Capítulo 21

¿Una cita?

Los personajes de Miraculous Ladybug no me pertenecen, son propiedad de Thomas Astruc.

—Hablan—

Piensan

«Hablan en otro idioma»

«Tómalas desde ahí… no espera, mejor desde aquí». La chica sonrió.

«De acuerdo». Su amiga suspiró. « ¿Estas lista?»

« ¡Sí! » se colocó en posición.

«Listo».

« ¡Qué bien! Ahora, alejémonos un poco y tomemos más».

«Valentina. Te he tomado cientos de fotos y estoy segura que el almacenamiento de tu cámara se está terminando».

«Que mal» frunció el ceño. «Por suerte traigo otra tarjeta de memoria» la rubia rio, a lo que su acompañante pellizcó el puente de su nariz».

«Vamos Laura, solo una más y después podemos ir al museo que tanto quieres».

La castaña sonrió «Está bien».

—Veo que regresaste de muy buen humor— Gabriel trabajaba en su tableta.

—Lo sé, se nota— sonrió— Pasando a otro tema. —Puso una revista en frente de él —Esto es lo que salió esta mañana.

El ojiceleste la tomó en sus manos. En la portada se mostraba una foto de él y su hijo, prosiguió y leyó las palabras escritas junto a la imagen; frunció el ceño — ¿Algo que quieras decirme?

—Escucha, se lo que estás pensando, pero es una estrategia publicitaria y no es cualquier revista.

—Pero ¡¿Una cita con mi hijo?! ¡¿Es enserio?!

—Vamos, vamos, no tienes por qué ponerte así. La posibilidad de que alguien gane esto es muy baja. Si llegara a suceder, yo me encargaré de la protección de tu hijo y los gastos de la cita van por cuenta de la revista. Nunca lo pondría en riesgo.

El hombre suspiro —Bien. Lo dejaré pasar solo porque sé que sabes lo que haces.

—Confía en mí. Esto será un éxito. — Le sonrió — Y… ¿Cómo se lo decimos a Adrien?

Presionó el botón de su comunicador —Nathalie, dile a Adrien que venga a mi oficina — dijo resignado.

—Enseguida señor.

Las dos chicas caminaban por la calles de Paris.

—Mira esto. —señalo la revista. —Es un chico muy guapo ¿verdad?

—Sí, lo es. Pero ¿Porque te interesa?

—Es solo que... su apellido lo he escuchado antes.

La segunda joven leyó las palabras que estaban a un lado de la foto. — Gabriel y Adrien Agreste. Pues a mí no.

—Se ve interesante. Voy a poner en práctica mi francés y descubriré que es lo que dice. —La chica leía en voz baja tratando de entender lo que anunciaba aquella publicación.

— ¿Por qué no mejor la compras? — dijo su amiga riendo.

—Tienes razón.

La rubia pidió la revista, el vendedor le mencionó que era el último par que le quedaba, puesto que varias chicas habían comprado la misma, o eso había entendido. Pagó y regreso con su acompañante. Caminaban mientras Laura cuidaba de su amiga, ya que estaba leyendo la portada sin prestar atención al camino.

— ¿Qué fue lo que entendiste?

—Conseguir una cita con Agreste, más información en la página 18. Tal vez no sea así exactamente pero básicamente es lo que dice. ¿Crees que sea con el apuesto chico?

—Tendremos que leer más para saber eso.

...

— ¡¿Qué?

—Solo será por un día Adrien

Él frunció el ceño —¿Están hablando enserio? ¿Estás de acuerdo? — fijo sus ojos en su padre.

—Tranquilízate. Te estoy pidiendo ayuda hijo. —Respondió es ojiazul.

—Y no tengo problema en ayudarte, pero ¿Por qué así? Será con una extraña.

—Entiendo tu punto Adrien. Pero es una estrategia publicitaria. Estoy ayudando a la revista y ellos me devolverán la ayuda. Yo me encargaré de todo, confía en mí. —La ojiplata sonrió. —Solo será un paseo. Por favor.

