ENTRE SUS MANOS

-XXI-

Dos días pasaron sin reacción por parte de Vegeta. Su cuerpo permanecía inerte, sacudido esporádicamente por sus respiraciones. Leves espasmos en la punta de sus dedos se transformaron en esperanza de que pronto despertaría, sin embargo, los doctores les informaron que era algo normal dado el caso del conde.

Bulma abandonó su lado en pocas ocasiones, para comer algo o ir al baño. Y cada vez que se apartaba de él, lo hacía con temor a que se despertara y se diera cuenta que ella no estaba junto a él. Y aunque Tarble meditaba constantemente sobre los más terribles escenarios que podrían devenir en el futuro de su hermano, el entusiasmo de Bulma no le permitió decaer. Era imposible permanecer en una idea negativa por mucho tiempo al escucharla pensar en voz alta sobre todo lo que debían hacer cuando Vegeta despertara.

Tarble pasó cierto tiempo meditando sobre la muerte de su madre, que fue la que más le había afectado en toda su vida. Y de pronto la idea de que podría perder a Vegeta en su próximo parpadeo, se volvió la más terrible posibilidad. Una que nunca antes había considerado.

Mientras pensaba en aquel nefasto día en el que su madre había fallecido, la horrible sensación de un dolor intenso crepitándole por dentro lo volvió a invadir. Su madre había sido de lo más afectuosa con él, mientras que para Vegeta sólo había reproches y miradas furibundas. Por momentos lo despreciaba tanto que pensaba que su hermano tenía razón y, quizás no eran hermanos. Él no era como Vegeta, que parecía un calco de su padre. Él era más parecido a ella. Tenía sus ojos almendrados y su piel clara. Y si su apariencia no era suficiente para albergar la duda, sí lo era el gran afecto que le tenía, en comparación a la terrible indiferencia que sentía por su esposo y su primogénito. Probablemente jamás podría obtener una respuesta a aquella duda, pero aún si no fuera hijo de su padre, siempre sería el hermano de Vegeta. Y aunque él lo detestara, realmente él jamás pudo sentir lo mismo por él-

Todos los desprecios que le había hecho, mayormente en su juventud, habían ido lentamente convirtiéndose en la relación que tenían ahora. Y quizás cualquiera podría decir que simplemente se soportaban, pero Tarble había descubierto que se trataba de algo más. Tal vez era la idea de perderlo lo que le hacía pensar tanto en lo que realmente sentía por su hermano mayor. O quizás era el cariño que había descubierto por parte de Bulma le hacía pensar que Vegeta era algo más de lo que se alcanzaba a ver.

Estaba tan confiado en que su presencia en su vida sería eterna, que jamás consideró lo que pasaría si él no estuviera presente. Tan sólo dos días habían pasado y la idea de perderlo no sólo le traería a él una desdicha que jamás había considerado, sino que, al mismo tiempo tendría que tomar su lugar en la familia y hacerse cargo de todas las responsabilidades que recaían en el conde. Aquellas que estaba tan feliz de no tener y la razón más grande para empujarlo a comprometerse.

Si de algo estaba seguro, era que no las deseaba. No deseaba verse obligado a casarse con el único fin de mantener su fortuna y la de todos sus parientes en consecuencia. Le dolía la cabeza de sólo pensar en los arreglos que debería hacer si Vegeta no volvía a despertar. Y al mismo tiempo, sentía una culpa inmensurable de sólo tener esos pensamientos.

Bulma se había vuelto parte del mobiliario. Cada vez que se retiraba de la habitación lo hacía con reticencia y bajo la insistencia de Tarble, y cada vez que regresaba lo hacía ansiosa de verlo despierto, aunque no lo había hecho. Había dormido en aquella incómoda silla junto a la cama de Vegeta durante las últimas dos noches y aunque no se quejaba la veía estirarse constantemente, soportando los nudos que se formaban entre sus músculos.

Durante la tarde, Tarble había abandonado la habitación para conversar con uno de los médicos que seguía de cerca el caso de su hermano. Bulma parecía terriblemente ansiosa por participar de la conversación, sin embargo, no le correspondía. Ya que no era más que una socia de Vegeta, aunque fuera evidente que eran algo más.

Al terminar, regresó a la habitación y la encontró sentada junto a su hermano, como siempre. Ella lo miró con atención esperando que le diera alguna buena noticia. Tarble apretó los labios y vio a su hermano, postrado en aquella cama de hospital y luego volvió su vista a los demandantes ojos de Bulma.

—¿Y bien?

—Dicen que, ya que no ha mostrado progreso, lo mejor será llevarlo a casa. El médico de la familia lo verá, y esperaremos a que despierte allá…

—Lo hará. Tu hermano es el hombre más fuerte que conozco.

—Lo es… —afirmó Tarble y aunque intentó equiparar sus expectativas, se palpó en su tono cierta amargura—. Deberías ir a la mansión y preparar todo para su regreso. El hospital se encargará del traslado.

—Está bien. Yo me encargaré —dijo poniéndose de pie.

Mientras Bulma salía de la habitación, Tarble se dirigió a ella una vez más.

—Muchas gracias Bulma, por todo lo que has hecho por mi hermano.

—No te preocupes, Tarble. Él estará bien, lo sé.

Él envidió su seguridad sin saber que en el fondo yacía una mujer aterrada y con el corazón estrujado, que simplemente repetía cosas que quería creerse. Ella no iba a permitirse ser débil cuando él más la necesitaba. Se había prometido estar a su lado y esperar a que regresara y le sonriera de lado como acostumbraba. Y tal vez, le diría que lo amaba y que si todo lo que había pasado no servía para demostrar que debían estar juntos, ¿qué lo haría?

Regresó a la mansión e inmediatamente puso el personal a su disposición, como si fuera la dueña de la mansión. Y, extrañamente, el personal respondió a ella sin miramientos. Bulma subió las escaleras hasta la habitación del conde y corrió algunos muebles para facilitarle la entrada a los camilleros. Estaba tan concentrada en las necesidades de Vegeta que no se dio cuenta cuando Nathalie entró detrás de ella.

—Bulma… —le dijo precavida.

—Qué bueno que estás aquí, ayúdame a correr esta mesa —respondió apenas mirándola por sobre el hombro de forma fugaz.

Nathalie se acercó con cierta cautela y luego de ayudarla la observó analizando la habitación para luego caminar firmemente al baño.

—Me dijeron que traerán al conde —comenzó—. ¿Está mejorando?

—Aún no despierta, pero lo traerán de todos modos.

—¿Bulma estás bien? Te ves terrible —le dijo mientras la observaba recorrer la habitación de un extremo al otro.

—No he dormido mucho durante los últimos días.

—¿Por qué no tomas asiento por un momento? Estoy segura de que todo estará preparado para cuando lo traigan.

Bulma observó sus alrededores y se echó un vistazo en un espejo colgado en la pared. Dos bolsas oscuras adornaban sus ojos, su mirada trizada y su piel cremosa más pálida que de costumbre.

—Perdóname, Nathalie. Han sido unos días difíciles.

—Lo imagino… siéntate —la invitó sentándose sobre la cama del conde.

Accedió a regañadientes, incómoda de tan sólo tomarse un descanso. Se sentía culpable a pesar de no saber qué debería estar haciendo exactamente para ayudar a Vegeta.

—Escuché que… tal vez no haya sido un accidente.

—¿Quién te dijo eso?

—Los mozos de cuadra vieron las riendas del caballo. ¿Yamcha no era el encargado de revisarlas?

