¡Hola! Ahora sí, acá está el final, después de millones de años, aquí finaliza, gracias Susy por tu amor-odio me ayudó a escribir de nuevo, espero les gusten ¡Gracias por leerme!
Presente
"Azu nyan, creo que sería mejor que nos vayamos" la peli café cumpliría lo que prometió, la cuidaría y la sacaría de ahí y ese era el momento adecuado para hacerlo, Azusa tomó su chaqueta y dejó que Yui la llevara con ella, recordó que había dejado inconsciente a Yoshima, se soltó de Yui y fue hacia donde estaba el tipo, al llegar lo observó sin vida, sin respirar y pálido
"Te prometí que iba a cuidarte y la única manera de alejarte realmente de él, es esa, tenías razón, él no era un hombre que valía la pena dejarlo vivir" la pelinegra se preocupo, había sido la causante de que Yui, su boba y dulce chica cometiera algo horroroso, después de un momento en el que su mente solo pensaba en lo que había hecho, sintió los brazos de la ambarina alrededor de su cintura
"Lo siento Yui" la ambarina negó con un sonido suave y luego besó el cuello de la chica, acercó más su cuerpo como su instinto le guió y sin planearlo sus manos y su mente estaban sincronizadas, quitaban la chaqueta que la más joven llevaba y la blusa dejándola desnuda de la parte superior de su cuerpo
"Me gustan muchos los senos de Azu nyan, son pequeños y delicados, justo mi tipo" una pequeña y pícara risilla se le escapó, su mano estaba fría y recorría entre el abdomen y los senos de la peli negra, mientras que los labios de Yui, ellos se encargaban de la espalda de la joven, la ambarina se agachaba cada vez más, contaminó su rostro contra el trasero y la vagina de la más joven y absorbió todo el olor que pudo, estaba mojada, estaba excitada y Azusa pues ella empezaba a perderse, un pequeño gemido salió de su boca, Yui levantó la falda y rompió las medias que ella llevaba y el mismo destino para la ropa interior, con su nariz acarició la piel de Azusa, y observaba que ella estaba mojando, con sus manos le detuvo de las caderas y la trajo un poco hacia si, estiro su lengua solo para tocar con la punta de la misma, esa pequeña parte entre el ano y la vagina, pudo sentir el sabor de ella, con una de sus manos la inclino para que aquella hermosa vagina se dejase ver y vaya que era increíble, más perfecto era imposible y sin dudar y sin delicadeza metió su lengua, era como si no se pudiera controlar al sentir el olor de ella y su sabor, eso era algo inexplicable, lo quería todo, todo lo que había en esa vagina, sentir sus labios contra los de ella mientras le saboreaba y además para ser más perfecto, la melodía que salía de su boca, cada vez que su lengua recorría y tocaba ese punto que hacía que Azusa se inclinara más.
Yui no era más una boba cuando se trataba de aquello, iba por ello y ahí estaba, enloquecida por la lengua de ella, estremecida por aquellas manos firmes que le detenían, estaba apoyada sobre aquel abdomen de ese hombre muerto y le importaba lo más mínimo, con una de sus manos logró llegar a la cabeza de la ambarina y la presionó contra ella, quería sentirla lo más profundo que se pudiera, además de estar fascinada por ese sonido que Yui hacía mientras acababa con todo lo que ella tenía, parecía un oso que devora toda la miel del lugar, le fascinaba, ahora las cosas empezaban a equilibrarse, ella no era más una niña avergonzada, era una mujer que era capaz de complacerla de todas las maneras que ella quisiera o necesitara, sintió las pequeñas uñas de Yui en su cadera, eso le fascinó, Yui se levantó y verla por el espejo, su boca y su mandíbula llena de ella, le elevó su ego, se sentía dueña del mundo, lo era, aquella chica era su mundo, con una pierna la ambarina empujó el cadáver y este cayó al suelo, inclino a Azusa contra ese mueble, soltó el cabello de la chica y levantó la pierna de ella para que quedara sobre el mueble, y pudiera ver aquella vagina dándole la bienvenida, el cabello negro de Azusa en toda la espalda, aquell pequeña cintura y sus muslos elevados, besó la espalda de aquella chica, y metió sus dedos, no fue difícil, estaba tan húmeda que no tuvo que contenerse, primero conocío con sus manos aquel paraíso y cuando ya estaba cómoda dentro de ella, movió sus mano despacio y aumentaba su ritmo poco a poco, la ojos marrón solo gemía y pedía que fuese más rápido.
"Quitate la ropa" Azusa pidió entre gemidos, Yui obedeció, la verdad es que le estorbaban, quedó totalmente desnuda como su amante se lo pidió
"Abrazame y roza tu cuerpo con el mío" abrazó a la más joven, sentir el cuerpo tibio de ella, que placer, ella movía sus caderas cuando las de la ambarina quedaban pegadas a las suyas, Yui podía sentir la humedad de ella en parte de su intimidad, deslizó su mano hasta llegar al cabello de la más joven entrelazo su mano con aquel sedoso y hermoso cabello negro, acomodo su cuerpo contra el de ella, Azusa disfrutaba sentir los senos de Yui sobre su espalda la intimidad de ella, contraminando su cuerpo mientras ella movía sus caderas, el sonido de la humedad de su vagina que golpeaba contra el cuerpo de la ambarina le excitaba, no podía evitar gemir al sentir el cuerpo de ella contra el suyo, Azusa bajo su pierna y arqueo su cintura para presionar su cuerpo contra la mayor, estaban sincronizadas, Yui le abrazó logrando que sus cuerpos estuvieran extremadamente pegados, después de un momento Yui le inclinó de manera que la parte superior de su cuerpo quedara totalmente sobre el mueble, su pies hacia el suelo sus piernas cerradas, Yui metió sus dedos y al sacarlos los metió en su boca, Azusa se levantó se metió completamente sobre aquel mueble y Yui le siguió, se acomodaron de manera que sus intimidades quedaran juntas, la pelinegra estaba acostada boca arriba y sobre ella estaba la ambarina que movía sus caderas de una increíble manera, sus senos bailaban con cada embestidas, lo que hacía que se hiciera agua su boca, Yui se recostó y entrelazo las manos de ella con las la pelinegra, embistió nuevamente logrando acabar junto con su novia y luego sus rostro quedó con el de la pelinegra le beso, luego se acomodó para quedar recostada sobre ella, su cuerpo lleno de sudor su respiración aún agitada, la más joven sentía el corazón agitada de la chica y vio una sonrisa sutil y perfecta en aquel rostro, aquello era increíble y le importaba poco lo que sucediera después de ese momento.
