Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

MI NIÑA DE PROSPER

CAPITULO 21

- La encontré – suspiró

Jasper y yo lo miramos con desconcierto

- A quién? – pregunté con vacilación

- A Bella – sentenció dejándome sumido en la confusión mientras sus palabras se repetían en mi mente…

No podía entender en principio cómo era que Emmett había dado con Bella. Él sabía que yo no la había vuelto a ver ni sabía dónde encontrarla, pero nunca dio muestras de estar colaborando conmigo en su búsqueda. Seguramente era una casualidad, la tenía que haber visto por casualidad, pero si la hubiese encontrado trabajando en alguna cafetería o algo similar, entonces sería sencillo dar con ella. Sin dudas, éste era mi día de suerte. Incluso sin buscarlo, Emmett estaba dándome una gran ayuda para solucionar algo que él mismo había ayudado a destruir varios meses atrás.

- Cómo que la has encontrado? – pregunté incrédulo y ansioso – Dónde? Dónde la has visto, Emmett?

- No lo creerás

- Venga, Emmett

- La acabo de ver. La estaban llevando a una habitación de ginecología

- Qué? – no entendía a qué se refería. Cómo que estaba en ginecología? – Quieres decir que está en el hospital?

- Sí – confirmó – Salía del post operatorio de ginecología, está en una de las salas de Kachiri.

Kachiri era una de las ginecólogas del hospital, una mujer muy simpática y de las mejores que trabajaban aquí.

- No entiendo nada – dije saliendo disparado de mi consultorio para ir a las habitaciones de la segunda planta donde se encontraba el área ginecológica.

Cuando llegué pregunté por Kachiri y me comentaron que estaba viendo a una paciente. Me dirigí a la habitación que me habían señalado.

Allí estaba ella. No pude evitar que mi corazón se estrujara y las lágrimas humedecieran mis ojos.

Esperé fuera viendo a través del ventanal de la habitación. Bella estaba tumbada en la cama con la mirada triste. Kachiri a su lado hablaba con ella.

Cuando unos minutos más tarde Kachiri salió, me acerqué a ella mientras escribía unas notas sobre el mostrador de las enfermeras.

- Kachiri, hola – saludé

- Edward, hola – sonrió mirándome con ligera sorpresa – Qué haces tú por aquí? Piensas dejar la cardiología para hacerme la competencia en mi área.

- Desde luego que no – sonreí

- Mejor así, sospecho que mis pacientes preferirían un chico guapo como tú – se burló

- No te preocupes. En realidad quería preguntarte por una paciente tuya, Isabella Swan.

Me miró con sorpresa volteándose para observar a Bella dentro de su habitación.

- Oh, Isabella, - la observó con una mezcla de ternura y tristeza – Está bastante afectada. La conoces?

- Sí – contesté en un susurro – Qué tiene? Qué es lo que le pasa?

- Ha llegado hoy a urgencias. He tenido que practicarle un legrado.

La miré con sorpresa y un dolor punzante que atenazaba mi corazón.

- Un… legrado?

- Sí, ayer tuvo una caída y hoy se despertó con pérdidas.

Me giré de espaldas a la habitación. Apoyé los codos en el mostrador y hundí el rostro en mis manos.

- No puede ser – me quejé – Estaba embarazada – afirmé con dolor – Cuánto tiempo tenía?

- No llegaba a los cuatro meses. – Kachiri continuó hablando ante mi silencio – Hace cuestión de un mes vino a una revisión porque no se encontraba del todo bien y descubrió que estaba embarazada. Al principio se lo tomó con bastante preocupación pero luego demostró que estaba muy feliz e ilusionada.

- Estaba felliz… - murmuré hundiéndome en la desdicha

- Sí. Pero me apena, es una jovencita muy dulce y en las pocas veces que la he visto, el padre nunca ha aparecido. Supongo que está sola en esto.

- Ya no – sentencié

Kachiri me miró sorprendida.

- Cómo la conoces? – inquirió

Tardé en responder. Hice una larga inspiración.

- El bebé era mío – susurré haciendo que Kachiri se volteara hacia mí con clara sorpresa

- Cómo dices?

- El bebé era mío. – repetí – Nunca le acompañé porque nunca lo supe. Bella desapareció de mi vida hace varios meses. La he buscado por todas partes – gemí – y ahora, cuando por fin la encuentro, es para saber que acabo de perder al hijo que ni siquiera sabía que estaba esperando.

- Oh, Edward, lo lamento. No lo sabía.

- Está bien.

- Es que a diario me llegan chicas que se han quedado embarazadas, por haber sido embaucadas por tipos sin escrúpulos, pensé que Isabella era una de ellas.

- No te preocupes, Kachiri. Lo entiendo, de verdad. Es sólo que… no sé… Bella es muy importante para mí…

- Lo entiendo. Tal vez podrías pasar a verla. Creo que está demasiado sola.