Algo en el tono de Nathalie le molestó. Parecía estar estableciendo una conexión imposible entre Yamcha y lo que había pasado con Vegeta. Desconcertada, la miró a los ojos sin poderse creer lo que escuchaba.

—¿Qué estás insinuando?

—Bulma, ¿no te has dado cuenta de la forma en que te mira? Tienes que estar ciega para no saber que siente algo por ti.

—¿Y eso que tiene que ver? No prueba que haya hecho algo malo.

—¿Qué tal si quiere deshacerse del conde para tengas ojos para él?

—¡Imposible! Nathalie, estás diciendo barbaridades. ¡No puedo creerlo!

—Tranquila, es sólo una teoría. Pudo haber sido su hermano, me han dicho que nunca se llevaron del todo bien. Si el conde muere, él heredaría todo.

—Vegeta no va a morir. Que no se te ocurra repetirlo.

—¡Lo siento!

—Nathalie, déjame sola por favor.

—Bulma, no fue mi intención.

—No quiero escucharte. ¡Ya déjame, por favor!

—Está bien, sólo te digo que tengas los ojos abiertos. No sabes quién fue el culpable y no quiero que te hagan daño a ti también.

Las últimas palabras de Nathalie vagaron en su mente. Las sintió ponzoñosas, impensables. Y sin embargo las consideró sin darse cuenta de ello. No era ciega ante los sentimientos de Yamcha, sabía bien que el muchacho sentía algo por ella. Pero de sólo pensar que sería capaz de limpiar a Vegeta del camino le daba escalofríos. Tal vez eso sería algo más del estilo de Black, y no de alguien como Yamcha.

A pesar de ello, seguía sin tener sentido que no hubiera notado el estado de las riendas de Tormenta y eso alimentaba lentamente sus dudas.

Trató de sacudir esa idea y continuó preparando todo para la llegada de Vegeta, luego bajó al recibidor y permaneció allí aguardando por él. Las ansias que sentía le hacían temblar por dentro y se cruzó de brazos intentando acallar los reflejos de su cuerpo.

Mientras miraba por la ventana vio a Raditz caminando por la vereda y aproximándose a la puerta. Lo observó mirar sobre su hombro un par de veces antes de doblar frente a la puerta, como si temiera que alguien lo estuviera observando. Le recordó a sí misma, cuando volvía de la biblioteca sintiendo a alguien caminando sobre sus pasos.

Antes de tocar, Bulma había abierto la puerta para él y lo observó con el ceño fruncido. Su expresión era extraña, se veía nervioso e incómodo. Tenía las manos en los bolsillos de su pantalón y la miró a los ojos sin decir nada.

—¿Vas a pasar? —le preguntó Bulma en un tono monótono.

—Hola… supe lo que pasó con Vegeta —soltó y luego se rascó la nuca, apreciándose aún más incómodo—. ¿Está aquí?

—No, pero llegará en un momento. Pasa.

Raditz entró y permaneció junto a la puerta. Bulma se mantuvo de brazos cruzados, todavía sus amenazas estaban muy frescas y por su aspecto él lo sabía.

—¿Cómo está tu hermano? —le preguntó intentando hacer el encuentro menos incómodo.

—Bien… Mi madre pasó un mal momento cuando allanaron nuestra casa, pero, como era de esperarse, no encontraron nada.

—Aquí tampoco… —Agregó en voz baja. El silencio que los rodeaba se volvió prácticamente palpable y Bulma decidió contnuar:— Supongo que sabes que Vegeta está inconsciente.

—Sí, de eso quería hablar.

—Toma asiento, también hay algunas cosas que quisiera preguntarte. ¿Puedo servirte una taza de té?

—Preferiría algo más fuerte.

—Vaya… ¿tan temprano?

—Supongo que la conversación lo amerita.

Bulma se acercó al pequeño bar Vegeta y tomó un vaso de cristal calado. Mientras sostenía el vaso entre sus manos, se quedó callada. Había visto durante toda su vida a hombres beber juntos, para pasar un buen rato en reuniones de caballeros o eventos sociales. Y otras tantas, en los momentos más estresantes. Con firmeza sacó un segundo vaso del bar y tomó una botella de etiqueta negra con letras doradas.

—¿Coñac?

—Suena bien.

Raditz la observó de lejos cómo Bulma vertía aquel líquido ámbar dentro de sus vasos, con una expresión leve de sorpresa. Luego caminó hasta él y se lo tendió. Se sentó no muy lejos y puso el vaso bajo su nariz e inhaló su aroma.

—No sabía que bebías.

—No lo hago, pero supongo que la ocasión lo amerita. Ahora, ¿de qué querías hablar?

Apretó la quijada y luego bebió un largo sorbo de coñac. Luego de beber media medida, apoyó los codos sobre sus rodillas cómo si intentara acercarse más a ella. Examinó los alrededores en busca de oídos curiosos y, cuando estuvo seguro de que estaban solos, continuó en voz baja.

—¿Crees que lo que pasó con Vegeta es una coincidencia?

Bulma sintió su cuerpo temblar una vez más al escuchar sus palabras. Bebió un sorbo de su vaso y le mantuvo la mirada con imponente firmeza.

—Vegeta es un excelente jinete.

—Tú y yo sabemos que jamás se hubiera caído de ese maldito caballo.

—Tarble me dijo que las riendas estaban rotas. Aún no he hablado con el mozo de cuadra, pero estoy segura de que todo estaba bien cuando salieron de aquí.

—Estoy seguro de que Zamas tiene algo qué ver en esto. Vegeta hizo el ridículo en el último baile, todos lo saben. Es una locura que lo hubieran invitado a otro evento. Era una trampa.

—¿El socio de Black?

—Por supuesto, esos dos siempre tuvieron una relación extraña. En donde estaba Black, estaba Zamas. Era como su sombra. Debe estar furioso de saber que no hallaron nada en los allanamientos de los mayores sospechosos de la desaparición de Black. Sin él, todos sus negocios deben estar desmoronándose.

—¿Crees que tu hermano también esté en peligro?

—No lo sé, he estado muy cerca de él durante los últimos días. Y mi madre lo tiene prácticamente encerrado en casa desde que empezó todo este escándalo. Sólo ha salido para ver a Bardock…

—Si su objetivo era matar a Vegeta debe estar furioso.

—Tal vez vuelva a intentarlo hasta tener éxito…

Bulma tomó un segundo sorbo. La seguridad de Raditz sobre sus palabras la inquietó de sobremanera y terribles imágenes se le vinieron a la mente. Él bebió el coñac hasta observar el fondo vacío de su vaso y permaneció en silencio.

—Ahora que estamos a solas, quisiera preguntarte. ¿Qué es exactamente lo que haces para Vegeta?

Él no pudo ocultar su sorpresa, y luego de procesar aquella pregunta soltó una siniestra sonrisa. Observó el vaso vacío entre sus manos y luego le dirigió una mirada tenebrosa.

—No sé si debiera discutir eso contigo. Después de todo, sólo eres la socia de Vegeta.

Sus palabras le hirieron como un flechazo en el abdomen, y aunque deseaba gritarle que se largara sabía que en definitiva tenía razón. Vegeta siempre había sido terriblemente confidencial con sus negocios, sobre todo los extraoficiales. Trató de mantener la calma, aunque no pudo evitar fruncir el ceño notablemente. Raditz observó su expresión con cinismo y se volvió a sonreír. Se levantó de su asiento y caminó al bar para servirse una segunda copa. Bulma acompañó con la mirada su trayecto.

—¿Al menos puedes decirme cómo se conocieron? —continuó, intentando torpemente disimular su tono, por uno más ecléctico.

