Hola a todos! por fin ésta ingrata volvió. Debo decir que no quería tardar tanto pero se atravesaron muchas cosas, una de ellas es que empece a trabajar y vaya que tengo un horario feo... ojala pagaran por escribir xD pero bueno, sólo serán dos meses ahí y después tendré tiempo de nuevo haha en fin, no los entretengo más, gracias por leer, gracias por seguir aquí, por dejar sus comentarios y por poner en favoritos, esto va para ustedes.
CAPÍTULO XXI
Trago dolorosamente saliva mientras sus piernas se movían casi por voluntad propia. A su alrededor a nadie le parecía interesar que una pelirroja pasara como alma que lleva el diablo por aquel pasillo. No es que se quejara, después de todo hablar con gente era lo último que quería hacer en ese momento.
Ahora, lo único que estaba en su cabeza era llegar a aquella habitación.
Tenía que verlo con sus propios ojos; tenía que averiguar la verdad, algo muy dentro de ella le decía que todo era un mal entendido. Y es que cuando Ron le envió aquel mensaje, supo inmediatamente que era una maldita broma de su hermano. Ella, no podía estar con vida.
Negó con la cabeza mientras continuaba caminando. No era posible que aquello que le dijo su hermano fuera verdad, aquello no podía estar pasándole a ella. Hace nueve años, cuando Hermione desapareció, aunque le dolió, en el fondo sabía que aquello era lo mejor que le pudo haber pasado; no es que no quisiera a la castaña, simplemente le preocupaba el peligro que aquella bruja representaba. Porque, ella lo sabía, ella no era ciega. Hermione Granger, estaba enamorada de Harry Potter.
Aun recordaba el terror que sintió al darse cuenta de esto, aunque Harry, parecía no notar esos sentimientos, ella sabía que en el momento que el moreno se enterara de esto, su perfecto mundo de fantasía se podría venir abajo. Porque si, ella lo sabía. Hermione era la mujer más importante en el mundo del moreno. Muchas veces pensó que algo más que amistad unía a aquella pareja, afortunadamente la castaña desapareció antes de que el mismo Harry se diera cuenta.
Por eso, cuando el mundo la dio por muerta, se sintió a salvo. Era verdad que aún tenía que lidiar con la obsesión de Harry por buscarla, pero era sólo eso, una obsesión, una que no iba a llevar a nada, porque ella lo sabía, Hermione Granger estaba muerta; o al menos eso creyó por nueve años. Y ahora ahí estaba, a punto de enfrentarse a su más grande temor.
Giro hacia la derecha y entonces lo vio. Un nutrido grupo de reporteros fuera de una puerta pidiendo entrar, mientras un par de aurores custodiaban la entrada. Apresuró el paso y llego ante ellos, los reporteros la dejaron pasar, ahora, ella no se molestó en sonreír a las cámaras. Estaba por abrir la boca pidiendo entrar, cuando aquella puerta se abrió.
Nunca creyó que se sentiría tan feliz de ver a Luna; la rubia la vio entre los reporteros y tomando su brazo la metió dentro de aquel lugar. Por un momento pensó que era una habitación, pero no era así, aquel lugar era una pequeña sala de espera, más allá había otra puerta. Estaba por preguntar dónde estaban todos cuando la rubia comenzó a hablar.
— Si, está detrás de esa puerta.
Asintió lentamente, sin saber que hacer comenzó a retorcer sus manos mientras quitaba una inexistente arruga de su vestido.
— Luna…
Escucho como la rubia suspiraba.
— Es ella.
Tenía que aceptarlo, quería que Luna, le dijera que todo había sido un mal entendido, que Ron, se había equivocado. Al parecer, no era así.
— Cu… cuando…
— Hace unas horas, Ron y Harry la trajeron directamente aquí, tenía que revisarla… yo… hay algo que deberías de saber.
El tono en la voz de la rubia llamó su atención, al parecer Hermione, no estaba del todo bien. Trato de ignorar el pinchazo de esperanza que se fue formando en su interior.
— ¿Qué pasa?
No sabía que esperar, se imaginó desde que a Hermione le faltaba un miembro, hasta que estaba tan delicada que podía morir de un momento a otro.
— Ella… ella no nos recuerda.
Tardo un segundo en asimilar las palabras de Luna, ¿Qué no los recordaba?
— ¿Qué significa exactamente eso?
La idea de que Hermione estaba loca, no tardó en llegar a su cabeza. Vio como Luna suspiraba profundamente.
— Alguien le robo sus memorias, Hermione no recuerda a nadie, ni siquiera recuerda quien es ella, ella cree que la magia no existe, ella está completamente perdida.
Su estómago dio un vuelco al escuchar aquella información, asintió lentamente mientras trataba de ocultar la sonrisa de su rostro, aquello sin duda era lo mejor que le pudo haber pasado, si Hermione estaba con vida al parecer ahora no importaba demasiado, ya que, al no recordar nada ni a nadie, eso le daba una gran ventaja, Hermione Granger, no recordaba que estaba enamorada de Harry Potter, y eso, eso sin duda era lo mejor que le podía pasar.
