Aviso: Universo Alternativo. Historia basada en la serie para televisión "Life Unexpected". Todos los personajes y lo que reconozcan pertenece a JK Rowling. Hannah Tanner es creación de la autora. Clasificación M para este capítulo.

¡Hola, mis amores! He vuelto rapidito por aquí. Y es que quería sacare este capítulo lo más pronto posible porque es un poco de transición... Pero creo que es uno de transición bueno, hay varias cosas que querían ver y bueno espero que les guste, eso sí, prometo que ya el próximo se acabo la transición y volveremos a leer cosas divertidas interesantes y dramáticas, así que esperen por eso!

Iccastilloy: Pobre Sirius, lo van a matar... Aunque se lo merece por enviarle maldiciones a un niño para que la use con sus compañeros, pero hay que entenderlo, él es un niño también! JAJAJA AHH, quiero encontrar una manera de insertar la escena del Ford Anglia en la historia solo para poder tener el vociferador de Lily pero mi imaginación no contribuye u.u Espero poder escribirlo en algún momento! Creo que tus teorías sobre a quien le gusta quien quedarán un poco más despejadas aquí, igual iremos sabiendo más! Muchas gracias por leer y dejarme tu review, ojalá te guste este capítulo y nos leemos pronto, saludos(:

Si me siguen en twitter habrán leído mis quejas sobre lo horrible que es titular los capítulos, en serio me está costando demasiado, tanto que al principio tenía la idea de que todos los títulos fueran en español pero en este mande esa idea al demonio porque no podía traducir una canción de Beyoncé (no se siente bien.) Y era el único título más o menos decente que tenía. Ese fue mi momento hablador de tonterías de la semana jajajaj no los sigo molestando, lean y ojala les guste:


20. I'm just jealous, I'm just human.

"Querido Harry:

Aunque en este momento no eres precisamente querido… Si ves esa mancha de sangre ahí es porque Lily me golpeó por escribir eso; tienes una mamá muy violenta, niño, no me sorprende que andes en la escuela matándote a embrujos con otros chicos.

Bueno, ella dice que lo sacaste de mí y no creo que a estas alturas valga la pena negarlo pero en mi defensa la mitad del ADN es suyo así que…

Harry, como verás a James se le hace imposible escribir sin desvariar así que creo que mejor lo hago yo. Bien, queremos empezar por decirte que no estamos molestos contigo… Okay, yo tal vez lo estoy pero es que por favor, ¿Cuántas veces te pedí que no te metieras en líos? Se que hacerme caso no es tu actividad favorita pero en serio, si te digo las cosas es por algo. Se que no eres James o Sirius y que no te meterías en problemas solo por el placer de hacerlo (James dice que ellos no hacían eso pero no engaña a nadie) y que si decidiste atacar a Malfoy es porque él te provocó pero de verdad, Harry la violencia nunca es la respuesta, ¿Qué ganaste con eso? Perder tu primer sábado en Hogwarts, honestamente no creo que haya valido la pena.

Niño, lo que Lily quiere decir es que entendemos que Malfoy sea una serpiente despreciable y que posiblemente se mereciera las espinillas que le diste pero la próxima vez, ¿puedes tratar de que no te atrapen? Espera a que este distraído y apenas pase tú…

¡Ese no es el punto, Harry! ¡Ignora todo lo que dijo James! Merlín, NO debes lanzarle embrujos o maleficios a nadie, no importa que tan mal te traten o lo molesto que estés, tienes que tratar de controlar ese genio que, siendo honestos, pudiste heredar de cualquiera de nosotros dos.

Me gustaría recalcar la hipocresía en las palabras de Lily, ya que ella no las consideraba cuando se molestaba conmigo y me lanzaba maleficios… Pero ese no es el punto, el punto es que lo que hiciste estuvo mal, entiendo que tenías motivos y que posiblemente yo hubiera hecho lo mismo pero eso no significa que esté bien; ya te lo dije: perder sábados en detención no es tan divertido como parece y se que ahora entenderás por que lo digo. Y por Merlín, Harry, no uses esas maldiciones que Sirius te dio, ¿crees que Mcgonagall no las conoce de memoria? En serio, ya tuve suficiente de regaños durante siete años, no me metas en problemas de nuevo.

¡Y no hagas caso a las cosas que te diga Sirius! Él cree que todo es un juego y nunca ha pensado en las consecuencias de sus actos pero se que tú eres mucho más consciente que eso.

Lily tiene razón, niño. Mira, no te diré que los chicos y yo no nos hayamos divertido haciendo desastres en el colegio (Porque lo hicimos, fue grandioso) pero no siempre tomamos las mejores decisiones. Buscar pelea con los Slytherin puede parecer divertido, y la mayoría de las veces lo es, pero si se sale de control créeme que las cosas pueden ponerse feas y algo que parecía inofensivo puede tornarse muy peligroso, Sirius mejor que nadie sabe eso. Se que tienes que cometer tus propios errores pero deja que unos cuantos de los míos te guíen, ¿sí? Haz que mis estupideces y las de los chicos hayan servido para algo… Genial, ahora Lily se burla de mí porque me he puesto "sentimental", solo no te parezcas tanto a mí, ¿de acuerdo? Se más como Remus.

No me burlé de él, solo comenté que nunca me lo imaginé como un papá que de hecho diera buenos consejos. En fin, creo que todo esto se resume en que por favor no te metas en más problemas, Harry, enfócate en tus estudios y en divertirte con tus amigos, no le des importancia a quien no lo merece.

Cuídate, te extrañamos. ATT: James y Lily.

PD: ¡PÓRTATE BIEN!

PD2: En serio, niño, si vas a volver a hacer algo así recuerda que lo importante es que no te atrapen, siempre trata de"

Harry nunca se enteró que tenía que tratar porque la carta terminó justo ahí, sospechaba que Lily le había quitado la pluma a James antes de que pudiera terminar de escribir.

Estaba un poco en shock por todo lo que acababa de leer y no era para menos, cuando Mcgonagall le había dicho que le escribiría a sus padres había imaginado cualquier reacción menos esa que había recibido. Había esperado un vociferador de Lily histérica y gritándole o uno de James y Sirius felicitándolo, nunca había esperado una carta conjunta de sus padres, el chico había imaginado que con él lejos tratarían de verse lo menos posible… Al parecer no sería así.

Un agradable y cálido sentimiento se extendió por su pecho ante el pensamiento, esbozó una sonrisita, saber que James y Lily habían logrado escribir una carta tan civilizada sin asesinarse lo hacía sentir tan bien que casi hacía que todo el enojo que sentía por la pelea con Malfoy y con sus padres por regañarlo, porque al fin y al cabo había sido un regaño, desapareciera.

Ese era uno de esos momentos en que los intentos de James y Lily por ser padres normales eran tan graciosos que no lo irritaban… No lo irritaban mucho.

-Con que aquí estás.

Harry borró la sonrisa de su rostro cuando escuchó la voz de su mejor amiga. Tragó saliva y subió la mirada de la manera más inocente que pudo para encontrarse con la de Hannah que lo veía seria, lo cual fue otra sorpresa, habría jurado que estaría furiosa.

-¿Dónde más estaría? –Preguntó él como quien no quiere la cosa.

-Oh, no lo se. –Hannah se encogió de hombros.- Tal vez en la clase de Encantamientos que tuvimos y a la que no asististe, o el almuerzo al que no llegaste.

El chico se encogió un poco en su asiento sintiéndose culpable. Después de la pelea con el imbécil de Malfoy había estado demasiado enfadado como para entrar a clase o enfrentarse con sus compañeros, así que se había marchado a la sala común y se había tumbado en el sofá frente a la chimenea a refunfuñar y maldecir al mundo, además de esperar por el vociferador de sus padres o los gritos de Hannah… Seguía sorprendido de que ninguno de los dos hubiese llegado.

-No me sentía de un humor precisamente bueno como para ninguna de las dos. –Admitió Harry con amargura.

-Me lo imagino. –Dijo la chica sentándose a su lado en el sofá.- Entonces, te peleas en los pasillos y faltas a clase… ¿Debería preocuparme? ¿Le escribo a Lily o espero a que empieces a fumar a escondidas?

-No seas dramática. –Resopló él.- Solo fue una clase, no es como si hubiera…

-¿Cómo si le hubieras lanzado un embrujo de espinillas a alguien? –Preguntó con una ceja levantada.

-¡Él me atacó primero! –Exclamó Harry de golpe.

-Eso escuché. –Respondió Hannah con un tono seco.

-¿Entonces por que estás aquí? –Preguntó él de mala manera.- ¡Ve a gritarle como seguro vas a hacer conmigo!

-El único que parece a punto de empezar a gritar eres tú. –Le dijo ella empezando a tensarse.- Así que cálmate.

Harry bufó enojado pero tomó aire para tratar de mantenerse calmo, si no quería pelear con su amiga lo mejor sería hacerle caso y controlarse.

