Bueno antes que nada, agradezco las palabras de apoyo que me han llegado y para los que me preguntais si estoy bien os informo de que poco a poco y con la rehabilitación y descanso estoy mejorando, eso sí, poco a poco y despacio pero con paso seguro, así que espero que tengais paciencia con las actualizaciones de los capítulos. Algunos me habéis preguntado si pienso abandonar el fic: nunca. Leed bien: nunca voy a dejar un fic a medias ¿entendido? Me gusta escribir, lo adoro, disfruto haciéndolo y sobretodo sabiendo que al hacerlo llego hasta vosotros, no hay nada mejor que abrir un review y que me digan cosas como que leyendo mis historias logro que se olviden los problemas y consigo arrancar una sonrisa¿de acuerdo? Puede que debido a cosas como mi accidente, tarde más en publicar los capítulos pero nunca voy a dejar un fic a medias. Es una promesa, y como mi abuela siempre decía: las promesas está para cumplirlas ¿de acuerdo?

Bueno, pues espero que el capítulo sea de vuestro agrado, ok? Nos vemos abajo!

Capítulo 16. Secretos revelados

Hermione abrió los ojos y los volvió a cerrar al ser consciente de que la luz de aquella habitación le dañaba los ojos. Estaba medio adormecida y el sabor de algodón aún persistía en sus labios. Suspiró y volvió a abrir los ojos mientras la pesadez propia de quien ha caído dormida a causa de algún medicamento, en ese estado de somnolencia que dividía el sueño de lo real, se apoderaba de su cabeza y de cada músculo de su cuerpo.

Se incorporó en la cama donde estaba tumbada mientras intentaba recordar qué había ocurrido y trataba en vano de situarse en algún espacio geográfico. Pero aquella habitación no le traía ningún tipo de recuerdo. Era una habitación grande, espaciosa, de colores oscuros, muebles de caoba negros y cortinajes y colchas de un vino tinto casi sangre, muy oscuro. Un armario empotrado, un pequeño escritorio sin nada a la vista y la enorme cama de la que acababa de levantarse además de un espejo de cuerpo entero cerca del armario, era todo lo que había además de una lámpara color ocre que, encendida en un rincón del cuarto, sobre una de las mesitas de noche, dotaban al lugar del aspecto apropiado para cualquier película de terror de serie b que Hermione traaba por todos los medios no ir a ver nunca. Le parecían horribles.

Sobre la mesita del lado por el que se levantó de la cama, un pañuelo de algodón azul colgaba de un extremo; Hermione frunció el ceño y tocándolo lo notó húmedo. De forma inconsciente sus manos tantearon su cabeza en busca de alguna señal que pudiera indicarle que estaba herida; soltó u suspiro de alivio al notarla bien; llevó los dedos al pañuelo de nuevo y empapándolos en la humedad del mismo, se los llevó a la nariz, alejándolo de su rostro con rapidez.

Cloroformo.

La habían dormido. Buscó en los bolsillos de sus pantalones pero su teléfono móvil había desaparecido; se maldijo internamente mientras se repetía a sí misma que era más que evidente que no iba a encontrar su teléfono. No había rastro alguno de Ron ni de Theo y el frío de aquel lugar se le calaba bajo el delgado jersey melocotón que llevaba, que por mucho cuello vuelto que tuviera, no dejaba de ser un simple suéter.

Se frotó los brazos con las manos y se alejó un par de pasos de la cama, inspeccionando la habitación. En un acto infantil se dirigió hacia la puerta y no pudo decir que le extrañara el hecho de que estuviera cerrada con llave desde fuera. Se dirigió al armario; dentro no había nada más que un par de cajas de zapatos vacías y una desnuda bombilla pendiendo de un cable. Suspirando frustrada Hermione cerró las puertas nuevamente y se dirigió a las cortinas descorriéndolas con cierto esfuerzo debido al peso del viejo terciopelo.

El pomo del balcón giró y Hermione pensó que quizá pudiera salir por allí; en cuando vio que se encontraba en un cuarto piso decidió que no era una buena idea tener aquello como vía de escape, ni siquiera de forma alternativa.

-Yo que tú no lo haría, hay una buena caída.

Una voz fría y siseante llegó hasta sus oídos y Hermione se apartó de la barandilla y se giró.

Frente a la puerta de la habitación, un hombre vestido con traje de chaqueta y pantalones negros con raya diplomática, camisa verde botella y corbata negra, ojos ocultos tras unas gafas negras y de escaso de cabello, la miraba con una sonrisa fría.

-¿Por qué no entras? Hace frío –añadió con cierto tono condescendiente mientras la invitaba a entrar de nuevo.

Hermione reprimió un escalofrío pero obedeció más que por el arma que el hombre había dejado entrever, por la serpiente que parecía majestuosamente en su hábitat natural enroscada alrededor del brazo de su amo.

Desde pequeña le aterraban las serpientes. Era un miedo irracional, pero no podía hacer nada por evitarlo. Adoraba cualquier tipo de animal, incluso los perros que le daban miedo pero al mismo tiempo le gustaban… pero las serpientes y las arañas era algo que nunca había podido tolerar. Sólo imaginarse la sensación de ocho patas recorriendo cualquier parte de su cuerpo hacía que se pusiera a temblar y a rascarse y a mirarse e incluso a dar pequeños saltitos con la intención de que si había alguna araña sobre ella, cayera el suelo con sus saltos. Y con las serpientes no era diferente, sólo imaginarse esa lengua bífida, esa piel resbalosa, ese siseo arrastrándose por el suelo, la capacidad de colarse en cualquier rincón, por cualquier mínimo hueco, la agilidad con que mordían a sus víctimas… sentía escalofríos cuando pensaba en todo ello, así que el hecho de que todos sus amigos supiesen que cuando daban algún documental de esos animales en la televisión, ella cambiase el canal casi sin mirar la pantalla, no era precisamente un secreto.

Por eso cuando aquella enorme serpiente entró enroscada en parte al cuerpo de su amo y con su cabeza plana apoyada en el cuello del hombre, retrocedió unos pasos hasta sentir la pared en su espalda y lanzó una mirada al balcón aún abierto calculando en silencio y movida por el miedo, el tiempo que tardaría en llegar al balcón y tirarse por él si aquel animal se atrevía a seguir mirándola como lo estaba haciendo, es decir, como si fuera un aperitivo.

-Será mejor que cerremos –Voldemort se dirigió hacia el balcón y lo cerró, corriendo después los cortinajes y devolviendo a la habitación la pequeña y tenue iluminación.- Oh, vaya… ¿te asusta Nagini? –preguntó burlón el hombre.

Presa del miedo y sintiéndose torpe, Hermione asintió, consciente de que en aquellos momentos su voz no saldría de su garganta.

-Está bien… supongo que no podremos tener una conversación hasta que ella no se vaya¿de acuerdo?

