Cuando Lea abrió los ojos tras la sacudida que había dado el barco, todo a su alrededor había cambiado. Como si mágicamente la nave se hubiera teletransportado a otro lugar.

Más adelante, en la costa izquierda podían divisarse las ruinas de un edificio que había sido derrumbado hacia ya muchos años, tal vez varias décadas atrás.

-¡Hemos llegado!—exclamó el pequeño Héroe de los Vientos con una sonrisa de satisfacción en su rostro, orgulloso de los poderes de su enorme nave. -¡Hora de desembarcar!

Pero al parecer el único que había permanecido de pie y en total calma, ya que los ocho guerreros que abordaban el barco se encontraban esparcidos por el suelo, tratando de recuperar el equilibrio desajustado por la sacudida que habían experimentado.

El peor de todos yacía recargado en la borda, a punto de vomitar debido al mareo.

-¿Te encuentras bien?—le preguntó Lea al Héroe Elegido por la Diosa que estaba más pálido que ninguno.

-Sí…estoy…bien…es sólo que en donde vivo no existen transportes de este tipo…solemos movernos en las alas de los Neburis.

-¡Por favor! ¿No me digas que no puedes continuar? ¡sí fue sólo una pequeña sacudida!—dijo el pequeño Héroe de los Vientos con un pie en la escalera hecha de nudos, listo para desembarcar y sin sudar ni una sola gota.

Al oír esto, el Héroe recargado en la borda hizo una mueca de disgusto, no quería que nadie se burlara de él, y trató de erguirse.

-¡Sólo dije que no acostumbramos transportarnos así! ¡Pero estoy perfectamente bien!

Acto seguido, el pequeño dueño de la batuta mágica río a carcajadas y desapareció bajando por la escalera.

El Héroe Elegido por la Diosa puso los ojos en blanco, y después de respirar profundamente para mitigar las ganas de volver, fue tras el con la mayor compostura posible.

Cuando todos habían puesto los pies en la tierra de la costa, sólo quedaron tres en el barco: el Héroe de la Luz y el Héroe del Tiempo que habían permanecido para vigilar que todos desembarcaran en orden y Lea, que aún temía caer de la escalera o resbalar por última vez.

Le sudaban las manos de sólo pensar en tocar el agua otra vez, lo cual desde luego, no pasó inadvertido por el héroe el joven de los ojos de lobo.

-Tranquila, todo estará bien. Yo bajaré primero y te vigilaré desde tierra por si resbalas, y él –dijo refiriéndose al Héroe del Tiempo- bajará al último para observarte desde arriba.

Lea tragó saliva, respiró profundamente y caminó hacia adelante. Se sentía un poco avergonzada de que la tuvieran que ayudar y tener tantas concesiones con ella. Se suponía que era la heroína de las Diosas, todos esperaban a que fuera ella quien dirigiera al grupo y cuidara a los demás, en vez de eso todos estaban apoyándola a ella.

"Tengo que esforzarme y demostrar que ya no tengo miedo, y que puedo hacer esto rápido. No debo permitir que perdamos más tiempo"

Y con paso firme se dirigió de nuevo hacia la borda, pasó una pierna hacia afuera para tocar el primer "escalón" de nudo y se dispuso a bajar, no sin antes apoyar una mano en la del Héroe del Tiempo para lograrlo.

"¡Vamos! Esto no es lo peor a lo que me voy a enfrentar ahora…falta mucho, mucho más, ¡esto no debería ser nada para la Heroína de las Diosas!" pensó colocando su otro pie en el segundo escalón. Justo entonces, su cabeza giró hacia abajo y pudo ver la distancia que le quedaba por bajar, así como el agua que le esperaba si caía. Su cuerpo se estremeció y tensó por completo al ver el líquido balanceándose debajo de sus pies. Sintió su corazón latiendo a toda prisa. Cerró los ojos y se aferró a la cuerda.

-¡No va a caer Heroína! ¡Vamos! ¡Puede lograrlo!—le gritaba el héroe desde abajo-¡Confía en ti!

Lea abrió los ojos apretando la cuerda con todas sus fuerzas.

"¡Por mamá!"

Y siguió bajando poco a poco, hasta que, -¡lo había olvidado por completo!- su pie se encontró con el espacio vacío que había sido ocasionado por su caída anterior y volvió a resbalar dejando colgado su cuerpo de la cuerda que la sostenía con tan sólo una mano.

"No me puedo soltar, tengo que volver a intentar tomar la cuerda! ¡Rápido!" dijo sintiéndo las gotas de sudor caer por su frente. Pero su peso era tal que sentía que la dureza de la cuerda le desgarraba la piel de las palmas…se resbalaba poco a poco.

Hasta que, de pronto, la cuerda que tomaba su mano no pudo más y se quebró ante el peso de su cuerpo haciendo que Lea se precipitara borda abajo. Cerró los ojos y gritó, esperando hundirse en las aguas de la bahía como tanto había temido que sucediera desde la primera vez. Pero esto no sucedió. Al abrirlos pudo ver la mirada azul intensa del Héroe de la Luz.

-¿Está bien? ¿No se lastimó?—preguntó el joven.

Lea apenas podía comprender que la había rescatado y que la había atrapado al caer desde el aire. Estaba demasiado asustada aún.

-No…no…no me lastimé.—tartamudeó ella.

-Es mejor que nos demos prisa Heroína, el tiempo apremia.—dijo él dejando a Lea en el suelo.

Cuando el ejército completo se encontraba en tierra, el guerrero mayor, quien había rescatado a Lea hacia unos momentos, se reunió con todos y alzando la voz dijo:

-¡GUERREROS! ¡Estamos a las afueras del Templo del Agua! ¡En esta morada habitan las sombras que persiguen a Hyrule y que han ocasionado tantas desgracias! Les advierto que no debemos separarnos, si nos atacan divididos será nuestro fin. Hemos jurado poner al servicio de Lea nuestra espada, ¡Es momento de demostrarlo! ¡Entremos y derrotemos a Dark Link!

Justo entonces, grandes y pequeños, volvieron a desenvainar su espada al mismo tiempo, haciendo que un solo grito se elevara a los cielos:

¡DERROTEMOS A DARK LINK!

Y aunque Lea no los imitó, sintió que su mano buscaba la empuñadura de Céfiro, y apretándola con todas sus fuerzas, sintió la calidez que había buscado antes. Se sentía segura, era hora de rescatar a mamá.

