Capitulo 21

Hermione caminaba sin destino fijo intentando conectar las ideas de lo que había ocurrido recientemente en su cabeza y darles un significado pero todas las conclusiones a las que llegaba carecían totalmente de sentido.

Sabía bien que esto tenía que ver con las clases de Snape, con la situación secreta que Harry no había querido contarle la noche que volvió de la enfermería. Tenía que ver con ella, con Malfoy, con sus amigos y con los profesores. Intentó recordar las palabras que Malfoy había dicho en el escobero: vienen para llevarte, para provocar a Potter y hacer una demostración al mundo. Pero ¿por qué a ella? ¿Por qué no llevarse a Harry y matarlo si tuvieron oportunidad?

Le dolía la cabeza por el golpe y por las ideas que no cuadraban y por fin se dio cuenta hacia donde se estaba dirigiendo: La puerta del aula de Astronomía estaba ligeramente entreabierta y ella se sintió tentada a entrar. Habia querido ir a su sala común, pero sus pies la habían llevado a otro lado.

Una vez adentro, cerró la puerta tras de sí sin reparar en la figura que estaba repantigada contra una de las columnas en completa oscuridad.

¿No te enseñaron que es grosero no saludar a alguien cuando entras a algún lugar Granger?.- dijo una voz que Hermione reconoció enseguida. Se volteó para encontrarse con Malfoy apenas resaltando contra la oscuridad de la sala. Lucía peor de lo que lo había visto jamás con su ropa chamuscada y siempre perfecto cabello rubio cayendo en finas hebras desordenadas por su frente.

Lo siento.- respondió la chica sin dar un paso. Se sintió incómoda de pronto, pero no le pareció cortés escapar de alguien que horas atrás le había salvado la vida.

Malfoy guardó silencio y volvió a su contemplación nocturna ignorando por completo a la chica. Estaba intentando pensar como había logrado entrar los mortífagos al castillo, pero se le hacía difícil seguir una línea de pensamiento cuando tenía una castaña que lo miraba fijo desde la puerta.

¿Qué quieres?- preguntó molesto por la interrupción

Yo… Gracias por salvarme hoy- era difícil decirle eso a Malfoy en aquel lugar y en aquella situación donde no conseguía entender nada de lo que había pasado en las últimas 24 horas pero se sintió en la responsabilidad de hacerlo. Malfoy asintió distraído pero Hermione no parecía haber terminado de hablar

¿necesitas algo más?- preguntó mirándola

No lo entiendo. Tú, Harry y Ron, la profesora Mcgonagall, todos ustedes sabían que algo iba a pasar, pero yo no. ¿cómo es que tu sabias?- inquirió al final. Esa era la pregunta que más la venía molestando

¿de verdad nadie te dijo nada?- pregunto Malfoy desconfiado entrecerrando los ojos

No. Y yo necesito saber. Necesito entender que es lo que pasó y que es lo que va a pasar.- tembló ligeramente y los ojos se le llenaron de lágrimas que se tragó con dificultad.

Ya te lo dije: los mortífagos vinieron a buscarte. Debían llevarte frente al Señor Oscuro y él mismo iba a matarte en un acto público para demostrar su superioridad sobre los Sangre Impura y para obligar a Potter a ir en su busca. Ahora él está bajo la protección de Dumbledore y él Señor Oscuro sabe que no puede hacer nada contra eso.- explicó pacientemente Malfoy. No sabía por qué, no era su deber, pero sabía cómo era estar confundido con lo que sucedía. Desde las vacaciones de navidad él mismo se sentía así.

¿Pero por qué no llevarse a Harry? Estábamos ahí, indefensos-

No tenía mérito. Potter debía ir tras él, ser el héroe y el Señor Oscuro lo mataría también. La lección era simple: eso le pasa a los que se metan con él. Ese era el plan al menos.- concluyó

¿Cómo sabes tú todas estas cosas? ¿Cómo sabías dónde estaba? ¿Por qué me ayudaste?-

Yo sé todo esto porque… porque soy un Malfoy. Estoy en el medio de esto por simple asociación y los mortífagos contaban conmigo para encontrar una brecha mágica por la cual entrar. Pero no la encontré y ahora alguien más está ayudándolos. Pero no logro descifrar quien…- había frustración en su voz. Le molestaba aquella creciente sensación de que se estaba perdiendo de algo muy importante que estaba justo bajo sus narices

¿Por qué nos ayudaste? ¿Por qué me salvaste entonces? Se supone que debías ayudarlos a ellos. La profesora Mcgonagall sabía de todo esto, ella podía haberse encargado.-

¿Cómo crees que tu querida profesora supo los detalles del plan?- preguntó enojado enarcando una ceja. Le molestaba no ser reconocido por ella.

