Espero que este capi sea algo más interesante ;)

Que empecéis bien la semana :)


Capítulo 21:

Lanie y yo abandonamos el vehículo forense y caminamos hasta el lugar donde han encontrado el cuerpo, sin saber todavía lo cruel que puede llegar a ser el destino.

-¿Qué es este sitio? - Formulo la pregunta cuando descubrimos que el lugar está abarrotado de gente y que incluso algún paparazzi merodea por la zona.

-Igual han asesinado a algún famoso – Lanie se encoje de hombros y continuamos nuestro camino.

Caminamos hasta la cinta policial que varios agentes de policía han colocado, mientras que otros se encargan de despachar a los curiosos del lugar. Lanie enseña su identificación y le dejan pasar. Cuando yo le enseño mi placa, que siempre llevo encima, a la agente uniformada que sujeta la cinta amarilla, ésta me mira con confusión.

-Esa placa no es de la policía de Nueva York, me temo que…

-Hastings, ella viene conmigo – Lanie sale en mi ayuda y la agente, aunque todavía se muestra algo reticente a dejarme pasar, acaba por alzar la cinta de color amarillo y paso por debajo.

Yo le aseguro que no se meterá en ningún lío por dejarme pasar, que puede preguntar a Roy Montgomery.

Entramos en el edificio, es un amplio bar con una terraza que ofrece unas buenas vistas de la ciudad. Observo que está decorado para alguna ocasión, lo que sea que se estuviese celebrando allí en esos momentos, y compruebo que la mayoría de asistentes que ahora se dirigen hacia la salida, son mujeres.

-Kate ¿qué haces aquí? – Nos topamos con Esposito quien me mira entre horrorizado y confuso. – No sé si deberías…

-No te preocupes Espo, Montgomery me ha dado permiso para estar aquí.

Miro por encima de su hombro a la terraza del local, donde hay colocado un pequeño escenario mientras varias luces decoran el exterior dotándolo de un tono rojizo. Los edificios de la ciudad se alzan detrás formando un perfecto paisaje neoyorkino.

-¿Dónde está el cadáver? - Pregunta Lanie, sosteniendo el maletín en el que lleva sus instrumentos.

-Eh… Está... Por allí – Esposito señala hacia una esquina del local donde hay una puerta que parece dar a otra sala. Después se dirige a mí de nuevo – En serio, no sé si deberías…

Alzo una ceja, confundida por su extraño comportamiento, pero continúo caminando hasta ver un cartel que cuelga de ambos extremos de la pared. El cartel capta toda mi atención.

Mi estómago se encoje y siento como si hubiese recibido un golpe inesperado.

Me detengo. Tengo que haber leído mal.

"Richard Castle. Derrick Storm". Siento un sudor frío en mi frente. Aquel cartel no es otra cosa que la portada del nuevo libro de Castle. Por lo tanto, este lugar… Este evento no puede ser otra cosa que la presentación de su nuevo libro, el último de Derrick Storm.

-Tengo que irme – Murmuro en apenas un susurro.

-¿Kate, estás bien? – La voz de Lanie suena como si estuviese a varios metros de mí y no a escasos centímetros.

-Sí. Yo… - Aclaro mi garganta y me obligo a serenarme.

Él, Castle, no puede causar ése efecto en mí.

Observo a Esposito y sé que él comprende que me quiero ir de allí y el motivo por el cuál quiero hacerlo.

-Tengo que irme – Repito.

Me doy la vuelta y camino decidida hacia la salida. Estoy a punto de llegar a la puerta cuando la electricidad del aire recorre mi piel, poniéndome el vello de punta.

No puedo evitar girarme al sentir su presencia allí.

Y cuando lo hago quiero desaparecer.

Nuestras miradas se cruzan y por un instante, una milésima de segundo, ambos sonreímos. A pesar de todo lo que ocurrió en el pasado, los dos nos alegramos de vernos.

La sonrisa se esfuma rápidamente de mi rostro, y también del suyo. Compruebo cómo él tensa su mandíbula y endurece su mirada.

Castle se mueve. Camina hacia mí, mientras yo me quedo allí parada.

-Kate – Pronuncia mi nombre sin apartar sus ojos azules de los míos.

-Rick – Yo pronuncio el suyo y ambos nos retamos en un duelo de miradas.

Busco en esos ojos azules al chico que conocí hace nueve años, y descubro que apenas queda nada de él. Su mirada se ha oscurecido con el brillo de sus ojos que parece haber desaparecido; y su rostro está teñido por la sombra de una incipiente barba. Sus hombros parecen más anchos de lo que lo eran entonces. Viste una camisa blanca debajo de una americana de color negro.

