendo? —confesé sin ser muy consciente de lo que mi boca decía.
—Adorarte, cariño, ¿no te gusta? —me cuestionó con voz de inocente como si él no lo supiese.
—Me encanta, nene... Se siente tan rico —admití sin pensar para luego sonrojarme.
Él rió levemente.
—Tú también me hiciste sentir rico antes —reconoció sentándome ahorcajadas sobre sus muslos. Bajé la mirada intimidada por su mirada y sus palabras.
Sus delicados dedos levantaron mi rostro. Sus labios se unieron a los míos en un beso suave y tranquilo dónde nos fusionábamos en una sola alma. Nada importaba más que rozarnos, tocarnos, acariciarnos. Nuestras lenguas hacían pericias para conocer cada detalle de la boca del otro, de modo que la esencia de cada uno quedara a la vista. Sin nada que esconder. Pronto el beso se tornó más pasional, húmedo, caliente haciendo que respirar fuese todo un reto. Sentía mi cuerpo hirviendo, como si de una cazuela en estado de ebullición se tratara. Me encontraba desesperada... me costaba estarme quieta sobre su cuerpo. Mis manos hacía mucho que volaron hacia su cabello para acercarlo más a mí, acción que Edward imitó. Parecíamos dos imanes que se atraían y que eran imposibles de despegar. Como si su único cometido era estar juntos por siempre. No había ninguna pulgada entre su cuerpo y el mío. Sentía cierta humedad en mi intimidad y era un tanto incómodo pues me generaba mucha ansiedad, más bien era necesidad e intentado calmarla me acerque más a mi chico pero algo duro rozó mi... Di un brinco para atrás y me despegué de él. ¿Qué había sido eso? Notaba mis partes íntimas latir de forma dolorosa. Acaso lo que sentía había sido su...
Dios, esto se había salido de control pero si sólo fue un beso. Edward se encontraba jadeando y ahí me di cuenta de que yo me encontraba en el mismo estado que él. Nuestras respiraciones se iban calmando. Caí en la cuenta de que sus ojos estaban oscurecidos llegando a ser un marrón verde muy intenso, pero lejos de darme miedo me gustó, en ellos no había otra cosa que adoración. Me deseaba, sí, pero no se parecía en nada a esa mirada turbia, sucia que sentí sobre mi cuerpo ese día. Ese día era un trozo de carne de la cual se alimentaron. Él me ama, me adora y está muy lejos de ser el monstruo ese que me poseyó sin importarle nada.
—Amor, discúlpame, he perdido un poco el control. No te angusties ¿sí? —me dijo él con voz suave, creo que piensa que le tengo miedo. Pero eso era imposible, no le puedo temer a mi ángel, a mi sol.
Le sonreí abiertamente. Le quiero tanto. Me ojos se llenaban de lágrimas al ver como siempre anteponía mi bienestar y mis deseos a los de él con tal de verme feliz y contenta.
—Te quiero mucho, ni yo misma sé cuanto es ese mucho. Necesito tiempo para dar este paso. Quiero hacer las cosas bien, mi niño, es lo menos que te mereces. ¿Puedes esperarme? —le pedí con lágrimas en los ojos que se desbordaban de la emoción.
—Claro, nena, te espero lo que sea necesario, pero no me prives de tus besos —prometió feliz con los ojos brillante.
—Nunca —aseveré acercándome a él y dejando un suave y tierno pico sobre sus labios.
Nos levantamos de la cama lentamente y bajamos. Ya me podía imaginar los comentarios de mi tío si llega a saber que estuvimos juntos en mi dormitorio. Ése me dejaría en vergüenza de por vida.
Vimos una peli, la cual no sé ni de qué trataba, pues estaba más pendiente de los suaves dedos de Edward jugando con mi cabello. Recosté mi cabeza en su pecho disfrutando de sus dulces caricias. No sé cómo ocurrió que Morfeo me arrulló a su mundo.
Dos meses después.
"Feliz aniversario, mi amor".
Ese fue el WhatsApp que me despertó en la mañana y que me hizo sonreír como bobita. Hoy hacía dos meses desde que me pidió en esa playa hermosa que sea su novia. Dos meses muy lindos. Sólo el hecho de pensar en mi chico me hacía suspirar... tan atento y comprensivo. Todo no había sido de color de rosa. Teníamos muchas disputas, pero luego de hablarlo y arreglarlo, un par de buenos besos nos quitaba el mal sabor de boca que se quedaba tras una discusión. Cada día este sentimiento que siento por él se iba afianzando. Pero, aún así, a veces siento que no avanzamos y todo por mis estúpidas barreras. Cada día estaba convencida de que necesitaba ayuda y no era la única que lo pensaba.