-Y estoy aquí porque me gustaría que mi mejor amigo me explicara que ocurrió y no enterarme por cuchicheos de niñas de segundo.

-¿En serio? Que raro. –Soltó Harry con hostil ironía.- Yo pensé que tu mejor amigo vivía en las mazmorras.

-No. –Le cortó Hannah, muy seria y apuntándole con un dedo a manera de advertencia.- No hagas eso. No te pongas con eso, jamás te he dado razones para que digas algo así.

-Uno pensaría que defender a Malfoy a capa y espada sería razón suficiente. –Dijo Harry en un tono que sonó más herido de lo que le hubiese gustado.

-¿Y como sabes que a ti no te defiendo igual? –Preguntó ella, indignada.- ¿Lo sabes?

-Pues…

-No, no lo sabes y el hecho de que asumas que no es así es verdaderamente hiriente.

Harry cerró la boca de inmediato, analizó la expresión de Hannah y se sintió mal al ver como sus ojos estaban llenos de tristeza y lo miraban heridos. Sintió como su ira se desinflaba un poco, no quería lastimarla, sabía que estaba siendo injusto.

-Me gustaría pensar que mejor que nadie sabes que te defendería de cualquiera.

Claro que lo sabía, juntos habían atravesado las peores cosas más de una vez y habían salido ilesos cuidándose y defendiéndose mutuamente. No podía dejar que su odio hacia Malfoy nublara ese hecho.

-Lo se, Han. –Se apresuró a asegurarle.- Sí lo se, lo siento.

-Me alegra. –Ella hora lucía más tranquila, suspiró.- Entonces, me dijiste que te atacó.

-Lo hizo. –Dijo Harry rápidamente.- Estaba alejándome y me lanzó un Fluctus por la espalda, si no me hubiese volteado a tiempo yo…

-¿Alejándote de que?

El chico calló y tragó saliva, algo nervioso.

-Bueno, em… -Se pasó una mano por el cabello y culpo mentalmente a James por haberle pegado la maña.- Nosotros, tal vez… Puede que estuviéramos discutiendo.

-¿Puede?

-Bien, bien, estábamos discutiendo.

-Que novedad. –Dijo Hannah con ironía.- Y tú, por casualidad de la vida, ¿le habrás dicho algo que lo hiciera lanzarte una maldición?

Harry analizó rápidamente, obviamente le había dicho muchas cosas a Malfoy para llevarlo hacerlo enojar pero tenía que pensar en la mejor manera de responder eso sin dejarlo ganar.

-Harry, si me dices que te atacó simplemente porque le provocó yo te creeré, creeré cualquier cosa que me digas. –Le aseguró Hannah con sinceridad.- Así que por favor, dime la verdad.

Él suspiró resignado y se pateó mentalmente por haber considerado la posibilidad de mentirle a Hannah. Ellos no hacían eso, no se mentían.

-Bueno yo… -Pensó un momento antes de responder.- Le dije que… Que se alejara de ti.

En ese momento el rostro de Hannah adquirió una expresión fría y pudo ver como entrecerraba los ojos por el enojo. Harry se tensó y de manera instintiva se movió lejos de ella, sabía que cuando estaba enfadada no era tan adorable como solía serlo, agradeció que estuvieran solos en la sala común.

-¿Por qué…? ¿Quién…? ¡Harry, no puedes decir esas cosas!

-¿Por qué no? –Preguntó él de manera desafiante.- ¡Solo estoy cuidándote!

-¡Porque no! ¡No necesito que…! –Hannah calló para tomar una inmensa bocanada de aire y respirar varias veces tratando de calmarse.- No puedes ir por ahí diciéndole a la gente que se aleje de mí.

-No a la gente, a Malfoy.

-¡Es lo mismo! –Exclamó exasperada.- ¡Eso no te corresponde! ¡Y no necesito que me cuides de él!

-¡Claro que sí! ¡Porque tú no sabes, tú piensas que todo el mundo es bueno pero…!

-Por favor, Harry. –Puso los ojos en blanco.- ¿Tú piensas que soy estúpida?

-¿Ah? No, claro que no pienso eso.

-Pues pareciera. –Bufó enojada.- Me haces sentir como si fuera una niña tonta y manipulable que piensa que la vida es toda risas y unicornios, ¿eso piensas que soy?

-¡No! –Se apresuró a exclamar Harry.- Han, yo se que tú no eres nada de eso, solo que…

-Yo no pienso que todo el mundo es bueno, Harry. –Le dijo ella, ya no se veía molesta pero si hablaba con rotundidad.- Se que hay maldad y se que hay personas crueles, sabes que lo se.

A Harry lo recorrió un escalofrío a la vez que pequeños recuerdos llegaban a su mente. Trató fervientemente de alejarlos.

-Solo porque soy amable no significa que soy estúpida. –Continuó Hannah.- Y me gustaría que confiaras en mí y en que se porque tengo los amigos que tengo.

-Pero Malfoy es…

-Es mi amigo. –Le cortó ella.- Y si me conoces como espero que lo hagas confiaras en que debo tener una buena razón para que lo sea.

-Pero es que no entiendo cual es. –Respondió él irritado.- ¡Trata mal a todos! ¡Cree que es superior que el resto! ¿Eso no te molesta?

-Sí, me molesta muchísimo. –Admitió ella.- Y siempre discuto con él por eso… Pero hay partes que tú no ves, partes que solo conozco yo y que, necesito que entiendas, valen la pena.

Harry puso los ojos en blanco. No entendía que partes tan buenas y nobles podía haber dentro de Malfoy que pudieran valer la pena para Hannah. Él no le había mentido, en serio no pensaba que fuera tonta o demasiado inocente, sabía que no lo era, pero no podía confiar en las intenciones de Malfoy, no quería hacerlo y aunque hubiera querido no lo habría logrado.

Había algo oculto en todo ese asunto que no le gustaba, que lo hacía sentir molesto hasta casi enfermarse, era algo en toda esa relación que no terminaba de cuadrarle.

-Necesito que confíes en mí y en las decisiones que tomó. –Dijo Hannah al ver que él no respondía.- Solo tenemos tres días en Hogwarts y hemos peleado en todos… Yo no quiero eso, nosotros no somos así.

-No quiero pelear contigo. –Susurró Harry.- Es cansado y me pone de mal humor pero… -Suspiró, dándose por vencido.- ¿Estás segura de lo que haces?

-Sí.

Dio esa respuesta con tanta seguridad y rotundidad que Harry no pudo evitar sentirse más ligero y tranquilo; sin embargo, lo que estaba a punto de hacer no significaba que bajaría la guardia.

-Está bien, Han. Tienes razón. –Admitió eso y de repente la boca le supo agria.- Yo no… Yo… -Le costaba decir lo siguiente.- No me meteré más ni haré comentarios al respecto de tu amistad con ese idiota.

Ella le dedicó una mirada significativa ante lo último pero después le sonrió, tranquila y agradecida, cosa que lo hizo sonreír a él también a pesar de seguir sintiéndose un poco enfadado con tener que resignarse… Aunque por supuesto no lo haría por completo.

-De acuerdo, muchas gracias… Y solo para que lo sepas, voy a hablar con él también, lo que ambos hicieron fue muy estúpido.

-Y sin embargo el único que obtendrá detención soy yo. –Gruñó Harry.

-Eso es algo a considerar si vas a pelearte con un Slytherin. –Dijo ella con una sonrisita irónica.- Podrían quemar esta torre con todos nosotros adentro y Snape no les daría detención.

Harry rió por lo bajo, honestamente eso le parecía algo totalmente fácil de creer.

-¿Y que tal estuvo Encantamientos? –Preguntó él tratando de cambiar el tema.

-Nada que reportar, este año Flitwick nos enseñará los encantamientos convocadores. –La chica suspiró y se dejó caer sobre el respaldo del sofá.- En verdad no presté mucha atención, estaba distraída.

Por un momento el chico se preguntó si sería por la pelea pero entonces recordó la clase de Defensa y como Hannah se había visto tan afectada después de esta.

-¿Estás bien? –Le preguntó acercándose más a ella.- Iba a ir a buscarte pero Remus me llamó y…

-No te preocupes. –Le cortó ella con una pequeña sonrisa.- Estoy bien solo que… Ya sabes. –Se encogió de hombros.- Esa clase me puso a pensar.

El chico tragó saliva y de inmediato se preocupó, no quería que Hannah tuviera que pensar en esas cosas, quería protegerla aunque ya todo hubiera pasado y lo único que quedara por hacer era olvidarlo… A pesar de saber que nunca podrían.

De manera instintiva y cariñosa, acercó su mano a ella y removió dos mechones de cabello que tenía sobre la frente y le tapaba los ojos.

-Estamos bien, Han. –Le susurró con una sonrisa.- Ahora estamos bien, no nos pasará nada.

