XII. Réquiem de una esperanza

Karin fue a su laboratorio, en silencio. Sarada la seguía sin hacer ningún ruido, si acaso de vez en cuando se llegaban a escuchar las pisadas de ella contra el piso pero nada más. La habitación estaba más fría que de costumbre y Karin podía percibirlo por medio de su piel. ¿Cuánto tiempo le dedicó a estar encerrada en un laboratorio a lo largo de su vida? Extrañaba las tardes soleadas y cómo el Sol quemaba su piel, la sensación de tener sus pies descalzos en la arena cálida de Uzugari. La vista al horizonte en donde las diferentes tonalidades de azul se perdían y se juntaban para ofrecer el más bello de los espectáculos.

Pero eso ya solo existía en sus recuerdos.

Ahora las cosas eran distintas y tenía que crear un plan, uno que fuera efectivo.

Karin se tomó las manos y las entrelazó. La mayor parte de su vida la había vivido en calma. Sin tener que preocuparse de nada en lo absoluto, pero ahora las cosas habían cambiado y se estaban tornando turbias.

El reloj digital tintineó, soltó un leve y casi imperceptible sonido que Karin logró detectar, ya fuera por el silencio de la atmosfera o porque simplemente estaba demasiado ansiosa.

Las horas avanzaban avisando que el tiempo estaba por agotarse.

Sarada, ella en cambio estaba sentada. Llevaba el cabello suelto, hasta por debajo de los hombros. Inconscientemente la niña jugaba con sus delgadas piernas, balanceándolas para adelante y para atrás, como si de un péndulo se tratara. Karin notó que Sarada desvió su mirada, las dos se encontraron en una batalla interna: rojo contra negro. Era una manera extraña de comunicación que siempre había funcionado en ellas.

Pero no en esa ocasión.

—Karin…—la niña vaciló por un instante, no supo si continuar hablando o quedarse callada. Al final optó por continuar—, ¿a qué se refería Hyuga con eso de los tres días?

Karin no respondió. Sólo tocó su cabeza, dolía y mucho. Habían pasado algunos días desde que la operación resultó ser un éxito pero aun así no lograba acostumbrarse a la sensación de sentir que era dos personas a la vez, que sus pensamientos estaban entrecruzados. Bastante esfuerzo hacía para lograr su propia estabilidad mental y no enloquecer. Las imágenes de los recuerdos de Anko Mitarashi llegaban a veces de forma aleatoria, como ráfagas de una película que se reproducían de forma rápida y en desorden. Era Karin quién tenía que acomodarlas y tratar de que encajaran y ver si acaso podía relacionarlo con algo de lo que ella misma hubiese sido testigo, sin embargo la mayoría de las veces no era así y terminaba confundiéndose más y más.

Buscó entre sus pertenencias una caja metálica, en otros tiempos esa caja hubiera sido usada para poner las galletas de mantequilla. Solo una vez las había probado, fue regalo de Anko Mitarashi, muchos años atrás. Sonrió por inercia. La caja era cuadrada y cabía a la perfección en el bolsillo de su bata de laboratorio, en el pasado siempre la cargaba aunque estuviera vacía. Ahora era diferente pues esa caja contenía claves que solo ella entendería y cosas banales que sólo ella podría apreciar.

En ese pequeño y minúsculo espacio guardaba un pedacito de su corazón, todo lo que un día llegó a ser alguna vez.

Pero en esa incipiente y desgastada caja de galletas estaba la clave de la habitación 345. Aquella a la que Suigetsu tuvo cierta libertad de explorar por medio del sistema de ventilación.

Era el momento.

—Karin, ¿qué es eso?—Sarada se acercó con sus pasos cortos y rápidos hacia ella, tomó parte de su bata y la jaló para llamar su atención. Karin tocó el cabello negro de ella y pellizcó una de sus mejillas—, ey…

Sarada no se enojaba, en realidad sólo hacía un puchero pero jamás demostraba estar alterada.

Karin guardó ese pequeño gesto en su corazón. Quería recordarlo por siempre.

Era cuestión de tiempo para que Sarada entendiera la realidad de la que estaba rodeada. No quería forzarla a nada pero a la vez sabía que tenía tres días para maquinar el mejor plan que hubiera pensando en sus cientos de años de vida.

Qué irónico era todo, había vivido por cientos de años y al final le preocupaban más los tres días que le quedaban por delante. En teoría había tenido toda una vida para planear las cosas pero se estaba enfrentando a que el tiempo estaba encima de ella, presionándola.

Observó a Sarada, una y otra vez. ¿Podría soportar la realidad? Y es que para Karin, ella seguía siendo una bebé, una criatura de dos años de edad aunque su cuerpo y su mente dijeran otra cosa. Todo por experimentar en ella. BIOMEDICS era el culpable.

No… en realidad todos tenían un poco de culpa.

—Sarada, hace algunas semanas te dije que teníamos que confiar la una de la otra y que yo te contaría todo lo que sé, ¿lo recuerdas?

"—De ahora en adelante, tú y yo seremos cómplices. Yo te contaré cosas y tú a cambio las escucharás y nunca se las dirás a nadie, ¿entendido?

—¿Es el único modo en el que puedo saber cuál fue mi origen… es decir, el motivo por el cual soy rara?

—Lo es Sarada.

Escuchar y callar. Ver e ignorar. Sentir y no expresar.

—Entonces, dime."

Sarada asintió, claro que recordaba la manera en la que en esa ocasión Karin la miró con severidad, como nunca antes lo había hecho. Eso sucedió días antes de que Karin colapsara en su escritorio de laboratorio. En esa ocasión Karin no le había contado cosas, le había mencionado algo sobre el mar y Uzugari pero nada trascendental. Ahora, viéndola con el mismo semblante serio… No sabía realmente que pensar.

—Sí—la afirmación salió de sus labios de forma lenta y trémula—, ¿qué secreto?

Karin no sabía exactamente que verían en la habitación 345 aunque se hacía una vaga idea. Tenía que aprovechar el momento, ahora que las cámaras estaban siendo vigiladas por Hinata y que Sasori estaba ausente en BIOMEDICS.

—Lo descubriremos juntas.

Sarada dejó de tomar a Karin de la bata y escondió sus manos detrás de su espalda. No entendía porque los adultos se tornaban tan taciturnos antes de decir algo impactante, o de mostrar algo trascendental. Tampoco lograba captar porque la mirada de Karin se ensombrecía de tal manera que lograba provocarle una sensación que muchos describirían como miedo.

¿Dónde habían quedado las risas de Karin y los momentos en los que peleaba con Suigetsu?

Todos esos momentos parecían lejanos al observar mejor a la mujer que había cuidado de ella durante mucho tiempo. Sarada la consideraba su salvadora y confiaba ciegamente en ella. No sabía si era porque le debía su protección y lealtad o porque simplemente así debían ser las cosas. Era un vínculo medio torcido y extraño.

Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos en cuanto Karin le extendió la mano y le sonrió, mas esa sonrisa era diferente a cualquier otra que pudiera haber visto: se torcía, formaba una línea recta al tiempo en el que sus ojos se cerraban escondiendo las verdaderas emociones. Le pareció que los dedos de Karin temblaban de forma azarosa y que apropósito dejó entre abiertos sus labios para liberar la tensión.

Entonces, Sarada no vaciló y tomó la mano de Karin.

Siempre tan fría y a la vez cálida. Áspera pero a la vez suave. Inquieta pero que a la vez expresaba calma.

—Sarada—Karin volteó a verla, Sarada asintió—, todo lo que veamos y me escuches decir debe ser un secreto entre las dos. Nadie debe saberlo. Absolutamente nadie—el agarre de su mano fue firme, Sarada notó eso y se estremeció—, si alguien se entera tu vida podría correr peligro. ¿Lo entiendes, verdad?

Sarada hubiera deseado decir que lo entendía, pero lo cierto es que estaba confundida. Aun así alzó sus hombros y masculló un "sí" como respuesta. Karin se sintió medianamente satisfecha por ello.

Los pasillos de BIOMEDICS-R nunca habían lucido tan tranquilos, tan limpios y tan desolados. Karin se sintió como en una zona abandonada, de cierta forma le recordaban a los pasillos de la antigua BIOMEDICS, cuando ella era niña y solía deambular por las noches, con una sonda vesical. Se recordaba a sí misma deteniéndose de las paredes mientras que su visión se deterioraba. Ella solo quería explorar en aquel momento, pero ahora quería buscar respuestas y a diferencia de aquellos tiempos no se detiene de una pared, sino de la mano de Sarada.

Y estaban ahí, frente a la habitación 345, la cual lucía exactamente igual a las demás habitaciones de esa sección de BIOMEDICS-R. No parecía extraordinaria. Karin logró divisar el famoso sistema de ventilación que estaba arriba de la puerta, y se imaginó el momento en el que Suigetsu ingresó por ahí. Era como si pudiera recrear esa escena en su cabeza.

Vaciló por un instante, estaba frente a la puerta y tenía memorizado el código de acceso pero aun así su mano temblaba mientras que con su otra mano tomaba a Sarada. Estaba intranquila. Nunca imaginó poder llegar tan lejos, ella quien solía ser en el pasado un conejillo de indias que sirvió para un sinfín de experimentos pero que ahora estaba a punto de descubrir algo que posiblemente cambiaría la vida de muchas personas.

—Karin, estamos aquí, no es como que podamos retroceder ¿verdad?—la voz de Sarada sonaba diferente a cualquier otra cosa que ella hubiese dicho antes. Karin no era estúpida, Sarada sentía miedo. ¡Miedo! Lo supo por la manera en que la niña bajaba su mirada y mordía sus labios.

—Entraremos y descubriremos lo que está ahí—pero quiso asegurarse de sacar fuerzas, ¡debía hacerlo! No había tiempo de arrepentimientos.

Soltó a Sarada e ingresó el código de acceso en la pequeña pantalla táctil que estaba frente a ella. Movió sus dedos con rapidez, ante la atenta y curiosa mirada de Sarada.

Inmediatamente las puertas se abrieron. Su corazón empezó a latir más rápido.

Por inercia, Sarada se colocó detrás de Karin, como si se estuviera escondiendo de algo. Poco a poco fueron avanzando mientras que la puerta automáticamente se cerraba detrás de ellas. Karin logró detectar un olor que si bien no era del todo desagradable lograba irritarla. Suigetsu había descrito el olor del sistema de ventilación como algo realmente asqueroso, pero la habitación no apestaba, o al menos no como la descripción de Suigetsu sugería, era un olor fuerte que penetraba la nariz. Inhaló profundamente, provocando que su nariz moqueara. Sarada tosió y frunció su ceño.

—Huele extraño, Karin.

Karin iba a responder, sin embargo su vista se enfocó más a lo que estaba justo frente a ella: un gran cilindro cubierto de una tela color gris. Sin duda alguna, esa habitación era enorme. Fuese un laboratorio antiguo, o una bodega. Fuera lo que fuera, a Karin le impresionó el tamaño. Sin duda alguna era la habitación más grande que jamás hubiese visto, ni siquiera en la antigua BIOMEDICS había algo como eso. Pero, de entre todo, el cilindro era lo que más llamó su atención. Si no le fallaba su percepción, debía medir al menos unos cinco metros. En cambio para Sarada el cilindro medía mucho más.

Karin recordaba que Suigetsu le dio una vaga descripción de ese cilindro, que estaba cubierto con una tela de color gris. Pero también recordaba que Suigetsu dijo que lo que había en ese contenedor era algo terrible y maravilloso que ni él sabía describir.

Apenas habían pasado un par de minutos pero para Karin la eternidad había sido encerrada ahí mismo. Ninguna de las dos se movió. Sarada posiblemente por miedo y Karin porque estaba ensimismada por recuerdos de Anko.

"Dos cuerpos yacen en la misma camilla. Uno de ellos es humano mientras que el otro es sintético. El cuerpo humano tiene un singular dije de color verde esmeralda, la joya brilla y es preciosa. Una cicatriz se forma desde la garganta hasta el corazón. El rostro no es visible. Nada se ve con claridad pero Anko se arrodilla y llora, tratando de redimirse. Los sollozos hacen eco en la habitación. Un gran cilindro se ve en medio, nunca lo había visto.

Y entonces… "

Karin dio un par de pasos hacia atrás y dejó de tomar a Sarada. Se detuvo del gran cilindro para no desfallecer. Ahora podía ver con claridad que Anko Mitarashi había sido asesinada en esa misma habitación.

La sangre inexistente que podía imaginarse en el piso.

El olor a fierro.

La frialdad de quien pierde la vida.

El rigor mortis que sigue después de la muerte.

"Una mirada que se cierra. Los labios que jamás vuelven a ser abiertos. El corazón que no es lastimado… La sangre que corre y la mirada triunfante del verdugo.

Las memorias se detienen pues la vida de Anko Mitarashi terminó"

—¿Karin?—Sarada la miró impaciente. Karin se había quedado en un trance por algunos segundos pero ni siquiera se movió, solo se había quedado mirando a la nada—, ¿estás bien?

Pero Karin no lucía bien. Había palidecido, sus labios temblaban y sus manos no estaban quietas. Detrás de aquellos lentes de pasta gruesa, Sarada pudo visualizar que Karin no estaba pestañeando, realmente estaba viendo al infinito, o quizá a nada en realidad. Estaba en un viaje con su propia mente.

Eso solo logró asustarla.

—Sí…—esa era una gran mentira pero Karin sabía que no debía dejarse dominar por los recuerdos. Tenía que ser fuerte y estar estable. Por Sarada. Siempre por ella—, tenemos que quitar esta tela.

Sus palabras podían decir muchas cosas. Pero su cuerpo la desobedecía.

—Es muy grande—la niña señaló con su mano el techo y después el piso, ciertamente la altura era demasiada, y quitar una tela de ese tamaño no sería sencillo.