Inclinó su brazo hacia el suelo y la serpiente reptó hasta las baldosas enmoquetadas de negro, saliendo del cuarto sin dedicarse siquiera a lanzarle una mirada a Hermione. La mujer parpadeó. Pese a que la serpiente se había marchado, no le tranquilizó que aquel hombre cerrase la puerta con seguro, sobre todo, porque acababa de recordar dónde había escuchado aquella voz antes.

-Y ahora que estamos solos, siéntate –le indicó la cama mientras él se sentaba cómodamente en la única silla de la habitación después de colocarla frente al lecho-. Tenemos mucho que hablar y parece que no vas a ir a ninguna parte¿no?

Hermione tragó saliva con dificultad.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Blaise miraba a Draco mientras jugueteaba con un bolígrafo haciéndolo girar sobre la punta de sus dedos una y otra vez. El rubio agente llevaba más de media hora dando vueltas por el despacho al que se había confinado voluntariamente después de que Severus impidiera que le diera un puñetazo a Potter quien había asegurado que no podían hacer nada hasta no saber qué había pasado.

-¿Quieres tranquilizarte Draco? –ordenó más que preguntó-. Vas a terminar por hacer un agujero en el suelo.

-No estoy para tus tonterías Blaise. Ahora no –pese a su tono autoritario, Draco dejó de pasear y se dejó caer pesadamente sobre la silla.

Los tres agentes especiales a los que había ordenado que vigilaran a Hermione habían sido duramente reprendidos y Draco estaba seguro de que no iban a volver a cometer la estupidez de cerrar los ojos ni un solo segundo en ninguna de las misiones que les encargara de aquel día en adelante, aunque difícilmente podrían volver a equivocarse, ya que iba a tenerlos poniendo multas de tráfico y haciendo papeleo hasta el día del juicio final.

-¿Cómo está Theo? –preguntó simplemente el rubio.

-Bien.

-No lo estará cuando lo encuentre¿dónde lo ha escondido Severus? –preguntó con una sonrisa maliciosa que no prometía ninguna clase de diversión.

Blaise sonrió a medias.

-No lo ha escondido… Potter ha pensado que estaría mejor custodiado en algún sitio… junto a Weasley… y creo que Sirius y Remus están con ellos.

-Supongo que Potter no esperará de verdad que eso me detenga –dijo Draco con fingida ofensa.

-Tranquilízate Draco. Theo está tan preocupado como tú y se siente culpable de no haber podido hacer nada.

Por toda respuesta, Draco gruñó. Comprendía perfectamente que Theo se sintiese culpable y de hecho, en el fondo, él no lo culpaba de nada… Pero estaba nervioso, tenso, enfadado y furioso consigo mismo por no haber estado con Hermione aquel día. Tenía la sensación de que si él hubiera estado allí, con ella, quizá se hubiese fijado en algo en lo que Theo y Weasley no hubiesen reparado, en algo que le hubiese ayudado a estar más atento, en algo que hubiese podido impedir que aquello ocurriera. Frustrado y sintiéndose impotente se pasó la mano con los dedos abiertos entre el cabello mientras exhalaba profundamente en un vano intento por controlarse y centrarse.

-¿Estás bien? –preguntó Blaise de nuevo.

Draco podía haberle mentido. Podría haberle dicho que estaba perfectamente, que estaba tranquilo, que organizarían una búsqueda como siempre habían hecho… Podría haberle asegurado que no pasaba nada, que no era tan importante como le estaba haciendo creer… Pero Blaise le conocía demasiado bien para tragarse todas aquellas palabras inútiles mientras sus ojos grises bullían de nerviosismo y de furia contenida hacia todo aquel que hubiese osado poner un dedo encima de la cremosa y suave piel de Hermione.

-No –dijo finalmente-. No lo estoy. Blaise… si algo le pasa a Hermione…

Blaise asintió comprendiéndole perfectamente. Draco ya había perdido a Pansy y no había podido hacer nada por evitarlo; había sufrido mucho, más de lo que nadie podía imaginar, más de lo que nadie podía pensar siquiera… le había costado mucho volver a levantar cabeza después de aquello y estaba seguro de que si volvía a ocurrirle algo semejante, Draco no volvería a lograr levantarse con facilidad. Pero había algo más. Sus ojos. Los ojos fríos de su amigo, compañero y superior, se volvían cálidos cuando Hermione Granger estaba cerca de él y pese a que el rubio nunca hubiese dicho nada, Blaise sabía que Draco mataría por Hermione.

Sus cavilaciones se vieron interrumpidas cuando Harry abrió la puerta de la sala y entró seguido de Tonks y de Ginny quien llevaba un ordenador portátil entre las manos y que ya iba abriendo mientras se dirigía hacia la mesa para sentarse junto a Blaise.

-¿Se sabe algo? –preguntó Blaise consciente de la mirada de tensión entre Draco y Potter.

-Nada –dijo Tonks por Harry-. Ron y Theo no tienen ni idea y los agentes que estaban fuera…

-¿Gin? –preguntó Blaise entonces consciente de la ira que parecía amenazar salir del cuerpo de Draco en cualquier momento.

-Le instalé un chip a Hermione –dijo mientras empezaba a aporrear sutilmente el teclado del ordenador.

Tonks y Blaise la miraron intrigados y Draco podía sentir la indiferencia de Harry mientras decidía si debía sentirse agradecido por ello u ofendido porque Potter hubiera decidido intervenir de aquella manera en la protección de Hermione.

-¿Le instalaste un chip? –preguntó Zabinni reprimiendo la sonrisa que amenazaba con salir a flote.

-A ella no, al colgante –especificó la chica-. Tonks, trae un mapa de la ciudad –ordenó más que pidió.

La mujer obedeció con diligencia.

-¿Mandaste que le pusieran un chip a Hermione? –preguntó Draco furioso mirando a Potter-. ¿Y se puede saber por qué no fui informado de esto? –preguntó de nuevo después de que Harry asintiera levemente.

-Porque fue una decisión propia de la que nadie estaba enterado –dijo Harry sinceramente.

-Maldito cabrón… -murmuró Draco entre dientes.

-Draco… -empezó a decir Blaise.

-No creo que sea el momento para esto, chicos –indicó Tonks tendiendo el mapa sobre la mesa.

-Yo creo que es el mejor momento. La has usado de cebo desde que nos enviaron aquellas fotografías ¿verdad? –acusó Draco.

-Estaba controlada… no ha corrido peligro en ningún momento –sentenció Harry-. Se ha hecho en otras ocasiones, ya lo sabes.

"Pero ninguna de esas veces había un miembro del equipo involucrado sentimentalmente con el cebo" pensó Blaise mientras veía la discusión interna que Draco parecía tener consigo mismo.

-Lo tengo –anunció Ginny entonces.

Draco no dijo nada. Con gesto enérgico rodeó la mesa y tras mirar el mapa del ordenador en el que un punto verde parpadeaba de forma intermitente, lanzó una breve mirada al mapa de la mesa, localizando el lugar en cuestión de segundos. En las afueras de Londres.

