Bueno, pues me alivia que consideres que lo de Zelena compensa eso que tanto te agobia, Silvia.
Lily no tiene importancia en esta trama, Emma del pasado es débil... aunque quién se resiste ante la reina. Y sí, Augustine es la hija de la Regina del pasado... ¿Curioso, no? Bueno... claro que Gold es diabólico... ¡ES GOLD!Sí, esta Emma es un poco tontita, tengo que corregir eso. A Emma de dura la he tenido en otros, pero aquí... bueno, se me afloja.
Regina Mills
Me sentía como en una nube tormentosa. Estaba totalmente segura de que aquel caso no iba a ser precisamente fácil. Me había preparado psicológicamente, pero hallarme en el estrado para proteger a una niña no era precisamente algo fácil para mí. Si fracasaba esta vez, una niña pequeña pasaría la mayor parte de su infancia metida en un reformatorio. Nombre que siempre me había parecido irónico, porque la gente que se quedaba allí nunca salía mejor que como había entrado.
Robin estaba llena de vida, era feliz. Zelena era una gran madre que me provocaba ciertos celos. Ya había perdido a Robin una vez… y no pensaba dejar que se repitiese. A pesar de todo no podía evitar que mis nudillos estuviesen ligeramente blancos mientras lo apretaba contra la mesa. Desde que había puesto un pie en el juzgado me sentía mareada y mi estómago estaba revuelto.
_ Se abre la sesión en el juicio contra Robin Dorothy Mills. ¿Están la defensa y la acusación preparadas?_ Preguntaba Sarah, una vez más.
_ La defensa está lista, su señoría._ Dije. Sí, estaba lista, lista para echar la primera papilla.
Incluso Sarah parecía un poco enferma… estaba pálida a mis ojos. Gold, en cambio, estaba sereno y tranquilo. Como si se encontrase en su casa.
_ La acusación está lista, su señoría.
_ Señor Gold, su alegato inicial, por favor._ Dijo Sarah, mirándolo.
_ No tardaré mucho, señoría. Sólo quiero felicitar a la señorita aquí presente._ Dijo, señalándome._ En menos de diez minutos va a ganar este caso. El primero que perderé en treinta años.
_ ¿Qué?_ Exclamé, alborotada.
_ Claro que… a veces ganar, significa perder, señorita Mills. ¿Está dispuesto a pagar el precio de su victoria?_ Dijo, apuntándome con un dedo acusador.
_ Haré lo que sea por proteger a mi cliente.
_ Supongo que ese es el espíritu._ Dijo, riéndose._ La acusación quiere llamar a su primer testigo. El guardia de seguridad que se encontraba allí el día del incidente.
Y entonces… confieso que aluciné. Pensé que me había acostumbrado a ver los corazones de la gente, brillar, cuando alguien los había manipulado. Pero entonces… me vi totalmente superada cuando el corazón de aquel hombre apareció ante mis ojos y cadenas de acero forjado, marcadas por un tono oxidado, se enrollaron alrededor de aquel pobre corazón, constriñéndolo. Podía ver marcas de óxido sobre el órgano, dañándolo. Aquello iba a matarlo. No sabía cómo, pero lo sabía.
_ Su nombre y profesión, por favor._ Pidió Gold, provocando que el hombre diese un respingo.
_ Me llamo Neal Cassidy. Soy guardia de seguridad en el museo._ Dijo, visiblemente nervioso.
_ ¿Puede contarnos qué sucedió la noche del crimen?
_ Bueno… fue una cosa… bastante rápida._ La forma que tenía de hablar ese hombre me desesperaba._ Una niña pasó zumbando a mi lado. Llevaba una estatua dorada en las manos. Después algo debió caerme encima, porque me desmayé.
_ ¿Se desmayó?_ Pregunté._ ¿Así, sin más? ¿No se preguntó cómo sucedió?
Las cadenas tintinearon. ¡Ahí estaba la clave! Bueno, lo cierto es que todo el razonamiento había sido basura, pero por ahí… ¡Por ahí podía tirar de la manta! Estaba tan espesa y me sentía tan cansada. Lo cierto es que me apetecía salir de allí y darme un baño caliente. Pero tenía que concentrarme.
_ No… bueno… Yo sólo._ Parecía algo indeciso. Comencé a revisar las pruebas que Amy y Zelena me habían dado.
_ ¿Quizá su incapacidad para hablar tenga algo que ver con esto?_ Dije, poniendo una foto sobre la mesa.
En ella aparecía una de las estatuas del museo. Se podían apreciar ciertas grietas sobre su superficie, desgaste impropio de una obra que trataba de conservarse en perfecto estado.
