Aquí estoy, para que déjemos la historia en el tiempo que va.

A leer.

Go.


Concéntrate.

Esa era su máxima prioridad. Concentración.

No podía quitar esa sonrisa boba que adornaba su rostro, no podía evitar que su mente se explayara en miles de formas de hacerlo suspirar, no podía evitar, querer que volviera a su lado.

Ya el año nuevo estaba próximo, y solo le quedaba una tarea que hacer. Runas Antiguas siempre le agradó, pero no cuando tienes medio metro de ensayo para tu próxima clase y ésta es en dos días.

Solo un centímetro más y terminaba. Ya estaba lista.

La releyó y bufó encolerizada, pero decidió que no había problema en entregar eso, no estaba tan mala, no como ella la entregaría en otros tiempos, pero tampoco es que fuera a reprobar el trabajo. Estaba bien, pero no excelente.

Suspiró. Aun traía puesta esa camisa de seda que tanto le gustaba a él, ella no le veía nada en especial comparada con otras, pero de a poco iba encariñándose. Miró por la ventana el blanco bosque, la nieve había tardado un poco en llegar pero cuando lo hizo, ¡De que manera fue!, hacia un frío horrible, pero ella aunque solo tenia esa camisa puesta y los pantalones de su pijama, no sentía helado, y ni siquiera la chimenea tenia encendida.

Se estiró y alejó de la ventana, tal vez un paseo le despejaría la mente.

Una vez en su cuarto, vistió sus Jeans desgastados, que a regañadientes lavó, porque él le obligó. Miró en su espejo y esa sonrisa estúpida le saludó de nuevo, se odio por eso pero sonrió más pronunciadamente, sabia la razón de su bienestar, y aunque fuese raro, no le incomodaba.

Más para su asombro, recordó cuando le preguntó a él por qué le gustaba tanto esa camisa, "Combina con todo" le había dicho, para después agregar "…no es que no me vea bien con cualquier cosa, soy perfecto". Volvió a rodar los ojos como cuando escuchó esas palabras, y se miró en el espejo nuevamente, los Jeans y la camisa negra de seda, combinaban de una manera perfecta, aunque la camisa le quedaba grande, dejaba ver sus curvas, sobre todo marcaba su busto y cintura.

Decidió no cambiarla, pero se puso sujetador y un suéter abrigador azul como sus Jeans, que dejaba al descubierto el cuello, los puños y el final de la camisa.

Calzó sus botas y se puso el gorro de lana que Ginny le obsequió para navidad, era adorable, como de los enanitos del cuento de blanca nieves, era rojo, pero con un hechizo sencillo lo dejó azul.

Bajó y vio a lo que quedaba de alumnado en el gran comedor, allí hacia calor y a pesar de que la hora del almuerzo había pasado, la mayoría se quedó para conversar. Salió a los jardines del colegio, y lamentó no haberse puesto guantes, subestimó el frío de la época.

Caminó hacia el campo de Quidditch, y subió las escaleras hasta las gradas, se sentó y abrazó sus rodillas, nuevamente sonrió.

A pesar de que en el día, Draco no estaba con ella, en las noches aparecía en su cuarto y la llevaba hasta el de él, había pasado noche buena con ella, y las noches siguientes también y a pesar de que despertaba sola, podía sentir el calor en su lado de la cama, y su olor, sobre todo su olor.

Draco era un tipo complicado a los ojos de Hermione, peleaban muchas veces y se decían cosas hirientes, más de una vez la hizo llorar en esas noches, pero eso era lo de menos. Jamás antes hubiere creído que Draco Malfoy se doblegaría con ella, aunque admitía que era extraño, también le agradaba ese hecho. Él nunca le pedía disculpas por sus groserías y desatinos, solo iba y la abrazaba, le besaba el cabello y se quedaba con ella, acariciándola y meciéndola.

En noche buena, había llegado con unas galletas deliciosas, y ese día también descubrió que Narcissa era una excelente cocinera.

