SOMBRAS Y CORAZAS

Capítulo 21: La cabaña de Little Hangleton

"Si no me encuentras enseguida, no te desanimes;

si no estoy en aquel sitio, búscame en otro.

Te espero, en algún sitio estoy esperándote

Walt Whitman

Hermione salió de su habitación, bajó las escaleras y llegó al enorme comedor de la mansión Malfoy. No había nadie. A pesar de que eran las ocho de mañana, Draco no se había levantado todavía. El silencio reinaba, y ni siquiera los elfos, quienes se levantaban temprano para realizar sus labores, se escuchaban cerca.

La castaña miró los oleos que cubrían las paredes para distraerse. En su cabeza aún guardaba la discreta esperanza de que la poción de Anouk hubiera tenido en el rubio algún efecto tardío beneficioso.

-Buenos días, sanadora –dijo Hensen, apareciendo repentinamente.

-Buen día. ¿Sabes dónde está Draco Malfoy? Necesito hablar con él.

-El señor me ordenó que le lleve el desayuno a su recámara. No quiere salir.

-Pero tengo que hablarle –dijo Hermione apremiante-, necesito hacerle ver que no todo está perdido.

-Lo siento, pero el señor no quiere ver a nadie.

El elfo se fue y Hermione se quedó con una frase de insistencia flotando en el aire. Claudius llegó con una bandeja llena de comida, y ella desayunó preguntándose qué estaba pasando con Malfoy, seguramente estaba enojado y quizás hasta deprimido por el nulo éxito de la poción.

Hermione regresó a su habitación. No podía más, quería volver al mundo real y abrazar a Harry, quería decirle lo mucho que lo extrañaba y la falta que le hacía en ese frío y sombrío lugar… Si tan sólo pudiera escribirle una carta diciéndole que estaba en la mansión Malfoy; estaba segura de que Harry no tardaría en ir a buscarla allí.

Draco Malfoy como buen captor se había asegurado de que ella no tuviera pergaminos limpios ni bolígrafos a la mano, y solamente tenía algunos libros que los elfos le habían conseguido para distraerse.

Una idea cruzó por su mente, la chica miró el libro que había dejado sobre la mesa y lo hojeó buscando una hoja en blanco o por lo menos un espacio suficiente para escribir unas líneas.

En su habitación, tenía un estante lleno de ingredientes para elaborar pociones, así que buscó entre todos ellos, alguno que pudiera servirle para hacer una tinta.

Hermione pasó toda la mañana probando diversos ingredientes hasta que finalmente consiguió una tinta que no se corriera por todo el papel. Después buscó algún objeto que le permitiera escribir lo más legible posible, intentándolo con un cuerno de longhorn, una raíz de asfódelo y una pluma de hipogrifo, decidiéndose por esta última.

No fue tarea fácil, tuvo que poner gran cuidado y hacer sus letras despacio, una por una, además de tener que esperar a que la tinta secara para poder plasmar la siguiente letra.

Querido Harry:

Quiero que sepas que te amo y que la única razón por la que no estoy contigo es porque caí en una trampa de Draco Malfoy, y estoy encerrada en su mansión. Él no puede caminar porque lo atacaron con la maldición Immobile Crura. Insiste en que tengo que curarlo. Ya no sé qué más inventar, nada ha dado resultado.

Ayúdame a salir de aquí, por favor.

Tuya.

Hermione.

La chica firmó la carta. Le hubiera gustado decirle muchas otras cosas, pero ya no tenía espacio suficiente. Salió de la habitación evitando a los elfos, pasó sigilosamente por el comedor, tomó un trozo de pan y después salió al jardín con la esperanza de encontrar algún pájaro enorme al cual atarle su carta.

La chica esparció migajas sobre el césped y se sentó a esperar pacientemente a que las aves llegaran a comer. Los minutos fueron pasando lentamente hasta que el crup de Draco llegó corriendo y brincando, dispuesto a hacerle compañía.

-Vete, Rusell, vas a espantar a las aves –pidió Hermione.

Rusell se acercó a la chica moviendo la cola alegremente y le dio un par de lengüetazos en las mejillas.

-Hola, Granger, ¿qué haces aquí? –dijo una voz masculina por detrás de ella.

Hermione se volvió sorprendida, sus ojos se encontraron con los de Blaise Zabini, quien, en ese momento, acababa de llegar a la mansión.

-Salí a tomar el sol –dijo Hermione con cierto sobresalto. Ya era demasiado tarde para esconder la carta entre sus ropas, y no tuvo más opción que apretar la hoja fuertemente con el puño de su mano derecha para evitar que Zabini la descubriera.

-¿Ahora te dedicas a darle de comer a las palomas? -preguntó Zabini con burla, notando el trozo de pan.

-No tengo nada mejor que hacer –dijo Hermione, tratando de sonar tranquila.

-¿Cómo está Draco?

-No lo sé, no lo he visto en todo el día. Está encerrado en su habitación.

-¿Ya bebió la poción de Anouk?

-Sí, ayer.

-¿Y?

-No dio resultado.

Zabini asintió.

-¿A qué has venido? –preguntó Hermione.

-Draco me mandó una lechuza, pidiéndome que viniera –dijo Zabini, sin dejar de notar que Granger parecía nerviosa como si ocultara algo.

-Dile que no puede pasarse todo el día encerrado –dijo Hermione, pensando que si alguien podía entender a Malfoy era Zabini-. Haz que salga de esa recámara para que sigamos practicando los hechizos.

Zabini observó atentamente a la castaña intentando descubrir cuál era el secreto que guardaba.

-¿Qué tienes en tu mano? –preguntó Zabini.

Hermione le mostró el pan.

-¿Y en la otra mano? -dijo Zabini, mirándola con severidad.

Hermione apretó con más fuerza su puño.

-¡Entrégame lo que tengas! ¡No me hagas lanzarte un Imperious!

-Es un simple trozo de papel –dijo Hermione, mostrando la hoja arrugada con la débil esperanza de que las letras que había escrito no se notaran-. ¡Es basura!

-¡Déjame ver! –ordenó Zabini.

-¡No!

Zabini se acercó a ella y sostuvo su mano, la chica intentó soltarse, pero él era mucho más fuerte que ella y rápidamente le quitó el papel. El muchacho echó un vistazo a su carta, sonrió con malicia al leer sus líneas y volvió a arrugar la hoja del libro. Hermione lo hizo trizas con la mirada, le había llevado tanto tiempo escribir esa carta.

-Para ser la alumna más inteligente de Hogwarts, a veces eres bastante ingenua –dijo Zabini con crueldad-. ¿Crees que Potter está buscándote?

-¡Sí! –dijo Hermione y su voz sonaba a rebeldía.

-¿Estás segura que él te ama?

-¡Totalmente!

