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Disclaimer: Esta historia es completamente de mi imaginación, utilizando los personajes del mangaka Masashi Kishimoto-san
Yo espero que sea de su agrado.
Nota: Clasificación M+18
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CAMINO NINJA DEL SENTIMIENTO
Creer amar y aprender a amar son dos cosas distintas.
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• DÍA #229 •
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— Sasuke-kun, tú... tú eres importante para mí... Tú me... Tú me... —El rubor de sus mejillas, el tono dulce, sus ojos luminosos y los labios... Oh, sí. Su boca.
La sujetó por los hombros y la acercó a su rostro antes de que esa extraña calidez en su estómago se fuera; pues parecía controlarlo por un momento. Ella dejó escapar un quejido suave, lo que le permitió profundizar el beso. Caliente. Húmedo. Intenso. El sabor de sus labios y de su lengua era una droga pues necesitaba más; mucho más. La tenía prisionera en la cama: tan delicada, tan delgada, tan suave. Tanto calor... Entonces ella lo sujetó por el cuello y dio un giro repentino que le abrió los ojos al descubrir la rosadas hebras de cabello.
— No te detengas, Sasuke-kun. —respondió al apartarla de los hombros irritado y ofuscado por no haberlo notado— Seré tuya cuando me lo pidas. — Sintió como una mano fina se posaba sobre su estómago y empezaba a descender peligrosamente hacia una zona que ella no tenía porqué tocar. Tomó asiento cabreado sujetándola por las muñecas y activando el sharingan para darle una lección.
— P-perdóname, Sasuke-kun. —murmuró aquella dulce voz y cuando la enfocó de nuevo era ella. Sus perlados ojos ocultos tras un intenso sonrojo en los cachetes le daban un aspecto tierno, pero al bajar la mirada y descubrir que su larga cabellera cubría ligeramente su busto desnudo lo encendió de una forma espectacularmente rápida— Yo creí que... Creí que tú y yo... Q-que querías que yo te... t-te consintiera... —se liberó de sus manos y cubrió su rostro avergonzada de lo dicho, pero eso sólo aumentó la temperatura de su cuerpo.
Le cosquilleaba toda la piel, apretaba la mandíbula y lo único que podía pensar era la imperiosa necesidad de tocarla... Tocarla y no detenerse. No parar hasta que su cuerpo ya no ardiera con esa intensidad. Acariciar cada rincón a la vista, y cada parte oculta. Sentir su piel en contacto con la suya para escuchar esos placenteros sonidos que escapaban cada que la besaba con pasión, pero cuando ella dejó de temblar, se acercó tanto a su rostro, tan veloz, que su reflejo fue ir hacia atrás cuando Sakura arruinaba la escena de nuevo. —Hazme tuya, Sasuke-kun.
Abrió los ojos por el dolor de haber caído de la cama de Hinata. «Maldita sea» Y aunque despertar golpeado lo ponía de mal humor, en realidad la rabia de no haber hecho lo que su cuerpo le pidió en el sueño era lo más frustrante de todo.
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El fuerte golpe que se escuchó a unos metros la despertó. Pasó las manos por su rostro y cuando el cabello dio paso a la luz de la ventana, el sol la golpeó como un yunque y apretó los ojos por el dolor. Se recogió otro poco entre las sábanas antes de pensar —con suma dificultad porque la jaqueca era mortal—. «Oh... El sake...» Fueron las primeras palabras en la mente. — Pu... Pueden cerras las cortinas... —murmuró adolorida intentando acostumbrar sus ojos a la potente luz. Una traicionera brisa ingresó curiosa y acarició su piel, lo que le hizo tiritar y estiró el brazo en busca de una cobija, pero cuando la mano salió del colchón descubrió que algo no estaba bien.
Apretó los ojos antes de abrirlos despacio, curiosa de saber cómo había terminado sobre una cama si en el hostal solo habían futones. Para su desdicha y preocupación, su larga cabellera cosquilleó sus piernas y con mayor esfuerzo de olvidar que la luz por la ventana le apedreaba la cabeza, contempló sus largas piernas descubiertas y parte de su ropa interior a la vista. «¿Eh?» Ignorando el dolor un poco más, subió la mirada y encontró que la yukata había sido reemplazada por una camiseta ancha.
Restregó sus ojos con fuerza, pero el dolor le decía que estaba despierta.
El rostro de un muchacho desconocido apareció en un flash y pasó sus manos por el cabello para poder echar un vistazo a su alrededor, alterada, pero tratando de mantener la calma.
Por un segundo el alivio la recorrió como una relajante ola de mar al descubrir su alcoba... La alcoba de la casa... Su casa... «¿Có-Cómo...?»
Unos movimientos rápidos atrajeron sus ojos hacia la puerta donde Sasuke reposaba relajado, con los brazos cruzados y con la espalda apoyada contra la puerta como si llevara años allí. — Ya era hora. —expresó indiferente de camino hacia ella, quien seguía confundida— Pasa del medio día y sigues así. —la señaló de manera fugaz, pero descubrió que no la observaba directamente, sino que trataba de mirar por sobre ella. Parpadeó de nuevo con fuerza, llevó el cabello hacia atrás de sus orejas y entonces el abanico rojo y blanco resaltó en una esquina de la ropa puesta y por pura torpeza inocente llevó la mano a su pecho para tomar el bordado entre sus dedos y enfocarlo mejor.
La mente se le fue junto con el dolor de la resaca cuando un recuerdo borroso le mostraba a Sasuke sobre ella... Besándola con pasión.
Levantó la cabeza de golpe, pero cuando trató de mirarlo a los ojos y él desvió tonta e incómodamente las pupilas hacia un costado por un breve momento, el rubor y el ardor de la vergüenza se apoderó de su cara completamente. La brisa otoñal la hizo tiritar una vez más y entonces recordó que no tenía nada más que su ropa interior debajo de la camiseta... de Sasuke. «Oh, Dioses... Oh no... No puede ser... Yo... Él... Él y yo...» Trataba con cada gramo de su ser el mantener la compostura, de no desmayar por el vacío que había creado la bebida, pero intentado buscar algo con qué cubrirse, encontró que Sasuke no llevaba camisa.
¿Y si la que tenía puesta era la que él usaba?
¿Por qué estaba en casa?
¡Por qué estaba en casa!
¡Qué pasó!
La velocidad con la que ella recogió la cobija del suelo para cubrirse por completo fue idéntica a la de anoche y tenía que admitir que si podía entrenar esa velocidad en batalla, tendría una gran ventaja contra Neji en el futuro combate, pero dudaba mucho que ella quisiera entrenar con él después de lo sucedido. Rascó su nuca aliviado de que se cubriera porque le era imposible mirarla a los ojos sin querer bajar las pupilas más de la cuenta. Le reconfortaba en pequeña medida saber que había vuelto a ser la transparente y tímida Hinata que le gustaba...
Abrió los ojos sorprendido de lo que había pensado y entonces el sueño de hace un momento ya cobraba otro sentido. Miró el bulto bajo la sábana temblando y murmurando entre dientes palabras que no lograba comprender, pero que estaba seguro tenían que ver con: Qué hacía allí y qué había hecho anoche.
Cada centímetro de su cuerpo estaba rígido, tenso. La cara no dejaba de quemarle y trataba de recrear los sucesos desde que había llegado al hostal. El último recuerdo lúcido que tenía en mente era la insistente Ino ebria que le pasó una botella una vez Sakura salió en busca de más sake. Luego tenía la ligera sensación de que había ido al bar, pero no recordaba si había ido sola o acompañada. Después estaba la cara del muchacho de cabello verde y mirada firme que la ayudó a ponerse en pie —porque, parecía haber caído— y... «Oh... » La horrible y humillante idea de que había vomitado en público la avergonzó todavía más.
