Capitulo 21

¿Abuelo William?

Albert llegó al pequeño departamento, suspiró, si tan solo pudiese quedarse ahí para siempre, a él también le gustaría poder regresar el tiempo, vivir en el oasis de tranquilidad que era estar a su lado, sin embargo respiro hondo y espero un momento antes de entrar, debía deshacerse de la carga que las empresas Andrey ponían sobre el, así como de la tensión del encuentro con Elizabeth, había tantas cosas que pensar y asimilar. Decidió ir a dar una vuelta por el parque antes de entrar a verla.

Candy se encontraba en su pequeña alcoba, aun estaba débil, y confundida, las sesiones con el doctor la dejaban extenuada, recordar todo y nada, solo imágenes, maraña tras maraña, como una madeja de estambre imposible de desenredar, las imágenes del joven con cabellos oscuros le traían un sabor agridulce, y, sin embargo, no atinaba a comprender porque, los recuerdos en los que aparecía Albert eran un remanso de paz.

Solo había un recuerdo que, en vez de llenarla de la usual paz y felicidad brindada por verse con Albert, lo único que traía era confusión, y dolor, estaban en la capilla de Lakewood, todo estaba hermosamente decorado, tulipanes de todos colores llenaban el lugar, eran hermosos, pero no había ni una sola rosa…

-No quiero Rosas- había sido la orden terminante de Albert después de que Elizabeth le rogó decorar con rosas…

- ¿Pero porque mi amor? Las dulce Candy son hermosas, y me encantaría llenar la iglesia y la casa con las flores que tu sobrino creó…

No me gustan las rosas- fue su seco comentario.

Pero Albert, viviremos en Lakewood, ese lugar está lleno de rosas.

Elizabeth, ¿de dónde sacaste la idea de que viviríamos en Lakewood?-

Pues como es el lugar donde vivías con…

Viviremos en Chicago, y no habrá una sola rosa en nuestra boda, mucho menos las Dulce Candy, escoge cualquier otra flor.

Elizabeth se dio cuenta que era una batalla que no podría ganar, así que cedió.

-Esta bien amor como tu digas – dijo haciendo un puchero.

El sonrió ese gesto era tan parecido al de su amada niña, se concentró en sus ojos, y sin ver nada mas la acerco hacía el para besarla… su sabor no era el mismo.

-Perdón Liz, no debí, escoge las flores, debo regresar a la oficina, nos veremos después. -

Ella lo observó ponerse los lentes oscuros, era un hombre muy guapo, con un hermoso traje gris Oxford con finas rayas blancas, camisa y corbata de seda inmaculadamente blancas también, con un simple y elegante gesto se despidió, y ella lo vio abordar el lujoso auto de los Andrey, mientras una vez mas recaía sobre ella la tarea de elegir algo para la boda.

La marcha nupcial sonaba imponente en el antiguo órgano de Lakewood ella estaba vestida de novia y avanzaba por el pasillo, caminada rumbo a Albert, un Albert elegante, y apuesto en el impecable frac negro, pero ¿que pasaba con el rostro de Albert? Era el día de su boda, pero no se veía feliz, su mirada no estaba en ella sino en las primeras filas, ella siguió su mirada, siempre la seguía y ahí se detenía lo único que podía ver era una cabellera rubia, entonces estaba frente al altar, se llevaba a acabo la ceremonia, pero ella no estaba feliz, ella no estaba en el lugar de la novia ella observaba desde algún lugar cerca, el la besaba, y ella podía verse con el vestido blanco, muy bella, su cabello negro recogido de una forma elegante…su cabello negro…ella no tenía el cabello negro… pero era su rostro, era a ella a quien Alberto besaba ¿o no?

Sus recuerdos fueron interrumpidos por el ruido de la puerta levantó la mirada para encontrarse con la de el.

-Candy- su cálida voz varonil la inundo, haciéndola flotar, era tan grato escucharlo…

- ¿Porque estas a oscuras? ¿te sientes bien? -

Esa voz la hacía flaquear, y miles de corrientes eléctricas recorrían su cuerpo, titubeo.

-ehhh, mmm, estee..-

-Jajajaja, ¿que pasa Candy te comieron la lengua los ratones? - como siempre él se reía de ella…ella sonrió.

-No, lo que pasa es que no tengo una razón para estar a oscuras, supongo que se me pasó el tiempo y olvidé prender la luz-

-Esta bien pequeña, ¿como te has sentido el día de hoy? -

-Bien, pero ya te extrañaba, tardaste mucho en llegar-

-Lo sé, lo siento, pero mira te traje algo que te encantará…-

- ¿Qué es?-

-Pastel de fresas-

-Gracias Albert-

Esa maldita falta de apetito, no importaba con que la tentara era difícil lograr que comiera.

