Hola! Aquí os traigo un nuevo capítulo de este fic. Espero que os guste. Seguro que muchos estábais esperando por esto. Así que decidme qué pensáis. Besos.
Capítulo 20
Eres como una brillante estrella fugaz
Al día siguiente tuve la sensación de haber estado durmiendo mucho tiempo. Sentía mi cuerpo entumecido. Me costaba pensar y estaba aturdida. Solamente sentía una cosa. El caliente palpitar de mi brazo. Me dolía. Me dolía mucho. Sentí que me apartaban el pelo de la cara. Lenta y suavemente. Abrí los ojos poco a poco. Allí estaba Charlie.
- Buenos días cariño- dijo él- Toma. Te he traído un vaso de leche con cacao y una pastilla... ¿Te duele mucho?
- Sí- dije.
- Bien, ya verás qué rápido se te pasa. He hablado con Carlisle. Tendrás ese yeso una buena temporada- dijo Charlie.
- Lo se. De ocho a diez semanas.
- Sí.
- Esto... papá... ha llamado alguien... o venido alguien...- dije.
- Edward Cullen no ha venido ni ha llamado. Pero Alice sí. Ha llamado al menos cinco veces esta mañana. Le he dicho que dormías.
Noté que papá seguía enfadado con Edward por hacerme sufrir. A Alice la seguía queriendo como siempre.
Esa mañana me la pasé en la cama, dormitando la mayor parte del tiempo. Recibí la llamada de Alice y Emmett, de Rose y Jasper, de Taylor, Mike, Jacob, Eric, Jessica y Ángela. Pero nada de Edward. Comencé a pensar que quizás había sido un sueño. Que realmente nada de lo que creía que había pasado,había sucedido.
- Qué haces aquí- oí a papá cuando por la tarde llamaron al timbre.
- Quiero ver a Bella- dijo Edward. El corazón se me disparó.
- Está descansando.
- Solamente quiero saber cómo está.
Charlie refunfuñó algo pero dejó pasar a Edward. Le oí subir las escaleras y cómo después, suavemente llamó a la puerta de mi cuarto.
- Adelante- dije.
- Hola Bella- dijo Edward con una sonrisa- ¿Cómo te sientes?
- Como si casi me hubiera atropellado un coche.
- Vaya, veo que estás de mejor humor.
Me encogí de hombros. Edward entró dentro de mi cuarto. Se sentó a un lado de mi cama. Me miró con sus ojos verdes y yo empecé a sentirme nerviosa.
- Creo que nos debemos una charla- dijo él. Asentí con la cabeza pero permanecí callada- Te debo una disculpa. En realidad muchas... Desconfié y me comporté como un cobarde. Debí decirte lo que sentía... en lugar de montarme películas yo solo... Taylor me dijo que estábais preparando algo para mi cumpleaños y yo creí que tenías un lío con él.
- Edward...- dije.
- Lo se. Siento haberte hecho tanto daño. Aunque tú también me dañaste a mi. Fue insoportable que me creyeses tan sumamente rápido que no te quería- dijo Edward con gesto de dolor- Nunca imaginé que convencerte sería tan sencillo. Creía que sería casi imposible. Creía que tendría que decir una mentira tras otra para sembrar la duda en tu corazón. ¿Cómo pudiste creerme? Después de todas las veces que te dije que te amaba. ¿Cómo una sola palabra pudo romper tu confianza en mi?
Me revolví incómoda en la cama. No dije nada. Me sentía demasiado avergonzada conmigo misma como para decir nada.
- Vi en tus ojos que de verdad creías que ya no te quería. La idea más absurda, más ridícula, ¡Cómo si hubiera alguna manera en que pudiera existir sin necesitarte!
- Lo siento- mascullé.
- Que te quede bien claro Isabella Marie Swan. Te quiero. Siempre te he querido y siempre te querré. Cada segundo de los que estuvimos separados, estuve pensando en ti.
Sentí una lágrima rodar por mi rostro. Una lágrima seguida de otra, y de otra, y de otra en un torrente imparable. Me sujetó la cabeza entre sus dos mnanos, ignorando mis esfuerzos cuando intenté volver la cabeza hacia otro lado. Posó su boca contra la mia y no pude evitarle. No solo porque era más fuerte que yo, sino porque mi voluntad quedó reducida a polvo cuando nuestros labios se encontraron. No fue un beso tan inocente y cauteloso como los que recordaba. Le devolví el beso con el corazón latiéndome a un ritmo irregular, desbocado mientras que mi respiración se aceleraba.