El movimiento de la cama a los pies la sobresaltó como un corrientazo; Sasuke había tomado asiento cerca de ella.
Entonces llegaron flashes de ella: acariciando sus labios de manera dulce, estirándole el rostro como una goma elástica, gritarle en la entrada molesta por algún motivo que no recordaba, brincar a su espalda... pero no sabía el orden correcto.
— ¿Te acuerdas lo que pasó anoche?
La voz de Sasuke sonaba calmada, pero en ella sólo causó nerviosismo y empezó a sudar bajo la cobija. Apretó los ojos y apoyó la cabeza contra el colchón insegura de si quería saber lo que había hecho o dicho. Quería salir corriendo, pero en sus fachas le era imposible huir con la sábana. Si tan solo tuviera pantalones no lo pensaría dos veces y correría a su habitación... o se enterraría en la cueva más oscura y olvidada que encontrara en el trayecto de la posible mirada desconcertada de Sasuke.
El suspiro que él hizo la alarmó una vez más.
— Cuando hablo, la gente debe mirarme para que quede claro. —Ella negó con énfasis, sujetando la tela con las manos presintiendo que él podría quitársela a la fuerza y no se equivocó; pues segundos después él tomó la tela entre sus manos y tiró de ella— Que me mires, te digo.
— ¡N-No! —expresó en un soplo de voz resistiéndose al tirón. Ella no lo pudo ver —no sólo por la sábana, sino también el tener los párpados tan cerrados que podrían empezar a sangrar—, pero Sasuke exhaló pesado sobando su frente.
— No pasó nada. —aclaró en un tono que parecía querer expresar lo contrario.
El silencio no sólo los ahogaba juntos, sino que mataba todo a varios kilómetros de distancia.
— Ya quítate la maldita sábana.
— N-no... —respondió rogando para sí misma que se fuera, que dejara de insistir. No es que lo odiase por lo que claramente fue culpa suya al dejarse llevar por el alcohol, pero saber que —mínimo— hubo un beso (y no fue cualquier besito), le impedía verlo a los ojos desconociendo la razón. Lo único que tenía en mente era el ardor de saber que estaba cerca de ella y que su corazón agitado saldría por la boca si intentaba, siquiera, dirigirle la palabra.
En el estado que se hallaba, no reconocía que esa misma sensación ya había pasado una vez con alguien a quien ahora sólo veía como un muy buen amigo.
— No fue culpa tuya, sí. —agregó rezongando como un niño— Yo... Yo no debí sobrepasarme, pero tú actuabas raro y... y luego empezaste a hacerme cosquillas... ¿Sabes si quiera hacer cosquillas? —Sacudió la cabeza al darse cuenta que las palabras que salían de su boca sonaban más que solo estúpidas. Le sudaban las manos un poco. Estaba... ¿nervioso? Aclaró la garganta para continuar con aplomo porque él no podía estar nervioso.— Me disculpo por lo de anoche. —giró la cabeza al ver al bulto dejar de temblar bajo la sábana.
¿A quien quería engañar? ¿A él mismo? Vaya imbécil sería siquiera pensarlo. La chica bajo las sábanas lo tenía intranquilo y, bueno, con lo vivido anoche ya no podía negar que le aceleraba el pulso de una forma desconocida. ¿Qué otras señales necesitaba para admitirlo? Ya no era un mocoso. A su edad sabía perfectamente lo que esas sensaciones significaban en realidad, pero parecía querer comportarse como un idiota antes de aceptar. Cayó de la cama al despertar de esa pesadilla que bien pudo ser un sueño perfecto, o más que eso. ¿Acaso no era suficiente? Salir de la alcoba rumbo a la cocina para fingir que no había sucedido nada y que al pasar por la alcoba, verla despertar confundida le espantó por un segundo creyendo que podría odiarlo si ella pensaba que pasó algo que no pasó. ¿No era una prueba clara? Que al estar en la puerta esperando que ella lo reconociera, probara mil y un poses estúpidas como un adolescente tratando de disimular sus nervios, ¡No era suficiente!
¿Y qué con lo que había dicho antes?
"No me atraes de manera sexual,
mucho menos sentimental."
¿Esas palabras todavía tenían el mismo significado?
"...dudo mucho que yo vaya a interesarme
en ti de la misma manera."
¿Esas palabras todavía tenían el mismo significado?
"Acepté esta unión creyendo que no
sería tan malo tener una familia.
Tener un matrimonio cimentado en el amor;
como lo era el de mis padres."
¡¿Esas palabras todavía tenían el mismo significado?!
— Pero no me arrepiento. —agregó con seguridad. Ya no iba a huir como en la academia. Ya no iba a distanciarse después de meter la pata como un imbécil al tratar de destruir la aldea. Ya no iba a negar que Hinata le gustaba, y tampoco iba a permanecer en las sombras esperando la felicidad y tranquilidad que le causaba dormir a su lado todos los días. Si lo iba a aceptar, ella tenía que meterse en la cabeza también, de ahora en adelante, que no iba a ser sólo un buen amigo, sino su esposo.
Antes de quedar desconcertada por la disculpa de Sasuke, bajó la guardia tratando de asimilar que él se encontraba nervioso... Pero eso era imposible. ¿Sasuke nervioso? Debía de seguir soñando. «¿Eh?» Lamentablemente no pudo seguir pensado que era un sueño, pues lo siguiente frente a sus ojos —abiertos al analizar los tartamudeos leves del Uchiha— eran los penetrantes y fijos irises negros de Sasuke que en su descuido le arrebató la sábana y la levantó de los hombros.
— No me arrepiento si lo hubieras permitido, porque me gustas.
Abrió los labios levemente, sus pupilas vibraron perfiladas entre aquellas largas pestañas al enfocar la honestidad tan masculina que la estremeció, el ardor en su rostro creció en la misma medida en que todo a su alrededor oscureció y lo último en su mente fue la cálida y tierna expresión en el rostro de Sasuke.
Suspiró. «No de nuevo.»
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Abrió los ojos... una vez más, y tomó asiento con pesar, el manto oscuro en la ventana y el ligero dolor de cabeza le recordó poco a poco que: había ido de fiesta a un hostal; que Shion y ella parecían haberse vuelto amigas un poco mientras estaban en los baños; que regresó a la habitación e Ino le insistió en que bebiera; que la rubia le habló sobre algo que no estaba muy claro, pero se trataba de— Sasuke... —murmuró intentando tomar asiento en el colchón. La paz y felicidad de disfrutar entre amigas pronto fue oscureciendo: recordaba ir al bar; recordó pellizcar el cuello de un chico que jamás había visto antes; recordó vomitar tras una maceta y recordó que fue cargada como princesa por— Sa... Sasuke-kun. —susurró abriendo los ojos y tornando esa oscuridad por un marcado rubor que a cada imagen le quemaba más el rostro.
Se acordó vociferar al llegar a casa; se acordó gritarle en la cara; se acordó brincarle a la espalda; se acordó de haber buscado en las cajoneras algo cómodo; recordó vestir sólo una camiseta de él; se acordó tirarle su pijama a la cabeza; se acordó estirar su rostro como un juguete; se acordó mirarlo fijamente mientras trataba de dormir y se acordó de intentar hacerlo reír con cosquillas.