-Vamos Candy siempre has sido una golosa, y hoy que me detuve con Madame Dubois, me dijo cuanto te extrañaba por su pastelería, y que precisamente tenía tu postre favorito, ¿Qué le diré la próxima vez que vaya? -

-Madame Dubois. Albert, esa pastelería es muy cara…Archie me compraba postres ahí. Antes de ir a Nueva York. No debiste gastar tanto en un pastel de fresas. -

-Candy, no te preocupes, y si un pastel de fresas te pone triste entonces nunca más te comprare uno. - le dijo el haciendo una mueca de dolor, que el sabía perfectamente bien funcionaría para que ella comiera al menos una rebanada.

-No Albert, perdón, es solo que me preocupa que me consientes demasiado, gastas mucho, y yo no estoy trabajando y.-

Albert paró su letanía con una fresa en su boca.

-mmm ok esta bien esta muy rico, y tal vez deba comerme una rebanada-

-Oh, pero si es un pastel muy caro… tal vez deba ir a regresarlo. -

No puedes ya le quitaste una fresa-

Jajajaja eres la misma golosa de siempre, anda come una rebanada, preparare un poco de café. -

No, yo lo haré debes estar cansado-

Y arriesgarme a que no te quede bueno, o bien que me mantengas en vela con la cantidad de café que le pusiste, no, olvídalo. -

Albert!¡

Ya pequeña, no te alteres, mira ya esta listo, ¿quieres tomarlo ahí o en la mesa de la cocina? -

Tomémoslo aquí, ven siéntate conmigo, te he extrañado mucho-

Esas palabras aceleraban el corazón de Albert, si ella supiera que cada minuto transcurrido lejos de ella era un completo martirio, que no había junta en la que no sintiera un pequeño y discreto codazo de Archie o bien un aclarar de garganta de George que lo volviesen a la realidad, porque alguna palabra lo había mandado a un sin fin de recuerdos y sueños, habiendo así perdido una buena parte de la junta.

El llevó las tazas de café, y se sentó a su lado en el viejo sillón, era un sillón bastante cómodo, gigantesco y acojinado, aunque un poco gastado y en un segundo los aromas del café con el aroma a rosas de ella se mezclaron, haciéndolo sentir reconfortado, en casa.

Comieron prácticamente en silencio y entonces ella se recargó en el, primero en su hombro, después se puso en pie, fue por un libro y se lo tendió a Albert.

Vamos Albert sigue leyendo para mi-

Esta bien pequeña, veo que no solo soy tu chef, sino tu damo de compañía-

Jajaja, no es eso, sabes que si te molesta no tienes que hacerlo-

El había estirado sus piernas en el sofá y estaba recargado en uno de los brazos, hizo ademán de moverse, puso una de sus piernas abajo del sillón y ella lo detuvo, se acercó y se acomodó entre el hueco que dejaban sus piernas, su espalda recargada en su pecho, ambas piernas sobre el sillón, la electricidad entre ambos cuerpos corría, era bastante cómodo estar así pero a la vez, era enloquecedor. Albert se esforzó por concentrarse y comenzar a leer, Candy se preguntó porque no habían hecho esto antes, se sentía tan bien.

Leyó hasta que ella se quedó dormida, y entonces por un largo rato meditó como llevarla a la cama, después el sueño lo venció y decidió dormirse ahí, se acomodó un poco mejor, a la vez que Candy se movía quedaba con su pecho contra el de el, en otras circunstancias, dormir hubiese sido imposible, pero estaba demasiado cansado, así que cedió y se durmió respirando su tenue aroma a rosas.

Ambos soñaron que estaban el uno en los brazos del otro, y sonrieron.

Los rayos de la mañana se filtraron a través de la ventana, cayendo directamente sobre la cara de Albert, abrió lentamente los ojos solo para descubrir que unas hermosas cascadas de rizos dorados se extendían por su pecho, y rozaban sus brazos, con cuidado acaricio su cabello, eran tan suaves como el los recordaba.

- ¿Porque Candy, porque tuviste que regresar con EL? ¿Acaso no éramos felices? -

Una solitaria lágrima resbaló por su mejilla al recordar aquella noche en Lakewood cuando ella aceptó irse con Terry. Hacía un año que vivían juntos en Lakewood, el la amaba, y pensó que ella también podía llegar a marlo, cuando ella se fue había sido el año mas horrendo de su vida, el no la había buscado, porque quería respetar sus decisiones, y luego ella volvió para su boda, Terry la acompañó, parecían felices, ella lo abrazó y le deseo lo mejor, sin embargo, el no tuvo lo mejor, lo mejor era ella, y ahora estaba aquí entre sus brazos, hoy le dirían muchas cosas..sin embargo dejó que su mente vagara un poco más, habían sido cinco años de infierno…primero ella lo había dejado…se encontraban en la biblioteca de Lakewood donde el le confesara que era el abuelo William, ella le había pedido hablar con el, y le dijo:

-Albert, debo decirte que…- su voz tembló, sabía que no iba a ser fácil, y sin embargo debía decírselo su vida dependía de ello.