La chica le sonrió con un poco de tristeza en la mirada y asintió antes de suspirar con pesadez.

-Lo se. –Respondió ella moviéndose más hacia él.- No si estamos juntos.

Harry se sintió más ligero y aliviado al escucharla decir eso. Entonces decidió que cumpliría su promesa y trataría de no seguir molestándola por todo el asunto de Malfoy.

Estaban juntos y en Hogwarts, donde se suponía que tenían que pasar los mejores años de su vida y solo era decisión suya dejar que otra persona viniera arruinar eso.


Ese ventanal en aquel alejado pasillo del cuarto piso era uno de los lugares de todo el castillo que a Draco más le gustaba, su favorito posiblemente. Había muchas razones para eso: casi nunca había nadie que molestara, la vista hacia el lago era fantástica y otras más, pero al final, la única razón que importaba era que cada vez que estaba sentado en esa ventana era para verla.

Sonrió a la vez que sentía como su corazón aceleraba en latidos, verla era la mejor parte de sus días por eso siempre encontraba un hueco para escaparse hacia ese pasillo, no importaba que tan ocupado estuviera o que tan molestos estuvieran siendo sus compañeros de casa o la intensa de Pansy, siempre se alejaba y la encontraba ahí. Ni siquiera sus impuros y traidores amigos lograban hacer que ella dejara de ir… Ni Potter podía lograrlo.

Su sonrisa se ensanchó ante eso aunque también empezó a sentirse nervioso. Estaría enfadada por la pelea con ese idiota el día anterior, la conocía; seguramente también le daría uno de sus sermones que, increíblemente, nunca lo cansaban, a veces lo fastidiaba que quisiera cambiar sus pensamientos y sus creencias pero le gustaba escucharla hablar así que terminaba disfrutándolo. Por otro lado Potter lo había mandado a la enfermería, eso tenía que ser un punto a su favor.

Su mandíbula se tensó al recordar las palabras del Gryffindor.

Aléjate de ella.

¿Quién demonios se creía? ¿Su guardaespaldas? Estaba loco si por un segundo pensaba que iba a alejarse de ella solo por complacerlo. La única forma en que se apartara de su lado era si ella se lo pedía y eso no iba a pasar… No podía permitir que pasara.

Unos pasos conocidos acercándose lo sacaron de sus pensamientos, sonrió inmensamente cuando la vio aparecer por la esquina, traía una expresión seria, en una situación normal habría pensado que era porque aun era muy temprano y ella odiaba madrugar pero sabía que estaba molesta con él.

Esbozó la sonrisa más inocente que tenía cuando llegó a su lado.

-Llegas tarde. –Le dijo en voz baja.

-¿Me estás llevando el tiempo? –Preguntó Hannah con una ceja levantada.

-Para nada. –Respondió con un encogimiento de hombros.- Pero pronto será hora de ir a clase y te irás corriendo para que tus amiguitos novengan a buscarte.

-Mis amigos nunca vienen para acá. –Puso los ojos en blanco.- Nadie sabe que estamos aquí.

Su sonrisa se ensanchó, eso era otra cosa que le gustaba de ese lugar. Que era solo de ellos.

-¿Estás enojada? –Preguntó a pesar de saber la respuesta.

Ella suspiró y sacudió la cabeza antes de sentarse en la ventana frente a él.

-Van a sacarme canas si siguen con sus peleas sin sentido.

-Bueno dile a Potter que no me moleste más. –La voz de Draco cambió a una un poco más amarga.- Yo iba caminando inocentemente a buscarte cuando él me emboscó y…

-Y tú le lanzaste una maldición por la espalda.

-¡Porque me dijo que me alejara de ti!

-Me lo contó.

-¿En serio? –Preguntó sorprendido.

Ella asintió y él se llenó de rabia; no había contado con que Potter fuera totalmente honesto con Hannah, había estado esperando que omitiera algunos detalles que lo pudieran ayudar.

-¿Y entonces? –Ahora sonaba más hostil de lo que hubiese querido.- ¿Vas a hacerle caso?

-No, claro que no. –Hannah bufó fastidiada.- ¿Qué les pasa a ambos? ¿Por qué asumen lo peor de mí?

-No me compares con él. –Gruñó Draco.- Yo no soy un imbécil traidor de…

-Draco. –Le cortó ella con severidad.- No lo llames así.

El chico puso los ojos en blanco pero no terminó la oración, se cruzó de brazos enfurruñado, se estaba cansando de que lo defendiera tanto.

-¿Y se lo dijiste? ¿Le dijiste que no te alejarías de mí?

-Claro que se lo dije. Y lo entendió. –Le dedicó una mirada significativa.- Cosa que tú aun no haces.

-¿Qué quieres que entienda? –Preguntó a la defensiva.- ¿Qué te encanta juntarte con un montón de…?

Calló en el momento que ella se levantó y le dedicó una mirada amenazadora.

-Si terminas la frase me iré. –Le dijo muy seria.- No bromeo.

-No lo haré, lo juro. –Se apresuró a decirle Draco, temiendo que se marchara.- No lo diré, Hannah, por favor siéntate.

Una de las cosas que nunca dejaría de sorprenderlo acerca de su relación era que ella era la única persona con la que se permitía sonar tan… Desesperado sin sentir vergüenza.

-Tienes que dejar de hacer eso. –Suspiró Hannah cansada.- No puedes insultar a mis amigos y creer que no te diré nada.

-Lo se, ya te dije que no lo haré. –Insistió a pesar de saber que probablemente sí lo haría.- Siéntate, ¿si?

Ella se le quedó mirando por unos segundos pero al final suspiró resignada y volvió a sentarse, haciéndolo sentir que lo bañaba el alivio.

-¿Sabes? –Le preguntó Draco, dispuesto a no abandonar el tema.- Si ese idiota no se hubiese metido en mi camino a molestar yo no…

-Draco… En serio no quiero seguir hablando de esto.- Y Harry no es un idiota, no lo llames así.

-No se porque lo defiendes tanto. –Bufó molesto.

-Porque es mi mejor amigo. –Le cortó ella con la mirada perdida por la ventana.- Y ahora que insistes en hablar de esto; no puedo creer que lo atacaras por la espalda.

Draco gruñó pero no respondió nada. Todo sobre su relación con Potter lo hacía sentir enfermo, escuchar como lo defendía, toda esa… Devoción que sentía por él, era capaz de hacer que el chico sintiera un odio gigantesco nacerle desde lo más profundo del pecho.

-Si te hace sentir mejor, el imbécil me mandó a la enfermería lleno de asquerosos granos.

Esperó que la chica volviera a pedirle que no lo insultara pero solo obtuvo silencio y unos segundos después una risita ahogada. Se volvió a verla, confundido y se encontró con que estaba haciendo todo lo que podía por aguantar la risa.

-¿Qué? –Preguntó extrañado.- ¿De que te ríes?

-Es solo que… -Se le escapó otra risita.- Me hubiese gustado ver eso.

Él le dedicó una mirada atónita e indignada que le hizo incapaz a la chica el poder seguir aguantando y se echó a reír a carcajadas haciendo que Draco frunciera el seño.

-¡No es gracioso, Hannah! –Exclamó, no tan enfadado como hubiera querido.- ¡En serio fue humillante!

Por toda respuesta ella se llevó las manos al estómago y siguió riéndose con más fuerza. Él trató de verla enojada pero al final una inmensa sonrisa se adueñó de su rostro.

No importaba si era a cuesta suya, le encantaba escucharla reír.

-¿Bueno, quién sabe? Tal vez ese mocoso Creevy tomó una fotografía y podrás verlo. –Comentó divertido y fastidiado a la vez.

-¡Hey! Deja a Colin en paz. –Le dijo ella entre risas.- Es un buen niño.

Draco hizo una mueca, no soportaba que Hannah tuviera tan buen concepto de todo el mundo, a veces era irritante.

-Y es mi nuevo mejor amigo si en serio tiene esa foto.

-Ya, ya, basta con el tema. –Le cortó él.- Tampoco fue tan gracioso.

-Disculpa. –Dijo ella mordiéndose el labio.- Ya me calló.

-Te lo agradezco. –Posó la mirada en un reloj cerca de ellos y frunció el seño al ver la hora.- ¿Qué clase tienes?

-Cuidado de las criaturas mágicas pero puedo quedarme cinco minutos más, a Hagrid no le importará.

Draco se mordió la lengua tratando de contener el comentario mordaz acerca del inepto profesor, sabía que Hannah no lo apreciaría.

-Y dime. –Empezó a decir la chica en un tonó más susurrado.- ¿Le escribiste a tu papá?

Soltó un suspiro, sabía que iba a preguntarle eso en algún punto de la conversación aunque él hubiese preferido que no lo hiciera.

-Siempre le escribo.