-¿Y por qué no te ha encontrado?

-Él está buscándome, tarde o temprano me va a encontrar.

-Si él te estuviera buscando y te amará tanto como tú crees, ya te hubiera encontrado –dijo Zabini con tal crueldad que a Hermione le dio escalofrío-. Potter es el jefe del Cuartel General de Aurores, tiene todo el personal y los recursos necesarios para dar contigo, y hasta ahora no lo ha hecho. Tal parece que no le importas. Seguramente está despechado pensando que lo abandonaste. A lo mejor está buscando consuelo en otro lado. Quizás ahora tiene a más de una mujer a su lado y lo último que le interesa es volver a encontrarse contigo.

Hermione tuvo que hacer oídos sordos antes de entornar los párpados y evitar las lágrimas que querían salir. Zabini esbozó una horrible sonrisa.

-Olvídate de él, Granger.

-¡Harry me ama! Él me está buscando y si no me ha encontrado todavía es porque aún no ha buscado en el lugar correcto, pero él me encontrará, que no te quepa la menor duda.

-Si eso quieres pensar, sigue esperando sentada.

-Más pronto de lo que te imaginas, él estará aquí y tú irás camino a Azkaban –dijo Hermione dando por terminaba la discusión y comenzando a caminar hacia el interior de la casa.

Zabini soltó una fuerte risa, si Granger supiera lo que Potter había visto en la sala de su casa, no estaría tan segura de sus palabras.


-Hola –dijo Zabini, entrando a la habitación de Draco.

-Entra y cierra la puerta con un hechizo -ordenó el rubio.

-¿Por qué tanto misterio?

-¿Quieres hacer un encantamiento silenciador?

Zabini hizo lo que Draco le pedía sin hacer preguntas. El rubio estaba sentado en su sillón reclinable y tenía mucho mejor semblante que en otras ocasiones.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Zabini.

-Mira –dijo Draco, señalando sus piernas y comenzando a moverlas lentamente.

Zabini lo observó boquiabierto.

-¡No puedo creerlo! -dijo el muchacho.

-Yo tampoco –dijo Draco, esbozando una sonrisa de medio lado.

-¿Y puedes ponerte de pie?

-Sí, pero aún no consigo dar un solo paso sin caer al piso. Supongo que iré mejorando poco a poco.

-¿Cómo es que ya puedes moverte?

-La poción de Anouk.

-Pero Granger me dijo que no había dado resultado.

-Granger no sabe que sí dio resultado –dijo Draco con malicia.

-¿Vas a decírselo?

-¡No!

-¿Y eso?

-No puedo permitir que se vaya.

-Ella ya cumplió con su función ¿Por qué quieres retenerla aquí?

-¿Por qué voy a permitir que se vaya y sea feliz? Ella fue la culpable de esta situación… Además, le di mi palabra a Ginevra Weasley. El trato era que yo retenía a Granger y ella se encargaba de Potter.

-Ginevra no ha tenido ningún éxito con él.

-Eso es obvio –dijo Draco.

"Potter sería el idiota más grande del mundo si cambiara la inteligencia y dulzura de Granger por la sensualidad de la comadreja".

Draco clavó sus ojos en el techo con disgusto. ¿Él había pensado eso?

-Granger se encuentra desesperada por salir de aquí –dijo Zabini-. Tienes que vigilarla más, acabo de encontrarla en la entrada de la mansión con esta hoja en la mano.

Zabini le extendió la pequeña carta de Hermione. Draco la leyó rápidamente, sintiendo un verdadero coraje con cada letra que había ahí plasmada, y se negó a aceptar que con algunas palabras su cólera era más intensa: "Querido Harry", "Te amo", "Ayúdame a salir de aquí".

Zabini le quitó el papel. Draco apretó los puños con coraje.

-Es muy lista –dijo Zabini-, mira que elaborar su propia tinta…

-¡Es una traidora! Está soñando si piensa que va a poder salir de aquí. Deshazte de esa hoja y comencemos con la rutina de hechizos que ella nos enseñó, ahora todos ellos pueden servirme para recuperar fuerza y movilidad en las piernas.

Zabini guardó la carta en la bolsa de su camisa.

-¡Te dije que te deshicieras de ella!

-No tan rápido, Malfoy. ¡Quiero más dinero!

-¿Estás loco? Te he pagado bastante bien.

-Pensándolo bien, Draco, estoy seguro de que Potter debe tener tanto dinero como tú, sino es que más. Heredó una cuantiosa cantidad de sus padres y Sirius Black tampoco lo dejó en la calle. El mismo Potter ha labrado con sus propias manos una considerable fortuna. Casi podría apostar que gana tan bien como Kingsley, y no olvidemos que es accionista de Sortilegios Weasley, una de las tiendas de magia más exitosa de los últimos tiempos.

-¿Qué quieres decir?

-¿Crees que Potter se va a tragar toda la vida el cuento de que Granger está con Krum?

-Milly asegura que hasta la fecha no sospecha de nada.

-¿Crees que Ginevra va a hacer que él se olvide de su esposa? Por supuesto que no. Tarde o temprano, Potter va a buscarla. Créeme, está herido y decepcionado de ella, pero no dudes que Granger es su vida.

-¿Y?

-Apostaría a que Potter me pagaría muy bien por esta carta.

-Si te acercas a sobornarlo, terminarás en Azkaban.

-De cualquier modo, guardaré la carta.

-Te advierto que, si me traicionas y caigo, caemos todos –dijo Malfoy.

-Tranquilo, no voy a hacerlo, pero eso sí, quiero más dinero.

-Por supuesto que no.

-¿Quieres que baje y le diga a Granger que ya puedes mover las piernas?

Malfoy lo aniquiló con la mirada, Zabini mantuvo su vista fija en él, al tiempo que esbozaba una sonrisa maquiavélica.

-Esto es lo último que verás de mí –dijo Draco con voz amenazante y haciendo aparecer una bolsa con dinero-. Cuídalo bien, porque no voy a darte un knut más.

-Ya veremos –dijo Zabini, tomando la bolsa.

Draco lo miró con disgusto, Zabini comenzó a reír.

-¿Quieres que me vaya o comenzamos con los hechizos que Granger nos enseñó?

El rubio negó con la cabeza.

-¿Acaso no me mandaste llamar para que hiciera de "sanador"? –preguntó Zabini-. ¿No es importante que pronto vuelvas a caminar?

Malfoy lo miró indeciso. Zabini sonrió abiertamente.

-Vamos, Draco, tú sabes que en el fondo siempre te he apreciado.

-¡Cállate y comencemos con los hechizos! –gritó Malfoy.


Harry miró nuevamente las fotografías que había recogido a Rita Sketer, buscando alguna pista para identificar a aquellos que se estaban haciendo pasar por Hermione y Viktor.

