Todos sabemos que Harry Potter es de JKR!!
Sé q no les molesta que actualice tan rapido jajaja, pero bueeno q se le va a hacer, cuando entra la inspiración entra jajaja supongo que será la pelicula de HArry potter pero aqui está otro capi!!!!!!!
Por cierto, les dije que en el fic iba a MORIR una persona???? XD
Habían pasado algunos días ya en el colegio, todo parecía normal, no había vuelto a ver a esa extraña rata que según él, sonreía. Lo de Christ no había pasado más que de un susto, otra vez, y todo seguía bien. Trataban de portarse relativamente bien, no habían hecho bromas y es que el tremendo vociferador que su amigo Ron había recibido la otra mañana en el desayuno, los había asustado a los tres, Hermione no se daba por aludida, ella no era desastrosa. Además de que Helen lo había amenazado con que como recibiera una carta de queja en los próximos meses le vetaría Hogsmade el próximo año y es que era la única salida que tenían a partir de tercero. Al menos le daría un mes o dos para entrar con las cosas pesadas.
También los había hecho desistir el que uno de los días en que cumplía el castigo por haber llegado en esa forma al colegio (al menos ya le faltaban solo 2 semanas), cuando terminaba de firmar la correspondencia del profesor que ese año daba defensa contra las artes oscuras (DCAO) y que por alguna razón no le agradaba a su padre. Sus amigos lo habían encontrado al ver que no llegaba a la sala común y él había escuchado una voz que clamaba sangre, lo peor de todo había sido que solo él la escuchaba y eso ni en el mundo de los magos era algo bueno, eso y lo que habían encontrado inmediatamente después, lo malo, que eso no había sido solo en aquella ocasión, siempre era lo mismo… la voz que pedía sangre, agua en el piso, una fila de arañas huyendo y un cuerpo petrificado. Por desgracia, todos empezaban a pensar que Harry era el culpable, más Filch pues siempre estaba en el lugar equivocado a la hora equivocada, siempre y ya eran demasiadas coincidencias, eso y que su gata también había sufrido eso.
Los constantes letreros escritos con sangre en las paredes del colegio sobre la cámara de los secretos y el heredero de Slytherin, alteraban más a todos, algo que también logró que Dumbledore permitiera un pequeño club de duelo que dirigiría el profesor Gilderoy Lockhart, club en el que en este momento se enfrentaban Draco y Harry. Mientras a kilómetros de distancia, Sirius estaba enterrado entre cientos de hojas importantes, empezaba a fastidiarle todo eso de la oficina, la empresa, los papeles, los teléfonos… todo.
-- ¿Por qué no renuncias? --preguntó Helen dejando sobre el escritorio una taza con té, Sirius levantó la mirada lentamente --eres millonario, por si no lo recuerdas
-- ¿Y después que voy a hacer?
--Sirius, tú eres el que se queja de ese trabajo…
--Soy accionista mayoritario…
--...y por eso mismo ganarás dinero sin matarte trabajando --obvió Helen mientras lo besaba, Sirius meditó lo que acababan de decirle pero en cuanto Helen abrió la puerta, una lechuza blanca planeó justo frente a él. Con curiosidad tomó la carta, Helen regresó rápidamente, apareció agua y comida para Hedwig y fue hasta Sirius.
--No puede ser --murmuró preocupado, Helen no podía creer lo que leía.
--Pero cómo… eso… eso no puede ser posible
--Ni siquiera recordaba eso… iré a Hogwarts --dijo poniéndose de pie, ni siquiera se molestó en tomar su túnica antes de meterse a la chimenea.
Cuando apareció en la oficina del director, saludó levemente y salió disparado sin importarle que Albus Dumbledore lo mirara raro o que no debiera estar ahí. Tenía que encontrar a su hijo y ver lo que pasaba. ¿Cómo pudo haber olvidado eso?. Bueno, tampoco era que se le hubiera ocurrido que el pársel se fuera a volver un problema o que su hijo lo usaría. Tras correr algunos metros que le parecieron cientos, se encontró con Christ y Ron que miraban hacia todas partes, Hermione se les unió poco después.
-- ¿Han visto a Harry?
--Señor B ¿qué hace aquí?
--Quiero ver a Harry
--Está en la sala común --contestó Hermione analizando la expresión del animago y llegó a la conclusión de que era por lo del pársel, sus compañeros no lo habían tomado nada bien y a Harry parecía haberle afectado un poco --iremos por él si gusta
--Por favor --asintió respirando hondo, miró a los chicos correr hacia su sala común y él se recargó contra la pared.
La vida de un adolescente no era fácil y la de su hijo empezaba a complicarse a pesar de que él aún no entraba a la adolescencia, con todas esas cosas que le pasaban a él, no quería ni imaginar lo que ocurriría en cuanto los cambios hormonales y todo lo demás se dispararan. Al menos tenía la compañía de Helen, si él no era muy bueno con esas cosas… ella era mujer, tenía que saber como hacer eso.
-- ¿Querías hablar conmigo? --el débil susurro de Harry hizo que lo recorriera un escalofrío.
Levantó la mirada hacia el niño, no, no estaba nada bien. Le sonrió y lo abrazó, Harry se dejó abrazar, unos segundos después correspondió la muestra de cariño y vaya que la agradeció. Se sentía frustrado y confundido. ¿Cómo era posible que hablara otro idioma sin saberlo? Idioma o lengua, que mas daba lo que fuera. Y lo peor, entendía a las serpientes y todos lo creían el heredero de Slytherin, esa misma tarde después del club de duelo cuando en el gran comedor hacían sus deberes, muchos le habían rehuido, al menos sus amigos seguían con él. Caminaron en silencio hasta el jardín que recorrieron lentamente, en los límites del jardín donde colindaba el bosque prohibido Sirius se dejó caer sin embargo Harry siguió de pie frente a él.
--Nada de lo que te pase es malo
-- ¿Soy el herededo de Slytherin? --Harry hizo la pregunta que lo había estado atormentando desde que escuchó de eso y empezaron a aparecer los letreros con sangre en las paredes.
--Hijo, siéntate --suspiró Sirius palmeando el césped frente a él. Harry negó --siéntate, tenemos que hablar ¡ay no seas terco y siéntate! --por fin, el chico se dejó caer con un bufido de molestia --claro que no eres el heredero de Slytherin, por desgracia eres el heredero de ese desastroso cabello, del imán para problemas, de una capa de invisibilidad y de sacarme prematuras canas verdes… no, espera, ese era Remus
--Papá… --sin que fuera su intención sonrió mirando a Sirius -- ¿por qué hablo pársel?, Ron y Hermione me dijeron que no era normal, que solo Salazar Slytherin y sus descendientes…
Harry siguió hablando y Sirius pacientemente esperó a que el niño se desahogara y expusiera todas sus dudas.