Varias veces le descubrió mirándola mientras se duchaba, él tenia la mala costumbre de sentarse en el retrete a conversar de lo que fuera mientras ella se duchaba, ella también había adquirido un poco de ese mal habito, él solo le decía que no quería perderla de vista.

Draco era un tipo temperamental, y muy, pero muy tierno. Siempre le preguntaba por qué estaba con ella, y él solo se encogía de hombros y le regalaba una de esas sonrisas que eran solo para ella. Y eso, la confundía.

No sabía que sentía por él, ni siquiera sabia si sentía algo, solo estaba confundida. De un tiempo a esta parte, y tras todo esos meses de dolor y destrucción, solo con una persona se había sentido segura; Luna. Ahora, Theo y sorprendentemente, Draco, se unían a la lista.

Inspiró el aire hasta llenar por completo sus pulmones y lo exhaló lentamente, repitió una vez más el procedimiento pero ésta vez un olor dulce le llegó a sus sentidos.

- Hola Hermione –

Volteó lentamente y le saludaron unos ojos como el mar, se levantó y corrió a sus brazos, a sus dulces y protectores brazos.

- Luna, no esperaba verte por acá – le dijo en cuanto se separó de ella

- No quería que estuvieras sola – sonrió

- Gracias –

Se sentaron donde antes hubo estado la castaña, Luna sacó un par de guantes de su bolso y se los dio a Hermione, tan blancos como la nieve.

- ¿Qué has hecho? – preguntó a la rubia

- Solo estar con papá y eso – sonrió – ya sabes que nunca nos aburrimos

- ¿Cómo fue la cita con Theo? –

Luna se cohibió y sonrojó, comenzó a jugar con sus dedos blancos y una sonrisa comenzó a apoderarse de su rostro.

- Me llevó a un lugar maravilloso – susurró – habían muchos juegos y comimos unos algodones dulces que sabían genial. Ganó un peluche para mí y entramos en un lugar donde había muchos espejos. Y me abrazó todo el tiempo, es algo…

- ¿Divino? – sugirió Hermione

- Yo iba a decir extraño – rió

- ¿Espejos? – preguntó la castaña

- Si, realmente fue bonito, nunca había ido a un lugar así –

- Un parque de diversiones – se asombró Hermione

- Creo que así le llaman –

- Se te ve tan feliz Luna –

- ¿Tu crees? –

- Si, se te da natural –

- Aun que tu creas eso – se sonrojó - no estoy acostumbrada a eso, sabes que nunca he tenido un novio, y al estar con Theo, mi estomago se contrae y mi piel se eriza, solo trato de disfrutar el tiempo que nos queda

- ¿Qué les queda? –

- Si, antes de que empiece la guerra –

Hermione abrió mucho la boca y no pudo cerrarla en unos segundos, cuando logro articular una palabra, no quiso dejarla salir, era más complicado de lo quería pensar y Luna más perspicaz de lo que le gustaría.

- Tranquila, no digas nada – le susurró Luna sonriéndole

- A veces, me asustas Luna – reprochó Hermione

- Es culpa de mi madre, me enseñó cuando la gente oculta algo, a pesar de que era pequeña, sé que no todo es bueno en esta vida –

- Yo juraría que no sabes lo que es malo –

- Tal vez, pero si sé distinguir lo diferente –

- ¿Si? – le dijo burlona

- Si – Luna miró hacia el bosque – Theo, Parkinson, Zabinni, Malfoy…, Tú

- ¿Yo? –

- Una vez te dije, que no intentaría averiguar que era lo que tramabas, pero tus hechos y movimientos me dieron una clara idea de lo que es – le tomó una mano – y pienso que no es lo correcto, para mi

- Luna yo…-

- Pero no es mi decisión, es la tuya – sonrió – pero recuerda, que pase lo que pase, contarás conmigo

- Gracias –

- ¿Y dime, como es que estas con Malfoy? –

- ¡¿Qué?! – gritó, asustada

- OH – musitó la rubia – pensaba que…bueno, es un poco obvio, por como él te mira en clases y cuando después de insultarte al pasar a tu lado te roza