-¿Se puede? –preguntaron Kingsley y Dean, llamando a la puerta de su despacho.

-Adelante, tomen asiento.

Los dos hombres entraron y una sola mirada les bastó para saber que Harry estaba al borde de la locura. Su cabello estaba más despeinado que nunca, traía barba y las ojeras en su rostro revelaban que no había pegado un ojo en días.

-¿Qué está pasando, Harry? –preguntó Kingsley preocupado-. ¿Por qué nos has mandado llamar con tanta urgencia?

-Esperen un minuto –dijo Harry-. Falta alguien más.

En ese momento, la secretaria de Harry anunció que el sanador Smethwyck acababa de llegar.

-Hazlo pasar –pidió Harry.

-Buenas tardes –saludó el sanador, entrando al despacho, sorprendido por la presencia del mismísimo Ministro de Magia y del subjefe de los aurores, Dean Thomas.

-Buenas tardes –contestaron los allí presentes.

-¿Y bien, Harry? –preguntó Dean-. ¿Qué está pasando? ¿Por qué tanto misterio?

Harry los miró sin saber por dónde comenzar.

-Tenemos dos personas desaparecidas en el mundo mágico. La primera de ellas es mi esposa, Hermione, quien desapareció hace poco menos de un mes.

Dean abrió la boca sorprendido, Kingsley casi se fue de espaldas al escuchar la noticia, siempre había pensado que todo estaba en orden bajo su gobierno. Smethwyck se dedicó a asentir, pues ya estaba al tanto de la situación.

-¿Y quién más? –preguntó Dean.

-Y Viktor Krum, solamente que él desapareció hace más de dos meses.

-¿Dos meses? –exclamó Kingsley-. Los mundiales fueron hace dos meses y todos vimos a Viktor jugar.

-La persona que vieron no era Krum –dijo Harry

-¿Y por qué no? -repuso Dean.

-¿Acaso no viste lo mal que jugó? ¿La torpeza de sus movimientos? ¿Su falta de compañerismo con el resto del equipo? ¿La caída de la escoba?

Dean vaciló.

-Te aseguró que el hombre de los mundiales no era Viktor

-¿Quieres decir que alguien se hizo pasar por él en los mundiales utilizando poción multijugos? –preguntó Kingsley con cierto sarcasmo.

-No nada más en los mundiales, sino que todo el mes siguiente, un falso Viktor estuvo en Londres, rondando a Hermione.

Dean lo miró incrédulo, por su mente pasó la idea de que Harry estaba negándose a sí mismo el romance de Hermione y Viktor y por eso, ahora inventaba una fantasía, pero algo en la cara de su amigo, quizás su desesperación, le hizo saber que sus palabras eran ciertas.

-¿Y el "tipo" de las revistas? –preguntó Dean.

-¡Las fotografías son falsas! –dijo Harry, señalando el sobre que tenía sobre su escritorio.

Smethwyck habló por primera vez en ese momento:

-Hace casi un mes, yo recibí una lechuza a nombre de Arabella Figg pidiéndome una consulta a domicilio con la sanadora Potter. Hermione fue a visitarla, y desde ese día nadie la ha vuelto a ver.

Harry cerró sus ojos un segundo sintiendo un enorme dolor. No dejaba de reprocharse a sí mismo haber estado tan ciego. Se le helaba la sangre al pensar que mientras él estaba envuelto en su maldito orgullo de marido traicionado, Hermione podría haber sido víctima de cualquier tipo de violencia mental, física o sexual.

-¿Y Arabella Figg? –preguntó Kingsley-. ¿Qué sabemos de ella?

-Ayer fui a su casa y la encontré en pésimas condiciones –dijo Harry.

-Ella fue torturada con la maldición Crucio –informó Smethwyck-. Me imaginó que sus atacantes pensaron que no sobreviviría, pero increíblemente Arabella Figg resistió comiendo comida descompuesta y vagando como loca por su casa, hasta que Harry la encontró. Actualmente, se encuentra en San Mungo, estamos atendiéndola, hemos aplicado varias pociones y hechizos, pero desafortunadamente, perdió totalmente la razón.

-Sólo repite una y otra vez la misma frase: "se la llevaron" –dijo el ojiverde.

-¿Se refiere a Hermione? –preguntó Kingsley.

Smethwyck asintió.

-Harry, sobra decirte que delegues todas las responsabilidades del cuartel y te dediques a buscar a Hermione –dijo Kingsley.

-Ya lo estoy haciendo.

-¿Ya solicitaste un peritaje de huellas dactilares en casa de Arabella? -preguntó Dean.

-Ya –dijo Harry. Las personas que se llevaron a Hermione, hicieron un hechizo antihuellas. No hay rastro de sangre o pisadas extrañas.

-¿Transporte mágico? ¿En qué medio de transporte se llevaron a Hermione? -preguntó Dean, dándole vueltas al asunto.

-Ya rastreé la red flu y no fue utilizada. Tampoco utilizaron un transporte muggle, no hay huellas de neumáticos.

-Harry, ordenaré una lista con todos los trasladores que se han solicitado en el Ministerio en los últimos dos meses y te la haré llegar –dijo Kingsley, resuelto.

-Gracias, también necesito un registro de las apariciones.

-Por supuesto.

-¿Sospechas de alguien en particular, Harry? –preguntó Smethwyck.

Harry negó con la cabeza sintiéndose mucho más frustrado. Ni siquiera tenía un sospechoso.

-Estamos delante de tipos listos y cuidadosos –dijo Dean-. Esto fue planeado con mucho tiempo de anticipación. El blanco sin lugar a dudas era Hermione, pero ¿por qué?

-¿Dinero? –sugirió Smethwyck

-Nadie me ha pedido un solo galeón –dijo Harry, sabiendo que, si ese fuera el caso, estaba más que dispuesto a dar todo lo que poseía con tal de tener a Hermione nuevamente a su lado, sana y salva-. Nadie se ha comunicado conmigo para exigir un rescate. No es dinero lo que buscan.

-¿Algún mortífago que busque vengarse de ti, utilizándola a ella? ¿Alguna represalia? –preguntó Kingsley.

Harry negó con la cabeza, los mortífagos habían sido capturados al término de la guerra y ahora estaban en Azkaban. El resto había muerto.

-¿Y si realmente los secuestradores tienen un interés particular en Hermione? –sugirió Smethwyck-. Es una chica inteligente, bonita y muy talentosa.

-Todos sabemos eso –dijo Kingsley-. No se ofenda sanador Smethwyck, pero para mí ella es la mejor sanadora del mundo. Me curó de la maldición Immobile crura, sino fuera por ella, ahora estaría en una silla de ruedas. Estoy seguro de que cualquier otro paciente que sufra del mismo mal, querría una sanadora como ella a costa de lo que fuera.