El ojiverde suspiró —Está bien

—Te estoy muy agradecida Adrien— La rubia se acercó y lo envolvió en un abrazo, para después darle un beso en la mejilla. El joven se sonrojo.

Miró de reojo a su padre y lo vio sonreír sutilmente.

...

Las chicas regresaron al hotel, saludaron a algunos de sus compañeros de clase en el pasillo y entraron a su habitación.

La de ojos castaños encendió la computadora y tecleo tan rápido como pudo.

— ¿De verdad vas a enviar el mensaje?

—Hummm... Sí. — Ella sonrió — ¡Gané!

—Podría mencionarte todas las complicaciones que podrías tener, pero solo te mencionaré las más importantes. —Laura carraspeo— Aún no hablas francés y él es menor.

—Lo sé, pero puedo entender y no veo problema en su edad solo es una cita.

—Entiendes más de lo que hablas y eso no es suficiente. Además ¿Cómo se lo dirás a los profesores?

—Lo haré funcionar y respecto a los profesores, no habrá problema, créeme.

—Si tú lo dices— rodó los ojos.

...

A la mañana siguiente, los chicos tuvieron la oportunidad de encontrarse en el desayuno, pues Odile y Gabriel habían partido más temprano.

—Buenos días. — dijo con una sonrisa.

—Buenos días Adrien. —Ella estaba sentada en la gran mesa, al parecer lo estaba esperando. Se sentó junto a ella y conversaron sobre diferentes temas, mientras esperaba si comida. Era el que hablaba la mayor parte del tiempo y su amiga se dedicaba escuchar, cualquiera podría dudar de que ella prestará atención pues no mostraba su rostro y por ello no había expresiones, sin embargo, para el no, y ella misma confirmaba que estaba atenta a lo que decía pues de vez en cuando hacia un comentario o asentía.

—Y mi padre está de acuerdo con ello, pensé que se opondría es decir, es bastante sobreprotector.

—Bueno, por lo menos la posibilidad de una ganadora es baja y tendrás la oportunidad de conocer a alguien.

—Me gusta tanto que veas el lado positivo de las cosas.

Los encargados se presentaron y sirvieron sus alimentos, no obstante, notó que no le habían servido a la joven.

— ¿No vas a desayunar?

—Humm... n-no yo... Ya lo-lo hice.

Él la miró intentando descifrarla, la conocía lo suficiente para saber que cuando ella tartamudeaba era porque estaba nerviosa. Era sospechoso pues ya no lo hacía, al menos con él no. —De acuerdo. — tomó su manzana y extendió su mano hacía ella.

— ¡Oh! N-no tienes que darme algo está bien, yo ya...

—Lo sé, pero me sentiría mejor si me acompañas comiendo algo.

Ella la tomó sin rechistar —Gracias.

—De nada. — él sonrió.

...

Odile revisaba el diferente papeleo en su oficina. Todo estaba saliendo de acuerdo a lo planeado, las ventas y el nombre de la revista estaban regresando a su gran auge en París y como agradecimiento ellos se encargarían de la publicidad del gran diseñador Agreste en todas sus ediciones en varias partes del mundo; haber trabajado con BELLE tiempo atrás fue una muy buen idea.

—Señora Coste, tiene una llamada— le dijo su asistente por el comunicador.

— ¿De quién? —dijo al mismo tiempo que firmaba.

—De la revista BELLE.

—Dirígela a mi línea.

—Enseguida.

Su teléfono sonó — ¿Allô?

—Solo llamamos para informarle que ya tenemos a una ganadora. Y nos hemos encargado de anunciárselo y darle una fecha.

—Pensé que las probabilidades eran muy bajas.

—Y así lo es, sin embargo, seguía teniendo una probabilidad.

Ella suspiró — ¿Cuándo es la cita?

—Hoy a las diecisiete horas. El lugar e itinerario los enviamos a su correo.

— ¿No les parece que es un poco apresurado? — frunció el ceño.