-Ya se. –Respondió fastidiada.- Pero sobre lo que me habías dicho…

-No voy a escribirle para decirle que lo extrañé durante las vacaciones. –Le cortó tratando de sonar desinteresado.- No soy un maldito bebé.

-Eso no significa que seas un bebé, Draco. –Le dijo Hannah con suavidad.- Solo que te hubiese gustado pasar más tiempo con él.

No respondió, desvío la mirada de ella para posarla en el lago que se veía tan pacífico esa mañana.

-Estaba ocupado, lo ha estado mucho últimamente. –Susurró con la mirada pérdida.- Pronto todo volverá a la normalidad.

Eso solo lo decía de la boca para afuera, la verdad era que su padre había pasado todo agosto fuera de la casa, muy ocupado y sin tiempo para nadie… Ni siquiera para él, aun no entendía como había hecho tiempo para llevarlo al mundial y la verdad era que algo le decía que todo eso antes de acabar, apenas estaba comenzando.

-Igual deberías escribirle. –Insistió la chica.- Es tu padre, estoy segura de que querrá saber como te sientes, el mío querría saberlo.

Sonrió con amargura, Hannah tenía la errónea idea de que todas las familias eran funcionales y amorosas como la suya.

-Si le escribo algo como eso a mi padre pensará que soy débil. –Respondió Draco volviéndose para mirarla con ironía.- No queremos que piense eso, ¿cierto?

-Estoy segura de que no lo haría. –Dijo ella con mucha seguridad.- ¿Sabes, Draco? Para una persona cuyo lema es: Mi padre se enterará de esto, te cuesta mucho hablar con él.

No pudo evitar soltar una carcajada ante eso, lo que lo hizo sentir liberado y ligero. Hannah era probablemente la única persona en esa escuela con la que podía reír de verdad, la única que en serio podía divertirlo, porque él se reía con Crabbe y Goyle, a veces con Blaise pero de manera burlona o cruel, despectiva, en cambio con Hannah las carcajadas eran sinceras.

Era posiblemente la única amiga real que tenía en el mundo… A pesar de que la palabra amistad le hubiera empezado a saber amarga desde hacía ya un tiempo.

-Prométeme que le escribirás, ¿de acuerdo?

-De acuerdo. –Mintió, por supuesto que no lo haría. Suspiró y se puso de pie.- Creo que deberíamos irnos, puede que a Hagrid no le importe pero a Mcgonagall sí.

-Oh, olvidé que tenías Transformaciones. –Ella también se puso de pie.- ¿Te veo aquí mañana en la tarde?

Le molestaba un poco que propusiera el día siguiente y no esa misma tarde pero tampoco quería lucir muy desesperado así que acepto con tranquilidad.

-Bien… -Se quedó callada por un momento con una mirada pensativa.- ¿Puedo confiar en que te comportarás si te encuentras a Harry por ahí?

Gruñó y puso mala cara pero al final se encogió de hombros.

-Como sea.

-Hey, no te pongas así. –Le pidió ella con una sonrisita.- En serio, él es una maravillosa persona, si se conocieran bien tal vez…

Él le dedicó una mirada significativa que la hizo callar. Suspiró vencida y asintió.

-Está bien, voy a superar el tema ya… Solo no te metas en problemas.

Iba a responderle pero las palabras se quedaron a mitad de camino cuando Hannah se acercó a él y le dio un abrazo. Fue rápido y amistoso, casi ni le dio tiempo de responderle, pero la sensación que le provocó le duraría por el resto del día.

-Ya me voy. –Le dijo con una sonrisa.- Nos vemos mañana.

Apenas y le dio tiempo de mover una mano a modo de despedida cuando ya la chica se había dado media vuelta y se había marchado.

Draco se quedó viendo hipnotizado como se marchaba con sus despreciables amigos que definitivamente no la merecían y con el estúpido de Potter que, por primera vez en cuatro años, podía pasar más tiempo con ella que él.


Lo que a Harry más le gustaba de esa primera semana en Hogwarts era que todas las materias eran nuevas para él así que, por ahora, ir a sus clases era una experiencia llena de ansiedad y emoción. Hasta ahora la única materia realmente decepcionante había sido Pociones y deseaba que continuara así.

En ese momento caminaba por los terrenos del castillo junto a Ron y a Hermione para ir a su primera clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, había estado anhelando ver esa clase, primero porque era al aire libre y eso nunca podía ser algo malo, y segundo porque todos, y por todos se refería literalmente a todos, le habían estado contando lo grandioso y amigable que era Hagrid, Harry estaba emocionado de conocer a una persona con tan buena reputación.

Lo único que podía distorsionar su emoción un poco era que Hannah no estuviera ahí con ellos y es que Harry sabía exactamente donde y con quien estaba; sin embargo había mantenido su promesa y no había hecho comentario alguno cuando la chica se había marchado de la mesa del desayuno mucho antes que el resto, estaba determinado a no pelear con ella.

Además no era como si Ron y Hermione fueran a dejar que pasara mucho tiempo enfadado por las actividades de Hannah ya que habían estado discutiendo desde que habían dejado el castillo.

-Vamos, no te cuesta nada. –Insistía Ron con voz suplicante.- Juro que algún día te lo pagaré…

-¡No, Ron, no haré tu tarea de Historia por ti! –Exclamó la chica empezando a sulfurarse.- No es mi culpa que no hayas empezado aun y todo se te haya acumulado.

-¡No es la tarea completa, Merlín! ¿Por qué eres tan dramática? –Preguntó el pelirrojo poniendo los ojos en blanco.- Solo unas cuantas palabras para yo guiarme y…

-Ya te dije que no. –Le cortó Hermione con determinación.- Si pasaras más tiempo preocupado por tus tareas y menos jugando ajedrez mágico ya habrías terminado.

-Por favor, Hermione, solo ayúdame. –Empezaba a perder los amables modales que había mantenido hasta ese momento.- No seas tan nerd.

-¡¿Cómo me llamaste?!

En ese momento Harry supo que tenía que intervenir; la experiencia de convivir con James, Sirius y Lily le había enseñado que cuando alguno de estos dos la llamaba nerd las cosas no terminaban bien. Solo podía imaginarse que con Ron y Hermione debía ser igual.

-Oigan, ¿Qué animales creen que aprenderemos a cuidar este año? –Preguntó rápidamente.- Hermione, tú siempre lees el plan de estudio.

-Como si eso sirviera en esta materia. –Rió Ron.

-Hagrid nunca se apega al plan de estudios original. –Suspiró Hermione.- Siempre nos trae las criaturas que se le antoje en cierto momento.

-Espero que este año se le antoje un dragón.

Harry rió ante el comentario de Ron y se sintió aliviado de que ya la pelea hubiese acabado. Había empezado a acostumbrarse al hecho de que sus dos nuevos amigos discutían cada dos por tres y también había notado como Hannah siempre estaba ahí tratando de traer la paz, Harry había decidido que si sería parte de ese grupo debía aprender a hacer lo mismo.

-Mira, allá está Hagrid. –Dijo Hermione señalando al frente.- Ven, querrá conocerte.

A pesar de que todos le habían hablado muchísimo de Hagrid, nadie se había molestado en describírselo físicamente. Por esto Harry no pudo evitar quedarse muy sorprendido y abrir la boca, atónito, al ver al hombre de unos tres metros parado a mitad del claro apilando unas cajas que no dejaban de moverse.

-¡Hagrid! –Lo llamó Ron cuando estuvieron más cerca.

El hombre mitad humano, mitad gigante se volteó hacia ellos y les dedicó una inmensa sonrisa llena de calidez que le ocupó todo el rostro.

-¡Ron, Hermione! –Los saludó con una voz gruesa pero amigable y un acento que Harry no pudo descifrar.- ¡Los extrañé durante las vacaciones!

-Y nosotros te extrañamos a ti, Hagrid. –Le dijo Hermione con una sonrisa.- Mira, queremos presentarte a…

-¡Harry Potter! –Exclamó Hagrid haciendo sobresaltar al chico.- ¡No puedo creerlo! ¡Finalmente nos conocemos, es un placer, Harry, todo un placer!

-Emm… Hola, el placer es mío. –Harry le sonrió y le ofreció una mano que Hagrid tomó, cubriéndosela toda.- ¿Pero como sabes…?

-Oh, el profesor Dumbledore me contó todo sobre ti, Harry. –Le explicó Hagrid sin dejar de sonreír o soltar su mano.- ¡Ya estaba ansioso por conocerte!

Harry tragó saliva disimuladamente, realmente esperaba que Dumbledore no le hubiese contado exactamente todo lo que sabía sobre él. Sin embargo no se sintió nervioso ante esa idea; Hagrid le sonreía de manera sincera y sus grandes ojos brillaban con familiaridad y honestidad lo que hizo que el chico se sintiera tranquilo.

-Espero que solo haya dicho cosas buenas. –Respondió Harry sonriendo.