— Quiero verla.
Luna asintió y la invitó a continuar, ella se sentía mejor, ahora la amenaza había desaparecido, ahora nadie le podía arrebatar a Harry, nadie… ni siquiera Hermione Granger.
-OOOoooOOO-
Estaba incómoda.
Mordió su labio mientras su mirada se perdía en la nada.
Aún no podía creer que estuviera ahí, en aquel hospital. Ella, era médico, se suponía que tenía que sentirse a gusto en cualquier clínica, pero ahora no era el caso. Apenas había cruzado la puerta de aquel lugar, algo en sus entrañas se removió incómodo. Por si fuera poco estaban aquellos reporteros. Nunca le gusto ser el centro de atención y ahora gracias a su "milagrosa" aparición, todo el mundo mágico quería obtener la mejor historia; o al menos eso le había dicho Ron.
Al pensar en el pelirrojo no pudo evitar levantar la vista, lo vio a unos metros de la cama, parado frente a la ventana como buscando algo. Desde que habían salido de aquella casa, tanto él como Harry, se habían mostrado un tanto nerviosos. Giro su cabeza y vio a Harry, sentado en una silla del otro lado de la cama, el moreno no despegaba la vista de su rostro, ella al notar esto desvió rápidamente la mirada y fingió que no existía, aquello es lo que había hecho desde el momento en el cual Harry, la arrebato de los brazos de su hermano. Aun no le perdonaba el que hubiera atacado al rubio, así como tampoco le perdonaba que le hubiera mentido. El chico había hecho hasta lo imposible por hablar con ella, pero no se lo había permitido. Siempre que quería darle explicaciones, ella se limitaba a ignorarlo. No sabía cuánto podía durar aquello pero, por el momento estaba bien así. No quería hablar con él, no quería porque sabía que cuando lo hiciera se pondría a llorar como una niña, y la verdad era que ya estaba harta de llorar.
— Todo está muy tranquilo.
Las palabras de Ron la tomaron por sorpresa, para ella era obvio que estaba muy tranquilo pero bueno, ella que iba a saber.
— No debemos confiarnos, Bellatrix puede estar en cualquier…
Pero no pudo terminar de escuchar las palabras de Harry, ya que en ese momento la puerta de la habitación se abrió. Al levantar la vista vio a Luna, aquella rubia que hace unas horas se había lanzado a sus brazos y le había asegurado que la iba a curar; al verla le sonrió con timidez. Pero su sonrisa se borró por completo de su rostro cuando vio quien la acompañaba.
Una guapa pelirroja entró en la habitación. Apenas cruzó una mirada con ella, y después de ver la evidente incredulidad y sorpresa en aquél rostro, paso algo que hasta ahora no había experimentado con ninguno de aquellos "conocidos". Ginny Weasley, apretó los labios y la vio con evidente hostilidad. Al parecer no estaba muy contenta de verla.
Estaba tan concentrada en la pelirroja que no noto como Harry se ponía de pie e iba hacia la mujer que ella suponía, era el amor de su vida. Ante esta idea algo muy extraño e incómodo pasó en su interior, un dolor en su pecho que no le gusto para nada.
— Ginny ¿Qué haces aquí?
Al parecer Harry estaba en verdad sorprendido de verla en aquel lugar. Apenas estuvo junto a la pelirroja, la chica, se lanzó a sus brazos y le dio un beso tan apasionado que tanto Luna como Ron, tuvieron que desviar la vista. Ella no lo hizo. Ella se quedó viendo como la chica devoraba al moreno. No pudo evitar la mueca que se dibujó en sus labios al ver aquella escena, estaba por desviar la vista no soportando más aquel espectáculo, cuando Ginny, abrió los ojos y la vio directamente. Aquello la confundió, tal vez estaba loca pero le pareció detectar una muda amenaza en aquella mirada.
Fue en ese momento que Harry, se arrancó a la pelirroja de encima. Por algún motivo apenas hizo esto, su amigo¸ busco su mirada. Pero ella no se lo permitió, apenas lo vio, ella también desvió la vista, no quería que Harry viera el dolor que en ese momento comenzaba a brotar de su pecho.
— Ron me mandó un mensaje, tenía que venir inmediatamente ¿Cómo estás?
Era extraño, desde que había entrado en aquel lugar todos parecían interesados en ella y en su bienestar, cosa que al parecer no aplicaba con Ginny Weasley, algo le decía que su bienestar no le importaba. Harry, que en ese momento trataba de alejarse de su novia suspiro agotado.
— Bien, no veo porque no tendría que estarlo.
Ginny, abrió la boca para hablar, pero la interrupción de Luna logro que no lo hiciera.
— Hermione ¿Cómo te sientes?
