MAGIA ELFICA
Rumil y Orophin estaban realmente preocupados, Lord Celeborn parecía ser la imagen misma de la Venganza.
-Hermano, no podemos seguir así, el Paso del Ogro es el lugar ideal para una emboscada, debemos hacerlo razonar- dijo Orophin a Rumil.
Rumil sólo asintió con la cabeza y acelero su caballo para quedar a la altura de Celeborn.
-Mi señor, esto es una locura!, nos estamos metiendo en una trampa y usted lo sabe!
Pero Celeborn parecía haber construido una muralla a su alrededor, era como si cabalgara sólo.
Orophin los alcanzó y viendo la indiferencia de Celeborn, trato de llamar la atención de su padre de una manera diferente.
-Ada! Por favor! Escúchanos, nos llevas a la muerte!
Celeborn escuchó la súplica de su hijo, y dentro de su retraimiento comenzó a darse cuenta de que había arrastrado a sus dos hijos con él, …. No podía permitir que nada les pasara, jamás se lo perdonaría!.
Celeborn comenzó a detener a su caballo -¿Qué estaba haciendo?!, jamás había reaccionado de una forma tan irracional!
-Ada?- preguntó Orophin marcando el alto a los demás elfos e indicándoles que les dieran un poco de espacio.
-….. lo siento hijos míos….no pensé…..que estoy haciendo?
-Ada, no sabemos lo que está pasando, tú no eres así, no podrías confiar en nosotros?- le pregunto Rumil mientras desmontaba y tomaba las manos de su padre, que ahora temblaban.
- Si hijo mío, confiare en Ustedes, pero ahora debemos regresar, que estupidez la mía! No puedo creer lo que hice, por mi sed de venganza los estaba llevando a un gran peligro!.
-Ada, tu sabes que te seguiremos hasta el mismo fin del mundo, pero tenemos miedo, no eres el mismo, y estas desconcentrado, irracional y lleno de enojo, tu nos has enseñado que jamás debemos tomar este tipo de decisiones cuando estamos así.- Le dijo Orophin a su padre.
-Io-nin, que haría sin ti,…. Sin los dos!
En ese momento se escuchó el zumbido de una flecha y uno de los guardias que estaban más próximos a la familia cayó.
-Orcos! Gritaron los demás
De inmediato todos se pusieron a la defensiva, Rumil y Orophin se pusieron frente a Celeborn que aún seguía montado.
-Debemos huir, son demasiados ¡ gritó Celeborn al ver como más de 30 orcos se acercaban hacia donde estaban.
Rápidamente Rumil ayudo al guardia que había caído a subir al caballo de uno de sus compañeros y dio la orden de retirada, si lograban llegar al cruce de camino se encontraría con una patrulla de elfos que custodiaban el lugar.
Mientras los Guardias comenzaban la huida, Celeborn y sus dos hijos trataban de cubrir la retaguardia.
-al cruce de caminos! Vamos, a toda velocidad! Ordenaba Celeborn mientras comenzaba a seguir a los demás.
-Rumil, Orophin, vamos! A todo galope! – grito Celeborn a los dos elfos quienes desde sus sillas disparaban flechas sin cesar en contra de la horda de orcos quienes se acercaban cada vez más.
Los dos elfos de inmediato comenzaron la retirada y urgieron a sus caballos a comenzar un trote veloz.
Celeborn al ver que sus hijos comenzaban la huida dio la vuelta para seguirlos pero en ese momento un dolor intenso surgió de su hombro derecho, una flecha había penetrado su armadura provocando que cayera de su caballo.
-Ada! Gritó Rumil tratando de detener a su caballo para regresar por su padre.
-NOoooooooooo! Gritó Celeborn al mismo tiempo que utilizando su energía y su habilidad de hablar con los animales, daba la orden a los caballos de sus hijos y sus guardias para que no se detuvieran.
Rumil y orophin veían aterrorizados como sus caballos desobedecían sus órdenes y los seguían alejando mientras los orcos comenzaban a rodearlo.
Celeborn se encontraba rodeado de Orcos, pero se sentía aliviado de haber alejado a sus hijos y los demás elfos del lugar, si alguien tenía que pagar por su estupidez sería él y no los demás. Tomando su espada con el brazo izquierdo comenzó a luchar con las bestias.
Uno a uno comenzaron a caer las asquerosas creaturas pero eran demasiados, Celeborn se estaba cansando rápidamente, seguramente la flecha que aún tenía encajada en el hombro tenía alguna clase de veneno.
Una de las bestias se acercó lo suficiente para darle un golpe en la cabeza con la empuñadura de su espada, Celeborn cayó de rodillas tratando de recobrarse lo más pronto posible, pero todo era inútil varias bestias ya lo tenían sujeto.