Castle deja escapar el aire entre sus dientes y se dirige a mí con un semblante bastante serio.

-¿Qué haces aquí?

-Yo…

Maldita sea, ¿por qué no puedo sonar igual de seria que él, por qué los nervios me tienen que afectar justo ahora?

-Si estás aquí por mí, tengo que decirte que no te hagas ilusiones. Hace tiempo que pasé página.

Aprieto los puños y aguanto las ganas que tengo de golpearlo en el pecho. Pero sin duda su arrogancia me da las fuerzas que necesito para plantarle cara.

-No alucines, Castle. No eres el único que lo ha superado.

-Entonces ¿qué haces aquí?

-Estoy aquí por trabajo. Por si no te has enterado, han asesinado a alguien.

Me doy la vuelta y vuelvo a reunirme con mis amigos, que han observado toda la escena.

No voy a permitir que la presencia de Castle me afecte de esta manera. Siento sus pasos detrás de mí pero no me doy la vuelta.

-Tú no trabajas aquí. No trabajas en Nueva York – Su voz me detiene, pero no me doy la vuelta.

No le pregunto cómo sabe ese detalle, podría haber vuelto a Nueva York, al fin y al cabo, mi trabajo en Boston solo iba a durar un par de años como mucho. Me pregunto si tal vez él ha intentado averiguar más sobre mi vida durante todo este tiempo, al igual que yo lo he hecho con él.

-Claro que trabajo aquí – Me limito a responderle, antes de continuar caminando.

-Kate – Su voz me detiene de nuevo. Esta vez no puedo evitar girarme ya que hay algo diferente en su tono de voz – Tu padre… ¿Está bien?

El corazón se me encoje y siento un nudo en mi garganta que amenaza con hacerme llorar.

-Sí… Él… Se pondrá bien. Gracias, Castle.

Él asiente y yo simplemente continúo mi camino.

Esposito se interpone en su camino y le impide el paso a la habitación donde se encuentra la escena del crimen. Le escucho quejarse, pero mi amigo consigue librarse de él.

Cuando entro allí siento cómo un nudo oprime mi garganta al descubrir esa imagen tan familiar.

Sobre una mesa yace el cuerpo sin vida de una mujer, cuya melena rubia descansa sobre la mesa. Pero eso no es lo más curioso. Lo más curioso es que el cuerpo está cubierto por una capa de pétalos rojos, mientras que en sus ojos descansan dos grandes girasoles.

Me acerco hasta allí y observo bien cada detalle.

-¿Quién eres? – Susurro más para mí misma.

-Aliso Tisdale – Esposito se acerca por detrás seguido de otro joven detective al que todavía no conozco – Veinticuatro años, estudiante en la N.Y.U. y trabajadora social.

-¿Quién la encontró?

-Los camareros aseguran que la puerta estaba atascada, se pasaron horas intentando abrirla pero parecía como si alguien hubiese cambiado la cerradura. Cuando la presentación ya había comenzado, uno de los camareros descubrió que la puerta ya estaba abierta y se encontró con esto – Dice el otro Detective señalando el cadáver de la joven.

-No hay signos de estrangulamiento – Señalo yo, volviendo la vista hacia el cuerpo sin vida de Alison – Él la conocía.

-Incluso le compró flores – Dice Lanie - ¿Quién dice que el romanticismo ha muerto?

-Yo lo digo – Murmuro, recordando mi encuentro con Castle hace escasos minutos. El romanticismo siempre acaba muriendo - ¿Qué más le dio él, a parte de las rosas?

-Dos disparos en el pecho – Lanie retira con cuidado varios pétalos del cuerpo, mostrando dos disparos de bala y sus respectivas manchas de sangre alrededor de éstos. – Calibre pequeño.

-¿A alguien le resulta familiar? – Pregunto yo, tras dar una vuelta a la mesa.

-No – Responde Espo – Pero yo no soy de casos frikies.

-Pero los frikies requieren más, te revelan más – Explico – Mirad cómo él la dejó. Modestamente cubierta.

-¿Y?

-Que a pesar de todo el esfuerzo, de toda la preparación, no vas a encontrar ninguna evidencia de abuso sexual.

-¿Sabes eso con solo mirarlo?

Es cierto que todos estos años en Boston, aprendiendo de alguno de los mejores, me han aportado mucha experiencia y he acabado convirtiéndome en una de las mejores, pero no se trata solo de eso.

