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A la mañana siguiente, Lydia se despertó al sentir a Anakin moverse. La Princesa abrió los ojos y se encontró con el Jedi sentado al borde de la cama, colocándose sus botas.
—No te vayas — dijo lloriqueando, y se sentó en la cama. Anakin sonrió para si mismo.
—Créeme que desearía poder quedarme
Lydia hizo a un lado las sábanas, para poder acercarse a Anakin y así poder rodear su cuello con sus brazos, cruzándolos por delante de él.
—¿Vas a ver a Obi-Wan?
—Sí — respondió. — Necesito saber que es lo que quiere que haga respecto al Canciller
Lydia frunció el ceño. —Ten cuidado, ¿si?
Anakin sonrió de manera engreída. —Siempre tengo cuidado — Respondió. Lydia dejó escapar una pequeña risita provocando que Anakin sonriera antes de juntar sus labios por unos segundos.
La Princesa se quedó en su cama observando como el Jedi salía de su habitación, y una vez que la puerta se cerró volvió a recostarse en su cama con la mirada fija en el techo.
Anakin se encontraba buscando a Obi-Wan en el Templo Jedi, y al no encontrarlo se le informó que debería estar en el segundo hangar. El joven Jedi fue hacia el lugar que se le indicó y se encontró con Obi-Wan y el Maestro Kit Fisto quienes estaban de pie con la mirada fija en un mapa.
—Maestro, ¿tiene un segundo? — preguntó Anakin. Obi-Wan se excusó con el Maestro Kit Fisto, y caminó hacia su antiguo aprendiz.
—¿Qué sucede, Anakin?
Anakin exhaló antes de poder decirle lo que sentía a su Maestro. —Es solo que no puedo quedarme sentado y esperar a que algo pase
—Entiendo tu posición Anakin — Respondió Obi-Wan — Y para tu alivio, el Concejo ya tiene preparada una reunión para cuando regrese el Maestro Windu de Geonosis
Anakin alzó una ceja. —¿Por qué está en Geonosis?
—Me temo que desconozco los motivos. Y no sabremos hasta que llegue y nos lo informe en la reunión
Anakin desvió la mirada hacia lo que se encontraba a las espaldas de su Maestro; si lo mirara directo a los ojos, sería capaz de descubrir sus sentimientos . —La vida de Lydia está en nuestras manos... en las mías específicamente
A pesar de que Anakin evitaba la mirada de su Maestro, Obi-Wan observó fijamente a su antiguo aprendiz para así poder analizarlo. —Me parece que tu amistad con la Princesa es muy cercana — bajó la voz y paso su mano izquierda por su barba en su evidente gesto pensativo.
Si solo supiera, pensó Anakin.
—Y la tengo, somos muy cercanos. Ella es una gran amiga, Maestro — mintió a pesar de que odiaba tener que hacerlo y mucho más cuando se trataba de su Maestro y mejor amigo.
—Sé consciente de tus emociones, Anakin — le advirtió Obi-Wan apuntándolo con su índice. —Estas te delatan
Anakin negó frenéticamente con la cabeza. —No es nada, estoy bien, Maestro
Lydia se encontraba en el centro de la cámara del Concejo en el momento en que todos comenzaban a llegar. Miró a través de la multitud buscando encontrar a Anakin, pero no tuvo éxito.
Una vez que todo el Concejo estuvo presente, el Maestro Yoda dio unos golpecitos con su bastón en el suelo, llamando así la atención y provocando el silencio de todos los presentes.
Mace Windu se puso de pie al lado derecho del Maestro Yoda y ante la atenta mirada de todos comenzó a hablar. —Acabo de llegar de Geonosis, y tengo noticias
Todo estaba en un completo silencio y el ambiente se había comenzado a tornar tenso.
—Jango Fett escapó a los territorios del borde exterior de Geonosis — anunció y Lydia tragó con dificultad. —Y hemos tomado la decisión de llevar a cabo una misión en Geonosis, para así destruir el ejército droide, y al Caza Recompensas — todos los presentes comenzaron a murmurar, pero fueron acallados inmediatamente, por el Maestro Yoda al golpear nuevamente el piso con su bastón. —La vida de la Princesa Lydia está en nuestras manos, y es nuestro deber protegerla; no le fallaremos a ella ni al pueblo de Alderaan
El abuelo, Bail Organa, estaría muy orgulloso, pensó Lydia con una leve sonrisa en su rostro.
—Gracias, Maestro Windu — susurró la Princesa.
Él asintió antes de mirar a todos los que conformaban el Concejo Jedi.
Él asintió antes de mirar a todos los que conformaban el Concejo Jedi. —Nos iremos tan pronto como lleguen los transportadores a Coruscant. Lo que será precisamente en tres días
Entonces, desde ahora en adelante, el ejército droide se encontraría en manos de los Jedi.
Anakin estaba en un completo silencio mientras admiraba Coruscant desde el balcón de su departamento. Los speeders que iban de un lado hacia otro le recordaban cuando era un niño corriendo en las carreras de Pods, cuando consideraba que la vida era fácil.
Cerró sus ojos, teniendo a Lydia presente en sus pensamientos. Su amplia sonrisa provocaba que su corazón se acelerara, todos los sentimientos que tenía en ese momento, eran tan intensos que tuvo que agarrarse de la baranda para de cierta manera descargar aquellos sentimientos con la fuerza que estaba aplicando a esta.
—Cierra los ojos — dijo ella.
—Respira profundo. Siente el aire fresco y las flores, siente como estos se filtran a través de tus pulmones
El aroma era distinto en Coruscant, pero de todas manera realizó aquel ejercicio que Lydia le había enseñado.
—¿Desearías que fuera así por siempre? —preguntó Lydia.
—Desearía que a los Jedi se les permitiera disfrutar de algunas cosas y situaciones — respondió. —No siendo egoístas, pero teniendo nuestro propio tiempo. No teniendo que preocuparse de los políticos, ejércitos, guerra, nada... y amar a quien queramos amar
Anakin abrió los ojos, mientras dejaba salir un consternado suspiro. Entró al departamento y caminó hacia su cama para dedicarse a dormir.
Pero era difícil. Todo lo que él veía era a la Princesa de Alderaan. Caminando a medida que balanceaba sus lujosos vestidos, sonriendo de manera encantadora.
Anakin estaba enamorado de Lydia Capenella.