Flashback
Con Edward nos encontrábamos en el prado, era ya costumbre pasar todos los viernes aquí. Se encontraba pensativo, su entrecejo se fruncía por momentos para luego relajarse. Me tenía ansiosa el no saber que estaba trajinando su bonita cabecita.
—¿Qué ocurre? —le pregunté ya un poco angustiada.
—Quiero decirte algo pero no sé cuál sea el mejor modo, no quiero que te lo tomes a mal —suspiró suavemente acariciando cuidadosamente mi rostro, como si fuera de cristal.
—Dime, sea lo sea intentaré comprenderlo —susurré mirándolo precavida. Tomó mis manos.
—Bella, cada día intento ayudarte pero diariamente veo que esto me queda demasiado grande —dijo dando un suspiro. Pensaba dejarme, abandonarme. No, yo no podía estar sin él—. Creo que necesitas que un especialista que te ayude... Te quiero muchísimo, pero sabes que vives estancada en el pasado. Necesitas superarlo y vivir, mi niña, yo siento que soy un inútil y que por más que quiera no puedo hacer nada. ¿De qué nos sirve dar un paso adelante, si damos tres atrás? Sólo te pido que lo pienses, ¿sí? —intentó hacerse entender dando masajes suaves en mis manitas. Entendía su punto. Tenía tanta razón. Un psicólogo.
Fin del flashback
Dar este paso me daba tanto miedo. Pero hoy en día sólo tenía claro una cosa, y es cuanto le quería... Necesitaba que nuestra relación avanzara y con ello no me refiero a lo sexual. No, simples comentarios que no tenían segundas intenciones y que hacían que el pánico y el miedo se apoderaban de mi cuerpo.
No había vuelto a pasar nada parecido a lo que ocurrió en mi dormitorio. Edward siempre nos separaba antes de que la cosa aumentara de intensidad. Eso me frustraba, le deseaba mucho. Le quería... Que mal tuviera dejarnos llevar por nuestros sentimientos. Todavía podía escuchar sus palabras: "Bella, no estás preparada para esto, no me lo pongas difícil".
Cuando me besaba y tocaba me olvidaba del mundo. En mi mente no se conectaban ninguna neurona. Todo era él. Sus besos, sus labios, su mágica lengua.
Me levanté de la cama lentamente y me vestí. Un jeans, camiseta y mis amadas All Stars. Bajé a desayunar. Sábado. Todo el mundo estaba a lo suyo. Fui a la sala a esperar a Edward quien vendría a buscarme. Hoy pasaríamos el día juntos.
Puse la televisión.
Mis pensamientos estaban todos en él. En este tiempo que hemos pasado de novios.
Recuerdo como me contó cómo fue su experiencia dentro del centro de menores. Como estaba solo y no confiaba en nadie, como se convirtió en un introvertido. Que gracias a sus tíos ha vuelto un poco de aquel niño que fue. Yo también le hablé de cómo me las ingenié para que mis padres no supiesen lo que ocurrió. Mis padres estaban de viaje y con un poco de dinero le pagué al médico para que me hiciera justificación para el instituto. En una semana estaba bastante recuperada. También le conté como me volví muy retraída, dejé el equipo de atletismo y me dediqué únicamente a subsistir como podía. Le conté que entre en un curso de control facial para no dejar que mis emociones se reflejaran en el rostro, como entré en un gimnasio para aprender todo aquello que tuviera que ver con defensa personal. Y que a pesar de estar de lo más ocupada, la negrura atrapaba mi mente. Podría jurar que cada pensamiento mío, Edward lo sabía. Me era tan cómodo hablar con él. Todo dolía, pero a su lado era mucho más llevadero.
Un recuerdo abarcó mi mente haciéndome sonreír. El día que fuimos al circo.
Flashback.
El circo vino a Alemania, muy cerca de la isla. Y Edward se empeñó en ir.
Estábamos en el espectáculo de los elefantes. El payasito estaba pidiendo un voluntario. Un montón de manos se levantaron para salir. Yo me encontraba de lo más tensa ni muerta se me ocurría salir ahí con esos enormes animales.