—Lo sentimos señora Coste, pero el director quiere concentrarse en otros asuntos cuanto antes. Enviará un regalo de disculpas por las molestias que le causamos con esto.

—Está bien.

—Gracias por su comprensión. Que tenga buena tarde.

—Igualmente.

Puso el teléfono en su lugar con más fuerza de la necesaria. —Más le vale que sea un buen regalo.

Tomo su móvil y busco entre sus contactos el nombre de cierto rubio.

...

Los alumnos salían alegres de la escuela. Adrien, Soleil y Nino platicaban por un rato en lo que su chofer llegaba.

—Eso resultaría muy incómodo. —dijo el de anteojos.

—Ya lo sé.

—Me sorprende que tu padre haya aceptado.

—A mí también, supongo que es por que la señora Odile lo convenció.

—Amiga— se dirigió a la azabache —Si me permites decirlo, tu madre tiene una habilidad increíble para convencer a las personas.

-—Creo que no estas equivocado— ella respondió.

— ¡Soleil! — Alix la llamó y le hacía señas para que fuera con ella.

—Vuelvo enseguida.

—Claro— respondieron los jóvenes.

La observaron irse hacia el pequeño grupo de chicas, hasta que el pelinegro habló —Viejo…

— ¿Si? — respondió el ojiverde

—Tenías razón.

— ¿A qué te refieres?

—Soleil es una muy buena persona.

Adrien recordó su conversación de tiempo atrás y sonrió. —Te dije que solo necesitabas conocerla.

El sonido de timbre de su celular se hizo presente, leyó el nombre en la pantalla —Que extraño.

— ¿Quién es?

—La mamá de Soleil.

— ¿No vas a contestar? — su mejor amigo rio.

— ¡Cierto! — Presiono su pantalla— ¿Allô?

—Adrien, querido ¿Cómo estás?

—Estoy bien, gracias— sonrió

—Me alegra oír eso. Sin embargo, si te soy sincera, esta llamada es para informarte sobre la cita.

—La sonrisa desapareció de su rostro— ¿Qué pasa?

—Lamento que esto sea tan rápido. Una chica resulto ganadora y BELLE decidió agendarla para el día de hoy a las cinco de la tarde hasta las nueve de la noche y se reunirán en la Place des Vosges.

Él no habló, estaba enojado —No puede ser.

—Te pido una disculpa querido.

La voz femenina lo sacó de sus pensamientos. —Está bien. Estaré ahí. No se preocupe. —Su molestia se desvaneció

—Te lo agradezco mucho.

—De nada.

—Nos vemos en la cena.

—Nos vemos. — Colgó y guardo su teléfono.

— ¿Y? —Nino esperó la respuesta de su amigo.

—La cita es hoy.

—Qué mala suerte amigo

Escucharon pasos acercándose y un pitido al mismo tiempo.

—Espero que todo salga bien. —La chica se detuvo cerca del rubio, él la miró y sonrió. —Creo que tengo una idea.

Volvió a sacar su teléfono y marcó.

—Hasta mañana Nino— choco sus puños con él.

—Hasta mañana. Cuídate— se despido la joven.

—Hasta mañana chicos.

Ambos subieron al auto, una vez dentro el ojiverde habló —Vamos a la mansión por favor.

Gorilla y su acompañante lo miraron confundidos, sin embargo el conductor asintió.

...

« ¿Crees que debí ponerme el rosa?»

«Sigo sorprendida de que los profesores hayan aceptado.

«Supéralo» la rubia rio.

La castaña suspiro «El borgoña se te ve muy bien. Además será una cena ¿no es así? »

«Sí, tienes razón» una gran sonrisa se formó en su rostro.

La de ojos negros le sonrió de vuelta.

...

Un sonido en la puerta llamó su atención, termino de abotonar su saco y abrió la puerta. Vio una húmeda cabellera azabache y sonrió — ¿Estas lista? — La observó atento, estaba claro que acababa de tomar un baño, usaba un suéter azul oscuro y un pantalón negro. Técnicamente no era la ropa que se usaba para una salida, pero si ella se sentía cómoda así. Estaba bien para él.

