Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-Capítulo 20-
Había mucha gente en el aeropuerto, y aquel hecho no ayudaba en absoluto a mis destrozados nervios.
– ¿Seguro que vas a estar bien? –me preguntó de nuevo Bella, observándome con detenimiento.
–Sólo me voy a Dallas, no a Marte. Además, no es como si jamás hubiese estado allí.
–Pero no pareces muy convencida –intervino Edward meciendo lentamente el capazo en el que se encontraba Nessie durmiendo.
–Estoy totalmente segura –aseveré, aunque no con tanta firmeza como me hubiera gustado. –Es sólo que estoy nerviosa. No sé cómo me recibirá Cynthia… Hace más de un año que no nos vemos.
Había hablado con mi hermana la noche anterior y le había explicado por encima la situación en la que me encontraba. Pensé que lo normal sería avisar a mi familia de que volvía a Dallas, y me sorprendí muy gratamente cuando Cynthia se ofreció para ir a buscarme al aeropuerto al día siguiente. No obstante, estaba bastante nerviosa por nuestro encuentro.
Bella me miró con comprensión y me rodeó con un brazo para darme ánimos.
–Es tu hermana, Alice, y por lo que me has contado vuestra relación siempre fue buena.
–Sí, siempre lo fue, pero no sé… –sacudí la cabeza para alejar los pensamientos negativos. –Todo saldrá bien.
–Claro que sí –me apoyó mi amiga.
Miré mi reloj y me percaté de que ya iba siendo hora de que accediera a mi terminal, por lo que, acercándome al capazo de Nessie, le acaricié la carita, las manos y le di un beso en la mejilla.
–No te olvides de tu madrina, ¿eh?
–No lo hará. No te vas Marte, sólo a Dallas, ¿verdad? –bromeó Edward y, limitándome a sonreír, le di un fuerte abrazo.
Hice lo mismo con Bella, y respiré hondo cuando estuvieron a punto de superarme las lágrimas.
–Nos veremos pronto –les dije con seguridad, deseando que así fuera.
–Eso no lo dudes. Y acuérdate de llamarnos en cuanto llegues –me pidió Bella, y yo asentí firmemente.
Recogí las maletas que me había llevado, pues la gran mayoría de mis cosas aún estaban en Seabrook, y me decidí a comenzar mi nueva vida con buen pie.
En cuanto el avión aterrizó en Dallas y recogí las maletas de la cinta transportadora, salí al vestíbulo del aeropuerto más nerviosa que antes. Hacía más de un año que no veía a mi hermana, y temía que el poco contacto que habíamos mantenido afectara negativamente a nuestra relación.
– ¿Alice? –escuché que alguien me llamaba desde atrás, y me giré para encontrarme casi de frente con el rostro jadeante de mi hermana.
Parecía que había venido corriendo.
– ¡Hola, Cynthia! –solté las maletas y casi me arrojé sobre ella, sin poder creer la felicidad que acababa de embargarme. Ni siquiera me había dado cuenta de lo mucho que la había echado de menos.
Ella también me abrazó con fuerza y después me separó lo justo de su cuerpo para poder verme bien.
– ¡Pero qué guapa estás! ¡Y te has cortado el pelo! –apuntó acariciándome las puntas con sus dedos.
–Uff, ya hace tiempo de eso. Antes estaba bastante más corto –le expliqué. – ¿Y tú qué? ¡Estás genial!
Mi hermana siempre había sido muy guapa a pesar de que ella se parecía más a nuestro padre y yo más a nuestra madre. El cabello de Cynthia era castaño oscuro y rizado, y sus ojos grises eran idénticos a los míos. Por otra parte, ella era bastante más alta que yo y su complexión era un poco más ancha, pero no por eso dejaba de ser atractiva.
Entonces me percaté que detrás de ella, casi escondidos, estaban mis dos sobrinos observándome con vergüenza.
– ¡Pero si te has traído a los peques! –me agaché hasta que quedé a su altura, y miré a los dos niños que no se apartaban de las piernas de su madre. Hice cálculos mentales y recordé que seguramente rondaban los seis años los dos, pues eran mellizos. – ¿Os acordáis de mí?
Henry observó a su madre durante un segundo, mientras que Marie no dejó de mirarme.
–Es la tía Alice, claro que la recordáis –les explicó Cynthia.
Henry asintió lentamente y Marie se acercó para rodearme con sus bracitos, haciéndome reír. Me dije que no tardaría en ganarme a Henry, así que poco después los cuatro salimos del aeropuerto y subimos al coche de Cynthia.
– ¿Cómo está Alec? –le pregunté por mi cuñado en cuanto estuve sentada en el asiento del copiloto.
–Oh, está bien. Trabajando mucho, pero bien –respondió ella después de arrancar.
– ¿Y nuestros padres?
Cynthia me dedicó una mirada de reproche que me inquietó.