Él pareció recordar con diversión aquel acontecimiento. Miró hacia arriba, cómo si rememorara sus vivencias y estrechó una sonrisa aún más amplia.

—Supongo que sí… —Con paciencia se sirvió su segundo trago de coñac y volvió a meter una mano dentro de su bolsillo, con un aire sumamente casual que logró enervar a Bulma—. Cuando era joven tenía la costumbre de… meterme en problemas. Supongo que no sabes cómo vivimos las personas de la clase más baja, quizás crees que lo sabes. Pero dudo mucho que hayas conocido los círculos más decadentes en los que solía involucrarme. Veras… en mí… círculo, había algo que llamábamos La carnicería. En la parte más fea de la ciudad, un grupo de idiotas adinerados nos pagaba para pelear. Les gustaba vernos peleando hasta que uno de los dos caía al piso, y si tenía suerte aún respiraba. Yo era uno de los mejores antes de retirarme. Y gracias a ello me gané varios enemigos bastante peligrosos… En aquella época Vegeta también era bastante… problemático. Su padre no sabía cómo mantenerlo bajo control —Él se rio y miró a Bulma esperando despertar alguna reacción con lo que le diría a continuación—. Vegeta era a fin a involucrarse con mujeres casadas, y supongo que entenderás por qué en aquel momento se ganó un par de detractores… —su tonada burlona logró enervarla aún más—. Para resumir, una noche, después de una pelea, un grupo de imbéciles decidieron que ya se habían hartado de mí y me emboscaron. No era una pelea justa, eran veinte de ellos contra mí. Tuve que correr y en el camino me encontré con él. Imaginarás cómo se siente un grupo de pobretones, muertos de hambre, al encontrarse con un pequeño noble cuya camisa valía más que sus malditas vidas. Lo vieron como si se hubieran sacado la lotería… Él se dio cuenta rápidamente que estábamos juntos en ese barco, aunque no nos conociéramos. Nos tenían acorralados. En ese momento pensé que, si llevaba vivo a ese pequeño idiota a su lujosa mansión, algún otro noble idiota me daría una jugosa recompensa. Apenas salimos de allí arrastrándonos. Aunque me sorprendió lo bien que peleaba ese cretino. Supongo que ambos no salvamos la vida, y después de eso comencé a trabajar para su padre. Y luego para él, cuando Vegeta Tercero murió.

Las últimas palabras de Raditz arrastraban un dejo de amargura. Y, aunque a Bulma le había incomodado la afición que Vegeta parecía tener por mujeres casadas, logró sacudirse esa sensación al escuchar el resto del relato de aquel hombre, al menos por ahora.

Deseaba hacerle algunas preguntas más pero repentinamente él dejó su vaso sobre el bar y miró hacia la ventana. Lo vio contener el aliento y Bulma se volteó y vio llegar a la ambulancia e inmediatamente abandonó su vaso para correr hacia la puerta.

Los camilleros fueron los primeros en entrar y Bulma les indicó la ubicación de su dormitorio. Afortunadamente las escaleras eran bastante amplias, pensó Bulma. Raditz cambió por completo su expresión al ver a Vegeta inmóvil con el rostro envuelto en vendas. Permaneció petrificado hasta que estuvo fuera de vista y luego intentó recobrar la compostura, bebiendo una vez más. Tarble entró a la mansión y los vio a ambos, de uno en uno. Luego notó con desdén un vaso a medio beber sobre la mesa, que al parecer Bulma había olvidado por completo. Rápidamente una idea intolerable se formó en su mente. Ella, bebiendo junto a otro hombre mientras su hermano yacía inconsciente en el primer piso. ¿Dónde había quedado todo el recato de aquella mujer?

—¿Puedo ayudarlo en algo? —le cuestionó a Raditz, con la mirada perforando el vaso que traía entre las manos.

—Gracias, pero la señorita ya me explicó la situación —respondió dejando atrás su bebida.

—Entonces ya puede retirarse. Esperamos al médico de la familia, como puede ver no es el mejor momento para una visita social. Le avisaremos cuando Vegeta despierte y pueda atenderlo.

—No se preocupe, mañana vendré a verlo de nuevo. Si aún no despierta, la señorita Briefs puede evacuar mis dudas.

El gigantesco hombre no tardó en desocupar la habitación, y Tarble sostuvo el picaporte para cerrar la puerta una vez él estuviera fuera. Luego miró a Bulma, quien había quedado en medio de aquel cruce de palabras, sin objetar absolutamente nada.

Su mirada decretaba algo que ella aún no había logrado entender, aunque le tomó unos segundos sondear aquella imagen para imaginar lo que podría estar maquinando. Su indignación se hizo presente en su rostro, pero Tarble eligió ignorarla y subir la escalera para acompañar a Vegeta para asegurarse de que todo estuviera bien. Los pasos de ella le siguieron de cerca y terminaron juntos una vez más en la habitación del conde. Podía sentir la presencia colérica de Bulma a sus espaldas, pero ella era el menor de sus problemas en ese momento.

Vegeta ya había sido depositado sobre su cama para cuando ellos dos llegaron. Bulma corrió a su lado y comenzó a acomodar las sábanas sobre él, y luego su almohada. Tarble notó que había dejado una silla a un lado de la cama, tal y como lo había hecho en el hospital. Y sus intenciones fueron claras.

Tarble se despidió del personal del hospital y se dispuso a acompañarlos hasta la salida, aun cargando consigo cierto resentimiento recién descubierto.

Bulma se sentó junto a la cama del conde y acarició su frente con delicadeza. A pesar de no haber pasado más de dos horas lejos de él, sentía su piel clamar en agonía por estar cerca suyo. Le tranquilizaba al menos poder escuchar claramente su respiración, serena y pausada. Parecía tranquilo.

Tarble regresó pocos minutos después y permaneció bajo el marco de la puerta observando a Bulma acariciar el cabello de su hermano.

—Entiendo que… tienes una relación especial con Vegeta —comenzó sin poder contener más aquellos pensamientos que lo azotaban—. Lo he visto en varias ocasiones. Desde el momento en el que llegaste a esta casa para trabajar con él, te ha permitido cosas que ni siquiera a mí me hubiera permitido, ni en un millón de años. Lo entiendo. Y tenías razón aquella vez, cuando me dijiste que él era mi responsabilidad... Lo es, y te recuerdo que mientras Vegeta esté en éste estado yo soy el responsable, tanto de su salud como de esta mansión.

Bulma escuchó con cautela sus palabras y la forma en la que se expresaba le pareció desdeñable. Una vez más le recordaban que carecía de todo tipo de derecho sobre él y, el puñal que le había clavado Raditz se hincaba más y más dentro de su pecho.

—Agradezco tu ayuda, sin ti no hubiera podido dormir las últimas noches. Pero no te tomes el atrevimiento de recibir a sus invitados, o de darles las explicaciones que yo debo darles a sus empleados. Ese es mi trabajo, no el tuyo. No lo olvides.

—Raditz quería hablar conmigo. Si hubiera querido hablar contigo te hubiera esperado.

—¿Y de qué quería hablar?

—Ya que estamos poniéndole límite a nuestra relación, te recuerdo que yo no soy una empleada de Vegeta. Yo soy su socia, y vivo aquí. Tengo derecho de recibir a quien yo quiera.

—Espero que Vegeta despierte pronto, así puedes explicárselo a él personalmente.

