John bajó sin dejar de mirar a los viandantes. No sería la primera vez que no eran humanos. Se encaminó a la puerta seguido de cerca por Sebastian y Sherlock. Ambos daban la impresión de que la calle fuese suya. Sam y Dean se quedaron más atrás para intercambiar impresiones en privado.

Sherlock esperó en la puerta mientras los otros dos entraban, probablemente para intentar evitar el mencionado infarto.

-Repíteme lo que has leído del incidente aquel de los genios y el hospital, porque en algún momento hemos caído en una telenovela y yo no me he enterado- le dijo Dean a su hermano discretamente mientras ellos solucionaban sus propios líos.

-Hasta donde sé, John y el nuevo, Sherlock, hacían de detectives, Sebastian y otro distinto hacían de criminales. Después de unos líos de secuestros y no sé que más, porque en los periódicos es todo un caos, Sherlock y el otro se citaron en el tejado del hospital. El otro se pegó un tiro y este saltó. Doble suicidio, pero este fingió estar muerto durante tres años y el otro está muerto de verdad. Eso en versión reducida.

Con la puerta todavía abierta vieron a la señora mayor aparecer y coger a Sherlock por la solapa del abrigo como si se fuera a romper. Enterró la cara en su camisa, , posiblemente llorando y murmurando algo, pero era imposible oírlo desde tan lejos. Ella le dio con el lateral del puño débilmente en el pecho y él, después de un segundo sin saber qué hacer, la abrazó.

-La historia la entiendo, lo que no entiendo es a qué viene todo eso –dijo Sam haciendo un gesto vago hacia la puerta.

Dean desvió la atención. Detrás de la anciana se insinuaba la silueta de John y la de Sebastian, como dos guardaespaldas poco fornidos, pero definitivamente letales. Ambos observaban la escena como si hubiese un peligro inminente. Sebastian parecía estar disfrutando, John parecía estar sufriendo las siete plagas de Egipto concentradas. Todo en su lenguaje corporal gritaba "largo".

Eso, sumado a los gestos que había visto al detective del nombre gracioso, hacían que para Dean las piezas encajasen fácilmente.

-Es una cuestión de confianza.

-¿Hm?

-No se puede volver a confiar en alguien que te ha mentido durante tanto tiempo. –Dean intentó no acordarse de la sangre de demonio, ni del año que Sam estuvo ahí si estar entero, pero fue imposible. Hay cosas que se perdonan con el tiempo y las palabras adecuadas, pero no se olvidan fácilmente. Algo se le debió de reflejar en la cara y a Sam se le daba bien leer ese tipo de expresiones.

-No me iras a echar algo en cara ahora ¿No? Sea lo que sea, lo hice por tu bien.

-Probablemente él también lo hizo por su bien. – dijo Dean analizando la mirada disimulada que Sherlock le dirigía a John mientras este comentaba algo a Sebastian. –Eso no hace más fácil perdonar a nadie ¿No crees?

Guardaron silencio recordando cosas distintas, aunque entrelazadas, mientras Sherlock soltaba a Hudson y le decía algo que, nuevamente, no oyeron.

-Al menos en uno de los casos yo tengo la excusa de que no tenía alma.- Dijo Sam en respuesta a algo que estaba pensando.

-¿Tú has visto cómo habla cuando se digna a hablar? Ese no tiene alma nunca.

Sam se rió sin esfuerzo, pero tenía cara de preocupación.

-Deberíamos hacer algo. Quiero decir, he leído que eran "hatman y robin", uña y carne. A mí casi me da escalofríos la frialdad con la que se tratan si tenían un vínculo tan profundo.

Aquella frase accionó algún resorte que avisó a Dean de que se habían adentrado en una conversación terriblemente femenina hablando de (y aquí Dean hubiese insertado una mueca de asco) sentimientos. No le hacía nada de gracia. Se volvió a Sam con más energía que antes.

-No vamos a meternos porque no es asunto. De todas formas, no hay nada que hacer. Si no lo solucionan ellos, se irán cada uno por su lado y todos tan felices.

Sam no dijo nada, pero se preguntó qué hubiese pasado si cada vez que se habían separado no hubiese habido algo para reunirlos de nuevo y que siguiesen cazando. Una voz socarrona que se parecía ligeramente a la de cierto ángel caído, insistía en que su hermano tendría una familia y un final feliz. Abandonó ese hilo de pensamiento a favor de hacer caso a los gestos que les hacían desde el portal.

-Vamos a llevarnos todo lo que podamos –dijo Sebastian- Lo más importante, más lo que quepa en la furgoneta. No sabemos lo que pueden hacerle este sitio mientras no estamos y sería una pena que localizasen a nuestros contactos precisamente ahora. Por cierto, John está abajo, el que se atreva con material químico peligroso que vaya a ayudarle y otro que vaya a ayudar a la señora Hudson. Sobre todo, que no queden agendas, documentos, álbumes de fotos, teléfonos, ordenadores ni USB.

Mientras tanto, Sherlock siguió la única dirección que no parecía abiertamente hostil: tras Hudson. Miraba alrededor desempolvando recuerdos. Podía ir donde quisiese, por supuesto, no le importaba la opinión de ninguno de aquellos idiotas. Lo que necesitaba era paz y silencio para acceder a su palacio mental. Mientras que al enterarse de que seguía vivo, en cuarto de la señora Hudson solo había acumulado polvo, la sala de John Watson estaba sufriendo un derrumbe y tenía que haber una forma lógica de detenerlo.

