Abrió los ojos de nueva cuenta y respiró ya más tranquilo. La intravenosa en su mano indicaba que el medicamento había sido ingresado en su cuerpo y que eso le estaba ayudando. Conocía la habitación, había salido de urgencias y ahora estaba en un cuarto normal ya estabilizado. Exploró la zona con la vista, nada particular además del televisor, la puerta, la entrada al baño y notó en el sillón del cuarto a cierto pelirrojo conocido durmiendo de una manera muy graciosa pues estaba sentado y con la cabeza pegada en el respaldo además de que tenía la boca totalmente abierta. ¿Habrá faltado al trabajo? No sabía la hora pero era de día, ni sabía que día era solo sabía que estaba vivo aún.

Relajó los músculos y entrecerró los ojos viendo al techo, parece que sería una tarde tranquila y sin dolor a comparación de los días anteriores en los que apenas y despertaba por culpa de las punzadas de su cabeza, del temblor y los impulsos de su cuerpo o su alteración al no saber que hacia ahí. El médico explicó que el tumor estaba afectando algunos nervios del joven, la capacidad motriz y la memoria por eso tenía lapsos en que sufría ataques pero al instante siguiente estaba bien.

Soltó un suspiró y escuchó como el chico empezaba a despertarse estirando los músculos. Se talló los ojos y se quejó del hombro, seguro la mala posición para dormir. Parpadeó hasta acostumbrarse a la luz y miró la cama notando que Kuroko había despertado.

─¿Te sientes bien? ─ preguntó en automático acercándose a la cama pues los últimos días en los que el peliceleste despertaba era solo por un ataque de dolor. Kuroko asintió con una muy ligera sonrisa en los labios mirando a Kagami. Estaba tan enamorado de ese chico y sus atenciones, realmente no quería dejarlo. Cuando el pelirrojo estuvo lo suficientemente cerca le acarició la mejilla con dulzura, con cariño. Kagami sonrió y permitió la caricia, le alegraban el día después de tanto sufrimiento.

─Me siento muy bien, Kagami-kun ─susurró y le hizo un mohín para que se acercase, el otro cumplió sin chistar y se dieron un beso fugaz pero sincero. A veces temía por que fuese el último y por eso no quería dejar de besarle pero no era el lugar adecuado para eso. Kagami le acarició los cabellos y Kuroko se acomodó en la camilla.

El pelirrojo le tomaba de la mano y apretaba los labios con cierta ansiedad que el otro notaba, tal vez estaba pensando en que eso estaba destinado a terminar y que pronto ya no tendrían más de esos momentos. Kuroko le apretó la mano y obligó a verle fijo. El ojirojo analizó la expresión del otro y entrecerró los ojos acercándose para pegar su frente a la de él.

─Kagami-kun, no pongas esa expresión ─el otro asintió teniendo deseos de llorar.

─Kuroko … ─el chico no quería decir nada lastimero ni fuerte frente a su ahora pareja pero en su mente solo pasaban ideas como "si sobrevives…" "si superamos esto…" "en el futuro nosotros…" y le dolía no poder decirlo, no poder cumplir sueños y metas con él. No poder viajar a su lado y cocinarle en las mañanas, no tener tal vez un par de gatos por que los perros le aterran, no poder ver películas, comprar camisetas iguales o…no poder casarse, tener una familia tal vez… no podía pensar en eso pero lo hacía ─…quiero estar siempre contigo.

─Ese es un chiste cruel, Kagami-kun ─respondió divertido.

─Me refiero a… el tiempo que deba ser no quiero alejarme de tu lado. ─le sonrió tranquilo. No hablaba de un destino fatalista si no de eso: acompañarle hasta el último momento, que no le alejara. Posiblemente Kuroko al final desistiría, se alejaría de todos y elegiría la soledad como antes le había hecho pero ahora con Kagami pidiéndole eso no tenía defensa. Sonrió y asintió, aceptaría estar con él hasta su último respiro.

En ese momento la puerta sonó, ya era hora de visitas y los amigos prometieron visitarles. Kagami le besó la frente a Kuroko y se puso de pie para acercarse a la puerta y abrir. Ahí estaban Aomine y Kise saludando con la mano a los dos chicos con mucha alegría en su expresión, Kuroko arqueó una ceja extrañado y Kise se sentó en la orilla de la cama.