--Harry… cuando tu madre, cuando Lily dio su vida por ti Harry te dio también una gran protección, fue magia antigua. Algo que logró que el avada que el desgraciado de Voldemort te lanzó, por el hechizo de tu madre lo hizo rebotar contra él mismo…
--Desapareciéndolo --murmuró Harry, había escuchado esa historia cientos de veces los últimos años
--Sí --concedió Sirius paciente --y cuando eso pasó, Vodemort inconscientemente te pasó algunos de sus poderes --los ojos del chico se abrieron con terror, entonces él también era malo. Por eso el sombrero seleccionador había pensado mandarlo a Slytherin. --lo que solo significa --siguió Sirius intentando quitarle importancia --que te pasó esa habilidad de hablar pársel, no eres malo hijo. Eres un grifindor y recuerda que…
--Cada mago hace la casa no la casa hace el mago --recitó Harry, sí, eso también se lo había dicho cientos de veces. Sirius asintió sonriente --gracias papá
-- ¿Todo mejor?
--Perfecto
--Bien, me alegro
-- ¡Hey Harry adivina que…! --Christ se frenó en seco al ver a Sirius sentado frente a su amigo --s… señor B ¿aún aquí?
--Sí Christopher, sigo aquí --suspiró el animago analizando la peligrosamente traviesa mirada azul de ese rubio que le había dado tantos dolores de cabeza junto a Harry que por algún extraño y maquiavélico complot contra él, ese chiquillo también era mago.
--Er… yo… pues…
--Debo irme, tengo que hablar con el profesor Dumbledore… pórtense bien --suspiró poniéndose de pie, le revolvió el cabello a Harry, pasó la mano distraídamente por la cabeza de Christ y se fue…
--Amigo --exclamó Christ dejándose caer --mientras tú estabas aquí haciendo no sé que cosas con el señor B, Ron y yo fuimos a recorrer el colegio para investigar sobre las cosas esas que oíste y la sangre y el heredero y eso, entonces recorrimos el castillo, Hermione nos disfrazó de los dos amigos de Draco porque no te encontramos y la poción estaba lista entonces Malfoy dijo que no sabía quien era el heredero de Slytherin entonces no recuerdo como fuímos a dar al baño entonces Myrtle, esa fantasma que se la pasa llorando por los rincones… --Christ hablaba con la mirada encendida de pura emoción, algunas palabras se le entremezclaban, otras ni se le entendían pero Harry lo conocía lo suficiente como para saber lo que quería decir --...entonces vimos un libro viejo y en blanco, te lo regalo ¡feliz cumpleaños!.
Harry soltó una carcajada pero tomó el libro que más bien parecía un diario aunque sí estaba en blanco, después regresaron a su sala común, estaba simplemente agotado, demasiadas cosas juntas. Pero cuando se vio en su mullida cama cubierto por las cortinas que le dejaban un poco de privacidad, el cansancio fue demasiado y no pudo dormir. Suspirando se sentó en el centro de su cama, el libro que Christ le había dado descansaba sobre su baúl, curioso se arrastró hasta lograr tomarlo, agarró algo de tinta, su pluma y regresó al centro de la cama.
En casa, Sirius despertó respirando agitado y totalmente empapado en sudor. Bajó de la cama, echó un vistazo bajo la colcha, parecía que le había ganado. Arrojó su pijama a un rincón y solo se puso otro pantalón. Había tenido otra pesadilla, pero esta vez no sobre James y Lily, era Voldemort o al menos en su inconsciencia esa sombra que flotaba lo era y le arrancaba a su hijo. Fue al baño, puso el tapón al lavabo y abrió el agua fría. Mientras esperaba a que se llenara, seguía pensando en ese maldito sueño… en un extraño cambio, justo ese que te dicen que es un sueño porque es tan absurdo que aún inconsciente lo adviertes pero que al mismo tiempo te parece normal. Había aparecido Lyra, su pequeña tenía 11 años e iba a Hogwarts, se miraba radiante y hermosa. Más aún de lo que alguna vez fue Helen o eso le había parecido a él. Cuando el agua comenzó a desbordarse reaccionó y cerró la llave. Después hundió la cabeza completa permitiendo que la casi congelada agua le aclarara un poco.
No supo cuanto tiempo había estado debajo del agua pero cuando salió respiró hondo llenando de nuevo sus pulmones de aire. Quitó el tapón y dejó que el agua se fuera mientras él bajaba a la estancia. Ni siquiera tenía hambre así que solo se dejó caer en uno de los sillones y comenzó a darle vueltas y vueltas a su sueño. Era absurdo que lo hubiera alterado tanto y más aún que siguiera alterado después de haber despertado y darse cuenta que precisamente era eso, solo un sueño. No le importaría que Lyra vistiera verde y plata como había soñado aunque le encantaría más que fuera de cualquier otra casa. Pero el que Voldemort la abrazara, que Harry con la mirada perdida estuviera al lado de ese maldito. Le aterraba perder a sus hijos.
Sirius no durmió lo que le quedaba de noche, no pudo. Cerraba los ojos y la sensación de vacío lo invadía con fuerza. Por lo mismo en cuanto el sol salió se lavó la cara y puso su mejor y más fingida sonrisa. Por desgracia para él, Helen lo conocía demasiado y no lo dejó en paz hasta que lo hizo hablar. "Es el exceso de trabajo" había dicho la mujer y… y tal vez no estaba tan equivocada así que se tomaría unas vacaciones de algunos meses. Pero lo que Helen no sabía era que esos meses solo significarían más tiempo libre para elucubrar sobre lo que lo alteraba, esa terrible sensación de que le quitarían a su hijo, de que era tiempo de que Harry se alejara de él. Y eso, evitaba que durmiera. Conforme pasaban los días, las semanas y finalmente los meses y Sirius no dormía más de 2 horas cada noche y eso porque no se daba cuenta de cuando se quedaba dormido. Helen había buscado a Remus, ella sabía que algo había en los hombres que lograba que entre ellos se entendieran la mayor parte del tiempo aunque ella pudiera decir lo que Sirius pensaba. Ella era psicóloga pero Sirius no quería hablar y aseguraba que estaba bien, algo por supuesto que distaba demasiado de ser verdad. Eso no se lo decía el titulo muggle o el mágico, no, eso se lo gritaba su intuición, ese sexto sentido que toda mujer tenía. Pero si el paciente no cooperaba y su ética le impedía darle en la cabeza con algo pesado para dejarlo fuera de combate y poder atarlo para obligarlo a hablar, eso era más divertido que mover la varita y que la magia hiciera todo.
No habían tenido muchas noticias de Harry, algo que, a Sirius no le agradaba para nada y mandaba cartas cada vez que tenía oportunidad. Pero Harry contestaba vagamente con un "estoy bien, todo perfecto" o en verdad nada pasaba o el chico empezaba a entrar a la adolescencia. Y a como Helen miraba eso, mataría a Sirius, lo echaría al hoyo y él mismo le arrojaría la tierra sin la rosa. Presentía que la adolescencia de Harry sería algo más que difícil. No tanto para Harry, él la pasaría fácil, el que le preocupaba era Sirius Black.