-¡Dios mío! ¿pero qué fue lo que le pasó al Templo?

-El tiempo…eso fue lo que le pasó—le respondió uno de los niños al Héroe del Tiempo que miraba sorprendido las ruinas que lso rodeaban.

En realidad, de Templo ya no quedaba nada. Se decía que en este lugar, una raza de místicos hombres pez venía a adorar a sus dioses, a purificarse y a celebrar el inicio y fin de cada año según su calendario. Pero ni el templo ni aquellos que venían a visitarlo existían ya. Toda la elegancia y la majestuosidad de aquella torre que había sido el templo había sido reducido a unos escombros en la bahía, olvidados por el tiempo y por los hombres.

Incontables pedazos de madera, cemento, y otros materiales se extendían infinitamente a lo largo de toda la costa, algunos gigantescos y otros apenas unas rocas pequeñas. Algunos de ellos conservaban una triste y borrosa pintura, indicando que en algún tiempo mejor, formaron parte de la decoración de ese lugar. Aquellos escombros parecían no tener fin.

-¿Este es?—preguntó Lea-¿Aquí es el lugar?

El Héroe del Tiempo parecía confundido, sorprendido, no daba crédito a lo que veían sus azules ojos.

-Estoy seguro que este era el lugar pero…aquí no hay nada. El Templo del Agua ya no está como yo lo conocí

-¡Revisen todos los escombros! Tal vez encontremos alguna pista que nos pueda ayudar—ordenó el Héroe de la Luz con su habitual tono serio y demandante.

Pronto, todos corrieron a buscar, pero cuando Lea estuvo a punto de ir en busca de una pista, la mano firme del Héroe en su hombro la detuvo.

-Deja que ellos busquen. Yo necesito hablar contigo.

Lea lo siguió apartándose a la costa y el joven comenzó a hablar.

-Antes que nada quiero estar seguro de algo. ¿Estás segura que Dark Link se llevó a tu madre?

La seriedad en el tono y la mirada del guerrero hicieron dudar a Lea. ¿Por qué dudaría de ello? ¿Por qué le estaba preguntando algo así?

-Claro que estoy segura, la última vez que estuve en la casa de Pharoll, esa sombra se apareció y nos advirtió que no quería que ninguno de nosotros pisara Hyrule. Pharoll trató de llevarme, pero sólo él pudo transportarse. Cuando llegue a casa-Lea suspiró con tristeza-mamá ya no estaba. Ahora por su culpa, Dark Link ha secuestrado a mamá. ¿Por qué lo preguntas?

-Porque hay altas probabilidades de que otra persona esté implicada aquí.

-¿Qué? ¿A qué te refieres?—preguntó Lea sorprendida.

-Dark Link te advirtió que no quería que ni tú ni Pharoll pisaran Hyrule porque no quería que tú, especialmente tú intervinieras en sus planes. Es muy extraño que tu madre haya desaparecido sólo porque el Sheikah se transportó.

-Quieres decir que…¿Puede que Dark Link no tenga a mamá?—preguntó Lea con miedo.

-Lo que quiero decir es que hay una pieza del rompecabezas de la que no tenemos conocimiento, tenemos que averiguar dónde está y para ello es necesario encontrar a Dark Link para saber lo que realmente sucedió. Por lo pronto-dijo dirigiéndole una mirada dura a la heroína- Debes prepararte para la batalla. No será nada sencillo enfrentar a tu sombra y mucho menos en una situación en la que posee información que nosotros no. Debes tener cuidado.

-¡Heroína! ¡Encontramos algo! ¡Vengan a ver!—se oyó la voz de un niño a lo lejos en la costa donde se encontraban los escombros.

-Estoy preparada.

Lea miraba al guerrero con la misma resolución de antes. Él sólo sonrió.

-Estaremos siempre a tu lado luchando. ¡Ah! y lo olvidaba…es posible que llegue un momento en el que no nos veas en batalla. No vayas a distraerte. Aunque todos caíamos tú debes seguir.

-¡Pero no caeremos! Lucharemos hasta que derrotemos a Dark Link.

El guerrero sonrió y solamente se limitó a decir:

-Nunca lo olvides: ninguno de nosotros podemos morir. Ya que todos formamos parte del Espíritu Guardián de Hyrule.

Y con ello, ambos se fueron a inspeccionar lo que había descubierto uno de los guerreros.

-Parece ser una escalera subterránea—dijo el pequeño Link Héroe del Tiempo.

-¡Bajemos!—invitó el Héroe de la batuta de los Vientos.

Lo que todos veían era un agujero abierto en la tierra que, en efecto, conducía a una escalera a penas visible en la oscuridad.

-Pues creo en no quedará otra más que descender.—asumió Lea esta vez con toda la disposición de bajar ella primero, quizá eso compensará sus debilidades del inicio en el barco.—Yo iré primero.

-Espere Heroína—interfirió el guerrero de los ojos de lobo.—Debe llevar una linterna para iluminar el camino.—diciendo esto, rápidamente sacó de entre sus ropas una pequeña lámpara de aceite que incendió accionando una perilla.—Quien va al frente siempre debe llevar la luz—y al decir la palabra luz le sonrió con complicidad. Todos lo observaron anonadados. ¿Él? ¿Había sonreído?

La joven tomó agradecida la lámpara y descendió con cuidado por los ya viejos escalones del agujero en la arena seguida por el ejército de guerreros jóvenes y niños.

Al adentrarse aún más en aquel abismo, Lea pudo sentir como si la oscuridad proveniente del fondo se comiera la pequeña luz que llevaba en su mano en lo alto, casi como si la estuviera engullendo.

Cuando por fin los escalones terminaron, la pequeña flama reveló que se encontraban en un pasillo con estrechas paredes cerrándose a ambos lados, y al frente, sólo una oscuridad aún más profunda y negra. Avanzó un poco más con cuidado. Parecía un lugar más viejo que el tiempo.

Curiosamente y a pesar de que ni ella ni el Héroe de la Luz habían dado la orden de permanecer juntos, en fila y callados, todos lo hicieron; encogidos por la negrura del estrecho y alargado espacio.

Siguieron aún más.

Aquel pasillo parecía no tener un fin ni aún a la luz de la linterna que Lea elevaba para alumbrar el camino.