-Espero que estés contento. La tiene Riddle –anunció sarcástico mientras tomaba su chaqueta de cuero y se la ponía sobre la camisa verde oscura-. Voy a buscarla.

-Malfoy no he dado ninguna orden –su voz tensa reflejaba que no bromeaba.

Blaise suspiró. Harry acababa de equivocarse, Draco había estado al límite y acababa de pasarlo.

-No esperaba recibir ninguna. Voy a buscarla, quieras o no Potter. Me da igual Riddle en estos momentos¿entiendes? Voy a sacarla de allí antes de que termine como un zombie en manos de ese asesino. Si quieres mi placa dímelo ahora y mantendré al equipo fuera de esto.

-Harry tiene razón –intervino Tonks-. Deberíamos calcular…

-Potter tiene razón, como no –dijo irónico Draco-. Al diablo con todos – en un movimiento fluido, Draco extraño la pequeña cartera donde su placa y su identificación como miembro de la orden descansaban y la dejó con un golpe seco sobre la mesa-; el arma no te la doy porque no es la reglamentaria. Voy a buscar a Granger y lo primero que haré será quitarle ese maldito chip ¿entendido?

-¡Draco, espera!

La voz de Blaise sonó a sus espaldas cuando Malfoy abandonó la habitación con la expresión fría y la mandíbula apretada.

-Síguele –Harry no tuvo que repetir la orden para que Blaise saliera de allí con rapidez.

-No vas a quedarte con esto¿verdad? –preguntó Tonks cogiendo la placa de Draco.

Harry se la arrebató de las manos y la guardó dentro de su propio bolsillo, junto a su propia placa, lanzándole una mirada ofendida y sarcástica a la mujer.

-No seas tonta, Tonks, Malfoy sólo necesita tiempo. Ahora Gin, muéstrame en cual de las residencias Riddle están –se inclinó hacia el mapa con los nervios a flor de piel.

Entendía la reacción de Malfoy perfectamente, y la entendía porque él hubiera hecho lo mismo en su situación. Se parecían más de lo que la gente podía llegar a pensar.

-Reúne al equipo –pidió a Tonks-. Tenemos mucho que hacer.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Aquel hombre la ponía nerviosa. Muy nerviosa de echo. Eran sus gestos tiránicos, su voz demasiado profunda, su mirada fría y calculadora, la culata de la pistola que asomaba por el costado derecho… Era extraño. Draco también tenía la voz profunda y su mirada era fría y ciertamente llevaba siempre su arma… pero Draco no la ponía nerviosa, al contrario; todo aquello que encontraba irritantemente molesto y la hacía desconfiar y recelar de Riddle era precisamente lo que hacía que confiara en Draco. Parpadeó furiosamente para impedir que el miedo que sentía en aquellos momentos se uniera con la frustración que tenía.

El hombre la miró con estudiada calma antes de levantarse de su butaca y de dirigirse hacia el pequeño mueble bar de la habitación que ella no había notado en su primera inspección.

-¿Quieres tomar algo? Te recomiendo algo ligero… creo que tu organismo aún sigue bajo influencia de esa droga para dormirte y no creo que el alcohol te sentara muy bien.

-No quiero nada, gracias –replicó Hermione con cortante cortesía.

El hombre sirvió lo que a ella le pareció coñac en una copa ancha y tomando el recipiente con tranquilidad y delicadeza inusitada en alguien de su calaña, volvió a acomodarse frente a ella sin perder la sonrisa más que para dar un trago largo del líquido oscuro sin apartar la mirada de la mujer que estaba, para deleite suyo, totalmente aterrada.

-Has crecido mucho desde la última vez que te vi…-murmuró él entonces con los ojos entrecerrados como si quisiera examinarla comparándola con algún antiguo recuerdo que estuviera buscando en su mente.

Hermione tragó saliva con una cierta dificultad. Ella no recordaba haber visto a ese hombre nunca… estaba segura de ello; se acordaría de alguien como él… Tenía que estar equivocado.

-Pero sigues teniendo esa mirada inteligente –añadió Riddle con una sonrisa de satisfacción-. Siempre supe que serías inteligente por el modo que tenías de mirarlo todo, de preguntarlo todo…

Hermione parpadeó. Locura. En los ojos de aquel hombre había locura además de rabia, ira y prepotencia. Por su trabajo en el hospital Hermione era capaz de reconocer aquellos síntomas sin ningún tipo de problema y la mirada de aquel hombre denotaba una locura que pocas veces había visto en nadie.

-No sé de qué diablos me está hablando… -contestó ella cuando pudo encontrar la voz y recordar que era mejor seguirle la corriente.

-¿Pretendes hacerme creer que tu padre nunca te habló de mí? –preguntó Voldemort muy serio antes de volver a beber de su copa.

-¿Mi… mi padre? –preguntó confusa-. ¿Qué tiene que ver mi padre con…-se interrumpió, confusa- ¿Le conoció?

Voldemort soltó una risita corta y aterradora que heló la sangre de Hermione hasta lo más profundo de su cuerpo.

-¿Conocerle? Sí… podríamos decir que sí…-sus ojos se entrecerraron mientras la miraban-. ¿Nunca te habló de mí ni de los negocios que tenía conmigo?

Hermione alzó la cabeza orgullosa. No conocía a aquel hombre pero estaba completamente segura de haber conocido a su padre y no estaba dispuesta a que nada ni nadie manchara el recuerdo que ella tenía de aquel hombre dulce, comprensivo y cariñoso que siempre tendría un lugar en su corazón y en su vida por muy mayor que se hiciera y por mucho que ya no pudiera verlo.

-Estoy segura de que mi padre jamás hubiera tenido nada que ver con alguien como usted –le dijo con una aparente tranquilidad que en realidad no sentía.

-A veces no conviene estar tan seguro de las cosas que uno desconoce… -contestó él con una media sonrisa. Sus ojos se clavaron en el cuello de la mujer y sonrió como quien conoce un secreto que sólo comparte consigo mismo-. Bonito colgante… Debe de ser agradable tener un recuerdo de tu padre ¿verdad?

Instintiva y protectoramente, Hermione se llevó una mano al colgante y lo rodeó apartándolo de la mirada espeluznante del hombre.

-¿Cómo sabe que me lo regaló mi padre?

Riddle se encogió de hombros.

-Porque sólo hay dos colgantes como ese… uno lo tenía él y el otro… -se metió la mano bajo la camisa, a ras del cuello y sacó una delgada cadena de plata en cuyo extremo colgaba un colgante igual al de Hermione.

No. Igual no. Muy parecido. Si bien el colgante de la mujer parecía tener vida propia y brillaba con suavidad, el colgante que aquel hombre le estaba mostrando parecía estar muerto, de un cristal acerado completamente negro que transmitía dureza y fuerza bruta, nada comprado con la gracia que parecía tener el colgante de Hermione.