─Chicos…los dos ─dice pidiéndole a Kagami que se acerque, hasta ese momento notaron una carta en las manos del rubio ─la noticia más increíble del mundo está dentro de este sobre.

─¿Estás embarazado? ─ bromeó Kagami por lo que se ganó un puchero del rubio.

─Como si eso pudiera ser ─relajó la expresión y se la entregó a Kuroko ─te corresponde leerla.

─¿Cuál es el caso de que yo lo lea si ya lo leíste tú? ─dijo sentándose y explorando el sobre.

─Por que…prefiero que tú lo leas. Llegó a tu correo, pasamos a tu casa a asegurarnos de que todo estuviera en orden como dijiste y vimos esto ─decía emocionado el chico mientras Aomine seguía a su lado sin decir nada.

─¿Has revisado mi correo? ─dijo abriendo el sobre.

─Me aseguraba de que no fuera una carta bacteriológica o bomba Kurokocchi, agradece ─el peliceleste no hizo mayor caso y mientras más leía más se sorprendía. Se cubrió con la mano los labios y miró a sus amigos.

─Esto…¿Quién? ─dijo ante la confusión de Kagami. El pelirrojo pidió la carta y la leyó mientras Kuroko seguía en shock.

─¿Quién envió esto? ─preguntó Kagami a sus amigos y estos se encogieron de hombros.

─Cuando entramos a su casa ya estaba ahí sin remitente ni nada…─dijo Aomine.

─No sabemos quién fue pero seguro tienen un ángel en la tierra cuidándoles ─sonrió Kise animado a sus amigos.

─Pero ¿Qué tal si es peligroso? ─comentó Kagami dudoso. Aunque era su única opción debían tomarla.

─Mira que si hay truco nosotros nos encargamos, Aominecchi ya va a regresar a la policía. Además es dinero suficiente para que vayan los dos y así cuides de Kurokocchi

─Yo…no sé qué decir esto es extraño. ¿Un apoyo anónimo?... no pensé que esto me pasaría yo…─decía Kuroko abrumado.

─Toma esta oportunidad Kurokocchi. Te está pagando todo, tal vez es algún amigo que no recuerdes y te quiera ayudar, tal vez sea Akashicchi ya sabes cómo es de orgulloso ─Kagami habia pensado en esa posibilidad y que por evitar conflictos con la ley decidió usar su dinero para esta causa y desaparecerlo.

─Es posible que sea él. –dijo Kagami- pero al final la decisión es de Kuroko.

La carta contenía el estado de cuenta de Kuroko con suficiente dinero como para el viaje y la cirugía además de una nota que decía "Sé que lo necesitas". No entendía el significado de esas palabras aún, ni quien había enviado el dinero y mucho menos sus motivos pero era una luz de esperanza en medio de la espesa oscuridad. Miró a Kagami, no aceptaría por su voluntad pero no quería dejarlo, si tenía la forma de salvarse por su pareja lo haría. Asintió y Kise celebró.

-Tomaré esta oportunidad…

/


De verdad que la situación se había vuelto frustrante. Sin apoyo de abogados ni forma de demostrar que Kazuto era su sangre temía por caer en la locura y hacer lo impensable con tal de recuperar al bebé. Caminaba por las calles dispuesto a ir con Midorima y decirle que si no buscaban pronto la solución iría con el imbécil de Nijimura y le arrancaría su hijo de los brazos. Entre tantos pensamientos no se percató del auto que se detuvo ni del hombre que se bajaba jalándolo hacía el vehículo.

¿Un secuestro? ¿En serio? ¿A él? ¿Ahora? Si era pobre y no tenía nada que le interesara a menos de que… después de patalear y querer luchar contra su captor cayera dentro del enorme automóvil. Era una limosina, lo sabía por su extensión y sospechaba de quien era la misma. Frente a él una mujer de cabellos rosáceos con un vestido entallado en negro muy elegante estaba sentada con las piernas cruzadas.

Un cigarro en mano, los labios pintados en rojo y un maquillaje perfecto a excepción de los ojos que no se podían vislumbrar bajo las oscuras gafas. El auto arrancó y Takao chistó, conocía a esa mujer. La esposa de Nijimura, Momoi Satsuki quien era una celebridad actualmente. Casada con él desde hace un par de años y una de las captoras de su hijo.