¿tú les dijiste?- Draco asintió- ¿Por qué?- Malfoy guardó silencio.

No tengo una respuesta para eso.

Tu les dijiste y ellos me protegieron.- concluyó Hermione

¡yo te protegí! ¡yo no iba a meter a Potter y a Weasley en esto! ¡Yo tenía todo bajo control hasta que ellos intervinieron!- gritó y se acercó a la chica saliendo de las tinieblas que lo envolvían. Su aspecto era mucho peor a la luz de la luna.

Me protegiste… - Hermione reflexiono sobre aquello.- y me salvaste cuando los mortífagos atacaron… ¿Por qué Malfoy? ¿Por qué de repente estás haciendo todo esto? ¿Me salvas? ¿Me proteges? Incluso me tratas bien y me besas…- la piel de su rostro se sonrojó a una velocidad increíble.

¡no lo sé! ¡no sé por qué demonios estoy haciendo esto Hermione! ¡Yo tampoco lo entiendo!- Draco estaba frustrado, enojado, y más confundido de lo que había estado en toda su vida.

Todo había dado un vuelco en él: toda su vida había perdido el sentido que antes tenía y no sabía cómo afrontar este hecho y qué hacer con él y ella estaba ahí, luciendo tan confundida y herida como él y él no podía expresar en palabras como se sentía.

Hermione lo sintió nacer en lo profundo de su pecho. Era algo diferente, alocado, incluso peligroso, pero aquella urgencia, aquel impulso la consumieron en solo una fracción de segundo: estaba enojada con él, enojada con sus amigos, triste, confundida y asustada, pero todo eso fue reemplazado por una nueva necesidad. Draco estaba cerca, estaba más vulnerable de lo que lo había visto jamás, y Hermione se dejó llevar en un momento por su instinto más puro.

Hermione se acercó sobre él, rodeo su cuello con sus delgados brazos y lo besó. Al principio Draco se vio desbordado por la sorpresa y por una sensación de calor desconocida que lo embargaba y luego se dejó llevar. La rodeo con sus brazos y devolvió en beso con ferocidad, con salvajismo, con necesidad. Su cuerpo parecía haber esperado ese beso toda su vida y no pensaba dejarlo escapar fácilmente.

La acerco más a sí y profundizó el beso. Entre sus brazos se sentía pequeña y un cosquilleo le indicó cuantas ganas había tenido de tenerla allí. La quería, quería cada parte de su ser, su alma luchadora, su corazón valiente. La quería toda para él como no había deseado nada antes.

Hermione también estaba en las nubes. Nunca había experimentado una urgencia como aquella, una emoción más grande. Era excitante, peligroso, violento y prohibido. Todo tan lejos de sus estándares, de su realidad, que no pudo evitar dejarse llevar más lejos. Lo deseaba, lo quería a él, a Draco Malfoy, al enemigo, al maldito bastardo que tanto la enojaba.

Hermione fue más allá, descubriendo facetas nuevas de sí misma que la asustaron. Descendió sus manos por el cuello de Draco y desabotonó su camisa, un botón a la vez. Recorrió con los dedos cada uno de sus músculos firmes disfrutando de cada centímetro y haciéndolo estremecer. Se aferró a su espalda desnuda y sintió su piel helada como el invierno aumentar rápidamente de temperatura.

Draco no estaba seguro de lo que estaba pasando, pero no quiso esperar. Mordisqueó el cuello de Hermione sacándole suaves gemidos de sus labios rosados pero se detuvo al sentir las manos tibias de la chica recorrer su cuerpo. Se estremeció. Era la primera vez que le ocurría, y no estaba seguro de que le gustara, pero no iba a detenerse ahora. De un tirón rompió los botones de la camisa de Hermione descubriendo un pecho generoso envuelto en un sostén de color blanco como la nieve a juego con su piel. Podía apreciar los pezones endurecidos de la chica debajo de la delgada capa de tela y los rozo suavemente haciendo estremecer a la chica. Él tenía experiencia, él sabía qué hacer y por eso estaba en control de la situación.

Acarició con suavidad los pechos de Hermione que se debatía entre gemidos y suspiros. Él no era como Krum, él no iba a pedir su permiso. Subió la mano por su falda hasta alcanzar sus muslos y se deleitó ahí un momento, viendo su reacción.