_ Me la tiraron encima… ¿Vale?_ Dijo, dando un paso atrás._ ¡Esa maldita mocosa infernal… me la arrojó encima!
Me reí, me reí con ganas. Sentía que no tenía fuerzas para hacer nada… pero fui capaz de reír, de ignorar por completo el cansancio que estaba sintiendo.
_ Eso… lo dudo mucho. Nos gustaría que nos explicase cómo es posible que una niña de nueve años sea capaz de lanzar una estatua de ese tamaño sobre usted.
Al margen de que la estatua afortunadamente no matase al testigo. Aunque quizá no era tan condenadamente estúpido antes de aquello. Yo no contrataría a alguien que a la legua se ve que tiene talento para el desastre.
_ Yo… no lo sé._ dijo, en un susurro.
_ Quisiera señalar a este tribunal._ Continué señalando la foto._ Que esta estatua estaba sujeta por unas correas. Es imposible que Robin lograse alcanzarlas para soltarlas… y mucho menos que pudiese empujarla desde la posición adecuada. ¡Eso demuestra que mi cliente no pudo haberlo hecho!
Gold, sin embargo, seguía sonriendo. Yo sentía que la vista se me nublaba. ¿Qué me estaba pasando? Nunca me había sentido así. Las cadenas, sin embargo, parecieron romperse por fin. Neal quedó libre del influjo de aquella magia negra, y yo sonreí un poco. Finalmente, escucharíamos un testimonio que fuese cierto.
_ Ahora lo recuerdo._ Dijo Neal, poniendo las manos sobre el estrado._ ¡No fue la niña! ¡Fue esa mujer! ¡La que está sentada allí!
Y en ese momento, sentí que las fuerzas me flaqueaban. Y me derrumbaba sobre el estrado. La imagen frente a mí fue volviéndose cada vez más oscura, hasta que sólo quedó negro. Pero me quedó clara una cosa. Justo antes de desmayarme, había visto a aquel hombre señalarme a mí.
Amy Mills
Desde el primer minuto del juicio, supe que algo estaba mal, que no era un juicio común. Regina parecía tan cansada. No estaba brillando como solía hacer. Sin embargo, cuando se desmayó, no pude evitar sentir que mi corazón se encogía y saltar por entre el resto del público para llegar a mi hermana. Emma llegó antes. Estaba comprobando su pulso. Afortunadamente, escuché un suspiro de alivio de la rubia.
_ Tenemos que llevarla a descansar._ Dijo ella, decidida._ No puede seguir así.
_ Pero… ¿Qué pasa con el juicio?
_ Eso digo yo.
La sonrisa maligna de Gold desde su lado del estrado lo decía todo claro. Él tenía planeado todo aquello desde el principio. Inculpar a Regina. Pero… ¿Con qué propósito?
_ Vamos, Regina…_ Murmuraba Emma._ Despierta.
_ Temo que si no hay abogado defensor, el caso no puede continuar._ Dijo Gold, negando._ Me gustaría solicitar prisión preventiva para la nueva acusada. No queremos que huya de la ciudad en cuanto se despierte en cuanto despierte su señoría.
_ Bueno… yo… la verdad._ Sarah parecía confundida.
_ También podemos continuar sin abogado defensor, si usted lo prefiere.
Por un momento, pensé en intervenir, como la otra vez. Pero Gold no era alguien a quien pudiese entretener. Él destrozaría mis absurdos razonamientos con apenas un par de palabras. Y juzgarían culpable a Regina. ¿Qué podía hacer? Regina iba a acabar en la cárcel.
_ No… eso no sería adecuado._ Dijo Sarah.
_ En ese caso, mi solución es la única viable. ¿No cree, su señor…?
_ ¡Protesto!_ Exclamó una voz entre el público, una que yo conocía bien._ ¡La defensa está lista su señoría!
_ ¡Protesto!_ Exclamaba Gold._ No puede usted presentarse aquí sin más y exigir tomar el papel de abogada defensora.
_ Oh… por favor… Señor Gold. Creía que usted me tendría en mejor estima. ¿Acaso ha olvidado lo puntillosa que puedo llegar a ser?_ Se rio con ganas._ Por lo que yo sé, y a pesar de nuestras desavenencias, sigo siendo, conforme a los papeles que en su día firmamos, la abogada de Regina Mills. ¿O acaso lo ha olvidado? Tengo aquí los documentos para demostrarlo.
Gold se encogió, como si lo que acababan de decirle fuese una patada en toda la zona del pecho. No podía creer lo que estaba pasando, un enorme agujero acababa de surgir en su perfecto plan.