- ¿Cómo? –

- Soy una buena observadora –

- ¿Me mira en clases? – preguntó confundida

- Si, desde hace unos dos meses – le miró extrañada – pensé que lo notabas

- No – sonrió – no, estoy concentrada en otras cosas

- La verdad es que no sé cómo pasó, y a pesar de que no soy la persona recomendada para decir que pareja es extraña – rió – me parece interesante que estés con él, siempre creí que terminarías junto a Ron

Hermione le sonrió tristemente, su corazón latía muy rápido y su lengua quería decirle a alguien todas las confusas ideas que vagaban por su mente en las últimas semanas, pero no podía permitirse hacerlo.

¿Pero…por qué privarse de la única cosa que le era familiar? ¿Por qué no decir todo aquello que le aquejaba? ¿Luna seria lo suficientemente confiable como para no delatarla? ¿Seria lo suficientemente fuerte para escuchar lo que tenia que decir? ¿Hermione era lo necesariamente valiente para abrir la boca?

- Siempre creí que terminaría con Ron – le dijo Hermione un tanto triste – pero no sé si quiero que eso pase

- Estás enamorada, solo es eso –

- No, no, no, no – negó con la cabeza – no

- Negación – rió la rubia

- Luna, si, lo reconozco, algo pasa con Malfoy, pero no es amor – susurró – es…es, una enfermedad

- Si, una sin cura –

- ¿Qué intentas decirme? –

- Que lo amas –

- No es cierto –

- Durante meses Hermione, te vi opaca, apagada, sin ánimo – murmuró sin mirarla – y ahora mírate en un espejo, tu pelo brilla, tus ojos aun más, y llevas puesta una de sus camisas

- No quiere decir que lo ame –

- ¿Entonces que significa? – le preguntó interesada

- Significa que disfruto de estar junto a él –

- Estás diferente Hermione, pero no tanto como para ser tan fría y estar con una persona solo porque te sientes bien estando junto a ella, eres de sentimientos y actos, ve en tu interior

La castaña frunció el ceño y tras la insistencia de Luna, cerró los ojos y comenzó a pensar en todo o relacionado con Malfoy.

Pasó como en una película lenta, todos esos momentos junto a él.

Su primer beso, su primera noche en que durmieron al lado del otro, cuando le dijo que le gustaba, cuando la descubrió con el corte en la mano, las noches en las que la cambiaba de cama y solo la abrazaba para sentir su calor.

Todo y a cada uno de esos bellos momentos pasaron como una ráfaga en su memoria, su corazón comenzó a latir desaforado, le necesitaba, más de lo que creía, más de lo que su salud mental le permitía y eso dolía. Por que no sabía que hacer, si era correcto permanecer a su lado o sería mejor alejarse para siempre.

- Date una oportunidad – escuchó decir a Luna

Y comenzó a llorar.

Abrazó su pecho en un intento estúpido por calmar esa angustia que acrecentó al dejarse sentir lo que había frenado mucho antes, intentó no romperse en pedazos frente a Luna y no lucir patética, pero no funcionó.

Luna le abrazó con ternura y entendimiento, mientras que Hermione lloraba y su cuerpo se sacudía cada poco, le acariciaba el cabello tratando de transmitirle paz, mientras le cantaba una canción que su madre había compuesto para ella.

La castaña se separo de ella, miró a Luna a los ojos con sinceridad, y una sonrisa adornaba su rostro lloroso, lo comprendía y Luna estaba feliz por ella.

- Estoy enamorada – susurró Hermione, a duras penas – de Draco Malfoy

Luna, solo le sonrió y asintió, como si ella lo supiera hace años.

- Lupin, ¿Qué te trae por acá? –


La profesora Mcgonagall dejó el libro que leía sobre su escritorio, estaba en su despacho y sin nada que hacer más que lastimarse mentalmente por todas las cosas que ocurrirían en unos meses más.