-Sí. Eso, y que he visto esto antes.

-¿Lo has visto antes? ¿Dónde?

Tuerzo el gesto y salgo de aquella sala, dispuesta a encontrar al responsable de todo esto.

Salgo a la terraza tras no encontrar a Castle en el bar y cuando lo hago, lo veo firmando el pecho de una mujer. No parece importarle lo que acaba de ocurrir ni siquiera en la presentación de su propio libro y le parece oportuno estar flirteando con alguien.

-Castle – le llamo.

-¿Dónde te gustaría…? – Él se gira con el rotulador en alto y la sonrisa desaparece de su rostro cuando descubre que no se trata de otra de sus admiradoras. Al menos ninguna que quiera una firma en sus pechos.

-Necesitamos hacerte unas cuantas preguntas sobre el asesinato que ha tenido lugar aquí esta noche – Intento mostrarme profesional y no dejar que nuestro pasado interfiera en esto.

-No tengo nada que ver con lo que ha pasado – apunta él, cruzándose de brazos.

-Permíteme que ponga eso en duda. – Digo, adoptando la misma postura.

-¿Me estás acusando de algo, Beckett?

-Un asesinato ha tenido lugar en la presentación de tu libro, por no hablar de las coincidencias con uno de los asesinatos que tú escribiste.

Él arruga las cejas y me mira con confusión. Adivino que no le han dejado ver el cadáver y no sabe de qué estoy hablando.

Esposito aparece a mi lado en ese momento.

-¿Qué coincidencias?

-Te lo explicaremos en comisaría.

-No pienso ir contigo a ninguna parte.

Suspiro e intento simular que su comentario no me afecta.

-Si opones resistencia tendremos que llevarte a la fuerza y…

-¿Ah, sí? ¿Vas a ponerme las esposas, Kate? – Pregunta en un tono sugerente.

Bufo, agotada por su actitud y la arrogancia que desprende y no dudo ni un segundo en agarrar las esposas del cinturón de Esposito y reducir a Castle en un solo movimiento, sin importarme hacerle daño en las muñecas al esposarlo y, por supuesto, sin importarme que no debería estar haciéndolo ya que no tengo jurisdicción en Nueva York para detener a nadie.


Castle

Froto mis muñecas tratando de librarme del escozor que me han provocado las esposas, o la fuerza que Beckett ha utilizado contra mí sin venir a cuento de nada.

Cierto, puede que le haya provocado un poco, pero no he podido evitarlo. Tenerla tan cerca ha hecho que recuerde demasiados momentos del pasado que creía haber enterrado para siempre.

Aunque no puedo negar que al principio me he alegrado de verla.

Todavía no entiendo qué hace aquí en Nueva York, y como es que está trabajando para la NYPD. La última vez que lo comprobé, gracias a un contacto, Kate seguía trabajando en Boston, y por lo que sé le iba muy bien allí.

La puerta de la sala de interrogatorios se abre y su olor reaparece con ella, volviendo a trastocar todos mis sentidos, porque sigue oliendo igual que hace nueve años.

Kate ha cambiado físicamente, ahora es toda una mujer. Y no solo eso, la dureza con la que me observa no es solamente debido a su enfado conmigo, sino que va con su carácter. Por no hablar la manera en la que me ha esposado, estaba claro que Kate era fuerte antes, pero ahora ha adquirido una destreza y unas habilidades increíbles, cualquiera sería capaz de ver eso. Y mentiría si dijese que no me resulta más atractiva.

-Para ser un escritor de best sellers tienes muy mala reputación – Dice ella caminando hasta la silla que hay frente a mí con un archivo entre las manos. Al parecer, mis antecedentes.

Pongo mi cara más inocente mientras ella los enumera todos.

-Mala conducta, resistencia a la autoridad…Dos veces – Recalca esto último haciendo referencia a la resistencia que he opuesto esta misma noche cuando ella ha acabado esposándome – ¿Aquí dice que incluso robaste un caballo a la policía?

Kate me observa con curiosidad. Seguramente se esté preguntando qué queda del Rick que ella conoció hace nueve años, y lo cierto es que apenas queda nada de él. Al igual que ella es ahora una persona completamente diferente. Los dos hemos cambiado, ella parece haber madurado mientras que yo… Bueno, yo he vivido la vida de un famoso escritor neoyorkino.

-En realidad, lo cogí prestado – Me justifico.

-Oh. Y estabas desnudo – Dice ella, revisando de nuevo mi expediente.