—Sí. Creo que sí.

—Pasa por favor. —La chica entro y tomó asiento en el sofá para observar la vista de la ciudad.

El rubio acomodó el cuello de su camisa y la corbata roja, sacudió el polvo inexistente de su traje negro y se giró hacia su amiga — ¿Qué opinas? ¿Me veo bien? — dijo extendiendo sus brazos a los lados

Al escuchar a su amigo ella lo miró, después de unos segundos ella sonrió —Te ves muy bien Adrien.

—No tienes que decir eso para quedar bien. Di la verdad— el rio.

Su amiga pestañeo confundida para después reír —Lo digo enserio.

Paro de reír —Estas en lo cierto me veo muy bien.

La azabache rio de nuevo, y su amigo solo se limitó a escuchar. Un par de minutos después Nathalie llamó a su puerta.

—Adrien es hora.

—Gracias Nathalie

—Vamos Soleil. —Espero a la chica y la dejo salir primero.

Había llamado a la señora Coste y le dijo que se sentiría más cómodo si Soleil lo acompañaba; después de una buena conversación la ojiplata cedió. Estaba claro que la había frustrado al pedirle aquello, sin embargo, no se arrepentía.

...

Llegaron a la Place des Vosges ocho minutos antes de la hora acordada.

—Lamento haberte traído a esto. Tal vez estés nerviosa.

—No te preocupes. Humm... Me dijiste que te sentirías mejor si yo venía contigo y me alegra que pueda ayudarte.

Él sonrió —Muchas gracias.

—No tienes que agradecerme. No es nada. —sonrió.

—Eres adorable. — Le alboroto el cabello.

Esperaron un poco más y la chica se hizo presente. —Buenas noches.

—Buenas noches. — contestaron al unísono.

—Espero que no te moleste, pero traje a alguien. No estará en toda nuestra cita, procuraré que solo seamos tú y yo.

La rubia sonrió nerviosa —Bien. Analiza lo que dijo. Si no me equivoco dijo que él la trajo y que no molestara, solo seremos él y yo. Espero estar en lo correcto. — Mantuvo su sonrisa —De acuerdo.

Él le extendió la mano y la dirigió a la limusina. La chica se emocionó de solo verla. Abrió la puerta de los asientos traseros para que ella entrara al mismo tiempo que Gorilla abría la puerta del copiloto para la azabache.

Así es como empezó el viaje hacía el museo Louvre. El ojiverde intentó formar una plática con ella, pero se quedó en eso, un intentó ya que ella solo respondía con un sí o no; lo único que sabía era que tenía 19 años —Es mayor. Esto será incómodo. — Al llegar, ellos entraron siendo seguidos a una distancia considerable por las otras dos personas que venían con ellos.

—Mi nombre es Adrien ¿Cuál es el tuyo?

Eso sí lo entendía —Mi nombre es Valentina. Mucho gusto.

La joven tenía un acento diferente —El gusto es mío. —Sonrió — Y ¿Qué te gustaría ver primero?

Ahora se empezaba a complicar. Tenía dos opciones, ser honesta de una vez por todas y decir que no entendía mucho, que no era una extranjera y por ello no sabía casi nada sobre este museo o seguir aparentando que todo estaba bien.

—Lo que quieras— Opto por la segunda opción.

—De acuerdo. Entonces vamos.

Ella dejo salir el aire que había contenido —Espero que todo siga así.

...

No obstante, el resultado fue el contrario. El chico hablaba rápido a su parecer y no lograba entender bastantes palabras, se limitaba a responder monosílabos o lo que creía que podía contestar.

Estaban dando un paseo por las tiendas, cuando el joven se detuvo.

—Espérame por favor.

—Si

Siguió con la vista al ojiverde quien se acercaba a la extraña chica y el hombre más grande que ha visto; se percató de otros cuatro hombres vestidos de traje negro alrededor. — ¿Quiénes son?