Sorprendida por aquella pregunta y sin encontrar las palabras, se limitó a asentir con la cabeza. Luna, aquella rubia que simplemente era una desconocida para ella, le sonrió con calidez.
— Me alegra saber que te encuentras bien, porque, si no te importa quiero hacer unas pruebas.
— ¿Pruebas?
No le gustaba para nada el tono de la rubia, por algún motivo se sintió una rata de laboratorio, una con la que todos experimentaban.
— ¿De qué tipo de pruebas estás hablando?
Harry, que en ese momento se alejaba de Ginny, se fue a colocar protectoramente a su lado, no es que la rubia representara un peligro para ella pero al parecer Harry no pensaba así, apenas se colocó a su lado, ella vio como la joven Weasley apretaba los labios evidentemente molesta.
— Nada del otro mundo, necesito ver a que me estoy enfrentando, dicen que no recuerda nada pero yo no sé qué hay y que no hay dentro de su cabeza, estaba pensando en usar legeremancia, creo que…
— No pierdas tu tiempo, ya lo intente y no saque nada de provecho. Si lo que te interesa es ver que tan arrogante se ha vuelto Malfoy, adelante, la mente de Hermione es el mejor lugar, pero si no te interesa, será mejor que busques otra cosa que hacer.
Las palabras de Harry no fueron bien recibidas por nadie, Luna y Ron lo veían incrédulos, mientras que Ginny parecía en verdad furiosa. Ella por su parte no podía creer que el moreno siguiera hablando así de su hermano. No quería hablar, no tenía por qué hablar pero aquello fue demasiado, no iba a permitir que el chico ofendiera a la persona más importante en su vida.
— Deja de hablar así de mi hermano, él no es ningún…
— ¡Él no es tu hermano, maldita sea! ¡No lo es!
Ante el grito de Harry, ella no pudo más. Sin pensar realmente en lo que hacía, sin que nadie se lo esperara y sin que nadie pudiera reaccionar a tiempo, de un brinco se puso de pie, y ante la sorpresa de todos abandono casi corriendo aquella habitación; estaba harta, cansada. Simplemente no podía soportarlo más. No le importaba que una bruja estuviera al asecho buscando matarla, por ella podía hacerlo, si con eso la libraba de aquella tortura que era su vida, entonces podía hacerlo. Más pronto de lo que pensó, Harry y compañía estuvieron detrás de ella gritándole, pero no se detuvo, continuo corriendo hasta que llego a la puerta por la cual había entrado hace unas horas; sin pensarlo demasiado abrió la puerta y al instante se arrepintió.
Decenas de flashes le dieron de lleno en la cara, al instante gritos de personas que histéricas no podían creer que ella estuviera ahí.
— ¡Es ella! ¡Es Hermione Granger!
Después de aquellas palabras todo fue caos; a sus oídos llegaban gritos, preguntas que no tenían sentido, más fotos, más gritos, todas y cada una de aquellas personas le exigían respuestas que ella no tenía. Sintió como en su pecho iba creciendo el pánico y la desesperación. Sin saber que hacer busco rápidamente la salida pero no pudo. A su espalda un par de hombres trataban de contener a los reporteros que la hostigaban con preguntas, sin poderlo evitar sintió las lágrimas en sus ojos queriendo escapar. Quería correr, quería escapar… quería… pero no pudo seguir con el hilo de sus pensamientos, en ese momento una mano dura como el hierro la tomo por el brazo y la arrastro de nuevo dentro de la habitación.
El ruido quedo amortiguado y se sintió por un segundo a salvo, al menos así fue hasta que levanto la vista y vio que aquel que la había rescatado no era otro que Harry Potter. El moreno la veía con preocupación y enfado, sus demás amigos, la veían asustados.
— Hermione….
No se esperó a escuchar lo demás. Sin poder hacer mucho, se deshizo del agarre de Harry y sintiendo que las piernas la traicionaban fue a parar al suelo. Su respiración era irregular y los ojos le ardían a causa de las lágrimas que querían escapar de sus ojos.
— ¿Hermione?
No le gustaba escuchar aquel nombre, no le gustaba porque ese nombre era el causante de que su mundo estuviera de cabeza, tal vez era verdad, tal vez ella fue hace años Hermione Granger, pero ahora no lo era, con memorias robadas o no, ella era Jean Grey. Ella no era una bruja.
— Yo no soy Hermione.
Sintió las cálidas lágrimas viajar por sus mejillas mientras escuchaba como sus amigos contenían la respiración. Escucho el bufido por parte de Harry y esto basto para hacer que levantar la mirada; y ahí los vio, todos a excepción de Ginny la veían con compasión. Aquello la enfureció aún más, ella no quería ni necesitaba su lastima.
— Hermione, tú…
— ¡Yo no soy Hermione!