Incorporó sus piernas y las volvió a cruzar apagando si cigarrillo en un recipiente que estaba a lado de ella. Takao le observaba, extrañamente expectante a saber por qué la chica le estaba privando de la libertad de esa manera. Podía haberse bajado del auto en movimiento pero ella tenía a su hijo y una leve esperanza de verlo se hacía presente.

-Takao-kun ¿Verdad? –preguntó la chica pero no obtuvo respuesta- tal vez no me creas pero no tengo mala intención con esto.

-No, secuestrar a alguien así no es malo.

-Oh. No te estoy secuestrando si quieres puedes irte pero dudo que lo quieras a estas alturas- la chica tenía un punto por lo cual no chistó al respecto.

-¿Necesita algo de mí? –preguntó.

-No pero tu si necesitas algo de mí –sacó un pequeño papel y se lo mostró- tengo el número de alguien que puede ayudarte en tu caso.

-¿Ayudarme? ¿Un psicólogo acaso? Seguro planea lavarme el cerebro para que olvide que ustedes secuestraron a mi hijo.

-Un abogado –dijo ella- de los mejores. Toma –le extendió el papel y Takao miró dudoso- es de los mejores que hay y no ocupas pagarlo ya lo he cubierto.

-¿Porque? –preguntó el pelinegro a la chica.

-Por qué llegados a este punto todos los abogados de la ciudad seguro te cerraron las puertas ¿O me equivoco? Niji lo hizo, los llamó a casi todos para que no recibieran tu caso –dijo como si fuese lo más natural del mundo.

-No…me refiero a ¿Porque me ayuda? ….

-...Se lo que es perder a un hijo por eso...déjame ayudarte –susurró la pelirosa y Takao frunció el entrecejo con preocupación- si yo pudiera te lo devolvería sin más pero….Niji. No es un mal hombre pero está cegado en su propio deseo ¿Sabes?

-¿Porque Kazuto? ¿Porque a nosotros? –Momoi le sonrió maternal y Takao se estremeció, conocía esa sonrisa y le recordó un poco a su hermana. Era la sonrisa de una madre que estaba sufriendo.

-Kazuto me recuerda a mi hijo –dijo ella colocando sus hebras rosas detrás de su oreja- después de mucho intentar al fin pude embarazarme pero… no fue lo suficientemente fuerte. He tenido problemas para concebir…cuando al fin lo logré no…no pudo sobrevivir –entrecerró los ojos y apretó los labios – es horrible ¿sabes? Te entiendo… tu perdiste a tu hijo pero el sigue vivo y sano. Es muy activo y yo vi morir al mío en mis brazos…

-Aun así….-dijo Takao- quitarle un hijo a alguien más es…

-Horrible pero…Niji siempre ha deseado tener un hijo –hizo una seña con los labios como indicando que diría algo, un secreto – inclusive se niega a amar libremente en su obsesión de tener uno… Nijimura es algo triste así que no pienses mal de él solo está perdido…

-Entonces me ayudará en secreto para romper el sueño de su marido – Momoi negó con la cabeza.

-Es para que vea la realidad y que pague el daño que te ha hecho. Es justicia, supongo –sonrió levemente aunque en su sonrisa aun había un dejo de tristeza.

-Yo…no necesito al abogado –dice negándose al papel que le entregaba – lléveme con él, lléveme con Kazuto y déjeme hablar con él… por favor.

-Takao-kun…no podrás arreglar nada con eso ya lo intente y…

-Es por que no se lo ha dicho adecuadamente, confíe en mi –comentó el pelinegro con una sonrisa llena de confianza, una sonrisa que calmó de alguna forma a la pelirosa.

-Prométeme que si no logras nada con hablar intentarás por el medio legal, no quiero que si Haizaki-kun está cerca te lastime, es algo tempestuoso cuando se trata de los enemigos de Niji. –rió por lo bajo.

-Está bien –asintió. Aquel secuestro había calmado un poco a Takao, sentía como si tuviera una aliada del otro lado, una mano capaz de levantarlo cuando todo parecía perdido. Con Momoi sabía que las cosas iban a resolverse.