Llevó las manos a la boca. — Él me... yo lo...
Y, claro, también recordó que prisionera en la cama fue besada... de nuevo.
Le quemaba tanto el rostro que pronto se le caería de lo derretido que iba a terminar de tantos recuerdos. Le temblaban un poco las manos y esperando que todo lo que había pasado por su cabeza fuera un extrañísimo sueño, contempló estupefacta que llevaba puesta una camiseta gris con el emblema Uchiha en una esquina.
Sobre su cama cayó su antigua pijama y el aroma de algo recién preparado le hizo rugir el estómago, avergonzándola más; si es que era posible. Levantó la cabeza lenta, muy lentamente y se topó con la penetrante mirada ónix de Sasuke.— Agradece que no te cambié la ropa para regresarte al hostal y que creyeras de esto un mal sueño. —comentó tranquilo depositando la bandeja en una silla que pertenecía al comedor, para así tomar asiento al lado de ella en la cama.
"... me gustas"
Resonó en su cabeza quedando en shock.
¿Se lo estaba imaginando? Sí, eso debía ser. Sasuke no pudo haberle dicho algo como eso porque... esas palabras significaban una... ¿Una confesión? No. Imposible. Sasuke no sentía nada más allá de gratitud. Pero la gratitud no se expresa con esas palabras. ¡No, qué estaba pensando! Sasuke-kun jamás le diría algo así porque, pues, es Sasuke.
"No me arrepiento si lo hubieras permitido, porque me gustas."
No... No era su imaginación. ¡Era un recuerdo! Al tratar de mirarlo a los ojos descubrió esa mirada de vergüenza que conocía a la perfección porque era la misma cara que se reflejaba en el espejo cuando se miraba en el pasado. Sasuke... había dicho que... que le... gustaba.
Había dicho que le gustaba.
¡Una confesión de él!
En su pecho habían tumbos descontrolados al pensar que él había dicho algo así de directo. Sintió que todo se le oscurecía de nuevo y antes de que el cuerpo languideciera más, chocó sus ojos con él al ser sujetada de los brazos. — Ni se te ocurra desmayarte otra vez. —amenazó— O tendré de regreso mi camiseta. —Ella no tardó en dar un brinco por las palabras.
Él no haría eso... ¿verdad? No, claro que no. Él... Él no es de esos. No... ¿cierto?
"... me gustas"
Las palabras retumbaron de nuevo en su cabeza acompañadas de una fuerte jaqueca.
— Toma. —cuando las manos de Sasuke se colocaron delante de su rostro, abatido y contrariado, con un vaso de agua y pastillas, volvió a brincar— Son las mismas que dejaste para mí aquella vez. —Trató de pronunciar un simple y corto "Gracias.", pero lo único que pudo hacer fue asentir en silencio sin mirarlo siquiera asediada por aquella hermosas y desconcertantes palabras. Todo le daba vueltas. Parecía que su mente quería volver a un lugar tranquilo perdiendo la consciencia, pero no saber si Sasuke realmente sería capaz de quitarle la camiseta era una forma práctica de seguir despierta.
Sus dedos se toparon por una fracción de segundo cuando ella intentaba sujetar el vaso con su temblorosa mano.
"... me gustas"
Mientras ella experimentaba una sensación similar al calor de una fogata recorrer sus dedos hasta llegar al pecho, seguido de las tan insistentes palabras "... me gustas"; Sasuke fue invadido por una poderosa energía eléctrica que se dispersó por todo su cuerpo antes de concentrarse en la pelvis como una patada. Apartó la mano del vaso y aunque trató de alejar la mirada de ella, sus ojos instintivamente buscaron su busto y permaneció fijo en los detalles que relucían a través de la delgada tela. Se levantó con la velocidad de un rayo cuando su mente se la imaginó tan bien esculpida como en el sueño.
"... me gustas"
— Cámbiate, come y descansa. —indicó sin mirarla y caminando deprisa— Dormiré en la otra alcoba. Hablamos mañana. —el sonido de la puerta le dio la seguridad de alzar la mirada, pero el aire todavía no le llegaba con libertad y los abrumadores golpeteos de su corazón no le permitían pensar con claridad una forma de evitarlo por el resto de su vida.
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• DÍA #230 •
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Salió del baño y caminó directo a la habitación. Poca importancia le dio al lugar pues, aunque familiar, no era el de costumbre. Abrió la puerta y se lanzó a la cama como un niño molesto. Aspiró profundo y la viva esencia de Hinata llegó hasta lo más profundo de su memoria. Chasqueó la lengua. Sabía que no podría dormir esa noche si no estaba en su cama —con ella—, pero qué se le iba a hacer. ¿Regresar a la habitación? Una parte que no había escuchado antes le decía que sí con énfasis e insistencia, pero no le iba a obedecer. Sabía en lo más profundo de la subconsciencia qué era esa voz; si empezaba a escuchar esa parte de él...
— P-puedo... —ese tono lo levantó de golpe y miró hacia la puerta— ¿Puedo dormir aquí?
Instintivamente su cuerpo se movió hacia la orilla para que ella se aproximara. Estaba cubierta por completo por una gruesa colcha de algodón y lana que no había visto antes, pero podía soportar una noche con algo tan caluroso como eso a su lado siempre que ella estuviera allí también.
Su mirada brillaba y evitaba el contacto visual; el rojo de sus mejillas seguía tan encendido como hace unas horas.
Ella tomó lugar en la cama un poco insegura, pero todo pasó de inmediato cuando ella lo arropó bajo la misma calurosa tela que estuvo a punto de tirar al piso si no fuera porque sus delgados dedos se posaron delicados sobre su pecho descubierto desde que había dejado el baño. Sus dedos por sí solos no le habrían provocado nada más que un cosquilleo pasajero; sin embargo la respiración sobre su pecho no hizo sino encenderle, pero aquello que lo obligó a alejarla fue la suave caricia que sus manos estaban creando al bajar por su abdomen.
— ¡Pe-Perdón! —Se disculpó ella avergonzada al cerrar los ojos por el repentino agarre que hizo en sus hombros— Yo... Yo sólo quería de-demostrarte que ta-también... también... —Ella abrió los ojos y su mirada lo dejó sin aliento. ¿Por qué la alejaba? ¿Acaso creía que se transformaría en algún tipo de pesadilla? Hinata cubrió su rostro con ambas manos intentando salir de la cama balbuceando cosas que no comprendía, pero sabía que tenían que ver con su estúpido empujón.
«¡No te vayas!» Gritó su mente, lanzó la gruesa colcha al suelo y la atrapó entre sus brazos. ¿Qué le estaba pasando con ella? Tenía la vaga idea de que quería decirle algo importante. ¿Pero qué? ¿O ya se lo había dicho y no lo recordaba? ¿Por qué no recordaría algo que para su inconsciente era crucial? La aferró a su cuerpo. Necesitaba tenerla cerca, lo más cerca posible, pero cuando sus brazos la rodearon por completo, cuando sintió la suavidad de sus pechos contra sus pectorales, cuando entrelazó sus piernas entre las de ella ya no sólo necesitaba tenerla cerca.
Quería conocerla de una forma diferente.
Bajó la cabeza hasta su cuello y aspiró profundo, provocándole un suave escalofrío. La situó de espaldas en la cama sin forzarla y, sin levantar la cabeza, posó sus labios en su cuello para plantar un beso posesivo que la marcara, porque ella le pertenecía: estaban casados y era su esposa. Podía dejar su huella en la tersa piel... Quería dejar su huella en esa suave piel. Recorrió con ardor lentamente desde el cuello a la clavícula hasta que la camiseta le estorbó el resto del camino que quería continuar; por lo que llevó ambas manos hasta la fina cintura y así subir por su figura junto con aquella molesta ropa.