-Era primavera – Me encojo de hombros.

Me mira seriamente y deja caer la carpeta sobre la mesa, claramente molesta.

-Todas esas veces los cargos fueron retirados.

-¿Qué puedo decir? El alcalde es un lector habitual de mis novelas – No puedo evitar presumir de mi amistad con el alcalde de Nueva York.

Ella no parece sorprendida, y si lo está, lo disimula muy bien.

-Castle - Dice, inclinando su cuerpo sobre la mesa y acercándose de esta manera a mí – Puede que esta actitud de chico malo te haya funcionado antes, pero desde luego no te va a funcionar conmigo. Yo trabajo para vivir. Así que esto te da dos opciones: puedes ser la persona que me facilita las cosas, o la persona que las empeora. Tú decides.

Me muerdo la lengua para evitar decirle que sé que trabaja para vivir, me lo dejó muy claro hace nueve años. Y aunque yo le comprendí en ese momento y le facilité las cosas, diciéndole que no había significado nada para mí, no puedo evitar sentirme dolido con lo que pasó y con la manera en que ella se marchó de nuestras vidas, como si nunca hubiese formado parte de ellas y sin embargo, dejando que su recuerdo perdurase entre nosotros.

Eso hace que me replantee si me gustaría facilitarle las cosas o ponérselo más difícil. Al fin y al cabo, la segunda opción sería más divertida.

Me limito a asentir y ella abre la carpeta que antes ha dejado caer sobre la mesa. Ante mí coloca la fotografía de una mujer que no conozco.

Al parecer es la víctima que fue asesinada durante la presentación de esta noche.

-¿La conocías?

-Puede ser. Conozco a muchas mujeres.

-Sí, lo he comprobado antes – Dice ella, apartando la mirada. Parece molesta y eso me gusta – Haz memoria, ¿seguro que no habías hablado nunca con ella?

No necesito hacer memoria. Puede que conociese a Alison en alguna firma de libros o en alguna presentación, puede que incluso intercambiase algunas palabras con ella, pero nada más que eso.

Kate saca una nueva fotografía, esta vez de un hombre trajeado y me pregunta si lo conozco a él.

-No. ¿Qué tiene él que ver con todo esto?

-Fue asesinado hace dos semanas.

-Pues no lo conozco – Digo, molesto – Y tampoco entiendo qué tiene que ver conmigo. Lamento que Alison haya aparecido muerta en la presentación de mi novela, pero no tiene nada que ver conmigo. Además, tú mejor que nadie sabes que yo sería incapaz de hacer algo así.

-¿Lo sé? – Pregunta ella casi soltando una risa irónica – Porque yo creo que no te conozco, y no creo que alguna vez llegase a hacerlo.

-No he matado a nadie – Digo mirándole a los ojos, fingiendo que ése comentario no me ha dolido.

Al fin y al cabo, me lo merezco. Fui yo quien le hizo creer que lo que había sentido por ella no había sido real, cuando la realidad es que seguramente fue lo más real que haya sentido nunca.

-Entonces explícame esto.

La foto que coloca ahora delante de mí me provoca un escalofrío. En ella aparece una mujer rubia a la que apenas se le ve la cara, pues sus ojos están tapados por dos grandes girasoles y su cuerpo está cubierto de pétalos de rosas.

Yo he escrito ese crimen.

-Flores para tu tumba – Murmuro en apenas un susurro. Es el título del libro donde aparece un asesinato casi idéntico al de la fotografía.

-Exacto. Y así es como encontramos a Marvin Fisk – Dice ella, mostrándome una cuarta fotografía, del hombre de antes, solo que esta vez asesinado en una recreación de otro de mis libros. Kate nombra el título – "El infierno no tiene furia".

-Parece que tengo un fan.

-Sí, un fan muy loco.

-Bueno… Tú no me pareces loca – Bromeo.

-¿Qué? – Ella parece no entender nada.

-¿"Flores para tu tumba", "El infierno no tiene furia"?… Solo mis mayores fans han leído ese último.

Kate se sonroja y evita mi mirada, yo tengo que hacer un esfuerzo para no sonreír. En realidad me halaga saber que Kate es una admiradora de mis novelas, eso indica que no se ha olvidado de mí en todo este tiempo.

-¿Alguna vez tus fans te envían cartas? – Pregunta ella intentando evitar el tema.

Asiento.

-¿Cartas perturbadoras?

-Todos esos correos son perturbadores, viene con el oficio.