Solo quedaba esperar a la reunión con Nijimura y Momoi. Le diría a Midorima que fuera, claro que lo haría y al fin, por fin podría ver a Kazuto. Algo en su corazón vibraba con emoción, una incontenible alegría. Quería tenerlo de vuelta con él, cargarlo y darle vueltas por los aires. Que Midorima le conociera y lo cargase, sería fantástico. Deseaba que Nijimura entendiera a bases de palabras que sus actos egoístas prácticamente le habían destruido la vida, que necesitaba a su hijo de vuelta pero debía estar preparado para todo, para lo que viniera.

/


Palpó con las manos la zona donde estaba su herida y a comparación de otros días no se quejó ni se retorció por el dolor. Solo era una leve molesta en el área y un par de costuras que le habían sentir como si fuese un muñeco descosido. La gasa aun cubría la zona para evitar accidentes pero ya se podía mover con mayor facilidad. El verdadero reto venía ahora, ese día le darían de alta al fin y no sabía hacia donde huir. Había fallado en su misión y se había enamorado de la persona que debía detener. Lo supo, sabía que estaba en un aprieto cuando vio al hombre alto parado en el umbral de la puerta. Vestido de traje, corte de cabello correcto y un porte amenazante caminó hacia Atsushi quien no emitía sonido alguno.

Se detuvo a lado de su cama y miró al pelimorado fijamente, analizándolo con detalle. Atsushi ni le miró, siguió con la vista fija en la puerta como si siguiera ahí pero en realidad no quería verle, no quería retarlo, no tan pronto. No sabía que decir exactamente, quería dejarlo todo y estar con Akashi pero era su padre, ese hombre era quien le crio. Era quien le compraba dulces de pequeño, quien dormía a su lado cuando las oscuras noches le atormentaba o quien corría a levantarlo cuando se había caído de la bicicleta.

No fue hasta los 15 años que Atsushi descubrió lo asombroso que era ese hombre detrás de su traje, un agente de elite en el país. El número uno en su clase. Lo dicho por él fue directo y claro "decide Atsushi, dedicarte a esto y enorgullecer a todos u optar a una vida normal". De tener una vida normal no podría compartir nada con esa figura de autoridad que admiraba, no tenía mayores ambiciones en el mundo por lo que aceptó rápidamente. Por cuestión de genética el pelimorado tenía un talento nato para eso y ascendió rápidamente.

Cuando llegó al puesto donde actualmente laboraba recuerda que se reunió con su padre en el comedor de su cómoda casa, le anunció algo que no preocupó a Atsushi "En este punto si desistes te lo quitarán todo. ¿Entiendes porque no puedo dejarlo, Atsushi? Para que no hieran a tu familia tras dejar esta vida empiezas de cero." Aquello no tenía sentido en ese instante por lo que le dije que no se preocupase, que yo no dejaría el trabajo.

Ahora veía a que se refería. Estando ahí tienes tanto poder para salvarlo pero al salir tienes tanto conocimiento y ningún arma, te dejan desarmado y libre como un cerdo rodeado de lobos; lo que un cerdo desearía en ese momento es que su familia no fuese blanco de esos lobos ¿no?.

Su padre suspiró, jaló una silla y se sentó en ella a lado de su hijo. Hubo un momento de silencio, un instante en que parecía que el tiempo no avanzaba. Sin decir nada, sin hablar, esperando quien lanzara la primera palabra pero nada. El señor Murasakibara se puso de pie y sacó de su gabardina un papel. Lo puso en la mesita de lado y sin decir más se fue caminando a la puerta. Atsushi no le detuvo, no hizo intento alguno para detenerlo pues tenía miedo a enfrentarse a él y confesar todas sus fallas, todo lo que había hecho. Se retiró de ahí y el pelimorado observó el sobre, dudoso lo tomó y abrió viendo una carta.

Empezó a leer de esta cada párrafo con cuidado, leyendo y releyendo curioso ¿Qué significaba eso? ¿Era lo que creía? En la carta le dieron una carta de retiro. No más explicaciones, no más criminales, no más misiones fastidiosas y tardadas, no más problemas ni sufrimiento…al fin podría estar con Akashi dejando de lado su pasado. Arrugaba aquel papel entre sus manos ¿Que era esa sensación nueva de libertad? No lo sabía solo tenía deseos de gritar como niño, tenía unas ganas inmensas de salir del hospital, correr y abrazar al chico para decirle que al fin era libre de todo, explicarle que había pasado y que ya no debía preocuparse.