-Precioso elfo, deja de luchar!, aunque nos encantaría arrancarte cada pedazo de piel y carne que tienes, nuestras ordenes son llevarte con vida con nuestro amo!, le dijo un orco que parecía ser el líder.
-AAAAAAAh gritó Celeborn, uno de los monstros había arrancado la flecha.
-Gritas muy bien señor elfo! Quizás podamos escuchar un poco más de tus gritos mientras llegamos con nuestro amo.
-Quizás podamos divertirnos contigo, mi amo dijo que te lleváramos vivo….pero no dijo en que condiciones! Jajajajajaja
Celeborn sentía como el miedo llenaba su corazón, sabía que había cometido un error, pero daba gracias a los Dioses de que él fuera la única víctima.
-Preparen a nuestra preciosa carga, debemos regresar de inmediato! Gritó uno de los Orcos, ataron las manos de Celeborn en su espalda, sin importar la herida del hombro, colocaron una cuerda en su cuello y comenzaron su camino.
-Esperen!- grito el Líder- éste no es un elfo normal, es un hechicero, póngale mordaza y tapen sus ojos, así evitaremos que nos hechice.
Celeborn sintió como ponían en su boca un asqueroso pedazo de tela y con otro le robaban la vista, a empujones y tropiezos lo obligaron a emprender el camino, cada vez que caía se hacía merecedor a patadas y empujones, mientras sus captores reían.
…
Glorfindel pudó escuchar el trote de varios caballos y sintió como su caballo se hacía a un lado del camino.
-Daro! Daro! Gritaban múltiples voces
Esas eran las voces de Orophin y Rumil, identifico de inmediato.
Glorfindel sintió como Nennya comenzaba a irradiar energía de inmediato y los caballos se detenían por fin.
¿Qué pasa?!- gritó el Cazador de Balrogs.
-¡¿Glorfinde!?- preguntó Orophin mientras recuperaba el control de su montura.
Lord Celeborn! Lo atraparon los orcos, estábamos a punto de llegar al paso del ogro cuando nos atacaron, quisimos quedarnos a luchar pero Mi Señor hechizo a nuestros caballos!, no nos podíamos detener. – exclamó uno de los guardias.
-Elbereth! Exclamó Glorfindel, - debemos ir por él, no podemos dejar que se lo lleven!
Sin pensarlo dos veces Glorfindel comenzó a cabalgar, todos los elfos lo veían indecisos, que no era Glorfindel aquel Elfo que había quedado ciego?
-Que esperan!? Grito Glorfindel mientras seguía avanzando.
Orophin y Rumil se observaron el uno al otro y asintiendo dieron la orden a los demás.
-Salbeth, llévate al herido y sigue adelante, ve por los demás al cruce del camino y síguenos. Los demás, vamos, no podemos permitir que nuestro Señor nos sea arrebatado.
-Por Lothlorien! Por Lord Celeborn!
Comenzó un galope a toda velocidad, todos sabían que la vida de su líder estaba en juego, y daban gracias a los Dioses por darles la oportunidad de hacer algo por él.
Cuando llegaron al punto donde habían sido atacados, no encontraron nada más que una flecha rota.
Glorfindel seguía montado y sólo esperaba el reporte de Orophin mientras éste examinaba las evidencias.
-Mi Señor Glorfindel, sólo se lo han llevado- le dijo desesperado Rumil.
-Huelo sangre elfica- dijo Glorfinel.
-Así es mi señor, antes de que hechizara a nuestros caballos Lord Celeborn fue herido en el hombro derecho, éstas bestias han arrancado la flecha.
-Dame la flecha- Glorfindel pudo sentir con sus manos la tosca arma y cuando llego a la punta la acerco a su nariz.
-Esta flecha esta envenenada, debemos encontrarlo antes de que sea tarde. Vamos, a sus caballos! Seguiremos el rastro de estas bestias y recuperaremos a Lord Celeborn!
…
-Camina Elfo!, no tenemos tiempo para descansar, nuestros amo nos espera!
Celeborn no podía más, algo estaba envenenando su sangre, lo podía sentir, cada vez se sentía más débil y el caminar herido, con las manos atadas y a ciegas no estaba ayudando en nada.
-Capitán! Gritó una de las bestias que llego cabalgando en un lobo- los demás elfos nos están siguiendo!
-Prepárense muchachos parece ser que después de todo tendremos diversión en éste viaje.
-Sujeten a nuestro huésped a esa piedra y quítenle la venda de los ojos no queremos que se pierda el espectáculo.
De inmediato dos orcos arrastraron Celeborn hacia una roca y lo amarraron, retiraron la venda de sus ojos y comenzaron a ocultarse detrás de las rocas y árboles que había al lado del camino.
Celeborn dentro de su delirio veía todo esto sin poder hacer nada, no entendía lo que estaba pasando, porque se habían detenido? Porque se estaban ocultando?
