¡Hola a todas todos!, sé que dije, "Espero publicar a tiempo los caps que ya tengo listos" pero, a pesar de que es cierto, se me paso completamente el hacerlo, les pido por 21ava vez disculpa, y como mejor vale tarde que nunca, les traigo el cap 21, disfrútenlo.
Antes de empezar quiero agradecer como siempre a:
Z ( si, tienes razón, Kempachi nunca pierde la oportunidad de atormentar a Ichigo sea en el universo que sea; por otra parte Ichimaru cambio las balas por salvas, así que Ukitake está bien, o al menos eso creo; sobre lo de Rukia y Riruka, como dices, podrían, pero solo si se conocen mas, y hasta ahora ninguna a mostrado interés en conocer bien a la otra, tan solo al inicio congeniaron algo pero cambio después de lo que paso en casa de Orihime)
misel-kuchiki ( si, es verdad lo de Kaien, veo que lo notaste , el "quiere" advertirle del peligro, pero no se sabe porque este drástico "cambio" más que un motivo superficial que no es el verdadero, pronto lo sabrás, en cuanto, a lo del expediente, Aizen no solo lo busco para hacer lo que hizo con él, sino que como te diste cuenta, informarle a Byakuya, aunque ahora la duda es si le mostrar el verdadero o el que modifico él; y aquí en el cap de hoy veras más o menos que tiene que ver Ulquiorra con Rukia, bueno, nos estamos leyendo pronto)
Akane-chan (si, tienes razón, algo huele mal, pero no es exactamente lo que parece que huele mal, tienes que ver detrás de las acciones de los personajes, y como explique más arriba, el ¿bueno? de Ichimaru cambio las balas por salvas, así que probablemente Ukitake este bien; por otra parte, en verdad gracias por seguir el fic, nos leemos pronto)
Los capítulos son escritos para el disfrute de todas y todos ustedes
Enjoy!
21.-Frente a Frente
—Que solo me den sus nombres no me hace confiar en ustedes. — respondió ariscamente la pelinegra
—Oh, que exigente que es princesita, ni siquiera nos has dicho el tuyo, al menos nosotros si lo hicimos, ¿cierto?— replico el peliceleste.
—Rukia, Rukia Kuchiki, ahora, si me disculpan…
—Eh espera…— la detuvo el peliceleste.
Rukia sintió el fuerte agarre de la mano del joven de salvaje expresion, por un momento sintió temor, pero este se disipo cuando el pelinegro intervino.
—Déjala— le dijo mirándolo fijamente.
La sonrisa del peliceleste se agrando más mientras observaba al pelinegro fijamente.
—Pero si no le iba a hacer nada, bueno, tienes suerte de que este de buen humor, Ulquiorra…
La azabache pudo sentir en sus palabras algo parecido al odio. Incluso, a pesar de la inexpresividad el rostro del pelinegro, podía también observar algo parecido. Sin duda aquellos dos tenían una extraña rivalidad.
—Bueno Kuchiki, no esperes que me disculpe— dijo mientras se volvía despreocupadamente sin perder su extraña sonrisa que parecía competir con la de algún psicópata— Nos vemos.
El pelinegro se acercó al tablón, hecho que Rukia aprovecho para alejarse e ir al salón. No le apetecía quedarse junto a aquel extraño. Mientras caminaba no pudo evitar que sus pensamientos sean acerca de aquellos dos, uno aprecia un delincuente, y el otro parecía una especie de soldado mecánico sin emociones. Apenas empezaba su primer día y ay se encontraba a aquellos pintorescos personajes. La azabache empezó a subir por las escaleras y al llegar al tercer piso fue que se percató que alguien la seguía.
—¿Qué quieres? —Le preguntó al volverse y ver de que se trataba de uno de aquel par, si no se equivocaba se llamaba Ulquiorra, aunque no se explicaba como recordaba tan fácilmente su nombre si lo había escuchado tan solo una vez.
—Nada en especial, me dirijo mi clase, solo es eso— respondió monótonamente el pelinegro al parecer con sinceridad.
Decidió no darle importancia, y se dirigió al salón. Se trataba de un salón amplio y de techo alto, parecía que era una de las últimas en llegar ya que todos estaban en sus asientos, La pelinegra encontró un lugar libre en la última fila y se dirigió en silencio hacia este. Su clase estaba llena del tipo de estudiantes que se podía encontrar en cualquier escuela, secundaria o preparatoria del país, alumnos que tenían sus propias vidas e intentaban avanzar a su propio ritmo en la vida, si tal vez estuviera en alguna serie de tv, hubiera podido identificar fácilmente los grupos y tipos de estudiantes, hubiera encontrado a los populares, los deportistas, los otakus, los delincuentes, pero no, ahí solo había gente normal como ella o cualquier otro; hecho era agradecía, no era como si esperara una emocionante vida de Universidad, no la quería ni estaba preparada para una.
Pronto apareció el profesor que dictaba el primer curso. Todos hicieron silencio e inmediato. Ella estaba atenta a lo que decía el hombre, lo comparaba con los conocimientos que había adquirido en la otra universidad. Estaba tan concentrada en tomar apuntes y prestar atención, que no se dio cuenta de la persona que de repente ingreso al aula.
Cuando por fin se dio cuenta, el estudiante estaba ya a mitad del pasillo. Se dirigía hacia su lugar. Todos observaban al joven recién llegado. Incluso el profesor no podía creer que se atreviera a entrar sin más a la mitad de la clase. Después de todo, en aquel mar de gente normal, aquel extraño y pintoresco joven resaltaba como un faro. De pronto estallo una ola de murmullos y el profesor despertó de su asombro.
—Oiga, oiga, ¿Qué cree que hace?, la clase ya comenzó, ¡Espere afuera! — le ordenó el hombre visiblemente molesto, después de todo, cualquiera en su lugar lo estuviera, de hecho, era correcto que lo estuviera.
—Ambos sabemos que no estaba diciendo nada importante, solo repetía lo que se vio ayer para los estudiantes que recién se incorporaban, no veo motivo para esperar fuera, la clase aun no empieza. — respondió el joven tan normalmente como si no pareciera darse cuenta en la situación en la que estaba.
Al igual que su rostro inexpresivo, su voz tampoco trasmitía nada. Era confuso, no se podía saber si estaba siendo maleducado o si tenía razón. Así que el profesor, quien nunca había pasado por una situación así, simplemente decidió dejarlo pasar, y volvió a lo suyo para sorpresa de todos los presentes.
El recién llegado era alguien conocido para Rukia, era el pelinegro de hace un rato, Ulquiorra Cifer. Y para su mala suerte termino sentándose a su lado. Y aunque a pesar de que sabía que era la única opción del pelinegro por no haber más lugares disponibles, no podía evitar sentirse incomoda, era un persona muy rara además se había vuelto el centro de atención de toda la clase, por eso no quería que la vieran con él, si tan solo el pelinegro decidiera hablarle, estaría perdida y sus dais tranquilos se irían a la porra.
Las clases pasaron unas tras otras hasta que llegó la hora del almuerzo. La azabache se desperezo sobre su asiento, mientras guardaba sus cosas para ir a la siguiente clase después del almuerzo, agradecía mentalmente el que el pelinegro no le hubiese hablado, tal vez la vida por fin le estuviera pagando todo lo que le hizo padecer. Mientras acomodaba sus objetos personales no pudo evitar observarlo, Ulquiorra parecía absorto en sus pensamientos, incluso no podía asegurar que estuviera respirando. La curiosidad la embargo al percatarse efectivamente que ni siquiera parpadeaba, así que sin darse cuenta se quedó observándolo.
—¿Tengo algo en el rostro, mujer? — pregunto volviéndose hacia ella el extraño joven sorprendiéndola.
—Eh?, no, no nada, yo solo, yo…— se defendía la pelinegra algo avergonzada y sorprendida, no quería que la clase al viese hablando con aquel chico.