Un día cuando las vacaciones de navidad estaban cerca, Helen aprovechó que Lyra jugaba fervientemente en la casa del árbol de Harry y que Sirius intentaba dormir (aunque él aseguraba que ya dormía más, cualquier persona que medio lo conociera, se daría cuenta de que no era verdad) y se encerró con él en la habitación.
--Lyra juega afuera, no seas pícara --ese comentario estuvo lejos de tener la gracia que unos meses antes habría tenido.
--Estoy cansada
--Ven a dormir, yo cuidaré a… --intentó decir Sirius irguiéndose rápidamente, Helen negó lentamente y con un simple movimiento de varita lo volvió a recostar
--Estoy cansada de que actúes y te veas así, no hay ni rastro del hombre del que me enamoré. Debes hablar Sirius, por favor
--Helen no… no tengo nada
-- ¡Black por favor!, estás haciendo que sea imposible vivir contigo --dijo. Sirius iba a hablar pero desistió -- ¿cuándo jugaste con Lyra? Y no cuenta el verano
--Lo siento, tienes razón Helen… perdóname pero es que… lo olvidaré, te lo prometo
--Sirius --suspiró --te conozco y sé que no lo olvidarás, pero como no quieres hablar no te puedo ayudar…
--Hace meses --ni siquiera sabía como o donde empezar, Helen intentó con todas sus fuerzas no adoptar esa posición de psicóloga analizando, si solo se asomaba, por más mínimo que fuera… Sirius dejaría de hablar saliéndose por la tangente hábilmente, como él bien sabía hacer --he estado… he tenido pesadillas que no puedo olvidar. Sueño a Voldemort, que… más explícitamente sueño que alguien, de alguna forma logra… --Helen apretó el hombro de Sirius en señal de apoyo, el animago suspiró pesadamente --sueño que alguien me quita a Harry
--Oh Sirius, eso no va a pasar…
Sirius suspiró y abrazó a Helen, tenía un mal presentimiento… él nunca había soñado cosas así, el de las pesadillas (y no que eso le gustara) siempre había sido Harry y él lo tranquilizaba diciéndole que eran sueños, solo sueños. Ahora comprendía perfectamente al niño y su insistencia por dormir con ellos, aún ahora que iba al colegio. Las pesadillas de su hijo seguramente eran peores que las de él, pero además de los malos sueños había algo que no lo dejaba estar tranquilo.
Finalmente, el día en que tenía que ir por Harry a la estación llegó y también por ruego de Helen apareció Lupin. Las miles de cartas que esa mujer había enviado intentando hacerlo volver rindieron su fruto. Se quedaron sin pergamino, plumas y tinta pero no le importó y solo culpó a la pequeña Lyra quien ni siquiera se dio por aludida. Aunque Remus había regresado para estar con su amigo e intentar tranquilizarlo solo como él sabía pues ni el hablar con Helen logró algo, él se negó rotundamente a ir por Harry a la estación y aunque Lyra tuvo un increíble berrinche por ir, Helen no la dejó y es que esa enorme maquina, esa motocicleta que ni siquiera sabía porque seguía en poder de Sirius, no era lo más seguro que ella conocía. Así que Sirius tuvo bastante tiempo de martirizarse sobre sus sueños y su presentimiento mientras volaba entre las nubes.
Sirius Black llegó a la estación justo cuando el tren se detenía, se negó a dejar a su bebé afuera y ante las miradas incrédulas los magos, caminaba con la motocicleta por un lado.
-- ¡Wow señor B, es increíble! --vociferó Christ
-- ¿Cómo es que mamá te dejó salir en eso? --preguntó Harry empujando su carrito hacia su padre. Algunos giraron la cabeza cuando dijo "mamá", Sirius no pudo evitar ponerles atención y de nuevo ese piquetazo en el pecho.
--Pueees… --Sirius fingió pensar con detenimiento --será quizá que… alguien robó mi Audi y lo perdió --miró explícitamente al pelirrojo junto a Harry y a éste, los dos le sonrieron tímidamente, Ron se sonrojó hasta las orejas y Harry decidió desviar el tema
-- ¿Cómo piensas llevar todas mis cosas en la moto?
--Con un encantamiento para encoger las cosas ¿no señor Black?
--Así es Hermione, hijo saca a Hedwig --sonrió, hizo algunos movimientos de varita y en cuanto el chico sacó a su lechuza, todo se encogió ante otra exclamación de sorpresa del rubio. --entonces ¿te llevo niño problema?
--Ahí te hablan --dijo Christ dándole un codazo a Harry
--Me refiero a ti
--Oh, pero si yo no soy un niño problema señor B…
--Christopher --murmuró Sirius respirando hondo, entre él y Harry lo iban a matar -- ¿cuántas veces te he dicho que no me digas señor B?
--Ya perdí la cuenta --sonrió el niño mirando alrededor --pero no gracias, no necesito que me lleve señor B
--Y eres imposible ¿verdad Christopher?
--Eso dicen… --y empujando el carrito junto con un efusivo agitamiento de mano, se alejó
--Entonces nos vemos después, que pasen felices fiestas chicos
--Erm… eh ¿señor Black? --Ron avanzó titubeante, algo en Sirius le atemorizaba un poco, quizá era el que hubiera sido uno de los merodeadores a los que sus hermanos tanto admiraban o solo porque era el padre de su mejor amigo y dueño del auto que habían perdido en alguna parte de Inglaterra pues en el trastazo que se había dado desde varios metros en el cielo aún le dolía y seguía recordando a Harry gritándole al auto que se alejaba volando
-- ¿Sí Ron?
--Bueno, es que mi madre insistió en que se lo dijera en persona que porque era más educado --empezó a balbucear, Sirius lo miraba divertido
--Solo suéltalo muchacho
--Es que mis padres quieren hacer una fiesta después de navidad y me pidieron que lo invitara personalmente, además mamá dice que tiene ganas de ver a Harry
--Ahí estaremos, gracias Ron
--Genial señor Black, erm yo debo ir y… debo ir a invitar a los padres de Hermione --volvió a balbucear pero ésta vez se sonrojó logrando que Sirius soltara una atronadora carcajada muy parecida a un ladrido
--Por supuesto, salúdame a tus padres --sonriente miró al pelirrojo tropezar torpemente tras Hermione y se dispuso a guardar el minimizado equipaje de su hijo. Harry lo miraba detenidamente, no era el mismo que recordaba. Parecía haber perdido algunos kilos y ni que decir de los ojos hundidos y las enormes ojeras. Estaba por preguntar cuando la voz concentrada de su padre lo distrajo --hijo --levantó la mirada muy serio. Harry se temió lo peor, él sabía de algo que podría alterar así a su padre. O estaba muy enfermo, pero eso no se lo diría ahí, al menos esperaría a llegar a casa ¿o no?. O estaban por separarlos --debes buscarte otra novia --el chico abrió la boca incrédulo --no es de amigos quitarle la chica de sus sueños a un amigo así que yo diría que dejaras de conquistar a Hermione --Harry no entendió a lo que se refería pero lo pasó de largo directo a la puerta dispuesto a no continuar con esa charla -- ¿qué? ¿qué dije? .