Harry se detuvo un segundo a pensarlo. ¿Sería posible que algún enfermo loco quisiera a Hermione para ser atendido por ella?

-Afortunadamente, no tenemos ningún otro paciente con esa maldición –dijo Smethwyck.

-De cualquier forma, necesito el registro de los últimos pacientes que vio Hermione, por lo menos las últimas cuatro semanas –dijo Harry al sanador-. Y también quiero examinar la carta que recibió de la supuesta Arabella Figg.

-Sí, Harry, en cuanto llegué al hospital, te haré llegar la información vía lechuza, pero si me permites un comentario, jamás en todos mis años de experiencia, un paciente ha secuestrado a un sanador.

-A lo mejor, Hermione era necesaria para algún tratamiento –insistió Kingsley.

-Mis sanadores ven una docena de pacientes al día en San Mungo. Jamás a ningún paciente se le ha negado la atención médica. Hermione atendía a sus pacientes sin ningún problema. No creo que un enfermo tenga fuerzas suficientes para secuestrar a un hombre de la complexión de Viktor Krum y atacar a Arabella Figg, sólo para que Hermione lo atienda. No tendría ningún sentido. Basta con que el enfermo vaya a San Mungo para ser atendido.

Harry tuvo que reconocer que Smethwyck tenía razón, sin embargo, no podía descartar esa posibilidad. Tratándose de la vida de Hermione, no podía echar nada en saco roto.

-Yo no soy auror, pero a veces los principales sospechosos son los que están más cerca de nosotros –dijo Smethwyck.

-¿Quiere que Harry pierda el tiempo vigilando a sus elfos domésticos en vez de buscar a los verdaderos culpables? –exclamó Dean.

-Yo nada más sugiero que los que están detrás de esta trampa, son personas cercanas, porque sin lugar a dudas, sabían muchas cosas de Hermione.

El ojiverde asintió, la idea de Smethwyck ya le había pasado por la cabeza, por supuesto que alguien cercano tenía que ser cómplice y encubridor… Si tan sólo pudiera saber quién era.

-No podemos seguir discutiendo, tenemos que actuar -dijo Kingsley-. Harry, tú decides. ¿Cuál es el plan?

-Quiero un traslador para ir a Bulgaria, necesito revisar la casa de Krum, ver si puedo encontrar alguna pista o rastrear a los culpables. Ronald Weasley me acompañará.

-Por supuesto, ordenaré que preparen el traslador –dijo Kingsley.

-Yo hablaré con el jefe del Departamento de Transporte Mágico para buscar la forma en que se llevaron a Hermione –dijo Dean-. Además, si me permites, analizaré las fotografías originales que publicó Corazón de Bruja.

Harry le entregó el sobre dándole las gracias.

-Y yo iré a ver a Arabella Figg para ver si ha respondido a los tratamientos –dijo Smethwyck-, aunque francamente dudo que pueda recuperar la razón.

-Sobra pedirles que el asunto tiene que manejarse con la mayor discreción posible –dijo Harry-. Se trata de la vida de mi esposa. Quien sea que se encuentre detrás de todo esto, me hizo creer que ella me engañaba para evitar que yo la buscara. Si ahora descubren que ya sé la verdad, temo que atenten contra su vida.

-Tranquilo, Harry –dijo Smethwyck-. Nadie hablará.

-Ya verás que pronto encontraremos a Hermione y a Viktor –dijo Dean.

-Estoy seguro de que no tardaremos en tener sospechosos –dijo Kingsley-, pero en cuanto eso suceda, Harry, tienes que actuar con mucha cautela. Sé que es difícil, pero no puedes dejarte llevar por los impulsos.

Harry asintió. No podía fallarle nuevamente a Hermione. Tenía que encontrarla, aunque tuviera que buscarla hasta el fin del mundo.

Los dos miembros del Ministerio y el sanador se fueron, Harry espero impaciente a que estuviera listo el traslador. Ron no tardaría en llegar.

Unos minutos después, el ojiverde escuchó el leve chirrido de la puerta de su despacho y al levantar la cabeza para ver quién había movido la cerradura, descubrió una larga cabellera roja.

-Hola -murmuró Ginny con una sonrisa-. ¿Puedo pasar?

Harry asintió incómodo. Ginny con una mirada radiante y un vestido de olanes, se acercó a saludarlo, ofreciéndole un beso en la mejilla.

-Te ves terrible -admitió la chica, viendo unas enormes ojeras en el rostro del moreno-. ¿Cuántas noches llevas sin dormir?

-No lo sé -dijo Harry pasando una mano por su desordenado cabello. No podía recordar cuando había sido la última vez que había dormido una noche completa.

-¿Padeces de insomnio?

-Peor que eso -murmuró Harry, desde que había descubierto la verdad respecto a la desaparición de su esposa, difícilmente podía pegar un ojo.

-Cuando era niña mi madre me preparaba una infusión de hojas de naranjo cuando no podía dormir -dijo la pelirroja en tono amistoso-. Quizás deberías intentarlo.

-Gracias por el consejo -se limitó a decir Harry, sabiendo que ese no era el remedio que necesitaba.

Ginny sonrió contenta.

-¿Puedo saber a qué has venido? -preguntó Harry impaciente por la inesperada intromisión.

-¿Puedo saber cómo andas de tiempo? -replicó la pelirroja.

-Tiempo es de lo que menos dispongo en estos días.

-Trabajas más que un elfo doméstico.

-Quizás, pero tengo una redada muy importante en las próximas horas –mintió Harry, sin querer mencionar su próximo viaje a Bulgaria. No podía dar información a nadie que no estuviera directamente involucrado en la búsqueda de su esposa.

-Pero, tú eres el Jefe del Cuartel. ¿Por qué no delegas ese trabajo y te tomas el día libre? ¿Qué te parece si conseguimos un par de escobas y damos un paseo? Seguramente tiene meses que no vuelas. Apuesto a que te haría muy bien. Podrías relajarte y despejar la mente de tantos problemas.

Harry dio un suspiro de queja, había llegado al límite.

-Ginny, en estos momentos no puedo darme el lujo de delegar responsabilidades y salir a dar la vuelta.

-Pero…

-Por favor, no insistas.

-Harry, yo sólo quiero apoyarte para que salgas adelante.

-Te agradezco tu preocupación por mí, pero deberías ocupar tu tiempo en mejores cosas.

-Pero, yo…

-¡Por favor, Ginevra! -exclamó Harry, llegando al límite de su paciencia-. ¡Vete a cuidar a tu hijo! ¡Consíguete una casa y decórala! ¡Búscate un novio! Embarázate otra vez o cómprate un perro para sacar a pasear en las tardes, pero a mí déjame en paz.

-¡Eres un grosero! -exclamó Ginny a punto de las lágrimas-. ¡Yo sólo intento ser tu amiga, Harry Potter!

