Tres por uno

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 20


—¡Candy!— Terry la acogió en sus brazos, preocupado.

—¿Quién es esta mujer, Terry? ¿De qué la conoces?— La rubia en toalla estaba desorientada e histérica.

Terry acostó a Candy en el sofá y le quitó el abrigo para que se refrescara, pero nada lo había preparado para eso.

—¡Está embarazada! ¿Es tuyo ese hijo? ¿Ella es tu mujer?

—¡Emma!— Gritó impaciente. Eran demasiadas preguntas. Era un shock y en ese momento Candy reaccionó.

—Te... Terry...— Se sentó de inmediato. Se enfrentó a su mirada dura, llena de preguntas. La mujer no estaba cerca cuando ella abrió los ojos y deseó sólo haberla imaginado.

—Estás embarazada...— La miró con los ojos llenos de sorpresa, de enojo.

—Fue...

—¿Cuánto tiempo?— Le ladró.

—Seis... seis meses.

—¡Seis meses! Ya estabas embarazada cuando...

—No... no, en ese momento no lo sabía... ¡lo juro!

Comenzó a llorar, pero no con la intención de que él sintiera lástima y cediera, sino enfrentando la realidad, la magnitud de su error, el hecho de que había perdido.

—¿Por qué esperaste hasta ahora para decírmelo?

—Cuando me enteré ya tenía casi tres meses... y yo... yo te busqué hasta el cansancio, mucho antes de enterarme. Le pregunté a tu madre, fui a tu trabajo, a casa de Albert... nadie quiso nunca recibirme. Todos me odian y... no es para menos...— Sonrió con ironía y negó con la cabeza, Terry bajó la vista.

—¿Estás bien? ¿El niño está bien? ¿Les hace falta algo?

—Estamos bien... todo está bien... es... es una niña...

—Una niña...— Murmuró él y con temor, se atrevió a acercarse y acarició levemente el vientre de Candy.

—¡Terry!— Lo llamó Emma ya bien vestida y con su bolso en la mano.

—Emma...

—No se preocupen. Yo me voy... de hecho, no debí venir, lo siento, no sabía... no me imaginé que...— No terminó la frase y se puso de pie para irse.

—Espera, Candy, tenemos que hablar...

—Terry, podemos hacerlo con calma después... ahora ve con tu...— No le salía ninguna palabra que lo vinculara sentimentalmente con esa mujer.

—¡Vamos a hablar ahora!— Demandó haciendo que ambas mujeres saltaran del susto.

—Que bien que hablen. La que se va soy yo.— Con rabia y los ojos aguados por la furia, Emma encendió un cigarrillo y se marchó.

Candy se quedó de pie en el mismo sitio. Quería decirle tantas cosas, pero las palabras no salían.

—Terry... no vine a pedirte ni exigirte nada, yo sólo... sólo quería encontrarte, pedirte perdón... quería recuperarte, quería que supieras cuánto lo siento, lo arrepentida que estoy... jamás quise llegar y crearte más problemas de los que te causé con mi estupidez... Yo vine a decirte que te amo, que te amo con todas mis fuerzas, con toda mi vida, con todo mi ser y que no sabes todo lo que daría por retroceder el tiempo y jamás...

—Candy...

—No... no digas nada. Yo debí suponerlo... un hombre como tú no es algo que una mujer pudiera resistir... era lógico y estás en todo tu derecho yo... yo no tengo nada que reclamar.

Terry la miró por un instante largo. Se veía muy vulnerable, sabía que no fingía, Candy era transparente y se notaba que no la estaba pasando bien. Se fijó en lo delgada que estaba, a pesar del avanzado embarazo. Sintió rabia contra ella, contra el mundo, contra él mismo. Se la había imaginado así muchas veces, esperando a su hijo, pero jamás en esas circunstancias.

—¿Cómo están los niños?— Le preguntó de pronto.

—Ellos... están bien... odiándome, pero bien...

—¿Odiándote?

—Taylor no me dirige la palabra. Puede decirse que... que mi estupidez me hizo perder a los dos hombres que más he amado en mi vida.

—Candy...— Se le acercó y le tomó el rostro firmemente, sólo se quedó mirándola. Ella miró con añoranza a esos ojos azules y furiosos que tanto amaba, que ya no le pertenecían.

—¿Por qué? ¿Por qué tenían que pasar así las cosas?— Le reclamó.

—Terry...

—Te lo di todo, me desgasté demostrándote cuánto te amaba, cuánto me importabas y tú... tú siempre te mantuviste reservada, tú siempre estuviste llena de tus malditas dudas...

—Terry...

—¡Nunca confiaste en mí!

—¡Eso no es cierto! Un momento de pánico, el miedo feroz a perder lo que tenía contigo me hizo tomar una decisión equivocada y estoy pagando un alto precio por ello y no me quejo, merezco eso y mucho más. Pero además de eso, además de ese error y de ese maldito miedo y duda de que te transformaras en todo lo que yo temía, yo te confié mi cuerpo, me entregué a tu amor y te confié a mis hijos que son lo más valioso que tengo. Tal vez siempre impuse una enorme duda entre los dos, tal vez el miedo siempre fue nuestro gran enemigo, pero no digas que siempre fui reservada, no digas que no me entregué, que nunca te entregué nada. Yo te entregué lo que yo era, una mujer insegura, llena de miedos, un desastre cuando se trata de tomar decisiones, pero esto es lo que soy.