Ella no supo como reaccionar. No entendía qué estaba pasando allí. No entendía por qué ese hombre hablaba de su padre como si lo hubiese conocido bien, no entendía por qué la miraba de aquella manera, como si quisiera escrutarla por dentro, no comprendía por qué sabía lo de su colgante y mucho menos entendía cómo era posible que él tuviera uno tan parecido al suyo que si no fuera por el color, serían iguales.

-¿Cómo…

-¿Dónde está el dinero, Granger? –interrumpió él su pregunta. Ella le miró.

-¿Qué dinero?

-El dinero que tu padre me robó, por supuesto… El dinero que era mío y que él cogió, el dinero que iba a ser la prueba de su traición y que podría haberme condenado a pasar el resto de mi vida en la cárcel. Ese dinero¿dónde diablos está?

-No sé… no sé de qué…

Era cierto. Al menos a medias. Draco le había hablado de aquel dinero… Pero ella no sabía nada de él. Su padre no podría haber robado nunca nada… su padre no era capaz de hacer algo tan bajo como eso…

-No me tomes por idiota o te irá muy mal, te lo advierto –la amenazó el hombre-. Sólo quiero mi dinero… Fue una lástima que tu padre muriera ante de decirme donde lo había escondido. Pero te dejó a ti el colgante… la llave… no lo habría hecho sin decirte dónde estaba el dinero, así que deja de mentirme y dime dónde diablos lo escondió.

Había algo peligroso en la forma en que no gritaba, en la manera en que su voz se convertía en un susurro lento y en el modo en que arrastraba las palabras. Había algo amenazante en su postura, en sus ojos, en la rigidez de sus hombros… algo que le advertía a Hermione que no estaba bromeando, que no estaba jugando, que estaba hablando completamente en serio.

-No sé de qué dinero me está hablando… mi padre nunca me dijo nada… ¿por qué todo el mundo se empeña en creer que sé dónde está ese dinero?

-¿Todo el mundo? –preguntó él con voz de advertencia- ¿A qué te refieres con todo el mund…

Una sirena sonó estruendosamente en la habitación haciendo que el hombre dejara inacabada su oración y mirase su reloj. Hizo una mueca de desesperación y murmuró algo que a ella le sonó a "¿qué diablos pasa ahora?".

Se giró hacia ella con una seca sonrisa.

-Tendremos que posponer esta conversación para… después… -le dijo-. Ahora si me disculpas, tengo otros asuntos que atender mientras piensas en lo que más te conviene.

Por toda despedida, Voldemort inclinó la cabeza de forma burlona y salió de la habitación sin decir nada más. Hermione escuchó como la puerta se cerraba y como desde fuera giraban la llave dos veces haciendo que se diese cuenta de lo inútil que sería intentar abrir la puerta.

Tomando el colgante de su cuello y que nunca se quitaba, Hermione lo atrapó entre los dedos de la mano derecha antes de aferrarlo en un puño cerrado, como si de algún modo tuviese miedo de que aquel fénix pudiera cobrar vida y saliera volando de allí.

-¿En qué lío me has metido papá? –preguntó-. ¿Qué está pasando?

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Blaise colgó el teléfono con rabia. Era la cuarta vez que lo llamaba y Draco seguía sin cogerlo; en momentos como aquel era cuando odiaba haberle convencido para poner un identificador de llamadas en el teléfono de su apartamento. Seguramente por eso, Draco lo estaba evitando.

-¿Alguna novedad?

Ni siquiera se asustó cuando por la esquina donde él estaba vigilando la casa de Draco, tres sombras se acercaron hasta él. Blaise sonrió. El cabello rubio en esa ocasión de Tonks, contrastaba perfectamente con la tez y el cabello negro de Theo y desde luego que contrastaba con la expresión dura y feroz que se adivinaba en el rostro de Severus.

-Aparte de que sigue ahí dentro haciendo vete a saber qué y que no contesta al teléfono, ninguna –contestó sarcástico Blaise a Severus.

Snape enarcó una ceja pero no dijo nada.

-¿Estás bien? –le preguntó entonces a Theo-. Ese golpe tenía mala pinta.

-Sobreviviré –se limitó a decir Nott-. A menos que Draco me pille, por supuesto… -añadió con una risa baja y casi gutural-. ¿Cómo está él?

-Sin placa –contestó entre dientes-, y armado y furioso… -miró a Severus-. Nunca le había visto así…

La preocupación en el tono de voz de Blaise era patente y visible. Tonks activó su transmisor para comunicarse con el otro grupo y darle la entrada a Ginny.

-Hermione sigue parada –comunicó a los demás-. ¿Qué pensáis que hará Draco? –preguntó mirando a los tres hombres que mejor le conocían.

-Matar a quien se interponga en su camino –dijo con convicción Blaise.

-Sabía que no era buena idea convencerle de ponerse ese identificador de llamadas… -protestó Nott-. ¿Seguro que sigue ahí dentro? Yo no hubiera tardado más de tres minutos en salir…

-Yo sí, si supiera que alguien me vigila –añadió Tonks entonces-. Quizá deberíamos ir a comprobarlo –añadió.

-Claro –contestó escéptico Nott-; la última persona que intentó atravesar las líneas que defienden la casa de Draco casi termina electrocutada…

Severus rodó los ojos.

-Yo iré. Zabinni, conmigo. Quedaos aquí hasta que salgamos otra vez.

Blaise enarcó ambas cejas.

-¿Por qué yo? Ya he sufrido la rabia de Draco y no tengo ganas de pasar por eso otra vez, gracias…

-¿Prefieres que vaya Nott? A mi no me importa, pero es posible que Potter tenga entonces que pagar un sueldo menos este mes –añadió mientras empezaba a atravesar la calle.

Blaise maldijo por lo bajo, pero siguió los pasos de Severus sin decir nada más. Después de todo, era mejor que Draco se descargara en ellos que no en Tonks… y respecto a Theo… quizá pasara algún tiempo antes de que pudieran dejarle a solas con Draco.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Bellatrix se levantó de la cama. Le pesaba el cuerpo. Le dolían los brazos y las piernas. Los músculos no le respondían. Se sentía cansada, tensa, nerviosa y abrumada. Sabía que todo era producto de la droga que Tom le había inyectado, pero saber eso no hacía que se sitiera mejor ni tampoco hacía que no lo notara.

Sabía que iba a morir; apoyada en la cómoda de roble viejo lo presentía, lo notaba y era consciente de ello. Hacía mucho que lo sabía… Después de todo, la culpable era ella. Aún recordaba cómo se había ofrecido a Tom Riddle para ser quien probara siempre sus nuevas drogas, recordaba con dolor el efecto que éstas habían tenido en ella, el efecto que formaría parte de ella hasta el día de su muerte… Lo más gracioso y lo más triste al mismo tiempo de todo, era que lo había sabido desde un principio… Había sabido que haciendo aquello moriría pronto pero no había renunciado a ello. Sonrió irónica. Había pensado que un sacrificio como aquel podría haber hecho que Tom Riddle, Lord Voldemort, la viese con otros ojos, no sólo como su mano derecha, como su ejecutora, como una mujer letal… había esperado que la viese como algo más y aún no entendía por qué.