—Soleil puedes comprar cualquier cosa que quieres, algún collar o algo para comer. Solo tienes que pedírselo a él.

— ¿Verdad que si? — dijo mirando a Gorilla a lo que este asintió.

—No, no es necesario, yo estoy bien.

—Vamos Soleil. Lo digo enserio, por favor. — dijo poniendo ojos de cachorro.

—Yo, yo lo pensaré— dijo desviando la vista.

—Bien. — Él le sonrió y se fue con la joven.

Después se caminar un rato la tímida chica suspiró y observó al guardaespaldas —Humm... Po-podríamos ir a esa pa-pastelería, por favor.

Él asintió entraron al establecimiento. Vio todos los postres que había y sonrió. Todo se veía delicioso. Volvió sus ojos al chofer — ¿Us-usted quiere algo?

Él la miro confundido. —Me-me gustaría que me acompañara. Adrien dijo que podía pedir cualquier co-cosa y pues... E-es decir, podemos ir a otro lugar si a usted no le gu-gusta nada de aquí.

El gran hombre mantuvo su expresión, poco después una casi imperceptible sonrisa apareció. El volvió a asentir e hicieron su pedido.

—Entonces ¿Qué es lo que más te ha gustado hasta ahora? Puedes sugerir lugares.

Era suficiente, tenía que decirle la verdad, inspiro profundo. —No entiendo.

— ¡Oh! Me refiero a...

—No. — lo corto frustrada—No entiendo. No hablo francés.

Él rubio frunció el ceño —Ahora soy yo el que no entiende.

Molesta consigo misma decidió hablar en inglés lo manejaba mejor y tal vez la entendería «Soy una extranjera. Lo siento, he estado aparentando entender todo lo que dices».

Él, logro entender algo, no obstante, Seguía sin comprender del todo, pero había alguien que si lo haría.

—Vuelvo enseguida. — Hizo un gesto para que esperara y busco a su amiga,

Pudo divisarlos sentados en unos pequeños sillones de la tiendan tomando el tiempo necesario para terminar sus pasteles.

—N-no es tan fácil para mi pe-pero creo que estoy mejorando. ¿Cre-cree que lo esté haciendo? — Gorilla afirmo con un sonido dándole su atención mientras terminaba su postre. —Me-me alegra saberlo. E-entonces seguiré intentando.

El joven los miraba con una sonrisa en su rostro. —Parece que se llevan bien. — Luego se acercó a la azabache —Discúlpame por interrumpirte Soleil, pero necesito tu ayuda ¿Puedes venir conmigo?

La chica se comió lo último que le quedaba levantando su cabello ligeramente y se levantó —Sí.

— ¡Genial!

Luego, se dirigió al guardaespaldas —Estará con nosotros.

Él asintió y se dedicó a terminar de comer.

Llegaron al lugar donde estaba la de ojos castaños.

—Su nombre es Soleil. Podrás comunicarte con ella ya que sabe inglés. — dijo haciendo algunos gestos para que entendiera.

La rubia asintió «Mi nombre es Valentina. Por favor dile que en realidad soy de Argentina, vine a París junto con mi clase ya que estoy aprendiendo francés, realmente he estado fingiendo que entiendo. Dile que lo siento».

Ella extendió la mano y la otra chica correspondió «Mu-mucho gustó. Le-le diré, sin embargo, tengo una pre-pregunta; tu idioma original es e-el español ¿Correcto? »

«Sí».

Soleil sonrió y cambió de idioma «Pu-puedes usarlo, puedo ha-hablarlo también».

Valentina casi llora de alegría « ¡Qué bien! »

Luego se giró al joven —Te pide disculpas porque ha estado fingiendo que entiende lo que dices. Ella viene de Argentina, llegó a Paris con su grupo ya que está aprendiendo francés.

El asintió —Ya veo. — Colocó una mano en el hombro de su amiga. —No me dijiste que sabías otro idioma— sonrió ladino.