Los ojos atentos del Héroe de la Luz se movían a cualquier sombra que pasaba…el enemigo podía esconderse donde fuera. Mientras que el Héroe del Tiempo, quién caminaba hasta el final de la fila cuidando de todos hacia lo mismo. Ni por la vanguardia ni por la retaguardia podían ser sorprendidos de esa forma.

Siguieron caminando por lo que parecieron ser varios minutos, hasta que por fin. Lea divisó una puerta al final del pasadizo. La luz reveló que tenía una perilla de un color dorado ya algo ennegrecida por la herrumbre y el paso de los años.

Con cuidado y muy lentamente, la Heroína la giró y pronto se sorprendió de lo que vió al otro lado de la puerta:

Una enorme habitación rectangular completamente vacía se extendía ante ella. El techo era tan alto y la luz tan poca, que los límites se perdían en la oscuridad. El eco de cada paso que daban resonaba varías veces en un eco que parecía ser infinito. El tamaño de aquel espacio era abrumador.

-Huele a humedad—advirtió el Héroe de la Luz extrañado—Pero aquí no hay agua, ni siquiera goteras…

-¡Pues claro que huele a humedad, estamos muy cerca del mar! ¡Lo que hueles es el olor de las olas!—exclamó el pequeño Héroe de los Vientos

-No me refería a ese olor. Este olor no proviene de ningún cuerpo salado como el mar. Es más bien de una humedad de agua dulce.

Mientras los guerreros iban ingresando a esta gran habitación, Lea comenzó a inspeccionar este espacio que parecía ser cerrado. ¿A caso los emboscarían aquí? ¿A caso era una trampa para encerrarlos a todos? No se veía como si el camino fuer a continuar más allá.

-¡Por favor cuiden la puerta! ¡No debe cerrarse!—exclamó Lea previniendo esta situación.

Pero antes de que lo hiciera, ya el Héroe del Tiempo se había colocado inmóvil como un centinela frente la puerta abierta de par en par, impidiendo la entrada a cualquier otra persona.

Fue entonces cuando Lea advirtió un detalle que antes no había notado: la pared que se encontraba enfrente de ellos era un inmenso espejo que caía desde el oscuro techo, se extendía hacia los lados y descendía hasta el piso. La joven se aproximó a él para revisarlo pero notó que algo extraño sucedía: ninguno de ellos se reflejaba en él. Todo lo que se encontraba en este espejo era sólo y sencillamente el reflejo de la habitación.

Cuando intentó tocarlo, se oyó una voz que exclamó:

-¡Oigan! ¡Miren ese espejo! ¡No se ven nuestros reflejos!

De inmediato todos respondieron para ir a inspeccionar y su primera reacción fue la misma que la que había tenido Lea: ir a tocar el cristal.

-¡No lo toquen! ¿No se dan cuenta que esto puede ser una trampa?—exclamó el Héroe del Tiempo viendo que todos se dirigían a él.

Acto seguido, el joven caminó hacia el espejo y sin poner un dedo sobre él, lo observó con detenimiento.

"Un espejo que en el que no te reflejas…¿qué explicación tendría esto? " pensó confundido.

El Héroe de la Luz se adelantó para verlo también.

-Esto podría ser un portal hacia otro mundo.

-Tenemos que averiguarlo. Es necesario tocarlo.—sugirió el joven del Tiempo.

-Yo lo haré. Yo tocaré el espejo.—intervino Lea de pronto.—si realmente estamos en el lugar correcto y Dark Link me quiere a mí, este objeto reaccionará si lo toco. Además, todos estamos aquí por mi causa, permítanme hacerlo.

Los dos héroes más grandes se dirigieron una mirada seria, pero aceptaron. Quizá no habría otra forma de seguir avanzando más que arriesgarse a tocar el espejo.

Lea extendió un brazo, respiró profundamente y tocó el espejo sin reflejo.

El gélido tacto que sintió al contacto con él fue parecido a palpar un hielo. Quizá era porque aquel lugar no había visto la luz del sol en mucho, mucho tiempo.

Entonces, el duro cristal cambió de forma de pronto, convirtiéndose en una cascada que se precipitó hacia abajo cayendo sobre Lea y mojando también a los demás.

Quizá para los guerreros no significó más que unas cuantas salpicaduras sin importancia, pero Lea sintió que se ahogaba. Su miedo al agua se hizo más presente aún.

Y entonces, una vez que el espejo de agua cayó por completo al suelo, pudieron ver otra inmensa habitación, esta vez sin techo ni paredes rodeándolos. Una niebla blanca, no muy espesa flotaba en el aire, concentrándose un poco más en el centro, donde se ubicaba un pequeño pedazo de tierra, y encima un árbol consumido por el tiempo, olvidado por las diosas. Una rama patética sin hojas ni follaje.

El piso debajo de sus pies estaba completamente encharcado, quizá debido al inmenso espejo de agua que había caído. Del otro lado de la habitación se aparecía una puerta cerrada flotando sin paredes que la sostuvieran.

Todo aquel lugar daba una impresión de completa irrealidad, casi como si fuera un sueño o una ilusión.

Todos miraron sorprendidos la gran sala, inspeccionando hasta el más mínimo rincón con total sorpresa…todos excepto el Héroe del Tiempo que se había quedado parado en la entrada viendo fijamente hacia el árbol en el centro. Desenvainó su espada y se colocó en posición de ataque.

-¿Sucede algo?—preguntó el Héroe Elegido por la Diosa. -¿Has visto algo?

-Prepárense…esta pelea está a punto de comenzar—murmuró el Héroe del Tiempo apretando la mandíbula sin perder de vista la rama en el centro de la habitación.

Con ello, el eco del desenvaine de todas las espadas guerreras resonó en el recinto, preparándose para atacar.

-Aparecerá en cualquier momento—advirtió el Héroe del Tiempo frunciendo el ceño. —No se separen y no pierdan de vista ese árbol.

Entonces, todos los héroes, niños y jóvenes rodearon la pequeña isla preparándose para luchar. Cuando entonces, un grito desgarrador se escuchó de entre el grupo…un grito que provenía de la garganta del mismísimo Héroe de la Luz.

-¡Link!—gritó Lea yendo hacia aquella dirección para ayudarlo, pero ya era demasiado tarde: el cuerpo del guerrero cayó al suelo encharcado como si un rayo le hubiera caído desde el cielo, fulminándolo por completo.