—De acuerdo. Vamos a almorzar, entonces. — dijo mientras se levantaba.
Rukia sin saber porque, termino siguiéndolo. A mitad de camino como si despertara de un trance recién se preguntó porque lo estaba haciendo.
—Heh, ¡porque tengo que acompañarte?! — le pregunto realmente sorprendida.
—¿No debes comer?, sino lo haces no tendrás energía para las clases que vienen… — le respondió el pelinegro, su respuesta era simple y a la vez precisa, pero no tenía nada que ver con lo que trataba de preguntar Rukia.
—No te interesa si como o no, ni siquiera me conoces muy bien ni yo a ti. —le reclamo algo irritada la azabache.
—Vaya, pero creo que afectara tu salud si no comes nada, ¿cierto? —preguntó el pelinegro acertando de nuevo.
—No sé a qué te refieres…— respondió Rukia algo sorprendida, sonaba como si supiera que estaba enferma.
—Puedo verlo en tu semblante, no luces bien, pareces enferma mujer, ¿me equivoco?
—Tu, como es que…
—Ya te dije, se observa en tu semblante…
Rukia se quedó en silencio, no se tragaba aquella explicación, además era muy extraño el interés que parecía tener en ella.
—Bueno, ya que parece que no tienes más que decir, siéntate. — insistió el pelinegro.
Rukia se percató que mientras hablaban habían llegado a la cafetería. No fue consciente de sus acciones hasta que estuvo ahí, realmente pareciera que era algún tipo de ilusionista o algo parecido.
—Iré a comprar, ¿qué es lo que quieres?
—Espera, espera, espera; ¿A qué viene esta repentina confianza? — pregunto la azabache a la defensiva.
—No todo el mundo es tu enemigo Rukia Kuchiki, puedes confiar en mí.
—No creo que todo el mundo se mi enemigo. —respondió visiblemente incomoda.
—Pero tu actitud no dice eso mujer, siempre estas a la defensiva…
—Entonces déjame preguntarte algo, ¿porque de repente hablas conmigo e incluso me invitas a comer? — ataco la pelinegra.
—Tengo mis razones, además no te estoy invitado el almuerzo, tú lo pagaras. — respondió Ulquiorra otra vez concisamente.
—Pues antes de aceptar comer contigo, quisiera saber cuáles son esas razones. — arremetió de nuevo la azabache, quien no se confiaba mucho del pelinegro.
—¿Recuerdas cuando tu madre murió, hace 10 años?
—¿cómo sabes eso?
—Tu padre te llevo a un pueblo rural después de eso, vivieron por un tiempo en aquel pueblo. El pueblo donde vivía de niño.
—Espera, acaso tu eres…— pregunto Rukia mientras pasajes de su infancia llegaban a su mente.
._.
El auto avanzaba rápidamente ganando velocidad, la calle estaba despejada ya que se trataba de una zona de almacenes industriales.
Ichigo observaba el cielo nublado, aquel fondo gris le ayudaba a poner en orden sus ideas y le daba cierta tranquilidad. Había sido un día algo difícil, ya que como conocía quien era en verdad Aizen, se le hizo muy difícil seguir actuando con normalidad en clase, y hasta podría jurar que Aizen lo estaba observando como si supiera algo. Pero no era como si pudiera hacer nada más, aunque quisiese, simplemente debía seguir actuando con normalidad. Ichimaru le había dicho que el medico estaba fuera de peligro, que estaba despierto y planeaba denunciar a Aizen, pero le había convencido de no hacerlo y de esperar; a saber que métodos uso pero logro convencerlo además logro que el hospital se creyese que había sido un caso común de delincuencia, ahora solo debía esperar a que…
—¡Ichigo en que rayos piensas!, ¡frena idiota! — escucho de repente.
Ichigo bajo de la nube se sus pensamientos y se dio cuenta de que él era quien conducía el auto, y que se dirigía a toda velocidad hacia una calle sin salida, y si seguía así terminaría estrellándose contra un muro de hormigón.
—¿Qué?
—¡Que frenes!
—Ya, ya, no griten ¡que no me concentro! — exclamaba el pelinaranja mientras trataba de frenar
Pero el carro no disminuía su velocidad y tan solo les quedaban 200 metros.
—¿Por qué aun no nos detenemos?
—No lo sé, estoy pisando el freno pero…
—Ese es el embrague, ¿eres un idiota Kurosaki? — le pregunto Ishida, a quien por primera vez veía enfadado realmente.
El pelinaranja logro pisar el freno y de inmediato las ruedas del auto se detuvieron con un chillido ocasionado al tratar de detenerse y rozar contra el asfalto. Como era de esperarse el repentino frenazo hizo que los ocupantes el sedán casi salgan volando de sus asientos.
—¿Qué et paso Kurosaki?, tú mismo me pediste que te enseñase a conducir, ¿porque te distraes entonces?— le grito Ishida una vez que se detuvieron por completo.
—Maldito, ¡casi muero! ¡¿Cómo vas a confundir el freno con el embrague?! — exclamo casi al mismo tiempo Renji mientras alzaba un puño amenazando al pelinaranja.
—¿Qué diablos te sucede Ichigo?, ¿Cómo te puedes distraer al volante cuando llevas a un enfermo contigo? ¿No tienes sentido de responsabilidad? — preguntó Tatsuki a quien recientemente le habían enyesado el brazo producto de uno de sus entrenamientos.
—Creo que fue una mala idea venir con ustedes, era obvio que Ichi iba a estar más pendiente de mí que del camino—intervino de repente Riruka casi al mismo tiempo que Tatsuki.
—¡Ya cállense! — exploto de repente Ichigo deteniendo por un instante la ola de reclamos. — Responderé a sus preguntas y reclamos, pero uno por uno
—Yo tengo una gran duda— empezó Ishida hablando en tono sarcástico— ¿porque rayos han venido todos?! — Pregunto Ishida intentando sonar calmado.
—Bueno, no sé, cuando supieron e me ibas a enseñar a manejar querían dijeron que querían venir también y…
—Espera, yo tengo otra gran duda— intervino esta vez Tatsuki— ¿Por qué rayos estas aquí? — le pregunto a Riruka quien iba a su lado.
—Oh vamos, ¿acaso no somos amigos?, ¿no es obvio que quiera pasar tiempo con ustedes?
—Mentirosa, cuando te llame para salir no aceptaste, ¡lo que quieres es estar cerca de Kurosaki…!—intervino Renji.
—Oh, vaya, creo que me equivoque contigo, si eres un chico inteligente Abarai-san, ¡acertaste!
—Bueno…, espera, ¿me estas insultando? ¿verdad?, piensas que soy idiota?! — exclamo Renji ofuscado mientras Riruka tan solo reía tapándose la boca con una mano y mirando hacia un lado.
—Eso no importa, ¿la invitaste a salir?, no lo intentes negar ahora Renji…— intervino Tatsuki, de sus ojos parecian salir llamas de fuego al mirar al pelirrojo.
—No, eso, bueno, es que…
—¡Yo soy el que hago las preguntas ya cállense! — intervino Uryu quien no aguataba más la situación.
—¿Porque de repente se ponen a discutir si saben que el gafitas se va a molestar?... — dijo Ichigo sin darse cuenta que ya todos se habían callado y que era el único que estaba hablando.
—¿Cómo me llamaste Kurosaki? —pregunto Ishida mientras se acomodaba las gafas y se desataba la corbata.
—Yo, espera, fue casual, ¡Vamos!, no te moleste Ishida—reía nerviosamente el pelinaranja.
—Renji, aún estoy esperando que me respondas, ¿porque la invitaste a salir? — volvió a preguntar Tatsuki disimulando mal sus celos.
—Espera, solo la llame, no la invite a salir, además… — seguía insistiendo Renji.
—Oh vamos, Abarai-san, no seas tímido, puedes contarle…—intervino al pelirroja con un tono jocoso.
—¿contra qué? ¿Me quieres traer problemas?