- ¿Qué es pequeña? Sabes que puedes decirme lo que sea- la animó el amablemente.

-Albert, me iré a Nueva York con Terry. -

Albert sintió como su corazón se partió en mil pedazos al escucharla. Debió haberse quedado callado, correr a Terry de sus vidas, pero ella era su debilidad, y ella no era feliz, así que la escuchó.

-Si. - ella titubeo, podía ver el dolor en sus ojos, debía hacerlo bien –el me ha pedido que me case con el, y es lo que haré claro que primero debemos velar por Susana, hacerla feliz en sus últimos días.

No era posible lo que escuchaba, tan solo la noche anterior ella lo había visto como si se hubiese vuelto loco cuando escucho lo que Terry quería.

Pero Candy, ¿estás segura? Anoche no parecías convencida.

-Lo sé Albert, pero tienes razón, mientras lo ame no puedo ser feliz a tu lado, y sobre todo, tú no puedes ser feliz. Debes ser feliz, encontrar una mujer que te merezca y te ame, y hacer tu vida.

-Al menos deben formalizar el compromiso. -

-No Albert, me voy mañana con él y con Susana a Nueva York, si quieres quitarme el apellido de los Andrey lo entenderé. —

-Tu siempre serás una Andrey, y si esta es tu decisión sabes que te apoyaré, solo quisiera poder entender porque tanta prisa. -

-Lo extraño demasiado, ya no puedo soportar estar sin el… -

-Esta bien Candy, si esa es tu decisión sabes que la apoyo y la respeto-

Ella lo abrazó con fuerza, las lágrimas corrían por la mejilla de ambos, el pensó que pasaría toda su vida junto a ella, y ahora, se iba, se iba con el, Terry había ganado la partida. Ella sentía que su corazón se quedaba con el, pero debía ir, no podía pasarse una vida preguntándose que hubiera sido si ella le hubiera dado una oportunidad a Terry.

Albert regresó al presente cuando se sintió observado. Bajo su mirada y se encontró con esos cautivantes ojos verdes, que lo observaban detenidamente aun semi-recostada en su pecho.

- ¿En qué pensabas Albert?-

-Solo recordaba- dijo el mientras la apretaba un poco, y depositaba un beso en su frente.

- ¡recordabas! ¿Eso quiere decir que sabes quién eres?

-Recordaba que el doctor dijo que nos esperaba a las 12 en su oficina. -

-Ah, por un momento pensé que… ¿tenemos que verlo a las 12? ¡Pero Albert! Son las diez, ¿no iras a trabajar? -

-Calma pequeña, calma, no, no iré a trabajar porque debemos ver al doctor Stephens en su oficina. -

-Pero ¡¿y tu trabajo?

-Candy tu eres antes que mi trabajo, pero si te tranquiliza te diré que hablé con mi jefe, todo esta resuelto-

- Esta bien, si tu lo dices, debemos arreglarnos, para llegar a tiempo, yo preparo el desayuno…- Albert la interrumpió poniendo un dedo sobre sus labios.

-Candy, Candy, tranquila deja te digo mi plan y luego sueltas la letanía-

- ¿letanía? -

-Vamos linda escúchame, quiero que te arregles y luego iremos a desayunar, de ahí iremos al doctor, ¿Qué te parece? -

- ¿Quieres que salgamos? ¡pero si llevo semanas aquí encerrada, y hoy decides que desayunemos fuera! ¿hablas en serio?

-Claro que hablo en serio, anda dormilona que no podía pararme porque estabas encima de mí. -

Candy se ruborizó ante el comentario y cayó en cuenta que tan cerca estaban el uno del otro, se puso en pie, y pudo distinguir en el aroma de su cabello el aroma de él, a decir verdad, toda ella olía a el, era tan reconfortante sentirlo parte de ella, como si fuesen uno, se pregunto si ella también había dejado su perfume en Albert.

Albert la sacó de sus pensamientos.

-Vamos Candy, si no te das prisa jamás llegaremos a tiempo.

Candy se miró al espejo, había escogido un hermoso vestido color acqua, ni siquiera recordaba haberlo comprado, pero tampoco recordaba haber comprado ninguno de los otros vestidos en su closet, el vestido era largo, con una falda de hermoso vuelo, descubrió accesorios que hacían juego a la perfección, y se los puso, sus rizos llegaban casi hasta la cintura, se hizo un chongo informal, y también encontró maquillaje, no dejaba de asombrarse con cada nuevo descubrimiento del guardarropa, mas aun le asombraba su habilidad para arreglarse, nunca creyó que la tuviera, y sin embargo no vio en el closet ningún uniforme de enfermera.