Karin frunció su ceño. No podía describir lo que le estaba ocurriendo en ese preciso momento. Su mente estaba pensando en muchas cosas, podía ver imágenes de un pasado tormentoso que ni siquiera le pertenecía. Su cuerpo se esmeraba en parecer normal, pero al final solo terminaba delatándose.

Que tenía demasiado miedo de sí misma y de lo que pudiera suceder.

"—Uh, siempre ganas Nagato. ¡Eres un tramposo!

Su primo sonreía. Mientras que le aventaba de vez en cuando montículos de arena.

—Ciertamente, soy más alto que tú. Pero tal vez un día puedas alcanzarme.

—¿¡Eh!? ¿Estás loco? Tú eres muy rápido, corres mucho. Nunca te he ganado, pero estoy segura que un día de estos podrás ver mi espalda. ¡Ah que sí!

—El secreto está en brincar mucho. Sólo elévate Karin, solo brinca.

—¿Brincar?

—Sí, así…"

Por mera inercia, Karin tomó impulso. Se imaginó a sí misma estando descalza en la arena, pudiendo sentir como sus pies se quemaban y como los pequeños granitos de arena se pegaban en las plantas de sus pies. Pudo recordar la brisa marina y lo bien que se sentía correr en la playa en el atardecer.

Añoraba esos días.

Corrió y corrió para finalmente brincar.

"—¡Me gusta saltar, Nagato!

—Síguelo intentando y quizá un día me alcances.

—Oye, pero… ¡espera, no te vayas!

—No me he ido, sigo aquí y siempre lo estaré"

Sarada abrió su boca sorprendida. Karin había logrado jalar con fuerza la tela, no sabía si había un truco detrás de eso. O si acaso era realmente posible, pero tal fue el impulso que la tela logró caerse, provocando que incluso el cilindro se meneara un poco.

Un sonido hueco precedió a la acción y después una nube de polvo y suciedad.

"—Nunca podré alcanzarte, Nagato.

—Hm, tal vez hoy no, pero quizá mañana…"

El olor extraño se intensificó. Las palpitaciones se volvieron frenéticas. Sarada buscó el tacto de Karin y sujetó su mano. Ninguna de las dos habló o dijo algo, se mantuvieron en silencio por mucho tiempo. Bien pudieron haber pasado segundos, minutos o incluso horas.

La tela estaba junto a ellas, estorbándoles. Aún podían verse pequeñas partículas de polvo y suciedad, flotando en aquella habitación, como si estuvieran danzando. Pero frente a ellas se desarrollaba un panorama más interesante y diferente, uno que era digno de admirar en el más íntimo de los silencios.

En el cilindro había un líquido color transparente, era como agua. Estaba en calma, en régimen estacionario. Una luz surgía desde el fondo y se proyectaba hacía arriba, como si se tratara de una luz incidente. Se dibujaba así la silueta de una mujer; su cuerpo estaba recto, lucía serena y tranquila, como si nada pasara a su alrededor. No había ruido. No existía nada en realidad. Ni siquiera el caos estaba presente. La piel era nívea y se veía que era delicada, podía observarse cada detalle de la apariencia de esa mujer, desde cómo sus manos estaban extendidas, como si imaginariamente estuviera tocando una canción invisible.

Si se subía la mirada podía observarse una gran cicatriz que irrumpía con la paz que el cuerpo transmitía; roja y profunda, atravesaba su pecho y su corazón, como si realmente dividiera su cuerpo en dos partes asimétricas. Pero la crueldad de esa cicatriz se tapaba con una joya verde, un dije con una cadena dorada que resplandecía. Efecto de la luz incidente, tal vez. ¿Simple belleza? Posiblemente.

Sin embargo, lo que más destacaba de ese cuerpo no era ni siquiera la joya. Sino el cabello, ese largo y hermoso cabello que llegaba incluso debajo de los glúteos. Color pastel, color rosa. Tan tenue, tan maravilloso. Era como estar en medio de un incendio y encontrarse en la nada una pequeña flor llena de vida, rodeada de todo el mal del universo.

Y podía leerse al pie del cilindro una leyenda.

—Sakura—

Sarada se acercó por instinto. Se sintió extrañamente atraída por tal belleza. No podía describirla. Había quedado hipnotizada, no sabía si era la imagen o lo que la imagen transmitía por sí misma.

Paz. Tranquilidad.

Pero…

Se dio cuenta de un gran detalle: la mujer mantenía sus labios y ojos cerrados. El cilindro limitaba su libertad y a eso se reducía su gran mundo. Se veía cubierta de una luz que no era del sol, una luz extraña que sólo engrandecía su misterio y su belleza. Sin embargo, la conclusión de todo eso era que Sakura era una prisionera.

Era el ave que habían decidido callar y enjaular, el ave que embellecieron para un espectáculo visual. El ave que nunca cantaría y que jamás osaría a volar.

La niña se sintió asustada por tal pensamiento. Pudo sentir que algo quería salir de sus ojos, pero al final nada. Todo seguía igual. Temerosa, siguió avanzando hasta finalmente llegar al cristal que separaba el mundo exterior de aquel pequeño y minúsculo universo lleno de fantasías y sueños rotos. Colocó la palma de su mano sobre el cristal del contenedor donde se encontraba Sakura y suspiró.

—Sakura…

Entonces, los ojos se abrieron.

Fue un movimiento rápido e inquietante. Sarada retrocedió por inercia y se llevó las manos a la boca para reprimir un grito.

Los ojos la observaban, podía sentir la mirada de Sakura sobre ella.

Ojos verdes relucientes, como dos joyas esmeraldas. Pero, a pesar de su brillo parecían vacíos, como si no existiera nada en ellos. O como si la vida les hubiera robado todo. Sin felicidad. Sin coraje.

Sin esperanza.

—¿Quién es usted?—dijo Sarada en voz muy baja, fue más un dialogo para ella misma que para Sakura—, ¿por qué está encerrada?

Karin se tocó el corazón, le dolía de una manera terrible. Pudo ver que los labios de Sarada se movían, así como que murmuraban algo. Pero Karin no respondió, de hecho no le hizo caso. Su mente reproducía imágenes que se proyectaban, como si las estuviera viendo en vivo. Como si estuviera viviendo de nuevo esa escena.

Una y otra vez.

"¿Por qué esa mujer está flotando en ese extraño líquido? ¿Por qué está encerrada? ¿Quién es? Creo haber escuchado su nombre de algún lado…"

Karin no asintió. No respondió nada.

"Sakura había despertado de la operación y había pedido ver a su General. Lloraba y pataleaba. Trataba de liberarse de sus ataduras. Anko no tuvo más remedio que dormirla.

Había fracasado.

No pudieron borrarle nunca sus recuerdos. Sakura recordaba todo lo sucedido. Toda esa preparación de más de un año para borrar sus recuerdos había resultado en un fracaso.

—Entiendo tu frustración—pero detrás de ella apareció Sasori, con las manos en los bolsillos y su rostro apático—. Alguna vez fallé.