—¡Ya los tienes!—le respondió la pelinegra.
—¡Ya! ¡BA-JEN-SE! — exploto por fin Ishida haciendo resonar con su grito el interior del auto.
Todos se callaron y siguieron la orden del pelinegro con algo de mala gana.
Cuando estuvieron fuera, Ishida ocupo el asiento del conductor y se fue dejándolos en aquella zona desolada.
Los cuatro jóvenes se quedaron tan solo de pie observado como el auto e alejaba hasta perderse tras una esquina. De repente reaccionaron, dándose cuenta que en verdad les había dejado.
—¡Todo es por tu culpa Ichigo! ¿Ahora como regresaremos?! — preguntó Tatsuki a quien se el empezaba a hinchar una venita de la frente.
—Fue tu culpa, ¿porque te pusiste a reclamarle a tu novio en el auto?, ustedes conocen más a Ishida que yo, sabían que su pacientica se iba agotar. —le respondió Riruka también algo molesta.
—¡Qué no somos novios! — exclamaron Renji y Tatsuki al unísono irritados.
—Bueno, creo que pueden gastar toda esa energía en caminar de vuelta a casa, ¿no creen?, admito que fue n parte culpa mía, pero ¿Por qué rayos tenían que ponerse a discutir todos?
—Tienes algo de razón, bueno, en todo caso solo nos queda regresar caminando. — dijo Tatsuki de mala gana.
Los cuatro empezaron a caminar siguiendo el amino que había tomado Ishida. Recién eran las 2 de la tarde así que estarían a tiempo en la ciudad además no era como si estuvieran a las afueras, tan solo estaban a 20 minutos en auto de la academia.
Renji y Tatsuki iban delante al parecer continuando con su discusión sobre porque el pelirrojo había llamado a Riruka.
Por su parte la pelirroja iba al lado de Ichigo riendo disimuladamente al escuchar la infantil discusión del par.
Ichigo iba caminando en silencio, aunque todos lo tomaron bien, sabía que tenía culpa, en verdad pudo haber terminado en mal. Pero los últimos sucesos mantenían su mente ocupada, ni siquiera había tenido tiempo de contactar a su familia, y se le hacía raro que su padre no le llamara, había pasado casi un mes desde la última vez que hablo con él.
—Y justo cuando necesito hablar con el viejo…— susurro sin darse cuenta.
—Heh? —pregunto Riruka quien iba a su lado al escuchar el murmullo del pelinaranja.
—No es nada
—Hum— respondió Riruka algo desanimada mientras observaba el cielo gris. — ¿Crees que llegaremos a tiempo? — pregunto entonces la pelirroja intentando iniciar una conversación.
—¿A dónde? — pregunto Ichigo después de un momento, no era como si tuviera ganas de conversar, realmente a decir verdad, se sentí algo avergonzado de si mismo, ya que había puesto en peligro a sus amigos.
—Pues al trabajo ¿no?, se supone que debemos entrar a las 4…
—Ah, sí, supongo, aún tenemos una hora y media…— respondió secamente el pelinaranja.
—Cierto
—Si
—…
De nuevo se hizo un silencio incomodo entre ambos, Ichigo se sentía algo mal por la pelirroja, después de todo era su amiga de la infancia y aunque él no la recordase muy bien no significaba que ella no lo recuerde, supuso que en aquel tiempo quizá ella era alguien especial para él, aunque no pudo evitar reírse al pensar que solo eran niños, y al recordar lo del compromiso.
Ahora que se ponía a pensarlo, había recordado que el compromiso no era algo formal, pero no pudo recordar como termino enredado en aquel asunto.
—¿De qué te ríes? —le pregunto la pelirroja.
—De nada en especial. — respondió Ichigo mientras recobraba la compostura y su expresión habitual.
—De acuerdo— respondió Riruka después de resoplar.
—Riruka
—¿Qué? — respondió después de un largo rato
—¿acaso estas molesta? — pregunto con cierta ironía en el rostro. En verdad la joven era muy infantil.
—No, solo quiero estar en paz un momento.
—Te quería preguntar algo. — dijo Ichigo, después de todo, iniciar una conversación no sería mala idea, necesitaba despejar su mente, además seria incomodo caminar en silencio uno al lado del otro.
—¿Qué es? — pregunto la pelirroja tomando algo de interés.
—¿Es cierto que te llamo Renji?
La pelirroja sonrió discretamente. — Si, fue hace algunos días. —presumió.
—Ya veo, y…, ¿también es cierto que te invito a salir? —pregunto el pelinaranja fingiendo haber mordido el anzuelo, en verdad no le interesaba el asunto, al menos así lo creia.
—No, esa parte era mentira…— confeso Riruka.
—Ya veo, ya suponía que era mentira, porque aunque no lo parezcan esos dos se llevan muy bien, demasiado bien que digamos, es seguro que se traen algo…— respondió el pelinaranja.
—De igual forma no estoy para estar saliendo con nadie ahora, además recuerda que estamos comprometidos…— le dijo abrazando el brazo de Ichigo y apegándose a él.
—¿Qué crees que haces? — le dijo mostrando desinteres.
—Vamos, no seas tímido Ichi— respondió la pelirroja riendo.
—Sabes, si andas haciendo eso, la gente se puede hacer una idea equivocada
—Tienes, razón, tú tienes a Kuchiki-san, ¿cierto? —pregunta la pelirroja mientras se soltaba.
—¡Vaya!, Pensé que no lo sabias— respondió sarcásticamente Ichigo.
—Idiota…, bueno, pero es verdad, yo perdí, llegue demasiado tarde… susurro la joven.
Ichigo no pudo evitar sentirse incomodo, más de lo que ya estaba, pero él no sentía nada romántico por la pelirroja, él ya tenía a Rukia, o al menos así lo quería creer. Pero después de observar la expresión de la joven, no evitar sentirse algo culpable.
—Tu… tu eres mi amiga, alguien especial pero, pero de distinta forma supongo, así que no te desanimes— le dijo Ichigo con algo de dificultad, era terriblemente vergonzoso, pero no podía ignorarla después de todo, ella había arriesgado tanto para encontrarle.
—Eso fue terrible…— le respondió la joven con expresión decepcionada.
—¿Eh?!
—Pero, supongo que gracias, yo, me siento mejor— añadió tímidamente la pelirroja. — Entonces ya que somos amigos, podemos seguir así— dijo la pelirroja mientras volvía a cogerse del brazo de Ichigo con un cambio de actitud de 180 grados.
El pelinaranja se detuvo de repente. La pelirroja que hasta ahora iba caminando sonriente del brazo del incomodo pelinaranja se sorprendió al observar la expresión de este.
—Ichigo, ¿acaso te incomode?
—…
—Vamos, si siempre lo hago, ¿Por qué te pones …
—No es eso, no hables— le dijo susurrando— Ven, trata de no hacer mucho ruido. — le dijo mientras tiraba de su mano.
Renji delante de ellos también se había detenido al igual que Tatsuki ambos estaban alertas observado los viejos almacenes de su alrededor.
—Renji, Tatsuki, ¿lo vieron? — preguntó Ichigo una vez que llego hasta donde ellos.
—Sí, estaba en aquel almacén de haya. —Respondió Tatsuki refiriéndose a un almacén abandonado a unos 100 metros de donde se encontraban.
—Sera mejor que regresemos por otra ruta, puede que no este solo…
—¿Qué sucede Ichigo?
—No hagas ruido Riruka-san, parece que esta aérea no esta tan desolado como creíamos. — le respondió la pelinegra, quien no dejaba de examinar los almacenes.
—Rayos
—¿Qué paso? —preguntaron los 3 al unísono.
—He visto otro, ha entrado dentro del almacén, tal vez si haya mas—respondió Renji
—No creo, estaba escondiéndose al parecer, pero, ¿de qué? — dijo Ichigo extrañado.