De pronto sentí como Edward levantaba mi mano mientras yo intentaba en vano bajar la mano. Maldito mil veces. Te juro que en estos momentos te odio. Y para mi maldita desgracia me escogieron a mí. Dime Dios, ¿qué he hecho para que siempre te ensañes conmigo?
Caminé junto al tipo con ese ridículo disfraz que tenía una sonrisa de lo más fastidiosa.
Llegamos junto al animal. Al llegar junto a él, mi cara estaba más roja que un tomate maduro. Me di cuenta que el elefante era joven y una chica. Una sonrisa se pintó en mi rostro. Era hermosa. Con cuidado la toqué. Su tacto era rugoso y fuerte. Sentí su trompa en mi cara, lo que me hizo reír. Me hacía cosquillitas. Me quedé muy sorprendida cuándo vi cómo se agachaba y hacía un movimiento rápido con la trompa. Quería que me subiese. El payaso puso una manta violácea y yo me senté teniendo mucho cuidado aunque sabía que nada ocurriría. La elefanta se levantó y me dio una vueltita por el lugar. Era hermosa la sensación de estar ahí arriba... Parece que eres un gigante y que todo lo que queda abajo no es nada. El tiempo pasó muy rápido y para cuando me di cuenta ya la estaba acariciando para regresar a mi asiento con Edward. Él me esperaba muy contento. Recién llegué me atrajo a su regazo, me dio un dulce y tímido beso en los labios que me hizo suspirar.
—Ésta me la vas a pagar —le advertí simulando un enfado.
—Lo que tú digas, mi niña —contestó riéndose.
—Qué vergüenza he pasado por tu culpa —me quejé continuando con mi juego.
—Haría esto y más por ver esa sonrisa en tus labios —confesó en voz baja cerca de mi oído. El sonido de su voz junto con sus palabras provocó que las lágrimas se agolparan en mis ojos. Me aferré a su cuerpo. No sé cuánto tiempo estuvimos allí abrazado el uno al otro sin ser conscientes del mundo, sólo nosotros en nuestra propia burbuja. Cuando nos fuimos no quedaba nadie en el recinto.
Fin del flashback
Ese día fue mágico y junto con ese vinieron muchísimos más. Salidas al parque nacional, al zoo, al cine, caminatas por los senderos del bosque, a la playa... Todos los fines de semanas íbamos a un lugar diferente. Lo adoraba... cada día sentía que lo quería mucho más. La verdad es que el sitio daba un tanto igual, lo único que me importaba es pasar tiempo con él. Era mi niño quién hacía que los momentos fueran inolvidables.
A veces me daba miedo el sentimiento tan fuerte que estaba creciendo en mi interior. No sabía qué era exactamente lo que siento, pero sabía que ese cariño, afecto, apego cada día aumentaba llegando a ser algo muy fuerte que no he sentido nunca antes. De lo único que estaba segura era que lo quería en mi vida siempre y con eso me conformaba por ahora.
—¿A qué se debe tanta felicidad, señorita Swan? —anunció la voz más dulce y cálida del planeta. Inmediatamente le besé. Le echaba de menos. A veces me costaba mucho dejarle ir. Me sentía tan bien en su presencia. Añoraba las veces que dormimos juntos.
—Te quiero —confesé un poco sonrojada.
—Y yo a ti, mi amor —me respondió tiernamente mirándome con sus hermosos luceros.
—¿Me vas a contar por qué estás tan contenta? —me preguntó haciéndome ojitos. Podría ser más lindo. Empecé a reírme pues estaba haciendo lo mismo que Brit.
—Me estaba acordando de nuestras salidas... Me haces tan feliz, nene... A veces siento que te mereces más, pero aun así soy egoísta y te quiero conmigo —le conté emocionada.
—Yo también te quiero junto a mí todo el tiempo —suspiró repartiendo besos por todo mi rostro haciendo que riera.
Nos fuimos caminando al claro del bosque. Ese era mi pedacito de cielo.
Allí Edward tenía montado un fantástico picnic. Todavía no tenía ningunas ganas de comer. Me senté sobre la manta roja que él había colocado debajo de nuestro árbol. Me quedé mirando como recogía margaritas del otro lado del claro. Cada gesto, movimiento que hacía era hermoso de observar. Me podría pasar la vida mirándole y no me cansaría. A veces creo que es demasiado hombre para mí. Me soporta tanto, otro me hubiese mandado a la mierda directamente. Pero él sólo me apoyaba y dejaba pasar algunas cosas.