- ¿Candy, ya estas listas?

-si Albert, ya voy.

El levantó la vista al escuchar sus pasos, y quedó asombrado, sin querer ella había escogido el último vestido que el le regaló, junto con los accesorios, el brazalete, los aretes y anillos de aguamarina que habían pertenecido a Pauna, se veía tal como el había imaginado que se vería, pero nunca la había visto con ese vestido, ya que ella se fue a Nueva York antes de estrenarlo, cuando Candy partió para Nueva York dejando la mayoría de sus cosas en Lakewood, el había cerrado su habitación dejándola intacta hasta tres semanas atrás cuando el regresó con ella, y mando que trasladaran todas sus cosas al departamento que el también se había encargado de mantener intacto.. y ahora ella había escogido precisamente ese vestido.

- ¿Qué pasa Albert? ¿No me veo bien?

- No Candy, no te ves bien, te ves fantástica.

-Gracias, tu también, ¿de donde sacaste el traje?

Albert se veía fresco, elegante, y atractivo, vestía un traje de lino crudo, con camisa blanca sin corbata, su cabello como siempre con ese look de descuido, como si apenas hubiese pasado los dedos por el, finos zapatos color miel italianos.

-Bueno, te contestaré muchas preguntas el día de hoy Candy, pero por lo pronto debemos ir a desayunar. -

Le sonrió con una de esas maravillosas sonrisas cálidas que hacían a Candy olvidar cualquier interrogante, caminaron rumbo al auto, el le abrió la puerta, ella subió, era el mismo auto con el que el la había sorprendido años atrás al pasar por ella al hospital, y después llevarla de picnic compartiendo un sándwich.

Manejó a uno de los mejores y mas privados restaurantes de la ciudad, el valet lo reconoció de inmediato, y se acercó a abrirle la puerta.

-Buenos días señor. - se detuvo ante la mirada de Albert, y no pronunció su apellido.

-Buenos días Malcolm-

Albert ayudó a Candy a bajar del auto, y entraron, el maître ya los esperaba.

-Señor y señora Andrey-

Albert no pudo detenerlo y el francés no solo dijo su apellido, sino que continuo.

-Señora Andrey, se ve ud. Maravillosa, ciertamente el rubio le sienta a la perfección, tenía mucho de no verlos por aquí juntos, pero pasen. ¿la mesa de siempre señor Andrey? -

Albert reunió todo su aplomo y contesto.

-si Gustave, la mesa de siempre, y.-

-Si señor, no se preocupe, nadie sabrá que están aquí-

Candy no había pronunciado palabra en todo este intercambio, pero obviamente millones de preguntas la bombardeaban, ¿Señor y señora Andrey?

-Albert… ¿Cómo? -

- ¿Cómo supieron que eres una Andrey, y porque nos trataron como si fuéramos clientes?

-Si. además ¿señor y señora?

Bueno linda es su trabajo conocer a la gente importante de Chicago y los Andrey son no solo gente importante, sino de los mas importantes, así que saben que eres una Andrey, y solo asumieron que éramos marido y mujer, supongo que en eso algo tendrá que ver la Sra. Elroy..-

Tal vez tengas razón. ¿cómo supiste su nombre?

Ok esa no sería fácil de contestar…

-se lo pregunté al valet. -

La conversación fue interrumpida por el maître, ordenaron café, bisquets, mantequilla un poco de fruta, jugo, en fin, un delicioso desayuno completo.

Cuando terminaron de comer Albert pagó la cuenta, y se dirigieron al consultorio, llegaron un poco tarde, así que el resto de los Andrey ya estaban adentro.

-Señor y señorita Andrey, el doctor los espera-

-Gracias Nancy.

Otra vez señor y señorita Andrey, al menos esta vez no me llamaron señora…los pensamientos de Candy fueron interrumpidos, entró al consultorio….

-William, que bueno que llegaron. -la formal voz de Madame Elroy los sorprendió…

- ¿William? - Las imágenes bombardearon a Candy, Señor y señora Andrey? William?, podía verse en la biblioteca de Lakewood, el sillón del escritorio estaba de espaldas, había alguien sentado

-Abuelo William?- La vista de Candy se oscureció, y Albert apenas alcanzó a sostenerla antes de que cayera al piso.

Nota:

Yagui, no puedo contestarte directamente porque la página no me lo permite, pero te prometo que si no has hallado sentido poco a poco las cosas se irán esclareciendo, aunque creo que el capítulo 19 debe darte pistas.

Te prometo que no estoy loca, solo que la cronología no es tan directa.