Ella dejó de verlo directamente y se volteó a Vegeta otra vez. Sabía muy bien que no podía compartir esa información con Tarble y temía que haya malinterpretado las intenciones de Raditz al desear hablar con ella a solas. Entendía perfectamente la responsabilidad que recaía directamente sobre él, sin embargo, le hervía la piel el sólo saber que no guardaba derecho alguno sobre lo que pasara con Vegeta de ahora en adelante. Tarble lo había dejado claro. Y no le quedaba más que sentarse a esperar a que volviera en sí, rezando que su integridad física y mental no se hubiera visto afectada.

—Entendido —finalizó escuetamente sin una carta a su favor que pudiera usar para refutar sus palabras.

—El doctor de la familia no tardará en venir, y he contratado una enfermera para ayudarnos. No sabemos cuánto tiempo pueda estar así y debemos ocuparnos de su higiene.

—Vegeta te odiará por ello. ¿Lo sabes verdad? —agregó mirando sus ojos oscuros.

—Vegeta me ha odiado por menos —al decir esas palabras se quedó estático, con el rostro perplejo.

Un espasmo minúsculo en los dedos del conde capturó su atención de inmediato y Bulma, con la misma sensación de ansiedad volteó a ver sus manos. Su antebrazo se contrajo y luego su entrecejo se frunció suavemente. Dentro de ella la incertidumbre se acrecentó y contuvo el aliento por completo. Un temblor la sacudió y aunque ya lo había visto agitarse levemente mientras dormía, esto era diferente.

—Está reaccionando… —susurró Bulma y se hincó sobre él—. Vegeta, despierta, estamos aquí. ¡Vegeta! —No pudo contener su emoción y se acercó más a él suplicándole que volviera en sí.

Él abrió la boca y un sonido seco salió de su garganta, raspando su lengua. Un suspiro gutural vibró dentro de su garganta, agitando su diafragma. Lentamente abrió los ojos, apenas separando sus pestañas. Su pupila de ónice reflejó los rayos del sol, con increíble incomodidad y su ceño intranquilo se perturbó.

—Ah… —comenzó con suma dificultad—, ah…

—¿Ah? —se cuestionó el más joven— ¿Agua? —completó, acercándose rápidamente.

Las manos de Bulma temblaron al acercarse a la pequeña jarra que tenía junto a la cama y sirvió torpemente un vaso para arrimárselo. Sus manos apenas se movían, así que acercó el vaso apenas hasta sus labios y lo inclinó suavemente para que pudiera tragar algo de líquido sin esfuerzo. Tarble se hincó sobre la cama y trató de inclinar un poco su espalda adormecida para que pudiera beber. El brazo del conde se levantó con torpeza para sostener el vaso y cada sorbo parecía más desesperado. Al terminarlo tosió copiosamente y con gran esfuerzo se incorporó sobre la cama.

Bulma ensanchó una sonrisa, al borde de las lágrimas y vio a Tarble compartir su alegría, olvidando por completo lo que había pasado momentos atrás.

—Abre las cortinas… —dijo Vegeta en un tono lento y doloroso.

Bulma se quedó sin aire.

Su alegría se transformó rápidamente en desasosiego al escuchar aquel trágico pedido. Ambos permanecieron atónitos. Estupefactos y renuentes a contestarle, ya que, de hecho, las cortinas estaban totalmente abiertas.

—Uhm… Vegeta… las cortinas están abiertas… —respondió Tarble finalmente y con temor escuchó las palabras de su hermano.

—Entonces… enciendan una lámpara.

Pasmada, Bulma levantó una mano temblorosa hacia el rostro de Vegeta. No sin antes voltearse a Tarble con complicidad, a sabiendas de que sus temores eran los mismos.

Sus ojos estaban apenas abiertos y sus pupilas dirigidas a los pies de la cama. Bulma extendió su mano aterrada y la meció lentamente frente a él, pero no hubo reacción. Inmediatamente contuvo el aliento y se llevó la misma mano hacia los labios, conteniendo una terrible reacción. Vegeta estaba ciego.

Tarble no sabía qué contestarle a su hermano, y mientras Bulma apenas parecía estarse recuperando de aquel horroroso descubrimiento, supo que sería imposible ocultarle la verdad a él, no por mucho tiempo.

—Vegeta… es de día.

Él parpadeó. Sintió la piel cansada de sus párpados cerrarse varias veces y aunque escuchó las palabras de Tarble permaneció inmóvil y terriblemente cansado. Luego de un momento se acarició el rostro y descubrió parte de su cabeza envuelta entre varias vendas y percibió el hedor de su propia sangre. Se rascó la nuca y halló bajo sus dedos una herida que comenzaba a cicatrizar. Volvió su mano a su rostro e intentó ver si había sangre bajo sus dedos pero, a pesar de sentir el hedor ferroso no pudo ver sus propias extremidades.

Bulma vio la sangre seca bajo sus uñas, incapaz de decir en voz alta lo que era evidente.

Al cabo de unos segundos la voz de Tarble comenzó a cobrar sentido y poco a poco recordó lo último que había visto antes de cerrar los ojos. Él iba a saltar sobre sobre un pequeño obstáculo, montado sobre el lomo de Tormenta, cuando las riendas se aflojaron y lo último que logró escuchar fue el rechinido del animal y todo se volvió oscuridad. Y continuaba siendo así.

Es de día, volvió a escuchar en sus adentros y comenzó a caer lentamente en lo que implicaban esas palabras.

Parpadeó una vez más, y otra. Podía sentir la piel cerrarse y sabía que sus manos estaban frente a su rostro, pero no podía verlas.

¡No podía ver nada!

Levantó el rostro intentando reconocer algo, pero no había más que una oscuridad inmensa e interminable. Como si estuviera debajo de una sombra infinita.

Encerrado en una oscuridad apabullante, Vegeta oyó las voces de Bulma y de su hermano junto a él, aunque no pudo reconocer sus rostros. Extendió sus manos y sintió la tela bajo la yema de sus dedos, más no pudo verla. Su corazón repentinamente comenzó a galopar salvajemente dentro de su pecho, su piel se volvió fría y se respiración se aceleró terriblemente. El aire comenzó a esfumarse de su cuerpo y lo único que podía escuchar era el retumbar de su pulso sobre su garganta.

Necesitaba salir de allí, alejarse aunque no supiera ni siquiera en dónde estaba sentado. Su cuerpo clamaba por aire frío y alguna ráfaga de viento. Quiso levantarse de la cama, extendió una pierna y sintió la madera bajo su pie, pero al intentar pararse sintió sus músculos temblar como nunca antes y cayó rápidamente al suelo. Estaba impactado por la terrible realidad que aún no terminaba de asimilar.

Percibió el golpe y la madera contra su mejilla y escuchó a Bulma gritar a todo pulmón por un médico.

Volvió a parpadear, y cada vez que lo hacía parecía esforzarse más en ello, y albergaba la esperanza de que en la siguiente comenzaría a reconocer las siluetas de lo que lo rodeaba. Pero, aunque lo intentó en repetidas ocasiones, nada parecía alterar la oscuridad en la que estaba sumergido.

Unas manos lo tomaron por el pecho y sintió el toque de su piel desnuda. Apenas entonces se dio cuenta de que no traía camisa, y percibió sobre sus piernas la tela de su pantalón. Ni siquiera tenía zapatos y estiró apenas la punta de los dedos de sus pies, desesperado por cerciorarse de que no estaba paralítico.

—Suéltenme —dijo nervioso—. ¡Suéltenme!

—Soy yo —le dijo la voz temblorosa de Tarble y supo que su rostro estaba justo frente al suyo.