-¡Pero por supuesto! El profesor Dumbledore es un hombre muy noble. –Exclamó Hagrid con solemnidad, dejando ir su mano finalmente.- Y no podría creer nada malo sobre ti, conozco a tus padres, de las mejores personas que hay, sí señor.

Hagrid dijo eso con un cariño notable que conmovió a Harry y lo hizo sentir orgulloso; cada persona que lo conocía siempre tenía una palabra amable o un cumplido para con sus padres… Excepto Snape, pero él no contaba.

-Yo también estaba ansioso por conocerte, Hagrid. –Admitió el chico con una sonrisa.- James y Lily me han hablado mucho sobre ti.

-Oh, apuesto a que fueron demasiado generosos. –Murmuró Hagrid sonrojándose y notablemente conmovido.- ¿Y como están? Extrañándote supongo.

-Están bien, preocupados pero bien. –Harry se encogió de hombros y su mente voló hacia la carta que le habían enviado el día anterior.- Te envían saludos… Y Sirius también.

-El buen Sirius Black, un joven muy particular. –Hagrid dejó salir una sonora pero bastante contagiosa carcajada.- Vino a verme él día que tú y tus padres hablaron con Dumbledore. Habló mucho sobre ti, dijo que era tu padrino.

-No lo es… O sea sí pero no. –Se contradijo Harry, sin saber como explicarse.- Digo, legalmente no lo es pero se autonombró como tal porque dijo que en una situación normal lo sería.

-Eso no lo pongo en duda, él y tu padre eran inseparables de chicos, casi como hermanos. –Recordó Hagrid con una sonrisa.- Pasé siete años de mi vida manteniéndolos alejados del bosque, sin mucho éxito me temo, eran bastante incontrolables.

-No te sientas mal, aun lo son... –Le dijo Harry divertido.- La mayoría de las veces.

-Apuesto a que sí. –Volvió a reír Hagrid.- Bien, será mejor que empecemos con la clase, vayan a sus lugares.

Los tres chicos asintieron y fueron a pararse junto al resto de sus compañeros de Gryffindor y los Ravenclaw con los que verían la clase.

-Yo no sabía que Sirius era tu padrino, Harry. –Le susurró Ron mientras Hagrid saludaba a la clase.

-No lo es. –Respondió Hermione.- Acaba de decirnos que no es legal.

-Bueno pero es como si lo fuera. –El pelirrojo sonrió de manera soñadora.- Yo consideraría padrino a cualquiera que me regale una Saeta de Fuego.

Harry rió por lo bajo y asintió, esa no era la única razón por la que le gustaba considerar a Sirius su padrino pero era una de bastante peso.

-¿Y por que no lo hacen legal? –Preguntó Hermione tratando de no perderse las instrucciones de Hagrid.- No debe ser muy complicado.

En ese momento Harry recordó algo en lo que no había pensado ni una sola vez pero que era bastante importante. A esas alturas James y Lily todavía no eran sus padres legalmente, ante el Ministerio seguían en período de prueba y según lo que el chico conocía del tema eso se mantendría así por unos meses más.

De repente se sintió incómodo, no le gustaba pensar que por algún tecnicismo o una estupidez del Ministerio, que no era una institución totalmente eficiente, podrían separarlo de sus padres. Eso no podía pasar, ya se había acostumbrado, ya eran una familia… Pero aun así no podía negar que el pensamiento le daba algo de miedo.

Estaba a punto de explicarles a Ron y a Hermione todo eso, o una parte al menos, cuando Hannah llegó corriendo para pararse a su lado y tropezándolo.

-Ya llegué, ya llegué. –Dijo su amiga con la respiración agitada por la carrera.- ¿Cuánto me perdí?

-¿Dónde…? –Empezó a preguntarle Ron.

-¡Hannah, ya estás aquí! –Le dijo Hagrid con una gran sonrisa.- Pensé que te habías cambiado de clase.

-Sabes que nunca haría eso, Hagrid. –Respondió la chica con su sonrisa de siempre.- Lo siento, no volveré a llegar tarde.

-Lo harás si sigues dando vueltas por ahí con serpientes. –Susurró Ron.

La chica estiró un brazo por detrás de Harry para darle un golpe en la cabeza al pelirrojo.

-¡Auch! ¡No me golpees!

-Entonces no digas tonterías.

-Tiene razón, Hannah. –Le dijo Hermione con la voz severa.- No puedes llegar tarde por su culpa.

Harry, que se estaba mordiendo la lengua muy fuerte para no opinar, agradeció inmensamente que ellos dos estuvieran ahí para decir las cosas que él no decía.

-Lo se, lo se. –Admitió la recién llegada con un suspiro.- No lo volveré a hacer, solo perdí la noción del tiempo.

Harry frunció el seño con desagrado pero no emitió comentario, en serio quería tratar de no molestarla más con el tema… Pero por Merlín que era difícil.

Hagrid empezó la clase hablándoles de la criatura que tendrían que cuidar ese año: escregutos de cola explosiva.

-Son criaturas muy interesantes y divertidas. –Les explicó a la vez que distribuía unas cajas por todos los estudiantes.- Sin embargo son incomprendidas.

-¿Por qué no podemos ver animales comprensibles? –Escuchó que se lamentaba Lavender Brown.- Como Unicornios.

-Porque no vivimos en un cuento de hadas. –Susurró Hermione para si misma.

Harry rió por lo bajo pero se detuvo cuando abrió su caja y se encontró con lo que parecía ser una langosta pálida, viscosa y deforme con un aguijón que no lucía muy seguro.

-Em… ¿Hagrid? –Preguntó Ron con la misma de mirada de extrañeza y desagrado que Harry debía tener.- ¿Qué se supone que haremos con estas escre-cosas?

-Escregutos, Ron. –Le corrigió Hagrid con amabilidad.- Pues tendrán que criarlos por supuesto, los verán crecer durante todo el año. Serán como sus nuevos bebés.

-Esto no luce como un bebé. –Murmuró Hermione viendo preocupada su escreguto.

-Hoy empezaremos con la alimentación. –Explicó Hagrid entregándoles pequeñas bolsas de papel.- Ahí deben encontrar huevos de hormiga e hígado de rana, aliméntenlos de poco a poco o podrían vomitar.

-No son los únicos. –Dijo Hannah sacando la comida con asco y entregándosela a su criatura.- ¿De que hablaban cuando llegue?

A Harry le dio gusto que le recordara esa conversación, tomó su caja y se acercó un poco más a ella para hablarle en susurro.

-Em… ¿Te puedo hacer una pregunta?

-No. –Respondió ella con una sonrisa divertida poniendo los ojos en blanco.- No entiendo por que lo dudas.

-Bien, bien. –Dudó un momento antes de hablar.- Han, tú… ¿Cuánto tiempo estuvieron tus padres en período de prueba? Ya sabes, antes de que te adoptaran.

-Um… Al principio serían unos tres meses. –Le contó ella concentrada en que el escreguto no la picara.- Pero hubo un problema con unos papeles y se alargó… ¿Recuerdas que casi me envían devuelta al orfanato?

Sí, claro que lo recordaba y justamente por eso era que estaba preguntando.

Harry sintió como el corazón se le caía al estómago al pensar que por algo tan trivial como papeleo podrían apartarlo de sus padres.

-Hey. –Le dijo Hannah dándole un codazo juguetón.- No te preocupes, todo irá bien con ustedes.

-¿Y si no es así? –Harry no pudo evitar sonar afligido.

-¿Crees que James y Lily te dejarían ir a algún lado, Harry? -Le preguntó ella sonriéndole de manera tranquilizadora.

Ya lo hicieron una vez.

-Sí, tienes razón. –Aceptó él, tratando de creérselo y de alejar malos pensamientos.- Todo irá bien, no hay de que preocuparse.

De repente su conversación fue interrumpida por los grititos aterrados de unas chicas de Ravenclaw que al parecer habían sido atacadas por las criaturas en sus cajas.

Harry quiso poner los ojos en blanco pero ver el azul y plateado de sus túnicas le trajo flashbacks de su primer día de clases en el comedor. Entonces tuvo una idea que en ese momento le pareció brillante.

-Hannah, Hannah. –La llamó dándole codazos un poco más fuertes de lo necesario.- Han, escúchame.

-Auch, auch. ¿Qué? –Se quejó ella sobándose el costado.- Estoy justo aquí, ¿Qué ocurre?

-Esas chicas, las de Ravenclaw. –Le dijo apuntándolas disimuladamente con la cabeza.- ¿Son tus amigas?

-No en realidad. –Hannah se encogió de hombros confundida.- Nos conocemos y nos saludamos a veces pero no somos amigas.

-Pero las conoces. –Confirmó él con una enorme sonrisa, emocionado.- Perfecto, eso sirve.

-¿Eso sirve para que? –Le preguntó ella sin entender.

-Deben conocerla, están en la misma casa, puedes pedirle que nos la presenten.