Volaban en silencio, Harry seguía admirando esa enorme máquina. Hacía mucho que su padre no lo llevaba a pasear en la moto, casi desde que Lyra había nacido. Su madre se empeñaba en decir que era peligroso ese cacharro del demonio.
-- ¿Por qué el casco? --preguntó Harry por vigésima quinta vez
--Por qué si tu madre se entera de que subiste sin él, mata a nuestra querida amiga --suspiró acariciando la brillante carrocería
--Si me caigo, el casco no va a evitar que quede como puré
--Harry si te caes te atraparía de nuevo, tengo varita ¿sabes? --aunque intentó darle un toque de humor, no le salió muy bien
--Entonces ¿cuál es la maldita finalidad del casco?
--Esa boca, esa boca --murmuró revisando la brújula -- ¿y qué tal el colegio?
--Nada realmente interesante --contestó con un suspiro de aburrimiento --los grafittis con sangre continúan, sigo estando en el lugar equivocado, una bludger loca me atacó, el profesor de DCAO me deshizo los huesos del brazo, el elfo loco me visitó en la enfermería diciendo que intentó protegerme intentando matarme, nada fuera de lo común --terminó con una sonrisa pícara. Al estar abrazado a su padre podía darse cuenta de que la respiración de Sirius se iba acelerando conforme hablaba hasta llegar a detenerse súbitamente. Su sonrisa se amplió en espera del grito.
-- ¡Nada fuera de lo común dices!, pero es que… es que… más te vale que no sea broma Harry
--Hablo en… en… en serio
-- ¿Y por qué te ríes?
--Porque gritaste sin siquiera respirar
--Sujétate bien que te vas a caer --masculló el animago mientras aceleraba.
El resto del viaje fueron preguntas de Sirius y comentarios severos sobre que dejara de reír, pero ni siquiera con amenazas de castigo lo logró. Cuando llegaron a casa aterrizando en el patio trasero, Harry seguía riendo a tal grado que cuando la motocicleta se estuvo quieta él cayó al suelo.
-- ¿Pues sabes qué? --murmuró Sirius mirándolo serio -- ¡estás castigado hasta fecha indefinida, sí, castigado! --lo brincó haciendo aspavientos -- ¡no irás a Hogsmade! --exclamó triunfal, la risa de Harry desapareció inmediatamente. Helen y Remus miraban sin entender -- a que ya no ríes
--Pero… pero… no puedes
--Sí, sí puedo, espera a que me des esa carta y no la firmaré!
--Mamá lo hará
--No porque voy a romperla y no vas a ir a Hogsmade.
Helen estuvo segura de que Sirius estuvo a punto de sacarle la lengua a Harry.
--Basta que parecen niños --decidió intervenir al ver que empezaban a desviar ligeramente el tema. Harry sacaba cosas de las que quería enterarse pero Sirius le cubría la boca amenazando con más castigos.
--Yo lo soy --sonrió Harry cuando su madre le quitaba de encima a Sirius y lo abrazaba
--Y Sirius siempre será uno --agregó Remus saludándolo
--No ayudas Lupin --masculló el animago desencogiendo el equipaje de Harry -- ¡Tengo una grandiosa idea! --exclamó, Harry lo miró. Conocía muy bien a su padre y sabía que no olvidaría algo así tan rápido y fácil, pero parecía que así era, ya no lo miraba igual… un momento, sí tenía ese brillo desquiciado en los ojos, algo diferente al que siempre tenía --Helen, pregúntale a Harry cómo le ha ido en estos últimos meses. Estoy seguro que te sorprenderás --terminó de desencoger el equipaje y agitando hábilmente la varita lo hizo desaparecer, a su habitación, supuso Harry que repentinamente miraba con los ojos bien abiertos a su padre "Touché! Articuló con los labios sonrientes hacia Harry, el chico entrecerró los ojos y se dejó jalar por su madre que entusiasmada lo llevaba hacia la cocina.
Algunas horas después, el chico mascullaba toda clase de incoherencias sentado en su escritorio, en su habitación, escribiendo en su trozo de papel, con su pluma, su absurdo castigo. Bueno, quizá no tan absurdo pero debía admitir que el que su hermanita se hubiera puesto tan pesada no había sido tan malo, lo malo había sido que lo habían atrapado dándole uno de los dulces de hipotos que los hermanos de Ron le habían dado. Como quería ir a Hogsmade y visitar Zonko. Pero ahora le faltaba medio cuaderno que llenar con el típico "no debo" si ya no era un niño, aunque debía admitir que estaba mejor que el estar enclaustrado en su habitación o que le prohibieran ir a la fiesta en casa de su amigo Ronald. Así que debía asegurarse de que la paleta pegamuelas, llegara a manos de su hermanita por un "error".
Sirius se asomó a la habitación de su hijo cerca de la una de la mañana, negó lentamente mientras entraba, él sabía que no terminaría ese "absurdamente extenso castigo", lo había escuchado balbucearlo un centenar de veces. Pero también había dejado que Helen lo castigara, ¡por Merlín que aún mientras dormía Lyra tosía con hipo!, esos caramelos eran buenos, debía comprar algunos o mínimo fijarse si a Harry le habían sobrado unos pocos aunque fuera. Se le ocurría un buen licántropo al que darle esos dulces. Con cuidado de no despertarlo acostó a Harry, no usó su varita, no, él quería asegurarse de que era su hijo y que estaba bien. Cuando dejó a Harry sobre su cama, se quedó en esa posición semi-erguida por un momento mirando fijamente al chico.
Remus que pasaba por ahí con un vaso de agua, se quedó en el umbral mirando la escena. Vaya que Sirius había cambiado ¿cuándo habría imaginado justo a ese mago tan paternal?.
-- ¿Te ayudo a enderezarte? --mordiéndose la lengua para no soltar una carcajada y despertar a todos, se acercó a Sirius. No podía controlar la enorme sonrisa que se extendía por todo su rostro.
--Cállate Lupin --masculló Sirius enderezándose lentamente --tanto estrés me hace viejo
--Sí claro, culpa al estrés… si ya tienes erm… --murmuró Remus mirando pensativo el techo -- ¡Merlín, Sirius te acercas a los 40!
--Repito… cállate Lupin --arropó a Harry y dio media vuelta, Remus lo siguió aún riendo --sigo más cerca de los 30 que de los 40 --refutó yendo a su habitación
--Pues…
--Cállate --abrió la puerta de su habitación y aún con la mano en la perilla se giró hacia su amigo y le sonrió --buenas noches Remus
--Buenas noches Sirius, te prepararé la pomada para las reumas --rió el licántropo. Sirius entrecerró los ojos.
-- ¿Andas muy risueño, no?