Ver el dolor en aquellos ojos fue demasiado para ella, sin saber que más hacer bajo la vista, deseando con todas sus fuerzas que si aquello era un sueño, ya era hora de despertar. Sabía que ahí le habían arrebatado una vida entera pero, ahora no le importaba, ella era feliz siendo una humana normal, sin magia, sin brujas tratando de asesinarla, ella era feliz con su vida, con su hermano… con sus amigos. Ahora, cuando se enfrentaba a la realidad de que le habían arrebatado sus recuerdos, se sentía desdichada. Al ver aquellos rostros, al ver aquel mundo y no recordar nada le hacía perder las fuerzas y las ganas de continuar.
Fue en ese momento que alguien se arrodillo a su lado, estaba tan segura de que ese alguien era Harry, que estuvo a punto de apartar al moreno de un manotazo; no soportaba que la tocara, su roce… quemaba. Pero no era Harry, aquél o más bien aquella que se puso a su altura no era otra que Luna, Luna Weasley.
La rubia le sonrió con cariño y ella se desconcertó aún más, no estaba acostumbrada a que extraños la trataran con tanta amabilidad y confianza.
— Tu eres Hermione Granger, la mejor bruja que haya pisado Hogwarts, la parte sensata del trio de oro, la consciencia de estos dos insensatos que tienes frente a ti, y te juro, Hermione, que te voy a ayudar a recordar todo esto. Vas a recuperar tu vida.
Sus palabras estaban cargadas de un sentimiento tan intenso que no pudo evitar creerle, deseaba creerle a la rubia, quería con todas las fuerzas de su corazón despertar mañana y recordarlo todo, a todos, aunque algo le decía que eso era imposible por un momento lo deseo y lo creyó. Se limitó a sonreírle a Luna mientras la rubia la envolvía en un abrazo, detrás de ella, Ron, Harry y Ginny la veían sin pestañar, fue cuando clavo su mirada en Harry que cerró los ojos. Aunque deseaba recordar a aquellos extraños, algo muy dentro de ella le decía que si lo hacía, no todo iba a ser bueno. Estaba segura que al recordarlos a todos, un dolor tan inmenso que desgarraría su corazón se abriría paso ante todo, y la verdad, no estaba segura de querer recordar aquello.
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Le dolía la cabeza, el cuerpo; le dolía hasta el alma.
Un gruñido escapo de su garganta, sentía como si un elefante se hubiera trepado sobre él y hubiera bailado tango en su maltrecho cuerpo. Poco a poco fue recobrando la consciencia, le ordeno a su cerebro abrir los ojos pero estos no obedecieron. Sintió la frustración en cada célula de su cuerpo y lo intento una vez más sin mucho éxito.
Quería despertar, necesitaba despertar.
En su cabeza no paraba de repetirse una escena que sin duda tenía que ser una pesadilla. Quería despertar, ir a ver a Jean y comprobar que todo había sido un mal sueño… Jean… no… ella… ella, estaba desaparecida.
Aun en la inconsciencia sintió el dolor que aquella verdad causaba en él.
Tenía que encontrarla, moría por tenerla entre sus brazos y contarle su absurda pesadilla; magia, brujos, Leo con un palo de madera haciéndose el héroe, el hermano perdido de Leo arrebatándola de su lado.
Sin duda estaba mal de la cabeza. Tantos años escuchando los sueños de Jean le habían afectado. Fue en ese momento, fue cuando fantaseaba con encontrar a su hermana que lo escucho. Unas voces, unas extrañas voces que por algún motivo se le hacían familiares.
— Perdiste completamente la cabeza Narcissa, estás loca.
— ¡No estoy loca! ¡Debemos intentarlo! ¡Podemos ayudarlo!
— No.
— Pero…
— Ya te lo dije, no es posible, no a menos que quieras que tu hijo quede loco.
— Severus… por favor, te lo suplico. Él es lo único que tengo.
Escucho un suspiro.
— En caso de que aceptara, ahora no es el mejor momento, con tu hermana suelta por ahí…
— Es por ese motivo que es el mejor momento, mi hijo necesita defenderse, lo necesitamos Severus, lo necesitamos con nosotros.
— Tu postura tiene un fallo, si dices que lo necesitamos a él, entonces también la necesitamos a ella.
Un bufido y después el sonido de unos pasos.
— A mí no me importa la sangre sucia.
— Pues a mí sí me importa, y si quieres que intente algo, vas a tener que aprender a preocuparte por ella.
Escucho un gruñido, seguido de otro bufido.
— Si me prometes que le devolverás sus recuerdos, yo… yo soy capaz de cuidarla a ella.
Una risa amarga fue lo que la mujer obtuvo por respuesta.
— Ya conoces los riesgos Narcissa, no te estoy prometiendo nada, las posibilidades de que todo esto salga mal son muy altas, ya te lo dije, mi consejo es que dejes las cosas como están, que Potter y compañía se encarguen de tu hermana.
— Y lo dejare, me largaré de Londres, desapareceré del radar de Bella, pero no me voy sola Severus, me llevo a mi hijo conmigo.