Lupin entró en la estancia y se sentó frente al escritorio de la directora, miró a los lados, un tanto nervioso, no quería hablar de eso con ella, pero era necesario tener un control sobre "ella" en especial.

- Necesito que hablemos de algo de suma importancia – le comunicó tras un suspiro

- Claro, ¿De qué se trata? –

- De un alumno –

- ¿Alumnos? – Se extrañó – pero Remus, si tu nunca estas en el colegio

- Lo sé – susurró

- ¿Entonces? –

- Es de alguien en especifico – informó dudoso

- ¿Quién? –

- Esta persona, ha cambiado su actitud desde que llegó a la escuela, la he visto algunas veces en actitudes sospechosas –

- ¿Actitudes sospechosas? –

- Minerva, quiero que me escuches atentamente – inhaló – la guerra se nos avecina, todo esto será muy difícil de digerir pero quiero que me tomes en serio, también quiero dar las clases de DCAO, mientras que los chicos se entrenen con Tonks

- Ya algo así habíamos hablado con Dumbledore – suspiró – creo que tienes razón, deberé hacer algo para que no se den cuenta que estas aquí, tal vez, poción Multijugos, o algo así…

- Minerva – le interrumpió – estamos perdiendo a uno de los nuestros

- ¿A quien? –

Remus tomó la ultima bocanada de aire, antes de darle a conocer a la anciana mujer sus sospechas, solo que esta vez, el deseaba, quería, anhelaba estar equivocado.

- Hermione Granger –

Y al decirlo, sintió como algo en su interior se quebraba.


- No esperaba verte por aquí – le siseó a él llegando al salón

Estaba en su salón, con su madre, comiéndose sus galletas, tomándose su café y sentado en su sillón.

Cosas suyas. De él.

- ¿Hay algo mas de lo que me pertenece que quieras usar? – le preguntó desdeñosamente

- Se me vienen a la mente unos rizos castaños y unas piernas de infarto – se burló

- Que gracioso –

- Yo lo encuentro gracioso – acotó su madre

- Madre, no hables –

La mujer y el joven sentados comenzaron a reír, los dos sabían lo temperamental que se ponía el rubio, cuando alguien se metía con cierta muchachita, o por lo menos, la mujer rubia, se enteró en esos escasos quince minutos en los que se demoró en bajar su hijo.

- No sabía que estabas de tan mal humor –

- Solo cuando te veo, Nott –

- Draquín, ¿Ahora soy Nott? – fingió sorpresa

- Siempre lo has sido – se sentó al lado de su madre, mientras ésta se levantaba

- Los dejaré conversar – anunció retirándose del salón

- ¿Qué desgracia te trae por aquí? – preguntó Draco

- Vine a saludar, ya que no tenemos noticias tuyas –

- No es necesario que las tengas Nott –

- Parece que mi Ratona no ha podido ablandarte –

- Ninguna mujer me ablanda –

Theo levantó una ceja escéptico, esa, ni el propio Draco se la creía. A los ojos de Nott, el rubio estaba enganchado hasta más no poder.

- Si, claro –

- ¿Te vas? – sugirió el rubio

- Tanta hostilidad en vez de hospitalidad mí querido saltamontes –

- Te hace mal estar tanto con la chica Lovegood ¿sabes? –

- Me hace más alegre, eso es todo – sonrió – y hablando de alegría, como esta tu enamoramiento con mi pequeña sabelotodo

- ¿Enamoramiento? – escupió, esa palabra no la conocía

- Si mi querido Draco, ¿es que eres el único que no se ha dado cuenta? –

- ¿Quién te dijo semejante, estupidez? –

- Luna –

- Ya decía yo que habías enloquecido –

- No lo creo – musitó – míralo desde éste punto de vista ¿quieres?