_ Muy bien, señorita Morgan._ Dijo Sarah, recuperando la compostura._ Siendo ese el caso, puede usted tomar el lugar de la señorita Mills como abogada defensora.
Astrid estaba radiante. Acababa de quedar como un caballero de brillante armadura. Y sabía que eso era exactamente lo que pretendía. Se acercó al banco de la defensa y se arrodilló, para quedar junto a nosotras. Emma la miraba como un león mira a una gacela, parecía a punto de tirársele encima.
_ Llévate a Regina a la sala de espera._ Me dijo, observándola, demasiado, para mi gusto._ Dale algo de azúcar. Se pondrá bien, ¿De acuerdo?
_ No finjas ahora que eres amiga nuestra._ Le dije. Me moría de ganas de sacar un puñal del sombrero y clavárselo.
_ Amiga o no, soy la última esperanza de Regina._ Dijo, con una sonrisa maliciosa._ ¿No querrás que vaya a la cárcel, verdad?
_ No…_ reconocí._ Vamos, Emma. Ayúdame a llevarla.
_ No._ Dijo Astrid._ Emma, tú tienes que quedarte, voy a llamarte para testificar.
Astrid Morgan
Me gustaría decir que todo lo que acababa de pasar era parte de un ensayado y diabólico plan. Pero no. Gold sencillamente me había dado la situación perfecta para lucirme ante Regina, demostrar que aún quería estar con ella, y ya de paso, demostrar que la zorra con la que seguramente ya se acostaba no era más que una rubia cabeza hueca. Me sentía como si fuese mi cumpleaños.
_ Podemos proseguir con el caso, su señoría._ Dije, cruzándome de brazos._ La defensa querría demostrar la coartada de mi cliente.
_ ¿Cree usted que podrá, señorita Morgan?_ Intervino Gold._ Acabo de recibir la grabación de las cámaras de seguridad. Me gustaría presentarlas como prueba.
Me mordí el labio, Gold parecía muy seguro de sí mismo mientras le entregaba el DVD al alguacil. Y no es para menos. Se veía todo. Regina entrando en la sala donde exponían la estatuilla, robándola y, ya de paso, lanzando la otra estatua sobre el guardia de seguridad.
_ ¿Pretende refutar esta prueba, señorita Morgan?
_ Eh… yo._ Me sentía mareada por un segundo.
_ ¡Espabila!_ Me dijo alguien, dándome un golpe en la nuca.
_ ¡Au!_ Exclamé, girándome hacia la culpable, Zelena._ ¿Qué haces?
_ Deja de quedarte embobada mirando esa grabación y pelea._ Me dijo._ Acabo de reconciliarme con mi hermana y no la voy a perder ahora. Llama a tu testigo.
_ Ya lo sé, no soy idiota._ Dije, frustrada._ Vuelve a tu sitio.
_ La defensa quiere llamar al estrado a Emma Swan._ dije. No podía evitar pronunciar el nombre de aquella mujer sin que sonase con expresión de desagrado.
Emma se subió al estrado, mirándome con desafío. Estaba claro que se creía que Regina ahora era suya. Estúpida. Ella sólo era un juguete pasajero. En cuanto viese lo que yo aún sentía, volvería a mis brazos, de eso estaba segura.
_ Emma._ La llamé._ Te importaría testificar sobre la situación de Regina hace dos días, en el momento del crimen.
_ Sin problema._ Dijo ella.
Me sonreía, con expresión de victoria, ¿Por qué?
_ Le pedí salir a Regina, y le prometí que esta vez la llevaría a un sitio bonito… a ser posible en el que no hubiese un cadáver. La llevé al restaurante de mi madre. Cenamos allí y mi madre le agradeció mi libertad. Luego salimos fuera, y la tomé por la cintura. La besé. Estuvimos un rato juntas rodando por la arena.
_ ¿Hay algún otro testigo que pueda corroborarlo?_ Pregunté, tratando de apartar lo celosa y excitada que me ponía a partes iguales la idea de Regina retozando sobre la arena con esa mujer.
_ Mi madre, claro._ Dijo Emma._ Supongo que luego llamarás a Regina a declarar, cierto. Su versión coincidirá.
_ ¡Protesto!_ Exclamó Gold._ Eso no es relevante. Puedes llamar a todos los testigos del mundo. La gente miente… las pruebas no pueden hacerlo. Y eso incluye esta grabación.
Gold blandía el DVD como un loco, parecía dispuesto a cortarnos la cabeza con él. Pero tenía razón. Los testimonios no servían de nada. Me volví hacia Emma. ¿Acaso estaba jugando con el móvil en el estrado?