Tenía dos días sin recibir noticias, lo último que habían pasado era que Ritsu y Mugi las habían dejado a Sawako y a ella tiradas y no supieron más, no sabía de Yui ni de Azusa, es como si todo aquel desorden se hubiese esfumado y todo hubiese sido un sueño, no había nada, estaba en clases de vocalización y su teléfono sonó, un mensaje y el remitente "¡Sawako!" dijo sorprendida, la maestra le miró molesta, la pelinegra se tapó la boca como reacción "¡Lo siento!" se disculpó después y salió del salón y luego de la universidad, ahí estaba el auto de Sawako, ella parecía estar en mal estado "Sube" la pelinegra no dijo nada solo se subió al auto "Sawa ¿Ha sucedido algo?" ella asintió "Sucedió que se esfumaron y no se que hacer ¿Me ayudas?" Mío negó con la cabeza "no quiero meterme en ello, eso se volvió tóxico para nosotras ¿No sería mejor que nos alejaramos?" la peli café sonrió, la entendía y desde su punto de vista en verdad tenía razón pero para ella era diferente, Tsumugi no era solo su novia, ellas tenían una relación en verdad de pareja, desde hace un par de años, ella vivían prácticamente juntas y nunca ella había desaparecido tanto tiempo, Sawako sabía que tras ese lindo rostro, Tsumugi era un ángel oscuro, la oscuridad era la herencia familiar y aquella rubia siempre había estado agradecida con las chicas, le habían dado un espacio en aquel grupo y la amistad valiosa que nunca tuvo por estar preparándose como se le exigía para heredar el negocio familiar "está bien, llámame a este número si cambias de opinión" le dio una tarjeta y la dejó frente a su casa.
Mío observaba la tarjeta que había dejado en el escritorio, observó su teléfono y el número de Ritsu, observó los mensajes, buscar todo lo que se refería a la banda y no había ninguna noticia, todo era demasiado silencioso, no sabía cómo sentirse pero su instinto de seguridad le gritaba que se mantuviera alejada y en realidad ella lo sabía, su relación con las chicas era peligrosa, no solo con Ritsu también con Azusa, estaba rodeada de mal, se preguntaba qué había pasado con Yui, no había hablado con ella desde entonces, observo los números y después de un rato se decidió marcarle a Yui, esta no contestó, pero a los minutos un mensaje llegó, habían quedado para la noche en un pequeño local y comerían elote asado y verían las luces por un rato, su amiga se escuchaba diferente, como cohibida o quizá solo estaba desanimada, Mío se levantó y busco una blusa cómoda y bonita , unas zapatillas para no tener frío y un suéter delgado por si acaso.
Yui repetía una y otra vez aquello, la muerte de aquel hombre, en ese momento le pareció lo correcto de hecho consideraba aún lo correcto pero nunca en su vida imagino que en algún punto de su vida ella asesinaría a alguien, recién había terminado su entreno, no había cruzado palabra alguna desde aquel momento, no porque Azusa hubiese desaparecido sino que simplemente no había conseguido contestarle, en aquel par de días tenía una cantidad de llamadas perdidas, la única diferente fue la de Mío, tomaría un baño y luego se vería con ella, necesitaba conversar con alguien que viera y sintiera las cosas desde su lado y que además fuera su amiga, esa era ella Mío chan, se puso su pantalón y unas zapatillas que combinaban con su blusa, tomó su bolso y salió de los vestidores.
Logró ver a la peli café, Yui lucía siempre linda y Mío había admirado secretamente en lo bien que le había caído la madurez, pero su mirada era diferente, algo cambió aquel día y le afectó de sobremanera que era notable si conocías a Yui
"Mío chan, luces, ya sabes, diferente" en ese momento la pelinegra entendió, ella también lucía como Yui, ellas ya no eran como antes "¿Cómo vos?" se quedaron en silencio, ninguna consideraba que el cambio en ellas era bueno "¿Alguna noticia?" Yui negó "No he sido capaz de hablar con Azunyan, no me atrevo a mirarla, tengo verguenza, prometí cuidarla y creí que sería fuerte para ello pero..." Mío la entendía, ellas se habían sido amigas y habían aprendido a conocerse mejor "No sé cómo hablar con Azunya, ahora fuera de todo ese asunto, yo me he acobardado y no sé qué hacer" Mío le miró "Puede que no te guste mi respuesta, así que es mejor que tomes tu decisión por vos misma" Yui asintió "Es porque Mio chan decidió alejarse ¿cierto? Pero mi caso es diferente, ella si me… ¡Lo siento Mío Chan!" dijo arrepentida inmediatamente de lo que insinuó "Tranquila Yui, es la verdad, Ritsu no sabe si me quiere o si la quiere, no sabe nade de su propia vida, ella está totalmente perdida"
Yui le sonrió, entendía a Mío su situación es complicada pero también entendía a Ritsu, ella no estaba enamorada de aquella persona, solo le quería, ella era así pero también su estancia y apoyo incondicional, era culpa, era su padre quien había ayudado a que aquella persona se convirtiera en un monstruo, era difícil saber cuál era la manera correcta de reaccionar, Mío era bastante sensible, demasiado para esas cosas, era miedosa y demasiado mal alrededor de ella, debe ser terrorífico, Mío no terminaba de crecer, no era su tiempo y bastante extraño era que Yui pensara eso, ya que siempre fue la más infantil
"Mio chan, entonces ¿es todo?" la pelinegra parecía avergonzada por su decisión pero moría de miedo, no sabía nada de Ritsu ni de Mugi, el estado de Sawako era deplorable y Yui llevaba un trauma psicológico que quién sabía si lograría superarlo, eso daba demasiado miedo, era demasiado para una cobarde como ella, tenía un pánico que ni ella podía describir.