- ¿Cuál? –

- Antes de mi castañita, jamás me habrías recibido en tu casa –

- Ahora no lo hago –

- Pero no me sacaste a patadas – le informó, el rubio solo bufó – antes nunca te darías el tiempo de visitarla alternando el tiempo entre ella y tu madre, si lo sé, Pansy también, antes jamás la dejarías de llamar sangre sucia, porque aunque la insultas de vez en vez para no perder el training, no es que le lastimes el corazón como antes, nunca hubieses aceptado que Pansy estuviera con un Ravenclaw y también…

- Si, ya entendí, ya entendí – siseó colérico

- Ves, estas enamorado –

- Cierra la boca Nott –

Nott por toda respuesta sonrió y se levantó, tomó la última de las galletas y le golpeó suavemente un hombro al pasar.

Le escuchó despedirse de su madre y salir por la puerta principal, realmente no sabía para que Nott fue a verlo.

Sabia que ya le caía mejor, que era un buen tipo, sincero, divertido y extraño, muy extraño, pero aun no podía comprender esa manía que tenia de decirle lo que sentía y lo que debía hacer.

- ¿Irás hoy también? – le preguntó su madre sentándose junto a él

- Si no te molesta – dijo tomándole la mano

- No, claro que no, tu padre vendrá a casa –

- Mejor me quedo –

- No, mejor ve, sé que quieres estar junto a ella –

- Madre, deja de decirlo como si algo sintiera por ella –

- Algo sientes hijo, Theodore también lo nota –

- ¿Qué rayos pasa con ustedes? –

- Soy tu madre, Theodore tu amigo, pero sabes mejor lo que sientes, solo por que tu te niegas a reconocerlo, ¿Cuántas veces has estado con una muchacha tanto tiempo? ¿Sin que una cama éste de por medio?

Draco solo guardo silencio, su madre besó su cabeza y en segundos le dejó completamente solo.

Se quedó pensando en todo lo que le habían dicho esos dos, pero es no podía creer que se les pasara tanta tontería por la cabeza, la primera fue Pansy y ahora su propia madre y el idiota de Theodore. Estaba perdido.

Suspiró.

Y enamorado, lo sabia, pero decirlo en voz alta, no era una buena señal, para él, para ella, para nadie.

- ¿Tienes algo que pueda llevar para cenar mamá? – le gritó mientras iba a la cocina

- ¿Mamá? –

- ¿Eres mi madre o no? –

- No me dices así desde los cinco años hijo –

- No llores mamá – le repitió mientras la abrazaba

- No estoy llorando – le refutó secándose las lagrimas, que según ella no eran eso

- ¿Y? –

- Bien, te daré eso - informó – tal vez un poco de aquello y…


- No te vayas – le suplicó

- Lo siento – dijo despegando algo de una sartén – nunca he cocinado y debo llegar a casa

- Creo que lo mío no es la cocina difícil –

- Fue un lindo gesto Hermione – le sonrió – pero ya es de noche y mejor le pides algo a Dobby

- Claro – suspiró – gracias por ayudarme Luna

- Te quiero – le abrazó

La rubia tomó sus cosas y caminó hasta la salida dejando a la castaña refunfuñar sobre toda la comida quemada, rió cuando ella el pidió que le ayudará a preparar algo especial para él.

Hermione a los ojos de Luna, seguía siendo esa chica dulce y un tanto mandona, tal vez ayudaba el hecho de que la castaña podía ser natural con Luna, ser ella, y no fingir.

Salió por el retrato y se topó de frente con Draco, que traía unas cuantas bolsas en las manos.

- Hola Malfoy – saludó cortésmente

- Lovegood –

- ¡Que bien huele! – exclamó cerrando los ojos

- Si, es que quería…ya sabes, comer – titubeó

- Hermione estará encantada –

- ¿Si? –

- Si – le sonrió – estuvo toda la tarde tratando de hacerte algo especial para la cena, pero le resultan mejor las cosas no complicadas

- ¿Estuvo…cocinándome? –

- Si – miró hacia el pasillo – debo irme, que pasen un feliz año nuevo

- Ya – se atragantó

Luna comenzó a caminar y alcanzó a escuchar como Malfoy le gritaba un; "Para ti también" algo confundido, la rubia solo sonrió.