Hinata dejó escapar un pequeño quejido al quedar desnuda, pero él no abrió los ojos y tampoco alzó la cabeza. Algo le decía que si lo hacía pasaría algo que arruinaría el momento. Sus labios prosiguieron ese trayecto pasional de besos imborrables que ella respondía con ligeros estremecimientos y sonidos suaves que le elevaba la temperatura aún más.
Una de sus manos reconoció de inmediato la suavidad y tamaño de su seno, pero quien lo disfrutaba más era su boca lamiendo al gemelo como si fuera un helado derritiéndose; desde la base a la punta con extrema lentitud para sentir como su cuerpo se estremecía bajo el suyo. El gemido que ella no pudo contener lo apartó de su cuerpo y comprobó el más perfecto sueño que tenía la dicha de experimentar. Sus curvas eran deliciosamente peligrosas y si continuaba podría encontrar el cielo... o más bien el mismo infierno y estaba dispuesto a quemarse vivo en él.
Reclamó esos rosados labios como suyos. El calor de la piel estaba por igual en los cuerpos. Jugueteaba con su tímida lengua que a ratos se volvía candente y lamía su labio inferior como un torpe juego de querer estar a su nivel. La respiración agitada. El sonido en la alcoba era tenue. ¿Podía provocar algo más fuerte? Quería escuchar un sollozo más profundo y alto. Una de sus manos se deleitaba de la mezcla de suavidad y dureza de su pecho, la otra descendió por sus curvas, recorrió el muslo, se introdujo curiosa y con afán entre la entrepierna haciendo hacia un costado la maldita ropa interior.
¡Allí estaba ese excitante gemido que llegó hasta la sala!
Sus dedos toparon la humedad de su intimidad y ello sólo le endureció el miembro.
Dejó de marcarla tenaz con su boca sólo para ver su expresión mientras jugueteaba con su clítoris e introducía sus dedos en aquella zona tan ardiente.
¡Allí estaba ese endemoniadamente perfecto gemido de nuevo!
Su expresión de deseo le causaba placer, no sólo sexual, sino personal. Él la hacia sentir de esa manera, él era el primero y único que podía ver esa expresión y se encargaría de que fuera así las veces que le diera la gana. Era suya. — Hinata... —El jugueteo y los dedos una vez más en el interior le permitían escuchar ese cántico, le permitían ver ese rostro que levantó su miembro de forma dolorosa por la prisión que causaba el pantalón y su propia ropa interior.
Sus gemidos... Su gesto de satisfacción... ¿Podían mejorar?
Su cuerpo le exigió sentir de propia fuente esa humedad y ardor.
Volvió a arrebatar sus labios con deseo, enrojeciendo e hinchándose por la presión y el uso descontrolado.
Llevó ambas manos a la hebilla del pantalón para liberar aquello que lo haría conocer el tormento y satisfacción de estar en el infierno.
Ella sobresaltó cuando su parte más fogosa y dura la rozó. Sasuke trató de levantarse para saber cómo ingresar, pues parecía que la lastimaría si lo intentaba ya que nunca había sentido esa parte tan carnosa y vigorosa, pero ella lo sujetó del cuello. No tenía que escucharla o verla para saber que su tiritar eran nervios y ello sólo lo estimulaba más. Sentía que la dureza de su entrepierna crecía con cada segundo que esperaba a estar dentro de ella.
Sujetó su virilidad. Guiado por la humedad y sus leves saltos encontró la entrada a oscuras. Una parte —la pequeña y casi inexistente razón— le decía que fuera gentil, que tuviera tacto, pero el deseo lo controló. Cuando sus intimidades ya estaban en posición, colocó las manos en su prodigiosa cadera y penetró sin detenerse a pensar de lo grande que se había vuelto por la sangre acumulada o lo estrecha que era como para que sólo sus dedos le causaran ese nivel de deseo.
El grito de ella lo estremeció a tal punto que olvidó el daño de sus uñas clavadas en la espalda. Quizá sangraba, pero eso qué mierda importaba si podía sentirla. — Hi... Hinata... — Ese infierno... El maldito y jodido infierno... o cielo. ¡No importaba! Lentamente retrocedió para sentir cada rincón de su fogoso interior, tiritando ambos en el proceso. Incrustó los dedos en la firme piel de sus caderas una segunda vez y arremetió inclemente provocando otro grito igual o mejor que el primero. Sentía pequeños hilos de sangre emerger de las heridas que ella le provocaba en la espalda, pero podía soportar que le desgarrara la piel si con ello seguía padeciendo del efecto que le causaba la inserción de su potente miembro en aquella angosta cavidad.
Tres... Cuatro... ¡Cinco! Cada vez más rápido y con la misma fuerza.
Ella se había acostumbrado al tamaño, ya no gritaba por ese sabroso dolor, pero apretaba las caderas al tenerlo dentro y eso lo obligaba a salir rápido para volver a entrar con una embestida, porque el gozo de la sensación era adictivo. Levantó la mirada cuando ella dejó de tenerlo prisionero entre sus pechos y la vista fue espectacular: ojos vidriosos, mejillas rojas, el sudor, sus cabellos pegados a la piel, el olor, el calor, la humedad... ¿Había algo que no le excitara más?
La sujetó por las muñecas para ver sus expresiones cada vez que su cadera chocase contra ella. Había disminuido la intensidad, pero aumentaban en velocidad.
Sus pechos brincaban, mordía su labio inferior levemente cada vez que entraba para no quejarse más, trataba de no mirarlo a los ojos por mucho tiempo porque todavía así le daba vergüenza, contraía el interior de sus caderas cuando su grueso miembro entraba y salía, el sonido de la carne desnuda estaba en armonía con el movimiento de su pelvis y tenerla a merced de su ritmo sólo lo endurecía sin escrúpulos.
Llegó al límite. La respiración agitada era igual a la de ella; lo contemplaba en su pecho. La miró a los ojos y en ese silencio ambos sabían que pronto terminaría aquella tortura. Tortura que estaría dispuesto a vivir cada noche, cada mañana, cada vez que ella lo permitiera... o cada vez que su cuerpo lo exigiera.
Hinata entrelazó sus piernas detrás de la espalda todavía prisionera a la cama por sus masculinas manos. Las penetraciones eran veloces, los compañeros del miembro excitado estaban bañados por su jugo y el sonido se perdía entre las forzosas respiraciones de sus cuerpos. Apretó la mandíbula y ahogó un gemido tosco en la garganta cuando dejó que su miembro explotara en éxtasis, contempló como ella arqueó la espalda en esa última y perfecta penetración que estremeció hasta la cama y después cayó sobre su fino cuerpo porque sólo tenía energía para respirar. Ella balbuceó algo que no comprendió y se levantó únicamente para ver su rostro. Ella posó sus manos sobre las mejillas y la sonrisa que le regaló aceleró su corazón de una manera distinta a la que lo aceleró su cuerpo. — Sasuke-kun... —murmuró mirándolo directamente— Despierta.
Abrió los ojos de par en par, su pecho subía y bajaba forzosamente, sudaba, le ardía el cuerpo y levantó la cabeza sólo para encontrarse con la incómoda situación de tener los pantalones húmedos, pegajosos y a Sasuke Jr. tan firme y despierto como en aquel sueño.