Bellatrix sonrió a medias. Tom le había recordado siempre el mundo sórdido y bajo en el que se había criado. Un mundo donde las drogas, los malos tratos, la oscuridad y la maldad siempre habían tenido cabida. Por eso se había enamorado de él de una forma insana y lo sabía. Sabía que era un amor basado en el dolor, en el sufrimiento, el engaño, la mentira y el terror, pero era el único amor que Bellatrix había conocido desde siempre y era el único amor que estaba dispuesta a dar y a recibir.

No había dudado ni un solo segundo la primera vez que se inyectó a sí misma una variante del éxtasis, ni había dudado la primera vez que tomó dos pastillas que la llevaron a la cima del mundo celestial durante cuarenta horas y que le destrozó el hígado, tampoco había dudado cuando aquella droga experimental había hecho efecto en su preciosa cabellera ni tampoco lo había hecho cuando su cuerpo había sido el precio a intercambiar con la mafia irlandesa con quien Voldemort tenía tratos. Nunca se había quejado, nunca había renunciado a ser ella su mano derecha… ¿Y todo para qué?

Para nada. Había sido el amor insano hacia Voldemort el que la había metido allí y había sido el amor que sentía hacia su hermana el que había hecho que se pusiera fin a sus días. Había visto la mirada de Voldemort cuando se había auto proclamado culpable de haber evitado la muerte de Cissa. Una mirada llena de desprecio y de ofensa, desdeñosa y cruel. Sabía lo que Tom Riddle pensaba del amor: era un sentimiento inútil y vago que únicamente lograba hacer que las personas fueran débiles… Pero lo cierto era que había sido el amor fraternal lo que le había dado fuerzas a Bella para protegerla y declararse culpable, poniéndose así en el punto de mira del hombre.

Bellatrix se acercó al armario; sus pies desnudos sentían el tacto cálido de la moqueta oscura en la piel; abrió la puerta doble y sus manos se detuvieron en un vestido rojo sangre de seda que nunca se había puesto. Iba a morir. Lo sabía. Lo presentía. Pero iba a morir bajo sus reglas y con sus condiciones. Ninguna droga iba a matarla. No si ella misma podía acabar con su vida.

Con gestos dolorosos, dejó el vestido sobre la cama amplia y desecha y empezó a desnudarse. La seda del vestido se ajustó a su cuerpo delgado y elegante como si fuera una segunda piel. Largo hasta los tobillos los pies quedaron ocultos entre los pliegues y las mangas largas ocultaron sus muñecas con gracia y suavidad en un corte tan austero y conservador como revelador y altivo. Sentada frente al tocador eligió su peluca negra como la noche y se la colocó antes de pintar sus labios de un rojo fuerte, del mismo rojo sangre que adornaba las uñas de sus pies y manos, largas, delicadas y femeninas, incapaces de hacer pensar a nadie que formaban parte de manos que habían matado cientos de veces. Mientras se observaba en el espejo sus ojos se encontraron en la imagen que éste reflejaba del objeto que había sobre la mesita. Una jeringuilla limpia y a su lado un pequeño recipiente de la última variante de la droga que Voldemort había logrado; junto a ello un cuchillo.

A Bella no le tembló el pulso mientras terminaba de maquillarse dándole a sus ojos un aspecto de sombra y luz que pocas personas podían hacer con tanta naturalidad; esa noche iba a morir y lo haría por su propia mano.

Lejos de allí, ajena a la ropa que Bella llevaba y a la actitud que había recién tomado,

Narcisa se deslizaba por el interior de la casa en silencio y a oscuras. No podía permitir que Chan siguiera consiguiendo esos informes… Podía detener a Lucius, sabía que podía hacerlo. No era estúpido y Narcisa sabía que no iba a decir nada de lo que pudiera haber descubierto sin pretender conseguir algo a cambio. Sabía como manejar a Lucius. Le asustaba, desde luego, pero sabía cómo hacerlo.

Sin embargo, Chang era harina de otro costal; era algo completamente diferente. Cho Chang podía ser su final… De alguna manera había descubierto su pasado y, Narcisa estaba completamente segura, que también había descubierto todo lo relacionado con Draco. Draco… Dragón… Fue la única condición que puso cuando lo dejó abandonado. Un gran nombre para un niño tan pequeño. No podía hacer otra cosa… Tenía que protegerlo de Lucius y maldita sea, también tenía que protegerlo de sí misma. Ella sólo le habría hecho daño y Lucius seguramente hubiera utilizado al bebé para convertirlo en su sombra si antes no acababa con su vida.

No. No podía dejar que nada de aquello saliera a la luz. Ni siquiera su hermana Bellatrix sabía lo que había ocurrido. Nadie sabía de su embarazo, nadie sabía de la existencia de su hijo salvo Severus. Severus… seguramente el único amigo que había tenido en su vida a quien confiaría su vida… por eso, seguramente, había sido a la persona a quien había confiado la vida de Draco.

Respiró profundamente. Cho Chang tenía que morir. Mientras se aseguraba de que su arma tuviera el silenciador puesto caminó con pasos largos y seguros. Y sería ella quien iba a matarla.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Sofía gateó hasta arrimarse a la pared situándose bajo la cámara de vigilancia en el único ángulo en el que su presencia no era visible. Al guardia no le sorprendería ya que lo había estado haciendo varias veces últimamente. Los tres primeros días que ella permanecía allí quieta durante horas habían asustado tanto al personal y a los guardias de aquel lugar que habían bajado a comprobar personalmente que estuviera dentro de su jaula como ella misma llamaba a aquella pequeña habitación, pero últimamente ni siquiera se molestaban en bajar para comprobarlo; se limitaban a esperar a que ella volviese a aparecer en el plano de la cámara.

Sonrió a medias mientras se arrodillaba frente al conducto de ventilación y sacaba de entre los jirones que eran ahora lo que una vez habían sido unos pantalones vaqueros, una pequeña navaja que había pertenecido a su hermano y que había podido tomar antes de que se llevasen el cadáver del mismo después de que ella se viera obligada a matarlo disparándole. Sintió que la garganta se le abrasaba y que el corazón se el encogía ante el recordatorio de lo que había tenido que hacer por estar sometida a algún tipo de droga o a lo que fuera que la habían obligado a tomar.

Respiró hondo y profundamente y empezó a trabajar en lo que sabía que era su única opción de salir de allí con vida. Media hora después con las manos llenas de heridas y cortadas por el filo de la navaja, el último tornillo de la rejilla caía a sus manos sin hacer el menor ruido. Agradeciendo el hecho de ser pequeña y que el conducto fuera lo suficientemente grande rezó en silencio para lograr salir de allí.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

-Supongo que no vas a aceptarla ¿verdad?

Harry gruñó algo mientras se guardaba la identificación de Draco en el bolsillo de nuevo; alzó su mirada hacia su padrino y negó con la cabeza.