Siguió ensimismada en sus pensamientos, saludaba a cada quien se cruzaba con ella, con una sonrisa en el rostro, bajaba las escaleras, de vez en vez, daba saltitos haciendo que su cabello se meciera al son de su paso.

Llegó al vacío Lobby y su sonrisa se acrecentó, con paso apurado cruzó las grandes puertas del castillo y fue recibida por unos calidos brazos.

- ¿Todo bien? – le preguntó Theo

- Si – le besó - ¿Tu?

- Excelente – la abrazó y comenzaron a caminar por los terrenos hacia la salida – Draco es un tanto testarudo

- Hermione no se le queda atrás –

- ¿Estas segura que ellos…? –

- Si Theo, se quieres, solo necesitaban un empujoncito –

- ¿Sabes que te quiero y temo al mismo tiempo? –

- Theo – se sonrojó levemente – solo, quiero ayudarla

- Lo sé, mi Luna, lo sé –

Tras esas palabras, Theo desapareció con Luna en sus brazos.


- ¿Granger? – le susurró cuando la descubrió medio tirada en el sofá

- ¡Draco! – exclamó levantándose y se dio cuenta de su error – Digo…Malfoy

- Traje algo – levantó las bolsas, haciendo caso omiso al animal que ronroneaba por haber escuchado su nombre en los labios de Hermione

- OH, estaba a punto de…pedirle algo a Dobby – se sonrojó

Malfoy fue a la cocina y dejó las bolsas en la mesa, miró el desastre que había dejado y sonrió burlón. Hermione caminó tras él, se apoyo en el marco de la puerta y cruzó sus brazos, no le gustaba que él sonriera como si se burlara, que era lo más probable.

- ¿Qué paso aquí? – Preguntó mientras sacaba la comida de las bolsas - ¿Weasley quiso cocinarte?

- Que gracioso – chistó – no, solo deseaba cocinar algo elaborado, la cocina sencilla es lo mío

- Se nota –

- Por lo menos sé cocinar –

- Yo también ¿Qué no ves? – apuntó a los manjares que había empacado Narcissa

- De seguro – le miró juguetona – que eso lo hizo tu madre

- Pero yo lo empaqué –

- Tu madre también lo hizo –

- Está bien – le bufó – pero yo lo pondré en los platos

- ¿Qué hago yo? – se le acercó por detrás y puso su cabeza en la espalda del muchacho

- Vístete – susurró

- Estoy vestida – le regañó

- Es año nuevo sabelotodo, debes empezar el año nuevo, con cosas nuevas –

- No tengo nada nuevo –

- Ve a tu cuarto – dijo dándose la vuelta y abrazándola – prepararé todo, y como sé que eres una chica y te demorarás, alcanzaré a cambiarme para cuando estés lista

- Ya te dije que no…-

La besó, para acallarla y funcionó, solo se dejó llevar por el momento y le echó los brazos al cuello.

- Ve, a tu cuarto – le susurró en el oído para después comenzar a ordenar las cosas

La castaña suspiró y se fue a su habitación como el amo Draco lo había ordenado, rió ante este pensamiento. Se descalzó una vez estuvo dentro y desde el espejo observó una caja sobre su cama, cuando la tuvo en sus manos, la abrió lentamente y ahogó un grito de sorpresa.

Un vestido color lila descansaba ahora en sus manos, la tela era suave, y observándolo mejor, descubrió que no tenia breteles, era una especie de vestido-top, sonrió emocionada, quizás era el primer regalo que Malfoy le obsequiaba.

Una tarjeta cayó desde la tapa de la caja, se agachó a recogerla y la abrió un tanto nerviosa. La apretó contra su pecho cuando terminó de leerla, la dejó en su mesita de noche y junto a todas sus pertenencias, se encerró en el baño a arreglarse.

Cuando bajó, todo estaba listo y Draco estaba impecablemente arreglado, se sonrojó cuando el rubio no le despegaba la mirada de encima y tenía la boca ligeramente abierta.