– ¿Cómo no le dijiste nada a mamá de que volvías a Dallas?
Me encogí en mi asiento, nerviosa de repente.
– ¿Se lo has dicho tú?
– ¡Se me escapó! Además, ¿y yo qué sabía que no le habías dado la noticia?
Me mordí el labio y suspiré, resignada.
–Ya sabes cómo es… –intenté explicarme.
Nuestra madre era la mujer más exasperante que había en el planeta Tierra. Siempre iba de acá para allá hablando por los codos y poniendo nerviosa a la gente. No le había dicho nada porque era consciente de que se pondría histérica al enterarse de que iba a divorciarme de James, pero sabía que ya no tenía escapatoria posible.
–Sí que lo sé, porque estuvo a punto de pegarme cuando le pedí que no me acompañara al aeropuerto –Cynthia suspiró sonoramente, harta. Por lo menos entendía mi postura respecto a nuestra madre. –Ya rendirás cuentas con ella, pues en cuanto lleguemos te sermoneará de lo lindo, ya verás.
Tragué salva ruidosamente y crucé los dedos para que la cosa no fuera tan mal como mi hermana estaba prediciendo. Temía a mi madre, pero no a mi padre, pues él era el hombre más bueno que había conocido nunca. Ni Cynthia ni yo comprendíamos cómo dos personas tan diferentes como lo eran mi padre y mi madre podían llegar a amarse tanto como lo hacían
–Bueno, así que te vas a divorciar de James –mi hermana cambió de tema, distrayéndome de mis anteriores pensamientos.
–Sí. Yo… –me rasqué la frente, nerviosa, pues no le había explicado nada más. –Estoy enamorada de otro hombre.
Cynthia apartó sus ojos de la carretera para clavarlos en mí. Conocía esa mirada, y por un momento me asustó. La usaba cuando quería saber algo con todo lujo de detalles, pero me dije a mí misma que no era buena idea explicarle todo lo ocurrido con los niños discutiendo en el asiento trasero del coche.
– ¿Qué hombre? ¿Le conozco?
–Es Jasper –me dije que cuanto antes lo soltara, antes se acabaría la tortura.
Mi hermana frenó en seco ante un semáforo en rojo y casi giró todo su cuerpo para mirarme detenidamente.
– ¿Jasper? ¿El Jasper que iba contigo a clase? ¿El Jasper que fue tu mejor amigo hace años? ¿ÉSE Jasper?
–Sí, ése Jasper. ¿Quién más si no?
La boca de mi hermana se abrió casi hasta el suelo, pero volvió a poner en marcha el coche cuando el semáforo se puso en verde.
–No puedo creérmelo. ¿Cómo ha sucedido?
Le expliqué en resumidas cuentas que Jasper había ido hasta Seabrook para despejarse y todo lo demás sin demasiados detalles, y cuando terminé, me di cuenta de que ya habíamos llegado a casa de mi hermana. Los niños bajaron con rapidez del coche, pero Cynthia me sujetó la muñeca para que no saliera.
–Me debes una gran explicación, hermanita.
Asentí en silencio y salí del coche con temor, esperando encontrarme a mis padres en cualquier momento.
Un par de horas después, me encontraba sentada entre medio del cuerpo menudo de mi madre y el de mi padre, que no me había soltado la mano desde que habían llegado a casa de mi hermana hacía un rato.
–Así que te vas a divorciar de tu marido –murmuró mi madre por enésima vez, enfurruñada, haciéndome rodar los ojos. – ¿Por qué?
–Ya te lo ha dicho, mamá –me defendió Cynthia. –Porque James la engañó.
–Pero no es sólo por eso. Yo… me he enamorado de otro hombre –intervine.
Mi madre me miró escandalizada, y mi padre, hombre de pocas palabras, se limitó a apretar con fuerza mi mano.
– ¿Así que has dejado a tu marido sin más y te has tirado de cabeza a la piscina sin saber si ése otro hombre te ama?
–Sé que me ama, mamá. Lo sé con seguridad.
Mi madre me miró con los ojos entrecerrados.
– ¿Podemos saber quién es ese hombre?
Respiré hondo, nerviosa.
–Él es… Jasper.
– ¿Qué Jasper?
No podía creerlo. ¿Es que nadie se acordaba de él o qué?
–Jasper Whitlock.
Se hizo el silencio en la habitación, y sentí la cálida mano de mi padre alrededor de la mía, dándome ánimos.
– ¿Jasper Whitlock? –volvió a preguntar mi madre, anonadada.
Entonces, casi sin pensármelo, me puse en pie soltando la mano de mi padre y miré a mi madre fijamente.
–Sí, sabes perfectamente de quién te hablo, mamá. Y me da igual si no te parece bien –durante un segundo me sentí como una adolescente rebelde, por lo que respiré hondo e intenté tranquilizarme. –Sé que te encantaba James, pero jamás llegué a amarle, ¿comprendes? Yo nunca tuve con él lo que tú has tenido siempre con papá. Yo amo a Jasper, y siempre ha sido así.
