CAPÍTULO 021
Pasaron el resto del día fuera de casa. Ryan y Espósito fueron incapaces de dejar de pelearse todo el rato. Lanie, intercedió como la hermana mayor y responsable que ni ella misma se creía. NaNi y Alexis fueron incapaces de dejar de mirar a sus padres. Verlos juntos era el mejor regalo de verano. El sueño de compartir una familia para siempre era lo que las mantenía llenas de felicidad.
- ¡Dad! - gritó Alexis cuando vio a su padre pasar por el pasillo.
- ¿Qué pasa calabaza? - asomó la cabeza.
- ¿A dónde ibas? - preguntó sonriendo.
- Al salón. Aún están por ahí Ryan y Espósito. ¿Por qué?
- Por nada... - se encogió de hombros.
- Uy... eso ha sonado de todo menos a nada... - se acercó hasta su cama y se sentó a su lado.
- ¿Quieres quedarte a solar con Kate, verdad? - rio.
- ¡Qué pilla eres! ¿A quién habrás salido tú, eh?
- No sé... La abuela dice que me parezco bastante a ti... Siempre me lo dice...
- Tú abuela ya no sabe lo que dice... - le guiñó un ojo - Por la edad...ya sabes...
- ¡Dad!
- ¡No te chives, eh!
- Oye...
- Dime. ¿Qué te preocupa?
- Veras...
- ¿Tú sin palabras? Esto sí que me preocupa.
- Si...esto...de Kate sale bien...
- ¿Si?
- ¿Crees que a ella le importaría tratarme como una mamá?
Richard sintió un pequeño pellizco en su corazón. Recordó la falta de tacto de Meredith. Era incapaz de visitar a su hija. No cumplía con ningún acuerdo y solo aparecía cuando estaba sin blanca. Se culpó por ello. Había reforzado esa actitud al no pararle los pies. Pero lo había hecho por miedo. El miedo que se siente cuando eres padre y no eres capaz de soportar un solo día lejos de tus hijos. Y ese pavor a que ella quisiera compartir la custodia...había roto, poco a poco, el pequeño corazón de su hija. Y, ahora, le mostraba parte de su vulnerabilidad.
- ¿Echas de menos a mamá? - preguntó con miedo a su respuesta.
- No es eso... Mamá es así. Nunca podrá cambiar.
- Lo siento.
- No es tu culpa. Tú me has cuidado por los dos. Me has querido por los dos. Pero...
- Dímelo, calabaza.
- Me gustaría saber que se siente cuando una mamá te quiere.
- Mi mamá te quiere. - NaNi entró a la habitación, con Kate de su mano - ¿Verdad mami?
- Kate... - Richard se incorporó algo avergonzado por la situación - Estábamos...
- Os hemos oído. - reconoció la inspectora, que se sentó junto a Alexis y con NaNi es sus brazos - A mí me encantaría ser como una segunda mamá para tí, cariño. A partir de ahora, si tú quieres, lo haremos así.
- ¿Podría llamarte mamá?
- Alexis... - Richard no quería que Kate se sintiese presionada.
- Todo está bien, Rick. - lo tranquilizó - Me encantaría. Oficialmente, desde esta noche, tengo dos princesas a las que querer mucho. - besó la cabeza de Alexis y luego la de NaNi y ambas niñas se abrazaron a ella.
- Chicas... - intentó llamar su atención tras un minuto parado viendo cómo se abrazan - Oye... - se quejó.
- ¿Celoso? - preguntó Kate riendo.
- ¿Yo celoso? Eso nunca lo verás en mí. - se mostró seguro.
- No sé, no sé... - la inspectora lo miró divertida.
- ¿Tú también quieres un abrazo dad?
- Bueno... - sonrió.
- ¡Ven! - Alexis.
- ¡Sí! ¡Ven, Rick! - NaNi.
- ¡Ven, celosón! - Kate rompió en una carcajada a la que, las dos niñas, le acompañaron al instante.
- Ya no lo quiero... - se cruzó de brazos como un niño.
- Rick... No seas niño. Ven. - Kate.
- No, no, no... - negó con la cabeza. Se acercó a Alexis y le dejó un beso en la cabeza. Otro a NaNi - Si Kate, va a ser como una segunda mami para Alexis, cuando lo necesites, yo seré un segundo papi para ti. No hará falta nada más que lo necesites.
- Rick... - pronunció Kate cuando vio que Richard salía de la habitación sin compartir el abrazo y perpleja por sus últimas palabras.