Todos los guerreros voltearon a verlo y estuvieron a punto de ir en su ayuda, pero antes de que eso sucediera, el Héroe del Tiempo gritó:

-¡Que nadie se mueva! ¡No pueden perder de vista el árbol! ¿No ven que eso fue una trampa?

Algunos protestaron.

-¿Pero no ves lo que le sucedió?

-¡Tenemos que ayudarlo!

Pero el Héroe del Tiempo no se movió y no apartó la vista.

-Pase lo que pase no deben apartar su vista de este árbol, ¡háganme caso! ¡no miren hacia otro lado!

Lea fue la única que corrió hacia él para inspeccionar su cuerpo: parecía como si hubiera muerto, sólo que no tenía rastros de sangre, cortaduras o quemaduras, es casi como si hubiera sido una muerte natural.

-Héroe de la Luz, ¡por favor no nos dejes! ¡Héroe de la Luz!—gritaba Lea sacudiéndolo por los hombros, pero era inútil. Estaba muerto.

-Lea, desenvaina y regresa a tu posición por favor…- dijo el Héroe del Tiempo sin apartar los ojos del árbol.

Lea se limpió las lágrimas con su brazo y abandonó con dolor el cuerpo del mayor de los guerreros. Se lo había prometido, tenía que seguir pasara lo que pasara.

Se levantó sintiendo ya cómo su cuerpo pesaba, sacó a Céfiro de su funda y la empuñó delante de su rostro, esperando a que el enemigo saliera de donde se suponía que debía salir.

A pesar de que pasó un largo rato, ningún guerrero habló, ninguno se movió de lugar, todos miraban atentamente el árbol sin mirar hacia otro lado, hasta que, nuevamente, se escuchó otro grito,-esta vez de un niño- y un cuerpo caer en el piso con agua. Esta vez había sido el Héroe de los Vientos fulminado y muerto por no se sabe qué fuerza o magia extraña.

En esta ocasión, nadie volteó, ninguno apartó la vista del árbol del centro. Sólo Lea sintió la necesidad de ir nuevamente a verlo, pero se resistió. Recordaba las palabras del Héroe del Tiempo.

Pasó lo que parecía ser media hora, y de nuevo cayó otro guerrero, y otro más, y el último al suelo encharcado. Hasta que sólo quedaron el Héroe del Tiempo y ella custodiando el árbol en el centro.

"Hemos sido derrotados y ni siquiera ha comenzado la pelea.." pensó Lea en su interior con unas ganas inmensas de llorar por sus compañeros caídos. Pero nuevamente se resistió. Tenía que soportar un poco más. Seguramente el último en caer sería el guerrero que tenía enfrente de ella sosteniendo la espada.

La mirada y posición de Lea estaban ubicadas de tal modo que podía ver el árbol y el guerrero detrás de él al mismo tiempo, sin apartar la vista de ninguno de los dos. Por lo cual, unos momentos después, pudo darse cuenta que los ojos del guerrero no estaban puesto en la rama, sino en ella.

Dos ojos azul acero, duros como la piedra la veían fijamente. No se atrevió a moverse, a hablar ni a preguntarle nada. Tan sólo siguió esperando, hasta que, finalmente el Héroe del Tiempo relajó la posición, guardó su espada en la vaina y sonrió, diciendo.

-Es increíble que no te hayas dado cuenta de nada. ¡Creí que era más inteligente Lea! No pones nunca atención a tu alrededor. Debiste de haber aprendido de tu amigo el de los ojos de lobo…

Lea miró al único guerrero que quedó en pie totalmente confundida.

-¡Ya despierta niña! –exclamó aún con una sonrisa descarada el guerrero.

Justo en ese momento se quitó el sombrero verde que cubría su cabeza, y después comenzó a quitarse toda la ropa, incluidos mayas y botas enfrente de Lea sin el menor reparo.

Lea no comprendía lo que sucedía, hasta que aquel guerrero volvió a ponerse de pie, ya no tenía las facciones finas del joven. Su cabeza descubierta lucía una melena rubia y lacia que le llegaba hasta la media espalda. Debajo de la túnica portaba un sudadera deportiva negra así como unos pantalones de pants del mismo color. Y su cara, era la cara de una mujer, ese rostro era el suyo.

-¡Sorpresa!—exclamó la Sombra sonriendo. –Bienvenida a Hyrule mi querida Lea, donde todos MIS planes se vuelven realidad, y ahora sí, ya puedes apartar la vista del árbol y ver a tu alrededor.

Y cuando Lea lo hizo, pudo ver los cuerpos de todos sus compañeros caídos antes de batalla en el suelo, pero había algo más: un reflejo de cada uno los tomaba por el cuello de forma tal que les impedía la respiración. ¿Estarían desmayados? ¿O realmente estaban muertos?

Aquellas sombras que los sostenían eran exactas copias de cada uno de ellos, pero ensombrecidos como si se encontraran a la sombra de un árbol. Tal y como sucedía con la sombra de Lea que ahora le hablaba.

-¡Maldita! ¿Qué les has hecho?—preguntó Lea sintiendo la furia fluir por sus venas.

-Digamos que sólo los he puesto a dormir un rato, quiero platicar contigo sin que nadie interfiera—La Sombra sonreía burlonamente mientras caminaba hacia Lea.

-¡Hemos venido por mi madre! ¡Devuélvemela ahora!—exclamó Lea escupiendo coraje de su boca.

Los ojos de la Sombra se abrieron como platos. Era como si estuviera escuchando algo que no creyó posible. Luego se calmó y regresó a su semblante de burla nuevamente.

-Calma mi querida Lea, vamos por orden, primero quiero que hagamos un trato tú y yo.

Lea se quedó estática donde estaba.

-Como sabes te advertí que no quería que pisaras mi Hyrule, si no, habría consecuencias ¿cierto?

-¡Yo no pisé nunca Hyrule cuando ya habías secuestrado a mamá!

La Sombra sonrió.

-Pero yo fui muy clara al respecto y tu amigo el Sheikah desobedeció. Así que, lo siento mucho, tuve que tomar medidas. El trato del que te estoy hablando es muy simple: Si aceptas te devolveré a tu madre, pero si no, entonces ella perecerá. ¿Quieres saber de qué trata?

Lea la miró con desconfianza. Pero no tenía más opción.

-De acuerdo. ¿De qué trata esta vez?

La Sombra volvió a sonreír con burla y se cruzó de brazos con tranquilidad.