Anko no respondió. Solo se dejó caer en la camilla mientras veía como Sakura cerraba sus ojos, la dormiría por lo mientras. Sedaría su dolor y después pensaría en qué hacer.

Sin embargo, no podía sacarse de la cabeza la manera en la que Sakura gritaba el nombre de Sasuke Uchiha. No decía otra cosa más que eso. Una y otra vez.

Sasuke. Sasuke. Sasuke. Sasuke.

—Puede que nos sea de utilidad en el futuro—masculló Sasori—, anda mujer levántate.

Sin embargo, Anko siguió en el suelo. No quería levantarse. No quería nada. Esa chica, Sakura, había perdido todo para nada. Habían destrozado su vida al volverla un arma, al inyectarle Epin, al someterla a una tortura innecesaria con el fin de borrar sus recuerdos. Y todo para que al final ella recordara cada uno de esos episodios. Habían tomado un óvulo fértil de Sakura para llevar a cabo una fecundación in vitro con espermatozoides de Sasuke Uchiha. Habían hecho eso sin su consentimiento. Anko en ese momento supo que era un monstruo, que ella era tan responsable como Itachi o como Orochimaru de acciones tan deplorables.

—Sólo… déjala en paz—dijo Anko, con las pocas fuerzas que le quedaban—, deja en paz a Sakura. Bastante daño le hicimos.

Sasori no respondió a aquello. Simplemente se acercó a Sakura y tocó su frente, posteriormente su mano sintética fue a parar en un mechón de cabello, lo tomó sin interés, aunque se esforzó en frotar las hebras de cabello entre sus dedos.

Tal vez… queriendo sentir algo.

—Fallaste. Todos fallamos. Pero haré de ella el mejor de los artes. Haremos de Sakura una copia… será una gran idea para el futuro, ¿no crees?

—¿U-Una copia?—Anko se levantó, cansada y sin fuerzas—, la clonación nunca resulta bien. Muchos lo intentaron pero fallaron en el intento.

Sasori soltó una carcajada que retumbó en la habitación, el eco resonó y vibró.

—Haré de Sakura un arte auténtico que nadie igualará, Anko—Sasori apartó su mano del cabello de Sakura y señaló a Anko con su dedo—y tú me ayudarás."

Karin inhaló y exhaló, no fue consciente en que momento sus ojos se llenaron de lágrimas ni mucho menos el instante en el que comenzó a temblar. Junto a ella Sarada la miraba con preocupación, la pequeña niña le daba un intento de abrazo. Sus manos se aferraban a las de ella.

"—Como tal no será un Lákyr pues no tomé su cuerpo como base, pero es gratificante.

Anko sostenía con firmeza el dije de color verde que habían quitado del cuello de Sakura. Era brillante y hermoso pero el solo verlo provocaba que su corazón se rompiera.

Sasori hizo un corte magistral en la piel de Sakura, justo en el pecho, para llevar a cabo un trasplante de corazón, mismo que iría a parar al Lákyr que él creó. Crearía vida sintética. Sin genoma. Simplemente de la nada. Él sería el creador de un nuevo tipo de vida.

Sería el Dios de un mundo decadente.

Humanos que no sintieran dolor, invencibles, inquebrantables.

Anko en otro mundo, en otra situación o quizá en otra vida hubiera admirado aquello. Generar vida construyéndola. Pero no en ese momento. Era irónico hasta qué punto habían llegado.

Hasta donde había llegado la humanidad por un ápice de poder.

Y así, mientras Sasori trasplantaba el corazón original de Sakura al Lákyr, Anko no hacía más que lamentarse. Era una guerra diferente. Una guerra por el poder donde no importaban los medios, donde la ética no existía.

Donde la humanidad había perecido.

—Se llamará Vanquish—anunció Sasori—, será una Lákyr muy especial, ¿no lo crees?

Pero Anko no respondió.

—No puedo mantener con vida a Sakura muchos minutos más, por desgracia no tengo control sobre los humanos comunes. Pero tú serás de ayuda, Anko.

Las lágrimas caían.

Una camilla. Dos cuerpos yacen, son idénticos a la vista. Uno es humano, el otro es sintético. El cuerpo humano tiene una cicatriz en el pecho. Es entonces que Anko le coloca a Sakura el dije de color verde. Ahora ese cuerpo no luce tan mal con esa joya. Es una imagen triste. Ella cae y se deja vencer en el piso. Se siente débil, cansada. No quiere seguir viviendo en esa realidad.

Pero tampoco está dispuesta a morir de esa manera.

No sin antes contar la verdad.

No sin antes advertirle al mundo de las atrocidades más oscuras.

—¡Aléjate, aléjate!

Anko se levantó del suelo y torpemente logró que Sasori tirara el bisturí. El artefacto de metal cayó e hizo contacto contra el piso provocando que resonara. Se provocó un eco que inundó la habitación.

Sus ojos estaban temblando al igual que todo su cuerpo, era una sensación que no podía controlarse. Quería escapar. Quería correr. Quería hacer algo pero estaba bloqueada, en shock. Como si algo o alguien hubiera tomado posesión de su cuerpo.

—Son órdenes—pero él se acercó a ella con pasos lentos—, es por el futuro de la humanidad.

—¿Futuro?—su voz sonó trémula—, sólo me usaron, han comenzado a perderse a sí mismos, están condenando a la humanidad. No me hables de futuro. Tú…

—Sí, soy yo quien ayudó al doctor Mitarashi, a tu padre. Soy yo quien siempre estuvo detrás de esto.

Anko abrió sus ojos, incrédula.

—¿No tienes miedo que se descubra la verdad? ¿No tienes un poco de consciencia?

—No. No la tengo.

—¡Tú siempre estuviste detrás de todo esto!, eres el culpable de todo. Nunca perdonaré ni justificaré tus actos. Experimentaste con personas inocentes, hiciste que…

—¿Yo soy el culpable?—la sujetó de las muñecas y la miró fijamente—. Tú fuiste quién llevó a cabo muchos experimentos también, tú llevaste a cabo lo que se te ordenó. No nombres culpables ni trates de expiarte porque no eres inocente.

Anko no olvidaba Epin. No olvidaba las PTB'S. Tampoco los core ni los receptáculos.

Las alas se cortan y sangran. La voluntad se pierde y la culpa invade.

—¡Yo no quería! ¡Yo no quise que esto sucediera!

Entonces su mirada se desvía hacia la camilla. Dos cuerpos yacen, idénticos a la vista pero sólo uno de ellos era real, el otro es completamente sintético.

—Este mundo no caerá, jamás lo hará…—él sonrió, fue sin duda la sonrisa más terrorífica que ella pudo haber visto—, no mientras yo esté aquí.

—Eres un monstruo, Akasuna no Sasori.

Una última mirada cargada de resentimiento y de dolor. La sangre cae. Los ojos se cierran. La verdad no se dice y las palabras se esconden. Una respuesta que nunca llega…

… O tal vez sí.

—Tu corazón siempre vivirá en Sakura, Anko. Ese es el único órgano que no puedo diseñar… Tu cerebro en cambio será de ayuda… para los core"

—¡Karin, Karin, Karin!