-Perdóname -murmuró el ojiverde, acercándose al ver un par de gotas salir de los ojos de la pelirroja.

-Hace mucho tiempo nos unió un sentimiento maravilloso -dijo Ginny encarándolo-. Tengo perfectamente claro que esos días forman parte del pasado, pero aún nos queda una pequeña amistad… Y en nombre de esa amistad es que estoy aquí, porque los amigos se perdonan y se tienden la mano cuando más se necesitan.

Ginny lo abrazó, Harry se tensó, y sólo atinó a poner una mano sobre su espalda, dándole una palmada.

-Lo siento -murmuró Harry-. No quise lastimarte.

Ginny entornó los párpados y trato de componer una sonrisa.

-Harry, sé que las cosas no son fáciles, pero recuerda que los verdaderos amigos dividen los problemas y multiplican las alegrías.

-Gracias -se limitó a decir el moreno, separándose de ella, para su fortuna, en ese instante, su secretaria llamó a su despacho, interrumpiendo la conversación.

-Señor Potter, su traslador está listo -anunció Kelly.

-Ya era hora -dijo Harry, alistando su saco.

Ginny frunció el entrecejo.

-Supongo que tienes que irte -dijo la chica al ojiverde.

-Sí -dijo el auror, Ron no tardaría en llegar.

Ella asintió y le dio un beso en la mejilla.

-Buena suerte en tu redada -dijo la pelirroja, tomando su bolsa y disponiéndose a salir-. Cuídate, y por favor, jamás olvides que soy tu amiga, y que te quiero mucho.

-Adiós, Ginny.

Harry oyó el portazo y miró el reloj, si Ron se tardaba un minuto más, se marcharía solo a Bulgaria.


Hermione cerró su libro más que aburrida, era inútil concentrarse en su lectura. Las palabras de Zabini aún hacían eco en sus oídos y le impedían poner atención a su libro, por lo que llevaba varios minutos dando vueltas a la misma página.

Draco apareció en la entrada de su habitación, estaba sentado en su silla de ruedas y la miraba más que disgustado.

-¿Puedes explicarme que significa esa carta? –exclamó Draco, mirándola peligrosamente.

-¿No lo dice claramente? –dijo Hermione desafiándolo con la mirada-. Quiero volver a mi casa al lado de mi esposo.

-¿Cómo puedes estar pensando en irte después de tu rotundo fracaso con la poción de Anouk? –preguntó Draco con voz lasciva.

-¿De verdad, no te ayudó? –preguntó Hermione con interés médico-. ¿No sientes ni el más mínimo hormigueo en las piernas?

-Ni siquiera un calambre, Granger.

Hermione entornó los párpados. No podía comprender qué había fallado. Miró sus piernas y vio que seguían totalmente inmóviles.

-Empieza a pensar en otra poción porque no vas a irte –dijo Draco, dando vueltas a su alrededor con su silla.

-Malfoy, si yo supiera algún otro remedio, ya te lo hubiera dado –dijo Hermione con la mayor honestidad del mundo.

-¿Y es mucho más fácil para ti escribir cartas a Potter, en vez de ponerte a investigar?

Hermione desvió la mirada, Draco se acercó a ella, la tomó de la barbilla y la obligó a mirarlo.

-¿Planeas irte y dejarme totalmente inválido, Hermione? ¿Es esa tu ética profesional? ¿Siempre abandonas así a tus pacientes?

Hermione apartó la mano del rubio con brusquedad.

-¡Estás loco y enfermo! –dijo la castaña-. Entiende que no todas las enfermedades tienen cura. No hay nada más que yo pueda ofrecerte para la maldición Immobile Crura… ¡Déjame volver a mi casa!

-¿Cómo puedes pedirme algo así?

-Si me dejas ir, te prometo que seguiré investigando y buscando una solución. En cuanto me incorporé a San Mungo, hablaré con otros sanadores, y estoy segura de que juntos podremos encontrar algo que te ayude. Si no quieres, jamás diré tu nombre, inventaré otro paciente.

-¡Jamás!

-Te prometo que conectaré la red flu de Grimmauld Place con tu mansión y vendré diario a verte, seguiremos trabajando los hechizos y buscaré nuevas pociones. Es más, te doy mi palabra de que no te acusaré y que nadie te mandará a Azkaban por lo que has hecho, ni siquiera Harry. Yo me encargaré de que él entienda tu situación.

-¡Nunca, Granger! ¿Me escuchaste? ¡Nunca! -dijo Malfoy, dirigiéndole una mirada gélida antes de desaparecer con un simple y rápido movimiento de su varita.


-¿Estás seguro que es aquí? –preguntó Ron, observando la casa de Viktor.

-Totalmente –dijo el ojiverde, apuntando con su varita la puerta principal de la vivienda-. ¡Alohomora!

Los hombres entraron a la casa.

-Vaya, todo huele a polvo –dijo Ron-. Nadie ha estado aquí en meses.

Harry observó el recinto mientras que un par de perlas de sudor recorrían su frente… Él había soñado con ese lugar.

-¿Qué ocurre, Harry? Te has puesto pálido.

-Hace dos meses yo tuve un sueño donde vi a dos personas con máscaras golpear y torturar a un hombre sin piedad. En mi sueño yo no podía ver la cara de ese pobre infeliz, pero ahora al ver el interior de la casa, descubro que se trataba de Viktor.

-¿Estás seguro?

-El lugar es idéntico y todo coincide. Lo que yo creí que era un sueño, era una visión fugaz de la realidad.

Ron lo miró sorprendido, Harry tenía un don especial para soñar o vislumbrar ciertas cosas que al final resultaban ciertas.

-Yo le pedí a Kingsey que investigará con la ayuda de los detectores de magia del ministerio, si alguien había utilizado la maldición Crucio. Él me dijo que no, que la maldición no había usada en Londres…

-Ahora sabemos que fue en Bulgaria -murmuró Ron.

Harry pasó sus manos por su desordenado cabello con desasosiego. Si él hubiera investigado más, nada malo estaría pasando con Hermione.

-Comencemos a revisar -dijo Harry, mirando el suelo-. Krum estaba herido y sangrando. Alguna pista tenemos que encontrar.

-¡Aparecium! –murmuró Ron, apuntando el piso con su varita.

Tal y como dijo Harry, en el piso se dibujaron múltiples gotas de sangre que habían sido ocultadas por un hechizo, no coincidían con la cantidad de sangre que Harry había visto fluir en su sueño, pero si eran considerables. Seguramente los secuestradores habían usado un hechizo Vulnera Sanentur, intentando contener las hemorragias, pero como no eran sanadores expertos, Viktor había seguido sangrando en menor cantidad.