-Quiero que te unas a mí. Tú eres la única que puede derrotar a ese hombre Gerudo. Consigue la Trifuerza del poder para mí y tu madre será liberada. Te aseguro que nos divertiremos mucho si cooperas conmigo.

Lea retrocedió.

-Estás loca. ¡Jamás haré eso!

La Sombra frunció los labios como hacen los niños cuando no consiguen lo que quieren. Aunque claro, el gesto era totalmente actuado.

-Qué lástima…pobre de tu mamá. Una persona tan agradable…pero ni modo. Ya sabía que no ibas a querer jugar conmigo. ¿Y sabes? Yo no soy de los que insisten mucho. Sólo te di esta única oportunidad. Ahora te mataré a ti y después mataré a tu madre, y no creas que es un favor para que ambas estén juntas, es sólo que si no aceptas, ya no me sirves para jugar.

Lea entrecerró los ojos. Era increíble escuchar su propia voz usando tal tono de burla. Y era molesto. Mucho.

-Si no me devuelves a mi madre ahora, ¡seré yo la que acabe contigo!

La joven levantó a Céfiro en posición de ataque, lista para abalanzarse sobre su enemigo.

-¿Tú sola? ¿Con esa espada? ¡No me hagas reír!

-¿Ahora me estás retando? Si quieres probar el sabor del acero, ¡yo cumpliré tu deseo desgraciada!

Y fue entonces cuando Lea se lanzó con todas sus fuerzas contra su adversario. Quien ni siquiera se mostraba en disposición de esquivar el ataque. Simplemente se quedó parada relajadamente y cruzada de brazos.

Lea trató de atravesarle el corazón con su espada, pero cuando lo intentó, ya se encontraba a sus espaldas, aún con la espada desenvainada.

Golpeó de nuevo y volvió a fallar, parecía como si desapareciera con cada nuevo golpe.

Cerró los ojos y se concentró. Era hora de usar el oído como había aprendido antes.

La Sombra parecía estar en todos y ninguna parte a la vez. Sus movimientos eran tan rápidos que parecía que había varios adversarios en vez de uno solo.

No tenía escudo, pero Céfiro no debía fallar. ¿Qué estaba sucediendo?

Lea atacó por ambos costados rápido, pero la Sombra también los esquivó. Esta vez tenía que pensar en un plan distinto.

"Ella ha jugado sucio, ¡yo también lo haré!" pensó, y usando su otro brazo trató de hundirlo en el pecho de su contrincante.

"Si la espada no es suficiente, ¡usaré todo mi cuerpo! Y entonces concentró toda la energía del poder de su Trifuerza a todas sus extremidades, sintiéndola extenderse a cada centímetro de su ser, ardiendo junto con el coraje que sentía por el rapto de su madre.

-¡Si que eres lenta Heroína!—se burló la sombra que parecía solamente bailar y saltar graciosamente al esquivar sus ataques-¡No me has dado ni una sóla vez!

-¡CÁLLATE Y DEVUÉLVEME A MI MADRE! ¡AHORA MISMO!—gritó Lea haciendo temblar las aguas que se encontraban debajo de sus pies.-¡NO ME IRÉ DE AQUÍ SIN ELLA! ¡ASÍ ESTO SE VUELVA ETERNO!

La sombra soltó una risita.

-Primero te vas a morir antes de que eso pase. Te lo aseguro.

Y salió volando por los aires como si bailara en ellos. Era como si su cuerpo fuera de papel.

Lea trató de hacerla retroceder para arrinconarla hacia el árbol atacándola continuamente con la espada corta, pero justo cuando se iban a cercando, la Sombra saltaba y tenía que volver a empezar de nuevo.

"¿Porqué no puedo tocarla? ¡Es demasiado rápida!"pensó Lea tratando de cortar su cabeza en dos de un espadazo, para verla desaparecer ante sus narices, después, levantó su codo para empujarla nuevamente hacia el árbol pero otra vez se había movido, forzándola a volver a intentarlo.

-¿Te digo algo? El otro día me estaba acordando de ti, cuando estuviste dentro de esa pesadilla…

Lea apuntó su espada directo a sus piernas, pero la Sombra sólo bailaba para esquivarla con facilidad.

-¿Sabías que no fue Pharoll quien convenció a Ganondorf para que te persiguiera esa pesadilla? Es un muy buen plan para mantenerte lejos ¿no crees?

Lea se paró por un breve instante, quizá menos de un segundo para sopesar las palabras que había oído. Ese mínimo instante le valió que la Sombra la pateara por detrás de la cabeza haciéndola caer estrepitosamente al suelo mojado, hundiendo su cara en el agua, se levantó de inmediato, corriendo para volver arremeter.

-Pobre tipo…si tan sólo no hubiera venido a Hyrule…quizás seguiría con vida…

Lea conservó su distancia un momento. ¿Pharoll había muerto?

-¿Qué quieres decir con eso?

La Sombra sonrió.

-Que Pharoll murió por haber venido a Hyrule y lo mismo pasará contigo si no haces un trato conmigo. ¿Qué te cuesta jugar un poco conmigo?

Después de decir esto, de nuevo tomó a Lea desprevenida y la pateó con todas sus fuerzas haciéndola que volara disparada por los aires, estrellándose contra el piso.

Lea pudo sentir una sensación líquida que recorría sobre su cara, y un extraño color rojo que nublaba su visión. Se paró nuevamente y corrió hacia la Sombra

-Esto de las pesadillas me intriga…por ejemplo, ¿cómo sabes que esto no es una de ellas?

Lea se colocó detrás de la Sombra y levantó su espada, pero rápidamente ésta volteó y la detuvo con una mano sin si quiera cortarse. Lea empujó con todas sus fuerzas para atravesarla, pero ella oponía fuerza.

-¿Cómo te aseguras que todo esto es real? ¿y si esto sólo fuera una ilusión provocada por un poder mayor?

Lea seguía empujando con todas sus fuerzas.

-¿Qué…quuuierres…decir?.—preguntó apretando todos los músculos de su cara mientras hacía presión

-Quiero decir que cómo estás totalmente segura de que no estás soñando. Quiero decir…mira esa puerta de allá. ¿Tú crees que en el mundo real podría sostenerse sin muros que la detengan?

Lea hizo un esfuerzo sobrehumano por apartar la vista y ver la puerta, pero pronto devolvió la vista hacia su objetivo principal: la Sombra.