Sarada sacudió cuantas veces pudo el cuerpo de ella. Con sus pocas fuerzas logró mover el cuerpo de un lado para otro, de vez en cuando la golpeó para que reaccionara. Y entonces sucedió, Karin abrió sus ojos y se encontró con el rostro descompuesto de Sarada. La pequeña niña seguía golpeándola para hacerla entrar en razón.

—Estoy… ¿Dónde estoy?

La realidad cambiaba continuamente. En un momento estaba sumergida en recuerdos que no le pertenecían y en otro instante estaba en el mundo real, en el caótico presente.

—Seguimos en la habitación 345, te quedaste quieta y mirabas a la nada, después gritaste y caíste. No despertabas y yo…

—Está bien, está bien—Karin tragó saliva. Lo que había visto había sido la escena completa de los recuerdos que Anko Mitarashi guardaba de sus últimos momentos de vida. Ahora lo entendía mejor.

Vanquish no era Sakura. O no del todo, solo el corazón de Vanquish pertenecía a Sakura. Esa era la más grande conclusión hasta el momento.

Karin se llevó las manos a su cabeza. Si Sasori había creado a Vanquish eso solo podía significar que ella no era una aliada, sino una enemiga. Tenía que alertar a Sasuke, ¡tenía que hacer algo! ¿Cómo lo lograría en menos de tres días? Y es que todo estaba claro, por eso los enviaron en grupo. Por eso Vanquish los conducía a LeBrou, porque ahí estaba el Presidente.

Se enfrentaría Sasuke cara a cara con el mismísimo demonio encarnado en ser humano.

—Karin—Sarada se acercó al cristal y se atrevió a tocarlo, apenas y alcanzaba el cilindro. Su pequeña mano se extendió y puso su nariz sobre el cristal, pronto su respiración formó humo en la superficie. Se sentía fría—, ¿quién es Sakura? ¿quién es esta mujer?

Su voz se apagó. Karin no quería responder pero sabía que eventualmente Sarada se enteraría de la verdad.

Karin se atrevió a darle un sincero abrazo. Uno que surgía desde el fondo de todo su corazón. ¿Cómo explicarle? ¿Cómo decirle?

Colocó sus manos sobre los hombros de Sarada y le sonrió de forma débil. Ahora el futuro realmente era incierto, lo que pasara después se lo dejaba al destino. Movió una de sus manos hacia uno de los mechones de cabello de Sarada y lo acomodó detrás de la oreja de la pequeña.

Sarada frunció su entrecejo.

Y entonces, las palabras fueron dichas.

—Ella es Sakura. Ella es tu madre.

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La última esperanza

[1973. Kizmir, Belgurk]

El Lago Kiess separaba Braznia de Belgurk.

En el pasado ahí se libraron grandes batallas por el control de dos ciudades importantes: Limort y Kizmir, ciudades pertenecientes a Braznia y a Belgurk respectivamente. Sasuke se imaginó aquellos días en los que la sangre coloreaba el agua. Por instinto, llevó sus manos a los ojos y se cubrió.

Almas en pena escondidas debajo del agua.

El pasto estaba húmedo, y poco a poco el viento amenazaba con estar más frío. Sasuke lo supo, la primera nevada estaba próxima y con ello un nuevo año.

—¿En qué piensas, Sasuke?

La voz de Vanquish sonaba lejana, Sasuke realmente no prestó atención. Sus manos tocaban el pasto y de vez en cuando sentía la textura del mismo, estaba enfocado en mirar el horizonte. Le parecía increíble la similitud de esa ciudad con las ciudades de Braznia, supuso que no era extraño dado que las influencias de ambos países estaban entrelazadas.

En Limort también era así, los edificios tenían un toque de la arquitectura de Belgurk, un toque que se asemejaba más a esos edificios construidos de barro pero que a la vez tenían la elegancia de las construcciones de LeBrou, la capital de Braznia.

Entonces, el primer copo cayó a su mano. Lo tocó y casi de manera instantánea se deshizo por el tacto.

La primera nevada estaba llegando. Era el invierno de 1973.

—¿Sasuke…?—Vanquish tocó su hombro, trémula—. Los caballos los he dejado en el establo, fue por un módico precio—ella vaciló en si seguir o no hablando, no sabía cómo iniciar una conversación. Los días así habían transcurrido, en un quedo silencio entre los dos. Ninguno se atrevía a hablarse—. Tal vez sea momento de movilizarnos.

Sasuke asintió en silencio.

En un incómodo silencio.

Un copo más cayó, y después otro… y así hasta que poco a poco el pasto se fue cubriendo de escarcha.

—Ten—Sasuke cubrió a Sakura con una capa que traía puesta—, el invierno ya comenzó.

Vanquish negó e impidió que siguiera cubriéndola con la capa, Sasuke frunció su entrecejo.

—Yo no siento el frío ni el calor, después de todo no tengo como tal piel… no como la de los humanos.

Sasuke tomó la capa y la apretó con sus dedos. A veces olvidaba que ella… no era igual.

—Póntela, da igual si sientes el frío o el calor—la cubrió con algo de brusquedad y avanzó con pasos rápidos. Ella se quedó sin caminar por algunos segundos, claramente confundida.

Sasuke no tenía nada contra ella, en realidad era más un conflicto interno consigo mismo. Por una parte, se sentía terrible por lo ocurrido hacia unos días. La situación ciertamente había sido celestial y tranquilizante. Por primera vez en años se relajó y se sintió en calma con todo en general, pero una parte de él seguía insistiendo de que eso que había casi ocurrido entre él y ella había sido un completo error.

Ella no era capaz, aún, de descifrar sus sentimientos. Sasuke no podía permitirse hacerle algo tan ruin como eso, incluso si el mundo la consideraba un arma.

La quería y mucho, pero aún no era el momento.

Además, había otra cosa que no le convencía: el sentimiento. Estaba seguro de quererla, no sabía cómo comenzó. Ni en que año. Ni en que instante comenzó a verla con otros ojos. No podía precisar un momento en su vida en el cual hubiese comenzado a quererla pero estaba seguro que hacía falta algo. Cuando tocaba sus manos, cuando la miraba… simplemente faltaba algo.

Quiso convencerse de que eran ideas suyas, o que tal vez era debido a que la sensación de tocar sus extremidades artificiales era diferente a las reales.

Pero…

—¿Qué es eso?—Vanquish señaló al horizonte, justo donde grandes embarcaciones estaban varadas. Sasuke salió de su ensimismamiento y volteó a verla—, nunca había visto algo como eso.

… ¿por qué sentía que ella no era realmente la misma Sakura que conoció años atrás? Algo en su esencia había cambiado. ¿Era el efecto de haberla vuelto una Lákyr? ¿En verdad era eso?

—Son barcos—hacía tiempo que Sasuke no veía barcos, tiene vagos recuerdos de cuando visitaban la costa él y su familia. Eran tiempos ciertamente lejanos.