Supo que el tal Severus iba a contestar aquellas palabras pero no logro escucharlas, ya que en ese momento sus ojos por fin lo obedecieron. Sin esperarlo él mismo, los abrió por fin.
Parpadeo un par de veces antes de acostumbrarse a la luz, que, aunque no era muy intensa le dañaba los ojos. Tardo un segundo en darse cuenta que se encontraba en un sillón, un sillón que él no conocía. Quiso hablar, pero de sus labios solamente escapo un gruñido, mismo que al parecer basto para llamar la atención de aquellos que hasta hace un momento él escuchaba.
Escucho unos pasos y le baso girar la cabeza para verlos. Eran un hombre y una mujer, un hombre que en su vida había visto, pero al ver a la mujer simplemente se quedó helado. Era la señora Malfoy.
La mujer, se acercó corriendo a su lado y se puso de rodillas mientras acariciaba su frente, en su rostro estaba dibujada la más pura de las preocupaciones, lo veía con cariño, con amor… aquello logró que se estremeciera.
— ¿Se… se… señora Malfoy?
Su voz se escuchaba extraña, era como si alguien más hubiera hablado a través de su boca, la elegante señora Malfoy le sonrió tratando de tranquilizarlo, a su espalda, aquel extraño lo estudiaba con cuidado. Sentía la mirada de la señora Malfoy clavada en su rostro, esto le incómodo.
— Yo… que… ¿Qué paso? ¿Qué hago aquí? Mi hermana… dónde está mi hermana.
Tenía que preguntarlo, algo muy dentro de él le dijo que aquel sueño que tuvo, había sido real. Al pensar en aquella posibilidad sintió miedo. La señora Malfoy, seguía acariciando su frente tratando de tranquilizarlo.
— Cálmate Draco, todo estará bien.
¿Draco?
Con una mirada cargada de confusión observo a la señora Malfoy, que apenas se dio cuenta de lo que dijo se lamentó en silencio, aquel extraño maldijo por lo bajo y dio media vuelta evidentemente molesto.
— ¿Draco? Se equivoca señora, mi nombre es Benjamín, Benjamín Grey.
Aquel hombre seguía maldiciendo mientras se paseaba por la habitación, vio como la señora Malfoy apretaba los labios y suspiraba, de un momento a otro se giró hacia aquel desconocido y exigió su atención.
— Debe saberlo.
— No.
— Tiene que saberlo, él necesita saberlo… si lo intentaremos, él debe saberlo.
Sin comprender una palabra de aquella plática dirigió su mirada hacia aquel extraño, que en ese momento parecía tener una pelea interna consigo mismo.
— No.
— ¡Severus, por favor!
El tal Severus gruño una vez más.
— Has lo que quieras Narcissa, después no digas que no te advertí.
Y así, sin decir nada más, aquel hombre dio media vuelta y desapareció de ahí, apenas hizo esto, él interrogo con la mirada a aquella mujer, necesitaba respuestas y algo le decía que ella se las iba a dar.
— ¿Señora Malfoy?
— No me digas así Draco.
— Yo no soy…
— Escúchame, pon mucha atención que esto que te diré no es más que la verdad, necesito que me creas, necesito que confíes en mí.
No pudo responder, ni siquiera le dio tiempo de hablar, ya que sin esperar respuesta la elegante señora Malfoy le dijo las palabras que sin duda eran obra de una mente desquiciada.
— Tu nombre es Draco Malfoy, heredero de la gran familia Malfoy… eres un mago, y tú, tú eres mi hijo.
No pudo evitar la risa histérica que escapo de sus labios, aquella era el mejor chiste que le habían contado jamás.
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Un grito, un sollozo y la súplica de que aquello terminara de una vez.
No pudo más que apretar los puños con fuerza sintiendo que el enojo aparecía con más fuerza. Tenía que parar esa tontería. Sin pensarlo demasiado se puso de pie, pero, no pudo dar ni dos pasos cuando una mano se aferró a su brazo y le impidió continuar. Le basto un rápido vistazo para ver como Ron, negaba con la cabeza pidiéndole que se alejara de aquella puerta.
— No Harry.
Bufó molesto mientras se deshacía del agarre de su amigo.
— Esto no puede continuar, escúchala.
Como para reafirmar sus palabras, en ese momento el grito de Hermione se escuchó con más fuerza y él sintió como su pecho se desgarraba. No soportaba que Hermione sufriera de ese modo. Una vez ya lo había hecho él mismo; escarbo en el cerebro de Hermione sólo para averiguar que ahí no había nada de provecho, es por eso que ahora no entendía por qué la insistencia de Luna, aquellos hechizos le hacían daño a su castaña amiga, y él no iba a permitir que aquella carnicería siguiera.
— Es necesario, Luna debe de saber…
— ¡Me importa un carajo lo que tenga que saber, le hace daño!