— ¡Ah! Humm... O-olvide mencionarlo— dijo jugando con sus manos.

—No te preocupes. Sin embargo, creo… que tenemos que cancelar todo. Dile por favor. — Ella asintió y le informo a la del vestido.

Valentina no quería que la cita terminara pues a pesar de todo se estaba divirtiendo y Adrien era realmente un chico encantador. La única forma de que pueda comunicarse con él era... «Escucha, sé que no nos entendemos pero podemos... » Miró a la chica «traerla con nosotros. Ella podrá traducir y de esa forma podemos seguir con la cita. Por favor».

La azabache se encargó de traducírselo a su amigo. —No lo sé. Podría ser una posibilidad, pero ¿Tú quieres venir?

—Hummm... — sus ojos se posaron en la rubia « ¿De verdad quieres seguir con la cita? »

«Si, me está gustando mucho». Le sonrió.

Se volvió a su amigo. —Creo que no tendría problema con ello.

Él sonrió —Entonces puedes decirle que podemos continuar.

Una vez que encontraron la solución a su problema, la velada siguió. La siguiente parada era un restaurante, había una cena lujosa esperándolos. Los tres bajaron de la limusina para entrar al establecimiento sin embargo, no contaban con tener otro problema.

—Lo siento hummm... señorita. Pero me temo que no la puedo dejar pasar.

Los otros dos se giraron al escuchar eso.

—Pe-pero ¿Po-por qué?

— ¿Qué es lo que sucede? — el modelo se acercó.

—Mis disculpas joven Agreste, esto es sin ofender, pero no me es permitido dejar pasar a la señorita. No esta vestida adecuadamente, no tiene... el aspecto correcto para estar aquí y la reservación es una mesa para dos. — finalizó la mujer.

— ¿Está hablando enserio? — él rubio frunció el ceño.

—Lo siento, pero es lo que está establecido.

—E-Esta bien —llamó la atención de los presentes- No-no creo que sea necesaria mi-mientras ustedes cenan voy a esperarlos afuera.

Tal vez no entendía del todo, no obstante, tenía una idea de lo que estaba pasando. Sí, no iba a mentir la chica le pareció un poco espeluznante y su ropa no era como la de ellos, sin embargo, era alguien muy amable y se había ofrecido a ayudarlos sin pedir nada a cambió. «No. Nosotros nos vamos». Dijo esperando haberlo dicho correctamente.

—N-no, no tienen que hacer eso.

Valentina tomó el brazo del chico para salir. «Vámonos Soleil» sonrió «Podemos encontrar algo mejor que hacer».

La nombrada asintió y los siguió.

...

Llegaron a la Torre Eiffel y los tres subieron hasta la cima de esta. Valentina y Adrien conversaban teniendo a la azabache de intermediaria y en el transcurso de ello fue incluida. Debido a que ambas chicas sabían el mismo idioma no tuvieron dificultades.

«Tu español es excelente».

«Gra-gracias».

« ¿Qué piensas de mi francés? Se honesta, no quiero ninguna mentira».

« ¡Oh! E-Es bueno. Si-sin embargo creo que de-debes trabajar un poco e-en la pronunciación».

« ¿Crees que Adrien pueda darme algunos consejos? » río.

Ella miró a su el ojiverde « Ella dice que si puedes darle algún consejo para mejorar su pronunciación»

«Por supuesto» él sonrió.

«Y ¿Quiénes son los cuatro hombres de traje que nos siguen? »

—Dice que quienes son los hombres de traje.

— ¡Oh! Son guardaespaldas. Ya sabes, seguridad.

«Son guardaespaldas»

«Ya veo»

Luego de unas pequeñas clases de francés por parte del modelo, bajaron y se dispusieron a dar un paseo. Pasaron por algunas tiendas hasta que la de ojos castaños encontró algo interesante. —Creo que puedo ser infantil por un rato.