Durante muchos años el puerto de Kizmir estuvo cerrado debido a la guerra. Ahora que eran tiempos medianamente pacíficos estaba permitida la navegación. O al menos eso es lo que creía creer Sasuke.

—Son enormes—Vanquish se quedó embelesada ante el tamaño de "aquellas cosas". Notó que todos los barcos usaban una bandera que los identificaba, una con la insignia de un escorpión rojo.

—Lo son…—Sasuke sintió nostalgia al mirar las banderas de esos barcos, en el campo de batalla el ganador solía colgar su estandarte en la ciudad conquistada. La nieve no le ayudaba a su estado de ánimo, pues junto con la bandera de Belgurk recordaba el día en el que se llevó a cabo la batalla de Limort, muchos años atrás.

El aire frío ondeaba con fuerza las banderas de los barcos. Pocas personas deambulaban en Kizmir. Todos tenían el mismo rostro apático, mirándose los unos a los otros con desconfianza. Sasuke y Vanquish pasaban junto a ellos pero nadie se saludaba, nadie expresaba algo realmente.

La nevada comenzó.

El inicio empezó.

Poco a poco lo que fue alguna vez piedra labrada, se había vuelto un tapete blanco cubierto de nieve. El reloj del centro de la ciudad indicaba que eran cerca de las seis de la tarde, pero ya no había ni un atisbo del sol.

Sasuke apretó su katana y de un movimiento la blandió, Vanquish retrocedió un par de pasos. El reloj del centro marcaba las seis de la tarde con tres minutos.

El viento se cortó con la katana y se emitió un sonido ligeramente chillante. Frente a ellos tres personas se aparecieron, portaban el uniforme de Braznia junto con la insignia de las rosas y las espadas.

El escudo rojo de la sangre de los caídos.

—Buenas tardes—uno de los soldados de Braznia, de tres estrellas, hizo una ligera reverencia y mostró señal de respeto a Vanquish y a Sasuke—, somos el escuadrón de apoyo.

Era una mujer, usaba un sombrero militar verde petróleo. Su cabello estaba perfectamente atado a un chongo, sus ojos parecían ser expresivos, de un color café claro. De las tres personas que pertenecían al escuadrón, ella era la que más tenía intenciones tenía de hablar.

Sasuke le dio una ojeada de pies a cabeza y se dio cuenta que ella no era la líder del equipo, sino la persona que estaba junto a ella, un hombre de ojos inusuales y piel pálida.

—¿Qué hace un escuadrón de Braznia aquí?—Sasuke dio un paso al frente y encaró directamente al líder, quien hasta ese entonces estaba inmutable. Supo de inmediato que ese hombre era el que estaba al mando, bastaba con ver su expresión y las cuatro estrellas en su uniforme.

Un Teniente.

—Fueron órdenes de nuestro cuartel—explicó la mujer de ojos castaños—, dijeron que debíamos presentarnos ante usted, General Sasuke Uchiha.

Sasuke frunció su entrecejo. ¿Seguía siendo General? Absurdo.

—¿Quién dio dichas órdenes soldado?

La mujer hizo una mueca de desagrado y rodó sus ojos, sin embargo, su voz salió igual de cantarina.

—Altos mandos—dijo, sin más.

—Braznia y Belgurk ahora están en una alianza, soldado, y ustedes vienen a presentarse como el escuadrón de apoyo, ¿quién dio la indicación?

Sasuke tenía una mala sensación, una muy mala.

—Permita que me presente, soy Tenten, General—nuevamente una reverencia.

—Lee, General—dijo el hombre junto a ella, uno de cejas pobladas y rostro moreno.

Pero, la tercera persona —y quién presuntamente era el líder— no se presentó, en cambio seguía mirando a Sasuke de pies a cabeza, analizando todo sobre él.

—Es una falta de respeto no presentarse, Teniente—Sasuke apretó su mandíbula y se acercó a él—, puedo recordar esa mirada… ¿es usted el hijo del Teniente Hizashi?

—¡Oh, disculpe!—Tenten movió sus manos frenéticamente—, él no suele hablar mucho… es el Teniente Neji Hyuga. ¿Conoció a su padre, General?—la última pregunta la hizo con tal de romper la recién formada tensión.

Sasuke asintió. Lo había visto un par de veces en LeBrou. Al ser Hizashi Hyuga una persona de alto mando, Sasuke le debía respeto y obediencia. No supo más de esa persona, así que supuso que la guerra había acabado con su vida. La familia Hyuga se caracterizaba por pertenecer al Ejército, siempre leales al régimen. Pero lo que más distinguía a esa familia era ese particular color de ojos; no se decidía si eran blancos, grises, o de color violáceo, o simplemente una combinación de todos los colores.

—Permitan que les presente a Vanquish—dijo Sasuke, señalándola.

—He oído de usted—sinceró Tenten trémula—, hay muchas leyendas acerca de su vida.

Vanquish no sonrió ni respondió a aquello.

—Supongo que han tenido un viaje largo, la llama de la juventud podría verse afectada—Lee, quién hasta ese momento había dicho pocas palabras hizo acto de presencia—. Nosotros hemos estado aquí desde hace unos días, viajamos en barco desde el puerto de Nari.

Sasuke tenía vagos recuerdos de esa ciudad, ubicada al oeste de LeBrou. Sabía que esa ciudad había decaído por la guerra, y porque básicamente ya no había actividad pesquera ni comercial. Al no poder usarse más puertos, el puerto de Nari había sido cerrado y con ello la ciudad se había vuelto un lugar poco seguro por la delincuencia.

—¿Evadieron Temuk?—Vanquish ojeó su mapa y ubicó la ciudad de Nari, y posteriormente trazó una ruta imaginaria hacia Kizmir, ciertamente era una distancia sorprendente. Lo más destacable es que no cruzaban Temuk, el pueblo del que tanto había escuchado.

—Fueron órdenes de los altos mandos—explicó Tenten mientras todos caminaban hacia un hostal dentro de la ciudad—, tardamos alrededor de dos semanas en llegar aquí.

—¿Cuál es la situación en Temuk?—preguntó Sasuke a Tenten.

Silencio. Solo es escuchaba el rugir del viento y cómo los copos caían sobre las ventanas de las casas y establecimientos de los lugareños. El reloj del centro marcaba las seis y media.

—No es buena—Tenten se animó a hablar, Sasuke observó que la mujer apretaba sus labios—. Se están empezando a reforzar las fronteras entre Limort y Temuk. Si bien es cierto que la frontera natural son las montañas estas no han ofrecido protección y se han llegado a colar algunos Ignis.

—General Tenten—y esa fue la primera vez que habló Neji Hyuga. Su rostro, inexpresivo, no decía nada—. No es lugar ni momento.

—¿Por qué no?—Vanquish fue la que habló y detuvo a Neji con una mano. Los dos se miraron entre sí—explíquese.

Pero Neji avanzó y los condujo a un edificio, el tejado estaba cubierto de nieve y los vidrios estaban sucios, casi ni se podía distinguir que había detrás de dichos cristales pues la mugre lo impedía.