Sentía el nudo en su garganta creciendo de manera alarmante, si seguía así estaba seguro que iba a ser él, quien se pusiera a gritar y a sollozar. Trato de calmarse, aquél no era el lugar ni el momento para tener un ataque.
— Cariño…
Se giró bruscamente hacia Ginny, que al ver su reacción apretó los labios y no dijo más. No le gustaba tenerla ahí, no le gustaba porque había captado a la perfección la molestia de la pelirroja al enterarse de que Hermione seguía con vida, no entendía su actitud, Hermione era su amiga, se suponía que tenía que estar contenta pero al parecer, si querida novia no lo veía así. Y aquello, le molestaba.
— Harry, sé que no te gusta verla sufrir, a mí tampoco, pero ahora no podemos hacer nada, si queremos que Hermione recupere sus memorias, tenemos que dejar que Luna siga.
Tenía razón, eso lo sabía, pero, no por eso aquello le acababa de gustar. Sabiendo que no podía hacer más, gruño molesto y comenzó a pasearse por la habitación. Los gritos de Hermione seguían y él no podía soportarlos, le dolía en el alma que su amiga sufriera, él daría su vida para terminar con todo el dolor que agobiaba a Hermione pero, Ron tenía razón, la única manera de ayudar a la castaña ahora era averiguando que paso con ella esos nueve años y devolviéndole sus memorias; porque tenían que devolvérselas, no soportaba la idea de que Hermione jamás lo recordara, le dolía, le aterraba la idea de que ella jamás recuperara su vida.
Fue en ese momento que gracias a Merlín los gritos cesaron, minutos después la puerta de aquella habitación se abrió y por ella salió una Luna evidentemente agotada. Sin decir palabra la rubia se fue a sentar al lado de Ron, el pelirrojo tomo delicadamente su mano, él, se acercó rápidamente a ellos.
— ¿Qué paso? ¿Averiguaste algo?
Ante su insistencia y por no esperar un momento más, Ron, le dedico una mirada cargada de reproche. Era claro que Luna estaba cansada. Después de unos largos minutos y después de tomar un vaso de agua, la rubia por fin hablo.
— No dejaron nada.
No pudo evitar la mueca que se dibujó en su rostro, eso él ya lo sabía muy bien.
— Lo que sea que hayan hecho con ella, fue un trabajo casi perfecto, no hay nada antes de ese accidente, es como si su vida hubiera empezado a los diecisiete años, no miente cuando dice que no recuerda su vida como Hermione Granger, simplemente es como si no hubiera pasado.
Sintió como el peso del mundo se posaba sobre sus hombros, aquello no pintaba bien.
— En su mente hay un muro, pero algo me dice que aunque logremos pasarlo, no encontraremos nada, le arrebataron los recuerdos, se los robaron… sin ellos es imposible que algún día llegue a recordar, sin ellos no tiene esperanza.
La fuerza en sus rodillas se fue perdiendo poco a poco, para cuando menos acordó ya se encontraba de rodillas frente a Luna, que lo veía con pena. Al escuchar aquello, fue como si alguien le arrancara el corazón del pecho. Sintió como las pocas esperanzas que fueron naciendo en su interior se esfumaban.
— Entonces no…
Ron, pronuncio las palabras que él no se atrevía, no quería escucharlo, no quería saber que para Hermione no había cura, no se quería resignar a que jamás lo recordara, que jamás recordara que ellos eran los mejores amigos, almas gemelas… porque sí, eso era Hermione para él, esa parte de su vida con la cual simplemente se sentía completo. No soportaba la idea de perder eso.
— No puedo hacer mucho con ella, al menos no puedo devolverle sus recuerdos, si queremos que Hermione recuerde tenemos que encontrarlos.
Aquellas palabras lo sacaron de sus pensamientos pesimistas.
— ¿De qué hablas?
— Alguien robo esos recuerdos Harry, y ese alguien seguro que aún los tiene en su poder, si los pudiéramos encontrar Hermione tendría más posibilidades.
Sus palabras lo confundieron, él creía que teniendo los recuerdos de Hermione, todo era tan simple como devolvérselos y ya, pero al parecer no era así. Luna vio la duda en su rostro y sonrió tristemente.
— No es tan simple Harry, aun teniendo los recuerdos de Hermione es complicado que todo vuelva a la normalidad, la mente es algo delicado, no se debe jugar con ella.
— Entonces no tiene salvación, dejemos de perder el tiempo con ella.
Que Ginny hablara después de tanto tiempo y que dijera precisamente aquello fue suficiente para él, de un brinco se puso de pie y lanzándole una mirada cargada de enojo a su novia le grito que se fuera, la pelirroja se disculpó al instante pero no sintió su disculpa sincera, así que sin importarle nada la corrió una vez más, descargó con ella todo el coraje que sentía en su interior, toda la impotencia que lo embargaba.
— ¡Lárgate!
— Harry, no creo que…
— ¡Cállate Ron, no es asunto tuyo!
