Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 21. Diciembre.

Me sentía en el ojo del huracán, la calma reinaba a mi alrededor pero en cualquier momento eso cambiaría y volvería a ser zarandeada de un lugar a otro, sin poder hacer nada para remediarlo. ¿Qué le había llevado a Daniel a acosarme?, ¿por qué a mí?, ¿me había seguido desde Chicago? necesitaba una explicación lógica y coherente que me ayudara a entender lo que había pasado y, en parte, también que me dijese que yo no era la culpable de ese comportamiento, que no lo había alentado, quería respuestas pero Daniel había desaparecido de la faz de la tierra.

Las flores, las notas escabrosas, la sensación de que me observaban, todo ello se había desvanecido pero era complicado volver a la normalidad, no mirar por encima del hombro cada poco tiempo esperando encontrar a aquella amenazadora figura detrás de mí, no pensar que en cualquier instante podía abalanzarse sobre mí y cumplir sus amenazas. Aún así nada me detendría, tenía que seguir adelante y me propuse con fuerza no volver a pensar en Daniel, ni en nada de lo que había pasado las últimas semanas.

— ¿Qué ocurre? —le pregunté a Jacob aquella mañana mientras desayunábamos, estaba muy reservado, apenas nos hablaba ni a Seth ni a mí.

Me miró sopesando lo que quería y no quería contarme pero al final, una chispa de rebeldía se encendió en sus pupilas.

— ¿Qué piensas hacer? —no comprendía su pregunta.

— Podrías explicarte mejor —le pedí pero intuía que no iba a gustarme nada aquella conversación.

— Es fácil de entender, ¿Cuánto tendré que soportar a las sanguijuelas en esta casa?, ¿les abrirás gustosa las puertas?

— Insisten en protegerme.

— Sí y han hecho un calendario a colores para no dejarte sola —afirmó irónicamente— y cuando se cansen aquí estaremos nosotros no. Ya basta Bella, apártales de tu camino de una vez por todas —me pidió eliminando cualquier rastro de ira, estaba tan preocupado por mí pero yo sabía lo que hacía— no quiero que vuelvas a como estabas antes.

— Y eso no va a pasar, seré clara —respiré profundo y miré a mi amigo, esperaba que lo entendiese—. Edward y yo no estamos juntos y no lo vamos a estar, sí alguna vez hubo una posibilidad el tiempo se encargo de destruirla, él lo sabe y lo respeta. Parece difícil de comprender pero no lo es, Edward es mi amigo simplemente.

— ¿Cuánto tiempo lo aceptará?, ¿cuánto tardará en volver a cautivarte?

Me levanté del taburete y dejé mi taza en el fregadero.

— Nunca me sedujo Jake, te pido paciencia y aunque acepto tus motivos también entiendo los suyos. Estoy en medio y te ruego que me lo pongas un poco más fácil si es posible.

Jacob no pareció convencido con mis palabras, pero cambió de tema y no pude más que agradecérselo, no quería una lucha entre aquel par de cabezotas.


Había estado tan cerca de perderla que el hecho de pensarlo hacía que me estremeciese. Jasper había resultado ser un buen rastreador, según él le había resultado fácil por recordar con claridad el olor de la sangre de Bella.

Minutos después de que la desesperanza me atrapara entre sus garras habíamos logrado encontrarla. Kevin había resultado de ayuda, su mente me había mostrado con exactitud todo lo que había presenciado, no podía evitar sentir cierta frustración por no haber podido ser yo quien golpease a ese estúpido, pero Bella me había hecho prometer que no buscaría a Daniel.

Empezaba a desconfiar de mi capacidad para leer las mentes, no había captado nada de lo que Daniel se proponía y aunque Carlisle insistía en que se debía a mi fijación por Bella yo no lo creía. Había fallado lo único en lo que confiaba aparte de mi corazón.

Rosalie se apoyó en la pared que estaba frente a mí, no necesitaba sus sermones ni sus ideas retorcidas.

— Edward, creo que no me he comportado de la mejor manera.

— No sé a qué te refieres —aunque en su mente se perfilaba la conversación entre Tanya y ella.

— Siempre he creído que Tanya y tú estabais destinados a estar juntos, pero veo que me equivoqué —habían trazado un absurdo plan para que Tanya me enredase, como sí eso fuera posible pensé.

— Rose no te entiendo —mi hermana frunció ligeramente el entrecejo, quería que por una vez en su vida fuese capaz de dejar de lado su orgullo y hablase claro.

— Cuando la otra noche te vi perdido y sin saber qué hacer, comprendí que tu amor por ella es más grande que cualquier otra cosa. Nunca entendí la conexión que establecieron —añadió—, me parecía tan absurda porque sí nosotros no fuésemos como somos ella sería tu principal banquete.