Jamás se había esforzado tanto por moverse y no sabía si había perdido la movilidad, o sólo había estado dormido por mucho tiempo. Tenebrosas preguntas se apresuraron sobre su mente y lo hicieron temblar. No sabía cuánto tiempo había pasado, ni en dónde estaba. Sólo sabía que no podía ver absolutamente nada y ni siquiera podía hacer uso de su cuerpo apropiadamente. Sus músculos temblaban con tal fragilidad que le perturbó hasta lo más profundo. Su respiración se aceleró como la de una fiera salvaje que corría peligro.

—¡Te dije que me soltaras! —gritó y con la poca fuerza que logró reunir lanzó un puñetazo que logró darle en el rostro a su hermano.

Tarble cayó de bruces contra el suelo y Vegeta cayó nuevamente, aunque esta vez había logrado caer sobre sus brazos. Agazapado sobre sus codos intentó ponerse de pie aunque sus músculos parecían renuentes a cooperar.

—¡Vegeta, por favor cálmate! —le rogó Bulma y pudo sentir sus suaves manos rozarle la espalda.

Sus brazos aún temblaban mientras intentaba ponerse de pie entre la oscuridad, y mientras negaba mentalmente lo que estaba viviendo parpadeó incontables con notable desesperación. Extendió una mano hacia su rostro y la presionó contra su cabeza, tenía vendas cubriéndole el rostro y no tardó en arrancárselas. Luego golpeó su brazo contra algún mueble que había muy cerca de él y se apresuró en usarlo para ponerse de pie. En poco tiempo se había bañado de sudor frío y respiraba como un animal atrapado en una mortífera trampa. Escuchó otras voces aproximándose y gente corriendo hasta él, estaba tan exaltado que tomó un objeto de la mesa y lo lanzó con fuerza hacia aquellos pasos. No quería que nadie lo viera en ese estado y no logró controlar su exaltación.

La jarra de vidrio voló hacia la puerta y Tarble y Bulma se cubrieron para no salir dañados en el impacto. El vidrio explotó en todas direcciones y antes de que pudiera tomar algo más, alguien desconocido había logrado retenerlo por la espalda. Lo único que salía de la boca de Vegeta era que lo soltaran.

Bulma observó la terrible escena desde un rincón. Afortunadamente Raditz había regresado, aunque Vegeta estuviera notablemente débil, no creía que nadie pudiera hacerle frente en aquel estado desenfrenado más que él.

El doctor de la familia había llegado justo detrás de él y se adentraron en la mansión al escuchar los gritos de Bulma.

Mientras Vegeta era retenido por Raditz, Tarble se aproximó al doctor para explicarle lo que estaba pasando.

—Acaba de despertar… No sabemos qué le está pasando.

—Tengo que examinarlo, no podré hacerlo estando él así. Tenemos que retenerlo de alguna forma. Sugiero que lo atemos a la cama…

—¿Atarlo? —interrumpió Bulma—. ¡De ninguna forma! Él no es un animal, sólo necesita un momento para tranquilizarse.

Tarble miró a su hermano, luchando por desprenderse del agarre del otro gigantesco muchacho mientras gritaba con fuerza que lo mataría a él y todo el que se atreviera a ponerle una mano encima.

—Lo haremos —sentenció Tarble.

—Señorita, le pediré que permanezca fuera del cuarto.

Una joven enfermera apareció frente a ella y con un gesto la invitó a retirarse. Bulma apretó los puños y caminó del otro lado de la puerta, a pesar de que una fuerza incontrolable le gritaba desde sus entrañas que no se apartara de él. Permaneció allí al ver la puerta cerrada, lo suficientemente cerca como para escuchar los gritos de Vegeta y contener las ansias de enviarlos a todos al demonio. Se odió a sí misma por permitir que se diera aquella barbaridad. Podía escuchar las instrucciones del médico, reteniendo a Vegeta a los extremos de la cama. Y pasados los minutos terminó sentada sobre el suelo aguardando a que la puerta se abriera. Pocos minutos después Vegeta dejó de aturdirlos con sus gritos hasta que las únicas voces que se escucharon dentro eran las del médico y la de Tarble, pero no pudo distinguir entre sus susurros.

Para cuando finalmente la puerta se abrió, el primero en salir de allí fue Raditz. Bulma se apresuró sobre él y lo tomó del brazo con urgencia.

—¿Qué pasó?, ¿cómo está él?, ¿qué fue lo que dijo el médico?

Raditz soltó un suspiro y miró hacia atrás.

—Me pidieron que dejara el cuarto para hablar con Tarble a solas. Lo sedaron, ahora está dormido.

—Entonces lo ataron a la cama, y tú los ayudaste.

—Tú misma viste cómo estaba, actuaba fuera de sí. Temen que cuando despierte lo haga otra vez…

Ella se cruzó de brazos, indignada por las decisiones de Tarble.

—Creí que te habías ido.

—Estaba afuera cuando el médico llegó, conversaba con una muchacha. ¿Nathalie? Creo que ese era su nombre.

—No pierdes el tiempo, ¿verdad? Está bien, supongo que puedes irte. Gracias por la ayuda, si es que se puede decir que ayudaste. Vegeta estará furioso.

—No lo dudo, pero él me debía una.

—Entonces puedes dar tu deuda como saldada.

—Yo creo que aún falta para saldar esa deuda. Cómo sea, nos veremos pronto, Bulma.

—Adiós, Raditz.

Si bien no le había confirmado lo que ella creía que estaba pasando con Vegeta, dudaba mucho que el diagnostico fuera otro. No podía llegar a imaginar cómo se sentiría él al despertarse y descubrir que no podía ver. Comprendió su angustia y de cierta forma la compartía. Le tranquilizaba un poco saber que había vuelto a dormir, pero dentro de poco tiempo despertaría para encontrarse atado a su propia cama, y sin poder ver lo había a su alrededor. Le pareció una forma extremadamente traumática de despertar después de tantos días y tomó una decisión que sabía que Tarble reprobaría. Pero no podría hacer nada al respecto y estaba totalmente dispuesta a lidiar con las consecuencias.

Al cabo de unos minutos, el médico y su enfermera salieron finalmente del cuarto junto con Tarble.

—Vendré mañana a primera hora —le dijo a Tarble y luego se despidió de Bulma con cortesía.

Ella observó extrañada a la enfermera permanecer junto a ellos, mientras el médico bajaba las escaleras.

—¿Y bien? —preguntó ansiosa.

—Bulma. Ella es Veros, se encargará de asistir a Vegeta hasta que se recupere.

Perpleja, abrió los labios y negó.

—Vegeta ya despertó —dijo con firmeza.

—Lo sé, pero hasta que no se tranquilice no podemos estar seguros de que no necesitará asistencia médica.

—¿Qué fue lo que te dijo el médico?

Él dudó, no porque no estuviera seguro sobre lo que iba a decirle, sino porque detestaba el diagnostico que le habían dado.

—Ceguera… puede ser temporal o permanente. Eso sólo lo sabremos con el tiempo.

Al ver confirmado su gran temor, guardó silencio por un momento y no supo qué responder a aquel terrible diagnóstico.

—Él se recuperará —contestó, pero en su voz ya no estaba esa grandiosa seguridad que deslumbraba mientras Vegeta permanecía dormido. Parecía decirlo más para convencerse a sí misma, que por real convicción.

—Voy a… indicarle a Veros cuál será su habitación. Vegeta está dormido, el doctor dijo que tardará varias horas en despertar. Será mejor que comamos y descansemos algo, si despierta en medio de la noche dudo que podamos dormir.