-Me alegro, porque es demasiado bueno para perderlo –dijo simplemente Sirius ante el gruñido de su ahijado.

-Es demasiado imprudente –dijo Harry.

Remus enarcó una ceja.

-¿Malfoy, imprudente? –chasqueó la lengua-. Esas dos palabras no pueden ir en la misma oración Harry.

-Cierto. Creía que habíamos determinado bastante claro que tú eras el imprudente del grupo –le reprendió suavemente Sirius-. Draco es más frío y racional.

-¿Cuándo se trata de Hermione? –movió la cabeza negativamente-. No creo que esté parándose a pensar precisamente Sirius –le contradijo-. Va a por Hermione y no me gusta la idea de que vaya solo.

Remus le sonrió.

-Lo has comprendido por fin ¿verdad?

-¿De qué hablas? –preguntó Sirius mientras maniobraba a través del tráfico.

Desde el asiento de atrás Remus sonrió enigmáticamente mientras no apartaba los ojos de Harry, sentado en el lugar del copiloto. Sirius gruñó.

-Odio cuando te pones críptico Remus.

-Lo sé. James tampoco podía soportarlo –sonrió más abiertamente-. Creo que nuestro chico –le palmeó el hombro a Harry con fuerza-, ha comprendido finalmente después de tantos años de peleas, que Malfoy y él se parecen bastante.

-¡No digas tonterías! –exclamaron los dos morenos desde la parte delantera del coche.

Remus soltó una carcajada.

-No son tonterías. Los dos tenéis una fuerza innata que parece que absorbe a todos los que estamos a vuestro alrededor, por no mencionar la manera en que conseguís intimidar a todo el mundo con una simple mirada –Harry le dedicó esa mirada precisamente por encima del hombro y Remus rió más alto-. Esa misma mirada. Fría y distante, como si quisieras matarme.

-A veces yo tengo ganas de matarte –replicó Sirius-. ¿Cómo puedes decir esas tonterías? Harry y Draco son completamente opuestos, como el día y la noche, es como si me dijeras que Malfoy puede enamorarse de… de… ¡maldita sea, Harry, ayúdame!

Harry sonrió a medias y le lanzó una mirada burlona a su padrino.

-¿De Hermione Granger?

Remus controló su carcajada hasta que vio la mirada furiosa de Sirius al mirar a su ahijado apartando la vista de la carretera por unos instantes. El teléfono del coche empezó a sonar y Harry tomó el auricular antes de que Sirius tuviese tiempo de hacerlo.

-Tú conduce –le reprochó-. Quiero seguir vivo, gracias –añadió-. Dime Ginny¿qué tenemos?

-Malas noticias –se escuchó la voz de la pelirroja en el manos libres. Los tres hombres se tensaron-. Malfoy ha escapado de la vigilancia.

-¿Cómo?

-Creo que se fugó por el conducto de ventilación de su apartamento. Por lo que sé, aterrizó en el piso contiguo al suyo y luego solo tuvo que salir por las escaleras de incendio –soltó una risita-. Blaise y Snape estaban furiosos cuando lo descubrieron.

Harry suspiró.

-¿Por qué diablos tiene que hacer siempre las cosas difíciles? –gruñó Remus que se había puesto repentinamente serio ante la noticia.

-Porque es Draco Malfoy –contestó con sencillez Sirius mientras sacaba la improvisaba sirena y la pegaba al techo del coche antes de encenderla.

-¿Cuánto tiempo tenemos para ir a apoyarle? –preguntó Harry mientras los coches empezaban a apartarse de su camino.

-Quince minutos como máximo. Veinte si me apuras mucho –sonó la voz de Ginny -. Severus, Blaise y Theo han salido para allí ya. La mansión de las afueras de Londres.

-Conozco su localización –dijo Harry sin sorprender a nadie realmente.

-¿Y Tonks? –frunció el ceño Remus.

-Está con mi hermano en el piso de Hermione por si los que les atacaron dejaron alguna pista absurda.

-Bien. Vamos para allá, mantén este canal de comunicación –ordenó Harry.

-De acuerdo. Chicos, tened cuidado –añadió.

-Siempre, pequeña –le contestó Sirius con una media sonrisa antes de cortar la comunicación.

-Vamos allá –Remus buscó en el maletín que llevaba cerrado a su lado.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Hermione no entendía absolutamente nada. No sabía quién era esa hombre ni la relación que había podido tener con su padre; no sabía donde estaba ni por qué habían dos colgantes tan iguales, no entendía por qué le hablaban de un dinero que ella nunca había visto y no entendía por qué le ocurría a ella todo aquello.

Sonrió irónica.

-Debí haberlo imaginado… -susurró al aire-… después de la otra noche con Draco… debí suponer que algo iba a ir mal… los castillos suelen desvanecerse si no son de piedra…

Siempre lo estropeaba todo… Quizá era ella. Quizá era un defecto congénito o algo así… Siempre que parecía que todo iba bien, que podía mirar al mundo con la cabeza alta y los ojos brillando por la alegría y la felicidad ocurría algo que hacía que todo se desmoronara y que se sintiera hundida, perdida y sola. Siempre había algo que lo destrozaba todo. Había aprendido eso, por desgracia, demasiado pronto y era algo que siempre iba a estar presente.

Primero había sido la muerte de su padre y la posterior condena silenciosa de su madre por no ser como ella esperaba que fuera, después habían sido las horas de silenciosa amargura en las clases donde la envidiaban por su inteligencia, más tarde había sido la ilusión de Mark la que se había desvanecido y escapado entre los dedos como arena del mal. Siempre ocurría algo y Hermione se había planteado muy seriamente cuestionarse si ella era el problema y si realmente había sido tan malvada en alguna vida anterior, pese a que no creía en ellos, que ahora, en el presente, tuviera que aceptar las consecuencias de sus actos.

-La culpa es mía… -susurró al aire-… si no hubiese querido ir a buscar la caja… Ni siquiera sé si está en el apartamento o si está en casa con mamá…

Aferró el colgante con una mano. Había sido un impulso, un estúpido impulso como aquella vez que se le ocurrió presentarse al concurso de ciencias de sexto grado que ganó de forma indiscutible, o como aquella otra vez que quiso comprobar los efectos de montar en una montaña rusa con cinco anillos después de quince recorridos completos sin bajarse de la vagoneta y que había terminado con ella mareada pero con unas excelentes conclusiones para su estudio de física, o como aquella otra vez en que había sentido el impulso de proteger al pequeño niño de su padre. Impulsos. Siempre había sido demasiado impulsiva… quizá fuera parte de su castigo por algo que desconocía.

Y por otro estúpido impulso estaba allí dentro, encerrada con aquel hombre que, según lo que había escuchado a los miembros de la Orden, estaba loco. Incapaz de estarse quieta y esperar a que ocurriera algo, se acercó al balcón de nuevo. Quizá hubiese algún modo de bajar, algún árbol, alguna enredadera… algo… cualquier cosa… Tenía que salir de allí.