Dejó caer la cabeza sobre la cama indignado, pasó las manos por su rostro y tiró del cabello sin saber con exactitud cómo sentirse: Si molesto por dejar que ese sueño lo descontrolara, irritado por despertar de esa horrorosa manera en cama ajena, o cabreado por saber que todo aquello sólo fue un jodido y maldito sueño.
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El frío de otoño la levantó de la cama todavía con el cielo oscuro. Miró a su lado y la figura de costumbre no se encontraba allí. Sintió un poco de alivio recorrer su conciencia, pero en su interior, muy en el fondo, sabía que aquel alivio duraría poco... y deseaba que fuera así. «¿Eh?» No fue hasta estar frente a la ventana que descubrió su cuerpo con una camiseta negra de manga larga con el símbolo Uchiha en el centro y unas letras blancas adornando el brazo derecho. «"La chica que la use es propiedad de Sasuke."» Brincó y las mejillas se le encendieron veloces.
— ¿Tienes frío? —la voz masculina resonó a su espalda y sin tiempo a voltear, unos fuertes brazos la tomaron por la cintura, y la barbilla de Sasuke reposó en su hombro sin descaro. Sonrojó todavía más intentando alejarlo patéticamente. — Pon resistencia y te irá peor. — Hubiera querido tomarlo como una broma, pero la coqueta media sonrisa que le dio a sólo unos centímetros de su rostro la tenía al borde del desmayo. Sus labios temblaban tratando de pronunciar alguna torpe palabra para alejarlo, pero el corazón le daba tumbos atroces en el pecho y el calor que le proporcionaba en la espalda era reconfortante.
Sasuke chasqueo la lengua como una pequeña risilla y sacó la cabeza de su hombro sólo para colocarla sobre su cabeza. Exhaló profundo. Ella tenía el cuerpo tenso e inmóvil. — ... me gustas. — Murmuró casi inaudible, pero esas palabras llegaron a sus oídos y sin poder evitarlo, su corazón se detuvo. Seguía temblando, pero ya no era igual. Algo no era como antes. Sus palabras le causaron un retortijón en el estómago y lentamente volvía a recuperar el aliento; ahora acompañado de una hermosa calidez en el pecho. — ... me gustas. — Repitió de nuevo, apretando un poco los brazos en su cintura y elevando su pecho un poco sin darse cuenta.
La extraña mezcla de calor y cariño la tranquilizó. Sabia que Sasuke la tenía abrazada frente a la ventana, sabía que bajo la cintura sólo la cubría su ropa interior, pero la timidez de siempre se había ido, porque sus palabras la hacían sentir segura... extraña y dulcemente protegida. Sus brazos comenzaron a levantarse, las manos delgadas querían posarse sobre su agarre y cerrar los ojos para poder sentir los latidos de su corazón. Tenía los dedos helados, pero ya no tiritaba. El cuerpo de él era cálido, seguro y...
Abrió los ojos en la cama, aferrada a su almohada y vestida con su ancha pijama de algodón. El sudor recorría ligeramente su frente y tenía la respiración alterada. Miró de un lado a otro para asegurarse de que Sasuke no estuviera cerca, pero los recuerdos de la bebida llegaron... esta vez acompañadas de las traviesas manos que Sasuke llevó a su pecho mientras la abrazaba por la espalda en el sueño.
"... me gustas"
Abrió los ojos, llevó las manos a su pecho, sintió el palpitar acelerado de su corazón y de manera mecánica sus ojos se posaron en el lado vacío donde un muchacho de cabellera oscura debería estar como de costumbre, pero sólo se encontraba una camiseta gris con el abanico en una esquina.
Observó la ropa por tanto tiempo que no se dio cuenta el momento en que volvió a quedarse dormida.
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Estaba en la sala arreglando las cosas. Las nubes de tormenta anunciaban una lluvia próxima y la incomodidad de haber tenido que lavar las sábanas de la cama de Hinata —secadas rápidamente con ninjutsu de tipo viento— no se le salía de la cabeza. Preparaba el equipaje para la misión cuya respuesta por fin había arribado esa madrugada (mientras limpiaba el desastre); un ave del Hokage lo tomó desprevenido. Ahora que estaba despierto podía mantener la calma, no se iba a atormentar por el sueño hú... «Así que te vas de misión, eh.» Los maullidos de la gata no lo alteraron y continuó guardando pergaminos con shurikens de invocación. «¿Qué te su...?» El felino entrecerró los ojos un poco y olfateó hacia el pasillo. El ronroneo y su repentina desaparición hacia las escaleras era suficiente motivo para saber que ella estaba del otro lado.
Despertó como cualquier otro día normal... hasta que los recuerdos regresaron. ¡Esos recuerdos! Oh, dioses... Hubiera permanecido en la alcoba el resto del día —o de su vida—, pero los sonidos en la sala le señalaban la posición de Sasuke y muy dentro de su cabeza una parte le susurraba que lo encarase. ¿Por qué? ¿Para qué? No encontraba sentido a bajar y verlo en persona si al cerrar los ojos podía sentirlo en persona. Oh, dioses... Y aún así ya estaba descendiendo la escalera, apegada a la pared, escuchando como empacaba herramientas ninja.
Quería evitar revivir la vergüenza de la noche pasada, pero otra parte de su cerebro le pedía saber qué sucedía con él: ¿Qué hacía con exactitud? ¿Cuál era su expresión? ¿Estaba agitado? ¿Nervioso? ¿Indiferente como de costumbre? ¿Si la tenía delante, él diría algo? ¿Ella diría algo? ¿Si se hacía la olvidadiza y preguntaba qué hacía allí, él le...? ¡Por qué estaba oculta detrás de la pared! No era como si él no supiera que no estaba allí, verdad. ¿Si lo sabía, por qué no decía nada? ¡Por qué no decía nada! ¡Cómo había terminado allí!
— El desayuno ya está listo.
Sobresaltó al escuchar su voz y volteó hacia el suelo, donde Kunai la observaba curiosa. Sonrió a la gata forzadamente y posó sus temblorosos dedos en el marco de la puerta para asomarse lentamente, pero el cuerpo de Sasuke la asustó cuando cruzó el umbral sin avisar; el corazón se le detuvo. Sasuke caminó hasta la puerta sin mirarla, tenía todo el equipaje listo y llevaba la vestimenta para misiones. Temblaba y rogaba porque no diera vuelta.
Él simplemente cogió la capa del gancho y abrió la puerta. Permaneció allí varios segundos que para ella fueron un par de vidas. — Su... —balbuceó sin comprender por qué decirle aquello, pero no salió ninguna de las palabras que surcaron su mente— No olvides entrenar. —aclaró con tosquedad en su tono indiferente— No quiero como esposa a una perdedora Hyuga. —y con ello cerró la puerta, se puso la capucha y caminó sin mirar atrás. «¿Suerte con el encuentro?» Pensó a varias cuadras sin comprender por qué quería decirle eso. ¿Qué importaba si perdía? No podía hacer nada, después de todo ya estaban casados.
Y aunque no lo percibió, sonrió suavemente al considerarlo.
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Kunai no dejaba de mirarla desde que Sasuke había partido. Llevaba casi diez minutos pegada a la pared sin moverse temiendo que regresara, pero los maullidos de la gata la relajaron después de tanta tensión. «¿Pasó algo mientras no estuve?» Preguntaba por simples modales, pero estaba claro que había pasado algo; algo lo bastante grande como para que Hinata, su ama, no lograra disminuir los latidos de su corazón. La gata se aproximó a la muchacha y comprobó que el aroma a sake provenía de ella.