Con esa pregunta Remus supo que había hablado demasiado. Estiró el brazo hacia una mesita junto a él e intentó poner el vaso en ella, pero se dio cuenta de que no lo llevaba ya ¿Cuándo y dónde había perdido su agua?. Sirius volvió al pasillo, con un cuidado excesivo cerró la puerta, se tronó los dedos como un matón americano y sacó su varita. Remus agitó la suya a su alrededor cubriendo por poco el hechizo de desarme que le había lanzado Sirius. Los rayos y luces comenzaron a brillar por el semi iluminado pasillo, más de alguno fue dando en los focos del techo. No se escuchaba más que el ruido de la explosión de la varita o cuando los rayos chocaban contra un escudo o entre sí. Algunos más rebotaban contra las paredes, otros las atravesaban y parecían pasar papel cuando iban contra las puertas. Los dos magos adultos que rondaban ya los 30 y pocos se divertían como niños de 5. Sus carcajadas aunque intentaban ahogarlas, empezaban a escucharse por toda la casa. Sus gritos de burla lograron algo que Sirius consideraría prácticamente imposible, despertaron a Helen, que segura de que no era un ataque mortífagos a pesar del rayo violeta que atravesó su puerta y pasó libremente por la ventana abierta, se tomó su tiempo para despertar completamente, buscar su pantuflas, la bata y coger su varita. Echó un vistazo en el espejo y salió. Tan solo dar un paso fuera de la habitación, tuvo que cubrirse. Miró detenidamente la escena, Sirius agazapado detrás de una mesita de corredor y Remus cubriéndose con la ya inútil puerta del baño del final del pasillo. Ambos lanzando hechizos a diestra y siniestra. Respiró hondo una y otra vez, pero sonrió. Lo que ella quería era que Sirius volviera a ser el niño atrapado entre la adolescencia y la infancia encerrado a su vez en el cuerpo de un hombre maduro y responsable. Lo sabía, era una total incoherencia pero esa era la mejor forma de describirlo. Hechizó las puertas de las habitaciones de sus hijos y regresó a dormir.
Por la mañana, Helen intencionalmente no despertó tan temprano como lo hacía siempre. O bueno, no se levantó. Sintió como Sirius salía de la habitación a hurtadillas, también escuchó su exclamación de sorpresa junto a la de Remus y fue entonces cuando decidió que ya había dormido demasiado, así que intencionalmente hizo demasiado ruido al vestirse.
-- ¿Tú crees que no se haya dado cuenta? --preguntó Remus mirando como Sirius lanzaba hechizos por todas partes intentando arreglar la apariencia desbaratada del pasillo.
--Duerme como tronco --balbuceó entre hechizos --anda ayúdame que también eres culpable
-- ¿Qué pasó? --preguntó Harry sorprendido, salía de su habitación abotonando su camisa
--Nada, que tu padre y tu tío Remus se divirtieron anoche ¿no es así chicos? --los dos hombreas adultos dieron un brinco tal que arrancaron una carcajada a Harry --y que irán hoy a comprar madera, algunos cuadros, mesitas, jarrones, focos, pintura, puertas y se pasaran todo el día en reparación de primavera --saludó a cada uno y tranquilamente fue a las escaleras
--Es invierno --susurró Harry, Sirius negó lentamente con la cabeza
-- ¡Quiero que termines ese cuaderno hoy mismo jovencito! --gritó Helen llegando a la cocina.
--Que buen oído --masculló Harry regresando a su habitación.
Sirius intercambió una mirada con Remus que le sonrió, les había ido mejor de lo que había pensado.
Después de desayunar, Harry fue directo a su habitación, aún le faltaban demasiadas hojas para su gusto. Por su parte Sirius y Remus salieron directo a comprar lo que les faltaba para arreglar el desastre que habían dejado tras su momentáneo arranque de inmadurez, como lo había clasificado filosóficamente Remus, enfocando el término solo para él, por supuesto. Y ese comentario habría arrancado otra competición por la destrucción de la estancia, pero Helen quería ver televisión así que los atajó justo antes de que sacaran su varita.
El silencio se extendió por la casa en cuanto los hombres salieron por fortuna para Remus a Helen se le había ocurrido pedir prestada una camioneta al amable anciano que vivía enfrente. Encendió el televisor que no tenía más de dos semanas e intentando relajarse se recostó en un sofá. Quince minutos después de buena comedia, apagó el aparato y se sentó, incluso dejó de respirar intentando escuchar algo. Y lo hizo.
-- ¡Harry si vuelvo a escuchar esa palabra te lavaré la boca con jabón! --gritó poniendo más atención.
Había demasiado silencio y eso no le agradaba. Mientras Helen se ponía un tanto paranoica. Harry balbuceaba sobre el súper oído de su madre. Arrojó la pluma a un lado cuando cambió de hoja y dejó caer la cabeza en el papel limpio. Aún le faltaban como 20 páginas tamaño carta si multiplicaba eso por los renglones que eran como 30 por ambos lados de las hojas, por una frase por renglón… ¡eran demasiadas líneas! No quería ni imaginar lo que le pasaría si le daba la paleta a su hermanita. Empezó a creer que era mejor esperarse hasta el verano y por supuesto, después de que le firmaran y guardara seguro el permiso para Hogsmade. Casi media hora después, cuando había olvidado por qué estaba enclaustrado y leía animadamente un libro sobre quiditch que su hermanita le había regalado de cumpleaños, la puerta se abrió rápidamente. Dio tal brinco que mando a volar el libro e intentó correr hacia su escritorio pero su madre lo detuvo a la mitad de distancia.
-- ¿Has visto a tu hermana?
--Yo… estaba…
--Sé que no escribías --lo interrumpió Helen rápidamente -- ¿has visto a Lyra?
--No
--No la encuentro por ninguna parte
--Mi papá se la habrá llevado --dijo intentando tranquilizarla un poco… pero no se imaginaba cuanta razón llevaba o al menos algo por el estilo era lo que había pasado.
Sirius estacionó frente a la enorme tienda, de solo mirarla le daba una flojera increíble. Con desgana abrió la portezuela y bajó. La arrojó mientras se encaminaba hacia las puertas, Remus ya le llevaba algunos metros. Maldijo no escuchar le ruido de metal contra metal entre goma y también maldijo estar en un lugar muggle porque tenía que regresarse para cerrar la portezuela. Fue directo a la cabina de la camioneta pero algo le llamó la atención, algo negro y pequeño, rodeó la vieja carcacha y se asomó a la parte trasera.
-- Lyra? ¿pero qué rayos haces aquí… tu madre sabe que viniste?
--Hola papito --le sonrió la pequeña terminando de salir de debajo de unas lonas viejas
-- ¿Tu madre sabe que viniste?
--Sip
-- Ven acá ¿y por qué no subiste adelante?
--Porque quería ver que se sentía ir aquí atrás
Sirius suspiró y después de decirle que había sido peligroso, la llevó con él a la tienda. En cuanto entraron la maravilla brilló en la carita de la pequeña niña y conociéndola como la conocía, Sirius la subió a un carrito y la ató con el cinturón de seguridad que ese al menos tenía aunque sabía que no tardaría mucho en saber cómo quitárselo, al menos le daría oportunidad de tomar lo que necesitaba.