—Oh, es nuestro hostal—señaló Tenten—aquí descansaremos hasta mañana para después seguir con nuestras actividades.

El edificio estaba deteriorado, la humedad se había adueñado de las paredes y la madera rechinaba cuando ellos caminaban. Neji abrió una habitación, una habitación que más bien era un cuarto con sabanas tiradas y una mesa redonda apolillada, encima de la mesa había una vela que no estaba encendida y un foco que se encendía y se apagaba automáticamente.

—No es el mejor lugar, ciertamente, pero adelante.

—Deje de dar explicaciones a todo, General—masculló Neji mientras la tomaba del hombro. Tenten frunció su entrecejo y se deshizo del agarre.

Tanto Sasuke como Vanquish no dijeron nada, se sentaron en el piso mientras que Lee cerraba la puerta y le ponía llave.

—El clima en Kizmir es duro—comentó Lee, tratando de menguar el ambiente tan denso que se había formado—, es muy parecido al de Limort. En verano es cálido pero en invierno es realmente un infierno, el agua incluso llega a quemar de lo helada que está.

—No estamos aquí para hablar de las inclemencias del tiempo—argumentó Sasuke, ácido—. Queremos respuestas y ustedes parecen no querer colaborar.

—Han pasado cosas atípicas en Braznia—Tenten sacó de una maleta botellas de vodka y las puso encima de la mesa, así como unos vasos y comenzó a servir, sin embargo nadie parecía realmente interesado en beber—. Nadie ha sabido explicar lo que sucede.

Tenten suspiró, más vodka para ella.

—General…—Neji la miró con severidad.

—¡Basta!—Tenten golpeó la mesa con el vaso, y parte del contenido del mismo goteó, chasqueó su lengua molesta—, no sirve de nada callar. Además el General Sasuke Uchiha siempre fue de fiar, ¿a qué le temes exactamente Neji?

Sasuke vaciló entre si intervenir o no, se limitó a ser un simple espectador de lo que ocurría. Hasta ese momento, Tenten era la única que parecía abrirse. Algo poco usual proviniendo de una persona del ejército, y más con ese rango. Por otro lado, "el líder" era el más reservado y el que parecía no querer confiar.

—Oh vamos chicos, estamos quedando como unos tontos frente a nuestros aliados—dijo Lee, mientras miraba con desasosiego el vaso con vodka que se sirvió su compañera de escuadrón.

—Estamos aquí por órdenes del Presidente, Danzou Shimura—Tenten llevó a su boca el contenido del vodka y lo bebió de forma rápida. Sasuke de inmediato sacó su magnum, ante la mirada de todos los presentes—. Conocemos su historia, General Sasuke Uchiha, y queremos ayudarle, por los buenos tiempos—alzó su vaso en señal de brindis y se levantó para quedar frente a frente a Sasuke, solo los separaba medio metro de distancia.

Sasuke no tenía intenciones de asesinar. No ahí. Pero se sentía acorralado por la situación. Tenten por su parte sonrió de lado, tal vez producto del alcohol o quizá era una manera de asumir lo que estaba ocurriendo.

Neji se levantó del piso y tomó a Tenten del hombro, ella lo desafió con la mirada.

"Compórtate, Tenten" algo así le pareció que él susurró en su oído y acto seguido le arrebató lo que quedaba de su vaso de vodka.

Neji suspiró.

—Tengo un contacto que me ayuda en BIOMEDICS-R, un espía—Neji miraba la botella de vodka, una y otra vez. Sus ojos estaban enfocados a ese objeto y no al hecho de que Sasuke seguía apuntando con su magnum a Tenten—. Hay reportes de que hay traidores dentro de los altos mandos, a nadie le conviene esto General Uchiha así que no hay necesidad de intimidar a mi camarada.

—Está bien Neji, ellos dudan de nosotros. ¿Quién no lo haría?—intervino Tenten, mientras trataba de quitarle el vaso que anteriormente Neji le había arrebatado, al ver que su intento era en vano desistió—. Una pena, es un buen vodka. O tal vez me gusta tomarlo cuando hace frío. En fin, el Presidente quiere que usted llegue a LeBrou para manipularlo, así como lo hizo con su hermano y con toda su familia, General.

Sasuke no vaciló y siguió sosteniendo su magnum.

—¿Qué tiene que ver mi familia en todo esto?

—El Mayor Itachi Uchiha fue manipulado en su tiempo—explicó Neji Hyuga con simpleza—, así también está sucediendo con el Mayor Kakashi Hatake. Posiblemente usted ya llegó a esta conclusión o tal vez no, pero, ¿qué opina de los anillos de la Ascensión?

Sasuke apretó más la magnum.

—¿Qué sugiere?

—Mi espía identificó que esos anillos están hechos con magnam. Supongo que ya sabe a lo que me refiero.

Sasuke bajó la magnum y frunció su entrecejo.

¿Su teoría había sido acertada?

—Juramos lealtad al Presidente, un soldado siempre debe jurar eso—explicó Tenten—, pero estamos convencidos de que nuestro futuro sacrificio salvará muchas más vidas. Posiblemente vamos a morir de la peor manera posible pero al menos nuestra muerte no será en vano, General Uchiha.

—¿Pero qué es lo que ha ocurrido?—preguntó Vanquish.

—A pesar de que se han cuidado las fronteras, tanto naturales como artificiales y se han desplegado escuadrones enteros, los Ignis han llegado hasta LeBrou de manera inexplicable—, era difícil explicarlo, después de todo—. Tenemos una teoría, pero no está confirmada por nadie. Poco sabemos de ciencia, nosotros desde siempre hemos sido soldados, sin embargo tenemos la creencia de que se pueden hacer de los humanos Ignis de alguna manera, ¿una inyección? ¿un gas? ¿una pastilla? ¿por medio de la comida? No lo sabemos, pero es atípico que hayan salido Ignis en LeBrou, ¡es la capital! ¿cómo pudieron romper nuestras barreras de seguridad?—la voz de Tenten se iba apagando cada vez más—, no hace mucho pasó un evento muy extraño.

Neji vaciló, miró el poco contenido del vaso sin embargo tomó de ahí e inmediatamente lo arrojó al piso, para sorpresa de los presentes. Carraspeó y se acercó a Sasuke para quedar frente a frente.

—Se emitió una alerta de seguridad en todo el cuartel—explicó Neji con expresión fría—, fue hace unas tres semanas. Había Ignis dentro del cuartel, y los tuvimos que asesinar. Fue nuestro primer encuentro con esas bestias. Sin embargo… se corrió el rumor de que las bestias habían asesinado a Ino Yamanaka y a Sai.

Sasuke arqueó sus cejas, débilmente.

—¿Sai?

No lo podía creer.

—Ino Yamanaka era la favorita del Presidente, una mujer con mucha influencia dentro del partido debido a los nexos que tenía con él—intervino Tenten—, era muy bonita aunque no tan buena combatiente—sonrió al decir lo último—. Sai en cambio era una máquina en cuanto a combate se refería, sin duda el mejor soldado que haya visto en mi vida. Sus movimientos eran rápidos y certeros, no tenía margen de error pero lo que más destacaba de él era su fidelidad hacia el Presidente, era un devoto, alguien sumamente leal.