-O peor aún, cómo sabes que tú misma no era una pesadilla…quiero decir. ¡Mírate! ¡y mira los que han venido a ayudarte. Estaban aquí por ti y sólo murieron sin que tú pudieras hacer nada. Incluso tu madre, ¿a caso le has dado alguna vez un motivo para sentirse orgullosa? ¡Sé honesta!

Lea seguía presionando la espada pero no podía moverla. Parecía que la fría y dura mano de su adversario era un muro de diamante.

"Quiere confundirme, su objetivo es hacer que mi confianza desaparezca, pero no la dejaré"

-Tsk Tsk Tsk…-la Sombra sólo la veía con ojos burlones—tienes toda la pinta de cualquier pesadilla, que sólo causa dolor y muerte a los demás. ¡Mírate!—y al decir esto la Sombra tomó a Lea por los cabellos de la nuca y la empujó hacia abajo a unos centimentros del agua en el piso, haciendo que viera su reflejo.

Lea sintió los dedos de la Sombra jalar de su melena, causándole más dolor del que sería normal.

-¡Mírate! ¡Eres una pesadilla!

Cuando Lea lo hizo pudo ver la imagen de una persona totalmente fuera de sí.

Sus cabellos sueltos se crispaban en puntas hacia todos los lados dándo la impresión de que su cabeza era más grande de los normal, al parecer había perdido la liga que ataba su cabello siempre bien peinado. Una herida espantosamente grande se abría paso en la mitad de su rostro, y a los lados dos ojos azules le devolvían la mirada: No. Esos no eran los ojos de la Heroína de las Diosas, aquella mirada devolvía odio y miedo a la vez. Era la mirada de una asesina. Lea gritó al ver su propia imagen en el agua.

-¿Lo ves? ¿Ves en lo que te has convertido? Tal vez no creas en mis palabras pero un espejo no miente! Te has convertido en un saco de dolor, miedo y venganza, ¡es una pesadilla! Y lo peor de todo es que todo empezó por tu cobardía de no querer enfrentar tu propia realidad.

Lea la miró extrañada.

"¿No querer enfrentar…mi realidad?"

La Sombra, que aún sostenía su cabeza desde sus cabellos, dijo:

-¿Recuerdas aquel gran espejo que atravesaste aquel día, cuando creíste que era tu oportunidad para viajar de nuevo a Hyrule? ¿Cómo te sentiste? ¿No me digas que estabas feliz por regresar a tu trabajo?

Lea se estremeció al escuchar esta pregunta. Era cierto. Todo lo era. Desde el momento en que pudo pasar al otro lado y vió a Seth esperándola, ni quiso volver a saber más nada de lo que pasaba en la realidad, en su trabajo.

"Quise huir…porque tuve miedo" pensó.

-Tu cobardía te hizo caer en la más estúpida trampa que alguien le haya puesto a un Héroe de Hyrule. ¡Y aún así te haces llamar Heroína! ¿No es esa la Trifuerza del Coraje la que tienes en tu mano derecha? ¡No se es Héroe sólo cuando se está en Hyrule querida! Y créeme que con tu actitud solamente avergüenzas el destino que las Diosas han elegido para ti.

Lea la miró asustada.

"¿En verdad lo hago? ¿En verdad soy una vergüenza para todos? Decepcionando a mi madre…a Link…a Zelda…a todos…" "¿es esto cierto?"

La Sombra, haciendo uso de una extraña fuerza levanto el cuerpo de Lea tan sólo jalándola por los cabellos.

-No quieres ayudarme a obtener la Trifuerza del Poder, ni tampoco eres digna de portar la del Coraje.

Lea miró a la Sombra con ojos desesperados. Ya no se resistía, ya no peleaba. Sabía que lo que decía era verdad.

"He sido una cobarde por querer huir de mi realidad…no he podido proteger a los que intentaron ayudarme …he perdido a mi madre…yo…yo…"

La Sombra se acercó a su oído y susurró:

-Abandona la Trifuerza y huye.

En el momento en que la Sombra dijo esto, la puerta que se encontraba al otro lado de la habitación finalmente se abrió, revelando una luz intensa que provenía de afuera y a una persona, una que Lea conocía muy bien.

-Abandona tu Trifuerza ahora y ve con tu madre, ¡Anda! ¡Ve!

La Sombra soltó a Lea y ella corrió hacia la puerta donde su madre la esperaba abriendo los brazos de par en par para recibirla. Lea, con lágrimas en los ojos fue sin dudarlo.

Pero detrás de la conmovedora escena, la Sombra reía.

"Si eres capaz de rechazar tu destino a cambio de tus intereses personales, aún cuando se trate de tu familia, es porque no mereces llamarte la Heroína de Hyrule. ¡Diosas! ¡Vean esto y juzguen ustedes mismas!"

Lea se aproximó rápidamente hacia la puerta extendiendo los brazos hacia su madre, cuando de pronto, un extraño recuerdo alcanzó su mente justo cuando estaba a punto de tocar su mano.

El recuerdo del rostro preocupado del Héroe de la Luz apareció en su mente:

"Hay altas probabilidades de que otra persona esté implicada aquí.

-¿Qué? ¿A qué te refieres?—preguntó Lea sorprendida.

-Dark Link te advirtió que no quería que ni tú ni Pharoll pisaran Hyrule porque no quería que tú, especialmente tú intervinieras en sus planes. Es muy extraño que tu madre haya desaparecido sólo porque el Sheikah se transportó.

-Quieres decir que…¿Puede que Dark Link no tenga a mamá?—preguntó Lea con miedo.

-Lo que quiero decir es que hay una pieza del rompecabezas de la que no tenemos conocimiento, tenemos que averiguar dónde está y para ello es necesario encontrar a Dark Link para saber lo que realmente sucedió. Por lo pronto-dijo dirigiéndole una mirada dura a la heroína- Debes prepararte para la batalla. No será nada sencillo enfrentar a tu sombra y mucho menos en una situación en la que posee información que nosotros no. Debes tener cuidado."

Lea se detuvo de golpe y bajó los brazos. ¿Y si fuera cierto? ¿Y si las palabras del Héroe de la Luz eran ciertas y Dark Link sólo mentía?

Si la teoría del joven fuera cierta, ¿cómo podría comprobarlo? Era obvio que preguntándole no serviría de nada. Pero lo que sí podía hacer era preguntarle a aquella imagen que se ostentaba como su madre en ese momento.