-Parece que las gotas forman un camino –dijo Harry, siguiendo su trayectoria cuidadosamente. Ron fue detrás de él. Los hombres salieron de la casa y caminaron siguiendo las escasas gotas, las cuales no habían sido borradas por la lluvia, la humedad o el paso de la gente, gracias a que habían sido ocultadas por un hechizo.

-Aquí desaparecen las huellas –dijo Ron, llegando a un terreno abandonado.

Harry intentó reconstruir los hechos:

-Estoy seguro de que los dos tipos que vi en mis sueños utilizaron un encantamiento Levicorpus para sacar a Krum de su casa y evitar que a través del registro de apariciones y trasladores pudiéramos dar con ellos, por eso caminaron e intentaron borrar las huellas de sangre. Podría apostar que hasta se protegieron con un hechizo de invisibilidad a pesar de que los sucesos ocurrieron de noche.

-Y así fue como llegaron a este punto.

Harry observó el registro de trasladores que Kingsley le había dado.

-A partir de aquí utilizaron un traslador.

-¿Y quién solicito ese traslador en el Ministerio?

-¡Viktor Krum! -dijo el moreno sin despegar los ojos del registro.

-Pero eso es imposible.

-¡Ya lo sé! -replicó Harry-. Es obvio que fueron sus captores.

-¿Y a dónde fueron? ¿Cuál era el destino de ese traslador?

-Little Hangleton –dijo Harry con una renovada esperanza.

-Tenemos que volver al ministerio para solicitar un nuevo traslador que nos lleve hasta allá -dijo Ron.

-No voy a perder más el tiempo esperando trasladores, puedo aparecerme ahí.

-Podrías perder un brazo en el camino, estamos muy lejos -objetó Ron.

-¡Correré el riesgo!

-Vale, está bien, vamos –dijo Ron, entendiendo cómo se sentía Harry y compartiendo parte de su angustia por la pérdida de su mejor amiga.


Ron sintió que su cabeza dejó de dar vueltas cuando finalmente sus pies tocaron el suelo, milagrosamente estaba entero, sin embargo, tuvo que esperar a que la sensación de vértigo pasara por completo antes de poder abrir los ojos.

-¿Aquí es Little Hangleton? –preguntó Ron, observando un pequeño valle, rodeado de colinas empinadas.

-Sí –dijo Harry, vigilando atentamente el lugar.

-¿Por dónde comenzamos a buscar? ¿Por esa mansión imponente?

-Esa es la mansión Riddle.

-¿Eso quiere decir que fueron unos mortífagos los que se llevaron a Viktor? –preguntó Ron aterrado, comenzando a temer realmente por la vida del búlgaro y de su mejor amiga.

-No lo sé, vamos a investigar.

Los dos hombres entraron a la mansión y revisaron el lugar minuciosamente durante horas, sin poder encontrar ningún rastro de Hermione o de Viktor.

-¡Nada! –dijo Ron cansado y frustrado-. Esos infelices se cuidaron de no dejar ninguna evidencia.

Harry estaba tan desesperado que quería destruir todos los objetos que lo rodeaban. Llevaba horas sin dar con algo útil que lo ayudará a encontrar a su esposa.

-Vámonos, Harry, tenemos que buscar en otro lado –dijo Ron.

Los hombres salieron de la mansión. Harry miró el pueblo, buscando la más mínima pista.

-No hay delincuente que no deje huellas a su paso, tenemos que seguir buscando -dijo Harry, mientras caminaba con Ron por las diferentes calles de Little Hangleton.

-Pues estos tipos son muy listos.

Harry negó con la cabeza, ya habían buscado entre los detalles que eran visibles a primera vista, faltaba hacer un hechizo para descubrir si había algún vestigio oculto.

-¡Aparecium! –murmuró Harry, apuntando hacia el pequeño bosque donde sabía que estaba ubicada la casa de los Gaunt.

Una cabaña de lo más sencilla apareció ante sus ojos, estaba a un costado de un camino tortuoso que salía del valle.

Harry, al contemplar la cabaña, corrió como un verdadero loco, pensando que encontraría allí a su esposa. Ron lo siguió.

El ojiverde rodeo la construcción por si había algún malhechor vigilando, pero no había nadie. Se asomó por la ventana discretamente pero no obtuvo ningún éxito, pues no alcanzaba a verse absolutamente nada del interior.

Gracias a un alohomora, Harry abrió los tres enormes candados que custodiaban la puerta de la entrada, y con una patada, el muchacho se abrió paso hacia el interior. A pesar de que era de día, la oscuridad reinaba en ese lugar.

-¡Lumus! –exclamó el ojiverde con el corazón latiéndole a todo lo que daba.

La luz de su varita se hizo presente, y Harry iluminó la instancia, mientras que su olfato percibía un fuerte olor a sangre. El chico vislumbró una mesa de madera de cedro increíblemente vieja, una silla, una humilde cama con las sábanas dobladas, un retrete con un lavado en una esquina, y un par de gruesas y largas cadenas en el piso.

Los ojos del moreno siguieron el trayecto de las cadenas, hasta descubrir a una persona encadenada en las penumbras de aquel lugar, por un segundo, Harry pensó que se trataba de un pordiosero, pero al acercarse un poco más, descubrió el rostro de Viktor Krum.

-¡Viktor! –murmuró Harry agachándose a su lado.

El búlgaro a pesar de que estaba cegado por la luz de su varita, porque se notaba que llevaba mucho tiempo viviendo entre las sombras, le lanzó una mirada que imploraba auxilio.

Harry lo vio totalmente débil, cansado y sin fuerzas, estaba más delgado que nunca, y su escaso cabello había sido casi totalmente cortado.

-¿Viktor?

El búlgaro no podía hablar, un encantamiento sellaba sus labios.

-Finite Incantatem –murmuró Harry para romper el hechizo, acto seguido lo liberó de las cadenas.

El búlgaro al sentirse libre de ataduras, se dejó caer exhausto sobre el piso, totalmente adolorido de las muñecas y pies. Harry valoró la longitud de las cadenas, se notaba que le daban la pequeña libertad de moverse en el interior de la cabaña hacia la mesa y la cama, y caminar unos cuantos pasos al baño.

-¡Harry! –murmuró Krum débilmente-. ¡Sácame de aquí, por favor! ¡Te lo suplico!

Harry asintió, aplicando un hechizo estimulante para transmitirle un poco de fuerza. Las vueltas del destino eran increíbles. El hombre al que más había odiado en el mundo entero durante el último mes era totalmente inocente y necesitaba su ayuda.

-¡Aquamenti! -murmuró Harry para ofrecerle un vaso con agua.

Viktor debió el agua con tal sed que parecía que había pasado días enteros en el desierto.

-¡Ayúdame! –repitió Viktor, desesperado. Estaba tan débil que todos sus movimientos eran lentos y torpes.