-¿De quien estás hablándome?

-Pues de Cho, tonta. –Dijo Harry como si fuera lo más obvio del mundo.

-¿Qué demo…? ¡Auch! –Exclamó con dolor sacando la mano de la caja y llevándose un dedo a la boca.- Maldición.

Harry solo pudo imaginar que esos escregutos debían picar muy fuerte porque Hannah nunca maldecía.

-¿Por qué insistes en conocerla? No tiene sentido.

-Porque es tan linda. –Harry suspiró al recordarla.- ¡Y le gusta el Quidditch! ¿Qué otra razón necesito?

Si Harry no hubiese estado tan ocupado fantaseando con Cho se habría dado cuenta de la expresión de fastidio que había puesto su amiga.

-Está bien, suponiendo que te la presentara. –Dijo Hannah fastidiada.- ¿Qué piensas decirle?

Harry borró su sonrisa soñadora y la cambió por una mueca de preocupación. La verdad era que no había pensando en eso.

-Pues… Yo… No lo se… -Murmuró contrariado.- ¿Tú qué crees que debería decirle?

-No lo se, Harry. No soy experta en coquetear con chicas. –Bufó poniendo los ojos en blanco.- Pregúntale a James o a Sirius.

-Eso no… -Pero se tomó un momento para pensarlo mejor y después volvió a sonreír.- De hecho es una idea muy buena, gracias, Han.

Ella le puso los ojos en blanco y siguió concentrada en alimentar a su escreguto.

Harry sonreía mientras pensaba a cual de los dos sería mejor escribirle. Sirius probablemente se burlaría de él pero era quien parecía tener más experiencia en el tema… Bueno, tal vez James tenía razón y su relación disfuncional con Marlene no podía considerarse experiencia.

Entonces Harry se encontró preguntándose si habrían solucionado el problema que habían tenido antes de que se marchara. Esperaba que sí porque, desde su punto de vista, ellos dos lucían, de alguna manera, correctos cuando estaban juntos.


Era un estúpido. Sí, definitivamente era el ser más estúpido que había pisado la faz de la tierra.

Pero la estupidez nunca se vio mejor, pensó con arrogancia a la vez que se arreglaba el cabello en el reflejo de un automóvil.

En fin, era un estúpido y sus atributos físicos no cambiaban eso, en todo caso lo hacían ser más estúpido. Porque claro, podía estar en cualquier parte con cualquier chica que se le antojara pero no, él estaba parado a mitad de una calle muggle frente al edificio donde quedaba el apartamento de Marlene.

Sirius bufó enfadado consigo mismo a la vez que volvía a plantearse el marcharse de ahí y esperar que ella lo buscara a él, así era como debía ser, no había hecho nada malo y ella era una loca que solo estaba exagerando todo el asunto.

Y sin embargo ahí estaba, esperando que saliera como lo hacía todos los días a esa hora, esperando para verla porque… Al diablo, solo quería verla, había pasado mucho tiempo.

La peor parte era que eso era mentira, no había pasado mucho tiempo, una semana como mucho pero le estaba pareciendo una eternidad, y es que desde que Harry había aparecido sus destinos, por razones obvias, parecían estar más unidos que nunca, siempre se estaban viendo y encontrando y como eran ellos, era imposible que se vieran sin terminar durmiendo juntos.

Honestamente Sirius estaba haciendo todo lo que podía para no pensar en sus razones para estar ahí parado como un idiota, no era porque necesitara desesperadamente tener sexo con alguien, solo había pasado una semana y no era un adolescente, y aunque fuera eso era perfectamente capaz de arreglárselas sin Marlene… Pero no quería hacerlo.

Pero podía tratar de analizarse después, en ese momento su atención había sido robada por un sujeto que acababa de pararse frente a la puerta del edificio. Había algo mal en él, Sirius lo supo en el momento que lo vio, algo no encajaba, no sabía si era su forma de caminar o la extrañeza en su mirada, tal vez era su ropa que…

Por supuesto que era la ropa, era un montón de piezas que juntas no tenían sentido, así no se vestían las personas normales. Así no se vestía un muggle, así se vestía un mago que estaba intentando hacerse pasar por uno.

Gruñó al entender que hacía un mago disfrazado de muggle a las afueras del apartamento de Mar. Pero estaba loca si pensaba que iba a salir con ese sujeto, ella podía hacer lo que quería con su vida, a Sirius no le importaba… Pero ese día no.

Rápidamente se refugió en un callejón que estaba cerca de él y después de asegurarse que no había nadie que pudiera verlo, se apareció en medio del salón de la casa de Marlene.

A Sirius le gustaba mucho ese apartamento, era pequeño pero acogedor y estaba lleno de divertidas cosas muggles, a veces prefería que se quedaran ahí que en el suyo. En ese momento Marlene salió de su habitación y se sobresaltó muchísimo al verlo ahí de pie; él notó que efectivamente estaba lista y para salir, sintió la sangre empezando a deslizarse hacia el sur al ver lo divina que se veía.

-¡¿Qué demonios estás haciendo aquí?! –Le preguntó ella exaltada.

-¿A dónde vas? –Soltó él de inmediato de manera hostil.

-¿Qué a donde…? ¡¿Has perdido por completo la razón?! –Lo veía enfadada y empezaba a subir la voz.- ¿Cómo entraste aquí?

-Magia. –Respondió Sirius moviendo las manos de manera mística.

Por toda respuesta ella le dedicó una mirada asesina; se apresuró a responder antes de que le echara una maldición.

-¿Cómo más, Mar? –Puso los ojos en blanco.- Me aparecí, no es como si nunca hubiese venido o tuvieras alguna protección.

-¿Qué pasa contigo? –La rubia bufó, más calmada pero aun enojada.- No puedes simplemente aparecerte a mitad del apartamento de alguien.

-No de alguien, de ti. –Le dijo él de manera encantadora.- ¿Qué tiene? Si este es algo así como mi segundo hogar.

-Pues espero que a James nunca se le ocurra echarte del primero.

Sirius soltó una carcajada y ella suspiró cansada pero pudo ver el fantasma de una sonrisa luchando por aparecer en su rostro; en el fondo le agradaba verlo.

-Es en serio, Sirius: ¿Qué estás haciendo aquí?

-Eh, eh, no, Marly, yo pregunté primero. –Canturreó él sonriente acercándose a ella.- ¿A dónde vas?

-A la calle. –Respondió resuelta.- Te toca.

A pesar de no dejar de sonreír, Sirius soltó un gruñido de fastidio, sabía que no le daría una respuesta concreta hasta que hablara.

-Bien, estoy aquí con un solo propósito. –Empezó a decir relajado y con una torcida sonrisa arrogante.- He venido para que tengas la oportunidad de pedirme disculpas.

-¿Ah si? –Preguntó ella subiendo una ceja.- ¿Y como por que tendría que pedirte disculpas?

-Pues primero por haberme gritado y culpado por las estupideces de James. –Enumeró con los dedos.- Y segundo, por haberte ido ese día sin hacerme el desayuno, eso fue grosero.

Marlene se le quedó mirando por un momento antes de inclinar la cabeza un poco y sonreírle de manera condescendiente.

-Aw, cariño, ¿en serio piensas que eso va a pasar? –Preguntó ella con un pequeño puchero.- ¿Dejaste el cerebro botado en algún lugar cuando te apareciste?

-No seas idiota. –Bufó él fastidiado y empezando a perder la paciencia.- En serio deberías disculparte, lo que hiciste no tuvo ningún sentido.

-¿Por qué no te disculpas tú?

-¡Lo haría si supiera que demonios fue lo que hice!

Probablemente tampoco lo haría de saberlo pero ese no era el punto a tratar en ese momento.

-Pues para empezar por haber sido tan apático e importarte tan poco mi reacción a encontrarme a mi jefa en el mismo apartamento donde acababa de tener sexo.

-¿De verdad, Mar? ¿Todos estos años y aun no entiendes que no me importa casi nada?

-Y por otro lado… -Continuó ella, ignorándolo.- Te pedí que te deshicieras de ella y no lo hiciste, ¿o sí?

-¡Traté pero el idiota de James no quiere escucharme! –Exclamó exasperado.- Y honestamente no es como si pudiera obligarlo dado que también vive ahí, es como si él me pidiera que tú…

-Piénsalo muy seriamente antes de compararme con Merlina, Sirius. –Le cortó de manera amenazante.

-No iba a hacer eso. –Mintió.- ¿Sabes, Mckinnon? Me burlo mucho de James porque le gusta Lily pero tú estás casi tan loca como ella.

-Tienes una manera muy extraña de intentar que no esté enfadada, Black. –Le dijo entre dientes, tenía los puños apretados y Sirius sabía que estaba tratando de no perder el control. Se veía sexy así.- Y discúlpame si no me quedó aquí contigo perdiendo el tiempo, pero tengo una cita.