Conforme pasaban los minutos, entre risas, Remus se encargaba de echar al carrito lo que necesitarían pues Sirius estaba más ocupado intentando que su pequeña niña no saltara del carro.
--Sirius ¿siempre sí cambiarás el color de las paredes? --murmuró Remus revisando detenidamente el muestrario de las pinturas.
--No te muevas --dijo Sirius yendo hacia su amigo. La niña asintió pero en cuanto su padre dio media vuelta, ella bajó del carrito con una habilidad que de verla cualquiera diría que no era la primera vez que lo hacía.
No muy lejos estaba la sección de electrónicos y una mesa donde se habían asegurado algunos aparatos tales como rotomartillos, desarmadores electrónicos, algunas sierras y demás cosas que a una pequeña niña que apenas conocía de cosas muggles, encantaron.
Lyra miró detenidamente una especie de pistola amarilla que estaba sujeta a la mesa. Buscó un banquillo, lo acercó y se subió en él. La pequeña miró con detenimiento la extraña pistola, su padre tenía muchas y que hacían cosas distintas pero que eran para trabajar, pero nunca, por más que había husmeado en el garaje y entre las cosas de papá, había encontrado una de esas. Le gustaba, era pequeña, pesaba un poco y era linda.
-- ¡Papi! --le gritó al hombre que discutía con Remus sobre el nuevo color de las paredes del segundo piso, tenían que combinar con las de abajo o Helen los haría pintar ahí también, así que Sirius ni siquiera la escuchó -- ¡papi, papi, papi!
-- ¿Qué pasa princesa? --con mucha paciencia y gran parte de él negándose a desviar la atención de Remus que el muy traidor bien podía cambiar las etiquetas a las latas y echar la pintura al carrito sin que él se diera cuenta, Sirius miró al carrito, donde pensaba estaba su hijita
--Amigo --murmuró Remus tocando el hombro de Sirius, éste lo miró dispuesto a gritar que ese color no quería pero Remus le señalaba a lo lejos por un pasillo donde a no más de diez metros estaba su pequeño e indefenso ángel que le gritaba y apuntaba con una especie de… no sabía lo que era pero no le agradó que estuviera sujeta a una mesa, porque podía ver el cable naranja que la unía a ésta.
-- ¿Me la compras papito?
--Lyra que es eso
--No sé pero me gusta
--Anda deja eso y ven acá --suspiró Sirius girándose de nuevo hacia Remus.
De repente sintió como todo el aire se le escapaba y momentáneamente todo a su alrededor se tiño de negro cuando su espalda se estrellaba contra el piso. Escuchó un ruido antes de caer pero no lo podía asociar con nada. Parpadeó rápidamente varias veces para intentarse aclarar, cuando pudo enfocar decentemente, es decir, pudo distinguir a Remus acostado sobre él, se lo sacudió e intentó pararse pero la mano del licántropo lo evitó mientras un nuevo zumbido le pasaba cerca. Y de fondo, el grito eufórico de su hija.
Genial ¿qué había hecho esa niña ahora?, en verdad entre ella y Harry lograrían llevarlo a la tumba.
--Karma, maldito Karma --masculló girándose boca abajo para mirar, Remus parecía no querer que se parara y si el lobito lo decía, había que hacer caso, él sabía sobre esas cosas. El haber tratado con él mismo y con James durante 7 años en el colegio y algo más cuando salieron, le daban experiencia. Remus ahogó una risita mientras se arrastraba junto a Sirius.
Los gritos de la gente se empezaron a escuchar y no eran de sorpresa o algo así, no, esos eran gritos histéricos y Sirius podía apostar que algunos de ellos eran de dolor. Esos zumbidos seguían entremezclados con los gritos de las personas, conforme se acercaban a Lyra el sonido familiar de un pistón o algo por el estilo aparecía.
-- ¿Señores? --el ruido cesó con esa voz gruesa y llena de autoridad, aunque seguían algunos gritos y lamentos -- ¿es de algunos? --frente a los dos hombres que seguían arrastrándose, aparecieron un par de pies enfundados en botas militares. Poco a poco levantaron la vista, el guardia del lugar sostenía en brazos a una pequeña y sonriente niña de rizos.
Sirius se puso de pie lentamente y asintió. Se aventuró a mirar a su alrededor. Parecían clavos industriales. Sí, lo eran y ese anciano de la camilla que pasaba frente a ellos llevaba un brillante clavo inoxidable atravesándole gran parte de la pierna. Algunos cuadros tenían más, había pintura por todas partes y es que los clavos habían atravesado las cubetas. Sirius respiró hondo y se negó a seguir viendo. Volvió a asentir, ésta vez tomaba a su hija en brazos.
--Res… responderé por los daños --murmuró tendiéndole una tarjeta --y si no le importa quisiera pagar antes por las cosas que tengo en el carrito --señaló tras él, extrañamente era lo único que no estaba dañado --espérenme en la camioneta --agregó pasando a Lyra a brazos de Remus, éste asintió mirando a su amigo, estaba extrañamente tranquilo, la niña también lo miraba con atención --el karma --suspiró y empujando su carrito con lo necesario para los arreglos de su hogar siguió al guardia.
Para cuando Sirius apareció en el estacionamiento, Remus ya había hablado con Lyra. La pequeña se mantenía sentada en el medio del asiento de la camioneta. Remus se acercó a ayudar a su amigo a subir todo. Sirius seguía repitiendo "el karma" incluso cuando salieron de la tienda.
--Papi --susurro la pequeña cuando llevaban una hora de incómodo silencio --lamento haber agarrado eso, tío Remus me dijo que era malo pero yo no sabía papi
--Te dije que lo dejaras Lyra
--Pero, pero, pero fue sin querer, se aplastó una vez la palanquita y disparó una cosa que brillaba
--Heriste a algunas personas…
--Perdón…
-- ¿Por qué no te detuviste?
--Era divertido
El silencio volvió a hacerse, la niña se dispuso a mirar por la ventana. No había regaño así que podía interesarse por algo más. Remus miraba curioso y pensativo, alguna media hora después de pasar su vista por la cabina sin un tema interesante para romper el silencio, dio con algo bajo sus pies. Un pequeño rectángulo plateado brillaba con la luz del sol que avanzaba más rápido que ellos y es que esa vieja camioneta apenas si corría. Se agachó y tomó un moderno teléfono celular, sorprendido se giró hacia su viejo amigo.
-- ¿Desde cuándo usas un celular?
--Viví como muggle por mucho tiempo ¿lo olvidas?
-- ¿Muggle? ¿Sirius Black? --preguntó irónico haciendo énfasis en su apellido
--Lo más parecido a un muggle que pude --refutó Sirius arrebatándole el pequeño rectángulo plateado pero el artefacto brincó de sus hábiles dedos, intentó volver a agarrarlo al mismo tiempo que Remus lo hacía. Se retorcieron un poco, se golpearon otro poco con un ruido que vagamente recordaban pero que sí molestaba bastante y por fin después de largos segundos Remus pudo hacerse con el escurridizo aparato --maldito cachivache muggle --masculló Sirius respirando hondo. Como siguiera así sus pulmones se voltearían.