No había que ser un genio para saber, más o menos, lo que "pudo" suceder.
— Qui... ¿Quieres comer? —murmuró con las mejillas todavía rojas y las palpitaciones en el pecho ligeramente más suaves.
La felina negó con un poco de orgullo la pregunta y subió las escaleras atraída por el curioso aroma en el segundo piso.
Hinata simplemente miró a su mascota desaparecer. Respiró profundo y llevó los pies hasta la cocina donde un desayuno de aspecto y aroma agradable la recibió. No tardó en recordar las palabras de Sasuke junto a su rostro... junto a sus labios.
¡Ese palpitar de nuevo!
El rostro volvió a quemar y cuando decidió tomar la comida que él tan consideradamente le preparó —tratando de olvidar esa noche—, el sonido de su celular la sobresaltó y cayó de la silla. — ¿A-aló? —respondió en el momento preciso en que deslizó el dedo en la pantalla para aceptar la llamada.
— ¡DIOSES, HINATA! ¡QUÉ ALIVIO ESCUCHARTE! —la estridente voz de Ino casi le rompe el tímpano. — ¡¿Estás en casa?! ¿Está Sasuke por allí? ¡Dime que estás sola!
— Uhm... S-sí... E-estoy sol...
— ¡NO TE MUEVAS! —gritó una vez más— ¡Voy para allá así que quédate allí! ¡Ya voy! ¡No te muevas!
— S-sí. —respondió rápido al darse cuenta que asentía como una niña a su madre. La llamada colgó de parte de la nerviosa rubia y aquello sólo le confundió por unos segundos... Hasta que recordó que no pasó la noche en el hostal con el resto de chicas y era de esperar que Ino (siendo la anfitriona) se preocupase de su desaparición. Puso agua en la tetera para tener listo té al arribo de su amiga, subió a cambiarse y antes de ingresar a la ordenada alcoba, percibió el tenue sonido de gruñidos en su habitación. Una vez en la puerta, encontró a Kunai sobre su cama perfectamente tendida y a la adorable mascota gruñendo como un perro.
Quizá hasta peor que uno.
— ¿Kunai-chan? Te... ¿Te encuentras bien? —El animal miró a su dueña, bajó de la cama y la rodeó mientras la olfateaba con cuidado. — ¿Kunai-chan? —la gata tomó asiento delante de ella cubierta en indignación y preocupación por los oloes en la alcoba. Miró a su ingenua dueña con cariño y molestia.
«Necesitaré ayuda con esto.»
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Caminó hasta la puerta cuando los golpes sonaron potentes en la madera. No alcanzó ni a abrir la boca pues Ino ya la abrazaba como si llevase siglos sin verla. — ¡Dioses, cariño! ¡Estaba tan angustiada! ¡Me siento tan culpable, Hinata!
— Ino-san yo... —la rubia la alejó todavía agarrándola de los hombros.
— ¿No paso nada malo, verdad? —ella levantó una ceja y Hinata abrió los ojos más que sorprendida— Corrijo. ¿Sasuke-kun no te hizo nada, verdad? —la cara de Hinata enrojeció abruptamente— ¡No puede ser!
— ¡N-no es lo q-que crees, I-Ino-san!
La rubia bajó la cabeza por unos segundos antes de levantarla con una pícara sonrisa soltando a la ruborizada muchacha de los hombros para cruzar un brazo y sostener su barbilla con la otra mano.
— Hina, Hina, Hina. Cálmate. Si no pasó nada... o si pasó algo, no tienes por qué darme explicaciones. Yo no soy la esposa.
— Sí, pero...
— ¡Nada de peros! —sus ojos adoptaron una extraña mezcla de incomodidad y curiosidad. — Sin embargo, debo de preguntar si aquello que NO pasó, fue consentido por ambos. —El confundido y apenado rostro de Hinata le dio un pequeño pinchazo de culpa— Escucha Hinata. No fue mi intención que te emborracharas más de la cuenta. Yo sólo quería que la pasaras bien como el resto... bueno, casi como el resto. —la rubia desvió la mirada de manera fugaz al pensar en Sakura— Creo que me excedí.
— Ino-san, no te sientas así. La fiesta fue divertida... O bueno, lo poco que recuerdo lo fue. —Hinata sonrió todavía rosada por pensar en Sasuke— Soy yo quien debe disculparse por haber desaparecido de aquella forma. No fue mi intención preocuparte y hacerte creer que me habían secuestrado, pero...
— ¿Secuestrada? —interrumpió Ino con una corta risa— Jamás estuve preocupada por algo como eso, Hina. La recepcionista me avisó esa misma noche que Sasuke fue por ti. —La mirada de Hinata expresan un claro "¿Entonces porqué estabas preocupada?" — Me sentí mal porque al llamar a tu celular me respondió el odioso de Sasuke-kun y me regañó como si fuera una niña. ¡Puedes creerlo! ¡Me dijo que cómo era posible que permitiera que alguien que no soporta el alcohol se emborrachara de esa forma, que si él no llegaba en ese momento luego un desconocido te raptaba y un montón de sandeces más! —vociferó con las manos al aire y el ceño fruncido.
Hinata sonrió incómoda y guardó para sí el leve recuerdo del muchacho de cabello verde que la ayudó en el bar, pero mientras la vergüenza todavía se reflejaba en su rostro con un suave rosa en las mejillas, un par de palabras expresadas por la rubia la sacaron un poco de su abismo de bochorno.
— ¿Sasuke-kun fue al hostal? —interrumpió los insultos a regañadientes de la rubia— Pero, eh... Yo, yo no le dije la dirección. Traté, pero él me indicó que no tenía que decirle a donde iba todo el tiempo.
— Si será idiota, este. —respondió Ino rodando los ojos— Cómo lo supo, da igual. Lo que me importa es no ser la culpable de la consumación del matrimonio porque luego...
— ¡¿Co-co-consumación del ma-ma-ma-matrimonio?! —la poca calma que había tomado al desviar el tema apareció como un volcán en plena erupción.
— Tranquila, tranquila. —la tomó de las manos y la miró a los ojos— No diré nada a nadie, ni a Sai. ¡Lo juro! De hecho, puedes hacer como que no contó, sí. Porque, bueno, la primera vez juntos debe ser recordada de una manera súper dulce, no como una pasada de copas por culpa de una ami... de una fiesta, verdad.
— Pe-pe-pero, I-I-Ino-san...
— Aunque, claro. Si quedaste embarazada, pues, ni modo.
— ¡I-Ino-san!
— Bien, bien, no diré nada más del tema. —la rubia soltó las manos de la tartamuda Hinata y caminó rumbo a la puerta— Ah y descuida. Las chicas creen que te fuiste temprano porque te hizo mal la bebida, así que nadie sabe que pasaste una noche loca con tu esposo. También me encargué de la recepcionista, ella no dirá nada, ya sabes, de que los Uchiha podrían crecer pronto. Creo que esa noticia es personal y respeto eso, Hinata, no soy tan desubicada como algunos creen.
— Pero... Pero Ino...
— Eso sí. La madrina de ese bebé seré yo, eh. —expresó señalando el abdomen con el índice ya del otro lado de la puerta— Rogaré a los dioses para que sea niña. ¡Bye! ¡Bye!