-Por supuesto, te sacaré de aquí –dijo Harry, ayudándolo a levantarse, sintiendo gran pena por él.

Ron llegó en ese momento.

-Nadie está vigilando - anunció el pelirrojo-, ya exploré los alrededores.

-Ayúdame -ordenó Harry, señalando al búlgaro.

-¡Viktor! –exclamó Ron sorprendido-. ¿Estás bien?

-Está mal –dijo Harry-. Tenemos que llevarlo a San Mungo.

Ron se acercó y no dudo en ayudar al búlgaro.


-Pensé que encontraríamos a Hermione en la cabaña –dijo Ron a Harry, mientras los sanadores atendían a Viktor, y Harry aguardaba impaciente en la sala de espera.

-Yo también –dijo Harry con total frustración. El corazón se le encogía al pensar en las condiciones tan inhumanas en las que habían encontrado a Viktor. No quería ni imaginar a Hermione en esa situación. ¿Tendría su esposa un vaso con agua limpia? ¿Un plato con comida? ¿O un suéter por si tenía frío?

Necesitaba interrogar a Viktor, obtener algún dato sobre sus captores, alguna pista que lo llevará hasta Hermione.

-¡Listo! –dijo el sanador Smethwyck, apareciendo en la sala de espera-. Viktor está estable. Puedes pasar a hablar con él, Harry. Nada más no te extiendas mucho, está muy débil.

-Ve –dijo Ron, dándole una palmada en el hombro.

Harry entró al cuarto del jugador de Quidditch. Viktor estaba recostado sobre la cama, un par de soluciones estaban siendo administradas por vena y tenía varios aparatos conectados a su cuerpo para monitorearlo.

-¿Cómo te sientes? –preguntó Harry al entrar.

-Un poco mejor.

-Lamento todo lo que has vivido en estos últimos días –dijo el ojiverde sinceramente.

-Fue un infierno, Harry. Gracias por encontrarme y por sacarme de ahí. Jamás podré pagarte lo que has hecho hoy.

-No tienes nada que agradecer. Espero, de verdad, que puedas recuperarte pronto.

-Nuevamente gracias.

-Viktor, necesito que me des toda la información que puedas –dijo Harry, nunca antes había pedido un favor con tanta vehemencia-. Mi esposa también desapareció, y estoy seguro de que se trata de los mismos tipos que te secuestraron. Necesito tu ayuda para encontrarla.

Viktor abrió los ojos sorprendido. No podía creer que una bruja tan brillante como Hermione también hubiera sido capturada por esos miserables.

-¿Sabes quiénes te secuestraron?

-No, sólo sé que fueron dos personas. Apostaría que se trata de un hombre y una mujer.

-¿Jóvenes? ¿Viejos?

-Por la fuerza que tenían, juraría que jóvenes.

-¿Todo este tiempo has estado encerrado en esa cabaña?

-Sí.

-¿Quién te vigilaba?

-Todas las mañanas un elfo doméstico iba a dejarme comida, agua y ropa, aunque también periódicamente, cualquiera de mis dos secuestradores iba a la cabaña a vigilarme por un rato, siempre con máscaras y ropas oscuras, nunca pude ver sus caras o escuchar sus voces.

-¿Alguna vez te dijeron por qué te secuestraron? –insistió Harry.

-No, lo ignoró totalmente.

Harry negó con la cabeza.

-¿Quién te cortó el cabello?

-El elfo.

-¿Sabes que han estado utilizando poción multijugos para hacerse pasar por ti?

-Lo imaginé. ¿Qué han hecho en mi nombre?

-Jugaron por ti en los mundiales, en el primer partido te caíste y Hermione te atendió… Perdieron el partido y el mundial.

Krum sonrió con tristeza.

-"Tu falso yo" se encargó de acercarse a Hermione en múltiples ocasiones, al grado de hacerme creer que había un romance entre ustedes.

-¿Hermione y yo? –exclamó Viktor sorprendido. Esa relación había terminado hace muchos años.

-Cuando mi esposa desapareció, yo estaba seguro de que ella me estaba engañando contigo. Literalmente te encontré con ella en mi propia casa. Me puse como loco, golpeé a tu impostor y corrí a la falsa Hermione.

-¿Y varios días pensaste que ella estaba viviendo conmigo?

-Sí, lamento haber pensado tan mal de ti.

-Yo no he visto a Hermione desde que terminó la guerra.

Harry asintió.

-Francamente, yo no intentaría seducir a una mujer que está perdidamente enamorada de su esposo, y sobra decir que él de ella –dijo Viktor, mirando fijamente a Harry-. Ella siempre te ha amado, me consta. ¿Recuerdas cuando te pregunté si había algo entre ustedes durante el Torneo de los Tres Magos? Fue porque ella no dejaba de hablar de ti.

-Lo sé –dijo Harry, dibujando una sonrisa al recordar días más felices.

-En esa ocasión te hablé de frente –dijo Viktor-. Yo no doy puñaladas en la espalda… Tampoco destruyo matrimonios.

-Te pido una disculpa por todo –dijo Harry, dirigiéndole una mirada honesta.

-No tienes que disculparte, hoy me salvaste la vida y eso te lo agradeceré siempre… Además, acabas de decir que golpeaste a mi impostor, muy bien hecho.

-En dos ocasiones.

-Ojalá hubieran sido más.

Harry negó con la cabeza, aun sintiendo la necesidad de disculparse.

-Yo debí haber visto que algo andaba mal desde los mundiales, soy el Jefe de los Aurores, nunca sospechamos de tu desaparición hasta que comencé a buscar a Hermione.

-Ya deja de sentirte culpable por lo que está pasando, nadie hubiera imaginado algo así… Al principio, yo mismo llegué a pensar que estaba siendo secuestrado por unos fanáticos del Quidditch, creí que no querían dejarme jugar en el mundial por miedo a que perdiera su equipo.

-Pues no son fanáticos, podrían ser hasta ex mortífagos –dijo Harry, reflejando en su rostro gran preocupación-. Necesito dar con ellos y encontrar a mi mujer.

-¿Y en qué puedo ayudarte? Quiero ver a esos tipos en Azkaban.

-Primero tienes que recuperarte, pero quiero pedirte que hagas un retrato hablado del elfo que te visitaba. Llamaré al experto para que le des la descripción.

-Por supuesto

-Y también quiero pedirte que dones el poco cabello que te queda.

-¿Para qué?

-Voy a poner a un auror en la cabaña haciéndose pasar por ti y también dejaré a otros dos aurores vigilando, entre ellos intercambiaran turnos.

-No entiendo.

-Si el elfo avisa a sus amos que te hemos encontrado, ellos estarán sobre alerta y es la vida de Hermione la que corre peligro… Es preferible que el elfo siga creyendo que estás ahí. Además, si tus captores van a verte, mis aurores podrán seguir su pista.