–Entonces, ¿por qué te casaste con James?
No podía explicarles la verdad a mis padres. Cynthia me entendería cuando se lo contara, pero a mi madre le daría un infarto si se enteraba de lo que había sucedido entre Jasper y yo la noche anterior a mi boda.
–Porque le quería mucho, y pensé que estaba enamorada de él. Jasper estuvo en Seabrook hace unas semanas; y sí, todo sucedió muy deprisa, pero gracias a él me di cuenta de que he pasado tres años con alguien a quien no amaba y que tampoco me amaba. James consiguió anularme y jamás me apoyó en nada, mamá –le expliqué con un encogimiento de hombros. –Yo no quiero eso. Quiero ser feliz con alguien que me ame, y sé que Jasper lo hace.
Mi madre suspiró y agachó la cabeza, pero mi padre, en cambio, se levantó y me rodeó con sus brazos.
–Nosotros aceptaremos todo lo que te haga feliz, hija. Y si estás segura de que lo que quieres es pasar el resto de tu vida con Jasper, pues que así sea.
Me mordí el labio y estreché a mi padre contra mi cuerpo con fuerza, agradeciéndole en silencio sus palabras. Mi madre, por el contrario, fue más difícil de convencer porque le preocupaba lo que pudieran decir los demás de mí, pero eso a mí me daba absolutamente igual.
Cuando nuestros padres se marcharon después de comer, Cynthia se sentó a mi lado en el sofá con una sonrisa satisfecha.
–Ha sido difícil, ¿verdad?
Asentí en silencio, apoyando la cabeza sobre el hombro de mi hermana.
–Demasiado. Mamá es tan testaruda…
Cynthia y yo permanecimos en silencio durante unos largos segundos en los que me permití cerrar los ojos y desconectar del mundo. Pero mi tranquilidad no duró demasiado, pues mi hermana me preguntó:
–Y… ¿qué vas a hacer a partir de ahora?
– ¿A qué te refieres?
– ¿Esta noche te vas a quedar aquí o irás con Jasper?
Me lo pensé en silencio.
–Yo… quería darle una sorpresa, pero antes me gustaría hablar con Rosalie.
– ¿Con Rosalie? ¿Por qué?
Me encogí de hombros.
–Perdimos el contacto de una forma muy tonta y me gustaría recuperar su amistad. Ya sabes que siempre fue mi mejor amiga, y hace mucho que no sé nada de ella –expliqué. – ¿Tú mantienes el contacto?
–Claro, ambas vivimos en la misma ciudad –me dijo como si fuera lo más obvio del mundo. –Es cierto que no nos vemos tanto como antes, pero solemos quedar una vez al mes para ponernos al día.
–Y… ¿te ha preguntado por mí en alguna ocasión?
Mi hermana sonrió ampliamente.
–Siempre que nos vemos me pregunta cómo estás. Sé que te echa de menos.
– ¿Tú crees?
–Claro. Siempre fuiste su mejor amiga, e imagino que tampoco le gustó perder el contacto contigo.
Sonreí, más alegre y más convencida que antes. Tal vez lo mejor sería que aquella tarde le hiciera una visita a mi anterior mejor amiga.
–En ese caso, creo que lo mejor será que vaya a verla hoy mismo.
–Me parece perfecto. Pero… ¿qué harás con Jasper? ¿No le vas a decir que estás aquí?
–No. Que sufra un poquito más.
Una parte de mí me decía que no debía hacerle aquello, pero si él estaba dispuesto a darme una sorpresa a mí, yo estaba dispuesta a darle una sorpresa a él.
¡Hola!
Pues nada, ya tenemos a Alice en Dallas. Tranquilas, en el próximo capítulo ya se reencontrará con Jasper (culpa mía por decir en el capítulo anterior que faltaban varios capítulos para eso, ya no sé ni en qué día vivo xD) Bueeeeno, ya conocemos un poco más a la familia de Alice, ¿qué os han parecido? Aprovechad, que si no me fallan las cuentas, sólo quedan dos capítulos más y el epílogo para terminar este fic.
Espero que os haya gustado este capítulo y que me lo digáis con un review :) Y respecto a un review que recibí hace poco de una chica que no tiene cuenta, debo decir que Liz, siento no haber podido escribir lo que me pediste. Espero que pasaras un grandísimo cumpleaños, pero esta semana ha sido de locos para mí y he tenido 0 inspiración (mi musa estaba de vacaciones, y ahí continua la muy desvergonzada). De veras que lo siento mucho.
Como quien dice ya no volveré por aquí hasta el año que viene, así que espero que paséis una muy buena entrada al año 2013 y que seáis muy muy felices :D
¡Hasta pronto! Xo