Preciosos minutos pasaron y todo parecía estar en total silencio, Celeborn sabía que los orcos estaban ocultos y ansiosos pero no entendía a quién estaban esperando, él se había hecho cargo de que su escolta y sus hijos huyeran, aaaah si tan sólo pudiera pensar con claridad, parecía que ogros estaban bailando en su cabeza.
Como entre neblinas Celeborn pudo distinguir que alguien se aproximaba, un gran caballo blanco estaba entrando al claro y su jinete…..Glorfindel?, no, no podía ser él, esa flecha debía tener algo, quizás el final se estaba acercando, ya comenzaba a delirar.
Glorfindel entró al claro, sólo podía ver la vegetación pero algo más brillaba, una silueta que parpadeaba, él reconocía esa silueta, era Celeborn!, rápidamente bajo de su caballo mientras escuchaba los susurros delos árboles.
-Cuidado Cazador de Balrogs, estas rodeado por el enemigo! Se ocultan como ratas entre nuestras raíces y rocas.
Glorfindel sabía que esto era una trampa, de hecho contaba con ello, poco a poco los demás elfos se acercaban rodeando el claro, subiendo a los árboles más cercanos mientras veían con desprecio como los orcos comenzaban a relamerse al sentir una victoria fácil.
Tan sólo esperaban la señal de Glorfindel.
El apuesto Elfo, tomó su espada y se comenzó a acercar lentamente a donde estaba el Señor de Lothlorien
Celeborn se dio cuenta entonces de que no estaba alucinando, en verdad era Glorfindel quien se acercaba a él, pero cómo? No podía ver!...debía advertirle, esto era una trampa, ya había sacrificado su vista por él, no iba a permitir que sacrificara también su vida.
Comenzó a luchar con todas las fuerzas que le restaban para romper sus ataduras, y quitarse la mordaza de la boca para gritarle a su ex amante que huyera que lo dejara, que se salvara, pero no lo podía hacer.
Glorfindel sólo escuchaba como Celeborn luchaba por liberarse y como trataba de gritar pero algo se lo impedía.
El Capitán de los orcos sonreía complacido, había visto los ojos del recién llegado y se había dado de que era ciego.
Saliendo de su escondite se acercó lo más silenciosamente a su nueva presa.
Celeborn veía todo esto angustiado, redoblaba sus esfuerzos para liberarse pero todo era inútil, el orco había levantado su espada y se preparaba para lanzar una estocada mortal a la espalda del elfo ciego.
Pero justo en el momento en que la espada orca bajaba a la espalda del indefenso elfo, éste giro con una velocidad increíble y paro el golpe con su propia espada.
El orco sorprendido no entendía como había podido hacerlo, estaba ciego por Mordor!
-Puedo escuchar tu sucia respiración bestia infernal.
En ese momento los demás orcos comenzaron a salir de sus escondites, seguros estaban de que ésta sería una oportunidad para sus sangrientos juegos.
-Es increíble pensar que siquieras hayas llegado aquí….elfo! le dijo el capitán a Glorfindel mientras lo rodeaba.
-eres en verdad un elfo muy especial, creo que te conservare para pasar ratos agradables en tu compañía después de que entreguemos al otro a nuestro amo.
-Mi señor! Cree que podamos jugar un rato con él antes de continuar? Pregunto otro.
Glorfindel podía percibir como todas las bestias se encontraban a su alrededor, todas fuera de sus escondites.
Una sonrisa apareció entonces en el rostro del Elfo.
-De que te ríes, estás a nuestra mercedes, indefenso y sólo pequeño elfo.
-Y quien te dijo, apestosa creatura …..que estoy sólo.
-Disparen! Se escucho una voz en elfico.
Flechas comenzaron a salir de los árboles, uno a u no comenzaron a caer los orcos, quienes todavía no entendían lo que estaba pasando.
Glorfindel sabía que ninguna flecha era de peligro para él, pero ahora tenía que intentar llegar a Celeborn entre todos los orcos.
El capitán orco gritaba órdenes a sus huestes para que repelieran el ataque, debían llevar al prisionero a su amo o estarían muertos.
-Mátenlos! Sin piedad, acaben con esos malditos elfos!
Los orcos arqueros comenzarón a disparar hacia los árboles y 1 de cada 20 flechas parecía dar en el blanco, más por suerte que por agilidad, dos elfos cayeron heridos en piernas o brazos.
-al ataque! Grito Orophin mientras junto con sus compañeros desenfundaban espadas y cuchillos largos para atacar directamente a los orcos en tierra firme
Una batalla se desato en ese momento, Elfos y Orcos luchaban unos por su señor y los otros por su vida, y aunque los elfos luchaban con agilidad y belleza el número de orcos era superior a ellos.