Tarble y la enfermera se retiraron. Y mientras Bulma esperaba a que estuvieran lo suficientemente lejos se preguntaba qué pasaría si Vegeta se despertara y se encontrara a sí mismo incapaz de moverse. Qué terribles pensamientos pasarían por su mente al verse imposibilitado por completo. Tal vez podía llegar a creer que era inválido. Y si podía razonar lo suficiente como para darse cuenta de que estaba maniatado, ¿se sentiría traicionado por ella por no detenerlos?

Nada podía ser peor para ella que dejar a Vegeta pensar que lo había abandonado en tan terrible momento. Así que, sin cuestionárselo más, caminó hasta su habitación y rebuscó entre sus cajones hasta encontrar una tijera. Luego, volvió sobre sus pasos y entró una vez más al dormitorio del conde mirando permanentemente sobre su hombro. Discretamente cerró la puerta y caminó suavemente hasta él, temiendo ser descubierta.

La imagen de él con sus extremidades atadas a los bordes de la cama, le estrujó el abdomen y no le cupo la menor duda. Tenía que liberarlo y soportar la tormenta que vendría después. Lentamente, temiendo despertarlo, cortó de a poco las ataduras de Vegeta y trató de disimularlo cubriéndolo con las sábanas. Cerró las cortinas de la habitación y le echó una última mirada antes de salir. Prometiéndose mentalmente que estaría de su lado sin importar lo que Tarble tuviera para decirle.

Durante la tarde Vegeta permaneció plácidamente dormido, gracias a los efectos del láudano. Tarble puso al personal a su disposición y la invitó a acercarse a la mesa para que compartieran la cena. Por supuesto él no sabía que todas las noches desde que había llegado, ella cenaba en esa misma mesa junto a Vegeta. Pero tampoco le pareció oportuno mencionárselo.

A pesar de su cordial invitación, se mantuvo casi ausente durante toda la cena, pensando constantemente en lo que pasaría con Vegeta al despertar. Lo único que se escuchaba era el sonido de los cubiertos rechinando contra la porcelana de los platos. Bulma apenas pudo probar bocado, una sensación incómoda dentro de su estómago la mantenía intranquila y expectante. Y aunque se forzó a continuar comiendo, parecía que su cuerpo podría rechazar todo en cualquier momento.

No fue hasta que dejó sus cubiertos sobre el plato que Tarble decidió hablarle.

—Espero que entiendas por qué tome la decisión que tomé… —dijo entrelazando las manos sobre la mesa.

—Lo siento, Tarble. Pero no comparto tu postura. Creo que sería peor para Vegeta despertarse sin poder moverse.

—Sé que él no lo aprobará, y que quizás incluso me destierre después de esto. Pero a veces debemos tomar decisiones difíciles para preservar a quienes queremos. Vegeta nos lanzó una jarra de vidrio y aún puedo sentir el puñetazo que me dio en el rostro. ¿Cómo crees que se sentiría consigo mismo de haberte lastimado? No creo que pudiera perdonárselo, y prefiero que me odie a mí antes que hacerlo pasar por eso, cuando tiene que lidiar con su ceguera también…

Miró el rostro de Tarble y vio la marca roja que había estado ignorando desde hacía varias horas. En realidad, le había costado mucho trabajo mirar a Tarble directamente después de haber desobedecido sus indicaciones. Aunque había logrado entender las intenciones del muchacho, no se atrevió a mencionarle lo que había hecho. Simplemente asintió sin decir nada y se dispuso a ponerse de pie para retirarse.

Insegura sobre qué hacer para matar el tiempo, se preguntó si debería buscar a Nathalie para disculparse con ella después del pequeño encuentro que habían mantenido por la mañana. Sabía que había actuado tan a la defensiva porque le parecía inadmisible que si quiera pusiera a Yamcha en tela de juicio, pero eso no justificaba el modo en el que se había dirigido a ella. Mientras deambulaba por la casa en busca de la morena, pasó por un largo corredor rodeado de grandes ventanas que daban a los jardines. Desde allí pudo ver de lejos el cobertizo de los caballos y pensó la idea de cruzar unas palabras con Yamcha. Después de todo aún tenía muchas dudas que deseaba despejar.

Salió y sintió la brisa gélida sobre su piel y se rodeó con los brazos al salir a los jardines. Se paró sobre la punta de sus pies y lo buscó entre los establos, pero no logró verlo.

La puerta de la cocina de servicio se cerró y Bulma se giró, encontrando a varios mozos de cuadra que acababan de cenar. Yamcha no ensanchó una sonrisa como solía hacer cada vez que la veía. Pero su rostro apocado y de apariencia descontenta, no logró aplacar a Bulma. Su ceño se frunció casi por instinto y sus labios permanecieron apretados en una línea inamovible. Él se acercó poco a poco a ella, no sin antes despedirse de sus compañeros. En silencio se paró frente a ella y la observó como si sintiera pena por ella. El gesto sólo logró exacerbarla aún más.

—Hola… —dijo tímidamente—. ¿Cómo estás?

—No muy bien.

—Supe que el conde ha despertado… Hay una enfermera en la casa que nos comentó algo al respecto.

—Supongo que Tarble no le explicó aún lo reservado que es Vegeta. No debería hablar de sus asuntos tan lánguidamente.

—Lo siento mucho, Bulma. Sé que esto no debe ser fácil para ti tampoco…

—Hace días he querido preguntarte, Yamcha. ¿Cómo se te pasó por alto revisar sus riendas antes de darle su caballo a Vegeta?

—¡Lo hice! Antes de salir todo estaba perfecto.

—¡Antes de salir! —le gritó—, ¡si hubieras vuelto a revisar todo, una vez más, nada de esto hubiera pasado! De haberlo hecho tal vez Vegeta no estaría…

Yamcha contuvo el aliento al ver lo agitado de su blanco rostro. Sus mejillas se habían teñido de rosa y en sus ojos celestes nacía una tempestad. Y no pudo contener el deseo ferviente que lo invadía y la envolvió entre sus brazos. Bulma se removió de su abrazó con furia naciendo desde sus entrañas. Lo golpeó en el pecho con fuerza y lo alejó de ella.

—¡No se te ocurra ponerme una mano encima! —bramó furiosa.

—Lo siento… Debí haberlas revisado de nuevo…

—Sí, debiste hacerlo —dijo con la voz quebrada.

Sabía que no estaba bien que responsabilizara de esa forma a Yamcha. Incluso sabía que antes de él, había alguien más directamente implicado. Sin embargo, no podía ocultar ese resentimiento que había estado acumulando por los últimos días. Tal vez, lo que más le molestaba era la certeza de que podrían haber evitado ese desastre. O quizás simplemente necesitaba culpar a alguien para desahogarse.

Mientras Yamcha permanecía frente a ella tolerando su arrebato, recordó las palabras de Nathalie y se preguntó qué sentía él exactamente. Estaba bastante segura de que no se había equivocado al decir que él sentía algo por ella. Pero resultaba difícil pensar que podría tomar ventaja con lo tímido que parecía ser.

Repentinamente, escucharon un estallido proveniente del primer piso. Ambos permanecieron petrificados y alzaron sus rostros esperando un segundo impacto. No se hizo esperar, y tampoco el tercero. Para el quinto golpe, una silla salió despedida por la ventana para caer sobre un arbusto. Yamcha cubrió a Bulma de los vidrios de la ventana que salieron desperdigados por doquier.

—Oh, no… —musitó Bulma, quien no estaba preparada para que Vegeta volviera en sí tan rápido.