Entró y compró el producto. Al salir, les dio una lata a cada quien.

« ¿Saben? Es cierto que soy mayor, pero pienso que puedo permitirme jugar un poco»

La tímida joven tradujo lo que dijo.

El joven leyó las palabras en la lata. — ¿Serpentina en aerosol? — retrocedió unos pasos ya sabiendo a que se refería.

—Bien ¡Corran!

— ¡Corre! — le dijo a su amiga y esta obedeció.

Terminaron en la Place des Vosges en un batalla de serpentinas. Soleil tardo un poco en procesar lo que pasaba, sin embargo, logró unirse al juego, cuando quiso rociar a la rubia termino llenando de serpentinas al otro. Este parpadeo confuso para luego sonreír travieso, persiguió a su amiga y cuando la alcanzo se aseguró de que terminará igual que él. Cuando dieron las nueve, se sentaron en una de las bancas del sitio.

Suspiro en medio de una sonrisa «Creo que es hora de irme. Gracias por todo, me divertí bastante».

Esperó a que la azabache le dijera aquello —No. Gracias a ti. Yo también me divertí. —Ella sonrió.

—Pienso lo-lo mismo.

Una mujer caminaba hacia ellos con una sonrisa. —Señorita Sosa, yo seré la encargada de llevarla a su residencia. Sígame por favor.

«Será quien te lleve a tu casa. Síguela por favor» dijo la joven, sin embargo, lo dijo en inglés ganándose la expresión de extrañez de la rubia.

—Si— ella respiró profundo «Bien chicos esta cita fue genial, a pesar de todo» se acercó a él joven y lo abrazó —Eres un chico muy lindo Adrien. Gracias por todo— por último lo besó en la mejilla.

Él sonrió –Y tú eres una chica muy linda y divertida.

Colocó sus manos en los hombros de Soleil «No te voy a mentir, cuándo te vi pensé en que eras muy rara y hasta cierto punto me causaste miedo, pero ahora me arrepiento de eso. Eres una persona muy amable y quiero decirte que no permitas que nadie te haga menos por qué no lo eres. ¿Está bien? »

Ella asintió «Mu-muchas gracias».

«No es nada». Dio media vuelta y los miró por última vez. —Adiós.

—Adiós— dijeron al unísono. Observaron sentados en la banca la ida de su nueva amiga, con la esperanza de volverla a ver.

Y pensar que no quería esta cita— el ojiverde sonrió.

— ¿Podría pedirte un favor? — dijo la chica de repente.

—Claro.

—No le digas a nadie que se hablar español, por favor.

—Por supuesto— dijo no muy convencido. Quería preguntarle el por qué, no obstante, lo haría en otra ocasión. Fue sacado de sus pensamientos cuando sintió las manos de su amiga en el cabello. Se quedó quieto mirándola de reojo para saber qué es lo que hacía; sonrió al descubrirlo: ella quitaba delicadamente los restos de serpentina. Le gustaba que ella tuviera la confianza suficiente para ya no tener que pedirle permiso de hacerlo. La vio apartarse y supuso que había terminado. —Gracias.

Ella sonrió —De nada.

Se levantó y extendió la mano para ayudarla a ponerse de pie. Ella la aceptó sin dudar. Ya era tarde y tenían que volver a casa.

Antes que nada quiero agradecer a todos quienes comentan y siguen mi historia. Muchas gracias por su apoyo. Si ven mucha más faltas de ortografía de lo normal es porque decido subirlo sin volver a leer, para hacer una actualización lo más pronto posible. Lo siento por eso.

Por cierto ¿Les gustaría que la histpria tenga soundtrack? Podría hacer una lista de canciones. Díganme que piensan de ello.

Espero que hayan disfrutado del capítulo. Gracias por leer :)

Todos los comentarios y sugerencias son bienvenidos. Me gustaría saber que opinan de la historia, y disculpen las faltas de ortografía, trataré de mejorar.

¡Muchas gracias a todos los que leen esta historia y gracias por su paciencia!