-- ¡Sirius! --gritó Remus aterrado, de alguna forma Sirius se había brincado al otro carril y un enorme trailer estaba por impactarse contra ellos. Ahí el ruido que los molestaba.
Con un hábil o más bien un desesperado movimiento, Sirius logró regresar a donde debían, claro que no sin antes de la queja e insultos de alguno que otro conductor que había tenido que moverse rápidamente para evitar impactarse contra la casi destartalada camioneta que se quejó con tan brusco trato.
-- ¿Estás bien amo…? --cuando todo quedó en la relativa normalidad que podía estar con Sirius Black alrededor, éste se giró un poco hacia su pequeña que… no estaba junto a él -- ¿Lyra? ¡Lyra, ayy no, salió volando por una ventanilla, tengo que regresarme y…!
-- ¡Sirius! --gritó Remus a punto de abofetearlo --está allá --le señaló el asiento trasero en la media cabina --se pasó hace rato, está bien y no entiendo como no despertó con este ajetreo
-- ¿Se quedó dormida?
--Sí --contestó Remus abriendo el celular que había pitado --tienes como 50 llamadas perdidas de… Helen
--Márcale ¿quieres?, seguro quiere que pasemos a comprar algo
--Hola Helen, no, Sirius conduce no puede hablar o eso quisiera yo… lo dejó en la camioneta… ¡tranquila, tranquilízate Helen! ¿qué?, sí, sí tranquila, tranquila… --Sirius entrecerró los ojos con sospecha, aunque no quería quitar la vista del camino la voz de Remus no le agradaba --aquí está con nosotros, no, no, no claro que no… ella dijo que tú sabías y… sí, todo bien, sí, sí ya casi llegamos… ¿eh? No sé con este trasto… ¡ya, ya calmada! Una media hora más… claro, adiós
-- ¿Qué pasó?
--Lyra estaba en la parte trasera de la camioneta porque se escapó, las llamadas de Helen eran porque no la encontraba y estaba histérica, ahora creo que está furiosa y me da lástima la niña --terminó Remus, él conocía de primera mano lo que era hacer enojar a esa mujer. No por nada sus amigos se retaban cuando estaban en el colegio con hacerla enojar y afrontar lo que les haría, claro que, la paga era muy buena, él mismo lo había hecho varias veces.
-- ¿Lástima? --dijo Sirius severo, Remus lo miró. No era común escucharlo hablar con ese tono --pero si esta vez se pasó, lo de la tienda y ahora esto… allá pudo haberse matado y esa parte fue mi culpa, es pequeña y debí supervisarla pero… pero ¿escaparse? Helen debe estar… --suspiró intentado que la furia que empezaba a consumirlo desapareciera --pero supongo que va a obtener lo que merece y nada más.
Remus sonrió levemente, no se cansaba de sorprenderse de lo buen padre que era Sirius.
El resto del camino hablaron sobre cosas sin sentido e incluso recordaron algunos momentos del colegio. Sirius en verdad intentaba no darle más vueltas al asunto de Lyra o la tranquilidad que necesitaba para tratar con ese asunto se iría al caño. La niña era muy lista y ya lo había comprobaba antes. Cuando llegaron a la casa, Sirius se debatía en despertar a Lyra o dejarla seguir durmiendo. Detuvo la camioneta y Helen apareció casi de inmediato, cuando rodeaba el trasto miró la cabeza de Harry por una de las ventanas. Así que el chico seguía sin terminar su castigo. Suspiró y abrazó a Helen que no se negó al abrazo y se aferró en llanto al pecho de Sirius. Remus se apresuró a dejarlos solos.
Harry regresó a su habitación, no le gustaría estar en la piel de su hermana. Ésta vez si que la había armado buena, nunca había visto a su madre llorar en esa forma e insultar a nadie por teléfono y vía flú tan hábilmente mientras le decía que si él repetía una de esas palabras se pasaría una buena parte de su vida con el sabor del jabón en la boca y sinceramente no le gustaría averiguar si eso podía ser cierto. Al llegar solo arrojó la puerta y fue directo a su escritorio, le daban tanta flojera esas diez páginas que aún le faltaban. Una pequeña voz en algún lugar de su mente se consolaba con que el castigo de Lyra iba a ser peor que el suyo aunque otra vocecita le decía que no debía pensar así, entonces la primera voz la pateaba y le decía que era un chico y podía pensar como quisiera. Dejó de ponerles atención cuando las voces se lanzaban una contra otra, era mejor concentrarse en las líneas que lo separaban de su libertad.
Cuando escuchó la voz de su madre del otro lado de la pared, algún tiempo después, se dio cuenta de que solo había escrito media hoja, miró el reloj, media hoja escrita y tenía ahí dos horas. Como siguiera así el día terminaría y por lo tanto su tiempo. Poco después resonó con fuerza la increíblemente imponente voz de su padre, daba miedo cuando quería y una vez más, Harry se alegró de no estar en la piel de su hermanita. Trató de no poner atención a lo que pasaba en la siguiente puerta y enfocarse en su castigo, aún le faltaba mucho y… mejor no molestar más a su madre.
Algunos minutos después se le ocurrió algo que podría acortar su martirio y en una hoja nueva, se fue renglón por renglón hacia abajo poniendo la letra "N" y volvió a la parte superior y puso la "O", así siguió hasta formar toda la frase de su castigo y era su imaginación y se sugestionaba o en verdad eso se hacía más rápido. No le importó mucho y al cabo de media hora terminó el cuaderno y lo mejor de todo que era temprano. Con el cuaderno debajo del brazo salió de su habitación y fue a la estancia, el regaño y el castigo ya había terminado, podía escuchar sollozar a la niña pero no podía entrar o se lo llevarían entre los pies así que mejor fue a entregar su propio castigo.
--Mamá ya terminé --anunció entrando a la cocina con el cuaderno al frente.
Helen aún tenía los ojos un poco rojos cuando suspicaz tomó el cuaderno y comenzó a hojearlo rápidamente.
--Tranquila --dijo Harry mirándola --Lyra no lo volverá a hacer, ya entendió que fue peligroso.
Helen le regresó una sonrisa y siguió con el cuaderno. Arrugó el entrecejo al llegar a las últimas hojas a las que puso atención de verdad. Harry sintió que algo le caía al estómago, ella no había dicho nada sobre eso ¿o sí? ¿y si se las cancelaba? ¡tendría que volver a hacerlas!.