— Pero yo…
No pudo hablar más, ya que en ese momento se escuchó un ruido tan potente que incluso las paredes de aquél hospital temblaron. Instantes después escucho gritos, supo que los reporteros que custodiaban aquella puerta se habían ido, él no entendía que pasaba, rápidamente y sin pensarlo demasiado fue hacia la habitación donde Hermione se recuperaba. La encontró dormida, demasiado agotada para darse cuenta de lo que pasaba. Él no comprendía, escucho como Ron le gritaba que todo estaba tranquilo en los pasillos de San Mungo, muchos como ellos trataban de entender que había pasado pero nadie comprendía. Estaba por pensar que todo había sido producto de su imaginación cuando lo vio. Ahí estaba un mensaje que logro que un estremecimiento lo recorriera de pies a cabeza. Camino un poco más hacia la ventana, simplemente no lo podía creer, la vida no podía ser tan injusta, ya que no sólo se tenía que preocupar por las memorias perdidas de Hermione, sino que también se tenía que preocupar por su bienestar físico, y es que, ahí, del otro lado de la calle mientras las llamas ardían en una de las casas, un mensaje escrito en tinta negra en toda la fachada, le dejó claro que Bellatrix Lestrange, no estaba jugando.
"Es mía"
Apretó lo puños con furia contenida, respiro profundamente mientras veía como la gente se iba amontonando en aquél lugar. Tenía que controlarse, tenía que calmarse por Hermione, tenía que hacerlo por ella. Le costó mucho desviar la vista de aquel punto, para cuando lo hizo fue a sentarse en la silla que estaba colocada estratégicamente al lado de aquella cama. Vio como Hermione dormía profundamente, tal vez Luna le había dado algo para dormir. Agradeció internamente a la rubia, lo último que quería era que Hermione se diera cuenta de lo desquiciada que estaba aquella bruja que quería ante todo acabar con ella.
Tomó con cuidado la mano de la castaña, le dio un suave apretón.
— Yo te cuidare, yo las recuperare para ti.
Porque lo iba a hacer, no sabía cuánto iba a tardar, ni cuanto iba a costar pero lo iba a hacer, iba a recuperar aquellos recuerdos, necesitaba que Hermione lo recordara. Fue en ese momento que Hermione se movió un poco, por un segundo creyó que despertaría pero no fue así, antes de que otra cosa pasara escucho como la castaña murmuraba unas palabras que no tenían sentido, sólo una cosa entendió, sólo una y eso basto para que su corazón latiera emocionado.
— Harry.
Aquello lo hizo sonreír, tal vez, sólo tal vez, aún había esperanza.
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Tomo el periódico y sin medir su fuerza arrugo aquel pedazo de papel hasta hacerlo bola; era tal su furia que sin pensarlo mucho tomo su varita y con un simple hechizo, redujo a cenizas aquel pedazo de papel.
Mientras veía arder aquel objeto trato de controlar su mal genio, pero no pudo hacer mucho. Ahí seguía la furia, ahí seguía el miedo, ahí seguía la preocupación que sintió por Hermione cuando leyó aquella noticia. Aun no podía creer que Bellatrix llegara tan lejos. Y es que según El Profeta gracias a su estúpido ataque, ahora San Mungo era el edificio más custodiado del mundo mágico. Todo, por mantener a la milagrosa Hermione Granger a salvo.
Apretó los puños y dio una patada a la pared más cercana, gracias a la estupidez de aquella mujer, ahora sacar a Hermione de aquel lugar era prácticamente imposible. Se le estaban acabando las opciones, con Narcissa preocupada sólo por su estúpido hijo y por Severus, tratando de hacer entrar en razón a aquella mujer, estaba prácticamente solo en su plan de traer de vuelta a la castaña.
Y tenía que hacerlo, tenía que hacerlo y pronto.
No le gustaba que Hermione estuviera con aquellos que por años considero amigos, pero él sabía la verdad, ninguno se preocupaba tanto por ella como él, ninguno la conocía tanto, porque fue él y no ellos, quien estuvo con la castaña cuando más necesito apoyo, cuando su amor por Harry Potter la estaba destruyendo.
Aun recordaba aquella época, aun recordaba a aquella Hermione que vivía de las sobras que el gran Harry Potter le daba, aun cuando para ella, el moreno era el número uno en su lista, era tan injusto.
Era por eso que no podía permitir que la castaña estuviera entre ellos, no lo merecían, no merecían su compañía, su cariño, su amor…
Pero no podía hacer nada por evitarlo. Aun cuando no le gustara, no podía hacer nada por apartarla de ellos. Se sentía atado de manos. Con los ánimos por los suelos se paseó sin ganas por su sala, fue cuando daba la quinta vuelta por el lugar cuando una idea loca y sin sentido se le ocurrió.