— Es complicado de entender.

— Es surrealista y, sabes que no acepto que la condenes a esta vida pero sí lo haces te aseguro que intentaré llevarme bien con ella.

— Gracias —la sonreí, era más de lo que podía esperar de mi hermana y sabía que suponía un esfuerzo para ella— pero no está en mis planes convertirla.

— Entonces creo que volverás a perderla, no por el tiempo ni por la edad sino por tu propia inconsciencia.

Sus palabras retumbaron en mi cabeza durante la siguiente hora, estaba volviendo a elegir por Bella pero me negaba a convertirla, si después de hacerlo ella entendía que se había transformado en un monstruo ¿cómo podría remediarlo?, ¿cómo me enfrentaría a su desdén y a su odio?, no debía hacerle eso, no podía y la convencería de que estuviese conmigo sin que fuese como yo.


Diciembre había llegado obsequiándonos con las primeras nieves y un mar de luces, árboles, adornos y santas que hacía imposible obviar la época del año en la que estábamos. Alice insistía en preparar una gran fiesta de navidad y tenerme a mí como su invitada especial, por más que intentaba hacerla desistir de su propósito nada le hacía perder su entusiasmo, me alegraba verla así, sabía que hacía tiempo que no vivía nada con tanta intensidad y no quería desanimarla, pero no podía evitar sentirme incómoda ante tal despliegue.

Sábado tras sábado Seth me acompañaba a la cafetería pero seguía cerrada. Daniel había huido sin dejar rastro, aún así y, a pesar de se lo había contado a Edward, los Cullen cerraron filas a mi alrededor, poco a poco me fui acostumbrando a su presencia. Disfrutaba con la compañía de Alice y Esme, Emmett siempre conseguía hacerme reír y Jasper comprendía cada uno de mis silencios y, en ocasiones, me contaba parte de su pasado.

Rosalie era la que mantenía una actitud distante conmigo, apenas la veía y todavía no podía entender por qué se comportaba de esa manera. Jacob trabajaba muchas horas en el vivero para evitar toparse con la familia y Seth había establecido un vínculo que no entendía con Edward, casi podía asegurar que eran amigos, era algo raro de ver pero mi hermano disfrutaba con la compañía de Edward.

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Leslie entró como un torbellino en mi despacho, después de tanto tiempo trabajando codo con codo aún no había logrado que ella llamase a la puerta antes de entrar, estaba sofocada y exultante y se sentó frente a mi escritorio con una sonrisa enorme en el rostro. Hace unos días se había cortado su rizada melena rubia y se había teñido el pelo de negro, sí la veía de espaldas la podía confundir con Alice y eso me inquietó, ¿por qué hacía algo tan extravagante?

— Creo que muero cada vez que veo a Jasper —observé a Leslie sorprendida por sus palabras—. Estaba tan cerca de él, que pena que ni siquiera se fije en mí —añadió afligida.

— Sabes que no puede ser.

— Sí por esa poca cosas de Alison —había furia en sus ojos al mencionar a mi amiga y no pude evitar sentir cierta rabia por su actitud.

— Alice, se llama Alice —hizo un movimiento desdeñoso con la cabeza, le había explicado cientos de veces que ellos estaban bien juntos—. Llevan media vida juntos —afirmé sin faltar a la verdad.

— Y qué más da, yo podría ofrecerle tantas cosas, mírame Isabella, soy mejor que ella, estoy segura de que sí sólo se separase un poco de él podría acércame y —suspiró sin terminar la frase—. Además, por unas se dejan a otras.

Me levanté de la silla, entendía que ella pudiese estar deslumbrada por Jasper, era parte de su condición pero sabía que él jamás se fijaría en Leslie y no quería que ella generase más problemas.

— Mira Leslie —no quería ser dura con ella pero debía hacerle entender que era inútil que siguiese persiguiendo a Jasper— Alice es mi mejor amiga y no pienso permitir que le hagas daño así que mantente al margen. Hay muchos chicos guapos en el campus y estoy segura de que más de uno estaría dispuesto a salir contigo.

— Pero yo quiero…

— Es sólo un capricho —afirmé sin dejarla terminar su frase— entiendo tu fijación, pero lo único que harás es chocarte contra un muro insalvable, Jasper adora a Alice.

— Y es por eso que me gusta. Quiero que me miré igual que a ella, igual que ese Edward te mira a ti. Nunca he tenido algo así. Y es tan guapo —me estaba poniendo nerviosa con tanto suspiro—, podría conseguirlo y tú lo sabes, por eso la defiendes con ferocidad. Jasper va a ser mío y

— Creo que ya es hora de acabar de trabajar —Alice interrumpió la conversación apareciendo en el umbral de la puerta.