_ ¡Testigo!_ Exclamé._ ¿Qué se supone que está haciendo?
_ Desmontar la prueba del fiscal, claro._ Dijo. Me quedé blanca mientras ella se acercaba el teléfono a la oreja._ ¿Mamá? ¿Estás en el restaurante? Perfecto. ¿Puedes mandarme la grabación de la cámara de seguridad de hace dos días? Regina se juega el cuello. Vale, por Whatssapp está bien. Gracias mamá, te quiero.
¡La mato! ¡Juro por el amor de ese dios en el que no creo que la mato! Allí estaba Emma con esa cara de satisfacción. Yo estaba congelada… Gold estaba congelado. Incluso Sarah estaba congelada.
_ ¿En esta sala no hay wifi, no? Es que se me va a acabar la Tarifa de datos.
_ No… pues claro que no hay wifi._ Dije, frotándome las sienes. ¿Qué diablos veía Regina en esa mujer?
_ Bueno, no importa. Ya tengo el vídeo._ Dijo, mientras sacaba su cable y se lo daba al alguacil.
El vídeo se emitió ante nosotros y mostró exactamente lo que había testificado. Ella y Regina comiendo, hablando y retozando en la arena. Me moría de envidia… y al mismo tiempo no dejaba de imaginarme un trío con esas dos mujeres. Bajo la ropa se intuía que la rubia tenía una mejor figura de lo que parecía. Aunque me negaba a creer que a Regina le gustase por ser una rubia calentorra.
_ ¿Y bien? ¿Acaso tiene la acusación alguna prueba adicional?_ Exclamé, señalando a Gold con el dedo.
_ No…_ Dijo el hombre, maldiciendo entre dientes al ver aquellas imágenes.
_ En ese caso, resulta imposible determinar la culpabilidad o inocencia de la señorita Mills por el momento. En cualquier caso._ Sarah dio un golpe con el mazo._ Si bien ese caso tendrá que continuar dentro de dos días. En lo que respecta al que nos ocupa, la señorita Robin Dorothy Mills, es declarada… ¡No culpable!
Edward Gold
Aquel iba a ser mi golpe magistral. Iba a acabar con la confianza de Zelena y a encerrar a su hermana en prisión de un solo golpe. Y, sin embargo, en cuando Astrid apareció, todo mi plan se desvaneció. Creía que contaba con el favor de su madre, y sin embargo, estaba equivocado. Ella también pagaría su equivocación. Después del juicio cogí mi teléfono, y efectué otra llamada.
_ El plan A ha fallado. Ya sabes lo que tienes que hacer._ Recibí una respuesta._ Sí, a la señorita Morgan.
Darcy Morgan
Había estado viendo el juicio de Robin, y no podía menos que aplaudir a mi hermana. Había aparecido como la puta ama y había dado una lección al fiscal más temido de todos los tiempos. Por eso ella era la lista y yo la peras. Bueno, por eso y por… claro, las peras enormes. Mamá la tenía de favorita a ella para unas cosas… y a mí para otras, eso estaba claro.
Me puse en pie y bostecé, dispuesta a irme a la cama después de quitarme la ropa. Quizá Astrid apareciera para celebrar su éxito. Pero antes de poder continuar con mis planes, me percaté del sonido de una puerta abriéndose. Se trataba de la puerta del estudio de mi madre.
_ ¿Mamá?_ Pregunté, acercándome._ ¿Estás ahí?
Sí que había una mujer allí dentro, que por cierto, se gastaba un culazo, pero no, no era mi madre. No porque mi madre no tenga un… en fin, que no era mi madre. Se giró y nos miramos cara a cara. Alcé una ceja, sorprendida.
_ ¿Regina?_ Pregunté._ Qué haces aquí.
_ Oh… te buscaba a ti._ Dijo, alzando la mano.
¿He mencionado que en esa mano había un revólver? ¿Y qué desde donde estaba esa cosa parecía enorme? No, creo que no lo había hecho antes… pero ya está hecho.
_ Oye… Regina… no sé si aún estás cabreada por lo del caso de tu novia la rubia pero…
_ No te quiero escuchar. Ya sabes… Bang… Bang.
Y disparó, sin dudarlo un segundo. Uno de los disparos me dio en el abdomen, y el otro en el pecho. Convulsionaba sintiendo cómo mi pulso se volvía errático. Noté algo pesado que me golpeaba en la cara, y como Regina se reía en una risa que no parecía nada propia de ella.
_ Ups… se me ha caído el arma homicida…