En el fragor de la batalla Glorfindel trataba de llegar a Celeborn, con la ayuda de los árboles.-
Frente a ti Elfo, está en una roca, debes llegar a él, el elfo que buscas está enfermo- Cuidado a tu derecha, un orco detrás de ti!
Glorfindel trataba de escuchar a los árboles pero el ruido de la batalla lo hacía difícil, entre formas obscuras podía ver la luz parpadeante de Celeborn, pero no podía distinguir si las negras figuras eran amigos o enemigos.
Rumil vió como Glorfindel titubeaba en su andar y horrorizado vio como un orco se acercaba al distraído elfo por detrás preparando su arco para matarlo.
Rumil de inmediato lanzó uno de sus cuchillos, mismo que termino en la cabeza del orco.
-Orophin! Grito Rumil a su hermano, quien acababa de lidiar con una de las bestias.
Orophin volteó hacia su hermano quien le señaló a Glorfindel, de inmediato corrió cerca del ciego elfo diciéndole.
-Sigue Glorfindel, yo te cubro, Celeborn esta a unos 6 metros de ti hacia el norte.
A Orophin de unió su hermano Rumil y entre los dos atacaban a las bestias que querían acercarse a Glorfindel, pero todo era inútil los hermanos eliminaban a todos lo que se atrevían a acercarse.
Cuando estaba a punto de llegar a Celeborn, Glorfindel escuchó de nuevo la voz del capitán orco.
-Ni un paso más! O lo mato!
Todos quedaron en silencio, orcos y elfos observaban como el capitán de Mordor tenía a Celeborn sujeto de su cabello mientras con la otra mano colocaba una daga en la garganta de su prisionero.
-Será mejor que lo dejes ir inmundicia!- gritó Orophin mientras Rumil explicaba a Glorfindel lo que pasaba.
-Dejarlo ir? Y porque haría eso pequeño elfo?
-Porque si no lo haces morirás- grito Glorfinde,- ésta es tu última oportunidad de conservar tu asquerosa vida.
El capitán comenzó a reir y poco a poco todos los demás orcos lo siguieron.
-No lo creo estúpido elfo ciego, nos dejaran ir a todos si es que lo quieren vivo. Y diciendo eso comenzó a mover la daga en el cuello de Celeborn sacando un hilo de sangre.
-Tú lo has querido así monstro- dijo enigmáticamente Glorfindel
El zumbido de una flecha se escuchó en el claro, pero no había venido de ninguno de los elfos que se encontraban aun esperando, había venido de más allá del claro, cuando todos voltearon 15 elfos con armaduras y montados a caballo entraron al claro y comenzaron a eliminar a los orcos.
El capitán orco aún no podía entender lo que había pasado, fue hasta que se dio cuenta de que tenía una flecha clavada en el corazón que supo que habían perdido.
Rápidamente los recién llegados con ayuda de los que ya habían estado peleando dieron cuenta de los orcos que aún trataban de defenderse.
Glorfindel escuchando todo se dirigió hacia el prisionero quien luchaba por mantener la consciencia.
-Celeborn? Estas bien? Me escuchas?
Los ojos de Celeborn luchaban por seguir abiertos, podía ver el rostro de Flor de Oro.
Orophin y Rumil cortaron de inmediato las ataduras de su padre y veían con preocupación la escena.
-Glor…findel? Dijo Celeborn apenas en un suspiro.
-Si amor mío, estoy aquí, vine por ti, por favor debes resistir.
Orophin y Rumil intercambiaron miradas ¿Amor Mío?.
Celeborn miraba el rostro del otro elfo y pensó en voz alta… esto debe ser en verdad un sueño, yo ya perdía a mi Flor de Oro.
Glorfindel dejó caer una lágrima de sus ojos.
Uno de los elfos recién llegados desmontó de su caballo y se acercó a Celeborn, era el sanador de la patrulla del cruce de caminos.
Después de examinarlo y revisar la herida de su hombro miro a los demás diciendo.
-Debemos de llevarlo de inmediato a Caras Galhaton, su sangre esta envenenada, si queremos salvarlo necesitamos a Lady Galadriel.
De inmediato todos se activaron, Rumil y Orophin dieron las órdenes, los cuerpos de los orcos debían ser reunidos y quemados.
Glorfindel subió a su caballo y pidió que ayudaran a Celeborn a subir.
-Atiendan a los demás heridos yo llevare a Lord Celeborn a Lady Galadriel.
-Nosotros iremos contigo Glorfindel, dijeron de inmediato Rumil y Orophin.
Los tres comenzaron su urgente viaje con un elfo ya totalmente inconsciente en brazos de Glorfindel.
CHAN CHAN CHAN CHAAAAAN, SOBREVIVIRA CELEBORN? LLEGARÁN A TIEMPO O ESTE SERÁ UN PERSONAJE QUE TERMINA SU HISTORIA AQUÍ?