Había escuchado cada palabra que se había dicho minutos antes, dirigió su mirada a Leslie, estaba evaluándola. Durante un segundo se fijó en los vaqueros desgastados y ajustados que llevaba la joven, después miró su camiseta que dejaba al aire parte de sus pechos, casi podía ver como la llamaba vulgar en su cabeza.

Leslie aguantó el escrutinio al que le sometió mi amiga hasta que no pudo más, después agachó la mirada avergonzada y salió de allí sin decir ni una palabra. Un minuto más tarde escuchamos la puerta de la biblioteca cerrarse.

Alice permanecía inmóvil, concentrada en controlar su rabia, nunca hubiese imaginado que mi amiga se pudiese sentir insegura del amor de Jasper, pero estaba ante mí la prueba de que, a pesar del tiempo que puedas llevar al lado de una persona, a veces no puedes manejar los celos irracionales.

— Gracias —señaló con una leve sonrisa.

— No es posible —afirmé aunque podía entenderla. Ahora que podía pasar más tiempo junto a Edward, que cada noche estaba conmigo velando mis sueños, pensar que él pudiese estar con otra se me hacía insoportable, el estómago se me contraía y perdía la razón dando paso a la más absoluta de las rabias.

No contestó nada, estaba atormentada por ese sentimiento tan humano, me acerqué y la abracé con cariño hasta que ella reaccionó y me estrechó entre sus brazos.

— Jasper jamás te haría algo así —susurré mientras me separaba de ella.

— Es irracional lo sé, pero sólo pensar que él pudiese fijarse mínimamente en esa muchacha.

— ¿Cuánto lleváis juntos, Alice?, ¿cuántas veces os habéis casado?

— No las suficientes —no pude evitar reírme y ella al fin se relajó.

— Jasper te ama con toda el alma.

— Y Edward a ti —me miró con decisión, le había pedido que no abogase por su hermano pero, después de las semanas que habíamos pasado juntas, ya no parecía que nada la impidiese decir lo que pensaba.

Sentí que mi estómago se contraía ante sus palabras, cada vez se me hacía más complicada aquella situación, mis sentimientos habían sobrevivido a los últimos años intactos y me era difícil rechazar a Edward a pesar de que él simplemente estaba esperando, aguardando a que yo diese el primer paso. Respetando mi voluntad.

Recogí mi bolso, sin poder contestar algo coherente a mi amiga pero sabía que Alice no dejaría aquella conversación así.

— ¿Ya no le amas? —me miró con tristeza en sus ojos. La presión aumentó sobre mí.

— No soy suficiente para él —reconocí tras reflexionar durante unos segundos mis palabras. Estaba en la cuerda floja, sentía el peso de mis decisiones sobre mi espalda.

— No puedes seguir infravalorándote de esa manera —no contesté, no era sólo que yo sintiese que no tenía mucho que ofrecerle, también estaba todo lo que no sabían, lo que ocultaba hasta a mis padres, era mi carga y nadie más la compartiría—. Bella, ¿qué nos ocultas?, ¿de verdad estás curada?

Había dado con la clave de mi rechazo, como siempre mi amiga era intuitiva a pesar de que siguiese sin poder verme, aún no entendíamos como había sido posible aquella visión que les había mostrado el peligro que corría, agradecía que la hubiese tenido y me daba una cierta esperanza. Quizás algo había cambiado y mi salud estaba mejorando, pero me negaba a someterme a nuevos exámenes médicos por miedo a la verdad.

— Crees qué podría ocultaros algo.

— Sí. Edward está pensando en ir a ver a tu doctor en Forks —mis ojos reflejaron el pánico que sentía, no quería que supiesen la verdad, deseaba pasar aquellos meses que me quedaban cerca de ellos lo más tranquila posible.

— No conseguiré nada —contesté intentando mostrar una fortaleza que no sentía.

— Cuéntanoslo tú.

Me negué con obstinación mientras salíamos hacía el aparcamiento para coger el coche, quería responder con algo que les hiciese desistir de sus intenciones pero no encontraba las palabras adecuadas.

Una imagen me distrajo, el profesor Williams nos observaba desde lejos, durante las últimas semanas no se había acercado ni una sola vez a mí, seguramente le había ofendido cuando había ido al hospital a ver como estaba pero estaba tan turbada ese día, tan sobrepasada por los acontecimientos que estaba viviendo que había olvidado mis buenos modales, debía buscar la manera de disculparme con él. Ahora que sabía que no era mi acosador me sería más fácil soportar su presencia aunque, a veces, su manera de expresarse me resultase extraña y me hiciese pensar que no se comportaba como debería.

— Bella —me llamó Alice.

— Me distraje, perdona —me disculpé con una sonrisa.

— Me sigue gustando muy poco ese tipo —asentí mientras me sentaba en el coche y encendía el motor— además tenía un moratón en la cara.