Se detuvo, como un movimiento automático lanzó el papel y se levantó de la cama. Ahora si le dolía la herida pero no importó ¿Cómo pudo no notarlo? Abrió la puerta y caminó por el pasillo con los ropajes de paciente sosteniéndose la herida, rebuscando entre la gente con desesperación, con dolor. Fue un tonto, un verdadero tonto. Debió hablar, decir algo, explicar las cosas. Una enfermera le vio y detuvo su andar rápidamente.

-Joven ¿Qué hace afuera? Aun no se le dará de alta, regrese a su cuarto –empezó a empujarlo hacia la habitación y requirió de la ayuda de dos enfermeros más por qué el chico forcejeaba, la herida se abría un poco y en su mirar existía la desesperación.

-Papá…no…papá ….-aquellos recuerdos de su infancia se hicieron presentes. Fue un padre estricto, pero era su padre. Esa carta significaba que borraba todo su pasado para iniciar una vida nueva pero eso significaba que también borraba a su familia, a su padre, a todos esos momentos y no quería. Si quería una vida nueva, diferente, buscar a Akashi y ser felices pero el precio era alto, muy alto. Al fin le lograron recostar y le revisaron la herida. A lado seguía la carta arrugada, la tomó de nuevo y la pegó a su pecho.

Su padre le había dado el regalo de la libertad, una que se les concedía a pocos. Sabía que Atsushi tenía talento pero también veía en su mirar que no era feliz con esa vida, prueba de eso era aquella herida que recibió, un descuido que pudo costarle la vida. Al señor Murasakibara le importaba demasiado la vida de su hijo, no se podía dar el lujo de verlo morir por sus propias decisiones, por su deseo egoísta de verle seguir sus pasos, era más de lo que un padre podía soportar…por eso o hizo, por qué quería detener la locura de moldear a su hijo a su imagen y semejanza y que a partir de ese momento él decidiera su camino, sus metas y todo lo que deseara aun cuando estuviera lejos de él.

Atsushi lo sabía, aun así dolía mucho saber que nunca más podría ver a su padre.

/


Ese día por la noche Sakurai volvía a sus pinturas, a los cuadros, los pinceles, las manchas en el piso en tinta negra y nuevamente la oscuridad en sus obras. Una noche cubierta por una espesa capa de humo es lo que vislumbraba en su creación, un gran callejón y una luna tímida colándose en el reflejo de un ventanal. Suspiró con pesadez, no podía confesar a nadie su encuentro con Himuro ni las cosas que había dicho el chico y que le estaban matando.

"¿Qué no quiere volverme a ver?, debería ser yo quien dijera eso" pensaba mientras lanzaba unas pinceladas. "…pero no puedo… no puedo decir eso y no sé por qué". Le estaba frustrando mucho la situación, los sentimientos encontrados. Ver a Himuro, escucharle decir que lo amaba y ver el dolor en cada uno de sus movimientos, esas heridas que no eran nada comparadas con las internas.

-No eres el único que sufre –dice golpeando el pincel contra la pintura y la puerta se abre despertándolo de su sueño.

-Hey –dice Akashi entrando al departamento y sirviendo de apoyo para un joven mucho muy alto detrás de él - ¿Recuerdas que te hablé de Atsushi?

-Oh…si –dice Sakurai limpiando sus manos con el mandil que usaba y se acercó a los jóvenes. El pelimorado le intimidaba y mucho –h..hola…y…yoo…soy..Sakurai –decía totalmente aterrado.

-Eres pequeño –contestó despectivo Atsushi mientras el pelirrojo sonreía por lo bajo, le animaba escuchar al Murasakibara de siempre con esa actitud que puede pasar de la más dulce y tierna a la más cruel.

-Eh…si. Lo siento por eso –dijo haciendo múltiples reverencias.

-Ryou. Atsushi acaba de salir del hospital y espero que no tengas problema con que se quede un par de días en lo que encuentra un lugar donde vivir –dijo más que como una petición, era una orden. ¿Cómo decirle que no a Akashi y a su enorme amigo? Sakurai tenía la personalidad más débil del mundo y solo atinó a temblar asintiendo.