Lea se paró enfrente de ella sin tocarla aún pero sin romper con aquella emoción con la que había corrido hace unos momentos y exclamó:

-¡Madre! ¡Estás de vuelta! ¿Qué fue lo que te pasó?

La mujer aún en la puerta le respondió:

-Hija, estaba en casa esperándote, cuando de pronto una sombra envolvió la casa, y cuando desperté estaba aquí. ¡Pero ahora te he encontrado! ¡Ven aquí! ¡Dame un abrazo!

Lea aún no estaba convencida, tenía que continuar hasta saber toda la verdad.

-Claro que sí madre, sólo quiero que me digas algo…

Los ojos claro de la mujer se fijaron en los de su hija.

-¿Qué es hija?

-¿Qué me preparaste hoy de almuerzo en la mañana?

Los ojos de la mujer se quedaron fijos en donde estaban y un silencio extraño inundó el lugar. La mujer simplemente no decía nada, hasta que, después de unos minutos que parecieron ser eternos abrió los labios.

-Lo mismo que te preparo todos los lunes…

-¿Qué me preparas todos los lunes?

Nuevamente otro silencio casi eterno y finalmente:

-Fruta y jugo.

Lea sonrió, se cruzó de brazos y se dio la vuelta.

-¿Y así pretendías que renunciara a mi parte de la Trifuerza Dark Link? ¿Con engaños y mentiras? ¿Tú crees que me iba a tragar este cuento de que tenías a mi madre?

Desenfundó nuevamente a Céfiro y apuntó el filo de su espada contra la garganta de la joven Sombra.

-¡Dímelo Dark Link! ¡Dime dónde está mi madre en realidad!

Pero el rostro de la Sombra parecía desencajado. Estaba totalmente muda y atónita ante lo que había visto.

Pero después de unos momentos, cerró los ojos y soltó una carcajada que resonó en toda la extraña habitación, multiplicada por el eco que producía un extraño sonido de pesadilla.

-No te lo diré. Jamás te lo voy a decir. Quiero que sufras Lea. Quiero que sepas lo que significa tener dolor y no poder hacerte a un lado, ni enfrentarlo.

-¿A qué te refieres con eso Sombra?

-Durante muchos años vivimos juntas como un solo ser en un mismo cuerpo. En el momento en que caíste de aquel edificio y llegaste por primera vez a Hyrule…ese fue el día en que nací en tu interior. Tu cuerpo parecía un lugar cálido y amable para vivir, hasta que comenzaste a luchar. Perdí la cuenta de cuantos mataste en nombre de Zelda, pero no…yo no podía hacer nada, ¡Claro que no!—exclamó Dark Link retrocediendo, remarcando un tono irónico y a la vez doloroso y triste, era como si en cualquier momento su voz se le fuera a quebrar-Tú siempre luchabas, nunca te detenías ante nada y yo estuve obligada a ver todo. Cada gota de sangre derramada, cada batalla, cada cabeza que cortaste. ¡Porque yo viví dentro de tu cuerpo, estúpida! ¿Lo entiendes? ¿Entiendes que es una maldición ser la Sombra de la Heroína? ¡Una Heroína a la que alaban y admiran por matar a otros en nombre de otro! Sufría…lloraba en tu interior, ¡te gritaba que te detuvieras y que terminaras con todo! Pero tú seguías, nunca te detienes Lea…¡NUNCA! Pero ahora morirás, ¡Tú junto con tus ganas de matar acabarán para siempre!

En ese momento, las sombras que habían estado sujetando a los cuerpos desmayados de los Héroes caídos, se movieron de sus posiciones, desenvainaron sus espadas y arremetieron todos juntos contra Lea.

Dando un paso hacia atrás, la joven Elegida levantó su espada para atacar, pero justo antes de tocar al primer enemigo, oyó varias voces familiares:

-¡Te dije que nunca te abandonaríamos!

-¡Y nunca lo haremos!

-¡Nuestro deber es protegerte a ti y a Hyrule!

-¡Y lo defenderemos con todo lo que tenemos!

-Nuestras espadas siempre estarán contigo.

-¡No importa lo que suceda!

Y al final, se escuchó un grito de guerra con todas las voces de los jóvenes y niños que decía:

-¡TODOS SOMOS LINK, EL ESPÍRITU GUARDIÁN DE HYRULE!

Entonces, se escuchó el desenvaine de nueve espadas al mismo tiempo y el choque de las mismas con sus contrapartes más oscuras en una batalla feroz. Una guerra entre luz y oscuridad, el ejército de las Diosas contra el batallón de la Oscuridad.

Los hierros chocaban entre sí en una música hipnótica y casi rítmica acompañando los gritos de los guerreros que participaban en aquella danza demencial, un baile de dos tipos de espíritus: los de la justicia contra los de la sombra. Con una fuerza tal que era como ver el sol chocando contra la tierra, incluso tal vez el mismísimo cielo contra el infierno.

Hasta que, uno a uno, poco a poco, las sombras fueron cayendo al agua, pulverizadas por el remolino de acero que caía sobre ellas, estrellándose como piedras sin vida sobre el agua para, posteriormente, deshacerse en el viento en una lluvia de cenizas grises y negras.

Lea observaba el titánico espectáculo a su alrededor aunque sin perder de vista al principal enemigo que también le clavaba la vista, en silencio, mientras todos bailaban la danza de la muerte.

Hasta que, en un segundo desafortunado, una de las sombras, tomó su espada y corrió rápidamente hacia Lea, con un salto que ella no vió venir, estuvo a punto de acabar con su vida atravesando su espalda, pero, un defensor, un justiciero de ojos iluminados por la mirada de lobo que se encontraba cerca aunque desarmado, corrió rápidamente hacia ella ocasionando que la espada de la sombra atravesara su pecho. Arrojándolo hacia el suelo encharcado.

Los ojos de Lea vieron la escena como si se tratara de una película en cámara lenta, viendo como el Héroe que le había salvado la vida en varias ocasiones, era acribillado sin piedad por una sombra que estuvo a punto de alcanzarla.

-¡HÉROE DE LA LUZ!—gritó Lea sin poder hacer nada más que verlo estrellarse contra el agua.

El cuerpo del joven guerrero había sido brutalmente atravesado por el arma.

Lea se sentó en cuclillas a su lado y tomó su brazo:

-No, por favor, ¡no te vayas!—exclamó con lágrimas en los ojos.