Estaba sentada frente a su padre, aún se sentía un poco tonta y la luz en el centro le ofendía demasiado
"¿Donde estamos?" su voz sonaba un poco angustiada
"Tranquila cariño, estamos aún en el estadio" Ritsu levantó su rostro nuevamente y frente ella aquel rostro perfecto con una sonrisa malévola
"¿Maiko? ¿Qué sucede?" la pelinegra se sonrió, como le gustaba aquella chica, no podía decir que todo era mentira, el amor que sentía por aquella chica era real pero vamos el amor nunca iba a ser más fuerte que el odio en personas como ella.
"Nada, solo lo que iba a pasar, mi pequeña" la pelinegra metió la mano en el cuello de la chica deslizó sus dedos en el cabello y luego tiró de ella "Me fascinas tanto y no te imaginas lo mucho que me fastidió que te metieras con la linda Akiyama" la castaña no menciono ninguna palabra, no se sorprendió pero tampoco se lo esperaba ¿Qué había causado ese cambio? Estaba segura que ella iban a trabajar juntas y no había manera de comprobarlo pero algo había pasado para que ella fuera otra vez así, no era la primera vez que la veía así, Ritsu rio "No puedo creerlo, me encanta tu versión psicópata, así de imbécil soy" la castaña se consideraba arruinada y enferma quizás, estaba viviendo esos sentimientos y momentos donde solo la persona que lo vive lo entiende, aquella mujer le fascinaba aún cuando estaba apunto de hacerle daño, definitivamente algo quedó estropeado en su cerebro después de perder su memoria
"Naciste de un enfermo y te topaste con la muerte en su peor momento mi linda Ritsu, tu estado enfermizo es solo un pequeño precio a pagar, aunque claro no es algo que te moleste lo sé, aún" en ese momento la ojimiel puso atención a que se refería con eso
"¡Deja en paz a mi hija! Ella no tiene nada que ver, fui yo el que mató a la porquería de tu madre" Observó la ira en el rostro de Maiko esta le besó y luego con el arma le golpeó a la castaña en el rostro
"Tampoco mi padre, ni mi hermano, ni yo teníamos que ver con eso y aún así nos jodistes, porque iba a matarte y ya ¿Qué clase de imbécil te parece que soy? ¿Acaso te parece que soy una persona compasiva? Por favor, esto no es uno a uno, esto es daños colaterales, vas a sentir lo que nosotros vivimos, solo esperaremos un poco" regresó donde Ritsu, lamió la sangre que estaba en sus labios y luego le beso, aquella pequeña que ahora estaba confundida disfrutando aquel dolor, estaba tan jodidamente dañada, quizá esa sería la única cosa de la que se arrepentía de lastimarla a la única persona que logro amar a pesar de su odio infinito.
Ritsu se sentía avergonzada, no podía negarse a ella, le fascinaba y aún en aquella situación un beso de ella era un manjar, se sentía estúpida pero definitivamente iba a patearle el culo en algún momento, no podía ser tan estúpida, bueno si lo era pero como le jodía sentirse cómoda con esa situación, además empezaba a poner atención al dolor en su rostro y en sus brazos adormecidos que estaban encadenados, tenía que pensar en algo, no quería morir, no quería que ella le matara porque eso significaba que Maiko viviría con aquella culpa y ella moriría sintiendo el dolor de la traición nuevamente.
Maiko decidió moverse, llevaban dos días en aquel búnker en el estadio, llamó a uno de sus hombres y el le ayudó a llevarlos al auto, un auto azul marino polarizado al máximo, era imposible que alguien los viera, el padre de Ritsu le vió, ella tenía uno que otro golpe, nada grave en cuanto a él, su cuerpo estaba prácticamente destruido, cada que se movía o respiraba, el dolor era insoportable, tenía sed y se sentía cansado pero algo recorría su cuerpo que no le dejaba dormirse y morir, no sabía qué sustancia habían puesto en su sistema, Ritsu parecía un poco más delgada, pero Maiko cuidaba de ella, le hidrataba y le alimentaba con suero, su hija era una adulta y parecía estar haciéndose cargo de sus consecuencias, no parecía estar inconforme con la vida que estaba viviendo ¿Acaso ese era su castigo? Ver a su hija derrotada ante la hija de su enemiga, de aquella que le traicionó.
Maiko bajó para poner gasolina, todo parecía tan normal desde afuera, estaban ahora solos los dos "¿Por qué lo hiciste?" la voz de Ritsu estaba temblorosa por la debilidad "¿Alguna vez has sentido el deseo de poder y control?" su padre respiraba agitado y gimoteaba "No así ¿De qué vale?" él se echó a reír y el dolor empeoro "Yo, toda mi vida, lo quería todo, el control, el dinero y a ella pero Rit chan no lo entiende" ella parecía confundida "Nuevamente perdí y no tengo nada, ni el poder, ni dinero y ahora mi propia hija me quita a la mujer de la que estoy enamorado" él se rio "Realmente estás enfermo, estás enamorado de alguien que no existe, en verdad me das asco" tosio y sintió una presión en el pecho, Maiko regreso al auto "¿Estas bien?" pregunto suave, sabía que no estaba bien pero era su reacción inmediata cuando parecía empeorar "Estoy bien, me das un poco de agua" acercó una botella y con mucho cuidado le dio de tomar "gracias" Maiko le miró con culpa, le dió un beso "En realidad yo no quiero..." Ritsu le calló "Shuu… no necesitas explicarme nada, lo sé" entendía todo, por primera vez le entendía en verdad, no podría soportar perder a Satoshi, no podría reponerse y seguro sacaría lo peor de ella también, Yoshima no era la mejor persona del mundo pero era su mundo, no había nadie que importara como él.