Corrió hacia el lugar más seguro de su casa, un escondite protegido con los más poderosos hechizos, un lugar donde guardaba las memorias robadas de Draco Malfoy y Hermione Granger. Después de unos minutos tuvo en sus manos los recuerdos que seguramente eran los más buscados por todo el mundo mágico. Dejó el frasco que correspondía al menor de los Malfoy y tomo el de Hermione con sumo cuidado. Lo estudio con atención, era increíble que en la palma de su mano cupiera toda una vida, millones de recuerdos, era increíble que tuviera en sus manos la salvación de Hermione…
Suspiro pesadamente y se sentó en uno de los sillones mientras pensaba. Era una locura, eso lo sabía. A él más que nadie, no le convenía que Hermione recordara su vida, si hacia lo que pensaba, estaría tirando nueve años de trabajo a la basura pero, no tenía muchas opciones… con Severus y Narcissa no podía contar, ahora los dos estaban muy ocupados jugando al matrimonio peleado y él, estaba solo.
Recargo su cabeza en el respaldo de sillón mientras pensaba… ¿Sería tan malo? No sabía cómo funcionaba aquel trabajo que había hecho Severus con Hermione y Draco, pero él suponía que poniendo las memorias en su lugar todo se solucionaría... Si, tenía que ser así de simple.
Nunca había sido bueno en pociones y no podía estar seguro, pero deseo con toda la fuerza de su corazón que todo fuera tan sencillo como él creía. Trago saliva. Era una locura, pero en verdad que no tenía más opciones, siempre le habían dicho que al enemigo es mejor tenerlo cerca que lejos, y aquella era la única forma de acercarse a Hermione y salvarla… ya cuando sus recuerdos estuvieran de vuelta, cuando ella recordara… él la haría entender, ella lo haría, después de todo fue él y no otro quien la apoyo en sus crisis, quien estuvo con ella cuando los demás le dieron la espalda, quien la cuido por nueve largos años, fue él y no Harry Potter quien le dio el amor que ella tanto necesitaba.
Respiro profundamente. Lo iba a hacer. Tenía que hacerlo.
Se puso de pie y guardo aquellas memorias en sus bolsillos, tanto las de Hermione como las de Draco, tomo su varita mientras hacía memoria. Después de todo hace años que no iba a San Mungo, esperaba que el lugar no hubiera cambiado tanto en esos nueve años.
-OOOoooOOO-
Masajeo su cabeza mientras trataba de poner en orden sus ideas. Últimamente había leído mucho, pero lo más triste y desesperante de aquello era que por más que leía no encontraba una respuesta. Y eso sin duda le preocupaba.
Tenía que encontrar la solución al problema de Hermione, después de aquel ataque supo que no tenía mucho tiempo, Bellatrix podía atacar en cualquier momento y todos sabían que necesitaban a la bruja más poderosa de su parte; necesitaban a Hermione.
Tomo su pergamino de apuntes y anoto nuevos datos. Sabía que Harry hacia hasta lo imposible por encontrar los recuerdos de Hermione pero era una tarea dura, más cuando no tenían idea de quien se los había arrebatado. No quería ser pesimista pero se sentía en un laberinto sin salida.
Estaba por volver a su lectura cuando alguien llamó a su despacho. Pido que entraran y se sorprendió mucho cuando vio a Neville en la puerta.
— Neville.
Aunque le daba gusto ver a su amigo, era extraño verlo en aquel lugar, más cuando no había sabido de él por días. El mago, parecía nervioso, veía a todos lados y estaba evidentemente incómodo.
Ella se puso de pie rápidamente y tomando su brazo lo invito a sentarse.
— ¿Está todo bien?
— Luna…
Su amigo guardo silencio de repente, ella no entendía su actitud, tal vez estaba enfermo, tal vez…
— Necesitamos hablar.
— Por supuesto.
Pasaron varios minutos para que Neville, volviera a abrir la boca. Antes de hacerlo, su amigo saco un frasco de uno de sus bolsillos. Ver aquel recipiente logro que enarcara una ceja. No podía asegurarlo pero, parecían recuerdos.
— ¿Qué es esto Neville?
— Tengo algo que contarte.
Asintió lentamente sin despegar la vista de aquel frasco, algo le decía que cualquier cosa que saliera de los labios de su amigo, no le iba a gustar.
Y eso es todo por hoy, ¿Qué les pareció? ¿Les gustó? Ya saben que los comentarios son gratis :B
Como vemos a Neville le entró lo loco... ya veremos como reacciona Luna cuando le cuente la verdad... porque lo hará verdad? xD sé que no pude dejarlo en peor momento, pero quería darle un poco de emoción, como notaron es un capitulo largo que espero que disfruten, quiero agradecer a Helenil, marzelinefilth, Emily Pineda, Drys-1, Annie Thompson, haher, maru, KOSKAORU, LaOdisea, Luna Potter Granger, saffuran y a merylune por dejar su comentario, gracias :)
Me retiro, tratare de tener capitulo pronto pero como ya les mencione el tiempo ahora es muy limitado T_T igual tratare de darme mi tiempo, gracias a todos y hasta la próxima.