Los cuatro jóvenes empezaron a retroceder observando en dirección al almacén donde habían visto movimiento. Pero una voz detrás de ellos los detuvo.
—Vaya, ¿Qué tenemos aquí? — pregunto una burlona voz.
Los cuatro se volvieron de inmediato. Ante ellos había un grupo de al menos 10 hombres, era que buscaban problemas.
El grupo aprecia ser liderado por el que les hablo primero, un chico al parecer algo mayor que ellos, era alto, muy alto y delgado; tenía el cabello negro algo largo y en su rostro llevaba una gran y perturbadora sonrisa, se acercó hacia Riruka. Era un tipo delgado y sorprendentemente alto, y la sonrisa de su rostro era reamente perturbadora.
—¿Qué hace una preciosura como u con estos perdedores? — dijo acercando hacia Riruka.
—¡Déjala idiota! — exclamó Tatsuki apartando la mano del pelinegro con un veloz movimiento.
—Oh vamos, también tengo algo para ti, no te ponga celosa, me gustan las chicas valien..
—y a mí me gustan los que no hacen tantas preguntas…— intervino Ichigo mientras se interponía entre el alto y las dos jóvenes.
—Creo que has escogido molestar a las chicas equivocadas amigo— intervino Renji mientras se ponía al lado de Ichigo.
—Oh, no creí que eran fueran tan idiotas como para buscar pelea, si colaboraban hasta los dejaba tener su parte, apuesto a que ni siquiera se las han…
Pero el pelinegro no pudo terminar su frase ya que recibió un derechazo en la mandíbula de parte de Renji.
Se había encendido la mecha, como impulsados por resortes, los demás se abalanzaron sobre el pelirrojo, Ichigo que estaba a su lado, derribo a los dos más cercanos, mientras que Renji recibía los otros que se abalanzaban a él desde todos lados.
—¡Renji! — exclamo Tatsuki al ver que tres de los pandilleros lograban reducir al pelirrojo cuando este se encontraba peleando con otros dos.
Por su parte Ichigo no le iba mejor, había logrado detener a los dos primeros, pero otros 2 habían logrado cogerle de los brazos e inmovilizarle, y ahora arremetían contra su estómago.
Mientras tanto el larguirucho se lamia la sangre de la comisura de los labios y sonreía aún mas.—Esto, lo voy a disfrutar… —decía mientras se acercaba a donde tenían cogido a Renji
—Al menos suéltalo, ¿necesitas que tus amigos lo agarren para poder golpearlo?, entonces el perdedor eres tu! —exclamo Ichigo quien intentaba zafarse sin éxito.
—¿Qué?, pero si tenemos un hablador aquí… — dijo el pelinegro mientras se acercaba rápidamente a Ichigo con una expresión animal en su rostro. — Creo que no te has dado cuenta en que situación estas, ¿no tienes suficiente? ¿Acaso quieres hacerte el héroe? —le pregunto mientras le golpeaba en el estómago.
Las arremetidas del larguirucho eran mucho más fuertes que la de sus secuaces, podía sentir el sabor de la sangre llegando su boca, hasta que no pudo aguantar más y la abrió, dejando salir carmesí líquido junto con un quejido.
—¡detente! — exclamo Tatsuki mientras se acercaba por la espalda al pelinegro, y con un rápido movimiento lograba hacerle perder el equilibrio.
Los que sostenían a Ichigo pronto prestaron atención a la joven, dejando al pelinaranja quien cayo adolorido al suelo.
Uno de los hombres logro atrapar a Tatsuki, pero no sin antes que esta derribara a otro. Ichigo se levantó tan pronto como el aire regreso a sus pulmones y dejo de escupir sangre. Pero el larguirucho también se había incorporado y lo recibió con otro golpe que el pelinaranja logro bloquear a duras penas.
Renji no se podía mover, había intentado zafarse pero los que lo tenían a en eran mucho más fornidos y grande. Y el tipo que se encargaba de golpearle lo hacía muy bien, tanto que sentía que pronto se quedaría inconsciente.
Ichigo sabía que si no actuaba pronto la situación se saldría de control, estaba realmente frustrado ya que su fura no era suficiente, pero en uno de sus intentos logro asestarle un golpe en el estómago al pelinegro pero con lo débil que estaba no sirvió de nada, y tan solo logro que al dejar su defensa el pelinegro con un ágil movimiento hiciera que perdiera el equilibrio y cayera de bruces contra el pavimento quedándose inconsciente.
._.
La habitación era demasiad silenciosa y grande para ella sola, desde su cama podía observar el exterior por una vena tan que dejaba entrar gran parte de la luz del sol, desde su posición llegaba a distinguir las copas lejanas de algunos árboles y el cielo pero nada más, y tampoco era que pudiera salir, así que tampoco le apetecía mirar por la ventana ya que eso solo aumentaría sus deseos por estar fuera.
Había pasado ya un tiempo desde la muerte de su madre, desde aquel fatídico día; no lo recordaba muy bien, pero sí que recordaba muy bien aquellos sentimientos de dolor y de angustia que sintió en aquel entonces, además estaba aquel incidente de hace 1 año, por el cual su madre cayó enferma… De repente la pequeña sin querer termino llorando de nuevo, lo hacía cada vez que recordaba a su madre, ahora daría todo lo que fuera por poder estar junto a ella, a veces cuando terminaba llorando por recordarla deseaba con todas sus fuerzas que tan solo fuese un mal y largo sueño y que su madre venga a consolarla y decirle que podía dormir con ella; pero ya habían pasado casi 6 meses desde su entierro.
Durante todo este tiempo su padre había estado a su lado, iba pocas veces a trabajar, e incluso cuando ella enfermo consiguió una casa en el campo y empezó a trabajar desde casa, todo para estar a su lado. Aunque aún era una niña, se había dado cuenta que su padre tenía miedo, miedo de perderla a ella también.
La azabache intento despejar su mente de estos pensamientos, no llegaría a nada si seguía pensando en esto, a pesar de que le dolía tanto el no estar con su madre, debía ser fuerte, debía ser como su padre, aprender a guardar el dolor y enfrentarse con orgullo a la vida, a este mundo cada vez más despiadado, el mundo al cual cada vez comprendía menos.
Sumida en sus pensamientos, la niña no se percató cuando una pequeña pelota entro volando por la ventana de su habitación, a pesar de que casi paso frente ella, tan solo se percató cuando la pequeña esfera, al rodar, choco contra uno de los muebles de madera de la habitación.
Rukia al escuchar el sonido se sorprendió, no era un sonido muy fuerte, pero era raro que algo perturbe la paz, por no decir aburrimiento, que reinaba en aquel lugar.
La pequeña se sentó en la cama, con cierta dificultad llego hasta el suelo y se puso unas pantuflas con forma de conejo que tanto le gustaban, camino hasta el objeto invasor y se agacho, era la primera vez que veía una pelota de este tipo así de cerca, sabía que era una pelota de béisbol, pero nunca había visto una de cerca ni había practicado aquel deporte. La niña azabache estiro su mano hacia la pelota cuando de repente sintió un ruido detrás de ella. Al volverse y ver su origen no daba crédito a lo que veían sus ojos: un niño de casi su edad, había logrado trepar hasta ahí quizá utilizando las enredaderas que bajaban por la paredes que estaba su ventana. Ahora, el niño, se acercaba hacia ella caminando algo agotado.
Rukia no sabía cómo reaccionar, había tenido muy poco contacto, casi ninguno, con niños de su edad en este último año, así que cuando por fin pudo saludar, el niño ya había recogido la pelota y se encontraba dándose la vuelta para salir por donde entro.
—¡Bu…bu...buenas tardes! ¿Tu-tu lanzaste la pelota? —pegunto la azabache.
El niño apenas se volvió, su rostro totalmente inexpresivo era realmente temible, al menos para ella, por eso se sentía nerviosa.