Se sentía preocupada, tenía dos días exactos sin pegar un ojo, había perdido a su amiga y no podía meter a Sawako en esto, se estaba volviendo peligroso y tenía miedo, a pesar de estar preparada para ello, tenía miedo, sentía que no era lo suficientemente buena, no había podido proteger a Ritsu ni a Azusa, había separado al grupo, aquel plan era fallido ¿qué podía hacer? ¿eso era todo? No sabía qué hacer, estaba desesperada, no podía entregarle a Yui por Ritsu, la única manera que la pelinegra soltara a Ritsu era entregandole a la verdadera culpable de la muerte de su hermano pero no podía hacer eso, debía aprovecharse de los sentimientos de Maiko por Ritsu, eso la mantendría con vida por un tiempo, Mugi sobre pensaba todo, tenía que apurarse, la soledad y la desesperación hacían que las personas tomaran las peores decisiones y Maiko estaba desesperada y ahora también sola, después de acabar con el padre de Ritsu la otra opción que quedaba era, Ritsu y su propia vida, no estaba preparada para perder a ninguna de sus amigas, no aún.
Estaba sentada en su habitación oscura donde solo la luz de sus computadores el sonido de los ventiladores y los servidores se escuchaban, no había nadie más, aquella casa era la primera propiedad de su familia, cuando ellos eran felices, cuando su padre y su madre eran unidos, cuando ella era pequeña, ese era el único recuerdo de ellos juntos, luego estaba ella aprendiendo de todo y ahora era todo tan inservible, no podía pensar, simplemente moría de miedo de perder lo único real, sus amigas y la persona que quería, por no ser lo suficientemente buena, de la misma manera en que perdió a sus padres.
"No vas a perderme, lo sabes" la voz de Sawako llegó a sus oídos, ese dulce tono, ese olor invadía aquel lugar, la rubia no soportó más y lloró como una niña pequeña, se aferró a la peli café y el latido de ella le calmaba de a poco "Pero, les he perdido y no he hecho nada, no se que hacer y muero de miedo" los brazos de su novia eran lo único real, eran cálidos "perdoname" Sawako sonrió "Te pateare el culo por hacerme pasar este infierno y luego estarás perdonada" una pequeña risilla mezclada entre sollozos salió de Mugi y el corazón de Sawako empezó a calmarse, Mugi era una persona importante que estaba acostumbrada a lucir feliz y fuerte, ser débil no era una opción y ahora estaba frágil y era en esos momentos cuando era fácil de atacarla, era bueno saber que la había encontrado antes, la rubia ahora se enfocaba en sus amigas pero su vida siempre corría un riesgo constantemente por enemigos heredados, las chicas nunca supieron de esa parte de ella, solo Sawako.
"Creo que es hora que me pongas al día ¿Cómo esta la situación?" la rubia ingresó su contraseña, que era jodidamente larga tanto que Sawako se sentía hostigada, al ingresar a su sistema abrió el reproductor y vió a una Yui acabando con el hermano de Maiko, no sabía aún si ella había logrado ver aquel video o si Mugi había sido lo suficiente rápida para tenerlo antes, eliminó todas las copias posibles, pero sabía que existía esa posibilidad de que ella hubiese visto a Yui matandolo.
"No quiero que Yui sepa que lo sabemos, eso sería demasiado para ella" Sawako asintió, conocía a Yui, no era buena en situaciones como esas, la rubia le miró "Tengo que ubicarla, necesito un golpe de suerte" su novia le miró "Ya sabes lo que pienso de la suerte, no existe uno mismo la crea según la necesidad"
Lo sé pero necesito algo que me ayude, no sé cómo crearla, Sawa, tengo que hablar con las chicas pero me siento sin poder, no creo en mí y así ¿cómo puedo verlas a los ojos? La peli café se sonrió era bueno sentir que Mugi de vez en cuando dependía de ella "No necesitas mostrarles nada, estás en la misma situación que ellas, preocupada por una amiga" ella le abrazó, era agradable sentir los brazos de la rubia abrazandole, ella ahora tenía paz y podía ser útil, en cuanto a Sawako, bueno ella se puso en movimiento.
El silencio era incomodo, Yui y Mío tenían como diez minutos sin dirigirse la palabra, luego el teléfono de ambas sonó una conversación grupal, Yui, Mío y Sawako "A las diecinueve horas en la cafetería Houkago" Luego de eso, ella abandonó la conversación, las chicas se miraron, no sabían que hacer, ir y comenzar de nuevo o ignorar todo y seguir con sus vidas, ambas se retiraron sin decir nada, sabiendo que esa podía ser la última vez que se veían, dependiendo la decisión de cada una, Mío estaba preocupada era su última chance de no abandonar a Ritsu, no a la mujer que le gustaba si no a su amiga, ella era su mejor amiga pero no podía dejar de mezclar sus sentimientos, además de temer a lo obvio, respiro profundo y decidió correr hacia su casa, mientras iba de regreso su madre le marco y le pidió que llevara mezcla para pan así que tuvo que desviarse, entró al supermercado compró mezcla para pan y una para gelatina, salió del supermercado, el semáforo para pasar la calle estaba en rojo, y vio desde lejos, era ella, ese porte y ese perfecto rostro, entrando en un auto azul oscuro, en ese momento las bolsas cayeron al suelo y mandó un texto y una foto de la mayor entrando al auto "Es Maiko"
Sawako observó a la rubia sonreír "¿Qué sucede?" Mugi acercó el teléfono a la peli café "Mi golpe de suerte, es algo de los Kotubuki" Sawako le miró "¡Si claro!" la burla en ello era notable, pero le gustaba esa Mugi motivada, ella estaba poniendo su ropa de nuevo, después de aquella reconciliación, tomó su teléfono y empezó a mover a sus hombres, para tener más información.
Mío no recibió respuesta, buscó un taxi pero no encontró nada, respiro profundo y busco una solución "¡Hola! P-podrías ¿Me llevas por favor?" ella sonrió y trato de ser el tipo de chica que a tipos como él gustaba, el chico se sonrojó y le permitió subirse a su moto "¿Adonde vamos?" ella señaló el auto azul "mi mejor amiga va ahí, y estoy segura que es en contra se su voluntad" el chico lucía sorprendido y aceleró, el corazón de la pelinegra explotaba de aflicción, siempre había temido a las motos, estaba segura que estaba dejando sin aire al chico pero no podía evitarlo, estaba temblando ¿Qué podía hacer?