No importaba no saber donde estaba, sólo importaba salir de allí. Era una luchadora, no se rendía nunca y no iba a empezar a hacerlo en aquellos momentos. Iba a salir de allí, iba a salir de aquello y todo iba a salir bien. Suspiró resignada… quizá si se lo repetía a sí misma durante un par de horas, terminara por creérselo del todo.

Un movimiento en la parte baja del jardín la hizo retroceder hasta la pared queriendo hacerse invisible para que quien fuera que estaba allí abajo no la viera en la balconada. A gatas, Hermione se arrastró hasta la barandilla y asomándose, sus ojos se abrieron como platos al ver la figura del hombre que estaba abajo bastante entretenido a juzgar por la expresión con la que jugueteaba con un arma entre los dedos.

-Dios Santo… -murmuró deteniendo su mirada en aquel hombre.

Era una copia idéntica a Draco. Alto, de hombros anchos, cabello rubio y algo largo atado en una coleta a la base de la nuca, ojos fríos y acerados del color de una tormenta a punto de estallar, piel pálida. Era como ver una proyección futura de Draco. Las piernas le temblaron y tuvo que sujetarse a la pared que tenía al lado. ¿Qué diablos estaba pasando allí?

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Draco tardó una décima de segundo en girarse al escuchar como los helechos que estaban cerca de él eran aplastados. Cuando Sirius apareció delante de él, el arma de Draco estaba fijada en su frente, justo en el centro de la frente.

-Joder Malfoy¿quieres apartar eso de mi cara? –preguntó furioso mientras daba un manotazo al arma.

-¿Qué diablos hacéis aquí? –preguntó al ver como detrás de Sirius aparecían Remus y Potter debidamente equipados.

Harry no dijo nada mientras Remus se agazapaba junto a Sirius; se limitó a meter la mano dentro de su bolsillo y le arrojó algo a Draco que lo tomó al vuelo.

-Se te olvidó esto –le dijo simplemente.

Draco miró. Su placa. No dijo nada. Harry tampoco lo esperaba.

-¿Qué tenemos? –preguntó Remus.

-Un perímetro bien vigilado, cámaras en cada esquina –señaló Draco-, francotiradores en el tejado y perros de caza con vigilantes armados hasta los dientes –se encogió de hombros.

-Parece una prisión –concluyó Sirius-. No va a ser fácil entrar.

-Voy a entrar –informó Draco-. ¿Weasley sabe algo más?

-Sólo que está en el tercer piso –comunicó Harry.

-Necesitaríamos el equipo entero y un par de horas de planificación como mínimo para entrar ahí –sentenció Remus apartándose de Draco y evitando el mirarle al pronunciar esas palabras.

-Si esperamos un par de horas Hermione podría morir y no pienso permitirlo –dijo Draco sin dejar duda alguna.

Harry le miró y Draco enfrentó su mirada. Sabía que no iba a poder convencerle de lo contrario así que Harry ni siquiera lo intentó. Asintió con la cabeza y miró a su alrededor.

-¿Cómo has venido?

-En moto –contestó Draco con sencillez.

Harry enarcó una ceja y se cruzó de brazos.

-¿Me has robado la moto?

-No Potter, te he cogido la moto prestada –corrigió Draco.

Sirius soltó una carcajada que se vio interrumpida cuando Remus le dio un codazo en el costado.

-No sé cómo no os han descubierto –ladró una voz desde entre los matorrales y árboles que tenían a sus espaldas-, estáis hablando más que un grupo de viejecitas de excursión.

-¿Estás bien? –antes de que nadie contestase a la provocación de Tonks, Snape habló mirando a Draco que asintió levemente-. La próxima vez deja una nota ¿quieres? Así evitaré perder tiempo pensando que te han disparado.

Su tono de voz era jocoso y burlón pero Draco sabía reconocer en la voz de Severus cuando estaba bromeando y cuando había una seria advertencia así como una preocupación latente; al menos tuvo la decencia de mostrarse avergonzado ligeramente aunque sólo Snape y Blaise parecieron notarlo.

-De acuerdo –se limitó a decir-. Ya tenemos el equipo completo menos Weasley –miró a Harry-, a quien espero no ver en cierto tiempo si no quieres que la próxima vez que lo vea esté en una bolsa de plástico, Potter –Harry enarcó una ceja-. Lo que me recuerda… -se giró hacia Nott-, mantente alejado de mí durante un par de días Nott –le advirtió.

Blaise se interpuso entre los dos sabiendo que la amenaza de Draco iba en serio.

-¿Alguna manera de entrar?

-Vosotros les distraéis mientras yo entro a buscarla –dijo Draco simplemente-. Es más fácil que entre yo solo a que entremos todos –añadió al ver la cara de duda de Sirius.

-¿Y cómo quieres que les distraigamos?

-¿Es que no llevas alguno de tus juguetitos en el coche, Blaise? –preguntó burlón Draco sabiendo que la respuesta iba a ser afirmativa.

-¿Tengo que contestar a eso? –se burló Blaise-. ¿Algún plan de ataque? –se giró para preguntarle a Harry.

-Creo que… -empezó a decir Remus mientras daba instrucciones y esperaba la opinión de Harry-. Podríamos atacar desde diferentes frentes mientras tres de nosotros se interna en la casa y busca a Granger.

-Mejor que sean dos, necesitaremos aquí fuera a todos los refuerzos posibles –tecleó un par de veces su comunicador-. Gin¿todo bien?

-Sin novedad –contestó la voz de la pelirroja-. ¿Blaise ha llegado?

-Sí.

-Bien, será mejor que me lo devuelvas entero –añadió la pelirroja consciente de que sólo Harry la estaba escuchando en aquellos momentos.

El moreno sonrió a medias.

-Se supone que yo no debo saber estas cosas –dijo el hombre-, pero lo haré –añadió.

Ginny cortó la comunicación después de emitir una ligera risita.

-Bien, no hay nada nuevo –informó Harry decidiendo que era mejor no contar la petición de Ginny referente a Blaise-. Snape, con Malfoy, internaros en el jardín por la parte de atrás y… -Harry frunció el ceño-. ¿Dónde diablos está Malfoy?

Snape sonrió.

-Creo que decidió que hablábamos mucho –dijo sarcástico.

-Será mejor que creemos una maniobra de distracción –dijo sencillamente Remus mientras Sirius maldecía con palabras de poca alabanza dirigidas hacia Draco.

-¿Crees que Malfoy se las podrá arreglar? –preguntó simplemente Harry.

Snape sonrió ante la pregunta del hombre.

-¿Bromeas? –preguntó Blaise risueño mientras sacaba un arma de la parte trasera de su pantalón y le hacía un gesto a Nott para que fuera con él hacia la parte trasera de la casa.

-Es mi ahijado, Black, por supuesto que se las podrá arreglar –fue la corta respuesta de Snape.