- Todo lo que deseo es estar contigo y nunca volveré a tener fuerzas para dejarte de nuevo. Tengo demasiadas excusas para quedarme a tu lado... Pensaba regresar a tu lado. Intentaba sobrevivir como podía. Intentaba pasar como fuera cada hora de cada día. Solo era cuestión de tiempo en que te suplicase que me dejases volver. Me avergüenza admitir que me acurrucaba y dejaba que el dolor se apoderase de mi
- No... no me puedes decir esto y después arrepentirte... porque me moriré.
- Bella, mi amor, mi vida era como una noche sin luna antes de ti. Muy oscura pero al menos había estrellas, pequeños puntos de luz, distracciones y motivaciones. Entonces cruzaste tú como una brillante estrella fugaz. De pronto se encendió todo, había luz, había belleza. Cuando la estrella desapareció en el horizonte, todo se volvió negro. No había cambiado nada pero mis ojos habían quedado cegados por la luz. Ya no podía ver las estrellas y nada tenía sentido. No había distracción posible ante la agonía, mi amor. Era como si mi corazón hubiera desaparecido, como si hubiera dejado un vacío en su lugar
Puse gesto de sorpresa porque estaba describiendo exactamente la manera en que me sentía con respecto a él. Mi corazón se hinchó de tal forma que estuvo a punto de romperme las costillas. Ocupó mi pecho por completo dejándome sin habla. Me quería de verdad, igual que yo a él, para siempre... Me tomó de nuevo la cara entre sus manos y me besó hasta que todo a mi alrededor comenzó a dar vueltas. Entonces juntó su frente con la mía y me di cuenta de que yo no era la única que respiraba más agitadamente de lo normal.
- Edward... no me vuelvas a hacer esto nunca más.
- Nunca más mi amor- dijo con sus labios a escasos centímetros de los míos.
- Y confía en mi ¿vale?
- Confío en ti- dijo Edward acariciando mi mejilla.
Y capturó mis labios entre los suyos de nuevo. Me besaba de una forma que nunca antes me había besado. Pero la verdad era que yo no pensaba poner impedimentos a que me besase así. Hacía que mi piel se erizase por completo y que las piernas me temblasen. Y que lo único que fuera capaz de pensar era que quería estar más y más cerca de él. Aquello no podía ser bueno para mi salud mental. Sin darnos cuenta la tarde se convirtió en noche mientras que nos comíamos a besos y nos jurábamos un millón de veces amor eterno.
- Mi amor... tengo que irme ya... - dijo Edward.
- Cinco minutos más- dije yo, caprichosa.
- No Bella... que seguro...
Los dos oímos cómo el móvil de Edward se ponía a vibrar dentro de sus pantalones. Edward lo sacó rápidamente.
- Mamá...en casa de Bella...Sí, está conmigo... Bien... sí. Bella... mamá quiere hablar contigo- dijo Edward.
Agarré el teléfono que Edward me daba con la mano del brazo bueno y lo llevé a mi oreja.
- Hola Esme- dije.
- Cómo estás Cielo... Carlisle me contó todo... ¿Te duele mucho?
- Bueno... no mucho- mentí.
- Bueno solamente quería comprobar que estabas bien- dijo ella- Envíame a mi hijo a casa en cuanto puedas.
Me despedí de Esme y le dije a Edward que su madre quería que fuera para casa. Edward me dio un beso en la frente pero cuando se levantó yo aparté la ropa de cama para levantarme. Estaba en pijama.
- No, Bella, quédate ahí... estás enferma.
- ¡Llevo todo el día en la cama! ¡Estoy harta de estar en la cama!
Edward no pudo convencerme de que me quedase en la cama así que bajé las escaleras con él. Papá estaba en la sala viendo la televisión con Jacob y Billy. Ni siquiera me había dado cuenta de que hubiesen venido.
- ¡Bella!- dijo Jacob.
Se levantó del sofá y caminó hacia mi. Me rodeó en su abrazo de oso, mientras que yo me sentía más pequeña de lo habitual.
- ¿Qué haces levantada?- preguntó Charlie- Se supone que tenías que cuidar de ella- dijo ésto último con cierto tono de ira.
- ¡Papá!. Estoy harta de estar en la cama. Tengo una rotura en el brazo, no estoy inválida.
Acompañé a Edward hasta la puerta. Estimé oportuno, según estaban los ánimos de Charlie no hacer una escena romántica con Edward delante de él. Y Edward opinó lo mismo. Me apartó el pelo del cuello.
- Te quiero. Estaré pensando en ti- dijo en mi oído haciendo que se me erizase hasta el más minúsculo poro de mi piel.
Después me dio un beso en la frente y me quedé mirando como iba hacia su coche. Al girarme vi a Jacob del otro lado del pasillo que sonreía de forma pícara. Me rodeó con un brazo y me dio un beso en la cabeza. Entramos en la sala y nos sentamos en el sofá a ver el baseball. Bueno yo en lugar de ver el baseball me atiborré a helado de chocolate.