Estaba apunto de morir y esas eran sus dos putas opciones pero en ese momento entendió Ritsu, Azusa, Yui y Mugi eran sus amigas y tenía que tener un poco de valentía, aunque fuera un poco.
El auto se detuvo y el hombre que manejaba ayudó a sacar al padre de Ritsu y ella llevó a Ritsu, estaban en una bodega abandonada y el lugar era sucio, la moto paró al ver que el auto lo hizo, Mío se bajo y agradeció, el chico insistió pero luego Mío inventó que se había confundido y terminó dando su numero como agradecimiento, el chico se fue sonriente "Si supiera que yo..." sacudió su cabeza y con cuidado se acercó lo más que pudo, se escondió primero tras el coche y por momentos se asomaba para ver qué sucedía, todo alrededor era como sonido de fondo y su respiración y latidos eran tan fuertes que se sentía un tanto mareada pero había algo en ella que no la dejaba retirarse de aquel lugar, cuando ya no les vio se acercó más y entró a aquella bodega, un hombre robusto y bastante grande tanto que era más alto de Maiko, el llevaba a rastras al padre de Ritsu del traje fino que él llevaba, quedaba nada, estaba roto y su piel iba por el mismo camino, en cuanto a Ritsu, ella bueno, parecía ser que estaba en zona vip del secuestro, iba en los brazos de Maiko, supuso que era fácil para ella, además que ella no podía ver nada, Ritsu ahora llevaba una venda color negro sobre sus ojos, tenía los labios hinchado, egoísta pidió que fueran golpes y no besos, Mío se sintió culpable de ello pero no podía evitarlo, eran celos y no podía no tenerlos, no lo controlaba, ellos estaban cada vez más en las profundidades de aquella bodega, entraron a un pequeño cuarto hecho de madera con vidrios polarizados en verde claro, el hombre salió de la habitación y solo quedo Maiko, el Sr. Tainaka y Ritsu, Mío se acerco a aquella ventana, se asomaba por momentos, la pelinegra mayor inyectó algo en ambos y parecían estar demasiado tranquilos, ella empezó a hacer algunas llamadas pero Mío desde fuera no podía escuchar nada, trató de acercarse más pero no tenía éxito, sintió la mano de alguien en su hombro, era pesada y era obvio que era aquel hombre pero por primera vez en su vida esperaba que fuera algún fantasma, ella volteó y él se echó a reír al verle pálida del susto, la arrastró a la habitación, la empujó y cayó a los pies de ella, de Maiko, esta se agacho para quedar al mismo nivel "Akiyama san, es un gusto verla" ella suspiró, ¿Por qué se lo hacía tan complicado? Bajo su rostro y se apoyó su frente con su mano, se quedó un momento en silencio, luego se levantó "¡Alguien más se ha sumado a la fiesta!" Mío observó a Ritsu ya su padre, ambos estaban sentados en unas sillas y sus manos atadas con unas cadenas que pendían del techo, la pelinegra mayor caminaba de un lado a otro, luego de un momento Maiko volvió para ver al hombre que le acompañaba y le disparó "Ahora Akiyama san hará lo que ese tipo que quien sabe como se llama, en fin, toma" le dió un arma que estaba vacía pero claro, la joven pelinegra no lo sabía y Maiko parecía disfrutar de la chica temblorosa frente a ella, la mayor tomó unas pinzas con forma de tijeras y le quitó una uña al padre de Ritsu, este no se mosqueo "Tranquila, él ya no siente" mencionó mientras arrancaba otra uña de la otra mano, la pelinegra más joven palideció, había mucha sangre, más de lo que podía ella soportar, aquella mujer, lucía diferente, desquiciada, el silencio reinó, Mío estaba a un extremo y Maiko al otro, a la derecha de la mayor Ritsu y a la derecha de la menor el Sr. Tainaka, Mío se sentía con náuseas "Akiyama san ¿Usted tiene hermanos?" Mío negó con la cabeza y un no lejano, suave y tembloroso se escuchó "Ya veo, se ha perdido de mucho pero créame es lo mejor" Mío asintió, siempre quiso un hermano de preferencia una hermana pero sus padres nunca pudieron tener más hijos después de ella, observaba a Ritsu, temblaba pero no estaba consciente y el padre de ella empezar a sentir, parecía sollozar, estaba pálido y ambos sudaban "¿Por qué Ritsu? Ella te ha apoyado a mi pesar" lo último apenas se le escuchó, Maiko gateo hasta llegar donde Mío, le olio "Ahora entiendo esa debilidad que Ritsu tiene por usted" ella metió la mano en el cuello de Mío y la atrajo, sus rostros estaban cerca la respiración de la menor se aceleró y Maiko se rió "Esa siempre ha sido mi reacción favorita pero ella..." señaló a Ritsu "Ella no tembló, la que tembló fui yo pero hoy, lo último que quedaba en mí, lo único que me importaba, no existe más y bueno Ritsu es lo único que a él le importa, ya sabes lo que sigue" Maiko disfrutaba vanamente las reacciones de Mío, un pequeño entretenimiento mientras acababa todo, pero antes se divertiría un poco, sentía que su cabeza iba a explotar pero su corazón ya lo había hecho, su alma se le había escapado de una vez por toda y sentía que se ahogaba en cada segundo que pasaba, aquello era cansado pero de alguna manera era como quitarse un peso de encima o lo contrario, no sabía más que era lo que sentía, lo único que era verdad que la desesperación, atacaba su mente y su pecho, su cuerpo entero le atacaba, no sabía qué hacer con su existencia, perder la vida, no era no volver a despertar, era despertar sin un sentido y sin un propósito para vivir, morir era existir por existir, eso justamente describía su posición "Y-yo, no sé si siento o no, no sé si es una reacción de mi cuerpo o una sentimental" ella se levantó e hizo varios cortes sobre el padre de Ritsu y este empezó a sangrar más pero no moriría rápido, porque ese no era su propósito, la pelinegra mayor se alejó de todos y se acercó a una pequeña nevera de la cual sacó agua fría en una botella, la abrió y la dejó caer sobre Ritsu esta reaccionó asustada y empezó a temblar más "Despierta bella durmiente" levantó el rostro de la castaña, acarició con la yema de sus dedo pulgar el labio hinchado de la joven y luego le besó, despacio y suave, aquello parecía arte desde donde estaba Mío, le gustaba tanto lo que veía que por un segundo no sintió ni celos ni miedo sino envidia, quería saber qué sabor tenían los labios hinchados y dañados de Ritsu combinada con el agua fría, inmediatamente sintió la mirada de Maiko penetrando su ser y luego una sonrisa en sus labios, diciéndole que en su mente algo estaba tramando.