—No, no fui yo, pero de todas formas discúlpame por venir hasta aquí a buscarla…— dijo el niño seriamente. — Con permiso. — se despidió sin cambiar ni un ápice la expresión de su pálido rostro que podía competir con la de un soldado de la guardia real inglesa.
—¡Espera! — insistió la pelinegra, no sabía porque pero sentía curiosidad, aunque quizá fuera porque no veía otro niño desde hacía mucho tiempo.
—¿Cómo te llamas? — pregunto con amabilidad la pequeña.
—Ulquiorra Cifer, ¿tu?
—Rukia… ¡Rukia Kuchiki! — respondió la pelinegra algo nerviosa y emocionada, ya que a pesar de su torpeza estaba teniendo una conversación normal con un niño, y además con uno del sexo opuesto.
—Ya veo, por cierto, ¿Qué hacías aquí? hay un buen clima
—Es que yo… yo, no pue…. , ¡yo no quiero salir! —respondió al pelinegra asustada porque su respuesta haya sido maleducada.
—Ya veo, ella debería ser como tú, es mejor quedarse en casa, el exterior es agotador— respondió el niño.
La pequeña pudo distinguir cierto cambio en la expresión en su rostro.
—¿Estabas jugando con alguien? —pregunto la pelinegra intentando descubrir la identidad de "ella"
—Bueno…
Antes que el niño pudiera responder, desde debajo de la ventana les llego una voz.
—¡Ulqui! ¡Ulqui! ¡Apresúrate! — exclamaba una suave voz sin lugar a dudas femenina.
Rukia obtuvo asi su respuesta.
—Ya veo… entonces, anda ya, ella te esta espera…— dijo Rukia mientras regresaba su vista hacia el niño, pero no encontró a nadie, Cuando por fin lo encontró después de pasar su vista por toda la habitación, lo observo frente a un bibliotecario. Se encontraba leyendo los lomos de los libros.
—¿Cifer-kun?, ¿Qué estás haciendo?
—¿Cómo hiciste para conseguir este libro de aquí? — dijo señalándole a uno de los que estaban en el estante.
—Bueno, esto…
—También tienes este, y el de acá, aquel ya lo leí…., vaya este tenía una secuela, este suena interesante…
El niño no la escuchaba, estaba completamente sumido en observar los títulos de las lecturas, incluso se tomaba la libertad de sacar algunos y leer la contraportada.
—¿Cifer-kun?
—¿Qué cosa? — pregunto el pelinegro que estaba concentrado en uno de los libros, por el e había preguntado en el inicio.
—Bueno, esto, ¿no pensaras leerlos aquí y ahora, cierto?
—No te preocupes…
—Ya veo, jejeje
—…Yo no hago ningún sonido mientras leo, no notaras mi presencia, sigue con tu vida normal por favor…— le dijo sin cambiar ni un ápice su tono neutral e voz, mientras daba la vuelta una de las paginas.
—¡¿Cómo piensas que pudo seguir con mi vida normal con un extraño en mi habitación?! — pregunto la niña sorprendida y algo irritada.
—Vaya, no soy un extraño, ya te dije que me llamo Ulquiorra Cifer ¿no?
La azabache no supo que responder, no podía replicar a aquel niño tan extraño. Si no sintiera ahora mismo el viento rozar su rostro pensaría que se trataba de un extraño sueño o alucinación producto del aburrimiento, así que sin darse cuenta tan solo se quedó e pie a unos cuantos metros del extraño niño.
—¿quieres leer? —le pregunto Ulquiorra.
Rukia saliendo de la nube de sus pensamientos movió la cabeza en señal de negación.
—Entonces, ¿Quieras que te lea? —pregunto el niño con total despreocupes.
La azabache se avergonzó algo al escuchar la proposición del niño, pero simplemente y asintió
El pequeño el indico que se sentara donde quisiese, y el sentó en el suelo sosteniendo el libro sobre sus piernas, y después de unos instantes empezó a leer.
Rukia no podía creer lo bien que sabía leer aquel niño, incluso ella solo le había dado un par de ojeadas al libro, ya que estaba escrito con kanjis y no en hiragana. Su padre solía leerle este tipo de libros, pero desde que estaba enferma la hacía dormir temprano y no le leía, por esto, se le hizo placentero escuchar aquella lectura, además de ser extremadamente interesante.
—¡Ulquioooorraaa! ¡¿me es-tas ig-no-ran-do? ¡apresuraaateee! — escucharon de nuevo la voz de la niña debajo.
Rukia observo que el niño seguía la lectura sin prestarle atención a la niña de abajo.
—Eh, Cifer-kun, ¿no vas a hacerle caso?, deberías bajar…
—No te preocupes, déjala, ya se ira a casa sola, o si no que me espere—respondió el pelinegro reanudando rápidamente la lectura dejando ensombrecida a Rukia.
—¡Ulquioooraa!, ¡baja pues!, ¡me estoy aburriendo! — insistió e nuevo la pequeña
Los llamados siguieron por unos algunos minutos hasta que la niña pareció rendirse y dejó de Lamar al pequeño extraño.
—Creo que tu amiga se regresó sola, debes acompañarle, es peligroso…
—Tiñes razón, puede ser peligroso para quien intente acercarse a ella, iré pronto, pero después de terminar de leer esta parte…— respondió el pelinegro mientras cambiaba de página.
Rukia trato de no buscar el significado de estas palabas, solo él podría saber a que se referia. Era en verdad el niño más raro que jamás había conocido.
Rukia se encontraba escuchando atentamente la lectura, cuando de repente la puerta de la habitación se abrió con un leve chirrido, dado paso a las personas que estaban del otro lado: una niña y un hombre alto, de rasgos aristocráticos, su padre.
La expresión de su padre, siempre era una calmada y seria, pero cambio levemente al observar al extraño invasor.
—Niña, ¿este niño es a quien buscas? —pregunto su padre.
—Sí, gracias señor, parecía que no me oía, gracias por permitirme ingresar. — respondió alegremente la niña.
El hombre simplemente asintió y dejo entrar a la niña.
La pequeña era también una niña al parecer de su edad, tenía el cabello negro. Y era algo más alta que ella.
—Ulqui, ¿Por qué te has demorado tanto? — pregunto la pequeña llegando hasta donde el pelinegro que se encontraba poniendo un separador en la página donde ese había quedado.
—Nell, ¿porque has subido?
—Ah?, ¿Cómo que porque? — Le reclamo a la pequeña— ¡No me respondías!
—Tienes razón.
—Ya lo vez, bueno, vámonos.
—Si…— respondió el peligro dejando el libro en su lugar para luego volverse hacia la niña que lo hablaba con las manos puestas en la cintura, pero antes de salir se volvió dónde Rukia. — En verdad tienes buen gusto, nos vemos pronto— se despidió el niño, esta vez su voz sonaba algo amable.
—Claro— asintió la azabache sonriendo si darse cuenta.
Ulquiorra se volvió caminando con las manos metidas los bolsillos de su pantalón. Al llegar al lado de Nell esta le siguió alegremente.
—Rukia, ¿no vas a despedir a tus invitados? — dijo su padre quien al contrario de lo que pensaba Rukia, parecía a gusto de que su hija estuviera con niños de su edad. — Baja a despedirlos.
—¡Si! — exclamo la pequeña alegre.
Al día siguiente, y los que siguieron, el pequeño pelinegro llegaba sin falta todas las tardes, ya sea para leer, estudiar o ver algunas películas. Ambos fueron confiando en el otro cada vez más. Rukia se dio cuenta, a diferencia de la primera impresión que tuvo, que Ulquiorra era tan normal como ella u otro niño, solo que veía todo desde un punto distinto a cualquiera de ellos, de una forma demasiada realista e incluso pesimista, pero con el tiempo, sin darse cuenta, el pelinegro fue abriendo su mente y veía el mundo como lo veía ella, y ella empezó a ver el mundo como lo veía el, ambos eran en cierta forma opuestos pero a la vez muy parecidos. Ahora, con 20 años vividos, Rukia se dio cuenta que quizá durante ese tiempo a pesar de que su madre acaba de fallecer, fue feliz.