Con un gran esfuerzo, el joven la miró con dolor y compuso una leve sonrisa:

-Tonta…recuerda…lo que…te dije…nosotros no morímos…ya que somos el Espíritu…Guardián de…Hyrule…que es inmortal…nunca te…abandonaremos…

-¡Pero no quiero que te vayas! ¡Porfavor!

-No…me…iré…yo…todos…vivimos en ti…

-¡Link!—gritó Lea explotando en llanto.

-Domina…tu…sombra…no dejes…que…domine al…mundo…

Y con esta última frase, los ojos del guerrero de la Luz se cerraron. En su rostro se reflejaba una infinita paz, tan similar a la que reflejaba aquel rostro del Link que se paseaba por aquel bosque sagrado que Lea conoció. El rostro del Espíritu Guardián de Hyrule que se había dividido en sus encarnaciones anteriores sólo para ayudarla.

Se sintió culpable de haber sido tan soberbia y haber estado a punto de rechazar la ayuda que se le brindó. Se sintió estúpida. No podía dejar que esa soberbia la encegueciera nunca más. Soltó el cuerpo inerte del guerrero y volvió a empuñar a Céfiro, esta vez, con la paz y la determinación que aquel Gran Espíritu siempre le habían mostrado.

Entonces, poniéndose de pie, enfrentó con la mirada a aquella Sombra, Dark Link, quién la veía con una mezcla de burla, aversión…y miedo.

-Es hora de terminar lo que hemos comenzado Dark Link. O debo decir, ¿Dark Lea?

La Sombra se sorprendió y estremeció al escuchar estas últimas palabras.

-¿Ves esta espada? Seguramente fue con una espada con la que yo acabé con las vidas de tantos a quienes tú viste morir en muchas ocasiones, pero quiero que sepas algo. Es importante. Contra ti, yo JAMÁS, la levantaré ni la usaré de nuevo.

Entonces, mostrándole a Céfiro y su reflejo al mismo tiempo sobre su hoja, la soltó haciéndola resonar sobre el duro y húmedo piso.

La sombra se quedó petrificada, sin saber qué decir.

-Yo no soy una diosa para decidir quién vive ni quién muere. Tampoco soy una princesa que decide sobre el futuro o destino de un reino como Zelda. Ni si quiera he nacido en Hyrule. Yo soy Lea, y provengo de un mundo en el que existen muchas injusticias. A cado minuto, cada suceden. Muchas veces tengo el poder y la oportunidad de hacer algo al respecto, pero otras veces ni yo ni nadie puede hacerlo. Soy humana, cometo errores y aprendo de ellos, hay ocasiones en las que tengo miedo de actuar, y hay otras en las que no lo hago. Pero todo es parte de un crecimiento. De un luchar y de un volver a empezar. Y soy de la idea de que cada día renacemos, cada mañana nacemos a una nueva oportunidad para enmendar nuestros errores y aprender de nosotros mismos y de los demás, y cada noche "morimos" en un sueño profundo para renacer al día siguiente.

Pero además de ser humana, también he sido elegida para desempeñar un papel como Heroína en Hyrule y proteger a quienes lo necesitan, en ese mundo mi deber es levantar mi espada no para matar, sino para proteger a los demás. Porque yo soy Lea, y mi alma tiene esas dos naturalezas.

Y también sé que tengo la opción de rechazar ese destino en cualquier momento y vivir tranquilamente. Pero para mí, este destino que las Diosas han elegido para mí no es impuesta por ellas, sino que es una misión que he elegido para probarme a mi misma y saber que puedo hacerlo. Por lo tanto, yo misma he decidido mi propio destino.

Pero también sé que como heroína he nacido con una Sombra en mi interior que me ha enseñado hoy lo que es la compasión, y que me ha mostrado los errores que he cometido en el pasado. ¿Y sabes? Ahora que lo pienso, esa sombra debería estar conmigo siempre, no para ver cómo mueren otros, sino para ver cómo el sueño de un Hyrule en paz se hace realidad.

Porque a final de cuentas…no es el caos lo que nos aparta del miedo, sino la completa y total certeza de que luchamos por un ideal.

Ahora, me gustaría hacer un trato contigo, Dark Lea. ¿Me acompañarías a cumplir ese ideal?

La Sombra miró a la guerrera impávida, casi sin moverse. No podía creer lo que esa niña le acababa de decir. De alguna forma todos sus miedos e inseguridades parecían borrarse en su mirada decidida, en su resolución de cumplir ese "ideal" del que hablaba. ¿Sería cierto? ¿Podrían vivir juntas y luchas por ello? ¿Sería capaz de hacer que el miedo natural con el que había nacido se desvaneciera para siempre?

Si había intentado todo…y nadie lo había logrado. NUNCA.

Fue entonces cuando Lea, supo perfectamente lo que tenía qué hacer con su sombra:

"No debo dejar que mi sombra domine al mundo, debo controlarla…o mejor dicho, aceptarla"

Y, caminando hacia adelante, con la misma paz que aquel Espíritu le había mostrado, le tendió la mano.

-¿Me acompañarías a luchar contra el miedo?

Los ojos de Dark Lea se abrieron en una expresión de sorpresa. ¿Sería el momento? ¿A caso ese sería el momento de decir la verdad? ¿y de aceptarla? ¿Es que a caso ella también tenía un destino como el de Lea? ¿Sería que ese destino fuera acompañarla y ayudarla a luchar? ¿y luchar contra sí misma y su propio miedo?

-¡Vamos!—dijo Lea ofreciéndole su mano, es hora de irnos.

La Sombra estiró su mano para alcanzar la de Lea pero antes de tocarla, la bajó de repente y bajó la cabeza.

-Hay algo que tengo que decirte antes de unirme otra vez contigo…Yo…no tengo a tu madre…aquel hombre del desierto la tiene consigo. Y la única forma de recuperarla es derrotándolo. Existen tres Templos con tres espíritus a los que debes acudir para poder sacar la única espada que puede acabar con él. Y para poder ingresar a ellos, debes conseguir el Gran Pergamino.

Lea asintió. Ya había escuchado de esta misión unos días antes.

-Lo sé. Así lo haremos.

Entonces, antes de darle su mano, la Sombra sintió dos gruesas lágrimas rodar por su oscuro rostro.

-Lo siento mucho Lea. Por favor, ¡perdóname!

Lea bajó la mano, y abrazó a la pequeña Sombra.

-Estás perdonada.

Y con un cálido abrazo, Lea renació.