Ella terminó de quitar su camisa, pero no sabía que hacer a continuación. Estaba siendo atacada por mil sensaciones diferentes que le nublaban el juicio y la excitaban cada vez más. Sintió la mano del rubio subir por sus piernas y acariciarla con suavidad y Hermione apenas pudo contenerse. Supuso que el siguiente paso eran los pantalones, pero no lograba reunir el valor que se requería. Sus manos se dirigieron temblorosas hacia el cinturón pero Draco la detuvo.

Estas nerviosa- le dijo. Él tampoco comprendía bien porque se había detenido. Con las otras chicas, él obtenía lo que quería y se marchaba, pero podía percibir en ella la confusión, la timidez y la inexperiencia.

Hermione asintió y miró a los grises ojos del rubio.

Es tu primera vez.- ahora estaba seguro. Nadie la había tocado antes, ni Potter, ni Weasley ni Krum. Era solo de él y estaba muy contento con eso.

Sí.- susurró

Vas a aprender del mejor- dijo muy ufano de sí mismo. Hermione enrojeció de ira y lo empujó lejos.

Debo irme- dijo intentando cerrarse la camisa cuyos botones había saltado lejos tras el violento arranque de Draco.

Hermione, no te vayas- dijo él apenado. La abrazo por la espalda respirando su aire mentolado contra el cuello de la chica. Apenas podía reconocerse a sí mismo ¿Rogarle a una chica? ¿él? ¿Era ella tan especial? No se detuvo a pensar en la respuesta

Eres un idiota- estaba enojada consigo misma por dejarse llevar lejos con el maldito de Malfoy

Por supuesto que lo soy. Eso no quiere decir nada.- insistió él junto a su oído.

Déjame ir Malfoy.- advirtió ella.

¿o si no que? ¿vas a hechizarme? Porque deberías saber que yo tengo tu varita en mi poder.- se negaba a dejarla ir. Si no hacia aquello ahora, jamás tendría oportunidad de nuevo.

Dame mi varita Malfoy y déjame ir.- insistió Hermione enojándose cada vez mas

Recupérala- cuando Hermione se volteó para enfrentarlo, el volvió a besarla. Pero ella no quería nada de él ahora. Se libró de él y pensó que podía recuperar su varita en cualquier otro momento. Tenía que irse antes de cometer un error enorme. Su primera vez tenía que ser con alguien a quien amara, y que la amara a ella. Con alguien que siempre estuviera con ella, que la protegiera y que no jugara con ella. Malfoy no era ese. Cuando estaba junto a la puerta Malfoy volvió a hablar.

¿quieres saber por qué te protegí?- eso captó la atención de la chica. Volvió a mirarlo, medio desnudo y parado en el centro de la torre de astronomía. Pero él no de devolvió la mirada: tenía la vista fija en las baldosas y tenía aspecto de estar tremendamente avergonzado.

¿Por qué?- preguntó.

Porque… porque… maldita sea creo que te quiero Hermione- lo soltó así, como pudo y luego se alejó de la chica, de nuevo contra una de las ventanas. Estaba avergonzado de sí mismo por semejante confesión. Aquello había sido una mala idea, un patético intento de evitar que se fuera. Él ni siquiera estaba seguro de que eso fuera verdad: no estaba seguro de que un Malfoy pudiera sentir algo como aquello.

¿tú qué?- Hermione abrió los ojos como platos, sorprendida.

No voy a repetirlo.- contestó el, irguiéndose con dignidad pero sin poder mirarla.

Me quieres. Has dicho que me quieres.- Hermione se acercó a él. Draco no la miraba, no tenía el valor. Jamás había sentido por ninguna mujer nada semejante y no sabía cómo manejar aquella situación. Ya no le importaba que fuera una sangre impura, que fuera una Gryffindor. Él la quería a ella, a Hermione Granger, la quería y quería protegerla y tenerla siempre a su lado. ¿Qué demonios le ocurría?

Será mejor que me marche- dijo ella. Aquella información la había golpeado con fuerza y necesitaba tiempo para procesar toda la nueva información.

Malfoy no dijo nada mientras la castaña abría la puerta del aula y se marchaba en dirección a su casa. No podía culparla. ¿quién era él para decirle semejantes cosas? Habían sido siempre enemigos y ella lo odiaba con todo derecho. Él se había asegurado de ello.

Solo en el aula de astronomía, el chico se dejó caer al suelo. Estaba agotado por todo y solo quería dormir y olvidar que algo semejante había pasado.

Antes de dormirse con la espalda pegada a la pared pensó que él era un mago, que ella debía olvidar lo que había ocurrido, y que él sabia como conseguir eso.