Y tal como la tormenta Yamanaka apareció, se fue dejando no sólo pensamientos ofuscado sino corazones acelerados y mejillas ardientes. La boca de Hinata quedó abierta y así permaneció un par de minutos después de ver que Ino daba vuelta en la esquina de la cuadra alejándose sin una pizca de pena. Cerró la puerta y pegó la espalda a ella tratando de serenar la mente, pero lo único que Ino había provocado con su corta visita fue traer de vuelta los recuerdos de la noche pasada y una sensación extrañamente familiar en el pecho que le quería sacar el corazón por la boca de sólo pensar que ella podría estar esperando...
«Un... Un bebé»
"Mami. ¿Papá cuando va a regresar?" Abrió los ojos de par en par al descubrir delante de ella una niña, no mayor a cuatro años, idéntica a ella, pero con los indiscutibles ojos negros del Uchiha. Luego descubrió que en sus brazos yacía dormido un hermoso bebé de unos tres meses.
— ¡AH! —Dio un suave grito cuando la puerta sonó del otro extremo con insistencia y aquella alucinación momentánea la dejó no sólo confundida, sino con una explosión de calidez y dulzura en el corazón. — Ya... Ya voy. —indicó después de respirar profundo para mermar el color carmesí en su rostro. La sorpresa no tardó en desaparecer la vergüenza totalmente de sus ojos con la presencia del otro lado.
— ¡Cómo pudiste hacerme esto, Hinata! —reclamó la voz de Sakura quien entró sin permiso cubierta de una extraña sensación que le provocó escalofríos.
— ¿Sakura-san? De qué...
— ¡Cómo pudiste! —gritó avanzando hacia Hinata y haciendo que retrocediera asustada y confundida— ¡Por qué! ¡Yo jamás me fijé en Naruto y tú...! ¡Amo a Sasuke-kun y tú me lo quitaste!
Hinata abrió los ojos de par en par todavía más confundida por las palabras. — ¿De... De qué hablas?
— ¡No me trates como una idiota! —la empujó del pecho levemente— ¡Cómo fuiste capaz! ¡Eramos amigas! ¡Eres una maldita!
— No comprendo lo que...
La cachetada resonó en la soledad de la casa y el distrito.
— ¡Desde la academia estuviste enamorada de Naruto y aunque él siempre trató de conquistarme porque era más bonita, yo no lo acepté porque tú lo amabas! ¡Todos! ¡TODOS saben que YO amo a Sasuke-kun y qué es lo que haces después del favor que te hice! ¡QUITÁRMELO!
— N-no, Sakura-san... Yo...
— ¡Te detesto! Te odio. —respondió entre dientes— No dejaré que me lo quites, entendiste. Que Naruto te haya dejado por alguien mucho más vistosa que tú, no es mi culpa y yo no me quedaré como una tarada a que me quiten a la persona que amo. Si él muestra interés por ti es sólo porque quiere experimentar con ese cuerpo que tienes.
— Sasuke-kun jamás haría algo así. redutó con un tono serio mirándola a los ojos.
— ¡Tú que vas a saber! ¡No lo conoces!
— Tienes razón, no lo conozco lo suficiente, pero sé que él jamás haría algo así porque es una buena persona y si lo amaras no dirías cosas como esas.
— ¡Cómo te atreves!
— Y tus palabras son inapropiadas porque yo no te estoy quitando a Sasuke-kun. Ahora si eres tan amable de salir de mi casa te lo agradeceré.
Sakura levantó la mano para darle otra cachetada, pero la detuvieron de la muñeca. Las pupilas de ambas quedaron estáticas con la presencia del muchacho a su espalda.
— Naruto-kun.
— ¿Qué haces aquí, Naruto? ¡Suéltame!
Naruto aflojó la muñeca, pero la expresión de decepción en su rostro sólo hizo que Sakura se aleje del lugar maldiciendo entre dientes.
— ¿Te encuentras bien, Hinata-chan?
— S-sí... Gracias. Lamento que hayas presenciado algo así. —respondió apenada y bajando la cabeza como disculpa sin darle interés al ardor en la mejilla por el golpe de hace unos segundos.
— No lo lamentes, Hinata. —contestó casi de inmediato con una sonrisa cálida— Defender al idiota de Sasuke a veces provoca esas reacciones en otras personas. —ella levantó la cabeza de inmediato— No es que Sakura-chan no lo comprenda, pero, eh, bueno... ¡Lo importante es que tú ya sabes que ese idiota es una buena persona, de veras!
La sonrisa del rubio reflejó una gratitud inexpresable en palabras que Hinata contestó con un gesto igual por estar allí para Sasuke cuando más lo necesitaba.
— No... No quiero sonar grosera, Naruto-kun, pero... ¿Qué haces aquí? —él sonrió amigable y rascó una mejilla, pero estas adoptaron un tona rosa que lo hacía ver tierno.
— Vine... Vine porque necesitaba ayuda con algo y nadie mejor que tú para eso. —Ella parpadeó perpleja mirando al muchacho con las mejillas rosadas y una sonrisa infantil que rayaba en el nerviosismo.
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Se encontraba en la entrada de la aldea desde hace más de media hora por culpa de un integrante que no hacía presencia todavía, pero cuando la muchacha llegó a la puerta, Sasuke no pudo sino maldecir mentalmente cuando no previno que el otro miembro era Sakura. — Bien, ya estamos todos. —Comunicó Shikamaru con los ojos adormilados.
Sakura acomodó su cabello de manera incómoda tras la oreja antes de mirarlo, pero Sasuke la ignoró completamente siguiendo a Shikamaru y Chouji que desconocían lo sucedido entre ambos, pero la indiferencia de Sasuke hacia Sakura ya era normal así que no dignaron en prestar atención demás, o preguntar porqué ignoró el saludo sutil de la médico ninja.
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Naruto y Hinata entraron a la sastrería sonriendo como tontos por un mal chiste que el rubio hizo con respecto al clima. Antes, pasar tanto tiempo a su lado le hubiera provocado más de un desmayo, pero ahora apenas y recordaba que Naruto le había robado el corazón como su primer amor. — ¡Hinata-san! —El grito silenció a ambos clientes y frente a ellos se encontraba una jovencita no mayor a 15 años. — Escuché que te hizo mal la bebida. ¿Eres alérgica?
— Emery-san. Hola. —saludó calmada, pero sus cachetes empezaron a arder suavemente— N-no. No soy alérgica, pe-pero bebí demás y, eh... Pues...
— Ah, qué alivio. Bueno, no tanto porque una intoxicación es peligrosa también. Qué lindo de tu esposo que te fuera a buscar a esa hora de la madrugada para llevarte al hospital.
— ¿Estuvuste en el hospital, Hinata-chan? —preguntó un angustiado Naruto.
— ¿Eh? —volteó en dirección al rubio— No, descuida Naruto-kun. —expresó para calmarlo.
— Pero las intoxicaciones se tratan en hospitales. —Agregó Emery.
— S-sí, pero yo... Yo no estaba intoxicada. —contestó apagando la voz y encendiendo el rubor.
— Ah, ya comprendo. —expresó Naruto con una sonrisa que le provocó un leve ataque a Hinata.
— ¡Naruto-kun, n-no es lo que...!
— También perdí la conciencia las primeras veces que me emborra... Que bebí demás, ajá. —aclaró la garganta tratando de ignorar lo que iba a decir. Los tres se miraron de manera fugaz hasta que Naruto cambió el tema preguntando si se conocían desde hace mucho.