- ¿Cómo me veo? – preguntó tímida

Su piel bronceada y a la luz baja de la estancia se veía suave y delicada, sus pies calzados con los zapatos que una vez su madre compró para ella se veían como parte de esas largas piernas. Su cabello, ataviado en un moño alto, dejaba algunos mechones rebeldes escapar, otros más osados, alcanzaban a tocar sus descubiertos hombros. El vestido flotaba a su alrededor, como si solo se sostuviera por arte de magia, rozando su piel, acariciándola mientras ella se acercaba a Malfoy.

- Mágica – farfulló, sin encontrar más palabras

- Gracias –

Draco corrió una silla para ella, y una vez sentada, ocupo un lugar en frente a ella.

Diez minutos sin conversación habían pasado, los dos pensando en lo que sus amigos por separado les habían comentado, y estando algo nerviosos, comieron en completa calma.

La castaña comenzó a sonreír y el rubio la miró extrañado. Comenzaron a hablar después de eso.

El reloj pasaba con mucha rapidez, eran las once de la noche y la conversación se había trasladado al sillón. Hermione estaba medio recostada, con su cabeza en el hombro de él, mientras hablaban de cosas sin importancia, mientras reían de las estupideces de años anteriores y se enfadaban cada poco.

- Creo que es mejor acostarse, esta haciendo frío – comunicó Draco levantándose

- Si –

Subieron las escaleras por separado, cuando Hermione se quitó los zapatos en su cuarto y se miró al espejo, decidió que muy estúpido seria pasar esa noche exclusivamente sola, las anteriores, las había pasado junto a él, ésta, no sería la excepción.

Salió descalza hacia la habitación del chico, y antes de poder tocar a la puerta ésta se abrió sorpresivamente.

- OH – musitó el joven – iba por un vaso de agua

- No te gusta el agua antes de dormir – le informó la castaña cruzándose de brazos

- Yo tengo una escusa estúpida, ¿Y tú? –

- No necesito excusas – sonrió – solo quiero dormir aquí, ¿puedo?

- Cla…claro – dijo dejándole libre el paso

Una vez adentro, Draco se sentó en la cama y aflojó su corbata con un suspiro, miró hacia arriba y encontró los ojos mieles de Hermione, mirándolo con ternura.

Sonrió de vuelta y la tomó de la cintura, atrayéndola hacia el de una vez, apoyo su frente en el plano estomago de ella, y le susurró a duras penas.

- Nunca –

La castaña sabía a lo que se refería, y le acarició la cabeza. Él nunca se había sentido así con una chica, nunca había imaginado sentirse así con ella, nunca habría creído quererla, nunca habría pensado sentirse a gusto así.

Se sentó a su lado y le besó tiernamente, a pesar de que solo ahora aceptaba estar…enamorada, sabia que su corazón lo había hecho mucho, mucho antes, solo que ella fue lo suficientemente terca para no querer darse cuenta.

Cuando el beso se intensificó, ella tenía la espalda en la suave cama, con el cuerpo de Draco sobre ella. Tímidamente comenzó a desabrochar los botones de la camisa, con parsimonia, con dulzura, con detenimiento, disfrutando el acariciar cada poco la piel que se exponía con su gesto.

Draco atacó su cuello como tantas otras veces quiso hacerlo, lo saboreó y se deleitó con su dulce sabor, lo más dulce que había probado, lo mas placentero.

Desconectaron sus cerebros como si eso era lo que deberían haber hecho hace ya mucho tiempo. Ya la camisa negra de él estaba en el suelo, y ahora la castaña trataba infructuosamente de lidiar con su cinturón, una tarea complicada al sentir como el rubio contorneaba sus piernas en un vaivén que se acercaba peligrosamente a un sector sensible de su cuerpo.

Arrojó al suelo el cinturón una vez que pudo sacarlo.

Su vestido era trasladado sutilmente hacia arriba, y sentía una corriente eléctrica recorrerla cuando los dedos de Draco tocaban la piel al descubierto, pronto su vestido yacía en el suelo, junto con la camisa de él.