Maiko rodeo a Ritsu hasta quedar detrás de ella "Akiyama ¿Por qué no te acercas un poco?" Mío negó, empezaba con los nervios de nuevo "¿Qué tal ahora?" su voz era burlona y un arma apuntaba la cabeza de la castaña, inmediatamente la pelinegra se acercó luego el arma paso de la cabeza de Ritsu a apuntar a Mío que estaba frente de la castaña "de rodillas" inmediatamente ella se puso de rodillas "Abre las piernas de Ritsu" la castaña que ya empezaba a reaccionar y que su respiración sentía pesada, sintió las clásicas manos frías de Mío, estaban temblando ¿Cómo ayudarla? Si apenas tenía fuerzas para aferrarse a ese hilo de oxígeno que lograba tomar y aún así podía sentir verguenza, que Mío la viera de esa manera tan débil era tan molesto, la castaña rió y la pelinegra lo notó, lo supo que ella estaba avergonzada y recordó que Ritsu no era el tipo de chica que le gustaba verse débil aunque tuviera esos momentos, la mayor le sacó de sus pensamientos "Mete tu cara entre sus piernas y disfruta" la respiración de Mío era agitada y su nariz estaba fría, lo sabía porque le rozaba en su pierna hasta que aquella pequeña licra que llevaba se interpuso ante tan glorioso sentimiento, y aunque apenas lograba sentir la respiración de ella contraminar su intimidad imaginarla de rodillas ante ella era una de sus mejores creaciones en aquella oscuridad.
No lo soportó, quiso detenerse pero esa imagen de la castaña le fascinaba, tan indefensa y a la vez tan dueña de aquel momento, hundió su rostro en la intimidad de ritsu que aún llevaba aquel short, pero no importaba podía sentir ese olor tan de ella, era una lástima que tuviera que respirar y despegarse de allí, un gemido salió de su boca y al separarse y levantar su vista, Ritsu mordiendo su propio labio, ella estaba consciente y disfrutaba o eso esperaba, no tenía modales y sus opciones eran limitadas aunque a su favor, la pelinegra regresó marcando con su nariz un camino hacia aquel lugar, estaba idiotizada y no le importaba, ni siquiera le interesaba el hecho de parecer una enferma sexual, de esas que ella juzgaba cuando estaba en calidad de dignidad, estaba tan feliz en aquella posición pero sabía que pronto desearía más, no se conformaría con eso pero acaso ¿Acaso lograría tener más? Porque esas migajas eran perfectas pero eran migajas, era Maiko burlándose de sus debilidades
"Pareces disfrutarlo, quita su short" sin quejarse obedeció es más, era Mío quien parecía más urgida de hacerlo, quitó esa molesta prenda y ella no tenía ropa interior, estaba desnuda, la pelinegra alocado iba por ella pero sintió el arma de Maiko en su frente "Pareces estar desesperada" no podía negarlo, estaba desesperada tanto que le importaba poco el arma que besaba su frente que después de unos segundo Maiko retiro, ella sacó una navaja y cortó el top de la castaña y eran perfectos, habían crecido un poco, quizá era verdad lo que decían que con el tiempo y la experiencia crecían.
Su cuerpo estaba desnudo, lo único que llevaba puesto era aquella venda en sus ojos, podía sentir sus pezones tocar de vez en cuando sus codos, después de un momento la cadena a la cual estaba amarrada, estaba un poco floja, sus brazos no estaban más hacia arriba, estaban en sus piernas y sintió su circulación hacer su trabajo, sintió la mano de Maiko, eran más grandes que las de Mío pero mas cálidas y suaves, ella no tocaba instrumentos eso se notaba, ella le sostuvo con fuerza y quitó la silla en la que estaba para dejar a Ritsu caer entre sus piernas, sentía la respiración de ella caliente en su cuello y les escuchó dar órdenes "Puede besarla" Mío no lo pensó le besó y aunque estaba desesperada por hacerlo fue lo más delicada posible, ella estaba lastimada, esa era su última oportunidad, podían morir ahí pero ella, antes de morir podía ser el último pensamiento de Ritsu, la castaña le respondió a aquel besó, era una beso suave y débil, delicado y necesitado de ese trato delicado, Ritsu sintió la mano de Maiko deslizarse por su abdomen y llegar a su intimidad ella jugaba como siempre, sus dedos recorrían cada parte de su intimidad, no pudo evitarlo, sintió la humedad de su cuerpo, no se sentía en peligro, ambas le amaban, las manos de Mío tomaron sus senos, ella siempre era tan dulce para cada roce y toque del cual ella era culpable, estaban tan llenos de amor, de ese que desbordaba de dulzura y cursilería, compararlas era fácil pero era agradable, cada una le tocaba de una manera que le gustaba, Maiko era firme y Mío delicada, los dedos de Maiko entraron en sus vagina y la lengua de Mío invadió su boca, los gemidos no pudo detener, y su cuerpo reaccionaba ante aquella situación, extraña, inesperada pero digna de deleite, ellas aprovecharon a besarle, tocarle, sintió la respiración, las manos de cada una acariciarle y presionarle, la lengua de ellas en su boca y sus dedos en su vagina y sintió su cuerpo soltar sus últimas energías, quedó destruida de cansancio y fue entonces que el teléfono de MAiko sonó e interrumpió tan importante momento pero que también le permitió despertar de aquella hipnosis, Maiko se levantó y salió de la habitación, la pelinegra más joven aún estaba distraída "¡Mío!" le llamó con la mayor fuerza que pudo que no excediera y no llamara la atención, Mío le miró "¡Lo siento yo...!" Ritsu negó "No importa, mira si podes quitarme ésta cadena y destapa mis ojos" Mío obedeció, quitó la venda de los ojos de Ritsu y esta inmediatamente