-Ya comprendo. Toma todo el cabello que me queda.

Harry hizo aparecer unas tijeras y se las entregó a Viktor, el búlgaro cortó su cabello y se lo entregó a Harry en una bolsa de plástico.

-Gracias.

-Estoy para ayudar. Tienes que encontrar a Hermione pronto.


-Señor Potter –dijo Kreacher, llamando a la puerta de su despacho en Grimmauld Place.

El ojiverde se volvió molesto por la interrupción. Tenía tanta información que analizar que no quería que nadie lo interrumpiera. Estaba por revisar la caligrafía de la carta que había recibido el sanador Smethwyck a nombre de Arabella Figg… Y había puesto a tres aurores a investigar a los pacientes de Hermione y tenía que ver sus reportes.

-Señor –insistió Kreacher.

-¿Qué ocurre?

-La señora Ginny Weasley acaba de llegar y desea hablar con usted.

-Dile que me disculpe pero que no puedo atenderla.

-Ya se lo dije, pero ella insistió.

-Dile que…

-No creo que se vaya. Esa elfina loca la invitó a pasar y hasta le sirvió una copa con vino de saúco. Lo mejor será que usted baje un par de minutos para hablar con ella.

Harry hizo una mueca de disgusto y salió de su despacho con la intención de despedir a Ginny lo antes posible.

-Hola, Harry –dijo la pelirroja con una sonrisa entre los labios.

-Ginevra ¿qué haces aquí?

Ella se inclinó y le dio un beso en la mejilla.

-No me has contestado. ¿Qué deseas ahora? -insistió Harry.

-Tengo perfectamente clara nuestra última conservación, pero yo no puedo permitir que te conviertas en un ermitaño -murmuró Ginny con su mejor sonrisa.

Harry abrió la boca para protestar, pero en ese momento, Ginny sacó de su bolsa un par de boletos y se los enseñó triunfante.

-¿Qué te parece? -murmuró la chica-. Dos boletos para esta noche. ¡El concierto de Celestina Warbeck! Apuesto lo que quieras a que te va a encantar.

Harry apretó los puños. Aquello llegaba al límite de lo inadmisible. Lo último que iba a hacer esa tarde era suspender la búsqueda de Hermione para ir a escuchar "Un caldero lleno de amor caliente y fuerte".

-No voy a ir a ningún lado –dijo Harry más que cortante.

-¿Por qué no?

-¿No lo entiendes? -exclamó Harry-. ¡Soy un hombre casado! Un hombre que ama verdaderamente a su esposa.

Ginny arrugó la frente. ¿Cómo podía Harry rechazarla tan tajantemente por culpa de esa odiosa sangre sucia?

-Pues ya es tiempo de que te olvides de Hermione -replicó Ginny-. Piensa que ahora ella está feliz en los brazos de Viktor Krum. No tienes porqué seguir sufriendo por ella.

-¿De qué forma quieres que lo diga? Yo la amo.

-¿Estás loco? ¡Ella es la amante de Viktor Krum! -dijo la pelirroja, dispuesta a no darse por vencida-. ¿Por qué no ves a tu alrededor y te das cuenta de que existimos otras chicas? Si tú quisieras podrías pagarle a Hermione con la misma moneda…

Harry clavó sus ojos en ella, fulminándola con la mirada. Sabía de sobra que Hermione nunca lo había engañado y después de vivir en carne propia el dolor de una 'infidelidad', jamás podría hacerle algo así a Hermione.

-Yo sé que lo que te hizo te dolió muchísimo, pero eso no es motivo para que te cierres al amor -murmuró Ginny, acercándose al moreno con movimientos lentos y bien estudiados.

Harry retrocedió con pasos firmes, pero Ginny alcanzó la solapa de su saco y con una mirada seductora, murmuró:

-Vamos, Harry, yo puedo hacer que te olvides de ella.

-¡Aléjate de mí! -exclamó Harry-. ¡No me hagas humillarte ni lastimarte!

-Yo te amo, y estoy segura de que llegará el día en que tú sientas lo mismo por mí –insistió la pelirroja, tratando de rodear el cuello de Harry con sus brazos, pero él la apartó inmediatamente.

-Yo no puedo quererte.

-¿Cómo puedes seguir fiel a Hermione? –gritó Ginny-. Ella te engañó en tu propia casa con Viktor Krum, y hasta se deshizo de sus anillos para demostrarte que todo había terminado entre ustedes. ¿Por qué sigues amándola?

Harry la miró peligrosamente. Ginny guardó silencio al ver que los ojos de Harry eran dos balas mortales apuntando hacia ella.

-¡Adiós, Ginevra! –dijo Harry con una voz que era todo un rugido, señalando con su brazo la puerta principal.

-Harry…

-¡Lárgate de mi casa de una maldita vez y no se te ocurra volver a buscarme nunca más!

-Algún día te vas a comer todas tus palabras y vas a venir a pedirme una oportunidad –dijo Ginny con altivez antes de abandonar Grimmauld Place.

Harry escuchó el portazo que dio Ginny. Acto seguido se llevó las manos a la cabeza, despeinándose, el sudor cubrió su frente y su respiración se hizo más rápida. Quería sacudir a Ginevra Weasley hasta hacerla confesar. Quería darle Verisatum y enviarla a una celda en Azkaban.

Harry respiró profundo, no podía actuar por impulso, tenía que mantener la cabeza fría o pondría a Ginevra sobre alerta. Tenía que pensar el siguiente paso.

"Ella te engañó en tu propia casa con Viktor Krum y hasta se deshizo de sus anillos para demostrarte que todo había terminado entre ustedes"

Harry estaba totalmente seguro de una cosa: ni siquiera con altas concentraciones de alcohol en su organismo, le había dicho a Ron que Hermione había dejado sus anillos antes de irse con Viktor Krum, mucho menos había confiado algo tan íntimo a alguien más.

¿Cómo sabía Ginny ese detalle?

Tenía que investigarla a la brevedad posible. Tenía que vigilar todos sus movimientos.

Ginny ya una vez les había mentido a todos respecto a la paternidad de su hijo. Definitivamente ella no era la chica dulce e inocente que aparentaba. Había sido capaz de abandonar a su hijo en el Ministerio y después había desaparecido un mes completo. ¿Adónde había ido en ese tiempo? ¿Con quienes se había involucrado? ¿Sería posible que Ginny estuviera detrás de la desaparición de Hermione? ¿Acaso había sido Ginny, la mujer que él había descubierto besándose con el falso Viktor Krum? ¿Era tan grande su obsesión por él como para llegar a separarlo de su esposa con el más sucio de todos los planes? Y lo más importante, si Ginny estaba involucrada ¿podría llevarlo a descubrir dónde estaba Hermione?