— ¡Qué vergüenza! Perdón. Naruto-kun, ella es Emery Rinda-san, la novia de Lee-san. Emery-san, él es Naruto Uzumaki-kun
— ¡Oh! Así que tú eres la novia del cejotas. —él estiró la mano y ella la aceptó gustosa— Eres muy joven. ¿Tus padres lo aprueban?
— Si mis padres estuvieran vivos seguro lo aprobarían, pero fallecieron en la Cuarta Guerra. —el rostro de los muchachos se contrajo por la indiscreción — No pongan esos rostros. Si no fuera por ustedes mis hermanos no habrían sobrevivido.
Ambos sonrieron incómodos pero agradecidos.
— Y aunque agradezco el halago por mi aspecto, Uzumaki-kun, yo cumpliré 22 en un par de meses. —El rostro de Naruto reflejó un poco mas de vergüenza por el comentario, provocando una corta risa ahogada en Hinata. — ¿Qué los trae aquí? —preguntó amistosa y atenta. Hinata recuperó el tono normal de su piel y le explicó el por qué de su visita que volvió a pintar las mejillas de Naruto. — ¡ELIAN! —Gritó de imprevisto detrás del meson, en dirección al taller de costura.
El estridente cambio de voz los dejó turbados unos segundos.
— Él te va a ayudar con lo que buscas, Uzumaki-kun.
Ambos le agradecieron a la dulce muchacha y cuando Naruto ya estada del otro lado de la puerta regresó como un tornado junto a las chicas con una expresión desconcertada, pero, muy en el fondo, feliz.
— ¡¿El idiota fue buscarte cuando escuchó que estabas enferma?!
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Para el anochecer, Shikamaru y Chouji dormían profundamente junto a un par de científicos de Konoha que los acompañaban rumbo al País de las Agua, después de que un equipo de exploración de la Mizukage enviara un comunicado al Hokage para decir que en una cueva subterránea en una isla cercana a la extinta aldea del remolino se halló un segundo pilar como el ya encontrado anteriormente.
Allí, resguardando las distancias de cualquier ninja que osara en emboscarlos para robarles, Sasuke meditaba en blanco... o más bien en perla. Ignorando las aburridas conversaciones de su equipo y la presencia de Sakura, recordaba el momento donde la había besado. No estaba seguro de por qué esa imagen y sensación presentes, pero debía admitir que lo mantenía calmado y, nunca antes visto, feliz. Incluso el saber que Naruto partiría de la ladea un par de días después por asuntos personales no le afectaba; sabiendo que era la única presencia con la que medio conversaba durante los recorridos largos a pie de las misiones.
— Sa... ¿Sasuke-kun? Po... ¿Podemos charlar?
Sabía que Sakura estaba a un par de metros del árbol donde reposaba haciendo guardia, pero la ignoraba. No tenían temas a conversar más que lo relacionado a la misión así que cualquier otra palabra estaba por demás, sobre-estimada.
— Por favor, Sasuke-kun. —rogó— No me ignores. —el silencio era tan denso que incluso se negaba a echarla porque ni un "Lárgate" se merecía.— Quiero... quiero disculparme. Por favor mírame.
La actitud que le mostraba estaba eliminando aquella parte dulce y tímida que siempre le regalaba a él. Sólo Sasuke tenía el privilegio de ver su parte más femenina y ni así le prestaba atención. Porque, claro, estaba pensando en alguien más. En alguien que no era ella.
— ¿Qué tiene Hinata que yo no tenga? —lanzó la pregunta con tosquedad, pero también con un tono dulce y dolido— Soy más fuerte que cualquiera, soy la mejor ninja medico después de Tsunade-sama, soy determinada, soy... Soy la única que te ha amado incluso después de que te marcharse, Sasuke-kun. Por qué no logras aceptarme.
Pero el bello perfil de Sasuke continuaba contemplando la luna.
— Estás pensando en ella. —comentó apretando la mandíbula y bajando la mirada— Conozco esos ojos. —volvió a alzar la cabeza, pero la conversación seguía siendo unilateral y la paciencia se le estaba agotando— Es por su cuerpo, cierto. —expresó arrugando la frente— ¡Te sedujo como una...!
El brillo carmesí del Sharingan la enmudeció sin haber caído en un genjutsu. Cada uno de los huesos en su cuerpo se petrificó al presenciar esa actitud asesina que tan oscura tuvo su alma en la adolescencia.
Él volvió a apartar la mirada sin decir palabra.
— No permitiré que te aleje de mí. —dijo retomando valor al dar media vuelta para regresar a dormir, pero un suspiro la hizo voltear con el corazón acelerado. Sasuke la observaba directo a los ojos, pero estaba tan ensimismada en la belleza de su rostro que la ceguera le ocultaba la frialdad con la que la estaba contemplando.
— Pienso en ella, la extraño a ella, quiero tener una familia con ella. —los ojos jade vibraban con la luz de la luna reflejando cada uno de los pedazos en los que se quebraba su corazón. Él se levantó de la rama y dio un par de pasos en su dirección— Y en ningún momento estás incluida porque estoy enamorado de Hinata.
Cerró los ojos y alzó la mano para darle una cachetada, pero él la frenó. Ella se soltó y dejó el lugar en una nube de humo.
Sasuke regresó a la rama y volvió a la guardia. Sus ojos se fijaron una vez más en la luna y pensó con cuidado en lo que había dicho. Si no fuera tan indiferente a todo, quizá le hubiera sorprendido su propio discurso, pero debía admitir que no se lo esperaba. Existía una brecha muy amplia entre un simple "me gustas" a un "te amo" y había dicho ambos en la misma semana.
Era posible que las palabras dichas sólo fueron un remedio a la enfermedad posesiva de Sakura. Esperaba que con ello lo dejase tranquilo de una maldita vez porque su obsesión empezaba a colmarle la paciencia.
— Uchiha-san. —llamó uno de los ninjas científicos — Ya puede descansar. Cambio de guardia.
Bajó del árbol y caminó hasta el campamento donde los demás dormían profundamente. Acomodó su cama a un par de metros y arrullado por las cigarras, poco a poco lo envolvió ese aroma fresco que le recordaba a Hinata y lo hacía imaginarla a su lado haciéndole compañía.
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Vaya, vaya, vaya. ¿Que regalito, eh? *guiño guiño*
Su valiosa espera merece recompensas y me decidí a poner esta escenita porque ¡Ya era tiempo! Debo indicar que traté de escribir algo bueno que no rayara en lo grotesco, pero que tampoco fuera tan dulce y detallado porque eso será para cuando no sea un simple sueñito húmedo. Jejeje...
Voy a tratar, en lo posible, de que desde este cap en adelante puedan leer un sueñito caliente y, pues, que no sólo nuestro Sasuke-kun sea el único pervertirijillo.
Les daría avances, pero no tengo nada de nada escrito para el siguiente cap, pero supongo será tan bueno como los anteriores.
Creo que hubieron varias escenas épicas, pero mi favorita sería esa confesión que le hizo a Sakua al final. ¡Me salió de chiripa y me quedó de la put* madre!
¿A ustedes cual le pareció mejor?
Y, pues, no nos veremos en este fic hasta el siguiente año (a menos que me de un atacazo artístico y escriba 10mil palabras en una semana... Cosa que me ha sucedido sólo un par de veces, pero no se ilusionen). Espero que pasen unas fiestas súper chéveres, atragántense de pollo en las cenas (el 24 y 31, si no me equivoco) y no beban demasiado si van a conducir (me preocupo por ustedes aunque no lo crean).
Besos y abrazos en papel de regalo.