Vi como caminaba hacia aquí. Tenía una corona de margaritas en sus manos. Oh Dios, se puede ser más lindo. La colocó en mi cabeza con mucha ternura. Se sentó a mi lado, sacó su móvil y nos sacó una foto. Salíamos muy bien. Ya me la pasaría luego... Me encantaría enmarcarla.
Me recosté en su pecho... allí pasamos el resto del día. De forma tranquila hablando de todo y de nada. Yo me encontraba muy ensimismada en los momentos tan lindo que habíamos pasado.
Flashback
Dos semanas después de haber llegado del viaje a la playa. Edward me había dicho que estuviese a las cuatro en las canchas del instituto que estaban abiertas en las tarde para hacer deporte. Había también pistas de atletismo. Cuando llegué ya él se encontraba allí.
Caminé hacia él... me dio un suave beso. Recuerdo esos días en los que nos robábamos besos cada dos por tres, bueno todavía lo hacemos.
—Puedes correr para mí —me pidió de sopetón. A veces no me acostumbraba a que él siempre fuera al grano. Sin timidez ni nada. Lo decía y ya.
—¿Para ti? —cuestioné un poco cohibida.
—Me encantaría verte correr —afirmó en un tono persuasivo muy cerca de mi oído. El sonido de su voz vibraba contra la piel de mi cuello provocando que ésta se quedase de gallina. Rodeé su cabeza con mis brazos y lo acerqué para besarle suave y tiernamente pero sin profundizar. Me alejé de él, me agaché poniéndome en posición y esperando la señal que él diera para comenzar la carrera.
Fin del flashback
Ese día fue fantástico, sobretodo porque cuando llegué me tomó en brazos dándome vueltas y me dijo—: eres una genio, mi amor, y lo más sexy que he visto nunca. —Con él era tan fácil reír.
—¿Bella? Has pensado lo de la fiesta —dijo Edward sacándome de mi burbuja de felicidad.
Otra vez con la bendita fiesta. Todo por culpa de Alice. Ella quería ir pero mis tíos no le dejaban si Edward no iba y él sin mí no va. No entiende que no me gusta ese ambiente de mierda. Para mí todo es igual. Ya sabía que no son las fiestas que hacían en mi antiguo instituto, pero yo lo sentía así.
—Venga nena, vamos. Lo pasaremos muy bien —prometió él dando besitos en mi cuello—. Tú y yo bailando, cantando, disfrutando. —Sus besos se volvieron más húmedos y calientes. Nunca volvió a besarme de ese modo. Se sentía tan bien, tan rico. Me hacía delirar sacando gemiditos de mis labios. En el fondo yo quería ir pero me da miedo. Era tan tentador. Al fin y al cabo voy a estar todo el tiempo con él. No podría pasar nada.
Me rendí mucho antes de lo que hubiese querido. Sentí como sus besos bajaban por mi pequeño escote pero sin superar ese tramo de piel. Volvió a subir hasta mis labios y besarme con mucho ímpetu. Con nuestra respiración sofocada, nos separamos.
—Te amo, mi niña, te amo tanto... —susurró mirándome a los ojos y tomó mi manó poniéndola en su pecho justo dónde su corazón latía muy rápido—. Mira a la velocidad que se mueve todo es por ti —me dijo con los brillantes.
—Edward —gimoteé con las lágrimas saliendo de mis ojos. Él besó cada una.
—Sólo quiero verte feliz, sé que podemos pasarla muy bien. Mi niña, mi amor... te juro que no permitiré que nadie te haga nada, ni un solo roce que no sea el mío —me aseguró con tanta ternura. Fue en ese momento en que me di cuenta de que debía ir a la fiesta. Sería otra experiencia maravillosa como cualquier otra.
—Está bien, iremos —accedí besando sus bellos labios hinchados.
El resto de la tarde transcurrió entre besos tiernos y demostraciones de afecto en este día tan especial.
Ay Ay No sé porque no me da muy buena espina. ¿Ustedes que piensan? Espero sus opiniones y preparence que en el próximo nos vamos de fiesta... ahora la cuestión es si es para bien o para mal.
Besos. Cualquier cosa me pueden encontrar en facebook o integrarse a mi grupo en facebook. Link en mi perfil.