-Bien, porque en algunos casos como este encontramos que el asesino…

-Intenta contactar con el objeto de su obsesión. Lo sé – Para su sorpresa, acabo su propia frase – Soy bastante bueno en métodos psicopáticos, también viene con el oficio.

Ella me observa, bastante sorprendida y no puedo evitar fijarme de nuevo en esos ojos de un color tan peculiar y hacérselo saber.

-Tus ojos…Son preciosos, Kate.

Por un momento pienso que va a responderme al cumplido, porque soy capaz de ver en su mirada el milisegundo en el que se ha venido abajo, en el que todo ese distanciamiento entre nosotros desaparece. Sin embargo, vuelve a formar una barrera entre ambos.

-Vamos a necesitar que nos envíes todos esos emails y cartas de tus fans. – Dice mientras retira su silla hacia atrás y se levanta.

-Cuenta con ello – Digo antes de que ella desaparezca por la puerta.

Esta vez no puedo negarme a colaborar con la policía. Con ella. Porque si ha conseguido bajar las barreras por un segundo, puede que lo vuelva a hacer, puede que consiga hacer desaparecer esta distancia entre ambos. Puede que sea demasiado peligroso y que tal vez no debería arriesgarme, pero no puedo evitarlo. Ahora que la tengo tan cerca va a ser difícil mantenerme alejado de ella.

Después de tener que firmar varios documentos, me dejan en libertad.


Paseo la mirada por la comisaría en busca de Kate. No es que quiera hablar con ella, pero la necesidad de volver a verla me oprime el pecho. La encuentro unos segundos después tras el cristal de un pequeño despacho, parece estar teniendo una discusión acalorada con un hombre trajeado que impone cierto respeto. Lo reconozco cuando él se da la vuelta, es Roy Montgomery, y me pregunto si Kate se ha metido en algún tipo de problemas.

Me doy la vuelta cuando llega hasta mis pies un avión de papel. Me agacho a recogerlo y cuando alzo la cabeza, compruebo que unos inocentes ojos azules me observan a escasos centímetros.

-Lo siento – Un niño de unos ocho años se acerca a mí.

No puedo evitar fijarme en sus ojos de un color parecido al mío pero algo más oscuros, y en su cabello de color castaño.

-¿Es tuyo? – Pregunto, mostrándole el avión. El niño asiente y se lo devuelvo.

Observo alrededor en busca de sus padres o alguien que esté con él, y no puedo evitar preguntarle al no ver a nadie.

-¿Estás solo?

-No, estoy esperando a Kate.

Mi cabeza comienza a dar vueltas y a formular preguntas. Ninguna de ellas tiene sentido. O todas lo tienen y las respuestas son demasiado complicadas.

-¿A Kate Beckett? – Le pregunto porque necesito cerciorarme.

El niño asiente y vuelve a lanzar su avión en otra dirección.

-Oye… ¿Cuántos… Cuántos años tienes?

-Nueve.

Me suelto varios botones de la camisa.

Siento que las piernas me van a fallar en cualquier momento y tengo que apoyarme sobre uno de los escritorios para no caerme.

El perfume de Kate de nuevo se hace presente a mi lado y escucho su voz detrás de mí.

-Luka, tenemos que irnos – El niño asiente y se acerca a ella.

Me giro hacia ella y siento cómo mi corazón se acelera. Me gustaría decirle tantas cosas, pedirle tantas explicaciones, y sin embargo soy incapaz de pronunciar nada.

Kate se planta delante de mí y me estrecha la mano.

La observo, confundido y sin saber por qué me ofrece su mano justo ahora. Justo cuando yo acabo de descubrir que ese niño, Luka, podría ser perfectamente mi hijo.

-Ha sido un placer volver a verte, Castle.

Agarro su mano y no puedo evitar acariciarla, a pesar de los diferentes sentimientos encontrados que tengo hacia ella en estos momentos. Kate parece sentirse del mismo modo y no aparta su mano hasta pasados varios segundos.

-Tenemos que irnos – Vuelve a repetir en dirección al niño, a Luka – Adiós, Castle.

Observo cómo los dos se alejan en dirección al ascensor y, aunque me apetece seguirlos, sé que esa no es la mejor manera de hacer las cosas bien. Así que opto por acercarme al despacho de Roy Montgomery, quien sustituye al Capitán Jim Beckett en estos momentos y hablar con él.

Voy a aprovechar mi extraña implicación en el caso de Alison Tisdale para averiguar más sobre Luka y para que Kate me de las explicaciones que me debe.