reconoció aquel lugar, hace mucho ese había sido un lugar donde habían dejado una cantidad de instrumentos y armas, "detrás de ese mueble en la esquina hay una ventilación, dentro de ella hay un dispositivo gps, eso ayudará a Mugi que nos encuentre" Mío se sorprendió "¿Mugi?" la castaña asintió "Ella está esperando que yo de una señal ¡debes apresurarte! Maiko nunca habla más de cinco minutos" en efecto después de que Mío logró encender aquel aparato regreso y tapó los ojos de Ritsu pero esta vez ella le sonrió con complicidad, debía hacer algo para sacarla de ahí, cuando la mayor regresó Mió empezó a observarle con detalle, ella ella llevaba en su bota, en la parte detrás una pequeña llave muy bien asegurada por un detalle que estaba específicamente para eso, para la llave, ahora que Maiko se quedó en la misma posición en la que estaban, Mío trató varias veces hasta que logró desprenderse, mientras ella estaba distraída en el cuello de Ritsu, Mío logró quitar aquel candado que mantenía las cadenas de la castaña "Lo siento" dijo suave y en un abrir y cerrar de ojos Ritsu golpeó con su cabeza a Maiko, ésta empezó a reírse "Así que, escogiste a Akiyama" la castaña quitó sus vendas y fue ahí cuando poniendo atención al lugar vió a su padre desangrado lo cual le provocó náuseas, Mío ayudó a Ritsu a levantarse, ella aun tenía una última cadena que mantenía sus manos presas y que le dificultaba mantener sus brazos firmes, Mío se quitó su chaqueta y se la puso a Ritsu, en los hombros solo para que no sintiera frío ni el desnudo, el arma de Maiko había caído al suelo en el momento que la castaña le golpeó, Ritsu se tiró con la rapidez que su fuerzas extras le permitieron hacerlo, llegó al arma y la tiró hacía Mío, en ese momento Maiko pareció recobrar la confianza, es verdad que Mío le apuntaba pero ella era demasiado cobarde aún cuando la había presionado de tal manera ella seguía siendo la misma cobarde "No cambia nunca, usted sigue siendo de ese tipo de personas, esas que nunca hacen nada, ni siquiera para salvarse, de esas que esperan que un golpe de suerte les salve" ella se rió burlona "En verdad me decepciona" la castaña observaba a ambas, Maiko no era más la mujer de hace un par de día, ella era hiriente y su mirada estaba vacía, no temía perder porque no tenía nada que perder "¿Es en serio? No siempre la suerte está de tu lado, no siempre hay un golpe de suerte Akiyama" escuchó el gatillo de un arma "No siempre, pero hoy sí" la voz de Mugi llenó aquel lugar de eco y luego disparó, la bala cruzó el pecho de Maiko de la espalda hacia su parte frontal y esta empezó a expulsar sangre por su boca "Gracias" Mío estaba paralizada al ver caer a la mayor al suelo y golpear su cabeza contra el suelo, Ritsu fue hacia donde estaba ella que yacía en el suelo "No, esto no es justo" la mirada de Mugi y Ritsu estaban firmes la una hacia la otra, después de un momento la castaña desvió su mirada, ella siempre lo supo, Mugi podía llegar a ese tipo de acciones y no era su culpa, pero no significaba que la muerte de Maiko no le doliera o que sentía en ese momento un odio infinito hacia su amiga "No necesito que me perdones, es lo que ella necesitaba y no fuiste capaz de hacerlo Ritsu" la rubia no estaba asustada, sus palabras eran firmes sin una pizca de inseguridad, sintió la mano de Maiko sobre la suya y un suave apretón de mano, uno sin fuerza y luego acercó su rostro al de ella y se despidió, ese fue su último beso, tan trágico como toda su historia juntas, la pelinegra terminó ahogándose con su propia sangre.
Unos hombres entraron al lugar, cortaron las cadenas de Ritsu, ésta quitó el arma que tenía Mío, se acercó a su padre quitó la venda de él, este le miró con súplica pero era inútil fueron segundos los que pasaron y una bala atravesó su cerebro, la mirada de Mío era de miedo, la castaña lo notó y salió de aquel pequeño cuarto y la gente de Mugi le vistió y le sacó de ahí, la misma gente llevó a Mío a su casa, Mugi se quedó en el lugar, inspeccionando que se deshicieron del cuerpo de la manera correcta, Sawako aún esperaba afuera, Mugi no le permitía que ella estuviera en medio de sus negocios, era peligroso.
Ninguna de las tres había tenido comunicación después de aquello, Mugi les daba el espacio pero se preocupaba que Ritsu siguiera odiandola, Mío seguía yendo a sus clases pero parecía estar siempre cansada, llevaba notas excelentes pero no se sentía motivada para nada, Ritsu estaba tomando sesiones con el psicólogo y tomaba clases particulares que la universidad le ofrecía, así el tiempo pasó y cada quien iba sanando por su lado.
Después de unos meses de llevar el primer lugar Mío recibió una notificación de un intercambio universitario en Londres, con una universidad bastante buena y conocida, así que decidió aceptarla; Mugi había decidido hacerse cargo del negocio familiar con la condición de que no conocieran dentro del negocio su rostro, ella y Sawako se la pasaban de vacaciones por Asia y Europa constantemente, una cena allá y otra aquí, donde la vida les llevara.
Azusa llevaba una mochila roja con material de jeans, llevaba un par de pantalones, unas blusas, ropa interior y en sus manos un suéter negro con un unas letras que decían "music" en verde, llevaba su guitarra, se acercó a un taller y compró una pequeña moto con espacio suficiente para dos, se subió en ella y quedó su guitarra al frente, la acomodó de manera que no estorbara al manejar.