-¿Qué? ¿Con ese idiota de la puerta? –Preguntó Sirius con una mueca de disgusto.

-No es que sea de tu incumbencia pero sí, con él. –Respondió ella de mala gana tomando su bolso.- Y no es un idiota, ni siquiera lo conoces.

-No necesito conocerlo, se viste como un retrasado. –Bufó enojado.- Amas a los muggles y sus cosas, ¿Cómo puedes salir con alguien que no sabe ni como se visten?

-Sirius, de verdad, no es tu problema. –Le dijo Marlene exasperada.- Y estamos un poco viejos para que empieces a armarme escenas de celos.

-Ja, ya desearías que eso estuviera haciendo. –Rió con ironía.- Lo único que digo es que no entiendo por que saldrías con él cuando yo estoy aquí y luciendo mejor que de costumbre, lo cual es decir mucho.

-En serio, Sirius, sigo esperando el día que tu ego te infle y te lleve volando. –Le dijo irritada, empezando a caminar hacia la puerta.- Trata de que sea antes de los treinta y cinco, Remus y yo tenemos una apuesta.

-Mar, deja de caminar, ambos sabemos que no irás a ningún lado.

-¿Por qué? ¿Por qué tú lo dices? ¿De verdad?

-No porque yo lo digo, pero porque estoy aquí y tú estás aquí también. –Explicó señalando el apartamento y señalándose mutuamente.- Y porque cada vez que estamos juntos, terminamos ahí. –Señaló la habitación.- O ahí.

Señaló el sofá y sonrió con nostalgia, esa había sido una buena noche.

Volvió a ver a Marlene y tuvo que reprimir una mueca de satisfacción al ver como sus ojos se oscurecían por lo excitante del recuerdo.

-Pues tal vez hoy no quiera estar contigo. –Dijo ella tratando de sonar inafectada pero su voz era más profunda.- Tal vez quiero estar con él.

-Por favor. –Dijo de manera burlona.- De verdad, Mar, tomando en cuenta que tienes tanto tiempo acostándote conmigo uno pensaría que tienes mejor gusto.

-Yo opino que el que me acueste contigo prueba justamente lo contrario.

Sirius sintió como la sangre empezaba a palpitarle en los oídos, estaba jugando con él porque sabía que eso lo volvía loco… Y Merlín, le encantaba que hiciera eso.

-No te engañes, Marly. –Le dijo por lo bajo con una sonrisa pícara.- Sabes que soy el mejor que has tenido.

-No te engañes, cariño. –Se acercó a él para susurrarle al oído.- No eres tan bueno.

Sirius sintió como una oleada de sentimientos lo recorrían en ese momento. Obviamente, le había dado donde le dolía, lo había hecho de manera intencional y estaba furioso y ofendido pero esos sentimientos siempre lograban excitarlo.

Y ella lo sabía.

La tomó con fuerza por el brazo antes de que pudiera seguir avanzando hacia la puerta. Sus ojos se encontraron y así pudo saber que estaba igual de caliente que él, le sonrió de manera lasciva y una amenaza casi animal.

-No debiste decir eso.

Marlene abrió la boca para responder pero él no le dio tiempo, ya que la tomó por la cintura y la presionó contra una pared con su cuerpo haciéndola soltar un jadeo de sorpresa.

-Voy a hacer que te arrepientas. –Le susurró con la voz ronca.

Por toda respuesta ella le sonrió desafiante por un segundo antes de que él estampara sus labios con los suyos en un beso furioso y hambriento. Sus dientes chocaron y sus lenguas entraron en contacto de inmediato, recorriendo la boca del otro que ya se conocían de memoria pero que nunca dejaba de ser excitante. Sirius la tomaba por la cintura tal fuerza que estaba seguro de que al día siguiente tendría marcas; el pensamiento hizo que el bulto en sus piernas cobrara vida y empezara a endurecerse, soltó un gruñido y presionó sus manos con más fuerza, acercándola a él lo más humanamente posible.

Marlene gimió contra su boca en una mezcla de dolor y excitación haciendo que la cabeza de Sirius empezara a dar vueltas. Al ver que no la soltaba ella tomó su labio inferior entre sus dientes y lo mordió con muchísima fuerza, al principio él lo disfrutaba pero se alejó cuando pudo saborear la sangre.

-Estás loca. –Murmuró picado pero sonriente.

-Y te encanta.

Pero claro que sí.

Él rió por lo bajo, excitado, antes de enterrar el rostro en el cuello de la rubia para morder y chupar, dejando un rastro de saliva y de marcas rojas. A Marlene la respiración se le atoró en la garganta y Sirius sentía como estaba resistiendo los gemidos de placer que luchaban por salir; muriéndose por escucharlos succionó con mucha fuerza el hueco entre su cuello y su hombro lo que hizo que Marlene soltara un jadeo y llevara las manos a su cabello para atraerlo más hacia ella.

Para seguir con el recorrido de besos, Sirius removió el abrigo de la chica y lo lanzó hacia algún lugar del apartamento. Su pantalón se sintió más apretado cuando se alejó de su cuello y vio que se había puesto un vestido con un escote pronunciado que dejaba ver demasiado de sus senos que, según él, eran los más mejores que había visto.

Una oleada de rabia lo recorrió al pensar que por poco estuvo apunto de salir con ese idiota luciendo así de apetecible. De manera instintiva acercó el rostro hacia su escote y empezó a besar y a lamer el inicio de sus senos que apretaba con fuerza por encima de la camisa, ella respiraba aceleradamente pero aun no gemía.

Maldita orgullosa, pensó Sirius, ciego por las ganas que tenía de escucharla soltar esos sonidos maravillosos que le hacían saber que la estaba haciendo sentir en el cielo.

Con todo eso en la mente se dedicó a besar su pecho izquierdo y de repente succionó con fuerza, haciéndola gemir, finalmente. Alejó el rostro y le sonrió satisfecho, ella bajó la mirada y su rostro se llenó de rabia al ver la marcha rojiza, que más tarde se tornaría morada, que ahora adornaba su seno.

-¡Eres un idiota! –Le espetó con la voz ronca.- ¡Sabes que odio que me dejes marcas, grandísimo…!

Pero dejó la frase a la mitad y soltó un jadeo en el momento que Sirius colocó una rodilla entre sus piernas, pegándola contra sus bragas que se sentían húmedas contra su pantalón. Gruñó excitado ante la sensación y empezó a mover la pierna, rozándola en su parte más sensible haciendo que Marlene echara la cabeza hacia atrás y empezará a dejar salir pequeños y casi imperceptibles gemidos.

-Soy el mejor que has tenido, Mar. –Le dijo con la voz ronca.- Nadie puede hacerte sentir como yo y lo sabes.

Por toda afirmación, la rubia gimió con más fuerza y movió las caderas contra la pierna de Sirius que cada vez se sentía más húmeda.

Entonces él la tomó por las caderas y la levantó en sus brazos para ir a la habitación, con facilidad y ganas pudo habérsela follado contra la pared pero en ese momento la quería acostada.

La dejó caer sobre la cama y de inmediato se puso encima de ella, volviendo a besarla de manera apasionada y salvaje, lenguas peleando y dientes mordiendo, así como a ambos les gustaba. De repente Marlene se llevó las manos a las mangas del vestido para intentar quitárselo pero él la detuvo de inmediato.

Por más que le gustara el cuerpo desnudo de Mar, ese vestido le quedaba demasiado bien y se le apetecía follársela así. Vestida.

Metió las manos por debajo de la tela y en un movimiento rápido tomó sus bragas, las bajó por sus piernas y las arrojó lejos. Dejó de besarla para bajar su rostro hasta sus piernas, tomó la tela del vestido con ambas manos y la subió hasta arriba de sus caderas dejando al descubierto su parte más íntima.

Sirius tragó saliva al verla y al sentir el delicioso olor de su humedad, tuvo que luchar con el impulso de saborearla, primero quería jugar con ella un poco.

Le besó el vientre con lentitud y calma, bajando pero deteniéndose cuando estaba a punto de llegar, acariciaba la cara interna de sus muslos de manera suave y torturosa. Podía escuchar como la respiración de Marlene se aceleraba para tratar de tomar el aire que le hacía falta, estaba empezando a temblar cuando colocó una mano en la parte de atrás de su cabeza, atrayéndolo hacia ella.

-Si-Sirius… -Susurró con la voz entrecortada.- Yo… Yo…

-¿Qué quieres, Mar? –Le preguntó él, con intención.- Dime que quieres.

Ella le lanzó una mirada suplicante pero no dijo nada solamente intentó bajar su cabeza de nuevo pero él no obedeció. Le sonrió con picardía y negó con la cabeza.

-No te puedo entender si no hablas, belleza. No he aprendido Legeremancia.

Marlene gimió frustrada y abrió y cerró la boca, buscando las palabras.