- Pensándolo bien... - se giró hacia ellas con una gran sonrisa - Ese abrazo era totalmente vuestro. Y estos minutos, también. Os dejo un ratito solas para que os contéis todas esas cosas de chicas. ¡Qué descanséis preciosas! - sonrió antes de volver la puerta y caminar hacia el salón.
- ¿Se ha enfadado? - preguntó NaNi algo preocupada.
- No. - Alexis miró con cariño hacia la puerta - Creo que se siente un poco culpable por mi mami. Le he recordado algunas cosas.
- No es tu culpa, cariño. - le acarició Kate - A veces los adultos nos tenemos que preocupar un poco, pero no es nada que no se pueda resolver.
- Hmmm... - asintió.
- Mami... Puedes irte con él. Hablaremos un ratito y nos dormiremos. - sonrió NaNi.
- Sois unos estupendos angelitos. - les dio un último abrazo, las tapó y salió a por aquel escurridizo escritor.
Lo buscó por toda la casa. No lo encontró. Vio que la puerta de la cocina estaba abierta e imaginó que había salido un rato a tomar el aire. Lo que no imaginó es que Richard estaba sentado frente al mar, a escasos dos metros de la orilla, mirando al frente. Intentando perdonarse por ciertos errores del pasado. Cuando se acercó hasta él no supo cómo hacerle partícipe de su compañía.
- Me has encontrado... - pronunció bajito él.
- ¿Cómo has sabido...?
- Los pasos en la arena. Pero, sobre todo, el aroma que desprendes.
- ¿Estás bien?
- Se pasará... ¿Ya se han quedado dormidas?
- Las he dejado hablando un ratito pero han prometido que se dormirán pronto. - se sentó a su lado - ¿Quieres que hablemos?
- Estoy bien. - mintió.
- Si vamos a comenzar con una relación, al menos, deberíamos tener en cuenta la sinceridad como base fundamental.
- Kate... - suspiró.
- No sé todo lo que ha pasado en esa casa cuando Meredith estaba con vosotros, ni lo que ha hecho después... Pero no eres culpable, Rick. No somos responsables de los actos de los demás. Si ella se fue y quiso desligarse de su hija, no tiene nada que ver contigo.
- No lo sabemos. Quizá se desligó de mí porque Alexis es un recuerdo de lo nuestro y no quiere tenerlo presente.
- Sabes que no es eso. Alexis también te lo ha dicho. Ella es así.
- Pero Alexis...
- Es una niña estupenda, maravillosa. Si Meredith es incapaz de verlo, el problema lo tiene ella.
- ¿Dónde has estado eh? - la miró - ¿Dónde has estado todo este tiempo?
- Trabajando en comisaría mientras tú ibas de fiesta en fiesta. - lo picó.
- ¿No me lo vas a perdonar nunca?
- Da un poco de miedo...
- No me tengas miedo, por favor. - acarició una de sus manos. Entrelazaron sus dedos.
- He estado implicada en la educación de mi hija, en el trabajo... Desde el padre de NaNi, en mi vida no ha habido nadie más. No podía permitirme algo así.
- No quiero asustarte pero lo que siento por ti es, realmente, fuerte. Y me encanta NaNi y me fascina veros a las tres abrazadas. Es como si tuviese todo lo que siempre he buscado.
- Mi cabeza tiene miedo pero mi corazón solo quiere estar contigo.
- Entonces... - acercó sus labios a los de ella - ¿A quién le vas a hacer caso? - susurró, tentándola.
- A mi corazón... - Kate terminó por cruzar el pequeño espacio que los separaba para perderse en sus besos y en sus caricias. Aquellas con las que, en pocas horas, ya se había vuelto adicta.
- Kate... - se alejó un centímetro de ella.
- Hmmm... - intentó abrir sus ojos.
- Me apetece echarte contra esta arena. - besó su cuello.
- Rick... - jadeó.
- Y acariciarte, mientras te desnudo poco a poco. - pasó la punta de su lengua por su piel, buscando su pulso - Tocarte, en cada rincón secreto... Escuchar sus jadeos... - acarició con la punta de su nariz el camino hacia su escote - Y escuchar mi nombre. Quiero escucharte. Quiero oír cómo me llamas, cuando te corras. - Richard empujó a Kate contra la arena y se colocó entre sus piernas, separándolas.
- Por favor...
- ¿Qué es lo que quieres, Kate? - sonrió, besándola.
- A ti. Te quiero a ti. Ahora. - completamente segura.