Soltó su cabello y puso su casco color verde con rayas negras, arrancó y fue hasta la universidad donde Yui cursaba su último año, después de lo que pasó, no habían hablado ni nada y eso le preocupaba un poco, temía que ella estuviera aún mal, al final mató a una persona por su causa y bueno, Yui era fuerte y todo pero predominaba su lado más dulce y amable que parecía haberse opacado por aquel hecho, esperó frente a la universidad más de una hora y la vio salir, ella llevaba el cabello en una cola y un uniforme de basket ball, Azusa se preguntó ¿Cuántos deportes ella prácticaba? Su uniforme era blanco con rayas rojas en las orillas de la camisa y short, unas zapatillas rojas que combinaban con el uniforme
"Azu nya" su voz no estaba llena de energía más si de sorpresa "¿Qué haces aquí?"
"Quiero que vengas conmigo Yui" la ambarina se sorprendió y Azusa lo supo, la pelinegra se puso un poco de puntillas y le besó "te espero en una hora en el café cerca del parque de aquí a la vuelta, te esperaré" y se retiró
No es que estuviera arrepentida por haberlo matado, es sólo que ya no podía verse al espejo y sostenerse la mirada, no sabía cómo sentirse al recordar en la satisfacción y alegría que sintió al deshacerse de él ¿Seguía siendo buena para Azusa? ¿Se convirtió en un ser despreciable? ¿Se volvería peor? Ver a Azusa hacía qué todas esas preguntas después de tanto volvieran a su mente y no tenía valor de tener una conversación sobre ello, ella se daría cuenta y al explicarle, admitiría que algo anda mal con ella, no quería admitir que era una asesina que disfrutaba la muerte de sus víctimas.
Yui regreso a los vestidores, se cambió y caminaba despacio, sabía que al llegar a la entrada tendría que tomar una decisión, se llevó varios minutos y estaba a un paso de la salida pero se detuvo al ver a Ritsu ahí "Rit chan" su voz era suave, no se lo esperaba "Yui" ella sonrió, así como la recordaba "Cortaste tu cabello" la castaña asintió "si, necesitaba un cambio, fue un gusto verte, espero que un día toquemos de nuevo juntas" ella no dijo nada más, le abrazó y siguió, la sonrisa de su amiga le alivió y no había más carga, ella había hecho bien, lo único que quería era recuperar su vida y podía hacerlo, corrió a su casa lo más rápido que pudo para ir por Guita y poder encontrarse con Azusa, así fue y decidieron ir por ahí tocando con sus guitarras, todo el tiempo que fuera necesario.
Entregó los documentos a la secretaria, la castaña había decidido que su vida sería buena, mandó un mensaje a Mío "¿Puedo verte?" el mensaje lo había enviado hace una semana y aún no había tenido respuesta pero estaba bien, lo que quería era pedirle perdón a Mío, a su mejor amiga, así que esperaría lo que fuera necesario, salió de la universidad y camino hacia la casa de Mugi, ella era su amiga del alma, ella había hecho el trabajo sucio por ella y no le agradeció apropiadamente, llegó a aquella enorme casa, nunca dejaría de sorprenderse de lo ridícula e increíble que era esa casa, luego la vió era aquella rubia emocionada recibiendole tal como la primera vez que llegaron, el portón se abrió y Mugi se le fue encima, prácticamente ahogandola pero no importaba, aquel abrazo junto todas sus piezas rotas y le hizo sentirse ella de nuevo "Gracias" una agradecimiento suave y delicioso que conmovió el alma de su amiga que comenzó a llorar, así aniñada como ella era, ellas empezaron a ponerse al día, en verdad lo necesitaban "Empezaremos a disfrutar de tiempo juntas de nuevo" la rubia emocionada imaginaba aquello, compartir tiempo con ella, mandó un mensaje y después de un momento Sawako apareció, sacudió el cabello de Ritsu "Definitivamente lo tuyo es lo corto" sacó un par de llaves "Toma" las llaves ahora estaban en manos de su novia "Mugi y yo pensábamos irnos de gira por tierra ¿Te unes?" Ritsu sonrió ampliamente, la misma sonrisa de cuando ella entró al club de música ligera "Estoy dentro" Mugi y Sawako metieron en una casa rodante un par de maletas, un teclado y una guitarra, habían quedado de pasar por Ritsu en un par de horas, ella debía tener su batería lista y así fue, las tres prendieron rumbo y tocaban en diferentes ciudades, recibían una que otras monedas y luego un volante, un bar solicitaba una banda y después de un buen tiempo viajando habían decidido quedarse en aquella ciudad, así que ser la banda fija de un local era bastante bueno, lo necesitaban.
Yui y Azusa entraron por un café y un postre, la ambarina estaba tan cansada que no sabía si comer o dormir, decisión que logró tomar cuando vió la porción de pastel de fresa, era tarde, Azusa pidió un té y una rebanada de pastel también, Azusa reconoció en un panfleto en ese lugar "Esta noche HTT" podía ser cualquier cosa pero aquella espina de que eran las chicas estaba ahí pero estaba cansada incluso para pensar, comería aquello y luego verían si encontraban algún motel para dormir, después de un momento la música empezó y esa guitarra era tan "¡Sawa chan!" Yui le reconoció, ahí estaban todas, Sawako y las chicas volvieron para ver a Azusa y a Yui, luego de unos minutos Mugi les pidió que se unieran y Yui comenzó a hablar tontamente con el público "esto es casi perfecto, solo falta Mío" los pensamientos de Ritsu le traicionaban pero aún así aquello era uno de los mejores del momento, volvió para ver al sentir que se apoyaban en su hombro y en menos de que su cerebro reaccionara, ahí estaba Mío dándole un beso, luego ella se adelantó y preparó, Ritsu estaba paralizada, volvió para ver a Mugi y esta le guiño el ojo, ella seguía siendo su hada madrina, le llevó a su chica, a sus amigas y las reunió, ellas volvieron a hacer HTT y en honor a ese momento "¡Fuwa, Fuwa time!" la música se adueñó de aquel lugar y los aplausos combinaron con la alegría de las chicas, y así fueron las siguientes noches de su nuevo comienzo.
Fin.
Gracias