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Todo era negro, y aunque en aquel mundo sus sentidos no parecían funcionar, se sentía extrañamente inquieto. Se sentía pesado, pronto se percató, que era lo primero que sentía y percibía además de sus pensamientos, pronto a esta sensación le siguió el dolor, no identificaba de que parte de su cuerpo venia, pero era un dolor muy agudo, su mente parecía intentar reconectarlo con su cuerpo. Pero él no quería levantarse, el solo quería dormir.
Pronto el poco progreso que había tenido empezó a esfumarse, su alrededor y hasta sus pensamientos fueron ensombreciéndose, dando paso a la agradable sensación de estar quedándose dormido. Pero en medio de ese mundo irreal escucho una voz, y luego otra, eran tan lejanas, y parecían sonar tristes, o más bien, desesperadas.
Cuando se dio cuenta de quienes eran las voces, la oscuridad se fue, y la adrenalina invadió de nuevo su torrente sanguíneo haciéndole por unos instantes olvidarse del dolor.
El pelinaranja abrió los ojos y apretando los dientes para soportar el dolor se levantó. Los hombres de su costado estaban desprevenidos y pudo dejarlos fuera de combate con algo de esfuerzo. De repente salido de la nada y haciendo un gran escándalo, un auto apareció derrapando detrás de ellos. El carro no freno y con el costado tumbo a los hombres que estaban más próximos a Ichigo quien aprovecho para subir rápidamente a este.
El sedán, dio una vuelta en su eje, y se dirigió hacia los que sostenían a las chicas. Los hombres no duraron dos veces en empujar a las jóvenes hacia el auto y huir del camino del vehículo. Con una sorpréndete habilidad Ishida logro frenar y colocarse de lado, Ichigo abrió la puerta y los demás subieron.
—Ishida, ¡ya están todos vámonos! — exclamo cuando largo subir a Renji que se sostenía dolorosamente el costado.
Después de unos minutos de conducir a toda velocidad tratando de salir de la zona y perder a sus posibles perseguidores, Ishida tomo el desvío hacia la carretera, y se dirigió hacia el centro.
—¿Están todos bien? Yo, yo en verdad lo siento, yo planeaba regresar, pero…
—Está bien Ishida, no es tu culpa…
—No, si lo es, debí saber que dejarlos en una zona así era peligroso pero…
—Pero nada, ya estamos a salvo, y no lograron su objetivo. —intervino Renji quien intentaba resistir el dolor pulsante de su costado.
—Aunque ustedes digan que no fue anda, no creo que ellas digan lo mismo, Arizawa-san, Dokugamine-san ¡discúlpenme!, en verdad lo siento!
—¡Tu! — exclamo Tatsuki quien parecía increíblemente a punto de quebrarse. — Mejor quédate en silencio, no quiero oír tus disculpas ahora. — sentencio seriamente la pelinegra.
El resto del viaje trascurrió en medio del silencio. Tatsuki se dedicó a ayudar a Renji que había resultado el más afectado de los cuatro. Tenía un par de costillas rotas, y una el rostro magullado. El único sonido que se oía en dentro del auto era la voz de Tatsuki diciéndole que estaría bien, que no se quejara por unos simples golpes y reclamándole, en resumen animándole a su modo. El pelirrojo tan solo sonreía con dificultad mientras la joven le limpiaba las heridas del rostro.
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El pasillo del hospital estaba más despejado ya. Las paredes, el suelo y la iluminación en conjunto deban una sensación irreal, o al menos así era para Ichigo quien ya había salido del tópico y se palpaba la gasa que tenía en el rostro, se sentía algo adormecido y raro aunque suponía era por los calmantes que le habían dado, ya que a pesar de no ser tan grave como lo de Renji, él también tenía una costilla rota.
Riruka estaba sentada a su lado y Tatsuki estaba de pie esperando noticias del pelirrojo. Ishida había bajado a la cafetería, ya que aunque Ichigo y Riruka o le reprochaban anda, Tatsuki parecía molesta con él.
—Ichigo, ¿en verdad estas bien? — pegunto la pelirroja que se veía preocupada.
—Claro que si, por eso los doctores me dejaron salir, solo me siento algo adolorido. — Respondió sin mucha gana, los calmantes lo tenían algo adormecido — ¿Tu etas bien?
—Sí, no te preocupes por mí…
—Idiota, como no voy a preocupar, recuerda que me quede inconsciente, no sé qué pudo pasar mientras que yo estaba así, es natural que esté preocupado, esos idiotas no lograron hacerles nada, ¿cierto?
—No, no pudieron, gracias a ustedes dos ganamos tiempo…
—Sí, es verdad— añadió Tatsuki al ver que el pelinaranja le había mirado buscando confirmar si lo que decía Riruka era verdad.
—Ya veo, es un alivio.
—Sí, no hubieran peleado ambos, no sé qué nos hubiera sucedido, además tuvimos suerte de que Ishida-san regresara
—Tienes razón, pero él cree que lo odiamos o algo por estilo, es en verdad un idiota— intervino Tatsuki.
—Ya habrá tiempo de aclarar las cosas, además…
—¿Ustedes estaban con Renji? — les pregunto de repente una hermosa joven aparecida de la nada, era alta, pelirroja, y sorprendentemente hermosa como para que Renji la conozca así que se les hizo extraño.
—Si, somos sus amigos, ¿Quién eres tú? — pregunto Tasuki a la hermosa joven que tan solo rio.
—Siempre es lo mismo, bueno, yo soy su madre, ¿Quién creía que era jovencita?, acaso su novia? — pregunto con ironía la mujer.
—Su…su ma-dre? — pregunto nerviosa la pelinegra.
—Si, puedes estar tranquila no soy su novia, aunque es la primera vez que me confunden así, siempre piensan que soy su hermana mayor. ¿Porque pensaste eso primero al verme?, ¿no me digas que…?— pregunto la mujer jocosamente.
—No, no es eso, se equivoca…
—Bueno, ya dejemos las bromas. En donde esta Renji. ¿El medico les ha dicho algo? ¿está bien?
—Lo están atendiendo ahora mismo
—Ya veo, entonces esperare, junto esta preciosa jovencita, creo que tenemos mucho de que hablar, ¿cierto?
—Espere, yo no,…
—Sí, supongo que deben hablar de muchas cosas, aprovecho para irme…— intervino el pelinaranja mientras se levantaba ganándose una mirada fulminante de Tatsuki.
—Espera Ichigo, ¿no quieres saber cómo está el? — pregunto Tatsuki fingiendo amabilidad aunque por dentro deseara golpearlo.
—confió en que este bien, es fuerte, incluso mucho más que yo, sé que se recuperara, tú lo conoces mejor, ¿cierto?, sabes muy bien eso…— respondió el pelinaranja intentando sonar serio.
—Vamos no seas tímido, en verdad estaba alegre de poder conocer al amigo del que tanto he escuchado, así que tu eres Ichigo, no imagine que fueras tan guapo…— dijo amablemente al hermosa mujer.
—Gracias, bueno me voy…
—Espera, sabes que soy extranjera ¿cierto?, los extranjeros nos despedimos con un beso…
—¿un beso?! — exclamaron Ichigo y Riruka al unísono.
—Lo siento lo siento— decía la mujer mientras reía— me emocione un poco…
—Bueno, si me disculpan me voy…— dijo el pelinaranja incomodo mientras se marchaba con una sonrisa forzada en el rostro.
El exterior estaba frio como todos los días, el cielo nublado no dejaba pasar gran luz que digamos, y a pesar de que serían casi las 4 parecía a punto de anochecer. Ichigo recordó la dirección donde había visto una estrada al metro, y se puso en camino hacia ella. No tenía ganas de trabajar pues le dolía el cuerpo pero no podía darse el lujo de faltar, no tenía ni un mes trabajando así que debía ir.