--Harry --dijo Helen mirando fijamente el cuaderno, poco después lo bajó y miró al niño, éste temiéndose lo peor se desplomó en una silla en espera del sermón sobre lo que había hecho y que él seguía sin verle lo malo --te lo dejaré pasar por ahora, pero no quiero que vuelvas a hacer esto --indicó señalando los enunciados bastante disparejos
-- ¿Estoy libre? --levantó la mirada rápidamente, sus ojos resplandecían con fuerza, Helen sonrió y asintió
--Libre para ayudarle a tu padre y a Remus a no destruir el pasillo de arriba
--Pero…
--O corriges esas nueve hojas que… --antes de que siguiera hablando, Harry corrió fuera de la cocina.
Los días siguientes no cambiaron de ritmo drásticamente. Lyra estaba un poco tranquila porque aún seguía resentida por el regaño de su padre, él nunca la regañaba era mamá la que se ocupaba de eso al menos de hacerlo en aquel tono y severidad, y porque precisamente seguía castigada así que no hacía mucho. Harry se cuidó de no hacer nada en espera del día en que irían a la madriguera que sería el 22, la señora Weasley había mandado una carta disculpándose pero tendrían que salir a no recordaba donde y la reunión se adelantaría. Había ido a casa de Christ a invitarlo pero el rubio no estaba, siempre sí se había ido de vacaciones con su padre.
Por fin el día había llegado y aunque antes, a Harry le había parecido que los días pasaban terriblemente lentos ahora ya no le importaba aquello. Hacía mucho que Harry no iba a la madriguera pero algo le decía que seguía igual, una precaria construcción que se mecía y era fabulosa. Le maravillaba como todo en la vida de los Weasley era enteramente mágico, aunque al padre de éstos le maravillaban los objetos muggles. Tan solo llegar, los hermanos de Ron sacaron un viejo baúl que Harry reconoció rápidamente como un juego de quiditch, era viejo pero servía. Por fortuna se le había ocurrido no hacerle caso a los murmullos de su madre y había cargado hasta con la escoba.
--Andale, por faaaa --con su mejor mirada de chantaje, Sirius le rogaba a Remus
--No, Sirius ¡ya te dije que no! --exclamó el animago cuando al intentar ir a sentarse con el resto de la familia Weasley, Sirius lo regresaba jalándolo de la túnica
--Remus por favor
-- ¡No!
--Anda cariño, yo cerraré el juego --con un sexy contoneo de caderas, Helen tomó una de las viejas escobas de los Weasley y se elevó con una elegancia que nunca, jamás, otra chica conseguía en una escoba.
-- ¡Genial, seré el buscador! --gritó Sirius dando una patada a la tierra, de alguna forma había presentido eso y también, al igual que Harry, había llevado su escoba.
--Competirás conmigo papá --sonrió Harry enderezándose en su escoba. Sirius le regresó una sonrisa socarrona.
--Pues no te dejaré ganar hijo, yo era el mejor buscador de gryffindor --empezó a decir Sirius mientras se acomodaba para el inicio del juego pero la divertida voz de Remus no lo dejó alardear cómodamente
-- ¡Eso no es verdad, tú ni siquiera eras del equipo!
-- ¡Cállate Lupin, que nadie pidió tu opinión!
El juego empezó tranquilo, Helen jugaría del lado de Harry junto con Ron mientras Sirius, a ver de Helen, formaba el equipo más peligroso que alguien vería sobre escobas. Él estaría con los gemelos Weasley aunque este hecho le arrancó una sonrisa.
-- Qué tanto murmuran! --gritó Sirius del otro lado del campo mirando a Helen hablar con Harry
--Apostamos --le sonrió la mujer
-- ¿A sí?
--Sí, a jugar!
A Lyra le aburría ese juego, además ni siquiera miraba las pelotas aunque le gustaba la mas pequeña y dorada, la que siempre seguía su hermano. Cuando ella fuera a Hogwarts jugaría el mismo puesto que él, pero por ahora y con solo 6 años se aburría. Recordando firmemente el no alejarse mucho, comenzó a pasearse por el lugar, era lindo y le gustaba mucho. En especial las gallinas y… y… esos animalitos o criaturitas que se echaban clavados en la tierra, la niña giró la cabeza hacia atrás para asegurarse de que sus padres la podían ver y después de comprobarlo corrió hacia los gnomos. Acuclillada miraba maravillada como esas cositas que no conocía corrían por todas partes e incluso uno llegó hasta ella, le saco la lengua, le hizo una mueca, un trompetilla y después, riendo a carcajadas extrañas o al menos a ella le parecieron carcajadas, regresó a un hoyo y de cabeza se escondió. Continuó mirando a las criaturas esas que no sabía lo que eran, ya le preguntaría a papá, no supo cuanto tiempo llevaba ahí pero los gritos del juego aún se escuchaban. De repente su vista cambio de enfoque, ahora le llamaba la atención un insecto que ya había visto antes en uno de sus libros más que nada. Se irguió de un brinco e ignorando a los gnomos que le hablaban corrió hacia el pequeño insecto que zumbaba entre las flores que estaban cerca del gallinero.
El juego de quidditch había pasado de ser peligroso a ser gracioso, al menos para los que no jugaban. A Remus ya le dolía el estómago de tanto reír, no recordaba haberlo hecho con esa intensidad antes. La pelea por la snitch entre Sirius y Harry los había hecho caer varias veces de sus escobas deteniendo el juego momentáneamente pues Helen tenía que evitar que se partieran algo a veces Ron aprovechaba la distracción y anotaba, algo que por supuesto a los gemelos no les agradaba pero para nada, iniciando así una discusión.
Justo estaban en una de esas discusiones, Fred y George discutiendo con Ron por una anotación cuando el partido se había detenido, Ron aseguraba que era válido. Helen regañaba a Sirius por su actitud infantil mientras Harry se burlaba de su padre y ayudaba a Ron. Remus reía a carcajadas sentado en el suelo cuando una increíble ¿parvada, era la palabra? El caso que un montón de gallinas le pasaron corriendo histéricas. La señora Weasley fue la primera en correr hacia el gallinero, gritando órdenes a sus hijos de que regresaran a las gallinas. Helen suspiró al ver el espectáculo y no dar con su pequeña hija, bajó de la escoba y siguió a Molly. Tan solo recorrer unos metros se encontró con una estampa que le estrujó el corazón, arrojó la escoba y corrió hacia el gallinero donde Molly Weasley estaba arrodillada junto al cuerpo de su niña. Se tiró de rodillas junto a la señora Weasley y examinó a Lyra que estaba dormida, sí, tenía que estar dormida. En la cara, la niña tenía una mancha roja que se estaba inflamando muy rápidamente, en lo que debía ser el centro podía ver algo y sobre el pecho de Lyra el cuerpo sin vida de un insecto.
--Una abeja --susurró Helen --le picó una abeja --un sollozo se le escapó justo cuando Sirius bromeando sobre gallinas, desastre y los Black, se paraba junto a ella --mi hija no respira
--Tienes que estar bromeando, fíjate en el pecho, si sube y baja es que respira --murmuró Sirius rodeando a Helen para poder ver a su hija. Pero con terrible pesar se dio cuenta de que la niña no estaba respirando.
Sion
P.D.Espero señales de vida...