Yamcha la miró de forma fugaz y salió corriendo a ver qué estaba sucediendo. Bulma trató de seguirle el paso y en el camino notó cómo varios de los empleados de Vegeta se acercaban aterrados a la habitación del conde. Para cuando subieron las escaleras, Tarble y Veros trataban de convencer a la furia en la que se había convertido Vegeta, de tomar asiento y dejar se examinar. Pero él, con la vista perdida en un punto incierto, les exigía fervientemente que se largaran.

—Tendremos que volver a sedarlo —dijo la enfermera y Bulma sintió su sangre hervir.

No podía permitir que perpetuaran su inconciencia simplemente porque no podían controlarlo. Y sin pensarlo, se abrió paso entre todos ellos y antes de que Vegeta pudiera romper algo más, lo estrechó entre sus brazos.

Vegeta sintió aquel pequeño y cálido cuerpo prenderse de su torso desnudo. Su mejilla fría se presionó sobre su pecho y se quedó estático. Apenas podía contener la furia que sentía al ser incapaz de ver sus alrededores. Pero supo que se trataba de ella ya que ninguna otra persona en todo el mundo sería tan atrevida.

—Quítame las manos de encima —le dijo, pero el tono suave de sus palabras se oyó temible.

Bulma lo estrechó con más fuerza al ver a la enfermera acercársele. Su misión se habría transformado en volverse un escudo entre ellos y él. Sintió bajo el toque de sus manos el sudor de su cuerpo y la brisa gélida proveniente de la ventana rota los sacudió. Vegeta había estado dormido durante varios días y no sabía con certeza qué tan débil estaba en realidad. Tenía que ocuparse de antes de que pudiera enfermarse. Se acurrucó sobre su pecho frío y él percibió su cálido aliento acariciarle la piel.

Permaneció inmóvil y ambivalente. Quería desesperadamente estar a solas en aquel tormento y al mismo tiempo le era imposible quitarse a Bulma de encima sin ejercer violencia sobre ella.

—¡Fuera todos! —gritó Bulma fuera de sí.

Vegeta escuchó el rugido de su voz e intentó escuchar con atención los pasos cerca de sí mismo, para determinar cuántas personas lo estaban observando. Le enfurecía la idea de estar rodeado de ojos curiosos. Hambrientos de saciarse en su miseria.

—¡Váyanse! —volvió a gritar Bulma—. ¡Déjennos solos!

Tarble vio en los ojos de Bulma una terrible demanda avasalladora. Y aunque no quería ceder y dejarla a merced de lo que Vegeta pudiera hacer, intentó confiar en ella por tan sólo un instante. Levantó una mano hacia la enfermera y le hizo un ademán para que se retiraran, él incluido.

Yamcha continuaba allí, temiendo que el conde pudiera empujar a Bulma y lastimarla. Ella lo observó con el entre cejo fruncido. Sus ojos celestes le estaban exigiendo que caminara sobre sus pasos. El muchacho terminó obedeciendo, aunque reticente, y cerró la puerta para dejarlos a solas. No sin antes dedicarle unas últimas palabras.

—Estaré abajo si me necesitas.

Vegeta escuchó de a poco unos pasos abandonar su habitación y el sonido del picaporte que supuso sería la puerta cerrándose. Varios pasos más bajando la escalera y aún entre aquella profunda y tempestuosa oscuridad, pudo oír el sonido quedo de su respiración. Supuso que para ese momento estaban ellos solos y aún así, continuaba deseando que Bulma se retirara.

—Suéltame —le ordenó en el mismo tono temible.

—Sólo si prometes no seguir destrozando esta habitación.

—Lo que haga con mis cosas no es tu problema. Suéltame o…

—¿O qué? ¿Vas a despedirme? Si pensabas amenazarme con eso te recuerdo que no puedes despedirme. Y si quieres que renuncie a nuestro acuerdo lo haré. ¡Renuncio! Pero no voy a irme.

—¿¡Qué es lo que quieres!?

—Quiero que dejes de comportarte como un loco. Si no dejas que nadie te examine volverán a drogarte, eres un peligro para ti y para los demás. ¿Qué no te das cuenta que si sigues comportándote de esta forma podrían encerrarte?

Una risa suave e irónica salió de sus labios al escucharla. Su cuerpo se relajó apenas, y él bajó el mentón hacia su pecho como si pudiera verla, aunque lo único que hacía era enfrentar el sonido de su voz. La idea de que pudieran encerrarlo le resultó irónica, dado que en aquel instante se sentía preso de su propia incapacidad de ver.

—No te necesito.

—Y tú no me asustas. Esto puede ser temporal, Vegeta… por favor. Cálmate y deja que yo me encargue.

—¡No soy un inválido!

—¡Claro que no lo eres! Pero si no dejas que un médico te examine correctamente tal vez no encontremos una solución a esto. Puedes pagar los mejores profesionales del país, sólo deja que te ayuden. ¡Maldito idiota!

Vegeta alzó las cejas, y aunque su gesto seguía perdido en las tinieblas su aspecto no dejó de verse sorprendido.

—La única razón por la que no te empujo es porque eres una mujer.

—No me importa lo que digas, no voy a escucharte. Entiendo cómo te sientes, pero no voy a permitir que te droguen para mantenerte quieto. ¡Mira lo que has hecho! —soltó enervada y se arrepintió de sus palabras—. No quise decir eso… es decir…

Él se rio y la ironía se palpó en aquel ronroneo gutural.

—¿Crees que me importa?

—¡A mí me importa! Vegeta, no voy a dejarte solo en esto. Por favor, confía en mí…

El conde aún sentía el temblor de sus propias piernas y estaba seguro de que, si Bulma lo soltaba, caería dolorosamente sobre sus rodillas. Aquella idea le resultaba terriblemente humillante. Y al considerarlo recordó extrañamente todas las humillaciones a las que había sometido a esa mujer que lo sostenía con firmeza.

Bulma observó los objetos rotos a su alrededor. La cama revuelta, los vidrios rotos y el closet en el suelo con su ropa desordenada en el suelo. Bajo sus pies encontró un pequeño camino de vidrios y sangre y notó sus pies heridos.

—Estás lastimado… Por favor, Vegeta… no seas terco —rogó con la voz quebrada.

El sonido de su voz se hincó profundamente bajo su pecho. ¿Qué otra opción tenía?, pensó imaginando el rostro acongojado de Bulma.

—Esta bien —gruñó.

Una sonrisa cálida se ensanchó en su rostro y su abrazo demandante cedió levemente al escucharlo.

Quería abrazarlo aún más y besarlo para aliviar su pesar, pero estaba tan abatido por sus circunstancias que terminó reprimiendo su deseo. En cambio, poco a poco lo soltó y deslizó sus níveas manos por sus bíceps.

Vegeta, incapaz de observar su expresión, percibió las yemas de ella paseando por su piel hasta envolver sus manos.

—Vamos a mi habitación, así podré revisar tus heridas…

Él sintió aún reticente. Incapaz de dar un paso hacia adelante por la inseguridad que le generaban sus alrededores. Bulma en cambio caminó de espaldas, sacudiendo con sus pies objetos dispersos en el camino. Vegeta percibió cómo ella lo guiaba y lentamente caminó sobre sus pasos.

Se sentía profundamente derrotado y en aquel momento se dio cuenta de que, de ahora en adelante, él estaba entre las manos de Bulma. No existía otra persona en quien pudiera confiar de esa manera y a ciegas se dejó guiar por un camino de pura y abrumadora obscuridad.