—Ichigo, ¡espera! — le llamaron desde atrás.
El joven se volvió al percatarse de que se trataba de Riruka, ahora no tenía mucho tiempo que digamos, y no quería perderlo con ella, pero de todas formas deicidio esperarla.
La pelirroja llego a los pocos segundos, agitada, una vez frente a él, recupero el aliento, respirando con cierta dificultad. ¿Tanto habría corrido? Pensó el pelinaranja teniendo en cuenta que no estaba a mucha distancia del hospital, a menos que haya bajado por las escaleras desde el quinto piso y no por el ascensor como hizo el.
—¿estás bien?— le preguntó algo asombrado.
—Sí, solo necesitaba recuperar el aliento…
—Ya veo... ¿Por qué has venido?
—¡Nada que "¿porque has venido?"!, no… recuerdas que yo también… trabajo ahí?, ¡idiota!— respondió la joven aun algo.
Si Riruka no se lo decía no lo hubiera acordado, era verdad, ahora en la tarde también le menciono eso. Pero lo había olvidado, en parte porque la pelirroja había faltado los dos últimos días.
—Lo siento ¿no?, ya no hables, respira tranquila— le respondió el pelinaranja colocando su mano en el hombro e al joven que se hallaba apoyada sobre sus rodillas. —¿Mejor?
—Si
—Entonces vamos
—¿vamos?, no, tu no vas a ningún lado, te regresas a tu apartamento, apuesto que te sientes cansado y adolorido, ¿verdad?, así que hoy no trabajas! —le replico la pelirroja con las manos sobre la cintura.
—¿Qué?, puede ser que lo digas tú, pero yo le debo mucho a tu tío, si no fuera por él, Rukia no hubiera podido ir a la universidad, y yo hubiera tenido serios problemas económicos, así que no puedo causarle problemas.
—Idiota, piensa en ti un momento, ¿no te recomendó descanso el doctor? ¿eeh?!, además si trabajaras en ese estado no lo harías bien, y lo que menos necesitamos en el café es alguien que estorbe…
—Estoy bien, ¡perfectamente! — respondió el pelinaranja levantando el pulgar, pero al hacer este súbito movimiento sintió un dolor agudo en el costado que lo hizo hacer una mueca de dolor.
—¡Ya vez que no lo estas! — Exclamo con cierto enojo la joven— No quiero escuchar nada, debes ir a tu apartamento…
—No, en serio, no es casi nada
—Te justificare en el trabajo, así que andando, te acompaño al andén…
Ichigo tan solo suspiro, y deicidio rendirse, no tenía ganas de discutir con ella y además no es que le pudiera ganar haciéndolo, y no podía reclamarle nada ya que solo se etaba preocupado por él, solo podía estar agradecido.
Una vez en el andén los jóvenes se pararon junto a una de las columnas que sostenían el techo de la estación. El lugar estaba sorprendentemente casi vacío, la estación rebosante de gente en horas punta, ahora, a mitad de la tarde, daba una imagen casi irreal.
—Ichigo…
—¿Qué quieres?
—Sabes, en verdad estoy muy agradecida de que hubieras pelado por mí…
—Bueno, también fue por Tatsuki y Renji…—la interrumpió.
—¡Cállate! — exclamo algo irritada la pelirroja pero pronto remoto la calma. — El hecho es, que bien pudiste escapar pero preferiste quedarte a pelear de que eran muchos...
—¿Acaso no me conoces? ¿Crees que hubiera hecho eso?
—Claro que no, porque te conozco sé que lo hubieras hecho aun si no hubiera sido yo o ellos, pero de todas formas gracias…
—No es necesario agradecer, como dices, lo hubiera hecho por cualquiera.
—Lo sé, lo se… Ichigo, sé que no debo… sé que no debo decírtelo, pero, yo ya no puedo… yo…
—Espera— le interrumpió el pelinaranja mientras sacaba su celular. — Diga… Si, Ishida, te escucho…no es necesario que lo expliq…¿qué?... —pregunto mientras su expresión cambiaba. — ¿Estás seguro?... pero… de acuerdo… gracias por avisarme, tendré cuidado… si… está conmigo, se lo diré… adiós. — dijo mientras devolvía el celular a su bolsillo, en su rostro se podría apreciar desolación y cierta preocupación.
—¿Qué sucedió Ichigo? — pregunto la joven pelirroja algo asustada.
—Riruka, ten cuidado…
—¿Qué? ¿Por qué?
—Lo que paso hoy al parecer no fue casualidad, luego te cuento. Adiós— sentencio Ichigo mientras se ponía en marcha de repente con dirección fuera de la estacion.
—¡Ichigo!, espera, ¡yo…
—Lo siento— le respondió el pelinaranja volviéndose— te prometo que te compensare, te escuchare pronto, pero ahora debo irme, si lo que dice Ishida es correcto, puede ser que Rukia esté en peligro, debo irme, ¿comprendes?, así que te prometo que saldremos pronto y ahí hablaremos de lo que quieras, por ahora me voy, ¿vale?
—Entiendo…— asintió la pelirroja— anda a ver a Rukia, quizá ella te necesite ahora mismo…— añadió mientras ponía mejor ara que podía.
—Riruka?
—Anda ya!, ¿debes estar preocupado, ¿cierto?
—Si, tienes razón; nos vemos luego, ten cuidado. —se despidió Ichigo mientras se volvía y se dirigía a toda prisa hacia las escaleras, hacia la calle, hacia Rukia.
La pelirroja se quedó de pie en el mismo sitio sin poder moverse, las lágrimas amenazan con asaltarle, pero ella debía ser fuerte, ella sabía a lo que se enfrentaba y aun así lo eligió, lo amaría a pesar de que él no lo haga, lo miraría aunque él no la mire a ella, y estaría a su lado mientras él lo permitiera y su propio corazón lo resista, resista el ver como él vivía tan solo para otra mujer, para Rukia Kuchiki.
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Rukia estaba saliendo de su última clase, estaba algo agotada, pues hasta ahora estaba acostumbrada a permanecer en su apartamento o en la administración de la tienda Urahara donde trabajaba con Inoue, trabajo que tuvo que dejar por la universidad.
Había sido un día agotador, sobre todo por haber encontrado allí a Ulquiorra, aquella vez cuando se fue de aquel pueblo pensó que nunca más lo volvería ver, pero increíblemente ahora estudiaba junto a él.
Al tratar de bajar por las escaleras un pequeño mareo la sobrecogió, Rukia se recostó en una de las paredes del pasillo y saco un pequeño blíster de su cartera y se tragó una pastilla. Después fue al baño dando tiempo a que la pastilla hiciera efecto.
Estaba algo pensativa y preocupada, aquellos mareos eran más constantes, así como su permanencia en cama, no quería pensarlo pero quizá la enfermedad estuviese acelerándose, antes llevaba une estilo de vida más pausado y casi sin salir de casa, pero ahora su vida había dado un giro completo, y todo este ajetreo le estaba pasando la factura. La azabache decidió no pensar en esto por el momento, ya que en parte le daba cierto miedo seguir dándole más vueltas a la idea de que su muerte estuviera tan cerca; aunque para bien o mal, ella lo enfrentaría como una Kuchiki, no se rendiría hasta lo último, además, si tenía que soportar esto, lo haría, ya que a cambio podía vivir una vida feliz y normal, aunque fuera en sus últimos momentos.
Cuando salió del baño, lo encontró parado junto a la entrada, era Ulquiorra. Estaba con los brazos cruzados adoptando una posición meditativa. Al parecer espiraba un aura gris ya que los demás estudiantes evitaban pasar cerca de él, como hormigas rodeando un obstáculo.
—¿Y tú que haces ahí? ¿Se te perdió algo?—pregunto Rukia con cierto sarcasmo
—Bueno, ¿que parece que hago?
—Estas asustando a la gente, ¿algún estudio psicológico Ul-qui-o-rra-san?