-Manteneos en la frecuencia –pidió Harry- y tened cuidado. Os quiero a todos vivos, así que nada de heroicidades.

Sabía que aquello era demasiado pedir, pero tenía que decirlo.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

No iba a quedarse allí. No estaba dispuesta a quedarse allí. Estaba pensando en cómo podía escapar de aquel lugar cuando los primeros disparos empezaron a escucharse fuera de la casa con tanta fuerza que parecían estar sonando a dos pasos de ella. El primer instinto de Hermione fue gritar y ahogó su grito cubriéndose la boca con las manos.

Se acercó a la puerta decidida a intentar abrirla. No tuvo tiempo de hacer nada más que pensarlo. Un ruido a su espalda la hizo girarse. Demasiado tarde, no tuvo tiempo de hacerlo antes de que una sombra se abalanzara sobre ella desde el balcón. Hermione sintió pánico.

Forcejó intentando gritar. Fuera quien fuese quien estaba disparando fuera quizá la podían ayudar. Una mano fuerte cubrió su boca al tiempo que la otra la apretaba desde la cintura hacia atrás. Su espalda chocó contra un pecho fuerte y notó el calor humano que emanaba de la masa de músculo que la mantenía sujeta.

De acuerdo, quizá no fuera un gente del FBI ni nada por el estilo, pero había aprendido a defenderse hacía tiempo y era una luchadora. Alzó el pie y pisó con el tacón bajo unos centímetros más hacia detrás de donde estaba, sintiendo algo parecido al orgullo cuando escuchó una maldición entre dientes.

-Maldita sea… -un murmullo-… estate quieta… soy yo.

Un susurro. Sólo fue un susurro lo que llegó hasta su oído; el aliento cálido de Draco acarició el lóbulo de su oreja y la hizo estremecerse con su simple presencia. Dejó de forcejear contra los brazos de él y se relajó dejándose caer contra su pecho, dejándose abrazar desde atrás, dejando que la mano de él bajara desde su boca hacia su cintura donde la sujetaba con firmeza con la otra mano.

-Draco…

Era todo lo que podía decir, lo único que salía de su garganta. La voz de socorro silenciosa. Draco, gracias. Draco, lo siento. Draco, sácame de aquí. Simplemente Draco y él lo sabía.

La giró y la abrazó con fuerza sintiendo el calor de ella, notando como temblaba, escuchando sus sollozos en silencio y agradeciendo que ella estuviera bien. Si aún podía temblar y sollozar significaba que estaba viva y esa era la mejor noticia que podía haber recibido en aquellos momentos.

-Draco… Draco…

Era como si fuera la única palabra que su cabeza pudiera pensar en formular. Draco acarició su cabello posando su otra mano en la cintura y apretándola contra sí. Hermione notaba la rudeza del arma de Draco ajustándose contra su espalda y no le importó en absoluto, más bien al contrario; se sintió segura.

Draco la separó unos centímetros y sus ojos fríos de la recorrieron asegurándose de que estuviera completamente ilesa. Con esa simple mirada que a ella le produjo un escalofrío, Hermione estuvo segura de que si hubiera tenido el más leve arañazo o rasguño, Draco había exigido respuestas.

-Estás bien…

No había sido una pregunta, sino una afirmación, una exhalación de tranquilidad que hizo que Hermione se diera cuenta de la preocupación del hombre.

-Estoy bien… -corroboró mientras le abrazaba de nuevo enterrando el rostro en la camisa de él-… estoy bien…

-Pequeña… -susurró él besándola en la cabeza.

La puerta se abrió. Los disparos fuera se hacían más persistentes. Gritos. Sonidos de explosiones. Armas. Pasos apresurados. Ladridos. Avisos. Voces. Sintió el pecho de Draco tensarse; era increíble como podía notar todos los músculos de él en tensión bajo su ropa. No se giró. Sintió como la mano con la que Draco aún la sujetaba y donde estaba su arma soltaba su cintura mientras la otra mano la mantenía en su espalda inclinándola hacia él. Hermione supo mucho antes de que sonara el disparo y cuando lo escuchó, se estremeció, aferrándose con sus manos a la chaqueta de él y cerrando los ojos con fuerza, tanta que los párpados le dolieron.

Él se relajó y Hermione exhaló el aire que había estado, de forma inconsciente, conteniendo.

-No mires –le ordenó mientras apretaba la cabeza femenina contra su pecho-. Es mejor que no veas algunas cosas… -susurró.

En cualquier otro caso Hermione le hubiese recordado que era médico y que había visto cientos de veces heridas de arma… pero ninguna de ellas las había visto en cuerpos inertes que en vida habían intentado matarla a ella. Necesitaba ser cuidada y sabía que Draco la iba a cuidar.

-Vamos –la condujo hacia el balcón mientras ataba una de las cuerdas elásticas de su cintura a uno de los barrotes de la barandilla-, te sacaré de aquí preciosa.

Hermione no lo dudó. Ni un segundo habría dudado de él.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

No lo pensó. No le importó encontrarla indefensa en la cama durmiendo como si nada importara excepto ella misma. No le importó la información que podría estar sacándole a Potter y a su Orden, no le importó en absoluto que Voldemort la quisiera viva. No le importó nada.

Era un peligro. Si salía a la luz la existencia de Draco, estaría en peligro. Lucius querría matarlo. Voldemort querría utilizarlo. No. No iba a dejar que mataran a su hijo. No iba a dejar que su hijo estuviera en peligro. Sí, de acuerdo. Ella era una asesina a sueldo en manos de Voldemort que tenía tratos con traficantes de droga, con asesinos, bombarderos, agentes secretos, manipuladores, proxenetas y demás escoria del mundo… pero antes que todo eso era madre y una madre que lucharía con uñas y dientes por su cachorro.

Levantó su arma y apuntó directamente al corazón de la mujer china que descansaba entre sábanas negras de seda. Qué decadencia… Sin el menor reparo apretó el gatillo sin saber que bastante lejos de allí, sumida en la profundidad de la oscuridad de su cuarto, arropada hasta el cuello por su colcha y entre sus sábanas de raso color sangre, Bellatrix suspiró de forma cansada y sonrió.

Se acabó el sufrimiento, el recuerdo de su pasado, las inyecciones para mantenerse en pie, las inyecciones con el antídoto para la droga mal poporcionada; se acabó el utilizar pelucas, el sentir compasión por sí misma y recordar los tiempos en los que los hombres se peleaban por su belleza… Se acabó todo.

Cuando el cuerpo de Cho Chang exhalaba el último suspiro de aliento bajo los ojos de Narcisa, Bellatrix Black cerraba los ojos para siempre.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Bueno pues es todo por hoy. No he sido mala no? Sólo he tenido separados a Hermione y Draco un ratito… aunque quizá más adelante… no sé, no sé… ¿cuánto tiempo creeis que pueden estar separados sin acabar locos:p

Espero que os haya gustado y como siempre, un placer escribir para vosotros.

Sed felices y buenos!

Nos leemos pronto!