-Claro, adelante. Bienvenido, espero que nos llevemos bien –seguía asintiendo en repetidas ocasiones.

-Vamos a que te recuestes, el medico dijo que debías descansar- dijo encaminándolo a su habitación- y disculpa, no tenemos muebles.

En ese momento Sakurai pensó que seguro los tres morirían de hambre porqué además de tener carencia de muebles había poca comida y con él y Akashi medio desempleados no había esperanza de un buen plato. Suspiró, al menos aquello le había borrado la espinita de seguir pensando en Himuro. Por su parte el pelirrojo y el pelimorado entraron a la habitación donde solo había un colchón en el centro y un mueble donde guardaba algunas cuantas prendas propiedad de Kise y Sakurai que habían donado al chico.

-No será cómodo pero te acostumbras –dijo acompañándolo a tirarse al colchón con dificultad. Si no hubiera reabierto sus heridas ese movimiento no sería doloroso. Se tiró boca arriba y jaló a Akashi a donde estaba él para que cayera a un lado, no tuvo fuerza ni defensa contra eso –cuidado…

-Entonces…-susurró Atsushi mirando a Akashi con una sonrisa en los labios. Akashi se acomodó acostado a su lado y alzó una ceja.

-¿De qué hablas? –dijo divertido.

-¿Disfrutas dejándome con la duda? -el pelirrojo sonrió por el berrinche del más alto. Le resultaba adorable.

-Lo hago –respondió con simpleza. Se acomodó boca abajo y se alzó con sus codos viendo al pelimorado -¿Cuándo paso?

-Desde antes de conocerte en persona. –el de ojos bicolor le miró confuso- tu padre… lo conocí.

-Ya… -sonaba decepción en esa simple palabra- siento que no te conozco ahora.

-Nadie me conocía Aka-chin, tú lo haces más que nadie –le acarició la mejilla. Un pequeño contacto lo suficientemente cálido para derretirle el corazón. ¿Hace cuánto tiempo que Atsushi no tenía esas atenciones? ¿Qué no le miraba con esa profundidad en sus ojos violáceos capaz de penetrar hasta las más profundas capas de su alma y robarle el aire?- me mostró una foto tuya y esos ojos…ese cabello… tenía que conocerte. Tenía que protegerte.

-Basta…-susurró tallándose el rostro y se reincorporó – supongo que los dos mentimos un poco.

-Si –sonrió mirando al techo. Estar ahí a lado de él después de tanto sufrir, de tanto pesar, de tanta distancia y dolor. Aquella búsqueda incansable por ese pelirrojo, los mensajes de texto, las noches charlando, un helado juntos y tantos momentos. Ahora estaba ahí con él. – Aka-chin…te amo… perdón por eso sé que somos amigos pero… siempre te amé.

-…-¿Tan repentino? Pensaba Akashi. Decir eso tan directo, ahora justo ahora que era el mejor momento. Se levantó un poco y se acercó más a él hasta colocar su rostro por encima del de Murasakibara. Clavó sus ojos y los de él le veían sorprendido. Dudó un poco en hablar, raro en él - ¿Qué harías si te dijera que no?

-Te buscaría hasta que me dijeras que si? –respondió en automatico.

-¿Entonces no tengo escape? –dijo y antes de obtener respuesta siguió – no hubo día en que no pensara en ti.

-Como tu amigo…

-Sh…-le tapó la boca con la mano - Te pensaba como todo…todo lo que eres y lo que podrías ser.

-Entonces…-Atsushi miraba a Akashi muy cerca de si, podía verle esas largas pestañas que le gustaban – podemos…

-Sí, ¿Porque no? –sonrió ladinamente y se acercó a los labios de Murasakibara besándolos, un beso corto y cálido lleno de promesas, de pasado, de un presente perfecto y de un futuro prometedor. Le sabía a gloria, a victoria haber llegado hasta el corazón de aquel jovencito que un día en medio de la calle le regaló un dulce para curar sus penas, su dolor; ahora le daba su corazón y todo de sí para nunca más verle sufrir.

Al fin eran ellos dos, al fin todo parecía mejorar. Akashi no tenía que temer a su pasado, Murasakibara tampoco o eso pensaban. Reo había dado con aquel departamento y en la lejanía de la calle observaba paciente esperando hacer su movimiento.