—Si, quería ver la reacción de la gente al verte, sabes, nunca he visto tanta gente asustada... —contesto con total seriedad el pelinegro.
—Que gracioso Ulquiorra, me estoy partiendo de la risa. —replico Rukia fingiendo molestia.
—aun ¿sigues siendo enfermiza? —pegunto directamente el joven.
—Supongo que se puede decir que si…
—Hmm, entonces, ¿nos vamos?
—¿A dónde vas tú?, porque, que yo sepa, yo me regreso sola…
—Hace poco te mareaste, no te dejare ir sola.
—¿Acaso eres un acosador? —pregunto Rukia sin obtener mas respuesta que el rostro inexpresivo del pelinegro. — Aah, de acuerdo, pero solo a la estación.
—Vamos— respondió Ulquiorra mientras metía las manos en sus bolsillos y se ponía en marcha.
Rukia pronto le siguió. Los pasadizos pronto estaban llenándose más, debido a la gente que salía recién de sus calces. Una gran cantidad de alumnos se dirigía hacia las plantas superiores, ya que al parecer estaban en algunos clubes.
Al llegar al primer piso, se encontraron con una muchedumbre de estudiantes que eran abordados por delegados de los clubes que buscaban reclutarlos para estos.
—Como están, ¿son de primero cierto?, ¿están interesados en la esgrima?, nuestro equipo es mixto, pueden unirse si desean, la pasaran bien, se los aseguro…— les propuso un estudiante abordándolos de repente.
—No gracias— respondió el pelinegro tajantemente.
—Ulquiorra, ¿estas en algún club? —preguntó Rukia, tenía cierta curiosidad por saber esto, quería saber si había mejorado en socializar con la demás gente.
—Bueno, quizá
—¿En serio?! ¿Cómo que quizá?
—¡Ulquiorra-san! — exclamo una joven que se acercaba por atrás sorteando a los delegados que se peleaban por reclutar a los estudiantes nuevos.
Como era costumbre del pelinegro, ignoro el llamado hasta que Rukia lo obligo que se detuviese.
—Ulquiorra-san, que bueno que lo alcance, el sempai trajo el libro que estaba buscando, me mando a buscarle, además ¿Por qué no ha ido al salón del club?
—Así, que sigues teniendo aquel gusto por las lecturas extrañas, ¿eeh? — pregunto la azabache divertida.
—Bueno, supongo que debo agradecerle al presidente del club, iré un momento, pero espérame cerca, no me tardo. — le respondió el joven de ojos esmeralda.
—De acuerdo, pero esperare fuera, aquí hay demasiada gente además no quiero que intenten reclutarme…
Ulquiorra asintió mientras volvía los pisos superiores acompañado de la hermosa joven.
Rukia sin darse cuenta estaba sonriendo, Ulquiorra seguía siendo tal como lo recordaba, era bueno encontrarse con alguien de su niñez, ahora que lo pensaba, podría decirse que su amistad no se había deteriorado a pesar del tiempo, ya que aprecia que tan solo hubiera sido ayer la última vez que lo vio.
El viento agito sus ébanos cabellos cuando llegó al exterior, Rukia al sentir aquel viento gélido deseo estar en casa ahora mismo, descansando, aunque ahora que lo recordaba tenía un par de trabajos para mañana. Y esto le hizo deshacerse de la imagen mental que se había formado de ella descansando cómodamente junto a una taza de chocolate.
Encontró una banca libre junto a un árbol en aquel especie de boulevard al lado de la avenida. Decidió sentarse y esperar ahí al pelinegro. Contemplaba los edificios cubiertos por la neblina, y el vaho de aliento que salía por su boca al exhalar. Se fijó la hora en su celular y se dio cuenta de que Ichigo debía estar ya trabajando, aunque hasta ahora no sabía muy bien donde o en que trabajaba. Aquel frio le hacía desear estar ahora en casa junto a él; y al pensar en esto no pudo evitar sorprenderse un poco, recordaba hace poco tiempo atrás, definitivamente su vida diaria había cambiado en tan poco tiempo, y todo gracias a Ichigo, lo único de lo que podía lamentarse ahora era el haberlo conocido a estas alturas y circunstancias de su vida, aunque si tuvo que pasar por todo aquello para conocerlo, lo aceptaba.
Ensimismada en sus pensamientos no se percato de la persona que se iba acercando hasta la banca donde se encontraba ella, no hasta que estuvo sentada a su lado.
—Rukia…— lo llamo aquella voz. — Tenemos que hablar…
La pelinegra se sobresaltó al saber de quién venían aquellas palabras, era Kaien. No podía describir el miedo que la embargo al estar cerca de el después de tanto tiempo, y justo ahora cuando creía que tal vez todo iría bien.
—¿Qué es lo que quieres?, ¡¿porque estas aquí?! —exclamo intentando sonar fuerte mientras se levantaba e intentaba alejarse de él.
—Rukia, cálmate, no te hare nada, en verdad, solo necesito que escuches lo que…— respondió Kaien intentado calmarla mientras se acercaba.
—¡No te acerques!
—Rukia, ¡solo escucha! — exclamo el pelinegro mientras intentaba apoyar su mano en el hombro de la azabache intentando calmarle. Pero antes de que pudiera hacerlo una mano blanca como el cielo de invierno, lo detuvo.
—¿Qué es lo que quieres? — pregunto un joven salido de la nada, sus ojos esmeralda, y su rostro totalmente inexpresivo le sorprendieron de sobremanera. Para Kaien era la primera vez que observaba a alguien tan extraño.
—¿Y tú quién eres?, ¡metete en tus asuntos! — respondió Kaien, intentado alejar al extraño.
—¡Ulquiorra!, gracias al cielo— exclamo Rukia aliviada poniéndose detrás del extraño.
—¿Te encuentras bien? — pregunto el joven, obteniendo un asentimiento de cabeza de Rukia.
—Rukia, en verdad no busco hacerte nada ni molestarte; solo quiero que me escuches, tienes que escucharme…
—¡No!, aléjate, ¡no tenemos nada que hablar!, ¡pensé que lo habías entendido hace tiempo!
—Rukia, no lo malinterpretes, no tiene nada que ver sobre lo de nosotros, es sobre…
—Creo que te pregunte algo, ¿cierto?, por favor responde, ¿Qué es lo que quieres? —lo interrumpió de nuevo Ulquiorra.
—No te tengo que responder nada, ya te respondí, metete en tus asuntos…
—Te equivocas, son mis asuntos, de alguna forma tengo que ver con esta mujer, y no puedo permitir que la atormentes, ella tampoco lo quiere…
—¿Eeh?, ¿tienes que ver con ella? ¿En qué forma?!, Rukia, ¿qué significa eso?, ¿Qué sucedió con Kurosaki? —preguntó Kaien extrañado y algo molesto.
—Te equivocas, no es…
—No ha sucedido nada conmigo, Kaien, aunque también me gustaría saber que significa eso…— intervino Ichigo quien se dirigía hacia ellos caminando con las manos dentro de los bolsillos de su abrigo, llevaba una bufanda gris alrededor de su cuello, y tenía el rostro algo magullado y con una gasa cubriendo la parte derecha de este.
La mirada inquisitiva del pelinaranja se posó en Kaien, Ulquiorra y finalmente en Rukia quien se preguntaba cómo había terminado en aquella situación…
Bueno, ¿lo siguiente será una escena de los tres peleándose por ella?, pues nop. Ishida descubrió algo al parecer sobre el ataque que recibieron Ichigo y los otros, por otra parte, no se sabe porque Isshin no ha contactado a su hijo, y además están los mareos de Rukia… Aizen está preparando algo, y hay otros personajes que también saben quién es el en verdad y están con él, no todos son lo que aparentan, capaz tengan una idea de a quienes me refiero, y no, no son aquel par de espadas, o quizá. Bueno, ahora si me despido, se cuidan, nos estamos leyendo.
PROXIMO CAPITULO: Mala Compañía