Estuve unos minutos observándola a la distancia, intentando asimilar todo lo que estaba sucediendo. Finalmente me decidí y me dirigí a la habitación.

Bella tenía la mirada perdida y triste. La dirigió hacia la puerta cuando escuchó el ruido del picaporte que anunció mi entrada.

Me miró sin reflejar sentimiento alguno, pero las lágrimas desbordaron sus ojos y rodaron por sus mejillas silenciosas.

Me senté en el sillón al lado de su cama

- Bells… - susurré y estiré mi mano cogiendo la suya.

Sus lágrimas se hicieron más abundantes y un sollozo se escapó de sus labios. Me levanté de mi lugar para sentarme en la cama junto a ella

- Por qué? – gimió entre lágrimas y la abracé fuertemente contra mí

- Tranquila, mi amor…

- Por qué, Edward? Por qué? Yo le quería… quería tenerlo… era todo lo que tenía… era mi bebé… - sollozó rompiéndome el corazón

- Lo sé, mi amor…

- No le cuidé bien. No supe cuidarle. Es mi culpa

- Shhh, claro que no, cielo, no es tu culpa, no pienses eso – quise tranquilizarla mientras las lágrimas me invadían a mí también

- Sí, lo es. Yo le amaba tanto, quería tenerlo…

- Lo sé, cielo, lo sé. Pero no es tu culpa, esas cosas pasan, mi amor, no es culpa de nadie.

- Era muy pequeñito y no pudo mantenerse fuerte…

- Ahora será un angelito, pequeña. Cuidará de ti y de los hermanitos que tengas para él

- Pero yo le quería a él… - se quejó lastimera

- Lo sé, cielo

- Le quería – repitió entre su llanto – era todo lo que me quedaba de ti

La apreté más fuerte entre mis brazos

- No digas eso, mi amor. Yo estoy aquí. No volveré a perderte, cielo, nunca más nos separaremos, mi amor. – Bella sollozaba con más fuerza – Te prometo que tendremos otro bebé.

- Yo quería a este bebé

- Lo sé, cielo. Pero ahora quiero que te calmes, no te hace bien ponerte así, pequeña – le dije mientras me separaba de ella y enjugaba sus lágrimas con mis dedos.

Aún llorosa se recostó en las almohadas. Bajó la vista alejándola de mí.

- Por qué has venido a verme?

- Supe que estabas aquí. No podía dejar de verte. Te he buscado durante todo este tiempo, Bells. Te he buscado en todas partes.

- Lo sé – murmuró sin mirarme

- Por qué desapareciste, cielo? Yo necesitaba disculparme contigo, pedirte perdón, rogarte perdón. Te amo, Bells. Siempre te he amado.

- Me engañaste, Edward

- Lo sé, cariño, y lo siento. Te prometo que nunca me he arrepentido tanto de nada, pero no supe arreglarlo, pero siempre te he amado a ti, Bells, créeme, por favor.

- Lo siento, Edward, pero no confío en ti, ya no.

- Si sólo me dieras una oportunidad, Bells. Te prometo que no te defraudaré, sólo necesito una oportunidad.

- Lo siento, Edward. Sería mejor que te marcharas.

- No voy a moverme de aquí, cielo. Nunca más.

- Te molesta que no te dijera del bebé? – preguntó en un susurro

- Me ha dolido saberlo de esta forma – dije acariciando su mejilla – pero entiendo que no lo hicieras.

- Lo entiendes?

- Desde luego que sí. Me he portado como un canalla contigo, Bells. Lo sé. Sé que deberías odiarme, aunque yo haré todo para que me perdones.

En ese momento entró Kachiri a la habitación.

- Hola, Isabella. Cómo te encuentras?

- Bien – murmuró mi niña

- Te traerán algo liviano para que cenes

- No tengo hambre – dijo en un susurro

- Debes comer algo, cariño – acoté acariciando su rostro

- No podré dejarte marchar a casa si no comes algo – confirmó Kachiri

- Cuándo podré irme a casa?

- Si comes algo y pasas una buena noche, mañana por la mañana podrás marcharte

- De acuerdo – asintió y Kachiri se marchó.

Me quedé con Bella, la acompañé cuando cenó y estuve con ella hasta que se durmió.

Después de tantos meses, al fin la había encontrado. No era la mejor forma; sin dudas no hubiese querido que tuviera que pasar por una experiencia tan triste. Sin lugar a dudas nunca hubiese querido que tuviéramos que perder a nuestro bebé, para poder reencontrarnos. Pero ahora que al fin la había encontrado, no volvería a perderla. Daría mi vida entera para hacerla feliz y de alguna forma poder compensar todos estos meses de sufrimiento que ambos habíamos vivido.

La amaba, y se lo demostraría cada día de mi vida.


Aquí un nuevo capítulo! A disfrutarlo!

Review=Adelanto

Besitos!