— Se habrá golpeado con algo.

— O con alguien —explicó mi amiga— esa marca tiene al menos unas semanas porque apenas es perceptible.

No quería volver a estar paranoica así que le pregunté por el vestido que sabía que se iba a comprar para su fiesta, aunque no logré que su mirada no reflejase desconfianza ante mi cambio de tema, me contestó a cada pregunta que le hice. Por primera vez, disfruté de una conversación sobre moda, al menos se alejaba de los temas espinosos que deseaba evitar.

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Alice no había querido subir a casa alegando que tenía mucho que organizar de su fiesta así que me despedí de ella en el portal. Abrí la puerta del apartamento, la luz de las velas me pilló desprevenida, había muchas distribuidas por el salón iluminando cálidamente la habitación, en la mesa de la cocina unas flores silvestres muy parecidas a las que había en el prado que Edward y yo compartimos.

Dejé mi bolso en el sofá y me acerqué a la mesa de la cocina, sentía mi corazón desbocarse por momentos, las flores eran idénticas, me traían tantos recuerdos, cuando al fin había sido capaz de encontrar el prado me había pasado tardes enteras allí sentada soñando despierta, pensando que él volvería. Y cada vez que tenía que irme revivía la sensación de pérdida pero regresaba porque me hacía estar cerca de él.

Edward apareció a mi lado con su media sonrisa en los labios, apenas podía respirar y bajé la mirada para que no pudiese ver mi turbación. Había creado un ambiente perfecto.

— Hola —susurró mientras me ayudaba a quitarme el abrigo, no podía reaccionar.

— ¿Qué haces aquí? —por lo general, siempre cenaba con Jacob y Seth y llegarían en poco tiempo, intentaba mantener un equilibrio y no favorecer a ninguno de ellos.

— Supe que Seth y Jacob no estarían —estaba segura de que mi hermano había planeado aquello—. Pensé que nos merecíamos otra primera cita.

Se acercó a la cocina mientras mis piernas se negaban a moverse y puso sobre la mesa un plato de raviolis de setas. Recordaba con claridad aquella primera noche, las barreras que nos separaban se habían derrumbado, habíamos confesado nuestros secretos y nuestras almas habían conectado más allá de cualquier lógica o impedimento.

Me invitó a sentarme y tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para hacerlo, me temblaban las manos cuando cogí el tenedor y comprobé, para mi sorpresa, que los ravioli sabían tal y como lo recordaba. Estaba claro que mi mente era capaz de retener todo lo importante aunque durante años me hubiese esforzado por mantener lejos de mí todo aquello.

— Sólo nos falta la camarera rubia coqueteando contigo —señalé rompiendo la concentración con la que Edward me observaba.

— Quería hacer algo especial —no sabía cuánto significaba aquello pero no podía dejar que empezásemos a hablar de sentimientos, era su primer avance contra mi decisión de ser sólo amigos.

— He tenido un día infernal —pude ver una chispa de entendimiento en sus dorados ojos, pero también había obstinación. Su olor me envolvía entre sus redes, su presencia me deslumbraba, me sentía como aquella noche en Port Angels. Insegura de mi misma pero decidida a saber la verdad, incapaz de comprender lo que sentía pero dispuesta a descubrirlo.

— Trabajas demasiado —estaba molesto y el día anterior había intentado que fuese menos tiempo a la biblioteca pero yo me había negado.

Edward se levantó del taburete y se puso a mi espalda, posó sus manos sobre mis hombros y empezó a buscar los nudos que tenía, su contacto me puso tensa. Las mariposas de mi estómago revoloteaban contra mi voluntad.

Aparté el plato, le tenía tan cerca y sentía que nada nos separaba, aún podía notar sus labios en los míos del beso que habíamos compartido en ese apartamento, quería lanzarme al vacío porque sabía que él estaría para sujetarme. Cerré los ojos y aspiré su aroma, mi imaginación no le había hecho justicia me atraía más de lo que creía. Quería darme la vuelta y besarle con todo mi corazón, demostrarle lo profundo que le amaba.


Esto es sólo la calma que precede a la tormenta pero creo que nos merecemos un poco de romanticismo. Sé que como siempre percibiréis los detalles ocultos, me alegra tener unos lectores tan avispados.

Gracias a mis chicas: Mheray, Rosh, Cerezo, Eddie, Soledad, Maleja, Adri, Hildiux y Renesmee, porque ilumináis mi camino cuando me quedo a oscuras. Como bien dice Maleja esto es sólo la punta del iceberg, veamos lo que nos deparan los próximos capítulos.

Espero vuestros comentarios, críticas y demás, se admiten nuevos participantes, el cupo no está cerrado así que animaros a darme vuestras impresiones. Besos.