—Pero, ¿están muertos?—Vanquish murmuró con cierta incertidumbre.

—Nadie lo sabe a ciencia cierta—dijo Lee, mientras se tallaba los ojos—, de ahí la teoría de que los Ignis podían crearse mediante algún método artificial creció entre nosotros. Somos fieles a nuestro maestro, y por eso apoyamos al antiguo régimen y desobedecemos al Presidente, aunque mantenemos un perfil bajo para no levantar sospechas.

—No volveremos a LeBrou—la expresión de Neji era estoica, su rostro no se perturbó al decir aquello incluso si eso implicaba traicionar al gobierno actual—, no iremos a Temuk. Si mencionamos eso en la calle fue para no levantar sospechas entre las personas, en caso de que alguien estuviera realmente escuchando.

—Pero…—Vanquish vaciló, no le era muy convincente que estuvieran en esa habitación. Neji pudo descifrar la duda a través de sus ojos y siguió hablando.

—Este lugar está protegido, Vanquish—señaló la puerta—, todo lo que hablemos aquí no podrá escucharse, por si acaso alguien osara a hacerlo.

Un pequeño dispositivo estaba en la esquina superior izquierda del marco de madera. Era parecido a una caja metálica con una pequeña antena.

—En resumen—Sasuke se levantó y comenzó a caminar—, ¿ustedes están dispuestos a rebelarse al actual gobierno de Braznia?

Los tres asintieron, sin embargo Tenten añadió:

—No estamos del lado de Belgurk ni de Braznia, solo queremos encontrar la verdad y saber qué es lo que esconden todos, ¿por qué están manipulando a los altos mandos? ¿qué propósito tienen los Ignis?

Sasuke se tocó el puente de la nariz y asintió.

—Solo podemos confiar en usted, General Sasuke Uchiha—Tenten hizo una reverencia y llevó su mano al corazón—, ya no hay más luz en este mundo, se está apagando poco a poco.

"Solo podemos confiar en usted"

—Nuestro antiguo maestro creía en Kakashi Hatake, su nombre era Maito Gai—Lee, quien a momentos estaba ausente levantó su recién vaso servido de vodka y lo alzó—. Espero que esté en gloria, él murió por sus ideales decepcionado del actual mundo. Dijo que solo podíamos creer en usted y en Naruto Uzumaki, ya que según él Kakashi se había corrompido por las manipulaciones de Danzou.

—No podemos derrocar al gobierno tan fácil—Sasuke se sinceró, con frialdad—. Como sabrán, Naruto está desaparecido y actualmente yo no tengo poder ni siquiera en BIOMEDICS-R. Temo informarles que han acudido a la persona incorrecta.

Tenten negó con la cabeza y se acercó a él, segura.

—Mientras estemos vivos te ayudaremos. Neji tiene un espía dentro de BIOMEDICS-R, esa persona le ha informado muchas cosas… si seguimos teniendo este perfil bajo podremos lograr buenas cosas. Además, le aseguro que no somos los únicos en el universo que queremos una rebelión. Hay muchos más…—llevó el puño de su mano derecha a su corazón y lo golpeó—, ¡usted es nuestra única esperanza!

Sasuke se debatió internamente, si ayudaba a derrocar al gobierno y a descubrir la verdad tardaría más tiempo en encontrar a Naruto. Pero, si no los ayudaba… ¿quién más lo haría?

"Usted es nuestra única esperanza"

/* * *(2)* * */

El inicio de la verdad

[ -R, Belgurk]

¿Era posible que el tiempo se detuviera?

Si a Karin le preguntaban, ella respondería que era posible que eso ocurriera. Lo había comprobado en el preciso instante en el que le confesó a Sarada que su madre era Sakura, la mujer que estaba encerrada en el contenedor.

La niña no había dicho palabra alguna, a Karin le hubiera gustado ver una expresión de enojo, ira, tristeza, felicidad… algo. Pero simplemente no había sido así. Sarada se había tornado tan inexpresiva con esa confesión que incluso se quedó callada por muchos minutos. Karin quería decirle que todo estaría bien, pero no podía ser tan hipócrita.

Habían estado en la habitación 345 por alrededor de media hora, o más, o menos, Karin ya ni recordaba. Solo sentía que la sangre se le helaba conforme pasaba el tiempo y que su corazón en algún punto estallaría por los nervios que en ese instante sentía. Si las descubrían ahí, podía firmar su sentencia de esclavitud para toda la vida.

La muerte no le parecía tan mala a comparación de la esclavitud.

—Sarada…—Karin colocó su mano en el hombro de la niña, pero ésta no reaccionó—, ¿Sarada?

—Sólo los inocentes quedarían así de consternados al saber la verdad detrás del telón.

El corazón de Karin se detuvo por un instante. De inmediato volteó a ver hacia todas las direcciones posibles para saber de dónde había provenido esa voz, esa gruesa y firme voz. Llevó sus manos a su mecho, temblorosa e insegura. Sarada seguía en su trance, en sus propios pensamientos y enigmas.

Por inercia, Karin decidió tomar la mano de Sarada y escapar de ahí. ¡Al diablo la tela gruesa! ¡Al diablo todo! No importaba nada en realidad salvo huir de ahí, así que comenzó a correr hacia la salida, jalando a Sarada en el proceso.

—No deberías huir, Karin.

Su corazón se estrujó. Se detuvo y comprendió que todo había terminado.

—¿Vamos a morir, Karin?—Sarada bajó la mirada, sus ojos se tornaron rojos

Ese era el anuncio previo de unas lágrimas que nunca llegarían.

Tal vez.

—Eventualmente todos morimos—respondió la voz—, tarde o temprano… siempre llega la hora final.

—¿Quién es usted?—Sarada dejó de tomar la mano de Karin y comenzó a buscar a alguien o algo… lo que fuera que le diera una pista.

Karin, por su parte se jaló los cabellos, desquiciada y ansiosa.

Uno, dos, tres. Uno, dos, tres. Uno, dos, tres. Su corazón no lo soportaría. Su cabeza tampoco.

—¿Eres tú, Sarada?

—¿Dónde estás, quién eres?—ella comenzó a correr alrededor de la habitación, sin encontrar respuesta—¿qué eres?

Dónde.

Quién.

Qué.

—No esperaba verte, ni esperaba que nos volviéramos a encontrar. Tú no me recuerdas, pero yo a ti sí.

Uno.

Dos.

Tres.


N/A El taaan esperado capítulo llegó, lectores. Esperé por casi unos seis meses para que este capítulo fuera publicado y sinceramente puede pasar de todo. ¿Se lo esperaban? Quise crear algo diferente a lo ya publicado, dar un plot twist.

Leeré sus comentarios :3 los aprecio mucho. ¡Saludos a todos!

Próxima actualización? 21 de junio.