Hermione automáticamente cubrió sus senos, no necesitaba usar sujetador, menos con el vestido regalado. Draco sonrió ante tal acto, y fue besando los brazos de ella hasta que por fin los dejo al aire, cuando por fin dejo sus senos perfectos al aire.

Estaba ruborizada, el rubio le miraba pasmado y ella no se creía la gran cosa, solo era una chica común, él de seguro que había visto mejores cosas.

- Lamento decepcionar – susurró Hermione y le miró a los ojos

Se estremeció cuando vio rabia en ellos, cuando vio como frunció el ceño, cuando lo vio apretar los dientes, algo había dicho, que a él no pareció gustarle.

- No juegues – le siseó y ablando su semblante – eres perfecta

Por toda respuesta Hermione le besó.

No les tomó mucho más tiempo, el acomodarse en las finas y suaves sábanas de seda verde, completamente desnudos.

Draco le besaba donde alcanzará mientras ella se aferraba a su espalda, besaba su cuello, sus labios, sus senos, sus ojos, hasta los hombros. Estaban completamente extasiados y disfrutando de ese momento de placer.

Se acomodó entre sus piernas y ella le aferró fuertemente los brazos, un tanto nerviosa, un tanto ansiosa.

- ¿Estas segura? – le preguntó él, no tan seguro de poder detenerse a estas alturas

Ella asintió y cerró los ojos.

Dolió y apretó sus piernas, él le dio tiempo de acostumbrarse, era solo el principio, aún quedaba mucho. Cuando la sintió relajarse, empujó hacia delante suavemente, de a poco y sin apuros. La besó cuando un gemido escapó de su boca, no quería lastimarla, no quería escucharla gemir de dolor, por eso tragaba cada quejido que ella daba, para hacerlo suyo.

De a poco empezó a moverse en ella, al principio suavemente, guiándole, enseñándole como hacerlo. Hermione aprendía rápido. Los sonidos inundaban la habitación y Hermione agradeció al cielo por que el dolor pasara y el placer le siguiera. Ni su vicio conocido, el helado de menta, era tan placentero como lo que sentía en estos momentos, pero ella era demasiado ingenua como para haber creído que el helado, era lo mas delicioso que había probado alguna vez.

Sentía a Draco temblar entre sus piernas y encima de su cuerpo, le miraba directamente a los ojos, haciéndole el amor lo más delicadamente posible que podía. Ella entendía que él no acostumbraba el controlarse a la hora de tener sexo, pero lo agradecía enormemente.

Le oyó decir algo a Draco, cuando le besó la oreja, "No aguanto más" dijo, y ella solo pudo gemir en respuesta. Draco se desplomó sobre ella, aun entre sus piernas, y besándole el estomago.

Le acarició el pelo, mientra su respiración volvía a la normalidad. Decían, una vez Ginny le contó, que la primera vez de las chicas era una experiencia traumática y dolorosa, ella no estaba traumada, quizás si un poco adolorida. También decían que la primera vez ellas no llegaban al orgasmo, ese si era su caso, pero si el clímax era mejor que lo que ya había sentido, podía irse al infierno en paz. Aunque sonara extraño.

Se acomodó a su lado una vez que hubo acompasado su respiración, y la atrajo a su cuerpo autoritariamente, capturando su cintura firmemente.

- Feliz Año Nuevo Hermione – le susurró en su cuello

- Feliz Año Nuevo Draco – respondió cerrando los ojos

El reloj en el cuarto de Draco, marcaba la medianoche justa.


La ventana de la habitación de Hermione, estaba media abierta, las cortinas se mecían lentamente sobre su mesita de noche, sobre esta, una pequeña tarjeta amenazaba con caer al suelo. Las palabras escritas en aquella tarjeta, harían sonreír a cualquiera.

"No regalo flores, ni chocolates, ni tarjetas. No esperes una para San Valentín ni para tu cumpleaños. Y como yo no regalo boberías ni cosas dulces, este es un NO regalo para ti."


Va el primero, ya subo más.

Besos.