No obstante, el mundo parecía obstinado en no darle paz. En el apartamento "A" acabaron enseguida. Después de todo, no había información comprometedora ni útil. A Sherlock le venció la curiosidad; en lugar de esperar en la calle como requería la ocasión, subió a ver qué quedaba de lo que había sido su hogar.

Sebastian apenas levantó la cabeza de la caja a medio llenar que tenía delante cuando el detective apareció por la puerta. Siguió guardando bártulos y moviendo cajas que rápidamente se llevaban mientras Sherlock se paseaba con ojo crítico.

-No vas a mover el culo para ayudar ¿verdad?

De algún punto a su espalda sonó una risa de desdén. Sebastian se volvió; no porque fuese una respuesta maleducada, sino porque estaba seguro de que el ex detective y ex cadáver no le había escuchado. ¿De qué se reía entonces?

Efectivamente, Sherlock parecía reírse más bien de la colección de libros que ocupaba toda una balda a la derecha de la chimenea.

-Por un momento casi había creído que todo lo que habíais hecho era interesante, pero es obvio que en algún momento encontrasteis estos libros y comenzasteis a imitarlos, probablemente John empatizase con el personaje de Mark y tú con el de Steven, luego visteis la idea de usar un agente químico contra los leviatanes y la aplicasteis. Aunque la fórmula no llega a aparecer completa en las historias. – Comentó Sherlock sin darse la vuelta.

Sebastian arqueó una ceja, pero controló una carcajada y habló.

-Eso es que los has leído.

John entró en ese momento por la puerta indicando con un gesto que habían terminado abajo e hizo un amago de llevarse una de las cajas que Sebastian había cerrado.

-Por supuesto que los he leído – Dijo Sherlock pasando el dedo por el lomo de uno de ellos. –al fin y al cabo, no hay mucho material de documentación y todo lo que me encontrase era útil, aunque sea literatura basura, mal escrita, con historias inconsistentes.

Sebastian compartió una mirada con John y dejó que el rubio se fuese con la caja, en silencio y poniendo los ojos en blanco, exasperado.

-Está claro que el autor usa un pseudónimo y que ha tenido experiencia de primera mano en el tema, pero el estilo sensacionalista, pésimo, convierte lo que podría haber sido un magnífico artículo científico sobre las criaturas, en vulgares noveluchas de aventuras. Literatura de masas. Claro que hay que tener en cuenta que quienquiera que sea el tal "Doyle" probablemente quisiera alcanzar al mayor público posible. Los libros están escritos como advertencia básica. Teniendo eso en cuenta, el estilo es inmejorable. Una lástima, porque es obvio que Doyle es capaz de hacer cosas fantásticas. Se está desperdiciando escribiendo basura.

Cuando Sherlock se volvió, Sebastian parecía horriblemente divertido por alguna razón. Se fue con otra caja sin llegar a decir ni una palabra. Si hubiese abierto la boca no hubiese podido contener al menos una risotada y toda la situación era demasiado divertida, desde un punto de vista sádico, como para llevarla a término.

-¿Por qué esa actitud, Coronel Sebastian Moran? Licenciado con deshonor y segundo de la peor mente criminal que ha pisado Londres.- Sebastian se detuvo, no era consciente de que el detective conociese su identidad, pero tampoco le importaba demasiado. –Si no fuese por ti y por Moriarty nada de esto estaría pasando.

De repente a Sebastian ya no le hacía tanta gracia la situación, estaba completamente seguro de que el comentario era una especie de venganza mediocre. Dos pueden jugar al mismo juego.

-Espero que te largues cuanto antes y que no te acerques a él, porque no fui yo el que le mintió y le dejó solo. John Watson está roto; tú lo rompiste al suicidarte, pero al estar vivo destrozaste los pedazos hasta que fue imposible arreglarlos. Felicidades- Escupió la palabra mirándole fijamente a los ojos- Jim tenía razón. Sois. Iguales.

Sebastian no se creía sus propias palabras. John no era de cristal, no se rompía fácilmente y los dos genios eran más opuestos que iguales, pero no eran frases para ser sincero. Estaban diseñadas para hacer daño y en ese campo Seb era un experto.

Sherlock volvió inmediatamente a su anterior estado de mutismo, aunque podría ser que le hubiese ignorado sin más. Sebastian lo dejó solo y se fue a organizar el traslado.

El reparto de pasajeros fue incómodo. Sebastian y John no se fiaban de que los Winchester se mantuviesen en el carril izquierdo ni de Sherlock en general, al que nadie quería poner en el mismo coche que John. Hacía falta un buen tirador por vehículo, pero Sebastian y John (que eran los únicos que podían demostrar que habían disparado legalmente) tenían que conducir. Finalmente se decidió que John llevaría la furgoneta y Dean iría con él por si aparecía compañía indeseada por el camino. El resto les guardarían las espaldas.


Vuelvo a entrar en hiatus hasta... hasta que acabe los exámenes, supongo. Tengo el próximo capítulo medio escrito en papel, solo necesito ponerme y seguro que lo termino, pero necesito tiempo.

Entre tanto, tengo tumblr, así que si queréis dejarme un mensaje para meterme prisa, o contarme algo, sois bienvenidos en jaybarou punto tumblr punto com