Continuará…


N/A: ¡Hola a todos! Espero hayan disfrutado el capítulo, lo acabo de terminar siendo las 11:49 y me muero de ganas de publicarlo YA, pero no puedo hacerlo sin responder a sus comentario. Ya que como trabajo de noche (y de día, sí tengo dos trabajos), estoy haciendo lo imposible por sacarlo lo antes posible, perdonenme si por hacerlo no contesto algunas cosas o lo publico super tarde. Pasando al capítulo, no podía dejar a Vegeta mucho tiempo en ese estado, aunque creo que para él sería peor esta situación. O quizás sería peor para él encontrarse parapréjico como varias pensaron jajaja QUÉ MALVADAS. Espero haberles podido transmitir un poquito de aquellos sentimientos abrumadores que experimentó Vegeta al despertarse completamente ciego. Este capítulo lo escribí hace unos días y volví a leerlo y a reescribir mucho de él. Espero que haya sido de su agrado.

Gracias como siempre a todos los que se quedan un ratito más a dejar sus comentarios, gracias a ambarlizgh, Sofiavegebul90, Natalia Romanoff1, Lizzy Gerry, Psicomari, Calay, LucretiaDroogie, Rocio2434, Pau Brief-LOVE-Vegeta, vegeta-bulma00, Guhxpasalsasdhdhdjs254, Veros, Princess Narin, soandrea, Nuria-db, Prla16, Flopo89, paulayjoqui, dekillerraven y Loverpanda.

Loverpanda: Pensé que me habías dejado, no sé cómo guiarte en el capítulo para que te des una idea de hasta dónde leer sin comprometer tu integridad antilemon, avisame si tenes alguna sugerencia para facilitartelo.

dekillerraven: No tengo el corazón para dejarle a Vegeta secuelas mentales, me dolería el alma escribir algo así y creo que es porque lo que realmente me enamora de él es su mente. Tarble tendrá que hacerse cargo de sus obligaciones, le guste o no. *guiño* *guiño*

Flopo89: Si no me fallan los calculos, que siempre me fallan, Goku tendría que estar volviendo en el siguiente capítulo. Qué bueno que ahora te cae bien Nat, pobre, estaba recibiendo mucho odio y me daba pena jajajaja ¿Crees que Tarble entregue a Vegeta? mmmm interesante, me encanta leer su pensamiento respecto de cada personaje. Me encanta que sigas recordando lo que pasó en los primeros capítulos, eso jugará una carta importante en el siguiente. Espero que les guste.

Prla16: Me encantaron las posibilidades que planteaset, en especial la pérdida de memoria. Hubiera sido interesante de explorar pero pobre Bulma, hubiera sufrido horrores algo así. Lo anotaré para otra ocasión jajaja Le sacaste la ficha con lo del humor de perros, eso era exactamente lo que había pensado viniendo de él. Ohhh en tu review le diste al clavo con algo, aunque a medias, me dan ganas de decirte pero mejor lo guardamos y que sea sorpresa. Cuando pase sabrás en qué acertaste. Qué emoción jajaja

Veros: Espero hayas disfrutado este pequeño presente. Pensé ese personaje para hacerte una mención más especial, ya que siempre estás en todos los capítulos desde el principio y lo aprecio mucho. En el próximo capítulo la enfermera honorífica tendrá que lidiar con el temperamento del conde, ¡gracias por tus comentarios en cada capítulo!

vegeta-bulma00: Vivo pausando los proyectos de Bulma, pero prometo que sí continúa. Todas tus preguntas me muero por contestarlas pero es mejor que lo haga con cada capítulo. Y sí, muchas veces se han quedado con algunas dudas y temo no haberme expresado bien. A veces uno está tan metido en lo que hace, además de saber qué pasa y por qué, y no te das cuenta cuando algo no se entiende del todo. Por eso agradezco que me den sus puntos de vista, de paso así voy puliendome de a poco. ¡Gracias por siempre estar animandome!

Pau Brief-LOVE-Vegeta: No sé si son "buenos" sus secretos. Son más bien sucesos de su pasado que explican un poco su comportamiento actual, y sobre todo que explicarán algo sobre el primer capítulo.

LucretiaDroogie: ¿Sería hora de dejar de mencionar lo mucho que AMO los reviews largos? Porque cada vez que releó tus reviews lo vuelvo a pensar. ¡Hay tanto qué contestar! Por empezar, Tarble es bastante complejo, ya que no tiene una relación afectuosa con su hermano y sin embargo, es su único familiar directo vivo y eso lo hace importante para él. Trataré de explicarlo mejor, en este capítulo lo he intentado y espero haber logrado aclarar algunas cosas sobre él. La verdad es que no me había dado cuenta de que sin saberlo, Tarble se convirtió indirectamente en cómplice por haber ocultado una pieza de evidencia. Este Tarble me sorprende, komo lo zupo. En cuanto a que todos dan por asumido que Black murió, no estoy segura de si ese es el sentimiento general que quise retratar. Más bien me refería a que todos asumen que algo terrible le pasó, y la mala imagen de Vegeta es sólo un incentivo más para creerlo, sobre todo después de su violenta pelea en el último baile. De todas formas es algo que voy a tratar más adelante, probablemente en el siguiente capítulo. Gracias mil por tus hermosos comentarios.

Psicomari: Me da cosa terminar publicando a las 3 de la mañana, pero no controlo mi ansiedad y tengo la esperanza de que alguien de otro país estará 3 horas en el pasado (?) y podrá leerlo antes de dormir. Espero no angustiarlas mucho con el estado actual de Vegeta, aunque intenté transmitir un poco la sensación. Hice unos ejercicios a ciegas para ponerme en el personaje JAJAJA perdón pero estoy muy metida en todo esto y trato de hacer todo lo posible por transmitirles sus sentimientos haciendolos míos. Estoy loca, perdón.

Lizzy Gerry: Nena, no quiero estrujarte así el corazón pero al mismo tiempo me hace tan feliz saber que lo que escribo te moviliza por dentro. Es un sueño saber que todo mi esfuerzo tiene su fruto y lo veo con sus comentarios. Me hacen el día, todos y cada uno. Voy a tratar de tener el siguiente capítulo para el próximo sábado. Será mi meta de la semana. Espero lograrlo. Con mucha suerte, nos volveremos a leer la próxima semana. ¡Leggiamo presto! (espero haberlo escrito bien jajaja)

ambarlizgh: Empezaste y terminaste de leer en un solo día, ¡qué dedicación! Yo también soy fanática de las relaciones cargadas de tensión sexual, y amor-odio, las adoro. Creo que no tardó nada en despertar, pensé prolongarlo un poco más entre interacciones con otros personajes pero no quiero estirar la historia más de lo necesario. ¿La ceguera te dejó WTF? Según los comentarios que leí nadie lo anticipó, y los lectores de este fic en general siempre están armando teorías de lo que pasaría, me sorprendió que nadie lo haya dicho, espero las haya tomado por sorpresa. Te prometo que el momento más esperado por toda latinoamerica unida ya está por llegar. Por otro lado me gusta que sospeches de Tarble, es super interesante saber qué es lo que van recopilando mientras leen. La historia se da en 1860, le diste al clavo en esa conjetura. Gracias por leer mis fics, y gracias por el review. Me encantó.

Espero no haberlas dejado con el corazón muy estrujado, sé que muchas sufren más cuando es Vegeta el que la pasa mal. Pero bueno, ya le llegó el castigo karmico al conde. Si los planetas se me aliean intentaré actualizar el próximo sábado, así que estense atentis chiquis. Nos leemos pronto, ¡un abrazo!

Nade.

PD: Dika te amo.