—Sabes... cuando mi madre te conoció, ella... inmediatamente vio algo en ti... me alentó a persistir, me dijo que lo que necesitabas era seguridad, cariño... yo le decía que tú no me convenías, que eras una mujer complicada, llena de problemas, de miedo, pero aún así ella me alentó y yo... yo ya estaba lo suficiente prendido de ti para atreverme a jugármela por ti. Yo pensé que yo podría ayudarte a vencer ese miedo, pero no... tu necedad es tan grande... a veces no sé si estuve con una mujer o con una niña.

—Tienes razón. Entonces... me voy. Disculpa las molest...

—¡Espera!— Ella se volvió.

—¿Qué quieres, Terry? Ya está claro que mi falta es irremediable, que no me vas a perdonar e incluso, ya comenzaste a rehacer tu vida... ¿qué hago yo aquí?

—¡Estás embarazada de mi hijo! Eso lo cambia todo.

—Tenemos un hijo en común, eso es todo. Tienes todos los derechos que la ley te otorgue y yo te mantendré al tanto de todo...— Se volvió nuevamente para irse.

—¿Los derechos que la ley me otorga? Es decir... un padre de fin de semanas, ¿no?

—No necesariamente. Yo no tengo problemas con que veas a tu hija todas las veces que desees, yo sé que... que tú serás un padre excelente...

—Mi hija, tendrá un padre y una madre a tiempo completo.— Le dijo haciendo una pausa amenazante entre cada palabra, sujetándola de un brazo.

—Bien sabes que eso es imposible...

—Nos vamos a casar y criaremos a la niña juntos.— A Candy casi se le cae la mandíbula.

—¿Qué? ¿Nos vamos a casar? ¿Y la mujer que tienes qué?

—Emma... ella tendrá que entender que...

—Lo siento, Terry. Las cosas no funcionan así. Vine con toda la intención de recuperarte, estuve dispuesta a arrodillarme de ser necesario, quería que supieras que no hay noche ni día que no llore por ti, que no me arrepienta de haberte herido como lo hice, me hubiera casado contigo hoy mismo si tuviera la certeza de que me amas, pero es evidente que no... y no te culpo.

—¡No se trata de ti! Se trata de nuestra hija.

—Ella seguirá siendo tu hija, no importa lo que pase entre los dos...

—Candy...

—Terry, yo ya no tengo miedo de casarme contigo, lo haría con los ojos cerrados, pero sé que es tarde para eso y no hay otro culpable que yo misma. Pero casarme porque vamos a tener un hijo, con tanto resentimiento de por medio, no nos llevará a nada bueno. Puede que tú seas un hombre muy seguro, que sabe lo que quiere, pero no sabes lo que es vivir en un matrimonio sin amor, en una relación destruída cuyo único soporte son los hijos. Tú no lo sabes, pero yo sí.

—Candy...

—Lo siento mucho, Terry... ojalá pudieras ver dentro de mí para que sepas el gran dolor que tengo, mi culpa... después de ti, mi vida jamás será la misma...

—Candy...— Se le acercó, le enjugó las lágrimas, pero su expresión seguía siendo dura.

—Te amo, Terry. Perdóname por haberlo descubierto tan tarde.— Le dio un beso ligero en los labios y se marchó.

Continuará...


¡Hola!

Paso ligeramente por aquí, seguiré actualizando, como dije, la historia termina esta semana! Tal vez las cosas parezcan algo inesperadas, pero toda historia necesita momentos dramáticos y cruciales y esta ya había llegado a ese momento. El conflicto aquí siempre fue la inseguridad de Candy, no se puede pretender que me inventara otra cosa porque la idea de la historia siempre ha sido la misma, yo no hago inventos de último momento, yo planifico una historia de principio a fin y luego la voy desarrollando, pero siempre está calculada en todos los aspectos.

Personalmente, como ser humano (en mi libre opinión) todos, TODOS alguna vez hemos cometido errores de los cuales nos arrepentimos, errores que nos cuestan mucho y que deseamos con todo nuestro ser volver el tiempo atrás para emendarlos, errores, malas decisiones, mal juicio. Sin embargo, creo que cuando uno está realmente arrepentido y hace hasta lo imposible por emendar ese daño, la parte dañada debe ceder en algún punto, es cierto que muchas veces las cosas no vuelven a ser iguales, pero merecemos una segunda oportunidad, algunas cosas son irreparables, es verdad, pero en este caso, no lo considero así, sobre todo, si aún hay amor.

No digo esto por hablar, pues yo solo hablo de lo que yo sé y conozco, llevo 8 años casada y los que han leído 100 Sapos... conocen gran parte de mi historia, las relaciones no son fáciles, se necesita amor verdadero y verdaderas ganas para superar todas las crisis y saber reconocer errores, pedir perdón y perdonar es una base fundamental en un matrimonio, relación o union libre, como sea.

No estoy diciendo que toodoooo debemos perdonarlo y aceptarlo "porque nos amamos" como dije, hay daños irreparables, como por ejemplo, la relación de Candy-Tom, pero no creo que sea el caso con Candy-Terry, a fin de cuentas, ella nunca le dijo que no lo amaba y nunca le hizo daño alguno, excepto mostrarle un pánico implacable al matrimonio que desató la primera crisis entre ellos, el que piense a estas alturas que las relaciones no pasan por situaciones fuertes como estas, en las que parece que todo se fue al diablo, no ha estado de verdad en una relación o simplemente tiene la dicha de pertenecer a ese 0% de relaciones perfectas.

Bueno, nos vemos muy muy pronto!

Gracias a todas las chicas preciosas que comentaron,

Wendy