-Sirius... –Le dijo con una mirada significativa.- Tú… Tú sabes…

-Di las palabras mágicas, Mar. –Le dijo sin dejar de sonreír.- Tú sabes cuales son, dilas.

La rubia le dedicó una mirada mitad asesina mitad suplicante y se mordió el labio en orden de no dejar salir nada. Él subió una ceja de manera desafiante antes de esconder la cara entre sus piernas y quedar a pocos milímetros de ella para de manera deliberada soplar con delicadeza su clítoris.

-¡Sirius! –Gimió con fuerza tomándolo del cabello.- Por favor, por favor.

Sirius sonrió victorioso y estuvo más que complacido de obedecer.

Marlene dejó salir un gemido ronco y anhelante en el momento que él empezó a lamer sus fluidos, deleitándose en su sabor que conocía de memoria pero del que nunca se aburría. Tomó su clítoris, ya sensible por la estimulación de su pierna unos minutos antes, entre sus labios y succionó con fuerza.

Ella seguía gimiendo a la vez que movía sus caderas contra su cara, queriendo más del delicioso placer que le provocaban sus labios. Entonces Sirius atrajo sus dedos hacia ella para introducir dos en su interior y empezar a moverlos hacia adentro hacia fuera y en círculos, llevándola lo más cerca que podía.

-Um, Sirius… -Jadeó Marlene.- Sí, así…

Eso era una de las cosas que más le gustaba de su rubia; al principio se negaba rotundamente a dejar salir algún sonido pero en el momento que lograba quebrarla por completo, se volvía más gemidos que persona.

De repente Sirius sintió que ya no aguantaría más, su erección estaba a punto de estallar en sus pantalones si no la liberaba de inmediato. Alejó el rostro de las piernas de Mar y la única pieza de ropa de la que se deshizo fue de su chaqueta de cuero, estaba demasiado sudado y se pondría peor si no se la quitaba.

Se desabrochó los pantalones ante la mirada expectante de ella, y los bajó junto a sus bóxers solo lo suficiente para dejar libre su erección que se irguió orgullosa contra su estómago.

Pero el sueño se convirtió en pesadilla cuando justo en el momento que estaba a punto de entrar en ella finalmente, Marlene cerró las piernas.

-¿Ah? –Preguntó atónito.- ¿Qué…? ¿Qué haces?

-¿Qué pasa? –Le sonrió, excitada pero con inocencia.- ¿Deseas algo, Sirius?

Él abrió los ojos muy en grande y la miró como si acabara de volverse loca y no descartó el que fuera así.

-¡No juegues ahora! –Exclamó con la voz estrangulada.- Abre…

Puso las manos en sus rodillas e intentó separarlas pero ella no lo permitió, las tenía presionadas con mucha fuerza.

-¡Mar! –Le dijo de manera suplicante.- ¡No hagas esto!

-Vas a tener que decirme que quieres, cariño. –Le susurró con una sonrisita.- Yo tampoco se Legeremancia.

Sirius se tensó cuando sintió el pie de Marlene subir y bajar lentamente por su erección. Un temblor le recorrió el cuerpo y dejó salir un gruñido desde el fondo de su pecho.

-Marlene…

-¿Qué, Sirius? ¿Qué quieres?

-Maldita sea. –Gruñó él sintiendo como su pie lo torturaba.- Quiero follarte hasta que grites eso es lo que quiero.

Ella frunció los labios de manera pensativa y siguió moviendo su pie cada vez más lento, haciéndolo sentir que quería matarlo.

-Tendrás que decir las palabras mágicas. –Murmuró ella viéndolo através de sus pestañas.- Tú sabes cuales son, acabo de decírtelas.

Sirius tragó saliva y se mordió el labio; no podía ser, ¿Por qué tenía que ser así? Tan… Tan… ¡Tan parecida a él! ¡No podía simplemente dejarlo ganar aunque fuera esa maldita vez! La hacía odiarla y adorarla a partes casi iguales.

Y terminó de perder en el momento que ella alejó su pie por completo.

-¡No, Marly, por favor! –Le pidió casi desesperado, gimió resignado.- Por favor.

Ella le dedicó una sonrió satisfecha y abrió sus piernas para él. Pero de repente su rostro dejó ver que acababa de recordar algo.

-Espera…

Pero a Sirius no podía importarle menos que maldita cosa había olvidado. Ignoró por completo el intentó de Mar por tomar su varita que estaba en la mesa de noche y la penetró con fuerza y brusquedad, haciendo que ambos dejaran salir un gemido de alivio y satisfacción.

Como siempre, el interior de Marlene lo recibió totalmente listo, húmedo y estrecho, perfecto. Gimió largamente y de inmediato empezó a moverse, rápido y casi desesperado, el juego previo había tomado más tiempo del que había anticipado y ahora se sentía al borde.

-¡Sirius! –Gimió Mar, moviendo sus caderas con las suyas.- Más duro.

Él sonrió y la obedeció complacido. Sus embestidas se volvieron más fuertes haciéndola gemir sin parar, la tomó por la parte de atrás de las rodillas para que las flexionara y así poder llegar más profundo. De manera instintiva ella envolvió las piernas alrededor de su cintura y lo apretó más adentro, si aun era posible.

-¡Ahí! ¡Sirius, ahí, ahí! –Gritó ella echando la cabeza hacia atrás y arqueando la espalda.- ¡Otra vez!

Sirius siguió moviéndose para tocar su punto G cada vez que la penetraba, haciéndola soltar gemidos que casi eran gritos y apretarse más a su alrededor.

-Maldición, Mar. –Gruñó, toda sensación que no fuera de placer olvidada.- Estás muy estrecha… Muy mojada… Merlín, me encantas.

Siguió moviéndose por unos segundos más hasta que la respiración de Marlene se hizo demasiado errática y sus caderas se movían muy rápido junto a las de él. Sus paredes se hicieron más estrechas a la vez que ella arqueaba más la espalda. Sirius una última vez y ella gritó, viniéndose.

Él se deleitó en la imagen de Mar entregándose por completo al orgasmo arrollador que la invadía. Lucía hermosa, con el cabello dorado esparcido por la almohada, la boca abierta mientras temblaba como una hoja; además estaba seguro que nada se sentía mejor que estar dentro de ella.

Todo eso fue demasiado para Sirius, quien la penetró una última vez antes de venirse dentro de elle, gimiendo y gruñendo. Satisfecho, feliz.

Salió de ella y se rodó hacia el otro lado de la cama atrayéndola hacia su pecho, ambos respirando entrecortadamente y con la ropa pegada al cuerpo por el sudor.

-Dime… -Le dijo él tratando de recuperar el aliento.- ¿Le dices a tu amigo que no van a ningún lado o le digo yo?

-Ya debió haberse dado cuenta. –Respondió ella divertida.

Sirius rió con ganas y empezó a acariciarle el cabello, sintiendo que al final sí había ganado.

-Entonces… -Bajó la mirada hacia ella y le sonrió con arrogancia.- ¿Soy o no soy el mejor que has tenido?

Marlene puso los ojos en blanco divertida.

-No. –Respondió sonriente.- Necesitaré una segunda prueba.

Él rió de nuevo sintiendo como su miembro volvía a reaccionar ante la idea de una ronda número dos. La tomó por la cintura y la hizo subir a él soltando una risita.

Marlene tomó su rostro entre sus manos y se acercó él para empezar a besarlo nuevamente.

Sirius sonrió sobre su beso, por eso nunca había estado realmente preocupado, sabía que Marlene no se podía resistir a él.

Y lo sabía porque él tampoco podía resistirse a ella.


Bien… ¿Qué tal estuvo eso? Se que fue un poco raro, al menos yo lo sentí así al releerlo. Y es que al principio es la inocencia de los niños y todo adorable y de repente estos dos pervertidos de Marlene y Sirius jajaja no se, siento que es un contraste muy fuerte pero esa escena tiene una razón de ser, no la escribí solo porque mi mente es pervertida… Aunque también es un poquito por eso. Se que la cantidad de Jily es prácticamente, para no decir totalmente, nula en este capítulo, esa carta al principio no fue suficiente y lo se, lo siento): espero que el Blackinnon lo haya compensando y prometo que nuestros adorados volverán en el próximo.

En otras noticias los sentimientos de nuestros pequeños alumnos de Hogwarts empiezan a aflorar, ¡tráiganme sus hipótesis! Vivo por y para ellas*-* Y ha salido Hagrid, díganme que les pareció su aparición y bueno como lo he retratado, please.

Como ya les dije, este será el último capítulo de transición por un tiempo, estoy emocionada por llegar a las partes interesantes de la historia muajaja.

Un millón de gracias por haberme acompañado en estos 20 primeros capítulos, los quiero muchísimo (L) Trataré de traerles el 21 lo más pronto posible. Les envío muchos besos, cuídense y nos leemos pronto, bye :*

PD: Espero que ese título haya tenido sentido al terminar de leer.